Disclaimer: los personajes y la historia no me pertenecen. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de KeiChanz, yo sólo traduzco.

Baile peligroso

Capítulo cuatro: Encuentro con Kikyo


Inuyasha meneó la cabeza y soltó la cintura de Kagome, aunque de manera reacia. Bueno, tenía que darle un respiro a la chica, ¿no?

Kagome bajó los brazos de su cuello a sus costados y soltó un suspiro pesado. Se dio la vuelta y miró a Inuyasha. Sonrió y recibió una sonrisa a cambio.

—¿Qué tal lo hice? —preguntó Kagome, secándose la transpiración de la frente con el dorso de la mano.

—Estuviste genial, Kagome. Mejoras con cada canción —respondió en voz baja.

Ella soltó una risita.

—Es bueno saberlo —dijo, con una sonrisa de satisfacción jugueteando en sus labios.

—Parece que te vendría bien una bebida. ¿Quieres un poco de agua? Hay un poco entre bastidores y podría traértela. De todos modos estamos en el descanso.

Kagome se dio la vuelta y vio que todos abandonaban el estadio, probablemente iban a los aseos, a por algo de comer o a comprar un recuerdo. Volvió a darse la vuelta.

—Sí, la verdad es que me gustaría beber un poco de agua. Gracias, Inuyasha. —Sonrió con calidez.

Él le correspondió a la sonrisa, mostrando sus perfectos colmillos blancos.

—No hay problema, nena. Vuelvo ahora. —Le guiñó un ojo, se despidió con una seña de dos dedos y se metió entre bastidores con Kouga, Sesshomaru, Miroku y Naraku.

Kagome suspiró alegremente y se giró hacia el estadio que estaba casi vacío. Algunos habían decidido permanecer en sus asientos, por miedo a que alguien se los quitara si se iban, o se habían traído su comida y bebidas y no les importaban los recuerdos.

Las luces volvieron a encenderse y cegaron momentáneamente a Kagome. Una vez se acostumbró a la luz, fue hacia el borde del escenario y saltó, justo a tiempo para ver que Sakura, Rin y Ayame corrían hacia ella.

—¡Oh Dios mío! —trinó Sakura mientras atrapaba a Kagome en un abrazo de oso.

Kagome soltó una exclamación cuando Sakura la apretó con tanta fuerza.

—Sakura… no… puedo… respirar —consiguió decir con voz ahogada.

Sakura la soltó inmediatamente.

—Oh, lo siento, Kags. —Se rió con nerviosismo.

—No pasa nada. —Sonrió.

—¿Y bien? ¡Cuéntanos! ¿Qué tal fue? —preguntó Rin emocionada.

Kagome sonrió.

—Estuvo bien…

Las tres chicas la miraron con la boca abierta y sin expresión en sus rostros.

Kagome las miró y estalló en carcajadas.

—¡Vale, vale, me habéis pillado!

Un momento de silencio…

—¡…Fue increíble!

Las chicas gritaron de alegría y empezaron a bombardearla a preguntas. Ella intentó responder a todas.

Inuyasha salió de entre bastidores con una botella de agua en la mano y empezó a caminar hacia donde había dejado a Kagome. Cuando vio que no estaba allí, miró el estadio y la entrada, pensando que a lo mejor había ido al baño o algo así. Pero cuando oyó los gritos femeninos y las risitas provenientes de la parte de delante del escenario, su cabeza se volvió hacia las risas y sonrió.

—Bueno, parece que Kagome ya tiene un pequeño club de fans —rió. Luego caminó hacia el borde del escenario y bajó la mirada hacia ellas.

Cuando Ayame vio una sombra sobre ellas, alzó la mirada y vio a Inuyasha alzándose sobre ellas. Se quedó boquiabierta.

Kagome vio la expresión sorprendida de Ayame y arqueó una ceja.

—Eh, ¿Ayame? ¿Qué te pasa? ¿Hola? —Movió una mano por delante de su cara.

Ninguna reacción.

—Ayame, qué… —Luego vio que estaba mirando a algo detrás de ellas. Kagome se dio la vuelta y alzó la mirada para ver a un sonriente Inuyasha que se cernía sobre ellas.

Kagome soltó un suspiro de alivio.

—Oh, Inuyasha. Sólo eres tú. ¿Por qué no dijiste nada en vez de quedarte ahí parado?

Él no quería decir que le había gustado quedarse allí observándola, bebiendo de su belleza con sus ojos, así que no respondió a la pregunta.

Le sonrió.

—Veo que ya tienes un club de fans, Kagome —dijo, bajando de un salto del escenario y aterrizando delante de ella. Extendió la mano que tenía la botella de agua—. Aquí tienes el agua.

Kagome sonrió tímidamente y cogió el agua.

—Gracias.

Luego se dio cuenta de lo que acababa de decir.

—Oh, espera. Éste no es mi "club de fans", Inuyasha. Éstas son mis amigas, Sakura, Ayame y Rin —le informó Kagome, gesticulando hacia cada una mientras decía su nombre.

Inuyasha las saludó con una elegante sonrisa.

—Hola señoritas. Encantado de conoceros.

Las tres chicas se le quedaron mirando con una expresión en blanco y dijeron "Hola" al unísono en voz baja.

Él se rió entre dientes.

Kagome suspiró, desenroscó el tapón de la botella y le dio un buen trago, y luego otro.

—Ahhhhhh… eso me vino de maravilla. —Volvió a enroscar el tapón.

Inuyasha se rió por lo bajo y las chicas se rieron.

—Bueno, deberías guardar algo para después, porque todavía no has terminado —inquirió Inuyasha con una mirada de suficiencia.

Kagome abrió los ojos como platos y casi se la cayó la botella de agua.

—¡Qué! ¿Quieres decir que tengo que bailar otra vez en el escenario?

Él se volvió a reír.

—¿Recuerdas que al principio del concierto dije que bailarías hasta el final?

Kagome recordó el principio del concierto.

Bueno, ¿qué decís, chicos? Menuda bailarina, ¿no? —le preguntó Inuyasha al público.

Más gritos y una ronda de aplausos llenaron el estadio.

Kagome asintió, atontada.

Kagome tenía cara de póker. De hecho, él había dicho eso y ella había aceptado. Se dio una patada mentalmente.

La sonrisa de Inuyasha desapareció y la reemplazó una línea.

—Kagome, ¿estás bien? ¿Kagome? —La agarró por los hombros y la zarandeó.

Cuando Kagome sintió que alguien la zarandeaba, salió de su trance y meneó la cabeza.

—¿Eh? Oh, sí. Estoy bien, Inuyasha. —Consiguió esbozar una pequeña sonrisa—. Sí, no puedo esperar para bailar más.

La comisura de la boca de Inuyasha se curvó un poco en una media sonrisa. La preocupación llenaba sus ojos ambarinos.

—De acuerdo, Kagome. Lo que tú digas.

Kagome forzó una sonrisa.

Todos se quedaron un momento en silencio. Entonces…

—¡Inuyasha! —llegó una voz demasiado femenina.

Inuyasha hizo una mueca y sus orejas se aplastaron contra su cabeza ante la estridente voz.

—Genial, jodidamente genial.

Kagome, Sakura, Rin y Ayame llevaron sus manos a sus frentes ante la voz femenina, gruñendo por lo bajo. A Inuyasha le había empezado un tic en su ceja derecha.

—Inuyasha, ¡ahí estás! ¡Te he estado buscando por todas partes!

Inuyasha frunció las cejas, se cruzó de brazos sobre su pecho y, sin mirar a la persona que le había roto el corazón tan despiadadamente que dolía hablar de ello, gruñó:

—Qué quieres… ¿Kikyo? —Dudó un poco antes de decir su nombre. Si ella pudiera entender cuánto daño le había hecho…

Kikyo caminó seductoramente hacia un costado de Inuyasha e Inuyasha apartó la mirada, aunque preferiría mirar a Kagome.

Kikyo fingió un puchero.

—Oh, pero Inuyasha, ¿ya no me quieres? —Puso una mano en su hombro.

Él se encogió ante su toque, pero cuando se dio cuenta de lo que había dicho, bajó las manos de su pecho y, perdiendo los estribos, se dio la vuelta tan rápido que Kikyo saltó hacia atrás de la sorpresa.

La miró con frialdad.

—¿Quererte, Kikyo? ¿Después de lo que me hiciste? Yo creo que no. No siento nada más que odio hacia ti. —Volvió a cruzarse de brazos.

—Secundo la moción —interrumpió Kagome, alzando un dedo en el aire.

Kikyo giró rápidamente la cabeza hacia Kagome.

—¡Cierra el pico, Higurashi! Nadie te ha pedido tu opinión —siseó amenazadoramente.

Kagome frunció el ceño en su dirección.

—Puede que nadie la haya pedido, pero de todas formas la doy.

Kikyo la miró con desprecio y luego volvió a dirigir su atención hacia Inuyasha. Su voz volvió a suavizarse.

—Eso duele, Inuyasha. ¿Sabes? Yo sigo queriéndote y tú no tenías ningún motivo para romper conmigo —afirmó Kikyo con total naturalidad.

Los brazos de Inuyasha bajaron a sus costados y sus manos se cerraron en puño.

—¡Una mierda que no tenía ninguna razón! ¿Sabes lo que me hiciste, Kikyo? Hiciste lo peor que una novia puede hacerle a su novio. Me engañaste, Kikyo. Me engañaste con ese chulo bueno para nada de Haro. ¿Sabes cuánto daño me hizo eso, Kikyo? Ver a la mujer que amaba, liándose con otro hombre, prácticamente me partió el corazón por la mitad. Dime, Kikyo, ¿tú no sentirías lo mismo si me encontraras liándome con alguien al que desprecias con todas tus fuerzas? ¿Y si me encontraras con, digamos, Kagome? Puedo ver que la odias por la forma en que le hablaste y por cómo la miras siempre con frialdad —se desahogó Inuyasha con una expresión severa plasmada en su cara, aunque si alguien miraba detenidamente, también vería un poco de tristeza.

Kagome soltó una exclamación.

—Oye, ¡a no me metas en esto!

Los fríos ojos marrones de Kikyo se abrieron como platos ante la idea de Inuyasha liándose con Kagome. Puso una mano sobre su pecho.

—Nunca la escogerías a ella antes que a mí… ¿verdad, Inuyasha?

Inuyasha bufó.

—Keh. No sé y, francamente Kikyo, no me importa. Pero te diré algo. Kagome sería mucho mejor novia de lo que tú nunca podrías aspirar a ser.

Al oír esto, los ojos de Kagome se abrieron como platos y se quedó completamente boquiabierta. O al menos eso pensó ella. Kagome empezó a tambalearse y Sakura, Rin y Ayame tuvieron que sostenerla para que no se cayera.

Kikyo se había quedado sin palabras. Estaba boquiabierta y sus manos estaban cerradas en puño. ¿Kagome sería mejor novia que ella? No-no. Improbable. Kikyo era todo lo que quería un chico y más. Era guapa, vestía mona y sexy, era rica y también era buena besando. Por no mencionar una amante experimentada. Ella era excelente cuando se trataba de dar placer a un chico.

Inuyasha se rió para sus adentros por su reacción y su expresión. Era verdad. O al menos eso pensaba. Kagome sería mucho mejor novia que Kikyo, eso era seguro. Pero nunca lo admitiría. Al menos, no todavía.

Inuyasha sonrió con suficiencia.

—Cierra la boca, Kikyo. Te van a entrar moscas en esa boca sucia que tienes. Quién sabe a quién habrás besado. Dime Kikyo, ¿cómo es besar basura de una semana? —preguntó con aires de suficiencia.

Kagome, Rin, Ayame y Sakura jadearon y se rieron por lo bajo ante la pregunta de Inuyasha.

Kikyo cerró la boca, pero sólo para volver a abrirla, esta vez para hablar:

—¿Basura de una semana? ¡Ja! Que sepas que besar a Haro tiene algo que tú nunca me diste cuando me besabas, Inuyasha. —Le dio un golpecito en el pecho.

Inuyasha arqueó las cejas.

—Entonces lo admites, ¿eh? me engañaste con ese pedazo de mierda de Haro —se burló—. Eres muy buena guardando secretos, Kikyo —afirmó, entrecerrando sus ojos dorados.

Una vez más, Kikyo se quedó sin palabras. ¡Maldito sea! ¡Cómo lo hace con tanta… tanta… facilidad! ¡Arg! ¡Maldito sea! Bueno, está claro que ya no me desea. Pero voy a intentarlo por última vez porque sí.

Kikyo meneó la cabeza, fingió que él no le había dicho nada de eso y compuso una sonrisa seductora.

—Bueno, Inuyasha —comenzó con la voz más sexy que pudo poner—. Yo siempre estaré ahí para ti si me necesitas. Llámame y contestaré sólo por ser tú. —Le guiñó un ojo.

Inuyasha volvió a soltar un sonido burlón

—Sí, lo que tú digas, Kikyo. Dentro de nunca. —Le lanzó una mirada severa.

—Hmph. Piensa en ello, Inuyasha. —Y con eso, balanceó la coleta, se giró sobre sus talones y desapareció entre la multitud de gente que entraba ahora por la entrada.

Inuyasha meneó la cabeza, asqueado, luego se giró y miró a Kagome y a sus tres amigas. Suspiró.

—Siento que hayáis tenido que ver eso. No quería que fuera para tanto. Es que me pone de los nervios, ¿sabéis a lo que me refiero?

Rin, Ayame y Sakura asintieron mientras que Kagome simplemente se le quedó mirando, con un sonrojo tiñendo sus mejillas.

Él volvió a suspirar.

—Bueno Kagome, creo que deberíamos volver al escenario antes de que atraiga una multitud y que las locas fans de Inuyasha intenten abusar de mí —le informó, riéndose entre dientes.

Kagome meneó la cabeza y volvió a la realidad.

—Oh, eh, sí, deberíamos volver al escenario antes de… eh, lo que has dicho antes. —Se sonrojó porque no podía recordar lo que había dicho.

Inuyasha se rió. Está tan mona cuando se sonroja… Se aclaró la garganta y volvió su atención hacia las tres aturdidas chicas. Sonrió.

—Bueno, en fin, como dije antes, encantado de conoceros, encantadoras señoritas, pero lamentablemente tenemos que irnos para poder terminar el concierto. ¿Verdad, Kagome?

Kagome asintió atontada.

—Verdad.

Él volvió a sonreír.

—Me ha gustado hablar con vosotras, chicas. Chao —dijo mientras agarraba la mano de Kagome y subían al escenario, dejando a tres chicas mirando al vacío mientras intentaban averiguar qué acababa de pasar.

—¿…Qué ha pasado? —preguntó Sakura cuando encontró su voz.

Rin y Ayame simplemente se encogieron de hombros y dijeron al unísono:

—Ni idea.


A consecuencia de mis próximos exámenes, no podré actualizar nada hasta principios de febrero. Si subo algo, serán cosas que ya tenía traducidas. Desafortunadamente, no tengo capítulos adelantados de esta historia ni de "El sabor del amor", así que no podrá ser.

Feliz Navidad y próspero año nuevo ^_^