El suspiro gutural y ronco del chico provocó en Hermione una sensación eléctrica que le hizo saber que, si no paraba en ese momento, no habría marcha atrás. Fue consciente de qué estaban haciendo y decidió separarse, aunque le costara horrores.

Ambos se observaron jadeantes, con los semblantes rojos y los pelos despeinados. Una lágrima bajó sin que esta pudiera evitarlo por la mejilla de la chica y el rubio remarcó esto.

Una oleada de remordimiento lo recorrió.

- Esto no… - intentaba convencerse de que lo que acababa de hacer estaba mal. A pesar de la reconfortante sensación que le impulsaba a volver a hacerlo. Pero resistió.

Se dio la vuelta y corrió a su habitación. Una vez en ella, destrozó todo a su paso. ¿Qué le estaba pasando? La había besado dos veces en un día cuando no debería haberlo hecho ninguna. Y era perfectamente consciente de lo que esto podría provocar a su familia y a sí mismo. Lanzó un Muffliato y gritó hasta quedarse dormido, convencido de que esto le haría sentirse mejor.

La chica miró la puerta del rubio durante largo rato, esperando que esta se abriera y un desolado Draco apareciera. Estaba lista para lanzarse a sus brazos.

Pero al ver que esto no iba a suceder, se fue a su habitación y lloró hasta quedarse dormida. El rubio empezaba a significar para ella mucho más de lo que era capaz de comprender y asumir. Ese día había derramado demasiadas lágrimas por él y lo sabía. Aquello no era justo para ninguno de los dos, ¿por qué tendría que sentir algo por una persona a la que tendría que odiar a muerte? Ninguno de los dos durmió mucho aquella noche. Realmente se deseaban. Y se odiaban por ello. Eran enemigos desde siempre y ahora… ahora no sabían que pensar. Era la sensación más agobiante que habían sentido nunca.

Draco abrió los ojos a las 6 y arregló mediante varios conjuros lo que la noche anterior había destrozado. No esperó nada más, se levantó y simplemente se fue, tras pegar un portazo a su habitación. Había dormido media hora escasa. Sabía que la chica estaría en su habitación – probablemente también en vela -, y aprovechó ese momento para prepararse e ir a volar. Eso le despejaría la mente.

A las 9, Hermione se levantó por fin. Hace tiempo que había oído al chico marcharse, y ella debía prepararse para ir a abrir los regalos con sus amigos. Así mantendría su cabeza ocupada.

Camufló lo mejor posible sus ojeras y salió de su habitación.

A las 9:55, enfiló el pasillo que la llevaría directa a la torre de Gryffindor.

- "Me mi mos", dijo la chica a la Dama Gorda.

- ¡Oh! Feliz Navidad, querida. Me alegro de verte por aquí. Últimamente este pasillo está aburrido sabes, desde que el fraile del retrato del tercer piso… ¿Estás bien? Pareces cansada.

- Sí, sí. No es nada. Solo ando un poco… atareada.

- Cariño, vivo en este castillo desde hace mucho. ¿Problemas de hombres? – Lanzó una risita y se hizo a un lado para dejar entrar a Hermione, que se subió la bufanda para tapar el chupetón de su cuello, que obviamente había visto la mujer del retrato.

- ¡Hola Hermione! Sé que quedamos en esperarte pero… – dijo Harry, que lucía un suéter verde con una H negra bordada.

Hermione sonrió. Ya contaba con eso. Como todos los años, sus amigos estaban impacientes por abrir todos los paquetes. La sala común era solo para ellos 4; el trío de oro y Ginny.

- No os preocupéis, no pasa nada. ¿Cuáles son mis regalos?

- Esos de allí – le señaló Ron, mientras engullía una rana de chocolate. También él llevaba un suéter, rojo con una R en el centro.

Hermione dio las gracias a Ron por el libro de Curiosidades del mundo mágico que le había regalado, a Harry por el juego de colonias y a Ginny por el deslumbrante vestido, que tenía pensado llevar para el baile que se hacía todos los años para los alumnos de séptimo, en junio. La señora Weasley también le había tejido un jersey, blanco con una estilosa H. El de Ginny era azul.

También encontró un surtido de bromas y chucherías de los gemelos Weasley y unas gafas extrañas, cortesía de Luna, que, según explicaban en el paquete, mantenía alejados a los nurggles.

Además, sus padres le habían regalado unos cuantos libros muggles y un DVD de su película favorita, El diario de Noah. Sonrió al recordar lo pesada que se había puesto al verla en verano. La vería en cuanto pudiera.

Ella había regalado a sus amigos unos guantes y gorros especiales para volar, cosa que los 3 agradecieron. Pasaron una excelente mañana, entre envoltorios de ranas de chocolate y bromas. Hermione no recordó en todo el rato al rubio. Bueno puede que lo hiciera un par de veces. O quizás fueran 20 o 30, pero enseguida lo apartaba de su mente.

A las 11:30, Harry y Ron estaban preparados para ir a probar sus nuevos artefactos de Quidditch, aunque Ginny prefería probarlos más adelante y quedarse con su amiga. Hermione lo agradeció. El Quidditch le aburriría. Además, no sabía si Draco aún estaría allí y no le apetecía topárselo. No después de lo de anoche y menos con Harry y Ron.

Los muchachos se despidieron de ellas y se alejaron rumbo al campo de Quidditch mientras las chicas se dirigían a dar un tranquilo paseo por el patio.

Ginny comenzó la conversación, de una manera que sobresaltó a la castaña.

- ¿Quién es el afortunado?

- ¿q…qué?

- Vamos, seré más pequeña pero no soy tonta, Hermione. No te has quitado la bufanda en toda la mañana aunque en la torre hacía mucho calor. Podrías estar mala pero no lo pareces. Así pues, ¿quién es el afortunado?

- ¿A… a que te refieres? – preguntó la castaña nerviosa.

- Hermione. Eres mi mejor amiga. Me lo puedes contar.

- Y lo haría pero… no puedo Gin. De verdad.

- ¿Entonces tengo razón? No me lo puedo creer. Lo sabía. Espera, no digas nada, estoy pensando opciones. Tiene que ser alguien que se haya quedado en el castillo. No de Gryffindor porque vendrías mas por la torre. ¿Es un Hufflepuff? No, un Ravenclaw. Lo conociste en la biblioteca, ¿verdad? Lo que está claro es que no puede ser un Slytherin – terminó la joven Weasley orgullosa de su razonamiento.

- Ssssh, baja la voz. Ginny… Escúchame. No se lo puedes contar a nadie. ¿A nadie, entiendes?– dijo Hermione.

- ¿Pero quién es?

Hermione suspiró cansada.

- Lo siento Ginny, pero no te lo puedo decir. De verdad que no.

- En ese caso, cuéntamelo cuando estés preparada. Sólo dime… ¿cómo es?

- ¿Por dónde quieres que empiece?

- Empieza por el principio – rio la pelirroja.

- Es… muy guapo. Puede llegar a ser cariñoso, pero no acostumbra a hacerlo. Se siente solo y necesita ayuda. Tiene muy mal carácter y es un poco orgulloso a veces, no le gusta que le mandes y no se adapta a todo. Además discutimos a todas horas.

- Vaya, no es como… me lo imaginaba.

- No es tan malo como parece… – es peor, pensó la castaña.

- ¿Es más mayor?

- Nadie en este colegio es más mayor que yo, Ginny. Estoy en último curso – rió.

- Ah sí. ¿Está en séptimo?

- Yo no…

- No digas nada. Es obvio que sí. ¿Cuánto llevas con él?

- En realidad ayer fue nuestro primer… beso. Pero no es que estemos saliendo ni nada. Es decir, somos amigos.

- ¿Es por eso que llegaste tarde a la cena?

Hermione suspiró.

- Sí.

- Pero… ¿tú le quieres?

- No lo sé Ginny, es pronto para decir eso.

- ¿Y él a ti?

- No. Y no creo que nunca pueda llegar a hacerlo.

- Entonces sólo te hará daño.

- Soy consciente. No te preocupes por mí, sabré llevar la situación.

- No pensaba diferente. Por cierto, encárgate de ese cuello.

- Y tú encárgate de Harry.

Ginny bufó.

- Harry no necesita a nadie. Es tan… independiente. Odio esa faceta suya.

Hermione rió. Típico de su amigo. Debía vigilar por todo el mundo.

- Sabes que está loco por ti. Sólo tienes que dar el paso.

Ginny lo pensó unos instantes.

- ¿Sabes qué? Lo haré.

Las chicas siguieron hablando sobre Harry, Quidditch, las clases… y al cabo de una hora se separaron ante la puerta de la torre de Gryffindor.

Hermione tomó aire y anduvo hasta su residencia. Una vez allí, entró en la Sala Común de su torre, pero de pronto oyó un ruido.

- ¿Draco? ¿Estás aquí?

A modo de respuesta, un llanto apagado le llegó desde la habitación de la izquierda. Varita en mano y con los nervios a flor de piel, comenzó a subir las escaleras hacia la habitación del rubio en silencio. Al llegar arriba, de nuevo escuchó gemidos. Esta vez menos amortiguados. Tocó a la puerta:

- ¿Draco? ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

- Lárgate Granger - respondió el chico, cuya voz se fue perdiendo cada vez más.

- ¿Puedo pasar?

- ¡Déjame en paz!

- Draco, siento lo de ayer… Si quieres hablar…

Silencio al otro lado de la puerta. Hermione esperó un rato pero acabó dándose por vencida.

De repente, oyó unos golpes fuera de la torre y se aproximó hasta ella:

- ¿Sí?

- Granger, soy Nott. Déjame entrar.

La chica se debatió un rato pero acabó abriéndole la puerta. Ante ella, se desplegaba un espectáculo muy diferente al que había imaginado.

Theodore Nott, normalmente apuesto y arrogante, presentaba un aspecto horrible. El pelo despeinado y un leve temblequeo. Jadeaba por el cansancio y presentaba una mueca de terror.

- ¿Dónde está?

- En… en su habitación. Aunque no creo que quiera visitas ahora mism…

El ojiazul la apartó y subió las escaleras a trompicones hasta la habitación del rubio. Abrió la puerta y entró rápidamente.

Hermione intentó oír que pasaba dentro, pero estaba claro que un hechizo Muffliato se lo impedía, así que acabó desistiendo. No se tenía por una cotilla.

Media hora más tarde, Nott apareció en la puerta y la cerró a sus espaldas. Hermione le bloqueó la salida.

- ¿Se puede saber qué pasa? – No era una cotilla, pero estaba preocupada - ¿está Dr... Malfoy bien?

- No es de tu incumbencia Granger – Theo estaba frío y cortante – déjame marcharme. Por cierto, bonita marca.

Hermione se apartó desconcertada hasta que remarcó a qué se refería.

Tras eliminar el dichoso chupetón, subió de nuevo las escaleras de la izquierda.

- ¿Draco?

La puerta se abrió ante ella y el rubio salió de su habitación cerrando la puerta a su espalda. Evitó mirar a la chica – aun así, está pudo remarcar su rostro lacrado por lágrimas ya secas – y abandonó la torre.

La castaña sabía que algo iba muy mal y sabía que ese algo involucraba a los mortífagos. No debía, sabía que no tenía derecho, pero tras cerciorarse de que estaba sola, abrió la puerta de su habitación contigua.

Encontró una sala de iguales dimensiones que la suya, sólo que la colcha de la cama era oscura y los objetos de la habitación le eran desconocidos. Sorteo un pequeño baúl a los pies de la cama y se colocó en el centro de la estancia. Le llegó un olor a menta.

Los únicos efectos personales a la vista que pudo encontrar eran los libros que llenaban la estantería de madera oscura que tapaba parte de la pared izquierda. Se acercó hasta ellos y sintió que un escalofrío la recorría cuando leyó sus títulos. Ella los conocía bien: eran los mismos que estaban presentes en la sección prohibida de la biblioteca. Si bien era cierto que ella había leído unos cuantos, le inquietaba encontrarlos en la habitación del Slytherin. Apartó esos pensamientos de su cabeza y se giró.

Observó más atentamente la sala y se centró en descubrir algo. De pronto, remarcó que el escritorio – igual que el que ella tenía en su habitación – tenía un par de objetos.

Se acercó hasta él y observó consternada una foto de Narcissa Malfoy, cuyo cristal estaba roto. Y allí, bajo la imagen, un papel arrugado, que Hermione desdobló, sin saber la importancia de lo que leería a continuación.

Hijo:

Sé que esto no es lo que tú querías y sé que es muy pronto. Pero tu padre corre mucho peligro, ahora que están planeando la fuga de Azkaban. Debemos permanecer en este lado. Tendría que haber hablando contigo, haberte avisado, ya que ambos sabíamos que este momento iba a llegar. He sido demasiado ingenua.

Por nuestra culpa has acabado así. Sabes que tu padre no es lo que era antes, Draco. Azkaban le ha cambiado, pero por favor, no le judges por ello. No hables con nadie. Puede que Theodore Nott y tú vayáis a pasar más tiempo juntos del que pensáis. Puede que eso te de un apoyo.

No sé cuánto tardará en aparecer la marca, puede que no mucho. Ocúltala. Si alguien en Hogwarts la ve, eres hombre muerto.

Pronto abandonarás el colegio, así que no hagas tonterías. No serviría para nada.

Destruye esta carta en cuanto la leas.

Te quiero.

N. Malfoy

No dejaba lugar a dudas de que era Narcissa Malfoy la escritora de la carta. Por la letra temblorosa y los borrones en algunas partes provocados por las lágrimas, Hermione pudo imaginándosela llorando asustadamente mientras la escribía.

La chica creía comprender cada palabra de la carta y eso la aterraba. ¿Fuga en Azkaban? ¿A quién podría avisar y con qué contexto?

Pero lo que más le asustó fue la parte de la marca. Estaba claro que hablaban de la Marca Tenebrosa. Lo que quería decir que Draco se había convertido en…

Notó como las lágrimas discurrían por su cara mientras, sin saberlo, el rubio volvía de nuevo a la torre.

Draco entró en la sala común con sigilo y encontró la puerta de su habitación abierta. Entornó los ojos. Dudaba que la castaña fuera tan tonta como para entrar en ella, pero tardó poco en darse cuenta de que se equivocaba.

Subió las escaleras con cuidado hasta llegar al umbral y entró con cuidado, cerrando la puerta a su espalda y lanzando un Fermaportus.

Hermione oyó el ruido de la puerta pero era demasiado tarde. Antes de poder reaccionar, el rubio la desarmó y le ató de manos y piernas, inmovilizándola completamente.

Draco la apuntaba desde la puerta con su varita, respirando agitadamente.

- Granger, dame una razón para que no te mate ahora mismo.

Hermione, aun con el susto en el cuerpo, no encontró ningún argumento convincente así que prefirió guardar silencio.

- ¡MÍRAME! – a partir de ahí, la voz del chico se convirtió en un peligroso susurro - ¿qué haces en mi habitación?

La Gryffindor sintió como las lágrimas bajaban por sus mejillas. Lo había fastidiado todo. Y, además, había descubierto cosas horribles que se vería obligada a no rebelar por el bien del rubio, ¿desde cuando se preocupaba por él?

Draco, fuera de sí, la levantó un par de metros para después dejarla caer.

- ¿Lo has leído verdad?

La chica sintió como sus lágrimas aumentaban. Estaba temblando.

Draco se acercó hasta ella y acercó su cara a la de la castaña con unos ojos desorbitados, haciéndola temblar.

- Bien, ahora ya lo sabes. Esto no era de tu incumbencia Granger y créeme que pagarás por ello.


¡Y fin del capítulo!

Sé que muchos pensaréis que los capítulos son breves, pero espero que esto no os moleste :)

De momento, hemos podido ver como ambos están hechos un lío, cosa que, espero, entendáis. No es fácil enamorarse de la persona equivocada y menos aun de la persona a la que odias. Pero los polos opuestos se atraen y está claro que Hermione y Draco son, entre sí, dos potentes imanes.

Ginny ya empieza a inmiscuirse en la relación, y en unos capítulos veréis como va a ser la única que llegue a averiguar parte de la verdad del asunto. ¿Intuición femenina? Supongo que puede ser eso.

Por otra parte, Draco acaba de recibir una importante carta de su madre y, por otra parte, acaba de pasar a formar parte, definitivamente, de los mortífagos. Parece que cada vez están más lejos el uno del otro. Pero ya hemos podido ver que al rubio esto no le hace mucha gracia y, quién sabe, puede que cambie de opinión respecto a su ideología... o puede que no. Al fin y al cabo, es Draco Malfoy.

Dejamos el capítulo en un punto bastante intrigante: Draco acaba de pillar a la chica husmeando entre sus cosas y sabe que esta a leído la carta. En verdad, es normal que esté enfadado. ¿Creéis que logrará contenerse o la ira lo dominará y atacará a la chica?

Mandadme vuestra opinión y como siempre la atenderé de buen grado. Espero que os esté gustando la historia y...

¡Hasta el siguiente capítulo!

No olvidéis darle al Go.

- Daphnea.