Disclaimer: los personajes y la historia no me pertenecen. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de KeiChanz, yo sólo traduzco.

Baile peligroso

Capítulo cinco: Besar a una estrella del pop


Kagome estaba en el centro del escenario, mirando al estadio medio lleno. Estaba sumida en sus pensamientos, sin mirar nada en concreto. Lo que dijo… ¿lo dijo en serio? ¿Que yo sería mejor novia que… Kikyo? O… ¿simplemente se dejó llevar por la situación? A lo mejor sólo lo dijo para que Kikyo se enfadase. Sí, tiene que ser eso. Es obvio que sabe que Kikyo me odia con todas sus fuerzas. Bueno, en este momento es lo que parece más lógico. Suspiró. Hubiera sido bonito que lo hubiera dicho en serio. Me pregunto cómo sería ser la novia de Inuyasha… Le dio otro sorbo a su agua y se sumió en un mundo de ensueño.

Mientras tanto, Inuyasha pensaba en algo parecido.

Me pregunto cómo sería ser el novio de Kagome… Pensó Inuyasha mientras permanecía en las sombras de entre bastidores, observando cómo Kagome bebía su agua. Dejó vagar sus ojos por su cuerpo, los bajó hasta sus largas, delgadas y perfectas piernas, y luego los subió hasta su largo pelo negro. Guau. Tiene un buen cuerpo. Por no mencionar su figura. Desde su posición, tenía una buena visión de lo que llevaba puesto. No le había prestado demasiada atención a su ropa cuando la había visto entre el público ni cuando había estado bailando. Vio que llevaba una blusa pequeña y blanca que revelaba un poco de su vientre, lo suficiente para dejar volar a la imaginación y para regocijo de Inuyasha. Llevaba una falda corta que terminaba un poco por encima de las rodillas. La pretina era de tela vaquera al igual que el botón y la cremallera. Era un poco más abajo de la cremallera donde empezaba la falda, volando libremente por sus muslos. Era de tela escocesa de color rojo, blanco y azul. Inuyasha decidió que la falda parecía más de vaquera. Sus ojos aterrizaron después en sus botas. Sus ojos ámbar se abrieron como platos. Tenía unas botas marrones con cremalleras a los lados de unos siete centímetros de tacón. ¡Cómo demonios puede andar con esas cosas! Diablos, ¡cómo puede bailar con ellas! Esta chica era verdaderamente impresionante. Meneó la cabeza y fue hacia ella. El intermedio estaba a punto de terminar y todavía tenía que terminar su plan llamado "Bromear por placer".

Kagome bajó la botella de sus labios después de darle otro buen sorbo y volvió a ponerle el tapón. La botella estaba ahora medio llena. Cuando oyó pasos acercándose por detrás de ella, se dio la vuelta y vio que Inuyasha iba hacia ella con una sonrisa sexy adornando sus bien formados labios. Cielos, adoraba esa sonrisa.

Se detuvo delante de ella.

—¿Te sientes descansada ahora que has reposado y has tomado un poco de agua? —le preguntó, arqueando una fina ceja.

Kagome sonrió.

—Ajá. Claro que sí. Me sorprenden las maravillas que el agua y descanso pueden hacerle al cuerpo humano.

Inuyasha se rió.

—Eh, ¿Inuyasha?

—¿Mm?

Ella miró el suelo.

—¿Dijiste-dijiste en serio lo de que, eh, lo de que sería… m-mejor nov-via que… K-Kikyo? —preguntó Kagome en voz baja, un sonrojo se extendía por sus mejillas tiñéndolas de un bonito tono rosa.

A Inuyasha le sorprendió la pregunta. ¡Mierda! ¡Me había olvidado completamente de que había dicho eso! Kami, ¿y qué demonios digo yo ahora? Se pasó su filosa mano por su larga melena plateada, se había quedado sin palabras. Bueno, supongo que tengo que decirle la verdad. Allá va…

—Bueno, Kagome —empezó.

Kagome alzó la cabeza y buscó sus doradas orbes con las suyas de color chocolate.

Él respiró hondo y volvió a empezar:

—Supongo que estaba tan enfadado que no sabía muy bien lo que decía. Pero, no obstante, sí, creo que serías mucho mejor novia que… ella. —Le dirigió una pequeña sonrisa.

Los ojos de Kagome se iluminaron al oír eso.

—¿E-En serio? —susurró, con sus ojos cafés abiertos como platos del asombro.

Inuyasha le ahuecó la barbilla distraídamente con su mano y la acercó a su rostro.

—En serio —replicó con voz ronca, sus orbes color miel estaban medio cerradas.

Un sonrojó adornó sus mejillas mientras la cara de Inuyasha se acercaba cada vez más.

Tan… tentador… no me puedo… resistir…

Inuyasha cerró los ojos y sus labios se cernieron a meros centímetros de los de ella.

—¡Inuyasha! ¡Mueve tu culo hasta aquí! ¡No podemos terminar el maldito concierto sin el cantante principal! —llegó la profunda y masculina voz de Kouga por detrás de él.

El tiempo pareció detenerse mientras Inuyasha abría sus ojos para encontrar unos hipnotizantes ojos marrones mirándole. Un ligero sonrojo cubrió sus mejillas mientras le soltaba la barbilla y se enderezaba.

Kagome estaba completamente sonrojada y volvió a bajar la cabeza. ¿Por qué le hacía esto? ¡Ya iban tres veces, maldición! ¡Tres veces!

Inuyasha simplemente miró a la chica sonrojada que estaba delante de él. Eso había estado demasiado cerca para su gusto. Su lado lujurioso había tomado el control y no había podido controlarlo. Se dio una patada mentalmente por casi arruinar su plan.

Le dirigió una sonrisa a pesar de sus pensamientos, aunque sabía que no podía verla.

—Unos minutos más y terminará el intermedio. El público espera tu mejor actuación, Kagome. Igual que yo —dijo Inuyasha con calma, forzando sus manos a que se quedaran a sus costados—. Duro con ellos, nena —añadió, luego se dio la vuelta y se dirigió hacia sus amigos, alzando la mirada hacia Kouga cuando se detuvo delante de ellos.

—Recuérdame que te dé las gracias después, lobo.

Kouga arqueó una ceja.

—¿Por qué?

Inuyasha se encogió de hombros.

—Por nada. —Luego fue a su puesto original en el escenario y miró al estadio que ya estaba casi lleno.

Los otros cuatro miembros fijaron la mirada en él.

Miroku se rascó la cabeza.

—¿De qué iba eso?

—Hmm. Me has pillado —replicó Kouga—. Bueno, no sé vosotros, pero yo creo que deberíamos prepararnos. Ya casi se ha terminado el intermedio. —Y con eso dicho, Kouga se puso en su sitio y colocó el micro como le gustaba.

Miroku y Naraku lo siguieron al ir a sus puestos, Sesshomaru se metió entre bastidores para coger su preciado instrumento antes de situarse.

Kagome se había movido del sitio en que la había dejado Inuyasha y estaba ahora colocada entre Kouga e Inuyasha, lista para bailar y todavía desconcertada por el numerito del medio demonio. ¿Por qué lo hace…?

El estadio volvió a oscurecerse por completo y destellaron las luces violetas, verdes y amarillas de neón, luego fueron las rojas, azules y naranjas, haciendo que todo y todos brillaran con fuerza. Las luces se encendían y apagaban, un color diferente reemplazaba al anterior.

Inuyasha dijo unas palabras al vociferante público y luego señaló a Sesshomaru, Naraku y Miroku con un asentimiento de su cabeza para empezar la siguiente canción. Cuando empezó a sonar la música, Kagome empezó a moverse a su ritmo sin pensarlo, esforzándose por no decepcionar a Inuyasha y al público al esforzarse tanto.

No falló.

Después de la canción, la cámara se centró en ella de forma que todo el estadio pudo verla en la gran pantalla que estaba detrás de ella y fue recibida con los tan familiares gritos, silbidos y vítores. Hizo una reverencia. La banda detrás de ella también estaba aplaudiendo y animando. Kagome volvió a hacer una reverencia y le dirigió a Inuyasha una sonrisa radiante. Él también le sonrió.

Comenzó la siguiente canción y una vez más Kagome empezó a bailar al ritmo de la canción que sonaba. Una vez durante la canción cuando tocaron un interludio instrumental, Inuyasha la había agarrado mientras bailaba y la había girado de forma que lo mirara y él bajó la cabeza hasta la de ella, para volver a levantarla y seguir cantando la canción.

Kagome se había medio esperado esto así que le dirigió una mirada fría a su espalda, suspiró y siguió bailando.

En cada canción que cantaba, hacía eso al menos una vez. A veces lo hacía dos. Y por supuesto, Kagome siendo… bueno, Kagome, cada vez que tenía oportunidad, bailaba contra él y le hacía endurecerse deliberadamente. Una vez podría haber jurado que le había oído gemir en voz baja. ¿O había sido un gruñido? Bueno. Le había oído hacer algo parecido a un gemido. Y después de haberse oído gemir, la había arrimado a él durante un solo de guitarra de Sesshomaru y le había susurrado en la oreja:

—Estás yendo por un terreno peligroso, Kagome, al seguir haciéndome eso.

Kagome simplemente sonrió y contestó:

—¿Qué puedo decir? Soy una bailarina peligrosa. —Le guiñó un ojo descaradamente.

Inuyasha simplemente se rió entre dientes y endureció su agarre alrededor de su cintura, haciendo que Kagome aplastara su trasero contra su pelvis y, por supuesto… bueno, ¿es necesario decir algo más?

Y finalmente, muchas canciones y bromas después, el concierto llegó a su fin, volvieron a cantar "Burn" y cuando terminó la canción, Inuyasha, Kouga, Sesshomaru, Miroku y Naraku terminaron en medio del escenario, detrás de Kagome que estaba extendida en el suelo con los brazos sobre su cabeza, mirando al público con una sonrisa de oreja a oreja plantada en sus labios. Y para rematarlo, un círculo de fuego rodeó los lados del escenario, dejando la parte de delante libre de llamas para que todos pudieran ver la gran pantalla detrás de las seis personas centrada solamente en ellos.

El estadio se lleno de gritos y vítores. Todos habían saltado de sus asientos, botando y moviendo las manos en el aire, gritando los nombres de los componentes de la banda. Las luces de neón se encendían y se apagaban proyectándose sobre el público y sobre los cantantes y la bailarina.

Después de más o menos un minuto, las llamas remitieron hasta desaparecer y las luces del estadio volvieron a encenderse, cegándolos a todos. Pero los gritos no cesaron.

Kagome se había levantado del suelo y estaba de pie al lado de Inuyasha, que tenía un brazo alrededor de su cintura, como siempre. Bueno, a ella parecía no importarle así que bien podía aprovechar. Los demás estaban al lado de Inuyasha y Kagome mientras Inuyasha decía por el micro:

—Bueno chicos, odio admitirlo, pero desafortunadamente, el concierto ha llegado a su fin y tenemos que irnos —suspiró y luego se rió.

Kagome le dirigió una mirada desconcertada. Un momento… ¿se ha reído?

Él volvió a empezar a hablar:

—Bueno chicos, perdón pero todo este discurso de despedida no me gusta. A decir verdad, ni siquiera sé qué significa la palabra "desafortunadamente". La leí en un libro hace poco y pensé que sonaba bien, así que decidí probarla. Bueno, como todos sabéis lo hice y dejadme que os diga algo, saliendo de mi boca, suena bastante raro porque hoy ha sido la primera vez que he usado la palabra y bueno, no me gusta. Me hace sonar… inteligente.

El estadio se llenó de risas. Kagome también se rió, al igual que Miroku, Kouga, Sesshomaru y Naraku.

Inuyasha se rió.

—Bueno, da igual, volvamos al discurso de despedida. Me divertí mucho esta noche. Y estoy seguro de que mis amigos también. Espero que os lo hayáis pasado bien y estoy bastante seguro de que nuestra pequeña bailarina también se lo ha pasado en grande. —Bajó la mirada a Kagome y sonrió. Ella se sonrojó pero le correspondió tímidamente a la sonrisa—. ¡Una gran ronda de aplausos para nuestra maravillosa bailarina, Kagome!

Gritos y sonoros aplausos inundaron el gran estadio, así como unos cuantos silbidos, los familiares celos hicieron mella en Inuyasha y la cámara se centró una vez más en Kagome.

Kagome estaba tan feliz en ese momento que las palabras no podían expresar cómo se sentía. Declaraba oficialmente esa noche como el mejor día… eh, noche de su vida. ¿Con qué frecuencia consigues ir al concierto de un cantante famoso, que te escojan de entre un público de más o menos mil millones de personas y bailas en un escenario con el cantante que estaba más bueno de la banda? Tch. Casi que nunca.

Kagome volvió a la realidad cuando Inuyasha dijo un último adiós, luego se volvió hacia ella.

—Bueno Kagome, me divertí mucho esta noche cantando y viéndote bailar. —Sonrió con suficiencia—. ¿Te divertiste?

Kagome sonrió.

—Más de lo que puedo expresar, Inuyasha.

—Bien. Y por mucho que odie decirlo, tengo que irme. Pero siempre recordaré esta noche y muy seguramente siempre te recordaré.

Empezaron a acumularse lágrimas no derramadas en los bordes de sus ojos chocolates. No eran lágrimas de tristeza, sino lágrimas de felicidad. Nunca le habían dicho algo así. Y no se había esperado que justamente Inuyasha le dijera esas palabras. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano y le dirigió una sonrisa radiante.

—Gracias Inuyasha. Siempre te recordaré y sin duda siempre recordaré esta noche. —¿Cómo podría olvidarlo? Tenía posters de él pegados por cada centímetro de las paredes de su habitación como si fuera una adolescente.

Inuyasha le dirigió una cálida sonrisa y luego la abrazó.

Con un poco de sorpresa pero no por ello menos complacida, Kagome le correspondió al abrazo, un oscuro sonrojo cubría sus mejillas al tener su cálido cuerpo presionado contra el de ella.

Dios… esto parece tan… correcto. Como si ella estuviera destinada a estar aquí, en mis brazos. Tengo… tengo que hacerla mía. No puedo soportar el hecho de que es muy probable que no vuelva a verla después de esta noche.

Le dirigió una última sonrisa, cálida y resplandeciente.

—Te veo después, Kagome.

—Adiós, Inuyasha. —Le volvió a sonreír.

Él se dio la vuelta y se metió entre bastidores con sus compañeros y amigos. Pero Kagome ignoraba que esas palabras tenían más significado oculto de lo que podría haber imaginado.

Kagome se quedó quieta, observando su figura que desaparecía poco a poco con una sonrisa todavía plasmada en su rostro. Suspiró con alegría, luego se giró, vio que el estadio estaba medio lleno, caminó hacia el borde del escenario y bajó de un salto. Sus amigas y Daisuke, el novio de Sakura la saludaron con un "Hola" y salieron juntos del estadio, siguiendo a la multitud que escapaba por la entrada. Salieron y todos se fueron en diferentes direcciones, algunos hacia la izquierda, algunos hacia la derecha, algunos hacia delante, algunos incluso iban cerca del patio de comidas.

Sakura soltó un suspiro de alivio una vez que sus pies tocaron la acera.

—Tío, era hora de que saliéramos de allí. Hoy en día la gente es lenta —se quejó Sakura.

—Sí, y que lo digas —concordó Dai.

Rin, Ayame y Kagome asintieron.

—Bueno, Sakura y yo deberíamos ir yendo. Son casi las doce y media de la noche y su madre no quiere que esté fuera muy tarde. —Daisuke sonrió, rodeando con un brazo la cintura de su novia.

Sakura le lanzó una mirada fulminante y luego le dirigió una sonrisa.

—Sí Dai, mi madre no quiere que esté fuera muy tarde, al igual que tu madre no quiere que salgas después de las nueve y media —dijo con aire de suficiencia.

Daisuke abrió los ojos como platos y le cubrió la boca con su mano antes de que pudiera decir más palabras. Sus amigas podían oír gritos ahogados por detrás de su mano mientras ella intentaba apartarle la mano de su boca con sus manos.

De repente, Daisuke soltó su propio aullido y apartó rápidamente su mano de la boca de Sakura, inspeccionándola de cerca.

—¡Mierda, la niñita me he mordido! —gruñó.

Un destello profano brilló en los ojos de Sakura.

—Oh, venga ya, Dai. Y yo que pensaba que ya estarías acostumbrado.

—¡Me has dejado marca, maldición! —volvió a gruñir.

—Oye, ¡deberías agradecer porque esta vez fuera en tu mano! —le gruñó en respuesta.

En las mejillas de Daisuke se extendió un delicado sonrojo.

—Es inútil contarles esa historia —le siseó—. ¡No tienen necesidad de saberla!

Se giró repentinamente hacia su muy interesado público.

—Perdón por arrebataros vuestro entretenimiento, pero ya estoy listo para irme. Sakura. —Se giró hacia ella, dirigiéndole una sonrisa malvada—. Es hora de irse.

En sus ojos apareció un atisbo de alarma.

—¡Oh Daisuke! ¡No! ¡Cuando lo dijiste no lo dijiste en serio! ¡Estabas alterado por la ira! ¡Ni se te ocurra pensarlo! —añadió la última parte con fiereza.

—Vamos, Sakura —dijo, extendiendo las manos hacia ella.

—¡No! —gritó, apartándose de sus manos extendidas.

—¡Bien! ¡Qué sea a tu manera! —dijo con brusquedad.

Con eso dicho, se movió tan rápido que las demás tuvieron que parpadear dos veces para contemplar la visión de Daisuke descendiendo y echándose a Sakura sobre su hombro, manteniéndola en su sitio con sus brazos envueltos alrededor de sus pies que le estaban dando patadas y haciéndoles parar contra su ancho pecho. Los gritos de Sakura de "¡Bájame idiota! ¡No dejaré que te salgas con la tuya!" y "Dai, ¡sabes que esta posición me cabrea de verdad! ¡Bá… ja… me!" se podían oír por todo el aparcamiento, bajaban cada vez más de volumen mientras la pareja ponía más distancia entre la multitud y ellas.

Kagome tenía la mirada fija en la joven pareja con anhelo en sus ojos. Sakura tenía suerte de tener novio. Suspiró y se volvió hacia Rin y Ayame, que se estaban riendo.

Después de su ataque de risa, Rin y Ayame se despidieron de Kagome, luego se fueron a algún sitio juntas, charlando animadamente entre ellas. Se habían convertido rápidamente en amigas.

Kagome volvió a suspirar y luego se dirigió hacia su coche, sin notar la figura que se apoyaba contra él. Una pequeña sonrisa adornó sus labios mientras pensaba en el concierto.

Vaya. Esta noche ha sido genial. ¡Nunca pensé que bailaría con Inuyasha! Ésta es una noche para el recuerdo, ¡está claro!

Cuando Kagome se aproximó a su coche, levantó la cabeza, se paró en seco y fijó la mirada con los ojos abiertos como platos en el mismísimo…

—¿…Inuyasha?

El susodicho hanyou estaba apoyado contra la puerta del copiloto y tenía las manos metidas en los bolsillos, cabizbajo. Pero cuando oyó su tan familiar voz, no pudo evitar sonreír. La había olido antes de que lo hubiera visto, la deliciosa fragancia de jazmín y vainilla que flotaba en el aire hacia él había sido suficiente prueba para decirle que venía. El aroma de jazmín y vainilla mezclados debía de pertenecer a un perfume que se había rociado para ocultar el olor a sudor que había producido en el concierto.

Inuyasha alzó la cabeza con su sonrisa todavía adornando sus labios y miró a Kagome con un cierto aire de suficiencia.

Kagome simplemente se le quedó mirando, boquiabierta, muda de asombro.

Él se rió con suavidad.

—Vaya, hola a ti también.

Ella siguió mirándolo.

—…

Esta vez se rió.

—¿Qué? ¿Te sorprende verme? —Sonrió—. Pensaba que esperabas que estuviera aquí, esperándote.

Kagome mostró confusión en su rostro. ¿Esperarle? ¿De qué habla…? Luego dio un grito ahogado al recordar.

Le dirigió una última sonrisa, cálida y resplandeciente.

Te veo después, Kagome.

Adiós, Inuyasha. —Le volvió a sonreír.

Él se dio la vuelta y se metió entre bastidores con sus compañeros y amigos.

Oh.

Kagome tenía una mirada de asombro plasmada en su cara cuando el recuerdo le llegó como una patada en el estómago dada con una bota con punta de acero.

Inuyasha permaneció observándola, perdiéndose en sus profundos ojos marrones.

Kagome finalmente volvió en sí y meneó la cabeza. Miró a Inuyasha.

—Quieres decir… Yo pensaba… ¡No creí que lo dijeras en serio! —dijo casi gritando.

Sus orejas se aplastaron contra su cabeza ante su alto volumen de voz.

—Shh, ¡baja la voz, Kagome! ¡Vas a atraer a una multitud! —dijo Inuyasha, mirando a su alrededor por si alguien los estaba mirando o girándose hacia ellos, gritando su nombre. Para su alivio, no había nadie.

Kagome dio un grito ahogado y luego puso una mano rápidamente contra su boca al darse cuenta de que lo había gritado en vez de decirlo con normalidad. Ella también miró a su alrededor para ver si alguien estaba mirando. Bajó la mano y soltó un suspiro de alivio al darse cuenta de que todavía tenían privacidad.

—Lo siento. No sé por qué lo grité. Quería que saliera normal.

Inuyasha movió su mano en el aire, quitándole importancia al asunto.

—No pasa nada. Mientras no nos esté mirando nadie, por lo que a mí respecta puedes gritar todo lo que quieras. Simplemente no grites demasiado alto. —Se rió entre dientes.

Kagome soltó una risita.

—De todos modos, Kagome, no, no estaba bromeando. Cuando le digo "te veo después" a alguien, es que lo veré después. —Inuyasha le guiñó un ojo.

Kagome sintió que sus mejillas se encendían. Luego pensó en algo que antes no se le había ocurrido.

—Inuyasha, ¿cómo sabías que este coche era mío? —preguntó con perplejidad, ladeando la cabeza con una ceja arqueada.

El cantante sonrió.

—No sé. Parecías la clase de persona que tendría un coche como éste. Eso, y que tu matrícula pone "Kags". —Señaló su matrícula.

Kagome parpadeó y giró rápidamente la cabeza hacia su matrícula. Tenía ambas cejas alzadas.

—Oh, cierto. Sí, eso me delata, ¿no? —La comisura de su boca se elevó.

Inuyasha sonrió, luego asintió.

—Sí, así es.

Kagome suspiró.

—Bueno, Inuyasha, debe de haber una razón para que hayas querido verme, así que ¿qué necesitas? —preguntó, cruzándose de brazos.

Inuyasha sonrió. Cerró la distancia entre ellos con una larga y rápida zancada.

Kagome tuvo que inclinar un poco la cabeza para poder mirarlo directamente a sus ojos ambarinos.

Él estaba perdido en sus ojos chocolates mientras levantaba una mano y le ahuecaba la mejilla.

Kagome se encontró inclinándose en su tacto. Su mano era tan cálida. Sin pensar, alzó su mano y cubrió la suya con la de ella.

Kami… su piel es tan suave. No me había dado cuenta mientras la abrazaba todas esas veces en el escenario. Su mejilla también es cálida. Pensó Inuyasha, posando su otra mano en su cadera. Tomó como una buena señal que no protestara, porque era posible que tuviera los mismos sentimientos por él que los que él tenía por ella. La atrajo más hacia él, eliminó la distancia entre sus rostros y sus labios se estamparon contra los de ella en un beso hambriento.

Los ojos chocolates de Kagome se abrieron como platos y permaneció entre sus brazos, sorprendida. Aunque el único pensamiento coherente que se pasó por su mente fue… Era hora. Se relajó paulatinamente entre sus brazos y sus ojos se cerraron, correspondiéndole acaloradamente al beso.

Inuyasha se vio abrumado por la satisfacción cuando le correspondió al beso. Sonrió contra su boca y deslizó la lengua por su labio inferior, pidiendo pasar.

Kagome obedeció silenciosamente y abrió la boca para su inquisitiva lengua, dejándole que explorara su boca, y acarició su lengua con la de él.

Cuando Kagome escrutó su boca con su propia lengua, Inuyasha envolvió sus brazos alrededor de su cintura y la atrajo hacia él, dejando que calentara su cuerpo ante el frío aire nocturno. Kagome rodeó sus hombros con sus brazos, devorando felizmente el beso. Ya podía disfrutar de aquél momento mientras durara. Oye, no se besa a una superestrella todos los días.

Permanecieron así unos buenos dos minutos, después finalmente se separaron por falta de aire e Inuyasha rompió el beso. Volvía a mirar sus profundos ojos marrones mientras le sonreía.

Kagome respiraba pesadamente, su pecho subía y bajaba.

—Era hora de que lo hicieras —dijo entre respiraciones.

Inuyasha se rió entre dientes y alzó una mano para apartarle un mechón de pelo color ébano.

—Me alegro de que te gustara. Yo también he estado esperando un tiempo para hacerlo —le informó con voz ronca, sus ojos dorados estaban medio cerrados.

A Kagome le sorprendió lo que acababa de decir.

—Espera… quieres decir que todos esos encuentros… ¿los hiciste a propósito?

Él sonrió con suficiencia.

—Bueno, no podía permitir que me hicieras eso y dejar que te salieras con la tuya, ¿no? —dijo con aires de suficiencia, alzando una ceja negra.

—¿Hacer el qué?

—Frotarte contra mí, hacerme… —Se interrumpió, sabiendo que ya lo sabía.

Kagome abrió los ojos como platos por tercera vez aquella noche y bajó la cabeza, un sonrojo prominente se alzaba por sus mejillas.

—Oh. Eso. La primera vez no lo hice a propósito. Pero las demás… —Volvió a levantar la cabeza—. No sé, supongo que me estaba divirtiendo tanto tomándote el pelo que no podía parar —dijo apresuradamente mientras una sonrisa inocente adornaba sus labios.

El agarre de Inuyasha sobre Kagome no flaqueó mientras le sonreía, un colmillo asomaba por debajo de su labio.

—¿Ah, sí? Bueno, puede que me estuviera divirtiendo tanto tomándote el pelo, que yo no pudiera evitar esos "encuentros cercanos", ¿mm? —afirmó con voz sexy, ladeando ligeramente la cabeza.

Su tono de voz provocó un escalofrío que recorrió la espalda de Kagome. Debió de haberse transferido a Inuyasha porque él también se estremeció.

Vaya. Eso fue raro. Pensó Inuyasha para sus adentros, arrugando la nariz.

Meneó la cabeza y se centró en la chica que estaba delante de él.

El tiempo pasaba…

Kagome rompió el silencio.

—Bueno Inuyasha, debería irme. Es muy probable que mi gato se esté muriendo de hambre. —Consiguió esbozar una pequeña sonrisa.

Él arqueó una ceja.

—¿A las doce y media de la noche?

Oh, bien hecho Kagome. Acabas de acorralarte. Típico de mí.

"Oh, para de quejarte. Sabes que no quieres irte."

¿Eh? ¿Quién demonios eres y de dónde has venido?

"Soy tú, ¡lenta!"

Oh…

"Bueno, sólo quieres irte para no hacer nada estúpido."

¡Qué! ¡Sé realista! Solo quiero irme… para… para…

"¡Para no hacer nada estúpido!"

¡No! ¡Lárgate de mi cerebro, maldición!

"Qué lenguaje más colorido."

¡Sal!

"Vale, vale, ¡me voy! ¡Síí! Puf."

Ahora me duele la cabeza…

—Eh, ¿Kagome? ¿Hola?

—¿Eh? —Meneó la cabeza—. Oh, lo siento, Inuyasha. Creo que… me distraje.

Él se rió entre dientes.

—Vale. Por un momento pensé que estabas peleándote con el otro lado de tu mente o algo así. —Se rió.

—Mm, sí, eh je, je…

—Bueno, supongo que yo también debería irme. Los demás también van a empezar a preguntarse adónde me escapé. —Soltó su cintura a regañadientes y le sonrió.

—Te veo después, Kagome. —Empezó a caminar hacia atrás, todavía mirándola.

Kagome parpadeó.

—Bien… eh, h-hasta luego, Inuyasha. —Sonrió con timidez.

Inuyasha le sonrió, luego se despidió con un saludo de dos dedos, se dio la vuelta y se dirigió a la parte de atrás del estadio, teniendo cuidado de que nadie lo viera en el proceso.

Kagome observó su figura que iba desapareciendo poco a poco y después se desplomó contra su coche. Alzó una mano para tocarse ligeramente los labios.

—Eso… acaba de… ¿pasar? Estoy… ¿soñando?

Se pellizcó.

—¡Au! Nop, no estoy soñando. Eso fue real…

Kagome, todavía sumida en sus pensamientos, caminó hacia la puerta del conductor y entró, cerrando la puerta y encendiendo el motor.

El único pensamiento que ocupó constantemente su mente le hizo sonreír y suspiró con nostalgia.

Quién habría pensado que mi primer beso sería con Inuyasha, la famosa estrella del pop.


Perdón por el retraso, espero que este capítulo, que es más largo que los anteriores, lo compense.

Besos.