Hermione por fin se decidió. Sabía que ella tenía la culpa y decidió intervenir antes de que el chico se dejara dominar por su furia:

- ¡Espera!

Draco bajó la varita y la miró desafiante, entrecerrando los ojos hasta que sólo se distinguían dos ranuras, tras las cuales se adivinaban unos ojos más fríos que el hielo.

- Yo… pensé que te pasaba algo. Sólo quería intentar ayudarte.

- No creo que meterte en mi habitación fuera la mejor manera. Te crees muy lista, pero eres estúpida Gran…

- ¿Es verdad lo… lo de la marca?

Draco entrecerró los ojos e intentó estudiar su rostro. Esa chica no conocía el peligro. Notó como apretaba fuertemente la varita y chispas naranjas empezaron a salir de ella, asustando a la castaña.

- ¿Dónde quieres ir a parar?

- Malfoy… sí, he leído la carta. Y la verdad, preferiría no haberlo hecho. Pero ahora ya no hay vuelta atrás así que… ¿qué puedo hacer por ti?

- ¿Por qué crees que necesito ayuda? No puedes intentar salvar a todo el mundo. No quiero ser una de tus putas obras de caridad. ¿Acaso crees que soy un estúpido elfo doméstico?

La chica respiró aliviada al remarcar que el chico, tras cada frase que soltaba, se iba relajando. Aunque sus palabras estaban llenas de

- Sé que la necesitas. Y que no me la pedirías ni aunque tu vida dependiera de ello. A veces necesitamos a alguien ¿sabes? No podemos vivir sol…

- Ahórrate tu discurso, no me interesa Granger. El problema es que no tenías derecho a entrar aquí y leer la carta. ¿Qué hago yo ahora contigo?

- ¿Soltarme para que podamos hablar?

- No me hagas reír.

- ¿Qué harás si no, matarme y esconder mi cadáver? Sabes que no tienes más opciones.

Draco levantó la vista. La chica sabía que tenía razón. Desató las cuerdas de golpe y se irguió cuan largo era.

- Vete.

- Draco…

- ¡LÁRGATE! Ahora no quiero hablar – el chico se sentó en la cama con la vista fija en el suelo y semblante cansado.

Hermione reflexionó un rato y acabó colocándose a sus pies, arrodillada. Sus caras quedaban a la misma altura, pero el chico evitaba que sus miradas se cruzaran.

La Gryffindor estiró su mano para tocar la cara del chico, que se apartó ante ese toque. Le tomó la mano y comenzó a subirle la manga, hasta dejar su antebrazo, y por tanto La Marca Tenebrosa, al descubierto. El Slytherin no opuso resistencia pero comenzó a temblar levemente, maldiciéndose a sí mismo..

La castaña observó en silencio la calavera y la serpiente, rozando suavemente la marca. Pero tras 5 segundos, el rubio retiró el brazo y bajó la manga bruscamente.

- Granger, no deberías estar aquí.

- Malfoy… ¿tú quieres esto?

- ¿Qué?

Hermione señaló su brazo derecho.

- Eso no te importa.

- Entonces eso significa que no.

- Déjame ya en paz.

- ¿Ni siquiera vas a ir a ver el partido de Quidditch?

- ¿En serio crees que ahora me interesa eso? Déjame sólo. AHORA

La chica, en un arriesgado pero último intento, lo besó.

El rubio estuvo a punto de apartarla de un manotazo, pero acabó dejándose hacer. Si era ese tipo de ayuda la que le ofrecía la castaña, quizás si la necesitara. Aferró la cadera de la Gryffindor con firmeza, cerrando fuertemente los ojos, temiendo que pudiera desvanecerse en sus brazos. Los besos siguieron y siguieron, sin que ninguno tuviera fuerza de voluntad para separarse. Cada vez más intensos, cada vez más fuertes, más profundos… conocían ya todas las curvas del otro, pero sus manos seguían explorándolas. En ese momento, se sentían bien. Consigo mismo, con el otro…

Hermione bajó su boca hasta el cuello del muchacho, que intentaba reprimir los roncos gemidos guturales que escapaban de su garganta. Nunca había sentido lo que sentía con ella. Y era maravilloso. Maravilloso y arriesgado.

Tras un rato así, Draco se separó y se miraron. Entonces comenzó a recordar todo el asunto de la carta y la Marca y sintió de nuevo ese peso oprimir su cuerpo.

Respecto a lo de los besos, no se lo iba a recriminar. Sí, estaba dejando que pasara. Draco sabía que eso significaba algo, pero no quería asumirlo. No se hacía responsable de la sensación de felicidad que lo embargaba cuando la castaña se acercaba. Eran segundos en los que su lado tierno ganaba a su lado oscuro, pero después, todo volvía a la realidad.

- Si te ha molestado…

- No quiero hablar de ello.

Esta respuesta descolocó a la chica.

- ¿Quieres decir que te da igual?

El rubio no respondió. No quería hacerlo. Hermione advirtió la confusión del chico y decidió dejarlo reflexionar.

- Llámame si necesitas algo –dijo mientras abandonaba la sala.

- Ni lo sueñes – fue la respuesta del Slytherin cuando esta ya no podía oírle.

La castaña, una vez en la torre, no dejaba de recordar los besos. La transportaban a mundos lejanos. Ni siquiera había sentido eso con Ron. Y es que el rubio besaba tan bien… Pero una patada la devolvió a la realidad. La carta, Narcissa Malfoy... ¿Debería decir algo? Hermione tomó una elección – quizás la menos acertada que había tomado en años – guardaría silencio, aun sabiendo que eso podría debilitar a la Orden. En ese momento, le importaba más el rubio. Y de nuevo, se sintió culpable por ello.

Draco observó su brazo, brillante por el sol que entraba por la ventana. La Marca relucía, recién grabada, contra la pálida piel del muchacho. Con un leve toque de varita, la camufló. En ese momento, no quiso preocuparse por eso, pero sabía que más adelante tendría que hacerlo.

Miró hacia su escritorio. La foto de su madre parecía brillar con fuerza. La echó de menos. Era la única persona que alguna vez había demostrado cariño por él. Ella y… y la castaña. Bufó exasperado. Como aquel asunto continuara mucho más, se iba a volver loco.

Hermione, con una sonrisa tonta, llegó a las gradas de Gryffindor. No paraba de rememorar la frase del rubio. No le molestaban sus besos. Ni siquiera sabía si debía sentirse feliz por esto, pero era obvio que lo estaba.

Tomó asiento al lado de Neville. Luna como siempre, se encontraba en la grada de comentarista.

- ¿Cuánto van? – Preguntó la chica gritando, para hacerse oír por encima de la multitud-.

- 10-20 a favor de Hufflepuff. Pero acaban de empezar.

En ese momento, Delmeza Robins anotó un tanto que hizo a los Gryffindors ponerse en pie.

- Pues volvemos al empate tras el espectacular tanto de Delmeza. Extraña esta chica. Siempre que…

- Señorita Lovegood, ¿podría centrarse en lo deportivo? – se oyó la voz de la profesora McGonagall.

- Claro profesora. Solo intento animar el partido. Ahí va Dean, que atrapa la quaffle. Se la pasa a Ginny pero Cadwallader la intercepta. Se dirige a la meta, dispara y… Tanto de Hufflepuff. 20-30.

La indiferencia con la que Luna retransmitía los partidos hacía que la mayoría de los espectadores no la escucharan. Pero poco parecía importarle a ella, que seguía haciendo anotaciones.

- Summerby acelera, parece que ha visto algo. ¡Efectivamente veo un punto dorado! ¡Vamos Harry!

- Neutralidad señorita Lovegood.

- Oh sí, por supuesto. Summerby estira un brazo y… ¡oh! Eso ha debido dolerle. Una bludger lanzada por Peakes le acaba de dar en toda la cara. Ese golpe va a durarle. Tendrá que darse alguna crema especial, yo te recomiendo una hecha con savia de reisuns. Entre todo el desconcierto, la snitch ha vuelto a desaparecer.

Hermione observaba como Harry daba vueltas alrededor del campo sin éxito, una y otra vez, esquivando jugadores y bludgers. El partido estaba sucediendo de manera habitual, sin ninguna falta – como siempre- por parte de los tejones.

Ya empezaba a volverse monótono una hora después cuando de repente Harry describió un tirabuzón y aceleró en dirección al suelo.

- ¡Parece que Harry ha capturado algo! - gritó Luna, sin ninguna emoción en la voz.

- ¡Es la snitch! – grito exasperada la profesora.

- Ah sí. ¡Gryffindor gana! ¡210-80! – proclamó la Ravenclaw por los altavoces, aunque la grada roja ya había comenzado a celebrarlo y ni siquiera lo oyeron.

Harry desmontó de su escoba, con un brazo alzado y su puño fuertemente cerrado, dentro del cual se veían revolotear las alas de la pelota dorada. Al momento, todo el equipo de los leones se le echó encima.

- ¿Qué significa esta victoria, Neville?

- ¡Significa que de momento estamos en la cabeza! Sólo hay que esperar que Ravenclaw pierda contra Hufflepuff la semana que viene.

Hermione y Neville se unieron al gentío y la fiesta viajó rápidamente a la Sala Común. Media hora más tarde Seamus y Dean aparecieron con los brazos cargados de todo tipo de bebidas desde la cocina. Detrás de ellos entraron algunos Ravenclaws e incluso Hufflepuffs, que nunca se deprimían por las derrotas ni se perdían una fiesta. Por supuesto estaba prohibido visitar las diferentes Casas o montar fiestas, pero los alumnos habían podido comprobar cómo la mayoría de los profesores hacían la vista gorda siempre que no quedaran pistas o hicieran ruido.

Hermione había acompañado a Ginny a cambiarse y en ese instante estaban bajando las escaleras de las habitaciones de chicas para unirse a la gente.

- ¿Hermione?

- ¿Sí, Gin?

- Deséame suerte.

- ¿Para…?

La chica no pudo acabar la frase pues en ese momento la pelirroja se separó de su lado para ir hacia Harry, que se encontraba rodeado por una multitud. Se hizo sitio entre ellos y llegó hasta el ojiverde, que le sonrió atontado.

- Buena fiesta, ¿no crees?

- Podría mejorar – respondió la chica, mientras tiraba de la corbata del moreno hacia ella, hasta hacer que sus labios se encontraran.

Harry se tensó, pero no tardó en rodear la cintura de la chica Weasley mientras ella entrelazaba sus manos detrás de su cuello. Ni siquiera advirtieron el silencio que se había hecho en la sala. En ese momento, sólo existían ellos.

Tras un tiempo que no eran capaces de calcular se separaron. Se oyó un silbido y alguna que otra risa nerviosa. Harry ignoró el vaso roto en la mano de Dean y la mueca de Romilda Vane y buscó a su mejor amigo con la mirada.

El pelirrojo se encontraba a 10 metros suya, junto a Lavender y lo miraba con cara inexpresiva. Harry le interrogó con la mirada y este subió los hombros como diciendo: "si no hay más opción"… así que el ojiverde sonrió y, tras un gesto, señaló a Ginny la salida. Tenían mucho de qué hablar.

Hermione había observado toda la escena desde lejos y ahora sonreía triunfantemente. Se acercó hasta Ron y se sentó a su lado. Este se separó de Lavender que miró a la recién llegada con cara de asco. Pero la castaña la ignoró como siempre.

- ¿Qué piensas?

- ¿De qué?

- Sabes perfectamente de qué, Ron.

- ¿Tú qué crees que pienso?

- Te molesta.

- No pero…

- Sí lo hace y no debería. Tu hermana tiene 16 años. Tienes que dejarla vivir.

- ¿Pero y Harry? Se supone que es mi mejor amigo.

- ¿Y por eso no tiene derecho a ser feliz?

- No pero... Está bien, quizás tengas razón.

- La tengo.

Ron rodó los ojos.

- Bueno. No les molestaré. Dime Hermione, ¿qué te ha parecido el partido? Hace mucho que no habl…

El pelirrojo no pudo terminar la frase porque Lavender se abalanzó sobre él. Hermione notó como una vena en el cuello le palpitaba y se levantó bruscamente. Estúpida repipi… de repente se le ocurrió una idea. Miró su reloj: las 22:45. Perfecto, aun quedaba algo más de una hora para su ronda de Premio Anual. Así que sin avisar a nadie, abandonó la sala y se dirigió a las cocinas.

Alcanzó el cuadro de la entrada e hizo cosquillas a la pera. La puerta se materializó ante ella y entró.

Rápidamente, 3 elfos domésticos llegaron a su altura para intentar satisfacer sus necesidades, pero cuando Dobby la vio, les dijo que sería él quien se encargara.

- Señorita Granger, Dobby está muy contento de verla. Los amigos de Harry Potter son los amigos de Dobby – dijo mientras le estrechaba la mano. A la chica le caía muy bien el elfo, así que le sonrió y le dijo que no había tenido tiempo para comer y que si podía prepararle en una cesta algo de comida para llevarse.

Como siempre, los elfos no se quedaron cortos y le llenaron la cesta con más de 7 platos diferentes y 4 postres, además de muchas bebidas.

- Muchas gracias – dijo Hermione mientras salía por la puerta, cargando a duras penas la pesada cesta.

No se encontró con nadie en su camino de regreso, cosa que agradeció. Eran las 23:15 llegó a su destino. Dijo la nueva contraseña a Helga Hufflepuff, que en ese momento se encontraba sola mirándola con sonrisa bonachona.

- "Mimbulus mimbletonia"

- Una planta de excelentes características, querida. ¿A dónde vas con todo ese peso? Te vas a hacer daño. Ay sí, lo siento, que me lío a hablar –dijo mientras le daba paso a la torre de los "Premios Anuales".

El chico estaba dormido sobre el orejero negro, frente a la chimenea. El fuego le iluminaba parte del rostro. Hermione no pudo evitar quedarse contemplándolo. Era realmente bello. Un ángel de fuego, roto por el dolor.

El rubio abrió los ojos de golpe, sorprendiendo a la castaña.

- ¿Son buenas las vistas?

Ésta se había ruborizado. Levantó la mano en la que llevaba la cesta.

- Eh… pensé que tendrías hambre.

El chico abrió los ojos enormemente al ver la cantidad de comida que traía Hermione. Esta sonrió al ver su expresión.

- Los elfos son un poco exagerados. No tienes que comértela toda por supuesto. Pero como sé que no has ido a comer en todo el día quizás…

El chico no la dejó termina se sentó a su lado en el largo sillón blanco y eligió un plato de pollo con puré y guisantes, una ensalada y un trozo de tarta de chocolate, del que Hermione acabó comiéndose más de la mitad ante la evaluante mirada del rubio.

- Me encanta el chocolate – dijo la Gryffindor – aunque no siempre puedo comerlo.

Sin darse cuenta, estaban manteniendo una conversación civilizada.

- No creas que 5 platos van a acabar conmigo.

- Ni siquiera me has dado las gracias.

- De nada.

- Idiota.

Malfoy rió.

- Mi humor es demasiado bueno para ti.

- Lo dudo. Malfoy… respecto a lo de esta tarde… ¿puedo saber qué vas a hacer?

El semblante del rubio cambió de golpe.

-No, Granger, no puedes. Ni siquiera deberías saber esto.

- Sí, pero lo sé y…

- "Y puedo ayudarte". Si lo vuelvo a oír me iré. Lo juro.

- Lo…

- "Lo siento". Me sé de memoria todo el repertorio.

- Eres un idiota. ¿Por qué no aprecias que la gente haga cosas por ti?

- ¡Porque yo no te pedí que te metieras en mi habitación e invadieras mi privacidad!

- ¡No hablo de eso! La gente intenta ayudarte y tú los rechazas. No estás tan solo como te parece.

- No creo que tú sepas lo que…

- Sí lo sé. Pero me tienes a mí. No me mires así. No soy ninguna espía.

- Sabes que no estaría bien que yo te contara nada. La Orden acabaría enterándose.

- Dame un voto de confianza.

- No veo porqué - el rubio comenzaba a hartarse de aquel tono de comprensión que la castaña utilizaba para hablar con él.

La chica pasó una mano por la mejilla del rubio, que cerró los ojos y se relajó ante ese cálido toque.

- Déjame formar parte de esto, Draco – observó como silenciosas lágrimas comenzaban a arremolinarse en los ojos de la castaña - Por favor.

Desesperadamente, el chico se lanzó sobre ella. Hermione fue relajando la expresión y se sentó a horcajadas sobre él, que la atrajo hacia sí tanto como pudo. El rubio besaba con fuerza, liberando la tensión del momento.

Desplazó su mano hasta la camisa de la chica y comenzó a desabrochar los botones. Cuando iba por el tercero, notó como esta le desaflojaba el nudo de la corbata, hasta tirarla al suelo.

Draco, en un rápido movimiento, se giró hacia la izquierda, tumbándose encima de la castaña. Por fin terminó con el último botón y abrió su camisa, mientras la chica se ruborizaba. Él sintió una descarga de adrenalina por todo su cuerpo, mientras besaba y lamía cada parte de su pecho, ante los leves gemidos de la chica.

Era indescriptible lo que ambos sentían. Ni siquiera Hermione encontraba las fuerzas para separarse y es que lo deseaba. Deseaba aquello y a aquel chico. Y eso era malo. Pero estaba dispuesta a correr riesgos.

Segundos después la camisa del chico cayó al suelo y Hermione comenzó a recorrer los fuertes músculos en su espalda. Mientras el rubio exploraba el hueco detrás de su oreja, levantó ligeramente las caderas para dejarle desprenderla de su falda. Pero de repente, unos suaves golpes sonaron en la puerta.

- ¿Señorita Granger? ¿Señor Malfoy? ¿Está alguno dentro? No me consta que estén haciendo su ronda.

Ambos se tensaron ante la voz de la profesora McGonagall y la chica tapó la boca del rubio. Intentó que su voz no temblara y que su respiración no sonara agitada.


¡Y fin del capítulo!

Por fin hemos visto a un Draco mucho más tranquilo, dejándose llevar por las emociones y más asustado que nunca. Y puede que sea eso, precisamente el miedo, lo que le hace ser él mismo. Ahora ya no se opone a la chica, simplemente juega a alejarse de ella hasta que sus fuerzas se derrumban y entonces, ambos se encuentran. Porque se necesitan, de una forma que aun no son capaces de comprender.

En primer lugar, mis disculpas a todos los Hufflepuffs por el partido, pero era más coherente que ganara Gryffindor. Sobre todo para la escena del beso entre Harry y Ginny, que me moría de ganas de escribir (amo a Hinny, aunque no tanto como a Dramione XD)

Hermione se ha preocupado por el rubio y ha decidido llevarle la cena y el chico se ha mostrado algo amable con ella. O, por lo menos, no la ha insultado. Sobre todo cuando ha decidido que su postre sería ella XD Pero McGonagall los ha interrumpido... esperemos que no se le ocurra entrar en la torre o encontrará una escena que preferiría no haber visto y pondría a los chicos, y en especial a Malfoy, en serios aprietos.

No olvidéis dejar review con lo que penséis o queráis que ocurra y dadle al Go :)

¡Hasta el capítulo que viene!

- Daphnea