Disclaimer: los personajes y la historia no me pertenecen. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de KeiChanz, yo sólo traduzco.

Baile peligroso

Capítulo siete: Dudas y confesiones


Kagome se quedó sentada en el columpio, con los ojos abiertos como platos y boquiabierta, mirando al hombre que había capturado su corazón tan rápido y con tanta facilidad en aquella noche de junio.

¿Era un sueño? ¿Sus ojos la engañaban? No lo sabía. Pero lo que sí sabía era que quería que fuera real. Quería creer que Inuyasha de verdad estaba de pie a su lado, preguntándole si necesita un empujón. Pero era tan difícil de creer. Nunca pensó que volvería a Tokio. Demonios, nunca pensó que volvería a verlo. Pero aquí estaba, a su lado, nada menos que sonriéndole, en mitad de la noche, en el parque.

—¿Inu… yasha? —susurró para sus adentros, al fin había encontrado la voz.

Su sonrisilla se convirtió en una sonrisa. Kami, cómo había extrañado su dulce y suave voz.

—Hola, Kagome.

Kagome se llevó una mano a la boca y se levantó poniéndose delante de Inuyasha.

—Oh Dios mío… de verdad eres tú —llegó su voz ahogada de detrás de su mano.

De verdad es ella, pensó Inuyasha mientras movía el columpio que los separaba a un lado para ponerse delante de ella.

Silencio.

Inuyasha fue el primero en hablar.

—Entonces, vives en Tokio, ¿eh?

Kagome volvió a bajar la mano a un costado y asintió.

—Genial. No pensé que de verdad vivieras en Tokio. Pero supongo que estaba equivocado. Sí que vives aquí.

Kagome volvió a asentir. Había vuelto a perder la voz. Maldiciendo mentalmente, respiró hondo e hizo la pregunta que le quemaba en la punta de la lengua desde que había oído su sexy voz. Por alguna razón no quería salir de sus labios:

—Inuyasha… ¿qué estás haciendo aquí?

El hanyou estrella del pop sonrió y arqueó una negra ceja, decidió ponerse chulo y hacer la misma pregunta que le había hecho dos meses atrás junto a su coche:

—¿Qué? ¿Te sorprende verme?

Ella parpadeó.

—Bueno… sí, pero… —Sus ojos chocolates estaban llenos de perplejidad mientras lo miraba interrogante.

Él se rió en voz baja y puso las manos por detrás de su cabeza, ladeándola.

—Define "aquí". —Las comisuras de sus labios se elevaron para formar una sonrisa.

Kagome volvió a parpadear.

—Bueno… mm… qué estás haciendo aquí… ¿en Tokio? —preguntó.

Un suspiro se escapó de sus labios y bajó las manos de su cabeza, una mano se quedó a medio camino para agarrar la cadena del columpio.

—Bueno, Kagome, desde el concierto de hace dos meses, mis amigos y yo hemos estado viajando por casi todas partes de Japón, dando conciertos, yendo a reuniones y esas mierdas. No he estado en mi casa de Hiroshima desde hace meses. Sango sigue diciéndonos que iremos a casa dentro de tres días y cosas así pero siempre parece pasar algo en alguna parte y tenemos que irnos a otro sitio que está más lejos incluso de casa. Y también tengo muchas ganas de ver a mis otros amigos de Hiroshima. Los extraño —explicó encogiéndose de hombros, la melancolía llenaba sus ojos dorados y se reflejaba en su voz.

Kagome lo miró con una expresión de preocupación plasmada en su cara.

—Siento oír eso. Sé lo que se siente no poder ver a un buen amigo tuyo durante mucho tiempo. —O en mi caso, nunca.

Inuyasha simplemente suspiró y bajó la mirada al suelo. Me pregunto de qué habla cuando dice que sabe lo que se siente no poder ver a alguien cercano durante mucho tiempo… ¿Podría estar hablando de mí? Pensó por un momento. Nah. Es imposible que pueda sentir lo mismo que lo que yo siento por ella. Pero me gustaría que fuera así. Pensó Inuyasha, mientras arrastraba el zapato por la arena como si volviera a ser un niño pequeño, preguntándole a la persona que le gustaba si quería ir al cine.

Kagome fijó la mirada en su cabeza gacha, preguntándose en qué estaba pensando. Si supiera que no sólo estoy hablando de Kurama, sino que también me refiero a él. Pero… es imposible que siente lo mismo que yo por él… ¿verdad? Hizo una pausa en sus contemplaciones. No. No puede ser. Él es una famosa estrella del pop y yo… sólo soy una chica normal que vive en Tokio con su gato gordo como compañía en su pequeño apartamento con un recepcionista que la acosa pidiéndole todos los días una cita…

El silencio volvió a rodearlos.

Al sentirse incómoda con el silencio continuado, Kagome decidió hacer una pregunta aleatoria.

—Entonces… vives en Hiroshima, ¿eh?

Inuyasha soltó un suspiro de alivio, contento de que rompiera el incómodo silencio. Alzó la cabeza para ver dos ojos chocolates mirándolo.

—Sí. Hiroshima es un buen sitio. Crecí allí. También fue allí donde conocí a Kouga, a Miroku y a Naraku. Sesshomaru, Kouga, Miroku, Naraku y yo nos hicimos amigos rápidamente. Hacíamos todo juntos. Puedes decir cualquier cosa, seguro que lo hicimos. —Su boca se curvó en una media sonrisa ante los buenos recuerdos que tenían.

Una pequeña sonrisa se formó en los labios de Kagome mientras asentía.

—Bueno, eso es bueno, conocer a tus amigos y crecer con ellos… Debéis de tener muchos buenos recuerdos juntos.

—Sí, tenemos muchos buenos recuerdos juntos, eso está claro —contestó, riéndose entre dientes.

Kagome se rió.

Inuyasha miró a Kagome como si fuera la criatura más hermosa de la tierra. Y a decir verdad, lo era.

… Al menos según Inuyasha.

Un momento…¿qué demonios estoy haciendo? Ahora mismo podría estar abrazándola, diciéndole lo mucho que la he extrañado. Pero en cambio estoy aquí de pie, mirándola embobado como si fuera idiota.

Inuyasha meneó la cabeza para aclarar los pensamientos persistentes de abrazarla fuertemente para sentir la calidez de su cuerpo contra el suyo.

Kagome lo miró con preocupación llenando sus ojos marrones.

—¿Inuyasha? ¿Estás bien? —preguntó, dando un paso hacia él.

Inuyasha volvió a alzar la cabeza y sonrió.

—Estoy bien.

Ella parecía escéptica, pero no le dio importancia.

—Vale… si estás seguro…

A Kagome la cogió con la guardia baja que Inuyasha cerrara la distancia entre ellos y la encerrara en un amoroso abrazo.

—I-Inuyasha… —Fue todo lo que pudo decir, sus mejillas se encendieron rápidamente ante la proximidad que él había escogido.

Inuyasha cerró los ojos mientras endurecía su agarre sobre ella, disfrutando de la sensación de su cuerpo pegado contra el suyo.

—Cielos, me gusta tanto volver a verte, Kagome. Te he echado mucho de menos —confesó Inuyasha, enterrando su nariz en su pelo y absorbiendo el aroma que era exclusivo de Kagome.

—Inuyasha… Y-Yo…

Kagome no podía pensar en nada que decir. Todo lo que registraba su cerebro era que la estrella del pop la estaba abrazando contra su pecho, con sus brazos rodeándola.

—Yo… también te he echado de menos… —No fue mucho más alto que un susurro.

Pareció que había pasado una eternidad mientras se abrazaban.

Cielos… se siente tan bien volver a tenerla entre mis brazos. Pero, me pregunto si… se sentiría aún mejor volver a besarla. Pensó Inuyasha mientras se apartaba para mirarla a sus ojos chocolates.

Le sonrió y, a cambio, obtuvo una sonrisa acompañada de un sonrojo.

Fue entonces que Inuyasha decidió comprobar su hipótesis.

Bajó la cabeza mientras Kagome inclinaba la suya hacia arriba y luego sus labios se encontraron en un beso lleno de pasión. Un jadeo escapó de la boca de Kagome al sentir que su lengua se deslizaba por su labio inferior, después lo mordió juguetonamente y se introdujo avariciosamente en su húmeda cavidad. Kagome cerró los ojos y sus brazos subieron por su pecho y se envolvieron alrededor de su cuello, acercándolo más a ella y presionando más sus labios contra los de él.

La lengua de Kagome finalmente decidió tener un poco de acción y salió de su boca para meterse en la suya. Su rosado órgano se frotó delicadamente contra sus largos caninos y luego pasó al resto, queriendo conocer cada rasgo del interior de su boca. Después, sus lenguas lucharon un rato, la de Inuyasha acabó siendo la dominante. Luego, a regañadientes, se separaron ante la falta de aire.

Sus pechos subieron y bajaron al unísono mientras se miraban e Inuyasha apoyó su frente contra la de ella. Se quedaron quietos, abrazándose y sin querer que terminara ese hermoso momento.

Tenía razón. Fue maravilloso volver a besarla.

Kagome cerró los ojos y apoyó la cabeza contra su pecho, las lágrimas que había estado conteniendo al fin salieron libremente de sus ojos.

Inuyasha endureció su agarre sobre ella y puso su cabeza debajo de su barbilla. Sus lágrimas estaban mojando su camiseta, pero no le importaba. Dejaría que llorara. Demonios, él también estaba casi al borde de las lágrimas por ver a Kagome por primera vez después de casi dos meses.

Kagome sollozó en su pecho, aferrándose a él, temiendo que, si lo soltaba, volvería a perderlo. Esta vez para siempre.

—Oh, Inuyasha… pensé que no volvería a verte —dijo con voz rota—. Te he extrañado tanto.

Inuyasha acarició su pelo color ébano con su filosa mano.

—Sh. Ya pasó, Kagome. Estoy aquí. No voy a volver a dejarte. Lo prometo. No después de lo que acabamos de compartir. Sé que sientes lo mismo que yo siento por ti. Aunque he dudado de esos sentimientos. Pero, ahora sé… que son verdaderos —confesó susurrando.

Kagome se permitió relajarse en sus brazos. Podría acostumbrarse a esto… y lo haría. Acababa de admitir que sentía lo mimo que lo que ella sentía por él. Y por encima de eso, le había prometido que no iba a dejarla nunca. Eso era exactamente lo que quería oír. ¿Verdad? En realidad no estaba tan segura. Desde que Kurama la había dejado, había tenido sus dudas. Pero, con Inuyasha… de alguna forma era diferente. Cuando había dicho que no la dejaría nunca, se había sentido como si supiera que iba a cumplir esa promesa y que nunca la dejaría. Así que sí, eso era exactamente lo que quería oír.

Inuyasha sintió que Kagome se relajaba en sus brazos y se apartó un poco para poder mirarla a sus profundidades marrones.

Una pequeña sonrisa empezaba a formarse en sus labios.

Alzó una mano y le secó los restos de humedad que manchaban sus sonrojadas mejillas con un afilado pulgar.

Kagome inspeccionó sus orbes dorados con sus ojos cafés.

—No me vas a dejar nunca… —Era más una afirmación que una pregunta.

Le ahuecó la mejilla con la mano.

—No. Nunca te dejaré. Te lo prometo, Kagome. No volveré a dejarte.

Kagome cerró los ojos mientras volvía a recostar su cabeza contra su pecho, abrazándolo con fuerza.

La mano de Inuyasha estaba acariciando ligeramente su espalda, luego se inclinó y le susurró en el oído:

—Kagome, hay algo que quiero decirte.

—¿Qué es? —respondió, mirándolo a través de sus tupidas pestañas.

Inuyasha respiró hondo.

—Kagome… yo…

—¡Oye! ¡Mira! ¿No es Inuyasha?

Se apartaron inmediatamente y miraron a un lado. Dos adolescentes estaban a unos ocho metros de donde estaban ellos.

Pareció como si se hubieran leído las mentes cuando las siguientes palabras salieron de sus bocas.

—¡Oh, mierda!

—¿Eh?

Se miraron con expresión sorprendida, parpadearon y lentamente empezaron a reírse, pero las chicas interrumpieron su momento de humor.

—¡Oh Dios mío, creo que es él! ¡Es Inuyasha! —Casi gritaron la última parte.

Las orejas de Inuyasha se pegaron contra su cabeza y Kagome hizo una mueca.

—Mierda, ¡cállate, perra! ¡No quiero que toda la jodida ciudad se entere de que estoy aquí, maldición! —bramó Inuyasha, lanzándole dagas con los ojos a las dos chicas.

Kagome abrió los ojos como platos y se quedó boquiabierta. Vaya. Tres palabrotas en dos frases. Supongo que maldice mucho cuando está enfadado, igual que yo. Eh. Ha roto mi récord. Pensó Kagome, todavía un poco sorprendida pero no por eso menos impresionada.

Las dos chicas empezaron a reírse como locas, atrayendo a más gente que, por alguna extraña razón, paseaba por allí casi a la una de la madrugada.

—¡Callaos! —susurró lo suficente alto Inuyasha.

Al oír las risitas, empezó a caminar hacia ellos gente curiosa.

—Mierda —volvió a maldecir Inuyasha, sus orejas se aplastaban contra su cabeza con obvia frustración.

Kagome sintió que el agarre de Inuyasha sobre ella se intensificaba mientras veía que la gente se acercaba, algunos aceleraron al darse cuenta de quién estaba allí.

Tengo que hacer algo, y rápido. Esta gente va a molestar a Inuyasha si no sale pronto de aquí…

Sin pensar, Kagome cogió la mano de Inuyasha y empezó a correr hacia el primer lugar que se le pasó por la mente.

Su apartamento.

¿Qué? ¿Adónde me lleva? Pensó Inuyasha confundido, intentando mantener el paso de Kagome.

Kagome corrió tan rápido como pudo por la calle, arrastrando a Inuyasha detrás de ella. ¡No me puedo creer que esté haciendo esto… pero necesito llevarlo a un lugar seguro para que esa gente no lo asalte! Pensó Kagome, mientras miraba por encima de su hombro.

Y claro, había una multitud corriendo detrás de ellos a una velocidad sorprendente.

Kagome gruñó. ¡Mierda! ¿Esta gente es de un grupo de rastreo o qué?

Manteniendo un firme agarre sobre la mano de Inuyasha, Kagome giró en la esquina donde estaba su apartamento. De algún modo había conseguido llegar.

Sin pensárselo dos veces, Kagome volvió a girar bruscamente a la izquierda, entrando en un callejón estrecho, oscuro y que apestaba a basura. Se lanzaron contra la pared izquierda del callejón, y se quedaron muy callados. Pronto oyeron una ruidosa multitud de gente que pasó corriendo de largo del callejón, pensando que la pareja había seguido corriendo hacia delante. Los ruidosos gritos de la multitud y el fuerte sonido de las pisadas se volvieron cada vez más débiles hasta que se hizo el silencio. Kagome caminó silenciosamente hasta la entrada del callejón y miró a su alrededor para ver si quedaba gente en la calle. No quedaba nadie. Saliendo del callejón, Kagome le hizo una señal a Inuyasha para que saliera y se uniera a ella. Inuyasha soltó un gran suspiro de alivio cuando vio que eran los únicos en la calle.

La estrella del pop respiró hondo.

—Ahh, aire fresco. Lo juro, si me hubiera quedado ahí un minuto más, me habría vuelto loco con el olor de la basura —dijo, inspirando otra vez.

Kagome suspiró.

—Sí, lo sé. Pensaba que me iba a poner enferma —afirmó, pasándose una mano por su pelo negro azabache.

—Sí. Bueno, da igual, gracias por alejarme de esa gente loca. Pensaba que iban a acosarme. —Se estremeció y arrugó la nariz.

Kagome sonrió para sus adentros. Justo lo que pensé yo.

Y con eso, Inuyasha cogió a Kagome de la mano y empezó a caminar por la calle, sin saber exactamente adónde iba. Pero no le importaba. Todo lo que importaba era Kagome y sus manos entrelazadas.


He aquí un nuevo capítulo de este fic. La traducción de este capítulo quería dedicársela a un persona que comenta capítulo tras capítulo tanto en este fic como en "El sabor del amor": Va por ti Faby Sama, muchas gracias por seguir tan fielmente mis traducciones.

Para los demás que leen, muchas gracias por los reviews que me dejáis, en serio. Sin embargo, me preocupa que, en comparación con las visitas que recibe el fic, reciba tan pocos reviews. Los que se pasan, ¿son simplemente de pasada, hay algo mal con la traducción, la historia no os interesa lo suficiente? Me gustaría saber qué opináis.

Muchas gracias por vuestro apoyo.