La Gryffindor se incorporó enseguida y su mente empezó a maquinar planes de huida. Aunque acabó comprendiendo que el profesor ya los había visto y no tenían escapatoria. ¿Pero cómo iban a explicárselo? Sintió que toda la alegría que fluía por su cuerpo se evaporaba conforme el hombre se acercaba.

Draco se puso pálido ante una de las pocas personas que le infundían respeto. Su padrino podía ser agradable con él, pero no parecía que en ese momento tuviera la intención de serlo. Maldijo por lo bajo un par de veces y fue incapaz de encontrar alguna excusa ingeniosa para soltarle al profesor, así que decidió mirarle arrogantemente mientras se acercaba y permanecer en silencio.

El hombre llegó rápidamente junto a ellos. Agarró a cada uno de los muchachos de un brazo y los guió hasta un lugar lejos de la zona visible desde cualquier ventana.

Se frenó en seco, los soltó y se giró hacia ellos. Su voz era una mezcla entre un susurro y un grito iracundo.

- 50 puntos menos para Gryffindor y 50 menos para Slytherin. ¡¿De dónde se supone que llegáis a estas horas?!

Ninguno de los dos dijo nada. No había excusa como para justificar su tardanza ni su aparición juntos a través del árbol y lo sabían. Como también supieron que el profesor no tardaría mucho en llegar a una acertada conclusión.

Snape los observó en silencio. Las piezas del rompecabezas empezaron a encajar lentamente en su cabeza. Necesitaba hablar con el rubio urgentemente para confirmar sus temores.

- Señorita Granger vuelva al castillo.

- Pero señor…

- AHORA - la orden fue directa y Hermione no pudo ignorarla.

Lanzó una última mirada al ojigris y corrió hacia la entrada. No le gustaba dejarlo solo con Snape pero no tenía otra alternativa.

Draco evitó que su mirada se encontrase con la del profesor.

- ¿Y bien? ¿Vas a explicármelo o tendré que sacar conclusiones?

- No tengo porqué explicarle nada.

Snape notó como la ira bullía en su interior.

- ¡Te recuerdo que hice un juramento inquebrantable por tu seguridad! ¡Si te dedicas a ir por ahí haciendo tonterías entonces…!

- No voy por ahí haciendo tonterías – Draco estaba enfadado consigo mismo por haber llegado a esa situación. No debía haber ido a aquella casa. Sabía el peligro que todo eso conllevaba y, aun así, se comportaba como un gilipollas despreocupado.

- ¿Entonces me puedes explicar de dónde vienes con Hermione Granger?

El rubio frunció el ceño. No, no podía.

- ¡Si alguien se entera danos por muertos! ¡Me ha costado cielo y tierra convencer a la mayoría de profesores y alumnos de que os había visto volver y probablemente estuvierais en vuestra torre! Aunque, por supuesto, la mayoría del profesorado no me ha creído. Y los señores Potter y Weasley han decidido investigarlo por su cuenta.

Draco escuchaba en silencio, deseando poder gritarle tres o cuatro cosas al profesor.

- ¿Ni siquiera vas a molestarte en negarme que tienes una relación con Granger?

- ¿Serviría de algo?

- No.

- Entonces no negaré nada.

- ¿Me lo estás confirmando?

- No recuerdo haber hecho tal cosa. Y ahora, si me disculpa, creo que iré a cenar.

- Draco, si seguís viéndoos, me encargaré personalmente de que vuestra convivencia cese.

El rubio lo miró por primera vez.

- No puede hacer eso.

- En realidad sí que puedo.

El ojigris notó como se iba poniendo más y más furioso.

- ¿¡Sabe qué!? ¡Estoy harto de que todo el mundo parezca tener derecho para decidir sobre mi vida!

- ¡¿Acaso no lo entiendes?! ¡Esta tontería podría costarle la vida a toda tu familia! ¡Incluso a mí mismo!

- Usted solo se preocupa por su seguridad. Y lo único que le interesa es la pureza de la sangre supongo. Porque Granger es hija de muggles.

Snape entrecerró los ojos y adoptó un semblante inescrutable.

- ¿Y en tu opinión qué pienso acerca los hijos de muggles?

- Que son inferiores.

Un brillo nostálgico se averiguó en la mirada del profesor.

- Valoro a los hijos de muggles más de lo que crees – una cabellera pelirroja y unos ojos verdes se materializaron en la mente del profesor. Éste sacudió la cabeza volviendo al mundo real.

- Está bien si usted lo dice, pero soy consciente del peligro que corro. Sé cómo manejar la situación.

- ¡Pues si sigues manejándola de forma que todo el colegio note vuestra ausencia y acaben estableciendo lazos entre vosotros, me temo que…!

- ¡Ha sido un despiste! De acuerdo. Tendré cuidado – dijo, y comenzó a alejarse a paso rápido.

- ¿Draco?

- Qué – ni siquiera se giró.

- ¿Acaso es una relación seria? - el chico notó un matiz burlón en la voz del profesor, pero también algo más profundo y doloroso. No se molestó en responder a aquella pregunta y aceleró su marcha hacia el castillo.

Hermione entró al Gran Comedor con gesto casual. Como si llevara en el castillo todo el día. Como si la mitad de miradas no se dirigieran hacia ella. ¿Qué es lo que le ocurría a la gente? Se sentó junto a Ron y frente a Harry, notando como la profesora McGonagall la miraba severamente tras sus gafas.

- Hola chicos. Uf, estoy muerta de hambre – era cierto. Hacía más de 10 horas que no comía nada y notaba los quejidos de su estómago.

El moreno y el pelirrojo la miraron perplejos mientras esta llenaba su plato con el doble de comida de lo habitual.

- Hermione…

- ¿Sí?

- ¿Dónde has estado toda la tarde?

- Olvidé avisaros. Tras volver de Hogsmeade estuve en la Lechucería y en la Biblioteca. Luego me quedé dormida y me he despertado hace media hora – le había dado tiempo a pensar una excusa en el camino.

- ¿Has comprado ya la comida de Crookshanks y lo demás?

- Sí, aunque me llevó un rato.

Los chicos se miraron por encima de la mesa. Era obvio que estaba mintiendo. Pero no iban a hablar de eso en el Gran Comedor.

Cuando los tres amigos abandonaban la sala, Draco Malfoy irrumpió en ella con su majestuoso paso. Él y la castaña no se miraron, pero los otros dos chicos observaron con el ceño fruncido al ojigris cuando pasó por su lado. Hermione intentó no ponerse nerviosa y siguió a sus amigos por el pasillo hasta la Sala Común de Gryffindor.

- Sabes, no se ha visto a Malfoy en toda la tarde. Creemos que está tramando algo.

- Estaría por ahí con los de su grupo.

- Quizás si… - Aunque Harry lo dudaba. Estaba seguro de que el chico era culpable. Ahora tenía que averiguar de qué.

Pronto, llegaron a la torre de Gryffindor.

- Espera, no te vayas aun.

Hermione se puso tensa. Se imaginaba de qué iba el asunto. Entró en la habitación y ocupó uno de los mullidos orejeros, mientras sus amigos tomaban asiento en suaves cojines junto a la chimenea. El pelirrojo tomó la palabra.

- Hermione, ¿no vas a decirnos qué has hecho esta tarde? – la pregunta de Ron fue directa pero no llevaba ninguna connotación de enfado.

- Ya os lo he dicho chicos.

- Nos… nos referimos a qué has hecho realmente.

La castaña los miró en silencio.

- Ron y yo fuimos a las tiendas de Hogsmeade. Nadie te había visto. Al volver, te buscamos por todo el castillo incluyendo Lechucería, Biblioteca y Torre de los Premios Anuales.

- Yo…

- ¿A qué hora has vuelto al castillo?

La castaña suspiró rindiéndose.

- Hace una hora más o menos.

- ¿Pero dónde has estado toda la tarde?

- En… la Casa de los Gritos.

- ¿Qué? – Harry cada vez comprendía menos.

Hermione se sentía rota por mentir a sus amigos. Pero aun no podían saber la verdad. O al menos, no toda la verdad. Era hora de comenzar la confesión.

-Veréis… lo que me dijisteis esta mañana. Sí estoy viéndome con alguien. Queríamos pasar el rato pero no sabíamos dónde. Nos quedamos dormidos y hemos vuelto a través del árbol.

- ¿Quién es? – esta vez, Ron sí sonó enfadado.

- No puedo decíroslo.

Harry la miró asombrado.

- Pero…

- Harry, lo siento mucho, de verdad. Sé que siempre nos lo contamos todo pero esto es diferente.

- ¿Lo conocemos al menos?

- No lo creo. Aunque no estoy segura – claro que lo conocían, aunque prefería alejar toda sospecha posible.

- ¿Y por qué no puedes decirlo? – Ron estaba algo confuso con la violenta situación.

- Es una situación más complicada de lo que creéis. Si en algún momento decidimos hacerlo público, seréis los primeros en enteraros. No quería decíroslo… bueno, exactamente por esto. Sabía que no podría desvelaros quien es, así que pensaba que si no sabíais nada sería mejor para todos y…

- No te preocupes Hermione. No importa. No nos enfadaremos – el moreno tenía intriga, pero comprendía la situación. Ron miraba al suelo sin decir nada.

Harry estaba incómodo al notar la tensión de su amigo. Pero aun había un asunto que le preocupaba.

- ¿Dónde habrá estado Malfoy?

- Harry, te importa demasiado lo que Malfoy haga y deje de hacer. – Ron recuperó el habla aunque tenía un tono cortante.

- Porque estoy seguro de que trama algo.

- Siempre piensas eso. Harry incluso pensaba que Malfoy te había raptado. Como si tuvieras algún interés para él – no se dirigió a la chica por su nombre.

Hermione casi se atraganta con esa observación, pero lo disimuló simulando una risa.

- Harry, en serio. Céntrate en otras cosas. Si Malfoy está planeando algo, acabaremos por enterarnos. Además, pronto abandonaremos Hogwarts.

Los tres chicos se quedaron en silencio pensando en la ardua tarea que tenían por delante.

- ¿Ya sabemos por dónde vamos a empezar?

- Seguiremos la pista de Kreecher. Tenemos que internarnos en el Ministerio y robarle el guardapelo a Umbridge.

La chica bufó.

- Es una misión suicida.

- Lo sé. Pero es la única alternativa. ¿Ya has conseguido la tienda Ron?

- La tengo en el baúl. Fred me la envió el otro día.

El silencio se hizo cuando la puerta se abrió para dar paso a Lavender y Parvati. Pronto la rubia se acercó al grupo.

- Ro-Ro – cantó.

Ron se levantó y se dirigió hacia su dormitorio dejando a la chica plantada en medio de la sala.

- Hoy no estoy de humor.

Hermione enseguida abandonó también la torre de Gryffindor para dirigirse a la suya. Encontró a Malfoy sentado en el sillón leyendo una carta que escondió cuando la puerta se abrió.

- ¿Ya son las 12?

- Sí.

- Pues vamos.

Sin más discusión, se dirigieron a hacer la ronda de los sábados. Hermione formuló la pregunta que le llevaba rondando la cabeza más de una hora.

- ¿Qué te dijo Snape?

- Lo sabe.

Hermione lo miró en silencio, asustada.

- ¿Qué?

- ¿Acaso pensabas que no lo averiguaría Granger? Snape es listo. No dirá nada por supuesto, pero…

- ¿Pero qué?

- Me ha dicho que si seguimos viéndonos, terminará nuestra convivencia.

La chica paró de andar.

- ¡Eso no puede hacerl…!

- Al parecer, sí puede.

- Draco, entiendo si quieres que terminemos pero… - comenzó Hermione con voz temblorosa.

- Granger. No estoy cortando contigo.

- ¿Ah no?

- En primer lugar, no hay nada que cortar. En segundo lugar, me da igual lo que diga Snape.

- ¿Y en tercer lugar?

- No nos queda mucho tiempo aquí. Con tal de que nos ocultemos lo necesario basta.

- Te echaré de menos.

Draco miró al suelo.

- Venga. Tenemos que terminar la ronda. Tengo sueño.

La chica corrió para alcanzarlo y se situó a su lado en silencio. Estaba decidida a apoyarlo en cada momento y no separarse de él.

La clase de Defensa Contra las Artes Oscuras parecía igual que la de los demás días. Para cualquiera excepto para Harry, que llevaba toda la hora advirtiendo una cosa.

- ¿Os habéis fijado en cómo mira Snape a Malfoy?

- Siempre le mira bien.

- Hoy no Ron. Lo mira como… si hubiera hecho algo terrible. ¿Y si falló en su misión de ayer y…?

- Harry, estás dando por hecho que Snape está del otro bando – la chica estaba cansada de oír siempre lo mismo acerca del profesor.

- ¿Hablas en serio Hermione?

- Asume ya que está con nosotros. Si Dumbledore confía en él, todos deberíamos hacerlo.

- Hermione tiene razón – el pelirrojo había decidido devolverle el habla. Aun no descartaba las posibilidades de estar con ella, pero debía ser amable para conseguirlo.

- Está bien. No os contaré más mis ideas – el moreno tenía un tono herido.

- Vamos Harry, no te enfades. Pero creo que sería mejor dejar que…

- Señor Potter, señor Weasley, señorita Granger. Si no les interesa mi clase, pueden abandonarla. ¿O quizás prefieren continuar hablando?

- No – dijo Harry.

- No señor.

- No es necesario que me llame señor, profesor.

Una risa se extendió por la clase.

- ¡Silencio! Potter, fuera de clase.

Harry se levantó y salió de la sala. Ron seguía desternillándose en voz baja mientras que Hermione maldecía a su amigo. ¿Cómo podía hablarle así a Snape? El odio que ambos se tenían era más obvio a cada instante.

- Abrid el libro por la página 394.

De ahí en adelante, la clase siguió con aparente tranquilidad.

Hermione entró en su torre y se tiró sobre el largo sofá blanco. Había sido un día largo y se sentía agotada. Pronto sintió que el cojín se hundía bajo el peso de una segunda persona, que comenzó a jugar con sus tirabuzones.

- ¿Cansada Granger?

- Mmm – fue todo lo que consiguió murmurar la chica.

- Sabes, sabía que Cararrajada era temerario. Pero enserio, ¿hablarle así a Snape? No tiene ni idea de donde se ha metido.

La chica se volvió lentamente y apoyó la cabeza en el regazo del rubio, absorbiendo el olor a menta. Al poco, habló sin abrir los ojos.

- A Snape ya le caía mal Harry antes. No creo que esto cambie gran cosa.

- Potter es un impertinente y un egocéntrico.

La Gryffindor lo miró.

- Es mi amigo Draco.

- Eso no cambia mi opinión sobre él.

- Deberías ser más amable con la gente.

- ¿Crees que no soy amable Granger?

- Sí lo eres conmigo.

Draco la observó en silencio. Admiró sus suaves facciones. Sus ojos llenos de vida, que ahora reflejaban el intenso color de las llamas. ¿Qué le ocurría con aquella chica? ¿Acaso le gustaba? No era capaz de responder a eso. Nunca había sentido nada real por otra chica y no tenía a nadie con quien compararla. Sólo era consciente de que esa castaña despertaba en él sensaciones desconocidas. Quien en un momento se había creído el Príncipe de Slytherin. El rey en el campo del amor. Veía poco a poco sus murallas debilitarse ante los ligeros golpes de la castaña. Estaba cambiando su mundo sin que tuviera tiempo de darse cuenta.

En estas cavilaciones, recorrió los labios de la chica con su dedo y esta se incorporó hasta besarlo. Fue un beso suave y corto. El ojigris miró a la castaña y esta vez, fue él quien se inclinó. El segundo beso fue más largo y más íntimo. La mano del rubio danzaba sobre la cadera de la castaña, que aferraba el suave cuello del ojigris.

Draco se incorporó arrastrando a Hermione consigo, que adoptó una postura más cómoda apoyada en el brazo del sofá. Como siempre hacía, enlazó sus manos en el suave pelo del rubio, mientras absorbía el aroma masculino que tanto la cautivaba. Pasaron tan solo 5 minutos. El chico podía notar el cansancio de la castaña en cada uno de sus movimientos, así que sus labios se desplazaron al cuello de la Gryffindor, donde depositó suaves besos hasta que, sin separarse de sus brazos y entre leve suspiros, la chica se rindió al sueño.


Hermione abrió los ojos. Le molestaba el cuello por haber dormido toda la noche en el sofá y sentía las articulaciones entumecidas. Pero lo que más le dolió, fue comprobar que el chico se había ido de su lado. Estaba sola.


¡Y fin del capítulo!

Snape ha estado bastante presente, porque creo que da mucho juego el hecho de que esté en los dos bandos y pueda causar respeto tanto a Draco como a Hermione - más a la chica que al chico, pero ya conocemos a Draco XD

La Gryffindor va poco a poco asumiendo que siente algo por él, pero el rubio sigue negándose a aceptarlo. Por otra parte, Ron y Harry han descubierto parte de la verdad, aunque están bastante lejos de adivinar quién es el chico con el que Hermione sale.

El capítulo ha terminado calmado, aunque sabemos que Draco se ha ido y eso, como es normal, nos parte el alma XD pero el chico tiene sus principios y, antes de incumplirlos, necesita planteárselo seriamente.

Poco más que comentar por ahora, no dudéis en poneros en contacto conmigo y no olvidéis darle al Go.

Gracias de corazón por leerme y seguirme :) De momento no tengo nada más que decir así que...

¡Hasta el próximo capítulo!

- Daphnea