- Sí.

El chico observó a la Gryffindor durante unos segundos, con ojos llenos de deseo por ese momento que tanto había esperado. ¿La primera vez? No para él. Pero algo le decía que no lo olvidaría en mucho tiempo.

- Sí, vale – accedió el chico intentando no parecer agitado, y siguió besándola. ¿Qué importaba la sangre en ese momento? De hecho, hacía mucho que había dejado de importarle.

Con la rapidez propia de la práctica, el rubio abrió el cierre del sujetador de la castaña y lo tiró lejos. La recorrió con la mirada y se posó en sus ojos. La Gryffindor lo miraba sonrojada y el Slytherin sonrió. No fue un gesto burlesco, ni pretendía reírse de ella. Era una sonrisa verdadera que trastocó a la chica, aunque no le dio tiempo a pensar mucho, porque momentos después, el Slytherin la besó de nuevo mientras se deshacía de la última prenda de la chica.

Hermione debería haberse sentido indefensa o nerviosa ante aquella situación. Sabía que aun estaba a tiempo de arrepentirse. Pero no lo haría. Quería seguir hasta el final. El rubio la hacía sentirse protegida y, al fin y al cabo, llevaba imaginando aquello mucho tiempo y no se le ocurría momento mejor que el día de San Valentín, en aquella alejada y acogedora sala.

- Draco, vas a tener que guiarme porque yo no… - dijo la chica agitada. Al fin y al cabo, aquel era terreno desconocido para ella.

El rubio asintió besándola. No se lo iba a poner tan fácil. Quería que recordara aquel momento y al chico con el que lo había vivido. Y tendría toda la paciencia del mundo.

Recorrió el cuerpo de la Gryffindor con sus manos sin separarse de su boca, acariciando su abdomen, sus piernas, el contorno de sus pechos. Notaba como la chica gemía debajo de él, pero aun no era el momento. Todavía no.

Bajó por el cuerpo de la castaña, besando cada centímetro, deteniéndose levemente en la curva de su mandíbula, en la cima de sus pechos, en la zona media de su abdomen. Se ayudó de las manos en su reconocimiento y dejaba a su experta lengua abrirse paso en los lugares y momentos adecuados, arrancando suspiros y convulsiones placenteras a la chica.

Hermione se sentía sometida a una dura pero agradable tortura. Era la sensación más embriagadora, más atrayente que hubiera sentido nunca. En ese momento, el chico recorría con sus manos la parte interna de sus muslos y Hermione notaba como miles de descargas eléctricas recorrían su cuerpo. Obligó al chico a ponerse a su altura y mordió su cuello leve pero firmemente, haciendo que el chico cerrara fuertemente los ojos y aumentara la presión en su cadera.

Draco miró a la chica. Ambos gemían, expectantes. Un brillo especial se distinguía en sus ojos y supo que había llegado el momento. Le tomó las manos, para después depositarlas en su pálida espalda. Él, por su parte, rodeó la esbelta cintura de la Gryffindor. Jugueteó sobre la chica hasta que los gemidos de esta comenzaron a resonar aun más altos y, poco a poco, comenzó a introducirse en ella.

Hermione se aferró a la espalda del muchacho, dejando arañazos por todas partes, mientras intentaba reprimir los pequeños gritos que escapaban de su boca.

- No… te preocupes… agárrate… si lo necesitas – decía el chico entre gemidos. Y la Gryffindor se aferró a él todo lo que le permitían sus sentidos embotados.

El ojigris repitió el movimiento anterior varias veces hasta que el dolor de la chica comenzó a transformarse en placer. Notó que su cuerpo temblaba e intentó seguir el ritmo del rubio, cuyos gemidos eran cada vez más sonoros, más profundos. Al igual que los suyos. Se besaban, lamían, sorbían, mientras se movían de forma suave pero frenética, dulce pero fiera, cauta pero brusca. Se apretaron hacía si cuanto pudieron, hasta que no hubo mínima separación entre ellos. Separaron sus bocas y apoyaron sus frentes, enlazados en un férreo abrazo. El tiempo se detuvo, y ninguno de los dos sería capaz de decir cuánto tiempo duró aquello, ¿minutos? ¿Horas? ¿Días? Draco notó como el momento final se acercaba. Aumentó la velocidad mientras la chica se dejaba guiar por él. Notó como un cosquilleo comenzaba a extenderse por su cuerpo y una sensación de placer indescriptible invadió cada uno de sus huesos, músculos, órganos. Sentía el fuego a su alrededor apagarse lentamente, a la vez que sus músculos se destensaban y su respiración se calmaba. Sin embargo, no se apartó de la chica hasta que esta lo alcanzó también, como pudo percibir, unos segundos más tarde. Tras esto, ambos se tensaron, quietos, juntos, rememorando cada momento.

Al fin, se separaron y la chica lo miró. Tenía las mejillas sonrojadas y los tirabuzones le caían por la cara. Las sábanas se pegaban a su cuerpo y dejaban adivinar su figura y Draco admiró aquella obra maestra. Admiró a aquella castaña, que lo había hecho pasar la que, de ahí en adelante, consideró la mejor noche de su vida. ¿Acaso estaba realmente enamorado? Nunca había querido pensarlo así, pero estaba claro que era una opción bastante real. Le atraía y le preocupaba a partes iguales. Aquello no iba a ninguna parte, así pues, ¿debía dejar que sucediera? Una parte de su cerebro, la que en ese momento predominaba, susurró rápidamente: "por supuesto que sí". Y Draco no esperó nada más. Con aquello le bastaba y no quería librar una pelea interna en aquel momento.

La ojimiel seguía mirándolo, esperando, posiblemente, algún comentario que le hiciera saber cómo había ido todo para el chico. El rubio se limitó a inclinarse y besarla suavemente. Se separaron y el Slytherin se tumbó. La Gryffindor tardó unos segundos en reaccionar. Pasó su brazo por la fuerte cintura del ojigris y reposó la cabeza en el hueco del cuello del chico. Aquel era, sin duda, su lugar preferido del mundo, se dijo mientras absorbía el atrayente olor a menta. Depositó besos leves pero perceptibles en la piel de Draco mientras este se dormía, según advirtió la castaña, con una sonrisa ladeada en sus labios y apretándola fuertemente contra sí.

Hermione fue la primera en abrir los ojos. Notaba su cuerpo cansado a cada leve movimiento y le costó unos segundos recordar la noche anterior. Cuando lo hizo, estuvo segura, aunque la sala estuviera a oscuras, de que se había sonrojado notablemente. Ya no estaba apoyada en el chico y temió que este hubiera vuelto a marcharse. Cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra, reunió el valor necesario para darse la vuelta. Notó que se sonrojaba aún más cuando vio al chico a su lado. Se había quedado con ella. Se tumbó de lado, observándolo. Recordó esas caricias, aquel último beso, esa sonrisa en los labios del rubio. Poco a poco, los ojos cerrados se abrieron para dar lugar a unos iris grises. La Gryffindor ni siquiera se molestó en fingir que no lo observaba. Se miraron en silencio durante un rato, hasta que el rubio se levantó y comenzó a vestirse.

También él recordaba la noche anterior y al hacerlo sentía algo extraño. Como un revoloteo en el estómago que le era desconocido. Sabía que la castaña despertaba en él sentimientos que creía inexistentes y no estaba preparado para, ahora que los había descubierto, afrontarlos.

La chica también se vistió y se reunió junto al chico en la sala de la tele.

- Yo me voy ya. No sería bueno que nos vieran juntos. Espera unos minutos antes de irte. Eeh… adiós, supongo.

Draco abandonó la sala y minutos más tarde, Hermione se marchó del lugar. En ese momento tenían tantas otras cosas en mente que ninguno de los dos advirtió que, detrás de una columna, una persona oculta había observado la escena.

Ginny salió de su escondite tras esperar el tiempo necesario, con los ojos abiertos como platos. Tenía que hablar con su amiga ya.

No esperó ni un solo instante más y echó a correr para intentar alcanzar a la castaña, a la que encontró en el pasillo contiguo.

- ¡Hermione!

La chica se volvió asustada. No esperaba encontrarse con nadie. Recuperó la compostura y sonrió a su amiga.

- Hey, Gin. ¿Qué haces por aquí a…?

- Tenemos que hablar.

Hermione la miró extrañada. ¿Tendría problemas con Harry?

- Sí claro. ¿Damos un paseo?

- Alguien podría escucharnos. Ven.

La pelirroja jugueteó con varias cerraduras hasta que dio con una puerta abierta. Entraron dentro de un aula, aparentemente de encantamientos, y Ginny lanzó un Fermaportus y un Muffliato tras ella.

- ¿Qué ocurre Ginny? ¿Qué es lo que te pasa? – la castaña estaba empezando a inquietarse ante el extraño comportamiento de su amiga.

- ¿Es Malfoy?

Hermione abrió los ojos como platos y su respiración se cortó por un momento. ¿Lo habría descubierto Luna? Es cierto que había olvidado hablar con la rubia.

- ¿A qué te refieres? – improvisó en vano.

- Hermione…

- Quiero decir. ¿De dónde sacas eso?

- ¿Qué de donde lo saco? Te lo diré. Vas un día andando tranquilamente por el pasillo cuando descubres a Draco Malfoy saliendo de la Sala de los Menesteres. Dado que la puerta no desaparece a sus espaldas, intuyes que no estaba solo y decides esperar para conocer a su acompañante. Que acaba siendo… tu mejor amiga – la pelirroja la miraba. Parecía triste – por favor Hermione. Dime que él no es ese chico del que me hablabas. Dime que solo es tu compañero de torre.

La castaña, llegados a ese punto, no podía seguir mintiendo a su amiga.

- Gin…

- ¿Pero cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? – Ginny no era capaz de entender los orígenes de aquella relación.

- Es difícil de comprender y lo sé. Es por eso que no te lo dije. Por eso que nadie lo sabe. No es una relación seria pero…

- ¿Y si no es una relación seria, que hacéis un sábado a las 9 de la mañana saliendo de la Sala de los Menesteres? ¿Una partida secreta de ajedrez? Tenéis una torre entera para vosotros y os arriesgáis a que os vean los demás y…

- Ginny. Suficiente. Solo fuimos a ver una película. Él estaba deprimido y bueno… se… hizo tarde.

- ¿Habéis dormido allí entonces?

La castaña evaluó la pregunta y afirmó.

- No puedo entenderlo. ¿Qué ves en Malfoy? ¡Si te odia! Solo se aprovecha de ti, Hermione.

- No es cómo crees. Cuando estamos solos no es tan arrogante, aunque es orgulloso y tampoco es que me odie, pero no creo que me quiera así que en conclusión, puede que…

- ¿Quién más sabe esto? – la pelirroja interrumpió las cavilaciones de la chica.

- Tú, que yo sepa. Puede que Nott por intuición, pero…

- ¿Nott? ¿Theodore Nott? ¿Ese guapito tan chulo de Slytherin? Hermione, ¿porqué no empiezas desde el principio?

La ojimiel le relató todo. El comienzo de su relación. Cómo evolucionaba. La Casa de los Gritos… cada uno de sus encuentros, incluyendo la película de la última noche – sin entrar en ningún detalle más -. Sin embargo, no le habló de la carta de Narcissa Malfoy, ni de la Marca ni de nada por el estilo. Terminó de hablar un cuarto de hora después. Ginny tardó unos segundos en recuperar el habla.

- ¿Así que no es una broma? ¿Él y tú tenéis algo?

- Supongo que sí. Aunque no sé qué es.

- Yo no debería saber esto. No me quedo nada tranquila. Hermione, si te hace daño dímelo porque no creo que…

- Estoy con él por voluntad propia Ginny. La cosa es así. Y siento que te hayas enterado de este modo.

- ¿Él… es un mortífago o algo así?

Hermione meditó la respuesta.

- No exactamente. Digamos que es lo suficientemente bueno como para aceptarme.

- No creo que te acepte, simplemente te tolera. Eres una distracción, Hermione, y si no te…

- Por favor Gin. Es suficiente. Claro que yo me he hecho todas esas preguntas y más. Pero es mejor dejarlo correr.

- Si mi hermano se enterara…

- Tu hermano está demasiado ocupado con Lavender. Sabes que tuvo su oportunidad.

- Sí, pero… sería capaz de matar a Malfoy.

- Es por eso que no puede enterarse. Ni él, ni Harry, ni nadie. ¿Vale Ginny?

- ¿Crees de verdad que alguien me tomaría en serio si lo contara?

Hermione la miró expectante.

- Está bien. Te prometo que no diré nada. Pero eso no quiere decir que apruebe la relación. Ni mucho menos.

- Es más de lo que esperaba Gin. Muchas gracias.

Se miraron en silencio.

- Sigo sin entenderlo…

- Lo sé.

- Solo quiero lo mejor para ti.

- Esto es lo mejor – realmente la castaña no lo creía así. Pero intentaba tranquilizar a su amiga. No quería incluir a nadie más en sus problemas.

- Pero… cuando os separéis... Ya sabes, al iros de Hogwarts. ¿Qué haréis?

- Entonces, todo habrá acabado.

- Las relaciones no acaban de un día para otro.

La castaña bajó la cabeza.

- Eso es lo que me preocupa.

Ginny la abrazó con fuerza.

- Si necesitas a alguien con quien hablar…

- Lo sé Gin. Gracias.

- No hay de qué Hermione. Iba a desayunar, a estas horas no suele haber nadie, ¿te apuntas?

- Creo que voy a darme una ducha.

- Vale. Entonces luego nos vemos. ¿Irás al partido?

Aquel día, Ravenclaw se enfrentaba a Slytherin. La castaña, de pronto, tuvo un repentino interés por el Quidditch.

- Iré.

Ginny sonrió irónicamente. Sabía de dónde venía aquel deseo de ver el partido. Salieron de la sala y se despidieron con otro abrazo.

- Infórmame de cualquier cosa.

- Serás la primera en enterarte – dijo la castaña, aunque no estaba tan segura. Un gran remordimiento la invadió mientras veía a su amiga alejarse por el pasillo. ¿A cuántas personas más tendría que ocultar cosas por aquella relación?

Hermione entró en su torre. La encontró vacía, y supuso que el rubio estaría en las mazmorras o quizás en el campo de Quidditch entrenando antes del partido. Se dio un relajante baño y, a la hora de la comida, se reunió con sus amigos en el gran comedor.

- Ayer fuimos a buscarte Hermione. Harry quería planificar algo de… ya sabes – Ron miró a ambos lados de la mesa – los horrocruxes. No estabas en la torre.

- Sí estaba. Ayer me fui a dormir pronto.

- ¿Y Malfoy?

- Vamos Harry, ¿te extraña que Malfoy no os abriera la puerta?

Harry la miró en silencio.

- Supongo que no.

La comida terminó pronto, y más de la mitad de los alumnos de dirigieron hacia el campo de Quidditch. Gryffindor iba a la cabeza, seguido de cerca por Slytherin y Ravenclaw (que iban empatados) y Hufflepuff, que ocupaba el último lugar.

Draco terminó de explicar las diferentes jugadas al equipo de Slytherin, del cual era el capitán.

- Cambiaos ya. Quedan solo 10 minutos y hay que calentar. Recordar, Ravenclaw puede ser un gran rival si descubre nuestras tácticas. Despistadlos, confundidlos. La inteligencia no tiene cabida en el Quidditch. No creo que hoy nos haga falta jugar sucio. Pero ya sabéis, si en algún momento véis necesario utilizar la violencia, no seré yo quién os intente persuadir de lo contrario. Crabbe, Goyle: apuntad bien con las bludgers a la cara.

El profesor Snape entró en ese momento al vestuario.

- No quiero tener que presenciar ni una derrota más de Slytherin. Saldréis y ganaréis, Ravenclaw no es un gran rival. Somos astutos y tan inteligente como ellos. Tenemos buenas tácticas y un buen equipo.

Los jugadores afirmaron en silencio se disponían a vestirse cuando Draco se quitó su túnica, dejando su pálida espalda al aire.
- Eh Malfoy, ¿has tenido una noche movida? – Dijo Warrington – el primer cazador – con tono sarcástico.
- ¿Qué? – el rubio no entendió a qué se refería.
Nott, que ese año se incorporaba como guardián, observó la piel de su amigo y estalló en carcajadas. La espalda del rubio lucía una serie de recientes arañazos, cuyo origen creía conocer.

Snape miró al rubio y puso una mueca. A ese paso, lo echaría todo a perder. Estaba poniendo en peligro a mucha gente enseñando aquellas marcas como si fueran arañazos de guerra. Era demasiado descuidado y poco sensato.
Draco se miró en el espejo y abrió los ojos. Se caló su túnica verde y se volvió hacia el equipo, que le miraba expectante.
- No te metas, Warrington – dijo, y tras esto, abandonó el vestuario con Snape pisándole los talones. Lo alcanzó en la puerta del vestuario, con un pie sobre el terreno.

- Draco, creo que ya hablamos sobre esto. Está claro, de nuevo, que no puedes controlar la situación.

El rubio entrecerró los ojos.

- No sé de qué me habla.

- Yo creo que si lo sabes.

- Me cai volando y me arañé. Eso es todo. Si no tiene nada más que decir, tengo un partido que jugar.

Snape enrojeció. No le gustaba la arrogancia marca Malfoy.

- Ten cuidado Draco. Sigo siendo tu profesor. Te advertí de que podía separaros y sigo con el poder para hacerlo. Controla tus palabras y tus actos o acabaremos todos muertos. Esto es una guerra, no un cuento de princesas.

Le lanzó una última mirada de advertencia y se marchó.

Draco pensó en todo lo que le acababa de decir. Le molestaba que Snape hubiera descubierto aquello, aunque no lo hubiera admitido abiertamente.

Por otra parte, puede que el profesor tuviera razón. Puede que no fuera lo suficientemente discreto. Sin embargo, sintió una sensación embriagadora al pensar en los arañazos que surcaban su piel. Sin ser consciente, miró hacia las gradas rojas, haciendo que su mirada coincidiera ligeramente con unos ojos color miel. Apartó rápidamente la vista y se encaminó sonriendo ligeramente hacia el centro del campo, donde la señora Hooch y la nueva capitana y buscadora de Ravenclaw, Helen Dawlish, le esperaban para dar comienzo al partido.

Draco se sentía más despierto que nunca. Ayudaba a los cazadores de Slytherin a recuperar la quaffle, confundía a los bateadores y despistaba al guardián de Ravenclaw y, finalmente, tras escasos 30 minutos de partido en los que Slytherin ganaba por 50 puntos, atrapó la snitch. Fue un partido rápido y, sobre todo, limpio, cosa que asombró a todos los espectadores, ya acostumbrados a las numerosas faltas del equipo verde.

Hermione observó todo el partido asombrada de la destreza del rubio. Nunca o había visto desenvolverse de tal modo y estaba asombrada. Su actuación era comparable a las de Harry e incluso felicitó a Helen Dawlish por el partido, aunque la mayoría de espectadores no se dieron cuenta. En cuanto Draco dio la victoria al equipo, se lanzaron al terreno de juego y se lo llevaron en hombros, directo, posiblemente, a las mazmorras. Hermione vio su marcha feliz: algo estaba cambiando en el chico, aunque él no lo supiera aún.

En la Sala Común de Slytherin reinaba un ambiente caótico, mientras las serpientes cele

braban la victoria. Draco participó en la fiesta durante un rato pero ahora observaba la escena aburrido desde uno de los sillones. Llevaban toda la tarde allí e incluso habían cenado en las mazmorras, y quedaba poco para medianoche. Las celebraciones de su Casa habían dejado de tener interés para él años atrás. El Príncipe de Slytherin, cansado de todo. Observó, refunfuñando entre dientes, como Pansy se acercaba hacia él.

- ¿Qué tal Draco? Me ha gustado mucho como has jugado hoy – dijo coquetamente mientras se sentaba en el brazo del sillón – Sabes, esto está mucho más triste desde que no vives aquí.

- Ajá – respondió distraido, mientras la rubia comenzaba a jugar con sus cabellos. Al parecer, a todas las mujeres les gustaba su pelo.

- Hace mucho que no hablamos.

- Estamos hablando ahora.

- Me refiero… a solas – Pansy le guiñó un ojo – ya sabes, como en los viejos tiempos.

- No creo que…

- Vamos a mi habitación.

Draco la miró. Abrió los ojos cuando la mano de la rubia comenzó a descender lentamente hasta posarse en ciertos lugares bien estudiados.

- Venga Draco. Sabes que quieres.

Tras esto, se levantó y se encaminó hacia los dormitorios. El rubio la observó marcharse. Recordaba los años anteriores. Lo había pasado bien con ella. De hecho, muy bien.

Tomó una decisión y también se puso en pie. Agarró el brazo de la chica y le susurró…


¡Y fin del capítulo!

Esto fue todo lo que colgué en la anterior cuenta, así que voy a volver a retomar mi ritmo de capítulo por semana (vais a tener suerte porque cuelgo los jueves y hoy es martes, así que no vais a tener que esperar mas que dos días, pero después de eso, será ya definitivamente semanal).

Espero que os haya gustado el capítulo. He intentado expresar la primera parte de la manera más delicada que he podido e introduciéndome en la mente de ambos para ir contándolo todo. Diría que no me ha gustado escribirlo, pero a quien voy a engañar, me ha encantado XD

No sé si alguno lo había descubierto, pero sí: la tercera persona que se entera de la relación de los chicos es Ginny. Podrían haber sido Harry o Ron, pero sé que Ginny va a ser menos entrometida y no va a enfadarse con la chica. Sin duda, los otros dos habrían reaccionado (y reaccionarán si acaban por enterarse) de una forma algo menos comprensiva. O por lo menos Ron, porque Harry ya sospecha algo (puede que no de Malfoy, pero sabe que su amiga está saliendo con un chico que probablemente no les gustará).

Por lo demás, lo siento por los Ravenclaws XD, pero Draco tenía que destacar por fin en algun partido y esta me ha parecido la ocasión adecuada. Por fin a aparecido la estúpida de Pansy (me da un poquito de pena porque lo único que le pasa es que quiere a Draco, pero a la vez me cae tan mal...)

Solo esperemos que el rubio mantenga la cabeza y la rechace, porque no parece muy decidido. Veremos lo que ocurre en unos días, hasta entonces, gracias por leerme y no olvidéis mandarme o dejar comentarios y darle al Go :)

¡Hasta el próximo capítulo!

- Daphnea