La chica notó un peso oprimente en el pecho, ¿iría a cortar con ella?
- No dejaré que te pase nada. Me voy a encargar, en cuanto estalle la guerra, de poner a salvo a mi madre y después, te buscaré por donde haga falta – acarició con sus nudillos la mejilla de la Gryffindor mientras se acercaba a ella – quiero estar contigo y me da igual que la gente no lo apruebe.
Hermione tardó unos segundos en reaccionar.
- ¿Quiere eso decir que… lucharás en mi bando? – parecía más feliz de lo que nunca la había visto y a Draco le costó encontrar las palabras para describir sus intenciones. Era obvio que, si el chico luchaba junto a ella, estaría de su parte, aunque no quisiera reconocerlo.
- No apoyo vuestro bando. Simplemente te sigo a ti. Creía que era odio o desagrado lo que me provocabas. Pero con el tiempo me he dado cuenta de lo equivocado que estaba. Me comporto como un gilipollas contigo sin quererlo y sé que no me mereces. Me gustas y me ha costado darme cuenta. Pero ahora que lo sé, no dejaré que lo olvides. Y te seguiré a donde haga falta.
La chica notaba la habitación girar y miles de mariposas revolotear ansiosas en su estómago. Recorrió cariñosamente la cara del Slytherin con sus manos, sin poder decir nada. Notó como el chico la miraba expectante, con unos ojos grises, calmados, dulces, casi transparentes. Lenta, muy lentamente, se acercó hasta besarlo. Un simple roce de labios, que ambos interpretaron como el sello de una promesa. El rubio no pudo aguantar más y la besó fuertemente, tumbándola de espaldas en la cama y haciendo que esta le respondiera de modo inmediato.
Hermione abrió la boca para decirle que sí, que quería que la siguiera y que ella también iría con él al fin del mundo, pero olvidó su propósito cuando la lengua del rubio se introdujo en su boca, buscando la suya. La castaña acudió al encuentro y se dejó llevar por las ligeras caricias del chico, sin ser siquiera consciente de que le estaba desabrochando la camisa. Pero no le importó. Simplemente, por una vez en su vida, se dejó querer. Ayudó al rubio en la complicada tarea de desatar los botones con las manos temblorosas y una vez acabó con esto, se liberó de la prenda tirándola a una esquina de la habitación, como si fuera un objeto inservible o molesto. Aunque, a decir verdad, en esos momentos lo era.
Draco quitó rápidamente el calzado a la chica y, acto seguido, sus jeans. Acarició sus piernas mientras volvía a besarla y recorrerla con su lengua, esta vez en el cuello, notando como la chica se retorcía de placer bajo él. Aquel día no iba a esperar tanto. Se deshizo de las últimas prendas que los separaban y, tras mirarla a los ojos y ver cómo sus iris ardían expectantes y anhelantes, se hundió en ella. La chica curvó su cuerpo y se aferró fuertemente a la espalda del rubio con sus cortas uñas, arañándole y provocándole ruidos placenteros. El rubio besó su cuello para relajarla mientras repetía el movimiento hasta que sintió que la chica se destensaba alrededor suya. Hermione notó lo suave que estaba siendo el Slytherin. Se movía con experiencia, con decisión, con deseo. Pero a la vez, con un cariño inmenso. No tuvo mucho tiempo para pensar en esto pues, de pronto, todos sus sentidos parecían concentrarse en una única parte de su cuerpo. Oía lejanamente los gemidos y suspiros del rubio y los suyos propios, pero no parecía tener el control sobre su cuerpo. Notaba descargas eléctricas recorrerla y, sin apenas ser consciente, se elevó para morder el lóbulo del rubio. Draco no se esperaba aquello y lanzó un gemido sorprendido y placentero, que infundió alegría por todo el cuerpo de la Gryffindor. Quería dominar la situación por una vez, quería sacar a la leona que llevaba dentro. El rubio apenas fue consciente cuando la chica rodó sobre sí misma y se colocó sobre él, invirtiendo las posiciones. Decidió dejarla tomar el control, y no fue una decisión que lamentara. Le encantaban los movimientos de Hermione, tímidos, calmados pero entregados. Notaba cada uno de sus movimientos, percibía su olor a fresa rodeándole. Besó su barbilla mientras la agarraba por la cadera más fuertemente con cada movimiento de la castaña. Le sostuvo la mirada mientras notaba como en sus ojos comenzaba a dejarse entrever un brillo especial. El clímax no tardó en invadir a la chica que lanzó un grito agudo, al que segundos más tarde se sumó el del chico. Se quedaron quietos, unidos, y Draco pasó una mano por la cintura de la Gryffindor, atrayéndola todo lo que pudo hacia sí mientras la Gryffindor depositaba suaves besos en la zona cercana a su oreja izquierda.
Al cabo del rato, Hermione se bajó de su cuerpo para situarse a un costado, rodeándolo con un brazo y una pierna mientras se apoyaba en su pecho. El rubio la abrazó y le besó suavemente la cabeza. Y así, con una amplia sonrisa de felicidad, abrazados, exhaustos, se quedaron dormidos.
Draco se despertó desorientado. Miró a su alrededor y no encontró nada familiar, excepto la forma de la habitación. No recordaba tener tal cantidad de libros en su estantería, ni un escritorio tan repleto y, ya puestos a nombrar cosas, su armario no contenía ropa muggle femenina. Al mirar hacia su izquierda y ver a Hermione dormida, tumbada a su lado, comenzó a recordar. Y una amplia sonrisa de satisfacción y felicidad se extendió por su cara. No tenía nada que ver con esa mueca sarcástica que solía dedicar tanto a amigos como a enemigos o con esa sonrisita sexy que dedicaba a sus conquistas. Era una sonrisa real, que envió una extraña pero placentera sensación por su cuerpo.
Cuando de repente, una bola de pelo naranja – que podía ser un gato – maulló a sus pies, mirándolo desconfiado. Lo espantó con el pie, pensando en el mal gusto que tenía la chica para los animales.
Se volvió hacia la Gryffindor, que dormía respirando profundamente, en paz con el mundo. Observó su pelo, más despeinado que de normal y sus facciones suaves y amables. Se inclinó y comenzó a besarle y morderle suavemente el cuello mientras esta comenzaba a desperezarse.
- ¿Es que nunca te cansas? – preguntó Hermione riendo, con voz aun ronca y los ojos entreabiertos mientras le acariciaba el pelo.
- No de ti – susurró el rubio, haciendo que su cálido aliento golpeara el cuello de la Gryffindor que lo atrajo hacia sí tanto como pudo. Draco observó sus ojos en silencio, estudiándola. Ese día, su iris era de un cálido color miel, de un tono parecido a su pelo. La besó suavemente, buscando su lengua. Cuando la encontró, comenzó a acariciarla hasta que esta le respondió. Y, al poco, Draco eliminó cualquier distancia entre ellos.
Hermione llegó al desayuno más tarde de lo normal. Sus amigos, que llevaban un rato esperándola, la observaron acercarse. Estaba radiante, algo más despeinada que de normal y su ropa parecía arrugada, pero todo se compensaba con la sonrisa que lucía. Tenía las mejillas ligeramente sonrojadas y un brillo especial en los ojos, que hizo que incluso Ron se separara de Lavender para observarla, ignorando las protestas de la rubia.
- Hola chicos, ¿no hace un día maravilloso hoy?
- Pero si está lloviendo – apuntilló Harry.
Hermione miró hacia el techo encantado del Gran Comedor y enrojeció, al observar la tormenta que se desarrollaba en el exterior.
- Si claro... Siento haberme retrasado, me quedé dormida – si bien era cierto que no disfrutaba mintiendo a sus amigos, no creía que ninguno, a excepción de Ginny, fuera a creerla si les relataba lo que había hecho durante la media hora pasada. O mejor dicho, con quién.
Ron volvió a su lucha labial con Lavender y la castaña notó como la mirada de Harry se dirigía de nuevo hacia la puerta. Draco Malfoy irrumpió en el comedor, con sus típicos aires arrogantes. Observándolo detenidamente, Harry remarcó que el rubio tenía un aspecto diferente. Aunque su túnica estaba tan pulcra como siempre, estaba totalmente despeinado, como si alguien le hubiera revuelto el cabello numerosas veces. Le extrañó cuando observó como Pansy Parkinson lo miró con odio y se alejó todo lo que podía cuando el rubio se sentó junto a sus amigos cerca suya. Era extraño que Pansy huyera de Draco.
Harry se dio cuenta de el rubio observaba la mesa de Gryffindor, con una sonrisa que no parecía una mueca sarcástica. Estaba satisfecho, como un gato que acabara de comerse un ratón. El moreno siguió sus ojos hasta que vio qué era lo que observaba el rubio. O mejor dicho, a quién. Draco miraba a Hermione de forma penetrante, de hecho, casi parecía relamerse al hacerlo y Harry estuvo tentado de lanzarle una maldición. Pero se contuvo al ver que la castaña le sostenía la mirada y se sonrojaba ligeramente, mientras Draco le sonreía de lado.
Harry apartó la mirada, medio confundido medio aterrado. ¿Sería posible que...? Creía haber descubierto una cosa que parecía imposible. Improbable. Quizás esa charla con Hermione tuviera que adelantarse a sus previsiones.
Las clases transcurrieron rápidas y, a media tarde, Draco se plantó frente al despacho de su padrino y tocó a la puerta.
- Adelante – se oyó la voz de Snape, que levantó la mirada cuando el rubio entró en la habitación - ¿Ocurre algo Draco? – preguntó.
- Quiero que me enseñe Oclumancia.
Snape entrecerró los ojos.
- ¿Y para qué, si puedo saberlo?
Draco lo miró firmemente.
- No voy a luchar del lado de los mortífagos. Quiero ocultar mis pensamientos. Y no me mire de ese modo porque sé que usted tampoco está enteramente de nuestra parte. Es una especie de espía o algo así.
- ¿Y si no lo fuera?
- No dirá nada aun así. Ha jurado protegerme y tendrá que hacerme caso – el rubio lo había pensado mucho tiempo y había llegado a la conclusión de que Snape era el único que podía ayudarle.
- ¿Puedo preguntarte porqué, de repente, has decidido cambiar de bando? – preguntó Snape hábilmente.
- Ya le he dicho que no apoyo a Quien-usted-sabe.
- ¿Y a raíz de qué ha cambiado tu opinión? – volvió a preguntar el profesor aun conociendo la respuesta.
Draco le sostuvo la mirada durante unos segundos. Sin variar su expresión ni un ápice le dijo:
- Creo que ambos lo sabemos bien.
Y Snape se limitó a asentir. No podía negar que estaba asombrado. Tenía a Draco Malfoy por un niño arrogante y malcriado, que no se preocupaba más que por su propia seguridad. Educado sobre unas bases elitistas, en la que él estaba en la cúspide y los demás se limitaban a admirarlo. Creía que el chico despreciaba a los hijos de muggles o a cualquiera que no fuera como él. Y por supuesto, sabía que era un mujeriego. A pesar de ser su profesor, podía percibirlo perfectamente. Ninguna mujer parecía atraerle pero todas le interesaban. Al fin y al cabo, era un Malfoy-Black. Cada día recorría los pasillos con una chica diferente y en las ocasiones en las que Snape visitaba la Sala Común de Slytherin, Draco estaba siempre rodeado de una cantidad ingente de muchachas suspirantes. No creía que fuera capaz de amar a alguien. Pero estaba claro que se equivocaba respecto a él. Si bien no dudaba que el rubio siguiera despreciando a la mayoría de seres vivos, comenzaba a mostrar una cara que el profesor desconocía y que, de hecho, creía inexistente. Era capaz de preocuparse o querer a otra persona y, más concretamente, por la hija de muggles amiga de Potter a la que llevaba atormentando desde hace 6 años. A Snape le asombró la primera vez que los vio juntos saliendo de la Casa de los Gritos, las marcas que vio en la espalda del rubio solo aumentaron su desconcierto y ahora, el chico se cambiaba de bando por ella. Sintió una punzada de tristeza al recordar que él mismo había hecho eso 17 años atrás por Lily. Aunque cuando lo hizo, la pelirroja ya había muerto. Por lo menos, el rubio llegaba a tiempo.
- Está bien. Te ayudaré, pero no va a ser fácil – dijo al fin el profesor. Había comprendido lo importante que era Hermione para Draco aunque el rubio no le hubiera dicho nada.
- No me importa – dijo el chico decidido – ¿Cuándo empezamos?
- Ahora mismo. Ponte en guardia – Snape sacó su varita y le apuntó – ¡Legeremns!
Draco no se lo esperaba y no pudo defenderse. Todos se volvió borroso y vio, como de forma lejana, a su madre llevarlo a lo largo del gran jardín de la mansión Malfoy, peinándolo de forma adecuada y hablándole acerca de sus antepasados. Draco percibió en el recuerdo el brillo especial en la mirada de Narcissa cada vez que miraba al pequeño Draco, que en ese momento, tendría unos 6 años.
El recuerdo se disolvió y mostró a Lucius Malfoy, que ayudaba a Draco, de forma no muy cariñosa, a realizar complicados hechizos cuando este tenía 9 años. En un recuerdo parecido, su padre le ensañaba modales, le ayudaba a guardar la compostura, a ocultar sus sentimientos.
Una espesa niebla dio paso a un recuerdo más avanzado. Una cabellera castaña y despeinada se divisaba a lo largo del pasillo del expreso de Hogwarts, en su primer día en el colegio. Después todo se volvía confuso. Se veía a Hermione siendo seleccionada para Gryffindor mientras Draco iba a Slytherin. Draco se enfrentaba a Potter por la recordadora de Neville. Hermione era petrificada… después, un montón de secuencias iguales, en las que el rubio llamaba a la castaña sangre sucia. Hermione le daba un puñetazo en tercero. Llegaba al baile en cuarto, más preciosa que nunca, acompañada de Víctor Krum. En quinto la pillaba con la brigada inquisitorial. En sexto, el estúpido de McLaggen la besaba bajo el muérdago y después ella se escapaba, mientras Draco los observaba escondidos. Eran recuerdos cortos y poco definidos, siempre seguidos por algún momento en el que Draco la insultaba y se sintió fatal. Sabía que no se había portado bien con ella, pero no le sentaba bien ver todo el daño que le había hecho.
El tiempo daba otro salto hasta situarse en séptimo curso. Draco entraba en el baño de los Premios Anuales el día de la cena de Navidad. Se metía en la piscina, la besaba mientras el agua caía por sus cabellos. Después, abandonaba la piscina hecho una furia, o más bien, hecho un lío.
En otro recuerdo, Hermione lo guiaba hasta la Sala de los Menesteres y… El rubio reaccionó y sin saber muy bien cómo y expulsó al profesor de sus pensamientos. Cuando abrió los ojos, notó que había caído de rodillas al suelo y que temblaba considerablemente. Sintiéndose a la par humillado y furioso, subió su mirada para encontrarse con los ojos oscuros de Snape, que lo observaban de forma analítica. ¿En serio se había dedicado a observar a Hermione durante tantos años sin ni siquiera darse cuenta? ¿Y si eso diferente que había sentido por ella a lo largo de los años no era desprecio como el creía sino...? ¿Era posible que su propio cerebro hubiera creado una barrera de insultos para ocultar lo que su corazón sentía? En ese momento, Draco lo supo. Llevaba más tiempo del que creía enamorado de ella.
Ninguno de los dos dijo nada y Draco, al fin, se puso en pie preparado para una nueva embestida. El profesor asintió y levantó de nuevo su varita:
- ¡Legeremens!
Hermione hacía su redacción de Pociones tranquilamente en una de las mesas de la Torre de los Premios Anuales. Draco le había dicho que tardaría en llegar y quería aprovechar todo el tiempo que estuviera sola para poner al día sus tareas que últimamente, por culpa del rubio, estaba retrasando. De repente, llamaron a la puerta y Hermione rodó los ojos. Ahora no le apetecía soportar a Nott dando vueltas por la Torre, sobre todo sabiendo que el ojigris iba a tardar en volver. Llamaron de nuevo más insistentemente y la voz de Harry preguntó:
- ¿Hermione? ¿Estás ahí?
Hermione subió la vista extrañada. Rara vez sus amigos la buscaban en ese sitio, así que suponía que Harry tenía algo importante que decirle.
- Ahora mismo te abro Harry – dijo la castaña mientras limpiaba las manchas de tinta de la mesa y ordenaba los papeles nerviosa ¿Habría pasado algo?
Abrió la puerta para encontrar a su amigo observándola. Aparentemente estaba tranquilo, pero un matiz preocupado o quizás inseguro se distinguía en sus ojos.
- ¿Está Malfoy?
- No, hoy volverá un poco más tarde – dijo Hermione antes de darse cuenta de que era demasiada información. Pero Harry no pareció sorprendido y se limitó a asentir.
- ¿Puedo pasar?
- Sí, claro. Estaba haciendo la redacción que Slughorn nos mandó el otro día. ¿Ocurre algo?
- Tenemos que hablar Hermione – Harry se sentó y la chica hizo lo mismo en el sillón de al lado. El moreno se aclaró la voz, ligeramente incómodo – Es sobre ese chico con el que sales.
- ¿Qué pasa con él? – dijo la chica con voz más aguda de lo que pretendía y evitando la mirada de ojos verdes.
- Quiero que me respondas a una pregunta Hermione. A Ron y a mí nos dijiste que no conocíamos a ese chico. ¿Es verdad?
Los ojos de Harry brillaban de forma esperanzadora cuando Hermione lo miró. Y estaba segura de porqué. Quería obtener un "sí" por respuesta para tranquilizarse. Pero la castaña no podía seguir mintiéndole más.
- No.
El chico la miró y endureció el gesto.
- ¿Entonces es él, no? – no hicieron falta nombres. Ambos sabían de quién hablaba Harry. Hermione notó como las lágrimas se arremolinaban en sus ojos. Se sentía culpable por habérselo escondido. Y había una parte de sí misma que seguía recordándole que estaba traicionando a sus amigos. Notó una punzada de dolor cuando observó la expresión de Harry; dolida, distante, triste.
– ¿Desde cuándo?
Hermione parpadeó varias veces e intentó sonar convencida e intentar mantenerse tranquila.
- Navidad.
- Casi tres meses… - dijo Harry enfadándose - ¿cuándo pensabas decírnoslo?
Hermione suspiró.
- Cuando fuera necesario.
- ¿No creías que fuera necesario aun?
- No es eso Harry - dijo Hermione cansada, sabiendo lo cabezota que podía ser el moreno - Piénsalo. ¿Crees que no he hecho bien en ocultárselo a Ron? El año pasado se puso como una fiera sólo porque fui a la fiesta de Slughorn con McLaggen así que si supiera lo de Draco…
- Draco – la interrumpió Harry, escupiendo cada sílaba con furia.
- Sí Harry. Draco. ¿Acaso me has espiado para averiguar que…?
- ¡Espiado! – bufó Harry – ¿Acaso crees que no nos damos cuenta de que uno de cada dos días estás triste y ausente? Y tampoco ayuda mucho que el jodido Malfoy te mire como si fueras un caramelo. Te ha cambiado: no hablas tanto como antes y tu ánimo está diferente. Atrasas las tareas, nos dejas de lado…
Hermione levantó la vista y notó que enfurecía.
- ¿Que yo os dejo de lado Harry? ¿No se te ha ocurrido que mientras tú estás con Ginny y Ron con Lavender, yo no pinto nada? ¿Que yo también puedo tener una vida propia aparte de vosotros?
Harry enrojeció.
- ¡¿Y por eso te liaste con él? ¡¿Porque te sentías apartada?!
Hermione se sintió levemente dolida.
- Harry, aunque no lo creas, no todo lo que hago en mi vida tiene que ver con vosotros. ¿Acaso tú nos hubieras dicho algo si salieras con Parkinson?
- ¡Yo nunca saldría con esa estúpida!
- ¡No te hablo de eso!
- ¡Es nuestro enemigo Hermione! ¡Es el chico que te ha hecho la vida imposible durante años! ¡Arrogante, estúpido, malcriado! Es… odioso. Y te hará daño. Es un mortífago.
- No lo es.
- ¿Crees que si lo fuera te lo diría? Sólo eres una distracción para él y cuando se canse de jugar contigo, te olvidará.
- ¿Eso es lo que crees? ¡¿Qué se ha fijado en mí para hacerme daño y no porque realmente pueda atraerle?! ¿¡Acaso no crees que alguien pueda enamorarse de mí!?
Harry la miró y rió cruelmente.
- Malfoy no sabe lo que es el amor.
Hermione se sintió profundamente dolida. Sabía que Harry tenía razón, pero ella le daría a Draco todo el tiempo del mundo. Le enseñaría que era querer y ser querido y estaba segura de que el rubio comenzaba a apreciarla realmente. No sabía qué era lo que sentía por ella, pero tenía por seguro que no era un simple capricho.
- No tienes derecho a meterte en mi vida de esa forma Harry. Te agradezco que lo hagas por preocupación, pero en el fondo actúas movido por el rencor. Porque odias a Draco.
- ¡Y tú deberías hacerlo!
- Bien, pues no lo hago. Le quie…
Hermione se interrumpió y Harry, por un momento, relajó el gesto. La chica no había terminado la frase pero no era necesario. Harry comprendía a la perfección qué había estado a punto de decir y olvidó que estaba enfadado.
- Hermione. ¿Cómo…?
- No lo sé. Simplemente… ha ocurrido.
- ¿Ha ocurrido? – Preguntó Harry, de nuevo esperanzado – ¿quiere decir eso que ya no ocurre?
- No. Sigue ocurriendo - dijo Hermione más relajada al ver que su amigo ya no estaba tan enfadado - Mira Harry, cuando comencé todo este tenía claro que acabaríais enterándoos, que os enfadarías, que no os gustaría, que sería peligroso… sé perfectamente en qué me he metido, aunque creas que no. Y voy a seguir con él.
- Hasta que os separéis. Pronto tendremos que irnos y...
- ¡Son tiempos de guerra Harry! ¡Tú mejor que nadie tendrías que saber que las cosas no son tan fáciles como parecen! ¡He aceptado que esta historia tendrá un final, no soy tan inocente como para creer en un para siempre! Pero por más que insistas, ese final no va a ser ahora.
- Créeme que intento comprender tus motivos Hermione, pero no…
- En el amor no hay razones ni lógica. ¿Por qué quieres a Ginny?
- Yo…
- Eso es. No sabes por qué. Es lo mismo. Sí Harry, es lo mismo - dijo al ver que el moreno iba a bufar - Te agradezco la preocupación, en serio. Pero deberás asumir que Draco y yo estamos juntos.
- ¿Quién más lo sabe?
- Snape, Nott y… Ginny.
- ¿Snape y Nott? Será una broma... ¿Y Ginny? – Hermione notó que Harry se enfadaba, posiblemente porque su novia no le hubiera dicho nada.
- Yo le dije que no podía contar nada Harry. Tienes que entenderla.
- Y supongo que a mí me pedirás lo mismo.
Hermione asintió lentamente.
- Habrá un momento en el que puede que salga a la luz. Pero si la noticia se extiende, los Malfoy correrán un grave peligro y Draco podría correr un destino fatal – Harry sonrió imaginándoselo y Hermione lo devolvió a la realidad con un puñetazo suave en el hombro.
- ¿Tampoco a Ron?
- Sobre todo a Ron. Si Lavender lo sabe, Hogwarts lo sabrá. Y Ron no volverá a hablarme… no, seré yo quien se lo diga, pero en el momento indicado.
- Como quieras Hermione. Pero no esperes que te apoye en todo esto. Quiero lo mejor para ti aunque no lo creas y…
- Lo sé Harry. Gracias por no enfadarte - dijo sonriendo.
- Nadie ha dicho que no esté enfadado - dijo el chico intentando parecer serio.
Hermione sonrió y lo abrazó.
Draco abrió los ojos para encontrarse de rodillas en el suelo por vigésima vez.
- Suficiente por hoy - dijo Snape mirándolo.
- No - a Draco le costó un gran esfuerzo pronunciar aquellas palabras.
- La Oclumancia no es algo que se aprenda en un día. Es cuestión de práctica, aunque algunos magos son, por nacimiento, mejor que otros. Debo decir que me ha desanimado que no tengas mucho más control sobre tus pensamientos que Potter…
Draco se sintió humillado y miró con ira los ojos del profesor, que sonreía burlonamente. Odiaba que el profesor viera sus pensamientos pero no había otra forma. Durante casi 2 horas, casi todos sus recuerdos parecían contener a Hermione o Narcissa y Lucius. Se levantó y se dispuso a marcharse sin mirar al profesor, pero se detuvo bajo el marco de la puerta.
- ¿Cuándo será la próxima clase?
- Mañana a la misma hora – dijo Snape arrastrando las palabras.
Draco se limitó a asentir y abandonó la habitación. La Oclumancia iba a costarle más de lo que había creído en un principio. No era muy agradable para él tener que mostrar sus recuerdos una y otra vez a Snape, pero si no aprendía a bloquear su mente, no duraría ni un día entre las filas del Señor Tenebroso. Y su madre y Hermione sufrirían las consecuencias. Sabía que, en esos momentos, presentaba un aspecto lamentable: el sudor frío recorría su nuca por el esfuerzo de la clase, estaba despeinado y tenía un fuerte dolor de cabeza. Además, cojeaba levemente por todas las veces que había caído al suelo.
Llegó rápidamente hasta su Torre y cuando abrió la puerta, se topó con la persona a la que más odiaba que, por lo visto, ya se marchaba.
- San Potter - dijo mirándolo de arriba a abajo con odio. ¿Qué hacía el allí?
¡Y fin del capítulo!
Espero que la decisión de Draco os guste. Aunque no quiera luchar de parte de la Orden, ahora ya sabemos que, de momento, ha renunciado a ser un mortífago... lo siento por la intriga del "de momento" XD 3
Snape ha empezado a enseñar Oclumancia a Draco y aunque ya sabía lo de la relación, se ha metido mucho más en la mente del chico (literalmente) y ha averiguado que está enamorado de Hermione, puede que desde hace más tiempo del que el propio rubio sospechaba. Cosa que a Draco le asusta pensar. No se por qué pero estoy mencionando mucho a Snape en este fanfic XD
No tenía planeado que Harry se enterara, pero es cierto que con todas las observaciones que hacía, no podía obviarlo. Por lo menos no se lo ha tomado tan mal como cabría esperar o tan mal como se lo hubiera tomado Ron y, además, no se ha enfadado mucho con Hermione :) Si es que Harry es un amor XD
Ahora solo queda que Draco sepa que su-mejor-amigo-Potter lo sabe y supongo que la idea no le hará mucha gracia... el jueves que viene lo veremos ;)
Recordad mandarme reviews con vuestra opinión o lo que creéis y queréis que ocurra y darle al Go :)
Muchas gracias por leerme 3
Con cariño,
- Daphnea
P.D.: Me he dado cuenta de que no estoy mencionando mucho a Luna ni a Neville en la historia, así que si a alguno le gustaría verles más, decírmelo y lo tendré en cuenta :) A los gemelos intentaré meterlos más adelante, porque ahora en Hogwarts no tienen cabida pero me encantan y tienen que salir en la historia sí o sí XD Supongo que a nadie le molestará :)
