- Draco, volvamos a la torre.
- No.
- ¿Qué es lo que pretendes? ¿Que nos emborrachemos?
Draco simuló pensar la respuesta.
- Sí, algo así.
- Ni hablar.
- Vamos, solo intento divertirte – como Hermione vio que no aligeraba el paso, empezó a preocuparse por las consecuencias.
- Me da igual. No beberé ni una gota.
- Ya veremos – susurró Draco de forma que la chica no pudiera oírle.
Llegaron ante el retrato de las frutas y el rubio se encargó de hacerle cosquillas a la pera. Momentos después, la puerta de las cocinas se materializara ante sus narices.
- Por favor, Draco - dijo Hermione antes de perder por completo la esperanza de hacerle cambiar de opinión.
Ignorando a la chica, el Slytherin irrumpió en la habitación donde los elfos limpiaban los desperdicios de la cena. Pronto se vieron rodeados por más de media docena de elfos domésticos, que fueron despachados por Dobby; llevaba 5 como mínimo 5 pares de calcetines en cada pie, un paño gris algo desgastado y un gorro de los que Hermione tejía para los elfos.
- Señorita Granger, es un placer volver a verla – dijo el pequeño mientras le daba la mano.
- Yo también me alegro de verte Dobby – Hermione sonrió y vio que los ojos del elfo se hacían aún más grandes (si es que eso era posible). La castaña supo enseguida porqué.
- Se… señorito Malfoy – dijo el elfo. La voz le tembló exageradamente; hacía unos 5 años que no veía al muchacho rubio. Desde que Harry le había dado el calcetín, Dobby había dejado de servir a los Malfoy. Pero eso no quería decir que hubiera olvidado todas las barbaridades que le habían hecho pasar.
Draco miraba ceñudo al elfo y a Hermione. ¿Por qué conocía la chica a su antiguo elfo doméstico?
- Dobby sirvió en tu casa, ¿verdad? – preguntó la Gryffindor.
El rubio asintió en silencio.
- Mi padre me dijo en segundo que había decidido darle la prenda, pero no sé por qué motivo – Draco observó al elfo con los ojos entrecerrados – no lo he vuelto a ver desde entonces.
Hermione y el elfo decidieron no contarle la verdadera historia de la liberación de Dobby.
- Bien. Dobby, Draco quería pedirte algo pero no creo que…
- Dame 3 botellas de whisky de fuego.
Hermione lo miró con los ojos como platos mientras el elfo desaparecía en un armario cercano.
- ¿Tres?
- Tienes razón. Que sean cuatro - dijo asegurándose de que Dobby le oyera.
- Como Premio Anual, no pienso permitir que…
- Pues yo, como Premio Anual, lo permito. Problema solucionado – dijo sonriendo sarcásticamente mientras cogía las botellas que le tendía Dobby. Tras un último vistazo a su alrededor, abandonó las cocinas.
- Señorita Granger, Dobby no quisiera molestarla pero… - dijo el elfo una vez que el rubio hubo dejado la sala. Los demás elfos habían observado la escena en silencio, pero ahora todos parecían concentrados de nuevos en sus quehaceres y ninguno prestaba atención a la conversación que Hermione y Dobby estaban manteniendo.
- No te preocupes, yo me encargaré de que no pase nada malo. Nadie se enterará de que nos las has dado – tras esto, el elfo pareció relajarse un poco.
- No es sólo eso - pareció dudar un momento y luego susurró - ¿Qué hace usted con el señorito Malfoy? Es malvado – dijo asustado, y se tapó la boca con las manos por haber dicho algo malo. Puede que ya no sirviera a la familia de Draco, pero las costumbres son las costumbres.
Hermione pensó qué responder.
- Eh… vengo con él porque vivimos en la misma torre, ya sabes, la de los Premios Anuales - aquello pareció relajar al elfo -. Y no te preocupes, no es tan malo como antes. ¿Te puedo pedir un favor, Dobby?
- ¡Por supuesto! – dijo mientras se le iluminaba la cara.
- ¿Puedes aparecerte en nuestra torre? Preferiría no tener que volver a recorrer los pasillos a estas horas.
- ¡Claro que sí, señorita Granger! ¡Dobby hará encantado lo que cualquier amigo de Harry Potter le pida!
- Muchas gracias – dijo la chica con una sonrisa – espera un momento, voy a llamar a Draco.
Hermione se asomó por la puerta de la cocina y encontró al chico apoyado contra la pared mientras jugaba con las botellas aburrido.
- Ya era hora. Vamos - dijo el Slytherin mientras se apartaba del muro.
- Dobby nos llevará a la torre.
Draco alzó las cejas. En ese mismo momento, el elfo salió y agarró la mano de Hermione. La Gryffindor se quedó observando al rubio, que miraba la escena con expresión indiferente.
- Le tienes que dar la mano a Dobby - dijo con paciencia Hermione, aun sabiendo que el rubio sabía a la perfección lo que tenía que hacer.
El chico estuvo a punto de negarse. Nunca había tocado a un elfo doméstico y le parecía una cosa repugnante. Pero por otra parte, sabía que la Gryffindor se enfadaría con él y que agarrarse a Dobby podía ahorrarle muchos problemas en su vuelta a la torre. Al final, cogió resignado la mano que el elfo le tendía y los tres se aparecieron en la torre de los Premios Anuales.
En cuanto aterrizaron en la sala común, Draco se deshizo del agarre del elfo y se alejó unos pasos para depositar las botellas en la mesa más cercana. Hermione se despidió alegremente de Dobby y fue a juntarse con el Slytherin unos instantes más tarde.
- Lo conocías – afirmó Draco con curiosidad.
- Es amigo de Harry – la castaña no quiso entrar en detalles y el chico no le preguntó más – Draco, no me gusta lo del whisky de fuego. ¿Qué vamos a hacer con él?
- Bebérnoslo, claro - dijo como si fuera la cosa más obvia del mundo.
- ¡Pero hay 4 botellas!
Draco sonrió de lado. Por lo menos, la castaña ya no se negaba rotundamente.
- Era para asegurarme de que no faltara nada
- Mañana hay clase. Yo tomaré una copa y me iré a dormir.
- Hoy es viernes – dijo el rubio de manera natural.
Hermione rodó los ojos.
- Sé que es jueves, Draco.
Esto hizo reír al chico, que en su interior estaba asombrado. ¿En serio Hermione había accedido a beber alcohol la víspera de un día de clase? Sí que debía ser una mala influencia para ella. Por si acaso, decidió actuar rápido antes de que ésta se echara atrás.
Con un golpe de varita, el Slytherin hizo aparecer dos copas que enseguida se llenaron de un líquido de color naranja y olor tan fuerte que a Hermione se le llenaron los ojos de lágrimas.
- Me estoy arrepintiendo de esto.
- Vamos Granger, ¿no se supone que los Gryffindor pueden con cualquier cosa? – Draco había tocado el punto correcto: la determinación de un Gryffindor no podía ponerse en duda. Hermione se puso recta en el sillón y se bebió de un trago la mitad de su copa, haciendo que al rubio se le abriera la boca - ¡Para! Es una bebida demasiado fuerte para tomarla así sin más.
Hermione intentó disimular las arcadas y el ardor de su interior. Por supuesto, no lo consiguió y comenzó a toser mientras el chico rodaba los ojos.
- Pareces saber mucho sobre el whisky de fuego - dijo con la voz aún ronca cuando recuperó el habla.
- Tienes ante ti a la persona más resistente al alcohol de Hogwarts - se jactó el rubio.
Hermione reprimió un bufido mientras, sin darse cuenta, apuraba otro trago.
- Encantada.
Draco sonrió astutamente y bebió de su copa también. Se dio cuenta de que la noche iba a alargarse más de lo que Hermione hubiera querido.
Pronto comenzaron a charlar y, sin darse cuenta, la primera botella desapareció. Cada vez que una copa quedaba vacía, ésta se llenaba mágicamente. Hermione comenzaba a estar mareada y veía algo borroso, pero el chico parecía en perfecto estado, y eso que se había bebido él solo dos tercios de la botella; estaba más que acostumbrado a aquello. Mientras, la noche avanzaba sin que los jóvenes se dieran cuenta, y pronto dieron las 4 de la madrugada. Era la conversación más larga que habían tenido nunca y ambos se lo estaban pasando bastante bien. El alcohol también tenía algo que ver.
- Y cuéntame, ¿qué soléis hacer en las mazmorras para divertiros? – Hermione tenía las mejillas sonrojadas, la vista desenfocada y le costaba hablar más de lo normal. El rubio contuvo una carcajada, en parte por el aspecto de la chica, y en parte por el alcohol, que comenzaba a mejorarle el humor.
- Bueno, cuando no estamos conspirando contra alguien - dijo irónicamente - se organizan buenas partidas de naipes explosivos y todas esas cosas. También suele haber alguna pelea y cuando estaba yo, no fallaba una fiesta todos los sábados. Somos gente normal, Granger. ¿Los Gryffindor os dedicáis a saltar desde la torre de Astronomía para demostrar vuestro valor o algo así?
Hermione rodó los ojos mientras bebía de su copa a la vez que Draco.
- No, pero también jugamos a los naipes explosivos y todo eso. Supongo que hay buenas fiestas pero siempre he preferido evitarlas y nunca hay peleas fuertes. Quizás alguna riña pero enseguida se soluciona. – al fin y al cabo, los Gryffindors, además de valientes, eran una Casa muy unida, y un abrazo siempre indicaba el final de una discusión – Eso sí, siempre hay demasiada gente y es imposible estudiar.
Draco rió. La chica siempre estaba pensando en los libros.
- Es normal. Para eso está la biblioteca.
- Bueno, la biblioteca también sirve para otras cosas, ¿no? – dijo Hermione mirándolo con ojos seductores.
Draco alzó las cejas por el atrevimiento de la castaña. Ambos sabían a qué se refería, pero el Slytherin era consciente de que, si no fuera por el whisky de fuego que había bebido, no hubiera dicho eso ni actuado así. Pensándolo bien, le gustaba más la Hermione que tenía delante que la Premio Anual responsable y aguafiestas. Decidió seguirle el juego.
- Y no sólo la biblioteca sirve para esas cosas.
- ¿Qué más lugares? – preguntó la Gryffindor con una mirada pícara.
- Este sofá, por ejemplo – señaló el chico con tranquilidad.
La chica rió después de ese comentario de Draco y el rubio miró hacia las botellas. ¡¿Se habían bebido casi dos botellas?! Con razón empezaba a darle vueltas la habitación. Decidió que era suficiente por esa noche, pero cuando se levantó para arrebatarle la copa de la mano a Hermione, se tambaleó y acabó cayendo sobre ella. La Gryffindor soltó un gritito de diversión y dejó la copa en la mesa más próxima.
Draco no hizo amago de levantarse del regazo de la chica, y Hermione parecía cómoda con él encima por la forma en la que empezó a acariciarle el cuello. El rubio mostró una sonrisa un tanto ebria y se incorporó hasta quedar sentado en el regazo de la chica, que se dejó caer de espaldas en el sofá mientras reía. Ninguno de los dos era totalmente consciente de aquello y ninguno de los dos puso pegas cuando Hermione se sacó con dificultad la camisa y comenzó a desabrochar la de Draco.
Ropas fuera, ambos cuerpos no tardaron en unirse y Hermione soltó un gritito de júbilo y placer que hizo al rubio estremecerse. La besó en cada rincón de su cuerpo mientras aumentaba el ritmo de sus acompasados movimientos. El alcohol los dominaba, recorría cada gota de su sangre. No había tapaderas ni obstáculos. Sin mentiras o inconvenientes, dejándose guiar por sus instintos más primitivos. La chica se maravillaba por las descargas eléctricas que la recorrían sin ser capaz de pensar en algo que no fuera Draco. Sus bocas se juntaron en un beso con sabor a pasión y whisky y sus lenguas se entrelazaron de manera violenta, intentando saciar su sed. Hermione agarró el cabello del chico y lo atrajo hacia sí tanto como fue posible; no había un solo centímetro de separación entre ambos mientras se balanceaban al mismo ritmo, repitiendo el mismo movimiento una y otra vez. Y ninguno de los dos parecía cansarse de aquello. La castaña no paraba de reír tontamente mientras gemía y el rubio le besaba y lamía el cuello una y otra vez, cada vez que iba y venía, con una amplia sonrisa recorriéndole la cara y gruñidos roncos escapando de su garganta. Hermione arañó su espalda, no porque le estuviera haciendo daño, sino porque cuanto más se acercaban al clímax, más necesitaba un punto de apoyo. Era una tortura insoportable, pero tan gratificante... Cuando estaban a punto de culminar, se abrazaron con más fuerza intentando controlar sus respiraciones.
Por fin el momento llegó y dos gritos, uno ronco y el otro mucho más agudo, resonaron en la torre, haciendo eco en cada una de las paredes de piedra. Los chicos se entrelazaron en un beso lánguido, largo y dulce y, tras esto, Draco apoyó exhausto su cabeza en el pecho de la muchacha y le besó suavemente el cuello mientras atraía una manta del sofá más cercano para cubrir sus cuerpos.
- Hermione… - dijo contra su cuello, haciendo que la chica se estremeciera. Era la primera vez que la llamaba por su nombre y no por su apellido. Con los ojos aun cerrados y la voz ligeramente temblorosa dijo:
- Me gusta que me llames así.
El rubio sonrió y le pasó un brazo por la cintura mientras le daba un último beso. A Hermione también le gustaba mucho más ese Draco. Era cariñoso, atento, dulce… pero sin dejar de ser pasional y firme. ¿Y si bebían más a menudo?
Un ruido la despertó. Hermione abrió los ojos lentamente y se encontró sepultada bajo el cuerpo del rubio. No le pesaba mucho porque Draco estaba apoyando su peso en el sofá, así que permaneció un rato disfrutando de su cercanía mientras le acariciaba el pelo lentamente. No localizó la fuente del ruido así que decidió dejarlo estar.
Recordaba con dificultad la noche anterior. Por primera vez en su vida, la resaca le estaba causando un fuerte dolor de cabeza y notaba el estómago cerrado. No sería capaz de desayunar nada, como mucho vomitaría la cena del día anterior. Después iría a ver a la señora Pomfrey para que le diera algo para aquel dolor, que aumentaba conforme se despertaba. Consiguió con dificultad dominar las arcadas y se dio cuenta de que le dolía todo el cuerpo.
Sin embargo, no se sentía culpable y eso la alegraba. Por primera vez había disfrutado enormemente incumpliendo las normas. Se lo había pasado de perlas con el rubio y comprobó que la situación se les había ido un poco de las manos cuando miró la mesa más cercana y descubrió dos botellas de whisky de fuego completamente vacías y una tercera empezada. ¡¿Habían bebido todo eso?! Con razón se sentía tan mal. Posiblemente se les había hecho muy tarde, pues se sentía terriblemente cansada. No era capaz de levantar un brazo sin sentir una punzada acusadora recorrer su cuerpo y un dolor agudo en la cabeza.
Intentó hacer memoria y recordó a Dobby entregándoles las botellas y llevándolos a su torre, a Draco incitándole a beber y después, hablando con ella sobre… bueno, de eso no se acordaba, pero parecía una conversación divertida pues la chica recordaba haberse reído durante toda la noche. Oh Dios, ¿y si había hecho algo vergonzoso? Se ruborizó ligeramente al imaginarse alguna escena bochornosa. ¿Y si había hablado de más? No tenía secretos muy graves, pero aun así, se sentía inquieta. Lo que sí recordaba a la perfección era la última parte de la noche, en la que ella y el chico habían hecho el amor. Lo había disfrutado tanto… el alcohol embotaba los sentidos pero amplificaba sus sensaciones y recordaba a la perfección cada roce, cada beso, cada movimiento… simplemente magnífico. Incluso podía compensar ese dolor de cabeza tan horrible.
Notó cómo el chico comenzaba a revolverse en sueños y, al poco, abrió los ojos. Hermione le dio unos segundos para situarse y cuando el chico pareció recordar qué hacía allí, la miró divertido.
- ¿Qué tal la resaca? – su voz sonó más ronca que de normal.
- Fatal – dijo Hermione, cuya voz estaba peor que la de Draco y sintió una explosión en la cabeza cuando habló.
- ¿Te arrepientes?
- Creo que no - "maldito dolor de cabeza", pensó.
El rubio soltó un grito de júbilo ante aquella revelación y la besó sonoramente. Hermione se rió y, al hacerlo, sintió de nuevo el punzante dolor de cabeza.
- ¿Es que a ti no te duele nada?
- Son demasiados años de experiencia. Por cierto, tienes un aspecto horrible.
- Gracias. Me encanta levantarme con cumplidos - las palabras le salían con dificultad y estaba terriblemente cansada.
Draco se rió y la miró divertido.
- Lo siento pero tengo razón.
Hermione lo observó en silencio. Si bien estaba muy despeinado, no presentaba ningún signo de haberse bebido una botella entera de whisky de fuego. Y la falta de ropa tampoco le sentaba mal.
- No volveré a beber – afirmó la Gryffindor.
- Eso digo yo cada domingo por la mañana - dijo el chico mientras se acercaba a ella con una expresión astuta.
Se besaron suavemente mientras se abrazaban entre suspiros e iban a retomar lo que habían terminado la noche anterior cuando un pensamiento cruzó la mente de la chica. Se separó rápidamente y lo miró con cara de susto.
- ¿Qué hora es?
Draco se apartó de ella para coger su reloj, que estaba en la mesa más cercana, y cambió su cara de felicidad.
- Eeh…
- ¡Draco!
- Las 12 y media.
Hermione abrió los ojos como platos. Se habían perdido todas las clases de la mañana. Se frotó los ojos nerviosa. Harry y Ron debían preguntarse dónde estaba y nadie la libraría de una buena charla con McGonagall. Hacer novillos estaba, por supuesto, prohibido. Lo peor era que la gente sabría que Draco también faltaba y puede que ataran cabos.
- No puede ser… - se sentó y se cubrió la cara con la manta – ¿por qué te hice caso? ¿A quién se le ocurre beber un jueves?
- Esa era la parte mala del plan – el chico no parecía nada preocupado y eso irritó a la chica.
- Soy una irresponsable, ¡y tú aún más! ¿Y si han dado nuevas elaboraciones en Pociones? ¿Y si el profesor Binns ha dado nuevos apuntes? ¿Y qué voy a hacer en Encantamientos? Suspenderé los Éxtasis...
Draco la miró y rodó los ojos.
- Deja de exagerar, no es el fin del mundo. Pídele ayuda a alguien que haya estado en las clases y ya está. Quizás ni lo necesites. Los profesores te adoran, así que supongo que pasarán por alto que no estás.
- Si no me doy prisa me perderé Herbología.
- Quedan dos horas y media para las clases de la tarde.
- ¿Y la comida?
- Hasta la cena será mejor que no comas nada si no quieres vomitarlo. No creo que tengas mucha hambre de todas formas.
- Aún así, me tengo que duchar - dijo levantándose y recogiendo sus prendas, que estaban desperdigadas por el suelo.
Draco sonrió de manera seductora y la miró con picardía.
- ¿Nos bañamos juntos?
Como respuesta, un cojín impactó contra su cabeza.
Una hora después, Hermione entró corriendo en el Gran Comedor. Habría llegado antes si no fuera porque la señora Pomfrey la había retenido un buen rato, empeñada en hacerle un chequeo por si estaba enferma. La cabeza ya le dolía bastante menos y comenzaba a sentirse algo mejor, aunque seguía igual de cansada y el sentimiento de culpabilidad por haberse perdido todas las clases de la mañana seguía ahí. Había conseguido ocultar parte de sus ojeras, pero sabía que debía tener aspecto de zombie. Además, no andaba de forma muy certera. Oh Dios, beber no le había sentado nada bien.
- ¡Hermione! – Dijo Ron visiblemente aliviado mientras ésta se acercaba y se dejaba caer en el banco al lado suya, frente a Harry y Ginny - ¡Estábamos muy preocupados! ¿Dónde te has metido toda la mañana?
- No me encontraba muy bien.
- No estabas en la enfermería - añadió el pelirrojo.
Hermione pensó rápido una excusa.
- Si iba allí, la señora Pomfrey me iba a hacer quedarme todo el día. Y no puedo faltar a más clases con los Éxtasis tan cerca.
Sus amigos rodaron los ojos; quedaban más de 3 meses para los Éxtasis, y lo más probable es que a esas alturas ya no siguieran en Hogwarts. Mientras, Ginny la miró con una sonrisa. ¿Enferma? Y una porra. Esas ojeras no decían lo mismo.
Hermione sintió que alguien le tocaba el hombro y, al darse la vuelta, se encontró con la jefa de su Casa.
- Buenos días señorita Granger. Cuando acabe de comer, la espero en mi despacho.
Hermione intentó aparentar tranquilidad.
- De acuerdo profesora – sintió miedo. No sería capaz de mentir mucho más y aquello podía acabar muy mal.
En ese momento, Draco Malfoy entró en el Gran Comedor con sus andares habituales y gran parte de las miradas femeninas se volvieron a mirarlo entre suspiros y murmullos animados. Hermione reprimió un bufido de fastidio mientras observaba cómo el rubio desviaba su mirada unos segundos hacia la mesa de Gryffindor. Encontró a la castaña y, una vez la hubo localizado, volvió la cabeza más tranquilo. Parecía mucho mejor que aquella mañana.
Snape se levantó de la mesa de los profesores y se dirigió hacia el recién llegado para comunicarle algo. Draco no pareció muy agradado con la noticia y el hombre se levantó, dirigió una mirada furtiva a Hermione y regresó a su asiento junto al profesor Flitwick.
Intentando permanecer serena mientras se imaginaba qué le diría a McGonagall, se sumó a la conversación que sus amigos estaban manteniendo e intentó relajarse.
Había retrasado aquel momento todo lo posible, pero era imposible posponerlo más. Con los nervios atacándola, tocó a la puerta del despacho de su jefa de Casa y entró en él cuando la voz de la mujer la invitó a pasar. La chica tomó asiento y la profesora la miró curiosa.
- ¿Quiere una galleta de jengibre?
Hermione negó con la cabeza y le dio las gracias. Si iba a tener que pasar por aquello, más vale que fuera rápido.
- Supongo que sabe porqué está aquí – comenzó McGonagall –. Ha faltado a todas las clases de la mañana, pero la enfermera Pomfrey afirma no haberla visto hasta hace menos de una hora. ¿Ha estado indispuesta?
- Me encontraba un poco mal y he decidido quedarme en la torre hasta que se me pasara.
- Sabe que en esos casos, hay que ir a la enfermería.
- Lo sé, pero quería perderme pocas clases y si hubiera ido a ver a la señora Pomfrey antes, probablemente seguiría ahí – Hermione se sentía culpable por mentir de aquella manera, pero no tenía otra escapatoria.
- El señor Malfoy también ha faltado a sus clases. Pensamos que quizás habrían tenido algún problema en la torre que les haya impedido salir. Ya sabe, alguna broma en el pasillo o algo así.
- No, todo estaba en orden.
- Lo sé. Severus se ha encargado de ir a revisar el piso en busca de problemas y no ha encontrado nada. ¿Ha estado el señor Malfoy indispuesto esta mañana también?
Hermione decidió escurrir el bulto. No sabía que testimonio daría Draco y prefería no contradecirle.
- No lo sé. No he salido de mi habitación hasta la hora de la comida.
McGonagall asintió en silencio.
- De todas formas, es Severus el que se encarga de él. Nosotras hemos terminado. Puede irse señorita Granger. La próxima vez que esté enferma, recuerde acudir a la enfermería. No está permitido quedarse en los dormitorios en horas de clase.
- Lo sé. Lo siento profesora. No volverá a ocurrir.
McGonagall le sonrió. La chica le caía bien. Hermione se levantó y se dirigió hacia la salida, donde se despidió de la profesora. Una vez en el pasillo, expiró y sonrió. Todo había marchado bien.
Dos pisos por debajo, Draco estaba reclinado sobre su silla en una posición cómoda mientras le relataba a Snape su historia. Había estado probando diferentes pociones la noche anterior, pero por desgracia, una de ellas había comenzado a soltar una neblina gris que lo fue adormeciendo. Fuera lo que fuera, le había dejado inconsciente durante más de 12 horas y por ello no había ido a clase. Una excusa bien lograda, pero difícil de creer.
Ambos sabían que mentía. No era la primera vez que el chico se saltaba las clases, y no era la primera vez que se inventaba una historia. Snape apuntó la excusa, que sería la que presentaría al director, pues era necesario un informe de los jefes de cada Casa cada vez que un alumno faltaba a clase.
Draco terminó su relato y el profesor lo miró fijamente.
- He sido tu profesor de Pociones durante 5 años. Nunca has practicado fuera de clases.
El rubio se encogió de hombros. No iba a caer en su trampa.
- Comienzan a interesarme cosas diferentes – ambos pensaron en Hermione. Obviamente, el chico lo había dicho con segundas intenciones.
Su padrino terminó de anotar la historia y la mandó volando al despacho del director. Después, se volvió hacia el rubio y lo observó de forma severa.
- No quiero más faltas de asistencia en todo el curso. Y menos por haber estado bebiendo hasta las tantas de la madrugada.
Draco se quedó de piedra.
- ¿Cómo?
- He ido a la torre a ver si ocurría algo. Las botellas de whisky de fuego seguían ahí.
El rubio lo observó mientras la ira centelleaba en sus ojos. ¿En qué momento había ido Snape? Porque Draco había ido directo de la torre al comedor y no se había cruzado con el profesor en ningún momento. Además, cuando él llegó a la hora de la comida, su padrino ya estaba allí.
- Después de comer – pero Snape había dudado a la hora de responder. Draco alzó la varita sin miedo y le apuntó; sabía que el hombre le mentía y quería averiguar porqué.
- ¡Legeremens! – el profesor no tuvo tiempo para defenderse y ambos se sumieron en los recuerdos del hombre. En ellos, Snape llegaba esa misma mañana ante la puerta de la torre de los Premios Anuales.
- Malditos críos... Como se hayan metido en un lío me encargaré de castigarlos yo mismo. No saben lo que es discreción... - obviamente, hablaba de Draco y Hermione.
Al ser uno de los jefes de casa, el profesor conocía la contraseña de acceso y se la dijo a los fundadores, que lo observaban desde el retrato. El hombre miró su reloj de muñeca: las 12:15.
Draco supo con horror qué iba a hallar dentro.
La cara de Snape reflejó que no estaba preparado para lo que vio al entrar. Draco observó como el profesor abría los ojos como platos y se sonrojaba ligeramente por lo que encontró.
En el sofá central, los dos muchachos dormían profundamente abrazados, él encima de ella. Estaban cubiertos por una manta negra, pero a pesar de ello, Snape supo que no llevaban ropa. Sus prendas estaban desperdigadas alrededor del sillón y, además, se distinguía la pálida espalda del rubio desnuda que mostraba, como la última vez, recientes arañazos.
El profesor redirigió su mirada hacia la mesa más próxima, dónde dos botellas de whisky de fuego vacías descansaban junto a una recién empezada y otra totalmente llena. Había dos copas en otra de las mesas y la mente de Snape comenzó a funcionar, imaginándose qué había ocurrido allí la noche anterior.
Desde el umbral, volvió a observar a los jóvenes. Draco apoyaba su cabeza en el torso de la chica, de forma que su cara encajaba en el hueco del cuello de Hermione. Ella lo rodeaba con los brazos de forma cariñosa. Ambos parecían exhaustos y presentaban un estado deplorable por haber estado bebiendo toda la noche. Pero estaban felices. Casi parecían una pareja normal de enamorados. Cuando el rubio se revolvió en sueños, ella lo apretó inconscientemente más fuerte y el muchacho se relajó.
Snape reaccionó en el acto. No podía despertarlos, sería algo sumamente incómodo para todos. Abandonó la torre rápidamente, sin ser consciente de que el portazo que dio a sus espaldas despertó a la chica.
Ninguno de los dos fue consciente hasta pasados unos segundos de que volvían a encontrarse en el despacho de Snape. Draco había bajado la varita y miraba al suelo, el flequillo cayéndole por la frente, con una expresión iracunda y turbada. Sin embargo, un leve rubor recorría sus mejillas. También estaba avergonzado porque el profesor hubiera visto aquello.
Snape había caído sobre su silla cuando el chico le atacó. Levantó la cabeza y clavó su mirada en el rubio, que lo observaba con una mezcla de sentimientos indescifrable.
- ¡CÓMO TE HAS ATREVIDO A ATACARME PARA METERTE EN MIS RECUERDOS! ¡ERES UN INSOLENTE Y UN ESTÚPIDO! – Snape por fin reaccionó. Draco lo miró con una expresión de odio intenso.
- Fue a nuestra torre… ¡No tenía ningún derecho a entrar! ¡NO TIENE NINGÚN DERECHO A SABER ESTO! – el muchacho estaba fuera de sí y se sonrojó. Era la primera vez que lo hacía, pero la ocasión realmente lo requería. A Snape le molestó enormemente que le gritara.
- ¡TE RECUERDO QUE SOY TU JEFE DE CASA, TU PADRINO Y PROTECTOR! ¡PENSÉ QUE TE HABÍAS METIDO EN UN LÍO Y FUI A AVERIGUAR PORQUÉ NO ESTABAS EN CLASE! ¡Y COMO PROFESOR DE ESTE COLEGIO, TENGO DERECHO A ENTRAR EN CADA UNO DE LOS LUGARES DONDE HAYA ALUMNOS A MI CARGO!
- ¡ME DA IGUAL QUE…!
- ¡FUE UNA IMPRUDENCIA! ¡CON TODO LO QUE TE HE ADVERTIDO, TÚ TE DIVIERTES EMBORRACHÁNDOTE ENTRE SEMANA! ¡PODRÍA PONERTE UN CASTIGO ENORME POR ELLO!
- ¡CASTÍGUEME SI ES LO QUE DESEA! – Draco necesitaba descargar su furia, ya que sentía que, de un momento a otro, arremetería contra las estanterías del despacho.
- ¡MCGONAGALL SE OFRECIÓ PARA IR A VER QUÉ OCURRÍA! ¡¿ERES CAPAZ DE IMAGINAR QUÉ HUBIERA PASADO SI HUBIERA SIDO ELLA Y NO YO LA QUE HUBIERA VISTO ESO?!
El rubio no respondió. Puede que la cosa se hubiera complicado si eso hubiera ocurrido. Pero ninguno de los dos pensó que los profesores irían a fisgonear a su torre.
- ¡Y YO QUÉ SÉ QUE SE LES IBA A OCURRIR VENIR A LA TORRE!
- ¡TODA PRECAUCIÓN ES POCA, DRACO! ¡PERO YA VEO QUE NO LO TIENES EN CUENTA! ¡ES UN TEMA MÁS DELICADO DE LO QUE CREES! ¡NOS ESTAMOS JUGANDO LA VIDA!
El silencio se hizo de nuevo. A Draco no se le ocurrieron más respuestas.
- No volverá a ocurrir – dijo en un susurró enfadado.
- Por supuesto que no. Vas a abandonar esa torre.
El rubio abrió los ojos como platos.
- No.
- He dicho que…
- ¡NI DE COÑA VOY A IRME! ¡¿CREE QUE POR SEPARARNOS CONSEGUIRÁ ALGO?! ¡SIMPLEMENTE CREARÁ MÁS PROBLEMAS SI ELIMINA EL ÚNICO LUGAR EN EL QUE PODEMOS ESTAR JUNTOS SIN QUE NADIE NOS VEA! – a Draco le daba igual mostrar que no quería dejarla. El profesor ya era consciente de lo que sentía por ella.
Snape sabía que tenía razón. En cierto modo, era mejor que estuvieran juntos dentro de una torre a que fueran a encontrarse en cualquier rincón del castillo. Se dio por vencido en ese aspecto.
- No volverás a tocar el whisky de fuego, bajo pena de expulsión.
Draco rodó los ojos. Ambos sabían que iba a volver a beber, pero ninguno dijo nada. Le reconfortó saber que Snape se había arrepentido en su intención de separarlos.
- ¿Algo más?
El profesor lo miró.
- Bueno, pareces ser todo un experto en Oclumancia – no era cierto y los dos lo sabían, pero al profesor seguía molestándole su ataque – no vengas esta tarde. Ni nunca más.
- Pero…
- Nuestras clases han acabado.
Draco supo que aquella vez era definitivo. Se había pasado, era cierto, pero había merecido la pena. Recordó otra vez lo que había visto el profesor y sintió algo raro moviéndose en su interior. Aquella escena le había gustado. Verlos a ambos dormidos sin preocupaciones... Lo que no le gustaba es que Snape también lo hubiera presenciado. Y si llega a ser McGonagall la que lo ve... no quería ni imaginarlo. En silencio, salió de la habitación y cerró con un portazo a sus espaldas. Se juró no volver a pisar aquel despacho nunca más.
Hermione había regresado con sus amigos tras hablar con la profesora y los tres se dirigían bromeando hacia el invernadero 8. Neville llegó en silencio hasta ellos y Hermione lo observó unos segundos. Parecía cansado y triste, mucho más que durante la comida.
- ¿Ocurre algo, Neville?
El chico lo miró sin comprender a qué se refería durante unos instantes y luego se encogió de hombros. Ron y Harry dirigieron su atención hacia su amigo.
- ¿Estás bien? - preguntó Harry.
- No tienes muy buen aspecto - afirmó el pelirrojo, ganándose una mirada de reproche de Hermione.
Neville soltó un largo suspiro y los miró con una sonrisa triste.
- Luna y yo lo hemos dejado.
- ¡¿Qué?! - Harry y Ron abrieron los ojos como platos. Hermione se limitó a asentir en silencio. Hace mucho tiempo que lo veía venir. No es que discutieran ni nada, pero ellos dos pegaban más como amigos que como pareja. Al igual que ella y Ron, aunque el pelirrojo no supiera aquello aún.
- Lo siento mucho - dijo al fin la chica.
Neville la miró.
- No pasa nada, Hermione. Hemos quedado como amigos y ninguno se ha enfadado. Solo que la echaré de menos.
Ron le palmeó la espalda y Harry le pasó el brazo por los hombros.
- Tómatelo con calma, tío. Te costará pero lo superarás.
- Lo sé, pero ahora está tan reciente que...
- ¿Quieres que le digamos a la profesora Sproutt que estás enfermo? Podrías ir a descansar.
Neville los miró sonriendo, algo más animado.
- No es necesario, Harry, Herbología es lo único que conseguirá distraerme. Gracias chicos, me habéis animado mucho.
- Para eso están los amigos - dijo Hermione mientras entrelazaba su brazo con el del chico y le besaba la mejilla. Neville se sonrojó y Harry y Ron reprimieron una risita - vamos o llegaremos tarde. No me quiero perder más clases hoy.
Cuando las puertas del invernadero 8 se abrieron dos horas más tarde, los alumnos de Gryffindor y Hufflepuff de séptimo salieron agotados por ellas. Muchos se masajeaban la cabeza y otros intentaban destapar sus oídos. No entendían porqué todos los años tenían que trabajar con mandrágoras, sus gritos eran insoportables y alguno incluso se había desmayado por no colocarse bien las orejeras.
- ¿En serio preferías esto antes que una siesta? - preguntó Ron a Neville cuando los cuatro abandonaron el invernadero.
El aludido se encogió de hombros. La verdad que con todos los gritos había conseguido mantener a Luna alejado de su cabeza.
- Es mi asignatura favorita y... - se silenció de golpe cuando observó a un muchacho rubio que conocía bien apoyado despreocupadamente contra el invernadero más cercano. Cómo la mayoría de sus compañeros de clase, se quedaron en silencio observándolo. Slytherin no tenía Herbología a esa hora, así que Draco Malfoy no tenía porqué estar ahí. Se despegó de la pared fingiendo no darse cuenta de cómo lo miraban todos y se acercó hasta el trío de oro y Neville.
- Granger, tengo que hablar contigo. ¿Tienes clase ahora?
¡Y fin del capítulo!
¿Qué os ha parecido? He intentado mostrar otra cara de Hermione y espero haberlo reflejado bien. Ya veis que cuando beben están mucho más cariñosos, quizás debería emborracharlos todos los días... XD
Lo de que Draco llame a Hermione por su nombre, intentaré desarrollarlo algo más a lo largo de los siguiente capítulos ;) Muchos os preguntaréis el porqué de que Snape lo sepa, pero lo descubriréis en el próximo capítulo: necesito un nuevo profesor de Oclumancia para Draco, y quería alejarlo de Snape por un tiempo. McGonagall, por su parte, he preferido que no lo sepa. Creo que es lo mejor :)
No sé si muchos apoyábais a Luna y Neville, pero es cierto que no han tenido muchos momentos y, aunque lo he intentado, no me pegaba meterlos en ningun momento, así que he preferido separarlos y dejarlos como amigos para dejarle el camino abierto a Luna ;P
Por último, después de la clase doble de Herbología, Draco ha ido a esperar a Hermione para hablar con ella. Es obvio que necesita contarle todo lo que ha pasado con Snape, y el jueves que viene veréis cómo reacciona ella ;)
Comienzan de nuevo las clases, así que toca dejar el turrón y las siestas y ponerse las pilas de nuevo... que pereza. Aun así, seguiré sacando tiempo para escribir, además en Navidades he avanzado mucho y he pensado nuevas ideas, así que en mi cabeza ya está todo más o menos hecho :)
No me voy a extender mucho más, os dejo aquí las preguntas de la semana:
- ¿Quién será el nuevo profesor (o profesora) de Oclumancia de Draco?
- ¿Con quién creéis que quiero emparejar a Luna?
¡Mandadme las respuestas y os responderé encantada! ❤
Antes de nada, respuesta a las reviews:
- Meg: Me alegro de que te esté gustando :D Es cierto que Draco y Harry se portaron muy bien, y que Draco parece un poco más consciente de lo que hace, así que podemos ver poco a poco su transformación :) Lo de Pansy y Blaise lo comentaré algo más adelante, pero no es una historia que vaya a desarrollar mucho (a menos que me lo pidáis 😉) y gracias por entender lo de Luna y Theo :) Espero que te haya gustado el nuevo capítulo y espero tu comentario, un beso ❤
Muchas gracias por leerme, espero que os esté gustando y no olvidéis darle al Go y mandad reviews (porque en Navidades no he recibido muchas) :(
Con cariño, una semana más:
- Daphnea ❤
