Capitulo 2

Efectos secundarios y soluciones

Por Amelia Badguy

2.713 palabras según Word

Decir que todos los presentes en la habitación miraban atónitos al pequeño infante que los miraba con desconfianza, era poco, pues todos los que ahí se encontraban tenían también un gran gesto de confusión en su rostro, pues nadie podía entender del todo la situación que ahí ocurría.

La castaña fue la primera en reaccionar, siendo que sacó su varita y convirtió las ropas que Snape vestía en un pequeño pijama con ositos, después de todo el pijama de hospital que había tenido puesto el hombre realmente le quedaba gigante.

Lentamente se acercó al pequeño y lo cogió en brazos. Todos vieron sorprendidos como el pequeño se iba a los brazos de la castaña sin hacer berrinches ni nada de aquello, siendo Ron chasqueo la lengua en señal de celos. Le molesto que Hermione cogiera al pequeño en sus brazos, porque ese había sido un traidor aunque todos dijeran lo contrario. Convencer a un miembro de la familia Weasly de lo contrario a sus ideas era algo difícil de lograr.

— ¿Dónde ta mi mami?. — Dijo el pequeño mirando los ojos color miel de la castaña donde ella pudo ver la inocencia de un niño, no veía dolor ni nada así, no veía esos ojos llenos de arrepentimiento.

¿Qué le decían al pequeño?, después de todo la madre de Snape había muerto hace mucho tiempo atrás. Dumbledore se acercó hacía Hermione que sostenía al pequeño, tratando de cargarlo él, pero el pequeño comenzó a llorar. Con sus pequeños bracitos rodeo el cuello de Hermione y escondió su rostro en el cuello de la castañita.

— No quedo id con él. — Dijo el infante sin despegarse de Hermione. Algo en su interior le decía que ese anciano no era bueno como aparentaba, siendo que era verdad después de todo. Ese hombre había jugado con todos como si fueran sus peones en un juego de ajedrez y él había sido una de las piezas principales. Algo de ese sentimiento de ser utilizado debía quedar en el pequeño, que no se soltaba de quién había sido su alumna.

Harry también se acercó a Hermione e intento cargar al pequeño. A él siempre se le habían dado bien los niños, pero…

— ¡NO QUIEDO!. — Chilló el niño llorando aún más fuerte sin despegarse de Hermione. Albus observó la situación, al parecer el pequeño Severus no quería a nadie más que a la señorita Granger a su alrededor. La castañita también había comprendido eso. Comenzó a mover al niño entre sus brazos para que se tranquilizase, no podía comprender por qué con ella no era eso, quizás era únicamente porque entre todos los presentes en la habitación, por ella era por la que menos se había jugado el pellejo y quizás porque una imagen femenina, casi como una imagen de madre —que se veía que el niño necesitaba en aquel momento—.

— Tranquilo. No llores, Severus. — Se le hizo extraño llamar a su ex profesor por su nombre. — Señor, si no hay problemas, yo podría cuidar al profesor hasta que descubramos que lo dejo así. — La castañita ofreció su ayuda sin pensarlo. Harry se encontraba bien con la idea de ese hombre estando en libertad y si su mejor amigo pensaba eso, no veía que podría ser malo en que ella lo cuidara.

— ¿Segura señorita Granger?. — Dijo el director. Cuidar a un niño no era tarea fácil, sobre todo cuando ese infante es en realidad un hombre malhumorado, además sabía que la joven seguramente quería buscar a su familia, pues a pesar de haber utilizado aquel hechizo contra sus padres, al haber borrado cada rastro de sus recuerdos para que ellos no se vieran envueltos en nada malo, ella quería comprobar que estuvieran bien, aunque ellos no la recordasen.

— Si señor. — Dijo Hermione. Ella cuidaría al pequeño Snape, el cual sin que nadie lo notase se había quedado dormido acurrucado en los brazos de la castaña. Seguramente los analgésicos aún seguían haciendo efecto en él.

— Yo podría ayudarla señor. — Harry ofreció su ayuda inmediatamente, después de todo quería devolverle el favor a Snape por todo el tiempo que él lo cuido en el pasado.

— Podrían quedarse en mi casa. — Habló Sirius con su mejor voz, aunque la idea de tener a su peor enemigo en su casa no se le hacía muy atractiva, estaba el beneficio de que podría pasar más tiempo con Harry, sí es que él cuidaba al pequeño Quejicus.

De pronto la puerta se abrió y por ella entró un medimago de edad. Él hombre iba jadeando y sus cabello blancos se le pegaban a su frente.

— Hay un riesgo con la poción que le dimos al paciente y… — Calló a observar al pequeño infante que Hermione llevaba en sus brazos. — podría tener efectos secundarios…

— ¿Cómo estos?. — Dijo Sirius con voz sarcásticas.

— ¿Tienen una cura?.—Dijo Ron, después de todo no le agradaba que su novia se hiciera cargo de su profesor de pociones, que los había torturado durante años en sus clases.

— No lo sabemos… necesitamos examinar al paciente para ello… — El medimago estaba asombrado. Nunca pensó que aquel hombre que fue un espía ahora fuese un pequeño niño envuelto en un pijama de ositos.

— Sugiero que lo analicemos ahora que está durmiendo. — Habló Dumbledore con su voz calmada de siempre.

— Si… síganme.— Habló el medimago saliendo de sus pensamientos.

Todos salieron de la habitación, dejando que Hermione fuera primero junto con el médico, siendo que comenzaron a seguirlos, para ver en que acababa todo aquello, que parecía ser realmente un desastre.

— ¿Cómo están Tonks y Lupin?. — Sirius le preguntó al medimago la condición de sus amigos. No había tenido la ocasión de ir a verlos, pero apenas terminaran con lo de las muestra los iría a ver.

— Ellos se encuentran bien. Deberán permanecer unos días más para observación, pero saldrán pronto. Fueron muy afortunados.

En el rostro de los presentes se dibujo una sonrisa. Neville se excuso ya que debía ir a ver a otras personas.

Después de realizar los análisis al pequeño infante el grupo se separo. Albus fue a arreglar los papeles para sacar a Severus y también para ir a aclarar las cosas al ministerio, demostrar que estaba vivo era una de aquellas, además no podían llevarse al hombre a prisión ni nada, al menos hasta que el juicio se hiciera presente, aunque dudaba que lo condenaran, tenían demasiado que perder.

Ron fue a ver a su familia, después de que la castaña le diera un suave beso y le dijera que todo iba a estar bien, que tenía que estar con sus padres, después de todo la perdida de Fred había sido demasiado grandes para ellos realmente, más para Molly, perder a un hijo siempre era lo peor.

Mientras tanto Sirius, Harry y Hermione, está última aún con el infante dormido en sus brazos, fueron a ver al matrimonio Lupin.

Caminaron hacia la habitación. Los tres iban riendo, después de todo por fin la guerra había terminado y estaban juntos.

Cuando llegaron a la habitación entraron y se encontraron con Remus y Tonks en camas separas mientras que charlaban de una manera calmada.

— Hola chicos.— Saludo Sirius captando las mirada del matrimonio. La cara de ambos no tenía precio. En sus ojos se podía ver la alegría de volver a tener a su amigo junto a ellos.

— ¡Sirius!. — Dijeron, más bien gritaron, los dos al unisonó. Aquel grito despertó al pequeño que estaba entre los brazos de Hermione. Ella rápidamente comenzó a acunarlo para que dejase de llorar.

— Tranquilo. Solamente son unos amigos.— Le habló Hermione cuando el niño había dejado de llorar y miraba curioso a las dos personas en la cama mientras que aún sujetaba con uno de sus bracitos el cuello de Hermione.

Por otra parte Lupin solamente miraba al pequeño niño. No sabía quién era, pero le recordaba mucho a alguien, después de todo se habían conocido desde que eran muy niños.

— Me recuerda a alguien… pero él no tiene hijos. Además esa ternura no podría ser hijo del obscuro y malvado Severus. — Dijo con un tono de humor.

— De hecho Remus… — Comenzó a decir Harry.

— Esta pequeña criatura es…— Le siguió Sirius.

— ¿Cómo sabe cómo me llamo?.— Preguntó curioso el niño. Ya se estaba fastidiando de que todo el mundo conociese su nombre y él no conociese a nadie.

— Yo soy Tonks. — Dijo la bruja desde su cama. Severus la miró curioso. — ¿Quieres que seamos amigos?. —La maga le sonrió dulcemente al niño que se sonrojo y solamente asintió con la cabeza, ella no pudo evitar sonreír, después de todo al verlo de esa forma, Snape no se veía tan malo en realidad.

— Yo soy Remus. — Habló el licántropo. —¿Quieres sentarte conmigo un rato?. Hermione debe estar cansada. — El pequeño miró el rostro de Hermione y después asintió a lo que dijo Remus. Hermione fue a dejarlo a la cama, junto al licántropo.

— ¿Quieres chocolate?. — Le preguntó con suavidad Lupin mientras sacaba una barra de chocolate desde el cajón de la mesita de noche. Todos lo miraron asombrados asiéndose la misma pregunta, ¿de dónde había sacado chocolate?.— ¿Qué?, me lo trajo Neville.

— Si quiedo, glacia Demus. — Dijo el pequeño cogiendo el chocolate que Remus le tendía. Tonks miró al pequeño Snape comer el chocolate.

— Es una monada de niño. — Todos voltearon sorprendidos a mirar a Tonks. Nunca nadie había pensado que Snape fuese una monada, ni nada de aquello, todos siempre habían pensado lo peor de ese hombre.

— Creo que si te descuidas Remus, Snape te dejara sin esposa. —Todos en la habitación rieron con el comentario de Harry. Mientras que Remus fingió un enfado que no sentía.

— ¿Te quieres quedar unos días con nosotros?. — Le habló Hermione consiente que el pequeño debía quedarse con ellos sí o sí, es decir, no había con nadie más que dejarlo.

— Mientlas no te ese homble feo. — Severus señalo a Sirius. Todos en la habitación comenzaron a reír por el comentario del pequeño, aunque realmente era demasiado obvio que no pudiera tolerar al hombre, después de todas las burlas que había recibido de parte de él cuando era un niño.

— Mocoso grosero. — Bufó fastidiado con ese niño, sabía que Quejicus se estaba aprovechando de la situación, no sabía cómo, pero algo le decía eso. Snape por su parte solamente le sacó la lengua. Eso hizo que los demás se rieran más fuerte aún.

Unos golpes en la puerta hicieron que todos se callaran y se volvieran hacia la puerta. Por ella entro el mismo medimago que anteriormente les había ido a advertir del antídoto suministrado a Snape.

— Necesito hablar con ustedes tres. — Habló el medimago refiriéndose a Sirius, Harry y Hermione. Los tres aceptaron con la cabeza e iban a salir.

— No... no me dejen solito…— Todos se sorprendieron al escuchar la voz del hombre, que miraron al niño, siendo que fue Harry quien volvió junto a la chica, ambos sonriendo a ese pequeño niño.

— No nos iremos. Sólo iremos un momento a hablar con señor, ¿bueno? Remus y Tonks te cuidaran. Volveremos enseguida, ¿está bien?. — Le dijo a castaña mirando al pequeño a los ojos. No podía creer que ese pequeño fuese su antiguo maestro.

— Bien…— Dijo el pequeño agachando la cabeza. Hermione le acarició los cabellos y después salió con los otros tres hombres. Afuera el medimago les comenzó a explicar la situación.

— La mezcla del veneno con el antídoto que le suministramos causo un extraño efecto en el paciente, como pudieron observar… — Todos asintieron a las palabras del medimago.— Bueno… no hemos podido encontrar algún antídoto para esto… para ser sinceros él único que sería capaz de crear una poción sería Snape, pero en el estado en que esta solamente recuerda a sus padres, tiene la mente y el cuerpo de un niño de cuatro años, como han visto. — Sentenció el medimago.

— ¿Se quedara así siempre?. — La voz de Sirius se hizo escuchar. La verdad era que no le interesaba mucho como se encontrara Snape, pero a él le fastidiaba más como niño que como adulto. Al menos como hombre maduro podía responderle sus insultos, en cambio como niño al que saldrían regañando sería a él, por pelear con un niño que no tenía idea de nada de lo que ocurría a su alrededor.

— Trabajaremos en la poción… Nos llevara tiempo ya que aún estamos atendiendo a los heridos de la guerra. Lo que sugiero es que se lleven al niño, digo, Snape a algún lugar seguro. No creo conveniente que todo el mundo se entere que es un niño pequeño que no tiene defensa alguna, al menos hasta el juicio, donde deberá presentarse sin importar qué — Dijo el medimago. Trabajar en la poción sería un trabajo arduo contando que no tenían la ayuda de Snape. — Seguramente ira recordando de a poco su pasado con los días, aunque no estoy seguro de que vuelva a su edad, aunque sí crecerá como un niño normal.

Los tres se quedaron en silencio pensando. Tal vez Dumbledore pudiera hacer la poción, al fin de cuentas él había sacado a Sirius del velo… El medimago se retiró y los tres volvieron a entrar en la habitación. En ella encontraron a un sonriente Snape jugando a hacer caras con Remus.

— Lamentamos interrumpir, pero debemos irnos. — Dijo Harry ahogando una carcajada por la cara de Remus. Al licántropo siempre se le habían dado los niños.

— ¿Idnos? ¿Ide a casa con mami? — Dijo el pequeño viendo a los tres magos frente a él, que no sabían realmente como responder a aquello.

— Aún no, Severus, pero te quedaras con nosotros por unos días, como unas vacaciones — Le sonrió la castaña. — Despídete de Remus y Tonks. — Dijo mientras lo cogía en brazos, por primera vez notó que el niño no pesaba casi nada, era sumamente liviano.

— Adioch Demus, Tonks. — Los nombrados le hicieron un adiós con la mano y Hermione salió de la habitación con el pequeño.

— Adiós Remus, Tonks. Vendremos a visitarlos pronto. — Dijo Sirius saliendo de la habitación.

— Les diré como sigue Teddy, ahora está muy bien, así que no deben preocuparse. Nos vemos. — Harry salió de la habitación. Cuando estuvo afuera no pudo evitar reírse. Ahí, en pleno pasillo del hospital, estaba Sirius sacándole la lengua a un mini Snape que hacía lo mismo.

— Sirius, ya eres harto mayor. — Le regaño Hermione, aunque ella misma intentaba reprimir la risa por lo que estaba ocurriendo.

— ¡Pero él comenzó! — Reclamó Sirius a su defensa.

— Él es un niño, Sirius. — La voz de su ahijado llamó su atención. Notó que Sirius le iba a reclamar algo y rápidamente añadió. — No importa la edad que en realidad tenga, por ahora es un niño.

— Vámonos. — La voz de Hermione, les llamó la atención y los dos hombres asintieron y fueron a un lugar apartado para aparecerse. Cuando llegaron a un pasillo en que casi no había gente Hermione le habló a Severus.

— Severus no te sueltes de mí. Tal vez lo que vas a sentir no te agrade, pero será solo un momento. ¿Bueno?. — El niño asintió y se aferro más a la castaña. Los tres magos se aparecieron a las afueras de Grimmauld Place número doce.

Entraron rápidamente a la casa y observaron el estado de esta. Era obscura y sombría como recordaban, pero al menos tenían un hogar donde quedarse.

— ¿Te sientes bien, Severus?. — Le preguntó Harry al pequeño que estaba en los brazos de Hermione.

— Sí, un poco madeado pedo bien. — El pequeño observó la entrada de la casa. Era mucho mejor que en donde él vivía, su casa era pequeña, en un área industrial de la ciudad, bastante fea realmente para un niño pequeño.

— El amo — Los tres adultos y el pequeño niño miraron a Kreacher, el elfo domestico de la casa Black, que miró sorprendido como su antiguo dueño de verdad estaba vivo, siendo que únicamente los miró — Preparé la cena y las habitaciones.

— Gracias, Kreacher — Le dijo Harry con una pequeña sonrisa a ese elfo tan peculiar.

— ¿Quieres tomar un baño?.— La voz de Hermione sorprendió a los dos hombres, pero bueno, era normal, alguien tendría que bañar a ese niño tarde o temprano en realidad.

— Sí. — Dijo el pequeño alegremente.

Todos ya tenían lo que debían hacer, siendo que la muchacha únicamente fue al baño para bañar a ese pequeño niño.

(...)

Editado y resubido: 19 de Enero de 2018.