Hermione terminó de abrir la puerta sin ninguna réplica por parte del chico, cosa que le gustó y preocupó en igual medida.
Recorrió la habitación con la mirada, comenzando a entender de dónde venían todos los ruidos que el rubio hacía últimamente por la noche.
En la sala no había ni un solo mueble en pie. Todos estaban totalmente destrozados y repartidos por el suelo; ni siquiera fue capaz de localizar el colchón. La escena le recordó a la casa de los gritos, sólo que cuando habían estado allí, Draco estaba tranquilo y contento y ahora, estaba acurrucado en un rincón, temblando como un niño pequeño mientras evitaba la mirada de la chica.
Hermione se acercó corriendo hacia él y se arrodilló para situarse a su altura. El rubio tenía la cara manchada de polvo, probablemente de la habitación, y estaba empapado de sudor. A decir verdad, era la primera vez que lo veía así, tan indefenso, tan asustado. Esa escena le revolvió el corazón y no pudo evitar estrecharlo entre sus brazos. Para su sorpresa, los brazos del chico rápidamente la rodearon y el Slytherin apoyó la cabeza contra su pecho. La abrazaba con tanta fuerza que Hermione creía que la ahogaría, pero no se quejó en ningún momento. Era el primer contacto que tenían en días y ella también lo estaba disfrutando y lo había necesitado. Además, Draco parecía realmente necesitar aquello, aquel consuelo.
Permanecieron abrazados durante un tiempo indefinible. Hermione le acariciaba la espalda dulcemente, mientras el rubio se iba relajando entre sus brazos, como un niño aterrorizado después de una terrible pesadilla, que se consuela en los brazos de su madre.
Al final, dejó de temblar y aflojó un poco la fuerza con la que la rodeaba. Se separaron unos centímetros, lo justo para poder mirarse y Draco acercó su cara poco a poco a la de Hermione, que no se opuso a ello. Sus narices se rozaron y ambos chicos esperaron anhelantes a que uno de los dos diera el siguiente paso. La respiración caliente de Draco contra su boca hizo temblar a la Gryffindor. Permanecieron así uno segundos, sin acercarse del todo ni alejarse. ¿Cómo era posible que sin siquiera tocarse pudieran sentir tanto? Por fin, sus labios se encontraron de nuevo. Ambos sintieron un estallido de emociones en su interior y un gemido escapó de los labios del chico, que alzó sus manos hasta situarlas en las mejillas de Hermione. La chica sonrió cuando sintió como el rubio le acariciaba la mejilla, y ladeó la cabeza para profundizar el beso.
Ninguno tenía prisa por terminar ese momento; era como si un simple beso pudiera hacerles olvidar la realidad de sus vidas. Sus labios se rozaban perezosos pero ávidos, en un movimiento lento y dulce que hacía a los chicos estremecerse de placer. La lengua de Hermione buscó la de Draco, incitándola a seguirla en un interesante baile, y el rubio enseguida se encontró encandilado por aquel atrayente juego, mientras mordía repetidamente el labio inferior de Hermione haciendo que esta gimiera. Se juntaron tanto como pudieron, evitando cualquier milímetro de separación entre sus cuerpos y dejándose llevar por la sensualidad del momento.
Tras lo que podían haber sido días, se separaron lentamente y apoyaron sus frentes mientras intentaban relajar sus respiraciones, algo que en esos momentos no era tarea fácil. Hermione le apartó al chico un mechón platino del flequillo y, por unos segundos, se perdió en aquella mirada gélida pero profunda, que tantas cosas intentaba expresarle. Le dio un último beso, y el chico le agarró la cintura para no dejarla ir, pero ella se apartó de su lado con delicadeza y se puso en pie varita en mano.
Gracias a sus dotes en Encantamientos, consiguió reparar la habitación en apenas 5 minutos. Incluso fue capaz de reconstruir el escritorio, del cual no quedaban más que astillas. Agotada pero satisfecha, esperó a que el chico se levantara del suelo y se dejara caer sobre la cama en silencio. Llevaban más de media hora juntos y no habían pronunciado ni una palabra, pues no había sido necesario para transmitirse lo que sentían. Pero la curiosidad y la preocupación volvieron a invadir a Hermione, que tras darle unos segundos al chico para habituarse, le preguntó con voz dulce:
- ¿Qué ha pasado?
El rubio levantó la cabeza y la miró durante unos segundos. Después suspiró y se masajeó el puente de la nariz mientras le respondía:
- He recibido una carta de mi tía.
Hermione guardó silencio unos segundos. Por supuesto, hablaba de Bellatrix, lo cual no la tranquilizó mucho.
- ¿Y qué ponía?
Draco extrajo del bolsillo de su pantalón un pergamino doblado y arrugado y se lo tendió a la chica, incapaz de explicárselo él mismo.
Hermione lo tomó y comenzó a leerlo.
Querido Draco,
Esta carta está hechizada para que sólo tú puedas abrirla en caso de que llegara a las manos equivocadas, pero acuérdate de destruirla en cuanto la leas.
Sabemos que llevas semanas ansioso por recibir noticias, y nos congratula anunciarte que por fin las hay.
Ayer dio comienzo el exterminio contra los impuros, traidores, sangre sucia y todos aquellos que no merecen formar parte del mundo mágico y que contaminan nuestra sociedad. El primer ataque fue todo un éxito (obviamente, se refería a la familia de la pobre Hufflepuff de sexto).
Así pues, se celebró una reunión urgente para decidir cuál sería nuestro siguiente paso. Me congratula anunciarte que hemos decidido legarte el honor de llevar a cabo nuestra próxima misión. Esperamos que puedas cumplir con las altas expectativas y la confianza con las que el Señor Tenebroso te ha honrado y que sepas defender el honor de tu noble familia. Sabes que los fallos no son aceptados.
El primer ataque será en Hogwarts, dentro de no mucho tiempo. Para entonces, tu tarea tendrá que estar cumplida.
Recuerda que el honor y la seguridad de tu familia dependen de tu actuación.
Necesitamos respuestas acerca de tus planes para cumplir tu honrosa misión, no tardes en contactar de nuevo con nosotros.
Lo que tienes que hacer es muy sencillo: mata al viejo o el Señor Tenebroso te matará a ti.
Saludos y suerte en esta gratificante tarea que has tenido el honor de recibir,
B.L.
Hermione llegó al final de la carta y sintió que la habitación le daba vueltas. Se sentó en silencio en la cama junto al rubio y, durante unos segundos, ninguno de los dos se atrevió ni siquiera a mirarse. Al fin, Draco le cogió con cuidado la carta de entre sus manos y la guardó de nuevo en el bolsillo.
- Sería mejor que… - consiguió pronunciar la castaña con voz temblorosa.
- Antes quiero que Nott la lea.
Hermione asintió en silencio, sin saber si Draco la observaba o no. Después, empezó a asimilarlo todo.
- ¿Cuándo habla del viejo, se refiere a…? – no fue capaz de decirlo.
- Sí. A Dumbledore.
Aquella confirmación fue demasiado para la chica, que apoyó los codos en los muslos, escondió la cara en las manos y comenzó a sollozar. Draco la abrazó con un brazo para intentar tranquilizarla, pero la situación le resultaba demasiado dura como para transmitirle la confianza que necesitaba.
- Draco… no puedes hacerlo.
El rubio Suspiró y se frotó los ojos.
- Lo sé.
- Entonces…
- Ya lo has leído. O él o yo. Y creo que ambos sabemos quién de los dos va a morir.
- No, no – dijo Hermione mientras aferraba la camisa del chico –. Por favor, tiene que haber una solución. Se nos ocurrirá algo, los burlarás y…
- Mi madre está en peligro, no puedo abandonarla a su suerte de esa manera.
- Podríamos intentar rescatarla para…
- Hermione – era la segunda vez que la llamaba por su nombre. La primera que lo hacía sobrio -. Esta tarea está pensada para castigar a mi padre por haber negado al Señor Tenebroso en el pasado. Saben perfectamente que no podré llevarla a cabo y posiblemente el Señor Tenebroso disfrute viéndome fracasar.
- Pero siempre hay otras alternativas.
El chico sonrió tristemente.
- En mi vida no hay opción B o segundas oportunidades. Incluso si intentara matar a Dumbledore, nunca podría ganarle. Es, simplemente, imposible.
Hermione era lista. Ya había demostrado en primero que era capaz de usar la lógica en las situaciones más comprometidas, pero por más que intentaba encontrar una solución, no daba con ella. Era como un puzzle al que le falta una pieza.
Empezó a entender la verdadera gravedad del asunto. Aquella carta era la sentencia de muerte de Draco. Y no podía permitir eso.
- No puedes rendirte sin haber luchado.
- No tengo ninguna probabilidad.
- Eso no lo sabes, Draco. Por favor…
El chico negó y le besó la coronilla.
- Lo siento, Hermione.
- No lo permitiré. Si te matan me entregaré a ellos. Soy hija de muggles, no dudarán ni un ápice en destruirme - ni siquiera se lo había pensado. Si el moría, ella lo haría con él.
Draco endureció la expresión y la sujetó por los hombros mientras pegaba su cara a la de la chica. ¿Qué tonterías estaba diciendo?
- Ni se te ocurra. Escucha lo que te digo, Hermione Granger - dijo mientras clavaba sus ojos en ella -. Si haces una tontería de ese tipo, dañarás a mucha gente. Tienes a Potter, a Weasley, muchos más amigos que te quieren, unos padres que buscar, un futuro que alcanzar. Odio decirlo, pero perderte haría perder muchas esperanzas en tu bando. Y si muero por defender a tu ejército, al menos no dejes que mi sacrificio sea en vano.
- Pero… - ¿Qué podía rebatir Hermione a aquello? El chico había demostrado ser más noble que nunca, así que ella no tenía nada que objetar si no quería quedar como una estúpida egoísta.
- Por favor. Tienes que prometérmelo. Júrame que cuando muera, no harás ninguna estupidez. Por favor - Ahí estaba Draco suplicándole que le dejara morir. ¿Es que no podía ponerse en la situación de Hermione? No podía prometerle que le haría caso.
- Tú no te mereces esto -. Dijo mientras le acariciaba la mejilla.
- ¿Tú crees? No me orgullezco de mi pasado.
- Pero has cambiado. Y aunque no lo creas, una segunda oportunidad está al alcance de todos.
- Sólo te pido una cosa.
- Lo que quieras si te va a ayudar.
Draco tragó saliva y la miró nervioso, mientras el miedo se reflejaba en sus ojos. Hermione pasó una pierna por su regazo y quedó sentada encima suya, de forma que sus caras estaban a la misma altura. Con suavidad subió sus manos hasta las mejillas de Draco y le acarició las agudas facciones.
- No me dejes morir solo, por favor -. Parecía tan asustado que Hermione se vio obligada a fingir ser fuerte. Pero aquello le había destrozado. Era como si él realmente creyera que iba a morir dentro de poco, y no soportaba pensar eso. Aun así, le respondió intentando que la voz no le temblara:
- Nunca te dejaré solo, ¿me oyes? Nunca.
Draco soltó un gemido ahogado y se abalanzó sobre ella, besándola ferozmente. Hermione lo empujó hacia atrás para tumbarlo en la cama y quedar sobre él, con sus piernas a ambos lados de las caderas del chico. De momento, lo único que podía hacer era aprovechar el tiempo que les quedara juntos. Ya pensaría algo.
Esta vez, el beso fue pasional y frenético. Una batalla de lenguas, suavizada por la calidez de sus labios encontrándose una y otra vez, como si su sed de besos se intensificara cada vez. Hermione sentía como si la cama estuviera en llamas; desprendían calor, eran como dos animales furiosos, desenfrenados. Por fin, después de lo que les había parecido una eternidad separados, volvían a tocarse, a sentirse.
El tiempo se había detenido, era como si sólo existieran ellos en el universo. Lo único real era su roce, sus besos, los suspiros anhelantes que de vez en cuando escapaban de la boca de alguno de los amantes. Porque eso eran, dos jóvenes que querían amarse sin límites, entregar tanto de ellos como fuera posible.
Draco comenzó a desatar con parsimonia los botones de la camisa de la chica mientras esta enredaba sus dedos en el sedoso pelo del rubio. El Slytherin enseguida acabó con ello y abrió la camisa de Hermione con delicadeza, aunque en sus ojos ya comenzaba a leerse el deseo.
La castaña sonrió complacida cuando Draco se inclinó sobre ella para besarle los pechos, mientras jugueteaba con el cierre de su sujetador. Cuando lo desató, Hermione se bajó los tirantes por los hombros mientras miraba seductoramente al chico, para acabar dejando sus pechos al descubierto. Draco no pudo contener un gemido placentero y se abalanzó sobre ellos, sorbiendo y lamiendo con avidez y experiencia en zonas concretas y bien estudiadas, haciendo que la chica se retorciera de placer bajo su cuerpo, gimiendo mientras aferraba su cabello platino.
El chico subió por el torso de la chica hasta su cuello, depositando suaves pero profundos besos en su camino. Mordió la piel desnuda sobre el hombro de Hermione y, al fin, sus bocas se encontraron de nuevo, al principio dulcemente, en simples caricias llenas de ternura y cariño. Aquella era una tortura indescriptible, una explosión de sensaciones. Pero no pudieron aguantar mucho ese ritmo suave, y enseguida sus besos se volvieron feroces y frenéticos.
Sus manos se exploraban, ávidas de encontrar algún rincón desconocido, pero aun había demasiada ropa entre ellos.
Sin separarse del chico, Hermione comenzó a desabrocharle la camisa, y cuando por fin lo consiguió, Draco se la sacó por los brazos y se deshizo rápidamente de ella. La Gryffindor colocó sus manos en el abdomen del rubio y las deslizó suavemente a lo largo de su torso, hasta sus pectorales, sintiendo la mirada de Draco sobre ella y su respiración agitada golpeándole. Situó las manos a la altura de su corazón, y sonrió al sentirlo latir rápidamente contra su palma.
Cuando alzó la vista, encontró dos iris grises clavados en ella, observándola de una forma profunda e íntima. Eso era lo que Hermione realmente amaba; cómo sin la necesidad de besos, de sexo, ni tan siquiera de palabras, eran capaces de sentir tanto, de transmitirse tanto.
- Siento haberte hecho enfadar el otro día. No debería haber dicho lo que dije –. Susurró Hermione.
Draco apoyó su frente contra la de la chica y ambos cerraron los ojos, mientras sus respiraciones se iban calmando.
- También fue culpa mía.
Eso era lo más cercano a una disculpa que podía haberle dado, así que Hermione lo aceptó sin reparos, y elevó su cabeza para besar al chico, que le correspondió encantado. No tardaron en volver a recuperar la pasión anterior, y con un movimiento rápido Draco se deshizo de la falda de la chica, rompiéndola sin observaciones y lanzándola lejos. Hermione ni se inmutó; ya se encargaría luego de arreglarla, se dijo mientras con dos rápidas patadas sus zapatos y sus calcetines salían volando.
El rubio puso sus manos en la cintura de la chica y la estrechó contra él mientras le daba un beso largo y profundo, que se vieron obligados a terminar por la estúpida necesidad de respirar. Hermione besó al chico repetidamente, en besos fugaces que dejaban a Draco con ganas de más, mientras ambos se sentían recorridos por placenteras e irresistibles descargas eléctricas.
Las manos de la Gryffindor bajaron hasta el cierre del pantalón del rubio, y sonrió pícaramente contra la boca del rubio mientras deslizaba una de sus manos bajo la prenda del chico, sintiendo como este se curvaba de sorpresa y placer. Bajó los pantalones del rubio desde dentro y dejó que Draco terminara de deshacerse de ellos con un par de certeras patadas.
Hermione se bajó sus braguitas negras y las envió justo al resto de la ropa, mientras el rubio hacía lo propio con sus boxers. La chica bajó la vista un momento y sintió una explosión de deseo en su interior. Se elevó lo justo para besar al chico y lo apremió mordiéndolo. El rubio supo que el momento había llegado y se introdujo en ella más fuerte de lo que hubiera deseado. Pero a Hermione no pareció molestarle, y le besó ferozmente mientras gemía y se movía rápidamente bajo el cuerpo del chico.
Draco lamió de nuevo el cuello de la chica, mientras esta recorría su cuerpo con sus suaves manos y lo abrazaba contra ella. El Slytherin quería recuperar el tiempo perdido aquellos últimos días y suavizó el ritmo, mientras las contracciones de placer y las descargas eléctricas se multiplicaban y se concentraban en la zona baja de su abdomen.
- Draco... - el chico sintió que no aguantaría mucho más. Y menos si la chica seguía gimiendo su nombre.
- Hermione... - susurró este a su vez, haciendo que la chica se acercara junto a él al final.
Minutos después, el clímax los invadió por completo. Una sensación de placer infinito se extendió por cada uno de sus huesos y músculos, bloqueando cualquier sentido que no fuera el tacto durante unos maravillosos segundos.
Ambos se abrazaron en silencio, con una extraña sensación. A pesar de que había sido inmejorable, sus ansias no se habían calmado. Esos días separados les estaban pasando factura. Después de que Hermione se asegurara de que el chico pensaba igual que ella, rodó para situarse encima y besarlo con habilidad y pasión. Hicieron el amor de nuevo, de una forma más tierna y lánguida, y cuando culminaron a la vez con un grito agudo y un gemido ronco, se dejaron caer por fin exhaustos sobre la cama para intentar dormir un rato. Pero ninguno de los dos lo consiguió, pues tenían demasiadas cosas en mente.
Hermione se limitó a observar el techo blanco de la habitación, intentando en vano buscar alguna solución al problema que acababa de surgir. La verdad, estaba harta de que en su vida todo fuera así, un obstáculo tras otro, como si no mereciera ser feliz.
Draco simplemente cerró los ojos e intentó dejar la mente en blanco, evitando pensar en el contenido de la carta e intentando centrarse en la única noticia buena de los últimos días: él y Hermione se habían reconciliado.
Para alivio de los dos, la puerta de su torre se abrió, dándoles un pretexto para levantarse y dejar de fingir que todo estaba bien. Draco se puso sus bóxers y unos pantalones negros y se asomó por la puerta para ver quién acababa de llegar.
- Es Nott - le dijo a la chica volviéndose -. Estaré abajo, vístete y baja si quieres.
La castaña tardó menos de 5 minutos en reunir la ropa desperdigada por la habitación y ponérsela, y cuando estuvo más o menos presentable bajó las escaleras hacia la Sala Común, donde Draco y Theo estaban sentados en los sillones negros. Ella ocupó el sofá central blanco y se volvió para observar al recién llegado, que estaba leyendo la carta de Draco. Se sorprendió al darse cuenta de que Nott presentaba un aspecto deplorable. Tenía los ojos enrojecidos como... si hubiera estado llorando, o al menos se los hubiera frotado muchas veces para evitarlo, y estaba bastante despeinado. ¿Qué le habría ocurrido? ¿Tendría que ver con el hecho de que hubiera salido sin avisar del Gran Comedor esa mañana?
Hermione y Draco esperaron pacientes a que terminara la carta, y mientras la leía observaron diferentes expresiones en su cara. Al principio, confuso; después, asombrado y, al final, furioso.
- ¿Esto es una puta broma? -. Dijo cuando terminó.
Draco se masajeó el puente de la nariz mientras cerraba los ojos y se recostaba contra el respaldo del sillón negro.
- ¿Tú qué crees?
- ¿Y qué vamos a hacer?
Hermione se incorporó un poco al oír aquella pregunta. Al menos, ella no era la única que se preocupaba por Draco y que intentaba buscar una solución.
- Draco no quiere hacer nada -. Añadió, ganándose una mirada acusadora del rubio.
- ¿Qué? ¿Es que te has dado un golpe en la cabeza? ¡Claro que hay que hacer algo! Si no...
- Moriré. Sí Nott, entiendo lo que me transmiten en la carta, pero tú me dirás qué puedo hacer. ¿Mato a Dumbledore ganándome así el odio de su ejército? ¿O me escondo como un cobarde para que la paguen con mi madre? No me parecen opciones muy razonables.
- Pero no es justo que te manden algo así. Ni siquiera el Señor Tenebroso ha sido capaz de derrotar a Dumbledore cuando se han batido en duelo.
- Exactamente.
- Entonces quieres decir que... -. Dijo Nott entrecerrando los ojos - ¿Todo este es simplemente para que mueras? ¿Como una forma de castigar a tu familia?
- A mi padre, diría yo.
- Pues no lo van a conseguir porque no vas a morir.
- Bueno, si se te ocurre algo estaré encantado de escucharte.
- Solo intento ayudar, ¿sabes? - dijo Nott con tono irritado. No estaba para bromas precisamente.
- Pues no lo estás consiguiendo.
- ¡Pues no es mi problema!
Draco alzó los ojos.
- ¿No vas a decirme qué te ocurre?
Theo desvió sus ojos hacia Hermione. Fuera lo que fuera, no iba a decirlo delante suya, y la castaña era lo suficientemente lista como para pillar aquello.
- De todas formas, no puedo perderme más clases.
- Se han suspendido -. Le dijo Nott.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- ¿Tú por qué crees, Granger? Por lo de la familia de Alice. La Hufflepuff de sexto -. Añadió cuando vio que Hermione y Draco lo miraban sin comprender - Como una especie de pésame. Pero supongo que cuando haya asesinatos todos los días, la política cambiará.
- No es un punto de vista muy positivo - . Dijo Hermione, sintiendo como un escalofrío le recorría la columna vertebral.
- La realidad en sí no es positiva. Se acaba de desatar una guerra. Y en las guerras, mueren inocentes. Gente como los Bramson que no merecían... - su expresión se tornó triste y furiosa.
- ¿Estás bien? -. Volvió a preguntar Hermione. Nott sacudió la cabeza y la miró con rabia.
- Perfectamente. ¿No te ibas, Granger?
- Nott - le advirtió Draco.
- No pasa nada. Sí que me iba. Adiós - dijo Hermione secamente mientras abandonaba su torre. Era evidente que a Theo le pasaba algo y que tenía que ver con la guerra. Decidió alejar ese pensamiento de su cabeza. Fuera lo que fuera, acabaría enterándose.
- ¿Estás tonto? - preguntó el rubio cuando la chica ya no podía oírlos.
- No estoy de humor, ¿vale?
- ¿Tiene que ver con tu padre?
Theo miró furioso al fuego y respondió enigmáticamente.
- Espero que no.
Hermione supuso que sus amigos estarían en la Sala Común de Gryffindor, así que se dirigió hacia su antigua torre. Una vez dentro, caminó hacia los sillones junto al fuego, donde, por supuesto, estaban Ron, Harry y Ginny, esta última sentada sobre el regazo de su novio.
- ¿Hermione? ¿Dónde te habías metido? - preguntó Ron. Obviamente, Ginny y Harry habían atado hilos al verla salir detrás de Malfoy, así que no les era necesario preguntar.
- No me encontraba bien.
- Deberías mirártelo. Últimamente te pones mala cada día.
- Supongo que todo esto me supera... esa pobre familia de muggles. Podrían ser mis padres - dijo cambiando de tema.
- Pero tus padres están a salvo.
Hermione se encogió de hombros.
- Pero imaginaos lo que tienen que estar pasando todos los hijos de muggles cuyas familias no están a salvo. Saber que mañana te puede tocar a ti...
- La guerra es así.
- Es horrible.
- Haremos lo que sea para que acabe - le prometió Harry.
Hermione le sonrió agradecida. Ojalá fuera tan fácil. Acto seguido, volvió la cabeza hacia el fuego y se quedó mirándolo hipnotizada, rememorando una y otra vez el contenido de la carta de Draco e intentando evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas. Por Merlín, se estaba volviendo una llorica. ¿No se supone que era una Gryffindor? Pues tenía que actuar como tal.
Ginny observó a la castaña durante unos segundos y miró a su novio y a su hermano. Harry asintió con la cabeza y le susurró:
- Ve.
La pelirroja se puso en pie y se colocó en frente de su amiga, interrumpiendo su visión del fuego.
- Esto... ¿Hermione? - haber crecido con 6 hermanos no le había dotado de un tacto espectacular, y se sentía un tanto incómoda cuando tenía que mantener conversaciones de ese talante con alguna chica. Para ella, hablar con chicos era mucho más natural, algo que Harry agradecía infinitamente, pues no es que el tuviera una labia exquisita.
- ¿Sí?
- ¿Vamos a dar una vuelta? Tengo que hablar contigo de... una cosa.
La castaña asintió en silencio y se puso en pie mirando a sus amigos.
- ¿Nos vemos luego?
- No nos vamos a mover de aquí hasta la hora de comer -. Respondió Harry -. Pero tomaos el tiempo que queráis.
Ginny los miró una última vez y ambas desaparecieron por el hueco del retrato de la Señora Gorda.
- ¿Crees que Hermione se lo dirá? - preguntó Ron.
Harry suspiró. Se lo dijera o no, estaba seguro de que tendría que ver con Malfoy, así que el pelirrojo no podía enterarse de nada. Decidió no darle muchas esperanzas.
- No creo. Pero había que intentarlo.
- ¿Qué te ocurre, Hermione?
- No es nada, Gin - respondió la aludida mientras ambas salían a pasear a los extensos jardines. Era el lugar perfecto para mantener una conversación privada, pues no había escondites posibles que no estuvieran a la vista (o que Hermione no conociera).
- No tienes porqué mentirme -. Le dijo Ginny intentando sonar comprensiva -. Quizás pueda ayudarte.
- Ojalá...
- ¿Tiene que ver con... Malfoy?
- No. Es decir, llevábamos unos días peleados y supongo que por eso me habéis visto decaída últimamente. Pero nos hemos reconciliado antes.
- Mmm... eso es... bueno, ¿no? - Si se habían reconciliado, no entendía porqué su amiga seguía triste.
- Sí que lo es, pero ha surgido otro problema que... bueno, no parece tener solución.
- ¿No puedes contármelo?
Hermione suspiró. No creía que Draco quisiera que se lo contara, aunque Ginny fuera muy discreta.
- No, Gin. Lo siento.
La pelirroja se encogió de hombros.
- Me lo temía. De todas formas, puedes contarme un poco de qué va. Ya sabes, sin darme toda la información. Puede que se me ocurra algo.
La castaña meditó unos segundos cómo podía decírselo sin desvelar demasiado.
- Verás, Draco quiere pasarse a nuestro bando, pero creo que eso ya lo sabes, ¿no?
Ginny asintió.
- Pues digamos que... en su bando actual no lo saben, y le han mandado una tarea... que no puede cumplir. Realmente es imposible, y si no la lleva a cabo... bueno, ya sabes como castiga Voldemort a quien no le obedece, ¿no?
La pelirroja notó cómo un escalofrío le recorría la espalda. ¿Quería decir que Malfoy estaba amenazado de muerte? Pues entonces, estaba claro que necesitaba ayuda. Pero era el tipo de ayuda que no podía darle un simple alumno. Tenía que venir de algún miembro de la Orden o de un profesor, a poder ser alguien que confiara en Malfoy o quisiera ayudarle. Y si la persona tenía todas esas cualidades, mucho mejor.
- Snape.
- ¿Qué?
- El profesor Snape. Él es un miembro de la Orden infiltrado, ¿no? Además del padrino de Draco, así que supongo que no será la primera vez que lo ayuda. Podrías pedirle consejo o ayuda.
La castaña abrió los ojos como platos y miró agradecida a su amiga. Claro que sí, Snape podría intentar interceder entre Draco y Voldemort, o al menos rebajar la sanción si el rubio no cumplía con su misión. O quizás proporcionarle un refugio a él y a su madre.
- ¡Ginny, eres la mejor!
La aludida le sonrió y se dejó abrazar.
- ¿Vas a ir a hablar con Snape o prefieres que lo haga Malfoy?
De pronto, Hermione rememoró la semana pasada, cuando Snape los había pillado in fraganti, y después había discutido con Draco; el muchacho ahora ni siquiera le miraba a la cara. Con lo orgulloso que era el rubio, no se dejaría ayudar por él. Así que la Gryffindor tendría que actuar sola y sin avisarle.
- Voy yo.
- ¿Seguro? A Malfoy le hará más caso.
- Las cosas entre ellos no están... en su mejor momento -. Tampoco es que a ella le apeteciera presentarse en el despacho de Snape, sobre todo recordando que los había visto cuando dormían hacía una escasa semana. Pero no tenía otra opción, y realmente necesitaban la ayuda del profesor.
- Como quieras. ¿Cuándo vas a ir?
- ¿Cuánto queda para la hora de la comida?
- Hora y media más o menos.
- Voy ahora - dijo intentando sonar decidida.
- Te acompaño hasta la puerta.
Hermione asintió y ambas comenzaron a andar hacia el despacho del profesor.
- No pareces muy segura - dijo Ginny, observando como Hermione miraba con recelo una y otra vez la puerta de madera negra donde una pequeña placa rezaba: Profesor Severus Snape, Jefe de la Casa de Slytherin.
- Tengo que hacerlo, Gin.
La pelirroja suspiró.
- Lo sé. ¿Te esperamos en el Gran Comedor?
- Espero llegar antes.
Ginny le estrechó la mano antes de irse.
- Ojalá Snape pueda ayudarte.
Una vez que se encontró sola en el pasillo, Hermione levantó la mano y picó suavemente a la puerta. Desde dentro, le llegó la voz amortiguada del profesor.
- Adelante.
¡Y fin del capítulo!
¿Qué os ha parecido? Ya vuelve a recuperar la extensión normal, pues el último lo hice más largo (tampoco he tenido tiempo para más). Sé que os gustan los capítulos más largos, pero es que se me hace imposible.
Tengo que decir, que he vuelto a recuperar las ganas de escribir que llevaba semanas sin encontrar. Era como sentarme y escribir diferentes cosas que me gustaban pero me dejaban una sensación rara y decir: tengo que hacerlo porque me he comprometido a subir cada jueves. Esta semana, por fin me he sentado y he dicho: Venga, que me apetece escribir un rato. Supongo que me ha motivado volver a juntarlos XD
Al principio del capítulo, hemos visto cómo Hermione y Draco se reconcilia cuando la chica va a consolarlo. Después, Draco le enseña la carta y... bueno, supongo que a nadie le hacen demasiada gracia las malas noticias, ¿no? Realmente es como salir de un problema y entrar a otro.
Os he dado un momento Dramione más largo de lo habitual, porque después del capítulo pasado, incluso yo tenía ganas de volver a verlos juntos ;P Con esta pelea, creo que su relación se ha consolidado más y se ha hecho más fuerte. Al fin y al cabo, las parejas normales también pelean :)
Respecto a Nott, supongo que no tendréis claro que pasa con él. Intento mantener un poco el misterio alrededor de su personaje, pero puede que alguno se dé cuenta de qué le pasa. Si es así, mandadme review con lo que creéis que le ocurre y os responderé el jueves que viene :)
Hemos tenido una pequeña escena con Harry y Ron, y luego Ginny y Hermione han ido a hablar solas. Ha sido Ginny la que ha conseguido dar con lo que podría ser una solución, porque quería darle algo de protagonismo también este capítulo :)
Así pues, Hermione no ha tardado nada en presentarse en el despacho de Snape, y el capítulo se ha quedado así, con Hermione delante de una puerta como la semana pasada.
Espero que os haya gustado y no dudéis en enviarme reviews con lo que opináis que le pasa a Nott y lo que creéis que pasará en el siguiente capítulo :)
Antes de despedirme, respondo a las reviews de la semana pasada:
- pekelittrell: Tienes razón en eso de que el tiempo no es muy real, de hecho, ya has visto cuánto les ha durado a ellos XD Por suerte, no hay personas terceras entre ellos así que no tenemos que añadir más problemas :) Supongo que la reconciliación te habrá gustado, espero tu comentario y un beso ❤
- Adrit126: Es cierto que Hermione es un poco llorona, pero con todas las cosas que le pasan... bueno, que te rompan el corazón no es muy agradable XD Por suerte se han reconciliado, y por comentar algo, a mí Nott también me encanta 😍 Un besazo ❤
- damalunaely: Es que como para que no nos gusten, son más monos 😍😍 Supongo que al final han cedido los dos, así que todos salen ganando :) Espero que te haya gustado la reconciliación, besos ❤
- Meg: Acertaste, la pelea sólo fue un obstáculo en su relación :) No te preocupes porque a mí tampoco me gusta verlos separados, así que muchas más peleas no creo que haya... los problemas vienen de otra forma, como en carta XD Si escribo el one-shoot de Harry y Ginny, te avisaré para que puedas leerlo, pero supongo que será después de terminar esta historia :) Espero que te haya gustado, besos ❤
- Guest: Muchas gracias :) Espero que hayas saciado tus ansias de lectura con este nuevo capítulo, intentaré que el de la semana sea también interesante e intrigante 😊 Un besito ❤
- soniasag11: No te preocupes, no me gusta haceros sufrir y prefiero verlos juntos :) Es más agradable escribir la historia con momentos bonitos que con peleas, créeme :) Espero que te haya gustado y que ya tengas ganas de leer el de la semana que viene, un besito ❤
- David: De verdad que los haría mas largos, pero sólo tengo una semana para pensar la continuación de cada capitulo y escribirla, y con todo lo que tengo que hacer y estudiar no me queda tiempo para mucho mas 😅 Me alegro de que te guste, y a Luna intentaré meterla más, aunque en esta parte de la historia que viene no me cuadra mucho 😊 Espero que te guste el capítulo, un beso ❤
Bueno, y estas han sido todas las reviews :) Espero que los nuevos lectores o aquellos que no comentan os animéis a mandar también, para que esta historia pueda así llegar a más gente ❤
Muchas gracias de nuevo por leerme y seguirme, espero que os haya gustado y que mandéis reviews. Y no olvidéis darle al Go :)
Con cariño, una semana más;
- Daphnea
P.D.: El título del capítulo es parte del título de una de las novelas de Gabriel García Márquez, que se llama "Crónica de una muerte anunciada". Simplente porque nadie diga nada 😊
