Snape levantó la cabeza para recibir al recién llegado, y le sorprendió comprobar que esa persona era Hermione Granger. ¿Qué haría la chica en su despacho? Si tenía algún problema, desde luego no habría acudido allí. Y desde que la había visto en su torre con Draco, no había hecho el más mínimo amago de querer hablarle.

- ¿Profesor Snape? -. Titubeó Hermione, sintiéndose algo incómoda por la situación y la mirada escrutadora del hombre.

- Señorita Granger, ¿a qué debo el honor de su visita? - dijo Snape con tono de ironía. Vale, era obvio que su relación no era la mejor del mundo.

La castaña reprimió una mueca de fastidio y alzó la barbilla. Estaba allí por Draco, y no iba a echarse atrás.

- Verá… - dijo tras aclararse la voz -. Usted sigue espiando al bando contrario, ¿no?

El profesor entrecerró los ojos y la miró evaluante. No se esperaba esa pregunta, la verdad. Sobre todo, porque no se le ocurría qué podía querer Hermione Granger de él. Con prudencia, asintió y la instó a continuar.

- ¿Le han informado de… las últimas noticias?

Vale, ahora Snape estaba totalmente perdido.

- Señorita Granger, no entiendo…

- Draco ha recibido una carta. En la que le decían que ayer hubo una reunión y planearon el siguiente movimiento.

El profesor abrió los ojos, pero intentó no parecer sorprendido. ¿Habían dado un paso más sin avisarlo? Y, en ese caso, ¿cuál había sido y por qué Granger se molestaba en ir a contárselo cuando podría haberlo hecho Draco?

- No había tenido ninguna noticia. Y bien, ¿de qué se trata?

- Verá profesor… es algo complicado. Es decir, la misión va dirigida a Draco y es él quien la tiene que cumplir, pero es imposible. Y si no lo hace… - su voz se quebró y bajó la cabeza.

- ¿Si no? – preguntó Snape, aunque creía conocer la respuesta.

- Lo van a matar -. Dijo Hermione mirándolo de nuevo, mientras notaba de nuevo cómo las lágrimas volvían a sus ojos.

Snape asintió y la miró fijamente.

- Tome asiento, por favor.

La chica asintió y se sentó, secándose las lágrimas para evitar ponerse a llorar delante del hombre.

- Bien, señorita Granger. Necesito que me cuente todo lo que sepa.

Hermione alzó la cabeza y tomó aire un par de veces hasta que tuvo la situación más o menos dominada.

- Cuando esta mañana llegó el correo, después de lo de esa pobre chica de Hufflepuff, vi que Draco recibía una carta, y al leerla abandonaba el Gran Comedor. Lo seguí hasta nuestra torre y estaba… mal. Muy mal - Hermione hizo una pausa y agitó la cabeza, intentando olvidar la escena de Draco agazapado en un rincón de su habitación -. No se me ocurría qué podía pasarle, pero entonces me ha dado la carta. Era de su tía Bellatrix. Decía que habían tenido una reunión, en la que habían decidido encargar la próxima tarea a Draco. Bellatrix le recordaba que… bueno, que Voldemort no iba a aceptar fallos.

Snape se removió incómodo y le dio a la chica unos segundos para relajarse. Después, preguntó:

- ¿Cuál es esa misión?

Hermione se pasó la mano por el pelo y se frotó los ojos, visiblemente nerviosa. Suspiró y alzó la cabeza para mirar al profesor.

- Tiene que matar a Dumbledore. Tiene que hacerlo o Voldemort le matará a él.

Snape se reclinó en su silla y cerró los ojos para intentar relajarse. La situación acababa de dar un giro de 180 grados, y no parecía tener fácil solución.

- Quizás la Orden pueda proporcionarle un refugio -. Propuso el hombre.

La castaña negó con la cabeza y miró al profesor suplicante.

- La carta incluía una amenaza hacia su familia. El castigo si falla no solo recaerá sobre él, y Draco no está dispuesto a esconderse y abandonar a su madre. Pero usted tiene que poder hacer alguna otra cosa. Puede hablar con Voldemort para que cambie la misión o algo así, o convencer a los mortífagos de que no se puede encargar esa misión a Draco y que es imposible matar a Dumbledore. Por favor, tiene que intentarlo. Es la única esperanza que queda.

Snape suspir, apoyó los codos en la mesa y enterró la cara entre las manos, visiblemente frustrado.

- No puedo hacer eso. Sospecharían de mí, y sin un espía estaríamos perdidos. Eso sería jugármela a todo o nada.

- Pero tiene que hacerlo.

Snape negó. Era más complicado de lo que ella creía.

- Está siendo egoísta -. Dijo Hermione enfadada, sin importarle hablar de ese modo a un profesor.

El hombre le dirigió una mirada furibunda y se recostó de nuevo en su asiento. Esa chica no entendía la seriedad del asunto, porque no lo sabía todo.

- Déjeme pensar. Si se me ocurre algo, se lo comunicaré.

- ¿No tiene ninguna ligera idea?

Snape suspiró.

- Sí, pero antes tengo que consultarlo con alguien.

- ¿Con quién?

- Hasta mañana, señorita Granger.

Hermione se levantó y lo miró enfadada antes de salir del despacho. ¿Le comunicaba una información de tal importancia y la trataba así? Además, es como si la hubiera alejado del asunto, y eso no era justo. Ella quería ayudar tanto como fuera posible. Esa era una de las principales razones por las que había ido a ver a Snape.

Por otra parte, el hombre le había dicho que tenía algo en mente, así que aún quedaba una pequeña esperanza a la que aferrarse.

A decir verdad, Hermione estaba lejos de imaginar de qué trataba el plan de Snape.


Ginny entró en la Sala Común minutos después de haberse despedido de Hermione, y se sentó de nuevo en el regazo de Harry, que la rodeó con sus brazos.

- ¿Cómo ha ido todo? – preguntó enseguida Ron, poniendo malos ojos a la pareja. Desde la vez que los había encontrado en su habitación, no le hacía mucha gracia verlos así de juntos.

Según lo planeado, la pelirroja negó con la cabeza ante la pregunta de su hermano.

- Nada.

Ron bufó.

- ¿Nada de nada? Pero si lleváis casi una hora hablando.

- Bueno, en realidad ha sido solo media. Sí que hemos hablado de otras cosas, pero respecto a su estado de humor, Hermione no me ha contado nada. Le pase lo que le pase, no es asunto nuestro. Ya os lo dije.

- Odio que nos oculte las cosas de esa manera - bufó Ron.

- La gente tiene derecho a tener su privacidad, ¿no?

Ron gruñó ante la indirecta de su hermana. Cierto que todo el mundo la necesitaba, pero se negaba a darles privacidad a su hermana y a su mejor amigo en su propia habitación.

En ese momento y para suerte de Harry y Ginny, Lavender entró corriendo en la Sala Común y se lanzó al cuello de Ron, que le correspondió al beso sin mucho entusiasmo.

- ¿Vamos, Ro-Ro?

- ¿Vamos? ¿Dónde?

La rubia puso cara de pena y enfado al mismo tiempo, algo que, por cierto, se le daba muy bien.

- ¿Dónde? ¡Habíamos quedado en que hoy iríamos a pasear!

- ¿Ah, sí?

- Te lo pregunté el sábado y me dijiste que sí que querías.

Mierda. Eso de asentir a todas sus preguntas sin molestarse en escucharlas no le venía bien. Pero es que Lavender hablaba tanto…

- Bueno…

- ¡No me puedo creer que te hayas olvidado!

Todos los presentes se volvieron hacia ellos, y Ron, negándose a montar otra escenita como la de Harry y Ginny, se levantó y esperó a que la chica se pusiera a su lado.

- Ya vamos, ya vamos. Si te lo prometí, tendré que cumplir, ¿no? – Su tono no era muy entusiasta, pero algo es algo.

Lavender mostró una de sus radiantes sonrisas y le cogió la mano para guiarlo hasta el hueco del retrato de la Dama Gorda.

Ginny esperó unos segundos tras la marcha de su hermano para girarse y quedar sentada a horcajadas sobre el regazo de Harry, que se acercó para besarla.

- ¿Te imaginas que vuelva? - susurró divertido.

La pelirroja sonrió mientras su lengua buscaba la de Harry.

- Que se aguante -. Dijo antes de darle un último beso.

El moreno le acarició la mejilla con un pulgar y la observó en silencio durante unos instantes. A veces, cuando la guerra venía a su cabeza, Harry disfrutaba perdiéndose en las facciones de Ginny, intentando memorizar cada uno de sus rasgos. Aquello le confería una paz inmensa y una seguridad que, a decir verdad, no poseía.

Ante esos intensos escrutinios, Ginny se sonrojaba y apartaba la mirada. Ahí estaba Harry, poniéndola nerviosa como ningún chico había conseguido antes.

- ¿Qué te ha dicho Hermione? -. Susurró Harry mientras miraba divertido el rubor de sus mejillas.

Ginny miró a su alrededor y negó con la cabeza, dando a entender que no era el mejor lugar para hablar de aquello. Harry esperó a que se levantara y se puso en pie a su lado.

- ¿Vamos a tu habitación? – preguntó Ginny, ganándose una mirada alarmada de Harry.

- ¿No crees que…? -. El moreno se detuvo a mitad de la frase, cuando su novia comenzó a reír a carcajadas. Ginny disfrutaba tomándole el pelo casi tanto como Harry haciéndose el ofendido.

- Venga, no te enfades - dijo Ginny mientras le daba un beso en la mejilla -. Será mejor que vayamos a la Sala de los Menesteres.

Harry asintió y ambos abandonaron la torre de Gryffindor, rumbo al octavo piso.


Lejos de allí, en el despacho de Dumbledore, una muchacha estaba recostada en la silla para visitras, secándose las lágrimas con un pañuelo mientras el director esperaba a que se calmara.

- Alice, sé que debe estar siendo muy difícil para ti. Pero tienes que ser fuerte y no dejar que esto te destroce.

- Pero… no puedo – dijo ella entre hipidos –. Él ha matado todo lo que quería, y de un día para otro no tengo nada.

Dumbledore mostró una sonrisa de comprensión y se levantó para apoyarle una mano en el hombro. Los Hufflepuffs tenían un corazón enorme. Quién si no iba a apreciar de esa forma el amor familiar.

- Estoy seguro de que tienes amigas y amigos que estarán a tu lado pase lo que pase. Sé que no te puedo pedir que lo superes estando tan reciente, pero estoy seguro de que, con el tiempo, lo lograrás.

Dumbledore hablaba desde la experiencia. Pues su familia, de la que ahora mismo solo quedaba su hermano (con el que no se llevaba del todo bien), llevaba destruida mucho tiempo. Demasiado tiempo. Siempre que recordaba sus errores pasados, Dumbledore se preguntaba qué podría haber pasado si hubiera actuado de otra manera con su pobre hermana. Pero el hombre era sabio, y sabía que, por más que lo deseara, no podría cambiar el pasado.

En ese momento, la chica sollozó de nuevo, con la cara enterrada entre sus manos.

- De momento, tómate unos días sin ir a clase. No creo que eso suponga un problema en tus estudios, y realmente lo necesitas. Alguna de tus amigas puede pasar a verte cuando tenga un rato libre, y si necesitas algo, no dudes en venir aquí o ir a ver a la señora Sproutt. La señora Pomfrey también estará encantada de darte pastillas para no soñar o tranquilizantes si lo necesitas.

La chica asintió en silencio y se levantó para marcharse.

- ¿Señorita Bramson?

- ¿Sí?

- Recuerde que, en estas situaciones, necesitamos a alguien en quien podamos confiar y que pueda ayudarnos.

Alice asintió en silencio y abandonó definitivamente el despacho del director. ¿Se había referido Dumbledore a lo que creía que se refería?


Ginny caminó por tercera vez delante de la pared vacía, y segundos más tarde, una puerta enorme de roble se materializó ante sus narices.

Harry y ella no tardaron en entrar en la estancia, que tenía el mismo aspecto que adquiría siempre que la visitaban: una lujosa habitación con un balcón desde el que siempre se podía ver el atardecer, dos grandes sillones, un baño con una bañera lo suficientemente grande para dos y una cama de matrimonio con colcha blanca y colchón mullido.

En ese momento, prefirieron salir al balcón y sentarse en las dos sillas que había junto a la mesa de cristal. Ginny observó el horizonte y tomó aire, preparándose para empezar a narrar lo poco que sabía.

- Hermione no me ha especificado mucho, a decir verdad. Me ha dicho que no podía contármelo todo, pero sí que me ha intentado explicar un poco de qué va el asunto para ver si podía ayudarle.

- ¿Tiene que ver con él?

- Sí, pero no de la forma en la que pensábamos. Es decir, sí que llevaban días peleados y por eso Hermione ha estado triste, pero ya se han reconciliado, así que no tenemos que preocuparnos más por eso.

- Mejor para Malfoy, porque si no, le hubiera…

- Harry -. Dijo Ginny rodando los ojos.

- Perdón. Sigue contándomelo.

- Bueno, me ha dicho que Malfoy ha recibido noticias de su bando. Es obvio que no saben que va a pelear con nosotros, y le han mandado llevar a cabo la próxima misión.

Harry se incorporó en la silla. Por fin algo de acción.

- ¿Y de qué trata?

Ginny suspiró.

- Ahí está el problema. Eso es lo que no ha podido decirme Hermione.

- ¿Entonces…?

- Lo único que me ha dicho es que es imposible que Malfoy lo lleve a cabo. Y que, si no lo consigue… - Ginny hizo una pausa.

- ¿Si no lo consigue, qué? - preguntó el moreno ansioso.

- Lo matarán, Harry.

- ¿Qué?

- Sí, esa ha sido mi reacción. Es horrible, ¿no? A Hermione no se le ocurría nada para arreglarlo, así que le he sugerido ir a contárselo a Snape.

- ¿A Snape?

- El es de la Orden, está infiltrado y le cae bien Draco. No creo que encontráramos a nadie mejor.

- Sí, pero… ¿Snape?

- Sé que no te cae especialmente bien, pero no se me ocurría nada más. Y tenemos que hacer algo.

- ¿En serio te importa lo que le pase a Malfoy?

Ginny lo miró con el ceño fruncido.

- Ahora está en nuestro bando. Y lo más importante, está con Hermione. Si le pasa algo… no me lo quiero ni imaginar. Ha estado alicaída simplemente por una pelea tonta, así que figúrate cómo reaccionará si lo pierde para siempre.

Harry se estremeció y asintió. Ginny tenía razón.

- Está bien, está bien. No me gusta la idea de ayudar a Malfoy, pero tienes razón en lo de Hermione. ¿Qué ha dicho Snape?

La pelirroja se encogió de hombros.

- Hermione ha ido a su despacho y yo he vuelto a la Sala Común. Tendremos que esperar para que nos lo cuente.

Harry asintió y miró el atardecer con ojos apagados.

- Odio la guerra.

- ¿Y quién no? -. Dijo Ginny mientras le aferraba la mano y se recostaba contra su silla.


Hermione acudió media hora más tarde al Gran Comedor, pero sólo encontró a Ron y Lavender besándose. Resignada, tomó asiento al lado de Parvati y evitó mirar mucho a la pegajosa pareja.

- ¿No han venido Harry y Ginny?

Parvati rió por lo bajo y negó con la cabeza.

- Espero que no estén en la habitación de Ron.

Hermione sonrió y miró hacia el pelirrojo, que por suerte, parecía no haber oído la broma. Mejor, porque no le habría pillado la gracia.

- ¿Estás bien, Hermione? - preguntó Parvati -. Pareces preocupada.

- ¿Eh? No, no es nada. Todo este asunto de la guerra…

- Sí, a mí también me pone los pelos de punta. Mis padres y mi hermano pequeño también son muggles y… bueno, Padma y yo vamos a intentar convencerlos para que se muden a otro país lo antes posible. Pero no sabemos cómo hacerlo sin que se preocupen. Preferimos no decirles nada de la guerra, porque si no, intentarían llevarnos con ellos. Y nuestro lugar está aquí, en Hogwarts, ¿entiendes?

- Claro que lo entiendo - asintió Hermione.

Era la misma situación que había vivido ella antes de decidirse a desmemorizar a sus padres. Solo que en aquel entonces, la guerra no había estallado todavía y todo parecía más seguro. Ahora, incluso sabiendo que estaban en Australia, no conocer su paradero exacto ni poder ponerse en contacto con ellos la ponía muy nerviosa.

- ¿Qué es lo que entiendes? – preguntó Harry mientras se sentaba a su lado y se servía comida de diferentes platos. Ginny ocupó a su vez el sitio frente al moreno, poniendo caras de asco a Ron y Lavender, que se besaban a su lado.

- Luego somos nosotros los que montamos el espectáculo…

Harry soltó una carcajada y se elevó por encima de la mesa para dar una colleja a su amigo.

- Tío, contente un poco. Tendrás que dejar sitio para la cena, ¿no?

Ron sonrió tontamente y asintió, feliz por la liberación de la chica, mientras se servía toda una torre de patatas fritas y muslos de pollo. Lavender no parecía muy contenta, pero no dijo nada y los demás prefirieron no abordar el tema.


Hermione, Harry y Ron pasaron el resto del día en los jardines, hablando de sus planes cuando abandonaran Hogwarts. Los primeros pasos estaban claros: se refugiarían un tiempo en la Madriguera o en el número 12 de Grimmauld Place, e intentarían robar el guardapelo a Umbridge. Ahora bien, si lo conseguían, no sabían por dónde seguir. No tenían la más mínima pista de dónde podrían hallar el resto de horrocruxes, y ni siquiera estaban seguros de poder destruir el guardapelo. Por suerte, Harry tenía clases particulares con Dumbledore dos veces por semana, y esperaban que el hombre les suministrara toda la información que fuera posible durante su búsqueda. Hermione se estremecía, recordando que, si Dumbledore seguía vivo cuando ellos abandonaran Hogwarts, era muy probable que Draco fuera asesinado.


Hermione volvía por fin a su torre, después de haber pasado todo el día con sus amigos. Había notado que el rubio no había ido a comer ni a cenar, y Nott tampoco parecía haberlo hecho, así que dedujo que estarían en su torre. Y acertó a medias.

Cuando llegó, encontró a Draco solo, haciendo levitar una taza de té, en un sillón junto al fuego. No parecía muy atento en lo que hacía, y cuando oyó la puerta abrirse, desvió la mirada, haciendo que la taza cayera al suelo y se rompiera en miles de pedacitos.

- Reparo – susurró sin dejar de mirar a Hermione -. ¿Dónde has estado todo el día? – preguntó.

- Con Harry y Ron. Ya sabes, ahora que la guerra ha estallado, tenemos que empezar a hacer planes para cuando…

- ¿Cuándo todos tengamos que abandonar Hogwarts? ¿Cuándo tengamos que separarnos? ¿Cuándo… cuando yo no siga vivo?

Hermione negó en silencio y lo miró fijamente.

- Eso no va a ocurrir. Aun queda algo de esperanza.

- ¿Ah sí? ¿Y de qué trata?

- Verás, le he dicho a…

- ¿Le has contado a Potter y Weasley lo de la carta? – Draco parecía bastante enfadado.

- No es eso. Déjame terminar – dijo la chica rodando los ojos mientras tomaba asiento en el sofá blanco -. Ellos llevan toda la semana preocupándose por mí, y hoy Ginny y yo hemos ido a dar una vuelta para poder hablar. No le he especificado nada, simplemente le he contado que te había llegado una carta en la que, si no cumplías una misión, podría pasarte algo… malo.

- ¿Por qué le has dicho…?

- ¡Para ver si podía darme alguna idea! Al contrario que tú, no me he rendido aún.

- ¿Entonces Weasley es tu esperanza?

- No. Pero Ginny me ha dado una idea.

- ¿Cuál?

Hermione elevó los ojos y miró al muchacho.

- Ir a hablar con Snape.

El rostro del chico pasó de la incredulidad a la furia en un instante.

- ¿No irás a hacerlo, verdad?

- Bueno…

- ¿Qué quiere decir "bueno"?

- Ya lo he hecho.

- ¿Qué? ¿No crees que deberías haberme pedido permiso antes?

- ¿Me lo hubieras dado si te lo hubiera pedido?

Aquello desconcertó al rubio, que titubeó unos instantes.

- Bueno… no es eso, pero…

- No, Draco, no lo habrías hecho. Puede que estés enfadado con Snape, pero sabes que podría resultar una buena ayuda.

- Sigue sin parecerme bien.

- Pues que sepas que me dijo que tenía una idea y que podría resultar.

- ¿También te contó de qué trataba esa idea?

Hermione negó con la cabeza, resignada. Vale, había confiado en el profesor y Snape no había confiado en ella, ¿y qué?

- Seguramente será una locura – dijo Draco nada convencido, pero algo menos enfadado.

- ¿Acaso dejarte morir sin hacer nada no lo sería?

- A todo el mundo le llega su momento.

- No con 17 años.

Draco suspiró y se pasó las manos por el cabello. Odiaba admitirlo, pero debajo de esa capa de resignación, escondía un torrente de sentimientos contradictorios y una voz que le decía que era pronto para rendirse. Hermione tenía razón; le quedaba toda una vida por delante.

- Draco… - susurró Hermione apenada mientras se levantaba y se arrodillaba a su lado, frente al sofá en el que estaba sentado -. No hace falta que finjas que todo va bien. Sé que estás asustado, yo también lo estaría, ¿sabes? En Gryffindor seremos valientes, pero no nos preparan para… esto.

- ¿Enserio crees que quiero morir? – susurró el rubio con voz ahogada.

Hermione negó con la cabeza.

- No, creo que solo intentas aparentar que no te importa para no preocupar a nadie. Pero si piensas que te voy a dejar morir, es porque no me conoces.

Tras unos segundos de silencio, Draco preguntó:

- ¿Vas a luchar a mi lado hasta el final?

- No digas hasta el final como si estuvieras hablando de pasado mañana. Te queda una larga vida por delante, Draco Malfoy, y yo me voy a encargar de que puedas vivirla en condiciones, ¿vale?

El rubio alzó la cabeza y la miró decidido. Sí, tenía razón. No podía rendirse aún.

- De acuerdo. Pelearé.

Hermione sonrió ampliamente y se lanzó a abrazarlo.

- Gracias.

Draco le acarició la espalda y apoyó su mentón contra la coronilla de la chica.

- No eres tú quien tiene que darlas – susurró.

Tras unos momentos enzarzados en un silencioso e íntimo abrazo, el rubio preguntó:

- ¿Cansada?

Hermione asintió sonriendo. No se había dado cuenta de lo agotada que estaba. Era normal teniendo en cuenta el problema que acababa de surgir; la chica estaba agotando toda su energía en intentar encontrar una situación.

Draco la miró con una sonrisa ladeada durante unos segundos, y seguidamente la cogió en brazos y la llevó hasta la habitación de la izquierda, mientras Hermione no paraba de reír como una niña pequeña. La soltó con cuidado sobre la cama, y la chica, con un movimiento de varita, hizo desaparecer su túnica y quedó vestida solo con la ropa interior. Draco hizo lo mismo y se tumbó a su lado, dejando que Hermione pasara una pierna y un brazo sobre su cuerpo y apoyara la cabeza en su pecho. El rubio la abrazó en silencio y le dio un último beso, antes de cerrar los ojos y dormirse en una profunda calma que no disfrutaba desde hace días. En ese momento, ambos se sentían seguros y tranquilos, como si los problemas de la guerra se hubieran esfumado para permitirles ser felices por unos momentos.


El día siguiente llegó, y durante el desayuno, reinaba un ambiente tenso e incómodo en las mesas de Gryffindor, Ravenclaw y, sobre todo, Hufflepuff.

La mesa de Slytherin era la única en la que se seguían oyendo risas, y donde los alumnos desayunando sin preocupación. Cuando las lechuzas llegaron con el correo, ninguno de ellos dudó en abrir sus respectivas cartas o paquetes, sabiendo que no recibirían malas noticias. Únicamente dos alumnos parecían incómodos y cansados: Draco Malfoy y Theodore Nott, que intercambiaban miradas nerviosas y parecían atentos a lo que pasaba en el resto del comedor.

Hermione sintió unos ojos grises clavados sobre ella cuando recibió su ejemplar de El Profeta diario, pero la chica lo miró para tranquilizarlo. Aunque a sus padres les pasara algo, no le escribirían, porque era como si no la conocieran. No es que eso la tranquilizara mucho, pero no podía hacer otra cosa que autoconvencerse de que todo iría bien y que conseguiría encontrarlos y devolverles la memoria tras la guerra (teniendo en cuenta que, para ello, primero debían ganar la guerra).

Al momento siguiente, se hizo el silencio en el Gran Comedor mientras Alice Bramson cruzaba las grandes puertas. Iba rodeada por todas sus amigas, que lanzaban miradas furiosas a todo aquel que intentara mirar a Alice o que susurrara algo acerca de ella.

Hermione observó durante unos instantes a la chica, en la que no se había fijado muchas veces: era pequeña y esbelta, con una larga cabellera rubia recogida en una cola de caballo y unos ojos azules como el cielo, pero teñidos de rojo por las lágrimas. Era muy guapa, a decir verdad, pero no se había molestado mucho en arreglarse esa mañana. Tenía un aspecto descuidado y un aire melancólico que puso a Hermione los pelos de punta.

Alice miró hacia la mesa de Slytherin con odio y resignación, y deslizó su mirada a través de los alumnos de la Casa mientras esbozaba una triste sonrisa y asentía débilmente con la cabeza. Hermione intentó adivinar a quién le dirigía ese gesto, pero había tantas cabezas vueltas hacia ella que podría haber sido cualquiera.

Hermione observó conmovida como los Hufflepuffs le hacían un hueco en su mesa y miraban al resto de Casas con el ceño fruncido. Todos los tejones se esmeraron por crear un ambiente de tranquilidad e intentar que Alice estuviera cómoda y comiera algo. No lo consiguieron, pero al menos, la chica no parecía tan triste arropada con todo aquel cariño y compañerismo. Solo los Hufflepuffs eran capaces de comportarse de esa manera, y la Gryffindor los envidiaba por ello.

- Lo tiene que estar pasando muy mal – susurró Hermione, volviéndose hacia sus amigos y refiriéndose, obviamente, a Alice.

- Yo no habría bajado a desayunar – añadió Ron, mientras miraba sin reparos al grupo de Hufflepuffs y engullía una salchicha.

- Tiene que intentar recuperar la normalidad, y si no es ahora tendría que haber sido en unos días. Cuanto antes se enfrente a esto, mejor – opinó Harry -. Aunque supongo que no irá a clases.

Ginny, que no había abierto la boca, suspiró y bebió un trago de zumo de calabaza.

- Es una chica muy maja. Está en mi clase en Herbología y Transformaciones y siempre intenta ayudar a los demás. Nunca ha tenido problemas con nadie y suele estar tan… radiante. Es extraño verla así de alicaída.

Ninguno dijo nada más y siguieron desayunando en silencio, al igual que todos los demás en el Gran Comedor.


Hermione se dirigía hacia la primera clase de la tarde cuando sintió que algo le tiraba del brazo y la metía en un aula vacía. Se volvió con la varita en posición de ataque para defenderse de su secuestrador, pero puso los ojos en blanco cuando descubrió a Draco sonriéndole irónicamente.

- Me has asustado.

- Es lo mejor que se me ha ocurrido para hablar contigo a solas. No me apetecía tener que presentarme delante de Potter y Weasley otra vez.

La chica guardó la varita y se cruzó de brazos simulando enfado.

- ¿Qué necesitas decirme?

Draco le agarró la cintura y la miró con una sonrisa astuta.

- Bueno, esta mañana no hemos tenido mucho tiempo… - dijo mientras acercaba su cara a la de la chica.

- Draco… puede que haya clase aquí ahora… - Hermione, aunque no intentó resistirse, miró alrededor preocupada.

El rubio negó con la cabeza.

- Lo he comprobado. Tenemos la sala para nosotros solos.

- No podemos faltar a Pocion… - él la besó en ese momento, silenciando su protesta. Hermione pasó sus manos por detrás del cuello del chico y se pegó a él tanto como pudo.

Tras unos minutos, el rubio le dio un último beso y se apartó unos centímetros. Hermione tenía las mejillas rojas y las pupilas dilatadas. Además, su respiración estaba alterada y lo miraba distraída.

- Creí que te parecía una mala idea - dijo Draco con voz algo más grave que de normal.

Hermione le pegó suavemente en el pecho y lo miró intentando parecer indignada, pero no consiguió ocultar su sonrisa.

- Eres…

- ¿Increíblemente atractivo? ¿Sexi? ¿Gracioso y amable? Lo sé.

La chica puso los ojos en blanco mientras Draco reía. Al menos, ya no parecía estar triste o asustado. Simplemente era arrogante y sarcástico.

- ¿Qué querías decirme?

- ¿Has hablado con Snape hoy?

La chica negó con la cabeza.

- No me ha dicho nada, así que supongo que aun no ha hablado con quien debía hablar.

Draco asintió. Simplemente quería saber si había novedades. Bueno, y pasar un tiempo con la chica.

- No pareces tan afectado como ayer - comentó la chica mientras le acariciaba el pómulo.

- Eso es porque he estado pensando.

- ¿Ah sí? – dijo Hermione mientras sonreía.

- Sí, por mucho que te sorprenda, yo también pienso. ¿Y sabes qué conclusión he sacado?

- No.

Draco se acercó de nuevo a ella y susurró contra sus labios:

- Que me quede el tiempo que me quede, no voy a pasarlo amargado.

- ¿Y qué vas a hacer? – dijo Hermione, cerrando los ojos y absorbiendo el olor a menta del chico, mientras notaba su pulso acelerarse por la cercanía de Draco.

- Aprovecharlo tanto como pueda - susurró el chico.

- ¿Cuándo vas a empezar?

La castaña notó como la boca de Draco se curvaba en una sonrisa lobuna.

- Ahora mismo – dijo mientras la besaba de nuevo, pero de una forma mucho más pasional. Hermione se aferró al cuello de su túnica y se puso de puntillas para estar a la misma altura que él.

El chico la elevó y la llevó hasta la mesa más próxima. Draco se situó de pie entre las piernas de la chica, que colgaban del borde del pupitre, y le aferró la cintura mientras profundizaba el beso.

El ruido de risas en el pasillo sacó a Hermione de su ensimismamiento, y la chica logró a duras penas separarse de Draco y bajar de la mesa.

- Tenemos que ir a clase. Además, cualquiera podría encontrarnos aquí.

El rubio elevó las manos y la miró incrédulo.

- ¿Y qué hay de mi plan de aprovechar el tiempo?

Hermione puso los ojos en blanco y le dio un beso rápido.

- Esta noche tendrás todo el tiempo que quieras – dijo mientras le guiñaba un ojo.

Tras esto, abandonó el aula, dejando al chico sonriendo, plantado en mitad de la sala. Esa chica lo estaba volviendo loco.


Dumbledore estaba sentado en la silla de su despacho ordenando unos papeles, cuando alguien tocó a su puerta.

El director apartó los documentos y elevó la cabeza.

- Adelante.

La puerta se abrió y un hombre vestido completamente de negro, con el cabello oscuro y greñudo entró en el despacho.

- Ah, Severus - dijo el directo mientras sonreía al hombre -. ¿Deseas algo?

El recién llegado estaba tan serio como siempre, pero tenía algo diferente en la expresión. ¿Estaba preocupado por algo?

- Me temo que sí. Tenemos problemas.


❤ ¡Y fin del capítulo! ❤

¿Qué os ha parecido? A ver, acción, lo que se dice acción, no ha habido exactamente, pero la historia necesita avanzar del alguna forma (sé que es lo que digo siempre, pero es que es verdad XD). Aun así, espero que os haya gustado y que os haya dejado con ganas de más :)

Al principio, hemos visto la conversación de Snape con Hermione, y aunque Snape ha dicho que igual podía ayudarles, no ha especificado nada y ha dejado a Hermione igual que cuando ha llegado XD Queda la pequeña esperanza de la idea de Snape (que aun no sabemos cual es) funcione.

Después, hemos visto como Ginny y Harry hablaban acerca de lo que Ginny sabe del asunto, y parece que a Harry no le ha hecho mucha gracia XD, pero es normal tratándose de Draco y Snape.

He metido una pequeña escena del trío de oro (y Lavender también estaba por ahí XD), y ya he dicho que han estado hablando de su siguiente paso, donde van a refugiarse y todo eso, aunque no ha sido muy detallado. Ya tendremos más momentos de esos tres más adelante ;)

Hermione ha vuelto a su habitación y ha estado hablando con Draco, que, aunque se ha enfadado un poco al principio, ha acabado accediendo a pelear, así que por lo menos, ya sabemos que no va a dejar que lo asesinen así sin más :)

También he metido un poquito a Alice Bramson, y va a salir algo más a lo largo de toda la historia. No es que vaya a ser un personaje clave, pero sí que va a tener algo más de importancia :)

La escena que más me ha gustado escribir ha sido la de Hermione y Draco en el aula, donde Draco ha vuelto a ser sarcástico y molesto (por fin XD) pero gracioso y seductor. Me he reído mucho con la escena y espero que os haya gustado, puede que consideréis que el cambio hace a Draco bipolar, pero no puedo tenerle triste toda la vida o nos vamos a aburrir mucho. Además, si ha decidido aprovechar el tiempo tendrá que hacerlo, ¿no? XD

Para terminar el capítulo, Snape ha ido a hablar con Dumbledore. ¿Será él la persona de la que hablaba? Mandadme reviews diciéndome lo que creéis. De todas formas, es normal que pida ayuda al director. Es influyente en la Orden y una persona lista y poderosa 😊

La semana que viene veremos de qué tiene que hablar Snape con él, espero que esperéis con ansias la continuación :)

Por cierto, novedad: voy a empezar a contestar las reviews por privado, así no escribo tanto en la historia y puedo comunicarme de forma más personal con vosotros :) Puede que no os hayáis dado cuenta y os haya mandado ya mensaje, tenéis que mirar en Private Messaging supongo, a mí me sale ahí todo. De todas formas, si dejasteis comentario la semana pasada y no os ha llegado respuesta, decídmelo y os la envío de otra forma :)

Aunque a la mayoría os conteste de la otra forma, sigue habiendo gente a la que no me da opción de contestarles por mensaje privado, así que sí que les responderé por aquí (si alguno más prefiere que le responda como siempre decídmelo, porque puede que me parezca una mala idea y no lo sea XD):

- Meg: Cierto que es un problema tras otro, pero es más o menos lo que pasa en la historia real de Harry Potter XD Lo del título del anterior capítulo, hasta dentro de unas semanas no vamos a tener que preocuparnos de muertes, así que vamos a intentar disfrutar ese tiempo en calma XD De momento, la solución al problema está más o menos ahí, solo que no sabemos aun de qué se trata... la semana que viene creo que ya se sabrá :) Espero que te guste el capítulo, gracias por comentar y un beso ❤😘

- laadyyblaack: Aquí tienes el siguiente capítulo, espero que te haya gustado :) La semana que viene más y mejor ;P Un beso y gracias por leerme y comentar ❤😘

Nada más de momento, así que toca agradeceros leerme y seguirme todas las semanas y recordaos que podéis poneros en contacto conmigo cuando los deseéis.

Muchas gracias de nuevo, espero vuestras reviews y no olvidéis darle al Go :)

Con cariño, una semana más;

- Daphnea