.

.

- Capítulo 2 -

.

Nozomi y Eli se encontraban en el hospital, en una de las consultas de los médicos. Desde que la rubia había perdido inesperadamente la habilidad de caminar en aquella noche, fueron rápidamente a urgencias desconociendo que ocurría, cuando llegaron, le hicieron diferentes pruebas, buscando alguna causa de aquel extraño suceso. Una vez Nozomi acomodó la silla de ruedas de Eli y se sentó, el médico se levantó con algunas radiografías e informes, exponiéndolos en una pizarra, colgando de unas pinzas.

-Hemos encontrado la causa de la lesión –señaló una zona de la radiografía- esto que aquí se muestra, es la columna vertebral de Ayase-san –rodeó una parte que parecía estar bastante dañada- aquí se encuentran las vértebras lumbares, como pueden comprobar, hay una gran diferencia con las otras zonas –paso el dedo por toda la columna, mostrando todas las vértebras.

- Pero eso… -Nozomi parecía atónita, sabía la importancia de aquella parte del cuerpo.

-A lo que quiero llegar con esta explicación, es que no es una simple lesión, se trata de algo más importante –miró fijamente a ambas mujeres, por algún casual, se veía incómodo e incluso molesto- la gravedad es tanta que dudo pueda volver a caminar.

Aquella noticia golpeó fuertemente a Nozomi, sus ojos se clavaron inmediatamente en Eli, no quería transmitirle miedo, tristeza e inseguridad, pero en aquella situación le era imposible reprimir aquellas emociones. Por otro lado, la rubia se encontraba neutra, como si la noticia no le hubiera venido desprevenida. Nozomi se iba a acercar a abrazar a su pareja, pero fue interrumpida por el médico.

-Señorita Ayase, me gustaría que me explicase como creé que se ha podido causar esta lesión –fue quitando las radiografías para dejarlas en su mesa.

-Pensaba que se lo había detallado suficientemente bien en la otra ocasión, doctor –Eli mantenía su voz firme.

-No es que dude de usted, pero como comprenderá, esto no es cualquier cosa.

-Está bien –suspiró- no estoy del todo segura, pero la única razón que se me ocurre es la caída que tuve ese día en la universidad –se cruzó de brazos- fue un poco fuerte, noté molestia en la espalda después del golpe, pero no le di mucha importancia.

El silencio se adueñó del lugar. Nozomi intentaba organizar sus pensamientos, pero su cabeza iba demasiado rápido procesando toda la situación. Por otro lado, el médico miraba fijamente a la rubia, escaneándola, como si buscara algo que la delatara.

-Señorita Tojo –se dirigió esta vez a la pelimorada, quien reaccionó precipitadamente al escuchar su nombre-. ¿Le importaría dejarme a solas un momento con la señorita Ayase? –intentó pedir amablemente, pero su voz salió áspera y exigente.

Por un momento no supo que responder, no se esperaba una pregunta así, pero no quiso poner ninguna pega, así que sólo se acercó a Eli para darle un beso en la nuca e ir hacia la puerta.

-Te espero fuera –y de este modo salió de la consulta.

La puerta hizo un estridente sonido, al instante el médico pareció destensarse, relajando los hombros y acariciándose la sien.

-Señorita Ayase, llevo ejerciendo en esta profesión veinte años – la miró fijamente con una expresión bastante afligida- como veterano, debo decirle que nunca había visto un caso como este, es más, diría que es irreal.

-¿A qué se refiere?

-Según su versión, el golpe fue el desencadenante de que ahora se encuentre en silla de ruedas –se colocó unas gafas y recogió de nuevo las radiografías- entiendo que no vea las imágenes por su discapacidad visual, pero le puedo asegurar que las vértebras lumbares las tiene destruidas –Eli se mantuvo en silencio- a lo que quiero llegar es que es imposible que con este tipo de lesión, hubiera podido llegar a casa caminando sin ningún problema, pasara una bonita tarde en compañía de su pareja y a la noche, dejara de caminar sin más –esperó unos segundos por una respuesta, pero la rubia parecía no querer cooperar- sin contar que cuando llegaron, a excepción de la señorita Tojo, usted se encontraba completamente normal, sin ningún dolor en especial, sólo una pequeña molestia en la espalda. Por experiencias de otras personas a las que he tratado, sé el dolor que causa esto, incluso cuando pasan horas de producirse la rotura, las personas aún están llorando desconsoladamente por el dolor.

-Ciertamente usted sabe más de esto, pero no recuerdo ningún golpe más que pueda explicar este accidente, no sabría que decirle.

El silencio cada vez era más agobiante, por parte de Eli no había cambio su semblante. El médico parecía en un apuro, llevaba mirando indirectamente unos papeles que estaban a la otra punta del escritorio, debatiéndose si cogerlos y sacar el tema o mejor dejarlo estar. Respiró profundamente, acabó optando por la primera opción.

-Sabe, Ayase-san –alargó uno de sus brazos, recogiendo los papeles- en mis años como doctor, no sólo he visto lesiones de este estilo, si no muchas otras, incluso más graves que estas -carraspeó- accidentes de coche, torpezas en las escaleras, accidentes laborales… pero aparte de estos, también son habituales otros… -la expresión de Eli por una vez cambió, fruncía el ceño, sus facciones se encontraban serias y rígidas, como si estuviera muy molesta- sólo quiero decirle, que aquí en el hospital tenemos algunos protocolos para socorrer a las víctimas de violencia domésti…

-Creo que sé a donde quiere llegar y le pido que se detenga –la voz salió tan fría que el pobre hombre pareció comenzar a titubear- agradezco que el hospital tenga ese tipo de ayudas, pero no es mi caso, Nozomi no me pondría nunca una mano encima –con cada palabra el médico se iba arrepintiendo de sus acciones, casi sentía que tenía que rogar por su vida a causa de su insolencia.

-Lamento si me he adelantado a los acontecimientos –le salió un hilillo de voz- le quisiera explicar el por qué he llegado a esta conclusión –sacó fuerzas- seré franco. Como le he explicado antes, su lesión no tiene ningún sentido ni médica ni lógicamente, es un total disparate que usted hubiera podido hacer vida normal durante tantas horas con algo así.

-Actualmente eso da igual, ahora lo que más me interesa es que me dé el reporte médico para poder acudir a la universidad la próxima semana y continuar con mi vida, como he hecho hasta ahora –la molestia se transformó en calma, esto consiguió altear un poco al hombre.

-Ayase-san, ¿¡comprende en la situación en la que se encuentra!? –alzó un poco más la voz-. ¡No solo acaba de perder la movilidad de las piernas, tampoco puede ver! –se levantó de su asiento, golpeando con la palma de sus manos la mesa-. ¡Esto no es ninguna tontería, necesita ayuda!

-No se preocupe por eso, saldré adelante –se apoyó en el respaldo de la silla de ruedas- mientras tenga a Nozomi a mi lado, nada más me importa –susurró, consiguiendo que la otra persona no la escuchara.

El señor quería discrepar, intentar que la joven entrara en razón, pero durante toda la conversación que habían mantenido a solas, no había logrado torcer la postura de la rubia ni un poco. Dirigió su mirada a los papeles que contenían los procedimientos a seguir para los casos de agresión doméstica, ¿quizás se había equivocado?

No estaba seguro, pero no serviría de nada insistir.

-Espero que así sea, en cualquier caso, llamaré a su pareja para que puedan irse ya, no se preocupe por los papeles, mañana mismo los recibirá en su domicilio –se acercó a la puerta, encontrándose a la pelimorada al otro lado.

Ambas se fueron a su hogar, al principio Eli intentó crear algo de conversación, pero Nozomi se encontraba muy distraída, por lo que no consiguió gran cosa.

El primer día fue duro, la mayor no sabía que hacer, se sentía inútil por bloquearse cuando Eli le pedía ayuda con alguna cosa, pero sólo le duró un día, al siguiente, sus fuerzas se renovaron, sintió su fortaleza crecer al ver el como Eli seguía avanzando, ella no quería quedarse detrás, si no permanecer a su lado. Acomodaron algunas zonas para que la rubia pudiera valerse por si misma, por suerte, las puertas eran lo suficiente anchas como para que la silla de ruedas pasara sin mucho problema, por otro lado, movieron y quitaron muebles para crear más espacio.

Nozomi y Eli estuvieron un par de días sin ir a clase, acostumbrándose a lo que venía y permaneciendo juntas. En este momento se necesitaban más que nunca.

Algunas noches a la mayor se le dificultaba el dormir, las palabras de Nico le taladraban la cabeza, haciéndose un hueco demasiado grande en sus pensamientos como para poder dejarlo de lado, sentía que tenía que hablar con ella, pero no había tenido aun la ocasión. Había otra cosa que la incomodaba, el como estaba llevando Eli la situación.

Cualquiera diría que esto marcaría su vida, la gente se deprimiría, no sabrían afrontarlo, dudarían y se machacarían con lo sucedido continuamente, lamentándose. Pero no era el caso, ni si quiera se acercaba. Eli lo estaba digiriendo como si no hubiera pasado nada, a veces parecía estar incluso complacida, no era para nada la reacción que se esperaría de alguien que ha perdido tanto. Nozomi, una vez le dio varias vueltas, se dio cuenta de que esa no era la primera vez, cuando ocurrió lo de su vista, tampoco le dio una gran importancia, sólo permanecía constantemente junto a la pelimorada, preocupándose por ella, dándole muestras de cariño y agradeciéndole a la mayor por permanecer a su lado, pero ni un ápice de tristeza por su pérdida.

Pasaron un par de días más, el departamento estaba listo para que Eli no tuviera mayores problemas si se quedaba sola, por lo que comenzaron a asistir ya a sus clases.

Nozomi acompañó a la menor como de costumbre a su parada, esta última, como tenía fuerza en los brazos, no solía necesitar de ayuda externa para moverse, pero la pelimorada siempre insistía en ayudarla, entre otras cosas, para que no se chocara.

-Esta es la calle que lleva a la parada, sé como llegar yo sola –protestaba la rubia.

-Elicchi, por favor, la carretera está a unos metros, no rechistes más –resopló por lo cabezota que podía ser a veces su novia.

-Vas a llegar tarde –intentó su último recurso.

-Y tú sana –sonrió de lado.

Eli bufó, sabía que la pelimorada tenía razón, el que no tuviera bien la vista le dificultaba el moverse con la silla de ruedas, aunque por un lado tuviera una gran intuición, equilibrio y afinidad auditiva, no debía arriesgarse.

Cuando entregaron a la universidad de Eli los informes donde se detallaba su nueva lesión, no tardaron en actuar, otorgándole un tutor a la rubia para ayudarla a llegar al campus y a sus clases.

-Yo me encargó, gracias por traerla hasta aquí –habló el joven, para subirla al autobús por una rampilla.

-Elicchi, vendré a por ti cuando llegues a la parada –la abrazó por detrás- ten cuidado.

-Estaré bien, nos vemos más tarde –besó una de las manos de Nozomi.

La mayor, una vez se separaron, se fue camino a sus clases. Intentó buscar a Nico con la mirada por las zonas verdes del campus universitario en el trayecto, pero no consiguió dar con ella, en cambio, una gran cantidad de miradas se posaban en ella.

-Las noticias se divulgan rápido… -comentó un poco resignada.

Algunas personas la miraban con pena o compasión, ya no reflejaban sólo aquella admiración casi infantil de su día a día. Supuso que algún profesor se habría pasado de la lengua sobre el accidente de Eli, eran los únicos que se habían enterado de primera mano por Nozomi gracias a sus justificantes por las faltas de aquellos días.

Acabó llegando a clase, más tarde buscaría a Nico, dudaba que hubiera faltado, aunque se tratara de una joven problemática y perezosa con el tema de los estudios, se los solía tomar bastante en serio. Nozomi escaneó con sus bellos orbes verdes la clase, se notaba a leguas que las personas querían preguntarle, no sabía si por preocupación o por simple curiosidad, pero se ponían nerviosas o se acobardaban una vez se acercaban a ella.

La intromisión de la profesora calmó el pesado ambiente, comenzando con la clase. La pelimorada consiguió distraerse durante esas horas de pensar en cosas innecesarias, era el momento de relajar un poco sus inquietudes.

La mayor inició de nuevo su búsqueda cuando fue la hora del almuerzo, al principio se asomó en la cafetería donde solían estar a esas horas, pero no había rastro de la pelinegra, así que ya un poco molesta, decidió recorrerse el campus, no le importaba no comer nada en ese descanso.

-Ya te he dicho que no deberías estar aquí, no me hagas volver a repetirlo –aquella voz aniñada pero autoritaria hizo detenerse en seco a Nozomi, agudizó el oído para ver si podía encontrar de donde provenía, estaba bastante segura de que se trataba de Nico, su voz era bastante particular.

-Eso mismo podría decirte yo, todo esto es una locura –resopló.

Nozomi no distinguió a la última persona, temía interrumpir algo importante, por lo que se acercó lo justo hacia donde se encontraban ambas personas, escondiéndose como podía en uno de los árboles de aquella verde zona, junto a algunos frondosos arbustos.

Se asomó, encontrándose a esa pequeña chica de cabellera negra sujeta en dos coletas altas, una a cada lado y rojizos ojos. Su sorpresa fue inminente al ver a su acompañante, una delicada chica pelirroja de unos filosos orbes violetas, bien se podría comparar a una modelo sin necesidad de exagerar.

-Nico-chan, por favor, deja ya todo este tema y volvamos –el tono molesto que utilizó anteriormente fue cambiado por uno más suplicante, acercando una de sus manos a la contraria, pretendiendo cogerla.

-No he terminado y lo sabes, no voy a tirar la toalla ahora –de mala manera, rompió el contacto que la pelirroja intentaba crear.

-Se están comenzando a dar cuenta de tu ausencia, no puedo seguir haciendo nuestro trabajo yo sola –bufó- sabes que ya no tiene sentido seguir con esta locura.

-¡Pero es nuestra culpa, no puedo quedarme de brazos cruzados! –se exaltó la pelinegra, haciendo exagerados movimientos con las manos.

-Te das cuenta… -tembló levemente- …del problema en el que te estás metiendo por un mísero capricho… -se mordió el labio.

-¡No es ningún capricho!

-Nico-chan… -dio un par de pasos en su dirección, dudando de si abrazar a la pelinegra, pero al ver que no ponía resistencia esta vez, completó la acción- por favor, te lo suplico, vuelve conmigo…

-Maki-chan…

Nozomi no podía estar más sorprendida, no comprendía de que hablaban, pero Nico no era una persona muy afectiva, es más, era con lo que más se había metido para burlarse de ella en todo ese tiempo que habían sido amigas.

¿Quizás aquella pelirroja era alguien importante para ella?

Dudó de si acercarse o no, tenía que hablar sí o sí con la pelinegra y preguntarle sobre aquella extraña promesa que le pidió hacer, sentía un malestar enorme sólo de recordarla, como si hubiera fallado aquel día en lo más importante. Iba a dar un paso adelante, saliendo de los arbustos, pero unas resbaladizas lágrimas por el rostro de la pelirroja la detuvo.

-Nico-chan… te he extrañado –sollozó levemente.

La pelinegra iba a decir algo, cerró y abrió un par de veces su boca, pero se decantó por devolver el abrazo y hundir su rostro en el cuello de la más alta, estrujándola un poco fuerte.

Se mantuvieron así por un par de minutos, sin dirigirse ninguna palabra , demostrando todo su afecto a base de caricias en la espalda o en el cabello, pasando las manos tranquilamente por el cuerpo de la otra, como si hubiera pasado mucho tiempo desde que se vieron por última vez y estaban comprobando que en efecto, la otra chica estaba a su lado. El silencio que las acompañaba fue roto en contadas veces por los sollozos de la pelirroja.

Nozomi comprendió que ahí no podía hacer nada, siempre podría hablar con Nico otro día, por lo que no una sonrisa un poco decaída se dio media vuelta.

-No es necesario que te vayas –una voz la hizo detenerse en seco, aguantando el oxígeno, se sentía completamente pillada- querías hablar con Nico-chan, ¿verdad?

-¿Nozomi? –preguntó extrañada la de menor estatura, separándose rápidamente de Maki con un sonrojo. Se acomodó sus ropas, estaban un poco arrugadas- ¿Qué diablos haces aquí? –su característico tono molesto.

No supo que contestar, por lo que optó por darle la vuelta al asunto, jugando un poco con ambas.

-Ara~ perdón por interrumpir –se llevó una mano a sus labios, cubriéndolos sutilmente- no sabía que Nicocchi tuviera a una persona especial. –se rió juguetonamente.

-Ella no… -intentó responder, estaba cada vez más avergonzada.

-¿Y qué si lo soy? –contestó tajante la pelirroja en su lugar, totalmente decidida.

-Vaya, que chica más interesante –se acercó a ambas, ya no se sentía todo tan tenso- es un placer conocerte, mi nombre es Tojo Nozomi –se presentó.

-Lo sé –dijo secamente- Nishikino Maki –hizo un ademán de mano, no queriendo ningún contacto más cercano en su presentación.

-Muy bien, sí, ya se han presentado, ¿ahora qué es lo que querías, Nozomi?

La pelimorada iba a responderle con otra broma, pero Nico se encontraba un poco extraña, no le devolvía la mirada, sólo la posaba en la pelirroja o en el suelo, por otro lado, se veía incomoda, insegura y casi podía notar que estaba a punto de ponerse a llorar, sus labios se iban curvando hacia abajo. Esto último no la sorprendió tanto teniendo en cuenta el acontecimiento tan íntimo que había interrumpido.

-Imagino que… ya te habrás enterado de lo de Elicchi –su semblante se tornó triste mientras a las otras dos le había recorrido una desagradable sensación por toda la espalda al escuchar ese nombre, causándoles un escalofrío.

-Ha sido la comidilla de las clases estos días, no es algo que suela suceder –se rascó la nuca. La pelirroja se puso a jugar con su cabello –Tan de repente y... ya sabes…

Sin ninguna duda, el punto fuerte de Nico no era consolar a alguien, aunque la verdadera razón del porque Nozomi estaba allí no era para buscar un hombro en el que llorar. Maki, quien se veía era la más incómoda ahí, se acercó a la pelinegra, interrumpiendo la conversación de las mayores.

-Tengo que irme a mis clases –sujetó la mano de la pelinegra, acariciando delicadamente el reverso, debatiéndose si despedirse de otra forma o dejarlo así.

-No tienen que ser tan tímidas sólo porque esté aquí –sonrió inocentemente Nozomi.

-Yo… me voy, hablamos otro día, Nico-chan –no dijo más, dio media vuelta y comenzó a caminar –Por cierto Nozomi, me alegra volver a verte.

Aquello impactó un poco en la mayor.

-¿Volver a verme? –dijo en voz alta, no consiguiendo ninguna respuesta.

.

.

.

-Esa Nicocchi… -chasqueó la lengua molesta.

Cuando la pelirroja se fue y Nico se encontró sola con Nozomi, hizo todo lo posible por desaparecer, poniendo excusa tras excusa, como si supiera el tema que quería sacar la pelimorada, esquivándolo a toda costa. No le acabó quedando de otra que dejar que se fuera, amenazándola a la distancia con que a la próxima no se escaparía de ella.

Miró su reloj, no debía faltar mucho para que llegara Eli, por lo que aligeró el paso.

A lo lejos se podía apreciar ya como el joven que aquella mañana había ayudado a subir a Eli al autobús, esperaba con ella, hablando amenamente.

-¡Elicchi! –la llamó a unos cuantos metros aun, consiguiendo la atención de ambos.

-Parece que ya te vienen a buscar –sonrió el joven al ver como ambas chicas sonreían por el simple hecho de volver a estar juntas.

-¿Os hice esperar mucho? –se detuvo, recuperando un poco de aire.

-Para nada, hace apenas unos minutos que llegamos –el chico se alistó la bolsa que llevaba a la espalda mientras se despedía de ambas para irse- mañana volveré a pasar por la misma hora.

Ambas se quedaron solas, esperando a que se alejara un poco más el joven. Una vez lo perdieron de vista, Nozomi se acercó a abrazar a su rubia.

-¿Qué tal ha ido todo? –la acunó un poco contra si.

-No ha habido ningún contratiempo, pero estoy un poco cansada, ¿te parece si vamos a casa? –con sus brazos correspondió la muestra de cariño de su pareja como pudo.

-Para eso deberías soltarme, Elicchi~ -bromeó, riéndose coquetamente.

-En ese caso, quizás pueda esperar un poco más hasta que vayamos –sonrieron ambas.

El camino a casa fue tranquilo, Nozomi empujaba la silla de ruedas desde atrás mientras hablaban de como les había ido el día, aunque la que más habló fue Eli, explicándole lo bien preparado que estaba el centro para este tipo de situaciones, el apoyo que había conseguido de parte de los alumnos y el profesorado.

-Sopa de miso y pescado a la plancha está bien –respondió a la pregunta anterior de Nozomi- no tengo mucha hambre tampoco.

-En ese caso, miraré que estén todos los ingredientes y lo prepararé para… -las palabras de la pelimorada se vieron interrumpidas por algo que les cortaba el paso a su casa-. ¿Qué es eso?

-¿Qué cosa? –preguntó Eli sin saber a que se refería.

Nozomi se acercó, recogiendo un ramo de flores del suelo. Se veía bastante bien, no estaba muy desaliñado, casi podría decir que lo habían colocado delicadamente en el suelo, delante de su puerta.

-¿Lirios? –se extrañó, escaneándolos una vez más.

-Oh… -fue la escueta respuesta de la rubia.

-¿Quién habrá dejado esto aquí?

-¿Un fan de tu universidad? –se rió Eli-. ¿Quizás debería presentarme algún día allí?

Nozomi sonrió por su comentario. Miró donde había estado apoyado el ramo, encontrándose con una pequeña tarjetita, tenía forma de corazón, la leyó en voz alta.

-"Esa es la sonrisa que echaba de menos ver" –escaneó a la rubia, la cual seguía mirando al frente, sólo descansaba su cabeza en una de sus manos, apoyada en la silla- "Ayase Eli" –Dejó a un lado la tarjeta, acercándose a la chica- Elicchi, este ramo lo has mandado tú.

-¿De verdad? –estaba haciendo todo lo posible por contener una carcajada-. ¿En qué te basas? –cada vez le costaba más.

-¡Elicchi! –la rubia no lo aguantó más y comenzó a reírse sonoramente.

-V-Vale… -se secó un par de lagrimas- son mías, me encargué de contactar para que las mandaran, con un poco de ayuda –se fue calmando- aunque no conté en que las entregarían antes de que estuviéramos en casa, por eso quería llegar pronto.

-Mou~ Elicchi~ -hizo un puchero.

La menor acercó la mano a la dirección en la que pensaba que estaría Nozomi por su voz, esta, al ver lo que pretendía, no dudó en aproximarse. Eli acarició la comisura de los labios de su novia.

-En realidad no puedo verla –se refería a su sonrisa- pero sí sentirla.

La mayor sonrió más ampliamente, acariciando la mano de su pareja contra su mejilla, ¿cómo era posible que Eli fuera tan atenta y fantástica?

Había tenido mucha suerte de poder permanecer a su lado.

-Desde el aniversario te había notado más distante y triste, puedo percibirte y sentirte claramente aunque lo intentes ocultar –la preocupación se reflejaba en todo su rostro- no quiero que esto te ponga mal, Nozomi, a mí lo que más me importa es que estés a mi lado –las caricias se volvieron más maternales.

-Yo siempre estaré contigo, Elicchi –se acercó a su rostro, manteniendo la mano contraria en su mejilla-. Te amo.

La sonrisa de Eli fue tan sincera y llena de amor que opacó cualquier sentimiento negativo que pudiera haber reflejado anteriormente.

Sus labios se dieron una tímida bienvenida, posándose en los de la otra, despertando una infinidad de emociones que disfrutaban completamente. Sus corazones se alteraron un poco por la adrenalina que causaba la felicidad que sentían. Hicieron pequeños movimientos, sin llegar a profundizar, sólo notando como la otra estaba para ella y viceversa, sintiendo que nada de lo que ocurría u ocurriese importaba, ahora sólo estaban ellas. Eli rodeó con sus brazos el cuello de Nozomi, haciendo que se agachara un poco para tener un mejor contacto, la pelimorada aceptó gustosa.

.

.

.

Este iba a ser el día, Nico no se iba a volver a escapar de sus garras como toda esa semana había conseguido, Nozomi estaba llegando a su límite, ya no le quedaba mucha paciencia para seguir con el jueguito de la pelinegra. Escaneó diferentes lugares en su descanso, omitiendo algunos en los que sabía no iba a estar porque ya la había interceptado los otros días. Acabó dando con ella detrás de unos edificios pocos transitados.

-¡Nico-chan, al fin te encontr…! – no consiguió terminar sus palabras, un grito mucho mayor la interrumpió y al mismo tiempo, la dejó completamente sin palabras, estática.

-¡ELI NO SE VA A MEJORAR, DEJA YA DE ENTROMETERTE! –gritó la pelirroja, se notaba alterada, respiraba con dificultad por su enfado y el tono de voz que había usado en sus palabras.

-¡No lo sabré si no lo intento! –le contestó la pelinegra.

-¡Claro que lo sabes, deja de ser tan ilusa! –la cogió del antebrazo, queriendo tirar de ella-. ¡Deja ya toda esta farsa y ven conmigo! –de un manotazo, la más pequeña se soltó.

-¡No! ¡Ayudaré a Nozomi y a Eli, no voy a volver!

-¡Eres una maldita idiota, no puedo darles más largas a nuestros superiores, cada vez preguntan más por ti! –la pelirroja, desesperada, cogió fuertemente a la pelinegra por los hombros, zarandeándola un poco. -¿¡TE DAS CUENTA DEL LIO EN EL QUE TE ESTÁS METIENDO!? –parecía que iba a comenzar a llorar de impotencia.

-Vaya, Nicocchi, parece que te has metido en una buena –al fin, la mayor hizo acto de presencia.

La postura de Nozomi era autoritaria, intimidatoria y algo fría, parecía que tanta cercanía con Eli la había influenciado. Las dos jóvenes que segundos antes discutían a todo pulmón, se giraron a verla impactadas, casi atemorizadas por el porte que llevaba la pelimorada. Nico tembló, sabía que hasta aquí había llegado su huida, ya no iba a conseguir escaparse de esa.

-N-Nozomi… -trastabillo un poco la más pequeña. –No pensé que nos encontraríamos por aquí… -miró a otro lado, completamente mansa.

-Es lo que tiene estar huyendo de mí, Nicocchi, que me haces buscarte en los lugares menos esperados –su sorna sólo hacía que las piernas de su contrincante temblaran más- ahora, estoy esperando a que me expliquéis exactamente de que estabais hablado y que tiene que ver Elicchi en vuestra conversación… -era claramente una orden.

-No tengo nada de lo que hablar contigo –la pelirroja comenzó a jugar con su cabello, intentándole no darle importancia a todo ese asunto, pero en realidad, estaba asustada.

-En ese caso, será Nicocchi quien hablará.

-Yo… yo no… - tragó saliva.

-¡Nico! –la susodicha se puso rígida, casi sentía la necesidad de hacer un saludo militar por su llamado. Cuando Nozomi omitía su cariñoso mote por su nombre real, era cosa mala. –Por favor, explícame de que estabais hablando –su exigente voz dio un gran giro, convirtiéndose en una más cansada, decaída y dolida, como si cargara con un gran peso en su espalda-. ¿Qué quieres decir con que Eli no va a mejorar? –miró a la pelirroja, ya que fue quien dijo esas palabras-. ¿En que nos quieres ayudar, Nicocchi? –ahora la posó en la otra joven.

-Yo… de verdad que lo siento… -dijo la pelinegra.

-Con eso no me respondes –volvió a molestarse, dejando de lado aquella Nozomi cariñosa, maternal y juguetona que todo el mundo conocía.

Una terrible sensación la estaba devorando por dentro desde que las escuchó discutir. Todos los acontecimientos extraños, las acciones de cada una y las palabras que salían de sus bocas, nada tenía sentido. Se estaba hundiendo en la desesperación y sin Eli cerca, no tenía una forma fácil de salir de ahí.

-Yo… ya no puedo más –Nozomi estaba a punto de ponerse a llorar-. ¿Qué es lo que sucede? –se llevó sus manos al rostro para obligarse a no soltar ninguna lágrima-. ¿Qué es aquello que no puedo saber? –un pequeño sollozo se le escapó-. ¿Qué le sucede a Elicchi?

Al pronunciar su nombre, un interruptor se abrió. Ella no era tonta, sabía que tenía que haber algo detrás, una razón de toda aquella mala suerte que parecía acompañar a la persona que más amaba. Las lágrimas cayeron una tras otra de sus ojos, al principio se esforzó en esconderlas, pero era inútil, una a una iban estrellándose contra el suelo.

Las otras dos chicas intentaban no mirar a Nozomi, se sentían culpables de su dolor.

-Maki, podemos… -susurró la pelinegra, mirándola de reojo.

-No, Nico-chan, ya sabes las reglas… -le habló con el mismo tono.

-Pero a estas alturas, sabes que se acabará enterando –la intentó convencer acercándose a ella, acariciando su mano disimuladamente.

Maki no podía luchar contra esa expresión, la pelinegra lo sabía y por eso había intentado la táctica. Suspiró, de todos modos, ya habían llegado muy lejos, a partir de aquí no iban a conseguir salir ilesas.

-Nozomi… -se aproximó a ella, poniendo una de sus manos en su hombro, intentando consolarla inútilmente, pero esta no permitía que la vieran en aquel deplorable estado- Dime… Nozomi… -miró a Nico, arrepintiéndose momentáneamente de su avance, pero al ver la expresión dolida de aquella persona tan querida para ella, decidió dar el siguiente paso-. ¿Alguna vez… has creído en los ángeles caídos?

.

.

.


Gracias por el apoyo del primer capítulo, espero que este también esté a la altura.

¿Un final intrigante? Espero que sí, ya se van descubriendo cosas, aunque poco a poco.

De momento estoy muy contenta con el resultado que está teniendo esto, estoy consiguiendo ir ligando todo, hacerlo pausado, sin revelar toda la trama de golpe e intentando crear lazos entre los personajes que se vayan destacando.

Hasta el próximo capítulo~