El director cambió su expresión risueña por otra mucho más seria y asintió gravemente con la cabeza.

- Siéntate, por favor.

Snape se dirigió hacia la silla que el día anterior había ocupado Alice Bramson y se sentó en ella. Colocó bien su capa en el asiento y apoyó los codos en la mesa del director, entrelazando los dedos de las manos.

El anciano esperó a que estuviera cómodo y preguntó:

- ¿Problemas? ¿Has tenido noticias de los mortífagos?

Snape carraspeó, pensando cómo debía contárselo. Tendría que intentar no ser muy brusco, pero no es que tuviera mucho tacto, a decir verdad.

- Verá, no es que haya recibido noticias directas de ellos, lo cual me preocupa un poco. Han planeado el siguiente movimiento y no he sido informado, lo que me hace temer que quizás puedan sospechar de mí, o que Voldemort me haya retirado su confianza. Sin la información que me solían suministrar, perderíamos la ventaja con la que contamos.

Dumbledore pareció sopesar la información durante unos segundos.

- Bueno, puede que no se fíen del correo por lechuza y no quieran que tu mensaje sea interceptado, o que prefieran tenerte al margen para evitar que ninguno de nosotros pueda sonsacártelo. No hay que ponerse en lo peor todavía. ¿Cuándo tuvo lugar esa reunión?

- Hace unos 3 días.

- Entonces démosle al asunto algo más de tiempo antes de afirmar nada. En caso de que estuvieras en lo cierto, tendríamos que buscar otras alternativas. Pero no podemos ponerlos en lo peor tan rápido.

Snape asintió despacio.

- Bueno, no solo es eso…

- Es cierto, no me has dicho quién te dio la información. Aunque me puedo imaginar que sería Draco. ¿O a él tampoco le han dicho nada?

El profesor no había pensado en esa parte. ¿Debía decir que había sido Granger, o mentir y atribuirle el hecho a Draco? Acabó decidiéndose por contarle la verdad al director. Al fin y al cabo, sabía que Dumbledore no iba a extender la noticia.

- En realidad, fue Hermione Granger.

El director lo miró durante unos segundos y asintió sin parecer sorprendido.

- Claro. Pedir ayuda parece más típico de la señorita Granger que del señor Malfoy.

Snape parpadeó varias veces e intentó buscar en el rostro impasible del director algún tipo de reacción.

- ¿Usted ya sabía que ellos…?

- ¿Tienen una relación? – Dumbledore sonrió y asintió -. Después de tantos años como profesor y director de Hogwarts, habiendo visto crecer a tantas generaciones de alumnos, hay cosas que no se me escapan.

- ¿Por eso no le preocupó ponerlos en la misma torre? – preguntó Snape curioso. En su momento le había extrañado mucho que el director hubiera tomado aquella decisión respecto al nombramiento de los Premios Anuales. Pero no había tenido mucho tiempo para volver a pensar en ello.

- En efecto. Como bien sabes, Severus, siempre he creído que Draco no pertenecía al bando en el que había crecido. No me cupo duda de que hacerlos convivir, les haría enseñarse grandes cosas e importantes valores. O puede que hubieran acabado destruyéndose. Me alegra que resultara ser la primera opción.

Snape se contuvo de sonreír irónicamente. Mucha gente consideraba a Dumbledore un viejo chiflado, pero él estaba seguro de que seguía siendo el hombre inteligente, astuto y bonachón que había conocido años atrás. Y es que en su momento, cuando tras la muerte de Lily, Snape se decidió al fin a cambiar de bando, Dumbledore confió en él y le brindó un trabajo y protección.

- ¿Y qué piensa de esa relación? - preguntó el profesor con cautela.

El director se encogió de hombros.

- Supongo que provocará un gran revuelo si sale a la luz, pero no es algo que me preocupe ni creo que vaya a afectar a nuestro bando. Sin embargo, tendríamos que intentar suministrarles algo de protección a los chicos en caso de que sucediera, por si los mortífagos decidieran atacarles. No hay duda de que la noticia estallaría como una bomba en el nombre de la familia Malfoy, pero si ellos han meditado todos los peligros...

Snape supo que el hombre estaba en lo cierto. No podían impedir que los chicos salieran, ni mucho menos separarlos (como él había intentado hacer en varias ocasiones). Si querían estar juntos, no era asunto suyo. Pero cuando la gente se enterara... bueno, puede que no pasara nada o que la noticia revolucionara al mundo mágico. De todas formas, ahora tenían otras cosas de las que preocuparse.

El profesor carraspeó y volvió a mirar a Dumbledore.

- Nos hemos descarriado un poco del tema principal…

- Cierto, Severus. Me estabas contando que no te habían informado de los planes. ¿De qué trata esa nueva misión a cumplir?

Vale, ahora venía la parte desagradable.

- Verá, resulta que la próxima misión ha sido encargada a… Draco.

El director entrecerró los ojos y empezó a barajar posibles ideas.

- ¿La tarea tiene que ver con ese armario de los Menesteres por el que los mortífagos intentaron acceder a Hogwarts el año pasado?

- No, eso lo dieron por imposible y decidieron no perder más tiempo intentando arreglarlo. Es algo más serio –Snape hizo una pequeña pausa y prosiguió -. Draco tiene que cumplir la misión o lo eliminarán.

- Entonces, quizás podamos ayudarle a engañarlos o…

- Draco tiene que matarle.

Dumbledore se silenció tras esa aclaración y miró fijamente a los ojos oscuros del profesor. No le cabía ninguna duda de que Snape no estaba bromeando, pero esa información le daba la vuelta a todo.

- Es decir, que si Draco no me mata… lo matarán a él, ¿no?

- Me temo que sí.

- Podemos esconder al chico.

- No. Se negaría. Su familia también está amenazada en caso de que no cumpla la misión, y por lo que me dijo ayer la señorita Granger, no tiene ninguna intención de abandonar a su madre.

El director se observó durante unos segundos la mano derecha, ennegrecida y calcinada desde hacía meses, mientras diversos pensamientos daban vueltas en su cabeza. Solo se le ocurría una solución posible. Snape lo observó, intuyendo sus planes, y negó con la cabeza.

- No puede hacer eso.

Dumbledore elevó la mirada y centró sus ojos en los del profesor.

- No hay otra alternativa. Tú mejor que nadie eres consciente de las implicaciones que conllevaría la muerte del chico, ¿verdad?

Snape bajó la cabeza y frunció el ceño. Claro que había pensado en ello. Cuando Hermione Granger lo había llamado egoísta el día anterior, no era consciente de que Snape había hecho un juramento inquebrantable con Narcissa Malfoy, que le obligaba a proteger a Draco en caso de que estuviera en peligro y… a llevar a cabo su trabajo si el chico no era capaz. Si Voldemort mataba al rubio, Snape moriría automáticamente por no haber podido protegerlo. Así es como funcionaban los juramentos inquebrantables, y no había forma de librarse de ello.

- Si el muere, yo también moriré. Sí, lo recuerdo.

Dumbledore asintió con la cabeza.

- Y, como ya hemos hablado antes, eres de vital importancia, Severus. Sin la información que nos suministras, perderíamos muchas posiblidades.

- Pero podemos buscar otras soluciones.

- No es necesario. Seré yo quien caiga. De todas formas, la maldición de ese anillo es incurable.

Meses atrás, en verano, el director había encontrado la localización de un horrocrux, y había ido sin dudar a buscarlo para destruirlo. Lo había logrado, pero el anillo le maldijo en el mismo segundo en el que entró en contacto con su piel. Dumbledore logró a duras penas volver a Hogwarts, donde Snape le atendió y le revisó la herida, para decirle lo obvio: una maldición de ese tipo no tenía cura. Le quedaba, como mucho, un año de vida.

Por supuesto, Snape recordaba este detalle a la perfección. Pero aun así, no le hacía gracia la idea de dejar morir al director así sin más.

- Lo sé, pero…

- Cada día me noto más débil. No creo que me quede más de un año, y sé con certeza que no viviré hasta el final de la guerra. Tiene que ser así. De esta forma, mi muerte no será en vano. Si Voldemort cree que fue Draco quien me asesinó, lo librará del castigo, y así, tú podrás seguir viviendo.

- Pero no lo creerá. Es decir, ni siquiera él ha sido capaz de venceros… ¿cómo iba a hacerlo un simple chico de 17 años?

- Conozco a Tom Ryddle - dijo Dumbledore serenamente -. Si muero, estará tan eufórico que no le preocupará quién haya sido mi verdugo.

Snape se masajeó el puente de la nariz, mientras intentaba aclarar sus ideas.

- Es una locura. No había venido aquí buscando ese tipo de solución.

- Me temo que es la única que hay. En las guerras muere gente todos los días.

- Usted es el principal líder de la Orden. Si muere, mucha gente perderá la esperanza.

- Confío en que los miembros de la Orden sean capaces de mantener la calma y seguir con lo planeado. El ejército puede estar representado por mí, pero no soy, ni mucho menos, una pieza clave. De hecho, ninguno de nosotros lo es. Es el conjunto de personas unidas lo que forma un ejército. Mientras nos mantengamos juntos, no perderemos poder.

- Pero sabe que mucha gente lo considera un símbolo de la guerra.

- Aunque así fuera, no me queda mucho tiempo. He vivido más de un siglo, no me importa morirme un mes antes o después.

Snape suspiró. Ya no tenía más argumentos con los que rebatir la decisión del director. Además, por mucho que le costara admitirlo, él mismo era consciente de que no encontrarían otra solución posible. Dumbledore se estaba muriendo, así que eso sólo sería acelerar el proceso.

- ¿Está seguro de que quiere tomar esta decisión?

- Sí.

El profesor asintió con los ojos cerrados, y formuló con miedo la siguiente pregunta, pues creía conocer la respuesta:

- Si Draco no lo mata… ¿quién lo hará?

El director clavó sus ojos azules como el cielo en los iris oscuros del profesor, confirmándole sus sospechas.

- Tú, Severus. Tienes que ser tú.

- No podré…

- Tienes que poder, Severus. Tienes que hacerlo. No puedo fiarme de nadie más para esto.

Snape tomó aire y miró fijamente al director durante unos segundos, intentando estudiarlo. No parecía asustado, tan solo triste. Siempre lo recordaría como el hombre que lo había salvado, que le habría brindado protección cuando el resto del mundo lo rechazaba. Era un hombre sabio, noble, honesto. Tanto, que no le importaba entregarse a la muerte para salvar a otros.

Al fin, el profesor asintió resignado. Lo haría. Tenía que hacerlo. Se lo debía a Dumbledore.

Pensó en lo irónico de la situación. Dumbledore le había salvado la vida, y la forma que él tenía de compensárselo era matándolo. En fin, así es como eran las cosas.

- ¿Lo harás?

- Lo haré.

- En ese caso, hay que empezar a planearlo todo.


Harry, Ron y Hermione pasaron la tarde discutiendo en la Sala Común de Gryffindor. Intentaban hacerlo en voz baja para que nadie los oyera, pero el barullo reinante en la habitación era suficiente para ocultar sus voces.

- Eso es sólo una suposición – objetó el pelirrojo a lo que Harry acababa de decir.

- Piénsalo, Ron. Dumbledore podría estar en lo cierto. Voldemort es una persona arrogante. No escondería fragmentos de su alma en cualquier objeto común. No estamos hablando de trasladores, tíos. Es algo mucho más importante, y tiene que ser algo que él pueda tener vigilado.

- Sí, yo también creo que eso puede ser cierto, pero… ¿Por qué objetos de las 4 Casas? Es decir, es extraño pensar que Voldemort pudo convertir en un horrocrux a un objeto de Gryffindor, ¿no? Quizás fueran todo reliquias de Slytherin u objetos personales, como su diario – comentó Hermione.

- La copa de Hufflepuff – dijo el moreno.

- ¿Qué? – preguntó Ron desorientado.

- Dumbledore también me comentó que uno de los posibles objetos podría ser eso. Lo llamó la copa de Hufflepuff.

- Yo he leído sobre eso.

- Cómo no… - dijo Ron rodando los ojos.

Hermione le lanzó una mirada recriminatoria y siguió explicando:

- Era uno de los objetos de Helga Hufflepuff, considerada por lo tanto una reliquia de la Casa de Hufflepuff. La describen como un cáliz pequeño de oro, con un tejón y motivos vegetales grabados. Pero fue robada hace años a una de las descendientes de Helga, así que está…

- En paradero desconocido - terminó Ron por ella.

- Exacto.

Harry se encogió de hombros.

- Aun así, es una buena pista.

- No es nada, Harry. Por lo que sabemos, esa copa podría estar en cualquier parte del mundo – dijo Hermione calmada.

- Es cuestión de buscarla.

- ¿En serio lo ves tan fácil? – bufó Ron mientras se recostaba en su asiento.

- Bueno, es lo único que tenemos. Si logramos hacernos con el guardapelo y la copa, estaremos mucho más cerca de destruir a Voldemort.

- Es tan complicado… - se quejó el pelirrojo.

- Venga chicos, no podemos desanimarnos antes de empezar a buscar - dijo el moreno, lanzando sendas miradas a sus amigos. Era como cuando tenía que animar al equipo de Gryffindor antes de un partido complicado.

- Harry tiene razón – dijo Hermione -. Dumbledore seguirá suministrándonos toda la información que pueda, y posiblemente descubra más cosas.

Hermione se obligó a si misma en no pensar que puede que a Dumbledore no le quedara mucho tiempo, pues los mortífagos lo tenían en el punto de mira... casi como a Draco.

- Exacto. Gracias Hermione - le agradeció el moreno.

La chica sonrió intentando parecer tranquila y ambos se volvieron para observar a Ron.

- ¿Qué piensas? - le preguntó su amigo.

El pelirrojo rodó los ojos y se incorporó en el sofá.

- Tío, no me hace gracia la misión. Pero claro que iré con vosotros. Hemos tenido que enfrentarnos a cosas peores y siempre lo hemos superado, ¿no?

La chica sonrió y asintió convencida.

- Ron tiene razón. Lo lograremos.

- Claro que sí - sonrió Harry, mirando orgulloso y emocionado a sus amigos. Ambos le habían ayudado en muchas ocasiones, e incluso serían capaces de dar la vida por él, como habían demostrado en muchas ocasiones. Y, por supuesto, Harry haría lo mismo por sus amigos -. Gracias. No sé qué haría sin vosotros.

- Posiblemente ya la hubieras palmado – comentó Ron despreocupadamente. Hermione le lanzó un cojín a la cara y Harry estalló en carcajadas -. Vamos, Hermione. No va a malas. Nosotros también hubiéramos muerto sin él muchas veces. Todos nos hemos protegido a todos alguna vez.

- Es lo que hacen los amigos – comentó Hermione.

- Y yo tengo la suerte de tener a los mejores amigos del mundo – dijo Harry sonriendo. En esos momentos, se sentía tan apoyado y arropado por sus amigos… realmente los quería.

Hermione no tardó ni un segundo en lanzarse a abrazar a Harry, y pronto Ron se unió a ellos. En ese momento, el trío de oro se volvió más fuerte que nunca.


Hermione volvía a su torre en silencio, intentando no encontrarse con ningún profesor o con Filch en el camino. Había estado un rato en la Sala Común con sus amigos después de cenar, aunque no habían hablado de ningún plan de futuro. Se habían limitado a juntarse con el resto de Gryffindors de su curso y contar anécdotas y momentos graciosos que habían vivido a lo largo de sus años en el colegio. Alguien había llevado cerveza de mantequilla y whisky de fuego (aunque Hermione no probó una gota), y sonaban canciones de moda, al principio más bajas, pero conforme el ambiente iba aumentando, el volumen subía. Al final, habían disfrutado de una pequeña fiesta, y Hermione, haciendo caso a lo que el rubio le había enseñado, se había limitado a bailar como todo el mundo y bromear con sus compañeros.

Lo había pasado realmente bien, pero cuando el reloj había dado las 3 de la madrugada, se había despedido de sus amigos para volver a su torre. De todas formas, ya no quedaba mucha gente en la fiesta, y no le apetecía que Draco durmiera solo. Al fin y al cabo, le había prometido que aprovecharían el tiempo esa misma tarde, ¿no? Al recordar eso, Hermione sonrió en la oscuridad y apretó el paso.

Por fin, llegó ante el retrato de los 4 fundadores de Hogwarts, que dormían apaciblemente. No la miraron muy bien cuando les despertó, pero Hermione se limitó a mirarlos inocentemente y decirles la contraseña.

El retrato se hizo a un lado y entró en su Sala Común, donde encontró a Draco dormido en el sillón negro junto al fuego. Posiblemente la había estado esperando, pero había acabado rindiéndose. Se quedó observándolo unos segundos, disfrutando de su imagen de ángel dormido.

De pronto, una idea pasó por su cabeza. Caminó de puntillas hacia su habitación y buscó entre su ropa el vestido que Ginny le había regalado por su último cumpleaños. Aún no se lo había puesto, pero la ocasión parecía perfecta.

Se quitó en silencio el uniforme y se puso el vestido, que le quedaba tan bien como un guante. Cuando se observó en el espejo, tuvo que pestañear varias veces para convencerse de que la persona a la que veía reflejada era ella. El vestido era elegante, de color rojo oscuro, lo cual le favorecía mucho teniendo en cuenta el color de su pelo y el ligero tono bronceado de su piel. Tenía un amplio escote que le realzaba el pecho y un corte sutil, que le marcaba las curvas, sin ser demasiado atrevido. No era muy largo, solo le llegaba a la mitad del muslo, así que dejaba al aire sus esbeltas piernas, que normalmente no solía enseñar con la túnica o los pantalones muggles.

Por último, eligió unos tacones de plataforma negros y se puso un collar de oro fino, que terminaba en una media luna que despedía destellos dorados.

Se miró por última vez en el espejo y asintió complacida. No podía esperar para ver la cara del chico al despertarse. Se volvió para dirigirse hacia la puerta, pero se quedó quieta cuando vio a Draco apoyado en el marco de la puerta, mirándola fijamente con las manos metidas en los bolsillos. Hermione sacó la varita y bajó la luz de la habitación, confiriéndole un ambiente mucho más íntimo.

- ¿Toda esta preparación es para mí? – preguntó Draco susurrando, sin quitarle la vista de encima.

Hermione sonrió y asintió en silencio, mientras daba una vuelta sobre sí misma para que el chico pudiera ver mejor su aspecto.

- ¿Te gusta?

- Mucho. Es una pena que vaya a tener que quitártelo – dijo Draco mientras se erguía y la recorría con la mirada de los pies a la cabeza.

- ¿Ah sí? ¿Eso piensas hacer?

El rubio comenzó a acercarse a pasos lentos y se encogió de hombros.

- ¿Tienes alguna objeción?

- Bueno, me gusta mucho este vestido… - dijo Hermione sonriendo.

Draco llegó por fin hasta ella y se detuvo en seco, apoyando sus manos en la cintura de la chica y acercando su cara a la de Hermione.

- Si insistes, no tendré porqué quitártelo…

- ¿Ah no? – dijo la castaña mientras apoyaba sus manos en el pecho del chico y miraba a los ojos grises de Draco.

El Slytherin negó con la cabeza y metió una de sus manos bajo el vestido de Hermione. Sin dejar de mirarla a los ojos, deslizó su mano a lo largo del muslo de la chica, ascendiendo cada vez más mientras notaba cómo Hermione se tensaba bajo su toque.

Asió con cuidado el borde de la ropa interior de la chica, deslizándolo con parsimonia hacia abajo, y Hermione levantó las piernas para dejarle quitarle las braguitas.

La chica esperó a que el Slytherin se irguiera de nuevo, pero Draco tenía otros planes. Puso sus manos en los gemelos de la chica, y recorrió lentamente la longitud de sus piernas hasta llegar a su cadera. Con cuidado, levantó unos centímetros el vestido, quedando arrodillado delante de la chica.

- Relájate.

Hermione, que empezaba a sospechar sus intenciones, se puso nerviosa.

- ¿Draco? ¿Qué…?

- Te va a gustar.

Sin darle tiempo a replicar nada más, el chico comenzó a besarle con habilidad en el punto más sensible de su cuerpo, haciendo que la chica gimiera y agarrara su cabello platino. Hermione no podía hacer otra cosa que no fuera suspirar y aferrarse al chico, mientras descargas eléctricas recorrían su cuerpo y sentía que las piernas le temblaban. Se contuvo de decirle nada al chico durante unos minutos, intentando disfrutar al máximo aquella maravillosa sensación. Pero cuando sintió como su rodilla derecha se doblaba, logró susurrar:

- Draco, me voy a caer.

El rubio se levantó lo justo para cogerla en brazos y llevarla hasta la cama, pero no logró llegar tan lejos. También él estaba muy excitado, y notaba que no podría soportar su peso mucho más tiempo sin que los brazos le fallaran. Así pues, la llevó hasta su escritorio y, tras dejarla sentada, despejó con una mano todos los objetos que había en la mesa. El orden no era una prioridad en ese momento.

Miró a la chica durante unos segundos, que con un simple asentimiento de cabeza le dio permiso para seguir.

Draco se inclinó de nuevo y volvió a explorar con la boca una zona que, hasta entonces, le era desconocida. Hermione notaba que el chico tenía práctica, y sabía perfectamente como besarla, y sorber y lamer en los momentos exactos. Se dejó llevar por el placer, mientras notaba cómo se iba acercando poco a poco al momento final.

El rubio notó como los músculos de la chica se contraían, mientras esta soltaba un gritito que conocía muy bien y se aferraba a él.

El rubio esperó unos segundos y se separó por fin del cuerpo de la chica, alzando la vista para observarla. Estaba más colorada que nunca. Se irguió con lentitud y acercó su rostro al de la chica, que lo miraba embelesada.

- ¿Qué te ha parecido?

La chica sonrió tímidamente, mientras sentía cómo un ligero rubor invadía sus mejillas.

- ¿Sexo oral?

Draco asintió en silencio.

- Me ha gustado. Mucho.

El rubio notó como una sonrisa se expandía por su rostro y la rodeó de nuevo con sus brazos.

- ¿Sigues sin querer quitarte el vestido? – susurró mientras le besaba el hombro.

La castaña pasó sus brazos por detrás del cuello del rubio y se acercaron lentamente para besarse, mientras Hermione elevaba sus manos hasta las mejillas del chico. Sus labios se encontraron anhelantes y Draco no tardó en profundizar el beso.

Hermione entrelazó sus piernas alrededor del cuerpo del Slytherin y el rubio gruñó mientras la besaba con más intensidad y pasión. Tener a la chica rodeándolo con las piernas y sabiendo que no llevaba ropa interior… Notaba como el cuerpo de Hermione se movía con cada uno de sus movimientos, rozando constantemente una parte concreta de la anatomía de Draco, que no tardó en reaccionar.

La chica desató rápidamente el cinturón del rubio, que con un hábil movimiento lo lanzó lejos. Acto seguido, se bajo los pantalones y los bóxers unos centímetros, lo justo para poder hundirse en la chica. No había tiempo para quitarse del todo las prendas. Hermione aumentó la presión alrededor del cuerpo del chico y lo besó ferozmente. Draco recorrió con sus manos el torso de la chica, elevando a su paso el vestido. Se separaron lo justo para que el chico le sacara el vestido por la cabeza y lo mandara lejos. Hermione desató nerviosa los botones de la camisa del chico mientras este le quitaba el sujetador, y cuando ambos acabaron con esto, la chica se inclinó hacia atrás para quedar tumbada sobre el escritorio, dejando que el chico llevara la iniciativa de sus movimientos.

El Slytherin se inclinó para besarla, y acto seguido se desplazó a su cuello y le mordió y besó la piel desnuda de esa zona repetidas veces. Hermione asió con fuerza el cabello del rubio, mientras este aumentaba la velocidad de sus sincronizados movimientos, acelerando a su vez los gemidos que ambos dejaban escapar de sus gargantas.

En esos momentos, Hermione solo era capaz de percibir el cuerpo del chico sobre ella, sus movimientos, su tacto, su respiración agitada. Draco notaba como las descargas eléctricas que sentía se acumulaban en la parte baja de su vientre, hasta que, momentos después, ambos estallaron de placer.

Tras unos maravillosos segundos, Hermione lo besó por última vez y apoyó la cabeza sobre el escritorio para dormirse. El chico, que no creía que de pie fuera a conciliar el sueño, logró levantarla con los brazos aún temblorosos, y llevarla hasta la cama, donde se dejaron caer exhaustos.

Hermione rodó para abrazar al Slytherin y ambos cerraron los ojos, con sendas expresiones triunfantes. Si ese era su plan de aprovechar el tiempo, la chica no pondría ninguna objeción.


Ron, Harry y Ginny llegaron hasta la torre de los Premios Anuales la mañana del sábado, tras haber desayunado. Habían estado esperando a Hermione, pero como no parecía que fuera a aparecer, supusieron que se había quedado dormido y bajaron a desayunar al Gran Comedor. Y no habrían ido a buscar a la castaña de no haber sido por los nuevos acontecimientos.

Ginny formuló la contraseña y el retrato se abrió para dejarlos pasar. Se la sabía porque Hermione se la daba cada vez que la cambiaban, por simple precaución. Al igual que Nott la sabia, Hermione creía justo que una de sus amigas estuviera al corriente. Al fin y al cabo, puede que pasara algo y nadie se enterara. Así, Ginny podría comprobar si todo estaba en orden o ir a buscarla cuando pasara algo, como entonces.

Los tres irrumpieron en la Sala Común, pero la encontraron vacía y sin ningún signo de que alguien hubiera estado allí en las últimas horas. La puerta de la habitación de Malfoy estaba completamente abierta, así que probablemente ya se hubiera ido. Aunque no lo habían visto durante el desayuno.

La puerta de Hermione estaba entornada, pero no se podía ver el interior, pues no había luz en la habitación.

- Ayer acabaría muy cansada de la fiesta. ¿Vamos a despertarla? – preguntó Ron.

Harry y Ginny intercambiaron una mirada alarmada, y la chica se apresuró a responder:

- Yo me encargo, vosotros id sentándoos.

El pelirrojo se encogió de hombros y él y Harry se sentaron en los sillones negros. Mientras, Ginny ascendió por las escaleras de la derecha, hasta llegar a la puerta de la habitación de su amiga.

Prefirió no asomarse, y tocó con los nudillos en la madera.

- ¿Hermione?

Un gruñido masculino le llegó desde el interior, pero ninguno de sus amigos pudo oírlo. La pelirroja golpeó más fuerte, y esperó hasta que oyó como los muelles del colchón sonaban en el interior, bajo el peso de alguien que bajaba de la cama.

La castaña asomó la cabeza por la puerta, para encontrarse de frente con su amiga.

- ¡Ginny! Me has dado un susto de muerte. ¿Qué hac…? – se interrumpió a mitad de frase, cuando observó a Harry y Ron sentados en los sillones y mirándola.

- Se te han pegado las sábanas, ¿eh? – dijo sonriendo el pelirrojo.

- Eh… ¿Qué hora es?

- Casi las 12 – respondió Harry, que la miraba en silencio. Obviamente, Malfoy estaba dentro de su habitación. Si no, hubiera abierto del todo la puerta. Y por el hombro desnudo que se le veía, no parecía llevar mucha ropa.

- Vaya, lo siento chicos. ¿Venís a por mí para ir a desayunar?

- En realidad ya hemos desayunado. Es sólo que… tenemos algo que contarte - dijo la pelirroja.

- Un minuto, me arreglo un poco y bajo.

Hermione cerró la puerta a sus espaldas y miró al rubio, que la observaba, tumbado, desde la cama.

- ¿Qué coño…?

- Ya los has oído. Tienen algo que contarme.

- No creo que sea tan urgente – dijo el chico mientras se frotaba los ojos y se desperezaba.

Hermione se puso unos pantalones muggles, un jersey de lana, y se caló unos calcetines y unos zapatos negros. Se arregló el pelo lo mejor que pudo y se volvió de nuevo hacia el chico, que no le había quitado la vista de encima.

- Quédate aquí.

Draco rodó los ojos y la miró.

- No tenía pensado salir a saludar. Pero no tardéis mucho, me muero de hambre.

- Ya bueno, lo siento. No sabía que iban a venir.

El rubio se encogió de hombros, mientras Hermione se acercaba a la cama y le daba un beso en la mejilla.

- ¿Crees que traen malas noticias? - preguntó el rubio.

Hermione lo miró preocupada.

- Espero que no.

La castaña se dio la vuelta y salió de la habitación, mientras Draco se daba la vuelta en la cama e intentaba dormirse de nuevo.

Hermione se reunió con sus amigos en la Sala Común, y se sentó junto a Ginny en el sofá blanco.

- ¿No crees que sería mejor hablar en tu habitación? – preguntó Ron -. Es decir, por si Malfoy vuelve.

- Los sábados se suele pasar toda la mañana volando - se inventó Hermione -. Además, mi habitación está muy desordenada y es más pequeña.

- Estamos mejor aquí – se apresuró a añadir Ginny.

Ron asintió y se repantigó en el sillón.

- Como queráis.

- ¿Qué teníais que decirme? ¿Ha pasado algo malo?

Ginny y Ron miraron a Harry, que asumió resignado la tarea de comunicarle a su amiga las novedades.

- Verás, hoy estábamos desayunando y, cuando ha llegado el correo…

Hermione abrió los ojos horrorizada mientras se llevaba las manos a la boca.

- ¿Ha vuelto a suceder?

Ginny asintió lentamente y la miró tristemente.

- Han asesinado a dos familias de muggles.

La castaña notó cómo la rabia se extendía por su interior, y preguntó con miedo:

- ¿A quién?

- Bueno, a los padres de unos hermanos de Gryffindor… no sé si los conoces, él está en quinto y ella en primero. Se apellidan Standford.

Hermione asintió en silencio y bajó la vista. Recordaba vagamente haber hablado alguna vez con el chico, y tenía un buen recuerdo de él. Era un chico aplicado y sereno, y parecía divertido por la forma en la que sus amigos se reían cuando él contaba algo. Y la hermana… bueno, no sabía exactamente quién era, pero tenía solo 11 años. Se le pusieron los pelos de punta al imaginárselo.

- ¿Y la otra familia?

Por la forma en la que sus amigos se miraron, supo que se trataba de alguien a quien conocía.

- Han asesinado a los padres y al hermano pequeño de Parvati y Padma.


¡Y fin del capítulo!

¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado el capítulo :) Pensaba que no iba a darme tiempo a subir un capítulo igual de largo que siempre, porque esta semana estoy teniendo muchos exámenes y no me ha sobrado mucho rato para escribir... pero ya veis que siempre saco un momento para vosotros :)

En un principio, hemos visto la conversación entre Dumbledore y Snape, y no sé si alguno se esperaba lo que iba a pasar. No sé exactamente cómo planearían Snape y Dumbledore la muerte del director en la saga de Harry Potter, así que esta es un poco mi versión de la historia :) Y recalco el planeado, porque de momento no sabemos si va a hacer falta que Dumbledore muera o no, y en caso de que pasara, tampoco podemos estar tranquilos por Draco, porque en el bando de los mortífagos nunca se está a salvo. Por cierto, he explorado un poco más en el carácter de Dumbledore, porque aún no había hablado mucho de él y me parece un personaje muy interesante. Es como que le tengo mucho cariño, no sé :)

Después de esto, he metido una escena más profunda que de normal sobre el trío de oro, en la que planeaban un poco sus siguientes movimientos. Como veis, tienen algo mas de información que en la historia real, pues ya saben la localización del guardapelo y saben que la copa es un horrocrux. Pero aún les queda lograr encontrarlos y destruírlos todos, así que... He intentado reflejar la unión entre los 3 amigos, porque me parece muy importante además de uno de los puntos vitales de la historia :)

Después, Hermione ha regresado a su torre de la fiesta de Gryffindor y ha intentado sorprender a Draco con un vestido... pero ha sido Draco quién la ha sorprendido a ella XD Me parecía un poco monótono que siempre mantuvieran relaciones del mismo tipo, y he decido cambiarlo un poco. ¿Qué os ha parecido? ¿Os gusta que innove un poco o preferís que sea siempre igual? Decídmelo en las reviews 😊

Por último, Ginny, Harry y Ron han llegado a la torre de los Premios Anuales para comunicarle a Hermione las novedades. Por suerte, Harry y Ginny han sido listos y no han dejado a Ron ir a la habitación de Hermione... se hubiera llevado una sorpresa muy desagradable XD Hermione se ha reunido con sus amigos que le han comunicado que ha habido asesinatos de nuevo, solo que esta vez les pillan cercanos.

La semana que viene veremos como continúa la historia, pero antes de despedirme, contesto a aquellos a los que no puedo contestar por mensaje privado:

- Meg: Me alegro de que te guste, gracias por seguirme y leerme, te agradezco de verdad que dejes comentario cada semana ❤ Espero que te haya gustado el capítulo y que ya estés con ganas del de la semana que viene, besos ❤

Recordad que podéis poneros en contacto conmigo siempre que lo deseéis y que me gusta mucho saber que opinan mis lectores acerca de la historia, así que, si podéis, mandad review :)

No tengo nada más que decir, así que toca lo mismo de cada semana, que ya sabéis que no me canso de repetir:

Muchísimas gracias por seguirme, no olvidéis dejar review con vuestra opinión y darle al Go :)

Con cariño, una semana más;

- Daphnea ❤

P.D..: Tengo muchos exámenes últimamente, así que si el jueves que viene no cuelgo capítulo disculpadme, y colgaré en cuanto pueda. Pero vaya, que si puedo escribir antes del jueves lo haré ❤