Capitulo 7
Verdades
Por Amelia Badguy
1.060 palabras según Word
Se había visto obligado a irle a comprar ropa al mocoso, aunque únicamente habían ido al mundo muggle, no quería pasearse con él por el mundo mágico, después de todo para muchas personas ellos seguían siendo unos criminales y lo último que quería en realidad era toparse con algún idiota que le fuera a decir alguna cosa.
Había tenido que tomarle la mano para caminar, pues el niño siempre solía quedarse atrás, más de una vez había querido regañarlo, pero su mente le decía que el niño no podía dar los mismos pasos que él daba. Verdaderamente si fuera otro niño y no el hombre que había odiado casi toda su vida, tendría un trato de verdad distinto, es decir, le agradaban los niños, solía tener buena mano con ellos, con sus bromas y todo, pero ese niño en particular simplemente lo superaba.
Cuando volvieron a su hogar, este había estado más aseado gracias a Kreacher, lo cual siempre era apreciado. Ahora que la guerra había acabado, que Voldemort había muerto, finalmente podía tener una casa, pensó, después de tanto tiempo y al menos quería que su hogar se viera decente para cuando su ahijado fuera a visitarlo o bien fuera a visitarlo Remus con Tonks.
— Dejaremos tus cosas en tu cuarto — Estaba molesto por el dictamen del ministerio, pero al menos tenía que darle un cuarto al mocoso, que se familiarizara con él, después de todo no sabía exactamente cuánto tiempo tendría que cuidarlo, aunque ya estaba comenzando a fastidiarse.
— ¿Dónde ta mi mamá? — Nuevamente aquella pregunta del niño lo hizo enmudecer mientras dejaba las bolsas de las compras en el cuarto que le había dado al niño. Había sido únicamente un cuarto para visitas, pero estaba más limpio que el resto de la casa —suponía que Kreacher lo había limpiado mejor, únicamente porque Snape era un niño—. Tenía la cama, un clóset en una de las paredes, además de un escritorio y una ventana que daba a la calle, en realidad era un buen cuarto, pensó, intentando idear alguna idea para que el niño dejara de preguntarle por su madre.
— Tu madre tiene cosas que hacer, Severus, ya volverá — Le respondió lo que siempre le decía, pues no sabía que más hacer. Deseaba que la poción estuviera lista de una vez y él pudiera estar libre de todo aquello, pero el destino siempre le había escupido en la cara y lo había tratado de la peor manera posible.
— Pedo ella no me dejadía solo, estas mintiendo — Le gruñó con su ceñito fruncido, dándole una imagen de un Snape que él conocía más, aquel que siempre iba con su ceño fruncido por los pasillos de Hogwarts. Al parecer había sido un gesto que nunca había cambiado en aquel hombre, se dijo, observando como el mocoso parecía que iba a comenzar a hacer algún berrinche o algo así, eso sí sería la gota que iba a rebalsar el vaso de su paciencia para ese hombre. — ¡Edes un mentidoso!
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Cuando entró al número 12 de Grimmauld Place lo primero que escuchó fue un fuerte llanto de un niño. Sin más empuñó con fuerza su varita, listo para atacar, comenzando a subir al segundo piso, donde esperaba encontrar alguna escena de una batalla, razón por la cual Severus estuviera llorando.
La verdad era que había salido hace pocos días del hospital y había oído las noticias con respecto al juicio de Severus, razón por la cual había ido a la casa de su amigo, para saber cómo se las iba a arreglar con el pequeño.
Entró rápidamente al cuarto donde provenía el llanto, donde pudo ver a Sirius sentado en la cama, con ambas manos tapando su rostro y sus oídos a la vez, como si de esa manera el llanto del niño, que estaba de pie en medio de la habitación, llorando de una forma desconsolada no lo fuera a afectar.
— ¿Qué paso aquí? — Suspiró guardando su varita nuevamente entre sus ropas, viendo como el hombre levantaba la mirada, con un gesto desesperado, como pidiendo ayuda para que el llanto del niño se detuviera de una vez.
— ¡Demus, Sidius es un mentidoso, dice que mi mamá esta muedta, que nunca volverá pod mí! — Le gritó el niño entre sollozos, mientras frotaba su rostro con fuerza, haciendo que el licántropo suspirara pesadamente y le dedicara una mirada horrenda a su amigo por decirle aquello a un niño pequeño.
Sin más se acercó al pequeño niño para tomarlo en brazos, pudiendo sentir como este se aferraba inmediatamente a su cuello y escondía su cabeza lo mejor que podía, hipando con fuerza aún.
Consolar a Snape era algo que en su vida había logrado imaginar, pero ahí se encontraba, con Snape en brazos, llorando descorazonado por lo que Sirius seguramente le había terminado por gritar.
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— ¿Cómo se te ocurrió gritarle que su madre estaba muerta? — Le había costado horrores hacer que el niño terminara por dormirse, que descansara un poco en la cama de su cuarto, siendo que únicamente había bajado ellos a la cocina, a beber algo después de aquel episodio que habían tenido que vivir, que verdaderamente no se lo deseaban a nadie.
— El mocoso no dejaba de preguntar por su madre, ¿qué otra cosa le iba a decir? ya me había llamado mentiroso por decirle que su madre estaba de viaje — Se defendió con aquel argumento. No tenía por qué ser considerado con aquel hombre, que no había hecho nada más que fastidiarlos los últimos años —más que nada en su tiempo en la escuela—.
— Maldición, Sirius, hay formas y formas de decir las cosas, es un niño que no recuerda nada de su vida, para él tiene cuatro años y vive con sus padres, nada más. No es Snape de Hogwarts, no es el maestro ni el espía, es únicamente Severus, un niño — Le gruñó Remus mientras terminaba por beberse un vaso de whisky de fuego, bufando con fuerza, ¿cómo habían terminado en aquella situación?, era algo demasiado increíble. — Te guste o no, ahora él tiene que vivir contigo hasta que encontremos un antídoto a todo esto y no puedes seguir peleando con un niño, Sirius.
No había nada más que decir en aquella situación, tener que vivir junto a Snape iba a ser algo imposible de no hacer, por lo cual debía simplemente acostumbrarse y no pelear.
