Disclaimer: Los personajes y la historia no me pertenecen. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de KeiChanz, yo sólo traduzco.

Baile peligroso

Capítulo veintitrés: Baile peligroso

-O-

Sin molestarse en contestarle todavía, siguió tirando de ella hasta que encontró un lugar decente que no estuviera completamente rodeado de gente y se volvió hacia ella, su sonrisilla todavía adornaba sus facciones.

Kagome parpadeó.

—¿Inuyasha?

Poniendo las manos en sus caderas, Inuyasha la atrajo hacia él, admirando la forma en que pasaba sus manos automáticamente por sus hombros. Se inclinó hacia abajo y le dio un beso en la nariz antes de moverse para susurrar en su oído:

—Pongamos a prueba tus dotes de baile, Kagome.

Antes de que Kagome pudiera descifrar sus palabras del todo, Inuyasha se encontró moviendo las caderas adelante y atrás contra las de ella, apremiándola a que hiciera lo mismo y obedeció automáticamente, dejando que únicamente la música llenara su cabeza mientras se dejaba ir y comenzaba con lo que mejor sabía hacer.

Step inside, walk this way,

You and me babe, hey, hey!

La música resonó en sus oídos y cerró los ojos, moviendo las caderas adelante y atrás y doblando las rodillas, bajando todo lo largo de su cuerpo y volviendo a subir, arqueando su cuerpo contra el suyo.

Love is like a bomb, baby, c'mon get it on.

Livin' like a lover with a radar phone.

Lookin' like a tramp, like a video vamp,

Demolition woman, can I be your man?

Inuyasha cerró los ojos y contuvo el aliento cuando Kagome movió su figura contra la suya, sus propias rodillas se doblaron a la vez que las de ella mientras sus pies seguían el ritmo. Exhaló, su cálido aliento acarició la piel del cuello de Kagome y sintió el estremecimiento que bajaba por la espalda de ella.

Razzle 'n' dazzle 'n' a flash a Little light,

Television lover, baby, go all night.

Sometime, anytime, sugar me sweet,

Little missah innocent sugar me, yeah¡ Yeah!

Kagome se estremeció mientras su cálido aliento hacía cosquillas en su piel, sus manos se aferraron a sus hombros mientras se echaba hacia atrás, el brazo de Inuyasha rodeaba su espalda mientras sus caderas se presionaban contra las de ella, creando suficiente fricción como para volverlo loco.

C'mon! Take a bottle, shake it up,

Break the bubble, break it up…

Kagome se enderezó y se presionó contra el duro cuerpo de su novio, con los rostros a centímetros de distancia. Una sonrisa sensual adornaba los labios de Kagome y se apartó de su agarre, caminando hacia atrás y todavía mirándolo mientras movía las caderas adelante y atrás mientras Inuyasha la observaba con sus ardientes orbes dorados.

Pour some sugar on me!

Ooh, in the name of love!

Pour some sugar on me!

C'mon, fire me up…

Pour some sugar on me!

Oh, I can't get enough…

Cerrando los ojos, Kagome juntó rápidamente las piernas y bajó lentamente, moviendo las caderas de un lado a otro mientras lo hacía y pasando las manos por los costados de su cuerpo, sus orbes cafés volvieron a abrirse para clavarse en los ambarinos. Lamiéndose los labios para añadir sensualidad, subió lentamente, sus caderas todavía se movían en un patrón tentador que casi le hacía babear.

I'm hot, stickeh sweet,

From my head to my feet, yeah,

Inuyasha observó boquiabierto mientras su Peligrosa Bailarina se volvía a levantar y giraba una vez, con las manos subiendo y bajando por su cuerpo y su lengua saliendo para lamerse los labios de forma provocativa. Tragando el nudo de su garganta, avanzó hacia ella y volvió a capturar su cintura, atrayéndola hacia él y moviéndolos adelante y atrás en un patrón circular, Inuyasha metiendo su pierna entre los muslos de Kagome.

Listen! Red light, yellow light, green-a-light go!

Crazy little woman in a one-man show.

Mirror queen, mannequin, rhythm of love,

Sweet dream, saccharine, loosen up,

Kagome pasó los brazos por su cuello y enredó las piernas con las suyas mientras se movían al ritmo de la música, las manos de Inuyasha se flexionaron sobre sus caderas mientras doblaba las rodillas y los bajaba al suelo, moviéndose hacia delante y hacia atrás solo para volver a subir y echarla hacia atrás una vez más, los brazos de su novia bajaron de su cuello para balancearse a cada lado de su cabeza, echada hacia atrás, su cabello azabache con un brillo azul tocando el suelo bajo ellos.

You gotta squeeze a little, squeeze a little,

Tease a little more.

Easy operator come a knockin' on my door.

Sometime, anytime, sugar me sweet,

Little missah innocent sugar me, yeah,

Inuyasha volvió a alzarla contra su pecho con su brazo, su otro brazo rodeó su delgada cintura mientras Kagome volvía a alejarse de él y movía sus piernas, caderas y brazos, creando un baile impresionante para su novio y para cualquier otro que tuviera el placer de estar lo suficientemente cerca para presenciar un espectáculo tan atrevido.

Con los párpados ligeramente bajados, la boca entreabierta, lamió sus repentinamente secos labios mientras la observaba con ardientes orbes ambarinos. Era consciente de los demás hombres que observaban su demostración, pero no pudo reunir suficiente determinación para estar celoso. ¿Por qué debería estarlo? Era suya, no de ninguno de los demás de aquel jolgorio, y quería disfrutar mientras pudiera. Además, no era como si los demás tuvieran las agallas para intentar arrebatársela. Le daba pena la pobre alma que lo intentara.

Inspiró con fuerza cuando sus ojos chocolates se clavaron en los suyos con una intensa pasión que hizo que su corazón martillease rápidamente contra su pecho.

Take a bottle, shake it up,

Break the bubble, break it up…

Bajando sus propios párpados, una sonrisilla lujuriosa adornó los labios de Kagome mientras mostraba su talento ante Inuyasha y los demás afortunados que lo presenciaban. Era ligeramente sorprendente que Inuyasha no les gruñese de celos mientras la miraban abiertamente boquiabiertos y algunos incluso con baba bajando por sus barbillas.

Preparaos, chicos… pensó Kagome, cerrando los ojos mientras se posicionaba para su siguiente movimiento.

Pour some sugar on me!

Ooh, in the name of love!

Pour some sugar on me!

C'mon, fire me up…

Pour some sugar on me!

Oh, I can't get enough.

Sus orbes cafés se abrieron de golpe, y Kagome dobló las rodillas y bajó al suelo, con las manos en los muslos mientras volvía a levantarse rápidamente, echando el trasero hacia atrás mientras lo hacía.

Un gemido escapó de su boca. Maldición. Exhalando, Inuyasha se puso detrás de ella y volvió a apoyar las manos en sus caderas, sus movimientos seguían los de Kagome mientras ella seguía el ritmo, bailaba a su son, mostrando su talento para que todos lo vieran.

I'm hot, sticky sweet,

From my head to my feet, yeah,

Se movieron como si fueran uno, sus figuras se amoldaron perfectamente mientras bailaban el solo de guitarra que sonaba en los altavoces. Cerca de allí, Miroku y Sango se habían unido al baile y estaban alardeando de lo que tenían, la pareja de lobos estaba en condiciones similares, aunque no tan cerca. Rin y, sorprendentemente, Sesshomaru también estaban en la pista de baile, aunque no bailaban con tanto empeño como Inuyasha y Kagome. A Rin todavía le daba algo de vergüenza y a Sesshomaru no le gustaba ese tipo de baile. Quién sabe dónde estaban Naraku y Mystique.

You got the peaches, I got the cream,

Sweet to taste, saccharine.

'Cause I'm hot, hot, say what, stickay sweet,

From my head, my head, to my feet!

Kagome apretó el culo contra la pelvis de su novio, sabiendo perfectamente la reacción que iba a obtener. Y así, un gruñido bajo salió de la estrella del pop y ella sonrió, moviendo las caderas adelante y atrás juguetonamente contra él. Veamos si se acuerda, pensó Kagome un poco ausente, subiendo los brazos y pasándolos por su cuello. La boca de Inuyasha rozó su oído y ella contuvo el aliento, su cálido aliento se desplegó por su piel cuando habló.

—Estás pisando terreno peligroso, Kagome… —gruñó con voz ronca, dándole un pequeño mordisco a su oreja.

Se estremeció y se lamió los labios.

—¿Qué puedo decir? —dijo en voz baja sobre la música—. Soy una bailarina peligrosa.

Con un ruido entre un gemido y un gruñido, Inuyasha le dio la vuelta y su boca descendió sobre la de ella sin previo aviso para la chica, envolviendo sus fuertes brazos alrededor de su ágil forma y aplastándola contra él.

Do you take sugar? One lump or two!

Kagome respondió igualmente, pasando sus brazos por sus hombros y suspirando de alegría mientras la besaba, sus manos dejaban un rastro de calor mientras subían por su espalda.

Sus caderas seguían moviéndose al ritmo de la música, hacia delante y hacia atrás en un movimiento circular, presionándose el uno contra la otra de un modo íntimo.

Take a bottle, shake it up,

Break the bubble, break it up…

Estaban tan absortos el uno con el otro, que no vieron la mirada de ira que les lanzaban desde cerca y que iba enfocada especialmente hacia el inu hanyou. Unos ojos negros se entrecerraron y las manos se cerraron en puño a los costados del dueño, temblando de ira.

Sonó la última estrofa, la airada figura gruñó impresionantemente bajo para ser humano y se fue, desapareciendo entre la multitud y maldiciendo por lo bajo. Obtendría su venganza. Y lo que quería desde el principio. O, más en concreto, a quien.

Pour some sugar on me!

Ooh, in the name of love!

Pour some sugar on me!

C'mon fire me up…

Pour your sugar on me!

Oh, I can't get enough!

Pour some sugar on me!

Oh, in the name of love!

Pour some sugar on me!

Get it, come get it!

Pour your sugar on me!

Ooh…

Pour some sugar on me!

Yeah! Sugar me!

Separándose finalmente, la bailarina y el cantante se miraron a los ojos, con una velada pasión oculta en las profundidades ambarinas y chocolates. Palabras silenciosas pasaron entre ellos y una sonrisa tiró de los labios de la bailarina mientras una pequeña sonrisa asomaba a la boca del cantante.

—Bueno —empezó Inuyasha, su sonrisa se convirtió en una sonrisilla mientras apoyaba la frente contra la de ella—. Eso fue divertido. ¿Te atreves con una segunda ronda? —preguntó, mostrando maliciosamente sus colmillos blancos.

Kagome sonrió y soltó una risita.

—Dejaré esa pregunta sin responder.

Empezó la siguiente canción y, una vez más, se perdieron el uno en el otro mientras bailaban.

-O-

Estaba lívido.

¿Cómo se atrevía ese sucio chucho a tener el placer de bailar con ella? Se suponía que debía ser él, maldita sea, no el estúpido mestizo.

Gruñendo, Kyosuke bebió otro chupito y lo volvió a dejar en la barra, pero no con la fuerza suficiente como para romper el vaso. Unos ojos negros inyectados en sangre miraron con fiereza el vaso de chupito vacío, casi deseando que fuese la fuente de sus problemas para poder hacerlo pedazos.

Es que no lo entendía. ¿Qué tenía el chucho que no tuviera él? Era guapo, tenía labia, dinero (aunque no fuera suyo) y una personalidad encantadora. Podía conseguir a cualquier mujer que quisiera con una simple sonrisa y, a pesar de ello, el objeto de su lujuria seguía resistiéndosele. ¿Qué veía en el idiota de dos caras y bueno para nada? Era un mestizo, ¡por el amor de Dios! Una criatura odiada, una abominación, una rareza de la naturaleza con sangre humana y demoníaca nadando por sus venas. Seguro que la chica sólo lo estaba usando por su fama y su dinero, ¿verdad? ¿Quién sino iba a amar a un hanyou?

Y, aun así, la expresión de sus ojos cuando lo miraba le decía lo contrario en cuanto a lo que sentía por la estrella del pop. que lo quería, por quien era, no por su fama y fortuna. Tal vez por eso él también la quería. Lo quería por ser quien era, por aceptarlo, su lado demoníaco y su lado humano. Suponía que la estrella del pop no había tenido a nadie que le aceptara por quien era, salvo por sus amigos y sus padres, que ya no estaban entre los vivos. No le quería sólo por el sexo, a diferencia de su exnovia. Eso y que la engañosa perra había anhelado el dinero y la fama. Nunca había querido de verdad al hanyou, solo lo usaba para conseguir lo que quería.

Perra sin corazón.

Frunciendo el ceño, su mano se apretó alrededor del vaso de chupito y Kyosuke respiró hondo para calmar sus nervios. La ira no le iba a llevar a ninguna parte, aunque no importaba dado que ya estaba un poco borracho. Nunca había tenido la intención de emborracharse, solo tomar algo y luego irse de la barra para trabajar en su plan a prueba de fallos para conseguir lo que quería. Así que, ¿qué importaba ahora? Unas cuantas copas más no le iban a hacer daño.

Le hizo una señal al camarero una vez más y observó cómo le rellenaba el vaso, esta vez dejando la botella de brandy en la barra delante de él. Kyosuke se bebió el vaso y agarró la botella, dándole un buen trago, bajándola de sus labios con un jadeo. Le quemó la garganta y se lamió los labios, los ojos inyectados en sangre miraron a su alrededor.

Ah, allí estaban, exactamente donde los había visto por última vez. Todavía seguían bailando alegremente, sin ser conscientes del pequeño plan que se formaba en su cabeza.

Los ojos como el carbón se centraron en el hombre y frunció el ceño. Ese idiota. No tenía ni idea de lo que le iba a pasar a su preciosa bailarina. Y si así fuera, tendría que deshacerse del pequeño cretino, ¿no?

Una sonrisa verdaderamente malvada jugueteó en sus labios y se rio maliciosamente, amenazadoramente mientras lo observaba. Oh, sí, cómo iba a disfrutar deshaciéndose de la problemática estrella del pop.

Con la mano todavía aferrando con fuerza la botella de brandy, el borracho desapareció en las sombras, los ojos negros no abandonaron en ningún momento su objetivo.

-O-

La canción terminó y la pareja jadeó, buscando el aliento, sus corazones latían rápidamente en sus pechos como si fueran uno. Sus ojos estaban clavados en una mirada acalorada. Cantante y bailarina permanecían ajenos a lo que les rodeaba mientras se sostenían tanto física como emocionalmente.

Inuyasha suspiró y depositó un casto beso en su frente antes de apartarse y sonreírle. Le metió un mechón de húmedo cabello azabache detrás de la oreja cariñosamente, sus nudillos rozaron suavemente su sonrojada mejilla. Kagome le sonrió y su corazón le dio un vuelco. Kagome…

—Kagome —dijo dando voz a sus pensamientos—. ¿Sabes cuánto te quiero? —susurró, dando las gracias secretamente a que el DJ se estuviera tomando un descanso.

Los orbes castaños de Kagome se ampliaron un poco y le sonrió ampliamente, el amor y la calidez brillaban en sus piscinas chocolates.

—Inuyasha… —Le rodeó el cuello con los brazos y lo abrazó, escondiendo la cara en la curva de su sudoroso cuello—. Yo también te quiero, tanto.

Cerrando sus ojos ambarinos, Inuyasha la sostuvo contra él, cerca de su corazón, enterrando la nariz en su pelo e inhalando profundamente. Todavía podía oler su aroma de jazmín y vainilla, aunque se mezclaba con el olor a sudor que había producido mientras los dos habían estado bailando como locos. Pero no importaba. Kagome olía bien para él oliera como oliera, tanto si era sudor como otra cosa.

—¿Otra vez? —le preguntó, queriendo estar siempre así de cerca de su Peligrosa Bailarina.

Oyó que Kagome se reía ligeramente y se apartó, mirándolo con una pequeña sonrisa.

—Deja que coja primero algo de beber. ¿Quieres algo? —inquirió, soltándolo y ladeando ligeramente la cabeza, sonriendo todavía.

Su novio arrugó la nariz pensativamente y exhaló.

—Un poco de agua con mucho hielo, supongo. Estaré allí en la mesa de Miroku y Sango. —Señaló donde estaban sentados junto a la pared, en una mesa, hablando y bebiendo lo que tenían.

Kagome asintió.

—Vale. Te veo allí. —Le sonrió ampliamente y le guiñó un ojo, luego se fue a la barra, pero no llegó muy lejos antes de que unos fuertes brazos la cogieran por la cintura y le dieran la vuelta, obteniendo un agradable y patoso beso en la boca.

Chilló de sorpresa y parpadeó cuando se apartó, con una sonrisa de suficiencia adornando los rasgos de él.

Kagome entrecerró los ojos.

—Tramposo.

Inuyasha se rio y la besó una última vez antes de soltarla y abrirse paso entre el mar de gente hacia su destino, que resultaba ser la mesa de Miroku y Sango.

Poniendo los ojos en blanco, Kagome negó con la cabeza, pero no pudo evitar sonreír mientras se daba la vuelta y volvía a ir hacia la barra, en la otra punta de la sala.

Al fin llegó a la barra tras chocar contra al menos veinte personas en el camino y se puso en un lugar recluido, apoyando las manos en la barra.

—Eh, ¿camarero? —llamó, inclinándose ligeramente hacia delante y mirando por toda la barra.

Un hombre bastante musculoso con un delantal blanco manchado de varias bebidas y comida, de aspecto amable, apreció desde una sala trasera, limpiando una jarra de cerveza con un trapo. Le sonrió y se apoyó sobre la barra.

—¿Qué puedo hacer por ti, muchacha?

Kagome le devolvió la sonrisa.

—¿Me pones dos vasos de agua, por favor, uno con mucho hielo? —le pidió educadamente, ya le caía bien.

El camarero le sonrió y asintió.

—Claro, muchacha. Un momento. —Apoyó la jarra y el trapo, fue hacia la nevera enorme que estaba al otro lado de la barra y la abrió, metiendo su cabeza ligeramente calva. Kagome oyó una maldición ahogada antes de que saliera y cerrara la puerta, rascándose el cuello—. Juraría…

—¿Ocurre algo? —preguntó Kagome con curiosidad.

El camarero negó con la cabeza y le lanzó una sonrisa de disculpa.

—Lo siento, muchacha, al parecer el filtro del agua se ha secado. Tengo que ir a la parte de atrás para rellenarlo otra vez. No te importa, ¿verdad?

Kagome sonrió y negó con la cabeza.

—Oh, no es ningún problema. Adelante, esperaré aquí.

Asintió y fue al cuarto de atrás del que había venido, la puerta ondeó un par de veces antes de cerrarse completamente.

Kagome suspiró y tamborileó los dedos sobre la barra distraídamente mientras esperaba, sus ojos inspeccionaron el bar a falta de algo mejor que hacer.

No tuvo tiempo de gritar antes de que algo duro hiciera contacto con su cráneo y su mundo se volviera negro.