Capitulo 8
Promesa
Por Amelia Badguy
1.040 palabras según Word
Ese día Kreacher le había hecho un gran desayuno a aquella pequeña peste que era Quejicus en su vida. Después de la discusión que había tenido con el infante el día anterior, donde Remus le había gruñido a él por gritarle aquello a aquel bebé —al cual realmente no podía ver más que como el bastardo que había aborrecido a lo largo de su vida— el niño se había quedado dormido toda la noche entre llantos en la habitación y realmente esperaba que con el maldito desayuno pasara todo.
— El amo es realmente idiota si piensa que con solo una comida el niño estará bien — Le dijo como si nada el elfo domestico, que era el encargado de ir a despertar al niño, después de todo Severus no tendría miedo o enojo o cualquier emoción que el niño estuviera sintiendo contra Kreacher.
— No recuerdo haber pedido tu opinión — Le gruñó simplemente, pero sabía perfectamente que era de aquella forma. El enano no cambiaría sus llantos simplemente por un buen desayuno o algo así.
Su consciencia le decía que estaba errando completamente todo, que no debía tratar así a un niño que no se podía defender, pero su odio, aquello que había sido lo que más había tomado fuerza en Azkaban, le decía que era perfectamente normal odiarlo, pero sabía que no debía hacerle caso a ese lado de su mente.
Debía admitir que quizás sí, estaba enfadado porque Severus había sobrevivido a todo aquello, a toda la guerra, siendo que fue él quien dijo de la profecía en realidad, pero ahora aquel ser no existía, sólo tenía a un niño asustado, que quería a su madre, la cual él le había gritado sin más que estaba muerta.
— Aunque no pida mi opinión, debe ir usted a despertar al niño — Le dijo el elfo sin más para desaparecer de ahí, haciendo que bufara sin que pudiera evitarlo, pues sabía bien que él debía hacer aquello ahora.
Sin más subió dejó su taza de té a un lado, para levantarse y subir las escaleras hacía el cuarto que iba a usar aquel niño de ahora en adelante. Estaba cansado, esa era la verdad, la guerra lo había cansado tanto física como mentalmente, pero ahora debía hacerse cargo de aquel niño lo deseara o no en realidad.
Abrió con cuidado la puerta, buscando no hacer ruido, para no sobresaltar al niño, que dormía abrazando la almohada de la que era su cama. Pensó que deberían limpiar bien cada parte de la casa ahora y también arreglar bien aquel cuarto para el mocoso si de ahora en adelante iba a vivir ahí, pues nadie llegaba a como poder revertir toda aquella situación que él tenía como obligación vivir.
Se sentó en la cama, estirando su mano para quitar el cabello del rostro del niño. Ahora, sin discutir ni nada, podía apreciar que Quejicus era realmente pálido a esa edad, además de delgado, mucho más delgado para un niño de cuatro años, que no podía decir bien las palabras con la letra r, pensó en su mente, haciendo un suave movimiento para despertarlo.
— Severus, es hora de que despiertes — Murmuró quedo, viendo como el niño lentamente abría sus ojos, pero al verlo inmediatamente se ponían vidriosos por las lágrimas.
Claro, el niño iba a seguir recordando cómo le había gritado que su madre estaba muerta.
— ¿Mi mami? — Murmuró quedo y Sirius Black no pudo más que soltar un suave bufido, pero miró al niño lo más comprensivo que pudo en aquel instante.
— Escucha Severus, sé que anoche fui malo contigo — Malo era quedarse corto en realidad, pero no era algo que se iba a admitir consigo mismo ni a nadie más, pues era Severus aquel niño después de todo — pero la verdad es que tu mami ya no esta... ella murió, esa es la razón por la cual ahora te estás quedando en mi casa, porque yo te cuidaré.
Intentó ser amable, mientras le daba una pequeña caricia en la cabeza a aquel niño. Se sentía raro, no podía negar aquello. Siempre había peleado con Snape, siempre le había dicho cosas de aquel cabello que ahora acariciaba con suavidad, buscando que el niño no comenzara a llorar de una forma desconsolada como lo había hecho el día anterior.
— ¿Me cuidadas bien, Sidius?... — Murmuró a penas, mirando al hombre que si bien solía gritarle algunas veces, nunca había sido como su propio padre, que bebía frente a él como si nada y lo golpeaba a él y a su madre, Sirius solo le gruñía, como un perro viejo, pensó sin poder evitarlo el pequeño niño.
— Prometo que te cuidaré lo mejor que pueda — Le comentó con suavidad a ese pequeño niño, que podía ser tierno varias veces, si uno olvidaba por completo que era su archirival desde que había estado en la escuela.
—
Después del desayuno, que el niño de verdad había disfrutado, se quedo viendo como el niño parecía disfrutar de la biblioteca que había en su hogar, con su magia había ocultado de la vista del niño los tomos peligrosos, dejando los aptos para un niño.
En eso estaba cuando una lechuza golpeó una de las ventanas y fue simplemente a abrir, tomando la carta para darle al animal unos caramelos para aves y dejar que se marchara.
La carta consistía básicamente en el expediente de Snape, las cosas básicas como si era alérgico o alguna cosa así, pero además tenía la descripción de quienes habían sido los padres del pequeño niño que veía las cosas de la biblioteca.
Pudo leer como su madre había sido una maga que había sido expulsada de su familia por enamorarse de un muggle, algo que solían hacer normalmente las familias de sangre pura, algo que el mismo había sufrido, la expulsión de su familia y que incluso su rostro fuera borrado del árbol familiar. Por otro lado el padre de Severus había sido un muggle, que sin pena ni gloria había mantenido a su familia, trabajando como obrero, pudo leer.
Leyendo aquellas cosas fue simpatizando un poco más sin poder evitarlo con ese pequeño niño, que debía cuidar sí o sí, al menos hasta que encontraran una solución para todo aquello que estaban viviendo en esos momentos.
