- ¿Es eso cierto? – preguntó el director, con el semblante más serio que nunca.

- Sí señor. Al menos, eso ponía en la carta. Puede que sea una maniobra de distracción, pero…

- No, Harry. No lo creo.

Tenía todo el sentido del mundo. Si los mortífagos pretendían comprobar que Draco mataba a Dumbledore, tendrían que ir a Hogwarts para ello. Y aunque el director ya hubiera aceptado que iba a morir, no dejaría que los mortífagos atacaran su colegio, ni aún menos a sus alumnos.

- ¿Vamos a luchar, señor? ¿Será la batalla final? – preguntó el moreno, anhelante de entrar en acción de una vez.

Dumbledore negó con la cabeza.

- No, Harry, no será la última batalla. No todavía. Pero será importante. Y cuando llegue el momento, tendremos que estar tan preparados como podamos.

- Vendrán los miembros de la Orden y los aurores, ¿no?

El director pareció meditar la respuesta.

- Los miembros de la Orden estarán presentes, llevan meses planeando estrategias de combate. Pero no sé si contamos con la simpatía del Ministerio ahora mismo. Scrimgeour sigue intentando hacer creer a la gente que la guerra es una mentira y que todo está bien.

Harry frunció el ceño. Hermione, que leía diariamente El Profeta, les había comentado alguna vez algo así. Pero él no había querido darle mucha importancia, creyendo que no era cierto. Era de idiotas pensar que el Ministerio negara que había una guerra en proceso.

- ¿Y todos esos muggles que están muriendo? – preguntó Harry.

- Lo atribuyen a causas naturales.

- ¿Y la gente lo cree? - dijo Harry, incrédulo.

Dumbledore lo miró durante unos segundos.

- Quieren hacerlo. Necesitan hacerlo. Es mucho más tranquilizando pensar que todo está en calma que admitir que estamos viviendo el inicio de una guerra.

Harry negó con la cabeza.

- La gente creerá al Ministro y estará desarmada. Y cuando ataquen… - no pudo continuar.

- Lo sé. Por eso es muy importante que, cuando la batalla de Hogwarts acontezca (esperemos que sin muchos inconvenientes), todos os encarguéis de difundir que fueron los mortífagos los causantes. Entonces, la población no tendrá otra alternativa que creerlo aunque Scrimgeour se esfuerce en disuadirlos.

Harry asintió en silencio. Desde luego, no le hacía ninguna gracia la idea de que el Ministro mantuviera a la población en el desconocimiento. Sus padres no supieron el peligro que corrían hasta que fue demasiado tarde, y no dejaría que a otras familias les pasara lo mismo. Eso se había vuelto algo personal para él.

- Lo haremos, señor. Difundiremos la noticia. ¿Vamos a empezar a preparar algo hoy?

Dumbledore negó con la cabeza.

- Ya hemos visto todos los recuerdos de Tom Ryddle de los que dispongo, y me temo que no he descubierto nada más acerca de los horrocruxes. No quiero robarte más tiempo de la noche del sábado, Harry. Hasta la semana que viene.

- Adiós, señor – dijo el moreno mientras se levantaba y se dirigía hacia la puerta. Cuando estaba a punto de salir, oyó al director decirle:

- Si durante la semana descubres algo, no dudes en venir a verme. Yo me encargaré de ponerme en contacto con los miembros de la Orden y reunirlos en cuanto antes.

- ¿Vamos a avisar a los alumnos o familias del ataque a Hogwarts?

El director miró hacia su escritorio.

- No de momento. Cuando todo esté planeado, se prepararan trasladores para que todos puedan escapar rápida y seguramente de Hogwarts.

- De acuerdo, señor.

- Recuerda lo que hemos hablado. No puedes descentrarte de tu búsqueda, Harry. Pase lo que pase.

El moreno se detuvo con la mano sobre el pomo de la puerta, asintió en silencio y abandonó el despacho del director.

Se centraría en la búsqueda. Pero también en proteger a Dumbledore.


- ¿Malfoy y Granger?

- ¿Por qué pareces tan sorprendido? – preguntó Alice.

- ¿A qué te refieres?

La chica se encogió de hombros.

- Creía que te llevabas bien con…

- Más o menos, pero no solemos hablar de esas cosas – dijo él rápidamente -. De todas formas, puede que no sea cierto.

- Pero lo es – afirmó ella.

El chico elevó la cabeza y la miró con una ceja en alto.

- ¿Ah sí? ¿Por qué?

- Porque los he visto besarse. Esta tarde. En la arboleda.

El chico cerró los ojos, intentando fingir indiferencia.

- Deberían ser más discretos, ¿no?

Alice resopló y le hizo alzar la vista para mirarla.

- Sé que tú lo sabías. No te voy a reprochar que no me lo hayas contado, pero al menos no lo niegues.

El chico asintió. Sí, él lo sabía desde hacía tiempo. Pero no había creído necesario contárselo a nadie.

- Verás, creo que si la relación saliera a la luz daría muchos problemas. Por eso no te he dicho nada, ni a ti ni a nadie. Y creo que lo mejor será que…

- Que mantenga su relación en secreto, ¿no? Como… como la nuestra – dijo la chica suspirando y mirando al suelo.

El chico se tensó y la rodeó con sus brazos torpemente. No le gustaba ver a Alice triste. Y desde la muerte de su familia, lo estaba todo el tiempo. Él hacía lo posible para contentarla, pero sabía que, mientras lo suyo no fuera oficial, ella no estaría feliz de nuevo.

El único problema era que lo suyo no podía ser oficial. Era un simple "royito" de instituto. O eso se había dicho cuando empezó con ella. Porque era consciente de que comenzaba a sentir algo por la Hufflepuff, y que a ella le pasaba lo mismo con él. Y eso, desde luego, no les convenía.


Draco esperaba, sentado junto al fuego de su sala común, la llegada de Hermione. Era sábado y tenían que hacer juntos la ronda nocturna, pero la chica se había quedado con sus amigos tras la cena y aun no había llegado.

Lo cual, por cierto, le parecía bastante molesto. Es decir, vale que la chica tuviera amigos, pero podía pasar menos tiempo con ellos y más con él. Bueno, él también estaba mucho con Nott. Pero ahora Nott no estaba y se aburría terriblemente.

Miró su reloj, las 23:30. Soltó un bufido, pero justo en ese instante, la puerta de la torre se abrió para dar paso a la castaña.

- Pensaba que no vendrías – dijo Draco, mientras se recostaba contra el sofá e intentaba fingir indiferencia.

- Draco Malfoy, tengo que hablar contigo – dijo Hermione, con voz mandona, mientras se sentaba junto al rubio.

El Slytherin la miró extrañado durante unos segundos y levantó las manos.

- Soy inocente.

- No lo creo. Antes, en la arboleda…

- Ajá – dijo Draco, sin poder evitar sonreír de forma irónica. Se imaginaba por dónde iba a ir la conversación.

Hermione frunció el ceño.

- A Harry no le ha hecho gracia.

- Potter debería aceptar que…

- Lo acepta, pero no está preparado para que te presentes de repente y me beses.

- Pues debería estarlo.

La chica resopló.

- Draco, no es solo eso. Cualquiera podría habernos visto, ¿no?

El rubio se encogió de hombros.

- ¿Qué es la vida sin un poco de acción?

- Pues quizás deberías dejar la acción a un lado si no quieres que todo Hogwarts se entere y la cosa se complique – dijo la chica mientras le señalaba acusadoramente con un dedo.

El rubio se frotó los ojos. Vale, puede que hubiera sido un poco inconsciente. De hecho, era justo el tipo de acción que Snape le reprocharía.

- Entendido. Alejarme de Potter y de los lugares públicos.

- Y no solo eso. Deberías también intentar ser un poco más agradable con Harry.

El Slytherin frunció el ceño. Pedirle eso eran palabras mayores.

- Ya no le insulto.

- Pero sigues siendo igual que antes.

- ¿A qué te refieres?

- No sé – Hermione hizo como que pensaba -. ¿Arrogante, chulo, prepotente?

Draco elevó una ceja.

- ¿Eso crees?

- Mira Draco, no quiero que te enfades. Pero tienes que ser algo menos brusco cuando estés con él o se acabará cansando.

El Slytherin observó el fuego en silencio. Quería estar bien con la chica, pero odiaba tener que comportarse con Potter. Lo odiaba tanto...

- El intenta no provocarte, Draco.

El rubio resopló. En parte, sabía que la chica tenía razón.

- De acuerdo, de acuerdo. No hablaré con él y ya está. Ni a buenas ni a malas.

La chica negó con la cabeza. Con eso no le valía. Quería que Draco fuera amable con Harry, no que lo ignorara.

- ¿Es que no puedes evitar hablar con él sin molestarlo? - preguntó Hermione.

- Supongo que está en mi naturaleza – dijo el Slytherin, despreocupado.

- Pues haz algo para cambiarlo. Te lo digo en serio, Draco. Prometiste comportarte y lo harás.

Lo último sonó más como una amenaza que como una orden, pero la chica no se molestó en corregirse.

- ¿Me lanzarás un hechizo si no lo hago? – dijo el rubio burlón.

Hermione se levantó y caminó hacia la puerta.

- No. Simplemente me enfadaré. Y no te gustaría verme enfadada.

Draco fue rápidamente tras ella y le agarró la mano.

- Espera, no te vayas – Hermione se volvió y lo observó expectante -. Vale, me comportaré.

La chica lo miró a los ojos. No parecía una broma, pero nunca sabía cuando fiarse de Draco.

- ¿En serio lo harás? – dijo, cruzándose de brazos.

- No me queda más remedio, ¿no? – preguntó Draco. Hermione negó con la cabeza –. Pues tendré que hacerlo – dijo al fin resignado.

La Gryffindor lo observó en silencio durante unos instantes, dudando de su palabra. Pero al final no tuvo más remedio que asentir y darle un beso en la mejilla.

- De nada – dijo Draco.

La chica lo miró, elevando una ceja durante unos instantes.

- No te he dado las gracias – tras esto, se dio la vuelta y salió de la Sala Común, seguida muy de cerca por el chico.

Hacia otra ronda nocturna que, como siempre, acabó en una de las pequeñas aulas del cuarto piso, con dos chicos amándose en el silencio de los pasillos del castillo.


Hermione se dio la vuelta en la cama y extendió el brazo, buscando a quien debía estar tumbado a su lado. Abrió los ojos, extrañada, y se dio cuenta de que estaba sola en la habitación del chico.

Se desperezó con tranquilidad y se quedó observando el techo blanco durante unos segundos, sin ningún pensamiento que la molestara.

Al momento, oyó la puerta de la torre abrirse y a alguien entrar. Como había dormido en ropa interior, se levantó y se puso una de las camisas del chico, sin molestarse siquiera en atar los botones. Le encantaba llevar la ropa de Draco. Tenía un agradable perfume a menta y le quedaba como un vestido corto.

Se asomó por la puerta de la habitación y sonrió al ver a Draco junto a la puerta, llevando una bandeja repleta de dulces, café y zumo de calabaza.

- ¿Eso es para mí? – preguntó mientras bajaba los escalones.

El chico no pudo evitar sentir una descarga de adrenalina al verla acercarse. Verla vestir su ropa era… indescriptiblemente sensual. Sobre todo teniendo en cuenta que no se había atado los botones y se podía entrever un sujetador negro bajo la prenda. Incluso el pelo despeinado le quedaba sexy.

- ¿Draco?

El rubio salió de su ensoñación y asintió, tendiéndole la bandeja mientras ambos se sentaban en el sofá blanco.

- Yo tampoco he desayunado aún. Los domingos, el Gran Comedor está vacío, y pensé que… bueno, que aquí tendríamos más intimidad.

La chica sonrió y se sentó en su regazo, dejando que el Slytherin le hiciera ligeras caricias en las piernas.

- Bien pensado.

Ambos cogieron un croissant y empezaron a comer en silencio, disfrutando simplemente de la compañía del otro.

Hermione estaba radiante, pues era la primera vez que Draco tenía un detalle así con ella. El chico tenía un fondo dulce, y por fin empezaba a mostrarlo. Solo esperaba que eso no cambiase.

- Gracias – dijo la Gryffindor mientras le daba un beso.

El chico sonrió y se encogió de hombros. A decir verdad, la idea le había parecido demasiado cursi en un principio. Pero algo le había impulsado a hacerlo y, la verdad, no se arrepentía de ello.

- Tú me trajiste la cena una vez.

- Cierto – dijo Hermione, que recordaba a la perfección aquel día. Cuando Draco había recibido la Marca, justo antes de que todo cambiara entre ellos.

El rubio le besó la coronilla y dejó la taza de café vacía sobre la mesa más cercana.

- Echaré de menos estos momentos – murmuró Hermione, apoyando su cabeza en el pecho del chico.

Draco meditó acerca de esas palabras durante unos segundos, la abrazó más fuerte y le susurró:

- No tienen por qué acabar. La guerra terminará en algún momento.

- Supongo pero… ¿Y qué pasa si ganan ellos? ¿Si te descubren los mortífagos? ¿Si... si alguno de nosotros muere?

El chico negó con la cabeza.

- No pasará.

- Pero sin embargo, puede pasar. La gente muere en las guerras, ¿verdad?

El chico se contuvo de rodar los ojos. Odiaba cuando Hermione repetía sus expresiones. Le hacía sentir ridículo.

- Estoy mejorando mucho en Oclumancia. El Señor Tenebroso no podrá leerme la mente.

- Cierto, ¿sigues dando clases con Nott?

- Una hora todos los días. No sabría decirte si lo peor es soportar a Nott o que alguien intente penetrar en tu mente.

La chica rió.

- Nott es gracioso cuando quiere.

- Pero cuando no…

- Cuando no, se comporta como todo un Slytherin – dijo Hermione, ganándose una mirada de reproche de Draco -. Vamos, sabes que es una broma.

El rubio rodó los ojos y miró su reloj.

- ¿Has quedado con Potter y Weasley esta mañana?

- No, los domingos suelen dormir hasta tarde.

- Perfecto - dijo el chico, poniéndose en pie y dejándola en el suelo -. Vamos.

- ¿Dónde? – preguntó Hermione, extrañada y desconfiada. No le apetecía vivir otra de las arriesgadas ideas de Draco, y menos a la luz del día.

- A buscar a Snape – dijo el rubio -. Vístete, te espero aquí.

La castaña suspiró. Sabía que ese momento llegaría, pero no quería afrontarlo. No quería llegar al despacho del profesor y que les dijera que toda esperanza estaba perdida, porque… ¿qué haría entonces? ¿Secuestrar a Draco y mantenerlo a salvo? No le disgustaba la idea, pero estaba segura de que al chico no le haría tanta gracia.

- Dame 5 minutos – dijo al fin Hermione, mientras subía las escaleras hacia su habitación.


Ron caminaba tranquilo hacia la torre de los Premios Anuales, esa soleada mañana de domingo. Se había despertado más pronto de lo habitual, y como Harry seguía dormido, había decidido ir a ver a Hermione. La chica solía madrugar, y hacía mucho tiempo que no hablaban solos. No sabía por qué, pero estaba ilusionado ante la perspectiva de pasar la mañana con la castaña. Incluso se notaba nervioso. Poco a poco, se hacían más intensos sus sentimientos hacia ella. No podía esconderlo más; le gustaba. Y si Hermione le daba pie, estaba decidido a decírselo esa misma mañana. Respecto a Lavender, la echaría de menos, porque le había acabado cogiendo cariño. Pero no podía seguir más tiempo engañándose a sí mismo; lo que sentía por ella no era tan fuerte como lo que sentía por Hermione.

Dobló la esquina del pasillo de la torre de los Premios Anuales, pero se detuvo al ver la puerta entreabierta y a Malfoy apoyado en el umbral, esperando a alguien. Seguramente fuera a Nott, así que Ron decidió esconderse y esperar a que se fueran antes de ir a por su amiga. Prefería no tener ningún incidente en el camino. Si bien hacía mucho tiempo que Malfoy no se metía con él (algo muy extraño, por cierto), seguía prefiriendo no cruzárselo. Seguía odiando a ese rubio malcriado, sobre todo por la suerte que tenía de vivir puerta con puerta con Hermione.

Y hablando de Hermione… ahí estaba. Para sorpresa del pelirrojo, fue su amiga y no Thedore Nott quien salió de la torre de los Premios Anuales. Ron esperó que saltaran maldiciones entre ambos, pero ninguno pareció molesto por la compañía del otro. De hecho, Malfoy le dijo algo a Hermione y esta sonrió cálidamente, tanto que heló el corazón de Ron.

Espera un momento... ¿Esos dos se llevaban bien? No era posible. Entonces, Draco se abalanzó sobre la chica y el pelirrojo salió de su escondite.

- ¡Reducto! – el muchacho rubio voló unos metros por los aires, mientras Hermione desenvainaba su varita y apuntaba hacia el lugar del que había venido el hechizo. Se quedó paralizada cuando vio a Ron ir corriendo hacia ella, entre preocupado y furioso.

- ¡Hermione! ¿Estás bien?

- ¿Qué has hecho, Ron? – dijo la chica mientras se volvía hacia Draco, que comenzaba a levantarse con una expresión iracunda.

El Slytherin alzó su varita, que salió volando para ir a parar a las manos de la chica.

- ¡Eh! ¡Dame mi varita! - djio el Slytherin, aún más furioso.

- Dr… esto, Malfoy. Ron lo ha hecho sin querer. Él pensaba que… - de pronto, la chica se volvió -. ¿Qué pensabas, Ron?

Draco y Hermione esperaron anhelantes la respuesta del muchacho. Querían saber hasta qué punto había comprendido el pelirrojo.

- ¡Se ha abalanzado sobre ti! Hermione, si no hubiera estado aquí, te habría atacado.

Ambos chicos se miraron en silencio. Hermione, sonrojada y Draco, con una sonrisa curvada. Claro que se había inclinado sobre ella, pero para besarla.

- Ha tropezado, Ron – dijo la chica, buscando una excusa.

- Hermione, hazme caso. Yo lo he visto y no parecía un accidente.

- Weasley, lárgate de aquí - dijo Draco secamente, pero con un ligero tono de burla en la voz.

- Aléjate de ella. Que le caigas bien a ella no quiere decir que me caigas bien a mí. Es solo que Hermione es demasiado buena para ver la maldad en la gente.

- Suficiente. Ron, por favor, déjalo o acabaréis peleándoos - le suplicó la chica.

- Es mi intención – dijo el pelirrojo.

Draco alzó una ceja divertido.

- ¿Violencia, Weasley? Pues serán 10 puntos menos para Gryffindor.

Ron observó en silencio al rubio durante unos instantes.

- Tú no puedes hacer eso – se volvió hacia su amiga -. No puede hacer eso, ¿verdad?

La chica asintió con la cabeza.

- Si puede.

Ron gruñó y se acercó a su amiga, ignorando al fin a Draco.

- Vale, pues me da igual. ¿Vienes a desayunar?

- En realidad, vamos a hablar con Snape. Ya sabes, cosas de Premios Anuales – dijo Draco, regocijándose de la expresión del pelirrojo.

Ron sintió que se sonrojaba. ¿Entonces, es verdad que Malfoy no la había atacado? ¿Era cierto que se llevaban bien? No era posible, porque Hermione era hija de muggles y Malfoy era…. Un capullo, eso es lo que era. Porque acababa de mandar al traste su objetivo de pasar la mañana con Hermione y encima lo había hecho quedar como un estúpido.

- Ah, pues… vale. Veo que no necesitabais mi ayuda. Adiós – se dio la vuelta y abandonó el pasillo, prácticamente corriendo.

- ¡Espera, Ron! – Hermione lo llamó, pero el muchacho no regresó.

- Weasley es idiota.

- ¡Draco! – la chica se masajeó el puente de la nariz –. Esto me pasa por no contárselo antes.

- ¿En serio? ¿Se ha puesto celoso porque me he "tropezado" y crees que lo mejor es que sepa que salimos?

- Él no estaba celoso.

Draco rodó los ojos.

- Es obvio que sí lo estaba. Y dile que aguantaré sus miradas de odio, pero no que me ataque. La próxima vez, me encargaré de defenderme.

La chica le devolvió su varita y se encogió de hombros. Sinceramente, no creía que Ron volviera a atacar a Draco. Por lo menos, no hasta dentro de un tiempo.

- No me ha hecho gracia que me desarmaras – dijo el rubio frunciendo el ceño. Se había sentido ninguneado.

- No podías atacarle.

- De hecho, si podía e iba a hacerlo. Hermione, me parece bien que quieras proteger a tus amigos, pero yo tomaré mis propias decisiones.

- Solo intentaba ayudar.

- No lo has conseguido - replicó el rubio, secamente.

- Draco…

El chico suspiró y rodó los ojos. No quería que la chica se sintiera culpable.

- Está bien.

Hermione miró al suelo. Entendía al rubio. A ella también le hubiera molestado que Draco no le hubiera dejado hechizar a alguien que le había atacado primero.

- No volveré a hacerlo. Solo intenta controlarte un poco. Ron es muy impulsivo y no le ha hecho gracia vernos juntos.

Draco cerró los ojos. Hermione podía decirle todo lo que quisiera, pero no sería suficiente para perdonar a Weasley. Ya le caía mal antes, pero ahora se la tenía jurada. Solo que no podía hacerle nada si no quería que la chica se enfadara.

Llegaron a los pisos inferiores y tomaron distancias, asegurándose de que nadie los relacionara. Aún así, eran los Premios Anuales. Tenían que ir juntos a veces, ¿no?

En seguida llegaron hasta el despacho de Snape y el rubio tocó a la puerta. Nadie respondió.

- No está.

- ¿Volvemos más tarde? – sugirió Hermione.

- No será necesario – dijo una voz grave detrás suya -. ¿Qué desean?

Los chicos se volvieron hacia el profesor Snape.

- Venimos a hablar con usted de… - comenzó Draco.

- Entremos – le cortó el profesor.


Harry y Ginny estaban juntos en la habitación del chico. La pelirroja acababa de volver del campo de Quidditch y había decidido ir a despertar al dormilón de su novio y a su hermano. Pero Ron no estaba en la habitación, así que ella y Harry estaban tumbados tranquilamente en la cama del moreno, hablando de diferentes asuntos. Harry disfrutaba mucho esos momentos, intentando no pensar que pronto tendría que olvidarlos.

- Y entonces, el estúpido de McLaggen dijo… - contaba Ginny, cuando la puerta se abrió de golpe e hizo que la pareja diera un salto y mirara sorprendida hacia la entrada, donde Ron los observaba desorientado.

- Esto… ¡Os dije…!

- ¡Ron! Estamos hablando – dijo Ginny, que no quería empezar con lo mismo otra vez, mientras se sentaba en el bordillo junto a Harry.

- En la misma cama – puntualizó su hermano.

- Tío, ¿estás bien? – preguntó Harry, ignorando las protestas de su amigo. Notaba lo enfadado que estaba, e intuía que no era por haberlo encontrado con Ginny.

- Me he encontrado a Hermione y Malfoy.

Harry y Ginny se miraron alarmados y tensos. ¿Lo había descubierto Ron?

- El imbécil de Malfoy se ha lanzado a por ella y yo lo he atacado. Pero Hermione lo ha defendido diciendo que sólo había tropezado. Si claro, como que me lo creo. Estaba intentando atacarla.

- Y… ¿qué ha pasado después? - preguntó Ginny con cautela.

- Bueno, Malfoy se ha enfadado, pero Hermione lo ha desarmado para que no me atacara. Tenía pensado ir a desayunar con ella, pero tenían algún asunto de Premios Anuales que atender, así que no ha podido venir – se sentó en su cama y observó enfadado el suelo de la habitación -. Odio a Malfoy. Casi parece que él y Hermione se lleven bien. Como si, como si fueran…

- ¿Amigos? – se apresuró en añadir Harry.

- Exacto - corroboró Ron, haciendo que su hermana y su amigo suspiraran, tranquilos.

- Es normal. Llevan todo el año viviendo juntos, Ron – dijo Ginny.

- Pero Malfoy es malo. Cruel. Y un gilipollas. Además de un clasicista.

- Supongo que él y Hermione tienen que ser amables con el otro para no acabar peleándose – sugirió Harry, y Ron pareció bastante convencido con esa explicación de los hechos.

- Sí. Tiene que ser eso.

- Claro que sí, Ron. ¿Vamos a desayunar? – dijo su hermana, intentando hacerle pensar en otra cosa. El pelirrojo asintió.

- Me muero de hambre.


- ¿Y bien? – dijo Snape.

- ¿Ya tiene información? - preguntó Draco.

El profesor dudó unos instantes. No sabía hasta qué punto les podía contar, pero intuía que no mucho.

- Digamos que sí - dijo tranquilamente el hombre.

- ¿Y no nos ha avisado antes? – preguntó el rubio, entre ofendido y enfadado.

- Tengo más cosas que hacer.

- ¿Entonces, está diciendo que salvar mi vida (y la suya) no es una de sus prioridades? Muy amable.

Snape alzó una ceja y miró a su ahijado.

- Draco, te sugiero que te relajes.

El chico tomó aire y lo soltó.

- De acuerdo. ¿Qué ha descubierto?

- Como ya le dije a la señorita Granger, tenía que hablar con una persona para aclarar el asunto. Lo tuyo está solucionado, Draco.

Hermione miró al profesor esperanzada.

- ¿En serio? ¿Ya no hay peligro? – dijo, sin poder ocultar la felicidad en su voz.

- Él puede estar tranquilo y yo también.

- ¿A qué se ref…? – de pronto, Draco recordó algo -. ¡Claro! El juramento inquebrantable. Si yo hubiera muerto, usted también, ¿no?

Hermione frunció el ceño, dudando si debía preguntar de qué hablaban o esperar a que Draco se lo dijera más tarde. ¿Un juramento inquebrantable? La castaña había leído sobre ellos, y sabía que eran muy peligrosos. Muchos de los más hábiles magos habían muerto incumpliendo juramentos de ese tipo.

- Exacto - asintió el profesor.

- Vale, entonces ¿cuál es la solución que ha encontrado? – preguntó Draco, que no lograba imaginar qué podía haber hecho el profesor -. ¿Ha hablado con los mortífagos?

- Es algo más complicado que todo eso.

- Creo que podré seguirle.

- No se trata de eso. Por ahora, no debo decíroslo. Sería conveniente esperar a que el plan estuviera listo y…

- ¿Van a llevar a cabo un plan? – de pronto, Draco tuvo una idea -. Espere un momento. ¿No intentarán esconderme o algo así, no? Porque no tengo pensado…

- No, Draco. No tiene que ver contigo - el profesor rodó los ojos. El rubio no era el centro del mundo.

Eso llamó la curiosidad de los chicos, aunque Hermione prefería no intervenir y mantenerse al margen.

- ¿Quién es esa persona con la que ha hablado? – preguntó Draco.

- No puedo decíroslo.

- ¿Qué? Oiga, esto me incumbe tanto como a usted.

- Ya no, Draco. Ahora no eres tú quien está en peligro.

El rubio relajó la expresión, desconcertado, mientras Hermione se tensaba en la silla. ¿Se refería a que alguien más estaba en peligro?

- ¿De quién se trata? - preguntó el chico.

- Ya te he dicho que…

- ¿Acaso alguien va a ponerse en peligro por mí? – preguntó Draco, incrédulo.

El profesor se contuvo de suspirar. Ya les había dicho que no podía contarles más, y todas esas preguntas empezaban a irritarle.

- Tienes que escribir a tu familia y decirles que llevarás a cabo la misión y que ya tienes pensado cómo. Invéntate algo creíble e intenta averiguar cuando será el ataque a Hogwarts – el director le había puesto al corriente de todo.

Hermione no se consideraba fisgona, pero si curiosa. Y todo ese asunto llamaba su atención. Tantos tabúes y secretismo… no sabía por qué, pero no le gustaban nada. Y menos aún considerar que alguien estaba en peligro, fuera quien fuese.

- ¿Cuándo podrá contarnos algo más? – preguntó el rubio.

- No lo sé. Pero me encargaré de informaros cuando sea necesario – era mentira, pero así el rubio se vería contento.

Draco asintió y se levantó, y la chica lo hizo tras él.

- Hasta entonces, seguid siendo precavidos – les advirtió el profesor, que no quería más sorpresas por parte de los chicos. Un escándalo público era lo último que necesitaban ahora mismo.

- Prudencia es mi segundo nombre, profesor – dijo el chico, sonriendo de lado e inflando el pecho.

- No lo dudo, Draco. El único inconveniente es que tu primer nombre es "insensatez" – replicó Snape, enfatizando la última palabra.

El chico gruñó y abandonó el despacho. Hermione ya tenía un pie puesto en el umbral de la puerta, cuando el profesor la llamó desde detrás.

- ¿Señorita Granger?

La castaña se volvió y lo miró.

- ¿Sí, profesor?

- Procure que no haga ninguna tontería – dijo Snape, refiriéndose, obviamente, a Draco.

La chica asintió en silencio y abandonó la pequeña habitación.

Fuera, el rubio la esperaba apoyado contra la pared. Se encontraban en el primer sótano, y los únicos alumnos que circulaban por allí a esas horas eran Slytherins, que miraban de hito en hito a la chica y susurraban cosas (probablemente mezquinas) entre ellos.

- Vámonos de aquí, Draco. Ya hablaremos de todo cuando lleguemos a nuestra torre.

El chico asintió y se irguió. Había advertido que sus compañeros de casa no miraban muy bien a la Gryffindor, pero no podía hacer nada si no quería verse en una situación comprometida.

- No te preocupes. Sólo les extraña que estés aquí porque nunca te ven por estos pasillos.

- Me miran así porque soy hija de muggles - dijo Hermione rodando los ojos. Claro que la miraban mal por eso. ¿Por qué otra cosa iba a ser?

Draco se encogió de hombros.

- También puede ser - dijo el rubio siguiéndola.

La chica apretó el paso para llegar en cuanto antes a los pisos superiores, pero, al doblar la esquina, se dio de bruces con alguien que venía corriendo. Hermione cerró los ojos y notó un golpe duro, y cuando los abrió se encontró tendida en el suelo. Junto a ella, Nott, que también se había caído, se frotaba la cabeza.

- Joder, Granger, mira por dónde vas.

- Lo mismo digo, Nott.

Los chicos se levantaron, mientras Draco los miraba divertido.

- ¿Venís de las mazmorras? – preguntó el moreno, incrédulo. No podía creerse que Granger hubiera tenido el valor de entrar en la casa de las serpientes.

- No, de hablar con Snape. ¿Y tú? Pareces preocupado - dijo el rubio.

De pronto, la sonrisa burlona permanente se eliminó de la cara de Nott.

- Con el golpe se me había olvidado. Te estaba buscando, Draco. Vamos, antes de que acabe mal. – dijo Nott, tan rápido que casi no lo entendieron. Acto seguido, se dio la vuelta y empezó a andar a paso ligero.

- ¡Nott! ¿De qué hablas? – preguntó el rubio, extrañado.

El moreno se dio la vuelta y los miró con una expresión indescifrable.

- En el Gran Comedor. Un duelo entre Gryffindor y Slytherin. Y hoy no hay profesores. Tíos, la cosa estaba realmente seria.


¡Y fin del capítulo!

Bueno, ¿qué os ha parecido? Esta semana por fin he tenido tiempo, y he intentado que el capítulo quedara lo mejor posible. Sé que la historia no ha avanzado mucho, pero si que han ido pasando cositas :)

Primero, hemos visto terminar la conversación de Harry y Dumbledore. Obviamente, Harry sigue con su plan de salvar al director. ¿Lo conseguirá? Ya se verá :)

Después, un poquito de Alice y su novio... por suerte, el chico es cauto y no va a decir nada. O eso parece, ¿no? También ha quedado en el aire el hecho de que, al parecer, su relación no es seria... ¿o sí?

Tras esto, una pequeña discusión entre Hermione y Draco que, gracias a Dios, se ha resuelto enseguida sin mayor problema. Ahora la pregunta es... ¿conseguirá Draco ser amable con Harry? ¿Qué creéis vosotros? 😊

Por la mañana, el desayuno a la cama ❤ Yo quiero un chico como Draco, qué queréis que os diga ;) Después de un agradable desayuno, han tenido que ir a ver al no tan agradable profesor Snape, pero se han encontrado con Ron y... bueno, ha habido un pequeño incidente. Por suerte o por desgracia, el pelirrojo no se ha enterado de la relación entre los chicos y ha corrido a buscar a Harry, que junto con Ginny ha conseguido tranquilizarle.

Mientras, Hermione y Draco han llegado al despacho de Snape, que no ha podido decirles mucho... de hecho, los ha dejado con más dudas que antes, pero es que ¿cómo les va a contar la verdad?

Por último, se han encontrado a Nott, que les ha llevado noticias no muy buenas... ha estallado una especie de batalla entre Casas en el Gran Comedor, y la cosa pinta seria 😱🙊

¿Qué pasará en el próximo capítulo? Pues habrá que esperar al jueves que viene para verlo, ¿no? ;)

Antes de despedirme, contestaré a las reviews que no puedo contestar por privado:

- Meg: Jo, muchísimas gracias bonita ❤ Lo de los signos de interrogación es normal. Si dejo preguntas sin resolver, la historia se vuelve mucho más interesante ;) Ya ves que Ron ha tenido un amago de enterarse hoy... y pensar que si no hubiera intervenido los hubiera visto besarse XD Sé que queréis ver más a Luna, pero de momento no puede salir mucho... lo más probable es que el capítulo que viene la veamos :) Gracias por tu paciencia de esperar cada semana, aquí tienes el nuevo capítulo. ¡Espero que te haya gustado tanto como los otros! :) Gracias una semana más por leerme y dejar comentario, os considero ya casi como un grupo de amigos en vez de como mis lectores :) Un besito y hasta la semana que viene ❤

De momento, no hay nada más que responder. Os animo una semana más a que comentéis, porque a mi me gusta mucho leer vuestras opiniones y no cuesta nada mandar un mensaje :)

Muchas gracias por leerme y seguirme, espero que os haya gustado, que le deis al Go y que dejéis review :)

Con cariño, una semana más;

- Daphnea ❤


P.D.: Lo pongo en mayúsculas para que se lea bien: POR MOTIVOS PERSONALES, NO VOY A PODER SUBIR OTRO CAPÍTULO HASTA EL JUEVES 23. ESPERO QUE NO SEA MUCHA MOLESTIA, PERO AHORA NO ME ENCUENTRO TAN BIEN COMO PARA ESCRIBIR. GRACIAS POR ESPERAR, OS QUIERO ❤