Hermione notó que algo iba mal en cuanto puso un pie fuera de la Sala de los Menesteres. El pasillo del octavo piso estaba desierto, no obstante, se oían gritos en todas las direcciones. La chica se dirigió hasta las escaleras más cercanas y observó, horrorizada, el caos a su alrededor. Algunos alumnos corrían en todas direcciones en busca de un refugio o de sus amigos; otros, no paraban de mirar a sus espaldas mientras blandían las varitas firmemente; los más pequeños, estaban paralizados y no sabían muy bien qué hacer y los profesores intentaban en vano calmar aquel jaleo.

Hermione sintió como si le echaran por encima un jarro de agua fría: aquello solo podía significar que había ocurrido algo grave y, teniendo en cuenta la situación, solo tenía una idea: los mortífagos habían llegado a Hogwarts y el colegio estaba siendo atacado. Intentó buscar entre la multitud a alguno de sus amigos, pero ninguno parecía estar presente en ese momento. Por suerte, la profesora McGonagall reparó en la presencia de su alumna y se dirigió a paso rápido hacia ella.

- ¡Señorita Granger, la estaba buscando! – la mujer parecía bastante nerviosa.

- ¿Qué ha ocurrido, profesora?

La aludida abrió los ojos y la miró extrañada.

- ¿Cómo, no ha notado nada? ¡El colegio entero acaba de temblar! De momento no hay indicios de mortífagos por la zona, pero estamos preparando los trasladores y a los alumnos por si fuera necesario evacuar urgentemente. Por favor, vaya a buscar a los Prefectos de cada Casa y dígales que reúnan a sus alumnos en el Gran Comedor lo más rápidamente posible.

Hermione asintió atemorizada y salió corriendo en la dirección contraria de la que venía. Parecía ser que tenía razón. Pero no podía sentir pánico ahora, tenía que actuar si quería servir de ayuda y lograr defender el colegio. Por el camino, iba recogiendo a los alumnos perdidos y mandándolos al Gran Comedor a esperar al resto. Se encontraba a punto de doblar una esquina del tercer piso cuando se chocó con alguien que venía corriendo en la dirección contraria y ambos cayeron al suelo.

- Lo siento – dijo la chica.

- ¿Hermione? Gracias a Dios que eres tú. ¿Qué es todo este jaleo? – la chica elevó la cabeza y vio que la persona con la que acababa de chocar era Ron. Menos mal, necesitaba a sus amigos.

- ¿Tú tampoco te has enterado? Dicen que el colegio acaba de temblar y que podría ser obra de los mortífagos. Tenemos que preparar las defensas y los trasladores lo más rápido posib…

- Espera, ¿dices que Hogwarts acaba de temblar?

Hermione asintió.

- Eso ha dicho la profesora McGonagall.

- ¿Temblar como un flan o como un terremoto?

La chica elevó las cejas.

- Pues… no lo sé.

- ¿O quizás temblar como si hubiera estallado algo?

- ¿Como si hubiera estallado algo? – preguntó la castaña cada vez más desconcertada.

- Ya sabes: ¡Boom! – dijo el chico mientras simulaba una expresión abriendo los brazos.

- Ron, ¿a dónde quieres llegar? – preguntó Hermione, cada vez más extrañada.

El pelirrojo pareció intentar reunir el valor para decirle algo durante unos instantes y, al final, suspiró y soltó:

- Bueno, creo que ya sé de dónde viene ese temblor.

La castaña se sintió desconcertada durante unos momentos.

- ¿A qué te refieres?

- Verás, te vas a reír – dijo el chico haciendo que Hermione lo mirara acusadoramente -. Bueno, o puede que no. Pero no es solo culpa mía…

- ¡Ron! Al grano, por favor.

- Malfoy me ha encerrado en una burbuja y yo he lanzado un Bombarda máxima para escapar y creo que...

- ¡¿Has lanzado un Bombarda máxima para salir de una estúpida burbuja?!

Ron se sonrojó.

- Era una burbuja muy fuerte.

La chica notó como la ira recorría su cuerpo. Ron no podía ser tan inconsciente.

- ¿¡Y qué hubiera ocurrido si el hechizo hubiera rebotado dentro y te hubiera dado!? ¿¡O si hubiera hecho que se derrumbara el techo!? ¡Es un conjuro demasiado fuerte para usar a la ligera! ¡Mira el caos que has provocado! ¡De vez en cuando, no viene mal pensar antes de actuar!

- Vale, vale, lo siento, me he equivoc…

- ¡Claro que lo has hecho! ¡Ahora, encárgate de que todos sepan que no hay ningún peligro!

- Pero me castigarán por haber montado este follón…

- ¡No es mi problema!

Ron frunció el ceño. ¿Por qué siempre era todo culpa suya?

- ¿Y qué me dices de Malfoy?

La chica lo miró decidida.

- Yo me encargaré de Malfoy.

- De eso nada, Hermione. No quiero que vuelvas a esa torre.

Hermione olvidó por unos segundos que estaba enfadada con él.

- ¿C… cómo dices?

- Antes, cuando me he peleado con él, ha comentado algo de tocarte y…

La chica se sonrojó y enfadó al mismo tiempo.

- ¿Tocarme? ¿Y qué es lo que ha dicho exactamente?

- Ha dicho que qué me parecería que tú le dejaras acercarse a ti. Pero eso nunca pasará – Ron miró la expresión culpable de la chica -, ¿no?

La castaña logró sonreír tranquilizadoramente.

- Ron, no te preocupes por eso. Ya sabes que Malfoy solo dice tonterías. Ahora, ve a arreglar todo este jaleo.

- Pero…

- Yo sé cómo organizar mi vida, no te preocupes por Malfoy – tras esto, Hermione se dio la vuelta y reemprendió el paso hacia la torre de los Premios Anuales.


- ¡Vamos! – dijo Harry sin parar de correr, mientras agarraba a Ginny de la mano para no separarse de ella

- ¿Crees que han conseguido entrar? – preguntó la pelirroja, sin dejar de correr ni de mirar a su alrededor.

- No todavía, pero si han hecho temblar así el castillo no pueden estar muy lejos.

Los chicos llegaron hasta las escaleras justo cuando los gritos que se habían oído hace rato comenzaban a volverse risas. Harry y Ginny se miraron extrañados y subieron hasta el tercer piso, donde la profesora McGonagall parecía estar echando una bronca descomunal a Ron, que miraba al suelo sin decir nada y tenía las orejas tan rojas como el escudo de Gryffindor.

- ¿Qué crees que ha hecho esta vez? – preguntó Ginny en un susurro, a lo que Harry respondió negando con la cabeza. Ambos prestaron atención a lo que decía la profesora.

- ¡… imprudencia total por su parte! ¡Espero que sea consciente de que podría habernos matado a todos! ¡Un Bombarda máxima dentro del castillo!

- Per…

- ¡No quiero oír excusas! ¡Lo espero todas las tardes del próximo mes en mi despacho! ¡Y serán 30 puntos menos para Gryffindor!

- Profesora, creo que está siendo demasiado dura con…

- ¡No se meta si no quiere acompañarlo, señor Potter!

Harry se encogió de hombros y retrocedió hasta situarse de nuevo junto a Ginny.

- Tiene razón, Harry. Si es verdad que es él quien ha provocado ese temblor...

- No es tan grave.

- Lo es porque estamos en guerra y si hubiera accidentes así todos los días no sabríamos distinguir cuando estuviéramos siendo atacados de verdad. Mira el caos que ha formado.

- Pero al menos nos ha servido para ponernos en marcha. Una especie de simulacro - Ginny lo fulminó con la mirada -. Vamos, era una broma.

La pelirroja negó con la cabeza.

- Eres peor que él.

Harry sonrió y le besó la coronilla, haciendo que la chica rodara los ojos. Justo entonces, la profesora McGonagall pareció darse por satisfecha, porque los gritos cesaron y Ron pudo acercarse a ellos.

- Nunca la había visto tan enfadada.

- Ron, eres un inconsciente – dijo Ginny.

- Sí, ¿cuántas mujeres más vais a decírmelo hoy?

Harry estalló en carcajadas.

- ¿Te imaginas que tu madre te mande un vociferador como aquella vez que vinimos en el coche volador y…?

- Ni lo menciones – contestó Ron con cara de preocupación, haciendo que el moreno se riera aún más fuerte.

- ¿Cumplirás el castigo? – preguntó su hermana.

- No me queda otra.

- Te está bien empleado.

Ron apretó los puños.

- No ha sido culpa mía, sino de Malfoy.

Harry se serenó y lo miró extrañado.

- ¿Te has peleado con él?

Ron se encogió de hombros.

- Algo así, pero prefiero no hablar de eso ahora. Me muero de hambre, con todo el lío de la mañana casi no he desayunado. ¿Vamos ya a comer?

Ginny rodó los ojos. Daba igual las broncas que le echaran, Ron nunca cambiaría.

- Yo iré luego. Id yendo vosotros.

- Como quieras – dijo Harry.

La pelirroja se puso de puntillas y le dio un beso más largo de lo que Ron habría preferido. Después, se marchó escaleras arriba.

- Lo hace solo para molestarme - gruñó Ron.

Harry sonrió de lado y le pasó el brazo por los hombros.

- Claro que no. Lo hace porque me quiere.


- ¡Draco Malfoy!

Nott sonrió.

- Creo que ya se ha enterado.

Justo en ese instante, la puerta de la torre de los Premios Anuales se abrió para dar paso a una Hermione bastante enfadada, que fulminó a Theo con la mirada.

- Entendido, aquí sobro - Nott se levantó -. Que os divirtáis – dijo con tono burlón, ganándose una mirada de reproche de Draco por dejarlo solo.

La chica esperó hasta que la puerta se hubo cerrado tras Theo para encarar al rubio.

- ¡Creo que te dije que no molestaras a Ron!

- Sí, pero no dijiste nada de defenderme si él me atacaba.

Hermione dudó unos segundos.

- ¿Ha sido él quien te ha atacado?

Draco asintió y le mostró la herida de la cabeza, que todavía no había curado porque no le molestaba demasiado.

- Déjame que me encargue – dijo Hermione, que pasó de la ira a la preocupación.

- No pasa nad…

- Ven, anda.

El rubio se levantó y fue hasta ella. La chica se situó a sus espaldas y le observó la coronilla.

- No tiene muy mal aspecto- acto seguido, levantó la varita -. Episkeyo – el corte se cerró en el acto y, con otro hechizo algo más fácil, consiguió limpiar la sangre reseca de su pelo.

El chico se volvió y la miró en silencio. Ya parecía estar más calmada.

- Gracias - se estaba acostumbrando a ser amable y no le iba tan mal.

- No las des tan rápido. También sé que le has dicho algo a Ron de…

- ¿De qué?

La chica se sonrojó.

- Algo acerca de si yo te dejara tocarme.

Draco sonrió de lado.

- Se me ha escapado.

- Pues tendrás que aprender a controlarte.

- Sé controlarme, pero no con Weasley.

La chica se cruzó de brazos y lo miró con gesto autoritario.

- Draco.

El aludido rodó los ojos.

- Está bien, está bien. Tú solo encárgate de que no vuelva a atacarme.

- Lo haré.

Draco contuvo un bufido. Hermione creía que todo estaba a su alcance, pero no era cierto. Y controlar a Weasley era algo que nadie podía conseguir. Era tan impulsivo y tan esúpido… Pero de repente, un recuerdo interrumpió sus cavilaciones.

- Por cierto… antes, en el Gran Comedor… - comenzó Draco, algo inseguro.

Hermione negó con la cabeza.

- No te preocupes por eso.

- Pero…

- Si queremos mantener esto en secreto, hay cosas que tenemos que hacer, ¿no?

Draco asintió. Eso era precisamente lo que pensaba decirle. Tomó aire y la miró.

- ¿Tú... quieres seguir con esto?

La chica asintió extrañada.

- Claro que sí. Es solo que, a veces… - Hermione no pudo terminar la frase, pero Draco la comprendió. A veces era muy difícil. A veces daban ganas de chillar al colegio entero que estaban juntos. A veces había que hacer cosas, aún sabiendo que dolerían al otro.

- Ven – el rubio abrió los brazos y Hermione se refugió enseguida en ellos -. ¿Estamos en paz?

La chica asintió con los ojos cerrados.

- ¿También por lo de Weasley?

- No puedo reñirte por defenderte.

Draco asintió y la abrazó más fuerte. Ellos podían con cualquier adversidad, porque, de alguna forma, el lazo que los unía era resistente a todo.

Esa tarde, Hermione solo salió de la torre para avisar a Ginny de que hoy no iba a estar con ellos y para coger alguna que otra provisión de la cocina. El resto del día, lo aprovecharon ella y Draco para estar juntos. Disfrutando simplemente de la compañía del otro.

Últimamente habían tenido unos días algo agitados, así que, tras comer lo que la chica había traído, ambos se quedaron dormidos, entrelazados en un suave pero firme abrazo.


Cuando Hermione abrió al fin los ojos, eran más de las 7 de la tarde. La cara del rubio estaba a escasos centímetros de la suya, y la chica estiró un brazo para apartarle el flequillo platino de los ojos. Draco se despertó ante el ligero toque y observó a la castaña en silencio durante unos segundos, visiblemente desorientado.

- ¿Qué…?

- Nos hemos quedado dormidos. Es domingo, ¿recuerdas? La pelea del Gran Comedor y todo eso.

Draco, por fin situado en el espacio-tiempo, se estiró cuan largo era y bostezó sonoramente.

- Creo que voy a ir a volar un rat…

Hermione rodó en el sofá y se sentó encima del rubio, que la observó elevando una ceja con expresión divertida.

- De eso nada. Hoy vamos a pasar todo el día juntos.

- ¿Ah sí?

- Por supuesto.

- Como tú mandes. Pero dime, ¿qué tienes pensado hacer para divertirte?

Hermione sonrió y se inclinó lentamente sobre el chico hasta situar su boca junto a su oreja.

- No sé – susurró -. ¿No se te ocurre nada? – se inclinó un poco más y le mordió el lóbulo, notando como Draco se tensaba bajo ella.

- Bueno, puede que tenga algunas ideas… - dijo el chico con voz ronca mientras, con sus manos, iba ascendiendo a lo largo de las piernas de la chica hasta llegar a la curva de su cadera.

- Eso espero – Hermione comenzó a besarle el cuello lentamente, pero sus besos se tornaban ávidos a cada momento, acelerando al compás de su respiración agitada.

Draco llevó su mano hasta la mejilla de la chica, acariciándole suavemente para hacerle entender que él también quería participar. Hermione se desplazó entonces a lo largo de su mandíbula hasta, por fin, entrelazar sus bocas en un beso dulce y pasional. El rubio se elevó para quedar sentado, de forma que la chica estuviera encima suya con una pierna a cada lado de su cadera.

- Mejor que ir a volar, ¿no? – preguntó Hermione contra la boca de Draco, que le mordió el labio inferior antes de responder:

- Mil veces mejor.

La chica se apartó y lo miró sonriente durante unos segundos, para luego darle un último beso y ponerse de pie.

- Eh, eso no es justo – dijo Draco, mientras se tumbaba de nuevo en el sofá intentando clamar su respiración.

- La noche es nuestra, pero hay muchas cosas que todavía no hemos hecho.

Draco elevó una ceja. No sabía por dónde podía salir Hermione.

- ¿A qué te refieres?

- Bailar.

- ¿Qué?

- Nunca hemos bailado, ¿cierto?

Draco titubeó durante unos instantes.

- Bueno, no pero…

- A mí me encanta bailar. De pequeña fui muchos años a ballet, pero cuando la magia surgió en mí tuve que dejarlo. Provocaba cosas extrañas en la sala cuando me concentraba demasiado en los movimientos o cuando me enfadaba con mis compañeras.

- La pequeña Hermione no sabía controlarse - dijo Draco con tono burlón pero divertido.

- Verás, no todo el mundo nace en una familia de magos que le instruya desde pequeño en qué es y cómo debe comportarse.

Draco se encogió de hombros.

- Supongo.

Hermione rodó los ojos y elevó la varita en dirección a su habitación.

- ¿Qué…? – Draco no pudo terminar la pregunta, porque justo entonces, el reproductor de música de la habitación de la chica empezó a emitir una melodía suave y graciosa, al compás de la cual Hermione comenzó a girar, dejándose llevar por el ritmo y los pasos que recordaba. Puede que hubiera perdido flexibilidad y facilidad, pero seguía siendo grácil gracias a su cuerpo fino y a sus movimientos precisos. Podría haber llegado a ser una buena bailarina si la magia no hubiera aparecido en ella, pero, a decir verdad, lo prefería así.

Mientras bailaba, el rubio la observaba en silencio. La chica se había situado delante de la ventana y la luz del atardecer que entraba dibujaba su silueta de una forma bella y misteriosa, confiriendo a la habitación un color naranja y una calidez agradable. La melodía llenaba el ambiente, acariciando tu cerebro y confiriendo una sensación de paz que incrementaba al mirar a Hermione. En ese momento, todo era perfecto. Nada podía salir mal y la existencia de los chicos se reducía a ese baile, a esa canción. Pero, de pronto, la melodía cesó y el hechizo se rompió. Hermione y Draco se miraron desorientados durante unos segundos, sin saber muy bien qué acababa de pasar.

La chica se sonrojó y, con otro movimiento de varita, consiguió que comenzara a sonar una canción parecida a un vals. Tras esto, miró al rubio expectante.

Draco se levantó y, con parsimonia, se dirigió hacia ella. No tenía miedo de hacerlo mal, en su familia lo habían instruido en los buenos modales y había asistido desde pequeño a fiestas con algunas de las familias más célebres del país, por lo que sus padres se habían encargado de que supiera cómo actuar a la hora del baile.

Cuando estuvieron frente con frente, se situaron en posición: Hermione colocó su mano izquierda en el hombro del chico y Draco, su mano derecha en la cadera de la castaña. Después, entrelazaron sus otras manos y se miraron a los ojos durante unos segundos.

Draco sonrió de medio lado.

- Espero que puedas seguir mis pasos – y comenzó a girar al son de la música, arrastrando a la chica en un baile desenfrenado pero elegante. Hermione no podía evitar reír con cada giro y Draco sonreía cada vez que la veía. Porque, una vez más, se dejaban llevar por sus sentimientos y actuaban como niños despreocupados que jugaban a quererse. Solo que, en su caso, el juego se estaba volviendo realidad.

La canción terminó de pronto para dar paso a otra mucho más lenta y ninguno de los dos dudó. Hermione pasó sus brazos tras el cuello del rubio y apoyó su cabeza en su pecho. Draco entrelazó sus manos tras la espalda de la castaña. Y bailaron dulcemente, arropados por la melodía y el amor, por sus ganas de quererse y de estar juntos, por la tranquilidad de saber que tenían toda la noche para ellos y no debían tener prisa.

El rubio cerró los ojos y dejó su mente volar tres años en el tiempo, hasta aquel baile del Torneo de los Tres Magos. Recordaba a la perfección a los cuatro participantes entrando al Gran Comedor, acompañados de sus parejas. Él hizo un repaso de todos los acompañantes, deteniéndose durante unos momentos en la chica que iba agarrada al brazo de Víctor Krum. No podía distinguirla bien desde la distancia, pero parecía una chica muy agraciada y con un cuerpo elegante. "Una chica de Beauxbotons", se dijo automáticamente. Pero entonces, alguien a su derecha murmuró algo acerca de Hermione Granger y él decidió prestar más atención. No cabía en sí de sorpresa cuando, al estudiar las bellas facciones de la chica, comprobó que, efectivamente, era la hija de muggles a la que insultaba todos los días, a la que llamaba Comelibros y a la que tanto le gustaba molestar. Pero no parecía para nada ella. Más bien, era como una de las chicas con las que no le importaría estar y Draco era consciente de que, en esos momentos, todas las miradas masculinas estaban dirigidas hacia ella.

Nunca podría olvidar aquella noche, la sensación de odio hacia Krum que había sentido al verlo bailar con Hermione y las ganas de pegar a Weasley cuando la había hecho llorar. Nunca podría olvidar aquellas ganas de acercarse a ella y pedirle un baile o de, simplemente, cruzar algunas palabras. Se había tenido que repetir muchas veces a lo largo de la noche quién era ella y quién era él, pero la expresión "hija de muggles" no parecía tener mucho sentido en esos momentos. Porque, por unas horas, había visto a la chica como una igual y, de alguna forma, estaba seguro de que era en ese momento cuando las cosas habían empezado a cambiar.

La canción acabó y los dos chicos permanecieron abrazados en silencio durante unos intensos minutos. Al fin, Hermione levantó la mirada y fijó sus ojos castaños en los del rubio. Draco se inclinó sobre ella hasta que sus narices se rozaban y sus respiraciones se entremezclaban, ambas aceleradas pero suaves. El Slytherin alzó su mano para situarla en la mejilla de la chica y comenzó a acariciarle suavemente con el pulgar.

Hermione eliminó la poca distancia que quedaba entre ellos y entrelazó sus bocas en un beso lento, haciendo que las llamas se alzaran a su alrededor. Draco lamió suavemente el labio inferior de la chica haciendo que esta se estremeciera y, con cuidado, la elevó en brazos. La castaña se dejó llevar, pero enseguida se dio cuenta de que no iban al sofá blanco ni a ninguna de sus habitaciones. El rubio llegó hasta la puerta del fondo de la sala y la abrió, entrando con la chica en el amplio baño de los Premios Anuales.

Draco depositó a Hermione en el suelo y se arremangó la camisa. Con calma, comenzó a preparar la enorme bañera; abrió los grifos dorados y dejó que el agua tibia cayera de los cientos de orificios, llenando la piscina en apenas unos minutos. Después, seleccionó algunas de las bombas de baño mágicas para teñir el agua de un color lila azulado y, después, conferirle un suave perfume a menta, ese que a la chica tanto le gustaba.

Cuando todo estuvo preparado, se giró y miró significativamente a la chica, que lo observaba embelesada desde la entrada. Draco comenzó a desanudar su corbata, pero Hermione echó a correr hacia él y saltó a sus brazos, tirando a los dos al agua.

- Así mejor – dijo la chica riendo mientras, ya dentro de la piscina, lo besaba divertida.

El rubio le mordió el labio y, en unos segundos, la diversión dejó paso a la pasión. Hermione y Draco permanecían abrazados, ella subida a los brazos de él, dejándose acariciar por el agua, que ralentizaba sus movimientos y los tranquilizaba y excitaba al mismo tiempo. Quitarse la ropa les fue algo más difícil que en el exterior y varios botones saltaron por el camino, pero en ese momento tenían cosas más importantes en las que pensar. Como en la sensación eléctrica que sentían y que les hacía querer más. Siempre más.

La castaña recorrió con sus manos el pecho desnudo del rubio, notando su tacto bajo el agua. La sensación le resultaba extraña, pero las curvas del chico eran tan familiares para ella que no tenía problemas para reconocerlas y saber recorrerlas.

Draco hacía que sus manos danzaran a lo largo de los muslos de la castaña, acariciándola en un gesto protector, sensual y cariñoso. Y mientras, sus lenguas bailaban un baile lento, que no tenían prisa por acelerar aunque sus cuerpos se lo pidieran.

Hermione entrelazó sus manos en el cabello mojado del chico, pegándose a él tanto como fue posible y moviendo ligeramente las caderas para provocarlo. Draco no tardó en reaccionar y desató el sujetador de la chica con habilidad, dejando que cayera al fondo y se viera arrastrado por el agua, perdiéndose en la enorme bañera. La Gryffindor no tardó en seguirle el juego y se deshizo de sus braguitas en dos rápidos movimientos, lanzándolas lejos sin importarle dónde fueran a parar.

El rubio notaba el agua hervir a su alrededor, sabía que, en cuanto se quitara la última prenda, no tardaría en unirse a la chica. Y por ello, no lo hizo todavía. Quería notar el dolor de la pasión en sus huesos, apremiándolo, exprimiéndolo, haciéndole mostrar su lado más fiero. Quería que la chica notara lo mismo que él, que lo arañara de desesperación, que le suplicara que lo hiciera de una vez, que lo besara frenéticamente como si fuera el último de sus días. Quería que la noche se alargara tanto como fuera posible, que les resultara infinita e inolvidable, porque sabía que, cada vez que estaban juntos, podía ser la última.

Hermione se aferraba al cuello del chico con desesperación mientras lo besaba ávidamente, empezando a sentir como las ansias la cegaban y se apoderaban de ella. Sabía que el chico quería que durara, pero no podría esperar mucho más. Estaba tan excitado como ella.

Pasaron unos cortos y eternos minutos y la chica comenzó realmente a impacientarse. Las descargas eléctricas que la recorrían se volvían cada vez más fuertes y notaba que las piernas que rodeaban la cintura del chico le temblaban.

- Draco... - logró decir entre suspiros con la voz aguda. El rubio le besó la frente y asintió, liberándose de sus boxers y, al fin, hundiéndose en ella.

Hermione tuvo ganas de llorar y de gritar de felicidad al notar al chico entrando en ella. Era una sensación maravillosa y sentía como si estuviera en el cielo, flotando entre las nubes. Se aferró con fuerza a la espalda del chico y se unió a sus rítmicos movimientos que, aunque algo inestables bajo el agua, no flaqueaban ni perdían intensidad. Porque nada, y menos un poco de agua, podía interponerse entre las ganas que los dos chicos tenían de amarse, de sentirse y de entregarse.

Draco recorrió con su nariz el cuello de la chica, inspirando como si fuera un lobo hambriento que acaba de encontrarse con la más suculenta de las presas. Podía oler en ella el perfume que solía usar y eso le excitaba todavía más. Hermione, a su vez, echó la cabeza hacia atrás y entrelazó sus manos en el cabello platino del Slytherin. Con cada movimiento, el rubio le mordía y lamía con más ansias, pues notaba como las descargas eléctricas comenzaban a almacenarse en la zona baja de su vientre. La Gryffindor esperó hasta que Draco hubo terminado con esa zona y, por fin, volvió a unir sus bocas. La chica mordió el labio del Slytherin, haciendo que este la presionara más contra él.

Y ambos apoyaron sus frentes para equilibrar sus movimientos, besándose sin pausa y dejándose llevar por la sensualidad del momento. Sus gemidos se juntaban con el vaho de la atmósfera, que empañaba los cristales creando una película húmeda que difuminaba la vista de los jardines. El agua, en constante movimiento, chapoteaba una y otra vez, formando pequeñas olas y corrientes que se desbordaban ligeramente, dejando claro que en el interior de la piscina se estaba desatando un torrente de pasiones.

Y el clímax llegó, cegándolos momentáneamente y dibujando estrellas tras los párpados cerrados de los chicos, que, tras lanzar sendos gritos, se dejaron llevar al paraíso, mientras una sensación indescriptiblemente maravillosa hacía que sus huesos y músculos lloraran de puro placer. Poco a poco, se fueron relajando y Hermione se apoyó en el rubio mientras este, con los ojos cerrados, recorría con ligeros besos el cuello de la chica en una acción cariñosa y exhausta.

Pero no podían dormir ahí si no querían ahogarse y ambos sabían que la noche daba mucho más de sí, así que Draco se acercó al bordillo con la chica en brazos y asió su varita, señalando la puerta e intentando reunir un mínimo de concentración para lograr realizar el sencillo hechizo, algo que, en esos momentos, no era tarea fácil.

Por fin lo consiguió y la puerta se abrió para dar paso al sofá blanco de la sala común, que entró dando tumbos y se posó a unos tres metros de la bañera. El rubio comenzó a subir las escaleras del suelo, llevando aun a la Gryffindor que lo miraba dulcemente y le besaba suavemente la mejilla de vez en cuando. Conforme iban dejando atrás el agua notaba más el peso de Hermione que, aunque no fuera mucho, resultaba agotador en esos momentos. Sin embargo, supo que no la soltaría y no temió por ello.

La imagen era digna de ver. Los dos jóvenes, aferrados como si la vida dependiera de ello y totalmente desnudos, sin vergüenzas ni pudores por mostrar sus cuerpos perfectamente tallados, emergiendo de la piscina para dirigirse al sofá, que se les antojaba como un trono en esos momentos. Por fin, tras unos cuantos pasos, el Slytherin se dejó caer sobre el cuero blanco y se tumbó con la chica sobre él, mojando todo a su paso sin que le importara demasiado.

Hermione apoyó un brazo en el pecho del rubio y lo observó durante unos segundos, retirándole el pelo goteante de la frente. Deberían haber tenido frío, pero la atmósfera del baño estaba hecha para dar confort a los estudiantes que lo usaran, y la temperatura se regulaba sola para, sin ser asfixiante, crear un clima tropical cuando fuera necesario. Aunque, en esos momentos, ambos irradiaban tanto calor que habría sido imposible sentir frío.

La chica se entregó al cuello del rubio, mordiéndole sin miedo y dejando marcas por el camino mientras este recorría su espalda con sus manos. Esta vez no tenían pensado esperar y no tardaron en volver a unirse. Hicieron el amor de forma lenta y suave, pero a la vez feroz y ávida. Hermione se sentía protegida, Draco se sentía querido. Y eso, valía más que cualquier cosa en el mundo. Por un par de horas juntos el resto de días de su vida, habrían dado sus posesiones más preciadas, hubieran renunciado a todo lo que hiciera falta. Porque el amor era, para ellos, el mejor remedio a la enfermedad de la guerra.

Cuando hubieron terminado de entregarse a la pasión de nuevo y, con un último beso lleno de sentimientos que ninguno sabía de qué otra forma expresar, se durmieron abrazados y sonrientes. Porque nada podía salir mal si estaban juntos.


¡Y fin del capítulo!

¿Qué os ha parecido? :) Puede que muchos consideréis que he dedicado demasiado capítulo a Dramione (de hecho, ha sido casi todo el capítulo), pero es que hace mucho que no tenían un momento así y me apetecía bastante. Además, tengo que ir examinando poco a poco los cambios que dan en sus sentimientos, contar un poco como va la relación y todo eso. Qué queréis que os diga, es mi capítulo favorito hasta el momento ❤

Me preguntasteis algunos que cuándo van a salir de Hogwarts. Bien, de momento ni yo misma lo sé exactamente, pero no tengo pensado hacer muchas cosas más, así que no creo que tarden muchos capítulos. Todo llega en su justo momento ;)

Analizando el capítulo, en el principio hemos visto un poco lo que pasa en el resto del castillo después del hechizo de Ron... la que monta el pobre sin saberlo XD La verdad que me reí mucho escribiéndolo, aunque Ron me da un poco de pena. Es decir, me cae bien y lo estoy dejando todo el rato un poco mal, pero es que es un fanfic de Dramione y, si quiero hacerlo realista, Ron tiene que sufrir aunque sea un poquito :)

Después de eso, Hermione, tras hablar con Ron, ha ido directa a por Malfoy para echarle la bronca, pero al final lo han solucionado (como todo) :) y han hecho las paces. ¡Juro que me encanta la parte en la que bailan juntos! Se convierten en una pareja tan normal, tan enamorada y tan alegre que... no sé, es como que vuelven a ser niños felices :) Y lo de la escena de la piscina llevaba mucho tiempo queriendo meterlo y este capítulo me ha parecido perfecto para ello :) Espero que os haya gustado tanto como a mí y que no se os haya hecho pesado, pero a mí de verdad que me encanta leerla y releerla 3

Sé que no ha habido mucha intervención de Luna, ni de Alice ni de nadie más casi en general, pero entended que les quería dedicar un capítulo a nuestros protagonistas :) El próximo capítulo ya será un poco más ceñirnos a la realidad, y creo que voy a empezar ya a meter algo de caña, porque es cierto que no pueden estar mucho más tiempo sin que ataquen Hogwarts... ahí lo dejo ;P

Eso es un poco todo en este capítulo, pero antes de despedirme voy a responder a las reviews que no me deja responder por privado :)

- Meg: Gracias amor 😊 Intenté exactamente eso, que dentro de que quedara una buena pelea, no perdiera la esencia de la historia ni sus puntos cómicos 😂😄 La reacción de Ron todavía no sé como hacerla, porque tiene que ser súper explosiva pero todavía no se hacia que lado orientarlo... Yo me entiendo pero no os preocupéis, Ron se enterará aunque aun quede tiempo para ello 😁 Hoy ya has visto que Luna no ha tenido mucha cabida en el capítulo, pero me alegra saber que te gustó que apareciera y no será la última vez que intervenga 😊 Muchas gracias por la paciencia, espero que el capítulo haya valido la pena y que la espera hasta dentro de dos semanas no se te haga demasiado larga 😊 Gracias de nuevo por escribirme y leerme, nos vemos en dos semanas amor, un besazo 😘😘❤

- LunaGitana: Me alegro mucho de que te esté gustando la historia y espero que hayas disfrutado este capítulo, creo que no has tenido que esperar mucho 😊😘 Espero tu review con la opinión de qué te ha parecido ❤😘

No tengáis ningún problema en comentar y/o escribirme, ya sabéis que me encanta y que yo os respondo de buen gusto :)

No tengo nada más que deciros, así que gracias de nuevo por leerme y seguirme, no olvidéis dejar review y darle al Go :)

Con cariño, un capítulo más;

- Daphnea ❤