Hermione abrió los ojos cuando la luz del amanecer empezó a inundar el amplio baño de los Premios Anuales. Draco estaba a su lado, mirando fijamente y en silencio el techo de la sala y sin deshacer su abrazo. La chica se aproximó levemente hasta darle un dulce beso en la mejilla y, tras esto, el silencio se hizo de nuevo.

Puede que ninguno supiera que decir o puede que los dos quisieran decir demasiado. Pero se contentaban con revivir una y otra vez la noche anterior, tan igual a todas las demás pero, a la vez, completamente diferente. ¿Que qué había cambiado? Quién sabe, quizás su forma de sentirse, o de amarse, o quizás las mariposas que notaban en el estómago cada vez que estaban juntos, las ganas que tenían de hacer feliz al otro y de poder, de una vez por todas, admitir al mundo entero que se amaban y sonreír a todo aquel que los llamara locos, porque ellos no entendían lo que sentían. Sentían que podrían quizás haber hecho todo eso, o haberse fundido de nuevo en amor, haber llorado de alegría y temor, e incertidumbre y pasión, haberse encerrado en su torre para aislarse del cruel y frío mundo exterior, refugiándose en sí mismos y en la compañía del otro sin llegar a comprender qué significaba todo lo que estaban sintiendo en esos momentos. Pero prefirieron guardar silencio y suspirar, sabiendo que, aunque murieran por amarse, aunque su corazón ya no fuera enteramente suyo, había otras cosas de las que preocuparse en ese momento. Sabiendo que, una vez más, iban a tener que ocultarse y esconderse, y arrepentirse de ello. Pero no había otra alternativa, era luchar o amar, amar o luchar. Y había demasiadas vidas importantes en juego como para elegir con el corazón.

Hermione, tras una media hora en silencio, se levantó y, con calma, comenzó a recoger sus ropas desperdigadas por la habitación, tanto dentro como fuera de la piscina, que ahora estaba vacía pero seguía confiriendo a la habitación un suave perfume masculino. A la camisa le faltaban la mitad de los botones y la falda estaba rota por uno de los costados, además de que la mayoría de las prendas estaban empapadas o demasiado arrugadas. Lo arregló todo como pudo en unos segundos y se cubrió con una toalla, pues ese día se pondría el otro uniforme. Tras ello, se aplicó un poco de la poción que utilizaba para el cabello y consiguió dominarlo un poco, pero no le resultó fácil, pues se había dormido con el pelo mojado y eso no podía traer buenos resultados.

- ¿No vas a levantarte? – dijo Hermione mientras se peinaba, intercambiando así las primeras palabras del día con Draco.

- No tengo prisa - respondió el Slytherin con voz ronca desde el sofá.

- Snape se enfadará si llegas tarde.

Draco se encogió de hombros.

- Le diré que tuve una noche muy… agitada.

Hermione se volvió y elevó una ceja.

- ¿Ah sí?

El rubio asintió y la miró sonriendo de medio lado.

- Bueno, se podría decir que sí.

Hermione caminó hasta sentarse en el sofá, le peinó el flequillo y lo miró rodando los ojos.

- Tú verás, pero yo me voy a ir en cuanto me vista.

Draco sonrió y se elevó hasta besarla dulcemente. Hermione posó una mano en el cuello del Slytherin y la otra en su pecho y dejó por un momento que las preocupaciones volaran lejos. Sintió la lengua del rubio pidiéndole paso, perezosa pero ávida, y se lo concedió, ladeando la cabeza para profundizar el beso. El chico la abrazó por la cintura y se concentró en la unión de sus labios y en la sencillez, sensualidad y felicidad del momento, que ninguno quería finalizar. Pero ambos notaban como sus respiraciones iban acelerándose y Hermione sabía que, si seguía besándolo, se quedaría con él toda la mañana y, aunque lo deseara con todas sus fuerzas, era consciente de sus obligaciones. Así pues se separó unos centímetros del chico, y ambos apoyaron sus frentes, rozando levemente sus narices una y otra vez, dejando que sus respiraciones se entremezclaran y acariciándose levemente con las manos, reticentes a tener que separarse. Cuando la chica abrió los ojos, encontró los iris grises, en ese momento casi azules, de Draco a escasos centímetros de los suyos, estudiándola minuciosamente, como si intentara captar cada uno de sus mínimos detalles, movimientos, actos. Una mirada penetrante y analítica, a la vez que curiosa y familiar. Hermione no retrocedió, sino que enfrentó su estudio e intentó transmitir al chico tanto como sentía, infundirle calma, cariño, seguridad. Y cuando Draco se inclinó sobre ella para darle un beso de despedida en la frente, lo supo a ciencia cierta. Ese sentimiento que intentaba ignorar y al que puede que no estuviera preparada para hacer frente se presentaba claramente ante ella.

Estaba enamorada de Draco como nunca antes lo había estado de nadie. Ahora la pregunta era, ¿qué sentía el chico por ella?


- ¿Dónde te metiste ayer? – preguntó Ron con la boca llena de tostadas con mermelada cuando Hermione se sentó junto a ellos en la mesa del desayuno.

- Estuve estudiando después de comer y acabé agotada, así que me fui a dormir pronto – la chica se sirvió dos porciones de tarta de manzana y dos salchichas con beicon. No solía desayunar mucho, pero estaba muerta de hambre.

- Pero si no nos mandaron tareas – dijo el pelirrojo.

- Pero nunca viene mal repasarlo todo para llevarlo al día.

Ron rodó los ojos y Harry se concentró en sus huevos revueltos. Fuera lo que fuera lo que hubiera hecho Hermione todo el día anterior, estaba seguro de que no había sido solo estudiar. Además, se había fijado y Malfoy tampoco había ido a cenar ni a comer el día anterior.

- Hermione, nunca cambiarás. Relájate, todavía queda mucho para los Éxtasis y…

Harry lo miró durante unos segundos. Ron estaba pensando lo mismo que llevaba él pensando todo el curso.

- Y la guerra comenzará dentro de poco, así que tendremos que abandonar Hogwarts antes de poder finalizar séptimo – terminó el moreno.

Ron asintió. Por algo los chicos se estaban tomando con tanta tranquilidad el curso.

- Exacto, no seguiremos aquí hasta los Éxtasis. Y no pensarás estudiar durante nuestro viaje, ¿verdad?

- Bueno no, pero eso no quita que tengamos que estudiar ahora. Porque si la guerra termina antes de junio, llegaremos a tiempo de hacer los exámenes. Es decir, sé que no es muy probable pero... - Hermione, que sabía que era una situación demasiado hipotética, bajó la cabeza y siguió desayunando. Si bien no era cierto que había estado estudiando el día anterior, sí que solía llevarlo todo al día. Al fin y al cabo, 7 años de esfuerzo en el colegio se iban a mostrar en los Éxtasis y tenía que estar preparada. Aunque, para qué engañarse, sabía que las probabilidades de que la guerra durara tan poco y de que los exámenes tuvieran lugar tras meses de exilio eran nulas.

Ron y Harry, a su vez, se miraron durante unos segundos y se encogieron de hombros. Ninguno de los dos quería quitarle esperanzas a su amiga, pero eran muy conscientes de que la guerra no tenía muchas pintas de ir a acabar antes de junio teniendo en cuenta que casi ni había empezado.

El trío de oro siguió comiendo en silencio hasta que llegó Ginny y se sentó junto a Harry, tras darle un beso y saludarlos a todos. Hermione sonrió viendo como Ron gruñía ante la muestra de afecto y puso una mueca triste al ver a la pareja reír. Ojalá ella pudiera también mostrarse así al mundo… Pero de pronto, un torbellino rubio la sacó de sus pensamientos. Lavender se sentó junto a ellos agarrando del brazo a su Ro-Ro, que le dirigió una leve mirada antes de prestar toda su atención a sus tostadas. Ginny y Hermione se miraron y rodaron los ojos y Harry puso una sonrisa divertida al ver como su amigo intentaba seguir desayunando mientras Lavender le relataba de corrido todos los cotilleos amorosos de la semana: una pareja de Slytherin que se acababa de hacer oficial, una chico de Gryffindor al que le gustaba la novia de su mejor amigo, que era Hufflepuff, dos chicos que salían juntos, uno de Gryffindor y el otro de Ravenclaw, pero que se habían enfadado por alguna historia de Quidditch… en fin, y todo en lo que Lavender estaba puesta al día.

El trío de oro y Ginny suspiraron aliviados cuando llegó la hora de ir a clase, pues el rápido y agudo hablar de Lavender los estaba volviendo locos.


Luna caminaba hacia su segunda clase del día, Encantamientos. Si bien la daba en el quinto piso, iba tan ensimismada en sus cosas que no era consciente de que se hallaba aún en el cuarto piso. No le extrañó encontrar el pasillo vacío, pues solía llegar un poco antes que los demás, así que llegó tranquila hasta el aula más alejada del pasillo y abrió la puerta, pero se abstuvo de entrar al darse cuenta de que no estaba sola. En el interior, Alice Bramson se besaba con un chico que conocía. Por unos segundos, se quedó quieta en el hueco de la puerta sin asimilar la situación. ¿Ella estaba con… él? Incluso a ella, la atenta y perspicaz Luna Lovegood, se le había pasado por alto.

Los jóvenes se separaron al momento y miraron hacia la puerta, sorprendidos, enfadados, confusos e incluso temerosos.

- ¿L… Luna?

La rubia sonrió e intentó aparentar normalidad ante su compañera de curso.

- Hola Alice, no sabía que…

- Escucha, no puedes decir nada de… - la cortó la Hufflepuff.

Luna asintió y se encogió de hombros. No era una chismosa y, además, sabía que si aquello salía a la luz iba a dar mucho de qué hablar.

- Me lo imagino. Yo… bueno, lo siento. Creía que esta era mi clase de Encantamientos. Pero ya me voy. Adiós – tras esto, la Ravenclaw desapareció sin darles tiempo a farfullar ninguna excusa más.

Una vez solos, el chico observó a Alice en silencio durante unos segundos y dio una patada al pupitre más cercano.

- No pasa nada, Luna no lo contará a nadie. Me llevo bien con ella y sé que es bastante reservada, tanto para sus asuntos como para los de los demás.

El moreno se pasó la mano por la cara, nervioso y enfadado consigo mismo y con la situación.

- Esto es demasiado imprudente.

- ¿A qué te refieres? – preguntó la Hufflepuff mirándolo fijamente.

El chico pareció pensar la respuesta durante unos segundos y reunir valor para contestar. Observó a la chica, puede que ligeramente triste.

- No podemos seguir viéndonos, Alice.

La rubia inspiró y se volvió hacia la ventana, intentando controlar sus emociones sin mucho éxito.

- Escucha, sé que no es tan fácil como olvidarlo, pero si necesitas algo… - siguió el moreno.

- ¿Qué? ¿Me vas a decir que si necesito algo voy a poder recurrir a ti? ¿Que todo va a seguir siendo igual? Porque no, no lo creo.

- Tú misma eres consciente de que es lo mejor para los dos.

Alice negó y se volvió a encarar al moreno.

- Lo único que yo sé es que quiero estar contigo. También sé que hay riesgo, pero estoy dispuesta a asumirlo. Simplemente habrá que ser un poco más discretos, como hemos sido hasta el momento.

El chico suspiró y se frotó los ojos para intentar aclarar sus ideas. Él quería realmente seguir con Alice, quería que todo se normalizara y poder quedar con ella cada minuto para disfrutar de su compañía y ayudarla a superar la pérdida de su familia. Sabía que, de alguna forma, le necesitaba tanto como él a ella. Pero también estaba seguro de que esa relación acabaría por destruirlos y, aunque le doliera más de lo que hubiera imaginado que le dolería ese momento, tenía que ponerla a salvo. Y eso implicaba alejarla de él y mentirle respecto a la razón. Aunque se sintiera traicionada y usada, aunque él se sintiera un capullo y un gilipollas. No era momento de pensar en lo moral sino en la seguridad de Alice.

- Lo siento, pero yo no puedo seguir más – dijo intentando parecer firme en su decisión pero sintiendo como algo se resquebrajaba en su interior.

La Hufflepuff no pudo evitar que las lágrimas inundaran sus ojos. Aquello le dolía demasiado. No estaba preparada para soportar algo así en ese momento, no se había preparado para ello, ni siquiera se había parado a pensarlo. Tampoco era consciente de que sentía tanto por él hasta entonces, cuando sintió que el mundo se derrumbaba a su alrededor.

Ahora fue el chico quien miró por la ventana. No podía soportar verla así y saber que era por su culpa. Pero era lo mejor. Posiblemente ella, en un tiempo, encontrara a otro mejor y lograra olvidarlo. Como también lograría superarla él. Tenía que hacerlo, no podía permitirse vivir en lamentos.

Alice dirigió una última mirada hacia el moreno y, en unos cortos pasos, se acercó y lo besó levemente en los labios antes de abandonar la sala. El chico se apoyó lentamente contra la pared a sus espaldas y se revolvió el pelo, sabiendo que ese último beso había puesto punto y final a una historia que, ahora, formaba parte de su pasado. ¿Que si era eso lo que él deseaba? A decir verdad, él solo la deseaba a ella.


A las 6 de la tarde, Ron se reunió junto a Hermione y Harry en el haya junto al lago y se sentó, exhausto, a su lado. Sus amigos lo miraron en silencio y, visto que no empezaba a hablar, la castaña preguntó:

- ¿Qué tal el primer día de castigo?

El pelirrojo se frotó los ojos.

- Horrible. McGonagall quiere que organice todos los archivos de los diferentes alumnos de la última década por Casas, cursos, notas y orden alfabético. ¡Hay unos 10.000 documentos revueltos y no me deja usar la magia! Me duelen los ojos de intentar descifrar la escritura y siento como si me martillearan la cabeza de haber leído tantos datos. En serio, es horroroso.

- Suena bastante aburrido – dijo Harry mientras se apoyaba contra el haya -. Si quieres podemos ir a volar y así te relajas un poco.

Ron pareció animarse un poco.

- Buena idea. ¿Vienes, Hermione?

La chica los miró sonriente y negó con la cabeza.

- Tengo un plan mejor.

- ¿De qué se trata? – preguntó el moreno, extrañado.

La chica les señaló una cabaña lejana en los jardines, por cuya chimenea salía una columna fina pero perceptible de humo.

- Hagrid ha vuelto.


Fang comenzó a ladrar animado cuando unos rápidos golpes sonaron en la puerta de la cabaña, y Hagrid no pudo evitar sonreír y rodar los ojos.

- Ya me extrañaba a mí… - con su paraguas rosa, bajó la intensidad del fuego encima del cual bullía una caldero y dejó el filete congelado que se estaba poniendo en el ojo morado en la mesa más cercana, mientras otros golpes volvían a sonar – Ya voy.

Anduvo hasta la puerta y la abrió, notando como tres cuerpos se le echaban encima y lo abrazaban. Si no hubiera medido más de 2 metros y medio, lo hubieran sepultado. Él abrazó también a los muchachos, con cuidado de no aplastarlos.

El trío dorado se apartó y lo miraron expectantes, llevándose un gran susto. La cara del medio gigante estaba surcada por una serie de recientes moratones y arañazos y cojeaba levemente de la pierna izquierda, aunque los tranquilizó que él no pareciera alterado ni dolorido. Tenían tantas preguntas que no sabían por dónde empezar.

- Vaya, casi ni os reconozco. Ron, debes medir como mínimo dos palmos más que el curso anterior y Hermione ya parece toda una mujercita. Y mírate, Harry. La viva imagen de tu padre. Menos los ojos, los ojos son de tu madre. Vaya, supongo que estarás harto de oír eso – los jóvenes sonreían, sin tiempo a responder entre los rápidos comentarios del hombre -. Pero pasad, chicos, no os quedéis ahí.

El trío de oro entró en la acogedora cabaña y Fang enseguida se les echó encima, contento de verlos y ansioso de jugar con alguien.

- Vamos Fang, no los agobies. Eso es, buen chico – dijo el hombre mientras el trío de oro se sentaba alrededor de la mesa.

Los jóvenes se miraron expectantes, sin saber muy bien qué debían preguntar primero. ¿Cómo le había ido? Bueno, por los moratones era obvio que no muy bien, pero tampoco parecía triste. Ron y Harry observaron a Hermione y esta rodó los ojos. ¿Por qué siempre le tocaba a ella todo?

- Hagrid, nos estábamos preguntando…

- ¿Qué dónde me he hecho estas heridas? – Terminó el medio gigante mientras se sentaba junto a ellos en la mesa y volvía a coger el filete congelado para aplicárselo sobre el ojo amoratado.

Los chicos asintieron.

- Deberías ir a que la señora Pomfrey…

- Oh, no quiero molestarla. Además, será mejor que los alumnos no me vean así; es mejor evitar a los curiosos. No son heridas graves.

Harry elevó una ceja.

- ¿Pero dónde te las has hecho?

- Me temo que no puedo decíroslo, chicos. Dumbledore me encargó una misión y he estado parte del verano y casi todo el curso en ello.

Por la manera en que lo contaba, casi de forma insustancial, no parecía querer entrar en detalles. Pero era obvio que los chicos no querían quedarse con la incertidumbre.

- Eh, y… ¿Qué tal te ha ido esa misión? – preguntó Harry.

Hagrid intentó sonreír.

- Bueno, no tan bien como habíamos esperado, pero al menos no han logrado convencerlos a todos y…

- ¿Quién no ha logrado convencer a todos? ¿Y quiénes son todos? – preguntó Ron, intrigado.

- No puedo decirlo, chicos.

- ¿Hablas de los mortífagos? ¿Son ellos los que no han convencido a alguien? – concluyó Hermione, bastante acertada.

Hagrid se frotó la nuca con la mano libre.

- Bueno, sí, pero no es…

- ¿Con convencer te refieres a reclutar? ¿Has estado intentando impedir que los mortífagos recluten a alguien en su bando?

Hagrid suspiró. Esos chicos eran cada año más rápidos adivinando lo que quería ocultarles.

- Más o menos.

- ¿Intentaba Dumbledore reclutar a esas personas en nuestro bando?

- Bueno, Dumbledore no quiere obligar a nadie a entrar en la guerra. Pero quería asegurarse de que no apoyaran a Quién-Vosotros-Sabéis, es decir, que permanecieran neutros. Eso equipararía un poco las situaciones, porque los gigantes son difíciles de vencer y…

El hombre abrió los ojos y se tapó la boca. Pero el mal ya estaba hecho.

- ¿Gigantes? – preguntó Ron con los ojos como platos -. Pero creían que estaban retirados en las montañas y que querían vivir en paz.

- Eso fue lo que dijeron cuando Quién-Vosotros-Sabéis fue derrotado hace 16 años, pero sabíamos que los mortífagos iban a intentar ir a por ellos y teníamos que impedirlo. Y Dumbledore pensó que yo era el adecuado para esa misión – Hagrid sonrió -. Dumbledore es un gran hombre.

- ¿Fueron los gigantes los que te hicieron eso?

Hagrid suspiró.

- Está bien, os lo contaré todo. Pero no debéis decir nada, ¿vale? – los tres chicos asintieron, ansiosos de escuchar la historia -. Veréis, partí a mitades de agosto hacia la cordillera del Cáucaso, en Europa del Este. Es dónde más colonias de gigantes se sabe que hay. Cuando llegué, me instalé en una caverna cercana y empecé a intentar entablar relaciones con una de las tribus.

- ¿Cómo? – preguntó Harry. No sabía mucho de gigantes pero, por lo que había oído, no eran muy amistosos.

- Para ganarte a una tribu hay que ganarte el jefe. Y, para ello, Dumbledore me había dejado algunos regalos. Por ejemplo, les maravilló el fuego perpetuo, porque les era muy útil a la hora de iluminarse y calentarse, además de para cocinar. Llevaba ya unos meses en esto y parecía que todo iba bien, pero de repente, una mañana me desperté con gritos y encontré la cabeza del jefe en el fondo del lago. Uno de los otros gigantes lo había asesinado.

Hermione se llevó las manos a la boca.

- Eso es horrible.

- Bueno, es así como funcionan sus tradiciones. Si alguien mata al jefe, puede ocupar su lugar. Ese gigante, el asesino, era muy ambicioso. Se llamaba Gunter. Yo sabía que iba a tener que empezar a intentar entablar relaciones desde cero, pero no me desanimé. Al menos, no durante unos días. Gunter resultó ser un tirano que no aceptaba mi amabilidad ni a mí. Tuve que escapar corriendo un par de veces ante alguno de sus ramalazos de ira.

- ¿Y no conseguiste ningún progreso? – preguntó Harry.

Hagrid negó con la cabeza.

- Nada. Estuve meses en ello y no avancé ni un poco. Intentaba venderle a Dumbledore, su amabilidad, sus ganas de que el bien venza, la paz en nuestro bando… con el primer jefe había funcionado, pero a Gunter no le interesaba nada de esto. Y un día, unos hombres llegaron con un mensaje que sí captó su atención. Le prometieron poder, gloria, dinero (aunque es obvio que no le van a dar nada de eso). Pero Gunter no se paró a pensar en los posibles engaños; aceptó al momento.

- Esos hombres eran…

- Mortífagos, sí. No llegué a verlos, pero estoy seguro de ello.

- ¿Qué hiciste entonces?

- Intenté hablar con él una última vez, pero me atacó. Es ahí donde me hice las heridas. Escapé vivo por los pelos.

- Hagrid… - dijo Hermione tapándose la boca con las manos.

- No pasa nada, Hermione. Ahora estoy bien. Las heridas han sanado mucho desde entonces.

- ¿Y qué hiciste después de eso? – preguntó Ron.

- Bueno, estuve un tiempo escondido en una cueva de las montañas, cerca de otras colonias de gigantes algo más pacíficas. Conseguí convencer a alguno de que no hicieran caso a los mortífagos, pero, la verdad, no hemos logrado gran cosa.

- ¿Y ninguno ha querido luchar con nosotros? – Harry parecía algo decepcionado.

- Bueno, no exactamente. Es decir, se podría decir que no pero…

El trío de oro sintió curiosidad ante la extraña respuesta. Conocían suficiente al hombre como para saber que ocultaba algo.

- ¿Qué quieres decir con eso? ¿Has logrado convencer a alguno? – preguntó Harry.

Hagrid los miró uno a uno y, al fin, suspiró y se levantó.

- Chicos, creo que será mejor que me sigáis. Yo, creo… creo que tengo algo que enseñaros.

Los jóvenes se pusieron en pie y siguieron al medio gigante fuera de su cabaña, dirigiéndose e internándose en el Bosque Prohibido.

- Hagrid, ¿dónde vamos? – preguntó Hermione con la mirada fija en el suelo para evitar tropezar con las nudosas raíces de los viejos árboles. No le gustaba mucho el Bosque Prohibido, cosa que, por cierto, no era de extrañar.

- Ya lo veréis.

Tras un cuarto de hora andando, vislumbraron a lo lejos un claro despejado de cualquier árbol. Hermione no pudo evitar notar, debido al silencio, como los animales parecían rehuir esa zona. ¿Qué habría allí? ¿Una de las extrañas criaturas mágicas que Hagrid domesticaba?

Al fin, llegaron a la explanada. Hagrid avanzó unos pasos y los chicos, a sus espaldas, se miraron extrañados. No parecía haber nada extraño en el claro, a excepción de una montaña grisácea.

El guardabosques cogió un palo largo y grande y, con cuidado, pinchó repetidamente el montículo gris que, para sorpresa de los chicos, comenzó a moverse y a gruñir.

- ¿Hagrid? ¿Eso es un…? – la pregunta de Ron se vio interrumpida por un alarido grave y un temblor cuando, de pronto, la montaña se levantó y abrió dos ojos oscuros para fijarlos en los chicos.

- Un gigante – terminó Harry, entre estupefacto y asombrado.

- ¿Has traído un gigante a Hogwarts? – preguntó Hermione a Hagrid, mirándolo con los ojos como platos.

- No tuve otra opción. Él es Grawp… mi hermano. Bueno, hermanastro. Mi madre era una giganta y, cuando mi padre murió se casó con un gigante y tuvieron a Grawp. Él es algo pequeño, mide tan solo 5 metros y todos los demás gigantes se burlaban de él. No pude dejarlo – dijo rápidamente el hombre, que parecía muy nervioso -. Pero es muy amable, ¿verdad, Grawp? Él está aprendiendo nuestro idioma y… ¡No! ¡Suelta ese árbol! – Demasiado tarde, porque el gigante ya había arrancado el pino de golpe y lo estaba sacudiendo para hacer caer los pequeños animales silvestres de él y, sin más miramientos, tragárselos - ¡Muy mal, Grawp! ¡Eso no se hace, chico malo!

El gigante no pareció muy molesto por la reprimenda, pues comenzó a sacudir despreocupadamente el árbol como si fuera un bate de beisbol, haciendo que el trío de oro agachara la cabeza para salvarse de un fuerte golpe.

- ¡Mal Grawp! Ellos son amigos. Mira, se llaman Harry, Ron y Hermione. Pórtate bien con ellos, Grawp.

La criatura miró a su hermanastro durante unos segundos y volvió a menear el enorme bate que acababa de agenciarse.

- ¡Hagrid! – gritó Harry mientras tiraba de sus amigos para ponerse a salvo tras otro árbol -. ¡Contrólalo! – de pronto, el árbol tras el que los chicos se escondían desapareció en las manos del gigante y, en un rápido movimiento, Grawp atrapó a Hermione y la levantó en el aire.

Desde el suelo, todos se quedaron quietos durante unos segundos mientras veían al gigante menear suavemente a la chica una y otra vez delante de su cara. La castaña, desde las alturas, trató de serenarse y cruzó los brazos.

- ¡Mal, Grawp! ¡Bájame!

El gigante elevó una ceja, extrañado, y observó de cerca a la chica.

- Heerr… mmmy… - dijo con dificultad, con una voz profunda que hizo temblar el bosque.

- ¡Le gustas, Hermione! – dijo Hagrid contento -. ¡Muy bien, chico, ahora bájala! – Y, sorprendentemente, el gigante depositó a la chica en el suelo, obediente -. ¡Eso es! Veis, Grawp es bueno. Simplemente tiene que aprender a…

- ¿Dumbledore lo sabe? – preguntó Harry.

- Sí, y está de acuerdo. Los alumnos no suelen venir por aquí y Dumbledore es un gran hombre, muy comprensivo. Cuando le hablé de Grawp insistió en venir a visitarlo y se hizo amigo suyo. Grawp se portó muy bien entonces, ¿verdad? – dijo Hagrid mientras, como para corroborar sus palabras, el gigante sonreía enseñando una fila de dientes amarillos y podridos.

- ¿Y qué piensas hacer con él? – preguntó Ron, mirando desconfiado al gigante.

- No lo sé, solo quiero que esté a salvo. No podía alejarme de él y tampoco quedarme a vivir en las montañas, así que esta parecía la mejor solución. Los centauros se enfurecieron mucho cuando se enteraron, pero Firenze consiguió calmarlos.

- ¿El profesor Firenze fue readmitido en la manada? – preguntó Harry, contento.

- Bueno, le costó bastante tiempo y esfuerzo, pero no pudieron negarse. Realmente no había hecho nada malo.

- Los abandonó. Creí que las leyes de los centauros…

- Sí, pero Bane está muy calmado últimamente. Al final accedió.

Un nuevo temblor los despistó, pues Grawp decidió que la conversación ya no le interesaba y, tras girarse, se durmió de nuevo.

- Creo que será mejor que nos vayamos – sugirió Ron, que no tenía muy buenos recuerdos del Bosque Prohibido y miraba continuamente a cada lado, asegurándose de que no hubiera acromántulas al acecho.

- Sí, está empezando a anochecer y será mejor que volváis al castillo antes de la hora de cenar – aceptó Hagrid, guiando a los muchachos de nuevo hasta los jardines de Hogwarts. Tardaron un poco más en llegar, pues tenían demasiadas preguntas que hacerle al gigante.

Alrededor de las 8 de la tarde, se despidieron de Hagrid frente a su cabaña y echaron a andar despreocupadamente hacia el castillo, cruzando sus puertas cinco minutos después y notando de golpe que algo no iba bien; los alumnos corrían de un lado a otro, chocándose y resbalando, llamando a sus amigos a gritos y doblando las esquinas con el miedo en los ojos. Era como cuando Ron había lanzado el Bombarda Máxima, solo que mil veces peor. La situación parecía realmente crítica.

- ¡Neville! – llamó Harry al chico cuando pasaba corriendo delante suya -. ¿Qué ocurre?

El aludido se paró agradecido al verlos y se apoyó sobre las rodillas para intentar recuperar el aliento.

- Tíos, estáis aquí. Los profesores se están encargando de los más pequeños y de llamar a la Orden y al Ministerio, tenemos que encontrar a todos los de nuestro curso y organizar la resistencia.

- ¿Quieres decir que…? – Ron no se vio capaz de terminar la pregunta, pero Neville lo entendió a la perfección y asintió.

- Los mortífagos han entrado en el castillo. La batalla ha comenzado.


¡Y fin del capítulo!

¿Qué os ha parecido? Bueno, antes de nada debo decir que la semana pasada tuve un montón de exámenes y no pude escribir nada hasta el fin de semana, así que no he tenido mucho tiempo. Aún así, creo que el capítulo no me ha quedado mal y espero que os haya gustado :)

Al principio hemos visto cómo Hermione y Draco se despiertan y hemos explorado los sentimientos de Hermione que... ¡Sí! ¡Por fin ha admitido lo que siente por el chico! Ahora queda lo difícil... que Draco sea consciente también de lo que siente y que ambos hablen de ello aunque, claro está... tampoco estamos seguros de que Draco esté enamorado ;P Ya se irá viendo :)

Hemos tenido una pequeña charla en el desayuno y, tras ello, hemos acompañado a Luna a su clase de Encantamientos... o casi XD Se ha encontrado a Alice y ha su chico sin querer, ¡qué corte! XD La sorpresa inicial ha dado paso a la tristeza, porque el misterioso chico ha decidido dejarla y no ha sido una situación muy alegre para ninguno de los dos... en fin, habrá que esperar para ver si se arregla o se queda en una simple historia misteriosa ;)

Y luego, hemos vivido el regresar de Hagrid :) Hace mucho tiempo que no lo mencionaba pero tenía que volver ya, porque el trío de oro no va a estar mucho más en Hogwarts y teníamos que saber qué ha sido de él :) Al igual que hizo en el quinto libro, hemos visto que Hagrid ha estado intentando convencer a los gigantes de que su bando es el indicado y, aunque no ha tenido un gran éxito, se ha traído un recuerdo. Un recuerdo gigante, ni nada menos que a su hermano Grawp XD Creo que a los chicos no les ha hecho mucha gracia XD

Han vuelto al colegio y se han encontrado con una sorpresa bastante desagradable de la que aun no sabemos mucho... los mortífagos han llegado a Hogwarts o están en ello; La batalla ha empezado. Ahora habrá que esperar dos semanas para ver cómo se desarrolla y qué es exactamente lo que está ocurriendo ;)

Y ya para terminar, antes de despedirme, voy a responder a todo aquel que no puedo contestar por privado:

- Meg: Hola una semana más amor :) Antes de nada, muchas felicidades por tu titulación y me alegro mucho por ti, enserio 3 Espero que llegues a ser lo que quieras en la vida :) Me alegra mucho que te haya gustado el capítulo, admito que no sabía si os gustaría o no pero, para qué mentirnos, a mí me encantó también XD Me temo que con Ron vamos a tener que esperar todos un tiempo y, lo de Harry y Ginny puede que lo haga, pero todavía no. En unos capítulos cuando estén juntos en... bueno, ya lo verás ;P Besos de nuevo y espero que te haya encantado el capítulo de la semana, nos vemos pronto amor 3

- Arosore: Me alegro muchísimo de que te guste y muchas gracias por comentar :) Ojalá te haya gustado el capítulo, espero tu comentario ;) Muchos besos cariño 3

Bueno, sin nada más que decir por el momento me despido,y como siempre os recuerdo que mandéis reviews porque me encanta leer lo que pensáis, no olvidéis darle al Go y muchas gracias por leerme :)

Con cariño, un capítulo más;

- Daphnea