El trío de oro, tras unos breves segundos observando a Neville en silencio, se puso en marcha.
- Bien, lo mejor será que permanezcamos juntos. Si nos separamos llegaremos a más sitios, pero no vamos a arriesgarnos a que los mortífagos nos sorprendan solos. ¿Por dónde han entrado, Neville? – preguntó Ron.
- Se cree que por el pasadizo de la Bruja Tuerta, en el quinto piso.
- Pero eso es imposible. Todos los pasadizos fueron tapiados el año pasado – concluyó Hermione, haciendo que el recién llegado suspirara con resignación.
- Y eso es lo peor. Si los mortífagos han logrado entrar por allí, es obvio que alguien ha estado trabajando en el pasadizo para desbloquearlo. Y ese alguien tiene que ser un alumno que lo haya hecho desde dentro del castillo.
- Malfoy – dictaminó Ron con la voz llena de odio.
- Ron, no es el mejor momento para hacer acusaciones sin sentido – respondió Hermione enfadada -. Lo importante es que un alumno está vinculado con los mortífagos y hay que descubrir quién es. Pero no se puede culpar a alguien sin saber.
De pronto, una estampida de alumnos pasó a su lado, corriendo como si llevaran al diablo tras ellos y cortando la contestación del pelirrojo. Los chicos intentaron encontrar lo que los había asustado tanto, pero el siguiente pasillo estaba vacío.
- Malditos críos… ¿Es que no pueden mantener la calma? Si van corriendo así solo dan falsas alarmas.
- Son pequeños, Harry. Además, se dirigen al despacho de Dumbledore – lo tranquilizó su amiga, mientras se apoyaba en la pared y suspiraba. Aunque no lo admitiera, ella también se había puesto en tensión al ver correr a los niños.
- Al menos ellos lo tienen fácil pero, ¿y nosotros? ¿Qué debemos hacer? – preguntó Ron.
- Yo tengo que buscar a Seamus y a Dean.
- No Neville. Es mejor que…
El moreno negó con la cabeza y les sonrió.
- No os preocupéis, tendré cuidado. Adiós chicos y… bueno, espero que esto no sea un adiós – y tras estas no muy alentadoras palabras, Neville desapareció en los corredores del segundo piso.
A sus espaldas, el silencio se hizo durante unos segundos.
- ¿Qué hacemos nosotros? – preguntó Hermione. La verdad, había pensado mucho en qué pasaría cuando llegara ese momento, pero ahora se había quedado en blanco. Sabía que había un cúmulo de emociones en su interior preparadas para estallar en cualquier momento, pero era tal su confusión que era incapaz de sentir algo. Notaba como si estuviera anestesiada y sabía que, por el momento, su única preocupación era encontrar al rubio. Aunque tuviera que separarse de sus amigos.
Harry dio varias vueltas a su varita mientras daba golpes nerviosos al suelo con sus pies.
- Yo tengo que buscar a Dumbledore.
La castaña le apoyó una mano en el hombro y le dirigió una mirada apenada.
- Harry, sabes que…
- Hermione, tengo que hacerlo.
La chica suspiró y asintió. No podía impedirle a su amigo que intentara salvar al director, pero sabía que no había muchas posibilidades teniendo en cuenta que el hombre tenía los días contados y se había ofrecido el mismo a morir. Además, si el plan no resultaba… Tenía que encontrar a Draco, sí o sí.
Harry la miró y la abrazó en silencio.
- Ve y búscalo. Pero por favor, aseguraos también de que Ginny… - susurró, lo suficientemente alto para que Hermione lo oyera pero Ron no.
La chica se separó y le dirigió una mirada afirmativa. Encontraría a la pelirroja y se encargaría de que ella y Ron se pusieran a salvo. Luego buscaría a Draco y después… no tenía ni idea de qué pasaría. Sólo esperaba poder volver a ver a su amigo en unas pocas horas.
- Vamos, Ron.
El pelirrojo miraba a ambos sin entender.
- Oye, ¿a qué os referís con lo de Dumbledore? ¿Está en peligro? Porque si la Orden lo supiera podrían…
Hermione lo miró, apenada. Cada vez le dolía más tener que ocultarle tantas cosas. Aunque sabía que en cuanto se separara de Draco casi todo volvería a la normalidad… para Ron. Porque para ella significaría un cambio drástico en su vida.
- No es momento ahora, Ron. Por favor, vamos. Tenemos que encontrar a tu hermana.
El pelirrojo pareció reaccionar al oír aquello y asintió. Ya tendría tiempo para echarles en cara a sus amigos que no le contaban las cosas. Ahora tenía que buscar a su hermana y, después, a los miembros de la Orden.
- Vamos. Esto… cuídate, tío – dijo Ron abrazando a Harry y dándole unas palmadas en la espalda -. Si encuentras algún mortífagos, encárgate de cortarles los hue…
- ¡Ron!
El pelirrojo rodó los ojos.
- Está bien, Hermione. Vamos.
Y los dos amigos echaron a correr escaleras arriba, encargándose de cubrir las espaldas al otro cuando oían cualquier ruido. Mandaron a todos los alumnos rezagados que se encontraban por el camino al despacho de Dumbledore, donde estaban preparados los trasladores y, por fin, divisaron a lo lejos una cabellera pelirroja.
- ¡Ahí está Ginny! – gritó el chico señalando al fondo del pasillo, donde su hermana se encontraba junto a Luna. Las chicas se volvieron enseguida y suavizaron su expresión al comprobar que solo eran Ron y Hermione.
- ¿Y Harry? – preguntó Ginny preocupada cuando los chicos llegaron a su lado.
- Ha tenido que ir con Dumbledore – contestó Hermione.
Ginny miró a su amiga durante unos segundos, suspiró y asintió. Sabía que su novio intentaría salvar a Dumbledore y no pensaba reprocharle que lo hiciera. Para él era como un padre y es por ello que, en su cabeza, creía que lo salvaría. Pero tanto la pelirroja como Hermione sabían que probablemente el director no llegara a terminar el día. Así lo quería él y así tenían que ser las cosas. Si no… bueno, no sabía que pasaría, pero no podía ser bueno que Voldemort se enfadara. Ambas sabían que ese ataque era exclusivamente para asegurar la muerte del director y los mortífagos no pararían hasta que lo consiguieran.
- ¿Dónde vamos? – preguntó Luna, que no parecía tan despistada como siempre. Tenía los ojos muy abiertos y miraba a su alrededor como si pudiera ver a través de las paredes y saber qué pasaba en cada lugar del castillo.
- Tenéis que ir al despacho de Dumbledore – respondió Hermione, haciendo que sus tres amigos se volvieran a mirarla -. Ya sabéis, los miembros de la Orden llegarán por ahí y…
- ¿A qué te refieres con "tenéis"? – preguntó Ron, entrecerrando los ojos. Harry se había ido, ¿ahora iba a irse Hermione?
- Ron, yo tengo que encontrar a alguien. Por favor, cuidaos y encontrad al resto de miembros de la Orden. Me reuniré con vosotros en cuanto pued…
- Hermione, eres hija de muggles. ¿Crees que esos hijos de puta dudarán si te encuentran sola?
La chica tuvo que reprimir las lágrimas en sus ojos. Se sentía superada por la situación: Harry en paradero desconocido, Ron mirándola como si jamás la hubiera visto y Draco en peligro de muerte. Además, el castillo estaba siendo atacado y podía encontrarse con un mortífago al doblar la esquina.
- Por favor, Ron. No puedo explicártelo ahora. Yo tengo que irme.
- No dejaré que…
- Ron, ella tiene que irse. Vamos – dijo Ginny firmemente mientras le agarraba la muñeca y tiraba de él. Pero por unos segundos, Hermione pudo ver la decepción en los ojos de su amiga.
No tuvieron más tiempo para discutir, porque la castaña se dio la vuelta y echó a correr en dirección contraria a sus amigos, sin saber muy bien a dónde se dirigía. Luna y Ginny lograron contener a Ron y no tuvieron tiempo de seguir discutiendo, porque oyeron unos pasos rápidos aproximarse y se escondieron tras la columna más cercana.
Dos figuras vestidas de negro aparecieron en el pasillo y se detuvieron unos instantes para mirar a su alrededor.
- Creía haber oído algo.
- Déjate de tonterías, Amycus. Tenemos que encontrar al viejo y no podemos dejar que nos vean.
- El Ministerio no intervendrá, Alecto. Ya hablamos de eso y quedo claro que no tenían pensado…
- No podemos estar tan seguros. Vamos antes de que alguien…
- ¡Petrificus totalus! – la mortífaga esquivó por los pelos el hechizo y apuntó al chico pelirrojo que acababa de aparecer frente a ella.
- ¡Crucio!
- ¡Protego!
El hombre a su lado estaba a punto de disparar otro hechizo cuando unos pasos comenzaron a aproximarse y una voz grave resonó en un pasillo cercano. A los mortífagos les hizo falta una décima de segundo para mirarse, escapar corriendo y desaparecer en el piso superior justo en el momento en el que Ojoloco, Tonks y Bill Weasley aparecían por la esquina.
- ¡Bill! – Ginny y Ron fueron al encuentro de su hermano mientras Luna saludaba a Tonks.
- Conmovedor, pero no es momento para ponernos al día. ¡Alerta permanente!
- Vamos Ojoloco, no nos hemos encontrado con ningún mortífago ni ningún herido en todo el camino – terció Tonks.
- Nosotros sí – los recién llegados se volvieron hacia Luna –. Dos de ellos acaban de intentar atraparnos.
- ¿Quién, chica? – quiso saber Ojoloco, mientras su ojo mágico daba vueltas en la cuenca, comprobando que todas las habitaciones del pasillo estaban vacías.
- Los hermanos Carrow – masculló Ron con rabia, mientras les relataba el breve hecho.
- Ron, no debiste atacarlos tú solo – lo reprendió su hermano.
- Bueno, puede que no pero… - el castillo entero se estremeció y comenzaron a oírse explosiones y hechizos que golpeaban las paredes.
- La batalla ha empezado. Vamos, tenemos que encontrar a los demás – los apremió Ojoloco -. Weasley, ¿dónde están Granger y Potter?
- Se han ido.
- ¿A dónde?
Ron gruñó.
- Ojalá lo supiera.
- Tenemos que encontrarlos – el pelo de Tonks cambió a rojo preocupación.
- No te preocupes, ellos están bien – dijo Ginny, ganándose una mirada extrañada de la mujer -. Ya te lo explicaré. Creo que ahora hay otras prioridades.
- Ginny tiene razón. La batalla suena en el primer piso y Fred y George estaban cubriendo esa zona – concluyó Bill -. Vamos.
- ¡Señorita Granger! – gritó la profesora McGonagall mientras la aludida corría en su dirección. Ambas se escondieron tras una columna.
- ¿Cómo va la evacuación de los alumnos? – preguntó la castaña, preocupada. Aunque quería participar en la puesta a salvo de los más pequeños, sabía que ir hasta el despacho del director le llevaría mucho rato y no podía permitírselo.
- Bien, todo se ha efectuado correctamente y los miembros de la Orden ya están casi al completo. Pero no encuentro al profesor Dumbledore, ¿lo ha visto?
Hermione la miró un momento. Deducía que la profesora no sabía nada acerca del plan del director y era mejor así.
- No, profesora, pero si lo encuentro le diré que…
- Oh no, no puede irse sola. Es peligroso que alguien vaya sin protección en este momento.
- Pero…
- No dudo de sus capacidades mágicas, pero un grupo de mortífagos no tardaría ni cinco segundos en reducirla.
Hermione lo sabía y no le importaba. Tenía que encontrar a Draco cuanto antes y esa discusión solo la estaba distrayendo. Un mortífago podía aparecer en cualquier momento.
- Profesora, estoy buscando a una persona y tengo que encontrarla.
- ¿A quién?
Hermione miró a ambos lados.
- Tengo que irme, lo siento. Luego me reuniré con el resto.
- ¡Señorita Granger! – pero la chica ya había echado a correr. La profesora soltó un reproche y comenzó a andar hacia los pisos inferiores, de los que provenía el ruido de la batalla. Estaba preocupada por Dumbledore y también por Hermione, ya que creía saber a quién estaba buscando y por qué. Y, la verdad, no le hacía ninguna gracia.
Draco se encontraba plantado en medio de uno de los pasillos del quinto piso, sin saber muy bien qué dirección tomar. Tenía la calma de que, si se encontraba algún mortífago, este no le haría daño. Pero le preocupaba el hecho de que si se topaba con alguno de ellos le obligara a luchar de su parte, porque él no podría negarse. Y antes de eso, tenía que encontrar a la chica.
No sabía que iba a ocurrir en las siguientes horas, pero estaba seguro de que eran los últimos momentos que pasaba en el castillo hasta dentro de mucho tiempo y de que las cosas estaban a punto de cambiar de forma brusca. Iba a reunirse con sus padres y, oficialmente, se convertiría, junto con Nott, en un mortífago más. Y si bien tenía claro que no iba a luchar a su lado, no sabía si sería capaz de ocultar sus verdaderos pensamientos. Además, no olvidaba que estaba bajo amenaza de muerte a menos que no cumpliera su tarea.
Y, cómo no, le preocupaba Hermione. Cuando habían comenzado a salir, ella no era para él más que una distracción y una forma de olvidar sus problemas. Creía que sería una relación temporal y que el pronto lo superaría, pero no había sido así. Día a día se había ido sintiendo más a gusto con la chica y había comenzado incluso a preocuparse por ella. Le había contado cosas que nunca había compartido con nadie y había sentido celos al verla reír con sus amigos y saber que él nunca podría hacerla así de feliz. Al fin, cuando fue consciente de que la necesitaba, había decidido cambiar de bando y traicionar todo aquello en lo que le habían instruido desde pequeño, y estaba orgulloso de ello. Pero sabía que no le iba a resultar fácil separarse de Hermione y que, para qué mentirse, puede que ese día fuera el último que la viera. Puede que, esa noche en el baño de los Premios Anuales, no fuera a repetirse nunca.
Y pensar eso, dolía mucho.
Hermione llegó hasta el quinto piso y, al doblar la esquina, encontró a un muchacho de cabello platino en medio del pasillo, mirando la noche a través de la ventana y enfrascado en lo que parecía una profunda reflexión interna. Draco expresaba muchas cosas diferentes y la chica supo leerlas todas: estaba asustado, enfadado, ofendido, confundido, indeciso. Por un momento, se pudo poner en su piel y sintió como era estar en tierra de nadie, odiado por ambos bandos y obligado a luchar en una guerra que no apoyaba. Sintió sobre sus hombros el peso de una responsabilidad demasiado grande para un chico de 17 años, que debía decidir entre seguir sus ideales y salvar a su familia y que, a ciegas, escogía ambas arriesgándose a perder las dos. Notó el miedo y la presión de alguien que sabe que su vida va a cambiar de una forma desagradable y no puede hacer nada para evitarlo. Lo miraba y sentía todo eso, pero lo único que veía era un muchacho preocupado y asustado.
- Draco…
El rubio salió de su ensimismamiento al oír la voz de la chica y giró la cabeza para mirarla. Después, se acercó a grandes zancadas hasta llegar a su lado y la abrazó firmemente. Hermione hundió su cara en el cuello del chico y aspiró con fuerza su olor a menta, mientras sentía el calor de la piel del rubio contra su nariz.
- Vamos a una clase – sugirió Draco. La chica asintió y lo siguió. No les fue muy difícil encontrar un aula vacía y cerrarla con un hechizo a sus espaldas.
Ambos jóvenes permanecieron unos segundos en silencio, Hermione apoyada contra la pared de brazos cruzados y Draco, con un brazo sobre la puerta y otro en el bolsillo.
- Ha llegado el día – dijo el rubio en voz baja y grave, como si hablara para sí mismo.
La chica se giró y lo miró suplicante.
- Draco, ven conmigo. Si les explico la situación a los demás, lo comprenderán y… - sabía que lo que le pedía era egoísta, pero no podía separarse de él sin habérselo propuesto una vez más.
- No, Hermione. Sabes que no puedo abandonar a mi madre.
- Por favor, Draco. No le harán nada – la Gryffindor notó como sus ojos se humedecían y parpadeó repetidamente. No lloraría, no aún.
El rubio negó con la cabeza y la miró.
- Lo siento. Escucha, yo estaré a salvo hasta que encuentre el momento para escapar y entonces te buscaré.
- ¿Y si ese momento no llega nunca? ¿Y si Voldemort descubre tus intenciones y…? – Draco se acercó hasta ella y la abrazó suavemente, dejando que la chica depositara su cabeza en su pecho y le pasara los brazos por el cuello.
- Mira, no voy a negarte que no haya riesgo. Pero tú también estarás en peligro y, si me quedo con los mortífagos, me encargaré de protegerte.
- ¿Cómo?
- Estaré atento todos los días. Si te encuentran a ti, encontrarán a Potter y, créeme, me enteraré de eso. Espero que no suceda, pero si fuera necesario iré a rescatarte.
- No quiero que te pongas en peligro para salvarme.
- Sé que no quieres. Pero yo prefiero verte a salvo.
- Draco…
- ¿Qué?
- ¿Y qué hay de nosotros?
Draco suspiró mientras la abrazaba con más fuerza. ¿Qué debía decirle? ¿Que podrían reencontrarse pronto y vivir su relación sin más escondites, ni tabúes ni ataduras? ¿Que algún día serían felices juntos? ¿Que todo saldría según sus planes? No, esas respuestas parecían demasiado estúpidas e irreales.
- Solo cuídate y no te pongas en peligro. Yo haré lo mismo y nos encontraremos cuando podamos - se apartó unos centímetros y miró a la chica a los ojos, fijando en ella sus pupilas heladas que la miraban con preocupación y seriedad -. Por favor Hermione, no hagas ninguna tontería.
- Vamos Draco, eres tú el que se va a jugar la vida día a día - dijo la chica, evitando un bufido y acariciándole la mejilla.
El rubio sonrió de medio lado, en lo que podría haberse interpretado como una sonrisa irónica y amarga.
- Supongo que ya estoy acostumbrado.
El silencio se hizo y ambos jóvenes permanecieron abrazados, poco dispuestos a separarse en lo que podría ser un "hasta nunca". Pero sabían que se estaba librando una batalla y ambos tenían muchas cosas que hacer. Draco sabía que tenía que reunirse con los mortífagos y Hermione era consciente de que debía ayudar en la batalla. Se separaron unos centímetros y se miraron detenidamente, sabiendo que no volverían a ver ese rostro en mucho tiempo.
Draco besó a la chica y esta lo siguió, sellando así un contrato invisible en el que ambos prometían volver a reunirse. Se separaron al momento, demasiado pronto para su gusto y para sus pobres corazones, pero ese día no tenían tiempo para más.
Apoyaron sus frentes y enfrentaron sus miradas, Hermione sin preocuparse ya de las lágrimas que deslizaban por sus mejillas. Observaba a Draco, notaba su calor, su cercanía, su olor. Intentó absorber todo aquello sin olvidar ningún detalle y sintió que una fuerte presión le oprimía el pecho, impidiéndole respirar correctamente. Aquello dolía demasiado y todavía no se habían despedido.
El rubio, por su parte, notaba que algo estaba a punto de romperse en su interior, pero se limitó a observar a Hermione en silencio y maravillarse una vez más por su belleza. Repasaba en su cabeza todo lo que le gustaba de ella: su fina espalda, las graciosas pecas que le surcaban la nariz, su sedoso cabello, su afrutado olor, su melodiosa risa, sus gráciles pasos de baile, sus gritos orgásmicos. La besó en los labios por última vez y, sin volverse para mirarla, salió del aula, notando como algo se resquebrajaba en su interior y una parte de su ser se quedaba allí, en esa clase, en esa chica.
Hermione se quedó quieta unos momentos observando la puerta. "Te quiero". Las palabras habían estado a punto de salir de su boca, pero no había sido capaz. Soltó un sollozo ahogado e intentó recomponerse, tomando grandes bocanadas de aire y con la mente en blanco. Pensar dolía demasiado. Por fin consiguió tranquilizarse un poco y marchar hacia el piso inferior, notando como, a sus espaldas, junto al chico, dejaba un trocito de ella.
Ahora, ambos formaban parte del otro y esperaban, algún día, poder volver a sentirse completos.
- ¡Agáchate Ginny! – la prevención de la señora Weasley consiguió salvar a su hija de un hechizo que destruyó la pared tras la chica.
El hall del castillo parecía a punto de derrumbarse. Le faltaba la mitad del techo y la mayoría de las columnas estaban derruidas o dañadas. Las grandes puertas de bronce se habían salido de sus bisagras y reposaban, destrozadas, en el suelo. A ambos lados había mortífagos peleando con alumnos, profesores y miembros de la Orden, que se defendían como podían al verse en ciertas ocasiones doblados en números o acorralados. Aun así, ninguno perdía la esperanza ni quitaba el ojo de encima a sus amigos y familiares, preparado para saltar a protegerlos si fuera necesario o retirarlos del campo de combate si los hirieran. Algo que, por suerte, aun no había ocurrido. Pero todavía era demasiado pronto para hablar.
Ojoloco luchaba cara a cara con Dolohov, mientras su ojo de cristal daba vueltas hacia todos los lados como un loco, intentando despistar al encapuchado y, a la vez, captar cualquier movimiento a sus espaldas. Le extrañaba la calma de los mortífagos, que parecían inmersos en un entrenamiento en vez de en una lucha. Lanzaban escasas estocadas mortales y, aunque eran más, no parecían dispuestos a imponerse. Era como si solo fueran una distracción momentánea, como si la verdadera batalla estuviera librándose en otra parte. De pronto, miró a su alrededor y sintió qué algo no marchaba bien. Repasó uno a uno todas las cabezas y, con sorpresa y espanto, una bombilla se iluminó en su cabeza. Dumbledore no estaba entre los presentes y él nunca se perdía una lucha. Siempre encabezaba la resistencia, envalentonando a los demás miembros de la Orden y dando un ejemplo magnífico de perseverancia y ánimo. Pero ahora su cabellera blanca no se divisaba entre los combatientes y no tenía recuerdo de haberlo visto, ni siquiera en su propio despacho. Comprobó también que ni Bellatrix Lestrange ni algún otro mortífago se encontraba en el hall. Aquello solo podía significar una cosa y Alastor acababa de comprenderlo. Todo aquello era una emboscada para reducir al director.
Pero al pobre Ojoloco no le dio tiempo a alzar la voz para avisar a sus compañeros, pues un Avada Kedavra impactó en medio de su cara en ese momento. Vio la luz buena venir hacia él, como a cámara lenta, y supo que estaba perdido. Había olvidado su postura de "Alerta permanente" y lo habían abatido por ello. Si hubiera tenido tiempo, se hubiera echado una buena reprimenda a sí mismo.
Un segundo después, el pesado cuerpo de Alastor Moody golpeó con un ruido sordo el suelo de piedra, parando la batalla durante unos segundos. Incluso Dolohov parecía asombrado, pues no se creía en las condiciones de abatir a uno de los aurores más famosos y eficientes del mundo mágico. Poco a poco, ante la sorpresa, la conmoción o la alegría presente, el ojo mágico del ex-profesor dejó de girar, deteniéndose por primera vez en muchos años.
Draco llegó a la torre de Astronomía diez minutos después de despedirse de la chica. Normalmente no debería haberle costado tanto tiempo, pero había necesitado pararse durante unos instantes para intentar recomponerse y adoptar una posición indiferente o incluso alegre. No lo había conseguido y sabía que una mueca asqueada sería lo único que lograra ocultar su dolor esa noche, pero no le importaba. A decir verdad, en ese momento no le importaba nada.
En su última carta a los mortífagos, dictada por Snape, había dado las indicaciones necesarias a los mortífagos y por ello, sabía que tanto Dumbledore como los encapuchados se encontrarían en esa torre, celebrando estúpidamente el haber acorralado al director sin saber que todo estaba pactado.
- ¡Draco, cariño! Cómo me alegro de verte - dijo su tía mientras se acercaba a abrazarlo, sonriendo de lado a lado y arrastrando las palabras -. La fiesta no podía empezar sin ti.
El rubio se alejó de la mujer unos centímetros y observó la escena. El hombre lobo Greyback se encontraba allí, junto a los hermanos Carrow. Snape, al fondo, asintió durante unos segundos al recién llegado y se volvió hacia la última persona de la torre: el director. Dumbledore lo miraba, sonriendo, junto al balcón de la torre. Draco no pudo evitar sentir la boca seca y hacer una ligera inclinación de cabeza, presentando sus últimos respetos ante el hombre que, si todo salía como lo planeado, iba a salvarle la vida. Pero Draco intuía que, aunque los mortífagos no lo supieran, había una persona más en la torre. Husmeó la estancia durante unos segundos hasta que le pareció percibir un movimiento a la izquierda.; ahí debía estar el estúpido de Potter bajo su estúpida capa invisible, aun con la intención de salvar al director, sabiendo probablemente que este no le dejaría. Una vez más, le maravilló la forma en la que Potter se metía en problemas el solito.
- ¿Ocurre algo, Draquito? - el chico se estremeció. Desde que era niño había odiado que su tía lo llamara así y seguía haciéndolo. Tras unos segundos, negó con la cabeza -. Pues vamos, adelante. Yo ya he empezado cuando no estabas. Lo siento, no podía esperar - soltó una carcajada y, para confirmar sus palabras, señaló al director y el rubio vio que, efectivamente, lo había desarmado. Aunque su varita no parecía estar cerca del lugar.
Draco levantó su varita y apuntó en el centro del pecho al director, mirando a Snape en silencio. Vale, ya estaba acorralado pero, ¿qué debía hacer ahora? Porque si Snape no intervenía, él no iba a ser capaz de matarlo.
Por suerte e inesperadamente, Harry intervino para salvarlo. Desde el interior de la capa de invisibilidad, apuntó a Alecto Carrow y, en silencio, murmuró:
- Levicorpus - la mujer comenzara a levitar y si su hermano no la hubiera agarrado del tobillo, hubiera salido volando y se habría perdido en el cielo escocés.
- ¿Qué diablos...? - Bellatrix no tuvo tiempo de terminar la frase, pues un hechizo le pegó la lengua al paladar.
Mientras el poltergeist Harry seguía despistando a los mortífagos, Snape, que sabía que ocurría, se acercó a Draco y apuntó él mismo a Dumbledore.
Durante unos segundos no fue capaz de pensar ni de hacer nada, hasta que un suspiro lastimero salió de los labios del director, suficientemente alto para que tanto el rubio como el profesor lo oyeran.
- Severus... - un lamento lastimero, anhelante. Por primera vez, Snape pudo ver que Dumbledore sufría, que tenía ganas de acabar con todo, quizás incluso miedo. Miró al director a los ojos, a aquellos ojos azules como el cielo que estaba seguro que no volvería a ver. Notando como una lágrima deslizaba por su mejilla, cerró los ojos y pronunció el conjuro que pondría fin a todo.
- Avada kedavra.
¡Y fin del capítulo!
¿Qué os ha parecido? Tengo que decir que últimamente, al volver a empezar las clases, no he tenido casi tiempo para escribir y realmente lo he tenido que hacer muy rápido, así que espero que me perdonéis si hay faltas o algo así. Creo, sin embargo, que no ha quedado mal y espero que os haya gustado 😘😊
En un principio Neville nos ha puesto un poco al día y ya sabemos que los mortífagos han recibido ayuda del interior. Ron enseguida ha sospechado de Draco pero nosotros sabemos que no es así... ¿Quién será? Habrá que esperar un poco, pero al final todo se sabe :)
El trío de oro se ha separado porque cada uno tenía sus cosas que hacer (excepto el pobre Ron, que estaba más perdido que un pulpo en un garaje XD). Harry ha ido a salvar a Dumbledore y Hermione, a despedirse del chico. Espero haber reflejado bien la tristeza del momento y haberos logrado transmitir lo que sentían los chicos que, por desgracia para nuestros corazones, se han separado :( ¿Tardarán mucho en volver a encontrarse si es que lo hacen alguna vez? Hagan sus apuestas XD
Después hemos visto parte de la batalla desde el ojo del pobre Moody y el enfrentamiento en la torre de Astronomía (aunque no sabemos si Dumbledore ha muerto o no...). El capítulo que viene terminaremos la batalla y haremos el repaso de los heridos y muertos (si hay alguno). Lo siento una vez más por la intriga XD
Antes de despedirme, voy a responder a las reviews que no puedo responder por privado:
- Meg: Jo, muchísimas gracias amor, me alegra tanto que te guste la historia ❤ Sí, las batallas nunca son buenas pero en el universo de Harry Potter son inevitables, así que aunque no nos guste tenemos que presenciarlas :) Gracias por la comprensión en serio, sí que a veces me resulta bastante difícil subir a tiempo y no es por echarme flores, pero estoy bastante orgullosa de ser tan puntual :) Muchas gracias una semana más por escribirme cariño, espero que te haya gustado el capítulo nuevo y que me dejes tu opinión. Nos escribimos, un beso 😘❤❤
- David: Jeje ya me acuerdo de ti :) No te preocupes, no pasa nada porque no comentéis (aunque me gustaría que la mayoría lo hicierais más a menudo, para qué mentirnos), pero si sacas tiempo deja alguna review para que esta historia pueda llegar a más gente y yo pueda saber qué opinas de ella :) Me alegro mucho de que te esté gustando y espero que el capítulo de la semana haya sido de tu agrado :) Un beso 😘
- Arosore: Hola una semana mas cariño, me alegro mucho de que la historia te guste 😊😊 Espero que te haya gustado el capitulo aunque sea un poquito mas corto 😊 Seguimos en contacto amor, un besito 😘❤
Y esto es todo por esta semana, quiero pediros que, por favor, dejéis reviews. Puede que muchos de vosotros no tengáis mucho tiempo, pero no cuesta nada decir "me gusta" o "preferiría que pasara esto". Yo estaré más contenta porque sabré cómo haceros felices y estaré en contacto con vosotros :) Sé que soy pesada, pero es que cada vez escribís menos (aunque hay algunos fieles ❤) y eso me desanima :(
Sin nada más que decir, me despido: muchas gracias por leerme y no olvidéis dejar reviews y darle al Go :)
Con cariño, un capítulo más;
- Daphnea ❤
P.D.: Estoy con los preexámenes finales, así que perdonadme si dentro de dos semanas no tenéis capítulo. Esto solo va a durar dos capítulos o así, porque luego empieza el veranito y tendré tiempo de sobra para vosotros. ¡Muchas gracias por la paciencia y la comprensión amores! 3
