El moreno sonrió y la besó lentamente, notando como la chica se fundía en sus labios y le pasaba los brazos alrededor del cuello.

- Deberías… - comenzó a susurrar Ginny, pero Harry la comprendió sin necesidad de que terminara la frase y, con un ligero movimiento de varita, lanzo un Muffliato en dirección a la puerta.

El chico la volvió a besar suavemente, mientras sus pies se dirigían en silencio hacia la cama de la pelirroja. Las piernas de Ginny enseguida toparon contra el somier y se dejó caer con delicadeza en el colchón, notando como su novio se tendía encima suya.

Las manos del chico enseguida empezaron a recorrerle, tímidas al principio y más seguras tras unos momentos de exploración, cálidas y dulces en su tacto y ávidas de contacto, desatando pasión entre los amantes y dejando que se sumieran en la embriagadora sensación del amor, disfrutando simplemente de los besos, del roce de sus lenguas, del calor que los envolvía y que, llevando la contraria a la naturaleza, aumentaba conforme el número de prendas disminuía.

Ginny suspiró entrecortadamente mientras el chico anegaba de besos su cuello y, firme pero delicado, se hundía en ella. No pudo contener un gemido placentero mientras ambos comenzaban a moverse al ritmo de sus aceleradas respiraciones. Notaba como descargas eléctricas la recorrían enteramente y, una vez más, dejó sus cortas uñas vagar por la pálida espalda del muchacho, dejando un rastro de pasión desenfrenada conforme se acercaban a la cúspide.

Harry alcanzó el clímax unos segundos antes que ella y ambos se sintieron absorbidos por la más maravillosa de las sensaciones. El moreno se destensó al fin y se dejó caer, lánguido, al lado de la chica, sin ser capaz de apartar los ojos de ella. Ginny tenía una sonrisa en el rostro, pero ese gesto se borró cuando lo miró, de forma que Harry pudo distinguir en su semblante preocupación, tristeza… amor.

- Tienes que prometerme que volverás – la atmósfera se había suavizado y sus respiraciones ya se habían calmado.

- Lo intentaré pero…

La chica se sentó en la cama y negó con la cabeza.

- Harry, no lo entiendes. Significas para mí más de lo que podría explicarte. Si te perdiera… - el moreno se alzó también y le acarició la mejilla en un gesto conciliador, mirándola a los ojos profundamente e intentando trasmitirle todo lo que sentía.

- Te quiero, Ginny. Te quiero como nunca antes había querido a nadie y a veces creo que te mereces a alguien mejor, a una persona que pueda realmente hacerte feliz. Créeme, eres la mujer más maravillosa que conozco y sé que, al igual que tú, no soportaría vivir sin ti. Haré todo lo posible por regresar, te lo juro. Pero simplemente no puedo prometerte que vaya a hacerlo.

Harry quería que le entendiera. Lo necesitaba. Claro que habría preferido decirle que todo iría bien, que no se preocupara y que enseguida volverían a estar juntos. Pero no podía ser así, porque en el caso de que el nunca regresara… bueno, Ginny tenía que saber de antemano que era una posibilidad. Y ella lo sabía. Mejor que nadie… pero no podía soportar la idea de asumir que su novio iba a correr tal riesgo.

- Sé que no puedes prometerme sobrevivir pero tienes al menos que luchar por ello – le cogió la mano y se la apretó -. Juro que te esperaré todos los días hasta que pueda verte entrando por la puerta. Confío en ti, Harry. Te amo.

El chico emitió una especie de suspiro y la besó nuevamente, desatando de nuevo la pasión que habitaba en su interior y dejando que sus besos se tornaran anhelantes y fieros, notando las manos de Ginny recorrer su pecho, los movimientos incitantes de su novia sobre él. La besó una y otra vez con todas sus ansias, intentando memorizar su esencia para poder tomar de ella cada vez que lo necesitara. Las respiraciones se tornaban jadeos acelerados, mientras la temperatura de la habitación ascendía a marcas imposibles, pegando las sábanas a los cuerpos unidos de los jóvenes, que galopaban al mismo ritmo, amándose sin fronteras y dando y pidiendo tanto como necesitaran. Las sensaciones eran tan fuertes que los gritos eran inevitables y ninguno se preocupaba por elevar el tono, por gemir el nombre del otro y por reír con lágrimas en los ojos, porque sabían que aquella, podía ser su última noche. Mordían, lamían, besaban, mientras se acercaban juntos al final, notando que la bola de energía en su interior se iba haciendo cada vez más grande hasta que, con un estallido de luz cegadora, explotó.

El cielo, jurarían que eso era el cielo. Una vez más, se sintieron enteros, felices, complacidos. Sus músculos se destensaron cuando la sensación remitió y ambos se abrazaron, temerosos de la hora de la despedida, agradecidos, sudorosos, maravillados una vez más.

Dejaron pasar algunos minutos en silencio, mientras sus respiraciones se calmaban. Harry depositó suaves besos en el cuello de la pelirroja notando como esta lo apretaba más fuerte entre sus brazos y, aunque le doliera romper el momento, se elevó levemente y la miró.

- No puedo quedarme aquí toda la noche. Hermione querrá dormir y ya ha esperado bastante. Mañana tenemos que estar descansados si queremos que todo salga bien.

Ginny asintió en silencio y cerró los ojos mientras el chico apoyaba sus frentes y hacía que sus narices se rozaran levemente.

- ¿Me prometes que no te olvidarás de mí cuando estés ahí fuera cumpliendo tu misión?

Harry mostró una sonrisa torcida y triste mientras le acariciaba el pelo.

- No podría olvidarme de ti ni aunque me lanzaran un Obliviate. Intentaré cumplir mi promesa pero…

- ¿Pero qué?

- Tú también tienes que jurar que estarás a salvo.

- Vamos Harry, sabes que…

- No Ginny, ya entiendes a qué me refiero. Escucha, sé que no te gusta quedarte aparte si hay alguna batalla o enfrentamiento, pero lo mejor será…

- ¿Qué mientras tú estás por ahí salvando el mundo yo me quede en casa? No puedo prometerte eso.

Harry suspiró y le besó la frente.

- Lo sé.

Ginny lo abrazó una vez más y apoyó su cabeza en el hueco de su cuello.

- Te voy a echar muchísimo de menos.

- Yo a ti también – Harry la besó brevemente y se hizo a un lado para poder recuperar sus prendas y vestirse. Ginny hizo lo mismo y, cuando al fin los dos estuvieron listos, caminaron en silencio hasta la puerta.

El moreno se inclinó para besarla pero se detuvo al darse cuenta de que una silenciosa lágrima deslizaba por la mejilla de la pelirroja. Esta se la secó rápidamente e intentó sonreír, pero lo único que consiguió fue mostrar una mueca triste. Harry se quedó quieto durante unos instantes, sin sabes muy bien cómo reaccionar. Ella era siempre tan fuerte que… simplemente, se había quedado en blanco.

- Ginny… - le acarició la mejilla y la miró dulcemente mientras esperaba hasta que ella alzara la vista.

- Lo siento, es que… - Harry no le dejó terminar, simplemente la abrazó y notó como ella se deshacía en lágrimas contra su hombro. El chico suspiró y la apretó más fuerte entre sus brazos, sabiendo muy bien a qué se enfrentaba la pelirroja. Vivía todos los días con el miedo de que alguien de su familia, algún amigo o conocido fuera asesinado y ahora, su hermano, su mejor amiga y su novia se iban a cumplir una misión y nada garantizaba que fueran a regresar. El chico sabía que Ginny era fuerte pero, a veces, todos necesitamos un momento de descanso e incluso los muros más gruesos acaban rompiéndose. Cuando la chica al fin se tranquilizó, se puso de puntillas y lo besó, esta vez de forma más prolongada y dulce, aunque a ninguno de los dos les pareciera suficiente.

Se abrazaron por última vez en lo que sabían que podría ser un largo periodo de tiempo y, al fin, Harry abrió la puerta y cruzó el umbral. Ya desde fuera, se volvió una vez más y la besó de nuevo, pues a ninguno de los dos le preocupaba ya que los vieran.

- Te quiero. No lo olvides nunca – susurró el moreno.

- Yo también te quiero – la chica miró los verdes ojos de su novio durante unos segundos hasta que, notando como aquello le dolía más que nada, le dio un último beso y cerró dulcemente la puerta.

Harry se quedó plantado delante durante unos segundos y no pudo evitar suspirar, sintiéndose culpable de que Ginny lo pasara mal y notando como a él mismo le dolía. Un ruido de pasos se acercó y el chico elevó la cabeza para ver a Hermione acercarse a él.

- Gracias por… bueno – su voz sonó cansada, más de lo que hubiera esperado.

Su amiga lo miró en silencio y le dio un beso en la mejilla. No hacía falta que dijera nada para que Harry la entendiera. Ambos estaban pasando por lo mismo.

- Será mejor que vayas a dormir.

- Sí, ambos deberíamos – el silencio se extendió durante unos segundos -. Hasta mañana Hermione.

- Hasta mañana.

Harry se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras lentamente, enfadado porque, una vez más, tuviera que despedirse de alguien que le importaba. Pero no dejaría que a Ginny le pasara nada, eso estaba claro. Se encontraba ya frente a la puerta de su habitación cuando los gemelos aparecieron por el pasillo y se quedaron en silencio al verlo.

- Buenas noches – dijo el chico mientras se metía en su habitación, pues no tenía muchas ganas de hablar.

- Adiós Harry – respondieron los dos a la vez. Una vez solos, Fred se volvió hacia George y alzó una ceja.

- ¿Crees que viene de…?

- ¿De la habitación de Ginny? – George se encogió de hombros -. Probablemente.

- ¿Significa eso que es nuestro cuñado? – preguntó su hermano mientras se apoyaba en la pared y se pasaba de mano a mano una pequeña pelota.

- Supongo que significa más que eso – suspiró George.

Fred lo miró y asintió, sin necesidad de que su hermano dijera nada más.

- Cuando mamá vea que se han ido le dará algo.


- Son esos de ahí.

- ¿Estás segura?

- Sí.

- Bueno y… ¿qué hacemos?

Hermione miró a Ron como si aquella fuera la pregunta más estúpida del mundo y, con un ligero movimiento de cabeza, les indicó que la siguieran. El trío de oro se metió dentro de un portal a esperar y diez segundos más tarde, tres individuos ataviados con trajes del ministerio pasaron delante suya.

Harry atacó al más bajo de ellos mientras Hermione hacía lo mismo con la mujer. El restante no tuvo tiempo de defenderse ni de pedir ayuda antes de que Ron le lanzara un Desmaius que le acertó en medio de la cara.

Los chicos enseguida se pusieron en marcha. Arrancaron un cabello de cada trabajador y lo metieron dentro de cada uno de sus respectivos vasos, que enseguida lucieron un color poco apetecible.

- ¿A la de tres? – preguntó Harry, a lo que Ron asintió.

- Una… - comenzó Hermione.

- Dos… - siguió el pelirrojo.

- Y tres – terminó el moreno, mientras se bebían la asquerosa poción y notaban como una sensación extraña (pero no desconocida) los recorría. Al fin los chicos se vieron convertidos en tres individuos totalmente diferentes y se miraron extrañados entre ellos.

- Esto ha sido peor de lo que recordaba – masculló Ron, convertido en un hombre enclenque pero alto, de unos 40 años y cuyo cabello de color pajizo ya comenzaba a tornarse gris.

- Al menos yo no me he convertido en una bola de pelo – dijo Hermione mientras comenzaba a vestirse con las túnicas azul marino del ministerio, recordando el mal trago que pasó en segundo al confundir un pelo humano con otro animal. Aunque sabía que había elaborado correctamente la poción Multijugos, notaba algo raro en su interior, como si su cuerpo se opusiera a querer transformarse. Sin embargo, al mirarse en un cristal cercano pudo corroborar que se había convertido en una mujer de mediana edad y cabello canoso, con un moño bajo hecho descuidadamente -. ¿No notáis algo raro?

- ¿Como náuseas? Sí, estaba asqueroso – asintió Harry, cuyo aspecto imponía. Era un hombre de unos treinta y muchos, moreno, atlético y alto. No era atractivo pero sus facciones eran duras y angulosas y su mirada, un pozo vacío. Solo su expresión despreocupada permitió a Hermione reconocer a su amigo debajo de tanta frialdad. Aun así, se notaba que el hombre en el que se había convertido era alguien bastante inquietante.

- Quizás hice algo mal…

- No Hermione, tiene que ser así.

- ¿En segundo sentisteis esto?

Los chicos asintieron y comenzaron también a vestirse con las túnicas mientras Hermione se encogía de hombros. Obviamente, ella no sabía con exactitud qué debía sentir al transformarse porque la última vez que lo intentó, acabó en la enfermería escupiendo bolas de pelo.

Tras unos minutos, se observaron todos en silencio.

- ¿Listos? – preguntó Hermione, a lo que los chicos asintieron -. Pues vamos. Recordad, tenemos que encontrar a Umbridge y robarle el guardapelo sin dar la nota. La duración de la poción suele ser de una hora pero puede variar levemente, así que intentaremos reunirnos en el vestíbulo en 45 minutos.

- Todo va a salir bien. Vamos.

Y se encaminaron hacia los lavabos públicos más cercanos, donde una decena magos y brujas ya hacían cola para ir a trabajar. Hermione se despidió de ellos y desapareció tras la puerta que rezaba "Damas" y Ron se volvió hacia Harry.

- ¿Cómo crees que se accede al ministerio?

El moreno se encogió de hombros.

- Veamos qué hacen los demás.

Una fila de magos desaparecieron en el interior de diferentes retretes y, segundos después, se oyó el sonido de la cadena y las puertas se abrieron para mostrar los cubículos vacíos. Harry y Ron enseguida entraron y cerraron la puerta a sus espaldas, indecisos.

Ron miró por encima de la pared a su amigo, que había metido los pies en el agua y tenía la mano en la cuerda que colgaba de la cisterna.

- Sí, es lo que me temía – suspiró -. Nos vemos allí si todo va bien y no acabamos en la depuradora de la ciudad – y Ron tiró de la cadena, notando como una sacudida tiraba de su estómago y el baño desparecía a su alrededor, para ser sustituido por un amplio hall lleno de magos y brujas, duendes, elfos y avioncitos mágicos de papel circulando por doquier. Ron enseguida vio a sus dos amigos (o a las personas en las que se habían transformado) acercarse a él y suspiró. De momento, todo iba según lo planeado.

Estaban dentro del ministerio.


Hermione caminaba, nerviosa, junto a la bajita bruja vestida completamente de rosa. La mujer la miró y mostró una sonrisa bastante falsa, recordándole a un sapo enorme.

- Vamos Mafalda, hoy tenemos mucho que hacer – dijo casi cantando mientras sus cortas piernas avanzaban seguras hacia la puerta de roble que se encontraban al final del pasillo.

Hermione la siguió y sintió como sus pulsaciones aumentaban cuando, al volverse para abrir la puerta, observaba en el cuello de su exprofesora un destello verde.

Era el guardapelo.


Las puertas del ascensor en el que Ron y Harry viajaban se abrieron para dar paso a un hombre vestido de negro.

- Buenos días Runcorn – dijo, quizás con demasiado respeto, a Harry -. Cattermole – ahora le hablaba a Ron -. ¿Qué le trae por aquí?

- Yo… eh…

- Pensaba que su trabajo estaba en la sección de Control de Tráfico Aéreo.

- Sí pero…

- Está conmigo – dijo la voz grave de Harry.

- Ah, claro Runcorn. Siento haber sido indiscreto.

- No se preocupe – el pecho de Harry se desinfló despreocupado cuando se dio cuenta de lo influente que era el hombre en el que se había transformado. Al menos, así se ahorraría algún que otro problema. Las puertas se abrieron de nuevo para dar paso a otro trabajador, que entró con aire cansado y se colocó entre Harry y Ron.

- Buenos días – Ron tuvo que reprimir un grito de sorpresa al darse cuenta de que era su padre.

- Llega tarde, Weasley.

- Lo sé Andersen, lo siento. Hemos tenido algunos problemas en casa.

Harry y Ron sintieron una punzada de culpabilidad al suponer que esos problemas se referían a su desaparición, pero sabían que no podían decir nada si no querían descubrirse. Tampoco tuvieron oportunidad de lamentarlo porque, en ese instante, el ascensor dio una sacudida y se detuvo, mientras las luces de emergencia se encendían y gritos preocupados comenzaban a resonar desde el exterior.

- ¿Pero qué demonios…?

- Algo está pasando ahí fuera – dijo el señor Weasley -. Vamos, ayudadme a abrir la puerta.

Tras varios minutos de esfuerzo, los cuatro lograron salir a uno de los pasillos del cuarto piso. El mago desconocido enseguida desapareció y Harry y Ron se quedaron junto al señor Weasley durante unos segundos.

- Será mejor que vayamos a ver qué pasa.

- No, papá. Vete a casa y ponte a cubierto – Ron no pudo contenerse y se ganó una mirada reprobadora de Harry -. Es decir…

La cara del señor Weasley era un poema, pero poco a poco reflejaba comprender de qué iba la situación.

- ¿Ron, Harry? ¿Sois vosotros? ¿Qué hacéis aquí? ¿Y por qué…?

- Lo siento señor Weasley, no podemos perder más tiempo. Ya sabe, poción Multijugos. No se preocupe por nosotros, estaremos bien. Lo mejor será que se ponga a cubierto, esto pinta bastante mal.

Ron asintió y lo miró por última vez.

- Adiós papá. Intentaremos volver pronto – y tras esto, dejó al pelirrojo allí plantado y él y Harry echaron a correr hacia las escaleras más cercanas.


Hermione corría con el guardapelo hacia la entrada cuando la situación pasó de tranquila a caótica. Unas figuras vestidas completamente de negro aparecieron por las chimeneas y comenzaron a lanzar hechizos a diestra y siniestra, sin importarles a quién le dieran.

La chica se detuvo durante unos instantes tras una columna y observó la escena en silencio. Magos, brujas y demás criaturas mágicas luchaban contra los recién llegados, pero iban en desventaja. Si bien eran muchos más, los mortífagos utilizaban maldiciones imperdonables y magia negra muy poderosa ante la que sus oponentes no podían defenderse. Sabía que debería haber entrado en la pelea, pero no se atrevía con el guardapelo. Si lo perdía… no quería ni imaginarse lo que podía pasar. No. Debía encontrar a sus amigos y, aunque les doliera, salir de allí rápido.

Se dio la vuelta para retroceder sobre sus pasos cuando se topó con dos figuras cortándole el paso. Alzó la vista con miedo y suspiró al darse cuenta de que solo se trataba de sus dos amigos.

- Lo siento señora – masculló el más bajito.

- ¡Ron! ¡Soy yo!

- ¿Hermione? Gracias a Dios. No podía recordar qué aspecto tenías transformada y…

- ¿Eso es el guardapelo? – dijo Harry con los ojos abiertos como platos.

Hermione asintió y lo guardó en su bolso.

- Ya os lo explicaré. Pero antes hay que salir de aquí.

- ¿No deberíamos ayudar?

- Harry, nosotros tres no vamos a solucionar nada. La poción Multijugos enseguida perderá su utilidad y en cuanto muestres tu cicatriz, te convertirás en un blanco demasiado apetecible para los mortífagos.

- Hermione tiene razón. No podemos olvidar que estamos cumpliendo una misión.

- Sí, pero… - Harry miró a sus amigos. En el fondo, sabía que estaban en lo cierto -. Está bien, en ese caso hay que llegar hasta las chimeneas y... ¡Hermione!

- ¿Qué? – la chica lo dijo con la voz débil, porque notaba que a su alrededor todo se volvía borroso y una sensación extraña le recorría. Al fin, el mundo se enderezó y supo por qué se alarmaba su amigo cuando, al mirarse en un cristal cercano, vio su reflejo. Había vuelto a recuperar su apariencia normal -. Se ha acabado el efecto y en vosotros no tardará mucho más. Vamos.

- Pero…

- Da igual que me descubran, ¿vale? Toma – le pasó el bolso y el guardapelo a Harry -. Aseguraos de llegar a la salida y transportaros lejos de aquí si a mí me cogen. Dentro de aquí tenéis todo lo que necesitáis.

- Ni hablar Hermione. Vamos a hacer esto juntos. Quédate entre Harry y yo y te ocultaremos – dijo Ron -. Corred a la de… ¡Ya! – gritó cuando un hechizo pasó volando a su lado y destrozó la pared a su espalda.

El trío de oro emprendió una carrera precipitada hacia la salida, sabiendo que deberían traspasar la barrera de mortífagos para llegar sanos y salvos al exterior. Por suerte, la mayoría estaban luchando y no los advirtieron, aunque un par sí que los vieron y comenzaron a disparar en su dirección.

Siguieron corriendo, intentando no mirar atrás, cuando de pronto Harry se desplomó. Sus amigos se volvieron y observaron cómo un mortífago se había tirado sobre su pecho y le apuntaba con la varita. Y, para empeorar las cosas, el chico comenzaba a transformarse. Estaba perdiendo altura y su pelo comenzaba a tornarse moreno y a crecer, mostrando un flequillo que enseguida cubrió su frente y, con ella, su cicatriz. Pero el muchacho seguía siendo fácilmente reconocible a pesar de ello.

Por suerte, aquello desconcertó tanto al encapuchado que Harry tuvo tiempo de apuntarle con su varita y hacerle salir despedido por el aire. Se levantó con dificultad y se reunió con Hermione y Ron, que aunque seguía conservando su apariencia comenzaba a tornarse poco a poco pelirrojo.

Consiguieron llegar a salvo hasta las chimeneas y desaparecerse, pero Hermione notó enseguida que algo iba mal. Agarraba a Harry con una mano y a Ron con la otra, pero el pelirrojo no paraba de retorcerse a su lado.

Por fin aterrizaron en una alfombra de hojas verdes y la chica comprendió qué pasaba.

- ¡Harry! ¡Harry, ¿estás bien?!

- S… sí. Creo que sí y... ¿Qué le pasa a Ron?

- Coge el díctamo de mi bolso por favor – dijo la chica con los ojos anegados en lágrimas, mientras temblaba considerablemente y observaba, sin saber muy bien qué hacer, el charco de sangre bajo su amigo.

- Pero…

- ¡Rápido! – el moreno obedeció la orden y en pocos segundos le tendió un frasco marrón, que la chica aplicó sobre la herida de Ron. El pelirrojo había perdido la mitad del hombro y su brazo colgaba inerte de una serie de tendones y músculos desgarrados. Por suerte, la poción surtió efecto y la abertura enseguida empezó a cerrarse, si bien no definitivamente, al menos dando un aspecto más esperanzador.

- ¿Qué le ha ocurrido?

- Despartición. A veces sucede cuando la aparición no es del todo correcta. Yo… ha sido culpa mía. Estaba tan nerviosa que…

- No te preocupes Hermione, lo has hecho genial. Hemos conseguido escapar los tres con el guardapelo – el muchacho sacó el colgante y se lo mostró, sonriente y exhausto -. ¿Qué tal te encuentras, Ron?

El pelirrojo emitió una especie de gemido, medio dormido medio despierto y dio una sacudida.

- ¿Se pondrá bien?

Hermione asintió mientras rebuscaba en su bolso.

- Ve montando el campamento por favor. Ahora te ayudo.

- ¿Estás bien?

- Me siento fatal.

- No ha sido culpa tuya Her… - la chica se levantó y corrió hasta un árbol lejano, donde se inclinó y vomitó.

- P… perdón. No tengo estómago para estas cosas.

Harry asintió compasivo y comenzó a rebuscar en su bolso.

- Veamos, imagino que la tienda es esa tela naranja que veo al fondo.


Ron despertó tendido en un cómodo colchón dentro de lo que, si no recordaba mal, era la tienda de campaña en la que se habían hospedado durante el mundial de Quidditch hacía tres años. Giró la cabeza notando como miles de agujas se clavaban en su cráneo, pero nada en comparación con el dolor de su hombro izquierdo, donde notaba como si alguien le hubiera disparado.

- Ah – no pudo evitar soltar un gritito de dolor que llamó la atención de sus amigos, que se encontraban cenando en una mesa cercana.

- Ron – dijo la chica mientras se acercaba rápido a él -. Sentimos no haberte esperado, pero no sabíamos cuánto tardarías en despertar y preferíamos que durmieras tranquilamente.

- No te preocupes, Hermione. ¿Qué ha pasado?

Harry, que ya había llegado a su lado, se lo explicó todo.

- ¿Y dónde nos encontramos?

- En el bosque de Dean – respondió la chica -. Solía venir aquí con mis… padres – pareció ponerse triste al mencionarlos -. de pequeña y ha sido lo primero que se me ha ocurrido.

- Pensaba que iríamos a Grimmauld Place – dijo el pelirrojo.

- Creo que lo mejor será esto durante una temporada porque, de momento, en Grimmald Place estará la Orden.

- Tienes razón – aceptó el muchacho -. Y bien, ¿qué habéis hecho con el guardapelo? ¿Lo habéis destruido? – preguntó algo más animado.

Harry y Hermione se miraron en silencio y suspiraron. Al fin, fue la castaña quien habló, con un tono frustrado.

- Hemos intentado de todo. Todos los hechizos que se te puedan ocurrir, incluso aquellos que resultan más peligrosos… pero nada.

- ¿Nada? – el pelirrojo frunció las cejas. Aquello complicaba bastante su misión.

- Es como si el guardapelo fuera indestructible.


Unos golpes sonaron en la puerta de la habitación y el rubio enarcó las cejas extrañado. Todavía no esperaba a Nott.

- Adelante – su madre se asomó y lo observó desde la entrada -. ¿Ocurre algo?

- Tenemos visita.

Draco suspiró y se levantó.

- ¿De quién se trata?

- Ya lo verás. Estoy segura de que te vas a llevar una gran sorpresa.

Y vaya que si se sorprendió. Cuando el rubio llegó a la planta baja, no pudo evitar abrir los ojos de par en par mientras observaba a la familia recién llegada.

El padre, corpulento, de aspecto inteligente y frío, pelo canoso y mirada cansada. La madre, delgada y alta, mostraba una sonrisa bonachona, enmarcada por un rostro pálido. Sus ojos eran tan azules como el mar y su pelo tan negro como el azabache. Y por último… ella. Una chica más o menos de su edad, de figura esbelta y facciones hermosas. Sus ojos eran también de un color claro y su pelo, más negro incluso que el de su madre, como si el color fuera algo inconcebible en él. Lo miraba de forma maliciosa, con una ceja elevada y una sonrisa curva que reconocería en cualquier parte.

- Vamos hijo, ¿no vas a saludar a los Greengrass? – dijo su madre a sus espaldas, sacando al rubio de su ensimismamiento. Draco se apresuró a ello y se esforzó por permanecer lo más lejos posible de la chica. Recordaba los problemas que habían tenido el año pasado y prefería mantener las distancias.

- ¿Por qué no enseñas a Astoria el resto de la casa? – le propuso Narcissa con una sonrisa que no alentó demasiado a Draco.

- Me encantaría – respondió la chica por él, cogiéndole del brazo y arrastrándolo hacia las escaleras. El rubio enseguida se soltó de su agarre y aceleró el paso, deseoso de llegar al primer piso para poder mantener una conversación con ella.

Cuando Draco calculó que ya no les oirían, se detuvo y se volvió para observar a la morena, que lo miró con una expresión de regocijo.

- ¿Qué significa todo esto?

- Creo que es obvio, ¿no?

El rubio enarcó las cejas.

- Pues a mí no se me ocurre nada bueno. Así que tendrás que explicármelo tú.

- Verás, al parecer llegó a los oídos de mis padres que estábamos juntos y…

- Pero eso es mentira – la cortó tranquilamente el chico, que comenzaba a adivinar de qué iba la situación.

- En cierto modo. Por si ya se te ha olvidado, el año pasado…

- Sí, pero entonces lo normal sería que se hubieran enterado el año pasado. No ahora.

La chica ignoró aquello.

- El caso es que hablaron con tus padres y ambos han decidido que lo mejor para nosotros y para nuestras familias será concretar en enlace. A poder ser para dentro de poco.

Draco se quedó en silencio unos segundos. No es que en el fondo no sospechara que sus padres pronto intentarían casarlo, pues era algo normal entre Slytherins. Muchos terminaban Hogwarts comprometidos, la mayoría con chicos de otras familias adineradas con las que normalmente compartían algún parentesco lejano. Y quizás, si se lo hubieran dicho hace un año, hubiera creído que sus padres tenían razón y hubiera aceptado sin pensar en las futuras consecuencias. Pero todo había cambiado y no pensaba dejar que sus padres concertaran su matrimonio. Primero, porque no tenía ningún interés en compartir toda una vida con Astoria y segundo, porque estaba Hermione. Y aunque no pudiera utilizar ese argumento como excusa, a él le valía de sobra.

- No me casaré contigo, Astoria.

La chica lo observó con detenimiento y se cruzó de brazos.

- ¿Acaso tienes novia?

Draco entrecerró los ojos e intentó ser paciente.

- Eso no tiene que ver ni te interesa. Simplemente no me casaré contigo.

- ¿Quizás el gran Draco Malfoy no está preparado para limitar su vida a una mujer y prefiere seguir yendo de cama en cama? – intentó decirlo con calma, pero el rubio pudo adivinar resentimiento y dolor debajo de aquellas palabras.

- Astoria, lo nuestro es agua pasada.

Un brillo furioso se adivinó en los ojos claros de la chica.

- Yo te quise, Draco. ¿Y qué me diste tu a cambio? ¡Nada! ¡Mientras que yo solo tenía ojos para ti, tú no podías dejar de mirarlas a todas! ¡¿Acaso crees que no he llorado por ti?! – Astoria comenzaba a ponerse histérica y Draco sabía que los adultos estarían oyendo toda la conversación. Pero al menos así se darían cuenta de que aquello no iba a funcionar.

- Mira, me parece muy bonito y todo eso, pero desde un principio dejamos claro que lo nuestro no era nada serio.

- ¡Para ti no lo era, pero para mí sí! ¡Muchas me lo advirtieron y yo no les hice caso, pensando que yo era diferente! ¡Me humillaste usándome como algo de usar y tirar, dándome falsas esperanzas todas las noches!

El rubio apretó los puños. No iba a dejar que lo tratara así en su propia casa. No tenía humor para soportar ese tipo de tonterías.

- ¡Si tú te montaste un cuento de princesas es tu puto problema! ¡Pero no digas que te di esperanzas porque no es cierto! – hizo una pausa y tomó aire -. No Astoria, para mí no fuiste nada más que sexo.

Las lágrimas acudieron a los ojos de la chica, que alzó su varita y lo apuntó.

- Te odio Draco Malfoy. Ni siquiera sé cómo pude decirles a mis padres…

- ¡¿Eres tú la que ha montado todo esto?!

- ¡Creía que funcionaría!

- ¡Pues obviamente no ha funcionado!

En ese momento, los señores Malfoy y los Greengrass llegaron corriendo al rellano del primer piso y se quedaron paralizados a ver a sus dos hijos apúntandose con las varitas.

- ¿Qué numerito es este? – preguntó duramente Lucius, que al parecer se había sumado al grupo.

Draco tomó aire y se volvió hacia los adultos.

- Creo que ha habido un malentendido. Astoria y yo no salimos juntos y, por consiguiente, no estamos interesados en casarnos – miró a la chica con una sonrisa astuta -. ¿Verdad?

Como respuesta, la morena intentó ocultar las lágrimas y se volvió hecha un basilisco hacia sus padres.

- Vámonos a casa.

- Pero hija… - Astoria no se volvió para escuchar lo que su padre quería decirle, pues ya había comenzado a bajar las escaleras – Lucius, Narcissa, lo sentimos mucho. No sé qué… - miró a Draco fríamente durante unos segundos y se volvió de nuevo hacia sus padres -. Creo que lo mejor será que nos vayamos.

Todos parecieron de acuerdo con la situación, sobre todo Draco, que en cuanto pudo se dio la vuelta y se fue a su habitación. Aunque la tranquilidad solo le duró unos minutos.


¡Y fin del capítulo!

Antes de nada, sé que es miércoles pero mañana no podré subir así que lo hago hoy... De nada ;P

¿Qué os ha parecido? Ha sido algo más largo y sí que ha tenido acción, tanto por una parte como por otra, así que hoy no podéis quejaros ;P Sinceramente, últimamente me gusta mucho más cómo me quedan los capítulos y espero que vosotros opinéis igual que yo… aunque no sé, quizás es que las vacaciones me están afectando XD

Bueno haciendo un repaso general, primero hemos visto la despedida de Ginny y Harry. Aunque sé que este fanfic es de Dramione y que puede que a algunos no os guste mucho Hinny, muchos me lo habían pedido y, como a mí también me gustan, decidí hacerlo. Espero que a nadie le parezca que sobra o algo por el estilo, pero es que tenía que meterlo sí o sí :) Además me parece que han tenido un momento precioso ❤

Después de eso ha habido una mini aparición de los gemelos (sí, sé que no ha sido nada, pero es que no me cuadran mucho en la mayor parte de la historia así que intento que al menos salgan de vez en cuando) que, como habéis visto, tenían unas suposiciones bastante acertadas… tanto respecto a Harry y Ginny, como a la marcha del trío de oro.

Por cierto, la misión en el ministerio, aunque se complicó, acabó bien y ya han recuperado el guardapelo. En el próximo capítulo veremos cómo ha acabado ese pequeño enfrentamiento del que los chicos han tenido que escapar y sabremos cuáles son las consecuencias… ¿qué creéis vosotros que ha pasado? ;P

Después hemos tenido unas pequeñas escenas del trío de oro: Ron ya ha despertado y no han conseguido destruir el guardapelo, pero al menos están a salvo… de momento.

Para finalizar, quería cerrar el capítulo de las ex de Draco (aunque sí, hay muchas más que Pansy y Astoria) y hemos visto ese pequeño encuentro entre ambas familias que, bueno, no ha salido muy bien. No sé vosotros, pero a mí me parece un momento tenso pero me divierte… quizás porque se ve que nuestro Draco está de verdad por Hermione ;P No sabemos hasta qué punto, pero al menos se ve que es algo real :)

Y bueno, antes de despedirme voy a responder a las reviews de todos aquellos a los que no me deja responder por privado:

- Meg: Hola de nuevo :) Lo de Ojoloco no se veía venir, pero quiero hacer la historia casi igual a la real y decidí que todo aquello que no había pasado antes (el ataque de Bill, la oreja de George) pasara durante esa batalla :) En este capítulo ya ves que ha habido bastante acción, supongo que es eso lo que os gusta ;P Lo de Ginny y Harry espero que te haya gustado, lo escribí pensando en que te encantaría XD A mí es que me parecen tan monos… 😍 Muchas gracias una semana más amor, no sé de qué país eres pero si eres española, disfruta también de las merecidas vacaciones de verano que ya nos hacen falta un poco a todos XD Un besito cariño, seguimos en contacto 😘❤

- Guest: Sí, va a ser como la historia original prácticamente (es mi idea principal, quería algo similar pero a la vez, con la cantidad de Dramione necesaria XD). Me alegro mucho de que te guste la idea y, en caso de que seas un lector nuevo, bienvenido y ojalá te siga encantando la historia :) Ya sabéis que si tenéis sugerencias, os gustaría que pasase algo… podéis decírmelo y yo intentaré complaceros en la medida de lo posible ;) Además, la mayoría de vuestras ideas me inspiran mucho :D Bueno, no me voy a enrollar más, espero que te haya gustado mucho el capítulo y no dudes en dejar review. Un beso amor, y gracias ❤

- Adyliet: En ese caso, bienvenida (interpreto el nombre como femenino, corrígeme si me equivoco) y espero que sigas en esta gran familia mucho más tiempo :) Que sepas que me hace mucha ilusión saber que te ha gustado tanto como para comentar, y en serio tenéis que saber que se agradece mucho que dejéis un pequeño comentario, simplemente para que yo pueda conoceros y saber quién me lee… por cierto, tengo mucha suerte porque sois todos majísimos, en serio ❤ La historia real así hubiera estado genial, pero no podemos reprocharle nada a Rowling (bueno, excepto lo del "Legado maldito"… eso no estuvo bien XD). No te preocupes, de momento tengo pensado seguir hasta el final y estoy muy motivada ;) Espero de verdad que te haya gustado el capítulo, un beso y no dudes en dejar review amor ❤

Y eso es todo por esta semana, espero que os haya gustado el capítulo y que la espera (2 semanas esta vez), no se os haya hecho demasiado larga :)

Muchas gracias una semana más, no dudéis en dejar review, recomendar la historia a vuestros amigos para que pueda llegar a más gente y darle al Go :)

Con todo el cariño del mundo, un capítulo más;

- Daphnea ❤

P.D.: No sé cuándo subiré el próximo capítulo, pero prefiero no poner fecha. Aun así, no os asustéis porque no voy a tardar mucho ya que todavía no me voy a ir de vacaciones a ningún sitio. De hecho, voy a intentar escribir ahora todo lo que pueda para, cuando esté en la playa, no tener que preocuparme :) Espero que lo entendáis y ya sabéis que intentaré subir en cuanto pueda ❤