Su padre ni siquiera se molestó en llamar a la puerta, simplemente entró en la habitación y lo miró duramente.

- Tu madre y yo queremos hablar contigo.

- Genial – dijo el rubio mientras se levantaba y lo seguía en silencio. Ya se imaginaba que querrían aclarar las cosas, pero no le apetecía dar muchas explicaciones.

Los dos hombres se dirigieron en silencio hacia el piso inferior, a la sala de reuniones donde su madre ya los esperaba sentada en uno de los sillones. Cuando padre e hijo se acomodaron, los adultos miraron a Draco interrogativamente, esperando a que dijera algo.

- ¿Y bien? – no fue muy ingenioso, pero no se le ocurrió nada más.

- ¿Qué ha pasado con la chica Greengrass? – su padre fue directo al grano. Al menos eso les ahorraría tiempo.

- Me comentó lo del matrimonio que habíais concertado con sus padres. No voy a casarme con una chica por la que no tengo ningún interés.

Su padre apretó los puños y habló con voz fría, arrastrando las palabras y con un toque de indignación.

- ¿Que no tienes ningún interés? ¿Acaso no has pensado en lo beneficioso que sería la unión de nuestras familias? Para ambos sería una gran ocasión de aumentar todavía más nuestra influencia y nos apartaría del punto de mira del Señor Tenebroso.

El rubio se repantigó en el sofá.

- ¿Nos apartaría de su punto de mira? Siento discrepar, pero me parece que ambos sabemos que eso no tiene nada que ver. Además, ¿beneficioso para quién? ¿Para vosotros? Porque en todo caso, no para mí.

- Pero hijo, Astoria es una chica guapa, elegante, amable…

- Repelente – la cortó Draco.

- ¿Repelente? No lo parece y, por lo que sé, salisteis juntos durante un tiempo.

Draco se frotó los ojos y se pensó un momento su respuesta. Que hubieran tenido un rollito hacía un año no quería decir que fuera a acceder a casarse con ella. ¿Tan difícil de comprender resultaba?

- Hace mucho tiempo y… no fue nada serio.

- ¿Que no fue nada serio? Draco, entiendo que eres consciente de la responsabilidad que el apellido Malfoy conlleva. Eres el único heredero, así que en tus manos está formar una familia con una chica de buen linaje y darnos un nieto digno. Tienes casi 18 años, ya va siendo hora de sentar la cabeza.

El rubio cerró los ojos. ¿En serio en algún momento él había creído todas esas tonterías? Es decir, todo eso de la pureza de sangre, el honor, la responsabilidad y demás. Ahora, escuchado de la boca de su padre, le parecía la mayor de las tonterías.

- Yo decidiré cuando sentar la cabeza.

Lucius entrecerró los ojos y lo miró, visiblemente enfadado. No estaba acostumbrado a que su hijo se le revelara, pues siempre había sido para él un trozo de plastilina fácil de moldear. Sin embargo, desde que había vuelto de Hogwarts parecía haber cambiado. Si bien había que tener en cuenta que no lo veía desde hacía dos años.

- No te permito que me hables en ese tono.

- Tranquilízate Lucius – dijo Narcissa, intentando suavizar la tensión que reinaba en el ambiente -. Draco, tu padre y yo solo queremos lo mejor para ti.

El rubio tuvo que reprimir un bufido de fastidio. Aquella situación empezaba a perder sentido.

- ¿Acaso tienes novia, hijo?

Draco miró a su madre, confuso. No esperaba que su madre llegara a esas conclusiones… sobre todo, porque no estaba seguro de la respuesta. ¿Era Hermione su novia? Sí, imaginaba que sí. Pero sabía de sobra que no podía comentar nada a sus padres del asunto. Además, ¿por qué de repente les interesaba tanto su vida amorosa?

- ¿Qué? – otra respuesta ingeniosa para Draco. Al parecer, aquella noche iba sobrado de ellas.

- Bueno, creo que puede ser una de las razones por la que rechaces a Astoria. Si así fuera, sabes que puedes contárnoslo. ¿Qué me dices de esa chica con la que te carteabas antes? Parkinson, ¿verdad?

- Pansy – el rubio hizo una mueca -. No.

- ¡¿Entonces por qué diablos no haces lo que te decimos y te casas con Greengrass?!

Draco lanzó una mirada de odio a su padre. Estaba harto de que le mangoneara y lo tratara como a un saco de basura. Durante años había sido su perrito faldero, pero ambos sabían que ese juego había acabado. Ahora él tenía dieciocho años y una personalidad propia.

- No tengo por qué dar más explicaciones. No me casaré con Astoria, por mucho que insistáis. Ni con ella, ni con ninguna otra pretendienta, así que no os molestéis en buscarlas – dicho esto, se levantó y salió de la habitación antes de que a ninguno de sus progenitores les diera tiempo a contestar.

Lucius resopló y se puso en pie.

- Nos esconde algo y tenemos que averiguarlo. No dejaré que tire el apellido Malfoy a la basura.


Ron apagó la radio y se volvió hacia sus amigos con expresión de terror.

- La cosa se está poniendo fea – fue lo único que acertó a decir.

- Muy fea – afirmó Harry, mientras miraba el techo de la tienda pensativo y se pasaba la snitch de mano a mano. Las noticias que acababan de escuchar no dejaban margen de malinterpretación. Tras la batalla que habían presenciado, el Ministerio había caído y los mortífagos habían conseguido asesinar a Scrimgeour para ponerse al frente de la comunidad mágica. Solo de pensarlo se le ponían los pelos de punta.

- Tenemos que encontrar una forma de destruir el horrocrux o alguna pista que nos conduzca a los demás. Somos los únicos que sabemos cómo derrotar a Vol…

- ¡Sssh!

Ron consiguió contener a la chica antes de que pronunciara el nombre completo. A partir de ese momento, la palabra Voldemort se había vuelto un tabú que conduciría a cualquiera que lo dijera a una captura segura.

- Lo siento, a veces se me olvida. Bien, como os decía, somos los únicos que sabemos cómo derrotar a Quién-Vosotros-Sabéis y tenemos que conseguirlo. Si no, la situación se volverá insostenible.

- Demasiadas personas morirán hasta que lo consigamos – se lamentó el moreno.

- Puede que tengas razón, pero si lo logramos, si destruimos todos los horrocruxes, salvaremos la vida de cientos de muggles y de toda la comunidad mágica.

- ¿Creéis que tenemos alguna posibilidad? – preguntó el pelirrojo.

- No lo sé, Ron. No hay manera de saberlo. Pero Hermione tiene razón. Lucharemos hasta que lo consigamos o… hasta que muramos en el intento.

- Pero si ni siquiera Hogwarts es un lugar seguro ya.

- No es cierto, Ron. Sabemos que Snape está de nuestra parte y aunque tenga que ocultarlo para no levantar sospechas… - dijo Harry.

- ¿En serio te fías de ese traidor?

- Dumbledore se fiaba de él.

- Dumbledore está muerto.

El silencio se hizo en la tienda y Hermione miró sucesivamente a sus amigos, incapaz de decir nada para relajar el ambiente. Al fin, Ron pareció darse cuenta de su falta de tacto y bajó la cabeza avergonzado.

- Tío, tenemos que asumirlo. Dumbledore no nos dejó ninguna pista en claro y no tenemos ni idea de qué hacer ahora. Sí, hemos conseguido el guardapelo, pero estamos igual de cerca de destruirlo que de encontrar el resto – añadió el pelirrojo.

- Creo que todos estamos muy cansados. Deberíamos irnos a dormir y quizás mañana, con la mente despejada, saquemos algo en claro – dijo Harry como toda respuesta.

La chica asintió en silencio y se puso en pie.

- Yo haré la primera guardia.

- No te preocupes Hermione, yo puedo… - se ofreció Ron.

- No, no. Necesito que me dé el aire un poco. Te despertaré dentro de unas horas.

Y dicho esto, la castaña abandonó la tienda, dejando a los chicos solos.

- Oye, siento…

- No te preocupes Ron. Supongo que tienes razón en lo de Dumbledore. Pero no podemos perder la esperanza tan pronto.


Hermione se encogió todavía más, metiendo las manos dentro de las mangas del jersey y frotándose los brazos para intentar entrar en calor.

A pesar de estar en marzo, tiritaba como si hiciera un frío invernal y notaba cada uno de sus miembros encogidos. Se notaba pesada y unas náuseas y pinchazos la recorrían. Sin duda estaba incubando una enfermedad, esperaba que nada más grave que una gripe, pero le extrañaba teniendo en cuenta que no solía indisponerse.

Suponía que se debía a la agitación de los últimos días, mezclada con el hecho de haber tenido que huir y ocultarse en el bosque y, por supuesto, despedirse de Draco.

Draco… lo echaba de menos a todas horas. No podía dejar de pensar en qué sería de él, en la suerte que le depararía el futuro, en si pensaría en ella. Deseaba verlo, aunque solo fuera a través de una pantalla para cerciorarse de que estaba bien. Anhelaba hablar con él, sentirlo a su lado, notar su calor llenar la habitación. La chica había perdido la sonrisa, ya no se veía capaz de levantarse con ganas todos los días. Una gran pena la afligía y sumada con el tormento de la guerra… bueno, no era de extrañar que se sintiera así.

Y por desgracia, era consciente de que no podía hacer nada para remediarlo. Las cosas se arreglarían cuando volviera a reencontrarse con su amante pero… ¿Qué pasaría entonces? No podía olvidar que la suya era una relación arriesgada, demasiado quizás para sacarla jamás a la luz. Pero ella no podía vivir en las sombras, escondiéndose toda la vida. Suplicaba por, en algún momento, poder pasear de la mano del rubio por la calle, sin tener que preocuparse de lo que la gente pudiera pensar. Criar una familia, acudir a visitar a sus padres (en caso de que lograra devolverles la memoria), celebrar la navidad con sus amigos… cosas tan simples como esas, eran las que le hacían suspirar al imaginarlas. Porque, lo que a nosotros puede parecernos normal, en tiempos de guerra es como un imposible.

Hermione sintió una nueva punzada recorrerle y se encogió de dolor, preocupada y enfadada consigo misma por ponerse mala en ese momento. ¿Qué enfermedad podía causar unos calambres de ese tipo?


- ¿Entonces por dónde deberíamos empezar? – preguntó Ron mientras daba buena cuenta de su sopa.

- En mi opinión, lo primero es averiguar algo más acerca de lo que Dumbledore nos legó. Es decir, sabemos que tiene que ver con nuestra búsqueda y puede que sean pistas que nos ayuden a seguir.

- Sí Harry, pero ya hemos hablado sobre ello. ¿En serio crees que Dumbledore se dedicaría a ir dejando pistas en vez de decírtelo directamente? No es un juego – argumentó la chica mientras se sentaba a la mesa.

El moreno se frotó los ojos y dejó la cuchara a un lado, haciendo un esfuerzo por encontrar otra solución.

- Lo sé – dijo al fin -. Pero aparte del guardapelo, es lo único que tenemos. Bueno, sabemos que la copa de Hufflepuff puede ser un horrocrux, pero nadie la ha visto en demasiado tiempo.

- En ese caso, centrémonos en destruir el guardapelo. La copa la dejaremos para después.

- Ya lo hemos intentado todo, Ron. Ningún hechizo sirve para eso.

- Bueno, si lo piensas bien parece bastante lógico. Es decir, estamos hablando de un fragmento de alma, que además se separó del resto de materia incorpórea tras cometer un asesinato. Es un objeto oscuro, mucho más de lo que podemos imaginar. Así que puede que para destruirlo tengamos que hacer uso de magia oscura. Lo cual nos lleva a un problema…

- No conocemos nada acerca de magia oscura – terminó Harry por su amigo -. ¿Nunca has leído algo que pueda ayudarnos, Hermione?

La chica negó con la cabeza.

- Alguna vez he leído algunos textos de la Sección Prohibida de Hogwarts, pero creo que unos conocimientos de ese tipo no se encuentran en ningún libro al alcance de un alumno, sea en la Sección Prohibida o no - la castaña pareció reflexionar sobre algo durante unos segundos -. Sin embargo…

- ¿Y bien? – preguntó impaciente el pelirrojo.

Como toda respuesta, Hermione sonrió y los miró.

- Creo que ya sé por qué Dumbledore nos legó la espada de Gryffindor.

Los chicos permanecieron incrédulos durante unos momentos, sin saber muy bien por dónde empezar a preguntar.

- ¿En serio? – dijo al final el moreno.

La chica se encogió de hombros y se preparó para explicarles su idea.

- Bueno, es una suposición, pero creo que estoy en lo cierto. Harry – se volvió hacia el chico -, cuando estábamos en segundo, ¿cómo destruiste el diario de Tom Ryddle?

- Le clavé un colmillo de basilisco.

- Exacto. El veneno de basilisco es uno de los venenos más potentes y mortales del mundo y por eso conseguiste destruir el horrocrux. El basilisco es… un animal maligno, oscuro. Y su ponzoña pudo oponerse a la materia oscura que había dentro del diario.

- No entiendo qué tiene que ver eso con la espada de Gryffindor – intervino Ron, confuso. Harry asintió a su vez, intentando entender a dónde quería llegar la chica con esas cavilaciones.

- La espada de Gryffindor se apareció a Harry en ese momento gracias al Sombrero Seleccionador y, si no recuerdo mal, fue lo que te permitió matar al basilisco.

- Sí. Se la clavé en… - de pronto, los ojos verdes del chico se abrieron y un resplandor de comprensión se asomó a través de ellos -. En el paladar.

- La espada de Gryffindor fue forjada por duendes, lo que quiere decir que el material del que está hecha tiene unas propiedades características. Repele todo aquello que pueda debilitarla, pero acepta cualquier sustancia que la haga más fuerte. Como el veneno de basilisco.

- O sea que la espada seguirá impregnada de ese veneno y, por lo tanto, nos permitiría destruir el guardapelo – concluyó Ron, haciendo que Hermione asintiera.

- Sí, así es.

- ¡Eres un genio, Hermione! – dijo Harry eufórico, mientras se levantaba.

- Harry, creo que se te olvida una cosa – dijo su amigo.

- ¿A qué te refieres?

- Pues a que no tenemos la espada. Scrimgeour no quiso entregárnosla y… ahora él está muerto, así que puede que nadie sepa dónde está.

- En realidad, creo que nadie lo ha sabido desde el principio - sus amigos lo miraron extrañados y Harry se dispuso a explicarles su teoría -. Veréis, no os había comentado nada porque no lo creía importante, pero el otro día oí como Kingsley le decía al señor Weasley que la espada de Gryffindor lleva en paradero desconocido unas semanas. Concretamente, desde poco antes de la muerte de Dumbledore. El ministerio comenzó una operación de búsqueda, ya sabéis que es una reliquia muy importante, pero al parecer, no consiguieron ninguna pista que los acercara al paradero de la espada y Scrimgeour estaba bastante enfadado. Puede que por eso se pusiera tan pesado con el tema cuando nos leyó el testamento. Quizás, al leer que Dumbledore nos la legaba, pensó que nosotros sabríamos algo acerca del tema.

- O sea que es posible que Dumbledore la escondiera antes de morir para que nadie pudiera alejarla de nosotros. Puede que… que todo sea un plan bien pensado para que seamos los únicos que podamos acceder a ella – siguió Ron.

- Y como ya sabía que Scrimgeour no estaba en posesión de la espada y que no nos la daría, posiblemente la mencionó en su testamento simplemente para que supiéramos que teníamos que buscarla, que tenía alguna importancia en nuestro plan. Confiaba en que llegaríamos a la conclusión acertada en algún momento – concluyó la chica.

- Es brillante.

- Y muy ingenioso.

- Cuadra perfectamente con la forma de actuar de Dumbledore.

Los chicos asintieron conformes, aceptando de buena gana la conclusión a la que habían llegado juntos. Aunque no lo pareciera, era un paso muy grande. Sin embargo, todavía había una incógnita sin resolver.

- Aun así, tenemos que encontrar la espada antes de cantar victoria.

- ¿Dónde podemos buscarla?

- ¿Qué me decís de Godric's Hollow? – Hermione y Ron se volvieron hacia Harry, que parecía evitar sus miradas. Sin muchas explicaciones, extendió sobre la mesa un ejemplar de "El Profeta" de hacía unos días, en el que una tal Bathilda Bagshot hablaba sobre la familia Dumbledore y el tiempo que había convivido con ellos en ese pueblo.

- ¿Bathilda Bagshot? ¿Quién es?

Hermione rodó los ojos y miró a Ron.

- En serio, algún día deberíais leer historia de la magia.

- Hermione, ¿alguien te paga por patrocinar ese libro? Y aunque lo leyera, no sería capaz de recordar todos los nombres que salen en él, así que seguiría sin saber quién es – contestó el pelirrojo, orgulloso de su conclusión.

La chica negó con la cabeza.

- Ron, Bathilda Bagshot es la autora del libro, no un personaje histórico – miró el periódico y elevó las cejas -. Vaya, no sabía que siguiera viva.

- ¿Dumbledore y ella eran amigos de jóvenes?

- Al parecer, ella era algo mayor, pero tenía mucha relación con su familia – respondió Harry, que parecía nervioso.

- Pero solo porque fuera su amiga no quiere decir que…

- Lo sé Ron, pero es lo único que tenemos de momento. No se me ocurre… por qué otra parte deberíamos empezar.

Hermione asintió, dándole la razón al moreno.

- Creo que Harry tiene razón. No perderíamos nada yendo allí, pero… ¿estás seguro de que quieres ir?

- Sí, sí. Llevo tiempo queriendo ir y esta parece la ocasión perfecta.

Ron abrió los ojos de pronto, como si acabara de recordar algo.

- Es cierto, tú viviste allí con tus padres. Vale, entonces iremos.

- ¿Cuándo? – preguntó la chica.

- Ahora mismo si tú ya te encuentras bien – respondió Harry. Según les había contado Hermione, había pasado una mala noche y aunque ya no presentaba ningún síntoma y parecía estar totalmente sana, era mejor ser precavido.

- Sí, me encuentro perfectamente. Vamos, recojamos el campamento. De todas formas, ya llevamos dos días aquí, así que va siendo hora de cambiar de lugar.


A esas horas del día, la gente ya se encontraba en casa, disfrutando de la cena con su familia y preparándose para irse a la cama. El tiempo era caluroso, con una brisa suave moviendo las hojas de los árboles y el cantar de los búhos de fondo, confiriendo al pueblo un aspecto apacible.

Nadie se fijó en los tres jóvenes que aparecieron de repente en medio de una de las callejuelas laterales de Godric's Hollow y enfilaron el camino hacia la plaza central del pueblo.

- ¿Por dónde deberíamos empezar? – preguntó Hermione, que intuía la respuesta.

Harry ni siquiera habló en voz alta, simplemente dejó que sus pies lo guiaran hasta el pequeño cementerio que había tras la iglesia municipal. Por suerte, la puerta todavía estaba abierta y los tres jóvenes entraron en silencio. Las lápidas se distribuían a intervalos desiguales por el suelo, presentando todo un rango de tonalidades entre el blanco mármol y el negro azabache. Hermione, Ron y Harry se separaron, en busca de dos tumbas gemelas que debían estar, sin duda, en alguna parte del campo santo. No podía llevarles mucho tiempo encontrarlas.

La chica se dirigió hacia la derecha y leyó en silencio los nombres grabados en cada tumba. Algún apellido le resultaba familiar, e incluso encontró las lápidas de la familia Dumbledore. Con tristeza, deslizó suavemente las manos sobre la inscripción que rezaba "Ariana Dumbledore" y, sin detenerse mucho tiempo, siguió avanzando hasta que llegó a una de las lápidas más grandes, de color grisáceo y aspecto austero. En ella, había una simple inscripción: Ignotus Peverell. Pero no fue eso lo que llamó su atención, sino el dibujo tallado bajo el nombre. Parecía ser la unión de un triángulo y un círculo, atravesados en su mitad por una línea horizontal que recorría toda la altura del triángulo. El conjunto ofrecía un aspecto misterioso y Hermione no tardó en saber por qué le llamaba la atención.

Con manos temblorosas, sacó de su bolso el ejemplar de "Los cuentos de Beedle el Bardo" y pasó las páginas hasta llegar al capítulo tres, sobre cuyo título se encontraba el mismo símbolo. Cuando lo había visto por primera vez no le había prestado atención, pero ahora, al detenerse a mirarlo, se daba cuenta de que no era parte de la impresión, sino que había sido añadido por alguien posteriormente. No le hizo falta pensar mucho para saber que esa persona había sido Dumbledore, aunque desconocía sus motivos. Sin embargo, sabía que aquella pista podía serles de gran utilidad y se disponía a llamar a sus amigos cuando, al levantar la cabeza, observó a Harry a lo lejos, detenido delante de una gran lápida que parecían ejercer sobre él una atracción inmensa.

La chica buscó a Ron y cuando el pelirrojo la miró, señaló con un movimiento de cabeza a Harry. Ambos se encaminaron en silencio hasta su amigo y, ya más cerca, consiguieron leer las inscripciones sobre la lápida doble y de color blanco brillante.

James Potter, 27 de marzo de 1960 – 31 de octubre de 1981

Lily Potter, 30 de enero de 1960 – 31 de octubre de 1981

El último enemigo que será derrotado es la muerte.

Hermione dibujó un círculo con su varita, haciendo que a su paso apareciera una corona de flores blancas que depositó junto a la tumba Harry cogió su mano y notó como Ron le pasaba el brazo por los hombros, en silencio. No pudo evitar que una lágrima se deslizara silenciosa por su mejilla y, una vez más, imaginó cómo habría sido su vida si Voldemort no hubiera decidido arrebatarle a sus padres. Habrían vivido todos felices, reuniéndose con Sirius y Lupin. Como una familia normal. Sintió que algo en su interior ardía de rabia y supo que no descansaría hasta acabar con Voldemort. Lo destruiría aunque fuera lo último que hiciera.


Alice miraba en silencio a través de la ventana de su dormitorio, desde la que divisaba el haya junto al Gran Lago y la explanada de los jardines de Hogwarts. Los dormitorios de Hufflepuff se encontraban en el primer piso, junto a la cocina y se accedía a ellos a través de un retrato al que hacía falta aplicar un conjuro que solo ellos conocían. Sencillo, pero suficiente.

La chica agradecía que sus compañeras no se encontraran en ese momento en la habitación, pues necesitaba estar sola para pensar y organizar sus ideas. Era demasiado difícil intentar asimilar que su vida hubiera cambiado tanto en tan poco tiempo; primero perdía a sus padres y su hermano, luego su novio cortaba con ella y por último, eso: la batalla, la muerte de Dumbledore, la conquista del Ministerio y del colegio… todo se estaba yendo a pique. Las tinieblas amenazaban ya no solo con invadir su vida, sino la del resto de magos y brujas de Reino Unido.

Tanto ella como el resto de alumnos de Hogwarts eran conscientes de eso y muchos se habían organizado en un grupo para defenderse y luchar contra Snape y los hermanos Carrow. Era parecido a la Orden de Dumbledore que Harry Potter y sus amigos habían dirigido cuando Umbridge estaba en el colegio, solo que se trataba de algo más serio porque la amenaza era mil veces peor.

Los mayores enseñaban a los pequeños todo lo que sabían e intentaban darse coraje y apoyo, pero aquello no había hecho más que empezar. De momento, solo se reunían en la Sala de los Menesteres una hora tras finalizar las clases, pero era probable que pronto tuvieran que mudarse allí y organizar un verdadero ejército. La política del castillo había cambiado, sustituyendo los castigos anodinos por castigos físicos. Las reglas eran totalmente estrictas y los mortífagos se encargaban de que se cumplieran, trasladando a las nuevas mazmorras del sótano a todo aquel que les desobedeciera. Así de aterradora y peliaguda era la situación.

De pronto, un ápice de determinación apareció en el interior de la chica, extendiéndose por todo su cuerpo. Alice se levantó bruscamente y se miró en el espejo que había en su armario. Sin saberlo, tomó la decisión que Harry Potter acababa de tomar a cientos de kilómetros de allí: no pararía hasta haber vengado la muerte de sus seres queridos, aunque eso le costara la vida.


El trío de oro se detuvo frente a la casa en ruinas, notando la magia del lugar e impregnándose del cúmulo de emociones que flotaban en el aire.

Harry apretó los puños y dio un paso al frente, deteniéndose junto a la verja que le vetaba el paso al lugar donde todo empezó.

El paso de los años no había pasado desapercibido y los escombros parecían viejos y polvorientos, más de lo que sería natural. Al estudiar el lugar, se imaginó a sí mismo dando sus primeros pasos en el jardín, despreocupado e ignorante de la desgracia que pronto caería sobre él. Observó la estructura, centrándose en la parte derecha del piso superior; era la más deteriorada, por lo que intuía que era donde Voldemort había lanzado su hechizo mortal que, al rebotar en su frente, lo condenó a vagar durante trece largos años en busca de un nuevo cuerpo.

Apartó la vista de la casa y se dio cuenta de que en la entrada había diversas pinturas que pasarían desapercibidas a cualquiera. Eran frases de ánimo, escritas en los últimos diecisiete años por todos los magos y brujas que habían querido dejar constancia de su apoyo a la familia, de su tristeza por el acontecimiento.

- Es horrible que la gente escriba aquí. Deberíamos…

- No, Hermione. Está muy bien – dijo Harry, hablando por primera vez en mucho rato. Con cuidado, acarició la verja y sonrió tristemente.

- Chicos, no quiero interrumpir el momento, pero nos están observando – susurró de pronto Ron, haciendo que sus dos amigos se volvieran para mirar en su dirección.

En efecto, una anciana con aspecto cansado e inquietante, detenida en medio de la calle, pareció hacerles un signo con la cabeza para que la siguieran.

- Es Bathilda Bagshot – explicó Hermione.

- ¿Deberíamos ir con ella? No sé, me da muy mala espina – dijo el pelirrojo con un deje preocupado en la voz.

- ¿Hemos venido a buscarla, no? Pues es ella quien nos ha encontrado. Vamos – Harry no esperó la contestación de sus amigos pues sabía que, aunque aquello fuera extraño, no tenían otra opción. Si la mujer quería que fueran con ella, puede que tuviera algo que entregarles. Y en su interior, albergaba esperanzas de que fuera la espada de Gryffindor.


- ¿Con Astoria? Me hubiera encantado estar allí para verte la cara.

- No fue gracioso – replicó el rubio, lanzando una mirada enfadada a su amigo.

- Lo que tú digas – respondió Nott -, pero lo fuera o no, vas a tener que andar con cuidado. Que un Slytherin de buena familia como tú, que ya ha cumplido la mayoría de edad rechace casarse con una chica de otra buena familia no es lo normal. Tus padres sospecharán algo.

- Ya lo sospechan. Han intentado hablar conmigo para saber mis razones.

- ¿Y ya les has dicho que estás enamorado de Granger? – el moreno pareció meditar y rió ante su ocurrencia -. Me lo imagino en plan: "Sí, es sangre sucia pero tiene buen corazón". Seguro que acabas convenciendo a tu padre.

- Ssssh – Draco miró a su alrededor -. ¿Te has vuelto loco? No podemos hablar de eso aquí. Además, yo no estoy enamorado.

- Está bien, lo que tú digas. Pero deberías hacerme caso. No pararán hasta conocer la verdad y… bueno, creo que a ninguno nos conviene que se sepa.

- Quizás no me dieran tanto la lata si les dijera que estoy saliendo contigo.

Nott lo miró con expresión horrorizada.

- ¿Te has vuelto loco?

Draco le guiñó un ojo y le acarició la mano.

- Loco por ti.

El moreno apartó el brazo y lo miró, dudando entre reír o resoplar.

- Lo siento tío, sé que soy apetecible pero no eres mi tipo.

Draco fingió estar decepcionado y se estiró en su silla.

- Una pena. En ese caso, tendremos que seguir pensando alguna excusa convincente.


Lejos de allí, en un solitario bosque del sur de Inglaterra, el trío de oro se apareció en medio de la oscuridad. Los tres jóvenes no aterrizaron con la suavidad habitual, sino que cayeron contra el suelo y rodaron unos metros hasta detenerse. Ninguno se atrevió a hacer ningún movimiento hasta que se aseguraron de que ya no estaban en esa casa maldita.

El pelirrojo fue el primero en levantarse y se volvió enfadado, mirando a sus amigos recriminatoriamente.

- "Vayamos a ver a Bathilda Bagshot, será una buena idea". ¡Una anciana serpiente casi acaba con nosotros!

- No podíamos saberlo, Ron – dijo Hermione mientras se puso en pie -. Al menos así hemos eliminado posibilidades.

- Él sabía que íbamos a ir – dijo Harry, sentado en la hierba -. Por eso mandó a su serpiente. Nos estaba esperando, tíos. Y por mi culpa casi nos matan.

- No te lo tomes tan a pecho, Harry. Simplemente estaba nervioso, no enfadado – dijo el pelirrojo intentando tranquilizar a su amigo -. Pero al menos hemos sacado una conclusión de todo esto.

- ¿Que la espada no está en Godric's Hollow? – sugirió la castaña mientras buscaba la tienda de campaña en su bolso y comenzaba a mascullar los hechizos necesarios en el perímetro.

- Dos conclusiones – corrigió Ron -. ¿No es obvio? La serpiente es otro horrocrux.


¡Y fin del capítulo!

¿Qué os ha parecido? Últimamente estoy teniendo algo más de tiempo, pero aun así si alguna vez me retraso una semana o así no es culpa mía, es del verano ;P

En el capítulo hemos visto como terminaba lo de Astoria y, dado que Draco no ha dado muchas explicaciones, sus padres sospechan que esconde algo. No se equivocan, ¿cierto? XD

Después, nuestros chicos se han puesto al día y han visto que la situación no es muy buena… los mortífagos han conquistado el Ministerio, matado a Scrimgeour y ocupado el poder de Hogwarts (aunque como el director es Snape, no hay que preocuparse, ¿o sí?). Saben que ellos son los únicos que pueden hacer algo pero no consiguen avanzar nada… hasta el día siguiente. Llegan a la conclusión de que la espada de Gryffindor les permitirá destruir los horrocruxes y, aunque no es un gran paso, al menos han avanzado un poco y eso ya es algo. Lo malo es que no tienen la espada de Gryffindor y ahí es donde toman una decisión algo precipitada quizás: ir a Godric's Hollow en busca de Bathilda Bagshot, quien, al ser una vieja amiga de Dumbledore y al ser ambos del mismo pueblo que Harry, podría estar guardándoles la espada.

Por cierto, Hermione ya parece estar recuperada aunque, quién sabe… quizás esa enfermedad vuelva a mostrarse en el momento menos oportuno. ¿Qué puede ser? ¿Algo grave y contagioso o una tontería? O quizás ni siquiera es importante y ya no le volverá a ocurrir… en cualquier caso, habrá que esperar para verlo :).

El trío de oro ha viajado a Godric's Hollow y se han pasado por el cementerio (donde Hermione ha hecho un pequeño descubrimiento que aún no les ha comentado a sus amigos) y por la casa en la que Harry vivió con sus padres antes de… bueno, de que Voldemort los matara. Allí es donde se han encontrado a Bathilda, que les ha hecho seguirla hasta su casa.

Hemos tenido dos pequeños fragmentos, uno de Alice, en el que ha tomado la decisión de vengar la muerte de sus padres y su hermano pase lo que pase y nos ha puesto al día de la situación de Hogwarts y otro de Draco y Nott, porque yo ya los echaba de menos, no sé vosotros. He intentado darle un toque algo cómico a la vez que serio y creo que es mi parte favorita del capítulo XD Al menos Draco sabe que sus padres sospechan algo y está buscando una excusa. Ahora solo le queda encontrarla XD.

Por último, hemos visto que a Harry, Hermione y Ron no les ha ido muy bien con Bathilda (pues, como en la historia, estaba suplantada por Nagini) pero al menos el pelirrojo ha sacado una conclusión: la serpiente es otro horrocrux. Ahora bien, como la historia no va a ser exactamente como el libro… quién sabe, puede que el chico se esté equivocando. ¿Qué pensáis vosotros? Decídmelo en las reviews :)

No quiero daros más la chapa y ya hemos terminado el repaso del capítulo, así que solo me queda responder a todo aquel a quien no puedo responderle por privado:

- Meg: Hola otra vez amor ❤ Sabía que te gustaría lo de Harry y Ginny :) Lo del guardapelo habrá que esperar un poco más para verlo, porque hasta que no tengan la espada la cosa no pinta demasiado bien :) Tranquila por Astoria, a mí tampoco me cae bien y no creo que vuelva a salir mucho XD Me alegra mucho que la historia te esté gustando tanto y espero que siga siendo así ;) Espero no haber tardado mucho y gracias una semana más por comentar :) Muchos besos cielo, seguimos en contacto ❤😘

- Lydia Cipriano: Muchísimas gracias cariño :D Me hace muy feliz ver que os gusta tanto el fanfic, no te preocupes porque no tardo más de tres semanas en actualizar si no me surge nada, así que la intriga no dura demasiado :) Espero que hayas disfrutado con el capítulo de la semana y que dejes tu comentario :) Mil besos y gracias una vez más ❤😘

Sin nada más que decir por el momento, os doy las gracias una semana más por leerme, no olvidéis dejar review y darle al Go :)

Con todo el cariño del mundo, un capítulo más;

- Daphnea