02. — Frío (Modern AU)
Ser ruso no era sinónimo de ser inmune al frío y la hija menor de Nicholas Romanov era la prueba viviente de ello.
Anastasia no era muy buena amiga del frío. Nunca lo había sido y nunca lo sería. Pero eso no era una novedad para ninguno de los que la conocían. Al ver como, en invierno, entraba a los lugares corriendo para, a continuación, pegarse a la fuente de calor más cercana (ya fuera una manta, una estufa, un radiador o una persona) como si viniese del Círculo Polar ártico, cualquiera diría que era una chica rusa. Y eso que estaban en París. En San Petersburgo era mucho peor. Si bien la nieve no le molestaba, cuando el frío se volvía húmedo ella se convertía automáticamente en alguien hosco y poco tolerante. Claro, que eso dependía totalmente del tipo de frío que hiciera. En Rusia el frío era seco, por lo que abrigándose bien se podía tolerar. Pero París era otra cosa. Podía variar de húmedo a seco con facilidad y eso era lo que hacía que Anastasia se pusiera de mal humor. El clima húmedo en invierno era sinónimo de "no importa cuantas capas de ropa lleves, te vas a congelar".
Dmitri siempre se reía del poco aguante que tenía al invierno. Solía reírse al verla acurrucada en el sofá, envuelta en una manta, abrazada a Pooka y con Bartok y Rasputín encima. Ella usaba a la perra de estufa y los dos gatos la usaban a ella de asiento. Y eso podía ocurrir varias veces a la semana si se trataba de diciembre o principios de enero. Dmitri le dedicaba un par de comentarios burlones y la menor de las cuatro hermanas Romanov le devolvía comentarios afilados, dejando que su mal carácter se filtrase a través de cada uno de sus poros por el cansancio que le producía el frío.
Sin embargo, sabía parar en el momento preciso. Solo era un juego y no había necesidad de dañar. Así que no tardaba en sentarse a su lado, envolviendo su pequeño cuerpo en un abrazo firme y cálido, Y Anastasia, por lo general malhumorada, caprichosa y exigente, aceptaba su presencia con un pequeño gruñido, solo para acurrucarse contra él segundos después, con las manos y los pies helados y temblando como una maraca, murmurando lo desagradable que era el invierno húmedo, mientras el chico frotaba sus brazos con suavidad y dejaba algunos besos en su cabeza, riendo suavemente como única respuesta.
En la calle hacía mucho que el moreno había tomado la costumbre de pasarle un brazo sobre el hombro cuando caminaban, mientras ella apoyaba la cabeza contra él. No le facilitaba la caminata, pero era agradable y reconfortante. Con los años, esa dinámica había terminado por instaurarse entre ellos, incluso antes de empezar a salir e incluso cuando ambos tenían relaciones pesudorrománticas (Anastasia había tenido un par de novios, Dmitri solía cambiar de chica con facilidad, dejando claro que no quería nada serio con ninguna) seguían manteniendo aquello. Ninguno de los dos se había quejado jamás del contacto físico, porque a ninguno le molestaba tener al otro tan cerca. Sobre todo a Anastasia. Para ella, él era su fuente de calor favorita, porque parecía que nunca tenía frío. Su cuerpo siempre era cálido y sus manos nunca estaban heladas. Ella no sabía como lograba eso y maldecía por no estar en su misma situación. Sin embargo, lo agradecía enormemente.
Quizás, solo quizás, eso hacía que el invierno fuera la estación favorita de Anastasia. Con la nieve, el horroroso frío endemoniado clavándose en sus huesos y provocando que se envolviese en mantas, mascullando maldiciones contra su malestar y Dmitri ejerciendo de estufa humana, preparando chocolate caliente con canela y enredando sus brazos alrededor de su pequeño cuerpo de bailarina sin necesidad de pedirle nada.
Sin duda, pese al frío, a ella le encantaba el invierno.
Aquí el segundo Drabble de la colección.
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