La cabeza comenzó a darle vueltas y se sintió desfallecer por un momento. Sinceramente, no es que no imaginara ya que estaba embarazada, pero aquella confirmación era lo que lo hacía real. Y era demasiado real, demasiado brusco. ¿Qué haría ahora? ¿Se lo contaría a sus amigos? Tendría que hacerlo, porque de todas formas el aumento de tamaño de su vientre se lo revelaría en un momento u otro. ¿Qué ocurriría entonces? Estaba claro que Harry no iba a tomárselo bien, pero Ron ni siquiera sabía que salía con Malfoy y no estaba segura de que fuera a perdonarla por ello cuando se enterara. Además, no podía obviar el hecho de que estaban en tiempos de guerra, cumpliendo una misión de la que dependía el futuro de todo el mundo mágico, y ella estaba embarazada de alguien a quien todo su bando consideraba un enemigo. No era una situación muy alentadora.
Pero por encima de todos esos pensamientos, su cabeza no dejaba de repetir lo mismo.
Iba a ser madre.
Hermione era la bruja más inteligente y hábil de su edad, pero no había ningún libro, ninguna lección que pudiera prepararla para aquello. Simplemente, era demasiado pronto.
Si bien sí que se había parado a pensar en formar una familia en el futuro, los dieciocho años no parecían la edad más adecuada para ello.
Y, por supuesto, estaba Draco. ¿Cómo se lo haría saber? ¿Cuál sería su reacción? Su familia, los mortífagos… si se enteraban de que había profanado así la dinastía Malfoy, acabarían con él y con ella misma.
Eran demasiados pensamientos, demasiadas preocupaciones. Pero por encima de todo ello, Hermione tuvo clara una cosa: su vida estaba a punto de cambar radicalmente y ese bebé le traería muchos problemas.
Y sin embargo, su cerebro se negaba a pensar siquiera en la opción de abortar. No es que estuviera en contra de ello, pero sentía una unión con ese niño o esa niña, algo inexplicable y profundo que no sería capaz de describir con palabras. Se rodeó el vientre con las manos y, mientras una lágrima deslizaba por su mejilla y se miraba en el espejo, se juró que aquel bebé nacería y viviría en un mundo libre de guerras y masacres.
Aunque le costara la vida, aunque la comunidad mágica la repudiara y aunque Draco se desentendiera de ello. Ahora lo más importante era la vida que crecía en su interior y lucharía con uñas y dientes para detener a quienquiera que intentara hacer daño a su bebé.
Acababa de dejar la adolescencia atrás para entrar de manera precoz en la vida adulta.
La lápida de mármol blanco se hizo a un lado silenciosamente, cayendo con un ruido sordo al césped y resquebrajándose en dos sin que él pusiera la mínima atención en ella.
Lo que le importaba se encontraba allí dentro. Dumbledore presentaba una expresión apacible y tranquila. Su tez blanca y sus ojos cerrados le hacían parecer sumido en un profundo sueño y no había nada en él que indicara la descomposición, gracias al potente embalsamamiento que le habían conferido tras morir.
- Volvemos a encontrarnos de nuevo – susurró el intruso con su voz aguda -. Viejo chiflado, al parecer el amor no fue suficiente para salvarte de aquella maldición… pero en realidad, no voy a negarte que siempre supe que esto acabaría así. Tú morirías, yo viviría por siempre – aunque estaba hablando solo, sonrió con arrogancia y se tomó un instante antes de proseguir, saboreando el momento con regocijo y arrastrando las palabras al hablar -. Sin embargo, creo que te fuiste de este mundo con algo que me pertenece.
Y sin más miramientos, le arrancó la varita de sauco de entre sus entumecidos dedos y la alzó sobre su cabeza, sintiendo una explosión de energía en su interior.
Un rayo de luz verde salió de la punta de la reliquia, iluminando el cielo nocturno y acompañando la carcajada demoníaca que profirió el hombre-serpiente. Se sentía más poderoso que nunca y, tras echar un vistazo a su antiguo enemigo, se deshizo en una nube negra y voló lejos de aquel lugar.
Theodore Nott salió de su habitación por primera vez en todo el día y se dirigió en silencio, de puntillas, hacia la cocina. Odiaba la idea de poder encontrarse a su padre en el camino, pero tampoco le hacía mucha gracia morir de hambre. Había pasado casi un día desde su última comida y ya no podía obviar más el rugido furioso que profería su estómago.
Su alimentación y su cuidado habían dejado de ser tarea de su progenitor desde hacía mucho tiempo y él sabía que el viejo mortífago no se preocuparía por él ni aunque estuviera profiriendo gritos de tortura desde su habitación. Pero a decir verdad, él lo prefería así.
Con suerte, a aquellas horas de la tarde su padre se encontraría sentado en el sillón, rodeado de un par de botellas vacías e internado en un sueño profundo del que no se despertaría hasta elevadas horas de la noche.
Por desgracia para él, se equivocaba. El mortífago se encontraba sentado en una de las sillas de la cocina, ebrio pero no lo suficiente como para estar inconsciente. Presentaba un aspecto deplorable, al igual que durante los últimos diez años: el pelo, canoso y grasiento, le caía en mechones desiguales sobre la cara y alrededor de la cabeza sin que él pareciera ser consciente. Los ojos, negros como dos pozos, la nariz, curiosa en otro tiempo pero desfigurada ahora por las peleas en prisión y la boca, que enmarcaba unos dientes amarillos, le conferían un aspecto enfermizo, desconfiable. Sin embargo, con su metro noventa y su anchura de hombros, si se arreglaba era capaz de adoptar una imagen respetable e incluso digna. Recurso que usaba, por ejemplo, para las reuniones de mortífagos.
Theo le lanzó una mirada fugaz e intentó ignorarlo cuando entró a prepararse un sándwich, pero el hombre parecía tener otras intenciones. Al fin y al cabo, su hijo era uno de los pocos medios de diversión que tenía disponibles en casa.
- Vaya, vaya – dijo trabándose con las sílabas a causa de la bebida -. Pero a quién tenemos aquí.
El muchacho intentó obviar su comentario, pero sabía que su padre no lo dejaría en paz hasta que reaccionara.
- Ya pensaba que estabas muerto en esa habitación tuya en la que te encierras todo el día. Y eso sería una pena – el énfasis que utilizó en la última palabra dio a entender que el asco era mutuo -. ¿Por qué no haces algo útil y sales por ahí a matar a un par de muggles?
El chico apretó con fuerza el cuchillo que sostenía en la mano derecha, utilizando toda su fuerza de voluntad para no volverse y lanzárselo a su padre. El hombre, al ver que sus palabras no surgían efecto, decidió cambiar de estrategia y molestar al chico con lo que más sabía que le molestaba.
- Desde que naciste tuve claro que no ibas a ser el hijo que yo deseaba. Bueno, en realidad yo no quería hijos. Pero tu madre podía ser muy convincente, sí que podía. Esa asquerosa zorr…
- ¡No te atrevas a hablar así de ella! – Theo se volvió con los ojos inyectados en ira, consciente de que acababa de entrar en el juego de su padre.
- Oh sí, me enternece ver como la defiendes. Sabes, me recuerdas mucho a ella. Ese aspecto debilucho, esa poca determinación para librar la batalla a favor de nuestro Señor Tenebroso… espero que tú no vayas también metiéndote en la cama de cualquiera. Aunque no me extrañaría, la verdad.
El moreno sentía que temblaba de rabia e intentando tranquilizarse, susurró con todo el odio que fue capaz de reunir:
- Tan solo eres un gilipollas que no ha sido capaz de reunir el valor necesario para superar la pérdida de su mujer. Dices que la odias, que era una zorra, pero solo lo haces para tapar el dolor. Cualquiera de esos muggles a los que te diviertes matando vale mil veces más que tú, capullo – sabía que se había pasado, pero la rabia lo anegaba y no era capaz de pensar con claridad.
Pudo observar en los ojos de su padre como esas observaciones hacían efecto, y supo lo que vendría a continuación. El mortífago, sin mediar la palabra, levantó la varita para apuntar a su hijo.
- ¡Crucio!
Theo cayó al suelo en el mismo momento en el que el rayo de luz roja le golpeó y comenzó a revolcarse ante ese dolor que tan bien conocía. Notaba como todos los músculos, los huesos y órganos de su cuerpo ardían y sentía un sufrimiento indescriptible.
De pronto, todo cesó tan repentinamente como había llegado y, cuando sus oídos dejaron de pitar, pudo oír la ronca voz de su padre.
- Largo de aquí antes de que decida usar una maldición imperdonable peor.
El chico se levantó y lanzó una última mirada al mortífago, que ya había apartado toda su atención de él para dirigirla al alcohol. Abandonó la cocina rápido como una exhalación y cerró la puerta de su habitación a sus espaldas, incapaz de ver nada, tan cegado que iba de rabia.
Odiaba a su padre tanto como alguien es capaz de hacerlo. Lo odiaba por haberle hecho la infancia imposible, por no haberle dejado ser feliz y por no haber sido capaz de sobreponerse a la muerte de su madre.
Sabía también que su padre lo odiaba por el parecido que tenía con su fallecida mujer: el color de los ojos, la nariz e incluso la forma de sonreír, todo en su hijo le recordaba a la mujer a la que tanto había querido y cuya memoria se esforzaba ahora tristemente por ensuciar.
No sentía ni una pizca de cariño, o incluso pena, hacia su padre. Simplemente quería destruirlo, hacerle pagar por todo el sufrimiento que le había causado a lo largo de los años.
Lo mataría, acabaría con él aunque fuera la última cosa que hiciera. Pero no todavía.
- ¿Entonces crees que deberíamos centrarnos en la copa? – Ron miró a Harry, que asintió -. ¿Significa eso que vamos a olvidarnos de las reliquias de la muerte?
- No Ron, significa que de momento vamos a centrarnos en nuestra búsqueda principal. Además, no te olvides de que tenemos la capa. Si la guardamos bien, Quién-Tú-Sabes no podrá hacerse con ella y no podrá ser el Señor de la Muerte.
- Aun así, en caso de que se hiciera con la varita de sauco sería suficiente para ser invencible. Es decir…
- Sí, recuerdo lo que nos contaste de las propiedades de la varita. Pero destruir los horrocruxes nos ayudará a destruirlo igualmente.
- Está bien, puede que tengas razón. ¿Tú qué opinas, Hermione? – dijo el pelirrojo volviéndose hacia su amiga.
La chica levantó la cabeza y miró a Ron como si acabara de darse cuenta de que estaba allí.
- Perdón, no estaba escuchando lo que decíais.
Los chicos se miraron durante unos instantes y Ron se encogió de hombros, dando a entender que él tampoco comprendía lo que le pasaba a la chica.
- ¿Estás bien, Hermione?- preguntó el moreno, intentando sacar algo en claro de la expresión facial de su amiga.
- Sí, solo algo cansada. Ayer no dormí muy bien – si bien era cierto que desde que había confirmado lo del embarazo sufría fuertes insomnios, su malestar no se debía a ello. Todavía no había decidido cómo actuaría ni de qué manera podría decírselo a sus amigos y eso la torturaba por dentro.
- Ve a echarte la siesta si quieres, no hay mucho por hacer de momento – dijo Ron suavemente.
- No, creo que deberíamos seguir hablando de lo que hay que hacer a continuación. ¿Qué habíais propuesto?
- Bueno, creemos que lo mejor es que nos centremos en averiguar el paradero de la Copa de Hufflepuff – la informó Harry.
Hermione asintió, dando a entender que estaba de acuerdo y que por fin estaba centrada en la conversación.
- Está bien, pues pongámonos a ello.
- ¿Tienes alguna idea de por dónde empezar?
Como toda contestación, Hermione metió la mano en su bolso y, tras buscar durante unos segundos, extrajo un libro azul marino de tapa dura, cuyo título rezaba: "Reliquias del mundo mágico".
Ron rodó los ojos y apoyó la cara en la palma de la mano.
- Es cierto, olvidé que llevabas toda una biblioteca dentro de ese bolso.
Una hora más tarde, Hermione pasó la última página del libro, lo cerró y se volvió hacia sus amigos.
- Estaba convencida de que íbamos a encontrar algo útil aquí.
- Vamos Hermione, es un libro de información, no un mapa del tesoro. Te da información acerca de la copa, pero no te ayuda a descubrir su paradero. De hecho, estoy seguro de que miles de magos y brujas han intentado encontrarla a lo largo de los siglos y nadie lo ha logrado todavía.
- Creo que Ron tiene razón. La idea era buena, pero no hemos conseguido nada.
- ¿Y qué otra opción nos queda? – preguntó la castaña, algo decepcionada.
- Pensar. Estoy seguro de que conseguiremos sacar algo en claro.
- Estoy seguro de que muchos de vosotros os preguntaréis cuál es la razón de que os haya reunido con tanta prisa – dijo Voldemort, que encabezaba la larga mesa y miraba simultáneamente a los presentes, que se estremecían cuando clavaba su mirada de reptil en ellos -. Bien, he de comunicaros, gustoso, que cada vez estoy más cerca de hacer nuestra causa inmortal.
Ninguno pareció entender bien a qué se refería, pero nadie se atrevió a preguntar.
- Y debido a ello, creo que ya va siendo hora de acabar una batalla que comencé hace mucho tiempo.
- ¿Se refiere a Potter, mi señor? – preguntó Bellatrix, que ocupaba el lugar a su derecha..
- Exactamente, querida Bellatrix. Sí – hizo una pausa larga para extender el dramatismo -. Durante los últimos años he tenido tiempo para observarlo, sin saber que tenía la llave para derrotarlo desde el principio. De hecho, el propio Dumbledore me dio la solución sin darse cuenta hace dos años.
Los mortífagos se removieron, inquietos y expectantes.
- Veréis, el bueno de Dumbledore siempre me habló del amor – puso mucho énfasis en la última palabra -. Le daba una importancia que, creedme, no tiene. Pero puede que me ayude a acabar con Potter. Porque, ¿cuál es la mejor forma de acabar con alguien con un corazón de héroe? – hizo otra pausa dramática antes de proseguir con una sonrisa -. Exacto. Para ello, hay que acabar con sus seres queridos. Podríamos atacar a los traidores a la sangre pelirrojos, pero he decidido dejar eso para más adelante, para cuando nos apetezca hacer una masacre pública. De momento, nos limitaremos a acabar con esa sangre sucia con la que siempre está. Habríamos acabado matándola en un momento u otro, así que… ¿por qué no ahora?
Cuando Draco escuchó la expresión "sangre sucia", levantó la cabeza como una exhalación, sintiendo de pronto que su corazón latía más rápido de lo normal y que lo estaban invadiendo sudores fríos. En ese momento, solo tenía un pensamiento en la cabeza: Hermione estaba en peligro. Y tenía que hacer lo que fuera para evitar que le pasara algo.
Siguiendo un impulso primitivo, levantó la mano débilmente y esperó hasta que Voldemort fijó sus ojos rojos en él.
- Querido Draco, veo que por fin decides participar en nuestros diálogos – hablaba con regocijo y el rubio sabía que solo se estaba riendo de él, pero le daba igual. Notó la mirada de Nott clavada en él, al igual que las de sus padres, pero también ignoró eso -. ¿A qué debemos el honor de tu intervención?
- Me gustaría encargarme a mí de esa misión, mi señor.
El silencio se hizo en la mesa durante unos segundos y, cuando Voldemort volvió a hablar, ya no parecía estar burlándose de él.
- Mirad esto, Draco cumplió con éxito su anterior misión y ahora pide que le demos una nueva. Se sacrifica por nuestro bando y será recompensado. Todos deberíais tomar ejemplo de él – tras unos segundos, mostró una sonrisa de reptil -. Deseo concedido. Espero que seas consciente del consiguiente castigo si no logras cumplir esta tarea.
El rubio asintió, concentrado en cerrar su mente para impedir la entrada del hombre.
- Lucius, deberías seguir el ejemplo de tu hijo – dijo por último, haciendo que el hombre de la cabellera larga platino bajar la cabeza y susurrara un "sí, amo", mientras dirigía una mirada llena de odio a Draco.
- Bien, si nadie tiene más noticias, creo que será mejor terminar aquí la reunión – dijo Voldemort sin que nadie objetara nada -. Espero que la próxima vez que nos veamos, pueda mostraros la cabeza de Potter clavada en la pared.
- ¿Estás loco? – preguntó, o más bien gritó Nott, una vez que ambos se encontraban a salvo en los jardines de la mansión.
- ¿Y qué querías que hiciera? ¿Que dejara que uno de esos locos aceptara la misión? Esta es la única forma de salvarla, cualquier otro habría corrido a acabar con ella.
- Claro, buena elección – dijo el moreno con tono molesto -. ¿Acaso se te ha ocurrido qué harás cuando no puedas cumplir la misión? ¡Te matará! – Theo se frotó el puente de la nariz y negó -. Estamos como al principio.
- Tío, confía en mí. En algún momento tendremos que huir de aquí y de este bando, eso lo sabes tan bien como yo. Simplemente, huiré antes de que Él tenga tiempo de reclamarme nada.
- Eres un idiota.
- Pero tengo razón.
- Eso no disminuye el hecho de que seas idiota.
- Está bien, pero deja de decir eso.
- De decir qué, ¿que eres idiota?
El rubio le pegó un puñetazo amistoso en el hombro y ambos se detuvieron, en silencio, a observar el enorme lago que se extendía ante ellos.
- Estamos jodidos – masculló Draco.
- Muy jodidos – lo secundó su amigo.
- ¿Creéis que puede haberla escondido en Gringotts? – preguntó Harry.
Sus amigos no contestaron durante unos segundos, pero al final Ron suspiró.
- Supongo que es lo más lógico. Es decir, es el banco más seguro del mundo.
- En caso de que la Copa esté allí, va a ser imposible acceder a ella – dijo Hermione con voz decepcionada.
- Nada es imposible – intentó animarla el moreno.
- Está bien, puede que no sea imposible, pero es demasiado difícil. Nadie, aparte de Quién-Vosotros-Sabéis a través de Quirrel, ha conseguido colarse en Gringotts, robar algo y salir vivo del lugar - añadió su amiga.
- Charlie me contó una vez que tienen dragones reales custodiando las cámaras más importantes – intervino Ron, y su comentario pareció convencer al final a Harry de que no iba a ser posible colarse en el banco.
- ¿Qué hacemos entonces? – preguntó Hermione, temiendo que hubieran llegado a un punto muerto.
Ninguno de sus amigos dijo nada durante unos segundos, pero al fin Harry se decidió a romper el silencio.
- Yo tengo una idea, pero es arriesgada – miró significativamente a Hermione, que enseguida entendió a qué se refería y negó con la cabeza.
- Ni hablar. Te ha costado demasiado aprender a cerrar tu mente y a escapar de los pensamientos de Quién-Tú-Sabes como para intentar acceder otra vez. Además, ya te engañó una vez y logró que fueras al ministerio porque… - no logró acabar la frase.
- Porque creía que estaba torturando a Sirius. Y yo fui y, al final, Sirius murió por mi culpa. Sí, recuerdo bastante bien ese día.
- No pretendía… - comenzó Hermione, arrepentida.
- Da igual, era solo una idea – la cortó Harry -. Supongo que tendremos que seguir nuestra búsqueda por otro camino y… ¿Hermione?
La chica se secó rápidamente los ojos llorosos y negó con la cabeza.
- Lo siento, es solo que acabo de acordarme de Sirius, y luego de Ted Tonks, y luego de mis padres y… - vale, si quería llevar el maldito embarazo con normalidad, tendría que aprender a no ceder ante sus hormonas revolucionadas y sus sentimientos confundidos. Lo que le recordó que todavía no les había contado a sus amigos que estaba embarazada. De pronto, la pena dejó paso al enfado y sintió que hervía de ira -. Soy estúpida.
Harry y Ron se miraron, más confundidos que nunca. No es que fueran unos expertos en cuanto a mujeres y sentimientos se trataba, pero últimamente Hermione se comportaba de una manera inusual.
- Esto… ¿Quieres salir a tomar el aire? – propuso Ron, ganándose una mirada iracunda que lo hizo encogerse en el asiento.
- Perdón, no quería… - se disculpó Hermione, dándose cuenta de que seguía sin controlar sus emociones -. Sí, creo que voy a salir fuera un momento.
Y, sin esperar más, se levantó y salió de la tienda, dejando a los dos chicos solos y preocupados.
- ¿Crees que está en… ya sabes, esos días del mes? – preguntó Ron con torpeza.
Harry se encogió de hombros.
- Pero nunca antes se había puesto así. Es demasiado raro.
- Igual es por lo de sus padres.
- Supongo – respondió el moreno -. De todas formas, espero que esto no se alargue mucho más o acabaremos volviéndonos todos locos.
Fuera de la tienda, Hermione se sentó en el suelo, junto a un matorral de flores naranjas, y escondió la cara entre las manos, en un intento de calmarse.
Aquello se le estaba yendo de las manos. No hacía falta ser muy inteligente para darse cuenta.
Sabía que se quitaría un gran peso de encima cuando les contara la verdad a sus amigos, pero también sabía que todavía no estaba preparada para ello.
Se prometió que no pasaría otra semana sin que lo supieran. Pasara lo que pasase después, no podía seguir llevando esa carga sola.
Dos días más se sucedieron sin que el trío de oro hiciera ningún avance en su búsqueda. Y Harry sabía que, cada hora que pasaba, cada hora en la que no descubrían nada, costaba la vida a demasiadas personas inocentes. Y no podía seguir permitiendo eso.
Así pues, y aun a sabiendas de que Hermione se enfadaría cuando se enterara, se separó de sus amigos con el pretexto de dormir una pequeña siesta y se tumbó en la cama donde solía dormir, mirando fijamente el techo de la tienda y esforzándose por entrar en la mente de Voldemort.
Pasó más de media hora hasta que comenzó a sentir un ligero dolor en la cicatriz, que comenzó como un simple picor pero aumentó hasta que notó que la frente le ardía. Se concentró en eso y, de pronto, su mente voló lejos de allí. Pero no fue a parar donde él esperaba.
Delante de él, o más bien delante del ser blanco y de ojos rojos desde el cual observaba la escena, había una pequeña celda, fría y vacía a excepción de un pequeño bulto irregular en una de las esquinas.
- ¿Dónde está, Gregorovitch? – preguntó la voz aguda del hombre serpiente, expresando odio y dureza -. Dime dónde está y haré que todo esto acabe.
- Ya te lo he dicho. Hace muchos años que yo no la tengo – contestó el bulto, que resultó ser un anciano de cabellos revueltos y dientes caídos. La primera impresión al verlo no era muy buena, parecía un loco o un mendigo. O ambas cosas.
- Mientes – contestó la voz aguda, mientras levantaba la varita -. ¡Crucio!
El hombre comenzó a retorcerse, soltando gritos de dolor y carcajadas, que confirmaron a Harry el hecho de que el pobre hombre no estaba en sus cabales.
- ¡Dime quién la tiene!
- ¿Me matarás si lo hago? – preguntó el anciano, sin aclarar si morir era o no lo que deseaba.
- Dímelo y lo descubrirás.
El hombre mostró una sonrisa torcida, enseñando sus podridos dientes y, con voz chirriante, reveló:
- Dumbledore - articuló lentamente -. Él es el último poseedor de la varita de saúco.
- ¿Cómo sé si es cierto?
- Tendrás que arriesgarte a creerme – dijo el anciano, antes de estallar de nuevo en carcajadas.
Harry sintió como hervía de rabia, sin distinguir ya sus emociones de las de Voldemort. De pronto, el encapuchado levantó una varita y apuntó con ella al viejo, que lo miró con lágrimas de risa en los ojos y siguió riendo, disfrutando de su locura.
- ¡Avada kedavra! – un resplandor verde iluminó la celda, segando así la vida del hombre y dejando en su rostro impresa una mueca aterradoramente sonriente.
De pronto, el recuerdo cambió y Harry se encontró en otra sala, mucho más amplia que la anterior pero casi igual de oscura. Delante suya había una mujer a la que reconocía bien: cabello oscuro, rizado y despeinado; mirada ida, cruel y demente; dientes pequeños y negros. Vestía una túnica ceñida de terciopelo negro y lo miraba (o más bien miraba a Voldemort), con marcado respeto y admiración.
- Me enorgullece gratamente que haya pensado en mí para tan honrosa misión – susurró Bellatrix Lestrange, sonriendo abiertamente y dejando a la vista sus dientes imperfectos.
- No creo que nadie pueda hacerlo mejor que tú, mi querida Bellatrix. Pero espero que estés al tanto de las consecuencias si no logras proteger este objeto. Es, en estos momentos, una de las posesiones más valiosas que tengo.
- La custodiaré con mi vida, amo. No te defraudaré - hizo una reverencia exagerada, de forma que su cabello lacio rozó el suelo y se irguió de nuevo, a la espera de más instrucciones.
- Aquí estará bien. Sé que la mansión posee numerosos pasadizos y salas ocultas y me gustaría que nadie fuera capaz nunca de acceder a ella. Dejo en tus manos elegir el lugar.
- Gracias amo, es un gran honor para mí. No se arrepentirá.
La imagen se vuelve borrosa y Bellatrix desaparece durante unos segundos para volver a reaparecer en la misma sala, solo que con una túnica verde esta vez, único detalle que hace consciente a Harry de que ese recuerdo no es del mismo día que el anterior.
- ¿Ya la has escondido? - preguntó Voldemort sin ningún ápice de emoción en la voz.
- Sí, mi señor. Está en el lugar más valioso y noble de la casa. Pero no se preocupe, es imposible encontrarla si no se sabe que está ahí.
- Confío en tu palabra, querida Bellatrix.
- Mi amo, tengo una pregunta. ¿El objeto que escondí es la reliquia que creo?
- Nadie puede saber que estamos en posesión de ella - adoptó un tono más suave, completamente consciente de la influencia que tenía sobre la mujer -. Será un secreto entre los dos.
La mortífaga mostró una sonrisa escalofriante y asintió sucesivas veces.
- No lo dude amo, no lo dude. Es algo que quedará entre nosotros.
Harry abre los ojos de golpe, notando de nuevo el punzante dolor de la cicatriz, que poco a poco iba desapareciendo. Sintió una gota de sudor frío resbalar por su frente y se la secó, esperando tumbado hasta que su acelerada respiración se calmase.
- A Hermione no le va a hacer gracia - dijo una voz desde las cama de al lado, haciendo que Harry diera un respingo y se volviera para observar a su amigo, que lo observaba con curiosidad -. No pretendía asustarte.
- Pues casi me matas del susto. ¿Cuánto llevas ahí?
- Lo suficiente para saber lo que estabas haciendo.
- Escucha, ya sé que es peligroso pero...
- Vamos Harry, no soy Hermione - Ron sonrió y le tendió una mano para ayudarlo a sentarse, notando que el moreno aún temblaba ligeramente -. Es cierto que es arriesgado, pero hace tanto tiempo que no entrabas en la mente de Quién-Tú-Sabes que, probablemente, ni siquiera esté ya alerta.
- Eso espero, porque si lo que he descubierto es cierto, podríamos estar cerca de averiguar el paradero de la Copa.
Ron abrió los ojos como platos, sin ocultar su asombro y su alegría, y se puso en pie.
- En ese caso, habrá que llamar a Hermione. ¿Preparado para enfrentarte a la fiera? - preguntó el pelirrojo, medio en broma medio en serio.
Harry se encogió de hombros y se levantó.
- Supongo que sí.
- O sea que no me has hecho ni caso - fue la única conclusión que sacó la chica cuando el moreno terminó de relatarles a ella y a Ron lo que acababa de descubrir.
- Necesitaba hacerlo, Hermione - se defendió Harry -. Además, ahora ya sabemos dónde está la Copa. Es Bellatrix quien la está custodiando. Harry ha hecho lo correcto - intervino el pelirrojo.
- Vale, y en caso de que lo que acaba de ver Harry fuera cierto, ¿qué más da? Sigue siendo igual de difícil llegar hasta el horrocrux - objetó la castaña.
- Sí, pero estamos sobre el buen camino, lo presiento. Estoy seguro de que con un poco de planificación, lo conseguiremos - la animó Harry.
- Según Bellatrix, la escondió en el lugar más valioso y noble de la casa - comenzó a pensar Hermione, que sabía que aquellas pistas eran lo único que tenían de momento y, le gustara o no, debían intentar averiguar más.
- Malfoy Manor es un puto museo - se lamentó Ron -. Eso podría hacer referencia a cualquier parte.
- ¿No dijo nada más que pudiera ayudarnos? - preguntó Hermione, esperanzada.
Harry negó con la cabeza.
- No me acuerdo de nad... - de pronto, pareció recordar algo más -. Pero vi otra cosa. No lo entendí muy bien, pero hacía referencia a la varita de saúco. Deberíais saberlo - y les contó la historia del viejo de dientes podridos y risa demente, deteniéndose en todos los detalles que le parecieron importantes.
Cuando terminó de hablar, Hermione y Ron se miraron con el ceño fruncido.
- ¿Cómo dices que llamó al hombre? - preguntó Hermione.
- Era un nombre raro, extranjero. Algo como Gregoritch o Gorovitch.
- Gregorovitch - dijo Hermione.
- ¡Eso! - afirmó Harry -. Espera, ¿tú sabes quién es?
- Después de Ollivander, el fabricante de varitas más famoso del mundo. Estudió en Durmstrang, pero hace años que dicen que estaba... ido. Desapareció sin dejar rastro el año pasado. Supongo que estaba secuestrado.
- Y tanto que estaba ido - dijo Harry, recordando la risa penetrante del anciano mientras Voldemort lo torturaba.
- ¿Entonces puede que Dumbledore no tenga la varita de saúco? Igual mentía o divagaba - añadió Ron.
El moreno negó con la cabeza.
- Creo que era un recuerdo algo antiguo. Ahora lo entiendo todo. Quién-Vosotros-Sabéis quería acabar con Dumbledore para hacerse con la varita de saúco. Y, si ese tal Gregorovitch decía la verdad, lo más probable es que... Bueno, que ya tenga la primera reliquia de la muerte.
Pasó otro día y Hermione, tras haberle dado muchas vueltas durante la noche, había decidido contarles la verdad a sus amigos. Estaba más nerviosa que nunca, pero era una Gryffindor. Y se enfrentaría a la situación con el valor necesario.
Entró en la tienda, donde se encontraban ya Harry y Ron, se sentó junto a ellos en la mesa, donde había un fragmento de espejo roto, y tomó aire para comenzar a hablar.
Sin embargo, Harry se volvió hacia ella y la interrumpió antes de que pudiera decir nada.
- Hermione, Ron y yo hemos decidido qué hacer, pero queremos contar contigo.
- Antes de nada, tengo algo que...
- Tenemos que ir a Malfoy Manor - la interrumpió el pelirrojo sin poder contenerse.
A Hermione se le cortó la respiración y se le nubló la vista por un instante. ¿Iban a ir a Malfoy Manor? ¿Se iban a colar en la casa de Draco? Era su única oportunidad de verlo, de rogarle que se fuera con ellos y de contarle que iba a ser padre. Porque, aunque se lo escondiera a sus amigos, aquello era tanto asunto suyo como del rubio.
Hermione supo que, aunque fuera arriesgado en su estado, iría. Como también supo que tendría que seguir ocultándolo, porque Harry y Ron le prohibirían ir si se enteraban. Pero Hermione necesitaba ir.
Así pues, intentó dominar sus emociones y asintió con el ceño fruncido.
- Iré. ¿Cuál es el plan?
¡Y fin del capítulo!
Confieso que tuve que terminarlo ayer corriendo y, que está vez más que nunca, pensé que no llegaba. Pero es que mis vacaciones se alargaron más de la cuenta y ya no podía haceros esperar una semana más. Yo creo que el capítulo a incluido mucha acción y que está muy bien... Espero que lo hayáis disfrutado tanto como yo 😊
En primer lugar, hemos visto la reacción de Hermione. Sé que el tema del aborto, del embarazo adolescente y todo eso es lugar a muchas opiniones, pero yo intento hacer interesante la historia manteniendo la ética. No creo haber molestado a nadie con la elección que Hermione toma, pero si no es así, bueno, lo siento 😊
Hemos visto el "reencuentro" de Voldemort y Dumbledore y un cachito de Nott y su padre... Sí, todos odiamos al mortífago tanto como amamos a Theo 😂😍
Luego, en la reunión de los mortifagos, Draco ha demostrado ser inteligente y seguir queriendo a la chica al aceptar la misión de matarla, arriesgando así su vida. Cómo no lo vamos a querer 😍😍
Además, gracias a que Harry no ha hecho caso a Hermione el trío de oro ha descubierto que Voldemort tiene la varita de saúco y que Bellatrix guarda la copa de Hufflepuff. Y ni cortos ni perezosos, Ron y Harry han decidido que irán a Malfoy Manor a hacerse con el horrocrux, cambiando así los planes de Hermione de sincerarse. ¿Pero como conseguirán entrar en la mansión con la protección con la que cuenta? ¿Tendremos por fin nuestro esperado reencuentro? Habrá que esperar al próximo capítulo para verlo 😊
Antes de despedirme, contestaré a todos aquellos a quienes no puedo contestar por privado:
- Meg: Hola una vez más amor 😘❤ La escena de Ginny llegará, no te preocupes por eso. Pero todavía no, habrá que esperar para verla 😉😊 Espero que tus pregunta vayan resolviéndose pocoa poco, este capitulo nos ha adelantado muchas cosas 😊 Gracias por lo de las vacaciones y me alegro muchísimo de que la historia te guste tanto, respecto a lo de la edad, siempre me dicen que escribo como una persona mas mayor de lo que soy 😂 Tengo menos de los que me dijiste, pero soy madura 😊💗 Muchos besos y abrazos desde aquí y espero que hayas disfrutado el nuevo capitulo 😘😘💗
- Daira Malfoy: Hola cielo, gracias de corazón, me alegro mucho de que aprecies tanto el fanfic ❤❤ Gracias por lo de las vacaciones y ojala la espera no se te haya hecho muy larga 💕 Disfruta del nuevo capítulo 😘❤❤
- Natalia: Deseo concedido, quien tienes otro capitulo súper interesante y movido que espero que hayas disfrutado ❤ Gracias por comentar y por ser paciente amor 😘😘💗
- Daniella08: Aquí tienes el nuevo capítulo, espero que lo hayas disfrutado 😊❤
Gracias a todos los que comentáis y no olvidéis dejar revise esta semana, no cuesta mucho rato pero sí que me hacéis muy feliz 😊😊💓
Gracias también por leerme, nl olvidéis darle al Go para suscribiros y seguirme y recomendar el fanfic a vuestros amigos, para que está historia pueda llegar a más gente 😊😊
Y de nuevo, por favor dejad reviews, poorfaporfaporfa 😂❤❤
Con todo el cariño del mundo, un capítulo más;
- Daphnea ❤
P.D.: Ahora que se acerca septiembre y la vuelta a clase, tendré que preparar cosas y, por ese y otros motivos (no os preocupéis, no me vuelvo a ir de vacaciones 😂) tardaré otras tres semanas (espero que no más) en subir.
Gracias una vez más por la paciencia, os quiero ❤
