Harry y Ron se miraron y el moreno asintió.

- Verás, sabemos que no va a ser fácil. Malfoy Manor se utiliza como punto de encuentro para los mortífagos, por lo que contará con diferentes hechizos y elementos de protección contra los que, probablemente, no sabríamos qué hacer.

Hermione alzó una ceja y los miró, extrañada.

- Sí, supongo que todo eso podía imaginármelo. Pero entonces… ¿no tenéis ningún plan? ¿Queréis ir allí a probar suerte, aun sabiendo que nos será imposible acceder al interior? – habían realizado misiones arriesgadas en diversas ocasiones, pero esa era, simplemente, suicida.

Ron elevó la comisura de la boca, dejando entrever una sonrisa que no pasó desapercibida para su amiga. Obviamente tenían un plan.

- En realidad, llevábamos tiempo pensando en ir a Malfoy Manor y el saber que la copa está allí nos ha dado el pretexto perfecto. Harry y yo estábamos tan perdidos como tú intentando idear alguna estratagema, cuando he visto lo que Harry tenía en la mano.

El moreno, para afirmar las palabras de Ron, le tendió a Hermione el pedazo de espejo que descansaba sobre la mesa.

- Tengo la costumbre de llevarlo siempre encima. Ni siquiera me di cuenta de que estaba jugando con él cuando Ron me preguntó qué era.

La castaña dio varias vueltas al trozo reflectante, observándolo desde todos los ángulos para intentar descifrar su secreto. Pero por más que lo intentó, no consiguió ver nada extraño.

- No veo cómo este espejo roto podría ayudarnos.

Harry sonrió y negó con la cabeza.

- Es mucho más que un espejo.

- Es nuestro billete de entrada en Malfoy Manor – terminó Ron.


- Espera, ¿dices que Sirius te lo dio? – preguntó Hermione, que no acababa de entender muy bien a dónde querían ir a parar sus amigos.

- Exactamente. Antes de empezar quinto curso. Me explicó levemente que lo usaba para comunicarse con mi padre cuando los dos estaban en Hogwarts, pero me olvidé de él. Además, podía hablar con Sirius a través de la chimenea de la sala común así que tampoco me hacía falta. Sin embargo, no paro de darle vueltas…. Puede que, algún día, Sirius cogiera su pedazo de espejo y esperara a que yo usara el mío, con la esperanza de que me acordara – Harry suspiró -. Pero eso nunca pasó.

- No te puedes culpar por ello, Harry. No sabías para qué servía el espejo – dijo suavemente Hermione -. Además, me parece bien que sea un método de comunicación, pero todavía no entiendo cómo nos va a ayudar a entrar en Malfoy Manor. Es decir… Sirius ya no puede utilizarlo.

- Sirius no, pero otra persona sí – concretó el pelirrojo.

- ¿Otra persona? ¿Quién? ¿Alguien de la Orden? – se esperanzó Hermione, pero sus dos amigos enseguida negaron con la cabeza.

- Mira en el espejo otra vez – le pidió Harry.

La chica evitó bufar y dirigió la mirada otra vez hacia el objeto que sostenía en la mano, convencida de que volvería a ver su simple reflejo. Sin embargo, se encontró con dos ojos que la miraban. Dos enormes ojos verdes, similares a pelotas de tenis y, en definitiva, no humanos. Hermione se quedó paralizada durante unos segundos, sin duda de quién la observaba desde el otro lado del espejo.

- ¿Dobby? – logró articular al fin.

Con un chasquido, el elfo doméstico se materializó frente a los chicos. Vestía un simple paño blanco, pero llevaba los pies y brazos recubiertos de docenas de calcetines, pulseras y colgantes que saltaba a la vista que había hecho él mismo. Todavía con el espejo gemelo en la mano, hizo una reverencia ante la chica.

- Dobby la ayudará a entrar en la mansión de sus ex-amos, señorita Granger.


- Está bien, así que Dobby, al poder aparecerse y desaparecerse en cualquier lugar, nos va a ayudar a entrar en la mansión. Hasta ahí lo entiendo, pero creo que se os olvida un pequeño detalle – dijo Hermione después de que sus amigos terminaran de explicarle el plan.

- ¿A qué te refieres? – preguntó Ron frunciendo las cejas.

- Bueno, sabemos que la copa está en la casa, pero no en qué parte. Podríamos pegarnos días buscándola sin encontrarla, pero estoy segura de que no contamos con más de un par de horas, incluso con la ayuda de la capa de invisibilidad. Además, podríamos aparecernos justo durante una de sus reuniones y eso aumentaría todavía más las posibilidades de ser capturados.

- Hermione, somos conscientes de que puede que no consigamos nada yendo allí. Pero es lo único que podemos hacer. Ni siquiera si pudiera penetrar de nuevo en la mente de Quién-Vosotros-Sabéis averiguaría nada, porque solo Bellatrix sabe dónde está la copa. Podemos intentar capturarla y practicarle Oclumancia – ante la mirada de sus dos amigos, Harry se retractó -. Está bien, supongo que eso es una mala idea. Pero debemos ir, Hermione.

El moreno sabía el debate interno que sufría su amiga. Puede ser que, en unas horas, estuvieran en manos de los mortífagos. Pero no era eso lo que la preocupaba. Era el hecho de volver a encontrarse con Draco. Al fin y al cabo, iban a su casa. Las probabilidades eran muy altas. Harry prefería no pensar en esa situación, pero sabía que, si pasaba, muchas cosas estarían en juego. ¿Y si alguno de los dos hacía una tontería? Además, no parecía el mejor momento para que Ron se enterara de que estaban saliendo, si eso es lo que hacían. Tuvo que disimular una mueca de disgusto al acordarse del rubio besando a su amiga en la arboleda junto al castillo.

Ron sacó a Harry de su ensimismamiento.

- No pareces muy decidida, Hermione.

La chica intentó erguirse y sonreír para parecer despreocupada, pero no lo consiguió.

- Es solo que me ha pillado por sorpresa. Pero ya sabéis que podéis contar conmigo.

- Vale, entonces pongámonos en marcha – dijo el pelirrojo levantándose.

- Espera un momento – intervino el moreno -. Puede que Dobby pueda sernos de ayuda en algo más.

- En todo lo que desee. Dobby hará todo lo que Harry Potter le pida – dijo el elfo doméstico, en cuyos ojos se podía ver brillar la ilusión.

- Sé que hace un tiempo que ya no trabajas para los Malfoy, ¿pero crees que serías capaz de hacernos una breve descripción de la casa? Ya sabes, dónde se encuentra cada habitación y todo eso.

- Dobby trabajó en esa casa por más de medio siglo, recuerda todos los lugares y habitaciones, a no ser que hayan hecho algún cambio. Dobby conoce también algunos pasadizos secretos que le podrían venir bien a Harry Potter y a sus amigos.


- No creo que la capa pueda ofrecernos mucha protección a los tres. Ya no somos niños de primero – puntualizó Hermione.

- Lo sé, pero es lo único que nos ayudará a pasar desapercibidos, al menos al principio. Puede que incluso salgamos victoriosos.

- Con salir vivos me conformo – Harry y Hermione dirigieron una mirada reprobatoria a Ron -. ¿Qué? Vamos, todos pensamos lo mismo. Es un plan arriesgado y hay muchas probabilidades de no encontrar la copa. Pero eso no quiere decir que no vayamos a intentarlo. Al fin y al cabo, parece que la suerte está siempre de nuestra parte.

Hermione no pudo más que darle la razón. Con todas las situaciones a las que habrían sobrevivido, aquella sería solo una más que apuntar a la colección. O eso esperaba.

- ¿Vamos a partir ahora? – preguntó la castaña y Harry reflexionó durante unos momentos.

- Podemos hacerlo si es lo que queréis, pero creo que lo mejor será esperar a la noche, cuando todos estén dormidos. Así, las probabilidades de encontrarnos con alguien serán mínimas.

- Estoy de acuerdo con eso. Además, así podemos pensar bien qué es lo que vamos a hacer una vez entremos – asintió Ron.

- Está bien. En ese caso, dadme un momento y ahora lo planeamos todo – dijo Hermione antes de abandonar la tienda para sentarse en el exterior.

Necesitaba estar sola, necesitaba, durante unos instantes, ser consciente del cambio que acababa de dar la situación. Hace unos minutos iba a contarles a Ron y a Harry la verdad pero, ahora, se aventuraba en una nueva misión. Que no era otra que entrar en la casa del padre de su hijo.

Se pasó las manos por la cara y cerró los ojos durante unos segundos. No estaba preocupada por ella misma, más bien lo estaba por el bebé. Sabía que cualquier hechizo, cualquier caída, podía acabar con el feto. No podía permitirse correr tanto como quisiera, ni luchar sin preocuparse por morir. Porque no era solo su vida la que estaba en juego.

Además, estaba Draco. ¿Y si se lo encontraba? ¿Cómo reaccionaría? Aunque por dentro le aterrorizaba la idea, sabía que en realidad estaba deseando verlo cara a cara. Tenía que disipar sus temores de una vez. No había tenido ninguna noticia de él en el último mes y la incertidumbre le estaba matando. ¿Y si le había sucedido algo? ¿Y si… y si se había olvidado de ella y había vuelto junto a su familia? Pronto desechó esa idea. Tenía que confiar en él, no podía permitirse dudar en esos momentos. Así pues, iría y dejaría al destino actuar. Quizás consiguieran escapar sin ser vistos, quizás Draco la vería y correría a su encuentro.

Pero la realidad la golpeó con una fuerza sobrenatural. Estaban en medio de una guerra e iban a internarse en la guarida del enemigo. Con más o menos suerte, aquella noche cambiarían muchas cosas.


- ¿A las mazmorras? – preguntó Ron extrañado ante la sugerencia de su amigo -. ¿Por qué querríamos aparecernos allí?

- Porque, según sabemos, hay varios prisioneros en la mansión y estarán allí abajo. Podríamos utilizar este viaje para liberarlos.

- No sé, Harry. Eso suena muy bien, pero si nos distraemos con tareas secundarias… - opinó el pelirrojo.

- ¿No te gustaría que alguien liberara a tu madre si fuera ella la que estuviera cautiva? – preguntó Harry, sabiendo que Ron no podría rechistar ante ese argumento.

- Está bien. Si a Hermione le parece bien, lo haremos así.

En ese momento, la chica entró en la tienda y asintió.

- No creo que liberar a los prisioneros sea difícil con la ayuda de Dobby. Después, deberíamos dirigirnos a las plantas superiores para empezar la búsqueda – se volvió y anduvo hacia la parte posterior de la tienda -. Voy a preparar todo lo necesario en mi bolso.

Ron y Harry se miraron y sonrieron. Esa sí que era la Hermione con la que estaban acostumbrados a tratar. Fuerte, decidida, responsable. Puede que todo hubiera vuelto a la normalidad.

Qué alejados de la realidad estaban.


- ¿Ronda nocturna? – aquellas palabras recordaron al rubio todas las noches pasadas con la chica en los pasillos del castillo, aquellas primeras peleas, las consiguientes reconciliaciones, los besos robados… No pudo evitar sentir una punzada de tristeza ante todos aquellos recuerdos.

- Hemos decidido aumentar la vigilancia y creemos que es necesario estar tan alerta durante la noche como durante el día – explicó su padre, dando a entender que no le daba la opción de elegir -. Empezarás tú. Hoy. Deberás patrullar por los pasillos hasta que alguno de nosotros se levante. Tendrás también que vigilar que el prisionero trabaje y no haga nada extraño. Y cuídate de dormirte o despistarte – Lucius lo miró durante unos segundos de forma gélida -. Lo lamentarás.


- Estamos preparados, Dobby – dijo Harry, extendiendo la capa de invisibilidad sobre sus amigos, que se encogieron tanto como pudieron para meterse enteros en ella.

El elfo doméstico asintió y, con un simple chasquido, el trío de oro abandonó junto a la criatura el bosque para aparecerse muchos kilómetros lejos de allí, en una oscura y fría habitación de piedra.

Las mazmorras de Malfoy Manor.


Harry, tras comprobar que no había peligro, quitó la capa de invisibilidad que les cubría y el trío de oro esperó en silencio durante unos instantes que les parecieron interminables, dando tiempo a sus ojos para acostumbrarse a la penumbra hasta que, poco a poco, fueron distinguiendo diferentes elementos en la sala.

Había columnas de piedra por todas partes y de ellas sobresalían todo de tipo de objetos de tortura, además de diversas cadenas. Sin embargo, todo ello parecía desierto. Pero aún así, notaban en aquel lugar alguna otra presencia, algo que les indicaba que no estaban solos.

- ¿Hola? – Se atrevió por fin a susurrar Hermione -. ¿Hay alguien ahí? No tenemos mucho tiempo. Queremos ayudaros.

De pronto, una figura pequeña se alzó frente a ellos y preguntó, con un tono entre sorprendido y esperanzado.

- ¿Hermione? ¿Harry? ¿Ron?

El moreno abrió los ojos al reconocer la voz.

- ¿Eres tú, Luna?

La rubia llegó hasta ellos y les sonrió, pero mostraba una expresión triste y cansada. Sus ojos ya no lucían ese brillo fantasioso y su mirada ya no se desviaba hacia la nada. Era como si le hubieran robado su esencia. Tenía la cara manchada y el pelo enmarañado y se notaba que llevaba algún tiempo ahí.

- ¿Qué haces aquí, Luna? – preguntó Hermione, dándole un corto abrazo.

- A los mortífagos no les gustó el contenido que mi padre publicaba en "El Quisquilloso". Decían que daba a la gente esperanzas y ganas de luchar.

- Así que te raptaron para castigar a tu padre – terminó Ron, frunciendo las cejas.

Luna asintió y se encogió de hombros.

- Pero si pudiera volver atrás y elegir, le pediría a mi padre que no parara de sacar ejemplares. En estos días, la esperanza es lo último que debemos perder.

El trío de oro guardó silencio durante unos instantes.

- ¿Cuánto tiempo llevas aquí, Luna? – se atrevió por fin a preguntar Harry.

- Algo menos de un mes. Pero siempre he sabido que alguien vendría a por nosotros, aunque ellos no me creyeran.

- ¿Ellos? ¿Hay más gente aquí? – dijo la chica, intentando distinguir algo a su alrededor.

La rubia asintió con la cabeza.

- Griphook, ven. No tienes nada que temer. Son…

- Sé quiénes son – respondió una voz ronca desde algún lugar de la sala -. Todo el mundo conoce al señor Potter y a sus dos amigos.

Y un duende de aspecto huraño se materializó ante ellos, transportando a Harry a un lugar lejano en un tiempo lejano.

- Usted… lo recuerdo. Me llevó a mi cámara de Gringotts en primero, cuando Hagrid me acompañaba.

El duende asintió.

- Veo que tiene buena memoria, señor Potter. Y qué casualidad que sea exactamente su cámara de Gringotts la que me trajo aquí.

El moreno frunció el entrecejo y lo miró.

- No entiendo a qué se refiere.

- Verás, después del ataque al Ministerio, la señora Lestrange se presentó en nuestras oficinas. Solicitaba, o más bien ordenaba, que la lleváramos hasta la cámara de la familia Potter. Pero a nosotros no nos está permitido. Intenté explicárselo de todas las maneras posibles y lo único que conseguí es acabar aquí.

- Vaya, yo… lo siento – masculló Harry.

- No tiene que lamentarse, señor Potter. No hice esto para protegerle, ni mucho menos. La guerra que lidian estos días me es indiferente. Lo hice porque nadie puede incumplir las leyes de Gringotts, bajo pena de muerte.

Un silencio incómodo se hizo en la estancia. Harry sabía cómo eran los duendes; egocéntricos, envidiosos, codiciosos, estafadores. Y aquella criatura, por alguna razón, no le caía bien.

Ron aprovechó el momento para intervenir.

- Escuchad, todo esto está muy bien y estoy seguro de que podréis hablar tranquilamente luego, pero ahora tenemos otras cosas que hacer. Lo mejor será que Dobby los lleve fuera de aquí y luego vuelva a por nosotros para que empecemos a buscar la… - Hermione lo advirtió con la mirada -. Bueno, ya sabéis.

- Espera un momento – dijo Hermione cuando el elfo doméstico comenzó a moverse -. Antes has hablado de "ellos", Luna. ¿No hay nadie más aquí?

- Sí, pero se lo llevaron ayer para examinar una varita – respondió la chica.

- ¿A quién? – preguntó Harry.

- A Ollivander, el fabricante de varitas.

Los chicos se miraron y Ron asintió antes de volverse hacia Dobby.

- Llévate a ellos dos a "El Refugio". Explícales a Bill y Fleur la situación y diles que nosotros no tardaremos en ir. Después, vuelve aquí y sácanos de las mazmorras. No tenemos tiempo que perder.

- Muchas gracias chicos – dijo Luna, abrazando levemente a Ron y Harry y poniéndose frente a Hermione. Las dos chicas se miraron a los ojos durante unos segundos y la rubia esbozó una sonrisa misteriosa, la primera en todo el rato que llevaban juntos. Después, abrazó a la castaña y le susurró:

- Todo saldrá bien. Los tres saldréis adelante – sin darle tiempo a responder, se apartó de ella y anduvo hacia el elfo doméstico, que enseguida cogió su mano y la del duende. Acto seguido, los tres se desaparecieron con un chasquido.


Durante el corto periodo de tiempo que Dobby tardó en volver, Hermione no pudo dejar de darle vueltas a una cosa. La última frase de Luna la había dejado realmente tocada. ¿A qué se refería con eso de "los tres saldréis adelante"? Algo en su interior le decía que no tenía que ver con Harry y Ron, sino más bien con Draco y el bebé. Pero, ¿cómo podía saber ella que estaba embarazada?

Siempre le había maravillado Luna, pues consideraba que tenía un sexto sentido único. Veía cosas que nadie más lograba, era extremadamente observadora y, aunque la gente creyera lo contrario, una de las personas más inteligentes que conocía.

Un chasquido la distrajo de sus cavilaciones cuando Dobby se apareció en la fría habitación.

- El señor Bill y la señora Fleur se han mostrado muy serviciales y amables, señor Weasley. Ya están esperándolos a ustedes, aunque les he dicho que tardarían algo más.

- Muchas gracias, Dobby. Ahora necesitamos que nos transportes a alguna otra habitación de la casa a partir de la cual podamos desplazarnos libremente por la mansión – respondió Ron.

- ¿Algo así como el salón?

Harry negó con la cabeza.

- No, pensábamos en algo más discreto.

El elfo reflexionó durante un momento y sus ojos parecieron iluminarse.

- ¿Qué les parece la despensa?

Los chicos repasaron las explicaciones que Dobby les había dado acerca de la mansión. La despensa se encontraba en el primer piso, junto al salón, comedor y demás salas de estar, pero era una habitación pequeña que pasaba totalmente desapercibida.

Hermione asintió y vio que sus amigos también estaban de acuerdo.

- Perfecto. Pongámonos en marcha.

- ¿Empezaremos buscando a Ollivander, no? – preguntó Ron.

- Sí, creo que es lo mejor. Después, podremos centrarnos en la búsqueda principal – respondió Harry.

Y los cuatro desaparecieron, para aparecerse un piso por encima en una habitación repleta tanto de ingredientes culinarios como de objetos extraños y amenazantes.

- Bien – dijo Harry sacando la capa y echándola por encima de sus amigos – pues vamos con ello.

Hermione miró hacia abajo y vio sus tobillos, perfectamente visibles. Era obvio que la capa se les había quedado pequeña, y más aun si también contaban con Dobby.

- Chicos, creo que será mejor que nos separemos – sus amigos la miraron extrañados y ella les señaló sus pies -. Es ridículo que la usemos si no nos hace del todo invisibles. Creo que, si vosotros os vais con la capa y yo me voy con Dobby, será más rápido. Esta mansión es muy grande, de otra forma necesitaríamos demasiado tiempo para estudiarla.

- Hermione, cuando el grupo se separa es cuando empiezan a morir – puntualizó Harry -. No puedes ir por ahí siendo visible.

- Pero Dobby podría hacer que nos esfumáramos en menos de un segundo si pasara algo y luego volver a por vosotros. En serio chicos, no hay peligro.

Aunque seguían preocupados, aquello pareció convencerlos un poco.

- ¿Estás segura? – preguntó Ron.

- Totalmente.

Harry y Ron se miraron y, al fin, el moreno suspiró.

- Está bien, nos separaremos. Pero nos encontraremos aquí dentro de una hora exacta, hayamos, o no encontrado a Ollivander y la copa, ¿entendido?

La chica asintió y los miró en silencio. ¿Y si aquella era la última vez que los veía?

- Hermione… - susurró el pelirrojo, mientras la chica se abalanzaba sobre ellos y los abrazaba con todas sus fuerzas -. Todo saldrá bien, ¿vale? Llevamos la capa y tendremos cuidado. Tú eres la que más peligro corre.

La chica negó con la cabeza y se recompuso.

- Nadie corre peligro. Lo conseguiremos, estoy segura. Lo mejor será que nos dividamos el trabajo. Dado que Ollivander no cabe debajo de la capa, Dobby y yo lo buscaremos y lo pondremos a salvo en cuanto demos con él. Mientras, vosotros podéis buscar la copa y nos encontraremos aquí en una hora como hemos quedado. ¿Os parece bien?

Los chicos asintieron. Parecía lo más razonable y, aunque siguiera sin hacerles gracia la idea de separarse, podría ahorrarles mucho tiempo.

- Bien, entonces empecemos ya o amanecerá – se volvió hacia Dobby y le señaló la puerta -. ¿Estás listo, Dobby?

- Lo estoy, señorita Granger. No os preocupéis, Harry Potter y señor Weasley. No dejaré que le pase nada.

El moreno asintió y Hermione y el elfo abandonaron la despensa. Ya era oficial. Su misión había comenzado.


Durante la primera media hora, tanto los chicos como Hermione y Dobby se dedicaron a explorar las diferentes habitaciones de la planta inferior con el máximo sigilo posible, pero sin encontrar nada. Harry y Ron se centraban en los rincones, en los lugares secretos donde pudiera estar escondido el horrocrux, mientras que los otros buscaban alguna habitación que les llamara la atención. Entre lo grande que era la mansión y el cuidado que debían tener, aquello les iba a costar más de lo que habían pensado en un principio.


Hermione se escondió detrás de uno de los pilares del atrio y se frotó la cara, intentando ordenar sus ideas.

- Dobby, ya hemos mirado todos los salones sin encontrar nada. ¿Crees que Ollivander podría estar en otra planta?

El elfo pareció reflexionar ante la pregunta.

- Dobby no cree que esté en la segunda ni en la tercera planta, porque ahí están las habitaciones. Pero puede que en el ático. El señor Malfoy tenía ahí un estudio donde hacía cosas… - en su vista apareció ligeramente un destello de miedo -. malignas.

- Deberíamos subir, entonces – dijo Hermione, pero el elfo la miró indeciso.

- ¿Está segura, señorita Granger? Si alguien saliera de su habitación justo en ese momento…

- Por eso tenemos que estar alerta. Dobby, si percibes cualquier movimiento, cualquier sombra, haz que nos aparezcamos en el piso inferior. Buscaremos a los chicos y nos iremos, pero no podemos abandonarnos.

El elfo asintió y la miró con respeto.

- La señorita Granger es muy valiente y Dobby la apoya. Dobby no dejaría solo a Harry Potter y al señor Weasley.

- Muy bien, Dobby. Vamos – y le tendió la mano para que, en caso de peligro, pudieran desaparecerse rápidamente.


Draco abrió los ojos sobresaltado cuando se dio cuenta de que se estaba quedando dormido. Aquella ronda nocturna iba a matarlo de aburrimiento. No era, ni de lejos, la mitad de interesante que las rondas nocturnas en Hogwarts.

Aquello alejó su pensamiento hacia Hermione, como tantas veces le pasaba durante el día. ¿Qué sería de ella? ¿Pensaría en él? Odiaba sentirse como un enamorado, pero en el fondo sabía que lo estaba. Y eso le dolía todavía más. Seguía teniendo la sensación de estar incompleto, como si la chica se hubiera llevado parte de su esencia. Y necesitaba recuperarla. Lo necesitaba tanto como respirar.

Un ligero golpeteo lo sacó de sus cavilaciones y alzó la vista. Frente a él, Ollivander inspeccionaba las varitas que los carroñeros y mortífagos habían robado a lo largo de esa semana y, en un papel, anotaba quiénes eran sus expropietarios. Podía parecer una tarea fácil, pero más de 30 varitas se amontonaban sobre el escritorio y, aunque el anciano podía distinguirlas en menos de un minuto, era necesario que escribiera todas sus propiedades, ventajas e inconvenientes. Como una redacción interminable y tediosa.

El hombre levantó la vista y la clavó, cansado, en el joven. Una ligera sonrisa asomó a sus labios.

- Puede dormirse, señorito Malfoy. No tengo pensado ir a ninguna parte.

El rubio apartó la vista y frunció el ceño. Le molestaba que lo tratara de forma amable teniendo en cuenta que estaba secuestrado. Era como… como si en el fondo, supiera cuales eran las verdaderas inclinaciones de Draco, como si reconociera que era bueno. Y eso le molestaba y le hacía sentirse vulnerable.

- Le traeré un poco de agua. Parece sediento – dijo como pretexto para poder irse de aquella habitación. Necesitaba pasear, despejarse, poner en blanco su mente. Se estaba volviendo loco encerrado en esa ratonera.


Tras haber pasado la segunda planta, Hermione se relajó ligeramente. De momento, todo iba bien. Sin embargo, todavía era pronto para despreocuparse. No sabía con qué se encontrarían en el ático.

Pasaron la tercera planta, la de las habitaciones para invitados y, por fin, llegaron a la cuarta. Y fuera lo que fuese lo que se esperaba Hermione, desde luego, no era aquello.

Una habitación tan amplia como la Sala de los Menesteres, solo que mucho más lúgubre y fría, aparecía ante ellos. Se podían observar todo tipo de muebles ostentosos, tapices, alfombras, cuadros y muestras de riqueza, pero lo que llamó la atención de Hermione fue la simple mesa que había en el centro, únicamente iluminada por tres pequeñas velas. En ella, reconoció al señor Ollivander, el mismo que hacía siete años le había vendido su varita, el mismo al que veía todos los años a través del escaparate del callejón Diagon. Parecía mucho más cansado y anciano, pero era inconfundible. Y la torre de varitas que se apilaban a un lado solo la reafirmaban.

- ¿Señor Ollivander? – logró articular al fin, dándose cuenta al poco de que lo había dicho demasiado alto. Sin embargo, no parecía haber nadie más en esa planta.

El anciano pareció sorprendido al oír su nombre y todavía lo estuvo más cuando levantó la vista.

- Hemos venido a sacarlo de aquí – dijo Hermione, entrando en el ático seguida de Dobby -. Soy…

- La señorita Granger. Varita hecha de vid, núcleo de fibra de corazón de dragón, 10 pulgadas y ¾ , flexible y buena para realizar encantamientos. Sí, me acuerdo, Su elección fue rápida y obvia. Una buena varita para una buena bruja.

La chica se sonrojó y asintió, sorprendida de que pudiera recordar todo eso.

- No tenemos mucho tiempo – dijo Hermione -. Dobby le sacará de aquí y le llevará a un lugar seguro – entonces se volvió hacia el elfo -. Dobby, lo mejor será que después de aparezcas en la planta baja. Ve con Harry y Ron y yo me reuniré con vosotros en la despensa.

- ¿Está segura, señorita Granger? Podría esperarme aquí y…

La chica negó con la cabeza.

- No podemos perder más tiempo.

Como toda respuesta, el elfo doméstico asintió y le tendió la mano al señor Ollivander. Este se la cogió y, un segundo antes de desaparecer, la chica pudo percibir en los ojos del anciano una mirada emocionaba, que expresaba lo que al hombre no le dio tiempo a decir: Gracias.


- Ron, no creo que la copa esté debajo de los cojines. No parece un lugar muy noble – dijo Harry, al ver a su amigo revolviendo entre los sofás. Estaban en el salón, la habitación principal de la casa. Algo le decía que la copa tenía que estar allí, pero no lograban dar con ella ni acercarse a su paradero.

- Quién sabe, tío. Es donde se sientan sus nobles culos. Bellatrix está loca, cualquier sitio podría ser bueno.

El moreno cerró los ojos y negó, intentando concentrarse. Sentía como que tenía la respuesta en la punta de la lengua pero, por alguna razón, no alcanzaba a descifrarla.

- Creo que deberíamos pararnos a pensar. A pensar como ellos lo harían. Si tú fueras un Malfoy, ¿qué es lo que más te preocuparía? – dijo Harry.

- Mantener el estúpido linaje – respondió el pelirrojo sin pensárselo.

Los ojos de su amigo se abrieron como platos y su mirada se desvió hacia la pared izquierda, hacia el enorme tapiz que la cubría casi por completo.

- Eso es, Ron. Eres un genio – dijo Harry, eufórico.

- ¿En serio? ¿Sabes dónde está la copa? – preguntó el pelirrojo, alzando la cabeza rápidamente.

El moreno asintió y Ron siguió su mirada hasta vislumbrar también el enorme tapiz. Y entonces, todo tuvo sentido.

Ante ellos, los árboles genealógicos de las familias Malfoy y Black se extendían y fundían, de forma casi interminable; ostentoso, soberbio. Noble.

La copa estaba allí. Lo sabían sin necesidad de que nadie se lo confirmara.


Hermione sintió de nuevo el peso del tiempo sobre sus hombros cuando el elfo doméstico y el fabricante de varitas desaparecieron, dejándola sola en el inmenso ático de la mansión Malfoy. Percibió el tic-tac de un reloj lejano. El aire azotando los enormes ventanales y las cristaleras. El calor que emitían las llamas de las velas, leve, pero perceptible. Y, por encima de todo eso, oyó algo. Algo que le puso los pelos de punta.

Pasos. Alguien se acercaba, y su intuición le decía que no se trataba de Harry y Ron.


El rubio entró en el ático con la cabeza gacha, concentrado en sus pensamientos, sin ser consciente de que, a escasos metros, alguien le apuntaba con una varita. La exclamación de sorpresa que lanzó la chica alertó a Draco de que algo allí no marchaba bien y, en menos de un segundo, desenvainó su varita y apuntó con ella a la intrusa. Y la sorpresa, la confusión, la alegría, el enfado, todo se arremolinó en su interior, en una bola de sentimientos indescifrable que lo paralizó durante unos segundos. Ni siquiera fue consciente de que se le había caído el vaso de agua, rompiéndose el fino cristal y derramando el líquido por toda la estancia.

Era ella. La chica con la que soñaba cada noche. La cara que se aparecía en su mente en cuanto se despistaba, la que lo animaba a seguir, dándole fuerzas sin siquiera estar presente. Pero parecía cambiada. Más… madura. Solo llevaban un mes separados, pero el rubio percibió algo diferente en ella. Algo que no era capaz de explicar, pero que sabía que estaba allí. Como una esencia.

Hermione también lo analizaba en silencio. Si se hubiera imaginado su reencuentro, habría pensado que se fundirían en un abrazo, o en un beso, o en ambas. Que sonreirían y llorarían, que se mirarían y, por fin, se notarían enteros. Habría esperado cualquier cosa menos ese tenso silencio. El chico parecía cansado, mucho más de lo que lo había visto nunca. Unas líneas moradas bañaban sus ojos, como recordatorio de las muchas noches que había pasado en vela. El pelo caía sobre su cara, despeinado y descuidado y una incipiente barba cubría sus mejillas. Pero lo peor eran los ojos. Era como si… como si dentro de ellos hubiera encerrado un terrible sufrimiento. Como si pidieran ayuda en silencio.

Tras varios segundos, fue la chica quien rompió el silencio.

- Draco… - y aquello pareció romper el hechizo. El chico avanzó a trompicones hacia ella, la agarró por los hombros y la miró fijamente, intentando convencerse de que no estaba soñando. Y después, la besó como nunca antes la habían besado y como no volverían a hacerlo. Algo estalló en el interior de la castaña, feliz al reconocer aquellos labios tan familiares y la chica estrechó su abrazo, deseando que aquel momento no terminara nunca. No existía nada: ni el bien, ni el mal; ni los muggles, ni los magos; ni el peligro, ni la muerte, ni el dolor. Todo era mínimo en ese momento. Lo único importante era aquel beso, ávido pero a la vez dulce, un beso de reencuentro, lleno de promesas, de temores.

No fueron más de 5 segundos pero, si les preguntaran, podrían decir que aquello duró horas. Y ojalá hubiera sido así, porque la realidad pronto los golpeó bruscamente.

- ¿Estás loca? – dijo Draco, mientras le acariciaba la mejilla. Su tono intentaba sonar duro, pero no lo conseguía. El momento era demasiado especial como para enfadarse -. ¿Qué haces aquí? ¿Sabes lo que te sucedería si alguien te…?

- Draco, soy consciente del peligro – lo cortó la chica, incapaz de dejar de mirarlo -. No puedo decirte qué hacemos aquí, pero debes saber que hemos liberado a todos los prisioneros.

En ese momento, el rubio pareció recordar que, hacía unos minutos, Ollivander había estado en aquella mesa inspeccionando las varitas.

- Me parece bien – contestó simplemente -. ¿Y has dicho "nosotros"? ¿Potter y Weasley están también aquí?

Hermione asintió.

- Ven con nosotros, Draco. Por favor.

El rubio negó.

- No puedo. Todavía no. Me han encargado una misión y, si me voy, se la darán a otro. Y no puedo dejar que eso ocurra.

La chica guardó silencio durante unos instantes.

- ¿Una misión? ¿Algo de los mortífagos? ¿Algo… cruel?

Draco mostró una sonrisa amarga.

- Más o menos. Pero no te preocupes por ello, sé lo que hago.

- ¿Estás seguro?

El rubio asintió con la cabeza, la tomó con la barbilla y la besó de nuevo, esta vez de forma más breve. Y, sin saber por qué, aquel beso recordó a Hermione algo. Algo muy importante que debía contarle al chico. De pronto se sintió nerviosa, más que nunca. ¿Cómo empezar esa conversación?

- Draco, tengo algo que contarte – dijo, mirándolo a los ojos. Al fin y al cabo, era una Gryffindor. Afrontaría aquello con valor.

- Ya me imagino, pero ahora no hay tiempo. Tienes que salir de aquí. Nos encontraremos pronto, te lo prometo.

La chica negó con la cabeza.

- Tiene que ser ahora, Draco.

Pero el chico ya no le prestaba atención. Había levantado la cabeza y miraba a la puerta con expresión de pánico. Antes de que Hermione pudiera reaccionar, la había agarrado del cuello y empujado contra la mesa.

- ¿Draco? – dijo la chica, confusa, intentando liberarse de la fuerza con la que la agarraba el rubio. ¿Qué le ocurría? ¿Qué intentaba?

- Te quiero, Hermione. Recuérdalo pase lo que pase – susurró al oído de la chica antes de apuntarla con su varita.

En ese momento, una tercera persona irrumpió en la sala. Bellatrix abrió los ojos como platos y mostró una sonrisa cruel y sádica. A paso lento, entró en el ático y se acercó a la chica, que la miraba con odio y estaba todavía apresada por el rubio. La mujer pareció reconocerla, porque asintió en señal de aprobación.

- Vaya, vaya, Draco. Tienes más aptitudes de las que pensaba.


❤ ¡Y fin del capítulo! ❤

Antes de nada, sí, sé que me ha costado más de un mes subir y lo siento. Lo siento mucho. Pero en serio, no tenía ni idea de que iba a tardar tanto. Os hubiera avisado de haberlo sabido. Además, estas últimas semanas, con el final del verano, la vuelta a clase, etc. pues ni tenía mucho tiempo, ni me apetecía perder el poco que me quedaba de las vacaciones escribiendo. Y por cierto, estaba sin ideas. Y era frustante. Era como si supiera qué quería hacer y cómo quería que acabara el capítulo (con el encuentro, la aparición de Bellatrix, etc.) pero no tenía NI IDEA (en serio, era incluso estresante XD) de como hacer para que eso pasara, para que me ocupara un capítulo y, además, fuera interesante. Pero estoy muy contenta con el capítulo y creo que avanza mucho en la historia (aunque sé que la intriga que os he dejado es muy grande) XD

Hemos visto cómo los chicos, con la ayuda de Dobby, entraban en la mansión y liberaban a Luna y al duende Griphook (que me cae fatal, por cierto XD). Después, por petición de Hermione, se han separado y ella y el elfo han conseguido encontrar a Ollivander, mientras que Harry y Ron creen haber descubierto el paradero de la copa (aunque todavía no se han hecho con ella).

¡Y por fin hemos tenido el esperado reencuentro! ❤ ¿Ha sido como esperábais? Sé que no ha sido muy largo, pero al menos hemos tenido otro pequeño momentito de Dramione, que falta nos hacía ya ;P Sin embargo, Bellatrix ha llegado y lo ha fastidiado todo... aunque más fastidiados están Hermione, Ron y Harry, porque los han descubierto. En el próximo capítulo veremos qué hacen y si logran escapar victoriosos (o al menos vivos los tres) de la mansión... ¡A esperar ;P!

Por cierto, cuando Draco ha agarrado a Hermione era, obviamente, para protegerla. Ha simulado que la había capturado para que Bellatrix no los viera juntos y, al tenerla cerca, también puede protegerla. ¡Y le ha dicho que la quiere! ¡Por fin alguien da el paso! 😍 Aunque no estoy segura de si están en una situación en la que sirva para mucho, pero algo es algo.

Bueno, y ese ha sido todo el capítulo de hoy. Espero que lo hayáis disfrutado y que la espera haya merecido la pena (de nuevo, perdón por eso, pero no tengo todo el tiempo del mundo) :) Ahora, responderé a las reviews de todos aquellos a los que no puedo responder por privado:

- Meg: Hola de nuevo amor ❤ Sí, me alegro de que tu también pienses que Hermione hizo lo correcto, y como ves, todavía no sabemos como reaccionarán sus amigos (ni Draco) al enterarse. Pero te desvelo no queda mucho para que lo veamos ;P Nuestro querido Theo tiene mala suerte, sí, y creo que eso hace que lo amemos todavía más XD ❤ Espero que no se te haya hecho muy larga la espera y que hayas disfrutado el capítulo :) Millones de besos y abrazos desde aquí 😘😘❤

- Daira Malfoy: Hola cielo :) De momento, ya se ha saciado un poco tu intriga, aunque supongo que seguirás impaciente por el siguiente capítulo así que es parecido ;P No en serio, espero que hayas disfrutado el capítulo y que la espera no se te haya hecho demasiado larga (porque admito que lo ha sido), no te olvides de dejar review, me encantaría saber tu opinión sobre este capítulo. Muchísimos besos 😘😘❤

Y esto ha sido todo de momento. Una semana más os animo a que me dejéis review para que, además de ver lo que pensáis, podamos estar en contacto, que me encanta :) Nos vemos en el próximo capítulo, y hasta entonces solo tengo que deciros que muchísimas gracias por leerme, por favor no olvidéis dejar REVIEW, darle al Go y recomendar la historia a vuestros amigos para que nuestra familia de lectores crezca :)

Con todo el cariño del mundo, un capítulo más;

- Daphnea ❤


P.D.: Ahora que han empezado las clases no sé cuanto tiempo tendré para escribir, así que de momento no pongo fecha límite (aunque no creo que tarde tanto como esta vez, porque todos los días me sobra un ratito). Lo único que os puedo decir es que, por ahora, tengo pensado seguir subiendo los jueves :) Gracias por la paciencia, os quiero ❤❤❤❤