- Dobby… ¡No! ¡Dobby! – los gritos de Harry desgarraron el aire y Hermione y Ron acudieron a su lado enseguida. Notaron como sus corazones se encogían al entrever el pequeño cuerpo del elfo, ahora bañado de sangre por una herida de puñal que sobresalía en su vientre, en los brazos de Harry -. Estás bien, Dobby. Estarás bien. Vamos a curarte. Yo… ¿Hermione? ¿No hay nada que podamos darle en tu bolso? – las lágrimas inundaron los ojos de la chica, sirviendo como respuesta -. Dobby, aguanta. Por favor. No puedes…
El elfo elevó sus ojos verdes hacia los del chico y, con esfuerzo, mostró una débil sonrisa.
- Dobby ha ayudado a Harry Potter. Dobby ha dado su vida por Harry Potter y Dobby morirá feliz.
- No, Dobby, no vas a morir, no… - balbuceó el moreno, temblando entre lágrimas. Como toda respuesta, el elfo doméstico mostró una sonrisa débil y murmuró:
- Harry Potter – segundos después, el brillo de sus ojos desapareció y se quedó lánguido entre los brazos del muchacho, que lo abrazó con fuerza.
- Esto es culpa mía. ¡Fui yo el que lo metió en esto! – una delicada mano se posó en el hombro de Harry.
- No es culpa tuya, Harry. Fue lo que Dobby quiso hacer. Nos ha salvado y ha muerto feliz – dijo Luna con voz serena -. ¿Deberíamos cerrarle los ojos, no? – y acto seguido, con una delicadeza infinita, bajo los párpados del elfo como si se trataran de persianas. Persianas que ya nunca volverían a abrirse.
A la luz del día, Luna tenía peor aspecto de lo que habían imaginado en las mazmorras. Estaba delgada, mucho más que nunca. Su pelo, normalmente rubio y brillante, lucía como una maraña de enredones y su tez, blanca como el mármol, estaba tan sucia que casi parecía morena. Tenía la cara y los brazos cubiertos de arañazos y moraduras, pero sonreía.
- Luna… - susurró Hermione mientras se lanzaba a los brazos de su amiga de nuevo. Sin embargo, cuando su brazo entró en contacto con la espalda de su amiga lanzó un gritito y se apartó. La rubia, con cuidado, le tomó la mano y le miró el antebrazo.
- Sangre - leyó.
- Sucia, sangre sucia. Bellatrix no tuvo tiempo de acabarlo porque… - en ese punto de la narración, se calló. No fue capaz de mirar a Harry y aun menos a Ron. Los chicos ahora lo sabían. Sabían que estaba embarazada y sabían que el padre era Draco. Y justo en ese momento, fue salvada por la campana.
- ¡Chicos! – gritó una voz aguda con acento francés. Todos se volvieron para ver a Fleur y Bill acercarse a ellos corriendo -. ¡Bill y yo ya empezábamos a asustagnos! Hace casi media hora que el elfo doméstico se fue y… - de pronto, pareció remarcar cómo estaba el elfo doméstico -. Oh no… - dijo mientras se cubría la boca con la mano -. Lo siento tanto, Haggy…
El moreno asintió y se puso en pie, todavía con el cadáver entre sus brazos.
- Voy a cavar una tumba. Es lo que él habría querido.
Bill asintió y, tras haber saludado a Ron, se acercó al moreno.
- Sígueme, sé dónde puedes hacerlo.
Harry permaneció quieto unos segundos, mirando el cuerpo que sostenía como si se tratara de un sueño. Después, fue tras el pelirrojo con paso lento y pesado.
- Deberíamos dejarlo solo, al menos durante un rato – dijo Luna refiriéndose a Harry, a lo que nadie respondió.
- Gon, Hegmione, me alegga tanto que estéis bien… - dijo al fin Fleur mientras se acercaba a ellos y los abrazaba -. Ven conmigo, te cugagé esa hegida tan fea del bgazo – la francesa pasó un brazo por los hombros de Hermione y esperó hasta que la chica comenzó a andar. Luna las siguió -. Gon, ¿vienes?
Al fin la castaña se atrevió a darse la vuelta y se encontró con la mirada del pelirrojo atravesándola. No estaba solo enfadado. Estaba ofendido, desilusionado. Estaba triste. Elevó el labio superior en una mueca de despreció y negó con la cabeza rotundamente.
- Prefiero quedarme aquí.
Hermione ni siquiera era consciente de los pinchazos que le producían los hechizos que Fleur usaba para curarla. No podía pensar en nada que no fuera su hijo y todo lo que le rodeaba. Todas las personas que habían descubierto ese día que estaba embarazada; Harry, Ron, Lucius, Narcissa, Bellatrix… y Draco. El padre.
Sentía la ansiedad crecer en su pecho. Necesitaba explicarse, necesitaba hablar con el rubio, saber lo que pensaba. No podía separarse más de él, no ahora que lo había descubierto. Se sentía impotente y pequeña ante la situación. Todo parecía de pronto volverse en su contra.
- …no sé qué hechizo usó, pero se te va a quedar una fea cicatriz – terminó Fleur mientras pasaba su varita una última vez sobre el antebrazo de la morena.
Hermione observó su brazo. La palabra "sangre", ahora ya blanca y hundida en la piel, resaltaba como si de una luz en la noche se tratase. Negó con la cabeza débilmente.
- No pasa nada. Me gusta – era el recuerdo permanente de aquel día. De aquel reencuentro, de todas las emociones contradictorias. El recuerdo de una victoria más, el recuerdo del día en el que podía haber perdido a sus dos amigos y al padre de su bebé. Esa cicatriz era más que una simple marca.
La francesa asintió y miró a la joven con orgullo.
- Bill dice lo mismo de las cicatgices que le quedagon tgas el ataque de Grayback. Segá cosa de Ggyffindogs – guiñó un ojo y se volvió hacia las escaleras -. Voy a veg qué tal están nuestgos huéspedes, enseguida vuelvo con vosotgas.
Cuando Hermione y Luna se quedaron a solas, la castaña escondió la cabeza entre las manos y cerró los ojos fuertemente.
- ¿Qué va a pasar ahora, Luna?
La rubia mostró una media sonrisa que su amiga no alcanzó a ver y apoyó sus manos en los hombros de Hermione.
- Son tus amigos. La noticia les ha pillado desprevenidos, pero no van a abandonarte por esto.
La castaña negó con la cabeza y apretó los puños.
- Es que… no solo es eso. Luna, voy a ser madre – remarcó la última palabra y miró alrededor para cerciorarse de que estaban solas -. En medio de una guerra, estoy embarazada de alguien del bando contrario. ¿Sabes la de problemas que podemos causar si esto sale a la luz? Y además… no sé si estoy preparada para esto. Ni siquiera he terminado Hogwarts y…
- Vamos Hermione, no te preocupes por los estudios. Eres una alumna ejemplar, estoy segura de que McGonagall podrá hacer una excepción y darte el título de séptimo aunque no lo hayas terminado.
- Luna, todo va mal. En serio, va condenadamente mal. Y no voy a poder ocultar esto a la gente durante mucho tiempo más. Necesito la ayuda de alguien que sepa qué debo hacer, necesito proteger a este bebé y estar en contacto con Draco, saber que va a estar a mi lado. Pero también necesito acabar esta misión e ir con Harry y Ron a por Quién-Tú-Sabes.
- Bueno, creo que deberías ordenar tus ideas. Ahora iremos al entierro de Dobby y esta noche, cuando todos estén algo más tranquilos, hablarás con Harry y Ron y lo solucionaréis.
- Yo no…
- Hermione, les va a costar aceptarlo pero lo harán. Tienes que hablar con ellos, dejarles las cosas claras y pedirles ayuda. No podrán decir que no, porque te quieren, y el hecho de que estés embarazada no cambiará eso.
- ¿Dices entonces que la mano mágica de Colagusano, la que yo mismo le regalé por permanecer fiel a mí durante mis años débiles, se volvió contra él y lo mató?
Lucius Malfoy bajó la cabeza y asintió, concentrado en impedir el paso de Voldemort a su mente.
- Sí, señor. Oímos gritos y cuando nos despertamos, ese elfo doméstico había rescatado a los prisioneros y Colagusano estaba tendido en el suelo, muerto.
- Estoy muy decepcionado, Lucius. Que un elfo doméstico haya podido burlar las "excelentes" defensas de la mansión… eres consciente de que, si se corriera la voz, estaríamos en un serio aprieto de credibilidad – la voz del hombre era suave y siseante, tranquila pero peligrosa, como una serpiente que se alza, a la espera de la cercanía de su víctima para poder darle el mordisco mortal.
- Sí, mi señor. Juro que no volverá a ocurrir. No…
- Por supuesto que no volverá a ocurrir – con uno de sus afilados dedos, levantó la cabeza del mortífago hasta que sus ojos rojizos de serpiente se encontraron con los del hombre, grises y asustados -. Yo mismo me encargaré de castigaros como es necesario si se diera la ocasión.
- Sí, amo, por supuesto. Lo lamento mucho.
Voldemort soltó una risa demente y se volvió hacia la enorme serpiente que yacía a escasos metros del lugar.
- Vamos Nagini. – el pársel activó al animal, que se deslizó silenciosamente por el mármol y siguió a su amo hasta la salida -. Quedas advertido, Lucius. Os he pasado esta, pero no pasaré ninguna más. Y sé consciente de que el castigo será grande.
Draco daba vueltas en su habitación como un león enjaulado. Había destrozado ya parte de la pared a puñetazos y la puerta parecía ir a correr el mismo camino. Estaba confundido, porque no sabía qué debía pensar. Y por ello intentaba no pensar nada, pero no lo conseguía. Había una palabra que no paraba de dar vueltas en su mente, como si su cerebro se hubiera estropeado. Padre, padre, padre, padre… Él, iba a ser padre. Él, Draco Malfoy, iba a tener un bebé con Hermione Granger. Él. Ellos. La guerra. El bebé. Su familia.
- ¡Joder! – dijo mientras golpeaba la puerta -. Joder, joder, joder – repitió mientras lanzaba reiterados golpes, cada vez más débiles, hasta que se dejó caer exhausto sobre el colchón.
Escondió la cara entre las manos y, al fin, dio rienda suelta a sus pensamientos.
Hacía escasamente una hora que el Trío de Oro se había ido de allí, pero todavía seguía reviviendo el momento en el que su madre había decretado que Hermione estaba embarazada. Todavía notaba los ojos llorosos de la muchacha clavados en los suyos, con una expresión que lo confirmaba. Y él se había quedado en blanco. Totalmente ido, experimentando unos momentos de abstracción en los que su mente había decidido desconectar del mundo para no tener que lidiar con la realidad. Pero ahora, la verdad se presentaba ante él con fuerza demoledora.
Siempre había visto el futuro con positividad. Veía la guerra acabada y se veía junto a Hermione. No sabía si la relación podría llegar a ser pública algún día o no, pero no le preocupaba. Sin embargo, aquello era diferente. El mundo mágico pronto sabía que la chica estaba embarazada y buscarían a un culpable. Así que tenía un máximo de un mes hasta que la barriga de Hermione se hiciera remarcar. Un mes para decidir si quería o no hacerse cargo del niño. Un mes para aclarar si quería permanecer al lado de la chica, o despedirse de ella para siempre.
El entierro de Dobby fue corto y triste. Un silencio sepulcral reinaba junto al agujero que Harry había cavado, y una lápida de piedra labrada toscamente por el muchacho coronaba la escena. El cadáver del elfo, envuelto en mantas, fue rápidamente sepultado por la tierra seca que Bill echaba sobre él para tapar el hoyo. Los pocos asistentes, es decir Harry, Ron, Hermione, Luna y Fleur observaban la acción mudos, la tensión reinante en el ambiente.
Cuando el hoyo estuvo tapiado, Bill se volvió hacia el grupo, con gotas de sudor resbalando por su frente, dejando la pala a un lado.
- Lo siento por ese elfo, chicos. Parecía muy bueno.
- Me ha salvado la vida más de una vez – masculló Harry mirando el lugar en el que habían enterrado a Dobby -. Pero yo no he podido salvarlo a él.
- Harry… - Hermione enseguida lamentó haberse dirigido a su amigo. El moreno le lanzó una mirada fulminante y se dio la vuelta para dirigirse a la casa. Vale, si no estaba segura de si Harry estaba o no enfadado, acababa de descubrirlo. Al igual que había descubierto que, como Ron, no solo estaba solo furioso sino decepcionado. Genial, aquel día iba cada vez mejor.
El pelirrojo echó a andar en ese mismo momento hacia la casa, y Hermione, sabiendo que era el momento adecuado, apretó los puños y salió tras sus amigos. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos del grupo como para que ni Bill ni Fleur ni Luna los escucharan, los llamó:
- ¡Harry, Ron! – aceleró el paso, notando que le faltaba el aire y decidiendo no forzar mucho su cuerpo -. ¡Chicos! Por favor, tenemos que hablar – ninguno de los dos se volvió -. ¿Ahora me habéis retirado la palabra para siempre? – sus amigos siguieron andando en silencio.
Hermione se detuvo e intentó contener las ganas de llorar. Sin ser muy consciente de ello, dijo con la frustración marcada en su voz:
- Sí, estoy embarazada de Draco y sí, voy a tener al bebé. Sí, lo quiero. Si ello os hace dejar de ser mis amigos, entonces adelante. Pero creo que nuestra amistad significa mucho más que esto.
Los dos se detuvieron a la vez y se miraron durante unos segundos antes de volverse hacia Hermione.
- No vamos a dejar de ser tus amigos, Hermione – dijo Harry, suavizando su expresión. Había olvidado que tenía que estar enfadado y se había dado cuenta de que la castaña estaba sufriendo. Y, estuviera o no embarazada del estúpido de Malfoy, tenían que estar a su lado como ella siempre había estado con ellos.
Hermione pareció relajarse y se acercó lentamente hacia ellos, siendo consciente de que Ron no había respondido nada.
- ¿Podemos entrar? – preguntó.
De nuevo fue Harry el que asintió aunque, cuando ambos empezaron a andar hacia la casa, el pelirrojo los siguió en silencio.
Draco alzó la cabeza cuando alguien llamó a la puerta.
En dos rápidos movimientos, arregló la puerta y la pared dañadas y retiró el encantamiento Muffliato que había extendido por la habitación. A continuación, abrió y se encontró frente a su madre.
- No sabía si estarías dormido – se excusó su madre mientras miraba tras el hombro de su hijo hacia el escritorio sobre el que descansaban numerosos papeles -. ¿Estabas ocupado con algo?
- No, simplemente no podía dormir - respondió cansado -. ¿Qué querías?
- Tu padre acaba de reunirse con… Él. Se ha enfadado mucho al saber lo del elfo y los prisioneros, pero no tomará medidas por esta vez.
- Me alegra saberlo – respondió el rubio, y era cierto. Cuando el Trío de Oro se había marchado y todos estaban más calmados, habían creído que Voldemort no se enteraría nunca de nada. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que tendrían que explicarle de alguna forma que los cautivos hubieran escapado y que Colagusano estuviera muerto. Idearon una mentira enseguida y decidieron llamar rápido al Señor Tenebroso para zanjar el tema cuanto antes. Sin embargo, Draco sabía que si su padre no rechazaba la Oclumancia de Voldemort, estarían en serios problemas.
Narcissa lo miró dudosa durante unos segundos.
- Sí bueno, no solo he venido por eso. ¿Puedo pasar?
- Sí, claro – Draco intentó no parecer nervioso, pero sabía que iba a tener que darle a su madre muchas explicaciones y no sabía hasta que punto podría ocultar su relación con Hermione y su posible paternidad… ¿Paternidad? Cuanto más lo decía, peor le sonaba.
Draco esperó hasta que su madre se hubo sentado en la cama y ocupó un sitio a su lado.
- ¿Qué ocurre?
Narcissa tenía expresión cansada y preocupada. Escrutó el rostro de su hijo en silencio y elevó la varita.
- Muffliato.
El rubio frunció el ceño.
- ¿Sobre qué quieres hablar exactamente?
Su madre lo miró y, al fin, dijo:
- Quiero que me cuentes lo que ha pasado ahí abajo. Todo. Desde la aparición de Potter y sus amigos hasta que los has dejado escapar.
La sangre del muchacho se heló en sus venas. Sin embargo, la voz de su madre no sonaba enfadada, ni decepcionada. Solo agotada y triste. Tomó aire y comenzó a narrar:
- Estaba haciendo la ronda nocturna, como me tocaba, cuando fui a por un poco de agua. No oí nada ni me encontré con nadie, solo sé que al volver, Ollivander ya no estaba y, en su lugar, me encontré a Her… - rectificó en el momento correcto para que su madre no lo notara -. Granger, tratando de escapar. La inmovilicé y justo entonces llegó Bellatrix. Y el resto ya lo sabes.
Narcissa permaneció callada durante unos segundos. No había forma de que supiera que la versión que su hijo le acababa de contar carecía de muchos de los detalles principales de la historia. Sin embargo, todavía faltaban piezas para completar el rompecabezas.
- Esa es la parte en la que los capturamos. Pero todavía no me has explicado la otra parte.
- No sé a qué… - Draco miraba nervioso hacia la pared que tenía enfrente, evitando encontrarse con los ojos azules profundos de su madre. Pero Narcissa no le dejó acabar de excusarse.
- Draco, tu padre estaba demasiado concentrado en el muro como para darse cuenta, lo que probablemente te ha salvado la vida. Y tu tía… bueno, sigue creyendo que fue el elfo quién la hechizó. Pero yo conozco las reglas del mundo mágico, y hay ciertas cosas que una criatura no puede hacer sin ayuda de una varita. Una de esas cosas, son las tres maldiciones imperdonables. Y Bella fue dominada bajo una maldición Imperius.
El rubio la miró. No lo negó, porque sabía que, aunque lo hiciera, su madre no lo creería.
- ¿Y qué si lo hice?
La mujer se llevó las manos a la cara.
- Draco, ¿no te das cuenta de que ahora mismo todos podríamos estar muertos por tu culpa? – ahora sí que parecía enfadada. Enfadada y exasperada -. Se supone que tienes que matar a la chica, no defenderla. Sé que está embarazada, pero no es razón para que la dejaras escapar. Tú mismo te prestaste a esta misión y… - de pronto, Narcissa se detuvo y lo miró como si lo viera por primera vez -. Tú mismo te prestaste a esta misión – repitió -. ¿Por qué aceptaste una nueva tarea, Draco? – su voz tenía un toque apremiante.
El rubio se encogió de hombros intentando parecer natural. Veía las conclusiones a las que estaba llegando su madre y tenía que hacer que descarrilaran.
- Poder, supongo. Admiración. Pensé que para nuestra familia sería muy útil que lo hiciera.
Pero su madre no lo escuchaba.
- Aceptaste la tarea para protegerla. Para protegerla a ella y a sus amigos. Y los dejaste marchar porque… porque tú estás en su bando – parecía como si los ojos fueran a salírsele de sus órbitas -. Siempre lo has estado.
Un jarro de agua fría cayó sobre Draco. Fue como si notara el pánico deslizarse por su cuerpo, lentamente, casi como una tortura.
- Mamá, no es lo que tú crees…
- ¿Sabes, Draco? Una madre es capaz de saber cuándo su hijo le miente – dijo secamente.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal. De pronto, se imaginó siendo padre junto a Hermione. En una casa grande, ostentosa, con jardines. El niño, o quizás la niña, rompía un jarrón, pero negaba haberlo hecho. Draco le miraba a los ojos, que también eran claros, como los suyos y le decía: "¿Sabes?, un padre es capaz de saber cuándo su hijo le miente." Y, de pronto, la escena le pareció… familiar. Apetecible, quizás. Como un tipo de sueño perfecto que deseaba alcanzar. Pero la voz de su madre, que lo llamaba, lo devolvió bruscamente a la realidad. Él no iba a labrar su futuro poco a poco; no podría disfrutar de unos años de paz con Hermione tras la guerra, para asentarse cómodamente y, con el tiempo, formar una familia. Porque ya había un bebé en camino que adelantaba demasiado todo el proceso.
- ¿Draco? No me voy a ir sin que me lo expliques.
El rubio, como salido de una ensoñación, la miró y suspiró resignado.
- Está bien, pero tienes que prometerme que no se lo dirás a Lucius.
Su madre sonrió tristemente y negó con la cabeza.
- Sabes que no se lo diría aunque no me lo pidieras.
Draco asintió y miró alrededor, como buscando la inspiración divina que lo guiara en el relato de su historia.
- Sé que me habéis criado de una manera determinada, para que pensara como se supone que tengo que pensar y actuara como se supone que tengo que actuar. Todo acorde con la posición social de la familia, vuestro vínculo con el Señor Oscuro y demás. Y supongo que nunca me paré a pensar, por encima de todo eso, qué es lo que yo quería – la miró a los ojos -. Pero lo supe cuando me mandaste la carta y quedé marcado con la Marca Tenebrosa. No quería oponerme a vosotros, porque eso podría haberte puesto en peligro – hizo una pequeña pausa para tomar aliento y prosiguió -. Pero esta no es la vida que yo quiero, mamá. Y te guste o no, hace tiempo que hice mi elección. Potter, Weasley y Granger – le quemó la garganta pronunciar el nombre de la chica -. saben eso.
Su madre no dijo nada durante unos segundos. Lo miraba, pero parecía como si no lo viese. Tenía la mirada perdida, intentando asimilar toda la información tras la confesión de su hijo.
- ¿Entonces estás con ellos? – fue lo único que acertó a decir.
Parecía una pregunta sencilla, pero Draco no encontró bien la respuesta. Realmente no tenía ningún interés en la guerra, lo único que siempre le había interesado era Hermione. Sin embargo, si permanecía neutral durante el enfrentamiento ambos bandos irían a por él, y era consciente de eso.
- Yo… no lo sé. Es decir, los apoyo en la batalla pero no lucharé a su lado. No a menos que sea necesario. Y me gustaría que tú te unieras a mí – lo último lo dijo casi corriendo.
Narcissa cogió las manos de Draco entre las suyas y lo miró a los ojos. Una mirada evaluadora, profunda. No solían realizar muestras de afecto, pero ninguno de los dos dijo nada ante ese contacto.
- No puedo dejar a tu padre, eres consciente de ello. Draco, soy tu madre y eso no cambiará nunca, pero te pido que te replantees tu decisión. No sé si has tenido en cuenta las consecuencias que podría provocar.
El rubio asintió.
- Las consecuencias serían mínimas si el bando de Potter gana la guerra.
- Pero si eso no sucede... Tu padre te desheredará. Los mortífagos pagarán millones por tu cabeza y, posiblemente, no podamos volver a vernos... Nuestra familia estará en peligro, yo estaré en peligro por tu traición. Draco, no quiero luchar en un bando diferente al de mi hijo – su voz se había ido volviendo cada vez más baja hasta casi convertirse en un susurro -. Por favor.
El rubio cerró los ojos y se levantó, rompiendo el ambiente mágico que se había creado entre ambos. Comenzó a dar vueltas por la habitación, arriba y abajo, sin saber muy bien qué hacer a continuación.
- Mamá, yo sé que tú no eres igual que ellos. No eres… como tu hermana, o como Lucius. Venir conmigo te daría una nueva oportunidad.
Narcissa Malfoy negó.
- Yo me quedo, Draco. No puedo abandonar a tu padre. No puedo arriesgarlo todo.
El rubio se detuvo y la observó.
- Vale.
Su madre suspiró y se frotó los ojos, cansada.
- Sé que tienes más razones para cambiarte de bando – soltó, casi sin pensarlo -. Quiero estar contigo en esta guerra, Draco. Y dado que no va a ser posible, al menos necesito entender por qué has tomado esta decisión.
- Ya te lo he dicho. No apoyo nada de esto.
- Y sin embargo siempre lo has apoyado. Hay algo que te ha hecho cambiar de opinión mientras estabas en Hogwarts. O alguien – su hijo le miró rápidamente -. ¿Fue Dumbledore? ¿O Nott? Porque doy por hecho que él y tú estáis en el mismo barco.
Draco asintió.
- Dumbledore… puede que tuviera que ver.
- Me estás mintiendo de nuevo – no parecía enfadada. Solo triste, consumida por la guerra.
El rubio miró los jardines a través de la ventana y suspiró.
- Es solo que… hay cosas que no puedes entender todavía, ¿vale? Supongo que, llegado el momento, las sabrás.
- ¿Y esas "cosas" de las que hablas podrían causarte problemas?
Draco mostró una sonrisa cínica y pensó en Hermione. ¿Que si su relación y el hecho de que ella estuviera embarazada causarían problemas? Más de los que podía siquiera imaginarse.
- Teniendo en cuenta mi situación, da igual los problemas que puedan causarme. Ya estoy metido en suficiente lío.
- Draco…
- La decisión está tomada, mamá. Siento no poder explicarte nada más. Y te prometo que haré lo que sea para protegerte, gane quien gane.
- ¿Entonces vas a huir de la mansión? ¿O te unirás a ellos durante la batalla? – abrió los ojos -. Dime que no estás haciendo de topo.
El rubio negó.
- En realidad, la mayoría de ellos todavía no sabe que estoy en su bando. Es lo mejor. Y respecto a lo de unirme a ellos… no sé cómo ni cuándo. Solo sé que Nott vendrá conmigo.
- Esto va a cambiar tu vida entera.
- Lo sé.
Narcissa se puso en pie y se alisó la túnica, únicamente intentando ganar tiempo.
- Si ya lo tienes tan decidido supongo que me iré. Draco – se volvió hacia él -. Ten mucho cuidado. Protege tu mente de intrusos en todo momento y no hables a nadie sobre esto.
- Lo sé.
- No, es mucho más serio de lo que piensas. Si alguien se enterara, no solo estarías tú muerto, sino que lo estaríamos todos. Y eso enfurecería al Señor Tenebroso y quién sabe lo que sería capaz de hacer.
El rubio asintió. No lo había pensado, pero era cierto que si Voldemort se enfadaba podría adelantar el ataque. Y si mataran a su familia mucha gente estaría despistada y eso no era bueno.
- Iré con cuidado.
Narcissa ya tenía una mano en el pomo de la puerta, pero pareció darle vueltas a una idea.
- ¿Tú sabes quién es el padre del hijo de Granger?
Draco sintió que se atragantaba y que se le aceleraba el pulso.
- ¿Por qué debería saberlo?
- No sé, quizás sabes si tiene novio, si es Potter o Weasley o…
- Yo no sé nada – respondió Draco, quizás más tajante de lo necesario.
Su madre lo miró extrañada.
- Está bien, sólo quería saberlo. Podría ser información importante.
- Pues lo siento pero no puedo ayudarte – contestó su hijo volviéndose de nuevo hacia la ventana -. ¿Podrías dejarme solo? Necesito pensar sobre todo esto – dijo intentando no sonar brusco.
Narcissa asintió a sus espaldas, aun sabiendo que no podía verla.
- Draco, solo quiero que recuerdes que aunque crea que te estás equivocando con esta decisión, soy tu madre y nada cambiará eso – y abandonó la habitación antes de que el rubio tuviera tiempo de pensar una respuesta.
Una vez solo, Draco sintió la ira creciendo en su interior. Elevó el puño para dar un puñetazo a la pared, pero se detuvo a medio camino. Caminó hasta el escritorio y se derrumbó en la silla, enterrando la cara entre las manos.
Eran demasiadas cosas, la cabeza le dolía como si fuera a estallarle y el corazón le latía con furia. Al menos, ahora su madre lo sabía y no parecía que fuera a abandonarlo por ello. Pero estarían en diferentes bandos y eso no podía ser bueno.
- Ni siquiera sé por dónde empezar – dijo Hermione una vez que los tres se hubieron sentado alrededor de una pequeña mesa en una de las habitaciones superiores de la casa. Por supuesto, habían lanzado un Muffliato que les asegurara una conversación totalmente privada.
- Empieza por cómo empezasteis a salir o a lo que sea que hagáis tú y Malfoy – fue la primera vez que Ron habló en todo el rato, lo cual fue una mejora.
La chica asintió y suspiró.
- Pasábamos mucho rato juntos en la torre y durante las rondas nocturnas. Empezamos a hacer las tareas juntos y poco a poco fuimos llevándonos… bien. Yo no creía que fuera posible, pero a veces incluso olvidábamos nuestras diferencias. Aunque al principio nos peleábamos mucho. Muchísimo – sonrió triste al recordar las peleas que tenían las primeras semanas. Discutían por cualquier cosa, y aunque eso debería haberles enfadado, más bien les activaba -. Y entonces pasó.
- ¿Qué pasó? – preguntó el pelirrojo, no muy seguro de querer oír la respuesta.
- Que me besó – Ron puso cara de asco -. Al principio los dos intentamos evitar que fuera a más, era como volver al principio. Pero pronto comenzamos a tener una relación no seria, como una vía de escape para aislarnos de clases, deberes, guerra… Enseguida fue a más. Y supongo que en algún punto acabamos enamorándonos.
El pelirrojo negó con la cabeza. ¿Acababa su amiga de decir que estaba enamorada?
- Hermione, es Malfoy. Es un cabrón. No te merece. Y me da asco.
Hermione y Harry se miraron. Aquello iba peor de lo que imaginaban.
- Ha cambiado, Ron. Sé que contigo era detestable, y te juro que tuve muchas discusiones con él por eso. Pero no es el mismo que antes, Harry te lo puede decir.
El pelirrojo miró a su amigo y elevó una ceja.
- Escucha, Ron, Hermione tiene razón. No es que Malfoy me caiga bien, pero supongo que firmamos una especie de tregua. Y, además… él hace feliz a Hermione. Y no podemos oponernos a eso.
La chica sonrió y agarró la mano de su amigo, que la miró y asintió.
- Todavía no puedo creerme que no me dijerais nada. Y todas esas mierdas de que ha cambiado… - siguió Ron.
- No te lo conté exactamente por eso. Y además, Harry y Ginny lo descubrieron ellos mismos, así que no te excluí adrede.
- Hermione, ¿en serio crees que Draco va a dejarlo todo por ti? Es egocéntrico, malcriado…
- Suficiente, Ron – ahora la chica parecía enfadada -. Tú no sabes nada. ¿No crees que el hecho de que haya atacado a su tía para dejarnos marchar ya significa que está de nuestra parte? ¿Crees que soy una niñata estúpida que babea detrás de cualquier capullo? ¿O piensas acaso que a mí Lavender me caía muy bien? Pero con ella estabas bien y nosotros, que somos tus verdaderos amigos, estuvimos siempre contigo y no nos enfadamos, ni te ignoramos. Porque te queremos. Y lo siento, pero me parece injusto que me trates de esta manera solo por querer a alguien que no te cae bien.
Ron se quedó callado durante unos momentos, mirando la mesa en silencio. Aunque lo intentara no iba a coger simpatía a Malfoy. Porque lo odiaba más que a nadie en el mundo y sobre todo después de saber aquello. Pero sabía que no era eso lo que le molestaba. Lo que más le dolía era saber que había perdido a la chica. Porque ahora era consciente de que no la recuperaría y se sentía estúpido por haber dejado pasar la oportunidad.
- Hermione, creo que Ron necesita algo de tiempo para asimilarlo. A mí al principio no me hacía ninguna gracia, ya lo sabes – intervino Harry para calmar la situación.
La chica lo miró y, poco a poco, suavizó la expresión.
- Tienes razón, esta noticia es como una bomba de artillería.
- Y todavía no nos has hablado del resto – siguió Harry, sin saber muy bien cómo comenzar aquella conversación.
Hermione asintió y se frotó los ojos.
- Chicos, esta no es la forma que había pensado para que lo descubrierais, pero ya no hay vuelta atrás. Iba a decíroslo ayer… pero entonces me contasteis todo el plan para entrar en la mansión Malfoy. Sabía que, si hubierias sabido que estoy embarazada no me habríais dejado ir. Y además os habría descentrado mucho – miró a Harry a los ojos y luego esperó hasta que Ron alzó la vista hacia ella, leyendo en sus ojos azules ira, enfado, incomodidad -. No podía dejar pasar la oportunidad. Sabía que la única forma de verlo era ir a la mansión… y así fue. Pero entonces llegó Bellatrix y todo empeoró.
Silencio durante unos segundos. Harry carraspeó y preguntó:
- ¿Estás segura de que estás embarazada? Quiero decir, puede que al final no…
- No – le cortó Hermione -. Me hice un test muggle. Por eso necesité ir a la farmacia aquella vez. Pero cuando me hice la prueba… supongo que ya lo sabía. No sé cómo explicarlo, simplemente es algo que se nota.
Harry asintió sin saber muy bien por qué. De pronto Ron pegó un puñetazo en la mesa.
- Hermione, un bebé cambiará tu vida. ¿Crees en serio que Malfoy va a estar ahí para ser el padre del año? Te abandonará. No quiero ver tu vida fastidiada por ese idiota.
- Me dijo que me quería – susurró Hermione.
- ¿Y cuando te lo dijo ya sabía la excelente noticia? – preguntó Ron con malicia.
La chica calló y bajó la cabeza. No, cuando Draco le había dicho que la quería todavía no sabía que iba a ser padre.
- Ron tiene razón, Hermione. No puedes tener al niño – su amiga lo miró con ojos desorbitados -. Escucha, es lo mejor para ti. Malfoy se desentenderá del tema. Un niño nacido de vosotros daría demasiados problemas para la situación actual y le arrebataría todos los privilegios de ser un Malfoy. Y además, la gente pronto sabrá que estás embarazada y entonces no habrá marcha atrás.
La chica llevó sus manos al vientre con actitud protectora.
- Voy a tener al bebé, ¿vale? Nada de lo que digáis me hará cambiar de opinión. Este niño… - tenía lágrimas en los ojos -. No podría abortar y seguir con mi vida. Ya no.
- Por favor, Hermione, recapacita – Ron parecía ahora casi suplicante. Si su amiga seguía adelante con el embarazo… no sabía que sería peor, si ver que Malfoy la abandonaba o tener que soportar que vivieran una vida feliz.
- La decisión está tomada – replicó Hermione con rotundidad.
Harry se frotó los ojos y la miró.
- Así que vas a tener un hijo. Con Malfoy.
- Yo… sí. Creo que él me va a apoyar en esto.
- No tienes ni idea de lo que supone para él. Que saliérais juntos ya implicaría que lo desheredasen o algo así, ¿pero que tú estés embarazada sin estar casados? Va a alterar tu vida, la suya y la de todos nosotros. Ni siquiera has acabado tus estudios en Hogwarts. Te estás destrozando el futuro.
Harry miró a Ron alarmado. Hermione, sin embargo, parecía haberse calmado.
- Yo no creo que me esté destrozando el futuro. Si fuera así no seguiría con esto. No espero que lo comprendáis, solo que me apoyéis. A partir de ahora supongo que voy a tener que contarlo, al menos a los miembros de la Orden o a alguien que pueda ayudarme. Tengo claro que no voy a pasar el embarazo sola – suspiró -. Con o sin Draco. Ahora bien, tenéis que elegir si vosotros permaneceréis a mi lado o no.
El pelirrojo la miró extrañado.
- Hermione, odio a Malfoy con todas mis ganas y odio que estés embarazada, pero no te abandonaremos - tomó aire -. Estoy furioso porque no me lo hayas contado antes y… porque me molesta que estés con alguien que no sea yo – miró a la mesa -. Podríamos ser felices.
Harry abrió los ojos y observó a su amiga, que parecía tan desconcertada como él. ¿Acababa Ron de confesar sus sentimientos?
- Ron, te quiero pero sabes que no de esa forma. Lo nuestro no funcionó ni funcionará.
- No puedes estar segura de ello.
La chica negó con la cabeza, triste.
- No tienes derecho a hacerme esto. Cuando terminamos corriste con Lavender y yo tuve que sufrir mucho tiempo. Draco curó eso. Lo siento, pero ya he elegido – miró al pelirrojo a los ojos -. Y lo elijo a él.
Ron pegó un puñetazo a la mesa y se levantó.
- Ron – lo llamó su amigo, pero el muchacho ya había salido de la habitación, dejando a Harry y Hermione solos.
Tras unos momentos de silencio, la castaña se volvió hacia Harry.
- Ahora me odia.
El moreno negó con la cabeza y cerró los ojos.
- Querría hacerlo, pero ese es el problema. No puede odiarte porque te quiere.
La chica soltó una risa triste.
- A veces no hay diferencia entre amor y odio.
Harry le cogió la mano y la miró a los ojos.
- Te perdonará, Hermione, él mismo lo ha dicho. Pero necesitará tiempo para ello.
- ¿Y qué hay de ti? – susurró.
El moreno pareció pensar unos segundos.
- Que estés embarazada no me gusta nada. Pero soy tu mejor amigo y siempre voy a estar ahí para ti.
Hermione apoyó su cabeza en el hombro del muchacho y cerró los ojos.
- Gracias Harry. Y lo siento.
- ¿Qué sientes?
- Que por mi culpa la misión se haya fastidiado. Ahora no hay forma de recuperar la copa de Hufflepuff.
Harry se apartó de ella y la miró sonriendo. Señaló el bolso que Hermione llevaba colgando y dijo:
- ¿Estás segura de eso?
❤ ¡Y fin del capítulo! ❤
Vale, no sé ni siquiera si merece la pena pedir disculpas. Casi tres meses. Hace dos meses y medio que no subía nada. Sé que muchos de vosotros habréis pensado que había dejado la historia a medias y que puede que alguno haya incluso dejado de leerme y lo entiendo. Pero yo no he dado para más. Durante el curso no me sobra casi tiempo para escribir y, en las vacaciones de Navidad, he tenido muchas cosas que hacer y preparar. Pero, gracias a Dios, he tenido tiempo para sacar este capítulo (más largo de lo habitual, lo que quizás compensa un poco) que he escrito durante las últimas semanas. Ha sido un capítulo muy denso, con muchos diálogos complejos y dramas interiores, como supongo que ya habréis podido comprobar. Pero me encanta y estoy muy contenta con el resultado 😊
La primera noticia del capítulo era que, sí, Dobby ha muerto. Me siento fatal habiéndoos hecho esperar dos meses y medio para saber eso, pero ya sabéis que mi historia se corresponde mucho con la escrita por J.K. Rowling y he decidido serle fiel en ese aspecto. Y, aunque muchos me odiéis por decirlo, si bien me gusta Dobby no es de mis personajes favoritos. Es decir sí que me produce ternura y le tengo cariño, pero no es una muerte que haya tenido que plantearme.
Hemos podido ver parte de los sentimientos de Draco y supongo que hay algo que os inquieta a todos. Porque no ha dejado claro que quiera tener el niño. Y sabemos que, si rechaza cuidar a ese bebé, estará rechazando a Hermione. Y sí, damos por hecho que hay bebé. Sé que en el anterior capítulo quedó en el aire el hecho de que, con todo lo que Bellatrix le había hecho lo hubiera perdido, pero damos por hecho que no es así. Al menos de momento.
Lo bueno es que Voldemort ha "perdonado" a los Malfoy. Eso sí, porque no sabía la verdad. Si lo hubiera sabido... pobres de ellos. Eso sí, los va a tener más vigilados que nunca.
Por cierto, creo que la charla con Narcissa habrá impactado a alguno. Porque muchos pensaríais que iba a aceptar escapar con Draco y ya veis que no ha sido así. El caso es que me parecía demasiado descabellado que aceptara sin más. Durante la batalla de Hogwarts, en la historia original, fue más bien neutral, pero eso no quiere decir que se pasara al bando opuesto. Por cierto, durante su charla con Draco el chico lo ha pasado bastante mal en varias ocasiones... Como si no estuviera ya sufriendo suficiente 😅
A continuación hemos tenido la charla del Trío de Oro que ha ido bien, y mal. Bien, porque los chicos han dejado claro que, aunque no les guste la idea (sobre todo a Ron, que ya habéis visto como se ha puesto), no van a dejar a Hermione. Y mal, porque el pelirrojo ha confesado sus sentimientos y Hermione lo ha rechazado, lo que podría provocar una ruptura definitiva en su amistad. Además, no es que Ron lo haya aceptado del todo y no podemos prever como va actuar en los siguientes capítulos... es como una bomba que puede explotar en cualquier momento.
Y acabamos el capítulo con una tierna escena entre Hermione y Harry y, por fin, una buena noticia. ¡Sí, consiguieron la copa! 😄
Ahora voy a contestar a las reviews de todos lo que comentasteis en el útimo capítulo y a los que no puedo responderos por privado. Igual ya hasta os habéis olvidado de mí 😅
- Meg: Hola de nuevo reina, ya sé que ha pasado mucho tiempo y lo siento ❣ Me dijiste que ojalá mis deberes me dejaran escribir pronto y... ya ves que no ha sido posible :) Aun así me alegraría mucho saber que sigues ahí y estoy muy contenta de que te gustara tanto el capítulo anterior, espero que este te haya parecido igual de intenso, aunque sea solo diálogo ;) Feliz navidad y feliz 2018, muchos besos 😘❤
- Daira Malfoy: Hola cielo, lo dicho que siento muchísimo haberos hecho esperar tanto y que espero que me perdones 😊 Muuuchííísimas gracias por tu comentario anterior, en serio me puso super contenta ver tu opinión sobre la historia :D Me encanta ver que os gustara tanto el personaje de Narcissa, ya ves que en este capítulo también ha tenido protagonismo :) Dijiste que me esperarías hasta el siguiente capítulo y aquí lo tienes, solo espero que no te hayas cansado de esperar y que te guste tanto o más que el anterior :) Feliz navidad y feliz 2018, besitos 😘❤
Me hace super feliz recibir vuestros mensajes y opiniones, cuando empecé la historia no podía imaginar que esto fuera a llenarme tanto y estoy contenta de haber tomado la decisión de escribir un fanfic :) Y ya puestos, dado que nunca os lo dicho, os contaré por qué lo escribo: de pronto descubrí el shippeo de Dramione y me gustó mucho, así que empecé a leer otros fanfics, etc. Y reconozco que hay algunos MUY buenos, al menos para mí, pero ninguno era exactamente lo que estaba buscando. Y como quería un fanfic perfecto para mí, decidí que, si no lo encontraba, lo escribiría. Y eso es lo que estoy haciendo a día de hoy :)
Brevemente esto sería todo por este capítulo, así que solo me queda pediros perdón de nuevo por el retraso y, como no, desearos un feliz 2018 y, aunque sea casi tarde, unas felices Navidades, que es una de las épocas más bonitas del año para muchos, en la que estar con las personas a las que más queremos y recordar a aquellas que ya no están con nosotros ❤
No olvidéis recomendar la historia a vuestros amigos para que esta pequeña familia pueda crecer, darle al Go y dejar review, que no hay cosa que me guste más que estar en contacto con vosotros ❣
Ahora sí, ha llegado la hora de deciros adiós hasta el próximo capítulo. Y siento decir que no voy a decir cuándo será, porque no tengo ni idea de lo que me costará escribirlo. Empiezan de nuevo las clases y los exámenes, lo que significa que casi no voy a tener tiempo ni para vivir... Pero espero que sea pronto o al menos tardar menos que esta vez. Aunque todavía no sé cómo orientaré el próximo capítulo, por lo que no puedo prometeros nada :) Os quiero ❤
Gracias por leerme, un capítulo más;
- Daphnea ❤
