6. — Cumpleaños (Canon Era)

A Anastasia Romanov nunca le han agradado del todo las obligaciones de una Gran Duquesa. Si bien todos creen que ser de la realeza está lleno de lujos, no es realmente el caso de las hijas del zar.

Anastasia y sus hermanas viven de forma austera, bajo una regia educación privada de excesivas comodidades. Desde muy pequeñas duermen en duros catres, reciben duchas de agua helada cada mañana, tienen que mantener sus habitaciones ordenadas y limpias y no disfrutan de demasiado tiempo libre. A parte de las clases, cosen, bordan, pintan y ayudan a su madre en sus obligaciones sociales. Por eso la menor de las cuatro Grandes Duquesas huye en cuanto tiene oportunidad. Trepa a los árboles, se esconde en armarios y bajo la cama, se escabulle a la zona de los criados... Cualquier cosa con tal de ser un poco más libre. Ella sueña con ser una niña normal. Tampoco sabe bien lo que eso significa, pero seguro es mucho más divertido que todo aquello.

Por eso se siente atrapada cuando le informan que habrá un desfile próximamente. Ella protesta, pero su madre corta cualquier atisbo de discusión con un seco "Es en tu honor", como si eso fuera exactamente lo que estaba esperando oír, como si fuera a decepcionar al mundo entero si no cediese. En su honor... Ella no quiere un desfile por su octavo cumpleaños. Ella quiere una fiesta y regalos y jugar. Ella quiere amigos, a parte de sus hermanos, con los que compartir risas y una gran tarta de chocolate. Pero no tiene nada de eso. En su lugar tendrá un puñado de formalidades y un desfile. María intenta animarla asegurando que hará feliz al pueblo. Intercambian sonrisas, pero ella sigue sin estar convencida.

Su madre decide que sus vestidos sean un poco más elegantes de lo usual. En azul para Olga y Tatiana, en rosa para María y Anastasia. Quizás se siente culpable por no prestar demasiada atención a su hija menor últimamente. Quien sabe. Las tres grandes duquesas mayores llevan el pelo en recogidos sencillos, pero no la pequeña. La diablillo de la familia se ha decantado por un lazo brillante, con cintas de raso, que contrasta con su color de pelo natural. Su madre está a punto de protestas, pero Nicholas la detiene. "Es su cumpleaños, deja que tenga un pequeño capricho", parece decir.

Es junio y el calor es abrasador para estar en Rusia. Anastasia se revuelve en su asiento, pero pronto se está quieta ante la mirada inquisitiva de Olga. "Mantente erguida, no sonrías", dijo su madre minutos antes. Y así lo hace. Sus padres van con su hermano mayor delante, ella con sus hermanas detrás. Se muerde el labio inferior y juguetea con su cabello, deseando ser parte de la multitud que los vitorea y los saluda. Tatiana carraspea y ella se queda quieta, erguida y orgullosa. Es entonces cuando ocurre. Una voz llamándola le hace girar la cabeza. No es raro que los llamen a todos por su nombre, pero no se suelen referir a ella. En cambio, aquella voz infantil pronuncia su nombre insistentemente. Eso es lo que hace que se gire, pese a las protestas de sus hermanas mayores.

Y lo ve.

Lo ve, corriendo entre la multitud hacia ella. Lo ve, gritando su nombre desesperadamente. Lo ve, esquivando a los guardias. Es un chiquillo, no mucho mayor que ella. Un chiquillo demasiado delgado para su edad, desgarbado y algo sucio. No es más que un niño humilde, pero hay algo en él que llama poderosamente la atención de la Gran Duquesa, como si fuera un imán. Ese descaro y esa resolución, junto a esa mirada brillante y pícara, le recuerdan vagamente a ella misma. Decide resueltamente que le agrada. Y ella no puede evitar sonreírle abiertamente, e incluso reír un poco entre dientes. Escucha una queja ahogada de Tatiana y sabe que aquel simple gesto traerá una buena reprimenda, pero no le importa. No puede evitar sonreír a aquel extraño niño. El tiempo parece detenerse y entonces él... se inclina en una extraña reverencia que le hace soltar una risita tímida (no es que ella sea realmente una niña tímida, pero le sale solo).

Sin embargo, todo se va igual de rápido que llega. El desfile se aleja y el chico vuelve a perderse entre el mar de personas que les aclaman. Anastasia recupera la compostura, bajo la mirada de reproche de Olga y Tatiana. Ve la diversión en los ojos de María y sabe que está intentando no reírse también. Quizás los desfiles, después de todo, no son tan malos.

Y hay algo en ella. Algo que se queda en el fondo de su estómago revoloteando. Un sentimiento (o, más bien, un presentimiento) que le asegura que, llegado el momento, en otra multitud de miles, volvería a encontrar a ese extraño chico de nuevo.


NECESITABA escribir algo corto sobre el primer encuentro de Dmitri y Anastasia de pequeños en la era canon, así que me inspiré en la canción "In a Crowd of Thousands" del musical Anastasia. En la canción se dice que Dmitri tenía 10 años en ese momento y se presupone que Anastasia tenía ocho (Este suceso ocurre en el año 1908 o 1909, si no me equivoco). También aproveché que dice que era junio para usar la excusa del cumpleaños de Anastasia.

Me hubiera gustado haber escrito algo más largo, pero esto fue lo que salió.