Hermione no podía evitar admirar cada uno de los cuadros que dejaban atrás, cada clase, cada pasillo. Volver a estar en Hogwarts le evocaba demasiados buenos recuerdos, no solo con Draco sino a lo largo de los seis años y medio que había vivido allí. Hogwarts era, y siempre sería, su segunda casa. Y por eso no podía dejar que los mortífagos lo invadieran a sus anchas. Voldemort había causado ya demasiado revuelo en el mundo mágico, y era hora de que se pusiera fin a su trayectoria.
- Echaba esto de menos – susurró Harry -. ¿No recordáis el primer día que estuvimos aquí como si hubiera sido hace tan solo una semana?
- Sí, y han pasado ya siete años – contestó Ron, con una sonrisa melancólica -. ¿Nunca os habéis parado a pensar en… bueno, en qué hubiera pasado si no os hubieran puesto en Gryffindor?
Sus amigos lo miraron y Ron se encogió de hombros.
- No me refiero a que no tengáis las cualidades para estar en Gryffindor, porque a la vista está que las tenéis. Pero Hermione, a nadie le extrañaría que tú fueras una Ravenclaw. Y Harry, si alguien no te hubiera hablado de la reputación de Slytherin antes de venir a Hogwarts, puede que el Sombrero Seleccionador hubiera acabado tomando la decisión por sí mismo y te hubiera puesto allí.
- Si yo hubiera crecido en Slytherin, la historia sería muy diferente. Es decir, aunque el Sombrero Seleccionador no lo supiera aquel día, enviándome a Gryffindor dio posibilidades de ganar la guerra a la Orden. Si no, yo mismo habría acabado uniéndome a los mortífagos y todo se hubiera tergiversado.
- Bueno, en realidad no tendría por qué haber sido así – dijo Hermione -. Estoy segura de que, incluso en Slytherin, seguirías siendo quien eres. No habrías apoyado al bando que mató a tus padres, Harry.
- Sí, supongo que…
Los tres chicos se quedaron helados cuando una figura dobló la esquina y se les quedó mirando con ojos penetrantes.
- Gata asquerosa – susurró Ron -. Si se pone a maullar o atrae a alguien hasta nosotros, estamos perdidos.
Hermione levantó la varita y la apuntó.
- Lo siento mucho, Sra. Norris, no es nada personal. Petrificus totalus -. En cuanto el rayo de luz tocó al animal, esta se desplomó en el suelo como si fuera una estatua -. Vamos, no podemos despistarnos más. Ya casi hemos llegado a la torre de Astronomía.
Ginny y Neville volvían a la Sala de los Menesteres acompañados por el elfo doméstico y los dos hermanos a los que habían ido a rescatar. En el último momento, dos niños de Gryffindor se habían sumado a la comitiva, por lo que el grupo era moderadamente grande. Sin duda, llamarían la atención si se cruzaban con un Carrow. Pero los chicos se sentían seguros acompañados por el elfo.
Doblaron la esquina y, por unos segundos, todos se quedaron inmóviles en el sitio, sin saber muy bien cómo interpretar lo que tenían ante sus ojos.
- ¿Es la Sra. Norris? – preguntó Ginny -. ¿Qué le pasa?
- ¿Quién le habrá hecho esto? – Neville se rió -. Si Filch la ve le va a dar un infarto. Será mejor que la escondamos.
- ¿No vais a descongelarla? – preguntó uno de los niños.
- Bueno, no es que nos sea de mucha utilidad descongelada, la verdad. Además, quizás quien le ha hecho esto está de nuestra parte. No podemos arriesgarnos – Ginny levantó a la gata y la metió en la clase más próxima -. Espero que alguien la encuentre antes de que se muera de hambre -. Pero, a decir verdad, la pelirroja no tenía ningún interés puesto en la vida del animal. Odiaba a ese mal bicho casi tanto como el resto de alumnos de Hogwarts.
En aquellos momentos, la Sala de los Menesteres era un bullicio de gente que iba y venía, la mayoría sin saber muy bien qué puesto ocupar. La llegada de los miembros de la Orden y sus aliados había desconcertado a los estudiantes, que sentían nerviosos los horrores de la batalla cernirse sobre ellos.
Por eso, cuando Ginny y Neville entraron junto con toda la comitiva en la sala, se quedaron desconcertados durante unos segundos. Cuando la pelirroja se recuperó de la primera impresión y por fin pudo analizar todos los nuevos rostros de la sala, sintió que la habitación daba vueltas.
- Ginny, cariño – dijo la señora Weasley mientras andaba apresuradamente hasta ella y la estrechaba entre sus brazos -. Comenzaba a preocuparnos que os hubiera podido pasar algo.
La pelirroja abrazó después a su padre y fue a saludar a sus hermanos, que la recibieron felizmente. Por asombroso que fuera, incluso estaba contenta de ver a Fleur. Pero la sorpresa enseguida dejó paso al desconcierto.
- ¿Qué… qué hacéis todos vosotros aquí? – preguntó.
- Hemos venido a luchar – contestó Tonks, que se adelantó para saludarla también -. ¿Has crecido? Cada vez que te veo pareces más mayor.
Ginny sonrió y miró a su madre inquisitivamente.
- ¿Qué significa eso de que habéis venido a luchar? Es decir, vale, entiendo qué significa pero…
- Sí, Ginny. Es el final de la guerra – contestó Fred -. Mañana ya seremos libres de irnos de vacaciones a las Bahamas y pegarnos un merecido descanso.
La pelirroja iba a replicar algo pero se dio cuenta de un detalle que faltaba y comenzó a dar vueltas, mirando a su alrededor.
- ¿Y Harry, Ron y Hermione?
- Han venido poco después de que os fuerais - Alice apareció por entre la gente -. Se han ido a buscar algo que necesitaban.
- ¿No sabrás tú de qué se trata, cariño? – preguntó la señora Weasley, ansiosa por obtener al fin una respuesta que explicara la tarea que el Trío de Oro llevaba desempeñando todo el año.
Alice no sabía exactamente qué plan estaban llevando a cabo, aunque sí sabía dónde estaban y a quién buscaban. Sin embargo, se encogió de hombros.
- Necesitaban hablar con uno de los fantasmas del castillo – dijo sin dar más explicaciones. Al fin y al cabo, así se lo habían pedido los chicos.
Ginny no pudo evitar esconder su desilusión cuando se dio cuenta de que todavía no podría ver a Harry. Y si comenzaba la lucha y él seguía sin aparecer… ¿Y si le pasaba algo? Puede que no volviera a verlo nunca… Pero no, era Harry Potter. Él siempre conseguía salir victorioso. No podía perder la esperanza, no todavía.
- ¿También Hegmione se ha ido con ellos? – preguntó Fleur, extrañada y preocupada de que la embarazada no estuviera entre los presentes.
Alice asintió.
- En un principio no tenía pensado ir, pero les hacía falta una mujer para lograr lo que sea que estén cumpliendo.
Los miembros de la Orden seguían llegando y Ginny se dio cuenta de otra ausencia.
- ¿No está con vosotros Luna? – preguntó.
Bill negó con la cabeza.
- Cuando Harry, Ron y Hermione consiguieron escapar de su intromisión en la mansión Malfoy, salvaron a los prisioneros que había. Uno de ellos era un duende de Gringotts, el otro era el señor Ollivanders, el fabricante de varitas, y la última era tu amiga Luna. Estuvo una semana recuperándose en el Refugio, y al final se fue por voluntad propia. Desde entonces no la hemos vuelto a ver.
Ginny abrió los ojos como platos.
- ¿Quieres decir que secuestraron a Luna y ni siquiera nos enteramos?
- Bueno, no te culpes Gin. Hogwarts ha estado aislado del exterior desde que los Carrow se pusieron al frente. Todos tendremos que ponernos al día – los Weasley se volvieron para ver a quien había hablado y una sonrisa de felicidad se dibujó en la cara de Ginny. Hacía mucho que no veía a su hermano Charlie y lo había echado de menos.
Le tenía un cariño especial a Charlie porque siempre había sido diferente con ella al resto. La apoyaba cuando se peleaba contra alguno de sus otros hermanos y la defendía con toda su energía. Siempre habían tenido una complicidad especial.
- ¡Charlie! – la chica abrazó a su hermano, que se vio sepultado por una maraña de cabezas pelirrojas que acudían a su encuentro. El amante de los dragones recorrió la estancia con la mirada y se mostró decepcionado.
- ¿Todavía no hay noticias de Percy?
Un atisbo de nostalgia cruzó la cara de la señora Weasley, que supo recomponerse a tiempo y negar duramente.
- No ha intentado ponerse en contacto con nosotros desde hace meses.
El señor Weasley intentó quitar tensión a la situación.
- Pero hoy se decidirán muchas cosas. Y estoy seguro de que Percy recapacitará y volverá donde pertenece.
Fred y George rodaron los ojos y corrieron sonriendo al ver que Jordan Lee se acercaba a ellos. Por fin se encontraban los tres de nuevo.
Aquella iba a ser una noche emotiva, de reencuentros y pérdidas dolorosas, de alegría y pesar, una noche que quedaría en el recuerdo. El 2 de mayo de 1998 había llegado, y con él, la batalla de Hogwarts.
- Allí está, chicos – susurró Hermione señalando al fondo de la galería. Una sombra plateada permanecía sentada en la barandilla, con los pies colgando sobre el vacío y la mirada perdida en las lejanías del castillo -. ¿Qué hacemos, la llamamos sin más?
Ron se encogió de hombros.
- Debemos estar seguros de no asustarla. Si se esfuma y atraviesa la pared tendremos que volver a buscarla y quizás se esconda para que no logremos encontrarla.
Harry asintió.
- Ron tiene razón. Debemos dejarle claro que venimos en son de paz y que solo queremos hablar con ella.
- Pues hablad ya o callad para siempre, jóvenes – la voz de la mujer fantasma era clara como un manantial, pero tenía un fondo triste, como si hablase desde una melancolía infinita.
Los chicos se miraron expectantes y Hermione asintió al fin, adelantándose.
- ¿Es usted Helena Ravenclaw?
La mujer no volvió la cabeza para mirarla.
- Hace mucho tiempo que no escuchaba ese nombre. Ahora me llaman Dama Gris, el fantasma de Ravenclaw.
- Sí, pero eres la hija de Rowena Ravenclaw, ¿cierto?
- ¿Quién lo pregunta?
- Me… llamo Hermione Granger, señora. No la estaría molestando si no fuera porque necesito su ayuda.
- ¿Y tus amigos que permanecen escondidos? Como siempre, los hombres delegan sus tareas en las mujeres, y las culpan si no consiguen sus objetivos.
- Ellos… bueno, pueden venir con nosotras si usted lo desea.
- No, no hablo con hombres desde antes de morir. A excepción del fraile Gordo y Sir Nicholas. Dime, ¿qué deseas, joven? Veo en ti inteligencia y perseverancia, cualidades bien apreciadas por mi madre. Y sin embargo, eres una Gryffindor.
Hermione asintió.
- Siempre he tenido curiosidad por saber por qué el sombrero seleccionador me mandó a Gryffindor. Pero fue una buena elección, porque allí conocí a las personas más importantes en mi vida.
- Hasta las personas más cercanas pueden volverte la espalda.
Hermione trató de no parecer exasperada.
- Verá, me temo que tengo algo de prisa. Solo quería saber si usted había oído hablar de la diadema perdida de Ravenclaw.
La mujer volvió su cabeza para mirarla a los ojos, y en ellos pudo descifrar dolor y arrepentimiento. Fuera lo que fuera lo que le ocurriese, no cabía duda de que tenía que ver con esa diadema.
- Me temo que no puedo ayudarte – dijo mientras comenzaba a flotar hacia la salida -. Esa diadema está maldita. Muchos la han codiciado a lo largo de la historia, creyendo que les daría una inteligencia infinita. Pues bien, estaban equivocados. La diadema solo te despeja la mente, potencia tus cualidades más fuertes. Si alguien es estúpido, la reliquia no hará nada por remediarlo.
Hermione se apresuró a seguirla.
- Espere, no puede irse. Yo… no la quiero para mí. Quiero destruirla.
El fantasma se detuvo y elevó una ceja.
- Has picado mi curiosidad. Sigue hablando, pequeña Gryffindor.
Hermione respiró aliviada.
- Verá, creemos que la diadema podría ser parte de un plan mucho mayor… un plan llevado a cabo por Quién-No-Debe-Ser-Nombrado.
Helena se estremeció.
- Ese bastardo…
Hermione la miró sorpendida.
- Usted… ¿lo conoce? – se paró a reflexionar unos segundos -. Espere, Helena, ¿no le entregaría la diadema, verdad?
La mujer comenzó a desprender un brillo más agudo y empezó a excusarse.
- Yo no sabía para qué la quería. Entonces él era solo un estudiante, y era tan convincente… él también dijo querer destruirla, como tú estás haciendo ahora. Y por eso me temo que no puedo ayudarte.
- Tiene que confiar en mí. Él convirtió la diadema en una de las fuentes de su poder, y yo necesito destruirla para poder destruirlo a él. Profanó la reliquia de su madre.
La Dama Gris volvió a flotar hasta la barandilla y se sentó de nuevo.
- Yo misma profané la reliquia de mi madre.
- ¿Qué…? ¿A qué se refiere?
La mujer suspiró.
- ¿Has oído la historia de cómo me convertí en fantasma? ¿O… de cómo lo hizo el Barón Sanguinario?
Hermione frunció el ceño.
- ¿El fantasma de Slytherin?
- Si quieres oír la historia, quédate. Aunque debo advertirte de que puede que no te sea de mucha ayuda.
- ¿O sea que la diadema está, aparentemente, desaparecida desde hace décadas? – Harry sonaba derrotado -. ¿Sabéis lo que significa eso?
- Que nunca lograremos encontrarla a tiempo – dijo Ron, que también sonaba roto.
Tantos meses, tanto esfuerzo… para quedarse tan cerca.
Hermione negó con la cabeza.
- Chicos, no podemos rendirnos. Conocemos mejor que nadie este castillo y todavía tenemos algo de tiempo.
- ¿Y qué propones que hagamos? ¿Que registremos cada metro cuadrado del colegio? ¿Que miremos en el Mapa de los Merodeadores para ver dónde pone "horrocrux perdido"?
De pronto, una sacudida hizo que el suelo del castillo temblara. Los tres chicos se miraron alarmados, y Harry y Ron se volvieron hacia Hermione.
- Tenemos que llevarte ya a la Sala de los Menesteres.
- ¡La Sala de los Menesteres! – replicó Hermione mientras una sonrisa se extendía por su rostro.
- ¿Qué? – preguntó Ron.
- ¿En qué otro lugar guardaríais algo que no quisierais que fuera encontrado? – preguntó Hermione -. La diadema tiene que estar allí.
Harry reflexionó y asintió.
- Puede que tengas razón, Hermione. De momento es nuestra única pista.
- Vamos – dijo Ron, y los tres se encaminaron con determinación al octavo piso del castillo.
Los alumnos que esperaban pacientemente a que llegara su turno para utilizar los trasladores cada vez eran menos. Y eso preocupaba a Minerva McGonagall. No podía llevar un recuento de todos, pero estaba segura de que al menos tres docenas de menores de edad todavía permanecían en el castillo, determinados a luchar. Y eso era valiente, pero muy peligroso. No podía soportar la idea de niños de 11 años abatidos ante sus ojos.
- Venga, daros prisa chicos.
- ¿Por qué los Carrow no han descubierto nada todavía? – preguntó una niña de aproximadamente 13 años.
La profesora sonrió misteriosamente.
- Digamos que el director está reunido con ellos.
- Snape, te digo que ese temblor no ha sido normal. Está pasando algo y tenemos que asegurarnos de que no sea nada grave.
Su hermana asintió.
- Si es una emergencia y no avisamos al Señor Tenebroso, estaremos metidos en serios problemas.
Y dicho esto, ambos mortífagos abandonaron el despacho como una exhalación.
Snape asintió. Eso era lo que querían, tener tiempo suficiente para evacuar a los alumnos y que los miembros de la Orden llegaran al colegio. Y por la hora que era, suponía que lo habrían conseguido.
Acto seguido, se acercó al pensadero y, con la punta de la varita, retiró una hebra de hilo translúcido de su sien y la dejó caer en el líquido. Un recuerdo turbio se arremolinó en la superficie y Snape lo disolvió con la varita. Tenía otras cosas de las que preocuparse en ese momento.
El profesor Flitwick y la profesora Sprout observaban los jardines del colegio desde las ventanas del Gran Comedor. De pronto, una maraña de destellos luminosos comenzaron a estrellarse contra la bóveda invisible de hechizos que protegía Hogwarts. Ambos se miraron y asintieron.
- Ha sido un placer compartir tantos años a tu lado, Filius.
- Lo mismo digo, Pomona.
Y ambos se encaminaron hacia la salida, dispuestos a proteger el colegio con sus vidas si era necesario.
Los miembros de la Orden, junto con los profesores y todos los exalumnos de diversas edades que habían acudido en su ayuda trataban de aguantar y contener a los mortífagos, pero sus hechizos eran demasiado fuertes.
McGonagall se volvió hacia las estatuas de caballeros que custodiaban la entrada y con voz majestuosa les ordenó:
- Piertotum Locomotorum. ¡Cumplid la función para la que se os creo! ¡Proteged Hogwarts, luchad a nuestro lado y dad la vida si es necesario! – las estatuas comenzaron a marchar y se pusieron en posición de combate.
Con una sonrisa fiera, McGonagall se volvió y asintió.
- Siempre había querido decir eso – y acto seguido, siguió tratando de lanzar contrahechizos que detuvieran el ataque.
- ¡Mirad! – gritó Angelina Jolie.
Efectivamente, una grieta enorme comenzaba a dejarse ver por entre la cúpula, extendiéndose cada vez más hasta que estalló en un millón de chispas. Durante unos segundos, se hizo un silencio tenso y pesado. Al final, docenas de gritos comenzaron a resonar en la lejanía, mientras los mortífagos acudían corriendo y arremetiendo hacia la gran estructura del castillo.
Ahora comenzaba la lucha de verdad.
- ¿No queda nadie dentro? – preguntó Hermione, y Harry negó con la cabeza.
- Si no, no podríamos pedir que la Sala nos mostrara otra estancia.
Ron asintió.
- Deberíamos pedirnos que nos lleve al lugar en el que se escondan las cosas.
Los tres chicos dieron las tres vueltas necesarias al pasillo y unas dobles puertas de roble antiguo se aparecieron ante ellos.
El moreno abrió la puerta y los tres se quedaron mudos de asombro. Aquella habitación tenía el tamaño de tres campos de fútbol, y estaba atestada de objetos una vez escondidos, que acabaron siendo olvidados por sus propietarios. Como…
- ¡El libro de pociones del príncipe mestizo! Olvidé que Ginny y yo lo escondimos aquí el año pasado – dijo Harry mientras cogía el pesado volumen.
- Y pensar que estuviste tan cerca de un horrocrux sin saberlo – murmuró Hermione mientras observaba asombrada un vestido de la época del renacimiento. Era tan bonito que te quitaba el habla, pero cuando fue a tocarlo comenzó a echar humo.
- Es como si estuviera maldito. Yo que tú no me acercaría mucho más – dijo Ron -. Aquí no solo hay objetos perdidos. Los alumnos de Hogwarts llevan siglos guardando objetos maldecidos, peligrosos o prohibidos aquí.
Harry asintió.
- Una prueba más de que la diadema debe de estar por alguna parte y… ¡Espera! ¡Sé dónde está!
Hermione frunció el entrecejo.
- ¿Lo sabes?
- Verás, el año pasado no me fijé mucho, pero recuerdo que por alguna parte tiene que haber un maniquí con una peluca, y en la cabeza llevaba una diadema. Tiene que ser esa.
Ron reflexionó unos instantes.
- Vale, entonces Hermione, inspecciona esa sección. Harry, tú puedes ocuparte de esa, y yo me quedaré con esta. Será mejor que no toquéis nada, excepto la diadema. Esta habitación me da muy mal rollo.
Draco observaba la batalla desde la lejanía. No quería formar parte de ella, no quería tener que luchar por ninguno de los dos bandos. Él solo quería a Hermione, pero tampoco le gustaba la carga que llevaba en su útero. Así que había decidido que no iba a luchar. Bueno, de hecho eso lo sabía desde hace tiempo, pero acababa de reafirmarse. Había comunicado su decisión a su madre y Narcissa había tratado de mostrarse preocupada por lo que a Draco le pudiera hacer Voldemort, pero en el fondo, sabía que sentía alivio. Porque si hay algo que una madre no quiere, es ver a su hijo luchando en una guerra.
El rubio suspiró. Esa noche se decidirían muchas cosas, y entre ellas estaba su futuro con la chica. Golpeó un árbol cercano y maldijo en voz baja. Si al menos tuviera a Nott para hacerle compañía o irritarlo lo suficiente para que se olvidara del peligro que corrría… Pelearse con él era una de las peores cosas que había hecho en su vida. Lamentaba aquel momento y lo único que deseaba era poder volver a estar con su mejor amigo. Theo había supuesto una salvación para él cuando los nombraron mortífagos, y sentía que debería disculparse con él cuanto antes.
Pero el estúpido del muchacho había decidido saltar con los demás mortífagos a batalla. En cuanto llegara al castillo, tenía pensado esconderse y esperar hasta el momento preciso para cumplir su objetivo: matar a su padre.
Al menos él luchaba por lo que quería. Draco ni siquiera era capaz de eso. El rubio negó con la cabeza y se encaminó con paso firme hacia el castillo. No podía soportar estar allí ni un minuto más. Entraría en el colegio y buscaría a Hermione hasta lograr hablar con ella; lo demás podía esperar.
Cuando Hermione encontró la joya, sintió que las lágrimas acudían a sus ojos. Habían encontrado la diadema, uno de los últimos horrocruxes que quedaban por destruir. Por primera vez, sintió que tenían muchas posibilidades de ganar y de derrotar a Voldemort. Solo sería necesario matar a la serpiente y destruir esa tiara. Podrían conseguirlo.
- ¡Chicos, está aquí! – justo cuando lo dijo, un estruendo sonó al final de la habitación y una bola de fuego con forma de serpiente pasó a su lado y estuvo a punto de abrasarla viva.
- ¡Por las barbas de Merlín, ¿qué es eso?!
- ¡Es fuego mágico! – gritó Hermione -. Alguien debió de dejar un frasco por aquí y ha reventado. Tenemos que salir de aquí antes de que… - una avalancha de objetos se derrumbó al fondo de la sala y la chica se volvió hacia sus amigos -. ¡Corred!
Cuando estaban a unos escasos 20 metros de la salida, otra torre de objetos se desplomó ante ellos y les tapó el camino. Mientras, a sus espaldas las bolas de fuego no les daban descanso, y pasaban cada vez más cerca. Conseguirían mantenerlas alejadas durante algo de tiempo, pero quizás no el suficiente.
- ¡Accio escobas! – dos escobas aparecieron volando y, de un salto, los chicos se subieron a ellas. Harry se volvió y tendió una mano a Hermione, que la miró dudando.
- ¡Puede ser peligroso para el bebé! – dijo, gritando para hacerse oír por encima de las bolas de fuego que seguían estrellándose contra los objetos y haciendo que la sala se viniera abajo.
- ¡Quedarte aquí será todavía más peligroso! – contestó Ron.
La chica tuvo que admitir que el pelirrojo tenía razón y, dudando, se sentó detrás de Harry, que enseguida dio una fuerte patada para despegar. Se elevaron unos 5 metros y el moreno se vio obligado a virar bruscamente para esquivar los proyectiles ardientes.
- ¡Cuidado! – gritó Hermione muerta de miedo, con un brazo alrededor de la cintura de Harry y el otro rodeando su vientre.
- ¡Lo siento, pero esa casi nos alcanza!
- ¡Tenemos que volar hacia la salida ya! – dijo Ron, y ambos aceleraron, esquivando las llamas y los objetos que se desprendían.
Al fin, tras la carrera de obstáculos más peligrosa del mundo, consiguieron llegar hasta la puerta y abandonaron la habitación a tiempo para ver como la última pila de objetos se caía y sepultaba la entrada.
Unos segundos más, y habrían quedado encerrados dentro de la Sala de los Menesteres.
Tras varios segundos de tenso silencio, Ron carraspeó.
- Creo que deberíamos buscar otro lugar en el que dejar a Hermione. Esta Sala va a permanecer inactiva hasta que alguien la arregle.
La chica asintió.
- Sé dónde ir – le tendió la diadema a Harry -. Vosotros debéis entrar de nuevo en la Cámara de los Secretos.
- ¿A qué te refieres? – preguntó Ron.
- La espada de Gryffindor despareció de mi bolso ayer. Está forjada para acudir al auxilio de los Gryffindors que la necesiten, y supongo que determinó que a nosotros ya no nos hacía falta.
- Pues se equivocó. ¿Y qué tiene que ver la Cámara de los Secretos en todo esto?
- Si no me equivoco, en segundo destruiste el diario de Tom Ryddle con uno de los colmillos del basilisco.
Harry asintió.
- Y entonces la espada quedó impregnada con su veneno y por ello nos permite destruir horrocruxes. Claro, es perfecto. El esqueleto del basilisco todavía seguirá allí, por lo que podemos utilizar sus colmillos para destruir la diadema.
Ron sonrió.
- Eres un genio, Hermione. ¿Estás segura de que no quieres que te acompañemos para…?
- No – lo interrumpió Hermione -. Tenéis que destruirla cuanto antes. No os preocupéis por mí, estaré a salvo.
- Nos vemos en unas horas, Hermione.
La chica sonrió triste y los tres se abrazaron en silencio. En los últimos días se habían despedido más veces que en los últimos 7 años.
El hall era un bullicio de gente que lanzaba hechizos de lado a lado. Algunos impactaban contra su objetivo, pero la mayoría conseguían ser rechazados.
Fred y George luchaban espalda contra espalda, girando para oponerse a los tres mortífagos que los rodeaban. Uno de ellos cayó petrificado, y George lanzó una bomba explosiva que cegó a sus adversarios durante el tiempo suficiente como para que los chicos se encargaran de petrificarlos también y amordazarlos. Se volvieron y chocaron palmas.
- Somos buenos, Freddie.
- ¿Buenos? – respondió su hermano -. Somos los mejores.
Hermione llegó ante el retrato de los cuatro fundadores que tan familiar le resultaba. Sin embargo, en esos momentos se encontraba vacío a excepción de una mujer regia y alta, pero con la tez agradable.
- Señora Ravenclaw, me alegro de volver a verla. No sé qué contraseña habrá, pero necesito entrar para ponerme a salvo.
- ¿Es cierto que vais a destruir mi diadema?
Hermione se quedó helada durante unos segundos y carraspeó.
- Verá, sé que es una reliquia suya pero su destrucción es necesaria para ganar la guerra.
La mujer asintió.
- En realidad, me alegra saber que va a ser destruida. A lo largo de los años, no ha causado más que problemas. Separó a mi hija de mi lado y ha sido la perdición de muchos de los que han tratado de encontrarla. Suerte en tu misión, Hermione Granger. La vas a necesitar.
Y acto seguido, se hizo a un lado para dejarle pasar al interior de la torre de los Premios Anuales, como tantas otras veces había hecho a lo largo del último curso. Sin embargo, esa vez era totalmente diferente. Sabía que Draco no estaría allí, que no había forma de verlo todavía. Sentía que la espera para su reencuentro estaba tardando demasiado, y estaba consumida por la angustia de la incertidumbre: ¿Y si le pasaba algo hoy, estando tan cerca de lograr volver a estar juntos? ¿Y si era verdad que no quería ese bebé y la abandonaba? Eso no parecía típico del Draco que recordaba, pero no podía obviar ninguna posibilidad.
Suspiró y giró para poder observar de nuevo la estancia. Los dos sillones y el sofá del centro de la habitación; el baño de los Premios Anuales, donde ese bebé había sido concebido; la que había sido su habitación durante el último año y, para finalizar, la habitación de Draco. Entró en ella y se tumbó en la cama, aspirando su olor. Menta, pensó. Todavía quedaba su esencia. No pudo evitar que una lagrimilla se deslizara por su mejilla hasta caer sobre la almohada. Esa torre le evocaba tantos buenos recuerdos que era imposible pensar en otra cosa que no fuera el rubio. Se rodeó el vientre con ambas manos y se quedó con la mirada fija en el techo, sin moverse.
La espera se le iba a hacer eterna, de eso podía estar segura.
- Es enorme – dijo Ron mientras se acercaban al esqueleto de basilisco que descansaba en el centro de la estancia, delante del rostro de Salazar Slytherin tallado en la pared. Acarició el agujero que el monstruo tenía en el paladar -. ¿Por aquí atravesó la espada?
Harry asintió y se agachó, tirando hasta que logró extraer uno de los colmillos de las fauces del esqueleto. Lo observó en silencio y recordó sus vivencias de hacía 5 años, cuando había encontrado a Ginny prácticamente muerta en el suelo de la cámara y al recuerdo de Voldemort, Tom Ryddle, danzando a sus anchas como si fuera lo más habitual del mundo.
- ¿Lo haces tú?
Harry se encogió de hombros y asintió. Era poético que, el sitio donde había destruido uno de los primeros horrocruxes, fuera el mismo donde destruiría uno de los últimos.
En silencio, Ron le pasó la diadema y este la depositó en el suelo. Sin querer esperar más, ansioso por deshacerse de otro fragmento del alma de Voldemort, Harry levantó el colmillo en el aire y lo dejó suspendido encima de la diadema. Instantes después, lo bajó con fuerza y depositó un golpe brutal en la joya que tras revolverse, estalló en mil pedazos, cuya onda expansiva mandó a Harry y Ron hasta el final de la estancia.
Cuando lograron levantarse y el humo se disipó, observaron la tiara, partida por la mitad. Había dado resultado; lo habían logrado.
La lucha se había trasladado de los jardines al interior, por lo que Draco pudo llegar hasta las puertas de entrada sin encontrarse con nadie. O mejor dicho, con casi nadie. Un pequeño cuerpo inerte descansaba algo apartado de las escaleras de acceso. El rubio, picado por la curiosidad, se acercó y observó, entre pasmado y aterrorizado, que era una niña de apenas 12 años, vestida con los colores de Hufflepuff. No era la primera vez que veía un cadáver pero eso… eso era diferente. Era demasiado pequeña. Por alguna razón, algo se revolvió en su interior. Esa chica tendría unos padres que la querrían, que no soportarían saber que había muerto. Porque el amor de los padres es infinito, porque… agitó la cabeza. Estaba llevando ese diálogo interno a un nivel personal. ¿Y qué si iba a ser padre? Eso a él no le importaba... ¿no?
Ginny permanecía en el Gran Comedor junto con los demás Weasleys, encargándose de llevar a un lugar seguro a los mortífagos abatidos para que no lograran escapar. Cuando la guerra terminara, el Ministerio los juzgaría duramente y serían enviados a Azkaban. O eso es lo que pasaría si ganaban. Dentro del Gran Comedor docenas de cuerpos heridos eran atendidos por la señora Pomfrey y algún medimago más que había acudido a prestar ayuda, pero no era suficiente. Las provisiones de pócimas sanadoras se estaban acabando, al igual que las vendas y suplementos. Y los asistentes no podían atender a todos, por lo que era un auténtico bullicio. Pero por mucho que pesara a los Weasley, no podían ayudar. No todavía. La guerra se seguía librando fuera con toda su brutalidad, y debían acudir pronto a luchar. Todos menos Ginny a la que, por ser menos de edad, habían impedido participar. Y aunque la pelirroja había hecho todo lo que estaba en su mano para intentarlo, sus padres habían sido claros. Podría quedarse en el Gran Comedor, pero no podría pelear. Debía permanecer a salvo.
- Estoy preocupada por los chicos – dijo la señora Weasley mientras encerraban bien al último de los mortífagos derrotados.
- Pues no deberías – dijo Bill, mirando sonriente a los dos chicos que acababan de entrar en el Gran Comedor.
Harry y Ron venían directos de la Cámara de los Secretos, y habían ayudado a algunos de los combatientes a librarse de sus enemigos de camino. Sin embargo, antes de entrar en la batalla Ron necesitaba encontrar a su familia, y Harry también estaba deseando ver a Ginny. Además, ellos mismos sabrían decirles en qué parte del castillo era más necesaria su ayuda.
- ¡Harry, Ron! – dijo la señora Weasley, sonriendo feliz por primera vez desde que había comenzado la batalla hacía un par de horas.
Ginny no pudo esperar a que los chicos llegaran a su lado. Echó a correr con todas sus ganas hacia ellos y, para sorpresa de sus familiares, se lanzó a los brazos de Harry y sin más preámbulos le dio un beso. Sus bocas, juntas de nuevo, desencadenaron una explosión de emociones dentro de los chicos, que hubieran permanecido así para siempre. Pero en ese momento, desgraciadamente, no disponían de tanto tiempo. El moreno la abrazó contra sí y sonrió, feliz.
- Te he echado mucho de menos. Cada día, cada hora – dijo la pelirroja.
- Te dije que volvería y lo he hecho. Te quiero.
Ginny le dio otro beso y, al fin, se volvió hacia su familia. Su padre sonreía feliz y su madre se enjugaba las lágrimas de los ojos.
- Lo sabía, sabía que acabaríais juntos. Harry, cariño, siempre has sido parte de esta familia pero esto significa todavía más.
Charlie se adelantó a estrecharle la mano a Harry después de que sus padres le dieran sendos abrazos.
- Para mí eres un hermano más. Eso sí, ten cuidado con la pequeña. Tiene carácter.
- Sí, no vayas a hacerla enfadar y te provoque moco-murciélagos – añadió Fred, revolviéndole el pelo.
Remus, que acababa de entrar, se acercó hasta ellos y miró a Harry y Ginny.
- No es por arruinar el momento, pero hace falta gente en el ala oeste, cuarto piso.
- Nosotros nos encargaremos – dijeron Fred y George, y Harry y Ron asintieron con ellos.
- Está bien, podéis ir los cuatro. Los demás hacéis falta en la primera planta.
Ron y Harry se miraron, cogieron aire y siguieron a los gemelos. Era el momento de luchar y darlo todo.
Draco Malfoy logró atravesar el piso bajo y la primera planta sin más incidentes. Los mortífagos obviamente no lo atacaban, y los que luchaban en el otro bando le dirigían miradas de desconfianza y se centraban en blancos más importantes. Y por una vez, el Slytherin agradeció no ser el centro de atención.
Lo cierto es que no sabía muy bien a dónde ir. Tampoco quería meterse de lleno en la trinchera del enemigo, pero no se le ocurría otra forma mejor de encontrar a Hermione. Aunque… Acababa de tener una idea pero no estaba totalmente seguro de que fuera a dar resultado. Creía que, puesto que la chica seguía embarazada, lo más lógico era que no estuviera luchando. Y si no estaba luchando debía estar escondida en alguna parte del castillo, lo cual le daba una idea bastante acertada de dónde podría reunirse con ella.
- La Torre de los Premios Anuales – susurró para sí mismo.
Echó a andar con paso apremiante hacia los pisos superiores, pero se vio obligado a detenerse en el cuarto piso cuando encontró a su madre enzarzada en una pelea con Neville Longbottom.
- Expelliarmus – la varita del Gryffindor saltó por los aires y acabó en la mano de Draco, que le mantuvo la mirada durante unos segundos. El moreno lo miraba con odio, con resentimiento, y Draco no lo culpaba. Durante 6 años le había hecho la vida imposible, y eso no era algo que se olvidara de un día a otro.
Neville levantó la barbilla y se enfrentó a madre e hijo.
- Matadme, vamos. ¿Eso es lo que hacéis, no? Matáis a gente. Vuestra querida Bellatrix ya me quitó lo que más me importaba, así que supongo que es poético que seáis vosotros quienes acabéis conmigo.
Draco exhaló y negó con la cabeza.
- Por las barbas de Merlín, Longbottom, relájate. No vamos a hacerte daño.
El chico frunció las cejas.
- ¿Entonces…?
- No podía dejar que hicieras daño a mi madre, tío. Escucha – el rubio se cercioró de que solo estaban los tres y susurró -. Estoy de vuestra parte, ¿vale?
- Eres un asqueroso mentiroso – dijo Neville, y levantó el brazo dispuesto a atestarle un puñetazo.
Draco suspiró y lo apuntó con su varita.
- Lo he intentado por las buenas. Petrificus totalus – Neville cayó al suelo como una estatua y Draco se acercó a él y le metió la varita en el bolsillo de la túnica. Después, lo llevó hasta una esquina y le lanzó un encantamiento protector -. Vosotros los Gryffindors, aprovechando siempre cada oportunidad para haceros los valientes. En fin, ya lo siento.
Draco miró a su madre por primera vez en todo el rato, y observó que la mujer lo miraba con expresión indescifrable. Eso sí, desde luego no estaba orgullosa, como mucho, preocupada de que el rubio hubiera decidido tomar parte en la batalla.
- Pensaba que te quedarías en la entrada de los jardines, a salvo – dijo duramente.
- He cambiado de opinión. Estas últimas semanas han sido algo aburridas, así que necesitaba acción. ¿Has visto a Nott por ahí?
Narcissa pareció dudar durante unos instantes y al final susurró.
- Lo siento, Draco. Pero entre todas las cosas que pueden romper el alma a una madre, la más sobresaliente es ver a su hijo participando en una guerra.
- ¿Qué quieres dec…?
- Petrificus totalus –masculló la mujer con lágrimas en los ojos. Cuando el rubio golpeó el suelo, su cara había quedado petrificada en una muestra de sorpresa, enfado y traición -. Lo siento – Lo elevó y lo metió en el aula más próxima, asegurándose de que quedara suficientemente protegida.
Narcissa Malfoy se dio la vuelta, todavía tocada, y abandonó el pasillo en silencio.
Los gemelos, Ron y Harry observaron horrorizados la destrucción que estaba sufriendo el castillo. A lo lejos, pudieron ver diferentes gigantes atacar lanzando piedras enormes, sirviéndose de árboles que habían arrancado de raíz como bates. El pobre Grawp, el hermanastro de Hagrid, intentaba detenerlos y ayudar, pero la verdad es que no resultaba de mucho apoyo. Cientos de proyectiles ardiendo golpeaban los muros, deteriorándolos poco a poco. El ruido era terrible, y apenas se veía debido al polvo que se desprendía tras las explosiones. A lo largo de su recorrido, los chicos se cruzaron con muchos cuerpos inertes que intentaron evitar mirar, con miedo de reconocer alguno. Sin embargo, cuando doblaron la esquina se toparon de frente con el cadáver de una chica a la que conocían bien.
Ron dejó escapar un gemido y se agachó para cogerle la mano.
- Tíos, ¿está…?
Harry le apretó el hombro y evitó mirar a la chica rubia tendida en el suelo. Lavender nunca había sido una de sus compañeras favoritas, pero habían pasado 7 años juntos, y… bueno, ella era demasiado joven. La guerra, que afecta a todos, es injusta.
- Pero si hace un par de horas ella estaba… – susurró Ron con la voz entrecortada -. Y ahora está…
No es que todavía tuviera sentimientos por ella, eso ya lo había superado hace tiempo, pero habían compartido tanto que, aun teniendo en cuenta lo irritante que podía ser Lavender, seguía teniéndole cariño. Y verla así, dolía mucho.
- Ron, tenemos que seguir avanzando – dijo George suavemente sin poder despegar sus ojos del cuerpo inerte.
El pelirrojo se levantó y se enjugó las lágrimas, asintiendo.
- Tienes razón, pero no podemos dejarla aquí.
- No tenemos más opción – apuntó Fred -. Después se recogerán todos los cuerpos pero ahora… Debemos seguir adelante.
Ron lanzó una última mirada a la que había sido su novia durante casi un año y echó a andar con paso dispuesto. Cuanto menos pensara en ello, mejor.
La pared se desprendió en la zona frente a la cual Neville permanecía petrificado. Para su sorpresa, un enorme y majestuoso grifo aterrizó en el interior del pasillo, y de él descendieron dos personas que lo observaron en silencio. El chico vestía una túnica larga y estrafalaria, adornada de motivos estelares brillantes. Su pelo era moreno y despeinado, como si su aspecto no fuera una de sus principales preocupaciones. Y sin embargo, hasta Neville pudo admirar que era muy guapo. Lo que más le llamó la atención fue la persona que se bajó después.
- Neville – Luna sonrió y levantó su varita -. Finite incantatem. Me alegro de volver a verte.
El chico notó que sus músculos se desentumecían y que podía volver a ponerse en pie.
- Luna. ¿Dónde has estado todo el curso? Estábamos preocupados.
- Buenos, estuve bastante tiempo prisionera en la mansión de los Malfoy, pero Harry, Ron y Hermione me rescataron. Por cierto, este es Rolf Scamander – se volvió hacia su amigo.
El chico se adelantó y estrechó la mano del Gryffindor, que lo miraba en silencio.
- Luna me ha hablado mucho de ti, me alegro de conocerte – tenía un acento americano marcado, y Neville por fin recordó por qué le sonaba tanto su apellido.
- ¿Eres nieto del famoso Newt Scamander?
Otro grifo, todavía más grande que el anterior, con el plumaje brillante y las zarpas afiladas, aterrizó a su lado.
- El mismo que viste y calza – dijo el recién llegado mientras se apeaba de su montura -. No tuve la oportunidad de conocer a sus padres, señor Longbottom, pero sí a su abuela. Mi familia y la suya solían ser amigas, pero hacía muchos años que no venía a Escocia – miró a su alrededor con aire nostálgico -. Estudié aquí, ¿sabéis? Era un Hufflepuff en toda regla. Pero entonces tuve ciertos problemillas con mis animales y… bueno, al final preferí mudarme a Estados Unidos.
- Pero… - Neville lo observaba en silencio. El hombre estaba deteriorado por la edad, pero tenía un porte magnífico y una mirada que inspiraba nobleza. Tenía el pelo plateado y corto, y una ligera barba que le conferían un aspecto interesante. De entre su túnica asomó una pequeña cabeza y el hombre sonrió.
- Ah sí, os presento a mi escarbato, Niffler. Intenté dejarlo en casa, pero siempre encuentra la forma de seguirme.
Neville logró recuperar el habla y con toda la educación que pudo, preguntó:
- ¿Pero usted no debería tener como… no sé, un montón de años?
El hombre rio y asintió.
- Cumplí 101 en febrero, aunque cuando me preguntan suelo decir que tengo 95.
La información daba vueltas en la cabeza de Neville, que al final optó por volverse hacia Luna.
- ¿Entonces viajaste hasta Estados Unidos para traer ayuda?
Luna se encogió de hombros sonriendo.
- Ellos mismos vinieron a buscarme. Nos conocimos hace un par de años e hicimos buenas migas.
Rolf dio un aplauso entusiasta.
- Bueno, será mejor que nos pongamos al día más tarde. Ahora hay que entrar en acción. ¿Por qué no nos explicas qué hacías petrificado? – dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
El rostro de Neville se tiñó de rojo ira cuando recordó lo que había ocurrido.
- Ese asqueroso de Draco Malfoy… estaba peleando contra su madre y se metió en medio. Primero me desarmó, luego me dijo que estaba de nuestra parte y, como no lo creí, me petrificó. En cuanto lo vea…
- Malfoy está de nuestra parte – dijo Luna con voz lejana.
Neville frunció el ceño.
- ¿Qué…? No, Luna, creo que no has entendido mi historia. Mira, resulta que yo estaba…
- Sí la he entendido, pero tú deberías haberlo creído cuando te dijo que estaba con nosotros.
- Nunca me ha dado ninguna razón para creerlo – dijo enfadado.
- En eso tienes razón, pero cuando lo veas pregúntale...
- Oh, está aquí mismo – dijo Neville señalando la clase -. Después de atacarme, su madre lo petrificó y lo metió dentro, supongo que para protegerlo.
Luna asintió.
- Vamos a hablar con él, entonces.
- ¿Percy? – dijo George, entre sorprendido y enfadado -. ¿Qué haces aquí?
- Yo… - el pelirrojo se colocó bien las gafas y miró a su alrededor, visiblemente incómodo -. Lo siento.
Sus hermanos suavizaron la expresión.
- ¿Quieres decir que te arrepientes de habernos apuñalado por la espalda?
- Ron – dijo Fred rodando los ojos -. Percy, no sabes lo que se va a alegrar mamá de que volvamos a estar todos juntos.
- ¿Entonces me perdonáis? – dijo el chico, mostrando una sonrisa de alivio.
Harry lo observó en silencio. La última vez que lo había visto, Percy parecía un aristócrata, con esa pose erguida y esa actitud pomposa. Ahora sin embargo, estaba muy deteriorado. Unas profundas ojeras surcaban su rostro, su pelo estaba despeinado y caído, sin gracia, y su rostro estaba pálida y más delgado de lo habitual.
Ron bufó.
- Pues claro que te perdonamos, idiota – al final logró sonreír también y abrazó a su hermano -. Me alegro de volver a verte, en serio.
De pronto, dos figuras con máscara y capucha doblaron la esquina más próxima y los arrinconaron. Pudieron responder a sus hechizos mortales a duras penas, y la capucha de uno de los mortífagos resbeló para desvelar la identidad de su portador. Esa protuberante frente y esa melena negra con mechones plateados no podían pertenecer sino a…
- ¡Hola, señor ministro! – dijo Percy mientras lanzaba estocadas a diestra y siniestra -. ¿Le he mencionado que dimito? – el mortífago soltó la varita cuando un chorro de luz le impactó en medio del pecho, y comenzó a sacudirse mientras le salían púas por todo el cuerpo. Fred miró a Percy con cara de regocijo.
- ¡Bromeas, Perce! ¡Sí, Perce, estás bromeando! Creo que es la primera vez que te oigo contar un chiste desde…
En ese instante se produjo una fuerte explosión. Los cicno muchachos formaban un grupo junto a los dos mortífagos – el primero transformado, y el segundo abatido por Ron –, y en cuestión de una milésima de segundo, cuando ya creían tener controlado el peligro, fue como si el mundo entero se desgarrara. Harry saltó por los aires, y lo único que atinó a hacer fue protegerse la cabeza con ambos brazos. Oyó los gritos de sus compañeros, pero ni siquiera se planteó saber qué les había pasado…
Harry se encontraba enterrado en las ruinas del pasillo, que había sufrido un ataque brutal. Sintió un aire frío y comprendió que todo ese lado del castillo se había derrumbado. Entonces oyó un grito desgarrador que lo sacudió por dentro, un grito que expresaba una agonía que no podían causar ni las llamas ni las maldiciones, y se levantó tambaleante. Estaba más asustado que en ningún otro momento de ese día; más asustado, quizá, de lo que jamás había estado en su vida.
Había tres pelirrojos agrupados en el suelo, junto a los restos de la pared derrumbada. Harry se acercó cojeando hasta ellos, sorteando a duras penas las piedras y trozos de madera.
- ¡No! ¡No! – oyeron gritar -. ¡No! ¡Fred! ¡No!
Percy y Ron lloraban con las cabezas apoyadas mientras George zarandeaba a su gemelo, presa de un ataque de ansiedad. Pero los ojos de Fred miraban sin ver, todavía con el fantasma de su última risa grabado en el rostro.
❤ ¡Y fin del capítulo! ❤
Sí, lo sé, es asombroso lo rápido que he actualizado... de nada (creo que tiene algo que ver con el hecho de que ya haya terminado esa serie que os dije que estaba viendo, que por cierto era "The Vampire Diaries" o "Crónicas Vampíricas", como prefiráis... os la recomiendo pero si tenéis mucho tiempo) XD Creo que este capítulo ya os va a gustar mucho más, porque está lleno de acción y de la buena ;P Hemos tenido momentos muy notables como el reencuentro de Ginny con sus familiares y la primera aparición de Charlie... que todos nos moríamos de ganas de verlo :) Por suerte, los alumnos han conseguido ser desalojados a tiempo y hemos podido confirmar que, efectivamente, Snape sigue estando de nuestro lado.
Por otra parte, si bien Draco echa de menos a Hermione, sigue convencido de que no quiere al bebé y eso se va a tener que solucionar de una manera u otra... pero ya lo veremos más adelante ;) Después de hablar con la Dama Gris, que les ha ayudado a recuperar la diadema perdida, Hermione se retira se batalla y deja a los chicos explorando la Cámara de los Secretos hasta que, por fin, logran destruir el horrocrux. ¡Uno menos!
También ha sido muy emotivo el momento en el que Draco defiende a su madre y estos petrifican a Neville para, luego, petrificar a Draco, acto que su madre hace, por supuesto, para protegerlo del peligro... aunque a él no le haga ni pizca de gracia, claro. Pero, por suerte, Luna ha llegado para salvar el día y... ¡tachán! Por eso no la incluí en el anterior capítulo, porque quería que hiciera una aparición estelar de la mano del que será su futuro esposo, Rolf Scamander... y sí, vamos a poder ver a Newt Scamander en batalla también, es un pequeño detalle que me apetecía añadir :)
Espero que hayáis disfrutado el reencuentro entre Harry y Ginny, y esto lo digo dirigiéndome a los amantes de Hinny (como yo). No hice que se encontraran en el último capítulo porque quería que lo hicieran delante de todos los Weasley, como una forma de reafirmar su relación y declararla real de una vez por todas, ¿qué os ha parecido? 😊
Y aunque ha habido momentos especiales, ninguno se puede comparar al final... ¿será tan malo como nos tememos? Tendréis que esperar al siguiente capítulo para saberlo pero mientras... ¿vosotros qué pensáis?
Muchísimas gracias a todos los que me leéis y disfrutáis mi historia, porque la creo con todo el cariño del mundo para que vosotros, amantes de Dramione como yo, podáis contar con una agradable lectura :)
Graacias por siempre a los que me mandáis reviews, tanto a los que lo hacéis cada semana como a los que solo lo hacéis de vez en cuando para darme ánimos y comunicarme que os encanta la historia... gracias, en serio ❤
Ahora voy a responder a todos aquellos a los que no puedo responder por privado:
- Meg: Hola una vez más amor ❤ Me alegra que la historia te siga gustando tanto, y espero que hayas disfrutado de este capítulo y sufrido con él, claro, porque ha habido momentos... Bueno, el encuentro entre Draco y Hermione ya ves que no se ha producido, pero espero que el de Harry y Ginny te haya gustado, tenía la idea desde hace mucho tiempo en la cabeza y no se me ocurría una forma mejor :) Siento leer que no tienes mucho tiempo libre pero no te preocupes, yo siempre estaré esperando a que tengas un ratito para mí 😊 Intentaré escribir más historias cuando termine esta, pero debo pensar bien sobre qué hacerlas así que supongo que al principio solo escribiré oneshots diversos para tener contento a todo el mundo :) Muchísimos besos, gracias por seguir aquí 😘❤
- Daira Malfoy: Hola cielo ❤ Antes de nada, espero que el capítulo te haya gustado mucho y que la espera, esta vez sí, no se te haya hecho larga :) Bueno, ya ves que afortunadamente con Ginny y Neville no había trampa, la verdad es que la única razón de que los mandara a esa misión era que Ginny y Harry no se encontraran hasta ya comenzada la batalla... no sé, cosas mías supongo XD Bueno, Draco y Hermione no se han encontrado pero espero que hayas disfrutado del otro encuentro, porque los Weasleys desde luego sí XD Muchísimas gracias por seguir leyéndome, muchísimos besos 😘❤
Ahora sí, me despido hasta la próxima (que no sé cuándo será, porque ha comenzado el nuevo curso y este viene más duro que nunca...). Muchísimas gracias por leerme, no olvidéis dejar una review para comunicarme vuestra opinión y que estemos en contacto, además de seguirme en instagram en la cuenta de mi biografía, darle al Go y recomendarle la historia a vuestros amigos para que esta pequeña familia pueda crecer cada vez más :)
Con todo el cariño del mundo, un capítulo más;
- Daphnea ❤
P.D.: En serio, puede que esta vez tarde más que de normal en subir, espero que no sea mucho pero no puedo dejar de lado los estudios... supongo que lo entenderéis. Pero tened claro que NO, no voy a dejar la historia de ninguna manera. Si en algún momento tenéis dudas sobre la próxima actualización, no dudéis en poneros en contacto conmigo a través de instagram. Gracias por leerme, os quiero ❤
