Harry sintió como un escalofrío recorría su columna y se quedó paralizado. Una sensación opresora le comprimía el pecho, impidiéndole respirar con normalidad. Comenzó a temblar y sintió como sus piernas cedían. Cayó de rodillas sobre el suelo de piedra, lleno de escombros y objetos desparramados. Pero él solo podía centrar su atención en la imagen que se desarrollaba ante él: Ron y Percy seguían llorando, sin apartar sus cabezas, mientras George zarandeaba a su hermano, pensando quizás que estaba siendo presa de una broma muy, muy pesada. Sin embargo, Harry se había encontrado con la muerte en muchas ocasiones anteriores y supo, con una dolorosa y amarga certeza, que Fred no iba a levantarse.

Sus ojos se empañaron por el dolor y la rabia, y enterró la cara en las manos, sollozando entre convulsiones. Durante siete años había sido un miembro más de la familia Weasley; la pérdida de uno de ellos le dolía como si fuera su hermano. Pero lo peor eran los gritos desgarrados de George, que lo atravesaban, retumbando en su cabeza y provocándole un sobrecogimiento como nunca antes había sentido.

- ¡Fred! – George al fin dejó de zarandearlo y, temblando como si sufriera una hipotermia, observó a su gemelo, todavía esperando que este le devolviera la mirada -. No puedes morirte, Fred. No puedes morirte. Todavía nos queda mucho por vivir – hablaba a trompicones y sus palabras eran apenas comprensibles para los demás -. Chico, tienes que abrir los ojos. Tienes que seguir luchando. Nos queda mucho por vivir, nos queda mucho por vivir… ¡Fred! ¡Por favor, Fred! ¡No puedes dejarme solo! ¡No puedes irte sin mí! – la desesperación en su voz iba creciendo, mientras atraía a su hermano, a su media mitad, hacia sí y lo apretaba con fuerza contra su pecho -. Prometimos que siempre estaríamos juntos, lo prometimos… Por favor abre los ojos, por favor, por favor…

El pelirrojo se sentía flotando en una burbuja de dolor y congoja. Aquello era, sin duda, lo peor que podía pasarle en la vida. La relación entre dos hermanos gemelos es indescriptible para todo aquel que no la viva, y por ello nadie podía entender su pérdida. Nadie podía entender la sensación de soledad que lo asolaba y aplastaba con la fuerza de mil apisonadoras, ni las ganas de cerrar los ojos y no volver a abrirlos nunca. No podía concebir la idea de ir a trabajar y que Fred no estuviera, ni de hacer una broma sin él, ni de, en general, seguir con su vida sin Fred. Se habían convertido en dos personas viviendo como una única, y que uno de los dos faltara, no tenía ningún sentido.

- ¿Por qué tú, chico? – dijo, con gruesas lágrimas deslizándose por su mejilla -. Debería haber sido yo, tú no puedes irte, tú no, debería ser yo… - dejó que Ron y Percy lo abrazaran, sumido todavía en su propio infierno. Era como si le estuvieran atravesando con una barra de hierro el pecho, como si, de una patada, hubieran arruinado todo lo que tantos años llevaba construyendo.

Harry se acercó a ellos y los abrazó también, y los cuatro, todavía sosteniendo el cuerpo inerte de Fred, permanecieron durante un tiempo que pareció eterno llorando y lamentándose. Eso era verdaderamente la guerra; el dolor, la pérdida, la angustia. Esos adolescentes, hasta hace unos minutos riendo, quedarían marcados, desde ese momento, con una cruz imborrable.


Draco se levantó y se desperezó, para después girarse y observar con una mueca a los recién llegados.

- ¿Y bien?

- Quizás deberías darnos las gracias, Malfoy – dijo Neville, mirándolo con odio.

- ¿Por qué lo habéis hecho? ¿Por qué me habéis despetrificado? – observó a Luna fijamente. Aunque le costara admitirlo, se sentía seguro si ella estaba allí. Conocía su relación con Hermione y, de alguna forma, estaba de su parte -. ¿Qué queréis de mí?

Luna sonrió.

- Estás peor de lo que recordaba.

El rubio la miró entornando los ojos.

- Había olvidado lo rara que eras, Lovegood.

Neville dio un paso adelante y Rolf estiró su brazo para frenarlo. Con una sonrisa, el joven despeinado se acercó al Slytherin y le tendió la mano.

- No nos han presentado. Soy Rolf Scamander, novio de Luna – la rubia se sonrojó y Neville apartó la mirada -. Y este es mi abuelo, Newt Scamander. Quizás hayas oído hablar de él.

Draco abrió los ojos como platos y centró su atención en quien era, sin duda, la persona más extravagante de la sala. Su túnica y su barba hacían que no pasara desapercibido y le daban un aspecto de chiflado; en la mano derecha portaba una especie de maletín de aspecto viejo pero valioso, al cual se aferraba como si su vida dependiera de ello. Pero cuando se adelantó para estrechar la mano de Draco lo hizo firmemente, con un deje de nobleza y elegancia en su andar.

- Encantado, joven. Me alegra saber que un Slytherin como tú está de nuestra parte.

- ¿Qué? – lanzó a Luna una mirada mortífera -. ¿Qué les has contado?

- Lo necesario para que entendieran por qué te he querido despetrificar.

- ¿Tú sabes las consecuencias que puede tener eso? - Draco apretó los puños y la señaló -. ¿Sabes lo que me ha costado guardar el secreto?

- Tranquilo, se me da muy bien guardar secretos – dijo Rolf tras guiñarle un ojo -. Nadie tiene por qué enterarse. Aunque, pensándolo bien, quizás sería mejor que todos se enteraran. Si no, alguien de nuestro bando podría herirte por error y…

- Si se enteran, Voldemort matará a mi madre.

Neville se estremeció.

- No puedes pronunciar su nombre.

Draco resopló.

- Longbottom, ese estúpido tabú ya no importa. Estamos en plena batalla.

- Luna, dices que ha cambiado, pero yo lo veo igual de idiota.

Draco puso una mueca. Vale, en el fondo puede que Longbottom tuviera razón, no estaba siendo muy amable con él. Pero es que le costaba tanto…

- Mirad, lo siento, pero no tengo tiempo para charlas, tengo que buscar a… alguien.

El Gryffindor frunció el ceño.

- Luna, ¿estás segura de que es de los nuestros? Yo no me lo creo.

Draco apretó los puños e intentó salir de la habitación, pero Neville le bloqueó el paso.

- Malfoy, ¿acaso crees que mereces mi comprensión después de los últimos siete años?

- De hecho, me vale con tu indiferencia.

Neville miró al rubio de arriba abajo. No podía evitar odiarlo, lo había hecho desde siempre y nada cambiaría ese hecho. Para él, Draco simbolizaba mucho más que los años de humillaciones y enfrentamientos. Era un recordatorio perpetuo de lo que su tía le había hecho a sus padres. Es cierto que Malfoy no era culpable de los actos de Bellatrix, pero cuando lo miraba, no podía evitar verla a ella. Durante mucho tiempo esa había sido la razón de que le tuviera miedo, pero ya no se dejaría dominar por el terror nunca más. Era un Gryffindor, al fin y al cabo.

- Dame una explicación y te dejaré irte.

- Mejor déjame irme y no me enfadaré.

- Vamos, deberías colaborar – dijo Rolf con tono entusiasta -. Todos queremos entender tus motivos.

- Sí, nos pica la curiosidad - corroboró su abuelo, de cuyo bolsillo de la chaqueta asomó un pequeña cabeza verde, que enseguida se refugió de nuevo dentro. Draco pestañeó varias veces, pensando que estaba empezando a tener alucinaciones.

Luna puso una mano en el hombro de Neville.

- Estamos todos un poco alterados, quizás deberíamos dejarlo marcharse. Cuando todo esto haya acabado, podrás comprender.

- ¿Y si cuando haya acabado la batalla huye? - respondió el moreno con tono inquisitivo.

Luna se encogió de hombros.

- Entonces nos habrá traicionado.

Draco la miró y, sin esperar ni un segundo más, abandonó la clase rápido como un tornado. Tenía que encontrar a la chica tan pronto como fuera posible.


Nott levantó la varita y la dirigió hacia el rostro de su padre. El mortífago soltó una risa profunda y cruel y después lo miró con ojos de acero.

- ¿Crees que me das miedo? – le pegó un puñetazo y sonrió sádicamente -. Eres ridículo, una vergüenza y un deshonor para la familia. Maldigo el día en que te concebí, maldigo el que fue el polvo más caro de mi vida.

Theo inspiró aire con fuerza y apretó la mano en torno a su varita tanto como pudo. El puñetazo había extendido un dolor amargo por toda su nariz y un reguero de sangre caía por ella, pero sabía que no estaba rota.

- ¡Expelliarmus! – con un movimiento simple de varita, su padre desvió el ataque y lo observó con los ojos entornados.

- Así que vas en serio, ¿eh? ¿Intentas acabar conmigo? Tú sabrás, cada uno comete sus propios errores. ¡Crucio! -. Nott, que también se lo esperaba, consiguió esquivar la maldición imperdonable por los pelos y retrocedió hasta que su espalda topó con la pared del pasillo -. Eso es, retrocede, cobarde.

- Te odio. No creo en el más allá, pero sinceramente espero que exista para que sufras una eternidad de tortura. No puedo imaginarme nada mejor que tu sufrimiento, desde que murió mamá te has convertido en un cabrón desquiciado. Azkaban no ha podido contigo porque no había ni una pizca de felicidad que arrebatarte. Eres pura maldad; eres una puta mierda, no vales nada.

Su padre infló los orificios nasales y apretó la mandíbula.

- Con que esas tenemos, eh, asqueroso. Te alimento durante años y…

- ¡Tú no has hecho nada por mí nunca!

- Espero que esto te duela mucho. ¡Diffindo! – un corte transversal atravesó el pecho de Theo, que se inclinó hacia delante mientras su túnica se empapaba en sangre. Alzó la cabeza y apuntó a su padre con la varita. Recordó cada momento de sufrimiento, cada golpe, cada insulto. Los amontonó en una bola de odio y notó como el rencor calentaba su cuerpo y se extendía por él, dándole fuerzas suficiente para erguirse y apuntar a su padre. Con la voz fría como el hielo y carente de sentimientos, vocalizó claramente:

- Avada kedabra – sin duda su padre no se esperaba una embestida mortal ni que su hijo no estuviera preparado para defenderse, porque el rayo de luz le golpeó entre ambos ojos con una precisión letal y salió despedido como un proyectil contra la pared, no sin antes lograr gritar:

- ¡Bombarda máxima! – el golpe se desvió e impactó sobre la cabeza de Theo, pero la brutalidad del hechizo provocó una avalancha de piedras y rocas desprendidas sobre la pared, que arrollaron al moreno. Semienterrado entre los escombros, notando varias articulaciones dislocadas, varias costillas rotas, un dolor profundo en el costado izquierdo y un reguero de sangre deslizándose sobre su frente, giró el rosto para buscar a su padre, que yacía inerte, con los ojos todavía abiertos por la sorpresa, a varios metros de distancia. Notó como la satisfacción lo invadía y con la voz ronca y un dolor atroz, masculló:

- Púdrete en el infierno -. Acto seguido, se desmalló.


Harry no podía seguir soportando el dolor del Gran Comedor.

Cuando habían llegado, la señora Weasley les había sonreído y había ido a su encuentro. Y Harry no podría olvidar nunca lo rápido que había pasado esa sonrisa a converirse en una máscara de terror al ver el cuerpo de Fred y, segundos después, en sufrimiento.

Poco a poco, los Weasleys habían ido llegando y se habían congregado junto al cuerpo de Fred. Ginny había llorado abrazada a Harry durante algunos minutos, pero se había recompuesto y ahora permanecía impasible, sola, en una esquina del Comedor, mirando alrededor sin saber muy bien qué hacer. Harry entendía que quería estar sola y lo respetaba, pero él necesitaba también hacer algo para evadirse, necesitaba entrar en combate para vengar a Fred. Por ello, cuando vio a Snape acceder al pasadizo del Sauce Boxeador desde la ventana, no dudó en seguirlo. Estaba yendo a la Casa de los Gritos, y suponía que era por algo importante. Además, hacía mucho tiempo que quería hablar con él. Quizás Dumbledore le hubiera dejado instrucciones para darle.

Observó de nuevo el rosto sereno de Fred y, como todas las veces anteriores, el miedo lo invadió. No era tristeza; era pánico. Era algo difícilmente explicable, pero muy perceptible.

Masculló unas palabras de disculpa y abandonó la sala. De camino al exterior encontró apenas alguna pelea, en la mayoría de las cuales intervino para ayudar a sus amigos. Sin embargo, habían pasado cuatro horas desde el comienzo de la batalla, y la pérdida de intensidad de esta comenzaba a ser evidente. Desgraciadamente, cada vez había más heridos (o muertos) y menos batallantes, aunque le alegraba reconocer entre los victoriosos a la mayoría de miembros de la Orden y compañeros de colegio. Desde lo lejos le llegaron las voces de Tonks y Remus, que parecían pelear contra algún mortífago, pero decidió seguir adelante. No les haría falta su ayuda.

En seguida llegó a la base del árbol y, con cuidado de no ser golpeado, consiguió penetrar en el pasadizo. Lo recibió un olor a cerrado y a rancio, pues el pasillo había estado tapiado durante un año, y encendió luz con su varita para lograr distinguir el camino por el que avanzaba, irregular y sinuoso. Lo atravesó casi corriendo, notando el flato presionarle los costados y un dolor en los pulmones reverberan en su pecho, pero no se detuvo. Cualquier cosa que le permitiera llegar rápido y tener ocupada la mente.

Cuando por fin estaba llegando, apagó la varita y se dejó guiar por la suave luz que llegaba del final del pasadizo. Sin embargo, se quedó petrificado cuando una voz susurrante y aguda llegó hasta él.

- Me has sido fiel durante muchos años, y siempre te estaré agradecido por ello. Sin embargo, tú mataste a Dumbledore, por lo que eres el último poseedor de su varita. Y me temo, Severus, que yo necesito tener el control sobre esa varita.

- Pero Señor – Harry se fue acercando en silencio hasta que pudo semicontemplar la escena, escondido tras un viejo sofá. La voz de Snape sonaba asustada y lastimera -. Valdría con desarmarme. No es necesario…

- Sí lo es. Si no acabo con tu vida, la varita no me será completamente fiel. Y eso es algo que no me puedo permitir.

- Señor... mi Señor, por favor, por favor… -. Aunque Harry intentó sentir lástima por él, no lo consiguió. Que luchara de su lado no quería decir que le tuviera aprecio.

- Nagini, ataca -. Susurró en parsel. Con un ruido ligero y siseante, la serpiente se deslizó por el suelo y lo atacó con brutalidad. Los gritos del hombre llenaron la habitación durante unos segundos hasta que, por fin, se apagaron. Oyó los pasos de Voldemort y el deslizar del animal alejarse y, cuando estuvo seguro de que no volverían, salió de su escondite y se aproximó hasta el profesor.

- Potter… - logró susurrar, con una lágrima deslizando por su mejilla.

- Profesor, quizás pueda hacer algo para...

El hombre negó con la cabeza.

- Cógelo – susurró con dificultad. Una hebra fina, plateada, se desprendió de su sien y Harry la atrapó con habilidad en un frasquito que había sobre la mesa. Snape lo miró en silencio, mientras su mirada se iba desenfocando y susurró -. Tienes los ojos de tu madre – con un último suspiro, su cabeza se desplomó sobre su pecho.

Harry tragó saliva y apartó la mirada. ¿Qué debía decir o hacer ahora? Volvió a mirar el cuerpo del profesor y se puso de pie; volvería tras la batalla. Observó también el recuerdo que el hombre acababa de entregarle; tenía que verlo cuanto antes.

Todavía trastocado por la las últimas palabras del profesor, abandonó la casa en la que, cuatro años antes, había conocido al que sería como su segundo padre.


Voldemort observó la varita de sauco, girándola entre sus esqueléticas manos con delicadeza. Todo lo que había deseado durante tanto tiempo estaba a punto de cumplirse. Con aquella varita, Potter no tendría nada que hacer contra él. El niño que sobrevivió moriría esa misma noche.

Lanzó una sonora carcajada, que resonó como un aullido cruel y presagiador. Acto seguido, se volvió hacia la mujer y asintió con la cabeza.

Bellatrix le devolvió una sonrisa de dientes desiguales y oscuros y, casi con admiración, extendió su brazo hacia él, arremangándose para dejar al descubierto el tatuaje. Regocijándose en el momento, Voldemort apretó con uno de sus cadavéricos dedos la Marca Tenebrosa, haciendo que un sentimiento de ardor se extendiera por el antebrazo de su lugarteniente, enviándose así a todo el resto de mortífagos que combatían.

Una vez que todos se hubieran reunido, hablaría.


Draco llegó al octavo piso con el corazón desbocado, pero no tuvo tiempo de alcanzar su destino porque el antebrazo comenzó a arderle. Se escondió tras la estatua más cercana y dejó al descubierto el horrendo tatuaje, observándolo brillar con furia. Miró a ambos lados nervioso y, de nuevo, hacia la Marca Tenebrosa. Era la llamada inconfundible de Voldemort, que los incitaba a que dejaran la batalla, lo cual quería decir que era importante que acudieran.

Ese era el momento que tanto había temido, porque debería tomar una decisión. ¿Seguía adelante hacia la Torre de los Premios Anuales o volvía atrás para acudir a la llamada de Voldemort, evitando así que descubrieran que no estaba de su parte?

Con un gruñido de frustración se dio la vuelta y echó a correr tan rápido como sus pies le permitían, sintiendo que no estaba tratando de proteger a su madre sino de retrasar su encuentro con Hermione, por miedo a lo que pudiera pasar con ese bebé en camino.


Harry golpeó temblorosamente la puerta del despacho del director y, tras cerciorarse de que no había nadie, entró en silencio. Trató de no centrarse mucho en los detalles pero no pudo evitarlo, aquella habitación le traía demasiados recuerdos. Las clases que había tenido con Dumbledore, las charlas, los planes… todo. Aunque Snape la había decorado a su manera, era imposible que se borrara la esencia de Dumbledore. Por ello no le sorprendió encontrarse con su mirada cristalina al elevar la cabeza.

- Me alegra volver a verte, Harry – dijo el director sonriendo desde el retrato que ocupaba la pared tras la mesa principal.

El moreno fue incapaz de responder durante unos instantes hasta que, finalmente, logró articular una sonrisa triste.

- Lo mismo digo, profesor - abrió la boca, dispuesto a soltar un tsunami de preguntas, pero Dumbledore elevó una mano para frenarlo.

- Nos veremos pronto, Harry, no te preocupes. Ahora no podemos perder tiempo discutiendo, mucha gente depende de tus acciones de esta noche - cruzó los brazos sobre su regazo y lo miró seriamente -. Pase lo que pase, quiero que sepas que estoy orgulloso de ti.

El chico lo miró y frunció el ceño. ¿Cómo que se verían pronto? ¿Acaso era otra de las adivinanzas de Dumbledore?

- Pero profesor, la snitch, los horrocruxes… ¿Qué he de hacer?

Dumbledore sonrió enigmáticamente y lo miró por encima de sus gafas de montura fina.

- Hasta luego, Harry. Creo que hay un pensadero que te está esperando.

- ¿Cómo… cómo sabe que Snape...?

Como toda respuesta, el anciano señaló hacia lo alto, donde un viejo harapo descansaba sobre el armario de madera de ébano. El Sombrero Seleccionador dijo:

- Las noticias corren como la pólvora en Hogwarts, joven Potter - se quedó observándolo en silencio y suspiró -. No hay día que no me pregunte que hubiera pasado si no te hubiera puesto en Gryffindor.

- Fue la elección correcta. Soy un Gryffindor - respondió con aplomo, recordando su primer día en Hogwarts.

- Eres un Gryffindor porque te puse en Gryffindor. Pero ambos sabemos que eso podría ser diferente.

Harry tragó saliva y prefirió no contestar. En cambio, avanzó hacia la estantería de su izquierda y con un toque de varita, un hueco se abrió entre las puertas para dejar salir una fuente de piedra clara, rellena de un líquido turbio pero brillante, con decenas de escenas diferentes congregándose en la superficie. Con las manos temblorosas, sacó del bolsillo de su túnica el frasquito con los recuerdos de Snape y vertió el contenido en el pensadero.

Sin darle más vueltas, cogió aira y metió la cabeza dentro.


Hermione se observó las manos con angustia. Ella nunca se mordía las uñas, pero el nerviosismo había hecho que las royera sin darse cuenta hasta dejarse los dedos en carne viva. Se levantó del sofá y comenzó a dar vueltas como un león enjaulado, sin estar segura de qué debía hacer. Ahora mismo todo el mundo podría estar muerto y ella no lo sabría. No, no podía quedarse allí más tiempo. Iba a darle algo.

Se acercó hasta la ventana que había frente a la chimenea y observó con asombro como un pelotón de encapuchados y figuras vestidas de negro se alejaban hacia el Bosque Prohibido. Entre ellas pudo destacar, no sin dolor, una cabellera plateada, algo apartada del resto.

Justo en ese momento, como si supiera que lo estaban observando, Draco se volvió y su mirada se encontró con la de la chica. Ambos sintieron como una punzada de nostalgia y ansiedad los atravesaba, y durante unos segundos permanecieron así, sin moverse, paralizados.

Hermione señaló al muchacho y al final se señaló a sí misma, y el rubio permaneció impasible. La castaña sintió que las lágrimas le bañaban los ojos pero entonces, Draco asintió. ¿Quería eso decir que quería que estuvieran juntos? Intentando sacarle más información, la chica señaló su barriga, y esta vez Draco no respondió; ni asintió, ni negó. Simplemente se quedó mirándola penetrantemente, aunque apenas lograra distinguirla por la distancia.

En ese momento, alguien empujó a Draco al pasar, devolviéndolo a la realidad. Retomó la marcha, no sin antes lanzar una última mirada a la ventana de la torre. Sintió que acababa de realizar la peor elección de su vida; debería haber seguido adelante para reunirse con la chica. De una forma u otra, sabía que al haber elegido reunirse con los mortífagos, algo se había roto entre ellos. Y no sabía si esa ruptura sería, o no, reparable.

Narcissa Malfoy también apartó la mirada de la chica y esperó hasta que su hijo estuviera a su altura para susurrarle, con voz asustada:

- Draco, ¿qué significa esto?

El rubio la miró con los ojos abiertos como platos. ¿Los había visto? No, no podía ser. Las cosas no podían torcerse en el último instante. Alzó los hombros con aire indiferente y miró al frente mientras seguía caminando.

- No sé a qué te refieres.

- Sabes perfectamente…

- No es ni el momento ni el lugar para discutir lo que quiera que sea - dijo con voz susurrante pero enfadada -. Creo que ya mantuvimos esta conversación y te dejé claro de qué lado estaba.

Narcissa miró a ambos lados para cerciorarse de que nadie los estaba escuchando.

- Sabes que no me refiero solo a eso. Draco - lo observó de arriba a abajo como si no lo reconociera -. ¿Acaso Granger...?

El rubio se negó a mirarla y aceleró el paso, alejándose de ella.

Narcissa emitió un gemido quejumbroso y se llevó la mano al pecho, tratando de mantener la compostura tan bien como pudiera. Por muy imposible que pareciera, si esa relación existía todas las piezas del puzzle encajarían: explicaría por qué Draco se había cambiado de bando, por qué había ayudado a que Potter, Weasley y la chica a escaparan de Malfoy Manor y por qué se había empeñado en aceptar la misión de matar a Granger: quería protegerla.

Observó la figura de su hijo alejarse y negó con la cabeza. Una cosa era que aceptara que tomara sus propias decisiones, aunque le doliera profundamente, y otra que estuviera con una sangre sucia, con una traidora a la sangre, con la mejor amiga de Potter… ella no era tan clasista como su marido, pero no podía evitar tener sus prejuicios. Si Draco y esa chica estaban juntos, entonces sí que su hijo estaba perdido; nadie aceptaría esa relación; incluída ella misma.

De pronto, un recuerdo más irrumpió en su mente y la golpeó como una patada. La chica… estaba embarazada. Se volvió para mirar la ya lejana ventana de la torre, que ahora estaba vacía. Si Granger estaba embarazada y Draco era el padre de la criatura...

Negó con la cabeza y apretó el paso. En caso de que todas esas conjeturas fueran ciertas, ella misma se encargaría de que ni esa relación ni ese bebé vieran la luz. Aunque, pensó, era imposible que su hijo hubiera caído tan bajo.


Hermione apretó el paso hasta llegar al Gran Comedor, encontrándose de camino con Harry, que salía del despacho del director. Ambos se quedaron mirando en silencio; era imposible decir cuál de los dos estaba más turbado.

- ¿Qué haces aquí?

Hermione negó con la cabeza.

- Los mortífagos se han ido del castillo, así que supongo que ya no hay peligro por ahora. No podía quedarme más en la torre, Harry, tenía que bajar al Gran Comedor para ver si puedo ayudar - de pronto, miró tras el chico y frunció el ceño -. ¿Qué hacías tú en el despacho de Dumbledore?

Harry evitó mirarla.

- Snape ha muerto, Hermione. Voldemort lo mató, creo que por algo en relación a la varita de sauco.

Hermione parecía sorprendida, aunque no apenada. Esperó en silencio a que su amigo siguiera relatando la historia.

- Yo lo vi todo, y antes de morir, Snape me dejó algunos recuerdos suyos que quería que observara para… comprender mejor - de pronto pareció incómodo al recordar algo y pestañeó para no distraerse -. El pensadero de Dumbledore es el único de todo Hogwarts, así que…

- ¿Y qué vistes en esos recuerdos?

Harry no respondió. No quería contarle lo que había visto en los recuerdos de Snape, porque todavía no los había asimilado. Tenía demasiados sentimientos contradictorios en ese momento y, por encima de todo, había llegado a una conclusión: tenía que entregarse. Por mucho que le doliera, sabía que debía ser así. Pero, por supuesto, no podía decírselo a Hermione. Ella se encargaría de no dejarle irse.

- Después hablamos de eso. Estoy seguro de que es mucho más urgente nuestra presencia en el Gran Comedor.

La chica asintió y preguntó con miedo:

- ¿Están todos bien?

Harry la observó y suspiró, triste y resignado.

- ¿Qué ocurre? - preguntó alarmada -. ¿Es Ron? ¿O Ginny? Harry, ¿qué ha pasado?

- Es Fred, Hermione - no pudo evitar temblar al decir su nombre y apretó los puños -. Y, aunque me pese decirlo, posiblemente haya muchos más.


Voldemort giró sobre sí mismo y sonrió.

- Me congratula ver que ha habido tan pocas bajas. Aunque claro está, no esperaba menos de vosotros - siguió examinando cada uno de los rostros presentes -. Siento no ver algunas caras conocidas, pero confió en que haya algún relegado todavía en camino. Predigo que pocos habrán perdido la vida hoy… al menos de nuestro bando.

Una serie de risas crueles siguió ese comentario y Draco sintió como un escalofrío le recorría la columna vertebral. Al menos sabía que Hermione estaba a salvo. Eso le recordó que su madre sabía algo… y la cosa podía acabar mal, muy mal. Ella no debía haberse enterado de forma tan directa, ni tampoco debería haber sabido que Hermione estaba embarazada porque eso le había ayudado a atar cabos.

- Los ausentes no están muertos, Mi Señor - dijo un mortífago a la derecha de Draco -. Al menos no la mayoría. Muchos han sido apresados y capturados, pero no los matarán. Y cuando matemos al chico, podrán volver a reunirse con nosotros.

Voldemort sonrío mezquinamente.

- Por supuesto, los buenos de la Orden, siempre evitando matar. Pues se van a arrepentir de no haber acabado con tantas vidas como pudieran esta noche.

- Mi Señor - dijo otra voz con cautela a su izquierda -. Si bien es cierto que la mayoría no están muertos, al menos sé que Dolohov, Avery y Nott lo están.

El corazón de Draco se disparó y comenzó a latir a 1000 por hora. ¿Nott? ¿Qué Nott?

Entonces el mortífago precisó:

- Nott padre. En cuanto a su hijo, me temo que ha corrido un destino similar. Hace más de dos horas que nadie lo ve.

Draco se sintió a la par asustado y esperanzado. ¿Y si nadie lo había visto porque ya no luchaba de su bando? ¿Y si sí que seguía vivo, solo que escondido tras lograr acabar con su padre?

Voldemort asintió.

- Duras pérdidas, no cabe duda. Nos encargaremos de vengarlas como se merecen.

La mente del rubio comenzó a funcionar a una velocidad imposible. De pronto supo que, efectivamente, debería haberse quedado en el castillo. Supo que tenía que regresar ya no solo para reunirse con Hermione, sino también para reencontrarse con su amigo y, por fin, prestar lealtad al bando en el cual creía. Supo que se había equivocado yéndose y que tenía que volver tan pronto como le fuera posible. Se aclaró la voz y dijo, tratando de sonar humilde:

- Mi Señor - le costó horrores llamar a Voldemort de esa manera, y de nuevo sintió ese extraño cosquilleo de pánico cuando el hombre clavó sus ojos rojos y alargados en él -. Si me lo permitiérais, me gustaría internarme en el castillo mientras los demás están velando a sus muertos y buscar a Hermione Granger. Quiero acabar la tarea que empecé.

Voldemort levantó el músculo de la ceja (puesto que no tenía ceja) y negó con la cabeza.

- No será necesario, Draco - susurró calmado-. Les hemos dado algo de tranquilidad y vamos a cumplir con ello hasta que Potter venga aquí. Además, la chica ya no nos es de interés.

Pero el rubio no se dio por vencido.

- Sé que parece una estrategia estúpida, pero es lo mejor que podemos hacer. Es decir - dijo esperando convencerlo -, todavía no sabemos si el niño es o no de Potter, y deberíamos eliminarlo para evitar sospechas. Además, ella no estará con los demás. La han escondido para que el bebé no sufra daños durante la batalla, y yo sé cómo llegar hasta ella.

El hombre pareció reflexionar unos segundos y al final lo miró penetrántemente.

- Tienes razón. Pero recuerda, termina la tarea de la que quisiste hacerte cargo o sufrirás las consecuencias. Si alguien te ve, lo sufrirás también. He depositado confianza en ti, Draco, y me decepcionaría mucho que me defraudaras.

Draco asintió y notó como un estallido de felicidad lo recorría. Iba a poder irse. En cuanto abandonara el círculo de mortífagos, no volvería a tener que fingir, nunca. El bando de la Orden ganaría la batalla y él estaría con ellos. Bueno, o al menos eso esperaba… sino, definitivamente estaría perdido.

Se giró para observar a su madre, evitando mirar a su padre en el camino, y la mujer se acercó para abrazarlo. Cuando estuvo lo suficientemente pegada a él, Draco le susurró en el oído:

- En cuanto se despisten, esfúmate. No luches en mi bando si no quieres pero tampoco en este. Él se enterará de que voy contra vosotros y te castigará, y no quiero que eso pase. Esfúmate y nadie te echará nada en cara, esfúmate y podremos ser libres… en caso de que no lo hagas, quiero que sepas que has sido la mejor madre que he podido tener - le costó decirlo, le costó buscar unas palabras lo suficientemente bonitas sin pecar de sentimental. Pero sabía que ese podía ser el último momento en el que viera a su madre, y quería asegurarse de que hacía todo lo posible por salvarla.

Se separó de ella y avanzó a grandes zancadas hacia el castillo, sin mirar más hacia atrás, dispuesto a emprender una nueva vida. A sus espaldas, su madre lo observaba en silencio, tratando de odiarlo pero sin poder evitar amarlo, con ese amor de madre tan irracional y eterno. Sabía que acababa de hacerle chantaje emocional y, le pesara o no, iba a tener que obedecerlo. Porque Draco tenía razón, en cuanto Voldemort viera que su hijo se había cambiado de bando, la pagaría con ella, y Narcissa no dejaría que eso pasara.

Al fin y al cabo, tenía que vivir otro día más para conseguir que su hijo le diera las explicaciones necesarias acerca de Granger, desmintiendo o confirmando así sus peores temores.


Hermione corrió junto a Ron y se fundió en un fuerte abrazo con él, dejando que las lágrimas resbalaran por su mejilla sin preocuparse. Fred había muerto. Una de las personas más alegres y divertidas que conocía había muerto. Fred, que siempre la había protegido como si se tratase de su hermana pequeña. Fred, que había acudido a hablar con ella al enterarse de lo de Draco, preocupado de que pudiera estar haciéndole daño… Fred, que en cuanto había oído sus explicaciones, había decidido apoyarla… Se había ido para siempre.

Lloró junto con toda la familia Weasley, lloró como si fuera su propio hermano porque en el fondo, eso había sido. Lloró ante la imagen de George, que se paseaba en silencio con la mirada perdida, como un alma en pena. Por primera vez en su vida, estaba solo. Y casi daba la impresión de que le faltara algo, sin ver a su gemelo revoloteando a su lado.

Unos metros más allá, Harry recorría la hilera de cuerpos, temblando cuando reconocía a alguno, aunque fuera simplemente de vista; contra ese chico había jugado numerosos partidos de quidditch, él era el buscador de Hufflepuff; la profesora Sinistra que, aunque no fuera una de sus favoritas, le causaba desazón ver en la fila de cadáveres… siguió recorriendo y reconociendo, Lavender Brown, Colin Creevey (verlo le produjo una sensación rara, entre añoranza y furia)... era una tortura para sí mismo hacer ese recorrido, pero debía hacerlo. Tenía que cerciorarse de que no había nadie más cercano a él. Poco a poco iban llegando al Gran Comedor los últimos muertos y los heridos que todavía quedaban en los pasillos, junto con los combatientes vivos que, al encontrarse con sus amigos y familiares, suspiraban aliviados y se fundían en tibios abrazos.

Pero de pronto, los vio y su cabeza comenzó a dar vueltas. No podía ser, no era posible… ellos no podían estar muertos. Remus y Tonks, no. Y sin embargo, era terriblemente indudable que lo estaban. Ambos permanecían rígidos, colocados uno junto al otro, sus manos ligeramente entrelazadas, con expresiones calmadas, casi felices. Como si estuvieran durmiendo, como si todo aquello solo fuera una horrible pesadilla. Harry calló de rodillas y se apoyó sobre el suelo para llorar, sin poder evitar dejar de mirar a Remus. Primero su padre, James, había muerto; luego había sido Sirius; después, Dumbledore y por último, él. Cuando creía estar tan roto como para que nada más pudiera herirlo, se descomponía en pedazos. Hacía apenas una hora él mismo los había oído gritar mientras peleaban, pero había estado tan concentrado en sus problemas que no se había preocupado. ¿Y si… y si pudiera haberlos salvado?

Remus y Tonks acababan de ser padres, y su hijo, su propio ahijado, estaba condenado a ser un huérfano de guerra tal y como él había sido. Soltó un lamento sofocado y se tiró del pelo; no, haría todo lo posible porque Teddy creciera feliz y amado. No podía dejarlo atrás, no podía decepcionar a Remus.

Intentó llorar, pero las lágrimas ya no afloraban de sus ojos. El verdadero dolor lo asolaba por dentro, y no poder expulsarlo le producía todavía más desesperación. Por muy acostumbrado que estuviera a perder gente, nunca podría hacerse a la sensación de soledad que te embarga cuando alguien querido se va, a ese sentimiento de que la Tierra ha dejado de girar y nunca más volverá a hacerlo.

Poco a poco, sus amigos y más miembros de la Orden fueron acercándose en silencio al lugar donde Harry lloraba y se fueron inclinando a su lado, mostrando sus respetos a la pareja muerta en combate.

Y como ellos, había muchas familias que esa noche, habían quedado destrozadas.


Draco Malfoy intentó calmar el acelerado latido de su corazón cuando puso el pie sobre la primera escalera de acceso al castillo. Había hecho ese recorrido muchas otras veces, esa no tenía por qué ser distinta. Y sin embargo lo era, y mucho. Estaba a punto de reencontrarse con Hermione. Estaba a punto de irrumpir en una sala llena de personas que lo consideraban un enemigo y, por tanto, un blanco fácil para pagar su venganza por haber perdido amigos o familiares. Debía actuar rápido y debía actuar bien. Lo primero que debería hacer al llegar era buscar a Nott o, al menos, a Potter y sus amigos. Ellos podrían confirmar que estaba de su parte. Y luego ya vería.

El Gran Comedor era la única sala que estaba iluminada, y de ella salía un murmullo lejano y quejumbroso, como si estuviera compuesto por una mezcla de llantos, risas nerviosas y conversaciones tensas. Llegó hasta la puerta, dejó su varita escondida para no parecer amenazante pero a buen recaudo en caso de que necesitara defenderse rápido, y dio un paso dentro de la estancia.

Un silencio sepulcral se hizo en la gran habitación, y pudo notar como absolutamente todas las cabezas se volvían para mirarlo, la mayoría reflejando estupefacción, incredulidad y, sobre todo, rabia.

- Malfoy, ¿qué narices haces aquí? - dijo al final Dean Thomas, adelantándose un paso con actitud amenazante.

Draco intentó no parecer nervioso y buscó a Hermione con la mirada. La encontró junto a un par de cuerpos que, incluso desde la distancia, creyó reconocer. Tragó saliva y apartó la mirada de su prima Tonks, con la que a decir verdad nunca había tenido relación.

- Vengo para unirme a vosotros - contestó

- ¿Te has dado cuenta de que no tenéis posibilidades de ganar y has venido a rendirte? Pues es demasiado tarde - replicó una chica de unos 20 años que recordaba haber visto en Hogwarts cuando era más pequeño.

El rubio apretó los puños.

- Estoy en vuestro bando desde hace meses.

Arthur Weasley dio un paso adelante. Draco intentó no parecer sorprendido, pero lo cierto es que el hombre estaba en un estado deplorable. Imaginó que habría perdido a alguien esa noche y miró alrededor. Se sintió entre aliviado y decepcionado de que Ron siguiera ahí.

- Me atacaste - dijo el pelirrojo.

- Lo inmovilicé para que escuchara el mensaje que debía transmitir y luego lo dejé ir.

Arthur frunció el ceño.

- Lo siento pero no tienes nada que te respalde.

Draco seguía mirando a Hermione, suplicándole con la mirada que saliera a defenderlo, pero para su sorpresa y descontento, fue Potter quien dijo con cierto tono de resignación:

- Malfoy dice la verdad - esta vez, todos lo miraron a él -. No habíamos dicho nada antes para no desenmascararlo demasiado pronto, pero está con nosotros. Nos ayudó a escapar de Malfoy Manor y ha luchado contra los mortífagos tanto como le ha sido posible.

Bueno, la verdad es que no había hecho gran cosa aparte de tratar de salvar a Hermione, pero decidió que no estaba en posición de quitarse credibilidad. Esperó, con el corazón en un puño, a que alguien más dijera algo.

- Me ayudó cuando estaba prisionera - nunca antes se había sentido tan contento de oír hablar a Luna Lovegood, que permanecía al lado del chico que había conocido antes, Rolf Scamander, curándole una herida superficial que sangraba desde su ceja.

Neville resopló, resignado.

- Tuvo la oportunidad de atacarme antes y no lo hizo.

Draco por fin soltó algo de aire. Vale, de momento la cosa no pintaba demasiado mal. Todavía no había nadie que confiara en él, pero al menos ya no querían atacarlo.

Tras otro tenso silencio, Hermione caminó hacia él, resuelta tras haber reflexionado sobre cómo debía actuar durante unos instantes, y se situó delante suya, en actitud protectora.

- Durante el último año he convivido con él, y creedme cuando os digo que ha cambiado. Está con nosotros, lo ha estado siempre pero le ha costado mucho darse cuenta. Y si no os sirve como prueba suficiente que haya dejado a los mortífagos en plena guerra para venir con nosotros, aún sabiendo que podría costarle la vida, entonces nada os servirá; creerme o no está en vuestra mano; pero os pido que le deis una segunda oportunidad.

Por fin la intervención que había estado esperando. Era… extraño, volver a sentirla tan cerca y no estar seguro de si debía abrazarla o, por el contrario, no debía ni tocarla. Tampoco sabía si ella estaba enfadada porque no aceptaba el embarazo, ni si querría realmente seguir con su relación o lo había dejado por imposible.

La sala había quedado en silencio tras la intervención de la castaña, que se giró para observar de cerca al rubio; había cambiado mucho. Una barba incipiente le cubría las mejillas, confiriéndole un aspecto algo más adulto y calmado. Sucio por la batalla, seguía desprendiendo un suave olor a menta con ligeros toques de limón y sus ojos todavía reflejaban el sufrimiento y la angustia que había presenciado cuando se encontraron en Malfoy Manor; eso, sin duda, le produjo un malestar creciente, que la incitaba a envolverlo en un abrazo que, sabía, todavía no podía darle.

El primero en decir algo fue Kingsley que, cojeando, dio un paso adelante.

- Nuestras puertas están abiertas para cualquier desertor, haya o no estado contra nosotros antes. Bienvenido, Draco Malfoy.

El rubio lo observó en silencio y asintió con la cabeza. La voz profunda y tranquila del hombre le transmitieron seguridad y, de alguna forma, hicieron que se sintiera menos incómodo. Al menos ya no todos querían que se marchara.

Comprobó, aliviado, que la multitud comenzaba a dispersarse, cada uno ocupando de nuevo en sus tareas. Pero cuando creía que las cosas empezaban a normalizarse, una voz apagada y cansada, muy conocida para él, le llegó desde el pasillo, aproximándose.

- Sabe, si me cayera ahora mismo sí que se armaría un buen estropicio - las palabras eran comprensibles, pero a la vez se entremezclaban y confundían, transfiriendo una sensación de debilidad.

- No te caerás - respondió una voz de mujer con un tono ligeramente aburrido, a la par que tranquilizador. Seguramente llevaba escuchando comentarios de ese tipo durante todo el camino.

- Yo no descartaría ninguna probabilidad - respondió la voz débil.

Una medimaga apareció en el Gran Salón, haciendo levitar una camilla sobre la cual se encontraba Theodore Nott, increíblemente manchado de escombros, cubierto de polvo y sangrando en varias decenas de heridas que comprendían desde la cabeza hasta los pies, algunas leves pero la mayoría de aspecto muy severo. Draco sintió que la sangre abandonaba su cara al ver a su amigo en tan mal estado, y enseguida se apresuró a seguir a la doctora hasta el lugar donde depositó la camilla.

Charlie Weasley, que había ido desplazándose hasta quedar al lado de Hermione, frunció el ceño y preguntó:

- ¿Este también?

Hermione asintió con la cabeza.

- No estaba segura de si vendría, pero no te quepa duda de que es de los nuestros.

La medimaga que lo había traído se acercó hasta Hermione, y la chica se sorprendió al reconocerla. Era la misma que le había atendido en el hospital muggle durante su primera ecografía. Hizo memoria y consiguió recordar su nombre.

- ¿Doctora Fallen?

La mujer sonrió.

- No sabía si te acordarías de mí.

Hermione frunció el ceño.

- Sí, pero pensaba que era una muggle.

La doctora sonrió mostrando unos dientes alineados y blancos, que resaltaban contra el tono oliváceo de su piel, aunque en el fondo parecía cansada.

- No lo soy, pero en tiempos de guerra preferí camuflarme en un hospital no mágico. Y en cuanto me comunicaron tu nombre acepté hacerme cargo de ti. He oído hablar mucho sobre tus hazañas, Hermione Granger, y la valentía con la que afrontaste la noticia hace gala a tu fama.

La muchacha sonrió tímidamente y señaló con la cabeza hacia Theo.

- ¿Cómo está?

De pronto, la expresión de la mujer se volvió más fría y triste.

- ¿Es tu amigo?

Hermione frunció el ceño y se encogió de hombros.

- Algo parecido.

La doctora Fallen negó con la cabeza.

- He conseguido repararle todos los huesos rotos y conmociones, pero no es suficiente. Se está muriendo, cariño. Lo siento mucho.

Hermione sintió que se le caía el alma a los pies.

- Pero no parece que esté tan mal - dijo temblando -. Es decir, está muy herido, pero quizás con alguna poción…

- He probado de todo. No sé cómo, pero acabó sepultado bajo una pila de rocas enormes. Exteriormente parece que podría recuperarse, pero sus órganos internos están totalmente destrozados - suspiró -. Y me temo que él lo sabe.

La chica evitó que las lágrimas acudieran a sus ojos con dificultad cuando su mirada se cruzó con la de Draco, arrodillado al lado de Theo. Sin quererlo, había acabado apreciando al moreno. Además, era el mejor amigo de Draco y no quería verlo pasar por una pérdida tan dolorosa; no sabía si sería capaz de superarlo.

- Siento las nefastas noticias - concluyó la doctora con un suspiro -. Lo mejor que podéis hacer ahora es despediros de él mientras tengáis tiempo.


Cuando Theo se volvió para mirar a su amigo, fijando sus ojos azules en los grises del otro, el rubio creyó que lo ignoraría. Sin embargo, mostró una sonrisa ladeada y negó con la cabeza.

- No creía que fueras a tener el valor necesario para presentarte aquí, Draco.

El rubio trató también de sonreír.

- Creía que seguirías enfadado, teniendo en cuenta lo testarudo que eres.

Theo negó con la cabeza y trató de incorporarse, pero no fue capaz. Puso una mueca de dolor y miró a su amigo.

- No quiero irme al infierno sin antes arreglar todos los asuntos pendientes aquí arriba.

Draco se quedó petrificado y su sonrisa se borró de su rostro.

- ¿A qué… a qué te refieres?

El moreno rió amargamente, aunque a su amigo no le estaba haciendo ninguna gracia.

- Me estoy muriendo, Draco.

El rubio negó con la cabeza, enfadado.

- No me apetecen tus bromas ahora. ¿Pero de qué cojones hablas?

Theo se giró en una contracción de dolor y tosió sangre sobre el suelo de piedra, convulsionándose entre temblores. Draco abrió los ojos con terror.

- Si no me crees… - logró decir -. ...mira la cara de Granger al hablar con la doctora.

Draco se giró para mirarla y observó las lágrimas en los ojos de la castaña, que esta trataba de reprimir. Sus miradas se cruzaron un instante y supo que Theo no le mentía.

- ¿Pero cómo... ? No, no puede ser - lo miró desesperado -. ¿Qué te ha pasado? ¿Ha sido tu padre?

Por un momento, cuando oyó mencionar a su padre, los ojos de Theo se iluminaron con resentimiento y malicia.

- Lo he conseguido, Draco. He matado a ese cabrón.

- Theo, te estás muriendo.

- Al matarlo lanzó un Bombarda Máxima y la pared se me cayó encima. Llevo más de dos horas ahí, pensando que moriría en aquel pasillo - logró mostrar una sonrisa irónica -. Ha merecido la pena la espera a cambio de volverme a encontrar contigo, cariño.

El rubio siguió negando con la cabeza y se revolvió el pelo.

- No deberías estar tan contento. No, no, no puedes morirte así sin más. Tiene que haber algo… - se levantó y miró a su alrededor, impotente -. Tiene que haber algo que podamos hacer. En esta sala hay muchos medimagos, ¿no?

Theo se encogió de hombros con dificultad.

- La medimaga que me ha traído hasta aquí no me ha dado muchas esperanzas.

- Quizás se equivoque.

El moreno se dobló, agarrándose el estómago y logró calmar el dolor que lo asediaba poco a poco.

- Yo diría, con una seguridad de al menos 99%, que no se equivoca.

Draco frunció el ceño. Sabía que debería estar siendo comprensivo, pero es que Theo lo sacaba de sus casillas hasta en condiciones pésimas.

- ¿Y te vas a ir así sin más? - dijo enfadado -. ¿Sin ni siquiera luchar? ¿Recuerdas cuál fue tu reacción cuando pensamos que Voldemort me mataría?

Theo negó con la cabeza, y cerró los ojos, mareado. Sus posibilidades de movimiento se estaban reduciendo cada vez más. Y Draco ni siquiera era consciente de lo que dolía; era como si lo estuvieran separando, miembro a miembro, mientras lo cocían a fuego lento.

- Por aquel entonces me enfadé porque a ti todavía te quedaban esperanzas, opciones. A mí me han atravesado tantas piedras que parezco una esponja - como para recalcar sus palabras, un reguero de sangre comenzó a manar de su cabeza, brotando de una herida que acababa de reabrirse.

Draco se revolvió el pelo y lanzó un puñetazo al aire.

- ¿¡Es que no lo entiendes?! Si tú te mueres, voy a vivir el resto de tu vida con tu recuerdo, lamentando no haber podido hacer nada, recordándote casi como si fueras una imaginación, como si fueras un recuerdo tan lejano que se volviera irreal. Theo, no puedes morirte, no puedes.

Nott sonrió y pestañeó seductoramente, todavía doblado por el dolor.

- Este sería el momento adecuado para que confesaras tu amor por mi, según mi experiencia. No se me ocurre nada más romántico - de nuevo, un ataque de tos profunda y enferma hizo que se convulsionara entre gemidos de dolor.

El rubio lo miró, sintiendo que su corazón se partía, y se sentó en el suelo derrotado, hundido. No podía comprenderlo, y aún menos asimilarlo. Theo estaba sufriendo demasiado y, por consiguiente, él también sufría.

- No puedes irte, Theo.

- Draco - otra tos de nuevo -, creo que me estás confundiendo - logró decir, ya susurrando -. El que se encarga de decidir quién se queda y quién se va está más arriba, tiene una barba blanca y es, definitivamente, mucho menos atractivo que yo - su cara dibujó una sonrisa amarga, pero esta se borró cuando empezó a temblar y sus piernas dieron un par de sacudidas.

- ¿Qué te pasa? - preguntó Draco asustado, acercándose a su lado todavía más -. Por favor, dime que todavía no…

Theo negó con la cabeza, con los ojos abiertos por el miedo. No quería que Draco lo viera, pero lo estaba pasando muy mal en esos momentos. Era duro para alguien como él asumir que su tiempo estaba terminándose.

- Ya no puedo sentir las piernas.

- Por favor, no puedes… - el rubio suplicaba, casi implorando a su amigo -. No comprendes lo importante que eres para mí. Siento la pelea, siento...

- Has sido el mejor amigo que he podido tener, Draco, Y esto lo digo totalmente en serio - le cortó su amigo -. Nos peleamos, pero eso ya ha pasado - ahora el chico había adquirido un semblante serio, decidido. Cada vez lo dolía menos lo que, sin duda, era una muy mala señal.

Hermione, que había llegado hasta ellos, apoyó una mano sobre el hombro de Draco. Observó a Theo y apartó la vista en seguida. No podía verlo así. No, sin acordarse de todas las veces que se había sentado despreocupadamente en el sofá de la Torre de los Premios Anuales, de todas las carcajadas que había soltado por él, de todas sus costumbres que, aunque a veces la pusieran nerviosa, resultaban una forma de mantenerse alerta y desarrollar la astucia.

- En estos momentos estás siendo muy valiente. Casi un Gryffindor, diría yo - sonrió melancólicamente al decir eso último. Theo era uno de los Slytherins más Slytherin que conocía, un chico sagaz, inteligente, pero a la vez gracioso e ingenioso.

El moreno también encontró su comentario irónico y, tratando de mirarla sin realizar movimientos bruscos, susurró.

- Granger, no me esperaba unas palabras tan duras por tu parte considerando el estado en el que me encuentro, pero creo que podré morir con ello. Solo quiero que quede claro, para futuras dudas, que soy 100% Slytherin, que soy super sexy… y que me alegra que Draco te haya conocido. Ahora es algo menos capullo que antes.

Hermione sonrió y apretó el hombro de Draco, que sentía cómo la pena lo invadía y las lágrimas ascendían a sus ojos. Aunque de momento, conseguía mantenerlas a ralla.

Theo puso una mueca de dolor y se llevó la mano al estómago, que comenzó de pronto a sangrar en abundancia.

- Draco, escúchame… He estado dándole muchas vuelta a lo que te dije y... tú y yo mejor que nadie sabemos lo que es crecer sin un padre. Por favor, no dejes que a ese niño le pase lo mismo.

Hermione se emocionó y volvió a apretar el hombro del rubio, que no pudo evitar que una solitaria lágrima deslizara por su mejilla. No podía soportar que una de las personas más importantes de su vida se muriera delante de sus narices.

- Theo…

- Lo sé, Draco. La elección está en tus manos, solo quería que recordaras lo importante que puede ser un padre… y necesito que me prometas una cosa.

El rubio sollozó y lo miró, ahora llorando abiertamente.

- Lo que sea.

- Prométeme - susurró débilmente mientras su tez perdía color -, que me dejarás ir. Prométeme que, cuando ya no esté, seguirás con tu vida, por muy duro que te resulte.

Draco soltó un gemido de dolor y se tumbó sobre él para abrazarlo. No podía prometerle eso, porque no sabía si podría cumplirlo. La idea de vivir sin él era infinitamente dolorosa e inconcebible.

Justo cuando se levantó, un grito sonó a lo lejos. Un grito desesperado y roto.

- ¡Theo! ¡Theo!

Al oírlo, casi pareció que al moreno se le iluminara la cara de nuevo.

Alice Bramson llegó corriendo hasta ellos, llorando, y se llevó la mano a la boca cuando vio el aspecto deplorable del chico.

- ¿Quién te ha hecho eso?

El moreno negó débilmente.

- He matado a mi padre, Alice. Lo he conseguido.

La Hufflepuff sollozó.

- ¿Te estás muriendo?

Theo prefirió no responder. A cambio, murmuró:

- Te he echado tanto de menos que no podrías ni imaginarlo - logró decir con dificultad -. Siento la forma en la que acabó todo pero…

La rubia se inclinó a su lado y lo abrazó con fuerza, aunque no pareció que le hiciera daño. Theo le acarició el pelo, con movimientos lentos y torpes, y susurró:

- Tranquila, pequeña, todo estará bien.

Ella negó con la cabeza, llorando desconsoladamente.

- Si tú te mueres nada estará bien. No puedes irte, por favor; otra vez, no. Ya he perdido a demasiada gente, por favor, Theo. Por favor, quédate conmigo.

Ahora el chico lloraba sin intentar ocultarlo y pegó su frente a la de Alice.

- Ojalá pudiera - susurró entrecortadamente.

- Theo, por favor… - la rubia apenas era capaz de hablar entre sollozos.

El muchacho se recostó con dolor. Su respiración se iba haciendo cada vez más pesada, más sonora. Sus ojos miraban a la chica, llorosos y agradecidos, a la vez que arrepentidos. No quería irse todavía, sabía que no podía dejarla atrás; pero la vida se le escapaba entre las manos sin que pudiera hacer nada para detenerla y el tenía miedo, mucho miedo.

- Eres lo mejor que me ha pasado nunca, no lo olvides. Te quiero, pequeña - consiguió articular, reuniendo todas las fuerzas que le quedaban.

Alice se inclinó y depositó un dulce beso en sus labios. El chico le respondió débilmente y, cuando la rubia se incorporó, se encontró con su mirada, inexpresiva, clavada en el techo. Su pecho ya no subía y ni bajaba, pero una expresión de felicidad había quedado grabada en su rostro, para siempre.


❤ ¡Y fin del capítulo! ❤

Bueno, ya sé que dije que intentaría subir rápido, pero la verdad que casi no he tenido tiempo para escribir y, además, no tenía inspiración. Es decir, sabía perfectamente lo que quería que pasara en este capítulo, pero no la forma exacta de reproducirlo, y he tenido que escribirlo varias veces hasta dar con la versión exacta... ¿Qué os ha parecido? Desde luego no podréis quejaros de que no pasan cosas porque vamos... es que pasa de todo 😊

Para empezar, los que realmente no se esperaran la muerte de Fred, espero que no estén muy consternados. Sentía que debía reproducirla, pero con más profundidad. Rowling no le dedicó mucho tiempo, pero yo quería enfatizarla; se lo que es tener un gemelo en primera persona, y por ello quería plasmar la reacción de George, aunque con las palabras se quede corto... es que yo siento que realmente me quedaría sola, que la mitad de mí se moriría... lo que lloré escribiendo el principio del capítulo... Pero ha quedado tal y como quería, así que mereció la pena :)

Hemos visto cómo Draco vuelve a entrar en acción y conoce a los Scamander... y sí, Newt todavía lleva su maletín, ¿o acaso esperábais que no lo llevara siempre encima? ;)

Snape ha muerto y Harry ha observado los recuerdos que le ha legado, los mismos que ve en el libro original, solo que su reacción será algo distinta, aunque habrá que esperar al siguiente capítulo para verla :) ¿Qué creéis que pensará de Snape y su madre?

Hemos visto también la decisión de Draco de abandonar a los mortífagos y cómo su madre se ha enterado de algo... aunque ni quiera creer que sea verdad, ni esté segura de ello. Habrá que esperar también para ver cómo va reaccionando y desarrollándose todo ;)

Y por último, sin enrollarme mucho más... no sé si alguno se lo esperaba o no, pero la idea era que os pillara a todos por sorpresa, como me pillaron a mí en el libro el resto de muertes. Es cierto que pasas un mal rato, pero la guerra es la guerra, y no todos pueden salir vivos de ella. Nott ha conseguido lo que quería, matar a su padre, pero quiero justificarlo; él en verdad estaba lleno de amor que dar, pero también tenía mucho odio, mucho resentimiento. Lo que no quería era pintarlo como alguien sádico para que quedara una mala imagen de él, y espero que no le hayáis perdido cariño... aunque, probablemente, después de acabar con él, a la que hayáis perdido cariño sea a mí... si es que Nott era un amor, como para no quererlo. La verdad es que desde hace tiempo tenía claro que tenía que morir, pero su muerte está justificada, y lo explicaré más adelante, mientras, espero que no me odiéis demasiado :)

Y sí, muchos lo sabíais, pero otros no; Alice y Theo estaban juntos. Ellos eran la pareja que tan oculta permanecía; si volvéis a leeros los capítulos en los que aparece Alice, ahora que lo sabéis os va a parecer obvio, porque voy dando muchas señales leves :) Eso sí, la pobre no hace más que perder gente, la verdad que me da mucha pena... pero tenía que acabar el capítulo así, es que es tan bonito... el amor todo lo puede, y fue amor lo que hizo que Nott y Draco reflexionaran; el amor hacia una hija de muggles, que les trastocó la vida para siempre ❤

¿Qué os ha parecido el capítulo y qué opináis de Theo? ¿Era como esperábais?

Antes de nada, respondo a las reviews de todos aquellos a los que no puedo responder por privado:

- Guest 1: quizás me equivoque, pero imagino que eres Meg (?) Me alegra que te guste tanto la historia y que coincidas tanto con cómo se va desarrollándo :) Y sí, Harry y Ginny son tan monos... les daré algún momento más, pero no muchos porque el final de la historia se centra en Dramione (ahora definitivamente sé que eres tú, así que hola reina ❣). Sí, por fin Luna cobró algo de protagonismo y además con Rolf... es que me encanta, pero no tanto como su abuelo ;P Muchísimas gracias por la paciencia y espero que hayas disfrutado (y llorado) con el capítulo :) Espero que todo te vaya muy bien y que pronto pueda subir otro nuevo capítulo, hasta entonces, muchas gracias por seguir leyéndome cielo, muchos besos 😘❤

- Guest 2: hola cielo, antes de nada muchas gracias por leerme y me alegra mucho que te guste tanto la historia ❣ Lo siento muchísimo por la espera pero es que no me da la vida para más; espero que hayas disfrutado muchísimo con el capítulo y que te haya gustado, déjame tu opinión para que pueda saber que opinas del desarrollo de la batalla :) Muchísimos besos amor 😘❤

Y esto es todo por hoy :) Antes de iros, no olvidéis darle al Go, dejarme una review con vuestra opinión, seguirme en instagram para estar al tanto de todas las actualizaciones y recomendar la historia a vuestros amigos y/o familiares, para que esta gran familia pueda crecer todavía más :)

Muchísimas gracias una semana más por leerme, espero que hayáis disfrutado leyendo el capítulo tanto como yo escribiendo y espero que, con las vacaciones de Navidad, me de tiempo a escribir el próximo capítulo (soy positiva en cuanto a ello), os iré informando en la página de instagram que hay en mi biografía, y podéis contactar conmigo también a través de ahí :)

Con todo el cariño del mundo, un capítulo más;

- Daphnea ❤