- Yo también te quiero - logró farfullar Alice antes de dejarse caer a un lado, hecha un ovillo, sollozando. Ginny acudió rápidamente a acogerla entre sus brazos, acunándola para tratar de tranquilizarla, sabiendo que no había nada que pudiera hacer para que su dolor fuera más llevadero.

Draco también lloraba, doblado de rodillas por el dolor, reclinado sobre el cuerpo de quien había sido su mejor amigo, y Hermione se dio cuenta en ese momento de que todo el Gran Comedor había observado la escena. Pero ya no le importaba, tenía que estar ahí para Draco.

Se arrodilló a su lado y el chico se dejó envolver en un abrazo; y apretándola contra sí con toda la fuerza del mundo, como para intentar sofocar la pena, y apoyando la cabeza en su hombro, lloró las lágrimas que llevaba conteniendo toda la vida. Aquello era algo para lo que, definitivamente, no estaba preparado. Durante meses había vivido con el miedo de que a Hermione le pasara algo, pero siempre había dado por seguro que Nott estaría a su lado. Y era demasiado importante en su vida para aceptar que se había ido, así sin más.

Hermione notaba como el chico se sobrecogía en sus brazos; la castaña quería evitar llorar, porque sabía que debía mantenerse fuerte. Le acarició el pelo, enredado y polvoriento por la batalla, y lo acunó, rota de verlo así: Draco siempre enseñaba lo mejor de sí mismo, nunca dejaba que nadie lo viera como a alguien débil y, en esos momentos en los que se mostraba tan humano, Hermione se sentía perdida, como si no supiera muy bien qué hacer. Y sin embargo, se sentía agradecida. Pensaba en Alice y se le erizaba la piel; la idea de que la guerra le hubiera arrebatado a Draco… no, no podía soportarla. Siguió apaciguándolo, sintiéndose afortunada de poder tenerlo entre sus brazos, de que, contra todo pronóstico, estuvieran reunidos de nuevo. Independientemente de lo que pasara esa noche, se mantendrían juntos, porque ahora se sentían fuertes de nuevo.

Pasaron los minutos, aunque a Hermione se le antojó una eternidad. Draco al fin destensó su abrazo y se separó unos centímetros para mirarla, con los ojos teñidos de rojo por las lágrimas.

- Te quiero - susurró Hermione casi sin pensarlo. Draco sintió como un escalofrío le recorría la columna; era la primera vez que la castaña se lo decía. No pudo evitar pensar que oírle decir eso era lo mejor que le había pasado, que, de alguna forma, sabía que era la indicada.

El rubio apoyó su frente contra la de la chica, todavía temblando, y le acarició la mejilla con el pulgar. Él también pensaba en Alice; no sabía cómo había podido pasar por alto la relación con su amigo y lamentó no haberse dado cuenta antes. Eso le hubiera ayudado a comprender los motivos verdaderos que el chico tenía para cambiar de bando, que eran los mismos que los suyos; el amor. Una chica, hija de muggles, que había llegado para revolucionarlo todo.

- No creía que fuéramos a volver a vernos, parecía imposible - susurró el chico con la voz rota, con los ojos cerrados, aspirando de nuevo, tras tanto tiempo, su olor -. Te quiero - respondió al fin.

Sellaron aquel pacto con un beso firme y melancólico, con un beso íntimo y comunicativo, con el que se dijeron todo aquello que no eran capaces de expresar con palabras. Ese beso, el primero en tanto tiempo, les ayudó a recuperar fuerzas y cuando se separaron, Hermione pudo advertir una sonrisa, todavía algo lejana, en la boca del chico.

- Voy a estar contigo para todo - susurró Hermione, situando su mano sobre la del chico, que todavía descansaba sobre su mejilla -. Juntos nada podrá contra nosotros.

Draco tragó saliva y no se atrevió a formular la pregunta. Acababan de rencontrarse, y tendrían tiempo de sobra para hablar del embarazo más adelante, y en un lugar más privado. O al menos, eso esperaba.

- Creo que debería dar alguna explicación a los miembros de la Orden - susurró Hermione tras mirarlos de reojo, advirtiendo las miradas de desconfianza, desconcierto e incluso repulsión de los presentes en el Gran Comedor -. Por las barbas de Merlín, ni siquiera sé que decirles.

- Que soy el hombre de tu vida - dijo Draco, mirándola sin que se atisbara ningún asomo de burla en su rostro.

La castaña abrió la boca para responder pero, al no tener nada que decir, la cerró. Se volvió para mirar a Nott y apretó con fuerza la mano de Draco, que se giró hacia el cuerpo de su mejor amigo.

- Todavía no puedo creer que…

- Es duro - terminó Hermione por él.

Ambos se quedaron observando a Theo en silencio. Su pelo negro, despeinado y apelmazado por la sangre; su ropa, empapada también de rojo; su mirada…

Hermione se inclinó sobre él y, con manos temblorosas, le cerró los ojos, ocultando para siempre el par de iris azules que tan rápido acostumbraban a moverse, desvelando a una persona inquieta, curiosa, sagaz.

- Creo que es la primera vez que lo veo así - añadió Draco.

La castaña lo miró.

- ¿A qué te refieres con…?

- Tranquilo - Draco suspiró y notó como un nudo se tensaba en su garganta -. Incluso cuando dormía, no podía parar de revolverse - soltó una risa melancólica y contuvo las lágrimas -. Era un incordio compartir habitación con él.

Hermione le dio la mano al rubio.

- No te tortures de esa manera.

- Debería haber estado con él. Debería haberlo persuadido de asesinar a su padre o, al menos, ayudado. Yo tendría que haberlo salvado, pero me prioricé a mí por delante del resto y ahora está muerto.

Hermione negó con la cabeza.

- No creo que te priorizaras a ti.

- Siempre lo hago, Hermione. Porque soy un maldito egoísta, y…

- Y uno de los hombres más maravillosos que conozco - el rubio se giró para mirarla -. Draco, la lucha interna que tú has llevado no la soportaría casi nadie. Te has atrevido a dar la espalda a tus principios y a modificar tus valores. Tienes uno de los corazones más puros que conozco, por mucho que tú, y el resto de la gente, os inclinéis a pensar lo contrario. Yo he visto más allá de esa fachada - lo miró a los ojos y sonrió -. y lo que he visto, es admirable.

El rubio no podía aguantar más la pregunta. No podía soportar más palabras dulces, ni el sentimiento cálido que se extendía por él cada vez que la chica lo miraba, ni la sensación que le producía volver a oír su voz. Cuando más rato la escuchaba, más se enamoraba de ella, y más imposible veía tener que separarse de su lado.

- ¿Estás decidida a seguir adelante con…?

Hermione se alejó un poco de él, notando de pronto una tensión palpable en el ambiente. Adoptó una actitud segura y asintió.

- Me costó mucho hacerme a la idea, pero estoy totalmente segura de lo que quiero.

Draco asintió. El problema era que él también estaba seguro de lo que quería, y no veía la forma de que sus intereses llegaran a un acuerdo.

- Es solo que… bueno, deberíamos hablarlo, ¿no? Ya sabes, darle vueltas al asunto, juntos.

Hermione lo observó en silencio. De pronto, lo sintió más lejano que nunca. Se arrepintió de haberlo alabado tanto hacía apenas unos segundos y se puso en pie. Quizás sí fuera el egoísta que él creía ser.

- Será mejor que vaya a hablar con la Orden.

- Espera, no pretendía…

- No es el momento ni el lugar para discutir esto, Draco.

El rubio se levantó, mirando a Theo al alejarse andando con la chica, y siguió susurrando:

- Yo solo digo que has tomado una decisión sin consultarme, y resulta que yo tengo la mitad de culpa.

- Oh perdón, quizás debería haber ido a Malfoy Manor otra vez para aclarar las cosas.

Draco frunció el ceño.

- No tienes ni idea de lo que he luchado por ti estos últimos meses.

- Eso no te excusa.

- Estás diciendo tonterías - se exasperó el chico, que a decir verdad no estaba en uno de sus mejores momentos. ¿Pero de qué hablaba Hermione? Está bien, la embarazada era ella, pero él era uno de los padres. Y, quisiera o no, le gustaría tener algo de poder decisivo.

- Draco, te digo que no es momento para…

- ¿Ese es George Weasley? - susurró Draco abriendo mucho los ojos. Hermione siguió la mirada del rubio y negó con la cabeza, notando de nuevo una fuerte opresión en el pecho.

- Fred - murmuró.

El rubio se volvió hacia ella en silencio. Efectivamente, había estado en lo cierto; un Weasley había muerto esa noche. Sin saber por qué, eso le produjo un ligero malestar y se removió, incómodo.

- Lo siento.

Hermione asintió.

- Yo también. Tienes razón, hablaremos. Pero no aquí ni ahora.

Draco asintió también y miró a su alrededor, indeciso.

- Quizás debería ir con Alice.

- Sí.

Draco buscó a la Hufflepuff hasta encontrarla en un rincón y apartó la mirada; no sabría ni qué decirle.

- Bueno pues… no sé, intenta que no me odien demasiado - le dijo a Hermione, mirando a los miembros de la Orden a sus espaldas.

- Soy buena haciendo magia, Draco, pero no tanto.

El rubio no sonrió pero su semblante se relajó, y mirándola fijamente a los ojos le susurró:

- Gracias. Por todo.

Hermione asintió y sonrió, apretándole la mano en un gesto cariñoso y reconfortante.

- Saldremos de esta juntos.

Se giró y se acercó a los señores Weasley, que le sonrieron con algo de desconfianza. Hermione suspiró.

- Por favor, antes de nada, tengo un montón de explicaciones que darles.


Harry salió al fresco aire de la noche y se encaminó hacia el Bosque Prohibido, enfrascado en sus pensamientos. Demasiadas personas habían muerto esa noche y, una vez más, estaba convencido de que era por su culpa. Todo había comenzado con él, hacia 16 años; pero acabaría esa misma noche, ahora lo sabía.

Las revelaciones de lo observado en los recuerdos de Snape habían surtido un profundo efecto en el joven, que ya no sabía que pensar. Snape había estado enamorado de su madre y la había tratado de proteger hasta la muerte… sí, todo eso estaba muy bien, pero tenía que verlo desde las dos perspectivas. Draco había cambiado sus creencias por Hermione; Snape, no. Se había limitado a actuar desde lejos, amando a Lily a la vez que la despreciaba solo por su sangre, complicando su vida todavía más si era posible. El exprofesor no le caía mal, pero era imposible que esos recuerdos lo justificaran; se había reído de él durante 6 largos años, y nada, nada, podría cambiar eso. Enamorado o no, protegiéndolo a él o no, todo lo hacía por obsesión. Por obsesión a su madre, Lily, que no correspondió su afecto. Por obsesión a su padre, James, que había ganado su corazón. Por una obsesión que llegaba a resultar insana. Snape podría haber tenido momentos de bondad, pero su corazón era oscuro, y Harry no podía obviarlo.

De nuevo, revivió la charla entre Snape y Dumbledore. Así que a eso se refería el director antes, al decirle que volverían a verse… todo ese tiempo, tantos años, había protegido a Harry solo para dejarlo morir en el momento adecuado. ¿Y qué debía pensar él? ¿Que Dumbledore no se lo había contado porque le tenía aprecio? ¿O quizás que no le importaba tanto como el exdirector quería que pareciera? La simple idea le producía un dolor profundo que tenía un ligero toque de traición, aunque con Dumbledore siempre lo acechaba el mismo sentimiento: le daba la información a la mitad y lo dejaba que él descubriera el resto y, por instructivo que pudiera ser, resultaba frustrante.

Cuando hubo llegado a la linde del bosque, se dio la vuelta para observar, por última vez, el castillo. El único lugar en el mundo que recordaba al que podía llamar hogar. El único sitio en el que sentía que encajaba. Y por eso no podía dejar que lo destruyeran más, ni a sus amigos. Debía entregarse, y debía hacerlo ya; si ese era su destino, estaba dispuesto a cumplirlo.

Sacó la snitch dorada del bolsillo de la túnica y la giró entre sus dedos, nervioso. De alguna manera, comprendía lo que tenía que hacer; la rozó con sus labios y cuando la frase volvió a aparecer en la superficie metálica, susurró:

- "Me abro al cierre". Estoy preparado para morir.

La esfera vibró levemente y, con delicadeza, se abrió para mostrar lo que guardaba en el interior: una piedra, no mucho mayor que su uña, delicadamente labrada y hecha de un material negro pero de un resplandor cegador. La cogió, con las manos temblorosas, y cerró los ojos, sin ninguna duda de lo que ocurriría a continuación. Notó un cambio en el ambiente y, al abrirlos de nuevo, sintió que estos se empañaban.

- Hola, cariño - susurró su madre, cuyos ojos, del mismo tono de verde, también estaban húmedos.

- Estás mucho más mayor de lo que te recordaba - susurró otra voz conocida a sus espaldas, y se volvió para mirar a Sirius, que sonreía junto a Remus. Lupin estaba tal y como lo recordaba, y eso le provocó una punzada en el pecho; había muerto hacía tan solo una hora.

Por último, se giró hacia su padre y sintió otra punzada aguda. Eran… eran iguales. Excepto los ojos, claro, pero eso ya lo sabía.

- Sois…

- ¿Jóvenes? - terminó su padre con una amplia sonrisa que se tornó melancólica -. teníamos 21 años, Harry.

El moreno asintió con la cabeza y sintió que un escalofrío le recorría la espalda. Es que... sí, sabía que sus padres eran jóvenes pero tenerlos delante era... era totalmente diferente.

- Siento mucho lo que os pasó. Fue todo por mi culpa - un nudo enorme se había formado en su garganta, dispuesto a no desaparecer, y tenía que hacer terribles esfuerzos para no temblar.

- Nadie tiene la culpa de estar marcado por una profecía, Harry - susurró su madre, mirándolo con ternura -. Tu padre y yo moriríamos mil veces más si fuera necesario para protegerte.

- Todos lo haríamos - asintió su padrino.

- Te he echado muchísimo de menos, Sirius. Quería tanto ir a vivir contigo y entonces... - negó con la cabeza para alejar los malos recuerdos, sabiendo que nunca se irían del todo -. ¿Me reuniré con vosotros cuando muera?

Lily sonrió.

- Pronto estaremos todos juntos, cielo.

Harry tragó saliva. Evitaba incluso pestañear, porque no quería perderse nada de ese momento; era perfecto. La ira hervía por sus venas: su vida debería haber sido así, pero Voldemort se lo había arrebatado.

- Remus, tu hijo. Os oí a ti y a Tonks, pero creí que no os haría falta ayuda. Podría haberos ayudado y…

- Nadie podía saber lo que nos pasaría, Harry. No es culpa tuya, nada de esto es culpa tuya; la gente muere en las guerras, aunque duela aceptarlo. Has actuado siempre con una determinación envidiable, y ahora vuelves a hacerlo. Todos nos enorgullecemos de haber luchado contigo.

- Yo cuidaré de Teddy.

Remus asintió con la cabeza y sonrió, triste.

- Lo sé. Recuérdale que lo queremos, y que no tuvimos otra opción. Tú sabrás lo que hacer.

- Has sido muy valiente, cariño - añadió Lily.

- Todos estamos orgullosos de ti - continuó James, que casi estaba más emocionado que ella.

- Tu padre incluso tiene envidia de tus dotes de buscador. Eres mejor jugador de quidditch de lo que él lo fue nunca.

James sonrió y se revolvió el pelo.

- Claro que lo es. Y tan listo como su madre.

Harry se hubiera quedado allí toda la vida. Era como si el espejo del Oesed hubiera hecho realidad sus deseos más profundos; de pronto, la fábula de los tres hermanos cobrara sentido, y comprendía por qué el hermano mediano se había quitado la vida, al no poder recuperar a su amada. Tener delante a alguien querido, pero sin tenerlo realmente, era infinitamente doloroso. Pero no podía olvidar que tenía una misión entre manos y se dijo, casi con alivio, que esa misma noche volvería a estar con su familia. Sonrió de medio lado y los miró, agradecido.

- Ojalá hubiera podido crecer con vosotros.

Remus y Sirius se miraron, y Harry notó un amago de pena en sus semblantes.

- Deberíamos haber estado juntos, todos - suspiró Remus.

- Hay cosas que simplemente no pueden ser, Harry - dijo su padre, tratando de reconfortarlo -. Pero tú lo has hecho excelentemente.

- Vaya James, ¿es la primera vez que usas una palabra de 6 sílabas? - sonrió Lily mientras se dejaba abrazar por él.

- Ya sabes, las reservo para ocasiones especiales - y le dio un besó en la coronilla.

Harry sonrió.

- Os quiero.

- Y nosotros a ti - respondió Sirius -. Y suponemos que te alegrará saber que hemos encontrado otro nuevo cuarto merodeador.

- Ese Fred Weasley siempre nos había caído bien - afirmó James -. Lleva las bromas en la sangre.

Harry se quedó sin habla unos instantes.

- Vosotros… ¿en serio?

Lily no pudo evitar soltar una lágrima.

- Cariño, dale las gracias a Molly de mi parte. Dile que… que cuidaremos de Fred, tanto como ella ha cuidado de ti.

Harry se frotó los ojos, borrosos, y asintió.

- Tengo que irme - dijo con la voz temblorosa.

- El deber llama - concluyó su padre, sonriendo -. No olvides nunca que te queremos.

- Mucho - afirmó Remus.

- Y pase lo que pase - terminó su madre -. Eres el mejor regalo que podríamos haber pedido.

- Gracias por todo.

- Gracias a ti, Harry - sonrió Sirius -. Ahora debes irte.

El moreno asintió hacia su padrino y echó un último vistazo a las personas reunidas a su alrededor. Su madre, con su resplandeciente cabello pelirrojo y unos ojos tan verdes como los suyos; su padre, con el pelo revuelto y las gafas torcidas, ambos tan jóvenes que dolía verlos. Sirius, con una expresión de felicidad que solo había visto una vez, cuando le dijo que quería irse a vivir con él; y Remus, a la vez triste y contento, por lo que dejaba atrás y por lo que acababa de recuperar.

En silencio, dejó que la piedra resbalara entre sus dedos hasta caer al suelo, y cuando abrió los ojos, el bosque estaba tan oscuro y frío como hacía escasos minutos, y no había nada que le permitiera identificar si lo que acababa de vivir era real o no, aunque de alguna forma sabía que lo era. Tomó aire y, con más coraje que nunca, se encaminó hacia lo que sabía que sería su final.


- Mi Señor, no podemos estar seguros de que el chico vaya a venir - susurró Bellatrix, mirando a los árboles desesperanzada.

- Lo hará. Es demasiado incauto, y creerá que así no va a morir nadie más - afirmó con contundencia Voldemort, mientras acariciaba inconscientemente su alargada y estrecha varita.

- ¿Pero en serio cree que después de tantos años escapando va a entregarse así sin más? Porque quiz...

Una rama crujió a lo lejos, y unas pisadas amortiguadas comenzaron a acercarse. Todos los mortífagos se levantaron y se pusieron en guardia, y tras ellos, un hombre atado fuertemente a un árbol y con profundos rasguños por todo el cuerpo comenzó a revolverse.

Harry apareció entonces en el claro, sereno y resuelto. Pero su semblante cambió cuando vio a su amigo.

- ¿Hagrid?

El guardabosques reaccionó con brutalidad y comenzó a intentar zafarse, mientras gritaba:

- ¡Harry, tienes que irte! ¡No deberías haber venido, van a matarte!

Voldemort sonrió y lanzó un hechizo que dejó inconsciente al semi-gigante.

- El noble de Potter ha venido a frenar la matanza. Muy considerado de tu parte.

Harry apartó los ojos de Hagrid y miró a su enemigo con calma.

- No podía morir nadie más por mi culpa.

- Es esa tendencia a pensar que eres el centro del universo es lo que va a causarte la muerte, Potter. ¿Lo sabes, verdad?

- Ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida, y uno tiene que acabar con el otro, ¿no?

- Hoy la profecía se resolverá, después de tantos años -. dijo mientras lo apuntaba con la varita de saúco y unos dedos esqueléticos y pálidos como el marfil.

- Jura que cuando lo hagas, os marcharéis. Y también dejaréis a Hagrid libre.

Voldemort sonrió de lado.

- No tengo por qué prometer nada. Los sangres pura no recibirán ningún castigo. En cuanto a los traidores a la sangre y los sangre sucia… bueno, supongo que pronto te encontrarás con tus amigos.

Los mortífagos rieron a su alrededor con tono aprobatorio.

- Mi muerte no significa tu victoria- añadió Harry, mientras se erguía cuan largo era. Ya no estaba nervioso, ya no sentía miedo; había llegado su hora, y estaba preparado para morir.

- Oh, pero sí que lo significa, Potter. Mata al símbolo de una revolución, y acabarás con la revolución - de pronto, su expresión de tensó mientras su entrecejo se fruncía -. Y ahora, mamá y papá te están esperando. ¡Avada kedavra!

Harry vio venir hacia sí el haz de luz verde y sintió que una fuerza brutal lo golpeaba en el pecho. Después, todo se tornó negro.


Draco miraba a su alrededor, sin saber muy bien qué hacer. Ya no lo trataban como a un enemigo, pero seguía sintiéndose un intruso. La pérdida de Nott todavía le oprimía el pecho, pero no podía preocuparse ahora por eso. Lloraría por él cuando la guerra hubiera acabado, ahora no podía permitirse el lujo.

Hermione corría de un lado a otro, intentando ayudar a los heridos, consolando a los más pequeños que habían logrado escapar del control de McGonagall y quedarse a la batalla y organizando a los que no sabían qué debían hacer. La castaña de pronto buscó a su alrededor hasta que lo encontró, y se acercó a él con el ceño fruncido, una expresión que Draco conocía muy bien: estaba preocupada.

- ¿Has visto a Harry?

El rubio se encogió de hombros.

- Hace un rato que no sé nada de él - la petición que Potter le había hecho antes de desaparecer le seguía pareciendo rara, pero el moreno le había pedido que no contara nada y Draco prefería no llevarle la contraria, ahora que por fin lo habían aceptado.

- Estoy preocupada por él. Debería estar aquí.

- No le des más vueltas, Hermione, seguramente esté ayudando en algún otro piso a buscar más heridos.

La chica asintió y se encogió de hombros.

- Es solo que tengo un mal presentimiento.


Harry se volvió para mirar al director una última vez y, en menos de un pestañeo, se encontró tendido en un suelo húmedo, negro, frío.

- Mi Señor, ¿está bien? - oyó a lo lejos.

Varias metros tras el chico, Voldemort se levantó, apartando de un manotazo la mano de Bellatrix.

- No sé que ha podido ocurrir, es muy raro que… - de pronto, observó el cuerpo de Harry -. ¿Está muerto? - su tono era de alegría, casi de desconcierto.

- Lo parece, pero Potter es más difícil de matar que una cucaracha - añadió un mortífago, secundado por varios gruñidos.

Voldemort lo observó con cautela. El Gryffindor no se movía, pero no podía confiarse. Observó a los reunidos y al final se decidió:

- Narcissa, por favor, comprueba si respira.

La mujer rubia, sorprendida de que se dirigiera directamente a ella, tomó aire y asintió. Se acercó a pasos lentos y pesados hasta Harry, que sentía cada paso como una pesadilla, y se inclinó a su lado. En cuanto lo hizo, pudo comprobar que el muchacho respiraba y, sabiendo que podría arrepentirse de lo que iba a hacer, le susurró:

- Hazte el muerto, es la única alternativa que te queda.

El corazón de Harry, que casi se había detenido al oír a la mujer acercarse, volvió a latir de manera más regular. ¿Acababa Narcissa Malfoy de salvarle la vida?

La mortífaga se volvió hacia los demás y dijo, convincentemente:

-. ¡Está muerto!

- ¡NO! ¡HARRY, NO! - Hagrid acababa de volver en sí, y observaba el cadáver de su amigo postrado como un trapo, mientras lágrimas de dolor deslizaban por su mejilla.

- ¡Cállate, estúpido! - gritó una mujer mientras le lanzaba una piedra que le provocó una herida en la cabeza, pero él no pareció darse cuenta.

- ¡HARRY! ¡HARRY!

Voldemort lanzó un grito de triunfó y apuntó a su enemigo.

- ¡Crucio! - el moreno se elevó varios metros, mientras notaba que sus huesos ardían de dolor, pero supo que no podía hacer nada para resistirse. Soportó la tortura lo mejor que pudo y, cuando cayó al suelo, otro rayo de luz roja volvió a impactar contra él, y luego otro y otro más hasta que tuvo la sensación de que una apisonadora acababa de pasarle por encima. Pero recordaba a sus padres, a sus amigos, a tanta gente que dependía de él, y sabía que no podía permitirse dar un paso en falso. Se mantendría impasible tanto tiempo como hiciera falta.

Todavía entre la algarabía general, Voldemort se volvió hacia el guardabosques.

- Desatadlo, que sea él quien lleve el cadáver.

Un mortífago obedeció su orden y, ya desatado, el hombre recibió un puñetazo certero de Hagrid, que lo dejó sin consciencia.

- ¡Crucio! - gritó de nuevo Voldemort, esta vez apuntando al semi-gigante, que se retorció entre quejidos -. No seas necio. Si no quieres morir aquí y ahora, haz lo que te decimos. Coge al chico.

Hagrid se acercó, tambaleante, todavía llorando, y recogió el cuerpo de Harry con la mayor delicadeza posible. Lo abrazó fuertemente y sollozó contra él, recordando la primera vez que lo había tenido entre sus brazos, cuando este apenas tenía un año.

El moreno sintió que algo se le quebraba dentro pero, después de haber conocido a Hagrid durante 7 años, sabía que no podía desvelarle que estaba vivo. Si algo no sabía el guardabosques, era mentir o guardar un secreto. Así que dejó que su amigo sufriera, mientras sentía que lo trasladaba a lo largo de cientos de metros, todavía sollozando y con los clamores de los mortífagos de fondo, hasta que salieron del Bosque Prohibido.

Voldemort se puso a la cabeza y se volvió para mirarlos.

- Vuestro esfuerzo será recompensado hoy. A partir de ahora, nadie podrá detenernos. Vamos a ganar la guerra y después, eliminaremos a todos los impuros.

Sus palabras fueron acogidas con multitud de gritos de alabanza y, sin perder ni un segundo, se encaminaron hacia el castillo, que había quedado destrozado casi en una cuarta parte de su estructura.


- ¡Se están acercando! ¡Vuelven los mortífagos! - gritó Hannah Abbott, que vigilaba el jardín a través de una ventana del Gran Comedor.

McGonagall se levantó y se puso en medio de la sala, repartiendo órdenes a diestra y siniestra.

- ¡Cerrad las puertas de esta sala, que nadie pueda acercarse a los heridos! ¡Saldremos a defender el castillo y ganaremos esta maldita guerra de una vez por todas!

Todos secundaron sus gritos, salieron corriendo y se detuvieron ante la puerta del castillo, en el patio principal. Desde que pusieron un pie en la escaleras, notaro que algo iba mal: los mortífagos, todavía lejos, se acercaban sin preocupaciones, como si no tuvieran ninguna intención de luchar; como si la lucha ya hubiera acabado. Y entre ellos…

- ¿Hagrid? - murmuró Ron. Pero conforme el hombre se acercaba, su expresión se tornó aterrorizada -. No, no, no puede ser…

- ¡Potter! - la profesora McGonagall lanzó un grito quejumbroso, profundamente dolido, y se adelantó, sintiendo como le fallaba la voz, mientras un rumor aterrorizado se extendía entre los que ya podían observar el inerte cuerpo del muchacho en brazos del guardabosques. Harry abrió los ojos lo justo para poder distinguir, con el corazón en el puño por no poder hacer nada para que supieran que estaba vivo, como la entrada del castillo se llenaba de gente.

El ambiente se revolucionó en cuestión de segundos, tanto que Hermione salió a las puertas a observar la escena, buscando con la mirada a Draco que enseguida acudió a su lado, y tuvo que agarrarse a la pared para no caerse.

- No puede ser, él no… ¡Harry! - gimió mientras se dejaba deslizar a lo largo de la pared, hasta caer en los brazos de Draco, que la abrazó con fuerza, susurrándole palabras que no lograban tranquilizarla.

- ¡NO! - el grito de Ginny fue el más tardío y, al a vez, el más desgarrador, y se prolongó en el aire, quebrando cualquier atisbo de esperanza o coraje que le quedaran. La pelirroja echó a correr y tuvo que ser frenada por su padre, que la agarró contra sí entre convulsiones provocadas por el llanto.

- Ginny, cariño, Harry no querría que te hubieras sacrificado a lo tonto - susurró mientras la pelirroja seguía forcejeando, mirando rota el cuerpo de su novio.

Para Harry, escuchar las voces de sus amigos, llamándolo a gritos, fue peor que cualquier maldición Cruciatus, pero su atención se desvió levemente cuando oyó un siseo y observó que Nagini se deslizaba entre los mortífagos, que la dejaron pasar con miedo hasta que se situó junto a su dueño.

A unos 20 metros de distancia del castillo, los mortífagos se detuvieron. Ahora ya todos podían diferenciar el rostro de Voldemort; la mayoría de ellos había oído hablar de él, había visto retratos, pero, desde que Peter Pettegrew lo devolvió a la vida en aquel cementerio olvidado, nadie excepto Harry, Dumbledore y los mortífagos habían estado cara a cara con él. Y la tenue luz de la luna, en conjunto con el débil resplandor de las antorchas restantes en el castillo y la presencia del cadáver de Harry Potter a su lado, parecía lo más terrorífico que jamás hubieran presenciado. Algo que te dejaba sin habla solo con observarlo.

-¡Silencio! - hubo un bramido y un estallido de luz, y todos obedecieron a la fuerza -. ¡Todo ha terminado! ¡Harry Potter ha caído! Ponlo a mis pies, Hagrid, que es donde le corresponde estar - con reticencia y empujado por varios mortífagos, el guardabosques se vio obligado a depositar el cuerpo inerte de su amigo delante de Voldemort, que se volvió hacia sus enemigos con jubilo -. ¡Nunca fue más que un crío que que confió en que otros se sacrificarían por él! - gritó con su voz aguda desde la distancia, aunque todos lo oyeron como si estuviera a su lado. Sonaba frío, irreal -. Aquellos cuya sangre y raíces sean puras, podrán rendirse ahora mismo, y serán perdonados. Estáis todavía a tiempo de arrepentiros, y seréis acogidos entre nuestras filas.

Nadie se movió y antes de que pudiera añadir nada más, sus pupilas rojas fijaron su atención en algo que no había observado antes y sonrió complacido. El rubio permanecía en la entrada, junto a la chica a la que debía haber matado: no había cumplido su misión, pero ahora ya no importaba porque Hermione Granger moriría esa misma noche, como todos los sangres sucia.

- Draco Malfoy, tu tiempo ha terminado, luego recibirás tu castigo. Ahora, vuelve al lugar en el que debes estar - señaló con su huesuda mano a la fila de mortífagos y esperó a que el rubio avanzara, cosa que no ocurrió.

Draco apretó los puños, sintiendo como el corazón le latía a mil y todas las miradas, expectantes, se fijaban en él. Por suerte, su madre ya no se encontraba entre los mortífagos, pero eso no hacía la situación menos peligrosa.

- En cuanto puedas, huye - susurró a Hermione, para después mirar a Voldemort a los ojos y decir, con todo el desprecio que había reunido durante largos años -. Este es el lugar en el que debo estar.

Voldemort se mostró sorprendido durante un segundo y, tras recomponer su semblante cruel, se giró para mirar a los mortífagos y añadió:

- Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? Lucius Malfoy, siempre presumiendo de la pureza de tu linaje, y resulta que tenías a un propio traidor en tu casa.

Lucius tenía la cara roja por la ira, y temblaba como si fuera a explotar. Observó a su hijo como si estuviera observando a una babosa y, tras escupir, dijo con un tono de voz cortante como el acero:

- Ese ya no es mi hijo. Yo mismo lo mataré si tengo la oportunidad de hacerlo.

- La tendrás - asintió Voldemort -. Pero creo que no has observado todos los detalles.

Tras un breve silencio, fue una mortífaga la primera que lo dijo.

- ¡Draco Malfoy está junto a la chica! ¡La ha estado protegiendo!

Un murmullo comenzó a extenderse entre los presentes, cuando alguien más recordó:

- ¡Por eso se ofreció a llevar a cabo la misión!

- ¡Estaba con ellos desde el principio!

- ¡No mató a Dumbledore!

Y así fueron sucediéndose acusaciones y acusaciones, que cada vez generaban un revuelo mayor hasta tal punto que se volvieron contra Lucius, dispuesto a hacerle pagar los pecados de su hijo. Pero en ese momento, una última observación, tan cierta como las anteriores, hizo que todos se quedaran helados. Era algo real, tangible, fácil de suponer, pero demasiado difícil de creer para que nadie lo hubiera dicho antes. Y fue su tía, Bellatrix Lestrange, la que apuntilló, como si estuviera haciendo el comentario más asqueroso del mundo:

- No solo está con ellos, sino que está con ella. Y ella, esa asquerosa sangre sucia, está embarazada de él - la noticia cayó sobre la multitud con la fuerza de un chaparrón. Averiguarlo había resultado tan sencillo como hilar situaciones: cuando los había encontrado en Malfoy Manor, pensando que Draco la había atrapado; cuando escaparon de la mansión, claramente ayudados por alguien desde dentro; cuando se enteraron de que estaba embarazada y Draco aceptó cumplir la misión… tantas cosas que debería haber visto antes y no había visto.

Draco apretó la mano de Hermione, situándose delante suya para protegerla con su cuerpo y a la vez confirmando las suposiciones de los mortífagos. Todos los miraban, y no había nada correcto, ni incorrecto, que decir para hacer la situación menos tensa. La noticia de su relación había salido a la luz junto con la del embarazo en el momento más inconveniente, y temía que morirían por ello.

- ¡Mentira! ¡Eso es mentira! - Lucius giró en torno a sí, dispuesto a encarar a tantos como hiciera falta -. ¡Será un traidor, pero no es un traidor a la sangre! ¡Es un Malfoy, y lo hemos educado para ello!

En su interior, Draco sonrió y supo que sería él quien dejara caer a su padre.

- ¿Cuál crees que es la razón de que no aceptara que me comprometiérais con nadie? Estoy harto de vuestras tonterías respecto a la sangre y a su origen. Ningún linaje es totalmente puro, y decir lo contrario es mentir. Incluso vuestro Señor Tenebroso es mestizo, si no me equivoco - recordaba que Hermione se lo había contado en una de sus charlas nocturnas, y realmente lo dijo sin pensarlo. Pero eso desató el desorden.

El propio Voldemort, con la posición tensa y el rostro desencajado, se volvió para localizar a los mortífagos que ponían en duda su descendencia y disparó sendos rayos verdes que hicieron que se desplomaran muertos en el acto. Un silencio mortal se extendió por los jardines, y Draco volvió a apretar la mano de Hermione.

- Yo mismo me encargaré de que tu muerte sea especialmente dolorosa, Draco Malfoy - dijo perdiendo la compostura por unos instantes -. Y créeme, dolerá tanto que acabarás suplicando que te mate cuanto antes. Y después, tu asquerosa chica y esa aberración nonata sufrirán el mismo destino, como consecuencia de tus acciones imprudentes e impuras -. desde la distancia, Harry tuvo que reprimir una sonrisa. Que los mortífagos supieran que descendía de padre muggle era, sin duda, lo peor que alguien podría haber dicho en aquel momento. Tenía que reconocer que Draco había estado acertado ahí, aunque fuera insensato por su parte.

- Rendiros o morid - declaró Voldemort de nuevo, recuperando el control de la situación.

- ¡Púdrete en el infierno! ¡Harry te venció! - gritó Ron, que ya no podía contenerse más, con la voz rota y una mirada iracunda. Aquel día había perdido muchas cosas, y no se rendiría sin alcanzar una venganza, aunque le costara la vida. Los defensores de Hogwarts empezaron a gritar e insultar de nuevo, hasta que otro estallido más potente volvió a apagar las voces.

- Ron Weasley, tu familia es una vergüenza para el mundo mágico. Si os rendís, moriréis rápidamente y sin dolor. Si no os rendís... será más divertido - Ron apretó los puños y dio un paso al frente pero Alice Bramson, a su lado, le susurró algo y consiguió que se detuviera.- ¿Acaso crees que tu amigo era muy valiente? Lo mataron cuando intentaba huir de los jardines del castillo - mintió Voldemort, complacido de ver la duda en los ojos de sus enemigos.

Entonces Harry oyó una carrera y un grito, y luego otro estallido, un destello de luz y un gruñido de dolor. Abrió apenas los ojos: alguien se había separado del grupo y embestido a Voldemort. La figura cayó al suelo, víctima de un encantamiento de desarme y Voldemort arrojó la varita de su agresor a un lado, riendo.

- ¿A quién tenemos aquí? ¿Quién se ha ofrecido como voluntario para demostrar qué les pasa a quienes siguen luchando cuando la batalla está perdida?

Bellatrix rió con regocijo e informó:

- ¡Es Neville Longbottom, mi señor! ¡El chico que tantos problemas ha causado a los Carrow! El hijo de los aurores, ¿ os acordáis?

- Sí, ya me acuerdo - afirmó Voldemort viendo cómo Neville se levantaba, desarmado, magullado y desprotegido en la tierra de nadie que separaba a los supervivinetes de los mortífagos -. Pero tú eres un sangre limpia, ¿verdad, mi valiente amigo?

- ¿Y qué? - contestó Neville, que se había levantado con los puños apretados.

- Demuestras temple y valentía, y desciendes de una noble estirpe, así que serás un valioso mortífago. Necesitamos gente como tú, Neville Longbottom.

El chico enrojeció de furia ante semejante declaración.

- ¡Me uniré a vosotros el día que se congele el infierno! - espetó Neville -. ¡Ejército de Dumbledore! - chilló, y la multitud detrás suya respondió con vítores que los encantamientos silenciadores de Voldemort no lograron reprimir.

- Muy bien, si así lo quieres, Longbottom, volveremos al plan original. La responsabilidad es tuya - añadió Voldemort sin perturbarse.

El hombre agitó la varita de saúco y unos segundos más tarde, un pájaro deforme voló desde el castillo hasta posarse en su mano. El Señor Tenebroso lo cogió y lo mostró a la multitud.

- Ya no volverá a haber otra Ceremonia de Selección en el colegio Hogwarts, y tampoco casas. El emblema, el escudo y los colores de mi noble antepasado, Salazar Slytherin, servirán para todos - esperó, para ver si alguien más se atrevía a objetar algo contra su procedencia o la pureza de su linaje -. ¿No es así, Neville Longbottom?

Apuntó con su varita al joven, que se quedó rígido e inmóvil, y le plantó el sombrero en la cabeza, produciendo una gran agitación por parte de los defensores de Hogwarts.

- Ahora, Longbottom va a mostraros qué les ocurre a quienes son lo bastante estúpidos para seguir oponiéndose a mí -. Y con una sacudida, prendió fuego al Sombrero Seleccionador.

Los gritos colmaron el amanecer. Luna tuvo que reprimir a Rolf, que se adelantó varita en ristre, y a su lado, Newt Scamander, ya reconocido por todos, se aferró con fuerza a su maletín, dudando si debería o no utilizarlo. Mientras, Neville estaba envuelto en llamas, y varias cosas sucedieron a la vez.

Del Bosque Prohibido llegó un murmullo suave que fue tornándose en un grito de batalla, mientras cientos de cascos trotaban a lo lejos y lluvias de flechas colmaban el aire, provocando que los mortífagos se separaran y distrajeran. Además, Grawp bordeó el castillo y bramó: "¡Jaggi!", provocando que los gigantes de Voldemort respondieran a su vez y corrieran hacia él, provocando que todo el suelo temblara. Harry aprovechó para sacar la capa de invisibilidad de su túnica, se la echó por encima y se alejó de un brinco, y entonces Neville también se movió.

Con un movimiento fluido se libró de la maldición y se le cayó de la cabeza el llameante sombrero. Sacó de su interior un objeto de plata con rubíes incrustados en la empuñadura y, como si hubiera nacido para ello, como si llevara toda la vida preparándose para ese momento, degolló a Nagini, cuya cabeza salió despedida hacia arriba, para después evaporarse en una nube turbia que dejó ver, por un momento, una figura femenina. Newt Scamander sonrió y asintió, perdido en viejos recuerdos, muy lejanos a aquel lugar, y con un sencillo clic, abrió su maleta y se sumergió en el interior. Pero Voldemort no sonreía y, si no hubiera sido por el encantamiento protector que Harry situó entre Voldemort y Neville, hubiera acabado con el muchacho.

- ¡Harry! ¡Harry! ¡¿Dónde está Harry?! - bramó Hagrid, pero justo entonces llegaron los centauros y el caos se desató. Buckbeak, centauros, gigantes, y demás criaturas que ninguno, excepto quizás Luna y Rolf, conocían, sobrevolaban el cielo y asediaban la tierra, haciendo que los magos, de ambos bandos, tuvieran que refugiarse en el castillo. Harry lanzaba embrujos y maldiciones a tantos mortífagos como podía, que se desplomaban sin saber quién los había alcanzado. El moreno se vio arrastrado hacia el vestíbulo, donde se giró para buscar a Voldemort. Los centauros Bane, Ronan y Magorian irrumpieron en el hall y las puertas del Gran Comedor se sellaron, impidiendo que se pudiera acceder a los heridos.

Draco agarró la mano de Hermione y giró en torno a sí, tratando de encontrar alguna escapatoria donde la chica estuviera segura. Echaron a correr, sorteando amigos y enemigos, esquivando a los elfos domésticos que corrían por los pasillos dispuestos a unirse a la lucha, hasta que una figura les cerró el paso. El rubio se detuvo en seco y alzó su varita, adelantándose a la chica. Hermione se también se puso en guardia, deseosa de no entrar en combate y poner en peligro al bebé, pero lista para hacerlo si era necesario.

- Tus crímenes son injustificables - susurró Lucius Malfoy, mientras se acercaba a ellos. Hermione pudo observar como la varita temblaba en la mano del rubio y tragó saliva.

- Tus ideales no me representan y nunca lo han hecho - respondió su hijo, con tanto aplomo como fue capaz de reunir -. Has venido aquí a matarme pero si no te vas, me veré obligado a ser yo el que acabe contigo - Draco no estaba seguro de si quería o no matar a su padre. Le traía recuerdos demasiado recientes y dolorosos sobre el destino de su mejor amigo y, a la vez, sabía que nunca estaría en paz si su padre seguía con vida.

- ¡Traidor! ¡Deshonra de la familia! ¡Ojalá hubieras nacido muerto! - espetó Lucius con furia, mientras observaba a su hijo como si no lo hubiera visto nunca. Temblaba furiosamente y se aferraba a su varita como si fuera lo único que le permitía no perder la cordura.

- Fuera de aquí - siguió el joven impasible -. Déjanos ir o…

- ¡Avada kedabra! - Draco logró desviar el hechizo a tiempo y se irguió, más decidido que antes. Aquel hechizo había ido dirigido a Hermione, no a él. Y eso era algo que no permitiría.

El joven reunió todo su resentimiento interior y, con amargura, respondió con un contrahechizo. Comenzó una reñida pelea entre padre e hijo; una pelea en la que la sangre se enfrentaba, y se enfrentaba justo por eso; Hermione se retiró contra la pared y se sintió pequeña e impotente. No sabía si podría defender a Draco pero tampoco podía dejar que muriera. Por eso, no sintió ningún remordimiento cuando lanzó un potente Confundus a quien, en condiciones normales, habría sido su suegro. El hombre, pillado por sorpresa, perdió la atención durante unos momentos. Draco dudó y, en el último instante, hubo algo en su interior que lo echó para atrás. Por ello, cuando disparó no fue a matar:

- ¡Sectumsempra! - aquel hechizo traía demasiados malos recuerdos de tiempos pasados, y sintió que un escalofrío de terror le recorría la espalda cuando su padre se derrumbó al suelo entre convulsiones, y numerosos y profundos cortes comenzaron a aparecer en su piel hasta que se desmayó en un creciente charco de su propia sangre.

Durante los próximos segundos, ninguno de los dos se atrevió a decir nada. Draco, jadeante, se volvió hacia Hermione, que lo observaba con una pena infinita en su rostro.

- Draco… - el rubio negó y cerró los ojos.

- No he podido… no he podido - dijo, tratando de recuperar el aire y liberar el nudo de su garganta.

- Es tu padre - añadió Hermione, que se acercó a él y le acarició la mejilla. Un sudor frío resbalaba por el semblante del Slytherin, que miró a la Gryffindor profundamente, con los ojos surcados en lágrimas.

- Hermione, ¿no lo ves? Yo nunca he tenido un padre real. ¿Cómo quieres que me convierta en uno?

La castaña sintió como si le acabaran de echar por encima un jarro de agua fría. Así que era eso lo que atormentaba a Draco… ese sentimiento de que no sería capaz de hacerlo, esa tendencia a menospreciarse que tanto había desarrollado durante el último año.

Hermione le giró la cara hacia sí y juntó sus frentes hasta que la respiración del chico se relajó.

- Eres uno de los hombres más maravillosos que conozco. Y tu padre no te define. Tú no eres como él.

- Yo…

- No, Draco, suficiente. No voy a dejar que te autodesprecies más, ¿me entiendes? - el rubio la miró y vio que hablaba en serio. Su mano se entrelazó con la de la chica, que seguía apoyada en su mejilla, y esbozó una sonrisa triste.

- Será mejor que nos vayamos antes de que alguien más llegue.

Hermione asintió.

- ¿Y Lucius? Morirá si lo dejamos aquí.

Draco lo miró y puso una mueca de disgusto.

- Ese cerdo es como las cucarachas; siempre encuentra la manera de sobrevivir.


Harry observó a Kreacher pasar por delante suya, seguido por una comitiva de elfos domésticos:

- ¡Luchad! ¡Luchad! ¡Luchad por mi amo, el defensor de los elfos domésticos! ¡Derrotad al Señor Tenebroso en nombre del valiente Regulus! ¡Luchad! - los elfos arremetían sin piedad contra las pantorrillas y tobillos de los mortífagos, que caían como moscas, superados en número y abrumados por las maldiciones, al tiempo que se arrancaban las flechas y las heridas o trataban de escapar, sin conseguirlo.

Harry se abrió paso hasta el centro del Hall principal, donde Voldemort atacaba a todo el que se le pusiera a tiro. Vio cómo George y Lee Jordan derribaban a Yaxley; cómo Hagrid arrojaba a la otra punta de la estancia a Macnair; como Ron y Neville abatían a Fenrir Greyback. Mientras, Voldemort peleaba contra McGonagall, Slughorn y Kingsley, que lo esquivaban sin poder reducirlo.

A unos cincuenta metros de su amo, Bellatrix luchaba con Ginny, Lunna y Rolf. Aun siendo tres contra uno, la mortífaga igualaba sus fuerzas. Harry vio como una maldición asesina pasaba rozando a Ginny, que se salvó de la muerte por los pelos, y estaba a punto de intervenir cuando lo apartaron de un empujón.

- ¡Mi hija no, mala bruja!

La señora Weasley corrió hacia Bellatrix, y la mortífaga soltó una carcajada.

- ¡Apartaos de aquí! - les gritó la señora Weasley a los chicos y haciendo un molinete con la varita, se dispuso a luchar contra Bellatrix. De las dos varitas salían chorros de luz y alrededor de las brujas el suelo se recalentó y empezó a resquebrajarse. Ambas mujeres peleaban a muerte.

- ¡Quietos! ¡Apartaos! - gritaba la señora Weasley cuando alguien trataba de intervenir para ayudarla. Cientos de personas se situaron en las paredes observando los combates de Voldemort y Bellatrix, y Harry se quedó inmóvil, sin saber en cuál debía intervenir.

- ¿Qué va a ser de tus hijos cuando te haya matado? - se burló Bellatrix, dando saltos para esquivar las maldiciones de Molly -. ¿Qué les va a pasar cuando su mami vaya a reunirse con Freddie?

- ¡Nunca… volverás… a tocar… a nuestros hijos! - chilló la señora Weasley. La maldición de Molly golpeó en el centro del pecho de Bellatrix, cuya sonrisa de regodeo se quedó estática. Por unos instantes la bruja fue consciente de lo que había pasado, pero luego se derrumbó y la multitud se puso a bramar. Voldemort soltó un horrible chillido y un estallido de fuerza salió de su varita.

McGonagall, Kingsley y Slughorn salieron despedidos hacia atrás mientras la rabia de Voldemort estallaba. El Señor Tenebroso alzó la varita y apuntó a Molly Weasley, y Harry se interpuso justo a tiempo.

- ¡Protego! - bramó, haciendo que Voldemort girara en busca del responsable.

Entonces, el muchacho se quitó la capa de invisibilidad ante los gritos y aclamaciones.

- ¡Es él!

- ¡Es Harry!

- ¡Harry!

- ¡Está vivo!

Pero pronto el miedo atenazó a la multitud, y se hizo un repentino y completo silencio cuando Voldemort y Harry, mirándose a los ojos, comenzaron a dar vueltas el uno alrededor del otro.


❤ ¡Y fin del capítulo! ❤

¿Qué os ha parecido? Sé que la espera es DEMASIADO larga pero creedme cuando digo que en Navidades no tuve ni un minuto para sentarme a escribir porque al acabar tenía exámenes, y desde entonces he estado encontrando huecos aquí y allá para poder terminar el capítulo y hacerlo tan bueno como pudiera. Antes de nada he de decir: gran parte de lo que sucede al final es exactamente igual a lo que J.K. Rowling escribió en el séptimo libro. Normalmente cojo solo ideas, pero en esta ocasión no sabía cómo hacerlo y, tras varios intentos, decidí que lo mejor era ponerlo tal y como está en la historia original, añadiendo, por supuesto, los toques de Dramione que dan sentido a esta historia :)

Sí, sé que os he dejado en un momento muy interesante e imagino que no estaréis muy contentos conmigo ahora mismo, pero hay que guardar algo para el que será, definitivamente y como habréis sospechado, el último capítulo. Es que no me lo creo, llevo más de dos años con esta historia que empecé casi sin darme cuenta, y que se ha extendido durante más de 40 capítulos, llegando a muchísima más gente de la que hubiera esperado en un primer momento. ¡Muchísimas gracias a todos! (Aunque no me voy a poner melancólica, eso pasará en el próximo capítulo en el que os informaré sobre futuros proyectos y como podéis ayudarme en ellos 😜).

Supongo que seguiréis todavía dándole vueltas a cómo afectará la noticia del embarazo al final, qué ocurrirá cuando acabe la batalla (si es que gana Harry, porque todo no lo voy a copiar de los libros claro 😜), qué tengo pensado que ocurra en el epílogo (que estará entro del próximo capítulo)... y voy a intentar que tengáis que esperar poco para verlo, porque yo tengo unas ganas de tener la historia finalizada que no os podéis imaginar :)

En este capítulo hemos visto básicamente cómo Harry, tras ver los recuerdos de Snape (a quien no perdona tan fácil como en la historia original) se encamina al bosque y se encuentra con sus seres queridos gracias a la piedra de la resurrección (le he dado mi toque personal para que quedara más bonito). Después, se entrega pero como es obvio no muere, aunque me he saltado la conversación con Dumbledore porque entiendo que los que estáis aquí habéis leído los libros y sabéis que pasa (si no, le explica que él mismo era un horrocrux y que al matarlo Voldemort no ha matado a Harry, sino solo a la parte de su alma que vivía en él y que se creó cuando mató a sus padres sin que él fuera siquiera consciente). Respecto a lo demás, hemos terminado la despedida de Nott (hasta yo me odio por eso, pero era necesario para el curso de la guerra 😂) y hemos visto que a Draco, aunque un poco a regañadientes, ya lo aceptan, lo cual es positivo :)

Aun así, tenemos a unos mortífagos muy resentidos por la traición de Draco, y a un ejército de Dumbledore todavía sorprendido por la noticia del embarazo. De momento no pueden preocuparse por eso pero está claro que, quien gane la guerra, tendrá un papel decisivo en el destino de la pareja. ¿Qué creéis que os deparará el próximo capítulo? Ay que emoción, que ganas de terminarlo ya para poder compartirlo con todos 😋

Antes de despedirme, contestaré a todos aquellos que me mandaron review y no he podido responder por privado:

- Meg: como de costumbre, hola una capítulo más reina ❤ ¿Qué te ha parecido este capítulo? ¿Qué esperas del siguiente? Me interesa mucho saber qué creéis que va a ocurrir (aunque no os voy a mentir, ya tengo la historia exacta en mi cabeza), y sobre todo qué os está pareciendo el desenlace de la historia. ¿Cumple vuestras expectativas? ¡Espero que sí :)! Por lo del trabajo no te preocupes, la única que tiene que pedir perdón por ser tardía soy yo 🙇 ️ Me enternece que te conmoviera lo de Theo, es lo que buscaba con ello :) Todos estábamos enamorados de Theo y ni siquiera lo sabíamos hasta este momento 😂 Respecto a los recuerdos de Snape, he escrito lo que yo hubiera visto lógico que pasara en el libro, porque sí, Snape al final estaba enamorado y todo eso, pero no podemos olvidar que fue malvado con Harry durante 7 años ... a mí no me convence Snape, la verdad, siempre he sido más de James :) Una vez más discúlpame por la espera, y ojalá pronto pueda compartir con vosotros el último capítulo, pero hasta entonces, disfruta de los que de momento tenemos :) Muchísimos besos amor, gracias por seguir leyéndome aun con la tardanza 😘❤

- Guest: hola cielo ❤, antes de nada muchísimas gracias por leerme y tomarte tiempo en dejarme tu opinión, ya sabéis que me encanta saber lo que pensáis :) Me he sentido culpable al leerte jeje, siento las muertes pero eran necesarias, la gente muere en las guerras y eso tenía que estar reflejado en la historia :) Siento muchísimo la tardanza y espero terminar el último capítulo lo antes posible, que hasta yo misma me muero de ganas :) Espero que hayas disfrutado mucho este capítulo y que haya cumplido tus expectativas, mil besos y hasta el próximo 😘❤

La verdad es que me quedé un poco decepcionada porque no muchos de vosotros me escribisteis, y teniendo tan avanzada la historia me muero de ganas de saber qué pensáis. Por eso, me gustaría que este capítulo os atrevierais... es que escribir sin saber qué os está pareciendo o sin tener señales de vida es un poco desalentador escribir una historia :( Aun así muchísimas gracias a todos los que me leéis, es solo que me gustaría que dejárais review si tuviérais un momento :)

Nos vemos en el próximo capítulo (si la intriga no acaba con vosotros antes 😜), no olvidéis escribirme, darle al Go y recomendar la historia a vuestros amigos, para que pueda llegar a más gente y esta pequeña familia siga creciendo :)

Con todo el cariño del mundo, un capítulo más;

-Daphnea ❤


P.D.: Me gustaría plantearos algunas preguntas sobre las que tengo especial curiosidad en saber vuestra opinión;

¿Qué opináis de que Draco no haya matado a su padre? ¿Creéis que este morirá de todas formas? Si no, ¿cuál va a ser el destino de Lucius?

¿Y Narcissa, realmente apoyará a su hijo pase lo que pase?

¿Habrá bebé, o no?

¿Vivirán Hermione y Draco?

Muchas preguntas sin resolver, cuanto más lo penséis más se os ocurrirán... pero el próximo capítulo os las resolverá todas, lo prometo :) Dejadme vuestras respuestas y os responderé (sin spoilers, claro 😉). De nuevo y hasta entonces, lo único que tengo que decir es: muchísimas gracias por leerme, os quiero ❤