Hermione y Draco apenas habían recorrido un par de pasillos cuando llegaron a las escaleras para dirigirse a los pisos superiores. Sin embargo, Hermione se frenó en seco e hizo que el chico se detuviera a su lado.

- ¿Oyes eso? - preguntó.

Draco aguzó el oído y negó con la cabeza.

- No oigo nada.

- Exacto - dijo Hermione, que había comenzado a temblar de los nervios -. Ya no suena a batalla, han dejado de pelear.

- Eso quiere decir… ¿que hay un ganador? - Draco no quería pensarlo, no quería pensar que ocurriría si Voldemort hubiera vencido.

- O que falta poco para que lo haya - Hermione se giró en círculo y pareció dudar un momento -. Deberíamos ir con los demás.

Draco la miró y frunció el ceño.

- ¿Qué? Ni hablar. No voy a dejar que nos maten en el último momento, ahora que casi lo hemos logrado.

Hermione le apretó la mano.

- Draco, si el desenlace no es el esperado, huiremos, te lo prometo. Yo no haría nada que nos pusiera en peligro - sus miradas se juntaron -. Debemos ir. Tenemos que estar presentes cuando Harry derrote a Voldemort - el rubio vio, por el brillo de sus ojos, que la Gryffindor estaba totalmente segura de lo que decía. Intentó impregnarse de algo de esperanza y al final asintió, resignado.

- Si los mortífagos nos cogen…

- Si la situación se pone peligrosa, agarra mi mano y nos apareceremos lejos de aquí.

- Pero en Hogwarts… cierto, las barreras de protección han sido destruidas.

- El colegio ya no es un lugar seguro, todo el que quiera puede entrar y salir - Hermione sonrió de medio lado -. Lo que nos va a venir de perlas.

El rubio la miró y la abrazó, en silencio.

- Tú sabes que te quiero por encima de todo, ¿verdad?

Hermione sonrió contra su pecho y se dejó mecer, notando como su añoranza de caricias se iba calmando poco a poco.

- Todo va a salir bien.

Draco suspiró y, en silencio, se encaminaron hacia el hall.


Harry y Voldemort giraban uno en torno al otro, sin dejar de mirase pero sin atacar.

- No quiero que nadie intente ayudarme - dijo Harry, y en medio de aquel profundo silencio su voz se propagó como el sonido de una trompeta -. Tiene que ser así. Tengo que hacerlo yo.

Voldemort dio un silbido.

- Potter no lo dice en serio - dijo abriendo mucho sus encarnados ojos -. Ése no es su estilo. Dime, ¿a quién piensas emplear como escudo hoy, Potter?

- A nadie - respondió Harry llanamente -. Ya no hay más horrocruxes. Solo quedamos tú y yo. Ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida, y uno de los dos está a punto de despedirse para siempre…

Voldemort vaciló durante un instante, dubitativo. Lo de los horrocrues no podía ser verdad, tenía que ser, a la fuerza, mentira. Porque al menos sabía que Bellatrix se había encargado de proteger la copa y nada fuera de lugar había ocurrido… ¿cierto?

- ¿Uno de los dos, dices? - replicó burlonamente -. ¿Y no crees que ése serás tú, el niño que sobrevivió por accidente y porque Dumbledore movía los hilos?

- ¿Llamas accidente a que mi madre muriera para salvarme? ¿Llamas accidente a que yo decidiera luchar en aquel cementerio? ¿Llamas accidente a que esta noche no me haya defendido y aun así siga con vida, y esté aquí para volver a pelear?

- ¡Accidentes, sólo han sido accidentes! ¡Accidentes y suerte, y el hecho de que te escondieras y gimotearas bajo las faldas de hombres y mujeres mejores que tú, y que me permitieras matarlos por ti!

- Esta noche no vas a matar a nadie más. Nunca más volverás a matar. ¿No lo entiendes? Estaba dispuesto a morir para impedir que le hicieras daño a esta gente…

- ¡Pero no has muerto!

- Tenía la intención de morir, y con eso ha bastado. He hecho lo mismo que mi madre: los he protegido de tu maldad. ¿No te has percatado de que ninguno de tus hechizos ha durado? No puedes torturarlos ni tocarlos. Pero no aprendes de tus errores, Ryddle, ¿verdad que no?

- ¡Cómo te atreves…!

- Sí, me atrevo - afirmó Harry -. Yo sé cosas que tú no sabes, Tom Ryddle. Sé muchas cosas importantes que tú ignoras. ¿Quieres escuchar alguna, antes de cometer otro grave error?

Voldemort no contestó, y Harry supo que lo tenía temporalmente hechizado y acorralado, retenido por la remota posibilidad de que fuera verdad que él sabía un último secreto…

- ¿Estás hablando del dichoso amor otra vez? El amor, la solución preferida de Dumbledore, que no impidió que aplastara a tu madre como una cucaracha - sonrió consiguiendo que a Harry se le erizara la piel -. Y no veo que haya ahora alguien que te ame lo suficiente para interponerse entre nosotros y recibir mi maldición. Así que dime, ¿qué va a impedir que mueras cuando te ataque?

- Sólo una cosa - aseguró el joven.

- Si no es el amor lo que te salvará esta vez - le espetó Voldemort -, debes de creer que posees una magia que no está a mi alcance, o un arma más poderosa que la mía, ¿no?

- Creo ambas cosas.

Harry vio la sorpresa reflejada fugazmente en el rostro serpentino del Señor Tenebroso, que se echó a reír de manera espeluznante; también vio, por el rabillo del ojo, como Hermione y Draco llegaban en silencio y se situaban entre la multitud. Su amiga le lanzó una mirada de precaución y Harry enseguida volvió a concentrarse en su enemigo.

- Así pues, ¿crees que dominarás la magia mejor que yo? ¿Te crees más hábil que Lord Voldemort, que ha obrado prodigios con los que Dumbledore jamás soñó?

- Sí soñó con ellos, pero él sabía más que tú, sabía lo suficiente para no caer tan bajo como tú.

- ¡Lo que quieres decir es que él era débil! ¡Demasaido débil para atreverse, demasiado débil para tomar lo que habría podido ser suyo, lo que ahora es mío!

- No, Dumbledore era más listo que tú; era mejor mago y, sobre todo, mejor persona.

Una expresión de rabia invadió por unos segundos el rostro de Voldemort.

- ¡Yo provoqué la muerte de Albus Dumbledore!

Harry sonrió. Por fin habían llegado dónde él quería.

- Eso creíste, pero estabas equivocado.

Por primera vez, la silenciosa multitud reaccionó: cientos de personas soltaron una exclamación de asombro al unísono.

- ¡Dumbledore está muerto! - Voldemort le lanzó las palabras a Harry como si pretendiera provocarle un dolor insoportable -. ¡Su cuerpo se pudre en la tumba de mármol de los jardines del castillo! ¡Lo he visto con mis propios ojos, Potter, y él no volverá!

- Sí, Dumbledore está muerto - admitió Harry con calma -, pero tú no decidiste su muerte. Él decidió cómo iba a morir, lo decidió meses antes de que ocurriera, y lo organizó todo con quien tú considerabas tu servidor.

- ¿Qué tonterías estás diciendo? - se extrañó Voldemort, sin decidirse a atacar.

- Severus Snape no te pertenecía. Él era fiel a Dumbledore, pero nunca te diste cuenta. Se convirtió en el espía de Dumbledore en el momento en el que tú asesinaste a mi madre, justo como él te pidió que no hicieras.

- ¡Eso ya no importa! - chilló Voldemort, que había escuchado absorto cada palabra, y soltó una carcajada enloquecida -. ¡No importa que Snape fuera fiel a mí o a Dumbledore, porque los aplasté a ambos como aplasté a tu madre! ¡Ah, todo tiene sentido, Potter, y de un modo que tú no comprendes! ¡Dumbledore pretendía impedir que me hiciera con la Varita de Saúco, pero llegué antes que tú! ¡Hace tres horas he matado a Severus Snape, y la Varita de Saúco, la Vara Letal, ha pasado a ser mía! ¡El último plan de Dumbledore salió mal, Harry Potter!

- Sí, salió mal. Tienes razón. Pero antes de que intentes matarme, te aconsejo que recapacites sobre lo que has hecho… Piensa, e intenta arrepentirte un poco, Ryddle…

- ¿Qué quieres decir?

De todas las cosas que Harry le había dicho, esa fue la que más lo conmocionó. Las pupilas se le contrajeron hasta quedar reducidas a unas finas líneas en medio de una piel que palidecía.

- Es tu última oportunidad. Sé hombre… Intenta… intenta arrepentirte un poco.

- ¿Cómo te atreves…? - volvió a decir Voldemort.

- Sí, me atrevo, porque el último plan de Dumbledore no me ha fallado en absoluto. Te ha fallado a ti, Ryddle - Voldemort trataba de descifrar la intención de Harry. Algo le decía que el chico no estaba mintiendo, pero aquello no podía ser verdad -. Esa varita - siguió Harry -, todavía no te funciona bien porque mataste a la persona equivocada. Severus Snape nunca fue el verdadero dueño de la Varita de Saúco, porque él nunca venció a Dumbledore.

- Snape mató…

- ¿No me escuchas? ¡Fue algo pactado entre ellos! ¡Dumbledore quería morir para convertirse en el último dueño de la varita, y si todo hubiera salido según lo planeado, el poder de la varita habría muerto con él!

- ¡Pues en ese caso, Potter, es como si Dumbledore me la hubiera regalado! ¡Yo robé la varita de la tumba de su dueño! ¡Se la quité contraviniendo el último deseo de su propietario! ¡Su poder es mío!

- Cogerla o utilizarla no la convierte en propiedad tuya. ¿Acaso no escuchaste a Ollivander? "La varita escoge al mago". La Varita de Saúco reconoció a un nuevo dueño antes de morir Dumbledore, alguien que nunca llegó a tocarla siquiera - el pecho de Voldemort subía y bajaba rápidamente, y Harry vio venir la maldición; notó como surgía dentro de la varita que lo apuntaba a la cara -. El verdadero dueño de la varita era Draco Malfoy.

Hermione se tensó en la distancia y apretó la mano del rubio, que se había erguido cuan largo era al oír su nombre. Ambos se prepararon para una huida si era necesario, pero el Señor Tenebroso tenía toda su atención centrada en las palabras de Harry.

- ¿Y qué importancia tiene eso? - dijo Voldemort con voz débil -. Aunque tuvieras razón, tú ya no tienes la varita de fénix, así que batámonos en duelo contando sólo con nuestra habilidad… Luego me encargaré de Draco Malfoy y de su asquerosa amiga.

- Lo siento, pero llegas tarde; has dejado pasar tu oportunidad. Hace unas horas, al comprender lo que había ocurrido, he pedido a Draco que se batiera en duelo conmigo, y lo he desarmado - sacudió la varita de espino y percibió cómo todas las miradas se centraban en ella -. Así pues, todo se reduce a esto, ¿no? - susurró -. ¿Sabe la varita que tienes en la mano que a su anterior amo lo desarmaron? Porque si lo sabe, yo soy el verdadero dueño de la Varita de Saúco.

El Señor Tenebroso chilló con aquella voz tan aguda, y Harry también gritó, encomendándose a los cielos y apuntándolo con la varita de Draco:

- ¡Avada Kedavra!

- ¡Expelliarmus!

El estallido retumbó como un cañonazo, y las llamas doradas que surgieron entre ambos contendientes, en el mismo centro del círculo que estaban describiendo, marcaron el punto de colisión de los hechizos. Harry vio cómo el chorro verde lanzado por Voldermort chocaba contra su propio hechizo, vio cómo la Varita de Saúco saltaba por los aires - oscura contra el sol naciente -, girando sobre sí misma hacia el techo encantado como antes la cabeza de Nagini, y dando vueltas en el aire retornaba hacia su dueño, al que no mataría porque por fin había tomado plena posesión de ella. Harry, con la infalible destreza del buscador de Quidditch, la atrapó con la mano libre, al mismo tiempo que Voldemort caía hacia atrás, con los brazos extendidos y aquellos ojos rojos de delgadas pupilas vueltos hacia dentro. Tom Ryddle cayó en el suelo, el cuerpo flojo y encogido, las blancas manos vacías, la cara de serpiente inexpresiva y sin conciencia. Voldemort estaba muerto, lo había matado su propia maldición al rebotar, y Harry se quedó allí inmóvil con las dos varitas en la mano, contemplando el cadáver de su enemigo.

Hubo un estremecedor instante de silencio en el cual la conmoción de lo ocurrido quedó en suspenso. Y entonces el tumulto se desató alrededor de Harry: los gritos, los vítores y los bramidos de los espectadores hendieron el aire. El implacable sol del nuevo día brillaba ya sobre las ventanas cuando todos se abalanzaron sobre el muchacho. Los primeros en llegar a su lado fueron Ron y Hermione, y fueron sus brazos los que lo apretujaron, sus gritos incomprensibles los que lo ensordecieron. Enseguida llegó Ginny seguida de Neville y Luna, y después los Weasley, Hagrid, Kingsley, McGonagall, Flitwick… Harry no entendía ni una palabra de lo que decían, quizás por el aturdimiento o la excitación del momento; solo había algo que pudiera pensar: por primera vez en toda su vida, estaba a salvo. Entre la multitud, observó a Draco Malfoy desde la distancia, y le dedicó una mirada agradecida. El rubio asintió, sonriéndole por primera vez desde el día que se conocieron, y ambos supieron que todo iría bien. Tenía que ir; se lo merecían.


El sol fue ascendiendo por el cielo de Hogwarts a lo largo de la mañana del 3 de mayo de 1998, y el Gran Comedor se llenó de luz y de vida. Todos estaban exhaustos, y todos, sin excepción, llevaban una pesada carga en el interior por la pérdida de alguien esa misma noche. Sin embargo, el ambiente era calmado, relajado; aún con todo lo que habían perdido daban gracias, en su interior, por estar vivos. Eran supervivientes de guerra, eran los que recordarían a todos los que no lo habían logrado, y llorarían por ellos hasta el final de sus días. Llevarían ese día, esa noche, consigo para siempre.

Cuando Hermione había conseguido llegar por fin hasta Draco, justo tras derrotar Harry a Voldemort, ambos muchachos se habían quedado observándose, en silencio. Y entonces se habían fundido en el abrazo más sincero que recordaran. Hermione había llorado, mucho; pero Draco también lo había hecho. Por primera vez desde que estaban juntos, veían posible aspirar a un futuro juntos. Estaban a salvo, y lo estarían de ahora en adelante, porque ya no había peligro que temer.

A lo largo de las siguientes horas, se había apresado a los mortífagos encontrados, entre los que se encontraba Lucius (que, aunque en deplorables condiciones, había sobrevivido tal y como Draco había presagiado), y los encerraron hasta saber qué hacer con ellos. Muchos habían conseguido escapar, pero ya no tenían adónde ir: su reinado del terror había acabado, e irían cayendo uno a uno.


Harry y Ginny observaban a Hermione y a Draco, que permanecían sentados, él con los brazos alrededor de ella, a un par de bancos de distancia.

- Hermione se merece ser feliz - dijo Harry, apretando la mano de su novia.

Ginny sonrió y le dio un beso en la mejilla.

- Y tú también; más que nadie.

- Los próximos días… van a ser duros - dijo el moreno como toda respuesta.

La pelirroja suspiró, mirando hacia el lugar donde George se dejaba consolar por Angelina Jonshon. Pero por su expresión parecía que George no estaba allí, sino muy lejos. Como si no quisiera despertar, como si la victoria se le hiciera todavía más amarga al saber que Fred no podría disfrutar de ella. Ginny parpadeó para contener las lágrimas y apoyó su cabeza en el hombro de Harry.

- Lo sé.

- Yo estaré contigo en todo momento - añadió el chico.

La pelirroja le apretó la mano.

- No tienes por qué hacerte el fuerte. Tú también has perdido a gente.

Con una sacudida de cabeza, Harry eliminó la imagen del pequeño Teddy Lupin de su cabeza, la imagen de los cuerpos de Tonks y Remus con ambos brazos extendidos, como si quiesieran darse la mano, como si estuvieran en paz, y asintió resignado.

- Supongo que solo nos queda agradecer que nosotros lo hayamos logrado.

- Y ya nada podrá separarnos. ¿O hay más Señores Tenebrosos por ahí sueltos que debas ir a derrotar? - Ginny lo dijo con tono despreocupado, pero Harry sabía que había sufrido mucho los últimos meses que él había estado fuera.

- No, que yo sepa. Pero quizás debería darme una vuelta por el departamento de profecías… ya sabes, por si las moscas.

Ginny le pegó un suave puñetazo en el hombro y ambos se quedaron en silencio, disfrutando de su compañía. De alguna forma, todo era diferente, infinitamente más doloroso, pero nada había cambiado.


Harry tenía razón; la siguiente semana fue casi más dura que cualquier momento de la guerra. Las bajas ascendían a más de medio centenar, y el ambiente era tenso, triste; los funerales fueron sucediéndose a lo largo de los siguientes días, uno tras otro. Ceremonias cortas en las que se honraba brevemente la memoria del difunto, para luego pasar al siguiente, y así sucesivamente. Harry, Ron y Hermione tuvieron que soportan despedir a algunos de los que habían sido sus compañeros de clase durante los últimos 7 años, como Lavender, y cada vez que un nuevo ataúd se hundía en el suelo, sentían que una parte de ellos se hundía también.

El funeral de Fred fue mucho peor de lo que podría haber presagiado Harry. Los Weasley se sentaron todos juntos en la primera fila, excepto George que permaneció todo el rato sentado, apoyado junto al ataúd de Fred, susurrando y temblando, acariciando la madera con las manos y, de vez cuando, lanzando un sollozo apagado, que hendía el aire como un grito, que se les clavaba en el corazón y lo estrujaba y lo hacía pedazos. Molly apretaba con fuerza la mano de Arthur una y otra vez, y aunque este trataba de permanecer sereno estaba descompuesto, la cara deformada en una mueca de dolor y terror mientras su mujer lloraba, mirando la caja de madera como si esperara que en algún momento fuera a abrirse, como si deseara o tuviera esperanzas de que esa fuera solo una broma más de los gemelos, sabiendo a la vez que no lo era y que tendría que vivir el resto de su vida recordando a Fred.

Ginny la había invitado a sentarse junto a ella, y Harry lo hizo, y lloró como uno más, y sintió aquella pérdida como un Weasley más, porque de hecho eso era lo que era, esa era su familia, la única que había conocido. Eran aquellos que siempre habían tenido un hueco en su mesa para él aún siendo muy pobres, y que no habían dudado en hacerle regalos por su cumpleaños y por Navidad al saber que nadie más lo hacia, y que tantas y tantas veces lo habían rescatado cuando más lo necesitaba. Si tuviera que definir el momento de su vida en el que más suerte había tenido, no elegiría aquella vez que había escapado a la muerte siendo tan solo un bebé, o cuando había conseguido escapar de Voldemort la noche en que Cedric murió, ni siquiera el haber logrado por fin dar con la solución para matar a Voldemort; el momento del que más afortunado se sentía era ese 1 de septiembre de 1991 en el que, por azar, había decidido preguntar a una mujer pelirroja cómo se llegaba al andén 9 y 3/4. Recordaba aquel primer día, recordaba a Fred y George bromeando con su madre y haciéndole creer que los había confundido; recordaba cómo los gemelos no habían tardado en darle la bienvenida a Gryffindor con aquel canto: "tenemos a Potter", y su particular forma de entonar el himno de Hogwarts. Recordaba todas esas horas entrenando al Quidditch, y tantas tardes juntos en la sala común, y tantas vacaciones en su casa. Sabía con certeza que desde el primer momento Fred y George lo habían aceptado como su hermano pequeño, y lo habían hecho olvidarse muchísimas veces de que era huérfano, porque con ellos tenía un hogar. Por eso no había dudado en darles la recompensa del Torneo de los Tres Magos tras su huida de Hogwarts, y se había sentido infinitamente recompensado al verlos construir y hacer crecer Sortilegios Weasley.

Todos habían temido perder a alguien, pero ninguno podía haberse imaginado que aquello fuera tan doloroso. Molly recordaba a Fred, y recordaba a sus propios hermanos gemelos, Fabian y Gideon, y el miedo y la soledad que había sentido al enterarse de que habían muerto. Pero eso era infinitamente peor; lloraba por Fred, pero sobretodo lloraba por George; lloraba porque desde niña había comprendido la relación especial que existe entre dos gemelos, y que uno se quedara solo le parecía el peor castigo imaginable.

El funeral de Remus y Tonks fue a la vez, ambos serían enterrados en el mismo nicho, y fue una ceremonia más familiar, pero igual de terrible. Les faltaba gente, les faltaban hermanos, amigos, padres. Y aunque seguirían adelante, porque tenían la determinación de hacerlo, sabían que nunca podrían olvidar.


- Ron y yo nos iremos a la Madriguera mañana - dijo Harry.

- Ya sabes que puedes venir si quieres, Hermione. Mi madre se pondría muy contenta de tenerte en casa.

Hermione sonrió. La señora Weasley había sido, durante los últimos días, tan solo una sombra de lo que era. La pérdida de un hijo le dolía tanto como la pérdida de todos, y en la familia Weasley se notaba un hueco vacío que ya no podría rellenarse. Pero se querían y estaban unidos; no olvidarían, pero con el tiempo irían sanando poco a poco.

- Me encantaría, pero Draco no se habla con su madre y no puede volver a casa; no todavía. Iremos a mi casa una temporada, y luego pensaremos en qué hacer.

- ¿Y con el bebé…? - preguntó Ron tímidamente.

Hermione se encogió de hombros.

- El tiempo lo dirá. En cuanto vea que la situación está totalmente calmada y que estamos a salvo del todo, viajaré a Australia para buscar a mis padres. De momento eso es todo en lo que puedo pensar.

- Los encontrarás - dijo Harry -. Consigues todo lo que te propones.

- ¿Y tú qué vas a hacer con… ya sabes, tu ahijado?

Harry suspiró como si hubiera evitado pensar en ello.

- En un par de días iré a casa de Andrómeda; ya he hablado con ella. La voy a intentar ayudar tanto como pueda, pero no tengo mucha experiencia así que…

- Lo harás bien, Harry. Ella te necesita, lo ha perdido todo excepto a su nieto.

El moreno asintió. Tenía que hacerlo, se lo debía a Remus y a Tonks; se lo debía a sí mismo, otro huérfano de guerra que no dejaría que nadie sufriera como había sufrido él.


Hermione y Draco llegaron ante la puerta de la casa de la chica, y la castaña la observó en silencio durante unos instantes. Una abrumadora oleada de recuerdos la invadió, y sintió una punzada en el pecho al saber que sus padres no la recibirían en el interior.

- ¿Estás bien?

Hermione asintió.

- Tengo que estarlo.

Alzó la cabeza y giró la llave con determinación. En cuanto la situación estuviera un poco más relajada iría a Australia y los traería de vuelta. No podía permitirse pensar que no lo conseguiría.

La puerta se abrió en silencio, y ambos pasaron al recibidor, amplio y luminoso. Una fina capa de polvo se acumulaba como consecuencia de los últimos meses, pero Hermione no fue siquiera consciente. No podía apartar la vista de las fotos de las paredes y las estanterías, en las que aparecía ella en diferentes etapas de su vida, siempre sola… como si siempre hubiera estado sola. Sacudió la cabeza y se volvió hacia Draco, que lo contemplaba todo con curiosidad.

- Comparado con Malfoy Manor se queda algo pequeño pero…

Él negó con la cabeza. Aquella casa desprendía la palabra hogar por todas partes. Era luminosa, cálida; acogedora. Sí, estaba algo descuidada, pero llevaba 9 meses sin recibir ninguna visita, y aún así te invitaba a permanecer dentro.

- Es perfecta, Hermione.

- Pero…

- Malfoy Manor es grande, sí, pero nunca lo he sentido como estar en casa. Demasiada gente entrando y saliendo a todas horas, demasiadas habitaciones desocupadas, demasiadas normas de etiqueta… esto es diferente. Es… no sé.

- ¿Familiar? - preguntó la castaña sonriendo.

Draco se encogió de hombros y se volvió para mirarla.

- Cualquier lugar en el que estés tú me parecerá familiar.

La chica se puso de puntillas y lo besó, y Draco se inclinó para quedar a su altura. Avanzaron hasta la pared más cercana, quedando Hermione aprisionada entre la pared y el chico, y se apartó un momento para tomar aire y decir, con la voz temblorosa.

- ¿No quieres que te enseñe la casa antes?

Draco sonrió contra su boca.

- Como tú prefieras - se desplazó hasta su cuello para depositar suaves besos y Hermione tembló entre sus brazos, aferrándose a él con fuerza. Sus ojos se encontraron y se comunicaron en silencio; se necesitaban, se deseaban, no podían esperar más para volver a sentirse unidos. No era solo la necesidad de sexo, era algo más. La reafirmación de que por fin estaban juntos, de que podrían estarlo por tanto tiempo como vieran conveniente; de que por fin podrían amarse, sin importar lo que el mundo pensara de ello.

La chica se subió de un salto a los brazos del rubio que la empujó más contra la pared, mientras sus bocas se encontraban furiosamente una y otra vez, tratando de buscar un consuelo que cada vez se hacía más anhelante, fundiéndose en sí mismas como si fueran uno solo.

Hermione no pudo comprender cómo Draco había sido capaz de subirlos a ambos hasta el piso superior, pero de alguna forma lo consiguió sin que aquello terminara en tragedia.

La castaña bajó de sus brazos con agilidad y lo observó, en silencio. Tenía las mejillas sonrojadas y las pupilas dilatadas, tanto que apenas se podía distinguir el iris de color gris que, en esos momentos, adoptaba un tono casi azul. Sus angulosas facciones y los juegos de sombras que creaban en su semblante, la incipiente barba de un par de días que no se había afeitado… era como deleitarse con un cuadro de arte, uno del que no pudieras cansarte de mirar.

El rubio finalmente apartó la mirada y carraspeó, divertido.

- No es por meterte prisa ni nada, pero puede que si me sigues mirando me desgastes.

Hermione sonrió y se apretó contra él, acariciándole la mejilla mientras juntaba sus frentes.

- Creo que nunca me cansaré de mirarte.

El chico sonrió de medio lado, con esa sonrisa que Hermione sabía que podría volver loca a cualquiera, pero que ahora le dirigía a ella; una sonrisa sincera, pícara, con una ternura indescriptible. Por las barbas de Merlín, era como Harry le había descrito en primero que se sentía al mirar al espejo del Oesed, como si la visión del chico ante ella fuera el reflejo de su deseo más fuerte hecho realidad.

- Si me sigues poniendo esos ojos creo que no conseguiremos llegar a tiempo al dormitorio - dijo mientras se inclinaba sobre ella, aspirando fuerte para captar su olor afrutado.

La castaña alzó una ceja y lo cogió por la hebilla del pantalón, agarrándolo únicamente con un dedo, mientras él se dejaba guiar hasta la primera puerta a la izquierda. Cuando la abrió, un sentimiento de extrañeza recorrió al rubio. Había estado en la habitación de Hermione en la torre de los Premios Anuales muchas veces; pero esa habitación era totalmente diferente, era mucho más personal. Estaba pulcramente ordenada, con un olor a cerrado ligero que le confería un ambiente relajado. La colcha, blanca a rayas rosas y amarillas, permanecía estirada a la espera de sus ocupantes. Y la mesa, la estantería, el armario de caoba empotrado; todo, estaba lleno de libros. Libros con títulos muggles, libros antiguos encuadernados en cuero, libros infantiles, libros con portadas cuyas fotos se movían y sonreían, libros gordos, delgados, altos, bajos… aunque en un orden reconfortante y acogedor, los libros lo ocupaban todo. Miró a la chica, que lo observaba expectante, y alzó una ceja.

- Quién iba a pensar que te gustaba leer - Hermione rodó los ojos y sonrió, mientras se volvía en silencio y contemplaba los posters en las paredes, los cuadros en los que ahora aparecía sola, la leve decoración de elementos de Gryffindor, que armonizaba con el color amarillo claro de las paredes.

- Eres un impertinente - dijo tratando de sonar decidida. Notó que los brazos del rubio la rodeaban desde atrás y se tensó cuando los dedos de Draco tocaron la piel desnuda de su muñeca.

- ¿Ah sí? - susurró contra su oído, presionando su cuerpo contra el de la chica.

La castaña se giró y le pasó las manos por los brazos, por los hombros, por la piel del cuello, mientras él la miraba en silencio.

- He ansiado tanto poder tocarte durante los últimos meses…

El rubio se dejó guiar, caminando de espaldas, hasta que sus piernas chocaron con el somier, y se tendió despreocupadamente en la cama, arrugando la pulcra colcha y quitándose los zapatos con dos certeras patadas.

- Me podría quedar toda la vida mirándote sin cansarme - continuó Hermione mientras le recorría con las manos la mejilla, notando que el cuerpo de Draco respondía a su contacto.

- Ahora podrás hacerlo - dijo el rubio mientras se elevaba para besarla. Y en el momento en el que sus labios se encontraron, el resto del mundo dejó de importar. Los besos se fueron haciendo cada vez más íntimos, más profundos, mientras se recorrían con caricias urgentes pero firmes, apremiantes pero tiernas. Se separaron un momento para deshacerse de ambas camisetas, y Draco rodó, quedando sobre la chica, que en un hábil movimiento deshizo la cama para meterse bajo las sábanas, seguida por él. Sus miradas se enfrentaron durante breves segundos antes de que sus labios entreabiertos se encontraran, sus lenguas realizando un excitante y tortuoso baile, que los dejaba con ganas de más, siempre más. En seguida se encontraron solo con la ropa interior entre ellos, tan fundidos que no podían distinguir cuáles eran sus extremidades y cuáles las del otro, y no pudieron sino maravillarse por lo que el tacto de piel contra piel les producía, por la sensación de electricidad que los recorría de pies a cabeza, que les indicaba que aquello era lo adecuado.

Un gruñido sofocado salió de la garganta de Draco cuando Hermione le enrolló las piernas alrededor de la cintura, apretándose tanto contra él como le fue posible y notando como su erección le presionaba el vientre. Pero habían esperado tanto ese momento, que no tenían ninguna prisa. Las manos del chico recorrieron la cintura de ella hasta llegar a sus muslos, y fueron ascendiendo lentamente, mientras esta le clavaba las uñas en las espalda y él le recorría el cuello con sus besos, el pelo cayéndole desordenado y revuelto sobre la frente sin que fuera siquiera consciente de ello.

La castaña dejó que él la recorriera con suaves pero apremiantes besos mientras su sujetador caía a un lado. Y cuando el chico llegó con sus besos hasta las braguitas, se deshizo de ellas ayudándose de sus dientes, su nariz en contacto con el cuerpo de Hermione que se retorció ante aquel inesperado roce. Volvieron a besarse ferozmente, mientras las manos de la chica se deslizaban bajo los bóxers del rubio y hacían que este se arqueara de placer sin poder reprimir un gemido. Con un rápido movimiento, Hermione lanzó lejos la última prenda que separaba al chico de ella, y se alzó para permitir que él la penetrara, con una delicadeza que la hizo derretirse entre sus brazos. El rubio la embestía con movimientos rítmicos, que enviaban maravillosos espasmos a través de su columna vertebral, haciendo que toda ella vibrara. Ambos gritaban sin preocupaciones, ella con una mano aferrada al cabezal de la cama y otra enredada en el cabello rubio del chico, y él con ambas manos entregadas a seguir recorriéndola, deteniéndose en los lugares exactos y haciendo que ella se le aferrara con más fuerza.

Aquello duró durante lo que podrían haber sido horas o minutos, mientras ambos se maravillaban, sus mentes centradas solo en aquel placer indescriptible, el sudor corriendo por ellos sin que importara. Y de pronto estalló con una luminosidad cegadora, y se vieron anegados por una oleada de placer que parecía no remitir nunca. Cuando por fin todo se calmó, y pudieron separarse para mirarse, todavía temblando, apenas podían hablar. En su lugar, Hermione se inclinó sobre Draco y le dio un prolongado beso mientras los firmes brazos del rubio la rodeaban y la ayudaban a situarse a su lado. Y entonces ambos se fueron quedando dormidos, en silencio, y por primera vez en mucho tiempo, sus sueños estuvieron libres de pesadillas.


Andrómeda Tonks oyó a alguien llamar a la puerta y alzó la cabeza, lentamente. Miró hacia el rincón donde Teddy dormía y se levantó con dolor. Los últimos días habían sido peores que todo cuanto podría haber imaginado, y había momentos en los que sentía que no tenía fuerzas para seguir adelante. Lo único que la hacía no darse por vencida era su nieto, cuyo llanto la sacaba de su estado de abstracción y la hacía darse cuenta de que, pasara lo que pasase, no podía decepcionarlo.

Caminó hasta la puerta con dificultad y se detuvo con la mano en el pomo, desconfiada. No tenía previsto recibir a nadie hasta que llegara Harry al día siguiente.

- ¿Quién es? - susurró con la voz ronca, y se sorpendió por lo enferma y débil que sonaba. Al otro lado de la puerta nadie contestó, y Andrómeda se llevó una mano al bolsillo trasero de la túnica para agarrar su varita.

- ¿Andrómeda? - dijo finalmente la persona que había llamado. Su voz le llegó amortiguada por la puerta, pero podría haberla distinguido entre mil. Temblando, la mujer apartó la mano de la varita y abrió la puerta ligeramente.

- Narcissa - dijo fríamente -. ¿Qué haces aquí? - no tenía la intención de sonar así de tajante, pero no pudo evitarlo. Habían sido demasiados años de aislamiento y de separación, y ella no tenía derecho a presentarse en su casa en un momento así.

- Me equivoqué, Andrómeda - Andrómeda sintió una sensación cálida y melancólica al oírla pronunciar su nombre, pero en seguida se irguió y la enfrentó -. Pensé que… que todo lo hacía para proteger a Draco, cuando en realidad solo me protegía a mí misma. No debería haber...

- No entiendo qué relación tiene eso conmigo - la cortó secamente. Narcissa cogió aire y prosiguió, con semblante arrepentido y turbado. Se sentía incómoda, pero sabía que debía disculparse.

- Lo siento muchísimo. Sé que es tarde para arrepentimientos, pero oí lo de tu hija y… sé que no tengo derecho, pero quería saber si podrías necesitar algo de ayuda.

- Ni el día de su nacimiento os dignásteis a aparecer. Esperé durante meses, creyendo que quizás, si no era por mí, vendríais por ella. Pero acabé dándome cuenta de que la repudiábais tanto como a mí, y que me gustara o no, no ibais a venir.

- Draco está con ella, Andrómeda. Está con Hermione Granger - dijo Narcissa como si tratara de explicarse, con voz angustiada -. Yo… he perdido muchas cosas, pero no puedo perderlo a él. Tú solo tienes a tu nieto, y yo solo tengo a mi hijo - hizo una pausa y la miró, como si se avergonzara de lo que iba a pedirle -. Pero podríamos tenernos la una a la otra.

- ¿Soy tu sustituta ahora que Bellatrix no está? - soltó con desprecio. Andrómeda había odiado a Narcissa durante los últimos años, pero a Bellatrix… a Bellatrix la había despreciado toda la vida; cuando eran pequeñas le guardaba ese cariño que le tienes a un familiar aunque sea odioso, pero con los años se fue convirtiendo en rabia contra ella.

Aquello provocó un pinchazo de nostalgia en el pecho de Narcissa. Aunque sabía que debería, no echaba de menos a Bella. Ella no era buena, nunca lo había sido. Y ahora que se había librado de ella y de Lucius, veía las cosas con más claridad. Pero sabía, con una culpabilidad certera, que era demasiado tarde.

- Nunca debimos repudiarte por estar con él, con Ted - respondió, notando como el semblante de su hermana se relajaba y a la vez contraía de tristeza al oír el nombre de su difunto marido -. No sé si algún día lograré entenderlo, pero debo hacerlo. Ahora Draco sale con una hija de muggles, y no puedo fallarle. Ya le he fallado demasiado.

- He oído que está embarazada - replicó Andrómeda como toda respuesta.

Narcissa apartó la mirada. Intentaba evitar pensar en ello, pero no podía apartarlo de su mente.

- Hace unas semanas Granger y sus amigos se colaron en casa y los capturamos. Bella iba… iba a matar a la chica, o a herirla. Pero yo lo vi, Andrómeda - la miró con los ojos empañados -. Sentí que estaba embarazada. Pero no podía imaginar que fuera mi nieto, yo no… debería haberme dado cuenta, haber hablado con Draco. Él cree que lo odio, ¿sabes?

- Es lo que yo creía hasta hace unos minutos.

- Sé que han pasado muchos años… dos hermanas no deberían pelearse. La sangre no debe enfrentarse a la sangre.

- A veces es necesario - Andrómeda miraba a su hermana con un semblante inaccesible.

La rubia miró al suelo.

- Lo entiendo.

Andrómeda pareció vacilar unos instantes, pero no dijo nada y Narcissa asintió, resignada.

- Espero que más adelante podamos...

De pronto su hermana se adelantó, como si tuviera algo urgente que decirle, algo que llevaba reteniendo muchos años.

- Es cierto, Narcissa, ha pasado mucho tiempo. Pero ha acabado la guerra, y ahora es tiempo de paz y reconciliación - sonrió nostálgica -. Cuando éramos pequeñas, recuerdo que Bellatrix siempre se adueñaba de todo, con la excusa de ser la mayor. Ella y yo nos enfrentábamos, continuamente; éramos totalmente opuestas, no había nada que nos uniera. Pero tú, aunque fueras la más pequeña, siempre eras justa, y me defendías. Yo te admiraba, ¿sabes? Tu determinación, tu fuerza… pero en algún momento algo cambió. No sé decir el qué, pero de pronto todo era diferente. Cuando comencé a salir con Ted, sabía que la familia renegaría de mí, pero en el interior creía que tú nunca me harías eso - negó con la cabeza y miró a su hermana, que la observaba en silencio -. Fuiste, y has sido, la única que me haya roto el corazón.

Narcissa sintió aquella revelación como mil alfileres clavándose en su pecho.

- Dices todo eso de mí porque tienes buen corazón, y me veías en una versión mejorada de mí. Pero yo siempre estuve podrida por dentro con todos esos ideales elitistas, ¿sabes? Y lo sigo estando, pero ahora sé que puedo luchar contra esos ideales - hizo una pausa y suspiró -. Debería haber venido hace más de 20 años, lo sé, y no hay palabras que puedan describir lo arrepentida que estoy. Por eso comprenderé que ahora seas tú la que reniegue de mí, porque no me merezco tu compasión.

Narcissa se giró y se disponía a marcharse, cuando la mano de su hermana se posó suavemente sobre su hombro. La mujer se volvió, sorprendida, y descubrió en el rostro de Andrómeda una cálida sonrisa, algo rota de dolor, que le hizo darse cuenta de cuánto la había echado de menos.

- No creo que todos merezcamos una segunda oportunidad. Pero quizás tú la merezcas, después de todo.

- Andy… - hacía tantos años que nadie la llamaba así, que sintió que los ojos se le empañaban. Por suerte, consiguió retener las lágrimas y parecer firme y segura.

- Pasa, Narcissa. Tenemos mucho sobre lo que hablar.


- ¿Draco?

- ¿Mmmh? - masculló a su lado el chico, que se estaba despertando poco a poco. Hermione se giró haciendo un lío con las sábanas y le acarició el despeinado pelo.

- Creo que no recuerdo la última vez que me lo pasé tan bien - añadió al final mientras le acariciaba las líneas del pecho.

El rubio se volvió y la besó, sonriendo contra su boca. Cuando se apartó, enredó un rizo del cabello de la chica en su dedo y alzó una ceja divertido.

- Permíteme que te refresque la memoria - dijo mientras su dedo vagaba por la clavícula de la chica -. Una silueta bailando contra la ventana, un baño con una bañera muy grande, un sillón de cuero completamente mojado… - llegó hasta su cintura y le acarició el abdomen en suaves círculos, haciendo que a Hermione le costara mantenerse concentrada.

- Esa noche… - como no conseguía que las palabras salieran de su boca y tampoco quería que Draco parara, llevó su mano hasta la del chico. Draco miró ambas manos, sobre el vientre de Hermione, y pareció tensarse un poco -. Al día siguiente comenzó la guerra, Draco, y se me olvidó por completo tomar la poción anticonceptiva.

El rubio la observó, en silencio, y Hermione supo que tenía toda su atención. Cuando esa conversación acabara, sabría por fin si estaba de su lado o no.

- Llevábamos casi un mes viviendo en los bosques, consiguiendo con una exasperante lentitud completar la tarea de Dumbledore, cuando me di cuenta de que debería haber tenido el periodo hacía dos semanas. Con toda la agitación se me había olvidado por completo, pero parecía imposible que… que estuviera embarazada. Durante algunos días fue lo único en lo que podía pensar, aunque en el fondo sabía que era la realidad: tenía náuseas, estaba cansada, me sentía hinchada. Pero no era como cuando tengo el periodo era… totalmente diferente. No sé cómo explicarlo, pero simplemente sentía que estaba embarazada. Finalmente compré un test en una farmacia muggle y recibí mi confirmación. Bueno, de hecho compré 3, y todos daban el mismo resultado.

El chico permaneció callado unos segundos.

- ¿Qué pensaste cuando te enteraste? - preguntó al fin, con tono ecuánime.

Hermione se encogió de hombros.

- ¿Qué pensaste tú? - sonrió y negó con la cabeza, recordando el miedo que había sentido -. Me asusté, claro. La guerra todavía no parecía estar acabando y tú estabas… demasiado lejos. Tampoco podía contárselo a Harry porque eso nos despistaría a todos y ya sabía lo que me diría, y aún menos a Ron, porque no sabía que estábamos saliendo. Mis padres estaban fuera y tampoco podía contactar a los miembros de la Orden y Ginny… así que estaba sola.

- ¿Y en ningún momento pensaste en echarte atrás?

Hermione negó con la cabeza.

- Me parece totalmente respetable que una mujer decida que no puede permitirse tener un bebé si se ha quedado embarazada, pero yo quería tenerlo. ¿Es raro, sabes? Nunca había pensado en ser madre, y de repente era lo único en lo que podía pensar.

Draco permaneció en silencio unos segundos. Él sí había pensado en ser padre. De hecho, había sabido que era lo que le tocaba por ser el heredero Malfoy, le había parecido simplemente algo obligatorio. Pero ahora que podría habérselo planteado mejor no sabía qué pensar.

- Esto… todo esto, es una locura, ¿verdad? - no lo dijo con tono lejano, ni frío. Simplemente lo comentó, remarcando lo que ambos sabían, y la chica asintió con resignación, acariciándole la mejilla.

- Y por eso quiero que estemos juntos.

Draco se apartó suavemente.

- ¿Y si no sé como criar a un niño? - de repente su semblante reflejó miedo -. ¿O a una niña? Hermione, yo no sé hacer trenzas - su tono de preocupación fue suficiente para que la chica se riera hasta notar lágrimas en los ojos -. Es en serio.

La castaña se relajó y vio que el rubio se había ofendido. Se acurrucó contra él y se dejó abrazar, en silencio, y agradeciendo su tacto, su cercanía, su calor.

- Los dos tenemos muchísimo que aprender. Pero lo conseguiremos. Además, no vamos a estar solos.

- Mi madre…

- Tu madre te quiere, Draco. Ayudó a Harry y, además, no se quedó para luchar contra nosotros.

- Sí, pero que me quiera no es suficiente. Te tiene que querer a ti - lo dijo como si fuera obvio, y Hermione no pudo evitar sonreir.

La chica se giró y le dio un beso fugaz.

- Debes ir a hablar con ella en cuanto puedas.

Draco asintió y, tras dudar unos segundos, dijo:

- Por si no ha quedado claro después de esta conversación, lo haré Hermione. Te quiero y si renunciar al bebé significa renunciar a ti, no podré soportarlo.

Hermione se giró rápidamente para mirarlo a los ojos, tratando de estudiar su expresión.

- Draco…

- Lo digo en serio.

Hermione tomó aire y se tomó un momento para pensar cómo decirle aquello sin que pareciera que no creía su palabra.

- Es solo que no quiero que te quedes solo por mí. Este bebé necesita a un padre que le quiera, no a un padre que lo tolere porque es la única forma de estar junto a su madre.

- Me acostumbraré.

- Es que… no sé, Draco. No pareces muy decidido.

El rubio reflejó durante unos momentos un semblante enfadado pero enseguida lo ocultó, aunque sabía que la castaña ya lo había percibido.

- Hermione, no te puedo prometer más de momento, ¿vale? Sé que quieres que todo salga bien pero siento que me estás pidiendo demasiado. Acabamos de reencontrarnos, y tenemos muchos meses por delante para ordenar nuestras ideas.

- Sabes que yo no voy a cambiar de opinión.

Draco rodó los ojos. Sí, lo sabía. Hermione podría ser inteligente, pero también era testaruda.

- ¿Y si supieras que es la única forma de estar conmigo? ¿Si la única solución fuera renunciar al bebé?

Hermione permaneció quieta unos segundos y frunció el ceño.

- No me puedo creer que me estés preguntando eso. Es injusto.

- Tengo derecho a preguntar lo que quier…

- Elegiría al bebé, Draco. Lo elegiría por encima de ti y por encima de cualquier otra persona.

Aquello fue como una bofetada para el rubio.

-Entonces quizás no sea yo el egoísta.

Durante unos segundos Hermione se le quedó mirando con expresión sorprendida y dolida.

- ¿Perdona?

- Ya me has oído, Granger - que la llamara por su apellido fue mil veces peor que cualquier otra cosa que pudiera decirle. Le recordaba al pasado, le recordaba tiempos peores entre ellos.

- Tal vez no haya sido buena idea que te quedes aquí - Hermione no había querido decirlo, pero ya no podía echarse atrás.

Draco la miró y torció la comisura de los labios, aunque los ojos reflejaron una punzada de traición.

- ¿Esa es tu forma de actuar ahora? ¿Me echas y punto?

La castaña sabía que podría haber suavizado la situación en ese momento, pero era como si un monstruo revolviera su interior y solo quisiera desahogarse.

- No creo que me estés dejando otra opc…

- Ni tú a mí. Yo no pedí ese bebé, Hermione. Ni lo pedí ni lo quiero.

- Sí que lo quieres, es solo que…

- Lo único que ha hecho ese puto crío desde que estamos juntos es separarnos.

Hermione alzó las cejas mientras se apartaba de él sin siquiera ser consciente y se llevaba la mano protectoramente al vientre.

- Sigues siendo igual de malo que antes - sus propias palabras la dejaron helada, y mientras observaba como la expresión del rubio se convertía en una máscara inaccesible, deseó poder regresar en el tiempo y retirarlo. Sin embargo, es como si realmente lo sintiera, como si hubiera pretendido hacerle daño.

Draco la miró y mostró una sonrisa irónica, tratando de ocultar lo que aquello le había herido.

- Pensaba que a estas alturas ya te habrías dado cuenta.

La castaña apartó la mirada y le espetó con la voz temblando, sin atreverse a mirarlo:

- Fuera de aquí.

- Está bien. No necesito tu compasión - el rubio se levantó con brusquedad y recogió sus pantalones del suelo -. No te necesito. Sé perfectamente cómo sobrevivir sin tu ayuda.

La castaña no contestó y esperó hasta que el chico abandonó la habitación con un portazo que retumbó por toda la casa. Y de pronto sintió que una cascada de emociones la embargaban con la fuerza de un tsunami, ahogándola y cegándola de dolor e impotencia durante unos interminables minutos. Con mucho esfuerzo, consiguió ponerse en pie, y avanzó temblando hacia la puerta. Su mano se posó sobre el pomo, pero antes de que pudiera girarlo esta se abrió con la misma fuerza con la que se había cerrado, y Draco se la quedó mirando, en silencio. Tenía el cabello alborotado y su pecho subía y bajaba violentamente, sus ojos también anegados por el sufrimiento y el terror. Las palmas del rubio sangraban en los lugares en los que se había clavado las uñas apretando los puños, y su expresión reflejaba una soledad inmensa y abrumadora.

- Sí que te necesito - dijo con la voz quebrada, mientras Hermione retrocedía un paso. Sus miradas se encontraron, en silencio.

- No sigues siendo igual que antes. Muchas veces te he dicho que has cambiado y lo digo en serio. Es solo que… no debería haberlo dicho - de alguna manera, consiguió que la voz no le temblara tanto como debería.

Draco dio un paso adelante y agarró la cara de la castaña entre sus manos, con fuerza, como para asegurarse de que esta no fuera a desvanecerse de su lado.

- Aprenderé a quererlo, Hermione. Te juro que lo haré - su tono de voz era casi suplicante, sonaba herido, desesperado y sus ojos grises como el hielo también lo reflejaban -. No puedo dejarte, no puedo separarme de ti.

- No te vayas, por favor - susurró la chica, y como para tranquilizarla, la boca de Draco chocó contra la suya, mientras se fundían en un abrazo tan cercano que no había ni un centímetro de separación entre ellos. Con fiereza, Hermione tiró del chico de nuevo hasta la revuelta cama, y se situó encima de él, para recorrerle el pecho depositando suaves besos. El rubio recorría con sus manos sus muslos desnudos, notando como por fin algo en su interior volvía a encajar.

La guerra los había destrozado, lo notaban en cada respiración, en cada sonrisa tensa que se obligaban a mostrar, como si sonreír fuera ya algo del pasado; pensaban en todos los que se habían quedado atrás y en todo lo que habían vivido, en cómo eso los marcaría para siempre, en cómo las pesadillas seguirían asediándolos por la noche. Pero ahora se tenían el uno al otro, y lograrían volver a unir sus pedazos y pegarlos, hasta reconstruirse. Costara el tiempo que costase, estaban preparados para pasar por ello.


❤ ¡Y fin del capítulo! ❤

Antes de nada no os preocupéis, QUEDA TODAVÍA UN CAPÍTULO MÁS, EL EPÍLOGO en el que se acabarán de desarrollar todas las historias y veréis el nacimiento (o no) del bebé (lo aviso porque sé que dije que este sería el último y no quiero que penséis que voy a dejar la historia así, sin acabar). El caso es que estaba escribiendo el epílogo pero no he tenido apenas tiempo estos últimos meses que son meses de estudio intenso, y quizás hasta verano no tenga tiempo para escribir. Además quería que este capítulo contuviera el epílogo, y ya llevaba la mitad escrita y me di cuenta de que estaba quedando definitivamente demasiado largo y sería mejor separarlos en dos capítulos... al menos así tenéis algo para leer mientras :)

Lo dicho, que al menos ya tengo casi toda la historia terminada, y solo me queda el final (os lo juro, solo el final del epílogo) que es la única parte que desde hace meses sé exactamente como quiero que se desarrolle, así que no os preocupéis, acabaré antes o después (me tenéis que odiar, cuando más interesante está es cuando más os hago esperar).

Básicamente acabamos de ver como termina la guerra (la parte de la batalla final está también cogida prácticamente igual del séptimo libro porque me gustaba y no me parecía bien cambiarla, pegaba más así) y cómo Draco y Hermione por fin pueden estar juntos (si eso desencadena alguna reacción en el mundo mágico o no lo veremos en el epílogo)... ¡la parte en la que se acuestan de nuevo después de tanto tiempo creo que es la más intensa y bonita que haya escrito, me encantan 😍!. En cuanto a lo de Andrómeda y Narcissa, me parecía que dado que Narcissa al final cambió de bando y teniendo en cuenta lo sola que estaba su hermana, debía juntarlas ️😊. Además creo que el personaje de Andrómeda merece mucho más reconocimiento del que recibe, en serio, deja a su familia porque no cree en sus ideales y, a pesar de que su marido, hija y yerno mueren, no se da por vencida.

Y el funeral de Fred... no os podéis imaginar lo que lloré escribiéndolo 😢. Nunca os lo había dicho pero yo tengo un hermano gemelo y os puedo decir que es como una parte de mí y si me pasara lo de George... en serio, no creo que tuviera fuerzas para seguir. No se me ocurre algo más triste. En cuanto al funeral de de Theo no lo puse porque me parecía repetitivo, pero no os preocupéis porque no es que me vaya a olvidar de él y punto, evidentemente Draco podrá expresarse en el próximo capítulo 😉

En cuanto a la pelea final entre Draco y Hermione, imagino que se os habrán puesto los pelos de punta pensando que al final se iba a estropear todo. Bueno, pues ya veis que no, que de momento siguen bien. Pero es mi forma de reflejar que, aunque estén juntos, aunque por fin estén felices, hay diferencias que les costará mucho tiempo salvar, y hay cicatrices que los acompañarán para siempre. Retratar una guerra es difícil, muy difícil, y espero haberlo hecho con la mayor fidelidad posible.

Por favor os lo suplico, dejadme reviews, por favor por favor por favor, cada vez recibo menos y ya no sé que pensar, en serio no sabéis el trabajo que hay detrás de cada capítulo, las horas y horas y horas pensando, escribiendo y borrando, corrigiendo y mejorando delante del ordenador. Me gustaría muchísimo poder saber qué pensáis, aunque sea un simple "me encanta tu historia", con eso ya me sentiría recompensada, pero sino es como que trabajo un montón solo para que otros puedan leerlo sin acordarse de que detrás de esta historia hay una persona dedicada y que lo hace por ellos.

Antes de irme voy a responder a las reviews de todos aquellos a los que no puedo responder por privado:

- Meg: hola un capítulo más reina ❤ Me alegra mucho saber que te gustara el capítulo anterior y espero que este te haya gustado tanto o más ;P Lo de Theo fue muy triste y ha marcado mucho el final de la historia pero no te preocupes, en el epílogo podremos saber qué pasa con Lucius, Narcissa... con todo en general. A mí también me encantan los finales felices pero los agridulces son mejores... lo dejo ahí para no desvelar nada 😜 Siento de nuevo la espera y esta vez sí que no puedo decir cuándo subiré el último capítulo, espero que no me cueste mucho pero prefiero que me cueste más y hacerlo perfecto a terminar la historia sin estar segura de si me gusta no, espero que me entiendas :) Lo dicho, que disfrutes mucho de este capítulo y en el próximo nos vemos, muchos besos 😘😊

- Guest: hola cielo ❤ Me entusiasma mucho saber que eres uno de esos pocos lectores que está desde el principio, tiene que haber sido frustrante y a la vez satisfactorio tener que esperar tanto para cada capítulo (aunque cuando empecé tenía mucho más tiempo libre y los subía más a menudo), pero tu paciencia me hace saber que realmente te gusta la historia :) ¿Qué te ha parecido este capítulo? ¡Espero que te haya gustado, ya verás como el próximo es todavía mejor! Veremos lo que pasa con Lucius, Narcissa, Hermione, el bebé... lo veremos todo :D Hasta entonces, muchísimos besos 😘😊

- Cami: hola amor ❤ Aquí tienes el capítulo nuevo, siento la espera y espero no hacerte esperar mucho para el siguiente, aunque voy a empezar enseguida exámenes finales y lo dudo mucho... aún así, me alegra mucho que te guste la historia y espero que este te haya gustado todavía más (déjame tu opinión ), muchísimos besos y hasta el siguiente 😘😊

Gracias de corazón por leerme y, por favor, no olvidéis mandar review, darle al GO y recomendar la historia a vuestros amigos, para que esta pequeña familia pueda seguir creciendo :D

Con todo el cariño del mundo, un capítulo más;

- Daphnea ❤


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