Junio, 1 mes después del fin de la Guerra

- Hermione - dijo Draco casi en un susurro, y la chica se volvió para mirarlo. Así, con ese vestido vaporoso y floreado, la piel bronceada y el cabello encrespado por la humedad, apenas se parecía a la chica desarreglada y estudiosa, siquiera consciente de su belleza, que se pasaba las horas en la biblioteca de Hogwarts enterrada entre libros y preparándose para unos exámenes que todavía tardarían meses en llegar.

La castaña le sonrió tiernamente. El sol de Australia había conferido a Draco un tono rojizo que, tras una semana, se había convertido en un moreno suave. Su pelo era más rubio que nunca, casi plateado, y sus ojos parecían haberse aclarado hasta volverse blancos. Era exótico y atrayente, y Hermione no podía evitar rodar los ojos cada vez que alguien le lanzaba una mirada sugestiva. Aunque, claro está, él solo tenía ojos para ella.

- ¿Qué pasa? - el chico parecía haberse quedado parado de la impresión, y Hermione miró hacia donde él miraba y sintió como si le faltara el aire. Eran, sin duda alguna, sus padres. Paseaban por la calle despreocupadamente, agarrados de la mano como una pareja de jóvenes novios, mientras reían y observaban algo que él llevaba en la mano.

- Vamos o los perderemos - dijo el rubio entrando en acción, mientras se ponía en pie y dejaba una propina sobre la mesa de la cafetería mucho mayor de lo que era necesario, sin apenas darse cuenta.

- Yo…

Draco se volvió y se dio cuenta de que la castaña permanecía clavada en el sitio, sin apenas respirar. Le cogió la mano y susurró, dulcemente:

- Hermione, sé que tienes miedo. Pero llevamos aquí ocho días sin ninguna pista, y ahora aparecen como si fueran un regalo del cielo - hizo una pausa y la miró significativamente -. No podemos dejar pasar la oportunidad.

La chica todavía pareció dudar unos segundos.

- Sé que lo conseguirás - añadió Draco para animarla, y la castaña alzó la cabeza con determinación, como si le hubieran inyectado decisión. Asintió, se levantó y se encaminó (tan rápido que él apenas podía seguir su ritmo) hacia la pareja, que ya se alejaba por la concurrida calle comercial del centro de Melbourne.

Hermione se plantó en dos zancadas delante de sus padres, cerrándoles el paso, y estos levantaron la cabeza de la revista que llevaban y se quedaron mirándola. Una expresión de desconcierto, mezclando por algo que pugnaba por surgir en su memoria, cruzó sus semblantes, algo apenas visible pero que la castaña detectó, sintiendo como el pecho se le hinchaba de esperanza. Sus padres estaban ahí dentro todavía.

Hermione se obligó a sonreír lo más amablemente que pudo y a parecer tranquila. Draco vio como sacaba la varita discretamente y les lanzaba lo que debía de ser un Confundus.

- Sr. y Sra. Granger, ¿les importaría acompañarme? - dijo con voz neutral y calmada.

El hombre y la mujer, ligeramente atontados y como sin ser conscientes de lo que hacían, asintieron y siguieron a Draco y Hermione hasta un lugar más apartado.


Julio, 2 meses después del fin de la Guerra

Narcissa Malfoy abrió la puerta, extrañada, y se quedó plantada en el umbral sin saber qué decir cuando vio a su hijo.

- Hola mamá - fue todo lo que acertó a decir este, con las manos metidas en los bolsillos y evitando mirarla directamente a los ojos.

- Draco - se aclaró la voz y prosiguió-, ¿qué te trae por aquí? - se irguió. Quería sonar fría, pero no era capaz. No con su hijo; no después de todo.

El rubio exhaló y pareció buscar las palabras.

- Sé que debería haber venido antes… bueno, de todas formas tu también podrías haber venido pero…

Narcissa rodó los ojos. A veces se olvidaba de lo orgulloso que era.

- ¿Qué es lo que quieres? - sonaba cansada, y Draco alzó los ojos para mirarla.

- He venido a pedirte perdón - lo dijo rápido, como cuando te quitas una tirita; cuanto antes lo hagas, mejor.

La mujer pareció quedarse sin respuesta unos segundos, tratando de digerir las palabras de Draco.

- ¿Perdón? ¿Por qué? - ella sabía muy bien por qué, pero quería oírlo de su boca. Quería ver que realmente sentía lo que decía.

- Por todo - suspiró y se encogió de hombros, resignado -. Debería haberte dicho la verdad desde el principio, porque ocultándote secretos solo te puse en una situación comprometida. Pero las cosas empezaron a enturbiarse de repente y no supe bien cómo manejarlo todo.

La mujer asintió y dijo, vacilante:

- Creo que los dos nos equivocamos - dudó unos segundos y se hizo a un lado -. Pasa, no te quedes ahí.

El rubio frunció el ceño mientras entraba en la que había sido su casa durante toda su vida, sin sentir siquiera una pizca de nostalgia. El espejo del recibidor, los cuadros de sus antepasados, la puerta que dejaba entrever una salita de invitados; todo le traía malos recuerdos, haciéndolo estremecerse y agradecer poder haber escapado de esa prisión.

- ¿Entonces no estás enfadada conmigo? - dijo mientras entraba al salón e inconscientemente ocupaba su sitio habitual junto a la chimenea -. ¿No estás enfadada porque traicionara a los mortífagos o porque vayan a encarcelar a Lucius?

- Cada uno recoge lo que siembra - sonaba distante y fría, mientras colocaba despreocupadamente un aperitivo sobre la mesa, que resultaron ser las galletas preferidas de Draco; al chico no se le escapó el detalle y sintió que su corazón se encogía. Su madre debía haberse sentido muy sola, debía haberlo pasado muy mal durante los últimos meses, preguntándose si su hijo vendría o no. Él al menos había tenido a Hermione, pero ella… aunque Narcissa quisiera odiar a Lucius, siempre sería el hombre al que había amado, y posiblemente lo echara de menos y lo detestara al mismo tiempo. Debía ser horrible.

- Creía que intentando salvarte lo había estropeado todo - confesó Draco, susurrando. De repente se sentía culpable, y los remordimientos le pesaban como si trataran de hundirlo en el sillón -. Debería haber venido antes, pero tenía miedo de que no me aceptaras y… lo siento, de verdad que...

- Cariño - le cortó. No lo llamaba así desde que era un niño, y algo en el interior del rubio despertó. Draco observó a su madre con atención y, por primera vez, pudo ver en ella los signos de la edad. El cabello rubio, más oscuro que el suyo, que comenzaba a verse salpicado por mechones blancos; las arrugas en la frente y sobre las comisuras de los labios; la mirada cansada. Sus ojos azules enterraban sufrimiento y angustia, pero parecía feliz de verlo -. Tú no has estropeado nada. Has sido mi salvación.

Draco no pudo evitar abrir los ojos con sorpresa.

- ¿Entonces estás de acuerdo con la posición que tomé en la guerra? ¿No te molesta que no haya venido a verte antes?

- Bueno, al principio no conseguía entenderte y supongo que aún me cuesta, pero estoy luchando contra ello - elevó una ceja -. Y respecto a lo de que no hayas venido antes, es cuestionable, pero supongo que también has necesitado tiempo para poner en orden tus ideas.

El joven asintió y apartó la mirada. Sabía que debía preguntarlo, pero no veía cómo hacer que sonara casual.

- ¿Y Hermione? - perfecto, con la sutileza de un rinoceronte.

Su madre se apoyó contra el respaldo del sillón y tamborileó con los dedos, pensativa. Se frotó el puente de la nariz y negó con la cabeza; había pensado tanto en ello... que su hijo saliera con una hija de muggles era todavía una idea demasiado lejana. Y, aunque se odiara por ello, no le gustaba.

- Que haya aceptado que durante toda mi vida haya estado equivocada no quiere decir que sea capaz de cambiar mis creencias de un día para otro. Me llevará tiempo normalizar la situación, pero no está en mi mano decidir a quién puedes querer y a quién no - tomó aire y lo miró, agotada. Draco supo que había practicado ese discurso muchas veces -. ¿La quieres de verdad? ¿Estás seguro de… de lo que estás haciendo?

El chico asintió levemente. Le incomodaba hablar de sus sentimientos, pero su madre se merecía una explicación. Además, no podía esperar más tiempo; las ansias lo estaban devorando, tenía que decírselo.

- Es cierto, mamá - al ver la expresión confundida de la mujer, concretó removiéndose en su asiento y jugueteando con sus manos -. Es cierto que ella está embarazada.

El semblante de Narcissa se endureció y se inclinó hacia delante. También llevaba mucho tiempo esperando poder hablar de ello con su hijo. Había deseado tanto, con tanta intensidad, que el embarazo fuera falso o que se hubiera producido un aborto, que había llegado a creérselo. Y, aunque en el fondo sabía que la chica Granger estaba embarazada y nada lo cambiaría, hubiera dado cualquier cosa porque no fue así.

- Draco Malfoy - era mala señal que comenzara la frase de esa forma -. Apenas tienes 18 años, ni siquiera has terminado tus estudios en Hogwarts; ¿crees que es momento para tener un hijo? ¿Crees que estarás preparado para ello? Te responderé yo: no, nadie puede prepararte para eso. Por las barbas de Merlín, ¿acaso no habéis oído hablar de los anticonceptivos? Por no hablar de las enfermedades que…

- Sí, mamá, lo pillo - dijo moviéndose incómodo en el sillón. Aunque se había dado cuenta de que su madre no había comentado nada de que ella fuera hija de muggles, o ese tipo de tonterías sobre lo de que el linaje se iba a ensuciar, lo cual parecía un muy buen indicio-. Fue un error, ¿vale? Una equivocación.

- Una equivocación con la que vas a tener que lidiar toda la vida - dijo sin darle tregua -. ¿Tú quieres esto?

El chico se encogió de hombros. ¿Cómo explicarle a su madre lo que sentía, cuando ni siquiera podía explicárselo a sí mismo?

- Haría cualquier cosa por estar con ella. Es inexplicable pero… lo haría. Sé que puedo aprender a querer al bebé.

- Esa devoción, ese amor ciego, te destruirá por dentro. Draco, tienes un corazón muy grande, aunque tú no lo veas. Y si se lo entregas a esa chica para que ella pueda pisotearlo… - negó con la cabeza y le apartó el pelo que le caía sobre la frente en un gesto protector, como si fuera lo último que le quedaba en el mundo. Y lo era -, yo no quiero eso para ti. No quiero que dediques tu vida a una persona que no es buena para ti, como me ocurrió a mí.

El contacto con su madre le devolvió el calor a la sangre y, sin atreverse a apartarse, musitó:

- Ella también me quiere, mamá. Tú no lo entiendes. Soy yo el malo, el que durante años la ha insultado y menospreciado. Ella es buena; me ha ayudado a recuperarme.

- Quizás no lo entienda, pero sí sé qué es el amor tóxico. Vosotros sois opuestos. Os habéis odiado toda la vida, y ahora estáis abrumados de sensaciones y no podéis distinguir una de otra.

Draco negó con la cabeza, recordando las clases de Oculmancia con Snape. Pensar en su padrino le provocó un pinchazo nostálgico en el pecho, pero se recompuso enseguida.

- No creo que la haya odiado, mamá. Yo sentía algo muy fuerte por ella y, por mis creencias, siempre pensé que era desprecio. Ahora… ahora no estoy tan seguro.

- Solo quiero lo mejor para ti.

Draco cerró los ojos y asintió.

- Ella es lo mejor para mí. Deberías conocerla - ese deseo nacía de su interior, no lo había pensado antes de decirlo en voz alta y la proposición quedó flotando entre los dos, sin que Narcissa supiera bien qué responder.

Finalmente, se echó hacia atrás y sonrió, con ojos llenos de cariño hacia su hijo.

- No creo que eso sea buena idea por ahora.

El rubio asintió. Era más de lo que había esperado obtener de esa charla.

- Más adelante, entonces.


Agosto, 3 meses después del fin de la Guerra

- Tú le gustas más que yo - dijo Harry frustrado, haciendo que Ginny pusiera los ojos en blanco.

- Quizás si no estuvieras todo el rato molestándolo… Además, sabes que no es verdad. Teddy te quiere más que a nadie.

Harry sonrió y acarició el pelo verde del pequeño, que se volvió y lo miró con los ojos abiertos, para luego echarse a reír. En esos momentos recordaba tanto a Tonks, que resultaba doloroso verlo.

- ¿Hermione ya se ha decidido? - preguntó Andrómeda.

Harry asintió.

- Le hubiera gustado poder cursar séptimo de nuevo, pero el embarazo la hubiera obligado a dejarlo a medias de nuevo. Además, nos darán el título de todas formas, y Hermione no tendrá ningún problema en encontrar el trabajo que quiera. Es la persona más inteligente que conozco.

Andrómeda sonrió. Admiraba a aquella joven tan decidida y llena de valor. Irradiaba determinación, sabiduría y cariño. En los últimos meses había coincidido con ella una vez, cuando fue a visitar a su hermana y los chicos estaban en casa. Sabía que Narcissa y la castaña mantenían una relación un tanto incómoda, pero ella la encontraba encantadora. De alguna forma, era ella quien había salvado a su sobrino del mal, y eso a su vez había salvado a Narcissa.

- ¿Os quedáis hoy a cenar? - preguntó Andrómeda mientras se sentaba en el sillón frente a los chicos. Durante los últimos meses, había florecido. De ser una mujer derrotada y hundida que lo había perdido casi todo, se había convertido en una abuela entregada. Sus heridas todavía no habían sanado y puede que nunca lo hicieran del todo, pero Harry sabía que Teddy le había salvado la vida; le había dado una razón por la que vivir.

Harry negó con la cabeza.

- Cenamos todos en la Madriguera. Incluso Charlie estará antes de partir mañana hacia Rumanía. Al parecer, Fleur y Bill han preparado algo que…

- Mamá cree que Fleur está embarazada - soltó Ginny sonriendo, y su novio rodó los ojos.

- Y tú pareces estar segura de ello - respondió, divertido.

- No sé, es que no me extrañaría nada… ¿os imagináis que sea verdad?

- En ese caso tu padre se volverá loco hasta que nazca - Andrómeda rió -. No me puedo imaginar a alguien más excitado que a Arthur Weasley siendo abuelo.

Ginny sonrió tristemente. Los últimos meses sin Fred habían sido mucho más duros de lo que habría imaginado, si es que alguna vez había imaginado que se podía sufrir tanto y echar tanto de menos a alguien. Ella se vería obligada a volver a Hogwarts el mes siguiente, y ningún año lo había deseado menos. Añoraba a Luna, y sabía que Alice necesitaría apoyo, pero odiaba la idea de alejarse de casa en un momento así. Sin embargo, un bebé en camino relajaría la situación, y les daría algo de ilusión a la que aferrarse.


Septiembre, 4 meses después del fin de la Guerra

Draco sabía que tendría que haber acudido antes. En su cabeza se excusaba con el pretexto de que había estado demasiado liado con el embarazo, y había tenido la mente ocupada con los acontecimientos que siguieron a la Guerra. Cuando el desorden inicial fue sofocándose y dando paso a un periodo de incertidumbre calmada, de pronto Draco se convirtió en el foco de todas las miras. Su cara estaba en todos los periódicos, su historia y la de Hermione sirvieron como una distracción a todos los horrores que habían tenido lugar. Era consciente de que mucha gente no lo apoyaba ni confiaban en él, pero sabía que eso sería así por mucho tiempo hasta que se acostumbraran. Los Malfoy nunca habían estado del lado correcto, y había cosas que nunca se olvidaban. Muchos magos habían perdido amigos, padres o hijos a manos de los mortífagos, y esa cicatriz blanquecina con forma de serpiente que casi le había desaparecido del antebrazo tras morir Voldemort, sería para siempre la prueba de que una vez fue su enemigo, y quizás no hubiera dejado de serlo.

El rubio sin embargo agradecía cómo lo estaban tratando. Hermione se esforzaba al máximo por hacerlo sentir cómodo, y él se esforzaba al máximo por parecerlo. Sus suegros, como suponía que debía llamarlos, lo trataban bien, o al menos mucho mejor de como se hubiera esperado; Hermione les había hablado de él a lo largo de los años, y la imagen que tenían de Draco como un niño consentido, elitista y narcisista los había impulsado al principio a sentir una fuerte aversión hacia él. Pero enseguida vieron que el amor entre los jóvenes era sincero, y poco a poco se habían obligado a aceptarlo, o al menos tolerarlo. El embarazo de su hija, una vez que esta había conseguido devolverles la memoria y ponerlos al día, los había impactado tanto que habían sido incapaces de reaccionar durante los primeros días. Solo vagaban por la casa impregnándose de recuerdos y tratando de simular que aquello no era verdad. Pero conforme el vientre de Hermione crecía tuvieron que afrontar que sí lo era, y hacer frente a la realidad que les cayó como un jarro de agua fría: ella quería ese bebé, y seguiría adelante pasara lo que pasase. Iban a ser abuelos y solo les quedaba aceptarlo.

Perdido entre cavilaciones encontró lo que buscaba y se le cortó la respiración. Tenía muy borrosos los días que precedieron a la batalla, quizás porque el trauma de recordarlos era todavía demasiado grande. Pero si algo podía evocar bien era el entierro de Theo. Pocas personas, tan solo Hermione, Luna, algunos de sus amigos, Alice y él habían asistido, y el rubio lo agradecía; no quería tener que soportar caras hipócritas diciéndole lo mucho que sentían la pérdida de alguien a quien ni siquiera conocían, cuando él era apenas consciente de que su mejor amigo se había ido, definitivamente y para siempre.

Se arrodilló frente a la lápida, negra, suntuosa, con letras doradas que marcaban la fecha de nacimiento y muerte de Theo (un periodo demasiado corto, pensó). Y a su lado, del mismo estilo pero en color blanco como la nieve, otra lápida rezaba el nombre de su madre. Una sonrisa rota se dibujó en sus labios y un nudo se formó en su garganta: "Si muero lo único que deseo es que me entierren al lado de mi madre. Ni flores, ni ceremonias pomposas". Esas palabras le parecieron a Draco en su momento huecas y estúpidas, dichas por un muchacho burlón que solía añadir un punto dramático a todo cuanto podía. No esperaba que, dos meses después de que Theo se lo dijera, él mismo tuviera que preparar los arreglos para su funeral, y discutir con el Ministerio para que, aunque Theo hubiera caído en batalla, lo enterraran en el lugar que él había pedido expresamente.

- Es raro saber que estoy tan cerca de ti y no escuchar alguno de tus comentarios mordaces - comenzó, sintiendo que debía decir algo. Era como si notara que Theo estaba todavía allí, mirándolo y juzgando si esas palabras eran tan bonitas como se merecía o no. Sí, eso parecía muy probable en él -. Por Merlín - sonrió mientras se le empañaban los ojos, y se los frotó con fuerza, enfadado consigo mismo -, me resultabas tan molesto a veces - cogió aire con fuerza -. Y sin embargo, ahora solo desearía que estuvieras aquí, incordiándome.

Esperó, sabiendo dolorosamente que su amigo no le replicaría. Negó con la cabeza y apretó los labios.

- Yo debería haber estado contigo… yo debería haberte ayudado a matar a tu padre, y te debería haber salvado cuando la pared se te precipitó encima. Podría haberlo logrado, pero estaba demasiado preocupado para darme cuenta de tu propia lucha. Lo hacías sin que me diera cuenta, pero continuamente abogabas por mi seguridad; tú cuidabas de mí, tú me salvaste a mí y no al revés.

Se volvió a enjugar las lágrimas mientras expiraba con fuerza y se asía con dedos temblorosos a la fría piedra, mirando con sonra la inscripción: "sabiendo que vas a ir al infierno, ¿qué diferencia puede haber entre cometer uno o mil pecados?" Notó que la vista se le emborronaba. También tuvo que discutir con el encargado de la funeraria acerca de esa inscripción, pero un Confundus arregló el asunto. Era una frase que Theo le dijo a principio de curso, y que desencadenó una acalorada discusión entre los dos Slytherin acerca de si el infierno estaría frío o caliente. Recordó también lo que Theo decía al respecto:

- Bueno, tú puedes pensar lo que quieras. Pero yo te digo que el infierno está caliente. Es folclore, mitología, religión, ¡todo! ¿Cómo puedes pensar otra cosa? - Theo tenía la corbata desanudada y el pelo revuelto. Como de costumbre, se había arreglado expresamente para que su estilo pareciera despreocupado.

- Lo leía una vez - Draco se encogió de hombros -. No recuerdo bien la explicación, pero tenía algo que ver con un lago de azufre.

El moreno negó entonces con la cabeza.

- En el infierno tiene que hacer calor, ¿si no dónde está la gracia?

- No tiene que tener gracia, Theo - el rubio puso los ojos en blanco.

- Pues es un fastidio, porque no me apetece tener que pasarme toda la eternidad mirando la cara larga de Satanás y sin que nadie aprecie mis bromas.

- Nadie las aprecia tampoco en la Tierra.

- De todas formas - siguió el moreno ignorando al rubio -. Si lo que tú dices es cierto y el infierno no está caliente, no importa. Se calentará cuando llegue yo, ya me entiendes - y guiñó un ojo a Draco significativamente, lo que hizo que el aludido enterrara la cara en las manos y negara con la cabeza.

- Eres incorregible.

Esa conversación parecía ahora muy lejana, como si hubiera tenido lugar hacía décadas. Se había tomado los comentarios de su amigo como una broma, porque no podía haber imaginado que lo decía en serio. Pero cuando hablaron, con este al filo de la vida, pudo ver reflejado en sus ojos un miedo infinito.

- Realmente pensabas que irías al infierno… no, nadie se lo merece menos que tú. Pasaste por más que muchos, y aún así seguías adelante. Y esa chica Bramson... - Draco pegó un puñetazo al suelo, enfadado -. Yo debería haberme dado cuenta, ¿verdad? La llamaste por su nombre alguna vez, puede que incluso os viera mirándoos cuando nos la cruzábamos. Y desaparecías tantas horas… pero no se me hubiera ocurrido que me ocultaras algo así. Y sin embargo recuerdo lo que me dijiste aquella vez: "si te interesa, el otro día me acosté con una Hufflepuff de sexto…". Era una especie de confesión, y me lo tomé como una broma más y ya nunca volviste a mencionarlo - negó con la cabeza -. Ella está mal, Theo. Se ha hecho muy amiga de Weasley - puso una mueca -, lo que todavía no llego a comprender, pero te echa de menos.

Esperó unos segundos. ¿Por qué no se sentía mejor? Se estaba sincerando, pero el nudo de su garganta parecía ir en aumento.

- Ella volvió a Hogwarts este mes, ¿sabes? Pero probablemente sea todavía peor, ahora que tú no… Por las barbas de Merlín, eras mucho mejor que yo - de nuevo las lágrimas deslizaron por el puente de su nariz, y ya no las contuvo. Necesitaba aquello, necesitaba echar la bronca a su mejor amigo por haberse ido de esa forma -. ¿Por qué, Theo? ¿Por qué no pudiste informarme de tus planes? - se le rompió la voz y se inclinó sobre sí mismo. En los últimos meses, excepto cuando estaba con Hermione, no había dado a sus pensamientos rienda suelta. Pero ahora ella no estaba para consolarlo, y tenía que decirle a Nott todo lo que sentía -. Al principio te odié por morirte así, como un puto héroe, y dejarme de repente - temblaba, y se revolvió el pelo con rabia -. ¿Quién eras tú para destruirme así?

Soltó el aire que contenía y cerró los ojos con fuerza.

- Me di cuenta demasiado tarde de lo que me importabas, y te odié todavía más por ello. Pero ahora… ahora solo te echo de menos - su voz fue disminuyendo hasta convertirse en un susurro, y se sentó con la espalda apoyada contra la lápida. Guardó silencio unos minutos, sin atreverse a irse. Casi como si estar tan cerca de la tumba de Theo fuera reconfortante.

- Te quiero tío, tanto como para decirlo en voz alta - se rió con amargura -. A veces me doy cuenta de que no puedo recordar el azul exacto de tus ojos, y cuando trato de reproducir tu voz en mi cabeza no suena como debería. Y me asusta mucho, porque siento que de alguna forma te estás yendo.

Esperó, sin obtener respuesta.

- Vamos a tener al bebé, ¿sabes? No sabemos si será niña o niño, y Hermione quiere mantenerlo en secreto, lo cual me exaspera. Pero creo que acabaré cogiéndole el gusto a esta vida. O al menos lo intentaré - se volvió y repasó el nombre grabado en dorado de la piedra -. No te he traído flores porque sé que lo hubieras detestado. "¿Qué soy, una puta colonia?". Sí, supongo que hubieras dicho algo así - se rió para sus adentros -. Cuando hacías tus bromas las detestaba, y ahora que no las haces necesito recrearlas en mi cabeza. ¿Es eso normal? ¿Me seguirá pasando siempre?

Esperó en silencio unos segundos, suspiró y se levantó. No iba a obtener respuesta a esas preguntas ni a ninguna otra, y tampoco podía seguir manteniendo una conversación con alguien que no estaba. Notando como un alfiler se le clavaba cada vez más profundamente en el pecho, se puso en pie con lentitud.

- Quizás tarde mucho en volver, o no vuelva nunca más. Pero sea como sea, tengo el presentimiento de que nos volveremos a encontrar - y dicho esto se dio la vuelta y se alejó, incapaz de soportar durante más tiempo la certeza de que su mejor amigo había muerto, y él habría podido evitarlo. Aunque ese era un peso que cargaría para siempre en su conciencia.


Octubre, 5 meses después del fin de la Guerra

Draco no paraba de removerse en su asiento, deseando estar en cualquier otro lugar que no fuera ese. Pero sabía que era su deber, que tenía que estar ahí, para verlo por última vez. Su padre permanecía impasible, sentado junto a cuatro figuras más a las que Draco reconocía por las reuniones de los mortífagos, y mirando al tribunal del Wizengamot con la soberbia y prepotencia que lo caracterizaban.

Pero Draco sabía que el hombre tenía miedo. Lucius era, y toda su vida había sido, un cobarde. Y, aunque los dementores ya no pugnaran por Azkaban, la idea de tener que pasar el resto de su vida entre rejas había calado en su interior. Su pelo, antes largo y sedoso, parecía revuelto y enredado como si se hubiera olvidado de arreglárselo. Las ojeras, que ya habían sido marcadas antes, parecían ahora dos pinceladas violeta pintadas bajo sus ojos y la comisura de sus labios se tensaba en una señal de crispación y rabia. Sus miradas se habían cruzado durante tan solo un instante, el suficiente para que Draco supiera que, de poder hacerlo, su padre se abalanzaría sobre él y lo mataría. Lo había mirado como si fuera la cosa más asquerosa del mundo, como si fuera su culpa verse en aquella situación. Y Draco sintió, con una especie de regocijo interno, que quizás lo fuera. Quizás después de todo, al cambiarse de bando y batirse en duelo con Potter, hubiera logrado cambiar el destino de la guerra. Fuera como fuese, le alegraba saber que su padre se pudriría en la cárcel, y que él había tomado parte en eso.

La presidenta del Wizengamot desde la muerte de Fudge era una mujer de escasa altura, figura enclenque y rostro enjuto. No tendría más de 40 años, y su pelo moreno, surcado por incipientes canas, se mantenía impecable en un recogido solemne. Se llamaba Cassandra Locke y, por lo que su madre le había dicho, llevaba en Inglaterra 5 años. Antes, había sido una figura importante de la magia en la India, pero decidió emigrar antes de estallar la guerra, como tantos otros, para prestar tanta ayuda como pudiera.

El golpe de un pesado mazo contra el estrado lo sacó de su abstracción, y se adelantó en su asiento sin apenas ser consciente, aferrándose al asiento con tanta fuerza que los dedos se le tornaron blancos.

- Alecto Carrow, Amycus Carrow, Lucius Malfoy, Augustus Rookwook y Thorfinn Rowle. Su caso no requerirá ninguna discusión, el veredicto es claro. Se les condena, por los presentes crímenes ya mencionados y por su innegable apoyo a Voldemort durante la Segunda Guerra Mágica, culpables. Serán enviados a prisión, al igual que otros de sus compañeros ya juzgados, para cumplir una cadena perpetua, sin exenciones ni posibilidad de reducir la pena.

Draco sintió que algo estallaba en su interior. Pero no era regocijo, sino más bien nerviosismo. Durante muchos años, puede que más de 50, él tendría un padre. Un padre en la cárcel, pero un padre que vivía. Muy probablemente no volverían a verse, lo cual quería pensar, pero enseguida supo que hubiera preferido mil veces que su padre hubiera muerto durante la batalla. Eso hubiera acabado con el asunto. Si hubiera tenido el valor… pero no, eso era lo que Lucius hubiera querido, se dijo. Así era mucho mejor. Para un hombre como su padre, la cárcel, el ostracismo, eran el peor castigo imaginable. Lo vio en sus ojos, cuando se levantó junto a sus compañeros y fue conducido fuera de la sala por dos magos altos y robustos. Lucius miraba desesperadamente a su alrededor, sabiendo de antemano que no encontraría ninguna salida posible. Él, que había sido uno de los más reconocidos magos de Londres, caía ahora en picado sin nada a lo que asirse.

Draco sabía que no podría hablar con él en ese momento, pero ya había arreglado eso. Esperó hasta que uno de los hombres del jurado se le acercó, con mirada interrogativa. Él asintió y lo siguió en silencio a lo largo de interminables pasillos hasta los ascensores, sabiendo que las mirada de los magos con los que se cruzaban lo seguían fijamente. Habían pasado ya cinco meses desde la Guerra, y se habían acabado habituado a su presencia. Pero sabía que de alguna forma siempre sería un extraño, siempre un ex-enemigo.

Miró al hombre que lo guiaba y sintió un gran respeto por él. Era lo que aquel mago, robusto e imponente, emanaba. Sin embargo había podido comprobar, las pocas veces que habían coincidido, que tenía en realidad una bondad innata, y un semblante apacible y relajado, que infundía calma y desprendía inteligencia. Aquel hombre había sido uno de los primeros en apoyar su cambio de bando, uno de los primeros que confiaron en él; y nunca podría olvidarlo.

- Espera un minuto, no puedes entrar solo. Iré a buscar al guardia y enseguida vuelvo - dijo la voz grave de Kingsley cuando ambos llegaron hasta la última puerta de uno de los pisos inferiores, en la que se podía leer "calabozo". Sintió que el miedo lo envolvía y se vio tentado a retroceder, largarse y no volver a mencionarlo más. Pero no, tenía que seguir adelante. Tenía que verlo, una última vez, para poder decirle todo lo que había guardado durante tanto tiempo.

Apareció por fin un hombrecillo mayor y encorvado, que hablaba con monotonía y se limitó a abrirle la puerta con un gran manojo de llaves y hacerse a un lado para dejarlo pasar.

- El prisionero no puede acercarse a usted, pero no sea imprudente, joven - le dijo con voz apagada. El rubio respondió con un asentimiento de cabeza y entró, notando como la puerta se volvía a cerrar a sus espaldas.

Los demás mortífagos ya habían sido escoltados a otro lugar, pero su padre permanecía en una de las dos celdas que había, tan apartado de los barrotes hechizados como podía y observando con ojos entrecerrados a quien acababa de entrar.

- Hola, Lucius - su semblante cambió. Todavía no podía reconocer el rostro de Draco por la oscuridad, pero reconoció la voz en cuanto habló.

- Tú… ¡eres un cabrón! ¡Traidor, eres el mayor error que he cometido en mi vida! ¡Con todo lo que yo te he dado, con todo lo que he sacrificado, y así me lo pagas! - acompañó sus gritos furiosos con constantes arremetidas contra la barrera protectora que lo contenía, sin obtener ningún resultado -. ¡Siglos, siglos de linaje puro para que llegues tú a ensuciarlo! ¡Eres una vergüenza! - escupió al suelo y su mirada inyectada en sangre, con los ojos abiertos como si se le fueran a salir, se cruzó con la de su hijo. Era la mirada de un loco, pensó Draco; la mirada de alguien que lo ha perdido todo, y es consciente de ello. El joven permaneció algunos segundos más oyendo a su padre despotricar contra él, criticando cómo lo había traicionado y había dado la espalda a su familia, cómo lo mataría si pudiera y, en definitiva, como lo detestaba. Se mantuvo firme en todo momento, pero notaba una sensación punzante en el pecho. No era dolor, lo sabía muy bien porque no poseía ni una pizca de cariño hacia su padre. Era una angustia opresora que casi se tornaba en terror, pero que consiguió ocultar. Metió las manos en los bolsillos de la túnica y las apretó hasta notar que las uñas le atravesaban la piel de las palmas. Enderezó su postura de hombros y adoptó una expresión indiferente, hasta casi prepotente, pero no podía olvidar todas las broncas, todos los castigos y los gritos de su padre a lo largo de los años. Puede que se hubiera atrevido a darle la espalda, pero pervivía en él ese temor infantil, como una sombra de años peores.

- No te traicioné - dijo al fin, sosegadamente. Sabía que eso lo irritaría -. Pero yo nunca pedí esta vida, y decidí no aceptarla.

Su padre lanzó un puñetazo a los barrotes, que ni siquiera temblaron.

- No te podía haber tocado una vida más noble que esta, y tú la desechaste. ¿Que nunca la pediste? ¡Eras un puto afortunado! ¡Un jodido afortunado que lo tiró todo a la mierda por acostarse con una asquerosa sangre sucia!

- La quiero - no lo hubiera admitido delante de su padre en otras circunstancias, pero ahora quería que su padre lo supiera, que se enfureciera todavía más. Se aseguró de enfatizar bien sus palabras, y notó cómo calaban en su padre, cuyo color de rostro pasó por todas las tonalidades de rojo. Pareció volver a perder de nuevo el control de su persona al lanzarse hacia delante, extendiendo los brazos como si pudiera llegar a agarrarlo del cuello. Draco sonrió de lado -. Enhorabuena, vas a ser abuelo. Te diría que es una pena que no vayas a conocer a tu nieto, pero mentiría. No quiero que formes parte de mi vida de ninguna manera - puso una mueca -. Eres despreciable, y ahora te vas a pudrir en Azkaban; que es lo que te mereces.

- Ojalá esa criatura nazca muerta - dijo con todo el resentimiento que fue capaz de reunir. Y Draco, aunque se había convencido de que no quería el bebé, sintió como si un puñal lo atravesara -. Es una aberración, nada así puede llevar el nombre Malfoy.

El rubio torció la comisura de los labios.

- Por eso no te preocupes - sonrió sabiendo que tenía la atención de su padre -. Tengo pensado ser el último heredero Malfoy.

Aquello desconcertó a su padre, que perdió el hilo de la disputa durante unos segundos.

- ¿Qué quieres decir?

- Quiero decir que esta exquisita familia de la que tanto presumes, este apellido que tan glorioso te parece, se va a perder para siempre. Nadie recordará nunca jamás a los Malfoy, si no es para decir que fueron un linaje de perdedores, elitistas y detestables.

- Fuera de mi vista - rugió colérico el hombre.

- Desearías haber muerto en aquel pasillo, ¿verdad? Desearías que yo te hubiera matado - Draco se regocijó en cada palabra, y observó como Lucius trataba de controlar su expresión, para no mostrar lo que sentía.

- Pero no pudiste - replicó su padre con sorna, tratando de parecer despreocupado -. No pudiste, porque además de ser un traidor eres un cobarde.

- Tienes razón, no me atreví. Y quizás fuera todo más fácil si tú estuvieras muerto, pero me alegra no haberlo hecho: sé que para ti esto es muchísimo peor.

- Ah, pero desearías haberlo hecho, ¿cierto? - dijo ansioso -. Sueñas conmigo por las noches, y desearías haberlo hecho. Una maldición imperdonable, y te olvidarías de mí para toda la vida.

- No vas a conseguirlo - se jactó Draco. Era más listo de lo que su padre creía, y no caería en la trampa.

- Es lo que tu razón te pide. Tu instinto lo quiere. Theodore Nott murió por ello, y me consta que no se arrepentiría.

- Tú… - la voz del joven esta vez se inyectó de amargura -. No tienes ni idea de lo que estás diciendo. Eres asqueroso.

- Me escaparé e iré a por ti - lo dijo con tono relajado, pero detrás escondía la frialdad y agresividad de un psicópata. Draco sintió que un escalofrío le recorría la columna y puso una mueca de desagrado.

- Di lo que quieras para consolarte, pero acepta que aquí acaba tu libertad. He venido a recordártelo.

- Tú también deberías disfrutar del tiempo que te queda.

El joven frunció el ceño.

- Sí - prosiguió Lucius -. Muchos de los mortífagos serán enviados a Azkaban pero, ¿y los que no? ¿Acaso no lo habías pensado?

Draco si lo había pensado. Mucho, de hecho. Pero llegó a la conclusión de que nada podía hacer al respecto. Creía que los mortífagos estarían más preocupados por huir y salvarse el pellejo que por buscarlo y acabar con él.

- Para ti significo todo, porque crees que es mi culpa el que tú estés aquí ahora. Pero los demás ya se han olvidado de mí.

- No creas que…

- Sí, lo creo. Te guste o no se ha acabado todo, Lucius. Espero que en las celdas de Azkaban no haya ventanas; ojalá no vuelvas a ver nunca la luz del sol - y dicho esto, se dio la vuelta y abandonó la habitación, dejando a su padre, fuera de sí, provocándolo para que lo atacara. Pero eso no pasaría. Su padre iría a Azkaban, y cumpliría la penitencia que se merecía. Y luego moriría, y seguiría cumpliendo penitencia en el siguiente mundo. Era, al fin y al cabo, la rueda de la vida.


8 de noviembre, 6 meses después del fin de la Guerra

- ¡Exijo hablar con el jefe!

- Malfoy, cálmat…

- ¡No me digas lo que hacer, Potter! ¡Soy el padre, tengo todo el derecho del mundo a entrar en esa habitación!

- Señor, estaba poniendo nerviosos a los enfermeros y han considerado que era mejor para la parturienta que abandonara usted la sala - la mujer de recepción permanecía impasible, con un deje de amabilidad en la voz.

- Bueno, los estaba poniendo nerviosos porque no lo hacían bien. ¡Casi parecía la primera vez que asistían un parto!

Unas manos fuertes asieron al chico por los hombros y tiraron de él para alejarlo del lugar. Estaba empezando a llamar la atención, y a la pobre recepcionista le iba a acabar dando un ataque de nervios.

- Vamos muchacho, todos estamos tensos. Pero será mejor que sepamos esperar, o cuando nuestra niña haya acabado de dar la vida a una persona querrá acabar con la tuya.

El rubio, turbado y algo avergonzado sabiendo que su actitud era exagerada, se dejó guiar por el señor Granger hasta los asientos frente a la habitación número 15, donde Ron lo miró elevando las cejas con expresión divertida.

- ¿Cómo puede estar usted tan tranquilo, señor Granger? - musitó Draco.

- No lo estoy, casi me va a dar algo. Pero que nos hayan dejado entrar en San Mungo a mi mujer y a mí es una excepción, y no quiero darles razones para echarnos.

Draco asintió y se quedó en silencio mirando al suelo. El padre de Hermione era un hombre particular. Era dentista y, por lo que Hermione le había dicho, eso quería decir que revisaba los dientes de los muggles o algo por el estilo, lo cual sonaba bastante desagradable. Pero era una persona inteligente y de buen carácter (al menos una vez que llegabas a conocerlo), y especialmente desde que había ido a ver a Lucius hace un mes, el señor Granger había estado mucho más atento con él, mucho más comprensivo. Aunque quizás tuviera algo que ver con el hecho de que Hermione había estado algo… irritable durante los últimos meses, y a veces era mejor tener un pretexto para poder escaquearse durante algunos minutos.

Miró su reloj plateado, grabado con la M de Malfoy; se desharía de ese reloj, una reliquia familiar, en cuanto pudiera. Calculó que llevaban allí 9 horas, y hacía ya 3 que lo habían echado de la habitación. Estaba atacado y su corazón iba a mil por hora. ¿Iría todo bien? Y si… ¿y si ocurría algún contratiempo de última hora? Aunque, ¿no era eso lo que él había querido? No, se dijo. Puede que no quisiera ser padre, pero no era esa la forma de evitarlo. Pero, ¿y si esos nervios significaban que sí quería ser padre? Quizás eso fuera lo que necesitaba para centrarse. Quizás lo cambiaría todo y...

Una puerta abriéndole lo sacó de sus cavilaciones. La señora Granger, con la cara húmeda por las lágrimas, salió al pasillo y abrazó a su marido. Harry y Ron se acercaron, nerviosos, y se quedaron en el sitio sin saber muy bien qué hacer. Draco se levantó con un salto precipitado y se detuvo antes de moverse. ¿Debía entrar, o todavía no? ¿Había acabado todo? ¿Qué debía decir?

- Draco, cariño - lo llamó su suegra. Era una mujer cariñosa, y enseguida se había ganado el afecto del rubio -. Entra tú primero.

El rubio iba a entrar pero se detuvo. Quizás fuera de mala educación.

- ¿Pero y ustedes…?

- No te preocupes, muchacho - respondió el señor Granger con los ojos brillando de orgullo y felicidad -. Te corresponde a ti.

El rubio asintió y, cruzando el umbral, entró en la habitación del hospital. Había dos camas, pero solo la de Hermione estaba ocupada. Dos enfermeras y un enfermero pululaban por la sala, llevando y trayendo mantas y lavando utensilios. Pero cuando Draco entró le sonrieron y abandonaron la estancia, cerrando la puerta a sus espaldas. Al pasar por su lado, una de ellas susurró: "Enhorabuena".

Claro está, que Draco no fue consciente de nada. Desde que había entrado, no había podido ver más que una cosa: a su novia en la cama, pálida, sudorosa y exhausta, sujetando un pequeño bultito envuelto en una manta.

- Estás preciosa - no acertó a decir nada más, y por la sonrisa cansada que le mostró Hermione supo que pensaba que no iba en serio. Pero sí que lo iba. La observó, y más allá del agotamiento por el largo parto, la vio más guapa que nunca; casi como si resplandeciera.

- Es un niño - dijo Hermione, y Draco se sentó a su lado.

- Un niño - las palabras se repetían en su cabeza, y se sentía aturullado. Un niño estaba bien, ¿verdad? Un niño le resultaría más fácil de entender que una niña, ¿no?

Nunca se había sentido tan inseguro acerca de qué hacer o decir. Hermione lo miró, expectante. Sabía que nada de lo que hubieran podido pensar con antelación los preparaba realmente para ese momento: el momento de la verdad.

- Deberías cogerlo.

- Yo no... - Draco se sintió temblar y trató de contenerse. ¿Por qué estaba tan nervioso? Lo repetía una y otra vez, se repetía que ahora tenía un hijo, pero no lograba asimilarlo. Era como si la noticia se la hubieran dado a otra persona, como si estuviera aislado del mundo. ¿Era felicidad lo que sentía? ¿O quizás solo ansiedad? Había demasiadas sensaciones, demasiados sentimientos mezclados.

Hermione se inclinó hacia delante y le apartó el flequillo de la frente con la mano con la que no sujetaba al niño.

- Yo te ayudo - colocó los brazos de Draco en forma de cuna y le colocó el bultito entre ellos. Se aseguró de que estuviera bien sujeto, de que la cabeza quedara bien apoyada y de que el rubio se sintiera medianamente seguro y se apartó.

La castaña esperó. Estaba teniendo mucha paciencia, pero no le importaba. Ella también había tenido dudas, pero cualquiera de ellas se había resuelto al ver la cara de su hijo. Y eso fue exactamente lo que le ocurrió a Draco. Apartó las mantas con manos inseguras, agarrándolo como si fuera lo más valioso del mundo, y se quedó seco. Era como si el tiempo se hubiera detenido; ese bebé era la cosa más maravillosa que existía. Sintió un estallido de felicidad, y tuvo la sensación de que ya nada importaba, nada excepto ese bebé, que lo miraba con sus penetrantes ojos azules y movía las manos emitiendo ruiditos. Tenía la nariz describiendo una suave bajada y ligeramente curvada hacia arriba, muy parecida a la suya. Y los labios, la forma en que los movía, eran como los de Hermione. Porque eran sus padres. Y él era su hijo. Su hijo.

Por un momento se le cortó la respiración, y solo fue consciente de que estaba llorando cuando la mano de Hermione se apoyó en su brazo. Ella también lloraba, y lo miraba con un amor profundo, cómo nadie más, ni ella misma, lo había hecho antes.

- Te quiero - fue todo lo que Draco fue capaz de decir, antes de romper a llorar. Se acurrucó alrededor de ese niño, sintiéndose la peor persona del mundo por no haberlo deseado. Hermione lo atrajo hacia sí y le besó la cabeza repetidas veces.

- Todo estará bien - susurraba con la voz temblorosa -. Nos tenemos el uno al otro, y ahora lo tenemos a él.

- Hermione - le tomó la mano -, yo pretendía hacerte abortar - la miró y miró al bebé, que sonreía. Lo notó como mil puñaladas clavándose en su corazón. Quería a esa criatura más que a nadie en el mundo -. Yo… lo siento. No sé cómo pude desear por un segundo…

- Es algo que ya te he perdonado. Nuestra vida ha cambiado para siempre, Draco. No sé a dónde nos llevará, pero sí sé que la quiero pasar a tu lado, y ahora al suyo - tocó las mejillas sonrosadas del niño, que se movió soltando balbuceos ininteligibles -. Tenemos que ponerle nombre, ¿sabes? No nos habíamos parado a hablar de eso realmente.

- Tienes razón - dijo Draco dejando que ella le limpiara las lágrimas, y tendiéndole el bebé. Cuando Hermione lo cogió sintió de nuevo la necesidad de sostenerlo entre sus brazos, de tenerlo cerca, pero se contuvo.

- ¿Cómo crees que deberíamos llamarlo? - volvió a preguntar la castaña.

Draco observó al niño, que lo volvió a mirar divertido. Esos ojos azules eran totalmente diferentes a los suyos, grises. El gris era un color serio, penetrante. Pero los de su hijo eran claros como el cielo, y expresaban inocencia. Un pequeño y manchado mechón castaño le cubría la mitad de la cabeza, y su boca se torció en una mueca cuando Draco le tocó la naricita, casi como si le reprochara el gesto. El rubio agradeció no estar sujetándolo, porque la impresión hubiera hecho que se le cayera de los brazos. Ese color de ojos, y esas expresiones… era demasiado doloroso recordarlo.

- Theodore - dijo secamente, con un nudo en la garganta.

Hermione se inclinó hacia Draco y lo besó con delicadeza.

- Serás el mejor padre del mundo.


2 semanas después del nacimiento

Al nacer Theo, Narcissa no había ido al hospital. Tampoco apareció en casa de Hermione durante los próximos días, y Draco se debatía constantemente entre la alegría de haber sido padre y la desesperación de haber perdido a su madre. Apenas dormía y comía fatal, y aunque Hermione había evitado hacerle preguntas sabía por lo que estaba pasando. Hasta que un día tocaron a la puerta.

Los padres de Hermione habían salido a hacer unos recados, y Draco se encontraba en el piso de arriba con el bebé, tratando de dormirlo. Últimamente no dormían nada (como creían que pasaría durante los siguientes años) y estaba empezando a ser agotador. Fue Hermione la que abrió la puerta, y se quedó muda cuando se encontró cara a cara con su suegra, si es que esa era la forma correcta de llamarla. Nunca habían tenido una conversación real, al menos no sin Draco aligerando la tensión, y no supo cómo reaccionar. Se tenían cierta aversión, y el rencor de Hermione hacia ella había crecido todavía más al ver lo mal que Draco lo estaba pasando por su culpa. Pero parecía que la mujer venía por fin a verlos, y eso era esperanzador.

- Señora Malfoy, qué sorpresa. ¿Quiere pasar?

La mujer asintió algo incómoda y entró al recibidor, donde se giró para observar las paredes atestadas de recuerdos familiares, con un ligero brillo de envidia en los ojos.

- Draco está arriba con el bebé - Hermione fue al grano, y esperó a que la mujer rubia se encaminara hacia las escaleras Pero esta se quedó quieta, plantada en el hall. Se hizo un silencio tenso y finalmente Narcissa exhaló con fuerza y se llevó las manos a la cara.

- No sé por qué no he venido antes. Yo quería hacer las cosas bien, pero me entró miedo y… Andrómeda me lo había avisado, sé que no ha pasado mucho tiempo pero quizás ya sea tarde. Si Draco no quiere verme…

Hermione abrió los ojos. Así que era eso. Es cierto que no tenía una relación cordial con Narcissa, pero podía comprenderla; estaba en una situación muy complicada, y era normal que le hubiera costado tanto venir. Por ello, trató de parecer calmada y decidida, y dijo:

- Él sí quiere verla. De hecho, creo que su visita es lo único con lo que ha soñado estas últimas semanas - y observó como la mujer se erguía y la miraba entre sorprendida y arrepentida -. La llevaré con él.

- ¿Podré…? - parecía asustada -, ¿podré ver al bebé?

Hermione le sonrió.

- Al fin y al cabo, usted lo salvó de Bellatrix, ¿cierto?

Narcissa sintió que un nudo se le formaba en la garganta y trató de ocultar sus emociones mientras seguía a la chica hasta el piso de arriba, observando la acogedora casa entre asombrada y celosa. Es todo lo que ella hubiera querido; un hogar que desprendiera paz y amor, en el que poder criar a su hijo lejos de todo ese horror que siempre había rodeado sus vidas.

Cuando llegaron ante la primera puerta a la izquierda, que estaba entreabierta, la castaña se asomó y se volvió con una sonrisa tierna en la boca.

- Pase - susurró, y se hizo a un lado para permitir que Narcissa entrara en la habitación. Esta sintió que la respiración se le cortaba cuando vio a su hijo, con marcadas ojeras y el pelo revuelto, pero semblante relajado y apacible, dormido en un sillón de la esquina de la habitación. Sobre su pecho descansaba un bultito envuelto en un pijama de algodón verde claro, y el rubio lo agarraba protectoramente en sueños.

- Draco - susurró Hermione mientras se arrodillaba a su lado y le apartaba el flequillo de la frente -, tu madre ha venido.

El rubio abrió los ojos con pesadez, pero cuando visualizó la figura de la mujer, que lo observaba turbada, se irguió apretando los brazos alrededor del pequeño, que se movió levemente medio despierto. Hermione asintió hacia él y abandonó la habitación, cerrando la puerta suavemente a sus espaldas.

- Mamá - fue todo lo que alcanzó a decir Draco, ya totalmente desperezado.

La mujer dudó unos segundos, pero enseguida echó a correr hacia él y se abrazó con fuerza a su cuello, mientras farfullaba entrecortadamente, una y otra vez:

- Lo siento, lo siento, quería venir pero… lo siento.

El rubio no decía nada, solo se dejaba abrazar en silencio, pero cuando su madre se apartó y lo observó, queriendo comprobar si le guardaba resentimiento, solo pudo encontrar una enorme y cansada sonrisa.

- Sabía que vendrías.

- Ojalá lo hubiera echo antes.

- No pasa nada, mamá. Es una situación difícil - bajó la voz y susurró -. Acércate, quiero que lo conozcas - le tendió una mano temblorosa, excitado por poder presentarle, por fin a su nieto, y su madre se la cogió. El rubio destapó al niño, que frunció el ceño y abrió los ojos algo desorientado. Pareció que iba a llorar pero entonces fijó su mirada en los ojos de su abuela, igual que los suyos, y le sonrió. Esta sintió que su corazón se encogía para luego ampliarse y ocupar toda su cavidad torácica. Era lo más bonito que había visto nunca.

- Es… es… - se enjugó los ojos con la voz temblorosa.

- Sí - rio Draco -. Eso es lo que dije yo.

- Es precioso.

- Es un pequeño tesoro - le puso bien el chupete y sonrió de medio lado, sin poder apartar la mirada de su bebé -. Todavía no sabemos a quién se parece, pero…

- Es igual que mi padre - una solitaria lágrima discurrió por la mejilla de Narcissa -. Verlo es como volver al pasado. Esos ojos… y la forma de la nariz… es un Black, completamente.

- Eso espero - Draco sonrió enigmáticamente -. Porque te presento a Theodore Perseus Black - sonrió ante la mirada de incomprensión de su madre -. Era injusto que este niño tuviera que cargar toda su vida con el peso de un apellido, como me ha ocurrido a mí. Y como le dije a Lucius, el linaje Malfoy ha acabado. Pero no me parecía bien que la familia Black hubiera desaparecido para siempre.

- Theodore Perseus Black… - susurró Narcissa, y apenas fue consciente de que su hijo le tendía el bebé y ella lo cogía entre sus brazos, llorando mientras lo abrazaba con fuerza y sin molestarse por los tirones de pelo que recibió -. No se me ocurre un nombre mejor.


Diecisiete años después

Aquel año el otoño se adelantó. El primer día de septiembre trajo una mañana tersa y dorada como una manzana, y mientras la familia cruzaba corriendo la ruidosa calle hacia la enorme estación, los gases de los tubos de escape y el aliento de los peatones relucían como telarañas en la fría atmósfera.

- Te dije que deberías haber hecho la maleta ayer. Vamos a llegar tarde - Scorpius puso una mueca a su hermana gemela y levantó la barbilla desafiante, mientras entraban en el edificio.

- Llegaremos a tiempo, todavía queda media hora - dijo Draco con tono conciliados mientras se adelantaba para coger al gato de su hija, que peligraba entre las maletas y los pasajeros apurados. A decir verdad no le gustaban mucho esos animales, pero había acabado acostumbrándose después de haber soportado tantos años la bola de pelo naranja a la que Hermione llamaba Crookshanks.

En ese momento Hermione se colocó a su lado y observó a Scorpius y a Rose discutir acerca de en qué Casa estarían, y sintió una punzada de añoranza.

- ¿No lo echas de menos?

- ¿A qué te refieres? - dijo Draco mientras observaba como su hijo mayor avanzaba decidido y con paso desgarbado hacia la pared de ladrillo y desaparecía, entrando al andén 9 y ¾.

- Ya sabes - continuó Hermione -, Hogwarts. La ilusión del primer día, un colegio nuevo, nuevos amigos, ser seleccionado en una Casa.

Draco se encogió de hombros.

- Puede que añore el último año que pasé contigo. Los demás... - se encogió de hombros -. Bueno, tuvieron sus momentos buenos.

- Eras el centro de atención en Slytherin y te encantaba - replicó Hermione rodando los ojos. Recordaba cómo, antes de que Draco y ella fueran destinados a vivir juntos, la mesa de Slytherin tendía a agruparse alrededor de Draco, y todos lo alababan casi como si fuera una persona famosa. Las niñas habían suspirado por él y los chicos querían ser sus amigos. Hermione lo había odiado, había odiado la forma en la que se daba aires de importancia mientras era obvio que le encantaba la atención que recibía; pero llegó a entender que era mucho más que un adolescente con el ego subido, y entonces empezó a apreciarlo.

Draco sonrió arrebatadoramente, con esa sonrisa que los años no habían logrado quitarle y que enmarcaba un semblante anguloso y curtido, con leves arrugas de expresión y una incipiente barba rubia que le confería un toque despreocupado y juvenil. Ya no llevaba el pelo tan desordenado como antaño, pues solía cortárselo para que no le cayera sobre los ojos, pero Hermione lo encontraba igualmente encantador.

- Sí, tienes razón - respondió al fin -. Aunque yo tenía claro que estaría en Slytherin, y ya conocía a la mayoría de hijos de buenas familias con los que iría a clase, porque me crié con ellos. Así que era diferente para mí.

- Aún así, daría lo que fuera por volver - suspiró -. Me paro a pensar en todo lo que viví con Harry y Ron y… es como si estuviera viendo una película; los recuerdos de otra persona, pero no los míos.

- Sí, algunos nos centrábamos en los estudios en vez de preocuparnos por piedras filosofales, basiliscos y profecías - por supuesto, Hermione le había relatado mil veces sus aventuras, y Draco no podía sino maravillarse. Que los tres hubieran salido vivos de todas ellas era, prácticamente, un milagro. En otra época se había reído de Harry y Ron, pero tras conocer a Hermione empezó a conocerlos y se dio cuenta de que eran mucho más capaces que cualquier persona que hubiera conocido antes. Y aunque no los consideraría sus amigos, incluso después de tantos años, habían desarrollado una buena y sana relación, y sus hijos eran muy amigos.

Atravesaron la columna de ladrillo y, tras reponerse, Hermione sonrió:

- Ya están aquí - observó cómo Scorpius y Rose corrían hacia Albus, que los esperaba con sus enormes ojos verdes expectantes y ansiosos. Estaba nervioso por la selección de Casas, al igual que sus dos amigos. Enseguida los tres juntaron cabezas y se olvidaron de los adultos, que se saludaron entusiasmados.

- Otro año más, ¿verdad? - dijo Harry, que también observaba el tren de vapor con nostalgia en sus ojos.

Ginny le dio la mano y sonrió, mientras una niña pelirroja tiraba de su chaqueta, con una mueca de tristeza.

- Mamá, por favor, ¿no puedo ir este año?

- Lily, ya sabes que todavía faltan dos años - replicó su madre mientras le acariciaba el pelo -, ¿por qué no vas a despedir a tu hermano James…? - rodó los ojos -, da igual, ya se ha ido. Vete con Albus entonces - la niña desistió y puso un puchero antes de alejarse para reunirse con su hermano, que le pasó el brazo por los hombros y dejó que Rose y Scorpius la animaran.

- Es igual que tú - murmuró Ron a espaldas de Ginny, y Harry se giró sorprendido.

- Ya creíamos que os habíais quedado dormidos - apuntó Hermione sonriendo mientras Alice Bramson, tras Ron, despedía a sus hijos que enseguida corrieron hacia el interior del tren a buscar sitio.

- En ese caso les hubiera dejado que cogieran el coche volador - Harry sonrió nostálgico ante el comentario de Ron -. Las tradiciones nunca se pierden - Alice miró a su marido con cara de pocos amigos y negó con la cabeza.

- Ese coche se perdió en el Bosque Prohibido hace años. Así que no creo que sirviera de mucho, porque debe seguir ahí tirado - replicó Harry sonriendo.

- Y sigue - observó Teddy mientras pasaba alrededor de su padrino rodeando los hombros de una chica esbelta y rubia -. ¿Verdad, Victoire? - le dirigió una mirada significativa y esta le atestó un puñetazo en el hombro, mirando con ojos de disculpa a su tía Ginny y a su tío Ron mientras un ligero rubor le cubría las mejillas.

- Disculpadlo, es solo que a veces no sabe comportarse - dijo mientras el metamorfomago le daba un beso en la coronilla.

- Y por eso me quiere - el muchacho sonrió con diversión y Harry rodó los ojos. No había conocido a Remus de joven, si acaso en los breves recuerdos que consiguió robarle a Snape en sus clases de Oclumancia. Pero intuía que, de alguna forma, detrás de ese muchacho tímido se había escondido un Merodeador en toda regla. Y esos genes, mezclados con los de Tonks, habían creado una mezcla explosiva. Aunque era cierto que Teddy podía a veces ser muy vergonzoso, también era un amante de las bromas y odiaba las reglas.

- ¿No han venido tus padres, Victoire? - dijo Ginny mientras se acercaba a besar a su sobrina, y esta negó con la cabeza y aceptó el dinero que le pasó Ron por la espalda mientras le sonreía.

- Papá tenía que partir hoy hacia Egipto y mamá iba con él - Bill había estado trabajando los últimos años en un trabajo estable por la familia, pero ahora que sus hijos eran más mayores e iban a Hogwarts, realizaba de vez en cuando alguna misión en el extranjero.

- ¿Y tus hermanos, Louis y Dominique? - preguntó Harry.

- Se han quedado con Marcus y Sarah - la respuesta vino de Alice Bramson. Sus hijos y los de Ron eran de la misma edad ambos que los hermanos de Victoire, y al ser primos carnales siempre habían estado juntos.

- Supongo que estaréis buscando a Theo - apuntó Hermione dirigiendo de nuevo la atención hacia la pareja, y Teddy asintió. Teddy y Theo habían sido inseparables desde el momento en que los pusieron en la misma cuna, cuando el segundo tenía apenas dos meses. Aunque fuera el pequeño, Theo solía imponerse y hacerlo rabiar, pero se protegían y asumían las culpas del otro. Eran primos segundos, pero toda la vida se habían comportado casi como si fueran hermanos de sangre. No hubieran estado destinados a ir al mismo curso en Hogwarts, pero a Teddy le costó mucho dominar sus habilidades mágicas, que se vieron triplicadas por sus poderes de Transformación, y tuvo que esperar un año más. Lo que al final acabó siendo un regalo para ambos.

- Se ha ido a buscaros en esa dirección - indicó Draco, señalando con el dedo hacia la derecha. A lo lejos se podía distinguir una cabellera castaña oscura, mientras la elegante figura de Theo giraba sobre sí mismo tratando de localizar a Teddy y Victoire.

- Luego nos vemos - añadió Teddy antes de tirar de Victoire hacia sí. Esta rodó los ojos y se despidió de los adultos, que siguieron a los jóvenes con la mirada.

- Siempre supe que acabarían juntos - dijo Ginny, sonriendo feliz. Teddy había sido siempre un hijo más para ella, y ahora que salía con su sobrina era todavía mayor parte de la familia.

- Hacen una pareja tan bonita… - masculló Hermione mientras sonreía con tristeza en los ojos. Recordaba su juventud, los primeros años con Draco una vez hubo nacido Theo, el querer vivirlo todo, el sentir que quería a su novio como si fuera la persona más maravillosa del mundo. Toda esa pasión había ido apagándose poco a poco y, aunque todavía quedaban las brasas, ya no eran adolescentes. Ella había sido nombrada Ministra de Magia hacía un par de años y tenía más trabajo que nunca, y Draco era uno de los aurores más prestigiosos del Ministerio, junto con Harry.

Mientras Hermione se perdía en cavilaciones Harry se separó del grupo para acercarse hasta su hijo mediano, que observaba el Expreso de Hogwarts con mirada asustada.

- ¿Qué te ocurre? - preguntó jovialmente cuando llegó a su lado, y le revolvió el pelo en un gesto animoso.

- ¿Y si me ponen en Slytherin? - susurró en voz baja para que solo lo oyera su padre, y éste comprendió que solo la tensión de la partida podría haber obligado a Albus a revelar lo enorme y sincero que era ese temor. Se puso en cuclillas y su cara quedó a la altura de la de Albus. Ambos ojos verdes, herencia de Lily, se encontraron.

- Albus Rubeus - susurró -, llevas el nombre de dos de los mejores hombres que he conocido. El primero fue durante años un gran director de Hogwarts, inteligente y diestro en la magia como nadie. El segundo… bueno, ya conoces al tío Hagrid. Es el hombre con el mayor corazón que conozco, y no solo porque sea grande. Y sí, ambos estaban en Gryffindor, pero eso no los definía. Hagrid tiene la bondad de un Hufflepuff, y Dumbledore tenía la inteligencia de un Ravenclaw y la astucia de un Slytherin. Al fin y al cabo, ¿qué puede importar? ¿Acaso no está Theo en Slytherin? - su hijo asintió -. ¿Y eso lo hace peor?

Albus se encogió de hombros.

- Es solo que toda la familia de mamá fueron Gryffindors, y también toda la tuya. James lo es, y Lily lo será. ¿Dónde me deja eso a mí?

- En las diferencias se encuentra la verdadera belleza - susurró Harry -. Te querremos seas de la Casa que seas, y encontrarás buenos amigos allá donde vayas.

De pronto el niño pareció animarse y su cara se iluminó levemente.

- Scorpius posiblemente esté en Slytherin.

Harry sonrió. ¿Quién le hubiera dicho que su hijo y el de Draco iban a ser mejores amigos?

- Eres una gran persona, Al. Y nada cambiará eso.


- Por fin os dignáis a aparecer - el moreno alzó los brazos al cielo dramáticamente -. ¿Acaso os habéis quedado dormidos porque ayer por la noche estuvisteis…?

Teddy golpeó a Theo en el hombro antes de que este terminara la frase, y el moreno soltó una carcajada, sabiendo que había dado en el blanco.

- ¿Preparada para el año más impresionante de nuestras vidas, guapa? - dijo Theo mientras giraba alrededor de Victoire, haciéndola dar una vuelta sobre sí misma.

- Este año son los ÉXTASIS, Theo. Tendremos que estar más centrados.

El moreno miró con la ceja alzada a su mejor amigo, que ese día llevaba el pelo de color amarillo, como todos los 1 de septiembre hacía para imitar el color de Hufflepuff.

- Teddy Remus Lupin - lo cogió por los hombros -. Si nos organizamos bien, hay tiempo para todo. Para las fiestas, los entrenamientos, las bromas, las escapadas...

- Los exámenes - apuntó Victoire.

- Sí, eso - dijo Theo chicos, ¿acaso hemos sacado alguna vez malas notas?

- Todavía no entiendo cómo puedes aprobar. Apenas tocas los libros - dijo Teddy molesto.

- Porque, amigo mío, soy extremadamente inteligente.

El moreno sonrió y entornó sus ojos azules con diversión. Todo Hogwarts lo conocía; era el hijo de una de las parejas más famosas del mundo mágico, y tenía una historia tan interesante que todos se interesaban por ella. El primer Black después de décadas tras la desaparición del apellido, que vivió el fin de la guerra cuando su madre, una de las leyendas del mundo mágico, estaba embarazada de él. Y un bromista a la altura de algunos de los más grandes de la historia de Hogwarts como los gemelos Weasley o los Merodeadores.

Aunque no podía atribuirse el mérito solo. Teddy, aunque hubiera lucido tan orgullosamente la chapa de Prefecto de Hufflepuff, era su más fiel compañero de aventuras. Victoire y Lydia solían también acompañarlos y aportaban algo de cordura, pero siempre acababan dejándose llevar.

El grupo de cuatro era uno de los principales cotilleos en Hogwarts. La revolución que supusieron marcó un antes y un después en el colegio. Victoire, sangre pura, pertenecía a Gryffindor; Lydia, hija de muggles, era una Ravenclaw; Theo, cuya historia familiar era todavía más singular, estaba en Slytherin; y Teddy, uno de los pocos metamorfomagos que vivían, hijo de un licántropo que había sido uno de los famosos Merodeadores, era Hufflepuff. Cada uno en una Casa diferente, habían labrado una poderosa e indestructible amistad a lo largo de los años, logrando burlar la protección de las otras salas comunes para poder estar juntos. Infringiendo incontables normas, habían generado la creación del llamado Salón Común, que cumplía la misma función que cada una de las salas comunes pero en el que podían reunirse sin importar miembros de todas las Casas. Slytherin, desde la caída de Voldemort, se había integrado mucho más, y la convivencia era notablemente mejor. Los conocimientos y puntos de vista que se aportaban unos a otros eran enriquecedores y vitales, y todo en parte gracias a ellos.

Victoire y Teddy se distrajeron un momento revisando el cierre del baúl de la chica, y el moreno observó el andén, buscando con la mirada a Lydia e intentando parecer distraído.

- ¿Buscándome? - susurró una voz conocida en la oreja de Theo, provocando que este notara un escalofrío y una pequeña descarga eléctrica recorrerlo. Se volvió alzando una ceja, las largas pestañas oscuras cayendo lánguidamente sobre sus iris azules, y sonrió despreocupadamente.

- No te des tanta importancia - dijo con tono despreocupado, pero Lydia supo que mentía. Se puso de puntillas para depositar un beso en su mejilla, y ambos se observaron en silencio. La chica era pequeña, de cara delgada y pómulos altos, con un rostro que denotaba picardía y sencillez; pero, si la llegabas a conocer, resultaba una muchacha cálida y embelesante, con carácter pero conciliadora. Sus ojos, de color prácticamente violeta, observaban su alrededor con ganas de comprender y asimilar, y su oscura melena caía sobre su espalda con delicadeza. Las piernas trabajadas por las horas entrenando como bateadora de Quidditch le aportaban curvas suaves pero deleitantes, y sus manos alargadas… Theo se estremeció al recordarlas recorriendo la piel desnuda de su espalda.

- ¿Qué tal el verano? - pero Theo no tuvo tiempo de responder, porque Victoire se lanzó a los brazos de su mejor amiga, llenándola de besos.

Teddy dio un codazo a Theo y levantó una ceja significativamente, ganándose una mirada aburrida. Lydia y él nunca habían estado juntos, no oficialmente, pero hacía años que tenían un tortuoso e imprevisible flirteo, que le exasperaba en la misma medida que le encantaba.

- Acabaréis casados y con muchos hijos, ¿lo sabes verdad? - le susurró Teddy.

- Como si no me lo hubieras dicho miles de veces - le lanzó una mirada de reproche al metamorfomago y se volvió para atraer hacia sí a Victoire mientras Lydia y Teddy se saludaban.

- ¿No recuerdas nuestro primer día en Hogwarts como si hubiera sido la semana pasada?

La rubia se apoyó contra su hombro.

- Ha pasado todo tan rápido... ¿crees que todo seguirá igual cuando acabemos séptimo?

- Prefiero centrarme en el presente. Este año va a ser alucinante, ya tengo un par de cosas planeadas, y si tus tíos nos prestan los artilugios de la tienda que les pedimos creo que...

El expreso de Hogwarts soltó una nube de vapor y una alarma resonó por todo el andén. Era el último aviso; hora de que todos subieran a bordo. Victoire y Teddy subieron los primeros, y Theo los siguió. La última de la fila, Lydia observó la figura de Theo subiendo los escalones de la locomotora grácilmente. Recordaba el movimiento de sus músculos sobre su cuerpo, los cristales empañados y la respiración pesada de aquella mágica noche. Negó con la cabeza y se encaminó al interior, tratando de eliminar esos pensamientos de su cabeza. Theo y ella eran amigos, y por mucho que le doliera, debía aceptarlo.


A varios metros de allí, Hermione caminó un tramo al lado del tren por el andén, contemplando los delgados rostros de Scorpius y Rose encendidos de la emoción. Draco la observó sonriendo mientras decía adiós con la mano; Hermione era la madre perfecta, la esposa perfecta, la Ministra perfecta. A veces se maravillaba por la serie de coincidencias que los llevaron a vivir juntos y los impulsaron a enamorarse, y se consideraba el hombre con más suerte del mundo. Recordaba la incertidumbre cuando se quedó embarazada, los duros meses de Guerra, el importante apoyo que ella le prestó tras la muerte de Nott. Ella había sido su dulce perdición, ella había conseguido hacerle abrir los ojos y confiar en sí mismo por primera vez. Le ayudó a darse cuenta de que podía tomar sus propias decisiones y le confirió un valor que no tenía; y no podía sentirse sino afortunado por ello. Se acercó a ella y le tomó la mano; cuando esta la miró tenía sus ojos empañados, pero estaba feliz.

El último rastro de vapor se esfumó en el cielo otoñal cuando el tren tomó la curva. Ron todavía tenía la mano levantada, y frunció el ceño con añoranza.

- Les irá bien - murmuró Ginny -. Nosotros conseguimos superarlo con éxito, y lo teníamos mucho más difícil.

Su hermano la miró, bajó la mano y asintió. Harry, distraídamente y notando, un año más, cientos de miradas posadas sobre él, se tocó la cicatriz con forma de rayo de la frente.

- Tienes razón, Ginny. Todo irá bien.

La cicatriz llevaba diecisiete años sin dolerle. No había nada de que preocuparse.


❤ ¡Y colorín colorado, este fanfic se ha acabado! ❤

¡No os podéis imaginar lo orgullosa que estoy de mí misma, aunque suene mal decirlo! Han sido tres largos años, momentos en los que me veía apurada, en los que no tenía ganas, o simplemente no encontraba el momento para escribir. Tantas y tantas tardes de domingo dedicadas a poder avanzar, siempre pensando en la historia, en vosotros. Gracias a los que habéis estado desde el principio, a los que hayáis ido llegando o a los que lleguéis una vez la historia esté terminada. Este proyecto me ha hecho muchísima ilusión, y he puesto en él lo mejor de mí. He notado mi propia mejoría al escribir, cómo los personajes evolucionaban, cómo yo empezaba a comprender qué debía hacer con ellos o hacia dónde orientar el desenlace.

Tantas cosas y tantos personajes que ni siquiera tenía pensados, pero que han ido surgiendo conforme la situación lo requería y a los que quiero muchísimo. Espero que hayáis disfrutado esta historia tanto como yo, y espero que os veáis satisfechos con el desenlace (el epílogo es el capítulo más largo que he escrito hasta ahora, porque no quería dejar nada sin cerrar y debía desarrollar muchos finales). Quizás algunos no esperabais un final feliz, o no esperabais que el bebé naciera, o que Narcissa acabara bien, o quizás no os haga gracia que Alice y Ron estén juntos... Pero yo sabía lo que quería; sabía que Theo tenía que morir y que el bebé tenía que ser un niño, y sabía que la última parte era vital. Supongo que os habréis quedado con ganas de más, con ganas de que desarrolle la historia que he comenzado al final sobre los cuatro. La verdad que me encantaría, porque quiero poder controlarlos, poder desarrollar (o no) esa ardiente relación entre Theo y Lydia, poder vivir un año tranquilo en Hogwarts, poder conocer cada Casa, ver cómo la guerra ha afectado las vidas de los alumnos que ahora estudian allí. De hecho, han pasado 17 años y no 19 porque quería que Victoire, Teddy y Theo tuvieran todavía un año por delante y que estuvieran en el mismo curso.

(EDIT): ¡Hola chicos! Hace ya meses que acabé esta historia, pero con todo el lío del coronavirus, he decidido empezar la secuela de Theo, Victoire, Teddy y Lydia :) El día 03 de mayo de 2020 colgaré el primer capítulo, y a lo largo de los próximos meses iré escribiendo y colgando el resto. Va a ser una minihistoria, de sol capítulos, pero os aseguro que os va a encantar :) Pasaros y echadle un vistazo ❤️

Pero como ya he dicho en instagram repetidas veces (si no me seguís seguidme, porque podréis poneros en contacto conmigo, preguntarme dudas, darme vuestra opinión e incluso discutir las teorías que podáis tener: tenéis el nombre en mi biografía) sí que puede que escriba oneshots (no solo sobre Harry Potter, también me vale cualquier otra opción que me deis siempre que conozca la pareja y me guste el shippeo o OTP).

No tengo mucho más que decir, aunque si queréis que os explique el capítulo desde mi punto de vista os diré que era simplemente un cierre para todo. Vemos a Hermione recuperando a sus padres, a Draco visitando la tumba de Theo para hablar con él una última vez. También quería que Draco y Narcissa se reconciliaran, y mostrar un poco cómo Harry es importante para Andrómeda y Teddy, y cómo Fleur ya se ha quedado embarazada. La parte de Lucius me parecía esencial también, y me ha costado mucho porque no sabía cómo reflejar su personalidad, aunque me pareció que ese toque de locura, dada la situación, era lo que mejor quedaba. En cuanto al nacimiento del bebé... evidentemente no he sido madre, pero me he dejado guiar por lo que creía que pasaría en una situación así, y he dejado que hasta el último momento dudéis de si Draco aceptará o no al bebé para darle luego la vuelta: al fin y al cabo, ¿no es lógico que ver a tu hijo por primera vez te cambie la percepción del mundo? También le pasa lo mismo a decidido que los hijos de Draco y Hermione no lleven el apellido Granger porque quería que fueran Blacks. ¿Y no es bonito ver, de nuevo, a un Lupin y a un Black juntos?

(Datos extra por si os habéis hecho un lío):

- Ron y Alice tienen dos hijos, Sarah y Marcus, que están en quinto y tercero respectivamente.

- Victoire, hija de Fleur y Bill, tiene dos hermanos, Louis (nombre femenino francés) y Dominique, que están en quinto y tercero respectivamente.

- Draco y Hermione tienen tres hijos: Theo que está en séptimo, y Rose y Scorpius, mellizos, que van a empezar primero.

- Harry y Ginny tienen tres hijos: James está en cuarto, Albus va a empezar primero y Lily tiene dos años menos que Albus.

- Charlie no está casado, estableció muy buena relación con Newt y Rolf Scamander tras la guerra y, tras la muerte de Newt, contribuyó a completar sus investigaciones y ayuda con el cuidado de sus criaturas cuando no está en Rumanía.

- Luna y Rolf, aunque no están casados, tienen dos hijos gemelos: Lorcan y Lysander.

- Ron y George dirigen "Sortilegios Weasley".

- El segundo nombre de Theo es Perseus simplememte porque los Black acostumbran a usar nombres de constelaciones (además me gusta mucho Percy Jackson 😂).

Y eso es todo, espero no haberos mareado en el capítulo con tanta información y espero de corazón que el final os haya gustado tanto o más de lo que imaginábais ❤. Estas últimas semanas he tenido más tiempo de el que pensaba y tampoco he tardado demasiado en subirlo, así que todos podemos vernos contentos :) Voy a responder las reviews de todos a los que no puedo responder por privado antes de despedirme:

- Meg: hola de nuevo reina ❤ Espero que no se te haya hecho muy larga la espera, y que el final de la historia te haya gustado... estoy tan nerviosa por conocer tu opinión 😄 Supongo que algunas cosas no te las imaginabas, pero creo que todo ha quedado acorde, y al menos a mí me parece que es un final perfecto :) Como no publicaré más capítulos no podré responderte, pero por favor déjame tu última opinión :) Si quieres que te conteste a lo que me digas siempre puedes ponerte en contacto conmigo en el instagram de mi biografía; realmente me da mucha pena despedirme de ti, y por si no seguimos en contacto te deseo lo mejor, y muchísimas gracias por seguirme y confiar en mí 😘😘❤

- Alejandra: hola cielo ❤ Me encanta saber que te gustó el último capítulo y respecto a la opinión de Draco me pareció conveniente no cambiarla hasta que viera al bebé, para que fuera todo más acorde con su personalidad ;P Ojalá la espera no se te haya hecho muy larga, este capítulo me ha costado mucho menos así que de nada 😂😉; muchííísimas gracias por seguirme y me encanta que la historia te haya gustado tanto; espero que el final te haya gustado todavía más :D Muchísimos besos y déjame tu opinión acerca de qué creías que pasaría, si te ha convencido o no el epílogo o si quieres que desarrolle la historia del final. Muchos besos 😘❤

Aunque se haya acabado la historia, por favor os lo suplico, dejadme vuestra opinión sobre el final. A mí me encanta, pero no sé si es lo que buscábais o no, espero que sí ;P Me da tanta pena despedirme... pero esta historia ya se ha alargado mucho más de los 15 capítulos que pensé que lograría escribir cuando la empecé, y ha llegado la hora de despedirnos de ella :) Muchas gracias a todos por el apoyo que me habéis dado y por la buena aceptación de la historia. No olvidéis dejarme sugerencias para oneshots en mi instagram (está en mi biografía) y así podremos estar en contacto :) Recomendad la historia a vuestros amigos y dadle al Go, así en caso de que decida escribir algo más lo sabréis :)

Con todo el cariño del mundo y más;

- Daphnea ❤


P.D.: ya podéis leer la secuela de "Dulce perdición", que encontraréis en mi perfil bajo el nombre de "El jardín secreto". Va a ser una minihistoria de uno capítulos, así que no os va a robar mucho tiempo. Dadle una oportunidad y leed el primer capítulo, y ya veréis como os engancha 😊 Voy a ir subiendo capítulos a lo largo de este mes y el que viene, y espero tenerla acabada para finales de junio de este año 2020 :)

Os quiero, gracias por llegar hasta aquí ❤️