Ethan estaba aterrado en un extremo inimaginable. Le daba mucho miedo la idea de no saber cuánto tiempo iba a estar en un estado de sedación completa como al mismo tiempo transformándose lentamente. Su humanidad estaba en juego –estaba seguro que la perdería en medio de todo el asunto- y se sentía demasiado asustado como para pensar en algo más alegre. Conoció a la bonita hija de la mujer que lo curaría del mal que aún lo aquejaba y podía asegurar que, aunque su presencia a su lado era bienvenida, no lo calmaba en lo absoluto.
—Todo saldrá de perlas, ya lo verás. Estoy a tu lado en este momento tan horrible porque, al fin de cuentas, yo también lo viví y sé lo que se siente.
Recostado en la camilla de la sala de operaciones donde lo condujeron esa misma mañana, sentía los deseos más fuertes de escapar. Su instinto de lucha o huida estaba al límite; sabía que no llegaría a ningún lado sin que lo atraparan o muriese, pero por lo menos estaría fuera de aquel sitio tan aterradoramente blanco. «Soporté muchas cosas en mi vida, pero nada como esto. Comparando, Dulvey fue un paseo en bicicleta». Exageraba bastante en aquel momento debido al profundo pánico, aunque estaba seguro que podía igualarlo con lo que vivió ¿Verdad? Le estaba cogiendo un odio brutal a los hospitales y en especial al personal que lo trataba como un leproso. No tenía nada contra aquellas personas que querían ayudarlo, pero por lo menos esperaba un trato un poco más cordial por parte del personal médico que acompañaba a la doctora Vickers.
«Las únicas que demostraron que les importa mi vida en esta última semana fueron la doctora y su hija; dos personas para las cuales no soy alguien que podría matarlas... Porque probablemente ellas puedan matarme a mi».
Eran dos buenas mujeres, quienes estaban disponibles a sus necesidades tan vulnerables. Le sorprendió el gesto humano de la mujer de unos cuarenta años en el momento en que ella –no quería ni siquiera pronunciar su nombre porque le volvía más histérico- le rompió vilmente el corazón. ¡La de orbes azulados le frotó el brazo, maldita sea, mientras él lloraba desconsoladamente! Los estirados ayudantes ni siquiera lo miraron a los ojos cuando le entregaron el asqueroso papel que debía firmar antes del procedimiento, carajo. Eran simplemente un puñado de inútiles insensibles del demonio.
Le sorprendió gratamente la jovencita de cabellos castaños, quien le tomó la mano mientras le colocaban un intravenoso. Vio bondad y entendimiento en sus ojos avellanados como también un corazón amigable apenas entró en contacto con él. Pocos jóvenes a su edad –le daba no más de veinte años- eran tan amistosos como ella. «Y pocos pueden decirte a ciencia cierta lo feo que es esto, eso está más que claro».
A su alrededor preparaban todo para inyectarle el virus como para también sedarlo por lo que durara el procedimiento; según la doctora, no estaría allí más de media hora y que al finalizar todo lo devolverían a su habitación de aislamiento para que lograra hacer una simbiosis completa. Debía fusionar por su cuenta al virus y convivir con él de manera estable para continuar su vida... si es que podía hacerla de forma normal.
Todos estaban cubiertos de las batas blancas de los cirujanos, hasta la chica a su lado llevaba barbijo y un gorro para el cabello. Supuso que le sonreía al tiempo que lo escrutaba por los frunces de su piel alrededor de sus ojos.
— ¿Duele cuando te lo aplican? —inquirió con una voz temblorosa. Ella negó suavemente con la cabeza.
—Por suerte no, pero puedes sentir como algo corre a través de tus venas sin detenerse. Eso te lo aseguro... es raro de explicar. Cuando lo experimentes sabrás a qué hago referencia. —Se detuvo al comprobar el gesto descompuesto del muchacho—. Lo siento, no era mi intención sonar tan mal...
Le restó importancia meneando la cabeza.
—Por lo menos me tratas como humano, eso es algo.
Ella asintió levemente al tiempo que ponía los ojos en blanco.
—No son muy agradables los tipos de este piso, ¿Verdad? Es de entender. —Se aclaró la garganta—. Estuve hace casi dos años aquí y puedo dar por sentado que también me trataron igual.
—No son gente de conversar mucho con los que están destinados a este piso, ¿Cierto?
Ella volvió a negar y se le escapó una risita traviesa.
—Solo hacen su trabajo porque los obligan. Créeme, sino todos estos Einsteins se irían corriendo a sus casas... Para mi debe ser por miedo con los agentes que manipulan. La atención al paciente en este piso es la peor de todas, gana por mayoría.
Estuvieron en silencio un momento al tiempo que dentro de la habitación existía un movimiento constante de personas. El anestesista preparó todo su equipo; quien lo inyectaría trajo un maletín consigo de apariencia muy sofisticado con un cierre digital; las enfermeras median constantemente sus signos vitales al tiempo que le preguntaban de forma seca si estaba cómodo así. Sarcásticamente respondía que si, esperando que notaran su profundo malestar con el personal como también con su situación. Giró su cabeza a un lado y finalmente volvió a observar a la jovencita, quien hablaba en voz baja con uno de los científicos.
Al ver que le observaba fijamente, volteó en su dirección. Por un brevísimo instante, la mirada de ella se posicionó sobre su muñeca izquierda que llevaba la fatídica marca de la moto sierra.
— ¿Cómo haces para vivir con eso? ¿No te cansa después de mucho?
Con un suspiro que dejaba denotar más de lo que realmente quería saber, ella asintió cansadamente.
—Es un autentico dolor en el culo estar todo el tiempo midiendo la cantidad de viriones en sangre, pero por lo menos uno de los científicos que ayuda a mamá desde Londres creó un reloj capaz de manejar toda esa información. Con un poco de nanotecnología y la tecnología disponible actualmente para el consumo, ya no tengo que estar extrayéndome sangre cada día de la semana. Te acostumbras al cabo de un momento; aprendes a lidiar con ello. Entreno mensualmente para contrarrestar los efectos aunque la meditación y un buen descanso suelen servir de mucha ayuda para el mismo fin. Estoy sumamente harta, pero agradecida que la maldita cosa que hay en ese maletín —con el dedo índice de su mano izquierda lo señaló— me permitió vivir mucho tiempo más.
— ¿Bastante tiempo hace que te lo inocularon?
—Desde los seis años que estoy con esta porquería, y tengo casi veintiuno... Por ende si, hace mucho.
«Tiene más agallas que yo y medio mundo junto».
— ¡Prácticamente toda tu vida!
—Prácticamente toda la vida, sí señor.
—Eres valiente por soportar todo eso. Digo, estando desde hace tanto con el virus en sangre...
—Supongo que sí, pero prefiero dejar el calificativo valiente para alguien que se mete en medio de un territorio repleto de infectados con el virus T o alguna variante. Suelo denominarme "BOW consiente y bastante humana en ocasiones".
Sonrieron al mismo tiempo. Todo el personal allí dentro se acercó a la mesa, informándole que comenzarían con el procedimiento al cabo de un momento. Inspiró aire muy despacio intentando calmar su corazón que comenzó a latir desbocado. Lentamente pero a paso muy firme, la probable perdición se acercaba a él; su vida no sería la misma después de todo aquello y mucho menos... Sobresaltado, se acordó de su familia. ¿Sus padres y hermanas sabían algo de él? ¿Fueron informados?
—Señorita Vickers... —La aludida lo observó atentamente— ¿Mi familia sabe algo del resultado de este procedimiento?
—Chelsea, de ahora en adelante. Y si, tus padres saben de todo esto e inclusive ellos dieron el visto bueno. Permanece tranquilo, Ethan, que ellos saben toda la porquería y rezan por ti.
Un silencio sepulcral se instaló en la habitación. Apretó la mano de la mujercita para recibir un apretón alentador de respuesta. El científico/ médico encargado de administrarle una dosis del virus se acercó a la mesa y le dijo todo lo que sucedería. Solamente atinó a asentir con la cabeza para luego ver como el anestesista le colocaba la máscara con la que lo dormiría; aspiró aquel gas pausadamente, notando como todos sus sentidos se adormecían con cada inhalación. La habitación se convirtió en un remolino atroz que lo engullía con cada segundo que pasaba, los rostros de los presentes se distorsionaron de tal manera que ya no era posible distinguir los rasgos; las facciones tersas y jóvenes de de quien le tomaba la mano fue lo último que vio antes de sumirse en un sueño profundo donde –y gracias a la droga- no hubo pesadillas, solamente una habitación azabache donde su atormentada conciencia no lo persiguió con escenas de el peor acontecimiento de su vida.
El doctor Newman inoculó satisfactoriamente al hombre rubio en cuestión de segundos. Chelsea simplemente observó la escena con el corazón en la garganta, sintiendo como todo aquello representaba un punto muy lejano en su vida.
Ethan fue conducido en un estado de sedación a su respectiva habitación, conectado a un trillón de cables y aparatos que le medían las constantes vitales. Lo último que vio la jovencita fue la estancia ocupada únicamente por el hombre y nada más; se marchó al cabo de quince minutos del piso directo a su trabajo.
Ese día, tocaba entrenamiento contra las bio armas.
En la otra habitación.
Emily supo que esa mujer era completamente indeseable cuando le faltó el respeto a todos aquellos que la atendieron. Si, no todos los que trabajaban allí era una gema a la hora de atender a los pacientes, pero por lo menos merecían cierto respeto porque arriesgaban sus vidas por ayudar a los infortunados que estaban en el B3. No sabía bien que tramaba, la mirada que le dedicó al momento de inyectarle el virus le heló el alma. Parecía divertida, casi ansiosa por recibir la inyección al momento de dormirse profundamente. «Casi como si deseara los efectos...» Era una pena, porque la dosis que le administró fue la justa y necesaria como para erradicar la bacteria de su cuerpo. Nada más.
Cerró la puerta tras de sí sin mirarla allí, tendida en la camilla donde la transportaron hasta su habitación en concreto. Le repugnaba la sola idea de que esa mujer fuese salvada con su creación tan especial; «De cualquier manera, la creaste para todos, no solamente para "gente bien portada que no mata una mosca"». Se reprendió a sí misma en el instante por pensar de aquella manera egoísta. No nació para diferenciar seres humanos, sino para salvarlos.
No trabajaba en la BSAA para salvar a unos si y otros no.
Caminó con tranquilidad por el pasillo blanco, encontrándose con su hija en la otra punta esperando el ascensor. Chelsea debía marcharse inmediatamente a la oficina ya que eran más de las once cuarenta, límite para tardanzas justificadas. La muchacha la saludó con un cariñoso beso en la mejilla y ambas abordaron el aparato.
— ¿Qué tal fue la cosa en el quirófano 1? —preguntó amistosamente.
La chica llevaba una expresión neutra en el rostro en aquel preciso instante.
—Bien, el tipo estaba muy nervioso —carraspeó con la garganta y presionó el botón para llegar a la planta baja—. Se le notaba a la legua, pero lo hizo bien. Ahora hay que esperar, pero soy optimista en su caso. Al virus le encanta los cuerpos con heridas mortales...
Ambas rieron. Era verdad: inyectado en una persona con una herida de clase mortal era tan efectivo como reparador. La creación de Emily era un completo éxito si tan solo no fuera tan... Tan recuerdo a Umbrella.
—Mi creación es bastante sádica, debo decir... Pero funciona para salvar personas. Eso es lo bueno.
—De cualquier forma, esperemos a ver cómo reacciona tu creación en ambos cuerpos. —Se rascó la barbilla—. A mi parecer no habrá mucho efecto secundario como en las primeras veces que lo utilizaste, soy optimista respecto a estos casos.
La mujer de cabellos dorados asintió enérgicamente; las puertas se abrieron y saludaron al guardia de seguridad –con un poco de sobrepeso pero corazón de oro- que esperaba con sus cosas. Rudy, como era llamado por la gente del hospital, les tendió sus objetos personales y comentó que era un día muy soleado en la capital administrativa del país. Charlaron unos momentos para despedirse rápidamente, sus obligaciones llamaban.
Después de la pausa obligatoria en su conversación, Emily retomó el asunto con palabras claves. Hablar en público de aquello se le antojaba... violento.
—El muchachón es distinto al que conocimos tu y yo, hija. Es más estable en esta ocasión; si causa daños en el cuerpo de otras personas no serán más que una fiebre intensa o jaquecas horrendas.
—Como desearía ser yo la que tenga a ese niñato... Una lástima.
Rieron.
— ¿Harás algo este fin de semana? Parker propuso hacer una parrillada por su cumpleaños y sugirió que te lo dijese lo más pronto posible. —Era martes; Chelsea, quien conocía tan bien a su madre, supuso que se lo había dicho la misma mañana y la mujer no pudo esperar—. Vienen a casa los de siempre. Chris comentó que traería a los mellizos para que los entretuvieras un poco con trucos fáciles de magia...
El rostro juvenil se iluminó; la mujer supuso que estaba más que confirmada su asistencia.
— ¡Claro! ¡No hago mucho ahora que en la universidad se acabaron las clases, por lo que me encantaría asistir! ¿Acaso la buena de Sherry Birkin se negó nuevamente por su barrigota?
Emily dejó ver una sonrisa ladina y negó con la cabeza.
—Adora a Parker, dijo que estaría ya a partir de las nueve de la mañana. Ella y su barriga. ¿Confirmo tu asistencia?
Embarazada de unos cinco meses pero con un vientre bastante grande, Sherry prefería quedarse en su casa debido a las constantes molestias que sentía estando fuera. Emily sabía que era bastante absurdo, pero nunca le reprochaba nada. Jake no discutía sobre aquel asunto debido a que todavía estaba haciéndose la idea de que el pequeño que saldría de esa tripa sería suyo. Lo más extraño de todo es que no fue buscado y sin embargo apareció igualmente tocando la puerta de la pareja.
—Creí que la confirmaron antes de preguntarme... ¿Va a haber perritos calientes?
— ¡Todos los que entren en tu estómago!
—Cuenten conmigo.
Esa misma tarde
Sudorosa y con los leggins pegados suciamente contra sus piernas, caminaba por los pasillos directo a las duchas. Apestaba con creces y sin duda que necesitaba una gloriosa ducha para quitarse todo el sudor al igual que los pastitos que aún tenía adheridos contra los codos. Era bastante tarde –alrededor de las cinco treinta- pero por ser verano no oscurecería hasta dentro de unas tres horas. El sol seguía firme en el cielo, sin necesidad de irse; tenía suerte ya que no había clases en la universidad en aquel punto del año. Los estudiantes eran favorecidos por los planetas alineados y disfrutaban de unas pequeñas vacaciones de verano sin tener que estar repasando teorías o rompiéndose el coco en las clases aburridas. Chelsea se sentía particularmente triste porque lo único que amaba más que la BSAA eran sus clases universitarias. Se aburría bastante al llegar a su casa, pero el Fallout siempre le sacaba una sonrisa al final de cuentas.
Secó una gotita de sudor que le caía por la frente con el dorso de la mano cuando vio como Joe giraba por la esquina del pasillo en su dirección. «Maldita suerte la mía cruzarme con aquel imbécil JUSTAMENTE AHORA». Quedaba claro que no era la moneda que más deseaba en aquel momento del día, ni tampoco que era alguien a quien deseara ver luego que Gregory –hijo de Geoffrey y antiguo compañero de su padre- la masacrara con el entrenamiento. Estaba agotada tanto física como emocionalmente, y ver como su ex novio se acercaba casi a la carrera en su dirección le trastornó el resto de la tarde.
El rubio recuperó un momento el aire antes de detenerse frente a ella. En sus ojos pudo encontrar una sorpresa como una alegría inusitada; creyó en el segundo que era falso, como todo lo que aquel estúpido podía llegar a hacer, decir o pensar. Se aclaró la garganta al tiempo que ella lo pasaba de largo. Rápidamente, la detuvo con un rápido movimiento.
— ¿Puedo hablar contigo? —Preguntó casi en suplica. Su cuerpo estaba demasiado cerca de ella y sentía ganas de asestarle un puñetazo.
Irritada y dejando escapar un bufido como prueba de ello, volteó rápidamente para intentar escapar de su charla ridícula. El muchacho de un metro noventa -y de dos simples zancadas- se colocó frente a ella bloqueándole el paso.
— ¿De qué demonios quieres platicar? ¿Y por qué precisamente tiene que ser en este maldito instante? Llevo prisa por irme a casa, no sé si sabías, y tampoco es que tenga ganas de que estés bloqueándome el paso.
El otro ni siquiera se inmutó a la mirada asesina que la castaña le estaba dedicando. Respiró hondo.
—Nos debemos una charla los dos... sobre toda la mierda en nuestras vidas.
La chica soltó una risotada sarcástica que retumbó hacia ambos extremos del corredor.
—No debo nada A NADIE, creo habértelo dejado muy en claro hace unos años. Deja de pensar en la persona que "genera problemas" para comenzar a pensar tu futuro. —Intentó avanzar pero fue nuevamente detenida por el muchacho de espalda ancha. Era mucho más alto que ella por lo que contaba con una amplia desventaja. Los veinte centímetros que le faltaba para alcanzarlo se burlaban de ella—. Déjame ir, ya sabemos cómo va a terminar esto...
—No, esta vez sin patadas en los testículos. Por el amor de Dios.
—Si sigues impidiéndome el paso, voy a volver a darte una... Pero mucha más fuerte que la anterior al punto de que tengan que sacártelos de la cabeza.
Posó una mano en la pared marfilada mirándola seriamente.
—Basta con esos jueguitos tuyos para evitar comenzar a reconstruir lo que se rompió hace dos años atrás. Necesitamos un momento de catarsis entre nosotros poniéndole fin al drama que hay. —Realizó una pausa para calcular mejor sus palabras— Es muy difícil conversar entre Liam y Sammy. Prácticamente no hablamos ni siquiera nosotros tres; la dinámica se disolvió por completo cuando ellos decidieron formalizar su relación y nosotros enterrar la nuestra.
Insultada brutalmente, no hizo nada por evitar una mueca de indignación.
—Me importa un rábano los problemas que tú tienes con esos dos estúpidos. Lo que nos unía antes está muerto, podrido le agregaría para hacerlo más dramático. ¿Ya se perdieron entre ustedes? ¿O solo se alían en mi contra para destrozarme por todos lados? Además: ¿Qué parte de no voy a volver contigo nunca te entro en el cerebro? —Cerró los ojos intentando serenarse un poco—. No te olvides que Andrew es mi amigo por igual, por lo que me entero de la mitad de sus conversaciones por desgracia.
Quiso responderle, pero fue cortado de raíz por ella con un simple movimiento de su mano delgada y delicada.
¿No les basta con fastidiarme la vida que también se burlan de mi problema? ¿Tan bajo caen como para burlarse de un trastorno psicológico que nunca pedí tener? A partir de ese punto supe de qué clase de palo están hechos ustedes tres... —Siseo—. Del que sale de la mismísima mierda. Burlarse de mi fragilidad mental... Tan bajo que ni siquiera podía creer cuando leí todo
La ira comenzaba a bullir en el interior del joven; tan fuerte que comenzaba a sentir el irrefrenable deseo de darle unos cuantos puñetazos a la pared. Estaba intentando por todos los medios no utilizar su enojo sobre ella, pero con cada embestida de sus palabras hirientes se preguntó si podía llegar a resistir lo suficiente como para no sorprenderla de la forma más horrible de todas. No era un muchacho violento, solamente era una persona que no sabía controlar del todo bien sus problemas con la ira. Solo...
Siento lástima porque sus padres hayan engendrado hijos tan maleducados como huecos. Edward no se merece saber que su único hijo es un imbécil que se mofa del trastorno depresivo crónico de alguien más. Siento pena por ti, Joe, porque...
El límite fue alcanzado tan rápidamente que no pudo detener sus manos de agarrar fuertemente los brazos delgados de Chelsea como tampoco de la fuerza que estaba ejerciendo sobre su cuerpo. El rostro se le transformó en milésimas de segundo; el semblante fue tallado por la ira más pura que era conocida en la historia de la humanidad. Ella gimió de dolor al tiempo que sus ojos miraban directamente a los suyos al momento de que intentó apartarse.
—Deja a papá fuera de esto — Dijo con furia. La castaña sintió una punzada de pánico en aquel momento, tal como en el pasado—. Hablas de palabras para caer bajo, pero metes a gente muerta en el medio y eso es algo más que bajo para herir a alguien...
Sus dedos se clavaban con mayor fuerza sobre la piel nívea de la muchacha. Con voz trémula, le rogaba que le dejase ir. No podía pensar en otra cosa que el temor a que algo malo pudiera sucederle... «Nunca pensé en vivir esto de nuevo...»
—Eres demasiado irritante en ocasiones, Chelsea. Deberías comenzar a saberlo de una puta vez. Siempre causaste problemas aunque no quisieras verlo; siempre alguien acaba mal por ti. Jugaste el papel absurdo de víctima y todo el puto mundo se lo tragaba sin más. —La presión que generaban sus grandes como fuertes manos era demasiado para poder tolerarla. Sentía que sus huesos podrían romperse de un momento a otro. Las uñas le dejarían marcas para el día siguiente—. Estábamos cansados y por eso lo hicimos saber. Tus reglas sobre cómo funciona una amistad o una pareja está tan increíblemente a tu favor que prácticamente todo tiene que ser para ti.
Estaba inmovilizada a tal punto que ni siquiera las piernas –que le temblaban incontrolablemente- podían efectuar un movimiento de liberación ante aquel aprisionamiento brutal.
—Por eso sentí el irremediable sentimiento de engañarte, porque necesitaba un poco para mí. Cariño lo llaman por otros lados, para que lo sepas; todo era para ti y nada para mí. Acéptalo, Chelsea. Para lo único que eres buena en una relación es para echar un polvo, después eres el ser más inútil del mundo. Narcisista, egoísta, acaparadora de atención y por supuesto mala persona. Eso sería lo que te identifica de aquí hasta Plutón.
Las garras de Joe estaban tan clavadas en su epidermis que comenzaba a cortar el tejido. ¿Dejaría que pase nuevamente? Era más lista ahora, más madura para ser honesta consigo misma. Sus palabras la molestaron porque sentía una descripción de él más que suya. Tensó sus brazos, empujándolo lejos de ella; se haría valer nuevamente, no le importaba una mierda lo que pensara o hiciera. Ella no iba a ser la joven tranquila de antaño.
La zona por donde ella fue tomada estaba enrojecida, las uñas estaban tan marcadas que parecían pequeños cortes. Chelsea se le aproximó para darle a continuación un puñetazo en la mejilla izquierda. El muchacho se tambaleó sin embargo no llegó a caer al suelo. ¿La iba a dejar escapar? ¿Que lo avergonzara?
— ¿Vas a querer una patada ahí? ¿Como la última vez? Dímelo ya antes de que me enoje de veras y lo haga sin preguntar.
—Eres una puta, eso es lo que eres.
—Maneja tus impulsos, querido, la próxima vez no te la voy a dejar gratis.
Pasó a su lado mirándolo con furia. Otra vez donde pudo romper el maldito círculo instalado en el pasado que amenazaba con volver cada vez que se le aproximaba. ¿No se daba cuenta? Ella ya no quería nada con él ni en ese momento o en un millón de años. Caminó como una autómata hacia las duchas dándole vueltas al asunto nuevamente. «Madre, otra vez». Cogió los productos de higiene de su casilla en particular, rostro descompuesto impuesto en sus facciones. Se desvistió en la soledad de la estancia, ingresando a la ducha esperando una calma la cual no llegó. Se miró los brazos al tiempo que recordaba el tiempo perdido con él, ese mismo tiempo en donde fue un objeto para alguien a quien creía amar.
«Triste por mí, siempre una víctima de algo».
