La castaña estaba completamente cubierta por dos tipos distintos de trajes protectores blancos; el ambiente era húmedo y caluroso (en especial en pleno julio en medio de uno de los estados del sur) al igual que desolador: los terrenos pantanosos dejaron lugar a unos tenebrosos montículos marrones oscuro como también rojo sangre; el agua estaba completamente contaminada, con los peces muertos flotando en la superficie y llegando a las costas del pantano inundando toda la extensión de tierra con una peste horrenda a muerte; los arboles antaño frondosos ahora estaban vacios de hojas verdes, las cortezas eran mucho más gruesas y si arrancaban una rama emanaba un liquido muy viscoso negro. Eso era lo que la BSAA más temía, el área afectada abarcaba más de diez kilómetros cuadrados; las afueras del pequeño pueblo de Dulvey estaba en completo peligro, las fuerzas de seguridad del gobierno como también la BSAA ordenaron la inmediata evacuación debido a la alta posibilidad de que la infección con aquella bacteria llegara a los ciudadanos.
Chelsea caminó detrás de Henry, investigador encargado en los tipos de virus y bacterias, quien tenía la cara cubierta por una gruesa mascara anti gas. Trataban de no resbalarse en aquel suelo tan engañoso, ella sentía algo de repulsión a la idea de que sus pompis cayeran directo al suelo transformado; en su corazón predominaba la pesadumbre por la vasta extensión de tierras que fueron cruelmente transformadas, era brutalmente triste ver todo aquello. Henry se detuvo abruptamente ante el grito de otro de los investigadores, mucho más delante de ellos dos. La de orbes avellanados perdió el equilibrio por un instante aunque el hombre de treinta y ocho años la sujetó con fuerza de su brazo.
—Gracias, te debo una— Exclamó al tiempo que volvían a caminar lentamente por el traicionero terreno.
—Ni lo menciones, a mí tampoco me gustaría caerme sobre… esto— Señaló con el dedo índice derecho una masa roja que palpitaba.
—Si lo hiciéramos necesitaríamos una buena desinfección y permanecer bajo observación por lo menos por cuarenta y ocho a setenta y dos horas.
—Con suerte si no presentamos ningún síntoma raro, no te olvides de ese pequeño detalle.
Chelsea se limpió con la mano enguantada el casco de vidrio que le obligaron usar pese a su inmunidad contra aquella bacteria; le indicaron que era mejor prevenir una infección que lamentarla por lo que les hizo caso. Debía reconocer que se molestó un poco por aquella orden pero recordó la voz severa de Chris diciéndole que obedeciera cada una de las directivas que los demás investigadores le impusieran. El castaño quería evitar a toda costa que sucediera lo mismo que en Montana, sus superiores se mostraron muy molestos con la actitud contraria que demostró en aquel estado. Una vez limpio el cristal, se aproximaron hacia el investigador que solicitaba su presencia.
Harold, un hombre de baja estatura, cabello negro y ojos del mismo color, estaba arrodillado contra un árbol. Tenía en la mano uno de los nuevos aparatos para tomar muestras que fueron enviados directamente de Londres, donde Quint Cetcham junto con Joshua Ashford desarrollaron una forma de recolección de datos novedosa frente al modelo número tres del escáner Génesis. Tocó un par de veces el panel táctil activando la luz verde que escaneaba parte de una protuberancia grande del infectado árbol. Un doble bip notificó al usuario que el escaneo finalizó y el hombre de rostro redondo observó su PDA.
—Santo cielo… ¡Esto es mucho peor de lo que esperábamos muchachos!— El grupo lo rodeó, conformando un círculo alrededor del hombre.
— ¿Debemos informar directamente a los muchachos de la compañía que nos ayudan o directamente a Vermillion?— Landon, un muchacho muy joven (apenas veintitrés años), sonó indeciso a la hora de hablar. Chelsea sabía lo que era estar así en tu primera asignación a nivel nacional
—Será mejor que demos ambos partes, uno a HQ y otro a los soldados que ayudan dentro de la residencia Baker.
Se hizo un momento de silencio en el grupo. Harold se enderezó y se mantuvo de pie unos momentos, tocando con dificultad por el traje de cuerpo entero el PDA de cristal táctil. La castaña no sabía que pensar en aquel momento, su mente era un mar de cosas antagónicas entre sí; después de unos segundos un nombre fue directo a su mente al tiempo que una especie de ira mezclada con asco se proclamó como ganadora en sus pensamientos, el nombre de Mía se volvió más presente en ella y supo porqué odiaba a la mujer en aquel preciso instante. Gracias a ella como también a la compañía para la que trabajaba todo este lindo lugar ahora es una tierra muerta… ¡Y la zorra aún sonreía sarcásticamente cuando la vi por última vez!
No podía ocultar la aversión que tenia por la gente que realizaba semejantes actos ruines contra la humanidad, en especial con aquellos que ayudaban a las diabólicas empresas multinacionales farmacéuticas a crear aquellos monstruos. Gente como ella le costó la vida a papá y millones de personas más…
—Volvamos inmediatamente, logré enviar la información a HQ hace unos segundos— Emprendieron la marcha como llegaron: En fila y lentamente. Henry continuaba delante de ella por lo que iniciaron una conversación.
— ¿Qué crees que harán con esta área completamente destruida?— Inquirió la castaña, quien hacia equilibrio de vez en cuando para no caerse.
—Implementarán el Código 23N, después cerrarán todo el sector para que civiles curiosos o imprudentes se metan aquí a merodear.
—Y… ¿Qué demonios se supone que hace el Código 23N?
—Ay, Chelsea. Todavía eres demasiado verde como para estas operaciones…— El tono despectivo del hombre molestó a la muchacha, quien frunció el ceño. — Esterilización completa de la zona, luego el vallado. Eso es el Código 23N.
— ¿No era más fácil responder que menospreciar mi participación?
El pelirrojo se mantuvo en absoluto silencio. No era secreto que muchos dentro del edificio cuatro se quejaran de que alguien como ella estuviera trabajando como si fuera alguien quien pasó alrededor de diez años en el oficio; Henry no sabía si eran simplemente celos los que tenían los demás en su piso o razones con fundamento, ya que la chica ponía mucha voluntad pero no siempre cumplía con las expectativas impuestas por los trabajos que le enviaban a realizar. A veces interferían su orgullo, otras su misma terquedad y otras motivos de venganza personales por la pérdida de muchos amigos por el bio terrorismo; era muy buena compañera, pero en ocasiones era simplemente una malcriada egoísta.
Chelsea Vickers era una persona con dos polos opuestos que usualmente atraía grandes controversias.
Estuvieron caminando lentamente por veinte minutos hasta que el grupo llegó finalmente a lo que quedaba de la Finca Baker. La chica sudaba profusamente, por la espalda le caían las gotas que le provocaban temblores debido al contacto con su piel, por la frente y sienes también. Se reunieron con el comandante de un equipo enviado por la compañía, entregaron los datos y fueron directo al sector asignado para su trabajo propio. La de orbes avellanados ansiaba por sacarse el traje pero hasta la noche misma no podría hacerlo, por lo que se lamentó una y otra vez por no poder refrescarse aunque sea el rostro. Morgan, un hombre de contextura gruesa a nivel muscular y de piel amarronada, ordenó a cada uno analizar los datos obtenidos en las distintas escenas; entregó los papeles a cada uno y todos fueron a realizar sus labores.
A ella le tocó lo más sencillo en apariencia: analizar todos y cada uno de los rastros al igual que signos encontrados en la finca. Morgan informó que después de las siete de la tarde podrían ir a hablar con los dos únicos supervivientes que encontraron en el lugar; no dijo mucho más por lo que la castaña se pudo centrar en su tarea.
Una hora y media después entregó todos los indicios que pudo documentar de las fotos al igual que las anotaciones que se hicieron sobre la casa; para sorpresa de Morgan al igual que el resto de los investigadores el informe estaba bien detallado como ordenado. El afroamericano felicitó a la chica al igual que el resto de los hombres que componían el equipo e indicó que se pondrían en contacto con los dos afortunados. Era una sorpresa que la persona más distraída de todas pudiera hacer algo tan completo como lo que hizo en el tiempo transcurrido, por lo que informaría su comportamiento positivamente en el informe final sobre el desempeño de los involucrados en el caso.
Henry le picó la parte media de la espalda mientras caminaban por los pasillos cubiertos por lonas plásticas gigantescas que evitaban el contacto de los trabajadores con el medio infectado, la chica se sobresalto y volteó con rapidez.
— ¿Qué quieres ahora?— Su tono molesto le provocó una sonrisa al hombre.
— ¿Sigues molesta por lo que dije antes? No lo decía con ningún tipo de intención corazoncito…
—Tendré veinte años…
—En un mes cariño.
—No importa ese detalle. Tendré veinte años pero no soy ninguna estúpida— Las palabras parecían ser escupidas por la muchacha, quien lo decía con altanería.
—Nunca insinué que lo fueras, Chelsea. Solo dije que deberías conocer el protocolo que se sigue en casos como estos, nada más.
—Claro… Nací ayer, tontorrón.
Morgan les llamó la atención al tiempo que miraba por sobre su hombro; los dos continuaron caminando en silencio hasta llegar a una enfermería improvisada donde médicos especialistas en infecciones virales controlaban de cerca a los supervivientes. Entraron uno en uno, llegando última. Chelsea contempló detenidamente a las personas que tenía frente a sí: la chica no tendría mucho más de veinticuatro años, pero el cabello blanco le daba una apariencia mucho mayor. Era menuda y de rasgos corporales proporcionados. Su rostro era alargado, con ojos tristes y boca fina; el hombre pasaba los sesenta, pelo al igual que barba blancuzca y rostro intimidante como arrugado por el paso de los años. Tenía modales bastante brutos, pero ella no estaba en el papel de juez ante los dos.
Los médicos entregaron varios informes donde se detallaban las condiciones generales de salud y sus compañeros se dedicaron a escuchar con atención; Chelsea, en cambio, se aproximó a la chica por unos momentos. Le preguntó su nombre en voz baja y recibió un "Zoe" como respuesta. Sintió una profunda lastima por todo lo que tuvo que pasar aquella chica, su rostro delataba el infierno que transcurrió desde que aquel buque encalló en el pantano.
— ¿No deberías escuchar aquel palabrerío que los médicos sueltan en este preciso instante?— Cuestionó Zoe en voz baja, la castaña negó suavemente.
—En realidad no, prefiero acercarme y preguntarles a ustedes si se encuentran bien o no. Tanto dato técnico me marea de vez en cuando. —Respondió honesta— Siento que es mejor brindar apoyo a los afectados que simplemente tratarlos como especímenes a quienes hay que observar con ojo crítico.
—Si tú lo dices…
Se instaló un momento de silencio entre las dos, donde Zoe miraba el techo grisáceo y Chelsea el grupo que continuaba escuchando a los especialistas.
— ¿Lo encontraron?— Soltó de repente la de cabellos nieve.
— ¿Hmm?
—Si lo encontraron a él.
—Te refieres a…
—El tipo rubio llamado Ethan y a su esposa Mía. — Parecía escupir los nombres al mencionarlos, en especial el último. Chelsea pensó que ella también podría hacerlo pero no le correspondía por nada del mundo.
La castaña asintió con la cabeza.
—Me alegro de saber que así fue, como también me alegro que ahora estén mucho mejor juntos. —No sonaba muy convincente al decir aquellas palabras, pero la castaña prefirió no decir nada sobre su forma de expresarse.
—Como pequeña infidencia entre las dos: ella rompió con él enfrente de un equipo entero de especialistas, por lo que no creo que ese "juntos" se realice— Se regañó por ser tan cotilla respecto a la vida personal de alguien con quien habló solamente dos veces; Zoe se cruzó de brazos por un momento.
—Vaya… Y pensar que se vino desde Dios sabe donde hasta este infierno para rescatar a su esposa.
—Sí, una autentica lastima.
Le deseó una pronta recuperación al igual que le dio sus mejores deseos para afrontar la próxima etapa que se le avecinaba: el después de la pesadilla. Se acercó a quien era su tío y realizó unas pequeñas preguntas mientras sus compañeros se aproximaban a los sujetos para comprobar algunos detalles. El hombre respondió de manera esquiva a la mayoría de ellos para finalizar con un "deberían haber llegado mucho antes para salvar a mi hermano y cuñada", finalizando así la breve charla que le dedicó a la castaña.
Chelsea terminó su jornada de trabajo completamente extenuada; pasó por la sala de desinfección (donde esterilizaban los dos tipos de trajes como también las ropas que tenían por debajo quienes ingresaban a la zona contaminada) y abordó el vehículo que la llevó hasta allí. La dejaron en el hotel que costeaba la BSAA a unos setenta kilómetros de la zona.
Se encontraba tan cansada que apenas si intercambió unas palabras con su madre por teléfono, alegando que estaba por desmayarse si no comía algo y se iba a la cama. Emily colgó con su hija unos dos minutos después de iniciar la conversación, Chelsea bajó a un restaurant de comida italiana (mientras comía un plato de espaguetis pensó en su abuela al igual que en las salsas que realizaba) y volvió a las nueve de la noche; se duchó para después dejarse caer directamente en la cama, durmiéndose casi en el acto.
Ethan se encontraba ya completamente consciente en la habitación donde lo mantuvieron encerrado, escuchando los pasos en el pasillo mientras jugueteaba con sus dedos enredados en las sabanas. La doctora Vickers lo observó detenidamente y se percató de que se encontraba algo incomodo en aquel momento; era viernes, según le comentaron mientras examinaban sus signos vitales. Me hablan como si tuviera lepra o algo por el estilo. ¿Qué no estoy curado? Quería que todo terminara de una vez para volver a su casa de dos habitaciones para sanar las heridas que no cerraban: las psicológicas. Estaba harto de que le preguntaran sobre Dulvey para construir el maldito caso, pero de lo que más estaba hastiado era del sentimiento del desamor sufrido por la ruptura que experimentó. Preguntó por el estado de su ex mujer, recibiendo la "maravillosa" noticia de que estaba ya dada de alta y la trasladarían a otro lugar para hacerle los últimos chequeos para dejarla finalmente en libertad.
Estaba seguro que después de la cuarta relación infructuosa con una mujer no volvería a intentar nada por el estilo. Realmente estaba harto de que en las relaciones él no tuviera suerte.
Tragó saliva mientras seguía siendo blanco de las observaciones de la mujer de mediana edad, quien se acomodaba un mechón de cabello rubio detrás de la oreja. Emily se sentía algo incomoda en aquella habitación pero debía cumplir su trabajo a rajatabla, no dejarse llevar por la incomodidad de la situación; así no llegarían nunca a nada y el caso de Dulvey se encontraría definitivamente estancado.
De ella también dependía el futuro de una población entera.
— ¿Algo más que agregar sobre tu experiencia allí?— Preguntó al tiempo que cogía su bolígrafo y el anotador donde escribió todo lo que el muchacho le comento minutos atrás.
— ¡Santo cielo! ¿Qué más quieren?— Su tono era molesto; Se cruzó de brazos fuertemente, Emily pensó que parecía un niño enojado porque le quitaron unos momentos de diversión con un juguete. — Les dije todo lo que sabía y ustedes continúan con las preguntas.
—Es algo rutinario, señor Winters.
—Rutinario o no, usted y su gente deberían darse cuenta de que ya les di todo lo que les podía ofrecer. ¿Qué son todos imbéciles dentro de la BSAA que continúan con las preguntas estúpidas? — Su tono altanero irritó a la rubia.
Sintió lastima por el tipo, pero no de la clase de lastima por lo mal que lo estaba pasando; todo lo contrario, sentía lástima porque parecía un mocoso quejica. Lo peor fue cuando llamó imbéciles a ella junto a sus compañeros por intentar construir un caso que pudieran llevar a una resolución positiva para el resto de la nación… Ahí supo que aquel sujeto no era exactamente muy agradable.
Supuso que era un efecto del virus: la ira sin sentido solía manifestarse de vez en cuando por una introducción de los viriones dentro del sistema límbico, más precisamente dentro de la amígdala. Era algo secundario que todavía estaba intentando corregir, pero no daba resultado alguno. En todas las veces que ella o Chelsea se inyectaban una nueva dosis siempre resurgían los sentimientos más agresivos.
Pero esa vez ni siquiera ella supo disculpar aquel efecto secundario en el muchacho, plantando una cara de pocos amigos hacia él.
—Disculpe que lo molestemos tanto con preguntas, señor Winters, pero si no hacemos este trabajo rutinario por muy molesto que sea para usted, este caso quedará en la nada y los perpetradores de la bio arma a la que usted se enfrentó se verán libres de cargos penales. —Su voz tenia dejes de ira, aunque utilizaba la misma manera de dirigirse a él que cuando tenía que hablar con la testaruda de su hija— Supongo que su persona (al igual que las familias de las victimas que perdieron la vida dentro de la casa Baker) quiere verlos tras las rejas ¿No?, por eso mismo responda a nuestras preguntas y deje de quejarse como un niño regañado.
Al hombre le cayó muy mal aquel comentario final, parecía que de ese momento en adelante no serian muy buenas las conversaciones que tuviera que mantener con aquella mujer. Sentía algo de lastima por el marido que tuviera por aguantar aquel carácter. Su hija es más amable como humana… No es un robot rubio que utiliza gafas negras y mantiene una postura de superioridad tipo europea. Pero podría ser verdad que él también se expresó mal al hablarle anteriormente…
—Ya les dije todo lo que sé; no hay muchas más vueltas que darle al asunto, doctora. Es inútil que hablen conmigo si primero no hablan con — Tragó saliva— Mia.
—Hablamos con ella pero no respondió exactamente con muchos datos, por lo que nuestra última opción es hablar con usted…— Hizo una pausa, recordando lo que recibió de parte de su hija en una brevísima llamada — Y con una chica llamada Zoe Baker junto con su tío Joe.
El alma del rubio cayó al suelo de un momento a otro; se sentía tremendamente culpable de haber dejado a la persona que lo ayudó a moverse por aquella laberíntica casa y que para peor dejó tirada en el muelle por salvar a Mía. Se encogió de hombros al tiempo que miraba fijamente al suelo. Tendría que hablar con ella en algún momento, si es que se lo permitían estando en una cueva bajo tierra.
—Podrán hablar con ella, sabe mucho más que yo. Estuvo tres años con la infección a su alrededor por ende les puede brindar algo más— Sentenció, encogiéndose de hombros; su frente se arrugó tras un momento— Doctora… Si puede le pido por favor que me comunique de alguna manera con ella. Le debo una disculpa.
Emily se sintió algo confundida con aquellas últimas palabras, pero lo haría por él. Después de todo sería ideal que ella misma interrogara un poco sobre lo acontecido a la chica nueva dentro del caso.
Estuvo unos minutos más allí dentro y salió, dejando a Ethan con la mente completamente confundida.
