Finalmente estaba tremendamente agotada de todo. ¿Qué sentido tenía seguir en aquel mundo si nada de lo que hacía era suficiente? ¿Cómo podía vivir sin toda la gente cercana a ella que moría por el bio terrorismo? Chelsea no lo soportaba más. A sus dieciséis años finalmente se dio cuenta que la única alternativa a escapar de todos sus demonios era ingerir todas y cada una de las píldoras que contenía el pequeño frasquito anaranjado; de esa manera se podría librar para siempre de las ataduras mortales que le impedían marcharse de una vez por todas del mundo físico para pasar a otro plano.
Corrió sus sabanas a un lado y se levantó de su cama. El cuerpo le dolía a horrores por estar inactiva tanto tiempo; ¿Cómo podría moverse si estaba lo suficientemente triste como para no conseguir motivación alguna? Dar los pasos hasta su ropero de madera oscura fue una tortura de la Inquisición, generar la fuerza suficiente con sus brazos fue peor. Revolvió entre sus vestidos para llegar finalmente a la caja de zapatos que le salvaría finalmente. Lind desaparecería, no la atosigaría nunca más ya que su existencia no sería en la dimensión física. La caja negra con líneas rosadas no estaba muy pesada, solamente contenía los tacones altos que usaría si estuviese viva para uno de los bailes organizados para su escuela, la abrió y extrajo de dentro el frasco.
Su madre no estaba ni tampoco Parker. El buen hombre de mediana edad fue a comprar un poco de leche con algunos artículos comestibles para después, a pedido de ella ya que supuestamente "se sentía mejor hasta el punto de levantarse". Algo le pena le dio al saber que él mismo sería el que encuentre su cuerpo una vez que llegara a casa, quien debería cargar con la culpa sobre su muerte ante su madre encolerizada porque le dejó sin supervisión durante un rato. Casi deseó poder ahorrarle los problemas pero sabía que era exactamente una inútil que ni siquiera eso podría realizar.
Guardó la caja donde estaba, generó nuevamente un esfuerzo para cerrar su guardarropa y salió lentamente de su habitación. Sus pasos parecían los de un anciano: débiles al igual que temblorosos. La sensación de caminar nuevamente se le hacía un poco extraña, las últimas dos semanas de su vida se la pasó echada en la cama llorando a mares sin saber exactamente por qué. Se dirigió a la cocina por una botella de agua suponiendo que eso le haría más fácil la tarea de ingerir todas las treinta píldoras somníferas.
Abrió su refrigerador, el ruido sobresaltó a su viejo amigo Darcy quien luchaba por levantarse debido a su avanzada edad. La mascota de Sherry cuando todavía vivía con ellos era cariñosa, sumamente leal al igual que un protector de ella nato. Siempre tuvo la idea de que lo adoptaron para ayudarle cuando la conversión con el virus se hiciese imposible y se desmayara en el suelo debido al dolor en las articulaciones. El can solía hacerlo con ella junto con su madre, por lo que sin dudas ese fue su propósito en la casa desde que tuvo la suerte de toparse con Sherry Birkin.
Tomó la botella de agua más próxima que vio mientras le sonreía al pobre labrador. Estaba algo ciego cosa que le rompía aún más su triste corazón, casi deseaba que Dios fuera lo suficientemente bueno para llevarse a la gloria a aquel pobre animal en la ancianidad. Ya bastante trabajo tendría con ella, por lo que deseó que pronto can y humano se reunieran en algún punto de la otra vida.
Se sentó en la mesa con cuatro sillas con un intenso dolor en la cadera; colocó ambos objetos ante ella mientras meditaba acerca de su decisión. ¿Estaría realmente bien hacerlo? Parte de su conciencia no afectada le gritaba que no lo hiciera, pero el resto le rogaba que pusiera fin aquel sufrimiento inhumano que no le hacía en absoluto bien. Destapó el frasco, lo olió (percibiendo el clásico hedor de la medicina) y vertió todo el contenido dentro de su boca. Hasta la última pastilla cayó dentro de ella, deshaciéndose por la saliva después de unos segundos. El sabor realmente era desagradable por lo que abrió la botella rápidamente, bebiendo tragos largos de agua con apremio. Dificultosamente las píldoras fueron pasando de su esófago hasta su estomago, haciéndole toser en el final del proceso. Se quedó allí sentada hasta que el efecto de las mismas comenzó a ocurrir.
Finalmente era el fin: no era nada glamoroso como tampoco doloroso. ¿Sería esa la mejor forma de irse? ¿Durmiendo? El mundo lentamente se le fue apagando. Sus ojos comenzaron a cerrarse por el efecto somnífero, los ruidos del exterior se apaciguaban lentamente como por arte de magia. Era extraño definitivamente: una experiencia que no repetiría nunca más.
Parker ingresó unos momentos después del inicio de los síntomas en la adolescente cargado con bolsas de madera. Estaba feliz porque consiguió un buen trato por varios artículos que solían consumirse con frecuencia en aquella casa por lo que sin dudas ahorrarse un poco más le hizo sentir absolutamente bien. ¡Hasta vio a Chelsea sentada en la cocina cuando ingresó a dicha habitación! Era un gran día, parecía que finalmente la adolescente se estaba recuperando del terrible nuevo episodio depresivo que tenía a su persona como a Emily en vilo.
—No te imaginas el ofertón que me hicieron hoy por varios de tus quesos favoritos…—Comentó sin recibir respuesta. Depositó las cuatro bolsas que llevaba en sus brazos y volteó.
Se le heló la sangre al ver la escena. Otra vez sucedía lo que ninguno quería. Corrió a su lado, pero ella se desplomó en el suelo como una muñeca de trapo; intentaba abrir la boca para decir algo pero solo salían ruidos incoherentes de ella. Parker le sujetó por los hombros con un brazo al tiempo que tomaba su teléfono móvil de su bolsillo trasero derecho. Debía llamar a emergencias inmediatamente pero no tenía idea cuando fue el momento en que consumió el coctel.
Dejó el cuerpo de su hijastra en el suelo frio con suavidad y tomó el frasco para comprobar que mierda se metió en el estomago. Eran simples píldoras para dormir, comprables en cualquier farmacia con una receta relativamente real que engañara a un farmacéutico distraído. La operadora de emergencias respondió al otro lado de la línea y Parker le gritó sin querer que su hija se estaba muriendo. Relató un posible escenario para que finalmente la mujer le dijera "enviaremos un móvil de inmediato". Se arrodilló nuevamente a su lado, comprobando que aun tuviera pulso. Existía pero comenzaba a ser cada vez más débil. Marcó a su pareja y al responder esta le exigió que se presentara de inmediato en el hospital; Emily simplemente se fue corriendo del edificio número Cuatro con lagrimas que corrían por sus mejillas.
Simplemente se imaginaba que ocurrió cosa que nuevamente le destrozaba el corazón.
La ambulancia llegó realmente rápido para ser de tarde en la capital administrativa estadounidense, llevándose a la castaña como al hombre barbudo directo al hospital. Le estabilizaron los signos vitales hasta que se presentaron en la sala de urgencias, donde le harían un lavaje de estomago para retirarle todo rastro de las píldoras; los médicos detuvieron al hombre vestido con una camisa azul Francia y pantalones vaqueros negros. Parker se reunió con su pareja, estrechándola en sus brazos gruesos al igual que musculosos mientras ambos lloraban inconsolablemente.
Chelsea sobrevivió por los pelos en esa ocasión, los médicos dijeron que si la ambulancia se hubiera topado con un embotellamiento o hubiese tardado unos minutos más y la chica de dieciséis años hubiese muerto irremediablemente.
De ahora en adelante serían mucho más cuidadosos con ella, ayudándole en lo más posible como también iniciando un tratamiento contra la depresión crónica que le aquejaba.
Chelsea apenas bajó del avión fue directa a su pequeña oficina a terminar de juntar los papeles para presentarlos a la junta directiva ese mismo martes; estaba nerviosa porque todo su trabajo, esfuerzo sumado a su empeño personal fue puesto en la línea de fuego para completar sus labores en el territorio de Luisiana. Apenas si pudo maquillarse un poco el rostro en el auto de Parker para no mostrar las ojeras profundas que tenia por el poco descanso como también el calor sumamente agobiante que tuvo que soportar en el sur estadounidense. Leyó nuevamente las páginas a velocidad, comprobando que todo estaba en orden según su criterio profesional. Tomó una engrapadora rápidamente, alineó los papeles para que no quedara sumamente desprolijo y los unió definitivamente.
Chris le llamó cuando apenas tocó suelo el avión, felicitando su comportamiento profesional aunque notificándole que le descubrieron no siguiendo los protocolos adecuados al tratar con los supervivientes; en su defensa le respondió que simplemente hizo lo que le parecía más humano: hablar con ellos de manera amena para demostrar su solidaridad con todos los afectados. El castaño sabía que así era, pero los protocolos siempre iban primero que las emociones personales de cada uno de los investigadores; igualmente le felicitó aquella calidad humana no muchas veces vista por los demás (debía reconocer que a veces la joven era por demás egoísta) de su persona como también aplaudió fervientemente que Morgan le haya dado el visto bueno para continuar con su equipo de investigaciones cuando surgiera un próximo caso.
La de cabellos achocolatados siempre rezaba porque no hubiese más, pero al final sus rezos a un hombre celestial no funcionaban de mucho y terminaban ocurriendo. De esa manera la chica dejó de creer poco a poco en los conceptos religiosos con el transcurso de los años al igual que los incidentes biológicos crecían en número como también en magnitud.
Dejó el artículo de oficina en su escritorio y salió disparada por la puerta. Corría rápidamente gracias a que llevaba zapatillas deportivas para tener mayor comodidad durante el vuelo, sumado a ropa holgada veraniega que le era sumamente cómoda; pasaba compañeros de piso que le saludaban con alegría de volverla a ver, aunque algunos preferían un simple "hola" al verle pasar. Preferían no retrasar a la chica que siempre estaba corriendo. Tomó el elevador que le llevaría a planta baja y esperó impacientemente a que el maldito aparato finalmente bajara. Era silencioso, algo muy apetecible en las mañanas en que NADIE quería hablar; en aquel momento simplemente se convirtió en la peor de sus pesadillas especialmente porque llevaba demasiada prisa como para descender suavemente.
Las puertas se abrieron después de un leve sacudón, indicándole que llegó a destino y volvió a echar a correr al finalmente poder hacerlo. El aire generaba un ruido extraño al pasar por sus orejas, la visión se mantenía fija en el punto donde se encontraba la salida y su cuerpo torneado (por la actividad física casi extrema dada por Greg) permitía el movimiento veloz mediante el uso de sus extremidades inferiores, tan acostumbradas a correr que le parecía una rutina diaria ya. Dejó atrás el pasillo repleto de puertas a ambos lados hasta dar con la misma de dos aberturas que daba directo al patio central entre los cuatro edificios.
Había poca gente en el lugar ya que era pleno horario laboral y los que estaban allí presentes caminaban en dirección a alguno de los cuatro edificios.
La castaña siempre pensaba que era algo singular que los dos pares de edificaciones se conectaran por medio de un amplio patio interno, que rebosaba de arbustos, plantas y flores. De vida, para ser más honesta con ella misma. En el centro había un cerezo completamente florecido, el cual daba excelentes frutos en la temporada de cultivo de los mismos; se detuvo debajo del árbol a ver que Kirkmann (quien era precisamente la persona a la que iba a ver) se dirigía en dirección al edificio cuatro.
— ¡Señor!—Gritó a viva voz para llamar su atención; el aludido levantó la mirada que estaba clavada en el suelo para observar a la muchacha. Esta se acercó trotando hasta su jefe, el cual llevaba una cara larga y que denotaba que no estaba de humor para tonterías. — ¡Es una gran coincidencia… verlo aquí! Estaba yendo… hacia su oficina para entregarle los papeles que… pidió cuando estaba en el sur.
Se los tendió mientras intentaba recobrar el aire perdido por la corrida. Este los aceptó rápidamente con el rostro más apenado que nunca.
—Señorita Vickers, estoy muy impresionado por el rendimiento en el último trabajo de campo que se le asigno…
— ¿De verdad?—Interrumpió alegre— ¡Vaya! ¡Eso sí que es una sorpresa!
—No interrumpa cuando un superior le habla, joven. Ya se lo dije contadas ocasiones…—La castaña se disculpó con un asentimiento rápido, sonrisa clavada en su rostro ovalado. —Pero debo decirle algo muy importante respecto a su colaboración.
Ella esperó que continuara hablando, confundida como nunca por el desconcertante formalismo con el que él le hablaba. El hombre de cabellos canos simplemente se encogió de hombros al comprobar sus ojos inquisidores sobre si ocurría algo grave.
—Y… ¿Eso es?
El de orbes amarronadas suspiró cansadamente; detestaba tener que hacerle eso a alguien que tenía ilusiones muy firmes sobre su participación casi justiciera en lo que correspondía con el terrorismo biológico.
—Queda suspendida de forma indefinida de la causa de Luisiana, como también de las causas en Idaho, Montana e Iowa.
Las palabras dichas por el hombre le fueron como puñaladas al corazón; quedó petrificada, sin poder moverse ni hablar del terrible shock que se llevó al escuchar lo profesado por su jefe. El color comenzó a abandonarle el rostro vivo metiéndole en reemplazo un color parecido al de una persona fallecida; sus ojos avellanados se cubrieron de una película acuosa que cada vez se volvía más gruesa; el nudo en la garganta le molestaba para respirar y creía desfallecer en cualquier momento; las piernas le temblaban como gelatina, su vientre tuvo una punzada de dolor.
— ¿Puedo saber el motivo?— Inquirió con voz temblorosa; las lagrimas le caían sin cuidado por las mejillas sonrosadas. Sorbió por la nariz antes de continuar—Tiene que darme una explicación: si fue mi comportamiento o si fue algo más.
—Ordenes de mis superiores, señorita Vickers. Más no puedo decirle.
El hombre estaba por marcharse pero ella lo detuvo colocándose frente a él. Quería respuestas.
— ¿Qué clase de órdenes son esas? No es justo que me aparten de manera precipitada por motivos que son demasiado turbios.
—Joven se lo advierto—Amenazó él con un dedo índice acusador—Apártese de esto y no cuestione a las autoridades. No investigue más o me aseguraré de que vuelva a entregar papeles como hace dos años.
Ella se mantuvo en silencio a partir de aquel momento.
Kirkmann giró sobre sus talones y se apresuró a entrar nuevamente en el edificio número uno para evitar que su corazón se rompiera una vez más por destrozar los sueños de alguien joven que realmente cumplía (cuando se lo proponía) su trabajo. Chelsea se quedó de pie, llorando quedamente, pensando que finalmente su vida volvía a ir en cuesta hacia abajo.
Como siempre que las cosas le iban bien.
Se fue a su casa sin intercambiar palabra con nadie. Moira le había enviado algunos WhatsApp para saber si se encontraba bien o si le apetecía que fuera aquella noche a cenar algo preparado por Jeremy; su madre supo que finalmente su jefe le comunicó la decisión de los altos mandos y deseaba saber cómo se encontraba después de tan duro golpe; sus amigos de la universidad le sugerían encontrarse el fin de semana para pasar una tarde en la piscina de Oliver, un chico de piel morena con un carisma inigualable.
Dejó que su teléfono sonara toda la tarde y continuó con su decisión personal de apartarse del mundo por un momento al sentarse en su sofá con un cigarrillo entre los dedos. Fumó cuatro seguidos sin poder evitarlo, llorando cada vez que recordaba lo sucedido aquel día. Tanto trabajo de mierda para que al final me quiten como si hubiese sido un estorbo desde el principio. ¡Maldita sea! ¡No es justo!
Se lo repetía mil veces y se respondía otras mil que algo anormal había. Era simplemente inaudito que le hubiesen empujado a un costado sin un motivo claro desde el principio.
¿Por qué ella?
Se encaminó hacia su oficina con andar errático junto con la cabeza completamente nublada por el malestar de todo el día. Ingresó dando un empujón brusco contra la puerta, la cual chocó contra la pared y el pomo dejó una marca no muy profunda en el yeso de la misma. Se quedó de pie unos momentos, pensando en que nada le estaba saliendo bien aunque lo intentara con su alma.
Todos, absolutamente todos los seres humanos del universo tenían la culpa.
Siempre era con ella, parecía que no era lo suficientemente buena en nada de lo que realizaba con el empeño más arduo jamás conocido. Se acercó a su escritorio, abarrotado de carpetas y papeles de todos los casos donde estaba participando sin descanso; podría haber seguido en el tiempo donde no había universidad de por medio, pero ahora ya no estaba permitido para su persona involucrarse nuevamente en dicha actividad.
Se movió como una autómata para encender el equipo de música viejo que se encontraba en la misma habitación; la canción de la artista rubia con ojos color cielo comenzó a sonar en el aire. El sonido tan apacible de la canción le provocó una tormenta en el interior que amenazaba con destruirla si no liberaba todo en su máxima potencia.
My castle crumbled overnight
Chelsea lanzó contra la pared una carpeta azul repleta de papeles, la cual al chocar contra la misma se abrió y los papeles volaron por los aires. Quería desahogarse de toda la mierda, deshacerse del dolor que le aquejaba en el pecho como también en su conciencia; tomó otra carpeta de color amarillo y la lanzó contra la misma pared, observando mientras gritaba iracunda como se desarmaba todo en mil pedazos.
Estaba frustrada, molesta.
No era su culpa estar tan irritada con todo el mundo, era la culpa de los superiores que la apartaron sin darle más motivos que un flacucho "ordenes de mis superiores". Kirkmann era una marioneta en aquel casos, pero mientras lanzaba una caja llena de papeles ya investigados contra el suelo de madera cubierto por una alfombra beis de su oficina le deseaba una diarrea fuerte o algo menor que la muerte; él sabía demasiado pero no soltaría nada en absoluto porque ese era su trabajo, sopesó mientras arrojaba todo lo que se encontraba sobre el escritorio contra el suelo barriéndolo con su brazo izquierdo bien firme.
I brought a knife to a gunfight
La pelea la perdió por una injusticia claramente; nadie jamás podría apartarle del camino que eligió emprender laboralmente. ¿Qué tenía de malo? Nada en absoluto, ella simplemente quería buscar venganza por su padre y amigos fallecidos de la forma más pura posible: de la mano con la justicia. La mujer de ojos vendados y una balanza en la mano izquierda era su arma predilecta contra el bio terrorismo, era exactamente la bomba más poderosa para arrojar a toda la escoria que se ocultaba dentro de grandes corporaciones farmacéuticas o consorcios mismos que ayudaban sólo de fachada.
Le quitaron de la mano a su más poderosa aliada porque se estaba metiendo de lleno en algo que ciertas personas no deseaban, la de cabellos achocolatados lo tenía tan presente en su alma como nunca antes; seguiría, eso de seguro, ya que era la única forma posible de desenmascarar a los villanos que se ocultaban detrás de máscaras de bondad y compasión.
They took the crown, but it's alright
Kirkmann sonaba tan poco convencido al retirarla como también al amenazarle que volvería a entregar papeles a los demás investigadores si hozaba continuar sin autorización. La BSAA olía a mierda nuevamente y nadie movía un dedo, probablemente adormecidos por el enorme apoyo que recibían de los ciudadanos corrientes que deseaban acabar el flagelo del terrorismo biológico.
Después del caso O'Brien todos tenían cierto recelo a volver a ver algo como ello, nadie hablaba libremente del asunto por las consecuencias funestas que trajo en aquel momento ante las noticias internacionales. Kirkmann tuvo los huevos de acero para asumir aquel puesto tan manchado, lo llevó bien por un buen tiempo hasta que algo se corrompió. Parecía que los superiores eran simplemente corrompidos por algo o alguien que ejercía demasiado dominio sobre ellos.
Chelsea pensó que era el dinero al arrojar libros y folios repletos de contenido contra el suelo, pero el capital era simplemente demasiado cliché de la corrupción como para haber sido aquello lo que se metió en la cabeza del hombre.
Demasiado en juego, se decidió por pensar.
Arrojó varias carpetas de casos pasados, sus cosas personales de arte como también libros de la universidad. Todo con tal de desahogarse un poco. Al finalizar se recostó sobre el suelo repleto de papeles, pinceles y algunos apuntes de clase; se quedó mirando al techo mientras cantaba en voz baja con Taylor Swift…
And I know I make the same mistakes every time
Bridges burn, I never learn, at least I did one thing right
I did one thing right…
Un mes desde que volvió de Luisiana como también de que la dieron de baja como principal colaboradora en medio del caso. Tanto tiempo pasó, con tantas cosas en medio que Chelsea se mareaba con tan solo recordar una pequeña parte del asunto. Seguía muy triste porque le apartaron de la causa, así como también por todo el tiempo invertido (sumando también a la ilusión de poder contribuir para terminar con otro caso de bio terrorismo) el cual se fue al caño cuando Kirkmann le dijo "estás apartada del caso". Garantizaba a muchas personas que lloró incansablemente por tres días seguidos, visitaba a su psicóloga como psiquiatra por todo el asunto y también charlaba incansablemente con sus familiares y amigos cercanos para que le dieran aliento a no bajar los brazos.
En situaciones así era lo que una persona desilusionada tendía a hacer.
Jill, Chris, Barry y su madre les comentaron de varios casos que tuvieron que enfrentar en los noventa en la unidad STARS de los cuales pusieron muchísimo de sí mismos para al final ser apartados injustamente por el barrigón difunto de Irons (Chris decía saber más por su relación complicada con el corrupto jefe de policia). No le calmaba en mucho pero le reconfortaba saber que le entendían porque sufrieron una situación similar en el pasado; Parker, Tyler y Steven le recordaban siempre que un tropezón no era caída alguna, incitándola a concentrarse en otros casos de manera en que no perdiera la ilusión con trabajar en otro sitio donde la humanidad se viese afectada. Los amaba con locura a los tres hombres que solo querían lo mejor para ella… ¡Pero no entendían absolutamente nada! Sentía una especie de ligue entre ella y ese caso, no podía explicar de qué manera se unía ella misma con el incidente pero algo le incitaba a involucrarse en cuerpo y alma a él; Moira, Polly junto con sus respectivas parejas le contuvieron durante los primeros días de la decepción. Ahora se aseguraban de alentarla a continuar con sus actividades dentro de la ONG.
En el medio de todo su caos emocional pudo confirmar que los muchachos de informática eran demasiado torpes o los altos mandos elegían muy mal a sus empleados ya que uno de los ingenieros en sistemas fue descubierto enviando información a una compañía determinada (de la cual no conocía nombre hasta la fecha, pero podría arreglar un interrogatorio) por lo que fue despedido inmediatamente. Una causa judicial se estaba formando en su contra por lo que estaba bajo constante vigilancia tanto de la policía como de gente bajo el mando de la buena princesa de Leon Kennedy (Chels lo bautizó así después de que observó que pedía siempre el mismo corte de pelo por "razones personales como estéticas"). Ahora la BSAA estaba desesperada buscando un buen ingeniero en sistemas por lo que ella también buscaba en su lista de amigos.
"Casualmente" un día que hablaba con Ethan le preguntó sobre su oficio, a lo que él respondió sobre que era un ingeniero en sistemas recibido hacía algo más de seis años, contaba con buena experiencia y estaba desempleado por "ausentarse por tres semanas consecutivas a la compañía" que creaba piezas para algunas empresas que creaban productos para el mercado local. Chelsea podía jurar que Emily Vickers tenía un micrófono en todos lados porque al volver de hablar con el muchacho (antes que le dieran el alta medico definitivo al día siguiente) le cuestionó sobre si habló del puesto en la BSAA.
—No mamá, mi visita solo fue para desearle una pronta recuperación de todo el asunto de Dulvey como de salud. No voy preguntándole a la gente si le gustaría trabajar en la BSAA como si esto fuera un casting de un Reality Show.
Emily lamentó ciertamente que su hija no se lo hubiera mencionado. Buscaría buenas referencias de sus antiguos empleadores y le propondría unirse a las filas de los que trabajaban en el sector de informática así podría controlar su evolución post-infección en el futuro. Lo que más ansiaba como científica era observar la evolución de otro infectado más con su creación; lo consideraba una oportunidad perfecta para anotar todos y cada uno de los comportamientos, efectos como también el resultado final de alguien que tuvo una infección anterior.
La idea le provocaba ciertamente una emoción en el pecho, pese a que tuviera que tratar con él nuevamente.
La castaña continuaba llenando papeles normalmente con cara de pocos amigos mientras su progenitora movía hilos al igual que llamaba a los antiguos empleadores del rubio para adquirir los suficientes datos así podían llamarle con una propuesta laboral en las manos. Costaría mucho convencer a los jefes que aprobaran su incorporación, pero lo haría ya que lo veía imprescindible para su investigación. Si no era la BSAA intentaría mover a sus antiguos empleadores del gobierno para traerlo al corazón de Washington.
Una tarde Chelsea trabajaba con rostro aburrido, escuchando algunas canciones en su repertorio de "éxitos de los ochenta" cuando recibió una solicitud de amistad en Facebook. Algo sorprendida (ya que rara vez se metía dentro de aquella red social) lo abrió para comprobar que era ni más ni menos que Ethan Winters quien quería mantener una especie de contacto con ella. Seguramente será para mantener a mamá informada sobre los asuntos con respecto a su salud o algo por el estilo. En realidad la castaña estaba algo indecisa sobre si aceptarlo; dio por sentado que jamás volvería a verlo después de su alta y posterior vuelta a Texas por lo que la acción dentro de Facebook le pareció ni más ni menos que inusual.
Al final de mucha vacilación decidió aceptarlo para finalmente poder volver al tedioso trabajo de rellenar informes B45 sobre la expedición a otro punto donde le enviarían en cuestión de semanas.
Apretó el botón virtual "aceptar" y bloqueó su teléfono móvil así se volvía a centrar. No pasaron ni veinte minutos hasta que su teléfono sonó para notificarle un mensaje entrante; suspiró irritada (quería concentrarse así cumplía de una vez por todas con esos informes de porquería) y presionó el botón del centro. La pantalla se iluminó para mostrarle que el rubio le mensajeó preguntándole si podrían hablar en algún momento del día. Se mordió el labio inferior al tiempo que desbloqueaba su móvil así le respondía que podrían hablar después de las cuatro treinta. Todavía estaba de vacaciones de verano en la universidad por lo que no tendría que hacer mucho después de esa hora. Es hablar con él o jugar de nuevo con la consola así me relajo un poco… No soporto más todo esto.
Escribió la respuesta, dejó su teléfono a un lado e intentó concentrarse nuevamente en su tarea. Rick Astley cantaba alegremente en Together Forever, ella le acompañaba con su voz en tono bajo. Sentía las ganas de mover el esqueleto un poco para aliviar su dolor de cuello al estar tantas horas en la misma posición; en ese preciso instante decidió que retomaría sus clases de baile en el Instituto Bella Madden.
Entre la sorpresa, la canción y su dolor de cuello finalmente lograron apartar su concentración del informe. Soltó su pluma, la tapó y se recostó contra el cómodo respaldo del sillón negro mullido donde estaba sentada.
Su madre entró de repente, enarcando una ceja al verla echada. La de orbes avellanados simplemente resopló.
Emily llevaba el cabello pulcramente recogido en una coleta que brillaba impecable cuando le daba la luz, vestía el uniforme típico de las mujeres (chaqueta y falda tubo azul oscuro para el verano sumándole una camisa blanca por debajo) pero tenía sobre el conjunto la bata de laboratorio. Seguramente volvía de hacer algunas pruebas para elaborar la vacuna que finalmente lograra destruir la bacteria Mold. Las gafas de marco negro le daban un aspecto de profesional, que su hija estaba segura que era en el campo de la creación de vacunas. Se sentó frente a ella con aire de superioridad y se recostó contra el respaldo mirando a su hija fijamente.
— ¿Sabes quién se va a incorporar en el lugar de Collin Westham?— La chica se encogió de hombros, dándole el pie para que le dijera. —Ethan Winters.
— ¿Qué? ¿Es una broma todo esto?— Inquirió algo escandalizada. Le parecía algo sumamente ridículo por parte de su madre. — ¿Cómo puede ser que alguien que vive a más de mil quinientos kilómetros se incorpore aquí?
—Muy sencillo: hablas con la gente indicada, elaboras bien algo para presentar a los jefes y lo haces. Le enviarán una carta formal invitándolo a unirse a nuestras filas, tal como hacen con todos los empleados que desarrollan sus labores aquí.
—Si me permites decirte algo…
—Ahg, ¿Qué?— Respondió molesta la mujer, su hija se tomó a mal aquel gesto.
— ¡Deja de hacer eso como número uno! Segundo ¿No existe una filial en Texas que colabora con México? ¿Para qué demonios traerlo nuevamente a Washington cuando puede trabajar tranquilamente por allí?—Preguntó señalando lo lógico. La mujer rubia se cruzó de brazos con su típico gesto serio. A veces la castaña se preguntaba lo que fue su madre en el pasado, si siempre fue así de seria con todo.
—Razones personales—Contestó secamente. Chelsea abrió los ojos como platos.
— ¿Qué dices? ¡Jesús, mamá! ¿Qué tramas ahora?
Chelsea dio en el blanco ya que la mujer de ojos celestes sonrió satisfecha.
—Solo ver qué tal le van las cosas con el virus, nada más.
Atinó a levantarse para finalmente marcharse, pero su hija estiró su cuerpo y le tomó fuertemente de la muñeca.
—Tú no te vas hasta que no me digas las cosas en su totalidad, mujer. Escúpelo todo…
Ambas se sentaron; su hija tenía el rostro contrariado por la verdad revelada por su madre aunque esta estaba de lo más jovial. A veces iba en extremos por lo que esta vez tendría que vigilarla atentamente.
—Voy a comprobar cómo le va en salud mental como física después de la aplicación del virus— Su hija se cubrió el rostro con las manos, soltando sonidos reprobatorios contra su conducta. —Si viene directo a trabajar aquí no voy a necesitar un intermediario que lo mantenga bajo su vista, lo cual sería una seria amenaza contra mi investigación…
— ¡Claro! ¡Porque haberle dicho a una mujer que desapareció de los radares nuestros no fue una amenaza!— Mia desapareció sin dejar rastro, lo cual era un severo contratiempo en contra de su madre por el mero hecho de que sabía exactamente qué podría hacer el agente. Si Chelsea no creía mal, la mujer podría vender lo poco que sabía a otras compañías que terminarían persiguiendo la investigación de su progenitora para utilizarlo como no es debido; ante esto la mujer volvió a su gesto serio anterior como respuesta clara a la interrupción de su hija.
— ¿Qué te digo siempre con interrumpir a los demás? En fin, te guste o no vendrá aquí por el trabajo y así podré observarlo con cautela.
— ¿Y qué hay si él se niega? ¿Pensaste en esa posibilidad?
—Realmente lo hice, por lo cual convencí para que le dieran un sueldo mayor al que le daban a Westham por el trabajo. Sin contar con que ganará mucho más que estar metido en ese cubículo de dos metros por dos de donde lo despidieron— Hizo unas cuentas mentales rápidamente— Aproximadamente un cuarenta por ciento más. Nadie puede rechazar semejante incremento a su anterior salario…
La castaña negó con la cabeza al tiempo que la miraba con expresión reprobatoria.
—Eres realmente increíble… No paras hasta conseguir lo que buscas…
— ¡Claro que no! Si me hubiese detenido hace mucho nunca hubiese logrado estar donde estoy ahora, sin contar con que logré un buen incremento a la fortuna heredada de la familia. Es hombre al igual que humano, disfrutará de la idea de saber que puede ganar mucho más por desempeñar lo que sabe hacer. ¿Quién sería tan tonto como para negarse a semejante dineral?— Chelsea sabía que así era como funcionaban las cosas en el mundo, pero ella ni remotamente hubiese hecho nada de lo que hizo la mujer de cabellos rubios. Su madre era incansable hasta no tener lo que deseaba, fuese por el trabajo o personal; así actuaba Emily Vickers: como una ambiciosa accionista de Wall Street. — Pero tampoco es para que te pongas así, Chels. Hasta podrías hacerte un nuevo amigo…
—Ya tengo amigos que me llevan diez años, no necesito otros…— Respondió irritada. La idea de tener otra amistad le resultaba desagradable ya que después de todo el drama vivido con sus viejos amigos la simple idea de tener otros le revolvía el estomago. Y ERA PEOR SI SU MADRE LO INSINUABA.
—Solo decía…—Finalizó con un tono suficiente. ¿Qué era más irritante que una madre descabellada? Una madre creída, eso de seguro. Emmy le arrojó un beso para después marcharse con un contoneo de caderas que sabía que irritaría a su hija.
La castaña pensaba que haberse ido de su casa era lo mejor que hizo en toda su vida, aunque a veces fuera algo que considerase apresurado o una mala idea. ¿Por qué actuaba así? Siempre lo hizo frente a ella lo cual fue un motivo continuo de disputa. Chelsea despreciaba a la gente así y la mujer rubia lo sabía tan bien que siempre intentaba pincharla con eso; su hija sabia realmente que su madre lo hacía en contra suyo, pero no paraba de caer en la triste trampa de siempre.
Meneó la cabeza al sentir el perfume dulzón de la mujer de mediana edad y volvió a tomar su pluma. Su madre no le realizaría el trabajo por ella por lo que se puso manos a la obra. Los informes B45 seguían estando en el mismo lugar donde los dejó, casi burlándose de ser tan insufribles para la chica.
Ethan Winters llegó a su pequeña casa de dos habitaciones un martes después de un vuelo a Austin muy emocional. Le resultaba algo irreal volver nuevamente a Taylor con su familia y amigos después del calvario sufrido en el estado del pelicano junto con su recuperación en el subsuelo aséptico del George Washington University Hospital. Sus padres fueron a recibirlo con mucho amor (sin mencionar las lágrimas que los tres derramaron ante el encuentro) y sus hermanas, cuñados y sobrinitos estaban en su casa decorada con muchos carteles de apoyo.
Se sentó en su sofá preferido negro mientras observaba el televisor apagado. La vida tranquila era lo que siempre quiso pero ahora se preguntaba exactamente qué deseaba hacer en su vida nueva. Al parecer los encuentros cercanos a la muerte si cambiaban y mucho a las personas. Sus sueños seguían siendo muy problemáticos, recordando una y otra vez todo lo acontecido en la casa Baker. Jack se aparecía con su pala asesina para darle persecución; los insectos de Marguerite estaban a la orden del día en su tranquilo jardín con ella en la acera de enfrente o descubría trampas en el baño como en Arma Mortal colocadas por el maldito de Lucas. Supo con el correr de las semanas que el muy cabrón había muerto a manos de los soldados de la compañía que le rescató, por lo cual se alegró de sobremanera al saberlo como también deseó que las almas de sus padres estuvieran en paz.
El rubio tuvo su oportunidad de pedirle una disculpa a Zoe como también para decirle que siempre cumplía lo que prometía, cosa que le agradó saber que la chica no le guardaba ningún rencor pese a haberle dejado en el muelle a morir por no haberle curado a ella primero la infección. Supo también que casi muere producto de la bacteria sumado a una horrible transformación provocada por la misma, pero gracias a la ayuda de su tío (realmente no tenía idea de que Jack tuviese un hermano que viviera en las cercanías de su finca) pudo tener una segunda oportunidad en la vida.
Las noticias le dejaron un poco más tranquilo, sabiendo que no debía castigar a su conciencia por lo sucedido o por haberle abandonado.
Ahora tocaba lo más duro: tratar de sobreponerse al horror para volver a ser el hombre de casi treinta y dos años que fue antes de todo el desmadre. La BSAA le recomendó varios especialistas en Austin para comenzar el tratamiento contra las secuelas psicológicas de todo el acontecimiento, cosa que le veía de maravilla pese a que no fueran exactamente una ganga. Sus padres (Brandon un muy respetado contador tanto en Taylor como en Austin y su madre Marion una criadora de caballos los cuales algunos llegaron a la cima de varias competencias internacionales) le dijeron que le costearían todo lo que hiciera falta para reponerse, que no se preocupara por no tener un empleo. Eran de una de las familias más acomodadas de la pequeña ciudad por lo que no tenían exactamente ningún reparo en ayudar a su hijo menor con sus tratamientos.
Pero como todo hombre libre y/o responsable, le parecía la peor idea que sus padres pudieron tener.
Jesús, realmente podrían haber sido más comprensivos en mi trabajo anterior…
La compañía Southern Electronics le despidió por ausentarse más de tres semanas consecutivas, sin importar todos los reportes enviados por la BSAA para salvarle el empleo aunque fuera un poco. Hubiera preferido que lo degradaran de puesto (ser jefe de ingenieros en sistemas no era exactamente un trabajo sencillo como gratificante mayormente por los incompetentes que le enviaban a su sector, pero era lo que estudió en la universidad) a perder su trabajo sin reparo alguno. Pero así funcionaban los altos mandos en su viejo trabajo por lo que lo aceptó sin haberse quejado ni una sola vez. Le darían una indemnización por algunos años de servicio, pero debía pagar cuentas al igual que comprar víveres por lo que debía conseguirse un empleo si quería seguir viviendo en su casa… Si es que pagaba la cuota correspondiente a su hipoteca.
Se rascó la barbilla, la cual tenía algunos vellos crecidos ya que no se había afeitado desde que volvió a su casa. La idea de formar un poco de barba le caía fenomenal y en especial si así podría cubrir algunas de las cicatrices que le quedaron; seguía algo asustadizo a la hora de salir a la calle por lo que prefería recluirse en su hogar por un buen rato. Hablaba constantemente con sus amigos sobre varias cosas, pero con ninguno podía compartir el secreto que su sangre acarreaba desde hacía aproximadamente un mes y dos semanas. Realmente creo que nada más puedo hablar con la chica Chelsea sobre todo esto; sabe por más experiencia como lidiar con los efectos así como consolar a alguien quien es nuevo en el camino de los virus.
Recordaba la última vez que lo fue a visitar, justamente el día anterior a su marcha, y que le recordó que podía mantener el contacto con ella siempre que lo deseara. Soltó distraída que podría contactarle por Facebook siempre que quisiera, por lo que tomó su teléfono móvil y abrió la aplicación de dicha red social. Escribió su nombre completo y entre las primeras diez mujeres llamadas como ella apareció su foto inconfundible.
La chica sin dudas que era una fanática del Fallout ya que estaba peinada como en los años cincuenta, maquillada de la misma manera y con el traje de uno de los refugios puestos. Su rostro miraba hacia un costado con una sonrisa ladeada, sus brazos estaban en jarras y tenía detrás de ella una réplica tamaño real del Vault Boy, mascota característica del juego. Le envió la solicitud dando un suspiro triste para dejar su móvil en el apoya brazos del sofá.
Caminó hasta su cocina pequeña pero moderna a prepararse un buen sándwich de jamón para calmar un poco el antojo de comer cualquier cosa a las doce treinta del mediodía. De un cajón tomó el pan, del refrigerador el jamón envasado al vacío junto con la mayonesa y de una alacena un plato decorado con una calabaza cortada a la mitad (perteneciente a su abuelo paterno Frederick). Fue preparando el bocadillo con tranquilidad mientras pensaba otra vez en Mia.
Le seguía doliendo a horrores descubrir la verdad, como también que ella no se hubiera puesto en contacto con él después de que ambos estuvieran libres del aprisionamiento en el hospital. De cualquier manera ¿Qué le hubiera dicho? Realmente no se imaginaba dándole una charla sentimental a la mujer que siempre fue muy fría porque suponía que se hubiera vuelto a reír en su propia cara. Ethan finalmente comprendió que las cosas eran mejor dejarlas como estaban, habiendo descubierto muchas otras cosas para mediados del dos mil diecisiete que jamás en su vida imagino pero que seguramente debió imaginarse.
De esa manera, la confianza en comenzar una relación con el sexo opuesto quedaba firmemente hecha añicos. Prefería ser alguien soltero de por vida a volver a casarse; en un futuro adoptaría un niño y viviría feliz siendo padre (finalmente) sin tener que preocuparse de una relación con otra mujer.
Apretó su creación con la mano derecha para comprimir un poco el esponjoso pan, le dio un bocado y se dirigió nuevamente a su living.
El sol tejano entraba a raudales por los ventanales hasta el suelo, la pintura amarilla se volvía mucho más fuerte al recibir la luz diurna lo que le provocaba un poco de paz al igual que felicidad. Se sentó nuevamente en su sillón y comprobó que la chica del Fallout le aceptó la solicitud; realmente no sabía el porqué pero se sintió gratamente sorprendido como también emocionado por su respuesta afirmativa en la red social.
Como metiche que era comenzó a examinar su perfil, siendo sorprendido por la cantidad de fotos que tenía de obras de arte (muy hermosas si podía añadir) que la joven sostenía en sus manos o posaba a su lado. No era difícil de decir que ella misma era la creadora de semejantes lienzos, como que también tenía una sonrisa cautivadora. Algunos post políticos se deslizaban sobre su perfil observando con aprobación que ella era una demócrata de primera aunque también no le agradaba el hecho de que criticara tanto a la figura presidencial.
Pese a que no estaba de acuerdo con las cosas que realizaba el presidente, nunca en su vida se le hubiese cruzado hablar tan libremente por una red social sobre el jefe de Estado.
Sonreía cuando le encontraba jugando con su consola vestida con un pijama entero o cuando le veía con uno de los Onesies de unicornio bromeando con quien parecían sus amigos. Era realmente normal en una chica tan joven posar ridículamente para las cámaras lo cual le dio una sensación de familiaridad ya que él mismo disfrutaba de la misma manera cuando tenía veinte junto con sus amigos.
Paró de hacer un recorrido total por su perfil y se decidió por enviarle un mensaje.
¡Hola Chelsea! Supongo que me recuerdas de alguna de esas veces que pasaste por mi habitación/cueva por el hospital. Solo quería enviarte este mensaje para ver si tenías disponible unos momentos para hablar sobre el "muchachón" ya que a veces me siento un poco solo por no poder compartir con mis amigos el hecho tan trascendental. ¿Te parece? Avísame si tienes un momento libre y comenzamos.
Lo envió. Terminó su sándwich y comprobó que su mensaje fue respondido por la chica dos minutos después de haberlo enviado.
¿Qué tal, Ethan? ¡Claro! Si me das un poco de tiempo a que termine de llenar papeles nos ponemos a la orden del día ¿Vale? Me alegra que compartas secretos de estado conmigo, campeón. Cuatro treinta te escribo para comenzar. ¡Nos vemos hasta entonces!
Su forma de escribir desenfadada le agradó. Ethan dejó su móvil y se fue a respirar aire fresco a su patio amplio, viendo como su gatita atigrada Skittles llegaba de dar una ronda por el vecindario. Se agachó para acariciarle la cabecita, escuchando su ronroneo feliz al igual que verla frotarse cariñosamente contra su pierna izquierda.
Sonrió, dejó que su mirada encarara al sol con orgullo mientras esperaba que el tiempo pasara así podría comentar todas las dudas que tenía con su nueva forma de vida.
