Probablemente este sea uno de esos capítulos que irán a mi rincón del olvido mental, porque creo que quedó espantoso. De cualquier forma espero que lo disfruten y esperemos que el siguiente sea un poquito mejor para mí.
(Igual como confidencia debo decir que hasta me disgusta el nuevo capítulo que estoy haciendo de Te Quiero… Este es el mes donde mi exigencia con esto está por las nubes sin duda alguna)
Chris se acercó a la castaña para comprobar cómo seguía después del mes tan intenso que tuvo que soportar, como también para ver que tal llevaba que todo el mundo en el piso numero dos estuviera pendiente de la nueva incorporación que la BSAA adquirió. Emily seguía fanfarroneando por ello por lo que le pidió amablemente que se detuviera un momento y dejase de hablar del asunto de una buena vez; también sabía por Parker que las cosas entre madre e hija estaba tirantes una vez más por actitudes de ambas que no daban el brazo a torcer. Agradecía que Alice todavía fuera una dulce niña de cinco años quien se llevaba fenomenal con Jill y quien era muy dócil en comportamiento; la castaña levantó la mirada mientras el viento cálido movía mechones rebeldes que decidieron soltarse de su coleta. Vestía el clásico uniforme de verano de las mujeres: camisa manga corta blanca, falda tubo azul marino y zapatos de tacón bajo.
Pensaba que le sentaba muy de señora mayor, pero el uniforme femenino de verano era ese y nadie podría cambiarlo.
Tenía rostro fastidiado, por lo que Chris presumió que era por los papeles que continuaba examinando exhaustivamente; se sentó frente suyo a la mesa de picnic agradeciendo con ganas la sombra que le daba el árbol frondoso.
— ¿Y esa cara?—Inquirió con tono cariñoso; Chelsea era como una hija para el castaño, la conocía desde los dos meses de vida y fue un pilar importante como figura masculina "semi presente"— ¿Qué hizo Emily ahora?
—Te sorprenderá saber que mamá no fue quien hizo que mi rostro adquiriera forma de culo, sino que fue alguien más.—El castaño casi responde, pero fue interrumpido—No fue el nuevo o mis compañeros de piso, te lo aseguro.
— ¿Entonces?
—Alguien entró a mi computadora en la oficina y se llevó algunos datos de interés muy grande. Sobre las investigaciones en los últimos cinco casos en los que trabajé—Respondió, mientras tomaba su bolso y cogía una cajetilla de Marlboro. Le ofreció uno con la mirada pero él se negó en rotundo; una de las promesas al nacer sus hijos era que dejaría definitivamente el tabaco. La castaña lo encendió y le dio un par de caladas al mismo—No me preguntes quién porque no tengo ni mas puta idea, ni cómo ya que solo accedo yo por huella dactilar.
El sistema incorporado en la BSAA incluía un escáner de huella dactilar para ingresar a las computadoras de los oficinistas como escáner de mano para las salas más importantes: Reunión, Plan de Estrategias y Auditorio. No fue hace mucho que las instalaron, pero se aseguraron de que fueran lo menos vulnerables posibles; solo podía acceder la persona encargada de un terminal con su dedo y nada más, la copia de la huella o un dedo falso no funcionaban en lo más mínimo. También incluía algunos aspectos del ADN de la persona pero eso se utilizaba en los puestos mayores como el de Chris o Emily.
—Eso es muy extraño…—se rascó la barbilla mientras pensaba que otra manera podría haber sido vulnerado el equipo— ¿No habrá sido mediante el uso de otro ordenador? Ósea accediendo de los servers…
—Me fijé exhaustivamente en el historial de ingresos de mi computador y solamente aparece que se ingresó por los métodos tradicionales y nada más. Suele arrojar si algún otro terminal quiere ingresar en mi base de datos.
Chris estaba confundido igual que la joven; ¿Cómo era que se vulneró de aquella manera el ordenador sin que nadie supiera nada como también la nula información que daban los registros? El castaño con barba ya espesa no sabía que pensar. Era una situación demasiado irregular nuevamente…
— ¿Algún rastro en el lector de huellas?
—Si te soy franca creo que coincide con mi huella la que está impresa en el mismo, pero no soy especialista en eso como tampoco ingresé seis diez de la mañana. A esa hora estaba abrazada a Polly-Sue en mi pijama del refugio 101.
Chris rió al tiempo que ella apagaba el cigarrillo con la suela del zapato y se cruzaba de manos sobre la mesa. Su rostro serio le recordaba a su padre cuando algo no iba bien en la antigua oficina STARS.
— ¿Y si pides revisar las cámaras de seguridad del piso? No tendría sentido que no lo hagas, además funcionará para quitarte la duda de quién fue…—propuso en tono practico. Ella asintió una vez junto con el pensamiento de que era una muy buena idea.
—Señor Redfield, por eso me gusta trabajar con usted…—Le tomó una mano áspera con años y años de enfrentamientos armados. Lo quería como si fuera su propio padre pese a que Parker hubiese ocupado el lugar…—Aunque no sé si Stanley va a estar muy de acuerdo con revisar todas las cintas de seguridad una por una conmigo.
Chris soltó una risotada. Stanley era un muchacho de veinticuatro años, soltero y quien tuvo un encaprichamiento no correspondido por la castaña; al final ella le mintió diciendo que estaba saliendo con alguien para no darle muchas ilusiones, pero el movimiento cruel le costó la confianza de aquel muchacho como también se ganó su desprecio. Ella encendió otro cigarrillo.
—Habla con Boris si él se niega, ya que nadie se puede negar jamás a lo que dice un jefe ¿No?
—En especial al jefe que te tiene entre ceja y ceja por coquetear como liarte a algunas de tus compañeras en el pequeño deposito de objetos computacionales, ¿O me equivoco?
—Oye, deja los chismes baratos para Jill o tu madre, a mi no me va ni uno…—soltó, haciendo muecas de asco; miró su reloj y recordó que debía estar en otra parte—Lamento dejar esto así en la nada, pero debo ir por Malcom y Alice para llevarlos al dentista. Ya sabes, cosas de padres…
—Diría "cosas de abuelos" pero ese comentario lo dejo para cuando los lleves por primera vez al primario y llores como niña chiquita.
Puso ambas manos sobre la superficie mientras se levantaba con rostro desafiante.
—Si es que tienes oportunidad de acompañarnos al inicio de clases…
—Tranquilo, campeón. Hablaré con Jill y en caso de que yo no pueda inmiscuirme por allí ella te filmará. Es mi queridísima madrina sin ir más lejos…
Chris meneó la cabeza suavemente al tiempo que sonreía. Le dio un beso en la mejilla antes de despedirse.
—Cualquier cosa que suceda, envíame un mensaje o algo. Nos vemos después, a la hora del almuerzo.
Ella asintió con el rostro alegre; las charlas con Chris tenían el efecto de hacerle sentir bien de inmediato como también era un gran confidente. Sin él no se hubiera hecho algunos de los tatuajes al igual que se hubiera tenido que soportar una gran regañina por parte de su madre al enterarse que fumaba. Se marchó con paso tranquilo y la de orbes avellanados terminó su cigarrillo tranquilamente, sintiendo como el sudor caía por su espalda en forma de gotitas las cuales le daban cosquillas al contacto con su piel.
Analizaría tranquilamente con aquel sujeto los videos y esperaba descubrir si había algo más detrás del extraño robo de contenido vital para la BSAA.
Chelsea sin dudas revisó una y otra vez los videos, de reverso como también haciendo zoom en cada uno de los movimientos que se captaban mediante la cámara. Lo más frustrante de todo era que nadie pasó por el pasillo como tampoco nadie accedió a su computador personal, dejándole la terrible duda sobre la manera en que desaparecieron varias carpetas sobre los casos en los que trabajó. Su ex encaprichado casi le grita que se marchara cuando le pidió una última vez para revisar el video en el minuto treinta y cinco de las seis horas de grabación (hasta aquel momento), pero lo convenció con que directamente ella hablaría sobre la relación que tenía con Mandy, una bonita pelirroja oriunda de Irlanda, a su jefe. Allí solo fue cuando Stanley dejó de bufar por el temor de que su querido superior se enterase de que se tiró a su más actual conquista en la sala de videos.
Salió de allí mucho mas confundida de lo que ya estaba antes, pero recordando que tenía una copia de cada archivo en un pequeño pen drive en su casa; solo en ese momento pudo respirar un momento, sintiéndose mejor de saber que quien quiera que se haya llevado su trabajo solo se llevó lo que correspondía con su oficina y no con todo.
Lo mejor era que las carpetas de archivos de texto, fotos y grabaciones de las escenas donde ocurrieron los distintos brotes víricos estaba algo desactualizadas debido a que continuó trabajando sola sin el permiso de su jefe. Lo peor de todo es que no me van a parar sea quien sea el que desea hacerlo. Los Vickers podemos ser bastante cabeza dura en ese sentido. Podía achacarlo a que era una Vickers de pies a cabeza o a la determinación que bullía en su cuerpo, pero sin dudas que continuaría hasta el final.
Llegó a su oficina con paso tranquilo mientras revisaba las notificaciones de su teléfono celular; Chris le dejó un mensaje de voz sumado a las múltiples idioteces que mandaban sus viejos compañeros de colegio a un grupo especial que tenían "para no perder el contacto". Ignoró aquello para escuchar la voz grave y agradable del castaño. Optó por llamarlo al finalizar, cosa que era mucho mejor que escribir un testamento.
Chris atendió al tercer pitido, recibiendo a Chelsea con los gritos de sus mellizos completamente excitados por un video animado que estaban observando desde la pantalla del equipo portátil en el coche del hombre.
— ¿Siguen de excursión por el colegio?—Inquirió con tono burlón, a lo que Chris respondió un bufido— Oye, que si no te gusta el jaleo de los niños mejor no hubieras decidido tenerlos.
—Un poco tarde para el pobre Chris Redfield, sin duda alguna. ¿Alguna novedad?
—Nada, los videos del pasillo como también del patio no muestran a nada ni a nadie. Es como si un puto fantasma se hubiera llevado las cosas—se dejó caer pesadamente en su sillón de escritorio— y lo peor de todo es que los revisé como más de seis veces… ¡Increíble las cosas que pasan en este edificio!
—Creo que es momento en que diga esto: no tiene sentido alguno—respondió para luego pedirle a su hija que bajara un poco el tono de voz— lástima que en tu oficina no hubiera cámaras, así sí que podríamos ver al culpable si es que los hay…
—Buen motivo para picar a los de seguridad después del pequeño incidente con los cables de luz— antes de que Chelsea se instalara finalmente en aquella pequeña oficina, alguien se metió en la misma para "jugar" con los cables de luz y así generar un cortocircuito seguido de un posterior incendio; de cualquier manera se llegó al culpable en poco tiempo y el mismo fue llevado frente a las autoridades, el cual de alguna forma pudo evadir muchos años de búsqueda por Interpol y resguardarse bajo una identidad falsa que era uno de los criminales biológicos buscados por diversos casos al igual que ataques— de cualquier forma me van a ver como una puta loca cuando les diga "oigan, pongan al menos una cámara de vigilancia en mi oficina a ver si alguien más me roba información".
—No debería ser así…
—Dime una cosa: Si a ti te dijera una persona que hace trabajo administrativo que debes colocar una cámara en su oficina porque alguien le robó información vital ¿Le harías caso o le echarías la bronca a algún superior?
—Trataría de encontrar la forma de ayudar…
— ¡Error!—contestó imitando la voz de un robot— es obvio que correrían al primer jefe máximo para decirle que la chica imbécil mas nueva en investigación perdió datos de vital importancia. ¡Es casi obvio, Chris!
—No debería porqué serlo, pero dejémoslo así—cortó el tema de raíz, antes de que la de orbes avellanados tuviera el tiempo de replicar y así enfrascarse en una discusión absurda. Una de las cosas que aprendió con el paso de los años era que cuando Chelsea comenzaba a ser algo insolente era mejor dejar el asunto zanjado y evitarse dolores de cabeza. —Dejo a los niños y converso en tu nombre con los de seguridad.
—Así afianzar el rumor de que entré gracias a tu ayuda… ¡Fantástico!—giró su asiento y encaró su ordenador, el cual le tenía poca o nula confianza después del asunto. ¿Qué cosas le podrían haber metido como software espía?
—Chelsea, me vas a obligar a reñirte de nuevo por la forma sarcástica que tienes al hablar…—su tono cambió de amistoso a uno mucho más serio; la castaña dejó todo allí y le dijo que debía volver al trabajo. Se despidieron con cariño para luego volcarse al trabajo hasta la hora del almuerzo.
Al final comenzó a darle vueltas a la idea de que le podrían estar espiando todos los movimientos que realizaba con los archivos en aquel momento, cosa que llegó hasta tal punto en el cual debió comenzar a buscar lentamente cualquier indicio de ese hecho. Gracias a algunos cuadernos donde su padre anotaba todas las cosas que aprendió de computación (que para la época donde ella vivía era exactamente unos escritos muy desactualizados) se podía mover libremente por todo lo que refería al sistema informático que utilizaban.
Se supone que todo esto es de primera categoría en seguridad… ¿Estoy enloqueciendo o es posible que suceda algo de ese calibre?
No encontró nada sospechoso al cabo de cuarenta y cinco minutos de revisar una parte de los directorios, pero aún así no cantó victoria. Preguntaría a alguien más avanzado en el asunto si tenía la oportunidad para quitarse de una vez por todas la vocecita paranoica, pero mientras tanto limitaría su trabajo al mínimo: revisar archivos entrantes y completaría manualmente algunos otros.
Solo… Para estar segura.
Si había algo en lo que Ethan Winters no se terminaba de acostumbrar era que los sistemas de la ONG eran sumamente avanzados para su gusto, con paneles táctiles que funcionaban como computadores al igual que algunas proyecciones holográficas que al final del día le daban cierto dolor de cabeza. Sin dudas que el avance tecnológico era impresionante dentro del edificio (según le comentaron era igual en los sistemas de defensa como el ejército nacional) pero le costó mucho tiempo aprender a no cerrar ventanas importantes por error o a transmitir información entre terminales distintas con tan solo un movimiento de su mano. Ahora se desenvolvía mucho más ágilmente después de un mes y con ayuda de sus compañeros de sector, quienes todavía le tomaban el pelo cuando tenía que trabajar con la "pizarra electrónica" quien era su mejor amiga en cuanto a dolor de cabeza se refiriera.
La muy maldita tiene un brillo espectacular, pero da una puta migraña de proporción bíblica.
Terminó de observar el estado general de los servers después de que se ralentizaran mucho luego de un peculiar trafico superior para la capacidad de los mismos; la fuente del tráfico era desconocida todavía, pero sin dudas hizo que el día laboral para todos los empleados fuera un tremendo dolor de cabeza. Cerró la ventana de control con su dedo índice derecho y bajó la mirada a unos papeles que recientemente había imprimido, frunció el ceño al ver los datos que arrojaban. Sin dudas era un miércoles de mierda.
Sigo sin entenderlo. ¿Qué clase de fuente puede generar ese tráfico? Sin dudas es superior a los sistemas aquí presentes o una computadora casera con un usuario que posee gran manejo de la misma… Ni mi ex compañero de universidad podría hacer este estilo de cosas.
Era alguien a quien se le daba bastante bien con las computadoras y hasta podía llegar a reproducir algo como aquello, pero dudaba seriamente que fuera exactamente como lo experimentado; sin dudas que jamás imitaría el número de entrada que estaba viendo en los papeles aun calientes al tacto.
Decidió que iría por un café para cortar finalmente el malestar de su cabeza… Si es que la cafeína ayudaba en algo. Edwin estaba sentado detrás del escritorio leyendo algunos datos que Ethan desconocía, con su rostro pecoso en una mueca enojada. Levantó la mirada cuando el rubio se acercó hacia él.
—Ed, voy por un café abajo. ¿Quieres que te traiga algo interesante?—Inquirió; lo que ellos consideraban interesante era un capuchino con mínimo tres cruasanes para cada uno, si tenía canela o chocolate extra era mejor. El muchacho negó con la cabeza pero buscó en su billetera algo gastada negra algo de dinero.
—Estoy algo mal del estomago, prefiero que me traigas una botella de agua. Gracias igual por preguntar—el de orbes verdes asintió y cogió el billete de veinte. Estaba por cruzar el umbral de la puerta cuando Orlando, un muchacho de cabello negro por los hombros le llamó con otro billete en la mano. Lo hacía bailar para diversión del de orbes verdes.
—Si no es mucha molestia tráeme un expreso, que me estoy durmiendo con tanto trabajo—Ambos sonrieron y Ethan le dio una palmada amistosa en el hombro. Le caía bien el tipo, por sobre todo porque ambos eran aficionados a las películas de terror antiguas. —Y si puede ser algo para comer, mucho mejor.
—Recuerda que si te vas a dar una cabeceada hazlo detrás del estante repleto de carpetas, allí nadie ve nada y es el lugar más tranquilo.
—Sin dudas que probaré es tip, jefe. —volvió a sentarse con expresión aburrida; el rostro le brillaba con la luz celeste del ordenador.
Salió tranquilamente con el dinero, el cual prefirió guardar en su bolsillo para tener las manos libres. Por los pasillos se notaba la diferencia de temperatura con respecto a la sala donde se encontraba anteriormente, con las salidas de aire acondicionado brindando un buen fresco para alguien tan caluroso como él. Agradeció que tomara la decisión de arremangarse la camisa blanca ya que cada vez que pasaba por una de las aberturas sus brazos recibían el frescor tan necesario.
Estaba todo realmente desierto, con el resto de los empleados probablemente encerrados en sus oficinas realizando sus tareas diarias antes del gran final de jornada. De cualquier forma eran las cuatro treinta, horario en que muchos salían a tomarse un café para continuar o a hacer actividades variadas. Subió al ascensor al final del pasillo y al bajar se topó a la castaña, quien miraba unos momentos su teléfono completamente distraída hasta que la campanilla le notificó que el aparato llegó al piso.
Levantó la mirada (era bastante más baja que él) y le sonrió.
— ¿Qué tal va todo?—Preguntó de forma amistosa. Él descendió y se quedó parado frente a la puerta.
—Tranquilo aunque ya desde la mañana tenga dolor de cabeza…—Respondió con franqueza— ¿Vienes por un café?
La chica dudó un momento, pensando en que debía continuar llenando papeles pero procrastinar era "divertido" según ella. Accedió al cabo de unos segundos.
Se encaminaron con paso tranquilo mientras ambos intentaban sacar a relucir algún tema de conversación aparte del trabajo, cosa que un día de semana era casi imposible y menos en aquel preciso instante del día. Ethan comentó sobre el juego de futbol americano en el cual su equipo favorito (Houston Texans) perdió por una mínima diferencia contra los Baltimore Ravens; sorprendentemente se enfrascaron en tal debate sobre algunas faltas que cuando pidieron sus cafés y se sentaron unos minutos a terminar aquel interesante intercambio de ideas que apenas si se dieron cuenta de ello. El rubio se terminó rápidamente el café al igual que la castaña, y los pedidos de sus compañeros lentamente se quedaron relegados en un extremo de la mesa.
La cocinera le preguntó, al cabo de varios minutos de verlos allí sentados, si prefería calentar las cosas antes de volver a su puesto. Aceptó agradecido aunque se disculpó varias veces sintiéndose algo torpe por olvidarse de ello; de cualquier forma continuó conversando tranquilamente.
—Bueno, podemos llegar a la conclusión que tristemente nos dieron una buena patada en el culo—soltó, dándose cuenta unos minutos después de semejante libertad de pensamiento; solía ser mucho más cortes con gente que no conocía del todo—Disculpa, me dejé llevar un poco por el malestar…
Ella solo soltó una carcajada.
—Descuida, se que podías llegar a ser mucho peor. Todos somos entusiastas en esto y nos da justo en el corazón cuando nuestros equipos pierden—bebió un sorbo del capuchino con extra chocolate sumado a un poco de canela—es parte de ser amantes de un deporte.
—Esperemos que en el próximo enfrentamiento los Texans se iluminen un poco, sino terminaremos últimos en la tabla de posiciones este campeonato.
— ¿Metiéndoles presión a distancia? ¡Eso no se hace!—bromeó utilizando su dedo acusador cual abuela cascarrabias—Además ¿Todo tiene que ser por llegar al Super Bowl?
— ¡Es la parte más interesante del maldito campeonato!
—Claro, igual que lo más interesante de ese último encuentro es el medio tiempo comentando por Twitter lo bien o mal que lo hace el artista.
Su tono algo sarcástico pinchó el nervio de la irascibilidad del rubio. Lo dejó pasar pensando en que la chica seguramente no se habrá dado cuenta. Ayana, la mujer con la sonrisa más blanca al igual que amistosa que él hubiera visto en su vida, se acercó con el pedido de Orlando recalentado al igual que una nueva botellita bien fría para Edwin quien probablemente esperaba con ansias debido a su malestar. Los saludó cordialmente antes de dedicar una mirada suspicaz y posteriormente despedirse para volver a sus tareas de mantenimiento de la cocina antes del final del día. Esa fue la señal de que debía comenzar a pensar en volver a su puesto de una vez por todas, pese a que la conversación estaba bastante interesante.
—Bueno… Supongo que debo irme de una vez. Fue agradable hablar de deportes pero esta botella de agua—la levantó para enseñársela—y esa merienda de allí—señaló lo que era para Orlando—necesitan ir con sus respectivos compradores.
Se levantó con tranquilidad, tomando con cuidado los pedidos; ella le observó fijo con sus ojos avellanados los cuales cambiaron al oír que abandonaba la cafetería. Tenía una expresión algo nerviosa en ellos, bastante extraña si podía agregar.
—Antes de que te marches ¿Puedo hacerte una pregunta?—Inquirió girando sobre su asiento y encarándolo.
— ¡Claro! Aunque me agrada que esta vez no sea yo el de las dudas—bromeó; la castaña no prestó atención a su broma algo extraña, poniéndose de pie.
— ¿Hay alguna forma de saber el comportamiento de un software espía en un equipo infectado? Ocurrió algo con una de mis computadoras en casa y deseo saber si es que hay alguien espiándome al otro lado de la cámara web.
—Paranoia sobre archivos pirata, ¿Eh?—Dijo en tono bromista—Eso depende casi en exclusivo como se programó el malware, también en el rendimiento en general que experimentes en la PC así por igual si la luz de tu cámara web se enciende o no. Hay muchísimas variables más, pero no creo que sea exactamente muy fácil detectarlo a simple vista.
La respuesta le generó más dudas que soluciones. Debería estar muy al tanto sobre su ordenador en la oficina.
—Bueno… supongo que te mantendré al tanto sobre lo que le suceda si es que algo extraordinario ocurre. Gracias—Respondió con una sonrisa radiante.
—Espero tus reportes, querida. Nos vemos luego.
Se marchó con lo pedido. Eran más de las cinco quince y sus compañeros de oficina probablemente comenzaban a pensar que se marchó con su dinero sin más. Como era un tipo honrado se rio de buena gana mientras volvía a subir a la planta correspondiente, tratando de suavizar su sonrisa mientras pasaba al lado de otros empleados; si había algo que deseaba evitar en absoluto era que lo tildaran de loco siendo que estaba desde hacía poco más de un mes.
Entró a la oficina con paso relajado, entregó los pedidos junto con el vuelto correspondiente a cada uno y volvió a depositar su cuerpo sobre el asiento cómodo mientras trabajaba, bajo el fuego de las bromas que le hacían sus compañeros.
—Seguramente fue a masturbarse al baño un rato y volvió justo a tiempo con los pedidos para que no dijéramos nada—bromeó Orlando, conteniendo la risa pese a que su compañero Ed estaba desternillándose desde su puesto. Ethan esbozó una sonrisa al tiempo que intentaba teclear sin perderse en los comentario de sus nuevos amigos—Lo que si espero es que te hayas lavado las manos para entregárnoslo, querido Ethan.
—Imagínate toda la mano asquerosa, tocando nuestra comida—respondía Ed entre risa—Todo lleno de…
—Bueno chicos, basta— Pidió el rubio al tiempo que se recostaba en su asiento observando a los dos jóvenes. —No se olviden que soy su jefe.
— ¿Bromeas? ¡Recién comenzamos! Hasta las seis treinta no te iras de aquí por lo que soportarás nuestros chistes y comentarios mal intencionados sin ningún "pero" que valga.
—Ósea que me marcharé a casa con un terrible dolor de cabeza. Justo lo que mi día necesita, sin duda alguna.
— ¡Exacto, además de que es la razón por la que trabajamos contigo!—contraatacó el muchacho de la cara pecosa, con las mejillas encendidas como si fuera un niño travieso—Nos importa una mierda que seas nuestro jefe, eres mucho más divertido que el anterior por lo que te haremos sufrir hasta el fin de tu ciclo en este lugar.
—Oye, que si no somos nosotros es la chica Vickers de seguro—agregó el de cabellos azabaches con la boca medio llena—ella con sus rumores extraños al igual que carácter horrible sin dudas que arruinan el día a cualquiera.
— ¿Chelsea?—preguntó algo sorprendido el de orbes verdosas—No parece mala chica…
—Hasta que pasas más de un año con ella en el medio—respondió molesto Orlando—después se convierte en la pequeña histérica que es.
—Or, no seas tan brusco con ella. Tampoco que fuera el mismísimo Lucifer…
— ¿Seguro? Porque durante los entrenamientos da aires de que sabe mucho más de combate cuerpo a cuerpo que cualquiera de nosotros, sin contar con ese andar presuntuoso que tiene…—tragó mientras fingía retorcerse del asco— ¡Puaj! Me importa una mierda que sea una superviviente de Raccoon City, eso no le quita el hecho de que es una malcriada odiosa.
Ed prefirió mantenerse en silencio en aquel momento; conocía bastante bien la relación tensa que tenían ambos por lo que prefirió no agregar nada más. Orlando era bastante prejuicioso con las personas, hablando muchas veces sin darse cuenta que al final quedaba como un completo idiota por sus primeras ideas como también por lo volátil de su carácter. No es que le faltara razón en algunos puntos sobre la chica a la vuelta de su pasillo, pero tampoco era tanto como le describía.
Ethan posó su mirada en Orlando para luego posarla en Edwin; uno se notaba contrariado y el otro le hizo un gesto indicándole que no dijera más nada. Supongo que alguien no se lleva muy bien con la castañita… En el último tiempo pudo comprobar que la aludida era bastante superficial en algunas cosas como también un poco impertinente a la hora de hablar con sus superiores. Coincidió en reuniones de personal con ella y la forma de dirigirse tan informal a su jefe le chocó bastante; se movía bastante bien dentro del lugar, pero sin duda alguna con un aire de… superioridad.
¿De tal palo tal astilla? Casi tanto como la querida doctora Vickers, pero ella era sumamente respetada dentro del predio al igual que consultada si alguna duda surgía en el sector de investigación biológica.
Pero los rumores sobre la hija se iban incrementando dependiendo de donde preguntaras, llegando hasta el punto en que algunas personas decían que era una "colocada" o "bastante zorra con los demás".
Se quedó pensando un rato más sobre el asunto, creyendo que más tarde le pediría a Edwin un pantallazo sobre la razón por la cual Orlando detestaba tanto a la jovencita.
