— ¿Vas hablarme hoy o simplemente vas a continuar con la idea de ignorarme?—inquirió, cansado de no poder dialogar con quien era su esposa.
Al parecer le molestaba demasiado que se fuera a tomar unas cervezas con sus amigos de toda la vida por causas que ni él entendía, acabando por responderle crípticamente con un "no" o "si", este ultimo muy rara vez era escuchado por el del orbes verdosas.
Ella simplemente lo dejó pasar como hacía siempre.
—Vamos, Mia, no podemos seguir así mucho tiempo más…
Lo que resultaba efectivo en aquel momento era que optara por pedirle disculpas unas diez veces antes de que ella volviera a ser la persona algo cordial que siempre fue con él, salvo por las ocasiones donde le sorprendía trabajando a altas horas de la noche en algo que no podía saber o se mantenía demasiado arisca como para responderle. Eran aquellos momentos donde escuchaba a su mujer gritarle como un demonio sobre "eres un maldito metido" o "¿Puedes dejar de controlarme de una puta vez?"
Su matrimonio no era perfecto al tercer mes de haber dado el sí frente a sus seres queridos pero ¿No se suponía que los primeros meses siempre eran lo mejor? También creía que las parejas no debían ocultarse nada, la honestidad a él le parecía lo mejor en algo como un matrimonio.
¿Era su culpa por haber salido con sus colegas? Según ella sí.
De cualquier manera él también tenía una vida por la cual ocuparse, si se dedicaba a analizar un poco más profundo al igual que ser justo consigo mismo.
Nada la contentaba. Lo que más le irritaba era que si solamente su silencio se debía a que fue a tomar algo con sus amigos (después de casi cinco meses donde ni siquiera pudo mantener una conversación de más de un minuto con ellos) le parecía infantil por su parte, pero la otra mitad de su conciencia le decía que debía acatar nuevamente las reglas explicitas que ella le ordenó el segundo día de su luna de miel. Eso era lo que hacían los buenos esposos…
—Basta ya, Ethan—respondió secamente.
Lo más reciente fue un mensaje de un tal Allan preguntando si todo estaba listo. Eso le extrañó mucho por lo que indagó un poco en el teléfono personal de su morena para "saber" si algo ocurría entre el dichoso Allan y ella. Los mensajes eran sumamente crípticos, como si fuera una especie de código para hablar de algo prohibido que ningún otro ser humano debiera saber; eso le dio una pésima espina hasta llegar a una parte crucial con un "te quiero" no tan inocente.
Esa afirmación cariñosa la usaba con sus amigos, familia y sobrinos, lo aceptaba, pero que ella dijera eso a una persona que jamás le presentó o conoció le parecía demasiado extraño. Ethan no quería ni imaginarse si su esposa mantenía una especie de contacto íntimo con él o si solo era su mente torturada por la falta de contacto.
Una vez fue él quien engañó a una vieja novia con quien era su esposa actualmente, ahora parecía que el karma le estaba volviendo de la peor manera. Pobre Madison…
Se estaba por marchar a una especie de viaje como niñera (solo Jesús sabía porqué) por el medio del atlántico a un país del sur, muy probablemente Uruguay o Brasil… Aunque no lo sabía con total seguridad. Seguían sin conversar como antes, hacerlo como antes o inclusive caminar de la mano como antaño; estaba bastante desesperado si lo podía reconocer.
Las fotos románticas que tomaron en la noche que se unieron ante Dios y la Ley colgadas de la pared parecían reírse del hombre rubio quien se paseaba de arriba abajo por el pasillo que daba a las habitaciones, con su persona retratada en un traje negro carísimo que dudaba utilizar nuevamente riéndose de su infelicidad. La pareja de felices novios parecía extinta en aquel momento.
—Mia, te irás dentro de un día y medio… ¡Al menos debemos charlar un poco antes de que el tiempo en que estés lejos nos consuma por completo!—rogó al tiempo que la observaba armar su equipaje con antelación; era una persona bastante obsesiva con la idea de tener todo listo—Por favor cielo, hazlo por mí.
Lo observó por sobre el hombro con ojos fríos y continuó con su tarea, doblando algunos vaqueros de forma casi perfecta y colocándolos en el rincón vacío de la maleta. Se acomodó un mechón que se soltó de su moño pobremente armado detrás de la oreja.
— ¿Es porque fui con los chicos a tomar algo el viernes?
Era miércoles y seguían sin hablar; ella lo dejó pasar nuevamente.
La tortura duró hasta esa misma noche a las once, donde finalmente le dio un beso que se prolongó satisfactoriamente y acabaron en la cama para agrado del rubio. Sin duda alguna el sexo con ella no era especialmente "exótico" o muy variado, pero aquel simple pie para volver a hablarse como antes lo empapó como si fuera una cubeta de agua que caía sobre su cuerpo.
Acabaron solamente tapados por la sabana, con el calor de la noche tejana filtrándose por la ventana abierta. Ella se durmió sobre su pecho con rostro serio hasta en el momento del sueño, pero que se durmiera así le daba una esperanza de que todo pudiera mejorar. El olor frutal del champú favorito de Mia le inundó la nariz, haciendo que se relajara lo suficiente como para dormirse con su mano sobre la espalda suave al igual que desnuda de su esposa…
Poco informado sobre lo que pasaría en el futuro.
Sin dudas su cuerpo estaba extenuado gracias a la noche de un sueño de calidad pobre, sumado a las pesadillas terribles que rememoraba mientras se suponía que debía descansar, al igual que en el momento en que despertó y fue a buscar un poco de agua a su refrigerador la oscuridad de su departamento lo envolvió; le dio un terrible flashback que lo dejó temblando en el suelo como si fuera una hoja. Siendo honesto consigo mismo hacía ya una semana que no le pasaba nada, sumado a que dormía plácidamente o su trabajo le era satisfactorio. Se sentó sobre el banquillo de almohadilla marrón para comer tranquilamente sobre la encimera tipo bar. Su desayuno de café con cereales no estaba haciendo nada en absoluto por ayudarle a remover aquella somnolencia pesada, pero esperaba que una agradable ducha caliente funcionara.
Al acabar de ducharse simplemente se dio cuenta que ese día sería una completa mierda.
Con el cabello aún chorreando agua, sumado a que el agua estuvo demasiado caliente y que Skittles vomitó sobre una de sus dos camisas blancas para trabajar, gimió lastimeramente mientras se sentaba sobre su cama agarrándose la cabeza; para peor su mano antaño cercenada comenzó a latir insoportablemente y las puntadas en su pierna eran terriblemente dolorosas, como si le estuvieran clavando cientos de cuchillos de la forma más ruda posible.
Se rascó donde le colocaron el chip especial (según el hombre rubio que se lo colocó servía para enviar información de manera remota hacia un ordenador que manejaba en Londres) que aún sobresalía un poco en su delgado brazo, sintiéndose como una especie de monstruo aterrador que en cualquier momento explotaría. Ese fue el momento en que comenzó a temer lo peor para sí mismo, sumado a que no sabía cómo se presentaría a trabajar esa mañana con el humor de perros que tenía.
Al final se vistió la camisa del día anterior, arrugada como nunca la cual contrastaba enormemente con el pantalón que pulcramente dobló la noche anterior. Sus zapatos de punta cuadrada color cuero sin duda alguna le daba un aspecto sumamente profesional aunque su rostro demacrado con enormes manchas oscuras bajo los ojos le daba la pinta de un tipo que se pasó de juerga aquel jueves por la mañana. Encendió y colocó su nuevo reloj inteligente totalmente modificado para una persona con el problema exclusivo que estaba soportando, el cual comenzó a pitar cada cinco minutos sin saber el origen del mismo.
No entendía mucho del mismo, y aunque fuera un "friki" de los ordenadores ese pedazo de tecnología le era totalmente incomprensible; demasiadas funciones en un aparatito que no medía más de cuarenta y dos milímetros.
Arrojó su ropa sucia a lavar, con cuidado de limpiar todo el vomito de su gatita para que después su habitación no oliese a muerto; colocó los platos en el fregadero y salió con paso lento del departamento seis b, piso cinco.
El camino le pareció intolerable ya que cada vez que efectuaba un cambio o aceleraba el coche la pierna le gritaba que se detuviera. Su mano continuaba latiendo, obligándole a sentir que cada momento que pasaba estaba mucho más cerca de desprendérsele; al encontrar un lugar para aparcar el viejo coche Dodge Challenger sintió que tocaba el cielo con las manos por primera vez en mucho tiempo. Las recepcionistas le saludaron cordialmente a lo que él simplemente llegó a responder con una sonrisa. Las mujeres se dieron cuenta de que algo le pasaba ya que su cojera empeoró significativamente de la mañana anterior, temiendo alguna recaída al viejo dolor por el clima húmedo que acontece usualmente en Washington.
Prácticamente llegó al cuarto edificio arrastrándose, con su bolso de cuero colgado de un hombro que pesaba casi como un ancla y un gemido lastimero a cada paso que daba. Se detuvo en la pequeña caja de zapatos que funcionaba como oficina para ver si estaba la única persona que le entendería esa mañana.
Chelsea estaba mirando por la ventana abierta como el sol del día bañaba el inmenso patio trasero con su esplendoroso brillo amarillento; pudo oler el aroma de tabaco desde el umbral al igual que el humo que se elevaba desde su cabeza hacia el cielo. Golpeó contra la madera del umbral y la joven se sobresaltó, volteó inmediatamente con rostro asustado para después suavizar su expresión. La chica dio una última calada para finalmente arrojar la colilla lejos de su ventana, la cual cayó en el pasto para finalmente consumirse sola.
— ¡Jesús, hombre! ¡Creí que eras mi jefe por un momento!—se acercó a su escritorio—Y buen día, por cierto.
— Buen día para ti también ¿Tienes un momento para aconsejar a este pobre idiota?—inquirió, soltando su bolso el cual cayó secamente en el suelo. Se sentó en el sofá de almohadones color verde claro, el cual sin duda daba un toque bastante feo a la decoración ejecutiva del lugar.
—Emm… Claro—rebuscó entre los papeles el paquetito y abrió un caramelo de menta; la castaña sin dudas detestaba hablarle a alguien con el aliento cargado de nicotina—déjame decirte que tienes el rostro como si te hubieses dado la fiesta de tu vida.
— ¿Te sorprendería saber que la única fiesta que tuve fue una maratón de películas de Alfred Hitchcock anoche?—se rascó la frente suavemente—para después pasar al momento más interesante: lograr que este pantalón—lo señaló con su mano buena—tuviera una raya impecable.
—Lástima que me perdí de semejante jolgorio—respondió irónica— ¿Qué sucede esta mañana?
— ¡Por donde empiezo! Primero que nada: me acosté solamente con la idea de darme una buena noche de sueño, la cual terminó convirtiéndose en pesadillas de las terribles sumado que cuando decidí levantarme tuve un momento de rememorar mi paso por la finca Baker, lo cual me arrojó al suelo como si fuera un buen tacle. Al acostarme para finalmente despertar a las siete treinta me dolía todo: muñeca, pierna y ahora la cabeza gracias a que este estúpido reloj suena cada cinco minutos aproximadamente—levantó la muñeca izquierda—Por favor dime que tienes una solución para esto.
Ella se cruzó de brazos mientras pensaba que podía hacer. El pitido era similar al suyo cuando algún nivel caía por el mínimo indispensable para no gestionar una mutación, aunque los dolores probablemente se debían a que estaba atravesando un periodo de re direccionamiento proteico. Se le acercó y tomó su muñeca con suavidad.
—Bueno…—presionó la pantalla táctil un par de veces hasta soltar un "¡ajá!" victorioso—el sonidito incesante que es un dolor en el culo es porque necesitas aumentar el oxigeno en sangre. También suena porque el sueño no fue el ideal como también tienes el nivel de viriones muy alto por dormir para la mierda—se acercó rápidamente a su escritorio, abrió el tercer cajón cerrado con una llave especial que portaba en su collar. Extrajo un pequeño tubo de oxigeno que usaba cuando la situación lo ameritaba; se lo entregó para volver a cerrar el cajón que también contenía un pequeño maletín con una dosis del anti virus al igual que el agente por si en algún momento lo necesitaba—date unos diez minutos usando esa cosa que al final todo volverá a la normalidad.
El de ojos verdes miró extrañado al tubo de no más de treinta centímetros; no muy ancho, dudaba que le diera la cantidad de oxigeno que ella le planteaba. Se ajustó la mascarilla al rostro, desenredó un poco los cables de plástico para finalmente accionar el botón naranja el cual le brindó un aire fresco de inmediato.
— ¿Te sucede a menudo?—inquirió con su voz algo distorsionada por los utensilios plásticos.
—A veces, si. Pero en ese momento o estoy en casa o en momentos donde me encuentro en esta misma caja. Al final uno logra lidiar con el dolor y la basura de tener que usar oxigeno para que no te transformes en un bicho horrendo—se quedó en cuclillas frente a él; el rubio se relajó un poco más en el horrible sofá—en cuanto a las pesadillas lo único que puedes hacer es soportarlas. Te lo digo por doble experiencia: al final es preferible contársela a tu especialista amigo para que ayude con toda la porquería. No hay un remedio que pueda hacer que dejes de tenerlas, desgraciadamente.
—Supongo que si…
Al cabo de cinco minutos de un silencio donde la chica se dedicó a revisar el reloj de forma casi constante y donde él dejó de experimentar ese malestar corporal horrible, el incomodo pitido dejó de escucharse. Ambos suspiraron aliviados, aunque Ethan estaba mucho más tranquilo debido a que las predicciones de la joven al final comenzaron a ser ciertas. Le estaba agradecido por aquel gesto el cual le devolvió la estabilidad física y en parte emocional, ya que haberse quejado con alguien le quitó un poco el peso que tenía sobre sus hombros.
Al cabo de otros cinco minutos apagó el tubo y se lo devolvió con una sonrisa.
—Te lo agradezco de corazón. Sin dudas me salvaste el día.
—En realidad solo lo mejoré, suelo hacérselo a las personas—comenzó con una sonrisa de suficiencia—ahora hablando en serio: de nada. Lástima que no puedo darte una cura para estar mal dormido, pero eso lo puede arreglar una buena bebida energética.
—Soy más del café—respondió cogiendo todas sus cosas—pero gracias por el consejo.
—Tú sabrás…—Dijo mientras giraba sobre sus talones y se ponía a revisar sus papeles.
Se marchó con paso tranquilo a su puesto de trabajo, donde fue sorprendido por Orlando con rostro de pocos amigos. Le comentó que lo vio con la chica y comenzó a actuar de forma cómica como si fuera su pareja; las locuras de su subordinado le alegraron lo que restaba de la mañana para su gusto personal, sumado al termo de café especial que llevó Edwin para compartir con quienes estaba a diario.
Unas semanas después.
Ethan no sabía si el desagrado de su compañero al igual que amigo hacia la chica era tremendamente infundado por los conceptos erróneos que tenia sobre ella, pero lo que sí sabía era que con él era muy atenta al igual que agradable.
El siguiente mes después de tomarse un café al igual que la ayuda con sus propios problemas víricos se mantuvieron en contacto mucho más seguido, hablando bastante de estupideces varias así como consultas sobre el problema que aquejaba a la muchacha con las computadoras. Al final tomó valor (después de hacerle jurar que no diría "ni una mierda" a sus superiores) y le contó todo lo que sucedió. Al rubio sin dudas se le antojó algo absurdo todo lo que le estaba contando, creyendo que los sistemas informáticos de la BSAA eran completamente infalibles al igual que sumamente encriptados… Pero reconociendo la verdad casi universal: cualquier sistema computacional distaba de ser perfecto y ocasionalmente tenía serias irrupciones dentro, aunque fuera los más parecidos a una postal de ciencia ficción.
Revisó atentamente todos los registros, entradas como también archivos dentro de la misma pero no encontró absolutamente nada; la castaña ya estaba desarrollando una paranoia completa respecto a aquella herramienta laboral. Le recomendó precaución al igual que siempre hacer una copia de todo en lo que trabajaba, así no perdía nada en caso de otra irrupción.
Edwin le comentó lo acontecido entre Orlando y Chelsea, los cuales tuvieron un altercado fuerte una vez que discutieron absurdamente por políticas, donde el muchacho (una persona realmente honesta) le dijo ciertas cosas hirientes a la chica, las cuales las tomó terriblemente personales y su relación se vio dañada permanentemente. El rubio casi se echa a reír en el momento que su subordinado y amigo terminó de contarle aquello, pensando en que era ridículo que alguien pudiese discutir tan mal por mera política.
Era verdad que la sociedad estadounidense se reformó mucho del viejo pensamiento republicano o demócrata, ahora con todos los problemas que enfrentaban respecto a los ataques biológicos y demás la gente comenzó a pensar de otra forma, obligando a los dos partidos políticos a construirse nuevamente… ¿Pero llevarse mal por semejante estupidez?
Todavía no lo podía creer.
Una vez, mientras todos descansaban durante la hora del almuerzo, Ethan se sentó unos minutos a conversar con ella quien estaba acompañada por otros investigadores ejecutivos; el de cabellos azabache se les aproximó unos minutos después requiriendo de la presencia de Ethan de una vez en su mesa, cruzando miradas colmadas de odio con la chica de las orbes avellanadas.
— ¡Mira quien llego! ¿Qué los de desinfección no se dieron cuenta que faltó el moscardón más feo antes de marcharse?—comentó con tono malicioso; en ese momento el señor Winters no sabía si esconderse bajo la mesa o pedirle que no volviera a decir nada de ese estilo.
— ¡La mosquita muerta sabe hablar!—exclamó con especial énfasis en mosquita—Mejor apártate, querida, si es que sabes lo que te conviene.
— ¿Un tipejo de poca monta me va a decir lo que debo hacer?—utilizó un tono dramático que casi hace que los demás espectadores de aquella pequeña riña se rieran—por favor… Vuelve a la cueva de donde saliste y no pienses en regresar.
Edwin, quien se aproximó para evitar una cruzada como la que estaba ocurriendo, le indicó a Ethan que se levantara de una vez con una mirada asesina, dejando poco espacio para seguir discutiendo. Orlando no se quedó callado después de aquel comentario.
— ¡Sigue buscando que te acomoden en un puesto alto, Chelsea, que es lo único que te sale bien!—Edwin le picó en su costado derecho y lo empujó para que se moviera una vez que el rubio se puso de pie, sabiendo que internamente se mandó a callar antes de decir algo peor. Al llegar a la mesa que ocupaban Orlando les confesó que estaba por decir que se acostaba con alguien para llegar a donde estaba, mas no lo hizo por ser un hombre y no un niñito.
Lo que pudo comprobar era que ella tenía un carácter fuerte, el cual no se dejaba amedrentar por nada ni nadie; eso le agradó lo suficiente como para comenzar a tenerle un poco más estima de la que ya le depositó antes con tanta ayuda que le brindó.
Ahora que llevaba más tiempo dentro del edificio llegó a conocer muchas más personas, en especial una que se llamaba Lorain Truman de cabello rojizo no natural, ojos verdes y pecas en las mejillas al igual que alguna que otra en la nariz. De figura curvilínea, caderas anchas y pechos medianamente grandes, era la mujer de la cual todos sus compañeros masculinos hablaban a la hora del almuerzo al verla pasar; Martin, un tipo de libre pensamiento, sabía por buenas fuentes que solo buscaba un rato divertido con cualquier hombre soltero que se encontrara en el mismo lugar laboral que ella.
La función llegó en el momento en que ella le comenzó a tirar los tejos al hombre de cabellos dorados, el cual solamente atinó a sonreír. No deseaba pareja en aquel momento y todos lo sabían, pero le animaban a al menos "tirársela" para satisfacer sus "necesidades masculinas". Ethan casi se muere de risa en el momento en que sus amigos le plantearon aquello, afirmando que todo aquello le resultaba una idiotez colosal. Lorain lo persiguió (según sus palabras) por todos lados: presentándose en su oficina con un café extra que compró para una aparente amiga la cual lo rechazó, en el almuerzo cuando alguno o la mayoría de quienes comían junto a él se marcharon a fumar o al baño, en los momentos donde salía del trabajo y solamente quería llegar a su casa y otras ocasiones más.
Edwin, quien era amigo de Rosalin, mejor amiga de la pelirroja, le comentó que el rumor que se manejaba entre sus amigas era que estaba coladita por él; la sonrisa blanca del joven pecoso sumado a un asentimiento muy leve le animaba a que intentara algún movimiento con la misma o al menos llevarla a tomar un café.
Lo que no muchos sabían era que para él lo sentía por ella no iba más allá de una amistad, pero la mujer de la misma edad que él sentía todo lo contrario: estaba segura de que se enamoró de Ethan Winters.
Una tarde, en la cual salía por la puerta delantera doble y de vidrio hacia el estacionamiento la mujer lo sorprendió, mientras tenía las manos atiborradas de cosas. Llevaba su bolso morral de cuero, carpetas y algunas cajas de plástico que tenían muchos más papeles en su interior, por lo que apenas si podía coger las llaves para abrir el maletero; la mujer se ofreció a ayudarle por lo que aceptó más que a gusto. Una vez que llegaron al coche ella se le abalanzó sin tapujos y le dio un beso profundo, aunque él al final la terminó apartando suavemente mientras negaba con la cabeza.
—Lo siento, Lorain. No creo que vuelva a salir con nadie por un muy buen tiempo…—ella no perdió las esperanzas al verlo negar con la cabeza, rostro contrariado por aquella intromisión en su espacio personal.
— ¿Pero lo pensarás verdad?—su voz dulce le pedía que por favor lo hiciera; negó con la cabeza más que seguro de su decisión.
—Sin dudas que no eres tu sino yo. Lo siento de veras…
Guardó todo en el interior y salió tranquilamente hacia su apartamento. Al llegar se encontró algo conmocionado por lo sucedido, pero se decidió que lo mejor que podía hacer era aceptar lo que le dijo. Sin duda alguna es una mujer despampanante, pero no quiero absolutamente nada con nadie por un buen rato. No sabía si estaba listo o si lo estaría nunca para enfrentar lo que conllevaba comenzar otra relación.
Lo trató con la especialista a la cual seguía concurriendo después de un tiempo, en especial el terrible temor a volver a sufrir nuevamente por aquel desengaño tan brutal que experimentó. La doctora Black lo analizó un momento para finalmente decirle lo que ya sabía: no debía darlo todo por perdido ya que siempre podría encontrar a alguien con quien comenzar nuevamente una relación. Pero desde su punto de vista profesional le recomendaba que tampoco fuera tan estricto consigo mismo e intentara abrirse un poco más a las mujeres; el sexo femenino en general no era el culpable de que una persona descarada como Mia existiese.
Black lo despidió con un sólido mensaje: "mantén la mente abierta, aunque la tengas terriblemente cerrada"
Y vaya que sí lo estaba…
Chelsea entrenaba arduamente con Greg en el momento en que alguien le picó los costados fuertemente lo que la obligó a voltear asustada. No podía evitar la paranoia después de tantas cosas feas que comenzaron de esa misma forma. Phillip, quien solía hacer esas tonterías para molestar a quien tuviese como objetivo, abrió los brazos como mostrando una agradable sorpresa; hijo del hermano mayor de Brad, Donnovan, era el mejor amigo de la castaña desde que tenía conciencia de ello. Se arrojó a sus brazos sin importarle cuan sudada estaba o los gritos de que continuara con su entrenamiento de Greg unos metros más alejados de ellos dos.
Con rasgos y cabellos bastante similares a los suyos, solían bromear contra quienes no conocían la historia familiar diciendo que eran hermanos; Phill le llevaba solamente seis años de diferencia, por lo que la idea de que eran parientes en la cabeza de las pobres víctimas siempre parecía la certera. Su primo tenía un amor particular por ella, siendo su "cugina sorella" (trayendo celos de Lindsay o Taylor, hijas adoptivas de su tío Dominique a quienes quería también con locura).
Le recordaba mucho al hombre fallecido ¡Hasta hacían las mismas muecas dependiendo de la ocasión! Ambos profesaban la misma devoción por el otro, el mismo cariño tan apegado y particular.
La abrazó tan fuerte que estaba dejándola sin aire, por lo que le pidió con voz acallada por su pecho que le soltara un poco. Se liberó de su agarre, la chica fingió haber estado a punto de ahogarse que hizo reír fuertemente a su primo.
Phill, quien conoció a su tío Brad, comentaba que fue la mejor persona que jamás conoció. El hombre quería mucho a los niños -su deseo de ser padre lo convertía en la persona ideal para cuidar a los críos- y con su sobrino mayor tuvo una química excelente. El muchacho siempre recordaría los gratos momentos que pasó junto con el mejor pirata informático que tuvo el RPD; era la persona en quien aspiraba a convertirse (quitando del medio el hecho de aquel temor irracional que Brad tuvo por la muerte) cuando alcanzase la treintena. Recién tenía veinticuatro y en los primeros días de diciembre cumpliría los veinticinco, por lo que estaba trabajando arduamente para ser una persona tan cordial junto con amigable como lo fue su tío.
Solo tenía cinco años cuando este murió, pero juró desde aquel momento que haría lo imposible por la hija que engendró el castaño.
Desde aquel instante en su vida, se dedicó en cuerpo y alma a ayudar a su prima huérfana de padre. Donny junto a Dominique (el segundo hermano de Brad) y Lisa (la última en el clan Vickers de segunda generación, partiendo de su abuelo) ayudaron a la crianza de la pequeña saltarina. Los hermanos se unieron a su cuñada en la lucha por justicia en cuanto a la muerte de Brad, consiguiendo datos de vital importancia para el caso contra Umbrella, allá por el dos mil. Celebraron con champaña en cuanto anunciaron por las noticias económicas la caída de las acciones de la compañía, como también el cierre definitivo de todas las centrales alrededor del globo. Un poco de justicia se hizo por aquel tío amistoso, hermano entrañable y esposo amado.
— ¡Dios mío! ¡Qué sorpresota! ¿Qué haces aquí, Phill? ¿El tío Donny finalmente te corrió de la casa?—Inquirió con voz excitada por la sorpresa del encuentro. La castaña temió no poder ver a su primo antes de las fiestas de fin de año a causa de todo el jaleo que estaba atravesando, pero verlo allí le alivió casi en su totalidad el miedo que sentía ante la falta que le haría durante los próximos meses.
— ¡Es septiembre, cabeza de cebolla! ¿Te olvidaste lo que sucede para los futuros soldados de la BSAA?—Inquirió casi con un tono despectivo bromista.
Debía garantizarlo, se olvidó por completo de la competencia anual que hacían todas las seccionales de la ONG con sus nuevos miembros, del rango de dieciocho a veintiséis años de edad; consistía básicamente en la demostración de todas las habilidades requeridas para un combate satisfactorio (siendo estas el uso casi excepcional de armas de todo tipo, combate cuerpo a cuerpo y resistencia física) en donde todos los seleccionados viajaban a Washington para disputarse un premio que consistía en ser nombrado "el mejor soldado de la rama estadounidense" junto con una suma no muy grande de dinero. En algunos casos hasta iba con la incorporación casi inmediata a las filas para los mejores reclutas, cosa que era el premio que todos perseguían siendo tan jóvenes y temerarios.
—Voy a ser muy honesta contigo: lo olvidé completamente—confesó colocándose el dedo índice y pulgar en el puente de la nariz—soy un desastre últimamente. ¡Me olvido de las cosas más pequeñas!
—Algún caballero probablemente te esté volviendo patas para arriba el mundo…
— ¡Chelsea, por el amor de Dios, vuelve a entrenar si no quieres que de un pésimo informe tuyo!—Gritó Greg con el enojo más que visible en sus gestos corporales. Sus compañeros de equipo se levantaron del césped donde hacían flexiones y comenzaron a charlar producto de la interrupción bien recibida de Chels— ¡Tu madre se va a enterar y te va a partir el culo!
— ¡Mi culpa, lo siento!—respondió Phill, con la mano izquierda levantada defendiendo a su sangre; se dirigió a ella nuevamente—Hablamos más tarde cuando no te estén por arrancar la cabeza.
El día era estupendo, pese al calor, estando soleado y con un poco de brisa caliente; Tyler junto con Steven la observaban de reojo mientras entrenaban a otro grupo de cadetes, como siempre cuchicheando entre ellos sobre lo que hacía o no...
El hermano menor de Forest Speyer junto con el menor del clan Frost se llevaban tan bien que ella bromeaba que era un bromance digno de admirar. Solicitados por Chris una vez que dejaron el ejército, eran las personas más competentes que conoció después del mismo castaño o Greg, con su usual humor cascarrabias que solía molestarse por prácticamente todo.
La chica volvió a acercarse tranquilamente al grupo dejando atrás a su primo, quien le observaba alejarse para luego voltear y salir de allí con paso tranquilo junto con las manos en los bolsillos del pantalón. Greg estaba que escupía fuego por los ojos, más malhumorado que lo que llegó a estar en el momento en que comenzó el entrenamiento de aquel día. Parecía que rompería en cualquier momento la tableta electrónica donde anotaba todos los avances de los reclutas.
Myra, una joven de cabello ensortijado de color rubio el cual estaba atado en una coleta, le dio una puntada en el costado al tiempo que se acercaba para decirle algo a la oreja.
—Prepárate para correr como desquiciada después de tu marcha poco requerida por el viejo Whitaker…—murmuró al tiempo que el aludido las miraba con rostro enfurruñado.
—Vickers… ¡Maldita sea, Vickers! ¡Ahora vas a correr el triple de vueltas, sin pero que valga u ojitos tristes!—gritó, obligando a la muchacha a ponerse de forma defensiva ante sus palabras— ¡La BSAA requiere gente con capacidad de no distraerse por estupideces, sino eso te matará el día que salgas al campo!
—De acuerdo, Greg, ya entendí—interrumpió con tono altanero—lo anotaré en mi lista para resolver la próxima que tenga tiempo.
Dylan, un joven afroamericano que le llevaba dos cabezas a la joven, le indicó con una mirada que se mantuviera en silencio ya que si continuaba con su plan "sabelotodo" terminaría el grupo entero corriendo por la indisciplina de la jovencita. Intercambiaron miradas un momento para después terminar de entender que prefería joderse a sí misma antes que a sus amigos.
—Oh, indisciplina… Debí haberte apoyado cuando querías ir al ejercito en vez de estudiar—Murmuró mientras estrujaba la tableta en sus manos con violencia—No durarías ni dos segundos dentro del ejercito, querida… ¡A correr!—Indicó con un movimiento rápido de su mano la cual señalaba al resto del espacio libre para que diera unas cuantas vueltas por el predio.
Chelsea se tragó una contestación iracunda para comenzar a dar unas cuarenta vueltas alternando entre velocidad de trote a carrera; gracias a sus pésimos hábitos de fumadora le costó mucho llegar hasta la mitad de la ordenanza, pero concentrando su respiración logró llegar a la última vuelta sin querer arrancarse los pulmones de cuajo. Le ardían como nunca, tal como si estuvieran en llamas dentro de su caja torácica, pero si algo sabía de sí misma era que después de la segunda ducha del día encendería por lo menos dos cigarros. Se sentaría en su sofá junto a sus canes a disfrutar de algunos episodios repetidos de series varias para matar el tiempo y fumaría nuevamente.
El problema ya estaba instalado, y lamentablemente no había forma de detenerse… o eso creía ella.
Se lo encontró en su oficina después de una buena ducha (merecida debido a que sudó a mares, también le dolían las piernas a horrores) sentado en su sillón, jugueteando con su computadora como un niño travieso. La vio acercarse y fingió que cerraba ventanas del buscador de forma apresurada al igual que fingía sentirse espiado por ella; Chelsea se echó a reír ante la escena, sintiendo que las bobadas de su primo eran como un bálsamo curativo para sus nervios crispados.
Greg si le informó a su queridísima progenitora y su madre se encargó de dejarle la oreja caliente antes de que entrara a darse un baño. Agradecía a todos los santos y no tan santos que no lo hizo en frente de las demás mujeres en el baño, a sabiendas de que los cuchicheos no cesarían después.
Él se levantó y abrió sus brazos, sonriente como nunca. Le correspondió sin dudarlo.
—No sabes lo mucho que me alegra verte de nuevo, Phill—saludó con voz repleta de añoranza, mientras lo abrazaba se daba cuenta de lo mucho que necesitó de su primo en todo el tiempo que pasó desde la última vez que hablaron por video llamada— Una cosa es oírte a través de una pantalla y otra es hacerlo en vivo.
—Lo mismo digo, pequeño saltamontes—le besó la coronilla—Sentémonos y me pones más al día de lo que hiciste en todo este tiempo.
Hicieron lo que él propuso; los ojos avellana de Chelsea brillaban como piedras preciosas al verle. Ambos se recostaron en los asientos con rostros sonrientes.
—Estuve moviéndome como desquiciada por cosas raras que ocurrieron, realmente ni sé como comenzar respecto a eso.
— ¿Cuán raras?
—Del nivel siguiente a "demasiado"—respondió al tiempo que se cruzaba elegantemente de piernas—te juro que ya no entiendo nada. Primero hubo un problema con esa misma computadora…
— ¿Es broma? ¿Qué clase de problema?
—Si no me interrumpieras te lo diría gustosa—le reprendió con cariño—al parecer alguien se metió a esta cosa—la señaló con su dedo acusador—de alguna manera y se llevó varios datos sobre los trabajos donde participé, cosa que se me hace muy extraña debido a que solo yo puedo acceder.
— ¿Tu jefe no tiene exactamente una llave maestra o un código universal para cualquier bloqueo de seguridad que tengan? Por casa el señor Reynolds tiene uno que permite acceder a cualquier computadora por mucha huella digital que pida para su uso.
Chels dudó un momento, eso era algo de lo que no tenía ni mínima idea.
—Te soy honesta: ni puta idea. Probablemente sí pero aquí está la parte interesante—hizo como si tocara una batería invisible—revisé las cámaras de seguridad y nadie, repito, nadie entró aquí.
Phill sopesó lo que ella le acababa de decir; era por demás extraño aquel incidente, pero no parecía lógico. Meneó con la cabeza con facciones neutras.
— ¿Qué tal en tu ultima investigación de campo?—preguntó de manera amistosa intentando desviar el tema; ella resopló con rostro visiblemente triste.
—Otra cosa demasiado extraña. Sin dudas que fue imposible— negó ella mientras tamborileaba los dedos contra su pierna —Los cursos de agua alrededor de la finca Baker están contaminados, por lo que los mayores deben de estar brutalmente dañados. La fauna y la flora del lugar están muy perjudicadas... No te das la idea de cuantos peces muertos como también mutados se encuentran... Es desolador, Phill. No puedo creer lo mucho que se generó a partir de este acontecimiento.
—Me apena realmente oírlo—se rascó la frente sintiéndose apesadumbrado en su interior. Era duro escuchar aquellas palabras, como así también el hecho de que pudiese expandirse más allá de lo conocido. El globo pendía de un hilo gracias a los malhechores detrás de aquel terrible suceso— ¿Alguien que se encontrara en el momento incorrecto?
—Sí, siempre los hay ¿Mamá no comentó nada aún?—recibió como respuesta una negativa del castaño— extraño sin duda alguna… Un tipo, quizás lo nombraron por tus lados, llamado Ethan Winters estuvo allí y pudo vivir todo aquel infierno. Ahora trabaja con nosotros por azar del destino…
— Supongo que ese azar tenga algo que ver con tu mamá y sus deseos de convertirse en una emperatriz del mal o algo por el estilo. Pobre tipo, debe haber sido algo terrible… ¿Lograron sacarle algo grande?
—Lamentablemente sabe muy poco de todo el transfundo. Pero su ex mujer, Mía, sabe bastante y no quiere soltarlo. Llámame desconfiada o lo que quieras, pero presiento que tiene mucho para contarnos sobre toda la porquería.
El joven enarcó las cejas divertido.
— Una buena corazonada, debo admitir…
— Un culebrón digno de mirar, diría yo. ¡Imagínate descubrir que quien fue tu mujer está terriblemente involucrada con eso!—rieron unos momentos; Phill sabía que si eso le pasara a él estaría realmente mal por ello— de cualquier forma créeme que me da cierta lastima el pobre muchacho... siendo una persona que sabe lo que se siente ser engañada por alguien en quien confiabas casi a ciegas, comprendo todo el dolor que está experimentando. ¡La mujer esa rompió con el enfrente de todo el mundo! Y para peor ahora desapareció del mapa y eso que le pedimos a la seccional de Texas que la tuviera bien vigilada—meneó la cabeza—resumiendo todo esto: una verdadera putada.
—Y de las buenas...—convino él. La castaña de orbes avellanados le dio enteramente la razón.
—Dejemos esto para otro momento, supongo que tendremos un buen rato antes de que te vayas… ¿Qué tal las cosas por allí? Mamá comentó que el tío Donny hizo de las suyas de nuevo en su trabajo —se rascó la barbilla y bebió su Gatorade celeste.
— ¿Te refieres a la absurda disputa entre él y la tía Lisa? Se reconciliaron a la hora de haberse insultado. No fue gran cosa...— "Nunca era gran cosa" quería agregar el muchacho. Las peleas entre una persona terriblemente seria con otra que era realmente bromista sin duda alguna no llegaban a ser algo demasiado terrible.
La castaña enarcó las cejas al tiempo que sonreía.
—Creía haber oído que hasta amenazaron con cerrar el estudio Vickers...
—Patrañas, no se separarían por nada del mundo. Además, papá es el contador de tía Lisa. La pobre mujer se volvería loca por encontrar otro quien maneje sus finanzas tan eficazmente.
Sin contar con que su esposo probablemente la corra de la casa la próxima vez que gaste mil dólares en un par de zapatos… Pensó con una sonrisa.
—Y tío Donny enloquecería tratando de encontrar otro abogado tan excepcional como lo es ella, ¿No? A veces creo que los negocios en familia no funcionan...
Phill, quien estaba sentado con sus piernas cruzadas, chasqueó la lengua.
—Claro, porque nuestros negocios en cuanto a los videojuegos siempre salieron mal…—respondió sarcásticamente. El zumbido del ordenador encendido le recordaba a su respectivo usuario que debía trabajar después de charlar con él cosa que le desanimó bastante.
—En absoluto, a veces creo que si no fuera por ti, no sería una loca acérrima a la saga Fallout.
Phill rió de buena gana ante aquel comentario. Recordaba haberle conseguido varías de las entregas que luego ella adquiría con el dinero de su mesada. Emily estuvo totalmente en contra que jugara el primer juego que fue publicado para consola, considerando que la violencia explicita del mismo no era algo sano para una niña de diez años; al final se ablandó porque fue la única cosa que distraía a su hija cuando la pasaba realmente mal, pero se quejaba constantemente cuando esta se pasaba con las cacerías humanas que realizaba.
El muchacho sabía de buena mano que era la persona más obsesiva en cuanto a aquel juego, el cual con el tiempo se volvió una de las grandes adicciones de Chelsea a la hora de insertar un juego en un sistema PlayStation. Le resultaba pintoresco cuando la veía con los trajes que lograba confeccionar (gracias a mucha ayuda) de uno de los Supervivientes de la Gran Guerra. Chelsea no olvidaba que los primeros dos juegos de computador los había probado por parte de Sherry, aunque fue él quien se los regaló en formato físico para su décimo segundo cumpleaños para que no sufriera cuando ella se los llevara a su casa.
— ¿Sigues teniendo tiempo libre como para hacer dibujos sobre el fantástico juego?— inquirió animado.
—Apenas si respiro con tooodo el trabajo que hay aquí. Pero cuando consigo algún momento tomo el cuaderno y hago algún que otro boceto. Allí en Baltimore seguramente se rascan el culo en cuanto a los casos...— contestó jocosa.
—Mentiras y puras mentiras... ¡Allí también tenemos jaleo importante!
Rieron. Ambos trabajaban para la BSAA, aunque Phil se abocaba directamente al trabajo de campo y Chelsea (trabajaba igualmente con su equipo, pero en contadas ocasiones) al trabajo de papeles e informes. Era raro, pero la nueva generación de los Vickers estaba totalmente unida con la BSAA. Inclusive su prima Stephanie, dos años mayor que ella, trabajaba para la ONG. Él suspiró airosamente.
—Sí, claro... La mayor parte de los casos vienen de Texas o Idaho, ¿No? Suerte con eso, campeón.
—Bésame el culo, pero bien besado— espetó el muchacho de cabellos castaños.
—Eso quisieras—Respondió risueña.
Charlaron de algunas "idioteces varias" para ponerse al día. Aparentemente Phill rompió con su antigua novia y no pudo estar muy metido en charlar vía aplicaciones con su queridísima prima. Chels le dijo que lo sentía, solamente para ser sorprendida con un brutal
—Da igual, de cualquier forma le iba a pedir de romper de una vez por todas.
La sorpresa fue tal para ella que le preguntó cada detalle que fuera humanamente posible saber. Él, por su parte, se encontró tremendamente dispuesto a satisfacer sus antojos de chismes baratos. Su prima era demasiado cotilla cuando quería, cosa que le molestaba en parte porque era demasiado joven como para entrometerse en la vida de los demás de aquella forma tan "chocante" pero no se lo comentaba para no contrariarle.
Chelsea cambió de tema al escuchar que se encontraba muy feliz de estar libre y no tenía prisa absoluta por buscar otra persona.
—Anoche Parker llamó para decirme que alguien entró a la casa, revolvió algunas cosas en el estudio de mamá y se fue—su voz tenía notas de temor, sus ojos tenían una expresión triste al decir aquello—no quiero reconocerlo, pero algo malo está pasando en este lugar y no tengo idea de que puede ser.
El joven ahogó un grito al escucharlo bastante consternado por lo que su prima le decía.
—Supongo que se llevaron cosas de importancia… Significativa ¿verdad?—a lo que hacía alusión era a la razón por la cual madre e hija estaban con vida; la castaña negó con la cabeza, pensando en que fueron afortunados por haber escondido aquellos papeles dentro de una caja fuerte muy grande debajo de la cama matrimonial de Emily.
—Fueron algunos papeles que le di del caso de Montana. Mamá intenta restarle importancia a lo que pasó pero Parker sabe que está aterrada ante la idea de que vuelvan a ingresar. Tiene cosas de papá que son muy valiosas para ella como también monetariamente, por lo que no quiere que vuelva a pasar.
— ¿Conserva el reloj que le dio el abuelo cuando salió de la milicia?—inquirió sorprendido.
—Lo guardó en una caja de cristal que expone sobre su cómoda. Ya sabes cómo es mamá con las cosas que pudo sacar de Raccoon…
Emily era una mujer que solía añorar demasiado a las personas que pasaron por su vida, en especial al hombre con el que se casó y formó una pequeña familia. Atesoraba cada foto, camiseta u objeto que perteneció a su marido de una manera tan obsesiva que a veces le daba miedo hasta a su propia hija. Chelsea una vez sacó de lugar el chaleco verde que todos los miembros de STARS tenían como un extra para las operaciones de escolta y la mujer rubia armó tal escándalo que ni siquiera Chris, con su paciencia de monje, pudo frenar. Desde ese momento en adelante su hija se dio cuenta de que la madre que tanto le protegía resguardaba mucho más lo material que quedó de sus momentos más felices.
—Bueno, ese reloj es bastante valioso hoy en día. Diría que pasaría de los mil dólares si encuentras la oferta adecuada para él… Lo que resulta extraño es que solamente se llevaron papeles, revolvieron la oficina y dejaron electrónica como también esa clase de objetos… —se rascó la barbilla, dubitativa
—Muy extraño sin duda alguna. Oye ¿P no dice nada sobre el asunto de las cosas del tío Brad?—dirigió la conversación de forma inteligente hacia otras tierras.
—A veces creo que a Parker le incomoda un poco el hecho de exponer las cosas de su difunto marido, pero no se queja… O por lo menos no escuché que lo hiciera.
—Es realmente un hombre bueno y paciente con ustedes dos—hizo que pensaba unos momentos—más bien contigo, mi querida prima histérica—Chelsea estaba por responder cuando este le indicó con una mano que hiciera silencio—la paciencia es una virtud, querida. Y diciendo eso mismo es mi hora de marchar. Le prometí a tu mamá que estaría por su casa al cabo de veinte minutos y conociendo esta querida ciudad probablemente me quede atorado en el tráfico.
—Lamento que te marches aunque más lamento que te vayas a casa de mamá—recibió un beso en la mejilla derecha por parte de él—si descubres algo de su plan avísamelo. De cualquier forma, también debería ser hora que vaya a ver a los tíos y la abuela ahora que se acerca octubre…
—Si, en especial que eres ya mayorcita y tienes un salario para costear la gasolina... ¡Pésima actitud, Chelsea Vickers!
—Te lo repito con gusto todas las veces que haga falta: ¡Bésame el culo, Phillip Vickers!
Phill se marchó después de darle una palmada suave en el hombro para continuar haciendo lo que se suponía que viajó a hacer: entrenar con su equipo para las competencias al igual que visitar a su familia. La castaña se quedó mirando a la puerta por la cual salió unos segundos más antes de bajar la mirada mientras meneaba la cabeza y volver a sentarse a trabajar.
Debía ser considerada con su familia y brindarles una visita de su persona, en especial que el veinticinco de octubre era una fecha sensible para todos: el cumpleaños de su padre. Constanza, una abuela de las antiguas que solo le hablaba en su lengua madre (italiano), sin duda alguna la pasaba realmente mal por aquella fecha; siempre estuvo de acuerdo con la frase "ningún padre debe enterrar a sus hijos", viendo como su queridísima nana lloraba incansablemente a uno de sus descendientes.
También tendría que pasarse por Missouri, por el memorial a las víctimas de Raccoon con un ramo de flores en la mano en forma de ofrenda; debía concentrarse en volver a realizar el trabajo que tanto esfuerzo le colocó, pero una visita de ese calibre no era algo que pudiera perderse.
Su mochila del pasado tenía la carga mucho más pesada entre los meses de septiembre y octubre, algo que nunca podía soltar ni siquiera por todo el empeño del mundo que pusiera en ello.
Siguió con su labor para, después de unas horas, marcharse exhausta en su Jeep Compass directo a casa, donde tuvo un súbito arrebato de inspiración y dibujó algunas cosas mezcladas con el universo de su videojuego favorito y el mundo donde vivía.
La libreta con una rosa del mismo color quedó abierta cuando ella se fue a descansar con sus queridísimos perros, mostrando la imagen retratada de su padre con uno de los trajes del refugio ciento uno luchando fieramente contra dos supermutantes.
