Chelsea no estaba ni por asomo exhausta como lo estaba el castaño detrás de ella, apoyado sobre sus rodillas buscando desesperadamente un poco de aire para sus pulmones ardientes; se le acercó molesta al tiempo que profería groserías ante la lentitud de su primo a correr a la velocidad que lo hacía ella, quien se encontraba desesperada por salir de la casa de su abuela una vez en el tiempo que estaría allí. La mujer de casi ochenta años se encontraría llorando a su padre fallecido veinte años antes de nuevo en aquel momento y no le apetecía volver a escuchar los mismos lamentos que ella se hacía prácticamente a diario.

Le empujó con intención pero poca fuerza como para arrojarlo al suelo, mirándolo al tiempo que chasqueaba la lengua para después cruzándose de brazos con malestar. Phill le miró aún boqueando cual pez fuera del agua maldiciendo que hubiese vuelto al lugar de donde nació para comer como cerdo durante tres días seguidos.

En Delucia hacía frio, bastante en opinión de la castaña quien se encontraba con ropa deportiva de pobre espesor; el cielo estaba nublado amenazando con llover una vez más y por la hora de la tarde en la que se encontraban comenzó a expeler vapor al hablar. Era finales de octubre por lo que en Estados Unidos comenzaban a descender las temperaturas a los niveles que Chelsea consideraba "desagradables". Detestaba el invierno porque su cuerpo sufría los estragos que las bajas temperaturas generaban, además de ser la temporada donde su condición empeoraba de forma extraña.

Se pararon en una plaza donde solo había una pareja sentada en un banco observando a sus niños jugar alegremente en el set de juegos municipales recientemente colocados, sintiendo como el frio comenzaba a penetrar en su cuerpo que estaba tibio a caliente por la actividad física.

— ¿Qué comiste piedras que no puedes correr? —inquirió molesta al tiempo que se descruzaba de brazos, colocándolos en jarras; el joven negó con la cabeza mientras tosía por el aire fresco ingresando a su garganta—. No lo entiendo Phill, hace unas semanas corrías como un desquiciado por los campos de entrenamiento y ahora eres una babosa al borde de entrar en un paro cardiaco.

—Cállate… Ya. Eres muy irritante cuando te pones en "modo Emily".

—Oh, claro, porque querer correr para no morir congelada es actuar como mi mamá… Te daría un puñetazo pero veo que si lo hago podría dejarte de hospital, ya que boqueas como un puto pez.

—Enserio: eres súper irritante cuando te lo propones.

—Da igual, seguiré yo sola si no te apuras a recuperar el aliento.

— ¿Es que no lo ves? ¡Si sigo puedo desintegrarme en el aire! —se defendió, cosa que hizo a la castaña soltar una carcajada sarcástica muy audible; Phill se molestó un poco más con su prima—. Tu solo quieres verme sufrir.

—No, querido: ¡yo solo quiero correr un poco PORQUE HACE UNA SEMANA QUE NO LO HAGO! Desde que llegué aquí que solo estoy sentada o comiendo las masas finas de la abuela, tomando chocolate caliente o comiendo comida precocinada velozmente porque la abuela me necesita para algo.

— ¿Y yo tengo que cargar con tu malestar por tu tendencia a que te crezca el culo?

La castaña no se tragó la ofensa de su primo y le asestó un puñetazo fuerte en el hombro, provocando que este suelte un gemido de dolor. Si había algo que Chelsea detestaba más que sus ex amigos era que le recordaran que su "problema" estético era su trasero; genéticamente hablando las mujeres de la familia Vickers tenían tendencia a glúteos ovalados que con la edad solían crecer, pero socialmente eso quería decir que se convertía en alguien indeseable para los estándares y quien debía ser excluido por razones de no encajar con lo que dictaba. La castaña siempre solía considerar que si hubiera sacado el trasero pequeño de su madre sería una persona feliz, más con las piernas delgadas que la mujer de casi cincuenta años aún conservaba.

Dio media vuelta y comenzó a trotar para después aumentar el ritmo, continuando en su cabeza la frase que su primo soltó minutos antes. Este se incorporó rápidamente (pese a querer sentarse unos segundos para recobrar en su totalidad el aire) para alcanzarla con algunas zancadas. La de leggins negros con una transparencia en la zona del tobillo no le dirigió la palabra ni la mirada en cuanto este se le acercó pidiéndole disculpas, pese a considerar que su prima era la reina del drama más grande que existiese en el globo.

Continuaron dando una vuelta en silencio hasta que se detuvieron en la puerta de una cafetería pequeña pero de años de servicio al pueblo pequeño. La de orbes ámbar le encantaba el capuchino con las tortas que hacían allí dentro, considerándolas las mejores que probó en Delucia. Phill la invitó a un café rápido para recomponerse un poco, pese a que la castaña remarcó que lo que necesitaban era un Gatorade en vez de la bebida oscura. El castaño la arrastró dentro del local, el cual estaba templado (un regalo para sus pieles frías al igual que su nariz chorreante) y con una luz suave alumbrando las mesas del local. Pocos clientes se encontraban en el establecimiento en el momento en que se sentaron en una mesa para dos al lado de la ventana que daba hacia la calle, respirando entrecortadamente por el esfuerzo físico.

— ¿Es momento para decir que siento haberte ofendido? —la castaña lo miró directo a los ojos con expresión de póquer—. No quise molestarte en la manera en que se ve que lo hice.

—Da igual, lo superé en el momento en que te moviste de esa plazoleta lúgubre.

Phill intuía mejor que nadie en el mundo el humor de las personas, por lo que pudo discernir que ella seguía molesta por sus palabras aunque no lo reconocería ni siquiera con una pistola en la cabeza. Decidió que no ahondaría en ello más de lo que acababa de hacer en el momento en que la camarera se acercó a los jóvenes sudorosos para pedir la orden; la chica rubia de baja estatura se marchó con la solicitud de un capuchino con chocolate y un café irlandés.

—Estoy hastiada de estar encerrada, eso es todo.

— ¿A qué te refieres?

—Al luto constante después de que papá murió hace veinte años, Phill, a eso me refiero —los orbes de la chica se cubrieron de brillo emocional—. Ya bastante tortura es saber que está muerto y para peor debo asistir a la abuela que parece que cada veinticinco de octubre debe llorar o mi papá se enojará con ella.

—Entiéndela, es una mujer grande que perdió un marido por cáncer y un hijo en el primer incidente biológico en escala grande de la historia. A mí también me fastidia, aunque intento poner la mejor cara a la situación y acompañarla como buen nieto.

—El asunto no es solamente ese, la cima de la cuestión es que detesto sentirme miserable durante una semana entera en un fin de año. No tengo exactamente buenos recuerdos de los momentos finales de los años…

Le generaba un nudo en el estomago recordar las circunstancias más negras de su vida, como también pensar de lo que se hubiera perdido si hubiese triunfado en sus intentos de despedirse del mundo de los vivos antes de tiempo. Phill se estremeció ligeramente al escucharla decir aquello, consciente de los demonios que seguían presentes en la psiquis de Chelsea.

—No pienses en eso ahora, que estamos en la mejor cafetería del pueblo y esperando tu capuchino favorito— abrió los brazos mostrándole el lugar que conocían de sobra—. Cuéntame algo de tu trabajo o de tus amigos, si es que te quedan.

La joven lo pateó por debajo de la mesa mientras se mordía un labio con ojos traviesos; el muchacho solo atinó a controlar la risa que estaba al borde de estallarle.

—No hay mucho que hacer, salvo contarte que Dennis y yo tuvimos una noche de locura antes de que viniera aquí.

Phillip se emocionó ante aquel comentario, poniéndose de pie; comenzó a aplaudir ante los ojos de los demás clientes, quienes miraban la escena creyendo que aquel par estaba compuesto por dos locos de remate. La de orbes ámbar se sonrojó tanto que sus mejillas parecían un par de tomates maduros, ordenándole con mirada asesina que se sentara y dejara de actuar como un lunático.

—Como quiero a ese tipo, es mi favorito de todas las personas a las cuales le echaste un ojo —volvió a tomar asiento mientras hablaba en tono emocionado—. ¿Sabes que me alegro de sobremanera que él te haya llevado a tu baile de graduación? Es demasiado perfecto para ti.

Las familias de Chelsea junto con la de Dennis Atkins pedían a gritos que ambos se consolidaran como algo más que mejores amigos, pero lo que ninguna de las dos castas sabía es que Dennis era bisexual como también que buscaba (por esa vez) hombres en vez de mujeres. Su ex novia Catherine le hizo voltear su búsqueda por otros lados ya que no quería ni por asomo volver a repetir una experiencia como la que tuvo con ella.

Dennis, con sus ojos celeste cielo, cabello rubio pulcramente peinado junto con un bigote de los años treinta en el rostro, fue su compañero de baile de graduación en el momento en que ella estaba en un "tiempo" con Joe; su compañero de coche en una colina en la carretera a las afueras de Washington después del baile y ahora era hermano de filas con ella, por iniciativa propia como también deseos de traer justicia a un mundo tan podrido como en el que se encontraban. Ambos se apreciaban mucho, estaban encantados de poder entrenar juntos como también irse a tomar una copa un fin de semana que tuviesen libre con el resto de sus amigos de la secundaria.

—Basta, solo somos amigos que se acuestan ocasionalmente.

—Da igual, me encantaría que alguna vez ustedes se congeniaran en algo más que amigos con derechos.

—No y no debí ser tan topo de hablar de ese asunto tan personal contigo nuevamente.

—Ay, eres una aburrida… —Phill cogió un sobrecito de azúcar negro del montón que tenían acomodados en un plato de cerámica para arrojárselo—. Conmigo puedes confiar todo hasta el día que llegue a la tumba.

— ¿Lo que sea? ¿También si te digo que fumamos algo mágico antes de hacerlo? — dijo en voz baja; la expresión en el rostro jovial se borró para dar paso a una irritada. Phill fue consumidor de mariguana en el pasado y se lamentaba constantemente habérsela dado a probar a su prima—. No te pongas como mamá cuando discute con Parker sobre estupideces.

—Ya te dije que detesto que continúes con eso, no es broma Chelsea. ¡Además puede salir positivo en los exámenes que te hacen dentro de la BSAA! Te tomas a chiste algo que debería ser tu peor miedo.

Ahora que vivía sola gozaba de absoluta libertad para hacer lo que se le diera en gana dentro de su residencia, por lo cual fumaba cigarrillos de venta libre cuando quería en donde quería, utilizaba mariguana cuando se juntaba con el puñado de amigos que todavía conservaba o bebía bebidas blancas fuertes los fines de semana sin contemplación alguna. Era joven e inexperta, lo comprendía en absoluto, pero el estado de rebeldía que llevaba como bandera debía comenzar a menguar para centrarse en lo que de verdad importaba: el trabajo como sus estudios.

— ¡Aguafiestas! ¡Prometiste no molestarte conmigo!

—La próxima vez mejor no me digas nada… Deja esa porquería o la siguiente vez que me entere que la consumiste iré a patearte el culo como nadie lo hizo hasta ahora —suspiró frustrado—. Hablemos mejor de tu trabajo en este momento antes de que me marche a casa.

Chelsea meneó la cabeza divertida ante el fastidio de Phill; lo entendía un poco como también le parecía una decisión algo hipócrita de su parte enojarse ya que él fue quien le pasó el primer cigarrillo cuando era más joven. Vivía sola al igual que era una joven independiente, los análisis de sangre rutinarios no le daban miedo en absoluto ya que manejaba muy bien los tiempos de cuando consumir y cuando no hacerlo, tenía mucho tiempo para preocuparse como adulto de las cosas. Además: si no hacía ahora estupideces ¿Cuándo las haría? No quería llegar a una cincuentona aburrida que siempre se preguntaba "que hubiera pasado si…"

La camarera regresó con sus pedidos en una bandeja metálica brillante, depositándolos cuidadosamente frente a ellos. Preguntó si necesitaban algo más para recibir una negativa y a continuación marcharse a atender a otra pareja que pedía cerrar la cuenta.

—Cada vez se pone más intenso el asunto. Ahora que meto la nariz solamente por mi cuenta estoy encontrando mucha más mierda de la que me esperaba encontrar. —cogió un par de sobres de azúcar, los agitó para después romperlos y volcar el contenido en el pocillo blanco humeante—. Esta mujer que fue la encargada de llevar a Evelyn a las costas de Brasil no es exactamente una persona muy honesta.

— ¿La llevaban hasta Brasil? Madre mía, que lindo viaje desde Texas…

—Lo sé, pero lo más gracioso es que lo llevaban en un buque de carga como si fuera una caja de botas o algo por el estilo. La cosa más interesante de todo es que en Brasil lo iban a recibir a nombre de un cargamento de insumos de laboratorio. Es tan desquiciado que hasta me da gracia decir esto.

—Igualmente suena obvio que lo camuflaran con algo tan banal como un tubo de ensayo ya que así no levantarían la mínima sospecha sobre la actividad ilícita. ¿Pero el gobierno brasilero no está en una "caza de brujas" contra todo lo que sea de procedencia biológica?

La castaña soltó una risa sarcástica ante aquel comentario, creyendo que era algo muy inocente por su parte de creer o pensar.

— ¿Le crees a un gobierno? En Brasil hay muchas causas por asociaciones ilícitas con compañías farmacéuticas como también denuncias por tratados ilegítimos con proveedores de material biológico. Asociaciones como VBA o la ONU están presionando al poder para que sean más claros con todo lo que sucede allí. La BSAA de America del Sur envió algunos informes sobre eso y déjame decirte que la situación es mucho más turbia de lo que se puede ver. Solo los altos mandos pueden ver lo que envían y nadie más sabe de la existencia de todas esas investigaciones.

—Se supone que la gente debe confiar en el Estado, tengo que recordártelo, pero bueno. Con gente así en el poder es normal ser desconfiado.

—Eso no es todo mi joven primo —levantó el dedo índice y lo movía en el aire como si fuera un profesor dictando clases a un alumno—: esta mujer Mia, o como mejor se la conoce como Loretta Travis, fue quien movió los hilos para enviar la carga hasta allí, ya que era una conexión de Tentsu entre la rama norteamericana y la rama sudamericana. ¡Es súper interesante la similitud que tiene con una historia de espías de la Guerra Fría!

— ¿Espías o gente corrupta?

—Em, un poco de ambos —rió; dio un trago a su café para después continuar—. Según lo que pude leer del informe que obtuve el viernes antes de salir hacia aquí, es que el gobierno de Brasil quiere sofocar un problema diplomático que tienen con Argentina y Uruguay de alguna manera, y el proyecto Evelyn era la mejor forma de hacerlo. Lo infiltraban en medio de una ciudad de alguno de los dos países y dejaban que aquella cosa hiciera lo que quisiera. —se removió en su asiento—. Me da escalofríos hasta asco pensar en los estragos que pudiese haber ocasionado, en especial habiendo visto todo el ecosistema dañado de Dulvey.

—Es así como funcionan las bio armas para ellos: son simples marionetas que parecen ser la solución a todo salvo que, al final, hacen tal desastre que no les queda más remedio que pedir ayuda.

— ¿Cómo en Raccoon?

—Exacto.

El gobierno de los EUA había divulgado finalmente la verdad detrás del desastre hacia el final de los noventa, dejando al publico del globo completamente anonadado ante lo que una administración como la que estuvo en aquel momento pudo hacer; las conexiones entre Umbrella y el gobierno de turno eran simples: Umbrella se encargaba de producir la bio arma perfecta para introducirla en el conflicto del Medio Oriente que seguía en llamas, y la administración la utilizaba en contra de miles de personas solo por el mero hecho de captar las reservas de petróleo como también cantidades astronómicas de dinero. Fue un trato tan sucio al igual que maloliente que la administración no podía dejarlo salir una vez que sucedió lo de Raccoon, por eso mismo debieron bombardear la ciudad al igual que ocultar toda evidencia.

—Oye, ¿El tío este Winters lo sabe? No me imagino la cara de sorpresa que debe haberle dado después de enterarse semejante cosa de su ex mujer.

La castaña cambió el gesto en aquel momento al igual que se acomodaba el cabello detrás de la oreja, un poco incomoda ante responder aquella pregunta.

—En realidad no tuve el valor de decirle toda la verdad, primero y principal porque es mi amigo y realmente me da pena tener que soltarle otra bomba nuclear a su mundo en reconstrucción. El tipo la pasó feo en los meses posteriores al divorcio, por lo que preferí no decirle nada de ella. Igualmente, es probable que sea mejor que lo mantenga fuera de esto porque es un tema muy delicado…

—No, Chels. Es tu amigo por ende deberías comunicarle lo que su ex esposa estaba por hacer en otro país, como ella intervino con el gobierno de Brasil para disolver una disputa por Jesús sabe qué cosa al igual de quien era ella. Honestidad ante todo, mi joven saltamontes.

—Ya lo sé, en este caso la honestidad sería algo muy negativo para Ethan.

—Da igual. ¿Prefieres que se entere por alguien que cree una montaña de un grano de arena o ser tú la que le diga?

Chelsea dudó unos instantes mientras tomaba el resto del capuchino que le quedaba, considerando la idea de ser brutalmente franca con quien era su nuevo amigo; la relación no era de muchos años por lo que seguramente ocultarle las cosas sería añadir tensión a algo que no lo merecía, ya que el rubio era muy amable con ella y siempre se demostraba atento ante cualquier consulta que ella tuviera sobre su computadora o sobre un programa de diseño en 3D en particular. Recibir tanta amabilidad para dar hipocresía junto con mentiras era un intercambio que a ella no le gustaría en nada que le ocurriese. Después de todo, le pasó así antes por lo que sabía muy bien lo que era estar del lado del engañado.

Terminaron de tomar las bebidas, quedándose a charlar unos veinte minutos más después de haber ingerido la última gota de la merienda sobre la marcha que se dieron. Phill fue quien dio por concluida su estadía en aquel negocio por lo que llamó, pagó e invitó a la castaña a protagonizar una carrera hasta la casa de su tío, que es donde estaba parando en aquel momento "sabático" lejos de su trabajo. Fue un empate ya que a la castaña le dio un calambre en la pierna a una cuadra de la casa, por lo que su primo prefirió suspender el juego y dejarlo para otra ocasión.

Ingresaron a la casa de dos pisos de estilo inglés con tranquilidad, charlando sobre qué juego de la franquicia predilecta de ambos tocaría jugar más tarde.


Al rubio no le gustaba la idea de exagerar las cosas, pero en el momento en que recibió el vigésimo mensaje del día de su pretendiente locamente enamorada se sintió acosado en un nivel superior a "elevado". Esa mujer no entendía que un no significaba eso: no. Negación ante algo, en ese caso a salir con ella o intentar un movimiento romántico de cualquier índole. ¿Quién le había pasado su número telefónico y qué mierda se le pasó por la cabeza en ese momento? Sus compañeros de trabajo se desternillaban de risa cuando se encogía a la hora del almuerzo para que Rosalin no lo viera sentado e intentara acercársele, peor era cuando lo encontraba solo tomándose un café e intentaba por todos los medios quedarse cerca de él hasta con conversaciones triviales como lo era el clima.

Ethan Winters sabía de sobremanera que a él no le caían en gracias las conversaciones triviales, ni siquiera si se las daba su hermana mayor o padre y eso que amaba a esas dos personas incondicionalmente.

Ya sé que soy bastante apuesto, aunque no necesito que estén recordándomelo a todo momento, pensó sentándose en el sofá mientras encendía el televisor e intentaba encontrar algo interesante para dejar de fondo.

Cogió el portátil de metal gris que se encontraba sobre la mesa de café para continuar su pequeño proyecto personal que comenzó en el mes de febrero; simplemente era una aplicación para celulares que incentivaba a los más jóvenes a intentar programar cosas no muy complicadas, explicando paso por paso como hacer código al igual que exportarlos luego a las diferentes redes sociales. Era bastante tonto si podía ser honesto (o malo consigo mismo), pero creía que los más jóvenes necesitaban acercarse a las computadoras con un enfoque distinto a "este cacharro estúpido que me entretiene cuando no quiero estudiar".

Encontró uno de esos programas de conspiraciones que solía hacerlo reír por la cantidad de tonterías que mostraban en él y lo dejó sintonizado, escuchando la voz de un tipo con los cabellos parados como si fuera un profesor loco de dibujos animados. Hablaba sobre como los alienígenas influyeron en el pensamiento de los pueblos originarios antes de que la humanidad experimentara el avance de la civilización en términos de conocimiento, con una pasión que a Ethan le parecía un poco extraña. Dejó el mando a su lado, bajando la mirada y perdiéndose por un buen rato en su proyecto ambicioso.

Pasaron dos horas hasta que se dio cuenta que no había cenado, apenas si se levantó para coger una lata de gaseosa de naranja o siquiera duchado. Al final avanzó aproximadamente un diez por ciento más de lo que llevaba ya implementado, sintiéndose feliz con los progresos que le iba dedicando a la aplicación. Apagó el computador para ir directo al baño por una buena ducha caliente, sintiendo en el camino puntadas en la pierna derecha que ese día parecían irse para después volver y atormentarlo por un rato. Dejó que el agua caliente le recorriera el cuerpo, empapara su rostro al igual que le quitara los problemas que tenía en la cabeza.

Era uno de esos días en donde la idea de "ducha relajante" finalmente funcionaba para aliviarlo.

Aseado y con su pijama (un pantalón viejo de cuadros y una remera estampada color blanco) ya puesto fue a prepararse una sopa instantánea. No le apetecía en nada hacerse algo muy elaborado, por lo que en ese momento creyó que lo mejor para su estomago sería simplemente una sopa de tallarines con salsa capresse comprada en el supermercado. Dejó el agua sobre la estufa hasta que llegara al hervor, cogiendo a continuación su teléfono celular para perder el tiempo que le quedaba hasta tener el agua lista. Tenía unos WhatsApp de su grupo de amigos de la infancia, otro de los chicos del trabajo y finalmente uno de Chelsea, la cual solamente dejó un escueto "Hola".

Le importaba muy poco el tema de sus compañeros (¿quién habla de trabajo un viernes en la noche?), le interesaba un poco más sus amigos pero el deporte se le daba fatal por lo que dejó pasar los resultados de la NFL, contestándole a su nueva amiga.

— ¿Qué tal va todo por allí? Hoy fue un día en particular aburrido sin tus chistes raros.

Unos segundos más tarde ella entró en línea, escribiendo una respuesta.

—Oh, ya lo sé. Mis comentarios extraños sobre el yermo de Mojave son lo mejor de la galaxia. Aquí es todo lágrimas por parte de mi abuela y muy de vez en cuando de mi mamá ante las fotos de ella con mi papá, pero por lo demás todo muy tranquilo. ¿Fue interesante el día con la tableta esa tuya de vidrio o no?

Le sorprendió un poco el tema de las lágrimas aunque se abstuvo en la idea de comentar sobre ello. ¿Era necesario introducir uno? No, ya que era un dolor ajeno al suyo por lo que criticar algo de eso era ser un metiche asqueroso como también una pésima persona. De cualquier forma no evitó sentirse mal por la castaña al estar en una situación tan triste como la que tenía entre manos.

—Si te metes por el lado del dolor de cabeza, supongo que ya sabes la respuesta: una migraña abrasadora. Aunque le estoy cogiendo el truquillo a todo lo que la BSAA puede ofrecerme tecnológicamente.

—Sería mucho más interesante si nos ofrecieran eso a nivel consumidor general, ya que me encantaría jugar a la consola y ver la partida en una tele que sea solo un vidrio tan delgado como esa tableta.

Sonrió al tiempo que le daba la razón; la tetera comenzó a chillar ante el hervor por lo que apagó el fuego para luego volcar el contenido en el recipiente de los tallarines. Depositó la tetera nuevamente sobre la hornalla para contestarle.

— ¿Huelo una conspiración de los militares y la BSAA para dejar al consumidor promedio sin estas maravillas?

Se sentó sobre la mesada de la cocina; colocó un tenedor de plástico limpio dentro del recipiente humeante. El olor que le llegaba a las fosas nasales era embriagador.

— ¡Ay, mi tema favorito! —colocó un corazón al final de aquella frase—. No lo sé, realmente creo simplemente la tecnología no está lista para entrar en el mercado de las masas. Tal vez en unos diez años…

—O menos.

Dejó su móvil en el regazo, cogiendo los tallarines y sacando un buen puñado en el tenedor. Estaban todavía muy calientes, aun así se hizo el valiente al comerlos sin importarle la temperatura; al tragar con dificultad se dio cuenta que quemó su lengua junto con el paladar como un completo idiota. Soltó un quejido al tiempo que volvía a coger el teléfono y veía la respuesta de la jovencita.

—En verdad espero que sean menos, pero en fin. ¿Qué haces hoy a la noche?

—Terminar mi cena e irme a dormir ¿O planeas invitarme a más de doscientos kilómetros a salir por unas copas?

Era el viernes típico de su vida post divorcio: comer, mirar algo de TV o perder el tiempo en YouTube para irse a dormir a lo último. Si ella estuviera cerca y le propusiera aquello mismo no le rechazaría por nada del mundo, en especial estando tan mortalmente aburrido como se encontraba.

—Tan solo preguntaba, porque mi plan en este momento es terminar mi cigarrillo para después irme a dormir. Mi tío me acompaña pero es una de esas personas súper silenciosas que no te dicen nada salvo que se estén retorciendo de dolor o muriendo.

—Tú y tu vicio… Deberías dejarlo, te lo dice alguien que no paraba en los primeros dos años de carrera universitaria y que después logró quitárselo de encima.

La castaña, respirando el aire frio de la noche, bufó molesta; reconocía que era un hábito por demás desagradable pero no quería a ninguna persona que hiciese comentarios sobre ello. Al fin y al cabo era su vida… Donnovan acababa de ingresar a la casa, pidiéndole momentos antes amablemente que no se tardara mucho y que activase la alarma antes de irse a la cama.

— ¿Eres mi madre, Ethan? Porque no recuerdo que lo seas.

—Somos los dos rubios, puede que en el fondo bien profundo lo sea.

—Okey eso sí que es raro. —Ethan soltó una carcajada ante la respuesta—. Bueno, acabo de darle la ultima pitada a mi cigarrillo. No te molesto más durante tu cena.

—Una autentica lastima, ya que estoy esperando que se enfrié un poco.

Era una pena que se marchara ya que le apetecía seguir charlando por mensajes con ella. Se despidieron cordialmente, él le deseó que lo tuviese leve en el tiempo que le quedaba allí cosa que la castaña le agradeció encantada. Siempre venía en mano los deseos de que todo sea un poco más fácil en Delucia.

Ethan esperó unos momentos más a que su cena se enfriara, acabándosela en un par de bocados. No se había dado cuenta antes de que estuviera hambriento. Rondó el pequeño apartamento un par de veces, inquieto sobre lo que podía o no hacer para entretenerse. Jugar a la consola era una posibilidad tentadora pero pensaba en que si se decidía a jugar podía correr el riesgo de no despegarse hasta muy entrada en la madrugada, cosa que para su cerebro exhausto del día no combinaba para nada. ¿Tele? Siempre lo mismo. YouTube fue su opción tan solo para molestarse por la falta de videos interesantes que ver.

Acomodó un poco la cocina y se decidió por meterse en la cama de una vez por todas. Ingresó a su habitación bostezando al igual que arrastrando los pies.

Miró por la ventana unos momentos ya que se le hacía más placentera la hora de dormir observando una última vez en aquel día a la ciudad que lo acobijaba; admiró los edificios con algunas ventanas iluminadas, las casas de familia del vecindario que solo tenían las luces del exterior encendidas como también la tranquilidad de la acera en aquel momento. Hacía frio, por lo que depositó su mano buena en el vidrio para sentir la temperatura de la noche.

Su pequeño ritual cobró importancia durante sus momentos de universidad, donde lo hacía sobrio, ebrio o colocado con alguna sustancia no muy fuerte y lo mantenía ahora que era un adulto formado completamente en cuanto a una titulo se refiriera. Después… Seguía siendo el mismo chico jocoso que cuando tenía veintiún años.

Recorrió con la mirada la calle hasta percatarse de un auto negro poco usual en la manzana, reconociendo que no era de por allí al igual que no poseía una placa de identificación del automotor. Le resultó por demás llamativo que estuviera en aquel momento en el vecindario, mucho más que tuviera personas dentro a esa hora junto con la ventanilla del conductor a medio camino. De dentro del coche salía una columna delgada de humo.

¿Estarían esperando a alguien de la casa donde estaban estacionados o eran de los que se detenían para responder un mensaje? No tenía ni pizca de idea salvo que era algo irregular en ese momento de la noche. ¿Le daba un poco de miedo? Podía reconocer que no, pero en el momento en que vio salir de la ventana del conductor una lente oscura de una cámara fotográfica se sintió un poco azorado. Se alejó rápidamente, trastabillando en su retirada con su par de calzado deportivo y cayendo directo sobre el trasero. El corazón le galopaba y sentía las descargas de adrenalina en el cuerpo para emprender un escape según el sistema de defensa o huida. Quien quiera que fuera el que estaba tomando fotos al edificio donde vivía le dio un susto importante.

Se incorporó rápidamente al escuchar el arranque de un coche, asomándose justo para ver como el automóvil se marchaba a toda velocidad por la calle hasta perderlo de vista.

Apenas si me recupero de la mierda de Luisiana y ahora aparecen estos tipos sacando fotos; debo estar completamente meado por un caballo o algo que no dejo de tener sucesos desafortunados…

Apagó todas las luces del apartamento, cerró con doble vuelta de llave la puerta de entrada y colocó la alarma centralizada, metiéndose en la cama con gusto amargo en la boca después de lo extraño de la noche. Comenzó a respirar lentamente para calmar su cuerpo entero que no paraba de temblar. No pudo ver las caras de las personas que se encontraban en el coche debido a la iluminación reducida de la calle, solo la lente circular al igual que azabache que se asomó levemente por la ventanilla del conductor.

¿Alguien lo espiaba? La respuesta le era desconocida aunque la posibilidad le aterraba en lo más profundo de su ser. Se quedó dormido después de la cuarta serie de respiraciones.

Tuvo una noche de sueño malo, despertándose a cada dos horas después de sueños aterradores que lo devolvían al estado de vigilia gritando por su vida. Decidió sobre las seis treinta que ese sábado en particular no intentaría dormir más, ya que estaba frustrado de tener malditas pesadillas; se duchó bostezando a cada cinco minutos para después tomarse un café caliente que le devolvió un poco los ánimos para continuar con el día. Abrió la alacena en búsqueda de sus cereales en forma de anillo, encontrando la caja del empaque con un poco en el fondo y nada más. Se maldijo en voz alta ser tan glotón por el hecho de comer un tazón y medio todas las mañanas. Debería ir al mercado por provisiones de forma urgente…

Salvo que la perspectiva de hacerlo ahora le infundía cierto temor.


Chelsea repasaba otra vez las nuevas leyes aplicadas por varios países aliados a la OTAN en cuanto a bioterrorismo fuera, las cuales prometían duras sanciones para los países que se vieran envueltos en el uso de armas biológicas o en posesión de agentes víricos. La Ley de Butcher (el apellido que poseía el diputado que impulsó la ley era por demás extraño) prometía sanciones en miles de millones de dólares, remociones de gabinetes de poder enteros para los países perpetradores como también un desarme de los ejércitos de forma total, de la misma manera que pidieron hacerle a Alemania en el Tratado de Versalles al finalizar la Gran Guerra. Contemplaba todo agente vírico conocido al igual que estudiado y con su vacuna correspondiente ya emitida a todas las naciones del planeta. Encontró un pequeño detalle: no decía nada sobre la posibilidad de agentes bacterianos u hongos en ninguno de sus artículos.

Era un vacío legal que las empresas que se adjudicaban la creación de seres como Evelyn podían utilizar en su favor, también favoreciendo a las naciones que las acobijaban en el proceso.

La Ley Anchorena, implementada en los países que pertenecían al proceso de integración regional llamado Mercosur, contenía tratados similares a la de Butcher aunque incluía el desmantelamiento de empresas que creasen cualquier agente que no fuera utilizado para un fin benéfico de la región. De la misma manera aseguraba que los gobiernos eran capaces de ejercer un control en las empresas si así lo viesen necesario. Esta tampoco incluía agentes bacterianos; pasaba lo mismo con el Tratado Faure-Dumont dentro de la unión europea y países participantes o el acuerdo Holmberg el cual era de adhesión global.

Se sentía inquieta ante esa posibilidad de que los acusados escapasen con la suya mientras comía huevos revueltos junto con salchichas a la parrilla, un jugo de naranja y un café bajo la atenta mirada de su familia. No soltaba el teléfono móvil ni siquiera para cortar las salchichas de piel crocante, angustiada ante ese "pequeño detalle" que podía dejar a la empresa perpetradora de los acontecimientos dentro de Dulvey en libertad total.

Su mirada era de una preocupación tal que llamó la atención de su madre, tío y también primos. El llamado de atención de su tía Ana transcurría por estar usando el móvil en la mesa, cosa que para esa rama de la familia Vickers estaba terminantemente prohibido y esperaba que otras personas dentro de la misma familia acatasen igual. La mujer de cabellos negros carraspeó varias veces la garganta, obteniendo la atención de su sobrina unos segundos después del segundo llamado.

—Chelsea, las reglas en esta casa son para todos —dijo firme al tiempo que apoyaba al costado derecho del plato el tenedor—: celulares prohibidos en la mesa a la hora de comer.

La joven hizo una mueca de fastidio ante las normas estrictas de su tía, lo guardó en el bolsillo trasero de su vaquero. La tía Ana podía ser un incordio cuando se lo proponía o se molestaba por lo que no quería contradecirla y desatar al Kraken. Esa mañana tocaba ir a pasear con los demás por el pueblo al igual que visitar viejos amigos, estaría sin la posibilidad de indagar más sobre el tema por el resto de la jornada matinal. La única esperanza que le quedaba era una pequeña franja de tiempo en el restaurante de Miller, viejo amigo de la abuela Constanza quien los esperaba a todos sin excepción; después volvería a estar atareada y no podría husmear.

Continuó desayunando en silencio mientras los demás charlaban de diversos tópicos; el tiempo esa mañana era bueno, con algunas nubes atravesando el firmamento y una temperatura de quince grados como el máximo esperable para esa jornada. Aparentemente (según los informes de las noticias) el invierno que se les avecinaba sería el más frio después de mucho tiempo, con posibilidades de olas polares en más de una ocasión.

El tío Donnovan comentaba que estaba emocionado por el nuevo cliente que él junto con la tía Lisa estaban por aceptar; un sujeto prestigioso se mudaba desde Boston para instalar una sucursal de su tienda de alta costura, por lo que necesitaba tener al menos un contador en aquella zona como también una abogada por si tenía que enfrentar algún problema legal.

La de orbes ámbar se dedicaba a juntar el huevo revuelto con una cuchara cuando su madre le dio un golpecito en la pierna llamándole la atención.

— ¿Y esa cara? —inquirió en un susurro, buscando que los demás comensales no se percataran de aquella conversación privada.

—Nada, solo miraba algunas filtraciones sobre un posible Fallout para el año entrante.

Era lo mejor que se le pudo ocurrir y que podría llegar a convencer a su madre, aunque por la expresión en el rostro que tenía se dio cuenta que no mordió el anzuelo.

—Eres la peor mentirosa que encontré en casi cincuenta años de existencia, hija. Anda ¿Te vuelven a molestar por las redes? ¿O es algo más?

Chelsea dudó mucho si le confesaría a su madre lo que realmente estaba buscando, ya que esperaba no involucrar a nadie con su investigación privada que estaba segura era también ilegal; se encontraba inmiscuyéndose en casos que no le tocaban investigar y guardando datos en discos de almacenamiento externo que almacenaba en una pequeña caja fuerte en su casa, lo cual iba contra las normas en donde trabajaba y podrían acarrearle problemas muy gordos si lo andaba comentando.

—No es nada, te lo juro por mis perros. Tan solo estaba distraída con algunos posteos en Instagram y Twitter, nada fuera de lo común para un adolescente como yo.

Emily no quedó convencida del todo, de eso se daba cuenta, pero asintió levemente para a continuación proseguir con el desayuno. La joven sabía que cuando su madre no estaba del todo segura con algo siempre encontraba la manera (tarde o temprano) de enterarse de la verdad. Así lo había hecho cuando ella comenzó a salir con quien fue su primer novio o cuando comenzó a ser sexualmente activa.

Tendría que tener ojos por todo el cuerpo si quería seguir haciendo lo que construía por su cuenta.