N. del A: ¡Atención, por favor! Aquí van a encontrar escenas no aptas para menores y adolescentes (si sos mayor dieciséis puede que estas escenas ya no sean tan impresionables) por lo que recomiendo saltearlas.
Literalmente es mi primer intento de hacer algo candente con mis personajes, pero como esto es una historia de amor con claro contacto sexual entre los protagonistas (no sean ansiosos, todavía no pasa nada con ellos) debo empezar a practicar. Si: mi fuerte son otras cosas, no el sexo escrito. Por algo se empieza, ¿No? Si hay una calidad baja pido disculpas. Esto fue un simple vistazo a lo que puedo llegar a crear. El tiempo mejora todo, eso de seguro, y si la escena que está aquí dentro no llega a ser de su agrado me disculpo por adelantado, prometiendo mejorar en un futuro.
¡Gracias por la comprensión!
Ethan se molestó por sus dichos, haciéndose pasar por una mujer de treinta años a la hora de volver a dirigirse a ella el día siguiente. Si no hubiera reprimido tan fuerte el impulso de golpearlo tendría un diente menos y una nariz aún vendada. NADIE trataba mal (de nuevo) a su persona, menos un tipo que no comprendía el humor o los chascarrillos. «Es una puta sensible de mierda, que se relaje un poco y aprenda a vivir la vida sin estar llorando porque casi pierde un brazo. Peor es tener seis y ser un monstruo de mierda capaz de matar a una escuela primaria completa.» Nuevamente pecaba de orgullo, cosa que continuaba conversando con su psicóloga favorita para intentar resolver; caía sin creces nuevamente en los mismos obstáculos dejando ver el monstruo dorado del orgullo malsano.
Chelsea no se dignaría bajo ningún concepto a pedirle disculpas por algo que ella no malinterpretó ni mucho menos.
La castaña era así y si al tejano no le gustaba pues que se fuera a tomar por culo. Creía ser muy clara con sus intenciones desde el primer momento: no dejaría de hacer comentarios sarcásticos o su adquirida personalidad acida por nada ni nadie; ya lo hizo en el pasado por las personas equivocadas, resultando en un desastre que solo la perjudicó a ella. Si no lograba entender cómo era o se quejaba cada vez que decía algo, pues no era su amigo después de todo. Mantenía relaciones con gente de hace más de seis años y ninguno mostraba queja alguna. Se habituaron a su forma de ser, hasta les gustaba cuando soltaba algún chascarrillo sarcástico cuando la ocasión lo ameritaba. Se reían sin sentirse agredidos por sus palabras.
Poseía el visto bueno de sus conocidos más cercanos como también de sus dos personas favoritas en el mundo: Sherry y Moira. ¿Qué más podía pedir?
A decir verdad nada, ni cambiaría ni tampoco se haría problema por los sentimientos de un tipo sensible que se divorció hace poco. Ella la pasó peor en algunos aspectos y se recuperó en cuanto pudo ponerse a ello… si es que el bastardo la dejaba. Si necesitaba más citas con el psicólogo pues que se las consiguiera.
Se adecentó el vestido floreado que llegaba hasta pasados los muslos, color crema con unas hermosas rosas rococó y hojas en el mismo. Le cubría los brazos hasta pasado la mitad de su pulgar; ¿Por qué esas prendas tan largas eran algo tan confortable? Era un toque primaveral en el frio invierno de DC, pero esa noche saldría por lo que decidió llevarlo puesto no importara la temperatura. ¿Se mearía del frio? Podía ser, sin embargo se lo aguantaría. Movió sus piernas comprobando lo bien que le calzaban las botas de caña alta, las cuales pasaban la rodilla, de color beis con tacón cuadrado el cual le daba al menos cinco o seis centímetros más de altura. Poseía brillos adheridos al mismo, giró nuevamente considerándose un bombón de primera fila.
Se rizó el cabello con ayuda de su amorosa hermana mayor, quien luego lo peinó para desarmar los risos excesivamente rígidos dejándole unas ondas sensuales en su melena achocolatada. Maquillaje suave en tonos amarronados era el complemento infaltable, dejándole lugar a un labial rojo furioso el cual era su favorito. Esa noche quería divertirse con la gente de toda la vida, en especial que era el cumpleaños de Jeremy y le había sugerido invitar a alguien de su lado ya que no tenía una pareja en ese momento. Como Ethan estaba en sus días de ser sensible se decantó por Dennis, de quien esperaba tener un encuentro de sexo casual al final de la fiesta.
¿La volvía loca? En realidad no, simplemente le encantaba esa caballerosidad como la dulzura a la hora de hacerla sentir una mujer joven con vitalidad a derrochar. Sus manos grandes como suaves siempre se paseaban por las curvas de sus caderas generándole un cosquilleo en el estomago muy agradable… También sabía usar muy bien el arma natural que le dieron a la hora de concebirlo. Le encantaba la estética retro de su persona, siendo un ávido seguidor de los años treinta quien imitaba constantemente los conjuntos como también el estilo masculino de dicha época. Siempre que tenía la oportunidad le recalcaba lo gracioso que era el bigote pequeño en sus labios; cuando se embriagaba cerca de él solía colocarse un mechón sobre el labio superior y jugaba a hablar como él.
Además era paciente con ella, demasiado si podía ser honesta.
Jugueteó con su pelo una vez más saliendo de la habitación de Moira, quien se arreglaba el cabello corto para dejarlo en una estética más atrevida a la usual. Enfundada en unos vaqueros los cuales simulaban ser cuero de color negro, junto con una chaqueta en color rojo con el cierre que atravesaba el pecho de derecha a izquierda, estaba atrevida como también sensual. Atrás quedaron los momentos en donde se vestía shorts demasiado cortos con medias de nylon negras o faldas demasiado ajustadas tan solo para volver loco al viejo Barry. Las botas hasta el tobillo con plataforma eran las favoritas de la castaña. «Es una lástima que la muy zorra calce menos. ¡Mierda, amo esas botas!»
Al verse mutuamente silbaron al unísono. La vibra de los setenta de su amiga se le antojaba adorable, mientras que la onda rockera usada por la mayor era exactamente el estilo que ansiaba imitar. Moira le cogió una mano haciéndola girar delante de ella. En la zona del bar Jeremy y Dennis soltaron sus respectivos halagos al par listo para divertirse.
—Mírate nada más: la niña adorable de las trencitas ahora es una mujer sexy lista para menear las caderas —exclamó para luego aplaudir, volteando e incitando a los caballeros a hacer lo mismo—. ¿Qué hombre no caerá rendido ante su presencia?
—Claramente yo no —replicó Jer, que encendía la batidora en el proceso de preparar tragos—. Se lo dejo al abuelo aquí a mi lado ya que tengo una prometida hermosa.
—Siempre caigo yo. ¿Es que no puede ser otro?
—No —replicaron los tres juntos.
—Hoy mi hermosa hermanita va a hacer el baile de apareamiento para atraer a algún candidato —le cogió por los brazos y estrechándola en los suyos—. Solo espero que sea digno de no merecer que le patee el culo.
—Imposible, el sexo masculino siempre va a ser estúpido.
Dennis protestó al fondo, dándole un trago al Cuba Libre destinado para su amiga. Volvió a escupir el contenido en forma de venganza. Chelsea le levantó el dedo medio mientras que Moira dejó escapar una mueca de asco en el instante donde la de ojos ámbar bebía sin problemas del mismo.
—Eres un asco, cielito.
—Hago peores cosas con él. Su saliva está en mi registro desde hace mucho. ¿Qué Jer no te hizo eso nunca?
La otra soltó una risotada. Jeremy se acercó con un poco de vodka y jugo de naranja para su bella futura esposa.
— ¿Podemos ahorrarnos las charlas sexualmente explicitas? Polly va a venir y seguramente le contará a Barry todo lo que se diga en este lugar. Bastante con que el pobre tipo tiene que saber que yo le propuse matrimonio a su hija mayor.
Los cuatro rieron. No era secreto que entre las hermanas Burton Polly era la informante de Barry frente a cualquier cosa. Chelsea lo aprendió a duras penas una vez en la cual su madre la castigó un mes sin salir por haberse hecho el primer tatuaje de todos con respecto al Fallout sin avisarle. Tachando la lista de las personas a las cuales les informó del hecho, Polly fue la más probable a la hora de abrir la boca. Desde ese momento no contaba mucho con ella a la hora de ser confidente; Moira era la tumba necesaria para cualquier secreto a contar. Salvo… «Salvo los que duelen demasiado para que se entere. O si lo hace va a descuartizar a la otra parte pese a que sería divertido verla matarlo sin asco. »
La Burton mayor encendió el estéreo de su living mientras instaba a su amiga a seguirla a un rincón un poco apartado. Deseaba preguntarle algo que le quemaba por dentro desde que vio algunas cosas raras, sin embargo esa noche no se cumplió en lo más mínimo. Chelsea se paró frente suyo dándole otro trago a la bebida, la cual se encontraba en su punto favorito sin importar las cosas asquerosas hechas por su amigo.
—Creí que traerías al nuevo en vez de la carta de hace ochenta años. Te juro que me sorprendiste.
—Jeremy pidió un invitado y seleccioné al mejor de todos. ¿Por qué?
—No lo sé —titubeó antes de soltar lo que tenía en la cabeza—, pensé que Ethan estaría aquí. Últimamente veía más publicaciones en Instagram de ustedes dos juntos que cualquier otra cosa.
Chelsea exhaló molesta al pensar nuevamente en esa persona.
— ¿Podemos hablar de otra cosa? No tengo ganas de pensar en él hoy que planeo divertirme.
El gesto de su amiga se descompuso dando paso a una ira creciente.
— ¿Te hizo algo?
La calmó a sabiendas de que era capaz de coger el coche e ir a darle una buena lección por su cuenta, sin mediar palabra de por medio.
—Calma. Solo se ofendió porque no entiende mi sentido del humor. Al parecer le duelen algunas respuestas o comentarios míos, es un flojo de mierda.
Respirando hondo un par de veces, Moira volvió a su estado anímico anterior.
—Nena, vienes tu y luego el acido sulfúrico en escala de pH.
Rieron; no le extrañaba el hecho narrado ya que comprendía en exactitud los sentimientos que un extraño podría tener con respecto a algunas contestaciones de Chelsea. Cuando fue desarrollando aquella personalidad no había momento en los cuales no chocaran, sin embargo se adaptó a la nueva Vickers no sin llevarse algunos chascos. Le parecía hasta normal descubrir que la nueva amistad de la castaña se hubiese sentido hasta insultado por ella.
Al final de cuentas todos los nuevos siempre lo hacían.
—Gracias, es un halago de mierda pero lo tomo igual. —Otro sorbo del trago—. Madre, hoy quiero olvidarme del drama innecesario bebiendo hasta que no recuerde quien soy y acostarme con el rubio que viste como mi abuelo al acabar la noche. Te lo confieso sin asco.
— ¿Y si finalmente resuelven las dudas y forman una pareja? Tanto sexo en una amistad se vuelve perjudicial. Mira a mi hermana con Thomas.
Polly tenía los aires de ser una carmelita descalza, sin embargo poseía un lado salvaje del cual solo sabían su hermana y Chelsea. La relación con Thomas comenzó de una forma no tan santa: sexo puro y lujurioso cuando podían, enfriándose poco a poco para dar paso a una bonita relación con mucho cariño de por medio. La menor de las Burton tenía un historial de salvajadas salvo que sentó cabeza una vez que sus sentimientos por el moreno afloraron.
—Ninguno quiere nada serio. Estamos bien así y seguiremos de esa forma pase lo que pase. Además: entre los dos tenemos algunos esqueletos en el pasado que todavía nos dan dolores de cabeza.
—Sigues sin convencerme de nada —aseguró luego de gesticular un movimiento para volver con los otros dos—. Eres la peor mentirosa de todas, no quedan dudas al respecto.
La joven se detuvo un momento con el ceño fruncido. ¿Es que todos querían que formara pareja con él?
—Es mi amigo con derechos, Moira. No le intereso para ser su novia.
¿Dennis reveló públicamente que era bisexual? Si no lo hizo no abriría la boca bajo ningún término para salvar su pellejo de ser la burla constante de sus amigos. La aludida la miró con una ceja enarcada junto con una sonrisa ladina; le creía tanto como que los cerdos volaban al sur para pasar el invierno. El timbre sonó, Jeremy atendió a Polly junto con su pareja y otro grupo de amigos que llegaban detrás de ellos.
La música subió lentamente de volumen mientras que las personas llegaban; Chelsea no le importó nada más en el momento en que el trago comenzó a surgir efecto desinhibiéndola de todo pudor. Uno de los motivos por el cual era querida en el grupo de los amigo mayores era por ser el alma de la fiesta una vez que perdía las ataduras de la seriedad.
Tragos vinieron y fueron en la ruta de las manos jóvenes, algunos llevaron algo para comer mientras bebían sin mayores controles. Las papas fritas con sabor a queso cheddar eran sus favoritas; sin darse cuenta se comió un paquete de doscientos gramos ella sola. Marcharon al club donde tenían una plaza VIP asegurada para ellos en la celebración de Jeremy, no sin antes abrigarse bien para no sufrir una gripe unos días después. Llegaron al lugar un rato después gracias a los conductores designados; los pobres tipos beberían gaseosas o jugos mientras los demás la pasaban fenomenal.
Sin embargo había un dicho el cual decía: "No es necesario beber para divertirse".
Formaron fila fuera con el agradable frio glaciar de principios de febrero. Comenzaban a llegar los reportes de una oleada de frio casi polar para la semana que cursarían. Con un tapado negro largo y cogida de la mano tibia de su "amigo con derechos" se la pasó bromeando con los demás acerca de cuanto tema tuviese lugar mientras esperaban ingresar. No hubo reparos: desde tópicos explícitos hasta sobre los gorilas que custodiaban la entrada del club.
Sin desaprovechar el momento encendió un cigarrillo antes de entrar, a sabiendas de las prohibiciones no tan cumplidas por parte del lugar bailable. Claramente a sus conocidos más allegados no les hacía gracia pero soltó un chiste tan bueno acerca de ella con el tabaco que no pudieron hacer más que reírse. Su apuesto amigo le apretó suavemente la mano en un momento para acercar sus labios al oído y pedirle que por esa noche no encendiera ni uno más; Chelsea lo miró divertida al tiempo que soltaba "si pudiera te fumaría a ti también" con tono meloso. A quien fue dirigida aquella frase soltó una risita algo incomoda.
El alcohol finalmente a dominó aéreas claves de su actitud. Años con ella y melosa era realmente insoportable.
Una vez en el primer lugar de la fila bajo un cielo estrellado, el anfitrión dio su nombre como también el número de reserva del piso con balcón hacia la pista de baile. El hombre con una musculatura enorme comprobó en un listado especial para luego correr la banda de terciopelo rojo dejándolos entrar. Mientras pasaban Dennis le aseguró sin duda alguna que el tipo rudo con músculos que parecían ruedas de un camión, era gay. Ante la sorpresa del comentario se lo quedó mirando con cejas levantadas, pidiéndole una explicación.
—Lo conozco de varios bares a donde frecuento. Tiene una pareja muy mona llamada Mark.
— ¿Ves por qué me encanta tenerte a mi lado? No sé qué haría sin ti.
El muchacho soltó una risotada. Pasaron por una sala anterior al ingreso al centro del local, donde una chica se encontraba tras un mostrador por si los invitados deseaban depositar sus abrigos ante el probable calor infernal de dentro. En un momento dado Dennis le cogió una nalga justo cuando volteó para avanzar estando distraída. La recibidora del gesto le cogió la mano colocándosela rápidamente en la cadera.
—Eres un atrevido, ¿Lo sabías?
—Te encanta mi desfachatez, no lo niegues.
—No niego ni afirmo.
Se abrieron paso por el gentío de jóvenes quienes bailaban al ritmo brutal de God's Plan de Drake que sonaba sin reparos por los altoparlantes. Esa canción sacaba el lado bailarín de la joven, quien fue dirigiéndose a la escalera por donde subía el resto meneando el cuerpo. ¡Vaya! ¡Qué canción de locos! Subieron prestándole atención a los escalones pequeños y empinados frente a sus ojos. En la oscuridad todo empeoraba.
Al llegar fue recibida por una copa de champaña fría, la cual sabía dulce y se convirtió en su kriptonita esa noche. Lo mejor (o peor) era que tendría un grifo abierto toda la velada; fluía como agua en un rio esa velada gracias al dineral pagada por el anfitrión, quien se acercó al balcón a menear el cuerpo con el beat especifico de la canción al tope de las listas en el país.
Se bebió toda la copa de un trago para luego pasar a otra. Polly la observaba atentamente y cuando estaba por finalizar la segunda se le acercó amablemente para pedirle que no fuera tan rápido. Inconscientemente se pasaba siempre por lo que intentaría evitar algún episodio pasado con la joven siendo llevada a rastras por la cantidad ingerida, o en las múltiples peleas de bar en donde la cosa escalaba muy rápido a un problema donde intervenían las fuerzas de la ley.
Le cogió una mano con dulzura junto con una sonrisa falsa impresa en sus facciones.
—Polly: no me jodas, hoy quiero perder un poco la conciencia.
Diciendo esto fue por más. No necesitaba un sermón todas las veces que consumiera. Parker la llamó horas antes de marcharse de la casa para pedirle autocontrol, a lo cual obviamente aseguró que así sería pese a decir internamente "sí, claro. Esta es mi noche y no pienso detenerme". ¡Tanto tiempo sin ir con ellos a una jodida fiesta o algo! A veces los adultos eran demasiado aburridos…
Bailó alocadamente cerca del área de descanso de la planta alta, donde se encontraban unos sofás modulares en colores rojos, azules y verdes, combinando la iluminación especial la cual brillaba a todo lo que daba. Siguió bailando con la mejor amiga de Jeremy, Lucy, la cual llevaba su melena negra en un moño a las apuradas. En el lugar cerrado con muchas personas dentro la temperatura fue en aumento, y con el cabello suelto que le llegaba hasta los hombros sintió una capa de sudor en la nuca que comenzó a extenderse por el resto de su cuerpo. Lo acomodó a como diera lugar para continuar la danza de música popular con el grupo al que conocía de años.
Moira arrastró a su amiga a hacer el espectáculo memorable cerca del borde del balcón, hirieron el tonto en más de una ocasión. La pasarían bien sin importar lo que aconteciera. La canción de ese momento acabó dando paso al típico sonido de un local bailable: dance y electrónica. Tiësto hizo su entrada triunfal con Secrets, favorita de la castaña, la cual soltó un grito eufórico moviéndose de un lado para el otro de manera un tanto excesiva. El grupo de jóvenes se le aproximó, las botellas comenzaron a aumentar en nivel; los conductores designados tenían su cuota de gaseosas o jugos aunque se divertían como sus pares con volumen etílico en sangre.
Pasó una hora en donde la joven no paró de tomar champaña. Se encontraba mareada en un nivel pronunciado, algunas "s" se deslizaban más de lo debido o entraba en una euforia excesivamente pronunciada. Nadie se quejó pero Moira y Polly comenzaron a echar un ojo más atento sobre ella. La rubia fue llevándose de su poder las copas o los tragos que ordenaba mientras podía o se encontraba distraída; la castaña se acercaba inocentemente con un poco de jugo ya que dentro estaba muy cargado siendo esencial una correcta hidratación.
La música cambió de ritmo nuevamente esa noche: a las dos de la mañana comenzaba a sonar algunos temas de pop y Trap. Nadie evitó cantar al ritmo de Havana, la canción más popular por la voz sensual de Camila Cabello.
En ese preciso horario fue el pie para comenzar a ejecutar danzas más sexys que incluían movimientos de cadera lentos y provocativos, piernas más separadas las cuales se movían poco aunque con un aire y sensuales movidas de cabello. Dennis se quedó mirando hacia otro lado apoyado en la barandilla unos segundos para recobrar el aire, escrutando con la mirada al público que meneaba las caderas con la misma intensidad de su amiga borracha. Vio ingresar más gente como también marcharse; era un flujo constante de jóvenes los cuales buscaban pasar un momento agradable con tragos y música en el medio. También ligar con algún desconocido o tener un encuentro casual con los mismos.
De todo el gentío que ingresaba distinguió rostros conocidos de la BSAA junto con ex compañeros de secundario. Le sorprendió encontrar a Marshall Jones con Isabella Tarantini juntos en un club como aquel; siempre frecuentaban lugares más tranquilos con música un poco menos ruidosa; Liam Marini hizo acto de presencia con su novia Samantha Frost y un grupo de amigos que antes jugaban básquet en las clases de educación física; viró el foco de atención a su adorada amiga quien bailaba de una forma sugerente sin prestar atención a nada ni nadie, no habría problemas esa noche o por lo menos no notó a los recién llegados. ¿Algún día se amigaría con ellos? Ni siquiera él, quien era su mano derecha en prácticamente todo, sabía a ciencia cierta porqué se enfadó.
Una posibilidad era la rotura del código de amigas por parte de Sammy al salir con su ex novio (solo cinco meses de pareja bastaban para que Chelsea se negara a dejarte salir con su ex) casi al final del último año.
Del trabajo vio algunos de los chicos de informática quienes se acercaban hablando con uno de ellos en el centro, visiblemente asombrado de estar allí metido. El aludido miraba en todas direcciones casi como si estuviera en alguna nave nodriza, o en una tienda de golosinas con diez años de edad. Lo reconoció en ese instante por las fotos que vio de su amiga el primero de enero pasado.
El recién llegado pareció notar los ojos azules posados sobre él, girando su foco de atención de forma instintiva hacia el aparente lugar de donde provenía la incomodidad; fue tan poco sutil que pasó la mirada a Chelsea, asombrándose sin ocultarlo de forma cómica. Ese fue el momento en donde decidió alejarse de su lugar ya que percibía los ojos del otro tipo mirándolo intensamente una vez su amiga dejó de ser importante para el otro. Fue por un trago de frambuesa a la barra exclusiva del lugar.
Ethan no estuvo seguro sobre la idea de salir a un club justamente en el febrero más frio de los últimos diez años, pero cedió ante las insistencias de Darío y Tim con el lema "no puedes encerrarte solo porque es invierno" o "disfruta de esa soltería de una buena vez". Supuso que sus amigos le estaban intentando hacer un rescate especial como si se tratara de un naufrago, quien vagaba sin rumbo por un océano azul sumamente profundo luego de un terrible naufragio. Necesitaba volver a vivir, y si de algo servía hasta en Texas le pedían a gritos por la idea de salir a tomar algo con alguien, fuera hombre o mujer, a divertirse. Walter hasta amenazó con ir a cogerse un vuelo para llegar a su nuevo lugar de residencia y darle una patada en los testículos si no se movía; debía dejar de posponer todo para después, porque si algo aprendió de salir vivito y coleando de Luisiana era que la vida era tremendamente preciada.
Así como la tienes, más rápido aún pueden arrebatártela con una pala, una moto sierra, o un lunático con calva que olía a mierda y te trataba como una.
Poder salir podía, eso era obvio; sin embargo lo aceptaba: se convirtió en lo que siempre odió de la noche a la mañana. Les dio la razón luego de meditarlo un ratito abrazando a su gata, aceptando la responsabilidad de tomar las riendas de su vida social nuevamente. Solo serían unas copas, lo acordado siempre estuvo en pie en su cabeza, y volvería a su apartamento en un horario razonable acostándose en tranquilidad luego de una velada placentera con sus colegas de trabajo.
Cuando quiso darse cuenta de los hechos se encontraban caminando por la acera yendo en dirección a un club el cual no conocía. La música proveniente del interior podía ser escuchada a una calle de distancia. Se pasó con las cervezas negras, sus favoritas, y ahora iba a bailar con el grupo de chavales provenientes del trabajo. ¡Qué loca era la vida!
Conoció a la flamante Suzie quien era un encanto de persona; contaba chistes de salón malísimos salvo que al final uno terminaba riéndose por lo tontos. Edwin y Orlando esperaban en la fila del exterior charlando entre ellos, oficiando de "guarda lugares" así el grupo lograba ingresar de manera más pronta. No faltaron las protestas de los demás esperando fuera al ver al tumulto de gente posicionándose delante de ellos, aunque Edwin conocía al gorila de la entrada ya que era viejo compañero de la escuela secundaria. Se lo comentó al grupo de recién llegados cuando un tipo alto de cabello negro se quejaba a viva voz sobre la intromisión de los demás, quien fue silenciado por un comentario molesto de Ethan un poco alegre.
Esperaron un rato más fuera ingresando alrededor de las dos treinta al lugar bailable.
Perdió la costumbre de los años locos sobre la oscuridad de un club nocturno de baile, se pudo dar cuenta de ello en el instante preciso cuando una pareja de jóvenes, acompañados por un envenenamiento etílico alto, chocaron contra él en el proceso de salida. Casi les pide disculpas salvo que ellos ya estaban en la acera riendo y empujándose. «Ah, la juventud… Lástima que ya tengo treinta.» A veces tenía un conflicto interno entre su pasado jovial de salir de parranda cada fin de semana y su vida actual de persona responsable, divorciado y con un empleo que estaba resultando demasiado estresante. Mas veces de las que estaba dispuesto a admitir ganaba su lado más "Marion", por desgracia.
«Que mierda… ¡Hoy me voy a divertir a como dé lugar!» Le importaba un rábano cualquier cosa que pudiera surgir en el medio: esa era su noche. Podría conocer a una mujer linda con la cual conversar, probablemente comenzar una relación en el futuro y hasta presentársela a los terribles padres… O no. «Volvamos mejor a tierra, demasiado ensueño por hoy.» Siguió a su grupo hasta situarse en el medio del mismo, mirando hacia todos lados en búsqueda de una cara conocida. Registró toda la estancia colmada de personas, deteniéndose un instante en una de los balcones. Un sujeto alto, apuesto y con un peinado hacia los costados lo estaba mirando fijamente; le resultaba extrañamente familiar aunque también lejano como un mal sueño.
Alguien tenía relación con él y con el extraño observador; viró la mirada un momento descubriendo el nexo.
Su amiga meneaba las caderas de una forma atrevida, importándole poco la opinión de las demás personas en el VIP donde bailaba. Por lo poco visto (junto a la pésima iluminación) se la veía despampanante, el vestido suelto brillaba con las luces ultravioletas del lugar. Ni siquiera en ese fin del dos mil diecisiete la vio tan alocada; algo de él le recalcaba lo interesante de verle disfrutar sin inhibiciones de la noche. Era extraño verle así después de una semana de mierda donde no se atrevió a dar su brazo a torcer. Ethan estaba en lo cierto y era demasiado cabeza dura para ir a decirle "oye, me pasé un poco y te pido disculpas". Volvió su mirada al muchacho quien continuaba observándolo detenidamente, para luego alejarse de la barandilla de metal cromado.
¿Quién era? Seguramente eran conocidos porque se encontraban en el mismo lugar, no hacía falta ser un detective de Scotland Yard para deducirlo. Algo descocado por la presencia no esperada continuó en dirección a su grupo, quienes se encontraban charlando pegados a la barra de bebidas. Orlando pedía una ronda de shots de vodka para el grupo, invitaba él debido a la promesa de hacerlo si Ethan se dignaba a poner su culo en el club. Le entregaron un vaso pequeño a cada uno, lo tragó rápidamente evitando la quemazón intensa del líquido incoloro. De fondo música actual sonaba sin penas ni glorias; no conocía al autor debido a su preferencia de otras cosas.
Tim, quien cogía la mano de su pareja con dulzura, le sonrió al acabarse su ronda.
— ¡Esa es la actitud, hombre! —exclamó haciéndole un gesto al cantinero para darle otra—. Me agrada que hayas aceptado. Todos teníamos dudas sobre si estarías a la altura de la situación.
« ¿Es broma? ¿Todos estos críos le hablan al "tragador" profesional? Debo enseñarles a respetar a los veteranos.» Una vez recibió la nueva ronda la ingirió velozmente. En la ronda aplaudieron y vitorearon la hazaña.
—Ustedes no saben con quién hablan. —los señaló con su dedo acusador, echándose a reír después—. En la universidad las fiestas pasaban primero por mí y después el resto se sumaba.
Darío silbó asombrado.
— ¡Buena, jefecito!
—Seguro se las follaba a todas este ganador —convino Steven.
—El popular de la fraternidad, no se diga más.
— ¿Seguro que debo tragarme eso? No te creo nada, Eth.
—Es que ustedes no me tienen paciencia ni respeto —balbuceó al tiempo que pedía otra ronda comunal; esa vez iba a su nombre. Todos se miraron con una sonrisa disimulada en el rostro—. Seguro me ven como el divorciado aburrido que soy ahora. ¡Pero créanme! Los barriles de cerveza no duraban nada conmigo alrededor.
—Cuesta creerlo, lo admitimos.
— ¿Ven? —meneó la cabeza divertido—. Tienen que prestar atención a sus mayores, niños. Aprendan de ellos.
El grupo estalló en carcajadas. La estaba pasando fenomenal, todo lo acontecido se le estaba volviendo más y más divertido conforme pasaban el tiempo o los tragos. Varias rondas después comenzaron a bailar sin más inhibiciones. Veía muchas mujeres hermosas quienes lo miraban de forma sugerente; ¿Cuánto tiempo pasó de la última vez que ligó con una? Uf, ya perdió la cuenta. Era libre ¿No? Podría entablar una conversación tranquila con alguna de ellas y ver que surgía.
La vida continuaba después de Mia. Su vida continuaba después de ella.
Arriesgar el culo para nada, por una sinvergüenza que lo hizo pasar la peor de las humillaciones frente a desconocidos. Ahora era una persona distinta, menos crédula que el enamoradizo y estúpido Ethan del pasado. Era otro, quien podía hacer lo que se le viniera en gana; ya no se metía en un viaje de cientos de kilómetros para encontrar al aparente amor de su vida, perder una mano como también su humanidad. No, ese idiota se esfumó una vez que firmó el acta de divorcio. ¿Qué haría para celebrar ese nuevo comienzo?
Buscar a alguien para pasar el rato; se merecía un poco de acción una vez al mes. Él solo no bastaba, necesitaba encontrar una compañera con la cual disfrutar de la vida… Al menos un rato de la misma.
No se dio cuenta de la aproximación a un grupo de señoritas ni tampoco como una de ellas lo encaraba. ¿Tan pasado se encontraba en ese punto?
Seguía vislumbrándose en su mente una imagen, no importara que estuviera bailando con una morena de cabello negro, buen trasero y de baja estatura. Unas caderas espectaculares meneando en la altura lo perseguían sin descanso ahora que se encontraba con cierto estado de ebriedad. Un vestido fluorescente con un cabello repleto de ondas libidinosas, una mujer libre de hacer cuanto le diera en gana. «Una mujer con un carácter desagradable y comentarios fuera de lugar, pero que ofrece su corazón a alguien que no conoce.» Basta, ahora estaba en otra cosa: esa fémina quien echaba su trasero más cerca de su propio cuerpo. ¿Cuándo pasó? ¡Uf! No tenía idea, salvo que la mujer se veía despampanante con un vestido de lentejuelas ceñido al cuerpo y tacones aguja de esos que volvían loco. Preguntó su nombre un vez que esta se volteó a encararlo.
—Valerie, ¿Y tú?
«Hermoso nombre para una muchacha sensual.»
—Ethan. Encantado.
Valerie se arrimó más; sus camaradas de juerga miraban la situación a lo lejos, comentando sobre las dos partes en un momento tan crucial. ¡Qué suertudo el tejano!
— ¿Qué te trae por estos lados, Ethan?
«No tengo ni puta idea. Una nueva vida quizá.»
—Nada en especial. ¿Frecuentas mucho estos lados?
La morena se echó a reír de forma sugerente.
—Más de lo que podría admitir. ¿Qué edad tienes?
—Treinta, ¿Tú?
—Veintiséis.
«Soy un cabrón, me las busco más jóvenes desde que tengo memoria…» No era tanta diferencia; los demás deberían guardar sus opiniones en los bolsillos ya que a él no le importaba. No necesitaba una edad determinada de dos años menor para salir con él, o liarse con.
— ¿Sabes? Tengo la impresión que tú quieres lo mismo que yo: una noche rápida y sin implicaciones a largo plazo.
La miró con una sonrisa ladina, eso sí que era acelerado.
—Puede que sí y puede que no. ¿Qué tal si lo averiguas?
La otra sonrió de forma atrevida, paseó sus manos por los hombros enfundados en su infalible chaqueta de cuero negro. Hombre con clase, sin duda alguna. Sería una linda experiencia si se lo permitía. Fue él quien quiso enterrar los demonios del pasado como las imágenes que se repetían cual película infinita en su cabeza, aproximando el rostro al de ella.
Y la besó.
Veía todo de forma extraña, como si estuviera bajo el agua; la cabeza parecía al borde de estallar de tanto bailar y beber alcohol como una desquiciada. Pasarla bien siempre tenía sus consecuencias por lo que se quedó aferrada a la barandilla con deseos de soltar un poco de liquido dentro de su estomago. «Mierda, otra vez me siento mal.» Nadie podía culparla ya que bebió de nuevo más de la cuenta; la única responsable era Chelsea Vickers de la borrachera de Chelsea Vickers. Tosió un par de veces, respiró profundo otro par para finalmente mirar hacia el frente donde ocurría otra fiesta. Los balcones esa noche se encontraban repletos, se veía a la legua que los anfitriones de cada uno querían lo mejor de lo mejor aquel sábado en la noche.
Tosió, tragándose el acido contenido gástrico que pugnaba por salir; se le apetecía un cigarro. «Dennis me pidió que me detuviera, y si quiero hacerlo con él va a ser mejor que le haga caso.» Si, podría no consumir nicotina dentro del lugar bailable (estaba prohibido por ley nacional fumar en lugares cerrados, aunque NADIE dentro del club hacía caso a lo establecido en la misma) pero le costaría un buen revolcón con su amigo. Si se iba fuera a "tomar aire" encendería uno, sin cometer una infracción ni fastidiar a su amigo con derechos… O a los demás quienes le controlaban cada instante de la noche.
Mierda, era realmente incomodo ser el puto centro de atención cuando precisamente intentaba evitar eso.
Comenzó a pasear la mirada por las cabezas bajo sus pies generando en la cabeza una buena escusa para salir a "respirar aire puro". Creía discernir una mayor cantidad de público femenino que masculino, la mayoría del mismo vestía igual o más fresco que ella. Sin dudas era la regla de siempre: vestir provocativa para llamar más la atención. Esa noche se sintió con deseos de vestir haciendo una clara referencia a la moda de mil novecientos setenta, no se enfundó en shorts negros demasiado ceñidos o tops. «Basta, no estoy en posición de juzgar y menos en mi estado.» Sonrió de forma estúpida para luego sentir un toque suave en el hombro; volteó y sonrió al mejor amigo que podía tener.
Este le tendió un batido de naranja repleto de hielo molido en búsqueda de disminuir la intoxicación alcohólica. Lo aceptó bien a gusto ya que deseaba deshacerse del gusto asqueroso dentro de la garganta.
—Eres un encanto, ¿Lo sabías?
El aludido rió.
—Siempre dices lo mismo cuando estas ebria. Y si, lo sé desde que te conozco.
Lo abrazó con fuerza; fue correspondida sin ninguna objeción.
—Rrrealmente no ssé qué haría ssin ti, D. Eres el mejorrr amigo de la viddda que podrrría pedir.
Allí iba de nuevo. El rubio apoyó sus caderas contra la baranda mientras cruzaba sus brazos de forma paciente.
—Yo tampoco comprendería el sentido de la existencia si no estuvieras con nosotros hoy, Chels. Descuida, no es momento de hablar de cuestiones filosóficas.
—Ay, erres un aburrido… —dio un trago largo; se atragantó al final del mismo—. Si no follaras tan bien te tildaría de abuelo.
— ¿Lo hago? Guau, el mejor cumplido para mi masculinidad, sin dudas. —La miró con deseo—. ¿Tu casa o la mía?
— ¡Uf, que pregunta! —Lo picó—. La mía, seguro están tus padres muy atento a la hora que llegas.
—Mira cielito: si llego con una vagina a casa se pondrán felices. Es lo que buscan desde que les comenté sobre el culo de uno de los compañeros de papá.
—Tú también… Pobres almas sin descanso. ¡Igualmente creí que lo aceptaban!
—Lo hacen, pero recuerda que soy hijo único y el deseo de tener nietos de forma "natural" prima más que cualquier grato deseo hacia mí saliendo con un hombre.
—Es una lástima que piensen así. ¿Qué hay si decides no darles ese gusto?
—Nada, igualmente está presente siempre que hablamos en la mesa, o tomando un café de merienda.
Le pasó una mano comprensiva por su hombro ancho y musculoso. Se la cogió con suavidad, llevándola a su boca para darle un suave beso en el dorso. ¡Dichoso sea quien se quede con el señor Atkins! Súbitamente el rubio recordó algo.
—Oh, tus amiguitos de toda la vida están aquí al igual que el nuevo ese. ¿Sabías que Marshall sale con Isabella? Sigo sin entender cómo un idiota ultra machista puede congeniar con una feminista de primera.
« ¿Está aquí? Alto: ¿Qué mierda?»
— ¿Ethan? —dijo sorprendida; la tomó por sorpresa más de lo que pudiera imaginar—. ¿Ese cura sin título está aquí dentro?
Le propuso salir a finales de enero pero el muy hijo de puta dijo que no ya que "no sabía si estaría listo para ir a algún lado de noche".
— ¿Es el alto, rubio, con nariz medio fea? —la castaña asintió enérgicamente—. Lo vi pasar hace un rato con un grupo de personas. También aparecieron el diablo y su sabueso.
«Me importa una mierda la zorra de Sammy con el imbécil "mal hacedor" de trabajos orales de Liam. ¿Qué carajo hace Ethan en un lugar como este?» La noticia le sacó de las casillas positivas al haberse enterado; el júbilo de saberse acompañante de su mejor amigo se le fue instantáneamente. Éste pudo percibirlo más rápido que un parpadeo, se descruzó de brazos y tomó sus extremidades.
— ¿Te encuentras bien? ¡Mierda, parece que viste un fantasma!
Estaba… Sorprendida de forma no grata. No podía ocultarlo por más intentos hechos. El alcohol acrecentaba su malestar en un mil por ciento sin detenerse, en ese instante deseó no haber tomado tanto.
— ¿Recuerdas a donde iban?
— ¡Yo qué sé hacia donde caminaban! —Contestó levantando las manos—. Actúas como si fuera tu novio y no te avisó sobre su vuelta por aquí.
« ¿Tan histérica estoy? Lo próximo a beber va a ser otro jugo de naranja.»
—Solo dime aproximadamente donde lo viste. Por donde caminaba.
Bufó incomodo, meneando la cabeza mientras se separaba del borde. Giró sobre sus talones pidiéndole con un gesto acercarse a su lado; lo hizo y siguió las palabras que le daba. Al lado de un pilar fue la primera vez en donde sus miradas se encontraron, luego fue caminando en línea recta pasando el pasillo que daba a los baños, perdiendo su rastro un rato después. La de ojos ámbar trazó el camino recorrido con dificultad desde la puerta hasta lo último vislumbrado por Dennis, quien comenzaba a pedir una explicación por la actitud tan errática al mencionar ese nombre.
¿Era el ligue de su amiga y no lo sabía? Chelsea le contaba absolutamente todo, o al menos eso creía. La forma en la cual su rostro se descompuso superaba con creces la vez en donde él estaba borracho y le informó sobre Joe caminando de la mano con otra chica. Esa noche sí que había metido la pata.
Atenta a lo descrito siguió un imaginario rubio por la zona hasta tomar dos conclusiones: o fue al bar con ese grupo o estaba entre el gentío. Debido a la sala pobremente iluminada por las luces de colores no logró saber las identidades de la ronda pegada a la barra, pero claramente estos sabían de su presencia porque al menos uno de ellos miraba fijamente en su dirección. En un momento una luz estroboscopica se encendió en la zona dándole flashes de apenas segundos para adivinar los gestos, descubriendo con asco la presencia de Orlando en el lugar. «Puaj, y yo que la estaba pasando bien…» Él tanto no le importaba, sin embargo el junto con Edwin fueron los artífices de la salida "divertida de Ethan".
«La monja no recibida seguramente está pensando en que las chicas van demasiado flojas de ropa y… ¡Hijo de puta!» Desvió la mirada del desagradable Orlando para descubrir a alguien muy parecido a Ethan (si es que no era el mismísimo rubio) dándole lata a una morena con un buen trasero mucho más baja que él. En un momento dado estos dos se acercaron demasiado y comenzaron a ligar sin asco alguno frente a todo el mundo; lo sintió como una especie de puñalada extraña en el pecho, cosa que la dejó descocada por no entender exactamente el por qué. Se mordió con fuerza el labio inferior para no decir nada, se alejó de repente de la barandilla como si hubiese vuelto a ver al mismísimo Wesker entre el gentío.
Dennis no fue tonto y estudió su reacción detalladamente. Su amiga necesitaba clases de cómo ocultar sus emociones bajo cualquier termino; realmente no podía creer cuan obvia era en algunas ocasiones. Aunque se preguntaba exactamente qué pasaba entre ellos dos para verla reaccionar así. La joven trastabilló una vez mientras retrocedía respirando entrecortadamente; la reina del drama de la secundaria volvía como nunca antes. El vaso de plástico alto se resbaló de sus dedos desparramando el contenido una vez tocó el suelo, Jeremy junto con su amigo Ronald le preguntaron si estaba bien. Asintió poco convencida de su propia afirmación.
« ¿Por qué mierda me duele el pecho? Es mi amigo, no mi novio.» No tenía la más mínima idea, la respuesta se encontraba bajo metros en una profundidad donde se escondían sus más viejos secretos. Necesitaba un cigarrillo, o mejor aún: la cajetilla entera. Un porro sería mejor; vomitar para rematarlo. Giró sobre sus talones caminando de forma inestable hasta donde se encontraban las pertenencias de todos. Rebuscó entre la pila de abrigos el suyo y su bolso pequeño donde se hallaba lo más preciado para ella. «Mierda, necesito hasta un buen porro.» Deseaba poder borrar esa imagen de su cabeza o al menos poder esconder la impresión dada a los demás; actuaba exactamente igual a lo que ella juró nunca más volver: igual a la reina del drama de los últimos años de secundario.
Se colocó la gabardina negra con prisa y luego su bolso con correa en forma de cadena. Sus amigas se preocuparon al verla actuar así, acercándose para intentar descubrir si algo fue mal y si se marchaba ya.
—Voy a tomar aire fresco, chicas. Vuelvo en un ratito.
Bajó a trompicones la escalera metálica haciendo un ruido inimaginable camuflado por la música. Quería desaparecer, ser tragada por la tierra mientras cruzaba con velocidad la marea humana de cuerpos danzantes. Estaba cerca de la entrada en el momento en que una mano pequeña se aferró a su brazo, volteando sorprendida de forma no feliz ante el agarre. Sammy le sonreía con tristeza en ese momento, hablándole de algo que no entendía ni oía en ese momento; se soltó de forma violenta en el instante en que su mirada cruzó una molesta de Liam por el mal trato. Levantó su dedo medio hacia él para luego librarse de la rubia bajita con un simple "no tengo tiempo para ti, puta". Se apresuró a cruzar el umbral de la puerta doble negra.
El frio la azotó como nunca antes. Exclamó un par de groserías mientras se encogía un poco. Dentro llevaba el pelo recogido salvo que optó por liberarlo una vez que abotonó su abrigo. Abrió apresurada el bolso cogiendo la caja pequeña de color negro, la abrió y llevó un cilindro de forma violenta a su boca. Trató de encenderlo por un rato recordándose otra vez la necesidad de comprar un nuevo encendedor descartable. Tenía las manos congeladas por lo que el calor de la llama al lograr componerse fue demasiado lindo para ese momento de histeria no comprensible. Guardó lo que no necesitaba y cogió el móvil a continuación; tenía al menos cuatro mensajes nuevos de Ethan que preguntaba tres veces si estaba libre esa noche para charlar, finalizando con un "bien, sigue enojada si quieres". « ¿Yo soy la enojada ahora? ¡Él es la puta que no entiende de humor!»
Quería golpearlo muy fuerte, darle el derechazo de su vida en el mentón con la posibilidad de partírselo de una buena vez. Darle en la nariz con la zurda a continuación rompiéndosela y haciéndole un favor inmenso. Dejarlo tendido en la fría acera de Washington para enseñarle que Chelsea Vickers no bromeaba en absoluto cuando se enojaba "de verdad". Una bolsa de cuernos no podía hacer absolutamente nada para evitarlo. Buscó en su lista de contactos el maldito nombre del sureño, presionándolo iniciando una llamada. Tres pitidos y el contestador respondió por él; no se rindió por tres intentos consecutivos, recibiendo la respuesta de quien consideraba su amigo hasta minutos antes.
Ah, si fuera actriz sería lo mejor en dramas sin sentido.
— ¿Qué pasa? —el ruido del interior se colaba por el auricular.
—Hijo de puta mal nacido, bolsa de cuernos caminante —gritó a viva voz siendo observada por las personas quienes intentaban ingresar ya tarde al club—. ¿Quién carajo te crees que eres para hablarme de esa manera? Das asco, Ethan Winters. Espero que goces dándole maquina a esa zorra de pelo negro con quien te estás liando.
Al otro lado se hizo un silencio espectral.
— ¿Dónde estás?
—Oh, ¿Te aburriste de ella y quieres un plato fuerte? Ven afuera si tienes los huevos bien colocados.
—Enseguida.
Colgó presionando demasiado fuerte la pantalla de su móvil de unos tres años. Los colores danzaron en la misma. Deseaba arrojarlo al medio de la calzada de forma violenta para pisarlo repetidas veces así saciaba su ira. Lástima que le tenía un aprecio demasiado alto por ser lo primero que compró con sus ahorros de muchos años. Pisoteó unas veces el lugar donde se encontraba de pie dándole caladas furiosas al cilindro blanco. « ¡Me congelo el culo! ¡¿Por qué soy tan adicta a esto?!» Arrancó el cigarrillo de su boca para lanzarlo lejos. Estaba haciendo un espectáculo de borrachina demasiado bueno para los transeúntes que anhelaban ingresar.
Solo debían atenerse a ser un poco más pacientes para verdadero show.
Ethan recibió la llamada furiosa de la castaña en el momento en que Valerie deslizó sus manos directo a las nalgas redondas que poseía. Estaba masajeándolas con gusto hasta que el puto móvil lo sacó de su concentración. Se encontraba cachondo, necesitaba el contacto de su masculinidad con la feminidad de alguien enseguida o explotaría. Vio el nombre en la pantalla dejando ver una cara de fastidio; lo guardó nuevamente. ¿Ahora se dignaba a devolverle los mensajes? Ya era tarde, demasiado para ser honesto. Su acompañante no se mosqueó ni nada por el estilo ante la intromisión de la llamada. Lo malo era que no quería hacerlo; la mocosa malcriada debería esperar o dejar de molestarlo por una noche.
Valerie le pasó su número como también la dirección de su casa para continuar "lo empezado" cuando le estuviera bien. Replicó que su apartamento le sería mejor lugar; podría pagarle el taxi o Uber que tomara. Solo quería follar con alguien de una buena vez. Algo esa semana le indicó que comprara preservativos y se felicitó a sí mismo por la hazaña. La morena volvió con sus amigas unos momentos, dejándolo libre para contestar el cuarto llamado a las tres de la mañana. La voz violenta le sacó de quicio pero lo que más le hirió fue escuchar "bolsa de cuernos". « ¿Así quiere jugar? Veamos quién tiene más dentro de la puta bolsa.» Se deslizó por la multitud con tranquilidad, pensando en qué decirle a quien cortaba su puto ligue.
Al salir la vio pisoteando como una pequeñita regañada por no poder hacer lo que ella quería. Se acercó con tranquilidad hacia la belleza despampanante quien le estaba sacando de quicio. Pareció percibirlo en ese instante ya que volteó de forma automática con rostro desencajado. Esta se aproximó a él con rapidez para colocar sus manos en el pecho y empujarlo hacia atrás juntando toda la fuerza posible. Trastabilló encontrando el equilibrio en el acto.
— ¿Cuál es tu problema? —espetó, soltándose de su nuevo embiste—. ¿Acaso crees que eres la única que puede divertirse un rato?
— ¿Jesús te lo permite? —Se quedó en su sitio confundido; la ebria frente a él gruño de forma graciosa—. ¡Se suponía que te quedarías en tu casa!
— ¿Quién eres? ¿Mi madre?
—Si lo fuera ya tendrías tu merecido, hijo de puta.
— ¡Oh, nena! Tú no puedes matar a una mosca ni porque te lo propusieras.
—Claro, ahora se te pegan las palabritas estúpidas que esos idiotas que tienes por compañeros andan diciendo. ¿Qué falta? ¿"Chelsea es una zorra que abre las piernas a quien se le ponga en frente"?
Se pasó las manos por el cabello corto con rabia. Los muchachos de prevención desestimaron toda atención puesta anteriormente por ser una de las cosas más típicas de ver: una pelea de pareja con muchas copas encima.
— ¿Por qué todo gira en torno a ti? ¡Maldita sea! ¡Eres el incordio más grande con forma de persona que vi en mi puta vida!
«Es un incordio de esos que están buenísimos. Carajo, esas botas le van de maravilla…»
— ¿Y por qué no te fuiste en el momento en que lo descubriste? ¿Eh? ¿O es que te da miedo estar en DC sin tu mamita?
¡Con su madre no! Podía ser un dolor de culo, perseguidora, clasista, elitista y mucho más pero no le permitiría bajo ningún término que se metiera con ella. Él no andaba gritando lo muy fastidiosa que resultaba Emily a sus ojos, pese a lo mucho que le gustaría hacerlo.
— ¿Quién carajo te crees que eres para hablar de alguien a quien no conoces? ¿O es que te lo enseñaron en tu casa?
— ¿Acaso importa cómo me educaron? —Soltó una carcajada—. Ethan: eres patético. Me sorprende que una mujer te preste atención en lo más mínimo. ¡En serio!
—Seguramente me dan más atención que a ti, querida. ¡El tipo que te acompaña arriba debe tener unos huevos de primera para andar arrastrándolos luego de hablar contigo!
Quienes esperaban no querían perderse un solo segundo de la discusión más ridícula de la historia dentro del club Heist Night. ¡Hasta se reían por lo bajo! Ambos no se daban cuenta del ridículo que pasaban ante tanta gente; si no estuvieran borrachos probablemente estarían apenados por su comportamiento.
— ¿Tú crees que no lo noto? Es demasiado obvio que soy molesta para la mayoría de los seres humanos, pero al menos no ando dando clases de refinamiento como tú. —se encaminó hacia la puerta visiblemente ofendida; recordó algo, girando sobre sus talones para volver a encararlo—. ¿Sabes algo? Me arrepiento de haber hablado contigo. Seguramente hubieras estado mejor pudriéndote en esa mierda aséptica de cuarto tu solo.
«Pero a mi si me gustó hablar contigo.» Ebrio sin duda alguna era una contradicción caminante. Deseaba decírselo aunque dentro de él existía ese lado maldito que le impedía expresarlo. No se molestó en detenerla cuando se encaminó hacia la entrada; Chelsea caminó dando pisadas fuertes contra el suelo, insultó a un tipo parado detrás del vallado de terciopelo quien se reía de ella e ingresó sin mirar atrás. Trató de tranquilizarse pese a estar bastante bebido, ingresando después producto del intenso frio que sentía. Encontró nuevamente a Valerie cerca del pasillo de los baños mandando un mensaje a algún desconocido. Le sonrió pícaramente al verlo volver; cogió su mano con suavidad para volver a ligar con él.
Antes de las tres cuarenta y cinco fue a notificar al grupo con el que llegó que se marcharía a casa, nadie hizo referencia a la acompañante de esa noche, detrás de él acomodándose el cabello; las intenciones eran claras como el agua. Pidieron un taxi, tonteando en el asiento trasero del mismo como dos adolescentes de instituto.
¡Que le dieran a esa mocosa maleducada! Él no era una monja ni mucho menos, solamente esperaba ciertos tipos de comportamiento de los otros. ¿Era tan complicado de entender? Se ve que para el cerebro quemado por el cigarrillo de la castañita sí. Llegaron a destino con deseos de ir a por más, subieron hasta su piso correspondiente. Los pasillos estaban desiertos por lo que no se molestaron al manosearse un poco. Montaría un espectáculo digno de mirar para los entrometidos vecinos si se encontraban detrás de una mirilla curiosa. Deslizó sus manos por debajo del vestido y del tanga negro con cintas de encaje. Valerie gimió suavemente ante el tacto pecaminoso. Posó una mano sobre su entrepierna, excitándolo.
De los labios pasó al cuello con deseos de avanzar más y más. Se detuvieron únicamente cuando él rebuscó las llaves en su bolsillo; ingresando con rapidez para poner fin a las ganas de pasarla bien como dos adultos responsables.
Si, ahora estaba enfadada con él. ¿Quién se creía que era? En realidad no podía pensar con claridad pero suponía que ese malestar en el pecho era enojo. Volvió al balcón con sus amigos para continuar pasándola bien hasta que decidieran marcharse. La fiesta no menguaba en ningún momento por lo que se obligó a poner buena cara y continuar. El show debía seguir pese a que deseara gritar como loca a todos los presentes cuan enojada estaba. Al final el tabaco sanador no cumplió su función ni mucho menos, esa vez le asqueó un poco por el mal momento para encenderlo. Se acercó a la barra para reclamar un Sex on the Beach al cantinero, quien bailaba suavemente al tiempo que preparaba las bebidas. Se lo acabó con desesperación recibiendo los vítores de Duncan, amigo de Moira desde que regresó a Estados Unidos, más ebrio que ella.
Se alejó para luego aproximarse a su objetivo principal: Dennis. El tipo estaba sentado revisando su móvil en uno de los sofá modulares, acariciando su bigote pequeño con tranquilidad antes de la llegada disruptiva de su amiga. Su rostro denotaba enojo al igual que un deseo de mantenerlo en secreto; le sonrió mientras ella se tomaba de un solo trago el resto del vaso alto. Se sentó sobre su regazo, dejando el recipiente sobre una mesa de café de vidrio. Pasó sus manos por el cuello aproximando sus labios peligrosamente a los suyos.
— ¿Ya?
—Uf, necesito descargarme un poco.
Colocó su mano delante de la boca cuando la a castaña se aproximó a niveles alarmantes a la suya. Esta resopló.
— ¿Vas a contarme qué te pasó?
—Quizá mañana, ahora quiero besos como los que recibe Moira de Jeremicito.
Ambos estaban enfrascados en una discusión de bocas con una probabilidad alta de haber lengua en el medio. Demasiado acaramelados para un público menor, Chelsea supuso que su mejor amiga estaría rendida a los pies de Jeremy cuando acabara el jolgorio. Se despertaría un mensaje comunicándole lo bien que se la pasó anoche con su chico de cabello negro, como siempre que salía y bebía de más. El rubio soltó una carcajada entregándose al placer de besarla. Sus labios se fundieron en un húmedo beso casi francés con la participación estelar de la excitación sexual.
Chelsea realmente decía que los besos de Dennis eran incomparables. Demasiado buen besador para ser su amigo, demasiado bueno en la cama para no ser su pareja. Lo adoraba más de lo que podía admitir, y mientras sus manos pequeñas se colaban por el cuello de la camisa blanca su mente analizaba lo mucho que lo quería. Sintió un cosquilleo por la zona de la entrepierna que fue acrecentándose a medida que el intercambio salivar aumentaba en intensidad. El de ojos azules no logró evitar el despertar de su miembro masculino.
Debía ser honesto: su amiga lo encendía bastante. Era la representación terrenal de una diosa griega, además de ser implacable en la cama. Depositó sus manos curiosas en su trasero, viajando por debajo del vestido floreado hasta sentir las bragas de satén rosadas. Infiltró las mismas, arrancándole un suspiro a su acompañante quien se sentó a horcajadas sobre él. Le gustaba la decisión de la joven a la hora de buscar placeres más allá de lo permitido para todo público. Exigente salvo que sabía compensar el esfuerzo hecho por él cuando se encontraban en el lecho. Con sus yemas trazó un mapa mental del tipo de braga como también del recorrido seguido; justamente tenía la única que consideraba su favorita a la hora de reunirse con ella de manera íntima. El encaje lo volvía loco y ese par poseía el elemento de su destrucción.
La joven retrocedió en su avance por el cuello hasta llegar al torso musculoso del muchacho; estaba en increíble condición física y el paquete de seis en su abdomen era una delicia táctil. Dejó descansar su entrepierna sobre la zona en alce de él, arrancándole un suspiro lento pero colmado de placer. ¿Qué había de malo en ligar en un club nocturno? Todos lo hacían tarde o temprano.
Dennis no pudo tolerar mucho rato más la sesión de besos apasionados vislumbrado por todos, le pidió al cabo de un rato marcharse ya que se encontraba demasiado listo para proceder a las ligas mayores. Se despidieron con un saludo rápido de los otros invitados, llamando un taxi desde el interior, aguardando contra una pared interna brindándose caricias por brazos, piernas y zonas prohibidas. La oscuridad era el aliado de Atkins justo cuando su mano encontró la entrepierna de Chelsea. Esta tuvo que hacer un gran esfuerzo por no gritar cuando sintió movimientos circulares sobre la zona de su clítoris, apartándolo segundos después con un beso fugaz.
Salieron a la calle gélida con velocidad en el momento en que el coche amarillo esperaba por ellos a un costado. Abordaron el asiento trasero susurrándose las cosas hermosas por hacer esa noche, parecía un trayecto infinito hasta la residencia de una planta con paredes exteriores de ladrillo. La de orbes ámbar estaba cachonda cuando llegaron a la manzana de su casa, sonriendo presurosamente al momento de pagar al chofer. Cogió las llaves de la puerta embocándole a la primera al orificio de entrada, giró dos veces e ingresaron a la cálida casa con premura.
Cerró la puerta rápidamente, recibiendo la total atención del joven de ojos zafiro. Se le acercó cual imán al hierro sin poder evitar el poder eléctrico.
Las manos enormes y firmes de Dennis se posaron automáticamente en las nalgas de la chica, masajeándolas con firmeza mientras atraía su cuerpo hacia el suyo. Chelsea pudo sentir la calentura por encima de la ropa; introdujo su mano suave y delicada por las telas del pantalón negro de vestir. Pasó la barrera del bóxer azul Francia encontrando la carne caliente de su miembro duro. Lo sostuvo con firmeza, jugueteó con él, mientras éste le bajaba la cremallera del vestido floreado, dejándolo caer al suelo como si fuera un trapo inútil. No le serviría en nada para las cosas que haría a ese cuerpo femenino desarrollado. Cogió un seno con fuerza, besando su cuello en dirección ascendente y descendente; paseó esos besos lujuriosos por el hombro siendo desvestido con prisa por la castaña.
Camisa y camiseta tipo tanque se desplomaron sobre el suelo de madera clara.
La mano libre recorrió su espalda, cintura y caderas, desviándose hacia el centro por las bragas. La extremidad se infiltró en la zona erógena de la joven, encontrando el punto central de su diversión con la yema de los dedos. Trazó movimientos circulares sobre el mismo arrancándole un gemido. Se vio forzada a detener su marcha a la hora de desvestirlo por las sensaciones cálidas que llegaban a su cerebro desde sus partes íntimas. Introdujo un dedo en el interior húmedo, se vio obligada a morder su piel ante el tacto recibido.
El rubio se detuvo, quitándole el sostén con movimiento ágil de años de práctica. El torso musculoso gracias al entrenamiento era una delicia táctil, besó su pecho con suavidad una y otra vez. Bajó el cierre del pantalón dejándolo caer en libertad. Su boca de labios delgados recorrió el hombro dañado por la herida de bala que atravesó la carne; le parecía único, característica infaltable para definir a quien era Chelsea Vickers. La primera vez que lo hicieron le causó un impacto difícil de describir, la segunda fue un poco más fácil y logró encontrar el equilibro de placer más adelante sobre esa marca permanente. Le cautivaba en sobremanera dedicar a ese punto accidental la mayor atención posible; la castaña se sentía viva cada vez que sus fauces brindaban cariño a esa maldita marca circular. El contacto húmedo de esos labios rojizos creó una corriente eléctrica que la atravesó con la fuerza de un rayo.
Tomó su rostro nuevamente para besarlo con lujuria, casi como si se le escapara si no liberaba todo el calor que se agolpaba en su interior. La alzó, enredando sus piernas alrededor de su cadera y sintiendo el miembro despierto en su zona íntima. Chocaron contra la puerta, Chelsea no perdió el tiempo de morder sus labios con suavidad. Él bajó hacia su seno, introduciéndolo y lamiendo la extensión de piel. No dejó un solo espacio sin probar; succionó con fuerza la areola junto con el pezón, esto envió una sensación eléctrica nuevamente haciéndole humedecer. Lanzó un gemido fuerte en cuanto mordió la punta.
¡Mierda, como lo quería! El muy hijo de puta sabía cómo hacerla gemir con ganas, dejarla ansiosa para cuando finalmente se fueran a la cama a hacerlo desenfrenadamente. Por eso lo adoraba y confiaba plenamente en él para tener sexo: porque conocía sus gustos al igual que se desempeñaba muy bien a la hora de ponerlos en práctica. La dejó bajar a pedido de la misma, siendo hora de devolver el favor manual.
Bajó su bóxer, cogiéndolo y practicando movimientos ascendentes y descendentes. Gimió roncamente, Chelsea se arrodilló hasta alcanzarlo e introducirlo en su boca. Probó, succionó y jugó con él, entreteniéndose con el glande un rato. Levantó los ojos hacia su rostro, éste los tenía hacia el techo con los ojos cerrados disfrutando a ciegas de los cosquilleos. Acarició su cabeza, cabello, gimió más fuerte cuando trazó círculos en la cúspide de la cabeza. La muy bastarda era fenomenal haciendo una buena felación; nunca preguntó cómo adquirió las habilidades necesarias para hacerle perder la conciencia un rato, sin embargo se alegraba de que las tuviera. Continuó su juego hasta que su compañero la alejó de su cuerpo, obligándola a detenerse debido a una sensación familiar de llegar al fin de la carrera. No quería terminar todo tan rápido; si iba a esa casa al menos estaría una hora haciendo el amor con ella. Una regla implícita entre ellos dos, si no se cumplía ambos quedaban con sabor a poco.
Tocaba devolverle el favor.
Se deshicieron del resto de las prendas de vestir quedando libremente desnudos. Volverían por ello una vez saciados. Pasó su brazo fuerte por detrás de las rodillas, el otro cogió su cintura con fuerza. La alzó, llevándola directo a la habitación; cerró la puerta con su talón para evitar la intromisión de los perros. La última vez que fue a su casa Chelsea gritó tan fuerte haciendo que los perros se preocuparan y comenzaran a ladrar. Fue tópico de varias charlas entre risas, la castaña le reconoció el poder infalible de sus embestidas que le volvieron loca al punto de correrse de una forma brutal.
Las luces tenues de los veladores generaron el ambiente rápidamente, la arrojó sobre la cama para luego besarla con furia. La de ojos ámbar cogió su falo al tiempo que recibía lengua. Se desprendió de los labios pobremente maquillados, descendiendo por su cuello y deteniéndose unos momentos por la clavícula. Repartió cariño para volver a bajar hacia los pechos, continuando por su abdomen chato; la cadera era un lugar especial para él ya que se le marcaba de una forma singular, le encantaba. Rozó la zona llegando a su destino a continuación.
Separó sus piernas dejándole entrada libre a su intimidad, acariciando la piel con su lengua.
Se sentía muy bien recibir ese trato cariñoso, más si succionaban el clítoris con fuerza arrancándole un grito pobremente ahogado. Se aferró a la colcha de rosas con cada círculo trazado, gritó al sentir la lengua ingresando por ese hueco prohibido. Agarró su cabello con fuerza al sentir la escalada hacia el orgasmo, depositó los pies sobre sus hombros.
—Hijo de puta, eres muy bueno… —logró articular—. ¡No te detengas!
¿Cómo iba a parar? ¡Recién empezaba! Se alejó un momento para sonreírle, plantó un beso sobre el monte de Venus sensible al tacto.
— ¿Cómo me voy a detener si falta lo mejor?
Una vez que finalizó la oración introdujo un dedo en su vagina. La castaña gritó con fuerza cuando combinó la penetración con las lamidas sobre el glande femenino. Aumento la intensidad progresivamente, la joven no paraba de retorcer las sábanas y gemir audiblemente. ¡Esa sensación! No había mejor cosa que recibir un orgasmo en la vida. El cosquilleo fue cuesta arriba junto con la intensidad del accionar de Dennis. Sintió la humedad acrecentarse en su mano, la lubricación natural comenzaba a ser más abundante. Las paredes en el interior se volvieron más sensibles y los tejidos exteriores imitaron el accionar. No evitó cerrar en un puño enredando el cabello rubio de su amigo en él, tironeando en el momento en que las sensaciones fueron aumentando su tesitura al borde de generar el preciado clímax.
Su espalda se arqueó ante la descarga final; soltó un grito agudo, sus manos arrancaron el cobertor rosado de las esquinas de la cama; inconscientemente intentó juntar sus piernas siendo detenidas por la cabeza del muchacho. Se corrió con sus dedos en su interior y boca sobre su vulva. Las contracciones de las paredes seguían las olas de placer, en la última penetración sintió el cosquilleo final en el área.
Tardó unos momentos en volver a la normalidad en donde poder expresar lo intenso de esa sesión. Dennis aprovechó para coger un condón de la segunda gaveta.
— ¡Carajo! ¡Eso fue increíble! —gritó, observando como su compañero rasgaba con la boca el envoltorio del preservativo y lo deslizaba por su falo erecto.
— ¿Segura? Faltan los fuegos artificiales todavía...
Se posicionó sobre ella, separando las piernas dejando libre la entrada a su vagina. Chelsea pasó sus brazos por los hombros rodeando su cuello, besó la punta de su nariz pasando luego a sus labios. Ojos ámbar se encontraron con los orbes azules del señor Atkins.
—Hazme llegar a las estrellas.
—Encantado.
Y la penetró.
El rubio saludó con un húmedo beso a su acompañante de esa noche quien se marchaba después de una hora intensa de puro sexo. La pasó bien, casi igual que cuando se encontraba en la universidad y no podía contener sus impulsos con alguna joven del campus. Le agradecería por un tiempo haberlo librado de la nube de monotonía un poco, también por hacerle descubrir que no perdió su toque mágico pese a haberlo hecho de la misma manera con su ex desde que la conoció. Valerie supo transmitirle los gustos y desagrados a la hora de tocarla, penetrarla o jugar con su intimidad un rato para "precalentar". Sin dudas fue una gran guía esa noche.
Sostuvo la perilla mientras memorizaba el usuario de Instagram que le dio para seguirla apenas tomara el móvil. Si daban las casualidades de seguir viéndose estaría muy feliz, más si esas veces involucraban hacerlo. La morena se acomodó el abrigo sobre el vestido de lentejuelas, devolviéndole el cariño directo a los labios.
La pasó bien, hubo otros mejores pero para estar en la ciudad y no muy lejos de su casa sin dudas fue interesante. Se marchó caminando con tranquilidad por el pasillo directo a los ascensores, pensando en que debería volver a casa para recostarse y dormir. La juerga duró dos días aproximadamente, necesitaba dormir de forma urgente.
Cerró una vez que la invitada se marchó del lugar, sonriendo ladinamente mientras se encaminaba a su refrigerador a coger una cerveza; debería beber un poco de agua para su sed exasperante salvo que eso era para los enfermos, y él no estaba enfermo. Estaba vivo y coleando por DC, hacía poco más de treinta minutos lo estaba haciendo con una mujer fenomenal. Necesitaba esa cerveza más que nada en el mundo. Abrió la puerta blanca, cogiendo la lata que se encontraba sobre la misma; sentado en su sofá cogió el móvil dejado sobre la mesa de café, siguiendo a su amante casual comprobando lo bella que era.
«Todavía mantengo el toque para ligar con las mujeres más lindas de un club. ¡Vamos equipo Ethan!» se rió de su propio comentario mental, meneando la cabeza con una sonrisa impresa en sus facciones.
Paseó por la galería virtual de la aplicación observando fotos de sus artistas favoritos, amigos y llegó a una en particular subida recientemente. Se sintió algo descolocado al verla, como si ese beso casual en la mejilla fuera un puñal que intentaba clavarse directo en su pecho. ¿Lo dejaría? Frunció el seño mientras analizaba todo lo visto allí.
Chelsea besaba en puntas de pie la mejilla de un tipo rubio alto, apuesto, luciendo un bigote fino sobre su labio; vestido con un saco rojo, camisa blanca y pantalones negros. Su mano derecha se encontraba dentro del bolsillo lateral del mismo. Sonreía, con su brazo izquierdo rodeaba la cintura de la chica la cual estaba cubierta por ese hermoso vestido floreado. Estuvo muy ebrio toda la noche dejando pasar la mayoría de los detalles que la acompañaron.
¡Qué lindo es tener personas como este muchachito en mi vida! ¿Qué haría sin ti, D? #LoAmo.
Seleccionó el nombre del usuario marcado sobre la persona en cuestión, ingresando a su perfil para descubrir que entrenaba en el mismo equipo que ella, compartían fotos de lo que parecía ser los años de secundaria y una hermosa foto de graduación con todo el grupo de amigos completo. Más que amigos parecían pareja…
Okey… Se sentía extraño en demasía nuevamente.
Se bebió de dos tragos la lata pequeña con cierto malestar en la cabeza como también pecho. No sabía porqué, suponía relación con esas fotos del diablo vistas anteriormente. «La que está cogiendo la pierna de Chelsea, con la otra en el muslo…» Debía reconocerlo: suertudo hijo de puta que tenía la posibilidad de tocar esas nalgas. ¿Quién no quería hacerlo? Su amiga era una mujer con todas las letras de esas quienes te podían agradar más de la cuenta. Salvo que la veía como una amiga y nada más, ¿No?
Quiso convencerse de eso tan vilmente salvo que no pudo por más intentos hechos en ese momento. Culpo al alcohol ingerido junto con los sentimientos de soledad, los cuales solían aflorar de vez en cuando en los momentos en que no eran necesarios.
Apagó el móvil resignado, arrojó la lata vacía al cesto de basura y se fue a dormir; cubrió su cuerpo en bóxers y camiseta musculosa tipo tanque con las sabanas perdiéndose en el espiral de su cabeza una vez más.
Una vez saciados y con la sensación del orgasmo aún en su cuerpo, la castaña fue en búsqueda de un paquete de papas fritas, gaseosas en lata y sus infaltables compañeros. Cogió el cenicero de vidrio regalado por su madre en forma de hoja, regresando a la habitación iluminada tenuemente por los bonitos veladores de pie bañado en imitación de oro. Dennis revisaba su teléfono como también las redes sociales, solo fue por el calzoncillo, dejando el resto de su cuerpo pobremente cubierto por las sabanas alborotadas después del encuentro. Ella por su parte estaba como Dios la trajo al mundo; sin duda alguna una escena digna de mirar.
Le tendió las papas a su amigo junto con una lata sin azucares agregado; se encontraba algo paranoico con la cantidad ingerida de dulces desde dos meses atrás, prefería una bebida dietética antes de obligar a su cabeza a comenzar nuevamente con las maquinaciones desagradables sobre volver a ganar peso. Lo peor de todo es que venía bien con su físico y los músculos seguían respondiendo al entrenamiento severo, parecía la vuelta de Ana un sueño no tan lejano.
Se sentó a los pies de la cama con una de sus piernas colgando, mirándolo fijamente para luego encender un cilindro. Él la observó con una sonrisa en el rostro.
—Eres incorregible.
—Lo soy —admitió—. Creo que me encuentro demasiado lejos del punto de retorno por ahora.
—Nunca es tarde, mira a Chris y sus esfuerzos por dejarlo.
Chelsea soltó el humo cargado de nicotina y otros compuestos en una carcajada.
—Claro, salvo que el tipo tuvo mellizos y esa fue su promesa.
— ¿Y por qué no sigues ese ejemplo y lo dejas? Me da un poco de pánico saber que puede generarte algo en los pulmones.
—Si no me morí con un balazo en el pulmón, esto no me va a matar ni de lejos. Soy indestructible, D.
El aludido meneó la cabeza ya resignado; quienes pronunciaron esas mismas palabras fueron los primeros en caer presa de La Parca. La quería con el corazón y pensar en algo sucediéndole por culpa de ese tabaco miserable le revolvía las entrañas. No la perdieron en el secundario con sus múltiples intentos de suicido pero corría la posibilidad de hacerlo producto de esa mierda humeante.
—Dame uno. No me dejas más opción que acompañarte. —Encantada, le arrojó la caja negra junto con el encendedor pequeño de plástico anaranjado. Lo encendió descubriendo para su sorpresa que el maldito era de menta—. ¿En serio? ¿Tan blandita para consumir mentolados?
—Son mis favoritos —se encogió de hombros, rascándose el dorso del pie—. Tú pediste y ahora debes terminarlo.
—Maldigo mi suerte… —masculló cogiendo un puñado de papas—. Voy a seguir insistiendo para que lo dejes definitivamente, Chelsea. No quiero que sigas.
— ¡Uy! ¿Me acosté con mi madre o algo?
Eso pasaba el límite de raro en su cabeza masculina. Hizo una mueca de asco.
— ¡Dios! ¡Eres un puto asco!
Rió divertida ante su ceño arrugado. Reconoció lo escabroso de sus palabras unos momentos después. Se la quedó mirando mientras reía, sonrió con pesar. Ella captó la mirada instantáneamente, silenciando su risa.
— ¿Qué pasa?
—Nada. —bebió un trago de la bebida carbonatada—. ¿Te dije lo linda que eres?
— ¿Coqueteas conmigo?
—En realidad no, pero puede que si lo esté haciendo.
—Eres pésimo para esconder algo, dímelo antes de que tenga que volver a hacerte mi prisionero por otro rato.
—Ni en sueños, son las seis y en un rato me voy. —Hizo una pausa—. Solamente me di cuenta de lo lindo de tu sonrisa. Hace no mucho no me dejaban verla.
Bufó molesta ante el recuerdo. El ambiente era agradable ¿para qué traer esa clase de mierda nuevamente a su memoria?
—Déjalo, terminé con él y te pedí disculpas por las cosas que te grité estando ciega. ¿No es suficiente?
—Sabía lo mucho que te quise, te quiero y te querré por el resto de nuestras vidas. Ese fue su problema, más a sabiendas de cómo capté su personalidad en menos de dos minutos.
—Es un tonto, ¿Si? Es mejor dejarlo en esa casilla hasta que se muera o algo.
—Lo sé, no intento hurgar en la herida. Solo digo lo afortunada que fuiste en darte cuenta y retractarte por los errores. Yo también te pedí perdón por llamarte "ciega estúpida"
Soltó una carcajada. Abrazó sus rodillas.
—Madre, como me gusta escucharte decirlo de nuevo. ¿Recuerdas cuando te quise romper la nariz?
— ¡Como olvidarlo! ¡Ni siquiera Andrew pudo pararte ese día!
Rieron; Chelsea entendió lo feo de esos momentos distanciados por culpa de su ex. No solo que lo despreciaba por ser bisexual, sino que iba más profundo porque amenazó con hacerlo comer mierda si le levantaba una mano. Dennis se volvió muy protector de su amiga durante toda la relación con Joe, estaba dentro del club que deseaba romperle los dientes si se volvía a acercar a ella. Lanzó un suspiro melancólico dando una calada al cigarrillo.
—Fue difícil, lo admito. No quiero volver esos tiempos nunca más.
Asintió comprensivo. Se acercó y le acarició el pie.
—Tranquila, de los errores se aprende.
— ¿Y si no lo hago? ¿No es verdad eso de que hay un patrón entre las personas que estuvieron en relaciones turbulentas?
—No, corazón. Siempre hay un borrón y cuenta nueva. Mi mayor deseo es que encuentres una persona que te quiera incondicionalmente, salte las fallas que puedas cometer y perdone esas expresiones demasiado acidas que sueles soltar. Eso es lo que los buenos amigos hacen: desear lo mejor al otro sin importar cuantas veces se hayan peleado.
Cogió su mano grande con los ojos llorosos. No deseaba terminar llorando después de semejante noche.
—Ojalá encuentres a alguien mejor que tu ex, sea hombre o mujer. Siempre voy a estar ahí para alentarte o darte mi opinión de algo, lo quieras o no.
—Lo sé, cuento con ello desde el día uno. —dio tres apretones suaves a su mano indicándole un "te quiero" sin palabras de por medio—. Te propongo algo: si ninguno de los dos tiene pareja para los treinta nos casamos, tenemos algún que otro niño y vivimos felices para siempre en un remolque en California. ¿Qué tal? Como cuando soñábamos a los trece donde viviríamos siendo más grandes.
Estrechó su mano con firmeza, sonriéndole de forma radiante.
—Hecho. Si es niño tiene que llamarse Robert Joseph, no hay vuelta que darle.
La soltó tratando de parecer molesto, salvo que no logró ocultar su sonrisa ante la obsesión de su amiga por ese juego de porquería. Ah, la vieja Chelsea que se pasó tres días sin ir a clases o dormir por el Fallout… Ojalá nunca se apagara.
—Y podemos decirle de apodo "MacCready" ya que estamos.
— ¿Ves? Siempre supe que eres el mejor de todos, por mucho.
Continuaron charlando hasta que se hicieron las seis treinta. Ahí él decidió que era un buen momento para marcharse a casa; se vistió con tranquilidad mientras ella recogía lo suyo y se colocaba el pijama para dormir el resto de la mañana. Pidió un Uber; cuando este arribó la castaña abrió la puerta, despidiéndolo con un beso tierno en la mejilla. Prometieron hablarse una vez despiertos los dos, luego de las doce del mediodía.
Volvió a ingresar a sus canes quienes fueron al patio a hacer sus necesidades después de mosquearse por los gritos de su dueña en medio del acto. Otra vez la pasó de maravilla, una de esas ocasiones donde no podía aguantar ningún grito. Corrieron directo a la habitación de su mamá subiéndose a la cama con desesperación; la joven hizo lo propio con suavidad luego de arrojar al cesto la basura los sobrantes del "momento del snack", cubriéndose y abrazando a Rosie quien se encontraba con más deseos de dormir cerca de su dueña.
Se quedó dormida en el acto con el cuerpo relajado sin pensar en nada más.
