— ¿Me lo vas a echar en cara ahora, cerdo hijo de puta? —Espetó el rubio a su amigo rapado a cero, quien lo miraba con ojos inyectados en sangre—. ¿Después de todo lo que pasé por ti?
Las cosas en el grupo de cinco amigos y sus respectivas parejas tocaron fondo justo antes de marzo, luego de que Blake le diera su visión sobre los hechos a Ethan, y este repudió todo lo dicho como podía sin alegar a la razón. El rapado con nariz aguileña tenía la razón en un ciento por ciento respecto a Mia, el resto lo secundaba siempre que podían la opinión, sin embargo al otro lado se mantenía en una posición férrea respecto al amor no correspondido de la mujer de cabellos negros. No lo amaba ni siquiera un poco, solamente era la tapadera perfecta elegida por su empresa luego de una experimentación poco exitosa en el campo de "entregar la mercancía", siendo detenido el agente poco después de pasar la aduana argentina. Loreta Travis, o como se llamaba ahora: señora Winters, tenía ojos para su trabajo junto con una buena suma de dinero. ¿El resto? Podía irse al demonio si ella lo quería así.
Ethan lo empujó con fuerza mientras Monty trataba de separar a los contrincantes de la pelea. Ellie intentaba razonar con su musculoso marido miembro del ejército estadounidense sin tener el menor de los éxitos. Necesitaban desquitarse el uno con el otro para siempre, Blake no golpearía a su delgado amigo por el mero hecho de que este tenía menos masa muscular que una momia putrefacta, pero sentía en su interior el explotar y los deseos de combatirlo. Walter sujetaba con fuerza su brazo izquierdo con ambas manos chocolate, brazos musculosos por los bailes efectuados con la compañía de la cual participaba, su pareja de años Reynald trataba de parecerse a un árbitro en la contienda.
— ¿No te das cuenta de lo que te hizo, viejo? ¿Estás tan chiflado? ¿¡Donde está mi mejor amigo de la infancia!?
—Chicos, por favor no tienen que seguir con esto —intervino Vicky, acomodándose un mechón de cabello castaño oscuro con ondas detrás de la oreja, apurada intentando aplicar paños fríos—, ¡todos estamos molestos, pero nada de esto tiene porqué terminar así!
Allysha dejó a los niños dentro espiando por la ventana, sus ojos café casi negros estaban nerviosos mientras daba instrucciones a su marido de llevarlos a sus respectivos dormitorios mientras ella marcaba a casa de los señores Winters. Detestaba tener que hablar con Marion después de los múltiples intentos de esta por hacerle sentir inferior respecto a su color de piel café o su condición socioeconómica, salvo esa ocasión donde si no intervenían la cosa ya desmadrada podría irse al infierno en un camino de ida sin retorno. Cogió el móvil con las manos temblorosas dirigiendo la mirada al grupo de pie en su patio, discutiendo a voz en cuello por esa mujer odiosa, después de una parrillada demasiado tensa; desvió la vista marcando con velocidad el numero conocido de memoria por los años de amistad, lo llevó a su oreja repleta de aros brillosos y otros haciendo clara referencia a sus ancestros africanos.
— ¡Ni siquiera le diste una oportunidad de demostrar quién es! ¡Siempre hiciste lo mismo con mis novias!
— ¡Patrañas, Ethan! ¡Yo las respeté a todas salvo a esa furcia mal habida que solo sabe llenarte la cabeza de mierda!
No pudo aguantar ningún otro comentario negativo respecto a su adorada esposa, abalanzándose sobre la mole de un metro ochenta y ocho con casi cien kilogramos de puro musculo. El hombre de estrecha cintura, espalda ancha como una carretera, se soltó del agarre corriendo en su dirección. Montgomery no pudo hacer nada por evitarlo, mirando indignado como sus mejores amigos se enzarzaban en una batalla feroz de puñetazos en todas direcciones por lo que sus corazones convencidos decían. Blake creía tener la razón, Ethan estaba ciego por ella; recogió su cabello castaño en una coleta sobre su nuca para luego arremangar sus brazos repletos de vello, intentando separar al dúo sin éxito recibiendo algunos rasguños en el proceso.
Walter entonces decidió que todo era suficiente, instando a Reynald para ser su acompañante mientras cogía a Ethan por la cintura y lo levantaba en el aire como si fuera una pluma. El baile le sentaba de maravillas debido a la musculatura producida por años de entrenamiento en la compañía más exitosa de Austin, él junto con su pareja eran moles quienes pararon la contienda luego de apenas un par de minutos. Su pareja colocó en el otro extremo del patio repleto de juguetes para niños e intentó por todos los cielos amainar la furia explosiva dentro de Ethan sin conseguir mucho avance; dio un par de bofetadas fuertes hasta que el rubio correspondió su mirada cargada de reproches por el vergonzoso comportamiento, el rubio no se animó a mantener el ritmo de los ojos castaño de su amigo desviando la vista hacia otro lado. Blake pataleaba al otro lado siendo sujetado con fuerza y sentado en el suelo de un empujón; su novia no paraba de mencionar lo desastroso de la situación.
— ¿Te das cuenta lo estúpidos que son los dos por pelearse ante semejante estupidez? ¡Ethan somos todos amigos desde el primario! —gritó furioso Walter colocando los brazos en jarras.
— ¿Y a mi qué mierda me importa? ¡Ustedes no desean verme feliz!
—Oh, no compañero. No pienso dejarte ir por ese lado —intervino Monty más enojado que la mole al otro extremo del patio—, pasamos de todo juntos ¿Para qué lo tires por la borda por Mía? Ethan no merece ni la mitad de la atención que le estamos dando, ni tampoco el amor desbordante que le tienes.
— ¿Tanto les molesta mi matrimonio? ¿Es eso? ¿Celos?
—No, Eth. Esa mujer nos odia y no te quiere cerca nuestro —replicó Vicky apareciendo del lado de su pareja de años—, realmente te queremos con el alma y nos duele ver como esa mujer desea apartarte de nuestro lado. Es por esa razón que estamos tan a la defensiva con ella.
—No para de hacer bromas con el peso de Ellie, Ethan. Jamás desde que la conocemos se dignó a tratarla por la buena persona que es.
—Puede haberle hecho algo ella a Mía, ¿Qué no le hizo la vida a Mackenzie imposible?
— ¡Eso queda en el primer año de la secundaria, Eth! —Defendió a capa y espada Walter, impidiendo la incorporación de su amigo—. Ella solamente se acercó amistosamente para ser repelida con asco por Mía, hombre. No trates de tergiversar el asunto.
—Oh, claro, porque tengo que defender a alguien que hacía bullying a otras chicas. Mucha lógica con ustedes…
—Pero me cago… ¡Deja de estar a la defensiva, carajo! —Monty no podía contenerse mucho tiempo más; se encontraba demasiado disgustado con el comportamiento de su viejo camarada como para mantenerse en la raya—. ¡Escúchanos y trata de procesar algo en tu cabeza, viejo!
— ¿Lo ves? Esa mujer solo trata de separarnos a todos para su propio juego personal —Vicky posó una mano sobre el hombro tenso de su pareja—, lo siento si te molesta, Eth, pero la cosa es como es.
El aludido quedó mirando su rostro por varios minutos negando ciegamente a las palabras de la persona más honesta de todo el grupo. Mía no era un monstruo ni de lejos, esa gente a quien decía llamar amigos se encontraba celosa de lo perfecto de su nuevo matrimonio; todos ellos deseaban tener al menos una pizca de la relación idílica entre él y Mía, su adorada esposa. Nadie la quería por ser demasiado buena, amorosa y perfecta, solo él podía ver la verdad detrás de esas caras serias a la hora de hablar de ella. ¡Al diablo el resto! Se mudaría lejos del basural llamado Taylor cuando le viniera en gana para empezar una familia lejos de toda esa mugre, de esa gente tan envidiosa quienes solo tenían palabras para desacreditar a su mujer. Se arrepentirían una vez se fuera al demonio y no lo vieran por el resto de sus días, mientras él se paseaba por otro lado del país o mundo con su mujer e hijos.
—Todos me dan asco, destilan tanta envidia que me es increíble haber tratado tanto tiempo con ustedes.
—Listo, me cansé de intentar hacerlo razonar —explotó Monty frotando su frente caucásica arrugada; dirigió sus ojos a él nuevamente—. Viejo: se acabó. Haz lo que te plazca con esa puta de mierda, luego no vengas llorando por nosotros cuando te bote como una bola de papel y no te prestemos atención. Ni siquiera mereces estar en casa de Allysha asustando a medio vecindario, Ethan.
—Tiene razón, compañero. Nosotros también tenemos un punto de quiebre y es este —convino Walter, mirando sobre su hombro como Reynald junto con Ellie intentaban hacer entrar en razón a su otro amigo—, si planeas marcharte hazlo ahora después de disculparte por este desastre con la dueña de casa. Cuando reconsideres todo lo dicho aquí puedes hablarnos, mientras tanto no lo hagas. Estamos bastante cansados de intentar convencerte de algo con lo cual te encuentras obnubilado y es una lástima, porque eres un tipo que merece una mujer mucho mejor que Mía. —El rubio intentó volver a la carga contra Walter, quien lo silenció con un movimiento rápido de la mano—. Hablo enserio, amigo, queremos lo mejor para ti pero ella solo trae porquería sin sentido.
—No se preocupen, ni que los necesitara tanto para vivir. No se llaman oxigeno —replicó sarcástico sacudiéndose pastitos pegados a sus pantalones vaqueros de color negro—, nos veremos en algún momento en donde aprendan a aceptar mis decisiones en la vida, Mía es una de ella.
Sin decir más nada subió los peldaños del pórtico trasero para ingresar luego, donde pidió de mala manera a su amiga por la apertura de la puerta de entrada. No necesitaba a un grupo de personas las cuales no sabían entender su felicidad por el reciente matrimonio con quien creía que era la mujer de su vida; Mía era inocente de cargo bajo cualquier concepto, no importara las veces en las cuales se pasaba con él o su familia directa. Esa gente envidiosa se arrepentiría luego de todas las cosas malas dichas esa misma velada, pensó al tiempo en donde recogía su billetera tanto como móvil para luego aproximarse a la entrada en donde aguardaba Allysha, quien tenía una mano sobre el pomo de la abertura y con la otra intentaba aplastar un poco el cabello enrulado casi mota el cual no daba tregua.
Se despidió de ella secamente sin mirar atrás, respondiendo un mensaje de su mujer quien se quejaba sobre la hora de llegada de su marido. Abordó el Dodge Challenger para no volver más a esos lugares pestilentes.
Ethan claramente la cagó muy fuerte en el preciso instante donde cogió el toro por las astas para hacer sentir mal a su amiga cuando el gesto de esconder la verdad seguramente fue para protegerlo, alcanzó a creerle unos días después de terminarse el informe por segunda vez comprendiendo en su totalidad el accionar de la castaña. «Y yo la cagué. Siempre triunfando en la vida, ¿Verdad Ethan?» Claramente deseaba pedirle disculpas lo antes posible por esas palabras tan horribles salidas del profundo de su subconsciente, producto del daño reparable a la hora de no decirle nada, pero Chelsea se mantenía demasiado distante con él como para permitirle acercarse a dialogar una tregua en la guerra implícita desarrollada. Él realmente deseaba hablarle aunque la otra parte se paró firme en el terreno de no dirigirle ni la hora, se lo merecía por ser un imbécil cruel de mierda que usaba como insulto la enfermedad mental de alguien. Necesitaba clases sobre cómo comportarse en medio de la ira bullente al igual que una buena patada en el culo.
Se bebió el resto de café casi frio a su pesar debido a ser proveniente de Starbucks y salirle un ojo de la cara… ¡Pero la canela deliciosa! ¡El chocolate! Eso sin dudas lo adquirió de visitar el comercio demasiadas veces con su amiga actualmente "no amiga", como también aceptar el dicho "si sale tan caro al menos debería comerme el envase plástico para hacer rendir mi dinero". Recordaba con amargura el almuerzo de la semana pasada, en donde deseoso de comenzar un dialogo ameno para brindarle finalmente sus disculpas se sentó frente a ella. Chelsea simplemente lo miró con rostro serio, se levantó de la mesa aún sin comenzar a comer y se fue del lugar, no sin antes no arrojar toda la comida al cesto de la basura, depositando sobre el mismo la bandeja de plástico con violencia. Humillado se fue directo a la mesa con sus amigos, quienes presenciaron la escena pero fueron lo suficientemente sabios como para no decir nada. Ni siquiera Orlando se animó a hacer algún comentario sarcástico o descalificador hacia la joven; no la vio más por ese día pese a intentar por todos los medios posibles coincidir con ella.
Así fueron varias en el transcurso de dos semanas: una caminata por el pasillo donde coincidieron, ella desvió su rumbo emprendiendo otro más largo con intención de no cruzárselo ni por chiste; en el estacionamiento evitó responder a su llamado en la distancia ingresando al auto de forma veloz y saliendo a la carrera con su coche, lejos de sus palabras suplicantes; se la encontró en la cafetería preferida de ambos pidiendo un cruasán con un capuchino extra cremoso, apenas recibió su orden y lo vio, se fue sin mediar palabra. ¿Le dolía? ¡Claro que sí! Deseaba con todas sus fuerzas viajar en el tiempo en búsqueda de lograr cerrar su bocota de porquería antes de cagarla, podría haber zanjado el asunto yéndose lejos de la casa para volver unos días después a agradecerle por la ayuda en cuanto a su ex se refiriera. « ¡Pero no! ¡Ethan Winters es un boca floja de mierda que no sabe guardarse las cosas cuando está molesto!»
Su hermana mayor se lo aconsejó desde el primer momento que podía recordar, insistiéndole en cuanto a ahorrarse problemas innecesarios a futuro junto con dolores de cabeza por cosas que jamás deseó originar. Se pasó esas palabras por el ano varias veces, haciendo exactamente eso un millón de veces en donde cada vez que Marlene se enteraba esta meneaba la cabeza en forma reprobatoria. El de ojos verdes era un zoquete de primera y Marlene lo sabía desde el momento en donde lo sostuvo por primera vez en sus brazos, este comenzó a llorar para después orinarse tan fuerte que el despojo corporal del bebé recién nacido se filtró por la ropa pequeña, mojándole su pantalón favorito. Casi ahorca al pobre crio y este no tenía ni un mes de vida.
La extrañaba mucho, demasiado si deseaba admitirlo; tener la compañía de Chelsea a veces era una bendición como otras simplemente se trataba de una migraña. Su risa, esa necesidad de permanecer con vida pese a tenerlas todas consigo, su energía sarcástica para hablar con él… Ahora estaba en faltante por una prohibición estúpida generada por nada más y nada menos que Ethan Winters. « ¿Cómo puedo hacer que me perdone? ¿O que me escuche solo cinco minutos sin desear comerse mis intestinos?» Ese deseo de retractarse necesitaba materializarse en un tris para lograr sentirse feliz consigo mismo y no con ganas de cortarse los testículos. Arrojó el vaso de plástico blanco al papelero más cercano, refregándose la cara a continuación.
Tenía hambre pero nulos deseos de moverse o pasar frente a la oficina de su amiga, la cual ahora dejaba la puerta cerrada en vez de abierta a disposición de charlar con quien ingresara o pasara. Gracias a un pusilánime barato… ¡Debía detener ese martirio de una buena vez! Lloriquear por lo sucedido no servía de nada, ni siquiera para calmarlo; quejarse por la falta de interacción entre ambos tampoco, principalmente a sabiendas de dejarle estar para luego retomar las riendas de la disculpa cuando las aguas se calmaran. Pero ya dos semanas sin interactuar con ella ni saber nada de ese bebé, peludo y hermoso, publicado en las redes sociales sin descanso, alardeando de la mejoría notable en poco tiempo. Se dio cuenta, además, de la necesidad de tener otro gato en su vida de forma bastante peculiar.
¿Siempre era tan extraño o solamente cuando una persona importante lo ignoraba?
Edwin se acercó a la pizarra electrónica detrás de él mientras se sentía miserable, el muchacho interpretó a la perfección el estado anímico de su jefe ese día por lo que decidió hacer el trabajo de este "solo esa ocasión". Sin dudas Ethan era un tipo fenomenal aunque muy obvio, el rechazo vislumbrado el otro día lo dejó abatido y eso que no eran nada; tenía buen ojo para las emociones de quienes se encontraban en su entorno, las reacciones químicas cerebrales del querido jefe pasaban por la tristeza como también arrepentimiento más profundo. Desearía poder hacer algo para aliviar esa pena tan a la vista, aunque se contenía por el hecho de no gustarle perturbar los problemas al otro si no le pedían.
El rubio se echó atrás en su silla cogiendo los apoya brazos con suavidad, contemplando el escritorio frente a él (bastante ordenado para ser jueves cercano a la hora de irse) sin ánimos de hacer nada más por esa jornada mientras sopesaba la idea de aproximarse nuevamente a Chelsea. Realmente se le antojaba un dolor en el culo volver a acercarse, o al menos intentarlo, para ser repelido como si fuera un leproso; necesitaba lograr un acercamiento de nuevo por razones inentendibles para su cabeza racional. Le pesaban los hombros, las puntadas en el pecho se intensificaban cuando sentía el rechazo caminante observarlo de arriba hacia abajo con expresión de odio en sus orbes ámbar, se sentía perturbado gracias a la mala vibra en sus espaldas cuando sentía a esa persona caminar detrás suyo.
«Seguro desea asestarme una puñalada en la espalda con una daga que atraviese mi pecho, o al menos yo lo haría…»
No soportaba más la pesada carga de su cerebro atormentándolo por sus propios errores, necesitaba correr o irse a tomar aire fresco lejos del contacto humano aunque fueran por diez simples minutos. Se impulsó con sus extremidades hacia delante bajo la atenta supervisión de su compañero de oficina, quien continuaba trabajando tranquilamente detrás suyo, cogió su abrigo de nieve (fuera el frio no amainaba por nada, ni siquiera por el sol radiante de esa jornada) dispuesto a alejarse un poco, su teléfono móvil por si surgían algunas novedades dentro de su puesto de trabajo desatendido y su buena voluntad de sacarse de encima el malestar. No informó hacia donde iba pero si pidió un llamado ante cualquier asunto de importancia significativa, agradeciendo por varias semanas donde el tema se vio detenido, dejándolos respirar un poco aliviados con un sistema más fuerte que antaño.
Una vez abrigado, metió sus manos dentro de los bolsillos laterales sintiendo el rectángulo tecnológico compuesto por cientos de transistores, microchips y núcleos, en el interior rozando con su extremidad. De fondo de pantalla siempre llevaba una foto de sus sobrinos quienes eran la razón de volver a Texas cada vez que podía, con sus narices rectangulares propias de la familia Winters junto con sus ojos verdes o azules dependiendo de la hermana que fuera la madre. Extrañaba particularmente a Jeremiah con sus divertidos juegos a la hora de sacarlo de su aburrimiento adulto, o a Jules con sus mejillas sonrosadas siempre pícaro para desenvolver alguna artimaña; Candy daba unos abrazos cálidos ayudantes de despejar cualquier dolencia o malestar, pese a ser bastante traviesa y unirse a las trampas de su primo más grande, con solo tres años podía dejarte patas para arriba una casa pero ser tierna como un oso de felpa; su sobrino más pequeño, Abraham, apenas si lograba pasarse dos minutos completos sin expeler saliva de forma no intencionada con la dentición a flor de piel.
¡Ah, niños! Sus criaturas favoritas pese a tener que limpiar sus traseros llenos de caca, cambiarles un pañal repleto de orina u obligarlos a comer cuando no deseaban hacerlo. Ni hablar cuando tocaban su colección sacrosanta de Madonna, la única reina del pop existente hasta la fecha quien necesitaba enseñar a las nuevas generaciones como lograr ser única e inigualable.
Recorrió el pasillo con ojos atentos ante una aparición inesperada de la castaña actualmente objetivo de sus disculpas, pasó por su oficina encontrando la estancia vacía junto con la puerta abierta palmo a palmo. Su bolso estaba al costado del mueble central, medio abierto con una caja de apariencia a plata sobresaliendo desde dentro; prosiguió su camino descendente con ayuda del ascensor, llegando a la planta baja en apenas segundos. Al salir se encontró con la persona a la que deseaba charlar, esta portaba el típico uniforme pantalón de invierno color azul Francia con el cabello recogido en una coleta tirante, gesto de sorpresa transformado en uno poco amistoso al verlo. Portaba una caja de cigarrillos negra en su mano derecha junto con una carpeta naranja en la opuesta, maquillaje apenas perceptible ese día.
No lo pensó dos veces y dio dos zancadas gracias a sus piernas largas de hombre de metro ochenta y dos, posicionándose frente a ella en milésimas de segundo. Esta retrocedió, soltando aire a forma de protesta tratando de evitar el bloqueo de su camino por su izquierda, Ethan atajó los movimientos impidiéndole el avance. Intentó el mismo asunto con el otro lado viéndose impedida por una nueva reacción rápida del señor Winters. Protestó colocando sus brazos en jarras mientras le dedicaba una mirada asesina a quien no deseaba ver ni siquiera muerto o en el infierno, donde ya tenía una hectárea de tierra calcinada en su haber.
— ¡Déjame en paz, por Dios! —exclamó furiosa—. ¿Siempre eres así con todo el que no te quiere ver ni en estampilla?
—Sí, más si no desean escucharme un minuto.
— ¡No tengo un minuto de mi vida para darte! ¡Ya te di bastante y no supiste apreciarlo!
Intentó rodearlo sin éxito; se cruzó de brazos enfadada como una cría pequeña, gesto tierno a los ojos de Ethan. «Jeremiah y ella se llevarían de maravilla si estuvieran dos minutos juntos. Se enojan de maneras similares.»
—Te lo ruego —imploró con ojos tristes—: solo serán unas palabras.
— ¿Es que tienes un deseo suicida o algo? Podría estar abriéndote el abdomen para comerme tus tripas por faltarme el respeto en mi puta casa de mierda y por reírte de mi diagnostico.
—Solo dos minutos, eso pido.
Juntó sus manos como si estuviera a punto de ejecutar alguna plegaria a los seres celestiales. Chelsea realmente deseaba irse de allí lo más pronto posible para no tener que ver esa cara desagradable, con bolsas debajo de los ojos demasiado pronunciadas, de nuevo, pero la persona portadora de una cara digna de drogadicto en recuperación se empecinó en fastidiarle la vida de nuevo después de llamarla loca. Le daría el placer de esos minutos de porquería, tampoco deseaba volver corriendo a su oficina a trabajar, ya que le debía algo más en su cuenta de "favores" a dar. Metió la carpeta entre su pecho y las capas del abrigo.
Resopló girando sus ojos, cambiando el peso hacia su pierna izquierda mientras le daba la palabra con un movimiento de su mano enfrascada en sostener la cajetilla. La guardó cuando su acompañante suspiró aliviado, preparando toda su furia contenida para ser usada en cuestión de segundos.
—Gracias, juro que los haré valer porque… —fue interrumpido por un bofetón rápido de esos que no se veían venir con facilidad; ocultó tan bien sus intenciones mientras en su interior festejaba como si se viera campeón de una final futbolística. Enderezó su mirada con la piel ardiendo por el contacto—. Okey, ese lo merezco sin duda alguna. —Otro más en la otra mejilla, perdiendo la paciencia—. ¿¡Y ese por qué!?
—El primero te lo debía por hacerte el listillo conmigo, el segundo por el placer de hacerte ver que en MI CASA nadie me falta el respeto.
¡Mierda que fue fuerte! Le ardían ambos lados, piel rojiza por el contacto agresivo en la piel cubierta por un poco de vello de unos días. Se frotó la derecha ya que ese fue el más fuerte de todos los recibidos.
—De acuerdo, mira realmente lamento haberme pasado la otra noche. Me dejé llevar por mis emociones en ese momento y no medí mis palabras.
Al otro lado la muralla seguía alta, impidiendo el paso a una cordialidad necesaria. Sonaba como una molestia en el culo enorme por su parte, reflejado a claras en el rostro de Chelsea.
—Continua.
—También agradecerte por el semejante trabajo que hiciste en recopilar toda esta información, lo valiente de estomago en algunas partes y, pese a que esperaste como "bastante tiempo" en decírmelo, por compartirlo.
—Okey. ¿Algo más?
¡Vaya! ¡Era un hueso duro de roer! Se rascó la nuca con rapidez nerviosa, sintiendo como poco a poco el calor de su rostro se evaporaba con el correr del tiempo.
—Solo eso.
Asintió con la cabeza acomodando la punta de la coleta oscura detrás de la espalda pequeña, cruzándose de brazos.
— ¿Sabías que si hubiera dicho "Ataque" Polly-Sue te habría arrancado los testículos de un mordisco? Además de que la perra estuvo cerca de morderte por haberte pasado.
Movió la cabeza, algo confundido, alegrándose de conservar sus testículos donde estaban.
—Gracias por no hacerlo, como también por el puñetazo. Tienes una buena zurda y lamento haberte sujetado tan fuerte, realmente fue de poco hombre el hecho de apretarte con firmeza la muñeca.
Justo ese fue el preciso instante donde Chelsea cambió su postura a una más nerviosa, mezclando su prisa junto con los deseos de golpearlo con los nervios típicos de haber escuchado algo demasiado incomodo como para seguir hablando de ello.
—Sí, bueno… Dejémoslo ahí. Te lo merecías y se acabo. ¿Me puedo ir ya? Mi trabajo clama por mi retorno.
Evasivas, recurso bastante típico para no revelar algo de apariencia doloroso. Recordaba vagamente cuando su puño se estrelló contra su rostro, en los ojos pudo ver miedo animal, el más profundo dentro de un ser humano. ¿Qué le habrá pasado por la cabeza?
—Como gustes. —La castaña se descruzó y avanzó con rapidez luego de rodearlo; al pasar por su costado pudo ver como la expresión dura se descomponía—. ¿Todo bien?
—Como si estuviera tomando chocolate caliente en Navidad. ¿Siempre te interesa tanto la vida de las personas?
—Si me importan lo suficiente lo hago, ¿Por qué?
—Porque hay cosas que es mejor dejarlas donde están. No hurgar por eso, pero veo que tu masoquismo no conoce límites.
Presionó el botón de llamada, para su suerte abriendo las puertas inmediatamente e ingresando sin mirarlo. La abertura se cerró y el zumbido del aparato se hizo oír, perdiéndose en la distancia de los pisos. ¡Qué comportamiento errático! No pensó mucho mas en eso, sintiéndose aliviado como también con un peso fuera de sus hombros gracias a la charla de disculpas con ella. ¿Habrá perdonado finalmente su actitud fuera de lugar? Esperaba que si, debido a que ahora sentía por fin la cabeza libre del tópico "mi amiga no me perdona por haberme ido a la mierda". Debería agregarle en algún mensaje o algo lo buena cocinera que era, no comió una pasta tan sabrosa después de ese platillo.
Se dedicó a terminar rápidamente sus tareas debido a que deseaba encontrarse en el apartamento espacioso de Sherry y Jake esa tarde, más cuando les dieron día libre en la universidad debido a la falta justificada de un docente. Ansiaba ver al bollito de ropa llamado Connor, con cabello finísimo de color rubio plata con unas mejillas redondas para comérselas. Hacía poco de su nacimiento pero no pudo estar muy al tanto de ellos por sus propios problemas como también la decisión de la pareja de tomarse unos días para establecer el ritmo con el recién nacido.
Si: no podía olvidarse la manera en que Jake lloró como niña chiquita al enseñar orgulloso a su primer retoño, se burló hasta que no sintió más oxigeno en sus pulmones negros por la nicotina. Igualmente su hermana estuvo en su equipo bromeando sobre las lagrimas de cocodrilo expelidas por el caballero de la cicatriz en el rostro, al final del día entendían suficientemente bien la emoción de verse progenitor de semejante bebé guapetón. Connor tenía la nariz del padre, no había ninguna vuelta a dar respecto a ese órgano facial; la barbilla de la madre junto con los ojos de esta; por decisión de Emily y la madre del niño concluyeron sin ninguna duda que tenía el mentón de su abuelo materno. Nadie quiso recalcar algunas cosas parecidas con quien era el padre del señor Muller, creyendo similitudes en nombrarlo a él a tener una maldición por muchos años.
Eso pasaba cuando tenías un ser tan despreciable en tu árbol genealógico, Jake lo entendía demasiado bien por lo que no se dignó a buscar más parecidos por su lado.
Chelsea quiso saber si el progenitor de Connor recibió una descarga de contenido gástrico sobre su ropa, tal como ella hizo en un momento de su crecimiento como bebé con su hermana Sherry (la mujer seguía nombrando ese acontecimiento cada cumpleaños familiar recalcando en el asco que sintió al saberse cubierta de vomito de bebé). Todavía no pasó nada, si tuvo una descarga de orina mientras cambiaba un pañal a modo de chorro directo a su camiseta negra de mangas largas. Se rió, también creando imágenes de burla para el futuro marido de su hermana. Este se encontraba acostumbrado a la relación de camaradería bastante ácida con la castaña, él participaba en bromas sobre como lloró cuando se reveló el Fallout 4 o cuando llamó desesperada a Sherry para decirle "¡Encontré a MacCready!" al borde de un colapso nervioso.
«Eso lo admito: fue terriblemente ridículo… Salvo por la parte en donde tuve un orgasmo al alcanzar la máxima afinidad con él. ESO fue genial.» No podía bromear con nadie de eso pese a ser verdad; Dennis sabía los lloros como también la emoción de ver a su personaje favorito, y siempre lo soltaba cuando se trataba de una ocasión realmente inoportuna: como cuando lo dejó escapar en el comedor del colegio frente a sus otros dos amigos.
Se le vino a la mente una tarde donde él se pasó por su casa y tuvieron sexo en el sofá mientras ella jugaba con la consola. Al final el rubio pidió por apagarla ya que se concentraba más en masacrar saqueadores que en disfrutar de un encuentro sexual.
Guardó todo a las apuradas en su bolso pensando en la posibilidad de darse una pasada por alguna tienda de ropa para bebés y comprarle algo lindo a quien ya tenía un mes en el planeta Tierra. Como se trataba de un invierno terrible aprovecharía en ver si encontraba algún enterito abrigado en buen precio, o un abrigo bien grueso por si salían de ese apartamento alguna vez en la vida del niño. No lo sabía con exactitud ya que era un asco en comprar ropa para los demás; al otro podía quedarle demasiado grande la camiseta o pequeños los pantalones. Usualmente con los bebés era más sencillo pero con Chelsea Vickers comprando eso podía no resultar tan fácil.
Se colocó su abrigo bien grueso, guardó el móvil en el bolsillo derecho y las llaves del coche en el izquierdo, saliendo a las apuradas de su oficina. Por suerte el trabajo fue sencillo ese día completándolo todo una hora antes de recibir la confirmación del pedido de visita. Leon estaba de pasada, y si se quedaba podría volverlo loco de nuevo como siempre hacía cada vez que él estaba cerca. Era bastante fácil escoger un rasgo característico para reírse, en el caso del agente el cabello rubio "siempre igual" mantenido desde antes del noventa y cuatro, según le confesó su madrecita una tarde donde se sentaron a tomar el té como si fueran amigas en vez de madre e hija. La mujer con la cual se casó le caía bastante bien, ella con su piel nívea y cabello casi de plata de lo claro que era; le hacía gracia el acento alemán a la hora de hablar inglés, aunque compartían unas palabras en el idioma natal de la mujer gracias a las clases obligatorias de los dieciséis. Ella, con sus rasgos de modelo, solía prenderse a la hora de desquiciar al señor Kennedy pese a tener que compartir lecho obligatoriamente con él.
Mientras caminaba con paso apurado por los pasillos pensaba seriamente si comprar algo para el pequeño buñuelo de alegría, el crio tenía más ropa en su cómoda infantil de color blanco con ositos azules jugando en un parque que ella durante toda su vida. Emily se entusiasmó en las ofertas navideñas en todos los comercios de ropa infantil, Parker le confesó el monto total el cual ascendía hasta casi las cuatro cifras. Entre el carrito, la cuna funcional y la ropa, la "no abuela porque soy muy joven" demostró estar extasiada con las novedades. Esa vez decidió ser precavida enviándoles un mensaje a ambos progenitores si realmente debía comprar algo a Connor, Jake fue el primero en responder diciendo "o vienes ahora o cierro con llave y no entras hasta la próxima visita permitida". No lo dudó, saliendo del edificio entretenida pensando en las cosas a decir en frente de Leon para ponerlo incomodo frente a su mujer.
Lo apreciaba bastante, en especial por ser tan protector de su hermana mayor en cuanto a trabajo; cuando fueron en búsqueda de ella se aseguró de guiarlos durante todo el recorrido atroz y potencialmente mortal, después se ocupó con ella en cuanto el gobierno decidió hostigarla a preguntas sobre lo visto allí, y tanto él como su madre se llevaban bien desde el instante donde Sherry Birkin fue a vivir en su casa, por lo tanto donde siempre hubo un cumpleaños Leon terminaba en el medio.
El frio la asaltó con violencia, las temperaturas solamente se elevaron hasta llegar a los dos grados sobre el nivel mínimo con una brisa gélida la cual te atravesaba cual daga. «Como odio esta estación de mierda, por favor… Nada bueno trae el invierno como tampoco lo trae el mes de julio.» El desastre de la mansión que cambió para siempre la vida de su madre ocurrió en esa fecha, su segundo intento de suicidio fue alrededor de la misma unos años después, intentaron raptarla cuando tenía doce alrededor de julio y agosto para finalmente acabar con Ethan Winters metiendo su narizota en medio de Dulvey por el mismo mes. ¿Había alguna maldición o atracción natural para los desastres víricos en verano? ¡Si era la mejor estación de la puta vida! Sin dudas se trataba de alguna broma de mal gusto de quien escribiese el destino de cientos de personas usar la mejor estación del año para desatar desastres; ojalá le dieran su merecido de la forma más cruel posible.
Al evocar en el ultimo suceso del verano anterior no evitó pensar en lo idiota que era el pobre tipo, pero pese a ser un irrespetuoso presuntuoso de mierda (monja también) se trataba de una de las personas a quien le tenía la suficiente estima como para perdonarlo bastante rápido, si podía confesárselo a sí misma. Pareció genuinamente arrepentido al haberle expresado la necesidad de oír de su boca el perdón, cosa que le encantó, en especial si tenías un historial de tener gente haciéndote mierda cuando le viniera en gana, la cual no te pedía perdón ni por asomo. Algunas personas nacieron para ser eso: un pedazo de excremento maloliente, pero el tío Winters era todo lo contrario para su agrado.
«Tampoco que me hubiera costado mucho perdonarlo. Flaquee en ese momento, tengo que reforzar mi carácter de nuevo.»
Todas las veces donde actuó sin entrometer su lado más incordio dentro terminó saliendo herida, debió pensar mejor antes de volver a hacer algo semejante. Ahora que analizaba desde otro ángulo la situación, Ethan le gritó en su cara y sujetó demasiado fuerte su muñeca, todo sin olvidar de que jugaba de visitante en vez de local por lo cual se merecía una patada en las gónadas. Se desquitó con los puñetazos y luego con las cachetadas, pero con quien sí debería desquitarse como cuenta pendiente era consigo. La debilidad podía resultar en una nueva perdida catastrófica de su persona nuevamente, debería ajustar tuercas para evitar el desarme del puente a la sanidad mental.
Entró en la playa de estacionamiento con paso casi carrera cargando el bolso con peso de una roca en su hombro izquierdo; llevaba las manos dentro de los bolsillos aferrándose a los dos ítems más preciados, vislumbrando a la distancia a quien parecía ser una mujer con gabardina larga de color oscuro intentando entrar a un coche. No pensó mas allá de la posibilidad de esta no pudiendo ingresar debido a un desperfecto en la cerradura, pero lo que no sabía es que se trataba de una persona ajena a todo lo relacionado con la BSAA quien observaba atentamente al lado de un coche, aproximadamente del dos mil cinco. Abrió presionando el botón superior de la llave negra, ingresando rápidamente para luego depositar el bolso en el asiento del acompañante una vez que cerró la abertura.
Introdujo en la ranura correspondiente el juego con un llavero en forma de trébol verde, girándolo hasta oír el rugir del motor. Apenas tuvo tiempo encendió la calefacción al máximo disfrutando de las capacidades para calefaccionar el interior; salió distraída sin percatarse sobre la dama de peluca rojiza casi idéntica a un cabello real, quien la miraba con lentes de sol colocados los cuales le cubrían casi la mitad de los pómulos. La espía se apresuró a salir corriendo de donde estaba en búsqueda del automóvil aparcado en frente de la entrada al edificio, arrancando con velocidad para mantener una distancia prudencial de aproximadamente un vehículo.
Encendió la radio acomodándose un mechón rebelde detrás de la oreja el cual sintió pesado debido a los últimos alimentos ingeridos en las semanas, como siempre estuvo comiendo cosas con alto contenido graso sin seguir la dieta de su nutricionista especializada. Así es como ganaría el peso de la peor manera: de forma hueca y sin valor nutricional, aunque las reglas a veces fueron para romperse salvo cuando dejaban tu cabello más grasoso de lo habitual. Condujo tranquila por las calles sin reparar en su persecutora, la cual se mantenía en un trance silencioso pensando que cualquier movimiento en falso la delataría, o el sujeto de su análisis podría darse cuenta de ser seguida. Chelsea pasó por una de sus otras cafeterías favoritas, esa siendo del padre de uno de sus viejos compañeros escolares quien atendía desde1986 sin cansarse de la gente, sorprendiéndose de encontrar en una de las mesas a su amigo con otro joven de apariencia a cita.
No perdió la oportunidad mientras estaba parada esperando al cambio de luz, cogió su móvil para finalmente fotografiar a los dos incautos personajes. ¡Dennis se estaba viendo con alguien! ¡Comadreja escurridiza! Rió al tiempo en donde escribía eso mismo a su amigo, esperando a ver su reacción una vez recibido el mensaje. El rubio desvió la mirada de su próxima conquista romántica directo a su móvil una vez recibida la notificación, abriendo la imagen para luego mirar en todas direcciones por la ventana del negocio. Bajó la ventanilla dejando escapar aire caliente saludándolo con efusividad manifiesta en el movimiento rápido de su mano. El acompañante de cabello oscuro no supo qué hacer, saludando algo incomodo a la amiga del chico el cual estaba intentando conocer.
« ¡Ah! ¡El amor joven! Voy a hacerlo trizas a preguntas la próxima vez que venga a mi casa…» ¡Vaya que sí! No le dijo nada debido a un intento de convencerse que Ryan podría no estar del todo interesado en él, más siendo un crio de último año de la secundaria. Tuvo que abandonar la escena del crimen a regañadientes cuando la luz cambió a verde, pidiéndole a su asistente personal virtual formular un recordatorio para hacer de Dennis "su perra" una vez llegada a casa.
El viaje duró diez minutos en total, aparcando en la acera del edificio no muy viejo por la derecha. Recogió todo lo necesario saliendo al exterior, volvió a quejarse del frio sabiendo que no terminaría de hacerlo ni porque su vida dependiera de ello. Odiaba el frio a muerte, su peor enemigo tomaba forma de muñeco de nieve con un cuchillo asesino de hielo firme. El coche persecutor negro estacionó distanciado, colmando su atención en un momento dado; algo en su interior le indicó la irregularidad presente en el ambiente aunque intentó convencerse de que las cosas podrían ser algo distintas esa vez, pese a haber metido nariz donde no le correspondía.
Se encaminó hacia la puerta de la edificación con diez pisos en su haber, cada uno con seis departamentos distintos de dimensiones aceptables para vivir. Presionó el timbre de la entrada recibiendo la voz de Jake preguntando sobre la identidad del visitante.
—Tu peor pesadilla con pechos. ¿Me abrirías que tengo frío? —dijo burlándose. Jake exhaló un suspiro.
— ¡Cuidado, vino el incordio con patas! —gritó a las demás personas en el living en ese instante, colocando el portero eléctrico de nuevo en su sitio.
La puerta dejó escapar un chillido indicando el accionar del sistema de apertura, empujándola para hacerse paso por el vestíbulo estrecho aunque con olor a haber sido encerado poco tiempo atrás. Suelo de baldosas negras, paredes de estuco color blanco y molduras a juego imitando un estilo Luis XVI bastante fuera de juego; avanzó hasta el fondo encontrando un ascensor recientemente remodelado como también pintado, presionando el botón para luego entrar una vez las puertas se abrieron. Presionó el botón seis junto con el cerrado de puertas, unos treinta segundos más tarde, de un sacudón suave, llegó a destino abriéndose paso por el pasillo idéntico al recibidor. ¡Alguien llamara a un decorador de ambientes! Ni siquiera el edificio donde Ethan residía tenía tan mal gusto o colores monótonos en las paredes, y eso que los colores de esas le resultaban bastante feos…
Se paró frente a la abertura clasificada como "C" revisando algunas notificaciones del grupo de baile sobre una competencia a la cual todas (incluyéndola) deseaban asistir. Presionó el botón blanco del timbre unas cuantas veces más de la cuenta, olvidando la existencia de un nuevo integrante dentro del complejo habitacional. Jake Muller, con su altura imponente como también cicatriz en su rostro como marca de un pasado turbulento, abrió con ganas de estrangularla.
—Si no te importa hay un crio pequeño en este departamento —dijo gruñón a modo de saludo.
—Ya, que se mantenga despierto hasta que llegue. —se abrió paso rodeando el cuerpo delgado pero bien musculado del señor Muller.
El rubio se quejó de buena gana ante esa actitud tan desfachatada a sabiendas de que todo lo dicho entraba por un oído para luego salir por otro. Desistió cuando la vio dirigirse directo a la sala de estar en búsqueda del resto de las personas.
El apartamento se trataba de un espacio bastante amplio, con cocina comedor separado tan solo por una media pared la cual también funcionaba como encimera para adornos varios (actualmente biberones, bolsas con pañales y objetos de los adultos), paredes color marfil con muebles oscuros a modo de contraste; los electrodomésticos tenían años de uso, la mayoría provenientes de la vieja casa de la agente del DSO compradas en ventas de garaje en los momentos donde decidió mudarse por fin de la residencia de Emily. El living consistía en un juego de sillas junto con la mesa correspondiente oscura, al otro lado los sofá de tres y un cuerpo encarando una mesa de café con cientos de revistas de unas semanas de antigüedad sobre su superficie.
Sherry estaba de pie mirando atentamente a Leon con su hijo en brazos, aconsejándole como coger bien la cabeza entre sus manos enormes de hombre e intentando mantener una conversación con la esposa de este, Noiholt. Le costaba mucho a veces erradicar sus sentimientos perfeccionistas en cuanto a su hijo, peor aún si se trataba de una persona a la cual podía insultar.
Las mujeres comentaban algunos productos infantiles como juguetes o de perfumería para este público en especifico, volteando tranquilamente a ver a la recién llegada ingresar con el abrigo cubriéndole la boca y nariz. Chelsea se lo arrancó de un movimiento rápido para luego estrujarla a quien era su hermana favorita (solo cuando esta le decía respecto a un nuevo traje hecho por una de sus amigas modistas se transformaba en "mi hermana del alma, la más adorable de todas"), esta no hizo más que corresponder el gesto exultante de felicidad, debido a las semanas en donde estuvieron prácticamente aislados para hacer una rutina con el recién nacido. La castaña plantó un beso sonoro en la mejilla para luego acariciar su rostro como si fuera oro puro, le encantaba verla siempre tan vital y sin arrugas.
—Mierda, no me doy cuenta de lo mucho que te extraño hasta que te veo —reconoció feliz—, mas ahora que volviste a tener tu figura de siempre.
—No me mientas de esa forma tan descarada —pidió, pasándole un brazo por los hombros en forma amistosa—, me faltan aproximadamente diez kilos de los dieciséis que aumenté para ser yo misma.
— ¡Dime alguna razón más por la cual no tener niños! —volvió a abrazarla fuertemente—. Mentira, me encanta tu hijo al nivel de tenerlo como fondo de pantalla junto con mis perros.
Claramente sorprendida por semejante revelación tan poco propia de ella (quien hozaba tocar su teléfono solía ser víctima del enojo de la castaña, ya que esta creía ciegamente sobre la importancia de la seguridad respecto a su teléfono móvil), sonrió luego de asentir con una sonrisa. ¡Hermoso gesto por parte de alguien tan fuerte en carácter! La joven se aproximó entonces al resto de los invitados quienes comían galletas y bebían chocolate caliente en forma de resguardo contra el frio exterior, el departamento se encontraba en unos apetecibles veinticinco grados pese a las quejas de Jake por las facturas de luz.
Se paró frente a la mujer de cabellos claros con una sonrisa, quien acariciaba suavemente el hombro de una niña pequeña a su lado.
—Mi estimada —dijo mientras levantaba el puño para estrecharlo con Noiholt, quien le sonrió de costado para luego saludarla —. Me es un placer verte de nuevo, lástima que con Leon al lado.
—Suele pasar, es un incordio hasta cuando no quiere serlo.
—Claro, porque estoy pintado al oleo aquí, chicas —se quejó depositando a Connor de nuevo en brazos de su padre quien se acercó al lugar de la reunión con un plato y taza nuevos para la recién llegada—. Me das vergüenza, Chelsea.
—A mí lo que me da vergüenza es que por más de veinte años no cambiaste ni siquiera un centímetro de ese corte. ¿Tiene vida propia y te controla para no cambiarlo?
Todos rieron, esa vez Noiholt se adelantó a responder.
—Dice que es práctico, y pese a que me guste como le queda a veces me pregunto lo mismo que tu —comentó risueña acariciando la mejilla de su niña, quien comía una galleta de chispas de chocolate para luego beber leche con cacao—. Pero tu teoría de la vida propia me resulta bastante plausible.
— ¡Cómo no va a hacerlo si hasta es verdad! ¡Mira allí! —Señaló un mechón del lado derecho mecido por el movimiento del cuerpo— ¡Se mueve!
—Jesús, Chelsea. Falta que comiences con el temita de los reptilianos caminando entre nosotros —se quejó Jake meciendo a Connor, más despierto y quejoso que nunca—. Para mi tu eres una de ellos por andar molestando por ahí con eso.
—Soy rara nivel "tengo un virus complicado dentro mío", aunque no vi escamas o cosas así al mirarme al espejo para admirar mi belleza particular.
—Ya comenzó de nuevo con sus delirios narcisistas —acotó Sherry detrás de ella, oliendo a materia fecal en el aire. Dirigió de nuevo su mirada hacia su hermana— ¿Quieres cambiarlo? Huele a alcantarilla aquí dentro y Leon ya lo hizo antes.
Chelsea aceptó pese a no ser partidaria de cambiar niños. Podía darle el biberón o intentar remover un pañal colmado de orina… ¿Materia fecal? Le daba arcadas de las fuertes, la segunda vez que cambió a sus primos más pequeños casi vomita del asco provocado por el olor tan fuerte a desecho humano. La tía Lisa se desternillaba de la risa cuando apartó la cara colmada de una expresión a fuerte desagrado, se defendió alegando sobre no gustarle "la mierda hasta el pecho" cosa que así fue cuando desvistió a Beau. Connor fue un caso menos extremo esa ocasión, Sherry no evitó filmar todo el proceso desde la primera inspección del crimen hasta el acabado perfumado por colonia de bebé para varones. Volvió triunfante con el crio dormitando entre los brazos, quedándose a charlar un buen rato con los otros cuatro adultos quienes tenían cosas graciosas y serias para comentar.
Leon no obvió el detalle del conflicto entre los británicos, Noiholt ahondó lamentando tener que intervenir dentro del tema antes de una escalada a mayores. Aparentemente se encontraba el uso de agentes biológicos en un reciente conflicto con la República de Irlanda perpetrado por los miembros de las fuerzas armadas reales en un nuevo intento de anexar el territorio. Estados Unidos lo vio con pésimos ojos, el publico mundial también; Chelsea deseaba comentar algunos de sus descubrimientos más recientes sobre los casos investigados, se contuvo debido a haber obtenido la mayoría de los datos mediante la usurpación de una credencial de alto rango como lo era la de su madre, sumado a haber sido dada de baja dentro de la indagación.
—Querido Leon —comenzó de nuevo—: ¿Es verdad que gastas la mayor parte del presupuesto familiar en productos de belleza capilar?
Los otros tres estallaron en carcajadas gracias a la pregunta lanzada en un momento excelente para ello. El aludido quedó en un estado de shock, mirando a su esposa quien no podía parar de reírse para posar su mirada en la atrevida jovencita de apenas veinte años. Carraspeó con la garganta sin saber si admitía aquello o lo dejaba pasar.
—No lo niego ni lo admito —replicó serio.
— ¡Oh, vamos Leon! ¡Desde que te conozco que tienes un tema peculiar por tu pelo!
—Ustedes no entienden inglés, repito gustoso: no lo niego ni afirmo.
— ¿Cómo puedes estar casada con alguien como él? Yo estoy sola, tengo casa y mi presupuesto se gasta responsablemente en otras cosas, Noi. Soy mejor partido.
La aludida negó suavemente tratando de mantener la compostura. Su hija corrió a los brazos del padre sacando la lengua hacia quien estaba molestándolo; Chelsea sonrió para replicarle de la misma manera.
—Lo siento, querida. Ya está atada a mis deudas capilares —intervino Leon riéndose ante sus ocurrencias.
— ¡Existen los divorcios y hasta trabajo! Tengo manos de cocinera por si deseas algo de tu tierra natal.
—Lo consideraré pero no te prometo nada, Chels. Gracias igual por la idea de asilo político si llegamos a necesitarlo Leah y yo.
— ¿Y a mí no me recibirás? —inquirió Sherry, sacando hacia fuera su labio inferior tratando de provocarle pena.
—Tú ya casi estás casada con ese tipo de ahí —señaló a Jake con su dedo acusador—, y me da algo de respeto. Pero si necesitas la casa de Polly-Sue es toda tuya. Si viene Connor duerme conmigo.
Se marchó cerca de las ocho de la noche oliendo a colonia para bebés, al salir no se percató del dispositivo de rastreo bajo su coche, precisamente ubicado debajo del tanque de combustible por si debían tomarse precauciones más grandes sobre uno de los enemigos más activos de Tentsu.
Los sueños a Ethan le daban buenas impresiones de cómo moverse en el día a día según los acontecimientos narrados en su subconsciente; de niño se trataba "cómo batear la pelota de forma certera para lograr hacer un home run" y correr como desquiciado en el campo de entrenamiento, todo salía bien mientras se encontraba en un estado de inconsciencia para descubrir ser un asco en los momentos de vigilia. No intentaba nada si tenía que ver con deportes en sus sueños, lástima que ser campeón durante el juego de campeonato siempre se veía bien en las revistas de "The New Dreams Times"… Otras veces le pasaba en el mundo académico una vez crecido con otras obligaciones, sus sueños no dejaban de atormentarlo con el asunto de necesitar darle un repaso más exhaustivo a sus apuntes antes de entrar con el pecho inflado a rendir, saliendo de allí con el ano prendido fuego después de una hoja terrible para su integridad mental como también académica.
A veces le iba bien gracias a su cerebro generando copias exactas de las hojas a estudiar, salvo que se despertaba más cansado que cuando se recostó para olvidarse momentáneamente de sus obligaciones universitarias.
El plano sexual, en cambio, nunca fallaba. Desde que experimentó su "primera vez" con una mujer en los años del secundario, los sueños eróticos casi pornográficos se convertían en un arma para aprender a ser un excelente amante. Claramente reflejaba sus peores miedos auto impuestos (sin contar con el hecho de tener que ser "bueno" para no terminar con el mote de Ethan "pésimo en la cama" Winters) a la hora de soñar, donde su cerebro lo ponía a prueba para detectar los errores cometidos durante el acto sexual logrando así una mejora en el mundo de la vigilia con quien tuviese ese momento una relación o un ligue ocasional.
Salvo esa noche, donde la cosa se puso intensa luego de recordar el informe recopilado por su amiga algo enojada (sentía eso mismo aún en su interior, intentando darle espacio suficiente para no ser agobiante) junto con algunos flashes dentro de la vida conyugal compartida con quien se hizo pasar por Mía. Sufría enormemente dentro de un estado de inconsciencia rememorando de forma muy grafica los encuentros coitales con su ex esposa, los cuales nunca variaban demasiado y ella parecía demasiado enfrascada en pensar otra cosa que indicarle qué iba mal. Se encontraba sobre ella cumpliendo su labor marital a más no poder intentando lograr una reacción favorable en el rostro de su entonces amada esposa, esta continuaba con la misma cara de piedra de siempre, probablemente fingiendo tener placer durante el encuentro corporal.
La vista estaba echada en tercera persona tal como pasaba siempre, pero su cuerpo humano no podía engañar las sensaciones o el despertar de la bestia llamada "Ethan Junior".
¿Era su culpa? ¿Fue su culpa? ¿No se encontraba apto de hacer su trabajo como debía o simplemente se trataba de la otra parte? Se sentía encapsulado contra su libertad mientras penetraba a la mujer con rostro asqueado mientras repetía incesantemente algunas frases hirientes a su amante nocturno.
—Dios mío, Ethan. Ni siquiera puedes usar bien tu maldito pene. Das tanto asco haciéndolo como fuera de esta habitación de mierda.
No se encontraba con derecho a réplica dentro de la habitación pobremente iluminada con colores fríos; la casa de Texas parecía un castillo antiguo plagado de telas de araña debido al nulo aseo. Las esquinas del cuarto se encontraban sumidas en una oscuridad total, frías hasta el punto de congelación pero la cama tenía todavía un destello de luz cálida sobre ella, en claro reflejo de sus emociones terriblemente trastocadas por la verdad. Todavía tenía algo de amor por ella en su interior, lo sentía, sin embargo el lado traicionado por la falta cometida simplemente acallaba todo sentimiento rojo pasión. Se encandiló por una llama azul la cual se apagaba constantemente cuando se le acercaba con intenciones de compartir algo de tiempo de calidad, Loreta se trataba de una piedra en el agua, completamente seca por dentro.
Le costaba hacerse la idea aún aunque así eran las cosas en realidad. Jamás lo quiso ni lo iba a querer ya que solamente fue un juguete dentro de su plan diabólico para mantener las apariencias con un pobre diablo deseoso de tener una familia. ¡Ni siquiera tocaba su espalda ni nada! Debajo de su cuerpo solamente se dignó a alzar sus piernas delgadas, continuando con la cara de perro constante para luego desviar la vista. ¡Hasta sentía seca su zona íntima! ¿Cómo alguien puede gozar cuando la lubricación del otro no funcionaba? Su piel tenía un color normal, lejos del rojo producto de la irrigación sanguínea al cuerpo durante la relación sexual. Estaba sufriendo, su amigo Junior también; costaba penetrar placenteramente si la otra parte no se excitaba.
No… ¡No podía dejarle ganar! Él era un hombre con experiencia, sí sabía usar bien su miembro masculino porque practicó. No se trataba de una clase de matemáticas donde era posible reprobar por falta de compromiso con la asignatura. Se dejó caer a su lado oyéndola protestar ante el deseo masculino de variar de una puta vez, la mujer de cuerpo delgado con pocas curvas se vio frustrada a obedecer a su cónyuge, pero quien montó felizmente a horcajadas su cuerpo se trataba de otra morena con cabello oliendo a rosas. Valerie le sonrió devolviendo un poco de claridad a los rincones oscuros dentro de la residencia; quien comenzó a llevar el rumbo de la situación se trató de ella, tal como cuando se encontraron por segunda vez.
¡Ah! ¡Qué espectáculo! Los senos de la mujer subían y bajaban en concordancia con la cabalgata alegre con su miembro dentro de ella, ambos sonreían felices debido a una sensación de libertad absoluta para hacer lo que ellos deseaban: sexo sin compromiso para saciar sus placeres prohibidos. Colocó sus manos sobre sus caderas sin poder evitar soltar un gemido ronco por el placer generado ante sus movimientos, los cuales cambiaron de intensidad como también dirección. Valerie movió sus caderas en círculos lentamente, provocando un deseo animal dentro de su compañero de acabar esa tortura placentera de una buena vez. Ethan adoraba el sexo así, encontraba particular placer cuando la mujer con la que estaba lo torturaba de esa forma lenta, sensual. La de cabello negro lo supo y hasta abusó de ese recurso esa segunda vez, en sus sueños no hizo algo distinto aunque ni siquiera se molestó por esto.
¿Cómo hacerlo? Realmente le gustaba sentir las reacciones del cuerpo femenino sobre su piel ultra sensible al tacto, las paredes vaginales se contrarían y relajaban acorde a las oleadas de placer experimentadas por la morena. Sin duda alguna estaba haciendo un excelente trabajo cuando esta soltó un grito al deslizar su mano directo al monte de Venus para bajar suavemente hasta su clítoris; además de penetrar deseaba hacerle experimentar un orgasmo rápido, moviendo su pulgar en círculos aumentando la presión ejercida sobre el punto sensible. La espalda curvilínea se curvó hacia delante justo en el momento donde sintió una descarga energética sobre la misma, tratando de mantener la postura llevando sus extremidades al pecho de Ethan. Sus ojos se encontraron brevemente antes de sentir el cosquilleo en aumento, pasando a ser una cascada eléctrica sobre su zona intima; la lubricación aumentó junto con el movimiento sobre su cuerpo, gimió su nombre suavemente hasta aumentar la intensidad y gritarlo extasiada.
Como no: el mejor amante del mundo logró sentir la llegada del orgasmo femenino, recibiendo marcas de uña en su pecho gracias a la intensidad provocada en el cuerpo curvilíneo de Valerie. Trató de mantener la compostura un poco más sintiéndose él mismo cercano a ese momento inevitable donde se desarrollaba el orgasmo. Mentalmente se preguntó si llevaba condón aunque realmente no importaba en sueños.
De golpe podía verlo todo a través de sus orbes verdosos.
La mujer logró hacerle frente a ese mar eléctrico corporal acercando su rostro al suyo, besándolo con pasión. Cerró los ojos perdiéndose en el instante preciso de fundición, las sensaciones en sus labios físicos no paraban de doblegar su voluntad para seguir de forma bestial hasta encontrar saciedad. Valerie posó sus manos alrededor de su cara acariciando con la yema de los dedos la extensión de piel, él jugó con sus extremidades por la espalda de ésta, provocándole cosquillas suaves casi como el roce de alas juguetonas de mariposas. ¡Acuchones como ese valían totalmente la pena! Amaba cuando la mujer besaba así de bien, un beso bien dado era un beso para recordar.
¿Quién quería un asqueroso beso casi francés con exceso de saliva? Esas cosas cortaban el rollo de forma brutal, aunque desgraciadamente uno nunca estaba exento de sufrir uno de esos en la vida. Depositó su mano dañada en la nuca atrayéndola más y más, casi como si deseara incorporarla a su propio cuerpo; se apartó de repente revelando otra transformación del sueño, donde la habitación se colmó de luz y los monstruos habitando las esquinas oscuras se vieron asesinados por el haz luminoso.
Casi se le sale el corazón del pecho cuando se encontró a Chelsea sobre él, con toda la extensión de su cuerpo al desnudo revelando los tatuajes quienes nunca veían la luz del sol por políticas de la usuaria. Su cuerpo curvilíneo, los senos firmes juveniles de una muchacha de tan solo veinte años, el trasero redondo y duro por el ejercicio dentro de los entrenamientos de la BSAA: todo para su diversión particular. Llevaba el cabello recogido pobremente con una coleta, la castaña pasó sus manos por el cuerpo demostrándole que toda esa extensión cutánea sería suya casi por obligación, sostuvo sus pechos para luego jugar con ellos echando la cabeza hacia atrás; al encontrarse las miradas se rió traviesa ante lo que estaba por hacer con la pobre victima masculina. ¡Oh, amigo! ¡Estaba preparado para ello!
Su puta cabeza le decía algo aún dormido dentro suyo, algo que asustaba apenas lo veía debido a la implicancia de una fuerte conexión sentimental.
— ¿Listo para ver las estrellas, vaquero? —inquirió en un ronroneo enloquecedor.
Era hora de probarle que los curas tenían el poder de romper su voto de celibato, y él precisamente se encontraba totalmente dispuesto a hacerlo. Devolvió sus extremidades a las caderas mientras la señorita Vickers comenzaba a moverse lentamente hacia delante y atrás, sujetando por las muñecas tratando de obtener un mejor agarre. A veces la cabeza le jugaba buenas pasadas, decidió en cuanto los movimientos aceleraron su ritmo a niveles impresionantes; la cabeza de Ethan solo encontraba una dirección posible en medio del acto sexual inconsciente con quien era su amiga, esa muchacha irrespetuosa de buen corazón. Su cabeza le revelaba sentimientos ocultos por ella, y justo en que comenzó a divertirse brincando sobre él riendo para luego soltar un gemido sonoro de puro placer, se dio cuenta de lo mucho que la quería más allá del terreno de una amistad.
¿Cuándo pasó? Se preguntaba mientras la castaña argumentaba lo bien dotado que estaba para hacerla feliz, meneando las caderas a continuación para conducir su mano a la zona prohibida.
—Hazlo —le dijo con una sonrisa—, o lo haré yo.
Aceptó la invitación realizando lo mismo otra vez. Chelsea llegó al orgasmo un momento después cubriendo su entrepierna con lubricación vaginal; le pidió nalgueadas en su trasero, accediendo y sintiendo el sonido precioso de la piel contra esa masa firme. ¡Otra vez! Oyéndola gritar de placer, realizó lo mismo con la otra nalga. Fue peor cuando propuso un cambio posicional una vez contenta en primer lugar: penetrándola por detrás. De rodillas sobre la cama, parecía una gata en celo levantando sus partes prohibidas potencialmente letales; no evitó dirigir primero su rostro percibiendo el olor sexual y dejando su lengua pasearse por los labios brillosos, introduciendo su lengua por esa abertura rosada. ¡Vaya! ¡Estaba deliciosa! Succionó la piel libre de vello, enterrando su cara dentro de esas curvas sagradas las cuales conformaban el trasero. Besó, lamió cada centímetro cubico de lubricación sintiéndose al borde de estallar; golpeó con la palma abierta para luego estrujar la carne femenina oyéndola pedir por más.
Parecía sureal cuando introdujo su hombría dentro de ella arrancándole otro grito, se decidió por intentarlo a mayores cuando aumentó el nivel de sus embestidas hasta obligarla a ver las estrellas. Quería más de ese cuerpo mientras sus manos acariciaban la extensión de piel sedosa al tacto de su trasero y espalda baja, en su mente se formulaban distintos sentimientos hacia ella todos siendo cálidos como un lindo día de verano.
Sujetó con fuerza su cintura mientras cerraba los ojos, la fantasía adolescente con la joven ácida pero preciosa no hizo más que empezar. Adoraba el roce de sus dedos ásperos por años de tocar teclados con esa piel casi virginal, traviesa. Depositó su mano sobre el abdomen bajo para luego obligarla a erguir su espalda, aferrándola a él con la derecha sobre su clítoris y la izquierda apretujando su pezón. Así se hacía más probable la posibilidad de escaparse de esa cueva amorosa, pero poco le importó cuando sintió las extremidades pequeñas aferrarse a sus muslos. ¿Quién dijo que podía hacerlo mal? Ella claramente no, girando su cuello para encarar su rostro y plantar un fugaz beso pasional.
Algo le sorprendió en un instante determinado donde ella comenzó a soltar palabras de amor hacia su persona sin ningún tipo de remordimiento, aferrando su extremidad ahora a la suya sobre su pecho. Le decía lo buen mozo que era, el buen uso dado a su extensión natural junto con lo bien dotado; lo que llamó más su atención fue la frase resonante dentro de su cabeza hasta la hora de volverse a dormir la noche siguiente: "¡Te necesito, Ethan! ¡Te amo!" ¿Lo necesitaba y amaba? ¿Era de verdad?
¡Él la necesitaba para vivir! Su subconsciente estaba revelando las intenciones a futuro en forma de Chelsea, quien no paraba de gemir audiblemente por el amor físico brindado. Sintió un calor indescriptible en su cuerpo, su frente se cubrió con una capa acuosa y su cara, cuello y brazos se tiño de un color rojizo.
Literalmente se encontraba al borde de caer presa del orgasmo, pensando en cómo decir con señas la cantidad amontonada de frases románticas para expresar sus sentimientos a su compañera de habitación; se encontraba impedido para hablar por una fuerza mayor quien oprimía su garganta evitándole hablar durante toda la trayectoria del sueño. ¡Quería gritarlo! ¡Hacerle saber lo especial que era en su vida! ¡No podía! Aprisionó ese cuello largo casi de cisne, continuó sus juegos sobre su sexo oyendo el choque de pieles durante las arremetidas. Se encontraba al borde de caer, sus pies se encontraban levemente apoyados en el borde del abismo llamado orgasmo mirando en dirección descendente a las profundidades, en tonos rojos, con el corazón a mil por hora…
De la nada la habitación se llenó de un sonido de alerta, una alarma no paraba de chillar y no lograba encontrar el punto de fuga del sonido. No deseaba despegar su piel del cuerpo femenino por nada del mundo, sin embargo el sonido ensordecedor de la alerta parecida a un despertador electrónico le impedía pensar. Cerró los ojos presionándolos con fuerza mientras esa alarma taladraba sus sienes intentando despejarlo del mundo idílico del sexo consensuado con una muchacha tan linda como lo era la señorita Vickers. La presión en la garganta aumentó su intensidad obligándolo a toser, se asemejaba a una bufanda demasiado ajustada alrededor del cuello en los días fríos; sentía deseos de llorar ante esa combinación de pesadilla la cual no dejaba terminar ese fantástico sueño húmedo.
Y abrió los ojos, mirando directo al techo blanco de su habitación dentro de Washington tosiendo por tener a su gata durmiendo sobre su cuello. ¿Esa era la presión tan terrible que no lo dejó corresponder los sentimientos de amor brindados por Chelsea? ¡Skittles lo odiaba! El animal dormía profundamente sobre su amo, quien tenía una erección de novela tal como si fuera ese crio de doce años con los comienzos nocturnos. Le dolía el aprisionamiento de los distintos tipos de tela sobre su cuerpo, su miembro enhiesto era un mástil fuerte en clara significación con esa locura nocturna. Una sensación de pesadumbre lo cubrió por solamente haber soñado con follarse a la castaña.
Corrió con suavidad a su mascota, Skittles se molestó con su dueño bajándose de la cama para luego salir a comer algo. Miró en dirección a su mesa de noche con el maldito despertador de mierda gritando para despertarlo, apagando su llamado de un manotazo iracundo por la puta interrupción. Descorrió las sabanas, quedándose sentado en el borde con expresión más cansada que cuando se dirigió a dormir.
Frotó su rostro varias veces para desperezarse, con codos sobre sus piernas al tiempo que echaba una ojeada a su entrepierna latente; ¡Carajo! Ese sueño empezó como una pesadilla tremenda al recordar a esa arpía mentirosa, se transformó el algo apetecible gracias a la entrada, hasta la llegada del platillo fuerte con su amiga protagonizando la carne más deliciosa jamás probada. Fue tan realista, tan perfecto… ¡Necesitaba despejarse de inmediato!
Se encaminó a la ducha para intentar calmar su cuerpo revolucionado gracias al estado de inconsciencia perfectamente armado por su mente traviesa, la cual se burló de él hasta el final sin dejarle expresar los sentimientos formulados en la cabeza durante todo el acto sexual. ¡Le dijo que lo necesitaba! ¡Ella a él! Descorrió la cortina de ducha con lunares en azul, giró la llave dejando correr el agua hasta cuando comenzó a desprender vapor. El ambiente estaba algo frio por apagar la calefacción mientras dormía, su cuerpo era todo lo opuesto al exterior. Se desprendió la camiseta blanca mangas cortas bastante gastada con el cuello casi raido por el uso, el pantalón cuadrillé gris quedó sobre el suelo frio y blanco seguido por su ropa interior de color rojo atenuado; ingresó abriendo la salida hasta el máximo, siendo sorprendido por el primer chorro frio (casi grita de forma aguda por la sorpresa) hasta el momento en donde el agua caliente lo empapó.
Cerró los ojos dirigiendo su mirada directo a la fuente la cual emanaba agua intentando despejar la cabeza de las imágenes mentales pecaminosas en su propia cabeza. ¡Mierda! No podía arrancar ese cuerpo femenino con tatuajes de la memoria, menos la voz seductora utilizada mientras ambos lo hacían sin asco; se sintió como un animal dispuesto a saciar su sed con esa bebida mágica en forma de cuerpo, necesitaba algo más que solamente unas palabras sarcásticas de esa chica. Se dio cuenta tarde, casi como siempre, de la necesidad letal de no poder dejarla ir ya que se moriría seco como una planta por falta de amor.
Por más que lo sacara de quicio, se pasara de lista cientos de veces y hasta le hubiese dado el zurdazo de su vida directo al mentón, la requería para vivir. Algo más lo impulsó directo a DC el instante en donde le ofrecieron un jugoso salario por prestar sus servicios dentro de la BSAA, probablemente la forma humana de tratar a un igual en cuestiones de sufrimiento vírico fue el impulso primario para mover su cuerpo hasta el estado de Maryland. Despertaba de su letargo finalmente a sabiendas de sus sentimientos más profundos, dormidos unos meses atrás, comenzaban a abrir los ojos abrazando a su corazón pidiéndole encarecidamente más de ella.
Cubrió la esponja en forma ovalada con un poco de gel masculino de ducha mirando directo a la pared de azulejos pequeños en distintas tonalidades de gris, recordando casi como una puñalada a ese corazón latiendo por ella las fotos con ese chico rubio, alto y con un bigote. Ningún amigo inocente tocaba las nalgas de una mujer de la forma en donde subieron la foto, sin importar el disfraz portado en esa ocasión o la clara referencia al alcohol ingerido en forma de vasos de plástico. Chelsea no dejó en claro si realmente estaba saliendo con él, recordando sus palabras vagas respecto al tema la cual podría correr a favor de una relación entre ellos.
«Pero no lo sé a ciencia cierta. No puedo caer en la trampa de perder mis ilusiones tan rápido.»
Chelsea no parecía del tipo de mujer quien corría detrás de una relación como si su vida dependiera de ello, así como tampoco se la veía muy comprometida en otros lados a la supuesta relación con el tipo ese. Si estaba en pareja debería verlos juntos al menos en su oficina ya que ambos trabajaban y entrenaban en el mismo sitio, pero no se veía eso. Probablemente deseaban mostrarse relajados con el resto del mundo para no levantar sospechas, más con la reputación de Chelsea y la supuesta homosexualidad del rubio…
No deseaba ni quería seguir pensando en ellos dos así de cercanos, decidió mientras frotaba la esponja contra toda extensión de piel posible, intentando arrancarse el sudor producto del sueño húmedo, también en búsqueda de despabilarse para emprender otro día tediosamente frustrante en su escritorio. Sinceramente ningún trabajo dejaba de lado esa parte terrible a la hora de sumergirte en una ola de estrés de varios metros de altura, no importara si se trataba de algo a lo cual uno deseaba ejercer o no; una señal de alarma se despertó en su cabeza al pensar en tener que verla de nuevo después de tenerla en su mente.
Se trataría de un momento realmente incomodo para él en especial después de casi gritarle los sentimientos más profundos mientras la penetraba. «Podría saludarla con un café para después decirle "soñé contigo en mi cama de Texas, teniendo sexo desenfrenado y me gustó muchísimo. Por cierto ¿Quieres tener una cita conmigo? Siento que me gustas bastante", todo para que probablemente la azore en tal nivel que deje de hablarme por siempre.» ¿Evitarla? ¿Eso solucionaría todo o lo empeoraría? Dejó el agua arrastrar los restos de espuma perfumada conduciéndola al desagüe, sopesando el hecho de intentar apartarse hasta aclarar su cabeza o seguir como si nada a riesgo de una explosión de su propia cabeza.
Claramente no podría alejarla mucho ni tampoco deseaba hacerlo, solamente deseaba tener un momento de reflexión para evaluar el empacho amoroso sentido a partir de aquel instante. Todo eso le golpeó como si fuera un mazo demoliendo una pared…
Volvió a recorrer el camino de las imágenes mentales explicitas mientras su propio cuerpo pedía un poco de satisfacción personal.
—Por el amor de Dios, Ethan Junior, cálmate de una vez — ¿Estaba hablando con su pene? Si, sin dudas lo hacía y más cuando no podía calmarlo ni siquiera con una ducha. Parecía reclamar un alivio urgente pese a que quien controlaba eso era su propio cerebro, quien seguía mostrando en forma de un "urgente" televisivo ese trasero redondo y suave a todo lujo.
Tendría que hacerse un favor calmándose de forma manual para lograr continuar el día sin interrupciones, se decidió colocando una mano sobre Junior quien se encontraba vivamente de pie. Alivió sus tensiones sexuales al cabo de unos diez minutos con el agua corriéndole por la espalda, quien se llevaba los restos del crimen de la misma manera que la espuma.
La ducha solo logró enturbiar las aguas de su cabeza, decidió mientras se encaminaba a su oficina girando la vista hacia todos lados en búsqueda de una castaña salvaje apareciera y trastocara la calma tensa dentro de su mente. Claramente hizo un rodeo por otro pasillo así no pasaba frente a su oficina, la cual seguramente tenía una puerta abierta y se encontraba trabajando detrás del escritorio con rostro de pocos amigos, prefería mantener una distancia ese día de al menos unos metros entre ellos sino perdería la cordura. El momento en el baño solo empeoró las cosas, y mientras se vestía recibió un mensaje mañanero indicando que ese día Sarah saldría de la veterinaria lista para vivir en la residencia de Chelsea. Obviamente se alegró por las noticias favorables respecto a la salud del animal, como también decidió ser de ayuda con cualquier cosa si se precisaba; podría estar mareado sentimentalmente pero tenía demasiado en claro cómo actuar en torno a un gato.
Adoraba a esos animales más de lo que deseaba admitir. ¿Quién dijo que solo podría retratarse a una mujer soltera con cinco gatos? Si fuera el caso él tomaría el puesto de ese estereotipo tan desagradable; los felinos se trataban de un complemento hermoso en su vida, salvo cuando te presionaban la garganta y en tu sueño no podías confesarle a la chica atractiva lo mucho que la querías.
«Ahí vamos de nuevo.»
Se metió en la cueva tecnológica con solo Orlando presente en la estancia, quien recorría con la mirada algo dentro de la pantalla de su escritorio totalmente decorado con objetos personales. Sin dudas pasaba algo, con el ceño fruncido ante la información en la pantalla; saludó cordialmente como realizaba a diario siendo correspondido con un asentimiento seco por su parte. Decidió mejor no insistir mucho más. Se dispuso a trabajar tranquilamente por un par de minutos hasta ver a Edwin ingresando a la oficina con su bolso gastado por años, repleto de pines con inscripciones de sus animes favoritos, bebiéndose un café comprado en la cafetería. Efectuó un saludo mañanero recibiendo una cordial bienvenida de su jefe y otra hosca de su compañero.
Un gesto preguntando si todo estaba bien, Ethan respondió elevando sus hombros indicando su desconocimiento completo del asunto. Orlando sabía el poder de contar con ellos en cuanto fuera necesario, pero en ese preciso instante prefería guardarse toda la frustración e ira respecto a unos análisis con pésimos resultados a cuenta de su madre.
Trabajaron sin cesar hasta la hora del almuerzo en donde prefirió salir a comer algo (se decantó por treinta centímetros de puro sándwich) en vez de quedarse dentro de una cafetería con la posibilidad de verla. ¿Estaba portándose como un tonto? No, claramente, debido principalmente a la necesidad de aclarase. Su mundo se dio vuelta en cuestión de una noche sola, donde sus sentimientos ocultos afloraron hasta estallarle mientras dormía como tronco. Cogió sus pertenencias personales decidiendo un nuevo rodeo por el pasillo contrario para descender, fue directo por las escaleras para evitar un fortuito encuentro dentro del ascensor (ya comenzaba a encontrarse paranoico), para luego correr a contrarreloj en la búsqueda de salir sin verla. Creyó ser buen jugador ese día al no verla por ningún lado.
No podía estar más equivocado pero en su ingenuidad se encontraba a gusto.
Al borde de doblar hacia la recepción se encontró a Rosalin charlando con una compañera de otro de los edificios, intentó buscar una salida más rápida o un rodeo a la situación, aunque cuando estaba por dar la vuelta y volver sobre sus pasos, la mujer le llamó con un grito agudo casi como si fuera una estrella de rock o algo. Suspiró exhausto ocultando su cara de fastidio ante ella por sus principios de caballero. Le alcanzó teniendo el escote de su camisa bastante más bajo y los labios finos pintados de rojo furioso; personalmente deseaba no ver a Chelsea para no volverse loco, peor era si se trataba de ver a Rosalin con sus intentos descabellados por obligarlo a prestarle atención.
Sinceramente la situación con esa mujer no le iba ni medio pelo, parecía que por más intentos amistosos de alejarla esta se le aferraba como una garrapata. Su autoestima alta le decía sobre ser un bombón irresistible pero la verdad deseaba abandonar ese poder infalible con las féminas, si todo eso le garantizaba alejamiento permanente de esa mujer. La pelirroja le sonrió seductoramente sin comprender aún sobre la bullente confusión dentro de la cabeza de su objetivo.
—Siento molestarte hoy, Ethan —«Fantástico, al menos se disculpa conmigo por ser un incordio.»—, pero me gustaría preguntarte si quieres almorzar conmigo. Podemos ir fuera si no te apetece la cafetería.
«Me apetece alejarme aunque no contigo. ¿Qué no aparece algún tipo extra para salvarme de tenerla siempre rondándome como una hiena a punto de comer su presa?»
—Lo siento pero ahora mismo tengo que irme a una cita urgente con mi médico —mintió, recordando el ardid llevado a cabo por su amiga cuando necesitó salir corriendo con Sarah al veterinario—. Pidió verme lo más rápido posible debido a un análisis con resultados algo trastocados, disculpa.
Intentó rodearla por la izquierda para huir de la escena, sin embargo ella bloqueó su paso rápidamente sin rendirse de forma definitiva. Acomodó un mechón carmesí furioso detrás de la oreja soltando una risita con dobles intenciones.
— ¿Mañana será? Soy muy sincera cuando digo que me gustaría comer contigo algún día.
—No creo, eh… Mañana no sé si voy a estar. Debo atender otros asuntos con el consorcio de mi departamento, cosas de vecinos molestos.
¿Eso era lo mejor a inventar para zafar de ella? Sin dudas no logró un resultado formidable contra la pelirroja quien se cruzó de brazos bastante indignada.
— ¿Hay alguien más? Si lo hay prometo dejarte tranquilo ya que no me va meterme en relaciones como una tercera en discordia. Soy plato principal o nada.
¿Dio vuelta el juego? ¿Ahora se trataba de Ethan buscando desesperada mente a Rosalin? ¡Cosa de locos tratar con esa mujer!
—Lo siento si te rompo el corazón pero estoy viendo a alguien, y mañana prometí ir a almorzar con ella.
— ¿Cómo se llama? Le enviaré mis felicitaciones por atrapar a un pez sabroso.
«Si efectivamente hubiera alguien esperando por mi ¿Qué le importa? Sería mi relación y mi pareja, en todo caso, no debería ni siquiera cruzársele preguntar de forma tan impertinente.» Se encontraba pensando en Valerie y su cabello negro cuando su subconsciente volvió a joderle los planes a la hora de hablar.
—Chelsea. —se mordió la lengua al borde de hacérsela sangrar cuando reparó en cuentas sobre el nombre expresado; se imaginó a la morena con su vestido de lentejuelas pero cambió los papeles de identificación mencionando a la de ojos ámbar. Rosalin pareció ver un fantasma para pasar a sentirse ligeramente insultada al oír el nombre de esa pequeña zorra—. Lo siento mucho.
No pudo hacer más que continuar la mentira inexistente. La sensación rara dentro de su cuerpo acrecentó su magnitud al figurar una relación inexistente. Obsesionado con ella era poco, desgraciadamente, tanto que debería pedirle cooperación.
—Okey. No pasa nada, envíale recuerdos de mi parte.
Se cruzó de brazos despidiéndose de él en forma fría; suspiraría aliviado si no fuera por el terrible error dicho unos segundos atrás. La cagó fuertemente en una franja de tiempo reducida apenas a milésimas, sintiéndose como un bueno para nada. ¿Sería estúpido toda la vida o solamente en lapsus de tiempo reducido?
La vio alejarse de su persona con paso apurado en apariencias furioso, al menos podía cantar victoria ese día con nimiedades tales como alejarla lo más posible de su propia persona; saludó a las recepcionistas con una sonrisa, marchándose del edificio para adentrar el cuerpo en el frio invierno. Parecía de locos estar tan cerca de la primavera y aún sentir la ola polar la cual aparentemente amainaría el fin de semana para dar paso a temperaturas acordes a finales de febrero, extrañaba la idea de salir solamente con una chaqueta de tela sencilla o en una camiseta mangas cortas sin morir congelado en el intento. Trotó hasta su coche sin percatarse de la mujer con peluca rubia hasta el mentón, la misma con la cual compartió cama por tantos meses infelices; subió a bordo para luego arrancar el motor y deleitarse con el calor de la calefacción. La mujer vestida con una chaqueta a prueba de nieve y pantalones largos acampanados en el tobillo miró de forma discreta como salía del estacionamiento, con el dispositivo de seguimiento pegado al tanque de combustible.
Lo seguiría para ver si ambos coches coincidían en el lugar de destino, pudiendo dale un pie aún mayor a la idea de una posible relación. Sus jefes se relamerían los labios si se confirmaba el rumor circulante de los sujetos a seguir.
Recorrió las calles en círculos vislumbrando el reloj del tablero correr frente a sus ojos, se encontraba tremendamente indeciso si pasarse por una buena hamburguesa con tocino y cebolla o un clásico sándwich de ternera. ¿Cuánto nivel de hambre llevaba encima? Sin duda alguna se trataba de un dilema milenario del primer mundo…
—Al carajo, hace años no voy a Subway — ¡Tenía cupones de descuento! La cosa pintaba a mejor.
Su siguiente parada fue dentro de un estacionamiento privado de un laboratorio de análisis clínicos el cual lindaba con el comercio de sándwiches. Bajó contento con su decisión a la hora de comer, ni siquiera se inmutó cuando vio una fila bastante larga hasta la línea de cajas. ¿Para qué quejarse si todo marchaba según sus planes? Esperó pacientemente detrás de una pareja de jóvenes revisando las notificaciones de su celular, descubriendo un par de mensajes bastante peculiares de su compañero de oficina y amigo, quien preguntaba si realmente estaba saliendo con Chelsea debido a las palabras de su amiga Rosalin. Respondió sobre la necesidad de librarse de ella cuando estaba por morir de inanición antes de salir, nada podía alejarse más de la verdad; recibió una réplica sobre lo furiosa que se encontraba la pelirroja durante el intercambio de palabras entre ellos dos antes de almorzar, no le prestó demasiada importancia a los consejos de no provocar a esa mujer.
Rosalin tenía un historial bastante extenso con Chelsea así como también por tener pésimo genio cuando se cabreaba, solía perder las inhibiciones en cuanto su nivel de ira sobrepasaba una cierta cantidad acumulada realizando estupideces varias.
Jugueteó con algunos juegos con microtransacciones dentro de ellos, divirtiéndose a lo grande a costas de sacrificar un poco de batería construyendo su ciudad virtual "Ethopolis". Los minutos pasaron hasta que llegó el momento de ordenar su almuerzo, con gaseosa dietética debido principalmente a cargar su almuerzo con tres tipos de condimento distinto sobre los trozos fileteados de ternera, sumados a los distintos vegetales como también huevo para agregar. Recibió el pedido en una bandeja luego de pagar, pasando a buscar una mesa alejada del gentío charlatán cercano a los baños. Una mesa redonda para dos se encontraba cerca de la ventana, fue automáticamente su elección una vez vio a una pareja tranquila de ancianos comiendo un modesto almuerzo de solo quince centímetros con vasos de agua.
Dio una probada a la bebida carbonatada dietética sintiendo el frio recorrer su garganta a temperatura corporal, dio el primer bocado colmado de una sensación de éxtasis saboreando la combinación de sabores. Grandes comidas caían por un precio relativamente módico. Dio el segundo bocado sin pensar en nada más que la textura crocante del pan aferrándose a sus encías hasta que de buenas a primeras una persona apoyó de forma brusca una bandeja idéntica a la suya con el almuerzo de pollo, bebida extra grande siendo consumida.
Su nivel de pánico aumentó en cuanto fue descubriendo que detrás del uniforme azul Francia se escondía una cara ovalada con ojos traviesos en color ámbar, cabello recogido en un par de trenzas francesas simpáticas a combinación con su personalidad alegre ese mismo día. Chelsea le sonrió cuando lo vio morirse del susto, rememorando todo de forma desesperada.
Se alegró bastante de ver a su amigo en el Subway ese mediodía, más cuando andaba necesitando un consejo respecto de los gatos y su comportamiento desconocido por la tenencia casi eterna de canes. Cogió su bandeja marrón de plástico, sentándose frente a él de sorpresa como si la estuviera esperando toda la vida para comer juntos; le extrañó un poco la expresión de asombro mortal en su cara, atribuyéndolo a haber depositado de forma brusca su comida mientras le daba una chupada al vaso de gaseosa tamaño extra grande. La mañana con buenas noticias dentro del panorama en relación con la salud de Sarah le movió esa fibra activa dentro, indicándole que se aproximara al comercio de comidas mediante el transporte público y caminando, sin importarle el frio de fuera o haber llevado su coche a trabajar. Solía salir a almorzar sin llevarse el Compass, recomendación de Parker desde sus comienzos como conductora sobre "no acostumbrarse a moverse eternamente con el coche" eligiendo el transporte público o caminar de vez en cuando.
Le causó gracia el pánico de su cara, riéndose de él mientras tomaba finalmente asiento para coger un trozo de lechuga sobre la bandeja de su sándwich gigante. Esa mañana optó por un tazón hasta la mitad de cereales con un poco de leche y café, a media mañana le entró un hambre voraz saciada con caramelos Skittles. No evitó pensar en el adicto a esta golosina cuando terminó el paquete grande, sintiendo ese subidón de azúcar correr por su torrente sanguíneo, acabando la primera parte del trabajo cantando a ritmo de música proveniente del ordenador. Después sintió una necesidad de vida o muerte por comer algo, y la carne salteada servida en la cafetería ese mediodía no era exactamente su favorito.
—Ni que fuera un fantasma, vaquero —comentó luego de dejar el vaso de gaseosa al costado de la bandeja—. Tendré mala cara por no llevar maquillaje pero no soy un wendigo o algo así.
—Descuida, solamente fue la sorpresa de no haberte esperado —le latía el corazón a una velocidad tal que parecía salírsele por la boca; el cerebro le gritaba "¡Eres un idiota!" por no irse a otro lugar a comer—. Me alegro de verte.
— ¡Qué coincidencia! Estamos igual, más si necesito ayuda con un gato nuevo en mi casa.
Bueno… Al menos hablarían de eso.
— ¿Ansiosa por tenerla a tu cuidado? Los gatitos conllevan una enorme responsabilidad.
—Ya lo sé, tío Ben, por eso te necesito. ¿Qué tipo de arena es la mejor para gatos? ¿O debería comprar piedras sanitarias?
¡Malditas referencias a Spider-Man sarcásticas! Ni hablar de su cuerpo traicionero despertando a la bestia.
—Depende de lo que te digan en la veterinaria. Cuando traje a Skit a casa me recomendaron piedras en vez de arena, otros prefieren las piedras de madera porque al absorber la orina forman una pasta cuando se mojan. —Dio otro mordisco a su sándwich—. Personalmente prefiero todo antes que arena porque es mil veces más fácil limpiar. Si es inquieta va a dejar un reguero de su baño personal por donde lo dejes.
—Ese es mi miedo, porque va a estar en mi baño y suelo ir descalza cuando me da por ir mientras duermo —dijo, cortando a la mitad su almuerzo de pollo Teriyaki con al menos cinco adicionales—. Me suena que pisar una de esas duele como si fuera un lego.
—Los ladrillitos esos y las piedras son competidores de cerca sobre quién duele más, pero descuida. Realmente considero que eso es el menor de los problemas.
— ¿Hay algo peor?
—Siempre: por ejemplo la comida. Probablemente te den una comida de cachorro y tú quieras cambiársela por precio o porque te parece mejor, la parte complicada es hacer que tu gato se acostumbre.
—Déjame adivinar —interrumpió luego de dar el primer mordisco al sándwich con el pan deliciosamente crocante—: puede darles diarrea.
—Hay una chance, sin embargo seguramente se rehúse a comer hasta no ver su comida favorita de nuevo, o al menos eso hizo la mía.
—Tu gata realmente es un dolor en el culo si se lo propone, ¿Te das cuenta? —Iba a defenderla a capa y espada cuando la muchacha lo silenció con su dedo índice—. En realidad me dijeron que comiera una formula especial por unos días, remojada con una leche para cachorros más especial que los granos de alimento balanceado. La pobre estaba muy anémica y el hierro de eso es el ideal para ella.
¡Pobre animal! ¿Cuánto tiempo habrá pasado sin comer absolutamente nada para su salud? Tuvo suerte de encontrarse con un humano tan bien corazonado como lo podía ser Chelsea. Ethan dio otro bocado mientras pensaba otra cosa que pudiera inquietarla respecto a la crianza y luego tenencia de un gato.
— ¿Tienes una cama para ella? ¿O lugar donde rasque para afilar las uñas?
—Pedí una muy mona por internet cuando surfeaba por Amazon hace unas noches y aparentemente llega mañana, lo segundo ni idea.
—Consigue uno porque tus muebles van a sufrir si no lo haces. La madera les encanta y los sofás igual. Un banco viejo o una torre de esas que venden dentro de las tiendas para mascotas le irán de maravilla.
La chica hizo una mueca de desagrado ante la idea de un banco siendo arañado por su nueva felina. Los animales sin dudas se trataban de una buena compañía, salvo en las ocasiones donde se pasaban de listos y arruinaban las cosas, como los pisos limpios o la ropa de cama la cual vomitaban.
—Creo que voy a comprar un poste para rascar, el único banco medio viejo lo uso para pintar al oleo y no tengo intenciones de comprar uno para estropearlo si cae una gota de pintura.
—Son bancos de madera, Chels. —una pausa cargada de condimento y alimento saciador de hambre—. ¿Juguetes de hule? Así como ratoncitos de plástico o un plumero para volverlos loco.
—Tengo un fantástico puntero laser en mis llaves —exclamó dejando todo lo que portaba en sus manos de nuevo en la bandeja para revolver en el bolsillo de su chaqueta, del mismo extrajo un manojo de llaves hogareñas repletas de llaveros de distinta clase; a Ethan no le sorprendió encontrar un soldado portando una servoarmadura entre la colección. Apuntó con el laser a su cara directo a los ojos verdes— ¿Suficiente para entretenerlo?
Obviamente molesto por la luz roja directo a sus globos oculares apartó la mirada dando manotazos en el aire. La castaña rió de buena gana al verlo fruncir el ceño para luego vislumbrar una expresión de regaño en sus ojos.
—Sí, le va a gustar. Por cierto: no tengo deseos de quedarme ciego ningún momento próximo, gracias.
—Eres un abuelo, no puedo creerlo. ¡Los órganos están para usarse, hombre! —rió.
— ¿Cómo tus pulmones?
—Exacto.
Prosiguieron con su comida charlando de tonterías varias.
Chelsea no sospechaba absolutamente nada el revoltijo emocional provocado dentro rubio, aunque si se encontraba notificada probablemente se lo tomaría a chiste por el recorrido tomado dentro de su compañero. No admitiría sentirse un poco extrañada sobre haber protagonizado un sueño casi pornográfico dentro de la cabeza de su amigo, peor se trataba si hablaba de la necesidad post despertar del rubio. Los sueños sexuales no decían mucho para su persona más que la necesidad de interactuar con un varón para saciar el creciente deseo carnal, el cual pugnaba por salir de cualquier manera: fuera masturbándose o mediante una dosis de buen sexo. Continuaron con una charla amena rondando la nueva incorporación familiar, en donde Ethan intentó despegarse un poco de la lujuria desesperante; la distracción calmó un poco dándose cuenta tardíamente que evitarle solo hubiera empeorado las cosas.
Saciada el hambre mutua arrojaron todo lo sobrante dentro de un cesto de basura alto, con una tapa especial para arrojar las cosas sin echar dentro la bandeja. Salieron del comercio comentando cosas varias de la vida, como podía ser la estadía dentro de la secundaria de la muchacha; aprendió muchas cosas sobre sus gustos personales como también lo terrible que podía ser el mundo adolescente dispuesto a prejuzgar al diferente o al menos popular. La señorita Vickers fue el antónimo a popular, sufriendo ostracismo ella y su grupo de amigos por el resto de los estudiantes tan solo por no compartir exactamente la mayoría de los gustos o su enfermedad mental. No todos entendían a la perfección como lidiar con un paciente diagnosticado con depresión crónica, y no ocurría nada si no comprendían, sin embargo la usaban como objeto de burlas hasta el momento final dentro del infierno en forma de establecimiento educativo.
Chelsea acompañó al señor Winters hasta el coche rememorando con un pequeño nudo en la garganta, hablarlo le sentaba bien para no intoxicar su interior con esos rencores antaño tan difíciles de expresar. El rubio abrió el coche con el botón a distancia viendo el baile de las luces traseras efectuarse, proponiendo llevarla al examinar en derredor en búsqueda del transporte privado de su amiga.
—Descuida, seguí el consejo de mi papá sobre no andar siempre sobre cuatro ruedas —explicó con tono práctico—. Además necesito moverme en transporte público algunas veces, prefiero una emisión menos de gases contaminantes.
— ¿Con el frio que hace? —inquirió sorprendido abriendo la puerta delantera derecha y sosteniéndola—. Oh, no. No sería un caballero si te dejara andando sola.
—Perdona mi negativa, Romeo. La parada está a una calle y media de distancia, no se me van a despegar las piernas por caminar. Además tengo que gastar el abono mensual de vez en cuando, lo saqué a principios de mes y sigo sin gastar ni un dólar.
— ¿Segurísima? Tengo algo que el bus no: calefacción.
—El calor humano también es una buena forma de mantenerse a resguardo de lo que queda de la ola polar. Te veré en la oficina.
Dio por zanjada la cuestión impidiéndole argumentar algo para intentar doblegar su voluntad de acero; mover las piernas se trataba de algo importante, y mucho más cuando después de trabajar tendría que presentarse a clases para permanecer sentada otras dos horas más prestando atención. Le vendría bien al culo dolorido por permanecer demasiado tiempo en una misma posición, ni siquiera sentándose sobre su extremidad doblada funcionaba como alivio del malestar. Lo saludó con la mano una vez este se dispuso a salir del parking a velocidad prudente, viéndolo acelerar al adentrarse en la calzada para luego virar a la derecha y perderlo de vista definitivamente.
Se movió a paso tranquilo cantando dentro de su cabeza Parklife de Blur tal como si fuera la primera vez en donde oía la canción gracias a su madre. Llevaba más de diez años escuchando la misma música que ella, siendo el primer ítem heredado del cual no se quejaba ni por broma. Emily podría ser una tirana cuando se propusiera hacerlo, pero en el fondo apreciaba mucho las cosas enseñadas; no sabría empuñar un arma o donde dar en el cuerpo para desequilibrar a un oponente de no ser por ella, no hubiera recibido defensa personal si la rubia hubiese dado su negativa. «A veces, solo muy contadas, me alegro en demasía tenerla conmigo. Si se hubiera muerto intentando protegerme no sé que hubiera hecho.»
Rememoraba sensaciones y emociones de antaño en el proceso de ser seguida de cerca por un coche negro con dos hombres en el interior. Loreta dio la orden de cambiar los vigías mediante un mensaje al grupo más cercano, esos dos sí que eran cercanos lo cual resultaba más beneficioso para la compañía que otra cosa. Su sexto sentido se despertó luego de pasar la parada de otro bus donde una publicidad se encontraba a la vista detrás de un vidrio bastante limpio para tratarse de un objeto al aire libre, comprobando con una corriente eléctrica descendente por la espalda el hecho de encontrarse siendo acechada. Frunció el ceño emprendiendo una caminata más rápida, metiendo las manos en el bolsillo para coger el móvil y el manojo de llaves a forma de manopla.
A falta de un arma de defensa siempre venía bien un manojo de llaveros. Sacó del bolsillo su móvil y presionando los contactos, encontrando el número aún cercano en el vecindario para ir a por ella. Presionó el botón virtual verde apresurando aún más la marcha, sintiendo el motor andante pisándole los talones; cruzó la calle oyendo los pitidos de espera, percibiendo la voz grave de Ethan al otro lado.
— ¿Pasa algo?
— ¿Estás cerca? Necesito que vengas por mí ahora. Es casi una emergencia.
—Me detuve en un semáforo aproximadamente a cinco calles, voy en camino. Por favor mantente en línea conmigo.
—Perfecto, doblo en la paralela a la que doblaste, va hacia el sur y te espero dentro de un comercio o algo. Me siguen en un vehículo…
— ¿Qué color?
—Negro, con dos personas dentro de aparente rostro macabro.
— ¿Aparente?
— ¡Tienen gafas en un día parcialmente nublado! —Gritó nerviosa, mirando sobre su hombro nuevamente comprobando que efectivamente no la seguían más por el trafico en sentido contrario—. Estoy al borde de cagarme de miedo por no ver a nadie más en la acera conmigo. ¡No pasa ni un puto auto a esta hora!
—Tranquila, ya di la vuelta en una intersección y voy lo más rápido que puedo con una patrulla adelante mío. ¿Llamo su atención?
—Es inútil si no puedo decirles el número de placa, no presté atención a ese detalle.
—Al menos estarás más tranquila con un oficial de la ley al lado tuyo, ¿No? —Hizo una breve pausa—. Cinco minutos y estoy contigo.
«Quizá no tenga cinco minutos…»
— ¡Date prisa!
Poca o nula cantidad de personas se hallaban en la calle principalmente por ser hora para almorzar o encontrarse enfrascados en sus tareas particulares; una sensación de pánico absoluto volvió a descender por su columna vertebral generándole malestar intestinal como también un subidón de energía para sus piernas en movimiento rápido.
Sinceramente no se imaginó terminando así: con la comida recientemente incorporada a su cuerpo al borde de salir por su boca producto del nerviosismo. Tampoco pensó volver a ser víctima de un perseguimiento callejero, con la desventaja de no portar un ítem defensivo por imaginarlo inútil. «Últimamente estoy equivocándome a lo grande. Fantástico Chelsea, pueden hasta matarte y solo llevas tus putas llaves.» El camino a una joyería no se trataba de una travesía eterna, tan solo se erguía a media cuadra de distancia; el miedo comenzaba a crecer a medida que percibía una vibración negativa a su espalda.
La voz de Ethan le pedía alguna palabra para mantenerlo a corriente si estaba todo bien o necesitaba gritarle a los oficiales quienes avanzaban lentamente frente a su coche. No le salían las palabras gracias al nudo enorme en su garganta aunque lograba balbucear algunos "si" o "apúrate".
Trotó los últimos metros divisorios entre la seguridad de un comercio y la calle peligrosa donde circulaban sus seguidores; un auto viró a toda velocidad por la esquina contraria a ella dirigiéndose a toda velocidad, siendo este automóvil uno muy distinto al de Ethan. Un balde de agua helada cayó sobre su cabeza empapándola y provocándole un temblor general, no sentía las piernas cuando se abalanzó a la puerta cerrada intentando por todos los medios lograr la apertura. En cuestión de segundos estaba detrás de ella, el dependiente del negocio salió de la trastienda sin comprender exactamente quién o porqué golpeaban; dirigió sus ojos a la chica al borde de la histeria como también al coche, cogió las llaves apresuradamente detrás del mostrador vidriado repleto de anillos plateados como también cadenas doradas, pensando en la posibilidad de ver a una mujer siendo secuestrada o asaltada.
— ¡Abre por favor! —suplicó a los gritos completamente fuera de si; descendió el conductor femenino del vehículo a toda prisa.
El tiempo pareció circular muy despacio mientras el pobre muchacho embocaba la llave en el agujero correspondiente dándole una doble vuelta. Tiró de la abertura de vidrio justo cuando la mujer con peluca rubia aferraba su mano delgada directo al brazo izquierdo de Chelsea, donde portaba el bolso negro con todos sus ítems personales más el disco rígido externo. La de orbes ámbar aferró su extremidad portadora como también el móvil en la contraria, donde oía los gritos al otro lado preguntando qué sucedía casi tan histérico como ella. Forcejeó unos instantes intentando por todos los medios posibles evitar la sustracción, al otro lado el muchacho portador de un cabello teñido de color negro generaba una fuerza contraria en tentativa de evitar el crimen.
La castaña elevó la pierna directo al abdomen de la mujer sin previo aviso, ejerciendo toda la fuerza posible en ese movimiento y logrando hacerla retroceder a trompicones directo al coche. Fue ese el instante donde se dejó arrastrar directo al negocio, gritando al joven que cerrara la puerta y accionara la cortina metálica para impedirle el paso. Loreta gruñó recobrando el equilibrio, corriendo el extremo inferior de su gabardina y extrayendo un arma de la pernera. Justo cuando levantaba el cañón el muchacho alcanzó a cerrar con doble vuelta y arrojarse a una esquina alejada, presionando el botón sobre su cabeza logrando activar el descenso de la cortina metálica.
En cuanto oyó el primer disparo atravesar el vidrio se cubrió la cabeza, avanzando sin ver hacia atrás del mostrador con la caja electrónica logrando un escondite precario contra las balas entrantes.
En algún momento la conversación con su amigo se cortó apareciendo la pantalla repleta de contactos frente a sus ojos; los vidrios volaban lejos al verse impactados por las balas expelidas, Loreta llevaba medio cargador vacío con deseos de seguir hasta no volarle la cabeza a la furcia de pelo castaño. Los dedos no le respondían en cuanto marcó al novecientos once, temblando como una hoja de papel justo cuando su oreja rozó el auricular; gritó a la telefonista al otro lado un intento de robo y disparos, indicándole exactamente donde se hallaba. Rió nerviosa ante la recomendación de aguardar a la patrulla más próxima replicando:
— ¡Si no estoy muerta antes! —colgó a las apuradas oyendo nuevas detonaciones. Soltó un grito agudo cuando sintió abrirse un hueco a centímetros de su cuerpo por un proyectil, impactando directo a la pared detrás suyo.
Se le saltaban las lagrimas del terror más absoluto posible, oyendo como las sirenas de las patrullas se acercaban en la distancia a toda velocidad; otro auto obligó a sus neumáticos chillar cuando luego de una frenada violenta aceleraba al tope, Loreta desistió de su decisión sobre disparar para al menos herir a su objetivo número uno, devolviendo el arma a su sitio y maldiciendo en el acto.
— ¡No vas a esconderte por mucho tiempo, zorrita! ¡Tus días de inmiscuirte donde no te llaman están por acabar! —gritó fuera de sí abordando el interior, obligando al motor a rugir y saliendo disparada antes de ser alcanzada por el coche de Ethan, quien estacionó haciendo gritar a los neumáticos.
Salió del interior a toda prisa sin pensar ni un milisegundo sobre su seguridad personal, el otro coche se perdía en la distancia cuando se aproximó directo al negocio, vislumbrando a dos calles de distancia trío de patrullas acercarse a todo trapo. Golpeó la malla con la mano abierta llamando al interior totalmente desesperado, viendo como lentamente se levantaba la barrera hasta la mitad y un chico no muy joven asomaba la cabeza desde un costado tan aterrorizado como él. Respondió la pregunta sobre el peligro cesado apenas segundos atrás, Gary (como decía su tarjeta de identificación) abrió temeroso la puerta aguardando a los oficiales con medio cuerpo dentro. Dejó pasar al rubio quien gritaba un solo nombre en particular, encontrando a la muchacha aferrándose con toda su vida al bolso, abrazando sus rodillas con la cabeza y mirando hacia el suelo sucio gracias a los trozos de yeso y vidrio generado por los proyectiles.
Chelsea no podía dejar de llorar trastornada, al verlo a él parado a su lado no logró mover sus músculos ni un solo milímetro. Otra vez pasaba lo mismo, aunque se podía considerar afortunada por no sufrir ningún daño físico; lo peor estaba en su cerebro a quien rogaba por no presentar un ataque de ansiedad en ese preciso momento. Se trataba de una tarea por demás perdida pese a los ejercicios de respiración enseñados por su terapeuta profesional; Ethan se arrodilló abrazándola con fuerza en un intento de calmar el temblor generalizado, la de orbes ámbar no opuso resistencia a su agarre pasando los brazos por su cuello mientras lloraba.
Le dolía cada centímetro de su cuerpo producto del nerviosismo creado por una situación de potencial fatalidad. Oyó susurrar a su amigo pero no entendía demasiado bien, sus oídos captaban toda onda sonora de forma distante y sus ojos se encontraban fijos en un punto determinado de la pared contraria.
Se limitó a repetir "todo está bien" una y otra vez para infundirle calma necesaria tratando de cesar el temblor. Trató despegarle las manos del bolso logrando una fuerte resistencia así como un nuevo estremecimiento, no seguiría por ese lado.
Sería un día difícil, decidió una vez los oficiales de la ley detuvieron bruscamente sus vehículos en la puerta luego de oír los gritos del dependiente, encontrando tres personas dentro del área afectada. Hicieron las preguntas correspondientes, pidieron ayuda a los de investigación de escenas ante todos los daños producidos al comercio; el dueño llegó después de recibir un llamado de la comisaría quienes le relataron lo sucedido, los vecinos salieron del interior de las casas en búsqueda de respuestas, los oficinistas linderos igual.
«Esto recién comienza. ¿En qué mierda me metí?» reiteró mentalmente todas las veces necesarias. Al menos tenía su información confidencial en las manos, al igual que su billetera repleta con información personal como también bancaria.
Pasó el resto de la tarde en la seccional policial más cercana prestando declaración de los sucesos, Parker y Emily fueron notificados apenas pusieron un pie los tres testigos en la seccional. Esperaron en la entrada intentando recabar más información del amigo rubio, quien solo podía decir lo que sabía: alguien la siguió y ella pidió ayuda. Nada más.
