Porky estaba frente a la casa de Daffy. De no saber exactamente donde vivía, había dado por seguro que el lugar estaba abandonado. Lucía lúgubre y descuida, incluso para los estándares de las demás casas. El pasto de la entrada estaba seco y amarillento. Las ventanas, al igual que las de su casa, estaban tapadas con tablas, por protección, pero los restos de lo que antes había sido un mosquitero, aun colgaban bajo estas. La fachada tenía varios agujeros de balas. A un par de metros a la derecha de la entrada, seguía una vieja mecedora, que de empezarse a mover sola, completaría la atmosfera de película de terror que esa casa le inspiraba. Lo peor, era que la casa era absurdamente grande para ser ocupada por una sola persona. De cierto modo, Porky lo consideraba un desperdicio, sobre todo en un barrio pobre como aquel. Sin embargo, Daffy se negaba a siquiera subir a los cuartos de arriba y se limitaba a vivir en la planta baja.

Cruzó el patio, con cuidado de no toparse con algún animalejo que viviera entre la hierba. Al llegar a la puerta, se sorprendió al ver que estaba abierta. En general Daffy no tenía esa clase de descuidos que pusieran en riesgo su vida.

Oh, lo olvidaba. Poner en riesgo su vida era el pasatiempo favorito de Daffy.

Entró, encontrando exactamente lo que esperaba encontrar. Su amigo se encontraba tumbado en el sofá, mirando el techo. A su alrededor había cientos de botellas y latas vacías.

-Da-Da-Daffy, no me digas q-qu-que estas ebrio tan temprano. ¿A dó-do-donde te metiste en el ho-ho-hospital? Cr-cre-crei que ibas detrás de mí.

No obstante, la respuesta que recibió no era la esperada.

-Creo que tengo una cita con Bugs- dijo el moreno con voz rasposa y arrastrando las palabras. En efecto, estaba ebrio.

Porky no pudo decidir entre si se sentía confundido o enojado. Le sorprendía hasta qué punto Bugs Banney podía manipular a Daffy a su antojo, sobre todo considerando lo furioso que se había puesto el moreno la noche anterior por sus coqueteos. Ese chico estaba haciendo que su amigo perdiera la cabeza, más de lo normal.

Tal vez, solo tal vez, comenzaba a considerar que Daffy pudiera estar…

-U-u-u-una cita- repitió, tratando de tomar el tema con delicadeza- ¿Y-y-y a do-do-donde irán?

-No lo sé, lo veré en el edificio Acme-

La mayoría de las personas se ponen más violentas y emocionales cuando beben, con Daffy pasaba lo contrario. Se podía decir que incluso se volvía un poco más racional. Desgraciadamente, no ocurría muy seguido debido a la alta tolerancia del moreno al alcohol. Así que era la oportunidad perfecta de abordarlo.

-Oye, he es-es-estado considerando que, a-a-a lo mejor a ti… Tal vez a ti te gu-gu-guste Bugs

Daffy sonrió a medias, quitándose de la cara el brazo que tapaba sus ojos y vio a Porky con la mirada soñolienta típica de un borracho.

-Porky, eres el hijo de puta más intuitivo que conozco- No le quedó claro si había sido sarcástico. El moreno trató de incorporarse con torpeza, sentándose.- ¿Sabes? También me he quebrado la cabeza con eso. He pensado: "¿Qué tiene este cabrón que me impide callarlo de un golpe?" "¿Por qué no puedo simplemente mandarlo a dormir como a los otros estúpidos que se han metido conmigo?" Y hoy, mi gordo amigo, tuve una epifanía. –Hizo un ademan circular con las manos- Hoy, que por fin lo vi doblegarse ante mí, lo supe. –Se levantó de repente, con falta de equilibrio- ¡Amo a Bugs Bunny, Banney o como sea! ¡Baah, le diré Bunny, porque eso es lo que es! Un maldito conejito. Un conejito jodidamente sexy y cogible. ¿Te lo imaginas, Porky? ¿Te imaginas a ese imbécil gimiendo y gritando mi nombre? Yo sí y no sabes lo duro que me pone. ¡Amo a ese infeliz y algún día nos casaremos y él llevará el vestido y tendremos muchos hijos! Todos con su estúpida cara. Y con suerte me convertiré en un ciudadano modelo de esta pútrida ciudad. Viviremos en una casa tan grande como está y yo conduciré un auto del año. Eso hasta que envejezcamos y yo al fin tenga el valor de matarlo. Ya lo tengo planeado, le abriré el cuello con mi propia dentadura postiza. Entonces me iré al infierno feliz y satisfecho. ¡¿Es eso lo que insinúas Porky?!

El nombrado no supo cómo reaccionar. No sabía si Daffy ebrio era menos aterrador que Daffy en estado normal. Tampoco podía dejar de pensar en que diría su amigo si se viera actuar de esa manera.

-También existen más posibilidades, mi obeso compadre.- Su sarcasmo y burla comenzaron a disminuir. Porky supuso que estaba entrando en la fase de sentimentalismo.- Puede que yo muera antes de tiempo y Bunny se quede con nuestros hijos ahogado en deudas. Puede que incluso tenga que prostituirse para alimentarlos ¡Es más, creo que ya lo hace! Tal vez uno de nuestros hijos se refugie de la miseria en las calles y aprenda a robar y drogarse. Puede que Bugs muera de una enfermedad venérea. ¡¿No sería más divertido así, Porky?! ¿Qué Bugs terminara como mi madre?

Comenzó a reírse y esa risa se convirtió lentamente en un llanto amargo. Porky se estremeció.

Escuchar a Daffy relatar su propia tragedia con tal sorna era más de lo que Porky podía soportar. Como pudo, cargo a su amigo hasta un cuartucho al que se accesaba por la cocina. Ahí Daffy tenía un colchón y una tele pequeña. Lo acostó, esperando que durmiera y se olvidara de su cita y de las tonterías que había estado diciendo.


Daffy despertó solo unas cuantas horas más tarde. Un pequeño y estropeado reloj que aun funcionaba, marcaba las ocho con cuarenta y dos. Se levantó de un salto y fue directo al baño, sin siquiera preguntarse cómo era que había llegado a su habitación, si apenas un momento antes estaba maldiciéndose en el sofá de la sala –pero, por la hora, había pasado más que un momento-. Se metió bajo la ducha sin importar el agua helada. Esperaba recuperarse de la resaca y quitarse el olor a alcohol. Salió y sacó su mejor ropa de un mueble de la cocina.

Llegó lo más puntual que pudo al edificio Acme. Desde ese punto, empezaban a extenderse los barrios ricos de la ciudad. El propio edificio ya se veía elegante y había alguien que vigilaba la entrada. Se llevó una mano a la cabeza, tratando de aminorar el dolor de la resaca y vio a alguien apoyado en una esquina. Esa persona fumaba y el humo que salía de su boca formaba curiosas figuras. Esa persona relucía a la luz de la luna (o tal vez fuera la farola) y parecía más un espectro que un ser de carne y hueso.

-Si viniste- habló esa persona, sonando (raro, era muy raro) aliviada. Daffy desconfió de inmediato.

Bugs tenía las manos vendadas y una gasa en la sien. No se había arreglado de forma especial y Daffy se sentía como un idiota. Ni siquiera se explicaba el por qué le había dado tanta importancia a la cita. Sin embargo, podía achacárselo a que aún estaba algo mareado y no pensaba con claridad. No podía concentrarse.

-Hoy es luna llena- dijo Bugs, con ojos distantes- ¿La ves? Parece que se ríe de nosotros. – Hizo una pausa. Lucía distraído. La desconfianza de Daffy aumentó.- Brilla como si acabara de despertar, pero… Es preciosa.

-Igual que tú- Bugs al fin enfocó sus ojos violetas en él y el moreno no se dio cuenta en la tontería que acababa de decir, más concentrado en pensar en donde había visto ojos similares.

-¿Nos vamos?- preguntó el de cabello gris, dando una calada a su cigarro. Le ofreció su mano, pero el moreno pasó de ella.

-Tu sabes a donde ir- Bugs asintió y empezó a caminar a su lado.

Esa era la hora en donde los negocios prendían sus extravagantes letreros de neón y dotaban de vida a la apagada ciudad. Con las luces llegaba una vida nocturna muy agitada en la que Daffy había sido participe pocas veces. No le gustaba adentrarse. Desde la calle se podía ver gente alegre, festejando adentro de los restaurantes, los bares y discotecas, viviendo el momento. Porque esas personas siempre lo habían tenido todo y su única preocupación era no tener dinero para pagar el próximo trago. Ignoraban por completo que justo del otro lado de la ciudad vivía gente que, con el dinero que ellos gastaban en una noche, podían alimentar a sus familias un mes entero. Daffy pensaba en cómo habría sido su vida de haber nacido en ese lado de la ciudad. Tal vez su madre no habría…

-Doc, aquí es…- la suave voz de Bunny actuó como un analgésico. Volteo a verlo y el chico de cabello gris señalaba un local. Era un sitio modesto, nada tan estrafalario como los demás. Entraron y lo primero que notó fue que era muy oscuro. Cada mesa contaba con su propia vela, pero no era suficiente para que ellos pudieran encontrar una que estuviera vacía.

-¿Puedo ayudarlos?- preguntó una joven, recibiéndolos en la entrada.

-Una mesa, por favor- dijo Bugs.

La chica los condujo hasta el fondo del lugar y encendió la vela de un lugar vacío. Les entrego los menús y se fue.

-Estas muy callado- menciono el pálido de repente, rompiendo el silencio casi sepulcral.

-Tú tampoco estas muy platicador- dijo Daffy con tono ofendido-Me sorprende que hayan pasado más de veinte minutos sin que te me insinuaras.

Bugs rió, pero no era una sonrisa burlona o sarcástica, de verdad parecía que lo encontraba gracioso. La luz de la vela afilaba sus facciones y lo hacía ver más hermoso. Sus ojos también centellaban y Daffy pudo recordar en donde había visto una mirada similar.

-Elizabeth Taylor

-¿Qué?

-Tus ojos son como los de Elizabeth Taylor- dijo el moreno, tratando de iniciar una conversación casual.

-Nunca me habían dicho eso…Espero que sea algo lindo, porque no sé quién es- Bugs aun parecía radiante.

-Oh, lo es. Es una actriz muy bella, con unos ojos preciosos que se parecen a los tuy…- Había hablado demasiado. El de cabello gris soltó una risilla y se llevó una mano a la boca. Fue entonces cuando Daffy se dio cuenta (es decir, lo había visto antes, pero no se percató de lo que eso significaba)

-Acepto tu cumplido, doc. Gracias.- dijo Bugs con un tono rosado en sus mejillas.

-¿Qué te ocurrió?- preguntó el moreno repentinamente serio. Se inclinó un poco hacia adelante, tomó el brazo de Bugs y levantó la manga. El vendaje cubría su palma y se extendía hasta el codo. Su otro brazo estaba igual. Y también tenía uno en la cabeza.

-Nada de qué preocuparse, viejo. Solo me asaltaron de camino a casa.- respondió, restándole importancia. Seguía sonriente, solo que ya no se veía tan inocente como un momento antes. Su máscara de falsedad estaba volviendo. Justo lo que Daffy temía.

-¡¿Cómo que no fue nada?! ¡Mírate! ¡Eres un idiota! Sabía que en algún momento te pasaría algo así-

-Oye, viejo, tranquilizate. Ya te dije que no fue nada ¿De acuerdo?-dijo Bugs a la defensiva, apartando la mirada. Había algo extraño en él, más que de costumbre, pero ¿Qué era?

- Da igual- El moreno imitó el gesto, con el ceño fruncido. Estaba actuando como un imbécil, mostrando una preocupación por Bugs que no sentía (o eso quería creer).

La camarera llegó a tomar las ordenes y el moren solo escogió cualquier cosa del menú, mientras Bugs pidió un platillo de nombre extravagante. Una vez que la chica se fue, el ambiente volvió a ser hostil.

Como una especie de tic nervioso, el de cabello gris había empezado a romper la servilleta en pedacitos. Daffy lo notó de inmediato, así que muy a su pesar, decidió seguir con la conversación.

-Y bien… ¿De quién los heredaste? Tus ojos, digo. ¿Cuál de tus padres es el de los genes extraordinarios?

Bugs detuvo sus movimientos en seco y puso una expresión que lucía como si le hubieran echado un balde de agua fría. Daffy se preguntó si había dicho algo incorrecto.

-Mi padre, el los tenia así- respondió al cabo de un momento.

-¿Y él está…?- Quiso saber el moreno.

-Muerto- dijo el de cabello plateado sin mirar un punto fijo.

-Lo lamento- dijo Daffy sin sentirlo realmente- ¿Y tú te pareces a él?

-Yo…- Bugs continuaba mirando a la nada. Daffy arqueó una ceja. Ese tipo era más jodidamente raro de lo que creía.

-Si te hace sentir mejor, mi madre también está muerta, pero creo que eso es fácil de adivinar. Y mi padre…bueno, no lo conocí.

-No tienes por qué contarme esto- Bugs sonrió y le tomó la mano. El moreno se estremeció sin poder evitarlo, pero no la apartó.- Es solo que ellos eran muy buenas personas y haberlos perdido de ese modo…-Sabía que no debía preguntar, pero lo hizo.

-¿Cómo murieron?

-Una noche, en la que volvíamos de un paseo familiar, alguien se había metido a robar a nuestra casa.- Comenzó a relatar- Cuando entramos, el ladrón nos apuntó con un arma. Papá trató de hacerle frente, pero fue inútil. Lola y yo corrimos por ayuda, mamá se quedó. Cuando regresamos, había una ambulancia en nuestro patio.- Apretó la mano de Daffy con más fuerza- Se estaban llevando los cadáveres en camillas. Ellos eran padres excepcionales ¿Sabes? Y nosotros todavía éramos unos niños. – Una lagrima resbalo por su mejilla. El moreno tomó una servilleta y la limpio.- Lo siento.

-No importa. Yo lo siento por preguntar.

El resto de la noche transcurrió con más tranquilidad. Para cuando su comida fue servida, el tema de los padres de Bugs había quedado olvidado. Charlaron de temas más triviales y jugaron con la comida. Eran las once cuando decidieron marcharse del establecimiento.

Había llovido y las calles se encontraban encharcadas y húmedas. La temperatura había bajado. Bugs temblaba. Daffy le pasó un brazo por los hombros (seguía sin explicarse por qué hacia esas cosas y volvió a echarle la culpa al alcohol). Fue entonces cuando el de cabellos plateados lo besó de nuevo. Pero ese beso fue completamente diferente al de aquella vez en su camerino. Era un beso lleno de necesidad y desesperación. Bugs temblaba, pero ya no estaba tan seguro que fuera por el frio. No le habría sorprendido que se pusiera a llorar otra vez. Lo apretó entre sus brazos de forma protectora y estuvieron en esa posición por un largo rato.

No sabía por qué lo hacía, pero aun podía echarle la culpa al alcohol.