¡Qué año intenso! Recién terminó y juro que no voy a extrañarlo mucho. Tuvo sus momentos buenos, también hubo muchos malos, al final se fue para dejarnos tranquilos. Crecí como persona: aprendí a entenderme como también forjé vínculos lindos con otras personas; me desprendí de gente mierda, quienes solo se preocupan por uno cuando ellos te necesitan; me operé dos veces y no pienso romper ese "record" este año.
Espero que el 2019 traigan mucha paz y buena energía a todos por igual, y que las metas propuestas puedan lograrse. Este capitulo tenía la fecha para antes del 31 pero me ganó la paja. Lo siento: fue así. Disfruten en este arranque de año lo que escribí hace ya como dos semanas o más xD.
No podía creer en absoluto lo acontecido hasta ese precioso segundo, en donde ambos pares de labios se fundieron producto de la venganza mejor armada, al menos en su opinión. ¿Cómo no excitarse con ese contacto casi prohibido? Fantaseó por semanas probar su boca y finalmente estaba pasando, pese a que esa chica estaba pasada en copas y él no pudo ejercer ningún acto en separarse de ella para no quedar mal. Sin embargo, fue Chelsea quien lo cogió por las mejillas y plantó la semilla autodestructiva en su conciencia, la cual de golpe germinó en cuanto rodeó su espalda con sus manos grandes y varoniles atrayendo el cuerpo menudo al suyo. ¿Estaría creyendo que estaba pasándose? No generó ninguna objeción como tampoco apartó las manos. Una extremidad subió hasta la espalda media; sintió la humedad del contacto como si se tratara de los mejores momentos de su vida.
Ese beso significaba todo lo bueno en su vida hasta esa noche, todas las cosas que traían felicidad a su cabeza se agolparon al sentir el sabor inconfundible de la ginebra en la cavidad oral femenina. Una tarde con amigos y cervezas, una escapada a la costa sur de Texas en soledad, un helado en pleno verano, la felicidad de haberse visto finalmente con el título universitario en su poder; Chelsea significaba demasiado en un lapsus muy corto de tiempo, elevaba todo bienestar a niveles estratosféricos con su presencia en la habitación y lo hacía sentir de una manera muy especial: vivo.
Creyó haberse perdido cuando puso sus nalgas en la camilla en el laboratorio donde fue llevado después de verse libre de peligro; no sabía quién era Ethan Winters en ese contacto frio y estéril, se sentía un extraño dentro de su propio cuerpo. Fue a peor cuando su mujer finalmente demostró ser quien era, gritándole a los cuatro vientos cuan idiota era su ex marido; quien se llamaba Loreta Travis arrancó la parte vital en su musculo cardiaco, la cual había reservado solamente para ella. Le dio todo: una casa, un auto y hasta su propia persona para deleitarse como quisiera; fue usado de la forma más vil por quien delinquía como forma de sustentarse económicamente. Si no fuera por esa chica tan humana, tan repleta de problemas y enferma por el mundo desquiciado, no sabía qué hubiera sido de su pobre alma.
Sonaba dramático al por mayor pero se sentía así. Su corazón enamoradizo se escurrió por los nuevos pasillos románticos al encontrarla, a esa diosa castaña con demasiados fantasmas acechándola.
El mundo pareció detenerse a su alrededor: la música se alejó como si fuera un mal sueño en una noche tormentosa, las personas parecieron desintegrarse dejándoles toda la pista para los dos solos, su perfume lo envolvía como brazos mágicos los cuales sanaban las heridas con un simple roce. Estaba pasando un momento precioso, repleto de un éxtasis tremendo el cual deseaba disfrutar hasta el final de los días.
¡Cómo adoraba ese beso! ¡Adoraba a todo el mundo! Bueno, quizá a Loreta no tanto, pero podía querer hasta su bully particular de la primaria en ese instante.
« ¡Besa que es una maravilla, maldita sea!», pensó al tiempo en donde ella jugueteaba con su cabello, cambiando la dirección de su cabeza hacia el otro lado. Suspiró placenteramente, obligando a su cuerpo a dirigir sangre hacia un solo lado: abajo.
¡Vaya! ¡Ethan Junior se despabiló más que rápido! Las erecciones no le molestaban si estaba en un ámbito íntimo como lo podía ser su departamento, pero en un club besando a quien deseaba probar le ocasionaba ciertas molestias. El modesto muchachón ya estaba firme como un mástil, cuando las manos pequeñas acariciaron su nuca y ambas lenguas chocaron contra si no pudo más. Si se lo hubieran permitido se la hubiera llevado en sus brazos, directamente a su apartamento a enseñarle lo bien que sabía amar a una mujer, cómo podía hacerle gozar hasta perder la cordura, cuanto la necesitaba por el resto de su vida para no marchitarse cual flor sin agua.
Se acercó más a su cuerpo, pasando la yema de los dedos por su lóbulo con un lunar en la parte trasera, sintiendo una incipiente patilla a continuación. Un impulso lo llevó a intentar unir sus cuerpos en uno solo, atrayéndola tanto que sus senos chocaron contra su pecho volviéndolo loco de remate. ¿Qué se sentiría tener esa piel suave en su boca? ¿Sostener el peso de uno? Admiraría esas mamas por el resto de su vida si pudiera, sería la mejor obra humana jamás creada. Las extremidades pequeñas bajaron por su espalda lentamente, saboreando la experiencia táctil con paciencia de monje.
¿Duraría mucho más? ¡Parecían microsegundos desde que comenzó el intercambio salivar! Deseaba con todas sus fuerzas sentir ese beso toda la vida, se escaparía su alma si terminaba. Necesitaba más Chelsea, mayor feminidad con el apellido Vickers; seguía insistiendo sobre su cuerpo cuando mordió suavemente su labio arrancándole un gemido sincero, esta obligó a su lengua a chocar con la suya. «Para ser un beso fingido… Es mejor que cualquiera dado en treinta años de vida.»
Una mano se posó sobre su hombro en forma posesiva, ejerciendo una fuerza separatoria entre ambos cuerpos excitados por el contacto; sufrió una puñalada por toda extensión cutánea gracias a esa interrupción, quien lo hizo realmente deseó hacerlo sufrir en un nivel máximo. De golpe giró su cabeza hasta la fuente emisora de fuerza, descubriendo a la pelirroja con el rostro más indignado, sus labios ya finos parecían tener el alto de un milímetro como si hubieran sido dibujados por un lápiz rojizo. Viró la vista un microsegundo viendo a Edwin acercándose a toda velocidad entre la marea corpórea, gritando el nombre cuando sintió la mano firme sobre su cara.
Un segundo después se encontraba mirando a Chelsea quien se acariciaba la comisura de sus labios con expresión excitada, para luego detener con sus reflejos la mano furiosa de la pelirroja.
No entendía absolutamente nada, ni tampoco podía creer como las personas a su alrededor miraban la escena pensando en que se trataba de un engaño amoroso hasta que la escucharon gritar furibunda a la mujer bajita, con senos pequeños pero caderas generosas. La castaña la empujó con violencia hacia atrás mientras bajaba el escalón y se acercaba amenazadora como si fuera una leona directo a la cena de sus crías. Su rostro hermosamente maquillado expelía furia por todos los poros posibles, idéntico estado se trataba el de la mujer objetivo quien no evitó avanzar hacia ella con lágrimas en los ojos.
— ¿Estás bien? —inquirió Ed, quien al obtener un asentimiento rápido se dirigió directo a separar ambas féminas.
¿Si estaba bien? ¡BESO A SU OBSESION! Se encontraba fantásticamente bien, su cuerpo no podía mentir y agradecía a la oscuridad quien ayudaba a ocultar a Junior feliz de la vida. No le importaban las miradas curiosas del resto, como tampoco le importaba entrometerse en el conflicto; miraría como Chelsea demostraba carácter contra su acosadora, orgulloso como si fuera su propio padre viéndole marcar territorio.
No le importaría ejercer el papel de poste o banqueta.
— ¡Maldita puta entrometida! —Gritó la pelirroja fuera de sí, devolviendo el empujón con menor fuerza—. ¡Él era mío! ¡Yo lo vi primero! ¡Me correspondía más que a ti!
—Okey, ¿ahora resulta que marcas personas para comprarlas como esclavos? La esclavitud se abolió hace más de un siglo, idiota. El no te quiere —replicó enfrentándola, pese a los brazos masculinos intentando apartarlas—. Lo único que haces es incomodarlo. Jamás se fijaría en ti ni porque estuvieran los dos como únicos humanos supervivientes en un puto mundo post apocalíptico; tienes que entenderlo de una puta vez.
— ¡Mentira! ¡Me desea! ¡Yo no estoy loca como tú! ¡Puedo darle estabilidad emocional después de todo lo que le pasó!
— ¡Rose! ¡Basta ya! —gritó Ed.
« ¿Cuánta gente sabe la mierda de mi pasado? Dios, ser el nuevo siempre conlleva ser la comidilla mundial…» Su propio compañero y amigo delató todo lo acontecido anteriormente en su vida sin asco, podía deducir ya que él junto con Chelsea y su madre conocía la historia. Ahora sabía en quien no confiar tan ciegamente.
— ¿Por qué siempre caes tan bajo para insultarme? ¿Te parece gracioso reírte de una enfermedad mental como la depresión? —cogió una de las tiras del vestido con fuerza, atrayéndola contra si mientras la mano contraria intentaba liberar su prenda de "esa pezuña sucia"—. ¡Ni siquiera tienes originalidad con el vestido! ¡Siempre copiando a la "putita depresiva"!
La pelirroja podía sentir la fragancia portada por la castaña, así como también sentir su respiración agitada por la ira.
—Yo no necesito copiarte nada, no vales ni siquiera un mísero centavo y te crees con el poder para asumir estupideces.
—Sigue diciendo eso, es obvio que tú como muchas otras desean mi puto puesto. Lástima, ¿No? La depre sí lo consiguió a diferencia suya.
Podía golpearla, su lenguaje corporal indicaba una ira casi asesina en la menuda castaña con curvas de infarto. Decidió entrometerse un poco tratando de poner paños fríos a la cuestión. Rosalin estaba al borde de responder hasta que un brazo derecho envolvió la cintura pequeña de Chelsea alejándola un poco de su contrincante. La tira por los hombros se estiró a un punto irrecuperable, la usuaria no podía creer que ese tirón destruyó una hermosa prenda.
Ethan se hizo cargo con un gesto de su amiga, quien seguía con la mirada a la otra mujer quien deseaba hacerse un festín con sus órganos. El rubio la devolvió con el resto de sus amigos mientras mandaba un mensaje a su compañero para exigir una explicación, como también para preguntar el estado de la otra parte. Tardó un buen rato en responder, diciendo que se lo contaría todo el lunes, Rosalie estaba al borde de explotar por la rabia.
No se quedaría así en la nada, esa mocosa horrendamente petulante pagaría por arruinar su vestido como también por robar a su interés romántico. ¡Encima lo besó frente a sus propias narices! Zorra de pequeña estatura, hija de mamá millonaria que siempre buscaba salirse con la suya; le daría un motivo para deprimirse cuando acabara de lloriquear producto de la intensa rabia. Y claro: recuperaría a su hombre costara lo que costara.
Antes de terminar dentro del trió quienes los observaban con cierta sorpresa, la colocó frente a frente para pedirle aunque fuera una mísera explicación.
—Dios, ¿Puedes creer la desfachatez que tienen algunos humanos? No me extraña tener guerras por doquier si tenemos gente como Rosalin en el mundo.
—Sí, bueno, lo que sea. ¿Me vas a decir por qué me besaste?
Se rió como si le hubiese dicho el mejor chiste en milenios.
— ¿Te molestó? A mí me pareció todo lo contrario de cualquier forma. —Hablaba rápido, señaló su cara como si fuera el payaso más divertido— ¿Lo ves? No puedes resistirte a mi Sex Appeal. Hoy comprobé el efecto que tengo sobre mis amigos hombres.
—Ya, Chelsea. Dímelo sin hacerte la graciosa —frenó incomodo ante las miradas provenientes del grupo—: ¿Qué fue eso?
—Ay, por favor. ¿Vas a acusarme de violación a la privacidad o algo? —Estaba al borde de perder la paciencia, pese a haber encontrado un pequeño instante de paz dentro de ese club nocturno—. Te hice un favor. Ella nos vio, se enojó conmigo y ahora sí puede que te deje en paz. ¿Vas a culparme por haber alejado a esa ramera baja en calidad?
— ¿No había otro modo?
—Sí y no. Al menos tomé una iniciativa atractiva, ¿Eh?
Dio un puñetazo amistoso sobre su antebrazo. Siguió mirándola como si fuera un extraterrestre.
— ¡Jesús! —Trató de no perder los estribos; deseaba comunicarle que ese beso solo complicaba más las cosas en su cabeza—. Deberías habérmelo dicho. Aunque sea para no acabar preso de la sorpresa.
—Anda, tu papel tampoco estuvo mal. Aunque podrías haberme tocado las nalgas y apretarlas, allí sí hubiera salido excepcionalmente bien si lo hacías.
«No te voy a mentir: quería hacerlo, como también deseaba llevarte aunque fuera a un puto baño para hacerte saber qué es capaz de hacer mi precioso Ethan Junior.»
— ¿Estás loca? —alcanzó a decir mientras gesticulaba en todas direcciones.
—No, mis otros amigos también hacen cosas similares o peores. Pregúntale a los chicos por Florida en algún momento, te van a contar cosas no aptas para menores. O si deseas algo más actual consulta con Dennis, ese chico tiene un don especial.
Cerró la comunicación entre ellos. Se reía de forma boba mientras volvía saltando como si tuviera ocho años, bamboleando la melena castaña por todos lados a sus amigos de varios años ya. Estos miraron discretamente a ambos personajes después de lo que fue una vista (muy borrosa producto de toda la gente moviéndose por el interior) muy comprometedora. De haber podido hubieran sacado un par de fotografías delatoras. ¡Chelsea podía tener un novio! ¡Al fin!
Quienes deseaban desesperadamente encontrar a un hombre que hiciera cosas buenas con ella se encontraban extasiados con las novedades. Supusieron algo entre ambos durante los primeros momentos del año pero las aguas súbitamente se calmaron demasiado, ambos publicaban cosas por su cuenta dando a entender un alejamiento repentino. Dennis confirmó un nuevo encuentro entre ellos donde no fue mencionado un nombre similar al de "EWinters87".
Pero ahora… La cosa era distinta. Tan dicotómica a la anterior que les daba mariposas emocionalmente positivas en el estomago.
Maysie apartó un momento a su amiga cerca de la barra, aclarando que pagaría por un poco de agua mineral en cuanto al pésimo estado de la castaña. Dennis y Andrew comenzaron a hablar en forma seria respecto a otro tema que los competía esa noche, hicieron un gesto con la mano para indicarle a Ethan (quien intentaba calmar su entrepierna en forma mental, consiguiendo un progreso estable) y este no dudó en obedecer. Los oyó nombrar el nombre correspondiente a ese tipo alto y de apariencia chulesca, quien ahora se perdió de vista definitivamente. En realidad el cazador estaba orquestando mentalmente como atacar al otro, quien se creía lo suficientemente valiente como para acercarse a la chica sin asco. A su chica… En los rostros pudo discernir emociones preocupadas y la vista sobre otras dos personas no gratas.
—Los vi, hombre. Te juro que estaban los tres con otra chica más.
— ¿Callie? —inquirió Andrew, cruzándose de brazos con rostro serio.
—No, esta es un poco más baja que ella. Creo que se fue a Alabama con su familia o algo, fue lo suficientemente inteligente como para despegarse.
— ¿Y Liam está junto con Sam?
—Sí, andaban como siempre: pegados como si estuvieran los dos cubiertos de chicle. Da asco con solo verlos, tío —Dennis se rascó la frente un poco más fuerte de lo debido, dejándose una marca sobre la piel.
— ¿Quiénes son los otros tres? Explíquenme algo porque no entiendo —reclamó el de ojos verdes.
— ¿Seguro? —cuestionó Andrew, mordisqueándose el inmenso labio inferior.
—Me interesa mucho el bienestar de su amiga, y si hay algo en lo que pueda ayudar hoy, estaré encantado en hacerlo. —Ambos lo miraron con cierta aceptación hacia sus palabras. Si deseaba hacer algo bueno no dudarían en brindarle al menos una pequeña parte de la historia.
—Ok, trata de mantener la mente abierta.
— ¿Empiezas tu, A?
—Yo me puedo pasar un poco con el imbécil de Marini —dijo el moreno quien escupió ese apellido como si fuera un veneno ancestral—, díselo tu.
—Bien: pon atención porque va a ser breve pero tienes que entenderlo como si fuera un libro de física avanzada para un examen el martes —recomendó, acomodando su perfecto peinado un poco más. Su vaquero ajustado con una camiseta debajo de una camisa cuadrille roja le daba una apariencia seductora—: Liam fue el primer novio formal de Chelsea. El tipo la dejó unos meses después de salir porque nunca la consideró como alguien para él, o al menos eso fue lo que nos enteramos. Samantha apareció por aquí un año después de la ruptura proveniente del medio de no sé donde, creo que Misuri, se hicieron buenas amigas hasta que comenzó a coquetear con Liam y Chelsea se enteró.
»Es mayoritariamente drama adolescente pero alguien como Chels puede vivirlo de otra manera. Se lo advirtió con toda claridad que no podría tolerar a una amiga saliendo con Liam después de las cosas vividas, aunque a Sam pareció importarle poco o nada ya que se lo pasó por el culo. Al final se enteró que los dos andaban saliendo más que como mejores amigos por otros lados. Después de eso las relaciones se resintieron mucho y para el final del secundario pasó otra cosa, la cual Chelsea jamás menciona, que los enemistó completamente.
— ¿Y qué hay con su ex?
—Algo te dije antes, pero ese tipo da mucha mala espina. Es posesivo en un nivel malsano, vive pendiente de ella por todos lados y a mí me odia, pero quedo para otro momento. —Pareció evitar mencionar algo, hasta su amigo color chocolate lo notó; no era secreto que Chels y D compartían más cosas que con el resto—. No lo quiero cerca porque puede pasarse, juré por todos los cielos que le rompería la cara si lo veía aproximársele.
—Por eso discutimos si decirle o no —sumó Andrew—, y no sabemos qué hacer ya que siempre que los mencionamos termina en un drama. Chelsea no quiere verlos ni de cerca, pero están aquí y hay que tomar una decisión.
—Creo que tiene motivos como para tener cierta aversión —argumentó Ethan—. Será mejor que se lo digan con el mayor tacto posible, así evaluamos la posible marcha.
— ¿Creen que querrá irse?
—No lo sé, D. Pero si esto nos ahorra un problema mayor será lo mejor. Ya sabes qué pasó la última vez en donde estuvimos los siete juntos.
—Pero ella nos invitó. Dijo que teníamos que venir todos, pasarla bien mientras se encargaba de un problema con nuestra nueva adición —señaló con una mano amistosa al señor Winters—. Dudo seriamente que desee irse.
—Hombre, está destruida en poco tiempo. Podemos convencerla de volver a casa para que se relaje. La forma en la que bebió hoy me trae pésimos recuerdos.
—Perdón, solo la conozco por unos meses pero creo que es lo suficiente cabezota como para rechazar irse si ella no lo desea —intervino el rubio, ganándose una mirada sorprendida de los otros dos; poseía un tacto especial o Chels se trataba de una persona obvia.
—Tiene razón —convino Andy—, si queremos sacarla de aquí para que no los vea deberíamos encontrar la manera de convencerla.
— ¿No vea a quien? —inquirió alegre la castaña, volviendo con una botella de agua en su mano hábil.
Los tres se miraron para luego intercambiar palabras mentalmente sobre si hablar. Parecía a propósito pero la chica apareció justo en el peor momento; Maysie se sumó después, cogiendo su móvil luego de recibir un mensaje proveniente de su pareja quien le notificó sobre los jóvenes en el mismo lugar. "Ayúdanos" decía "Están aquí cerca y C no debe verlos.
—Vamos, ¿A quién hay que matar? —Rió al ver el rostro confundido de Ethan—. Hombre: si llegara la ocasión de matar me lo pensaría un par de veces, pero tampoco para esa cara.
—Eh… —titubeó el señor con bigote—. Creo que no deseas saberlo ni nosotros decírtelo.
— ¿Por qué tanto secretismo? ¿Qué ahora los ebrios no pueden oír nada? ¡Esto es censura! —gritó a viva voz después de dar un largo trago a su botella.
— ¡Por Dios, cálmate ya mujer! ¿Necesitarás una cinta caminadora o algo? —regañó la rubia, poniendo los brazos en jarras.
—Solo buen sexo o ir a por un pretzel. Esas dos son de mi agrado en este momento. Hablen ahora o voy a caminar por las paredes hasta saber a quien no tengo que cruzarme.
Ethan trató de no atragantare con saliva, Dennis meneaba reprobatoriamente la cabeza y Andrew estaba confundido entre el abanico de posibilidades con su mejor amiga. Podría haber sido menos directa, haber activado el filtro inhibidor, pero el alcohol resultaba un aliado letal para la operación "revelemos nuestros pensamientos ocultos".
—Joe está aquí —soltó repentinamente en un instante puro y duro de honestidad explicita—, con Liam y Sam. Los acompaña otra chica, no queríamos decírtelo por obvias razones.
Chelsea tardó un segundo más de la cuenta en procesarlo todo, cayendo directo en el asunto con brusquedad casi letal. Su rodilla izquierda falló aunque la mano rápida de Maysie la salvó. Un poco de agua se derramó sobre sus botas convirtiendo el suelo en un lugar difícil para caminar, meneó rápidamente la cabeza para luego levantar las manos frente a su abdomen tal como si estuviera pidiendo detenerse al mundo.
— ¿Qué hacen en este lugar? ¿Por qué no me parece coincidencia?
—No lo sabemos, Chels. Pero así es el asunto. ¿Qué deseas hacer ahora? —preguntó Ethan.
— ¿Yo? Clavarle una estaca a ese corazón putrefacto y arrancar un par de úteros. ¿Por qué?
—Creo que mejor nos atenemos a hacer cosas dentro de la ley las cuales no requieran asesinar a vampiros chupa sangre. —Andrew no sabía si reírse o permanecer serio; miró un segundo a Dennis quien estaba pidiéndole no seguir el juego.
—O ilusiones, esperanzas y demás —corrigió a Maysie—. No lo sé, realmente no deseo dejarle ganar. Cuando dijo que si "él estaba en algún lado" yo me llevaría un chasco impresionante al punto de obligarme a marchar.
—No es dejarle ganar, es ahorrarte mala sangre —dijo Dennis práctico como siempre—. Piensa en ti, no en él.
—Vinimos aquí para fastidiarle la noche a la acosadora de este caballero, aquí parado como potus —señaló con su zurda, sonrisa hacia un costado—, y cumplimos la misión. Por mi me quedaría porque hace tiempo no salimos nosotros cuatro, pero si lo desean nos vamos todos a casa.
—Honestamente no quiero terminar tan rápido la noche —convino Andrew—, tiene razón con eso de hace siglos no nos vemos. Sin embargo si nos ahorramos drama…
— ¡Jamás nos ahorraremos drama, respiramos el maldito drama! —Cortó D—. Yo voto por seguirla en tu casa, no tengo intenciones de estar cerca de ese tipo sin darle su merecido una vez más.
La castaña dirigió la mirada a quien tenía al lado, la cual estaba jugueteando con su cabello oro.
— ¿Maysie?
—Yo estoy con Andy y D. Es difícil de explicarlo, me viene bien cualquiera de las dos.
Viró su foco a su amigo, quien seguía pensando en lo fantástico de los labios carnosos quienes mencionaban su nombre.
— ¿Ethan?
—Si así evitamos un confrontamiento preferiría irme. No estoy en condiciones como para usar los puños.
Dennis se rió sutilmente ante lo obvio: le faltaba un poco de masa muscular como para usarlos eficientemente, aunque él supo manejar sus primeras peleas sin desarrollar músculos en el pasado.
—Dos por irnos y dos indecisos. ¿Dejamos a estos muchachos dialogar entre ellos como la parejita perfecta que son?
Los aludidos levantaron el dedo medio al unísono. No evitaron arrancarle una carcajada divertida ante esa respuesta.
—Vamos a fumar un cigarrillo fuera —dijo Ethan—, así charlan la opción tranquilamente.
Los otros cuatro lo miraron confundidos. La idea de sacarla de allí dentro no era lo suficientemente drástica como para obligarla a consumir tabaco, pero el nuevo podría darles un tiempo para formular un veredicto.
— ¿Tu fumas? —preguntó incrédula la aludida.
—Lo hice en su tiempo, puedo volver a intentarlo si así da la ocasión.
—Vaya, la iglesia te permite hacer algunas cosas prendidas de vez en cuando —bromeó, tendiéndole una mano—. Espero que tengas pulmones fuertes o no te atragantes con el humo.
—Oh, disculpe "Lady Tabaco". Los cigarrillos también estaban en mi época, por el amor de Dios.
Dennis no pasó por alto ese gesto cuando los vio darse media vuelta y dirigirse hacia la salida, escribiendo en su teléfono un mensaje pidiendo una explicación (cuando esté sobria) sobre esa forma de tender manos al rubio. Él se zafó sobre hablar de Ryan y parecía que su amiga seguía al pie de la letra su accionar. "¿A qué va esa manito tan amistosa? ¿Acaso no soy el único que oculta algo?" Lo envió para luego centrarse en los otros dos quienes se pusieron a exponer los pros y contras sobre seguir allí. No obvió continuar observando en la última dirección vista de ese hijo de puta, mal nacido y excremento gigantesco, tratando de oír sobre la música el debate entre sus amigos.
Chelsea sentía levemente el apretón en la extremidad izquierda de su amigo quien moría en los laureles gracias a ese suave agarre, colmado de un sentimiento desconocido para la de orbes ámbar. La sensación adormecida de toda la extensión cutánea se le convirtió en el mejor efecto secundario al beber alcohol, se le apetecía hermoso para adormecer el dolor constante experimentado por su alma siempre en pena.
¡Su ex estaba allí! ¡Qué asco! Sin lugar a dudas deseaba permanecer con su grupillo para joderlo, pero quien una vez estuvo con ella en la cama solo deseaba hacer una cosa esa noche: golpear a quien besó los maravillosos labios Chelseanos. Ella no lo sabía, claramente por estar de espaldas como saberse recientemente notificada sobre el asunto, pero así estaban las aguas: turbulentas. Sortearon grupos, personas solitarias como también los guardias en la entrada, recibiendo un poco de aire fresco al cruzar el umbral.
No evitó inspirar hondo para llenarse con el fresco aroma nocturno, oyendo el murmullo suavizado de la música de pie sobre la acera. Despejado, con las estrellas increíblemente brillantes y una calle tranquila con esporádicos autos pasando. Las farolas con luz blanca alumbraban en número para la manzana; se alejaron unos metros, enfrentándose tranquilamente. La castaña cogió la caja a medio consumir, sacando uno para su persona y ofreciendo a su acompañante la nicotina preciosa, su vicio eterno.
Ethan se reservó sus pensamientos sobre el tabaco mentolado pese a ser un sabroso Marlboro, siempre se imaginó a su amiga/capricho amoroso con algo más… Parisienne.
Esa vez llevó el mechero zippo (o como lo conocía Chris: el mechero de la suerte) el cual llevaba como veinticinco años en uso. Regalo del mismo miembro fundador, tío amoroso también. Dorado, con inscripciones hechas por el grupo al cual perteneció, portaba la mitad del combustible necesario para su uso. Lo accionó recibiendo una llama mediana a grande para luego pasárselo al rubio, quien lo saboreó sintiendo un subidón a la sangre no experimentado en años. Él sí lo dejó para bien cuando terminó el periodo estresante llamado "universidad", esperaba que su amiga cesara antes para percibir un beneficio en su salud.
Esta no evitó sonreír cuando el rubio volvió a darle una buena calada a su cilindro blanco, comprendiendo el efecto en un viejo fumador al volver a los viejos hábitos. Hizo lo suyo, bebiendo a cada rato hasta terminar y luego arrojarlo a una papelera callejera. Se sentía un poco mareada como también con un ligero malestar estomacal, los ojos se le movían menos bajo el agua, pero las luces jugaron una mala pasada en ella e intentaba recomponerse poco a poco.
Últimamente estaba incrementando el consumo a cuotas cada vez más grandes en comparación con la vez anterior, se daba cuenta cuando deseaba hacer una retrospectiva sobre ello sobria, sin embargo seguía sin asustarla; honestamente sentía la necesidad de parar pero al mismo tiempo deseaba callar todos sus problemas internos con un poco de alcohol. Era eso o perderse para siempre en un mar oscuro…
Ahora podía animarse a reconocer otra cosa: le gustaba la compañía silenciosa de Ethan, quien llevaba una mano dentro del bolsillo delantero mirando hacia la fila, mostrando el perfil prominente. Al fin y al cabo sus narices se parecían pero nunca hizo un retrato sobre una nariz tan recta; las dibujadas anteriormente poseían cierta curvatura hacia arriba o abajo, la propia de su madre le resultaba encantadora y hasta entró a la universidad con un perfil en grafito hermoso, se lo regaló con la máxima calificación al reverso de la hoja. Emily lo poseía en su oficina dentro de la vieja casa, junto con una caricatura de Parker como si fuera un soldado perteneciente a NCR.
«Tendría que dibujarlo en una forma especial, algo que lo represente como a mi mamá le puede ir como anillo al dedo ser llamada "dictadora pulcritud".» Ya se le ocurriría algo, ahora mismo no podía pensar en nada más que lo acontecido un rato antes.
¿Por qué lo besó? Para arruinarle la vida a Rosalie, por eso solo. ¿Se arrepentía? Siendo honesta consigo misma: no. Besó a sus amigos varias veces, con Dennis mantenía una cierta frecuencia sexual y ni hablar de Florida con los otros dos. ¿Y por qué se sentía distinto? ¿Cuál era la razón? Realmente podía hacerle una felación increíble (en sus estándares) a D sin mosquearse, estrujar a Andy o nalguear a Maysie cuando se le antojara… ¿Qué sucedía allí dentro, en su cerebro? ¿O era su corazón el parlante esa vez? Por ahora no lo sabía, dignándose a contemplar la imagen frente a ella para luego coger su móvil e imprimir un recuerdo con solo presionar un botón blanco virtual.
Ethan oyó el ruido característico al sacar una fotografía, volteando en la dirección para luego observarla raro.
— ¿Acaso me sacaste una foto sin mi permiso? Son veinte dólares por pixel.
—Mil por mi cigarrillo y los segundos que pases con él en la mano —replicó admirando el perfil una vez más para depositarlo dentro de su cartera—, por cierto: tienes un perfil digno para que lo dibuje.
El aludido intensificó su extrañeza en los ojos.
— ¿El alcohol va por ese lado? Vaya, eres un espécimen diferente.
—No. —Negó con firmeza—. Me refiero que siempre dibujo a mis conocidos, como una práctica, y me llegó la idea a la cabeza sobre qué hacerte para ti. Algo que te guste, que le diga al resto cuando estará por admirar la imagen "ese es Ethan Winters". Más allá de las entradas o tu obsesión por camisas ralladas.
Soltó aire divertido, calando por tercera vez el cilindro mentolado.
—Dime: ¿Qué grita "ese es Ethan Winters" para ti? —la castaña estaba por responder con sarcasmo, sin embargo se vio detenida por él—. Sin comentarios inteligentes, graciosos o sarcásticos.
—De cura pasas a abuelo aburrido en un solo segundo, ¿Eh? —imitó a su amigo, exhalando el aire lentamente—. No lo sé: a ti te vuelve loco matar nazis en un mundo virtual, las computadoras y la bolsa de pulgas negra que duerme contigo.
—Tengo otros intereses, enserio te digo esto.
—Compártelos porque mucho sobre eso no conozco.
—Me gusta un atardecer de verano, las galletas con chocolate, acampar con mis amigos y un buen libro de suspenso. Ni hablar de las películas de Hitchcock.
« ¿Hay formas de meter todo eso en un solo dibujo? Hay formas.»
—Te pareces a un personaje ficticio de cualquier novela juvenil que leí en veintiún años de vida. No bromeo cuando lo digo.
— ¿Y eso es bueno o malo?
¿Había cierta sugerencia en su forma de preguntar? ¿O lo estaba imaginando?
En la cabeza rubia no comprendía con exactitud la afirmación ¿Le estaba diciendo cliché juvenil?
—A mi no me molesta, eso de seguro. En fin: no te sorprendas si te mando alguna foto hermosa de mi arte manual en la semana o la siguiente. —Hizo una pausa terminando su cigarrillo—. O cuando tenga tiempo, lo primero que ocurra.
—Gracias, es un lindo detalle.
—No hay porqué darlas, es un regalo mío por soportarme. Considéralo como un trofeo platino en tu consola.
No evitaron reírse por la ocurrencia. Le gustaba pasar tiempo con él hablando de cosas sin sentido, como también detestaba su carácter tan "puro" o cargado de idealismos del pasado. A veces podía ser los dos polos opuestos o combinarlos para formar un ser único (o no tanto) el cual le divertía.
Unos lloros aparecieron de repente en su canal auditivo, tratando de discernir hacia todos lados quién podía estar tan histérico como para llorar en semejante forma. No tardaron en descubrir a un grupo de personas conteniendo a Rosalie quien salía en un estado deplorable, sujetada con fuerza por Edwin quien le repetía que podía encontrar a cualquier hombre que deseara, Ethan ya estaba ocupado con alguien más, y poseía una belleza legendaria la cual podría engatusar a otros.
« ¿Acaba de decir eso? Oye, no necesito tanta información sobre como ella se mueve en torno a un pene.» Quizá no fue lo correcto, o al menos no funcionaría con su persona como podía hacerlo con la pelirroja, pero parecía surgir un efecto leve hasta que viró su atención hacia donde estaban los dos de pie, rompiendo nuevamente en llanto ante sus rostros incrédulos. Del grupo de ocho al menos siete los miraron con odio, Edwin intentó pedir disculpas con levedad para conducirla hacia otro el otro lado de la calle, donde los coches se encontraban estacionados así lograban marcharse al fin.
«Es el espectáculo más aborrecible, patético, insulso, idiota que haya visto en el año; y eso que suelo protagonizarlos con frecuencia.»
De repente, la mujer se soltó del agarre dirigiéndose a la carrera con sus botas tacón aguja hacia ellos. Chelsea se preparó mentalmente para ser abordada mediante un agarre certero a su abdomen, el cual luego la empujaría hacia atrás y sería elevada del suelo por los brazos delgados, obligándola a caer de espaldas contra el duro suelo. Esquivaría cualquier embate físico proveniente de la inestable mujer, y lo devolvería si era necesario; primero fue por Ethan quien debió sostener sus muñecas cuando esta intentó abalanzarse para intentar agredirlo. Saltaba y pataleaba como un crio pequeño
— ¡Los haré trizas! ¡No voy a descansar hasta no verlos destruidos! —gritó la mujer luego de recibir un empujón sobre su abdomen para retroceder, la castaña detuvo su mano cuando estuvo por darle un puñetazo directo a la nariz como forma de respuesta a apartarla.
—Ah, párale ya con tu venganza de ex novia despechada. Te sienta muy mal y eres patética en amenazas —replicó furibunda—. ¿Por qué no aceptas la verdad? Él no te quiere ni lo va a hacer en toda su vida, tus esperanzas están enterradas bajo dos metros de tierra.
— ¿Cómo tu papá, querida?
Intentaba hacerle enojar con lo que más le dolía, sin embargo no le daría el gusto de hacerle rabiar para luego intentar arrancarle los dientes con sus puños.
—No entiendo qué tiene que ver mi queridísimo padre, en la santa gloria, con todo esto o con este idiota —dijo señalando a su amigo con la mano—. Pero no puedo pretender nada más de alguien como tú.
El tercero en discordia no pudo aguantarlo más, menos si hablaba así de un difunto o intentaba dañar a su querida amiga… Hablaría después sobre el término usado para referirse a su persona.
— ¡Ya basta! Chelsea tiene razón: nunca me gustaste ni tampoco lo ibas a hacer insistiéndome como si fuera lo único importante. ¿No te diste cuenta cuando te rechacé como seis veces? ¡Hasta dije que tenía una reunión de consorcio solamente para que me dejaras en paz! Perturba y mucho la forma en la que quieres aproximarte a otros, deberías replantearte muchas cosas.
La aludida se soltó rápidamente para luego abofetear con fuerza a ambos, solo consiguiendo darle a la mejilla izquierda de la castaña; se quedó quieta en el lugar, viéndola marchar pisoteando el suelo como idiota, mientras ella se masajeaba con las yemas el área adolorida. Claramente se trataba de la segunda vez donde un grupo de personas, aguardando por ingresar al club, observó toda la situación desde principio a fin. Conocía bien los prejuicios contra ellos dos ya que los tuvo en un momento, podía asegurar que se fueron diluyendo lentamente con el paso de los años.
"Seguramente él engañó a la pelirroja con la de cabello oscuro", "esa castañita es una puta rompe parejas, siempre hay una de su tipo en el mundo", "pobrecita, ver a su pareja con alguien más cuando se suponía que la pasarían bien"… Y podría seguir.
Ethan se le acercó mirando con detenimiento la zona impactada, evaluando la marca como si fuera cuestión de vida o muerte. Sus yemas rozaron con suavidad el área mientras continuaba con una expresión de pocos amigos, mirando directo a donde caminaba el grupo que lentamente se alejaban hasta perderlos completamente. Él dijo algunas cosas las cuales parecían estar muy distantes por la nube roja que se cernía sobre su cabeza, la cual aumentaba de tamaño conforme los minutos transcurrían. Le pegó, avergonzándola delante de otras personas y peor: delante de su amigo. ¿Podía complicarse un poco más? ¿Escalar un nivel para concluir la noche?
«No solo me ridiculizó, sino que también habló de él como si fuera un chistecito mañanero. La vida de una víctima del bioterrorismo no es un juego, mi papá murió injustamente intentando algo bueno por culpa de Umbrella.» Podría discutir luego sobre las motivaciones finales de Brad antes de morir o su iluso deseo sobre ser un héroe para una ciudad condenada a muerte, sin embargo no merecía lo que pasó con él ni tampoco ser objeto de chistes. Ya lo fue en vida y creía con seguridad el merecer un momento de descanso ahora en otra dimensión ajena a la física. No cedió ante sus palabras ya que comprendía perfectamente los motivos por los cuales Brad Vickers fue puesto en medio de la conversación, pero el nudo en la garganta por él aumentaba su tamaño por el reproche, furia como también decepción hacia un tercero. Una cosa era hablar mal de ella o hasta enfrentársele físicamente, pero ¿Meterse con un difunto? Demostraba exactamente la clase de persona que era.
Ethan continuó hablando sobre algo mientras bajaba la vista completamente herida en su orgullo a revisar un mensaje entrante, descubriendo en el proceso tener dos mensajes provenientes de Dennis en su pantalla de notificaciones. Uno sonaba casi hilarante (no tenía nada que confesarle más que la necesidad de saber qué demonios pasaba con Ryan) sin embargo el otro daba mucho pavor.
Por favor oculta YA a tu amigo porque tu ex lo va a moler a golpes. Escribió minutos antes, probablemente cuando la otra ridícula protagonizaba el peor show en vida. Vino a decírnoslo en cara, salimos enseguida.
¡Si no hizo nada malo! ¿Por qué vivía pendiente de ella y su amigo tejano? ¿Los vio besándose? ¡Si lo hacía con todo el mundo! Se trataba de su vida: sus decisiones, su problema. Joe daba asco por cualquier rincón donde lo miraran, se creía amo y señor de una mujer la cual no deseaba más que libertad. Se lo ganó cuando finalmente fue libre del aprisionamiento materno como también cuando le dejó bien en claro que jamás volverían juntos, después de su relación turbulenta.
Un alboroto se oyó repentinamente hacia la puerta, donde los gorilas apostados en la entrada se miraron entre ellos para luego intentar detener a la mole humana que deseaba encontrar a una persona en particular. Chelsea frunció el ceño ante la presuposición sobre quién podía ser, descubriendo con horror a su ex pareja buscándola como si se tratara de un enemigo al cual eliminar. Ethan volteó en la dirección por donde llegaban los ruidos, finalmente pudiendo escuchar cuales eran las cosas dichas por su boca. Parecía magia tener los oídos finalmente funcionales y captando todo, rezumaba duda como también algunas palabrotas.
Le temblaron las piernas involuntariamente cuando sus ojos posesivos encontraron los suyos, luego de mirar a ambos lados con su cuerpo tensado por la ira más pura. Casi se le salen las tripas cuando viró su foco de atención a quien le acompañaba. Se acercó con zancadas rápidas y amenazantes, finalmente centrándose en quien debería aprender que con él no se metían, menos con su chica.
Intentó detenerlo como pudo: soltando distintos tipos de plegarias, ejerciendo cierto tipo de fuerza hacia su abdomen en dirección contraria como también gritando que llamaría a la policía; nada surtió efecto y el puño enorme impactó de lleno en la mejilla izquierda cubierta por una fina capa de vello. El de ojos verdes cayó directo sobre su culo y no evitó arrodillarse automáticamente a su lado, evaluando si perdía el conocimiento o si sangraba. La zona se encontraba enrojecida levemente por el roce cutáneo, se encontraba lúcido y furioso. La apartó bruscamente, haciéndole frente a quien lo acababa de golpear sin razón alguna… En realidad tenía una razón y él defendería a la mujer por sobre todas las cosas, en especial cuando significaba tanto.
Devolvió el favor directo a la barbilla, sacándola del estado temeroso para sumirla en una admiración con la boca abierta en forma de O. ¡Hijo de puta, podía devolverlo a la perfección!
En ese momento sus amigos saliendo al trote, detrás sus ex aliados en la vida. Liam se adelantó deteniendo el puño de Joe en el aire antes de poder atacar a su presa, pidiéndole un poco de control y diciendo que no valía la pena seguir. Samantha chillaba con su cabello ondulante dorado, Andrew fue directo hacia Chelsea quien no salía de su asombro y Dennis se abalanzó sobre Joe en una batalla enorme cargada con puños, insultos como también intentos inútiles por otras personas de detener la contienda. La gente no podía creer todo lo visto hasta el instante donde los gorilas se acercaron para separar a los dos hombres, quienes gritaban cosas horribles el uno al otro. Uno de los guardias (alto, cabeza cubierta por una capa fina de cabello oscuro, brazos que parecían camiones) ordenó que se marcharan antes de llamar a la policía, pero alguno de los involucrados no parecía querer detener todo.
— ¡Maldita sea! ¡No es nuestra culpa! —Gritó Liam desencajado, quien apartó violentamente la mano de su novia quien deseaba marcharse de una vez—. ¡Son ellos! ¡Siempre es culpa suya!
— ¿Tú estás jodiendome? —exclamó Andrew casi tan fuera de sí como lo estaba el moreno—. ¡Nosotros vinimos a pasar un rato agradable con un nuevo amigo Y TU AMIGOTE fue y lo golpeó!
— ¡Eso es porque Chelsea no sabe cuando parar! —replicó aún más furioso—. Siempre haciendo lo que se le antoja a expensas de lastimar a los demás. Lo lastima y a ustedes les importa una mierda.
Se indignó por oír la forma agresiva con la cual hablaba sobre ella y peor: por defenderlo como hizo siempre. ¿Le tendría miedo?
— ¿Disculpa? Yo no tengo porqué parar porque ustedes, sanguijuelas de mierda, se aparecen en el mismo lugar donde venimos nosotros a divertirnos.
—Todo siempre va a ser tu culpa, querida, porque te gusta el drama. Vives creándolo para ser el centro de atención, siempre lo hiciste y es peor cuando finges matarte para que te presten atención.
Todos lo miraron furiosos, aunque ahora quien deseaba pegarle era su amigote gigante aún reducido por el guardia. Ethan deseaba arrancarle las tripas, Chelsea no se quedaba atrás; quien tomó cartas en el asunto fue Andy quien juró romperle la cara en más de una ocasión, cumpliendo sus palabras a gusto. Primero fue directo a la nariz, siguiendo por el estomago para acabar sobre él en el suelo dándole de lleno con los puños; Samantha intentaba con todas sus fuerzas separarlo al igual que Maysie, esta ultima lo hacía remordimientos por creer que se lo merecía por volver a cargar contra Chelsea.
Sam, en un arrebato furioso cuando su novio finalmente logró ponerse de pie, corrió en dirección directo hacia su ex mejor amiga para empujarla chillando contra su persona. La castaña esquivó rápidamente el patético movimiento casi riéndose en su cara, poniendo su pierna frente a su recorrido para obligarla a tropezar y caerse. Sin detenerse por esto encontró el impulso suficiente como para girar veloz su pierna, barriendo el par y haciendo caer a la castaña al suelo. La de orbes ámbar no aguantó más el remorderse la frustración, gateando hacia ella para luego enfrentarse en una pelea donde buscaban arrancar el mechón más grande a la otra; logró tirarle fuertemente la parte frontal para luego golpearla de lleno con su puño furioso en la nariz levemente respingada. La rubia soltó un alarido para luego comenzar a llorar cual bebé, recibiendo otro puñetazo en el otro lado.
Ethan entonces intervino (seguía en shock por todo lo sucedido hasta hacía minutos) cogiéndola por el abdomen para separarla; Chelsea parecía un toro embravecido intentando volver a echarse sobre la otra chica, ayudada por su novio quien estaba más molesto que antes y ahora él deseaba darle un merecido… Pero no pegaba a mujeres. Ni toda la fuerza del mundo parecía pararla, el rubio intentó lo mejor de sí para calmar a su amiga.
— ¡Ya basta! —Gritó ahora el gorila—. ¡Márchense de este lugar y no vuelvan! ¡No serán recibidos por nuestro plantel nunca más!
Empujó a ambos grupos en distintas direcciones, donde el quinteto emprendió directo hacia la esquina mientras Maysie llamaba a dos Uber distintos. Dennis miraba constantemente hacia atrás viendo a la silueta enorme marcharse lentamente, quien imitaba el accionar cada cierto intervalo; Andy masajeaba sus nudillos con suavidad oyendo a su chica pedir el transporte con voz tensa y presión fuerte sobre la pantalla; Chelsea contemplaba horrorizada como se hinchó parte de la cara a su amigo, aseguraba estar bien pese a sentir un dolor creciente en la mejilla. Podía ser un drogadicto por las bolsas bajo sus ojos, pero en ese instante era un drogadicto el cual recibió un golpe horrible por su culpa.
«Al final Liam tiene razón: todo esto fue mi culpa. Debí saber mejor…» Se sentía miserable, probablemente por la combinación sentimental con el alcohol aún presente; le dolía todo lo acontecido, los golpes dados a quienes se les declaraban como antagonistas. Rosalie la humilló metiendo a su padre, los otros tres arruinaban una velada que podría haber terminado distinto (felizmente) porque besó a Ethan estando ebria. El plan fue un fiasco total por donde lo mirara, trayendo solamente desdicha a su corazón. Parecía ser la caja de Pandora: una vez que la abrías se desataba el caos; era una Pandora quien solía generar estragos a quienes más apreciaba.
Comenzó a llorar a moco tendido cuando se detuvieron en el cordón a esperar a ambos coches, los cuatro restantes le miraron con asombro para luego pasar a ser pesar. No entendían mucho qué pasaba por su cabeza, sin imaginar el torbellino autodestructivo en curso. No supo como terminó aferrada a Ethan quien frotaba con suavidad su espalda, abrazándola con fuerza restándole importancia al hecho de estar siendo "mojado" por las lágrimas cargadas con alcohol y sentimentalismo. Ni hablar del maquillaje comenzando a correrse. El muchacho con bigote comenzó a exasperarse aún más por ver a su mejor amiga llorando, queriendo bordear la manzana para volver a enfrentarse a ese "bastardo de mierda" por arruinarlo todo. Costó mucho trabajo pero entró en razón cuando el par de vehículos pararon al costado de la acera, frente a ellos.
Dennis, Maysie y Andrew abordaron el primero, el muchacho afroamericano aún tratando de calmar a su amigo furibundo. La castaña con el señor Winters en el segundo quien oía las lamentaciones con el corazón en un puño.
El trayecto pasó volando para quien lloraba libremente y el trío delante; el conductor no hizo preguntas sobre porqué la chica derramaba lagrimas, por la mirada de quien parecía ser el novio todo se trataba de un asunto muy fuerte. El de ojos verdes pagó el total insistiéndole a su amiga que "podía y debía hacerlo"; la ayudó a entrar, cogiendo las llaves para luego obligar al resto a pasar. Chelsea se dejó caer en su sofá con tres espacios, arrancándose las botas para luego arrojarlas lejos tumbando en el proceso una pila de libros en la distancia; May con Andy la rodearon mientras susurraban cosas lindas a su par auditivo tratando de enfriar la situación; Eth no sabía exactamente qué hacer por lo cual decidió sentarse sobre el apoyabrazos a observar, y Dennis se mantuvo de pie mascullando cosas sobre ese patán, sintiendo una ira asesina por el llanto.
—Voy a matarlo la próxima vez en donde lo vea, lo juro por Dios. Le voy a sacar las ganas de continuar sobre la faz de la tierra, creyéndose omnipotente. ¿Quién se piensa que es? ¡Hijo de puta!
—D, basta. Creo que dejamos en claro que no podías seguir así —cortó Andrew muy molesto cuando sus intentos de detener el llanto se vieron truncados por una nueva ola acuosa—. Lo que menos necesita Chelsea ahora es que sigas así.
—No se fijen en mí —dijo ésta con el maquillaje corrido y las manos sobre su abdomen, ojos tristes fijos en la televisión pantalla plana—, solo genero problemas.
— ¡Ni siquiera lo pienses! —Gritó D, luego de frotarse con fuerza la frente—. No pienso permitírtelo ni ahora ni nunca.
—Pero si tiene razón —replicó incorporándose en su asiento, girando para enfrentarlo—, Liam siempre la tiene cuando dice esas cosas.
—Chels: no digas tonterías, amiga —suplicó May a su lado, acariciando el cabello sedoso—. Liam es un resentido, camina por la vida escupiendo mierda a quien quiera escucharlo. Nada fue tu culpa, solo pasó porque Joe es un imbécil buscapleitos.
—Creo que no fuiste tú la que me golpeó esta vez, y no: por favor no te culpes por el idiota de tu ex —dijo Ethan, llamando la atención de los demás.
Chelsea repentinamente recordó que estaba allí sentado, después de consolarla por al menos diez minutos en el coche de un extraño; la situación parecía tan antigua a él que simplemente no lo incluyó bajo ningún concepto en su cabeza. Volvían en el tiempo al dos mil quince a solo tres meses del nuevo año.
May ahogó un grito cuando observó la forma final tomada por la hinchazón, parecía crear un bulto por la zona lesionada; D junto con Andy prefirieron hacer un gesto facial ante lo obvio, la castaña se levantó de un salto para examinarlo más de cerca. Necesitaba hielo o en unas horas no soportaría la mitad del rostro…
—Mierda —murmuró frunciendo el ceño, analizando detenidamente con el ojo materno heredado—, voy por hielo para tu cara.
—Muy gentil de tu parte —replicó arrancándole una sonrisa tímida. Los ojos de mapache y ríos de rímel no lo ahuyentaron, sino provocaron una necesidad urgente de aferrarse.
La vio desaparecer momentáneamente cuando cruzó el arco hacia su cocina, seguida de cerca por Dennis quien parecía echar humo por orejas y nariz. Asintió para sus dentros acerca de la necesidad protectora ajena la cual probablemente serviría más que la suya, entrelazando sus dedos entre las rodillas y mirando al suelo como si estuviera siendo condenado a la pena capital. No hubo gesto que pasara desapercibido para el otro par, quienes se acercaron cómplices a él cuando oyeron las voces parloteadoras en la otra estancia. Necesitaban saber demasiado, su curiosidad bienintencionada comprendía la casi fascinación si su amiga salía (finalmente) con alguien más y dejaba de lamentarse por cosas que ya no tenían remedio.
— ¿Ustedes dos salen o algo? —Arrancó la rubia, siendo reprendida por un pellizco—. ¡Ay! —Miró automáticamente a su novio—. ¿Qué dije ahora?
Ethan no sabía si estar ofendido, sorprendido o apenado por responder. ¡Claro que deseaba ser el novio! ¡Maldita sea, era una mujer impresionante! Pero las cosas eran de otra manera, desgraciadamente… «Oh, solo es mi ligue entre sueños. Por cierto, es fenomenal en lo que hace.»
—No, siento desilusionarlos.
—Maldita sea, pensamos que había una buena entre nosotros —dijo el de piel chocolate con pesar—. Esta chica no sale con nadie desde que cortó con Joe y nos preocupa un poco.
— ¿Qué el sexo con Dennis no es algo? Al menos no se mantiene en ayuno sexual como viuda…
Se le revolvió el estomago tan rápido que asemejaba a un huracán dando de lleno contra las costas sureñas. Preferiría no haber escuchado eso, o estar bajo tres o más metros de pura tierra; los demás notaron un leve cambio en su expresión aunque no dijeron nada, creyendo que sería mejor dejar a la persona en cuestión tranquila. ¿Metieron la pata? Hasta el fondo, aunque no tenían conocimiento sobre el sentimentalismo fuerte hacia su amiga.
«Yo no me encamaba a mi mejor amiga cuando más joven, siempre buscaba a alguien externo para tener un rato placentero.» Casi muere allí mismo, deseaba salir corriendo para enterrar su cabeza y no ser testigo auditivo de más revelaciones con potencial para asesinarlo. ¡Madre santa! ¡Nunca se planteó acostarse con Ally ni por loco! Ahora la cosa se tornaba completamente distinta para él…
Se dejó escuchar un grito furioso desde la cocina proveniente de quienes parecían no tener intenciones en volver.
— ¡Ya basta, Dennis! ¡Déjalo en paz!
Los tres intercambiaron una mirada para luego suspirar, cada uno en su merecido nivel. La emisora entró como un torbellino en la estancia con una bolsa de nylon repleta con cubos de hielo. Poseía un rostro encolerizado, seguida de cerca por quien disfrutaba mejores placeres que él. « ¡Yo la merezco más, maldita sea! Es un tipo afortunado.» Ambos se encontraban ciertamente molestos el uno con el otro, salvo que el nivel de enojo en la castaña subía hasta el nivel donde lloraba por la rabia. Le entregó el paquete congelado con la voz quebrada para luego retomar su asiento, cruzándose de brazos como un niño pequeño regañado.
Nadie se animó a decir una palabra ya que el horno no estaba para más bollos. Dennis deseaba pagar golpe por golpe, Ethan quería irse para poder intentar lamer los cortes hechos por las palabras anteriores; Andrew junto con Maysie tenían intenciones de dejar a la castaña tranquila así se recomponía un poco, y esta solo quería llorar toda la noche. Derramaba lágrimas en forma queda, estrujando el anillo de su abuela en forma nerviosa. Su ex no pararía nunca de seguirla, azorarla y hasta agredirla como podía; nadie lograría ayudarla, eso le dejaba un terrible sabor en boca junto con una desesperación enorme por si deseaba volver a la carga contra su amigo tejano. Le pegó por estar con ella, evaluando un daño provocado por la perra pelirroja, por tocar su piel. Eso demostraba lo decidido de su alma para evitar a toda costa que fuera feliz, ya que si no era con él no sería con nadie.
Y se lo dijo varias veces…
Diez minutos después Ethan se dispuso a marcharse, imitado unos segundos después por la pareja quien decía hacerlo para evitar un drama mayor. Dennis afirmó su postura sobre quedarse por un rato hasta verla un poco más recompuesta, o sobria sin otras intenciones nefastas para su salud. Honestamente estaba terriblemente preocupado por ella y su consumo etílico; crecía conforme pasaban los meses tal como antes… ¿Cómo no remover viejos fantasmas en su interior cuando los de su amiga se manifestaban frente a sus ojos?
Chelsea no evitó pedir disculpas al señor Winters unas cien veces antes de acceder a abrirle la puerta, insistiendo en la necesidad de escucharle decir "todo está bien" hasta el hartazgo por los daños ocasionados. Al fin y al cabo lo libró (al menos temporalmente) de Rosalie y su asedio constante para salir consigo; quien debía algo al otro era él, probablemente al día siguiente escribiría a su amiga bromeando sobre la idea de construirle una estatua por el centro a modo de agradecimiento. «Pese a las novedades no tan necesarias…» La besó y lo disfrutó principio a fin, sin embargo enterarse de su "conexión sexual" con el tipo alto del bigote se le clavó como una estaca. Podría ser melodramático hasta el hartazgo pero él sabía por experiencia que el sexo así podía desembocar en una relación.
Así había desencadenado con su ex novia, anterior a Loreta: sexo sin compromisos hasta que los dos se pusieron de acuerdo en un trato de exclusividad, el cual finalmente se abrió en una relación de un año y medio; no contaba la parte en donde lo tiraba todo por la borda al serle infiel con la arpía con cabello negro.
Pidió un Uber, calmó otra vez a quien comenzaba a llorar con más fuerza debido a la partida de tres personas, la abrazó percibiendo el perfecto perfume para luego intercambiar miradas con el resto de las personas. Se despidió con otro fuerte abrazo como también estrechando manos al resto, abordando el coche con la bolsa helada siendo observado por el sujeto quien conducía. «Así es amigo: absorbo golpes por la chica que me encanta. ¿Me das un viaje gratis por ser un héroe?»
El trayecto fue el momento a solas necesario para su alma, analizó todo lo acontecido hasta cuando puso un pie en su living y se desprendió de su chaqueta. Encaminado hacia su alacena en búsqueda del paquete de papas fritas obligatorio para su hambre como también corazón. « ¡Carajo!» ¡Qué montaña rusa de noche! Siendo sincero consigo mismo fue una experiencia digna de vivir. No contaría exclusivamente todo el rato feo, ya que finalmente tuvo un acercamiento digno de vivir. Se sentó en el sofá jugueteando con su móvil, atiborrándose de colesterol salado revisando Instagram y descubriendo a Andrew Jefferson junto a su novia Maysie De Luca solicitando su seguimiento en la red social. ¿Cómo no aceptaría a la pareja más tierna después de Vicky con Monty?
Repasó segmentos de noticias luego de ir por una botella de agua, sonriendo ante el tonto recuerdo acontecido en esa pista de baile. Era buena dando morreos… Fue a la cama cuando su sed finalmente remitió, no logró dormirse hasta casi las seis treinta.
Cerró la puerta tras de sí una vez sus amigos se marcharon en el coche pedido, enfrentando a quien aún quedaba allí de brazos cruzados con ojos furiosos ante todo lo sucedido horas atrás. Miró su reloj en la muñeca izquierda, quien le revelaba ser las tres cuarenta y cinco, noche despejada con un fresco aproximado de seis grados. Cogió sus botas, depositándolas en su respectiva caja para luego devolverla a la habitación depósito, directo en la esquina rebosante de cajas negras, rojas o con lunares coloridos conteniendo su calzado. Volvió sobre sus pasos directo al living, Dennis tomó asiento sobre el sofá y revisaba sus redes sociales con peor gesto que antes; algo leía y le causaba cierto malestar, podía llegar a suponer qué podía llegar a ser (revisar el perfil dentro de las redes de tu adversario era un cliché demasiado obvio) aunque al acercarse vio como enviaba un mensaje de texto al mismo número perteneciente a su amigo sureño.
En algún momento se pasaron los números telefónicos pero no recordaba a ciencia cierta cuándo; vaya, ni siquiera podía recordar cuando llegaron al club o como terminó besando a su amigo. Solo sabía que un momento a otro se encontraba saboreando su boca, la atrajo contra su cuerpo y luego fueron separados. ¿Tanto bebió? Si, muchísimo y peor fue que comenzó desde su casa mientras estaba alistándose. Se volvía a pasar con las bebidas aunque buscaba la convincente excusa por "mojar los labios", sin embargo esa "probadita" terminaba con un trago largo a la botella transparente con sabor a manzana.
Estaba bajo mucho estrés por demasiada mierda acumulada, alguna la buscó y otra simplemente apareció de la nada… Casi de la nada. El drama con Joe podía ser mínimo comparado a su intento de robo/secuestro, para pasar a ser un asunto de vida o muerte donde le dispararon buscando su muerte. «Mierda, Joe puede ser exactamente un juego de niños pese a todo lo hecho.» Ese tipo sin duda alguna hizo de las suyas en malos términos en el pasado, pero no intentó meterle un cargador completo dentro de su cuerpo y no creía que sucediera. «Los absorbentes, celosos y posesivos pueden terminar así de mal. »
Era no portadora de la verdad, menos de una bola de cristal para predecir el futuro.
Fue directo al refrigerador por una gran botella de jugo, gritando a quien aún permanecía en su casa si se le apetecía algo; recibió como respuesta el pedido por gaseosa y la necesidad de presentarse frente a él. ¿Volvería a empezar con lo mismo? A veces su amigo parecía un disco rayado… Pero portaba buenas intenciones, o por lo menos intentaba convencerse de ello mientras cogía una lata roja helada. Debía terminar el envenenamiento etílico con agua pura para evitar una asquerosa resaca al día siguiente, aunque tomarse una lata no la mataría. Volvió a guardar el jugo cogiéndose una lata para ella.
Retornó: su amigo llevaba las manos cruzadas, brazos apoyados contra las rodillas y vista al suelo. Su cabello se alborotó por la pelea a golpes, un espectáculo si no fuera que lograron ser vetados casi de por vida del club. De haber podido hubiera hecho apuestas casi millonarias por él, quien sabía mucho sobre su persona y siempre mantenía el silencio confidencial prometido años atrás.
Por eso mismo lo quería: la confidencia, amabilidad, protección como también el aprecio mutuo por relaciones complicadas. El saber usar su arma natural se trataba de un plus satisfactorio pero antes no conocía esa habilidad.
Rodeó el juego de sofás, tendiéndole la bebida con el rostro surcado por líneas negras como también labial corrido. Dennis levantó la vista para luego coger la lata, cuando su amiga tomó asiento en el sofá de un cuerpo en diagonal fijó sus ojos en el rostro. ¿Cuántas veces debía ver esa bella carita así manchada? Y todo por ese idiota. No olvidaba lo hecho cuando todavía estaban en el secundario, a tan solo días de finalizar las últimas clases dentro de ese antro represivo y del baile de fin de curso. Tampoco lograba quitarse de la cabeza las cosas que pensó cuando se presentó a su puerta en forma inesperada, pidiendo hablar con él cuando ambos dijeron cosas terribles por las razones equivocadas. Él no fue un santo a la hora de denostarla, pero en el fondo la quería como si fuera la primera vez pidiendo la unión amistosa con un tímido "¿Quieres ser mi amigo?".
Chelsea pidió por ello, el solamente aceptó dar lo mejor de sí para ese vinculo que con los años fue transformándose en algo profundo; sabían demasiado el uno del otro desde entonces, él conocía en el fondo a la chica huérfana de padre con los peores problemas de salud mental y física del estado.
Por eso odiaba a Joe: porque sabía exactamente cómo matarla, y lo hizo. Mató a su inocente amiga como también intentado masacrar el vínculo entre ellos. Algo más pasó, no sabía qué podía ser; fue muy gordo como para haberle hecho cambiar tanto de la dulce chica con dieciséis años, aquella que podía darte todo a cambio de una sonrisa, dejando a una impostora con la guardia siempre en alto quien bebía de más, fumaba demasiado y procedía en formas egoístas.
Quizá ocuparse de uno mismo estuviera bien, sin embargo el nivel Chelseano estaba por las nubes.
Abrió el envase para dejarlo sobre la mesa de café, yendo al baño por las toallitas desmaquillantes y volviendo a verla aferrándose a sus rodillas como cuando… Confesó la segunda vez sus deseos suicidas. Se le encogió el corazón al ver esas cejas perfiladas fruncidas hacia abajo, labios juntos en forma de pico de pato donde seguramente se estaría mordiendo el interior del inferior. Lo hacía frecuentemente en crisis, también en la noche en la cual hicieron las paces; dormida también, aunque con poca reiteración. Tendió su mano enorme hacia su cuerpo, ordenándole en forma tranquila que siguiera sus intenciones benevolentes. Se sentó en el sofá grande y luego la condujo a su regazo con amor, procediendo a limpiar las líneas junto con las manchas producidas en una noche ajetreada.
—No tienes porqué hacer esto —recordó la castaña con ojos en blanco—, puedo cuidarme sola.
—Que vivas por tu cuenta no es un impedimento para mí en cuidar de ti.
—Me tratas como si tuviera cinco años…
—Jamás, se bien lo mucho que odias eso y lo que te recuerda a los meses en donde estuviste postrada a una cama o en silla de ruedas.
Logró el efecto contrario cuando, una vez despejado la mitad del rostro, comenzó a llorar ante el triste recuerdo de los meses posteriores a la pérdida de su humanidad. Pasó los brazos por detrás de su cuello, hundiendo la cara en el hombro derecho.
—Mierda, no fue mi intención de hacerte llorar —reconoció apenado, palmeando su espalda—. De veras, cariño. Siento haberte hecho sentir mal.
—No es eso, D. Es todo lo que pasó hoy y en lo que llevamos del mes —dijo, separándose de su cuerpo un poco—. Te juro por Dios que trato y continúo haciéndolo, pero siempre sale algo mal o que trastoca mis planes. — ¿Hablaba sobre el ataque acontecido poco tiempo atrás o había algo oculto esperando ser revelado?—. Primero fue mi trabajo, luego quieren mi cabeza y ahora no sé qué quiere ésta de mí.
— ¿Te persigue de nuevo?
— ¿El hijo de puta? Si, va y viene a su antojo. El otro día en medio del trabajo tuve que detenerme y usar los ejercicios para calmarme porque creí que moría allí mismo. ¡Cómo lo odio!
¿Otra vez los ataques de pánico? Bueno, siendo honesto consigo mismo no pasó un momento feliz cuando intentaron matarla… Mala señal, pésimo tiempo en donde tenerlo.
—Otra fue cuando no tuve que presentarme a trabajar porque me dieron el día libre, no encontré motivos suficientes como para levantarme de mi cama y eso que tenía un trillón de cosas en la lista. Me sentí miserable, lloré casi cuatro horas seguidas y ya hice una cita con mi psiquiatra para ver qué puedo hacer.
—Lo siento tanto, bonita.
Pegó su mejilla húmeda a la levemente cubierta por un poco de vello con días de crecimiento.
—Y ahora el imbécil bueno para nada de Joe aparece en el club, pega a mis amigos como si fuera Hércules y se cree con el derecho de hacerlo. Liam que continua en su plan de hacerme sentir como una mierda desde hace dos años y la zorra de Sam se cree una carmelita sin zapatos.
—Debería haberlo ahorcado ahí mismo, no puede caminar por ahí con la impunidad con la que lo hace.
—No vayas de nuevo por ahí, D —suplicó arrancándole el paquete violeta de las manos, sacando una toalla humedecida con un agradable olor a flores—. Realmente no deseo volver a gritarte. Me duele todo lo que pasó, me duele desde hace dos años atrás y no sé cómo pararlo. En mi cabeza solo veo al niño adorable con el cual quedábamos para jugar, pero ahora… Es totalmente lo opuesto. No puedo tragarme eso de que la gente cambia tan drásticamente, es imposible hacerlo. Continuo hablándolo con la doctora Black, cada cierto tiempo vuelven a asaltarme las mismas dudas.
Frotó con torpeza lo que quedaba sucio en su rostro, mezclando las lágrimas con el producto y haciéndole arder un poco la zona bajo sus ojos.
— ¿Y si él es la excepción? Chels lo único que hizo durante todo el secundario fue rondarte como un ave carroñera en búsqueda de comida. Te trató pésimo en todo el tiempo en el cual fueron pareja y nos separó a todos. Él lo quería así, deseaba hacerlo por su propio gusto personal y seguramente venía desarrollándolo en su interior. A veces los genes de ser un hijo de puta se manifiestan así. Desearía poder borrarlo de tu cabeza para ahorrarte este sufrimiento, no te merece y nunca lo hizo.
—Ya lo sé, me lo repito cientos de veces cuando estoy en mis momentos de fuerza. Pero ahora me resulta imposible. ¿Quién me merece en realidad? ¿Soy yo el problema en una relación?
—No. El tiempo en donde nos acostamos me demostró lo contrario.
—Allí estás equivocado, porque solo conoces mi lado sexual, no el sentimental dentro de una relación.
Resopló exageradamente a sabiendas de la razón a su favor.
Estaba por replicar a su razonamiento bastante acertado cuando ambos teléfonos vibraron con segundos de diferencia. En el suyo se notificaba un mensaje entrante proveniente del nuevo amigo sureño, quien respondía a una pregunta particular suya instantes antes de irse a la cama. La castaña se puso en pie por pedido expreso de su amigo (una palmadita en la nalga) y el rubio estiró su cuerpo para coger el móvil; no evitó echarle una ojeada al de su amiga, mostraba un número muy familiar. Desvió su mano, aunque Chelsea azuzó sus reflejos y fue capaz de tomarlo, pero fue demasiado tarde porque su mejor amigo unió cabos sueltos comprendiendo quién era el emisor.
No evitó explotar por la ira contenida hacia ese sujeto, no entendía cómo podía seguir teniendo contacto y jamás haberse enterado; Chelsea podía ser una caja de secretos sin abrir por cientos de siglos, le molestó eso mismo cuando se puso de pie para exigir con la palma tener el dispositivo en su haber.
—Dámelo ahora.
—Es un complemento privado, Dennis. Ni lo sueñes —dijo, aferrándose celosamente.
— ¡Exijo que me lo des! —Gritó fuera de sí—. Tengo que saber qué dice.
—Puede que solo sea para darme las condiciones climatológicas. Déjalo estar.
— ¡No! —Dio un paso en su dirección, obligándola a retroceder como también a variar su gesto facial—. Lo hago para protegerte.
— ¿Ahora usas sus frases? Haces lo mismo que cuando me llegaban tus mensajes.
— ¡Pero yo sí te quiero! ¡Lo único que hago en contra suya es para hacerte sentir mejor!
— ¡Basta! ¡No vale la puta pena! —Al saber que tenía una carcasa protectora muy fuerte, lo arrojó contra el pasillo, obligándolo a perderse en la distancia—. Solo quiere meterme miedo, no le tengo ni una pizca. ¡No le respondo a la mitad de sus mensajes fuera de lugar, lo ignoro completamente!
Quedó demasiado sorprendido por su accionar anterior, mirándola incrédulo como si le dijera "vi un alienígena en mi patio, me dio galletas de jengibre".
— ¿Perdiste el juicio? ¡Maldita sea!
Encaminó su cuerpo hacia el pasillo, aunque su brazo derecho fue cogido firmemente y generando una fuerza contraria para alejarlo. Hizo lo opuesto, donde al tener poco agarre por los pies enfundados en unas medias de nylon, se deslizaba por la superficie limpiada la tarde anterior. Dennis intentó zafarse un par de ocasiones pero su amiga parecía una garrapata enorme: no soltaría por ningún motivo. Logró alcanzar el teléfono pese a los esfuerzos por impedirlo, presionando el botón central y leyendo rápidamente el mensaje recibido. Como siempre: el tipo abusaba de su poder, juraba romperle la cara a Ethan por tocarle el rostro como también besarla y le aclaraba que jamás podría encontrar una pareja que no fuera él. Solo Joseph Deghan Dewey podía ser su novio, besarla o acostarse con ella.
Quedó inmóvil frente a la pantalla, con su amiga detrás agarrándose mechones de cabello y tirando de ellos con fuerza mientras trataba con todas sus fuerzas por no llorar a gritos. Estaba harto de enterarse las jugarretas pesadas, los seguimientos exagerados como también las amenazas contra otros hombres quienes querían acercársele con motivos románticos. Chelsea merecía poder volver a tomar su vida por las astas y encaminarla hacia nuevas aguas, no vivir sumergida en un pasado impuesto por otros; conocía su historia al igual que a su familia, y sabía lo mucho que sufría por el pasado trágico. La generación perteneciente a su amiga no lo merecía, lo que sí requería era ser feliz a como diera lugar.
Era exhaustivo verla siempre mal, triste, presionada por otros.
Volteó para encararla, encontrándola en el suelo sentada y abrazándose las rodillas como esa terrible noche donde confesó todo y más. ¿Realmente tendría que revivir esa adolescencia de pesadillas? ¿Continuar siendo asediada por la sombra de un tipo malsano? Deseaba con todas sus fuerzas verla lejos de los tratamientos psicológicos: no los necesitaba, el resto claramente sí. Levantó su cabeza con el dedo índice bajo su barbilla, obligando a los ojos avellanados en forma mirarlo intensamente, casi como si fuera un enemigo al cual eliminar para expiar finalmente sus pecados. ¿Odio? ¿Resentimiento? ¿Vergüenza? Las tres parecían estar mezcladas en una masa homogénea dentro suyo.
A veces la vida injusta acontecía a quienes no lo precisaban.
Se arrodilló frente suyo, acariciando su cabello alborotado; deseaba intercambiar sus vidas, brindarle todo lo que no pudo obtener con el paso de los años para finalmente verla completa. Chelsea siempre fue así: una persona incompleta; el rompecabezas estaba en faltante de una pieza importantísima, lo hacía notar al encontrarse así de débil frente a sus ojos. No merecía ser juzgada: ella no era la culpable. Quien sí lo hacía era ese hijo de puta, esa masa putrefacta con dos piernas y contextura de matón. Quería hacerlo sufrir, pagar centavo por centavo todas las cosas malas hechas a su amiga.
La abrazó sin darse cuenta, la chica aferró sus manos directo a su espalda para luego conducir su rostro de lleno al suyo. Un momento a otro se vio envuelto por su calor abrasador, los labios humedecidos por el llanto se pegaron a los propios con una intensidad voltaica; podrían parar cientos de corazones con esa electricidad corriendo por sus cuerpos. Ordenó a sus rodillas a disminuir su altura, abrirse ante él quien comenzó a quitarle las prendas superiores para proseguir con las inferiores. La chica dejó pasear sus extremidades por la espalda, luego perdiéndose por el interior directo hacia la extensión cutánea caucásica con algunos lunares claros. Lo despojó de la parte superior, admirando el cuerpo grácil gracias a los ejercicios Intensivos para formarse como un buen soldado.
Sus manos enormes siguieron el contorno curvilíneo de su cintura como también su cadera, arrancó el pantalón con fuerza obligándolo a perderse contra un costado. Las manos pequeñas fueron directo a su entrepierna, rozándola con cariño conocedor, intentando separar los botones para liberarlo de su martirio; concedió una ayuda rápida mientras besaba su cuello y hombro, subiendo nuevamente hasta alcanzar sus labios perfectos.
No le gustaba el suelo para hacerlo, no lo hacía sentir muy cómodo si podía ser honesto. Cogió su cuerpo como si estuviera alzando a un crio, impactándola contra la pared en penumbra del pasillo; rodeó su cintura estrecha con sus sensuales piernas, aferró su cuerpo gracias a la ayuda de su cuello y nuca, la cual arañaba con fuerza luego de perder su sostén y sentir el contacto húmedo de su lengua contra el seno. Acarició, succionó y luego mordió, arrancándole un grito. Sus manos se enredaron en el cabello obligándolo a perder la forma pulcra mientras se bajaba los calzoncillos, obligando a su extensión masculina rozar el área humedecida de su sexo.
No sabía cómo pasaba, como terminaban haciéndolo contra la pared cuando tenían cientos de sitios más cómodos o relajantes para desarmar todas las tensiones acumuladas dentro de su cuerpo. Sinceramente no importaba: no solo requería relajarse un poco, ella gritaba por un poco de tranquilidad en su vida. Perderse bajo las olas placenteras del buen sexo tratando de olvidar toda la mierda, el sinsabor nocturno gracias a gente mierda. Dejó bajar al cuerpo femenino, tanteando la zona erógena con sus dedos comprobando la receptividad femenina. Estaba ya humedecida, y el contacto de sus yemas contra el clítoris obligó a su cuerpo menudo a estremecerse. Obligó a sus dedos a danzar en círculos sobre ese punto fundamental, susurrando cosas a su oído que podían hacer enrojecer de la vergüenza al más puritano.
Las guarrerías eran su fuerte cuando estaba al borde de zambullirse en terrenos carnales, más cuando deslizó la extremidad directo al hueco prohibido. Índice y mayor se perdieron por la abertura sexual, la chica mordió la piel con suavidad para luego obligar a su cabeza a impactar contra la pared. Con calma casi de monje fue aumentando el ritmo, gracias a ello separó las piernas lo máximo que pudo siendo obligada por su cuerpo encendido, el cual ardía en llamas a medida que lograba alcanzar el cenit sexual. No pudo evitarlo, pedir por favor por la continuación en mayor intensidad fue lo único expelido. Alcanzó el orgasmo mientras gritaba su nombre, tratando de no caer directo al suelo por su cuerpo tembloroso gracias a las corrientes eléctricas.
Temblaban sus labios mayores cuando fue alzada otra vez, separando sus piernas con brazos fuertes y fue la encargada de conducir a su amigo dentro suyo. Al sentir el glande atravesando suavemente su cuerpo echó la cabeza hacia atrás, el rubio aprovechó para fundirse en un beso largo con la actuación magistral de su lengua. Se aferró a sus hombros justo cuando comenzó a sentir su fuerza masculina ejercida contra su cuerpo, la sensación de entrada y salida completamente humedecida por su lubricación natural fue fantástica.
Fueron lento, los sonidos producidos y escuchados se limitaban a sus respiraciones agitadas, gemidos esporádicos; pasaron minutos hasta que vio el imperioso requerimiento de aumentar sus embestidas. El ambiente auditivo cambió en el punto en que se podía oír el choque de pieles, los pequeños gritos como también los gemidos masculinos. Una línea determinada se cruzó, comenzó a embestirla con fuerza casi animal, se vio obligada a llegar al clímax con mayor intensidad. Ese día él podía aguantarse solo tener una sola escalada hacia el Olimpo, quien merecía todo el cariño tenía cabello castaño. Volvió a unir sus labios masculinos con los femeninos, mordiéndolo fuertemente para luego acomodar su cuerpo acorde a sus necesidades. El ritmo no hacía más que aumentar, comenzando a sentir el cosquilleo típico producido por su inminente eyaculación.
Quería hacerle ver los fuegos artificiales, recorrer con ella la galaxia intentando erradicar los fantasmas dolorosos; Chelsea pidió en un alarido que no se detuviera, no alcanzaba a formular la frase fatal para el oído masculino. Advirtió la cercanía al orgasmo, continuando el ritmo veloz dentro y fuera de ella, la de orbes ámbar dio poca importancia mientras aferraba sus uñas en la carne masculina. Dennis no pudo seguir mucho más sin perder la compostura, tratando de sostener el peso corporal de su amiga como podía. Soltó un gruñido al sentir el cosquilleo desatarse en su cuerpo, el nudo finalmente se disolvió en forma líquida dentro del cuerpo curvilíneo, donde ambos no evitaron soltar un gemido placentero al recibir la finalización del acto sexual.
Apoyó su cuerpo contra el femenino mientras respiraba entrecortadamente, dando las últimas embestidas con intensidad leve. Su amiga besó el cuello fuerte, sujetaba su propio peso contra la espalda enrojecida.
—Carajo, creo que el remedio hoy era un poco de sexo.
—Nunca mejor dicho. —Descendió hasta volver a sentir el suelo sobre la planta de sus pies—. Oh, por si te entra el pánico: tomo píldora para regular mi ciclo.
— ¿Desde cuándo?
—La última consulta ginecológica donde expresé mis dudas por tener unos días de atraso —replicó, besó su bíceps un par de veces—. Este mes estamos cubiertos.
Se metieron en el baño para limpiar las evidencias. El agua corría caliente sobre ambos cuerpos, Dennis frotaba la esponja contra su espalda tatuada pensando en lo mucho que debía adorar ese juego para tener dos insignias de la franquicia en su piel.
—Siento haberte levantado la voz —se disculpó luego de acumular agua en sus manos y mojar su rostro—, me pasé un poco con el malestar esta noche. Creo que no hace falta hablar sobre él o ese mensaje de mierda, pero juro hacerlo comer tierra la próxima vez que lo vea.
—Perdonado por haberme hecho olvidar de mis problemas por un buen rato, pero no hablemos más de eso. No me hiciste orgasmear dos veces como para volver a meterlo en mi cabeza. —Besó su pecho fuerte; limpió su espalda ancha con cariño—. Para cambiar de tema quiero saber al menos algo de un tú con Ryan.
—Pensé en él cuando te penetraba con fuerza.
Soltó una risotada para luego golpearlo con la esponja.
—Gracias por la información —todavía estaba algo mareada, pero podía recordar un rostro en particular formándose en su conciencia cuando sentía su cuerpo flotar gracias al miembro masculino—, me hace sentir mil veces mejor. Eres un genio del mal.
— ¿Qué me dices de tu amiguito tejano?
Hizo un silencio momentáneo, enjuagando su cuerpo y luego el masculino con tranquilidad. Esa forma de quedarse callada dijo demasiado, podía hacerse el tonto cuando convenía pero era más despierto que muchos.
—Tendríamos que estar toda la noche y mañana hablando.
Pasaron unos buenos días entre la salida alocada la cual terminó cataclismicamente mal, dándole la bienvenida la segunda mitad de marzo con los brazos abiertos. Llevaban una semana espectacular con sol todos los días, ese jueves no se trataba de una excepción pese a haber nubes esporádicas en el firmamento. Continuaba yendo y viniendo por todo el edificio cuatro, supervisando a sus subordinados con ojo perfeccionista debido a la pronta visita al jefe. Quien pondría el cuello sería él y procuraría tener su cogote entero luego de la charla con su superior.
Su amiga se comportaba algo extraño desde esa noche, aunque mucha importancia no cargó sobre el hecho principalmente por estar enterrado hasta las cejas con papeles; también se encontraba en una encrucijada familiar sobre una de las tierras pertenecientes a su abuela quien decidió repartirlas antes de fallecer. La anciana con noventa y nueve años en su haber deseaba brindar a su descendencia con lo justo para todos si partía sin avisar. Su queridísima Marion estaba histérica, caminando por las paredes y gritando al teléfono cada vez en donde le hablaba a sus tres hijos; Lorna se mensajeaba con él cuando apenas ponía el teléfono en su base al acabar la llamada, preguntándole si podría volver aunque fuera un fin de semana a poner el orden en la cabeza materna antes de ser asistente a un funeral. La mujer esposa de Brandon era "complicada" cuando las cosas se iban al traste y no podía controlarlo.
«Al menos esta vez no está alrededor mío sino de la abuela. Por suerte no andará dándome directivas sobre cómo vivir mi vida.»
Firme de carácter y a veces rozando lo puramente intransigente, Marion Winters se manejaba como si fuera un CEO malhumorado quien despreciaba a sus subordinados, aunque lo hacía desde el lado bueno de su corazón usualmente preocupada por la familia. Estaba atravesando estrés por tener a su suegra pensando en una muerte cercana, peor ver a su marido bastante tranquilo con su decisión sin siquiera opinar. Su padre a veces pecaba en exceso por ser agua de estanque, pero tenía razón en la idea de no meterse en lo más mínimo en decisiones maternales. Le daba un poco en el estomago saber a su madre preparando las cosas para su funeral y póstuma herencia, pero debería alegrarles ese momento lucido en donde estaba pensando en sus nietos junto con sus bisnietos.
Por eso tenía un fin de semana totalmente programado para marcharse a Taylor y encargarse con gusto de su progenitora, probablemente volver a ver a su único hijo varón le traería mejor cara al igual que actitud. Salvo que comenzara a hablar sobre cuándo tendría niños, presionándolo por ese lado y finalmente hastiándolo a él también. Podía tener paciencia para ella cuando fuera necesario, no si comenzaba a darle lata sobre descendencia. ¿Aún no superaba su divorcio? Su "pequeño querubín" hizo las cosas prohibidas al menos seis veces, quien daba de comer a la alta esfera social de Taylor para su vergüenza.
Su mamita podría esperar, decidió aún leyendo la línea dentro del texto entregado hacía poco más de quince minutos: ahora tocaba el estado total de los servidores como también la encriptación informática de todos los casos habidos y por haber dentro del complejo, junto con la red interna entre todas las ramas mundiales. Demasiada confianza le tenían a la rama norteamericana como para salvar casos provenientes de China, Australia o Sudáfrica; ni hablar Sudamérica. «Todo en orden, listo para la muestra.» concluyó mentalmente al tiempo en donde suspiraba cansado, guardando todo en una carpeta verde de ancho considerable.
Era una suerte tener la mayor parte de su vida en orden por al menos unos días, eso incluía a Rosalie con su desprecio casi obvio hacia él. La semana anterior se presentó en el comedor con un hambre asquerosa, clamando a los cuatro vientos por esa pasta con fideos de espinaca y salsa cuatro quesos, siendo protagonista de una pequeña escena por parte de la pelirroja. En todo el rato donde se vio abordado, con su bandeja en mano y el olor a comida penetrando sus fosas nasales, se quejó de lo mal tratada que se sintió; lo sumó al final, ordenándole darle una disculpa casi pública por la vergüenza ejercida en su contra. ¿Él disculparse? ¿Por qué exactamente? Quien deseó abofetearlo fue Rosalie, no a la inversa. La que golpeó en el rostro a su amiga fue ella, después de mencionar a su padre difunto en modo de chiste desubicado.
Escuchó eso enteramente, dándole asco por su forma vil de mencionar a un fallecido. Ni siquiera pensaría en usar un familiar fallecido o lo que fuera contra su peor enemigo, no era una escoria tan baja.
Le dijo exactamente eso: nosotros no te debemos nada, tú le debes una disculpa por burlarte de los muertos. La muchacha se ofendió seis veces más, girando sobre sus talones para marcharse a su mesa compartida caminando rápidamente, mientras mascullaba cosas sobre su persona. Seguramente oiría con el tiempo cuan basura era o lo mal que lo hacía; lo fácil para desacreditar a un inocente, pero confiaba en el edificio ya que siempre se mostró tajantemente alejado. «No puedes confiar a ciegas en las personas, querido. Siempre lo hiciste y terminaste con el culo herido o peor.»
Ah, el viejo Ethan "confianzudo" Winters; a veces se amaba por ser un zopenco sin remedio.
Una cosa llevó a otra y volvió a pensar en la castaña con la sensación corporal movilizándose en su estomago. Por suerte no estuvo perdidamente ebrio esa noche y recordaba vívidamente todo lo bueno como lo malo; prefería rememorar el beso (TAN HERMOSO BESO) antes que verse agredido por el idiota, quien hizo llorar a Chelsea. Algunas personas no superaban a las antiguas parejas (él se encontraba en la lista casi en primer puesto) pasaran dos meses o un año. Le dio la impresión de tener la huella del tipo muy presente en su corazón y no le gustó nada, algo muy escabroso habrá acontecido en la pareja que los obligó a separarse en tan malos términos.
Peor era verla llorar por ese sinvergüenza o las actitudes de este contra los demás, quedó impresionado por la habilidad "patea culos" de Dennis como también la forma en la que Andrew logró reducir al otro idiota con cabello negro. ¿Quién se pensaba que era para gritar eso a su amiga? Él estuvo algo atontado durante ese tiempo donde Andrew enseñó una lección a la otra basura blanca; no estaba bien prejuzgar a la gente pero esa actitud dejaba mucho que desear, y lo hacía plantearse mejor cómo era ese chico. Si podía gritarle eso a su ex amiga/novia era oficialmente un imbécil.
Al día siguiente de haberse enfrentado a Joe le dolió la cara al menos medio día, aplicó gel antiinflamatorio con pestilencia a menta en conjunto con hielo en un paño de cocina. Se tomó un par de ibuprofenos, finalmente estando como una rosa florecida hacia el final de la noche; durmió mal por culpa de sus sentimientos encontrados como también algunas pesadillas cada vez menos frecuentes, sintiéndose como una mierda a la mañana siguiente. Chelsea lo mensajeó al menos cien veces preguntándole cómo estaba o si se encontraba bien, pidió disculpas otro centenar más para cesar comunicación alrededor de las diez pasado meridiano. No le prestó mucha importancia al gesto porque la supuso dormida a esa hora, se preocupó un poco al día siguiente por ser las doce treinta del medio día sin tener una mísera línea suya, terminó otra jornada sin haber recibido nada.
Se sintió extraño al llegar al trabajo el lunes, como estaba medianamente ocupado no prestó tanta atención al hecho de no verla en prácticamente toda la marcha. Salió un momento cuando correspondía la hora del almuerzo a respirar un poco de aire, viéndola en la distancia con un grupo de personas haciendo flexiones de brazos en series.
Después… nada.
Lo que no sabía era el malestar interno dentro de la mente femenina; el domingo posterior a la salida grupal no paró de sentirse mal por él como también demasiado extraña al dirigirle los mensajes. Quedó despierta hasta las tres de la mañana del lunes tratando silenciar las cientos de voces, una en particular no se cayó ni siquiera cuando se fue a dormir. Soñó cosas horribles ella también, aunque variaban un poco en estilo: su padre vestido como Benny, empuñando un arma directo hacia ella pronunciando la frase: "Esta era tu última oportunidad, hija... Siento haberte metido en este berenjenal...". Le disparó después en la cabeza y presenció en tercera persona como mataba a Ethan sin apenas pestañar. Despertó sudorosa esa mañana, con el corazón a mil por hora y pensando en si su colega estaba bien o sufrió en el mundo físico una herida difícil.
El evitar cruzárselo fue deliberado: no se sintió lo suficientemente fuerte emocionalmente como para hablar cara a cara. El beso rondó su cabeza al menos cinco días después de ocurrido, no fue exactamente un contacto común como los tenía con Dennis. Se obligó a pensar en la falta sentimental hacia ellos para no volverse loca, porque significaba una cosa: hizo ese ósculo a propósito ya que su subconsciente comenzaba a manifestarse en su cabeza en vigilia. Lo hizo zafar de Rosalie pero a ella la envolvió como una enredadera difícil de matar.
¿Por qué se asemejaba a los primeros dibujos que hizo sobre su depresión? Otra razón por la cual no deseaba hablar con él, sin entender bien porqué.
Se puso de pie, olvidando su abrigo por deseos aventureros contra las temperaturas frescas diurnas, cogiendo su móvil para luego salir con paso decidido hacia la oficina de Standall. Todo estaba listo, esperaba recibir un visto bueno del caballero en cuestión. «Soy un gran empleado, merezco diez ascensos y que incrementen mi sueldo unas cien veces más.» ¿Exagerar? Podía hacerlo. Recorrió todo el edificio cuatro, atravesó el patio interno oliendo la llegada primaveral hacía pocos días y subió los seis pisos del principal. Caminó por el pasillo decidiendo qué hacer luego de salir a su casa, probablemente completar otro pequeño hito en su proyecto o comer aros de cebolla.
Probablemente lo segundo poniéndole mostaza a estos.
Paró frente a la puerta oscura la cual estaba entreabierta, golpeando con sus nudillos en forma tranquila para no parecer un lunático desesperado por irse. La voz masculina permitió su entrada y se adentró en la espaciosa estancia que servía como oficina a quien desempeñaba un trabajo formidable. Standall observó de reojo a quien ingresaba, sonriendo cordial mientras se desprendía de su bolígrafo como también del trabajo supervisado hasta ese momento. Su empleado más nuevo aunque con un nivel de experiencia formidable, le gustaba su forma franca de dirigirse hacia él como también la manera en la cual abordaba los problemas. Le tenía cierta estima a Ethan, el cual le recordaba un poco a su hijo mayor; en realidad todos sus empleados rememoraban a sus retoños ya crecidos, por eso los trataba tan bien como podía.
El rubio fue indicado para sentarse, accedió sin oponerse al tiempo que tendía todo el informe de los acontecimientos recientes sobre la seguridad informática. Comunicó eso mismo cuando fue interrogado gentilmente sobre el motivo de la visita; el hombre musculoso cogió lo entregado para darle una lectura tranquila a las palabras redactadas por varios de sus subordinados, quienes informaban la reparación de todos los desperfectos habidos y por haber de los sistemas informáticos. Sonrió con complacencia, soltando algunos "¡ajá!" alentadores para quien tenía en frente.
Diez minutos después cerró a mitad de la octava pagina, en la cual acababa el resumen escrito; poseía un rictus pacifico como también muy a gusto por todas las novedades detalladas en forma minuciosa. Quedaba más tranquilo y con deseos de informar a los grados más altos sobre el desempeño fenomenalmente logrado. Longhorn dejaría de chamuscarle la oreja al teléfono interno cuando escuchara todas las novedades, dormiría como un bebé esa noche.
—Fantástico, muchacho. Hoy quiero que te tomes una cerveza en nombre del trabajo impecable realizado. Sabía que no fallarían en nada —se acercó confidente a la superficie oscura—, y entre nosotros: gracias por ahorrarme más dolores de cabeza con los jefes. Te debo una birra.
—Gracias señor, es muy reconfortante escuchar esas palabras.
—Perfecto, señor Winters. Ahora puede retirarse a su puesto, asegúrese de no estresarse demasiado esta tarde.
Sonrió feliz mientras se ponía de pie para estrechar la mano alzada, marchándose segundos después con paso tranquilo. Una buena en su haber: podría descargar malas vibras haciendo cualquier cosa sin tener que atormentarse por el trabajo… Al menos esa noche. Recorrió todo el camino de vuelta pensando seriamente en esos aros de cebolla con mostaza. ¡Qué caray! Cuando terminara su hora laborar iría directo a cualquier local de comidas y se compraría una bandeja enorme junto con un pote repleto del aderezo de al menos medio kilo. Compraría a los demás si le pidieran por ese buen trabajo, estaba en un humor esplendido esa tarde creyéndose inmune a cualquier cosa.
Dormiría como bebé, podría darse esa cerveza como un buen trabajador.
Mientras cruzaba la mitad del patio interno, justo a la altura del árbol central, recibió la vibración en su pierna proveniente del móvil. Se detuvo unos segundos para meter la mano en su bolsillo izquierdo y extraer el aparato delgado con pantalla casi infinita; al percibir el movimiento la pantalla se iluminó, no esperaba ese estilo de mensaje y tampoco el numero. Mandaba imágenes, muchas si podía admitir al tiempo que sentía la vibración proveniente de más material para él; una corriente eléctrica atravesó su columna en forma colosal, nauseas comenzaron a manifestarse al abrir el mensaje recibido y comprobar el contenido.
Estaba pasándole otra vez sin siquiera quererlo; su buen humor se fue por el desagüe al contemplar los panoramas retratados en las fotografías. Otra vez él era el centro de atención mientras daba un paseo, compraba los víveres para rematarlo con las fotos del sábado terroríficamente hermoso. Una en particular le revolvió el estomago ya que marcaba con un circulo generado por computadora a su amiga, en el preciso instante donde evaluaba la bofetada de Rosalie. El epígrafe en esa en particular decía lo siguiente: "muy bonito andar protegiendo a tu novia después de semejante golpe. Todo un caballero".
Bloqueó su teléfono instantáneamente en cuanto comenzó a sentir sus articulaciones fallar, poniéndose en marcha inmediatamente en una sola dirección posible. Era hora de hablarlo, contar los terrores a los cuales se enfrentaba colmado por los miedos más profundos; ¿Podría ayudarlo? ¿Reconfortarlo siquiera? No lo sabía hasta no intentarlo. Casi trotaba en el tiempo en que logró alcanzar el ascensor, caminar no servía más que para crisparle los nervios. Presionó el botón numero dos sintiendo instantes después el suave movimiento del aparato. Tenía los testículos en la garganta y le costaba respirar al abrirse las puertas, pensó que desmayaría dentro de ese espacio tan reducido.
Recorrió la distancia con paso veloz, mano buena aferrándose al dispositivo como si su vida dependiera de eso mismo.
Entró sin siquiera pedir permiso o molestarse en pensar si estaba manteniendo una conversación con algún compañero o su jefe. Llevaba prisa, malestar como también miedo por su persona; finalmente lograron darle el susto de su vida con esas fotos. Ya no podía ignorar el hecho de encontrarse bajo continuo escrutinio por parte de una persona u organización no identificada, quienes solo deseaba joderle la vida mandándole su actividad personal por mensaje en un numero cualquiera. Chelsea levantó la vista enfurruñada por unos papeles, bolígrafo azul en su boca, dirigiéndosela a él mientras se encaminaba hacia su escritorio mirando el móvil para finalmente mostrarle todas las evidencias.
—Necesitamos hablar, yo diría que ahora me parece excelente.
Chelsea estaba por replicar sarcástica hasta que vislumbró en la distancia lo que parecía la entrada al club Forbidden Apple y una espera colmada de personas. Escupió el bolígrafo, el cual cayó al suelo y dio unos rebotes hasta terminar lejos, cogió el teléfono a continuación después de soltar su trabajo.
—Pásalas, tienen material nuestro de sobra —ordenó con un temblor perceptible en su voz.
Dirigió sus ojos hacia los suyos, seria como también extremadamente confundida. Hizo lo comandado quedándose cada vez más anonadada a medida que contemplaba, analizaba y luego interpretaba el contenido en su mente. Aparecía en la mayoría, cosa que daba más mala espina. Su cabeza movía los engranajes en máxima velocidad comprendiendo la triste verdad: no solo la seguían a ella sin descanso, sino que metió a Ethan dentro de la misma bolsa llena de mierda.
Todo gracias a su "deseo" por justicia.
—Oh, amigo…
—Lo sé, ¿crees que tendremos tiempo de conversar sobre esto?
Ambas miradas se volvieron a encontrar, una más preocupada que la otra. Asintió decidida mientras devolvía el móvil, pidiéndole que se sentara con un gesto manual.
—Mierda, no lo puedo creer. Enserio: creí que solo me pasaría a mi todo este asunto —murmuró, reprendiéndose por haber sido lo suficientemente estúpida como para involucrar a un ser querido en sus locuras—. Hay algo que tengo que decirte y seguramente no te va a hacer mucha gracia: creo que están relacionadas por mi culpa.
Se acercó hacia el escritorio aferrándose a los apoyabrazos del sillón negro.
—Dímelo de una vez.
Suspiró temerosa, desviando su vista de los ojos verdes completamente atormentados.
—No me mates, por favor —rogó al tiempo que entrelazaba sus manos—. Porque esto es muy difícil.
Comenzó a desembuchar lo más directo posible, anonadándolo en un extremo tortuoso de procesar con facilidad.
