El teatro permanecía en silencio, sólo las voces de los dos actores en el escenario retumbando en el salón mayormente vacío, exceptuando por el resto de los estudiantes y sus dos profesoras. Mientras Emma observaba con atención a Belle y Will, pensando que iban bastante bien considerando que nunca habían trabajado juntos, Regina se la pasaba rodando los ojos y suspirando impaciente.
La pareja estaba interpretando a un par de padres preocupados por su hijo, quien quedó atrapado en una mina en ruinas. Belle era buena, eso Regina no lo podía negar. Se dejaba llevar con la escena y aunque sus emociones cambiaban de una forma forzada, era... aceptable. El problema era Will, que no mostraba emoción absoluta al decir en alto sus líneas. Pero, sobre todo, la química entre los chicos era básicamente inexistente.
—Sabes por qué bajó, ¿o no?— dijo Will. —Le hiciste creer que debía probar algo.
—Y ¿por qué cree eso?— respondió Belle en una voz acusadora. —¿Quién se lo fomenta?
—No me culpes.
—¡No, no, no!— gritó Regina para que se detengan. —Belle, tú estás perfecta. Will... Quiero sentir algo. Házme creer que eres un padre perdiendo la calma por su hijo en peligro. No...lo que sea que estés intentando hacer.
—Regina...— dijo Emma en tono de regaño.
—¿Qué?— la morena se giró. —Sabes que tengo razón.
—Hay otras formas de lidiar con...
—Sigan con la siguiente escena— ordenó a los chicos sin dejar que Emma termine.
Los chicos asintieron y volvieron a enfrentarse, mientras Emma le dirigía a su compañera una mirada molesta. Al escenario subió Ruby y se paró en medio de ellos. Belle le dijo:
—Bájenme a mí.
Era la escena en la que iban a bajar a alguien para buscar al hijo por el túnel.
—Ni en sueños. Voy yo— dijo Will.
—Él es mi hijo.
—También es el mío.
Otra vez, Regina se puso de pie. Estaba bastante irritada. Algo no estaba bien en la escena, en la pareja.
—Basta— dijo ella y se hizo el silencio absoluto. —Esto no está funcionando. No es así, tan...tan... Bah, Emma...
La mujer levantó la vista y cuando vio que Regina estaba subiendo al escenario, se dio cuenta que no estaba hablando con ella, sino diciéndole que la siga. Suspirando, Emma se puso frente a ella en el escenario.
—Me vas a pagar por esto— le susurró a Regina antes de empezar.
—Me gustaría verte intentar.
La morena sonrió descaradamente. Ambas se olvidaron que Ruby estaba justo al lado de ellas, haciendo de la alguacil que iba a presenciar su discusión. La chica reprimió una risa, atrayendo la atención de las profesoras, y se encogió de hombros.
—Tenemos listo el arnés— informó Ruby.
—Bájenme a mí— dijo Regina a Ruby.
—Ni en sueños. Voy yo— discutió Emma.
—Es /mi/ hijo— dijo Regina defensivamente.
Emma la miró a los ojos, tomando un respiro antes de decir:
—Es el mío también— hizo una pausa en la que Regina no se atrevió a hablar, Ruby podía notar la emoción pura que reflejaban sus ojos. —Hace 10 años que trabajas en un escritorio. Yo puedo hacerlo.
Entonces Regina dió un paso al frente, invadiendo el espacio personal de la rubia hasta el punto de sentir la respiración de la otra.
—Sólo tráemelo a salvo— dijo con la voz temblorosa.
Los ojos de Emma inspeccionaron cada centímetro del rostro de la mujer frente a ella en cuestión de décimas de segundos y sonrió incómodamente, dando un paso atrás, la tensión en la sala desvaneciéndose en el aire y la escena dada por terminada.
Antes de que alguna de las dos pueda decir algo, recibieron un ruidoso aplauso del público pequeño que tenían. Alguno hasta silbó. Emma y Regina sonrieron la una a la otra y bajaron del escenario, de regreso a sus asientos. La rubia se detuvo un momento frente a los estudiantes.
—Entonces... ¿Quién sigue?
Ruby volvió a su asiento, al lado de Belle, y se levantaron Ashley y Sean, quienes eran los que tenían mejor química. Aunque el hecho de que eran pareja facilitaba todo siempre. Mientras los chicos empezaban con la escena, Ruby tocó el hombro de Belle para atraer su atención y señaló a sus profesoras, que, a pesar de estar viendo a los actores, estaban muy ocupadas susurrándose la una a la otra.
—Creo que se gustan— susurró a Belle.
—¿Ellas? ¡No!— dijo la castaña, incrédula.
—¿Las viste en el escenario? Pensé que iban a besarse.
—Pero eso era la tensión de los personajes.
—¡Ja! Tensión sexual será. ¿Viste a la profe en la clase de ayer? Cuando la señorita Mills estaba bailando— Belle asintió y Ruby continuó. —La vi ponerse colorada y mirar a otro lado... O mirar mucho, si sabes a qué me refiero, más que unas pocas veces. Es imposible que esas dos sean heteros.
Belle suspiró poniendo los ojos en blanco; ella ya estaba acostumbrada a las fantasías de su amiga así que se limitó a prestar atención a la pareja estrella de la clase. Ellos ya tenían un papel asignado en la obra—eran así de buenos. Hacían de la pareja principal, la pareja de cuentos de hadas: Blancanieves y el príncipe. Sean se inclinó sobre el cuerpo de la rubia para besar sus labios y en ese momento el resto debía imaginar un haz de luz arcoiris surgiendo de ellos.
Ashley despertó del sueño eterno y sonrió a su amado en una expresión de pura felicidad. A veces, Belle no sabía si la chica era tan buena actriz como aparentaba o si solo era por estar con Sean y tener verdaderos sentimientos por él. Nunca estaría segura, dado a que normalmente los tortolitos tenían papeles que los dejaba en pareja. Ellos se besaron otra vez.
—Me encontraste— dijo Ashley en su respiro.
—¿Alguna vez dudaste que lo haría?— dijo Sean, besándola otra vez.
—Honestamente— continuó la rubia al separarse—, el ataúd de cristal me hizo pausar.
—No tienes que preocuparte, yo siempre te encontraré.
Unos cuantos suspiros soñadores sonaron entre el público. No solamente eran la pareja perfecta, sino que los papeles que les tocaba interpretar les quedaban como anillo al dedo. Además, la historia era el sueño de toda chica o chico que alguna vez haya deseado su final feliz. Belle suspiró con ellos. Ruby, por el otro lado, puso los ojos en blanco, inconsciente de que, a unas pocas sillas de distancia, Emma y Regina estaban haciendo lo mismo.
—De acuerdo, todo el mundo— se levantó Emma—, creo que podemos concordar que eso fue perfecto. Pasemos a la escena de la boda.
Belle se puso de pie, lista para hacer su gran entrada como el peor de los males, cuando Regina intervino.
—Esperen. Belle, siéntate, acabo de tener una idea.
—¿Va a compartir con nosotros esta revelación, señorita Mills?— la molestó Emma, y ella rodó los ojos.
—Estaba pensando que Will y Belle no tienen química. En absoluto. Quizá Belle podría ser la Salvadora y Will, el sheriff.
—¿Y qué hay de la alcaldesa?— discutió su compañera. —Es uno de los personajes más importantes y Belle la estaba interpretando perfectamente.
—Y le irá igual como la Salvadora, Swan. Estaba pensando en Ruby.
—¿Ruby?— sus cejas se dispararon.
—¿Yo?
—No creo que sea una mala idea, pero ¿no crees que deberíamos discutir esto con un poco más de profundidad?— preguntó Emma al fin en un susurro.
—¿Por qué haríamos eso cuando el reparto original es completamente inadecuado?— susurró Regina de regreso a ella. —En serio, ¿en qué estabas pensando?
—"¿En qué estaba...?"— Emma se calló y levantó la voz otra vez. —Unas palabras en el pasillo, por favor.
Las cejas de Regina volaron ante la voz dura pero siguió a la rubia hasta afuera del teatro.
—¿Ella quiere que sea la reina?— quiso confirmar Ruby.
—Y yo el Salvador...Salvadora.
—Pero...¿pensé que eran una pareja?— dijo Ruby.
—No, Ruby, no lo son. ¿Acaso leíste el libreto?
—Claro que leí el libreto— replicó Ruby. —Sé por qué comparten un hijo, pero siempre asumí que... Que iban a terminar juntos.
Belle se encogió de hombros sin tener una respuesta para aquello. Sus ojos estaban enfocados en la puerta del teatro, la que daba al pasillo y a sus profesoras en medio de una discusión. Belle no las comprendía. Todos estaban acostumbrados a la señorita Mills siendo exigente y cuestionando las elecciones de Emma, a decir verdad, eso era lo que empujaba a Belle a querer ser mejor y evolucionar como artista. Pero su otra profesora nunca lo tomaba bien y luchaba contra ella. Demasiado para estar enamoradas.
—¿Sobre qué crees que están discutiendo?
—A quién le importa— dijo Ruby encogiéndose de hombros. —¿Piensas que...seré buena como la reina Venecia? Digo, hacer del sheriff Alex es fácil, no hay tantas líneas. Pero la reina... Ella es una maldita protagonista.
—Lo harás genial.
—¿En serio? Porque siento que lo voy a arruinar— respondió Ruby con la más honesta expresión aterrada. —Aunque obviamente lo arruinaré con estilo, pero igual...
—¡No digas eso!— dijo Belle y la abrazó. —Eres una actriz increíble. Ya verás que tengo razón.
Ruby sonrió en sus brazos mientras sus profesoras regresaban al salón de teatro. Nunca sabría qué haría sin Belle. Ella siempre encontraba una forma de hacerla sentir mejor que normalmente causaba que Ruby tuviera una noche en vela preguntándose cómo hizo para merecer tenerla como su amiga.
Regina no dejaba de mirarla con aquellos ojos tristes que convencen a cualquiera, pero Emma desvió la mirada, rehusándose a caer en su embrujo. Ella estaba enojada y mantendría su derecho a permanecer así. Regina se metió en sus asuntos y cambió el elenco que Emma había elegido sin siquiera haberlo consultado con ella.
Claro que Emma podría haber hecho lo que quería e ignorar la opinión de Regina, pero eso era la peor parte: Regina tenía razón, Ruby hacía una picante Reina Malvada, Belle tenía más facilidad para interpretar a la buena pero intrépida Alba (que anteriormente se llamaba Alan), y Will era incapaz de llevar una buena química con Belle como lo requería la dinámica entre la alcaldesa y la Salvadora.
Aún así, habiendo aceptado los cambios de Regina, Emma no pensaba dejarlo pasar tan fácilmente. Detuvo el coche en frente de la mansión y esperó a que baje Regina, quien frunció el ceño y se dio la vuelta cuando la rubia quedó adentro con la máquina prendida.
—¿Qué pasa?— dijo con una voz pequeña que casi le rompe a Emma el corazón. —¿No vienes?
—No puedo estar cerca tuyo ahora mismo. Voy a dar una vuelta— dijo Emma, todavía sin dirigirle la mirada.
—Emma.
Ella conocía esa voz triste, pero cansada, que quería decir que no estaba de humor para discutir eso.
—¡No, no me hables así!— levantó la voz saliendo del auto para enfrentarla. —Como si fuera una tontería
—¡Pero es que es una tontería!
La expresión de Emma daba la impresión de que acababa de ser abofeteada.
—¿Es una tontería que no reconozcas mi autoridad en el salón de clases, en frente de los chicos?
—¡Tenemos igual autoridad, Emma!
—Sí, bueno... Parece que no te llegó la noticia.
—Emma...— dijo otra vez Regina, sólo que esta vez era esa voz decepcionada. —Sabes que no te quiero hacer sentir mal. Es que... A veces no puedo controlarlo.
La morena apoyó sus manos en los brazos de Emma, de esa manera que ellas solían apoyarse y buscar consuelo hacía todos esos años cuando eran jóvenes estudiantes universitarias. Le trajo una pequeña sonrisa a Emma y le levantó la vista para encontrarse con la triste y culposa mirada de Regina.
—Lo siento— dijo la mujer sinceramente.
Emma soltó aire, no estando preparada para la disculpa. Normalmente su colega era mucho más terca sobre sus decisiones, en especial cuando se trataba de algo del trabajo.
—Bien... Y no me heriste. Solo...me frustra— admitió Emma—, que me hayas ignorado y hecho todo por tu cuenta. ¡Somos un equipo!
—Sí, tienes razón— murmuró Regina. —Prometo no hacerlo otra vez.
Emma rodó los ojos de buena gana al fin, consiguiendo que Regina sonría en victoria.
—Eso ya lo veremos, loca del control.
La morena jadeó en falso ultraje.
—Yo no soy...
—Ajá.
Regina frunció los labios, pero terminó por suspirar poniendo los ojos en blanco, aunque la forma en la que las comisuras de sus labios se levantaban le indicaba a Emma que era solo la típica Regina.
—¿Vas a pasar adentro por un café o no?
Emma la siguió con una sonrisa, la razón de su enfado olvidada al haber caído en los encantos de esa malvada mujer. De verdad ella no podía recordar una sola vez en la que Regina haya admitido que Emma tenía razón. Se apoyó en la mesada mientras la mujer preparaba el café.
—¿Sabes qué?— dijo la morena a la vez que dejaba la cafetera para enfrentar a Emma. —Quizás debería hacer el próximo casting contigo, para que evitar todo esto pase otra vez.
—Como quieras— Emma se encogió de hombros. —Había sido tu idea que lo haga sola esta vez porque "no se necesitan dos personas para una obra de niños", cuando en realidad sólo no tenías ganas de hacerlo.
Regina no dignó aquello con una respuesta, limitándose a rodar los ojos y servir el café.
—¿Dónde está Henry?— preguntó Emma de repente. —Ya debería haber llegado de la escuela.
—Está en la casa de Paige— explicó Regina tomando de su taza. —Jefferson me llamó mientras te esperaba en tu chatarra de auto para decirme que Paige ha invitado a Henry a su casa y preguntaba por mi permiso.
—¿Por qué no me lo has dicho antes?— preguntó Emma, de ninguna manera poco amable.
—¿Te refieres a cuando estabas molesta conmigo y me ignoraste durante todo el viaje hasta aquí?— la morena arqueó una ceja. —Deducí que si no prestabas atención cuando te conté que Robin seguió insistiendo en salir conmigo, tampoco lo ibas a hacer si te contaba eso.
—¿Robin sigue acosándote?
Emma se puso de pie con una expresión asesina. La mujer rió entre dientes y le señaló que se calme.
—Tranquila. Tal vez sea insistente pero es inofensivo.
—Más le vale— Emma gruñó. —¿No puede entender una maldita indirecta este hombre? Y si tanto necesita una directa, mi puño está feliz de dársela.
—Me imagino, querida— dijo Regina con diversión en su voz.
—¿Qué?— dijo Emma al ver su cara.
—Eres terriblemente adorable cuando estás celosa.
—¿Crees que soy adorable?— Emma dijo con una sonrisa tonta.
Regina puso los ojos en blanco con un suspiro y tomó un sorbo de café, como si no conociera a Emma para ese entonces.
—¿En serio vas a enfocarte en eso en lugar de tus celos?
—Tú fuiste la que me llamó adorable. No me culpes por preferir todo lo que sea bueno en una oración— dijo la rubia con una sonrisa petulante que divirtió a Regina enormemente. —Y yo no estoy celosa. Tú estás celosa.
Entonces la morena largó la carcajada. Fingiendo limpiarse lágrimas de risa, Regina se calmó asintiendo a su colega de manera indulgente.
—Claro, querida— dijo, aunque su tono era burlesco. —Muy madura, a decir verdad.
Como respuesta, Emma sacó la lengua.
