—Ya déjalo así, no sigas —dijo el de cabellos azabache en un arrebato de furia contra su llorosa novia; hasta cortar lazos con ella era sinceramente un dolor en el culo—. Es precisamente esta razón por la cual no quiero estar más contigo, me aburres cada vez que lloras por cosas que pasaron hace casi veinte años. Quizá esto es para mejor, separarse puede ayudarnos a los dos como personas a encontrarnos finalmente con una respuesta. Pero no sirve si lloras por cosas fuera de control.
Lo hacía por teléfono porque daba miedo la idea de su insistencia casi insoportable en persona, esa intensidad succionadora molesta la cual le incomodaba mucho. ¿Siempre fue así? No recordaba eso del tiempo en el cual fueron amigos, eso que desde el momento de nacer estaban juntos. Quizá no lo descubrió por el tipo de relación mantenida anteriormente; Chelsea no necesitaba de la misma manera a sus amigos como podría necesitar a un novio.
— ¡Tú no lo entiendes, Li! Esto me da en el pecho cada vez en donde pienso sobre eso. Ojalá pudiera evitarlo pero no funciono así. ¿Qué hubiera pasado de haber sido diferente? ¿No te pones a pensar en eso? No tienes porqué cortar conmigo solo por esta nimiedad.
—No Chelsea, ni me interesa. "El pasado, pisado" suele decir mi madre y le creo firmemente. Es realmente estúpido culparse por cosas que ni siquiera pudiste haber hecho porque eras un maldito bebé. Tu papá murió porque así estaba en su destino, el mío igual aunque duela admitirlo. Pero otra muy distinta es jugar al maldito juego de mierda donde te echas la culpa por algo hecho por Umbrella. Sinceramente no puedo estar así todo el tiempo, tampoco si vas a estar en plan inestable.
La chica abrazó sus piernas y hundió su rostro entre las rodillas al tiempo en que intentaba huir desesperadamente de esa situación tan traumática. La pantalla táctil en su móvil estaba cubierta por una capa acuosa producto de las lagrimas. Liam no entendía la batalla entre ese lado racional en su cabeza contra el maldito sentimental, apoyado por el jodido monstruo con forma gaseosa quien la perseguía desde hacía un par de años.
Precisamente él era una persona la cual debería estar entendiendo qué demonios pasaba con su cabeza, ayudarla cuando fuera necesario porque era su novia; al contrario, solo sabía echar por su cara cual refregón la idea de que estaba completamente maraja y lloraba por gente muerta en vano. Estaba bien llorar cuando no se sentía completa del todo; más bien nunca sintió colmada y podía rastrear sus orígenes justamente a unas semanas después de nacer. Un rompecabezas sin resolución, una cabeza despojada, corazón agrietado por el paso del tiempo. ¿Su padre fue una persona en vano? ¿Quién dio la mitad de su ADN fue inútil? ¿Eso planteaba quien se llevó ese pedazo íntimo para siempre? Juraba por todos los cielos necesitar una puta máquina del tiempo para volver hacia atrás e impedirle llevarse lo único importante que jamás devolvería.
Liam personalmente no quería saber más nada sobre estar juntos, le dolía porque sabía el mucho amor necesario en la vida de Chelsea pero él no sería capaz de otorgárselo. Vivir arrastrando semejante carga en conjunto simplemente no era una posibilidad, en palabras de sus amigos dentro del equipo de fútbol como también fútbol americano: merecía alguien mejor. Quizá esa otra parte podría aparecer pronto o no, no tenía idea, pero no podía permanecer a su lado ni un minuto más. La castaña lo hundiría quitándole la mitad del potencial en ligue, podría hasta dejarlo marcado para futuras relaciones si no se iba lo suficientemente rápido. ¿Cómo se vería su historial manchado por Chelsea Vickers? Mierda, la quería como amiga pero juntarse en una relación fue exactamente desastroso; le importaba una mierda lo dicho por su madre gracias a la vieja amistad con Emily, Chelsea no era para él.
Asimismo: ¿Por qué lamentarse por algo tanto tiempo atrás sucedido? Sin dudas dejaba de ser práctico para convertirse en algo probablemente heredado, y había ciertas cosas las cuales no necesitaban ser heredadas en su casta. Si, lo entendía: su dolor era justificable ya que él también le pasaba algo similar con su padre, sin embargo no hicieron nada por orquestar esas muertes por lo cual podría considerarlo inútil. Ni siquiera estaba completamente desarrollado en el vientre materno para cuando su papá ya no estuvo más en el plano físico; adjudicárselo era ridículo.
Merecía más, menos drama.
—Li: te juro por dios que intento todo lo mejor de mí para evitarlo todo, no puedo y no sé por qué. Lamento todo lo que pasó entre nosotros y si hay algo que pueda hacer para remediarlo necesito saberlo ya. Yo te amo muchísimo, Liam. No quiero perderte por nada del mundo. Eres especial, mi primer novio formal y hasta lo hicimos juntos por primera vez. ¡Compartimos demasiadas cosas!
—Podrías haberlo hecho por primera vez con cualquiera, Chelsea. No me da un titulo especial como "desvirgador de Chelseas" o como sea. A veces funcionamos mejor separados, ¿No crees? Realmente te quiero y siento que eres una chica fenomenal, pero nuestra relación ya no da para más. Ambos debemos ser conscientes de esto y enfrentarlo. Hay cosas que jamás solucionarás y no sé si estoy preparado para amarrarme así a alguien.
Oh, empeoró todo en cuestión de dos palabras. Al otro lado no logró ahogar los sollozos para finalmente soltarlos en forma traumática tal como si le hubieran dicho "Jill no volverá" otra vez.
Joe tenía razón: escucharla llorar por teléfono te hacía sentir como la peor escoria en el puto universo. Le impresionaba concordar con esa idea proveniente de su amigo, el mismo que siempre estaba molesto o parecía no importarle nadie más que su culo. Liam se encontraba ajeno a las verdaderas intenciones en la mente de su amigo rubio, quien parecía estar triunfando a costa suya en un lúgubre intento por saciar su cabeza maquiavélica. La chica sollozó angustiosamente enterrando su mano en el cabello para luego tironearlo intentando apartar el dolor sentimental. Ni siquiera haberse arrancado el cuero cabelludo hubiese funcionado.
No solo la abandonaban las personas a lo largo de su vida sino que quien amaba con locura estaba queriendo soltar su mano. ¿Cómo la hacía sentir? Tal como si fuera un puto pedazo de mierda. También sumaba el hecho de pensar ser la culpable de esos alejamientos, como si estuviera hechizada para apartar a cualquier ser humano a kilómetros suyo. Moriría, estaba segura, ya que a él sí lo adoraba como nunca. ¿Quién más se fijaba en ella como lo hizo Liam? Todos los estudiantes en el colegio la miraban raro, divirtiéndose por ser una persona completamente enferma desde los pies hasta la cabeza, no tener padre biológico y ser "la depre". ¿Cuántos chistes desagradables oía estando en el baño de la escuela? ¿En el pasillo a sus espaldas? Estaba agotada por escuchar tantos cuchicheos desinformados sobre su propia persona.
Los adolescentes podrían ser muy crueles contra sus pares estudiantiles cuando se lo proponían, en especial en situaciones donde encontraban el blanco perfecto y tembloroso como podía serlo la castaña. Quienes eran peores sin duda eran los pares de su mismo sexo, mirándola hacia arriba y abajo por las marcas constantes en la piel, sus glúteos medio anchos por genética familiar como también las múltiples faltas por necesitar intervención en un pasillo psiquiátrico. Que si no tienes el ultimo teléfono más caro del mercado, o la ropa costosa bonita la cual daba "clase". La secundaria podría ser catalogada como el peor antro jamás construido, destructor de autoestima así mismo esperanza. Nido de víboras capaces de comerse al más débil para sentirse superior ante la vista ajena.
La gente la llamaba puta a sus espaldas, no la respetaban bajo ningún concepto y a la mitad del alumnado ni siquiera conocía; el malestar sentido en el colegio sobrepasaba con creces cualquier intento por evitar sentirse terrible. Era como si se tratara de una inundación y estuviera intentando parar el agua con maderas mal colocadas, clavadas por cualquier lado en una formación completamente irregular. Se filtraba por todos lados, comenzaba a llenar la habitación donde se encontraba hasta ahogarla en cuanto todo estuviese bajo la merced acuosa. ¿Liam entendería eso? Sus otros dos amigos parecían simplemente no hacerlo; Samantha siempre soltaba algún comentario desafortunado para a continuación disculparse, Joe parecía más ocupado en el equipo de futbol americano que en ayudarla con tanto drama posible de superar.
Su otro grupo quienes siempre estarían ahí para ella trataba de comprenderlo; si ella decía "no deseo hablar sobre eso" no se hablaba, evitaban cualquier comentario cercano al tópico a ignorar e intentaban lo mejor de sí mismos en cuanto alegrarle el día se tratase. Con ambos grupos podía pasar momentos agradables aunque mirando con cierto análisis crítico se daba cuenta sobre las diferencias fundamentales. Day no respondía descaradamente "ay, Chelsea. Otras personas lo tienen peor que tú". Dennis sinceramente no se preocupaba por una carrera deportiva, solo por aprobar las asignaturas correspondientes para mantener contentos a sus padres. Andy paseaba a su lado sin decirle "no me hables porque allí pueden venir mis amigos", haciendo clara referencia al grupo privado quienes jugaban beisbol.
—Es por tus amigos, ¿Verdad? Para que no te vean salir con una perdedora como yo.
¿Por qué siempre daba en el clavo? El de cabello azabache mordió su lengua evitando así darle la completa razón. Como forma de ocultar la verdad decidió usar la mejor arma posible: el enojo. Deseaba juntarse con ellos a comer algo sin tener que estar oyendo chistes sobre todas las chicas del colegio, sin tragarse las palabrotas respecto a Chelsea cuando alguno se pasaba de listo. Peor era escucharlos decir "es un bombón, pero está loca" como si nada.
—No, Chelsea. Es decisión íntimamente mía terminar esto.
—Claro Li, porque nací ayer. Dilo de una vez, defiéndelos como siempre haces.
— ¿Sabes? Debo irme. Tengo entrenamiento y si queremos llegar a algo más que un campeonato local debo formarme para ello.
Cortando temas… Siempre lo hacía al estar acorralado. Maldito cabrón mentiroso, destructor de santidad femenina, descorazonador profesional. ¿Los rumores serían ciertos? Si cortaba con ella por ir con Samantha se moriría en rabia. Podía conseguir hacerles la vida imposible si se lo planteaba o si realmente poseía la fuerza mental como para no desmoronarse. Lo último no parecía ser cierto. Solo el tiempo lo diría…
—Te quiero Li, siempre lo haré.
—Adiós, Chelsea.
Colgó rápidamente para no seguir con la jodida charla psicótica; al otro lado arremetió en un ataque de furia más parecido a una rabieta infantil, arrojando su móvil al otro extremo de la habitación para luego enterrar la cara en sus almohadones rosados. Se desahogaría en lágrimas hasta la vuelta de sus padres a casa ya que lo necesitaba desesperadamente. O utilizaría su fiel amiga para apartar ese sufrimiento lejos… Lo primero que considerara mejor.
Las palpitaciones en el centro del cráneo estaban por matarlo si no se iba a tomar aire fresco o a golpear cualquier pared; por respeto a la dama frente suyo se quedó en el mismo lugar con rostro colérico y porque la quería. Nada más. Sin embargo si se lo permitía comenzaría una retahíla de insultos incapaz de contenerse. ¡Le mintió parte del tiempo! No, mejor aún: ocultó la verdad para ¿protegerlo? Chelsea tenía un concepto sobre la palabra protección muy ajena al suyo. «O sea: ¿Qué carajo? ¿Se metió en el lodo todo por un tonto deseo justiciero?» La castaña se notaba a la legua era joven e inexperta en algunos sentidos, en especial respecto a lo que salud y auto cuidado se refería. Él lo aprendió por las malas por lo cual estaba lo suficientemente capacitado como para gritarle sobre todo lo mal que podría salir si continuaba; la chica parecía la clase de personas que escuchaba solo lo que convenía cuando era ineludible.
En un momento para el otro su estomago se anudó en tal forma dolorosa donde apenas si podía respirar por ese puto malestar. Francamente explotaría en cualquier segundo si no se calmaba o escuchaba una respuesta razonable proveniente de esa sensual boca.
—A ver si comprendí, querida —usaba esa palabra cuando estaba lo suficientemente furioso con la otra parte; si se tratara de uno de sus amigos con años a su lado podría decir cosas peores—: trabajaste en esos casos, todo bien con ese asunto por ahora. Luego te corren por alguna razón ajena a ti y en vez de aceptarlo y continuar con tu vida decides escabullirte, robar una tarjeta con acceso a documentos muy por encima de ti, investigar en asuntos que no te entrometen para nada y permanecer en silencio como si fuera ir a por una golosina a algún kiosco. ¿Verdad?
La joven tenía un nudo en la garganta por el cual le costaba respirar y formar palabras para explicarle sus buenas intenciones se le antojaba tarea titánica. ¿Ethan la condenaría de por vida solo por intentar obrar como buena persona? Maldita sea, necesitaba echarse a llorar en posición fetal sobre el puto suelo.
—Algo así. —logró expulsar por su cavidad oral. Frente suyo gruñeron como animal al borde de saltar sobre su presa.
— ¿Es chiste? ¿Por qué no tienes un puto pasatiempo normal como todo el mundo? ¿No ves que estarán dispuestos a matarte porque metiste la nariz donde no debías?
Elevó su tono a niveles desagradables para los recuerdos en la de orbes ámbar. Levantó la mano pidiéndole clemencia.
—No me grites, detesto cuando lo hacen.
— ¿Y a mí que me importa si te incomoda? ¡Jesús! —Exclamó con sus brazos en el aire—. ¡Eres demasiado ilusa, Chelsea! La vida no es un puto videojuego en el cual puedes volver a empezar si se te agota la barra de vida. ¡Lo que hiciste no es cosa solamente del Fallout!
Ahora su lado irreverente iracundo se despertó en un intento defensivo.
—Disculpe usted, señor "yo me voy a Luisiana y me meto en una casa abandonada sin llamar a un puto policía". ¿Te das cuenta que intentas aleccionarme como si nada con tu claro historial irresponsable? Suena a puta broma.
— ¡Si te lo digo es porque no quiero que te pase lo mismo! ¡Carajo, terca tenías que ser!
— ¿Desde cuándo te importo tanto? ¿Eh? Explícate ya o te envío de una patada en el trasero devuelta a tu oficina, hasta que no te disculpes estás vetado de entrar.
— ¡Desde el momento donde eres joven y mereces tener una vida plena sin peligros!
— ¿Y cuando yo insinué que quiero seguir viviendo en la forma en la cual lo hago? ¿O no te das cuenta sobre la mitad de los problemas en tus narices?
¿Qué demonios? La conversación se fue a niveles insospechados por el rubio, quien no entendía nada sobre las palabras dichas. Era claro como el agua, sin dudas Chelsea llevaba el as ganador en su mano: Ethan no estaba viendo la desesperada verdad relatada. A veces es difícil manejar el dolor, peor si tienes un demonio interno quien comienza a envolverte como si fuera una enredadera, hundiéndote en las profundidades más oscuras posibles solo por su mero entretenimiento. ¿Cuántas veces en su vida pidió ayuda? Creía sentirse lo suficientemente cómoda con él como para comenzar a demostrar el requerimiento imperioso de ayuda.
Aunque por ese momento parecía estar más preocupado por su accionar que por interpretar aquel signo enviado.
—Lo que me doy cuenta es que me involucran a mí en algo en lo cual no tengo absolutamente nada que ver. Sobre eso sí estoy despierto.
—No, estúpido. Si te acosan a fotos es porque estás en su lista desde el instante donde pusiste pie en la zona infectada.
— ¿Acaso me llamaste…? —se vio interrumpido por una repentina visita probablemente no muy feliz.
Emily ingresaba con algunos papeles en mano hábil mientras que con su diestra consultaba algunas noticias en las redes sociales, levantando la vista para ver a quien consideraba (solo para su dentro) a un tipo algo "incomodo" con lenguaje corporal tenso frente a su hija, la cual también estaba en similar emoción. Sin dudas no deseaba entrometerse pero sentía la urgencia por saber qué demonios pasaba; se le antojaba como una pelea entre una pareja por algo muy fuerte. Probablemente Chelsea volvió a ser ella con otros al punto donde estos se molestaban. La pobre estaba teniendo un momento muy feo y requería estar en paz y tranquilidad, si ese Winters se pasaba o generaba un malestar a su bebé se las vería con quien fue bautizada como Emily Whiteland. Podía tener más años encima sin embargo sus puños todavía funcionaban a la perfección; sumaría una patada en los huevos por mero entretenimiento.
Desde la ocasión donde se mostró ciertamente desagradable veía tentadora la opción de patearle la cara hasta el punto donde precisaría una cirugía reconstructiva para devolverla a su posición original. En su cabeza apareció el análisis sobre desfigurarlo aunque el pobre ya tenía bastante con su rostro actualmente. Lograrían llevarse bien en contadas ocasiones, sin embargo si su instinto maternal se destapaba podría despellejarlo si así se requiriera.
La pareja se mantuvo en un silencio incomodo repleto hasta la coronilla en tensión brutal, del mismo tipo que se podría cortar con tan solo pasar el dedo. La rubia se posicionó al costado del escritorio, guardando su móvil en el bolsillo delantero de la chaqueta azul mientras pasaba sus ojos entre uno y el otro. Finalizó mirándolo fijo con la mirada conocida como "ojos diabólicamente malos" esperando intimidar al masculino, este percibió las pequeñas puñaladas en su aura pero siguió mirando a su amiga furibundo.
— ¿Pasa algo? —« ¡Excelente pregunta! ¿Por qué no empiezas por la parte donde tu hija se cree lo suficientemente impune como para robarte un acceso importantísimo por capricho?»
—Nada, ya me iba a mi puesto —replicó en voz baja, mirando fijamente con sus dagas verdosas; Chelsea deseaba empujar fuera a su madre para intentar convencer a Ethan sobre la verdadera intención bajo semejante embrollo, ese día debería quedarse fuera de cuestión—. Hablaremos más tarde.
—Eso espero. Termina bien todo.
—Eso espero —repitió entre dientes, levantándose para luego girar sobre sus talones y marcharse.
Para Emily ese fue el espectáculo más extravagante visto en la semana, después de hablar con Leon sobre algunos temas concernientes al trabajo en conjunto con el gobierno estadounidense, sin entrar en detalles sobre una cena programada por ambas parejas para celebrar la vida de Connor sin sus padres en el medio. Aparentemente el rubio llevaría el tequila para luego agregar que "no lo tomaría porque le haría mal al estomago" y "se despertaría con dolor en la barriga al día siguiente". A veces se preguntaba como Noiholt podría quererlo pero para el amor no había peros que valiera. Parker podría pensar algo parecido respecto a ella por lo cual siempre procuraba no ser muy dura con las elecciones ajenas, ya que no era exactamente una mujer fácil de tratar.
Una vez la entidad masculina fuera, Emily tomó su lugar frente a la hija para luego arrojar los ítems requeridos de ser presentados por Chelsea a los jefes correspondientes. A esta claramente no le gustaba esa forma en la cual los roles se invertían y su madre jugaba a ser listilla cuando (y por edad) le correspondía. No dijo nada, ya que se sentía muy mal consigo misma después de haber contado todo a su amigo y este no se sintió muy feliz con las novedades. Para ser honesta tampoco se hubiera puesto a saltar en una pierna vitoreando la decisión; en el fondo lo hacía por un bien común al país y a más ciudadanos inocentes, tratando de salvarlos de ser víctimas en futuros ataques biológicos.
Raccoon City se repitió demasiadas veces a su gusto en el transcurso de veinte años, llegaba un punto en donde cualquiera se planteaba cortar de raíz al árbol putrefacto.
Posó sus ojos apenas segundos por su trabajo para luego apoyar los brazos sobre la mesa y hundir la cabeza en los mismos. Estaba exhausta, necesitaba irse a la cama para quedarse allí toda la noche e intentar recobrar las energías absorbidas injustamente por el maldito. ¿Hacía ya una semana del inicio? No recordaba exactamente cuando todo empezó a irse por el drenaje, se encontraba demasiado extenuada como para hacerlo. Apenas llegaba de clases o su trabajo e iba directo a la cama, se cubría hasta la cabeza e intentaba por todos los medios apagar las voces. Al no poder se dedicaba a perder el tiempo imaginándose escenarios imposibles o simplemente se sentía lo suficientemente mal como para echarse a llorar. Pasaba de recibir llamadas, contestar mensajes entrantes o perder el tiempo en algún juego para móvil. No podía hacerlo, requería estar sola por el mayor tiempo posible.
Por eso mismo debía gritar por ayuda.
Emily se aproximó al escritorio para acariciar suavemente la cabeza, enredando sus dedos entre el cabello castaño sedoso y brilloso; olía a coco, Chelsea siempre prefirió los aromas más veraniegos a la hora de perfumarse o cuidar su cuerpo. Se mantuvo en silencio hasta que fuera capaz de levantar la cabeza e iniciar una conversación. Recordaba las lecciones impartidas por el terapeuta familiar a cómo tratar con su enfermedad, preguntaría si ya visitó a su psiquiatra. Después de lo sucedido creyó útil recordarle visitar al doctor Black.
Chelsea pasó así alrededor de diez minutos hasta levantar la mirada a su madre y enderezarse en el asiento. A veces era lo suficientemente mala como para arruinar hasta una relación con alguien nuevo, sin infectarse por toda la mierda pasada. La rubia hizo lo propio para mirarla con atención.
—Ya, dime qué es esto antes de arrojarme por la ventana.
—Trabajo, más trabajo con una pizca de trabajo encima —replicó acariciando su rodilla izquierda—. ¿Vas a contarme qué demonios pasó antes?
—Nada, discusiones amistosas.
— ¿Soy yo o no le vi nada de amistoso en la cara de Ethan?
—El siempre parece enojado, o mal dormido.
«O drogado…»
—Si bueno, no me gustó mucho la forma. Llámame sobreprotectora o lo que quieras pero si te está molestando puedo encargarme de hacerlo desaparecer.
—Uf, si. Porque arrojar su cuerpo en una zanja será una fantástica idea.
—No, tontita —enarcó una ceja, algo descolocada—. Yo decía de enviarlo con unas cuantas patadas en el culo a Texas. Nadie jode con mi hija.
—Claro, Rambo. Lo que digas…
Si le daban la opción optaría por finalizar la conversación allí, sin embargo la madre deseaba saciar su curiosidad típica yendo a por más.
— ¿Ustedes dos salen? Personalmente preferiría otro partido para ti, alguien "distinto", si puedo agregar.
—Ya quisiste meterte en mi educación universitaria, no intentes hacerlo con mis elecciones en términos masculinos.
—Solo digo que otro hombre puede irte como anillo al dedo, alguien más de tu edad.
«Me lo dice alguien quien se enamoró, casó y decidió formar una familia con un hombre ocho años mayor. Y después la hipócrita soy yo.»
No necesitaba ser un genio superdotado para ver a las claras que su madre deseaba decir "Dennis me cae mejor. Cásate con él y dale descendencia a la familia". ¿Acaso su madre no veía la mitad de fotos subidas por este con Ryan? Seguro pensaría que el susodicho era solo un amigo nuevo, no el nuevo interés romántico del señor Atkins. Además: ¿Cuál era el problema si decidía salir con él? ¿Pondría el grito en el cielo? ¿Otra vez? Cambió el tópico a las claras de que su hija no deseaba hablar sobre él por la postura corporal adoptada.
—A Parker le gustaría que vinieras el próximo fin de semana a almorzar o cenar, dice que cualquiera le va bien. Dawson se pasará por casa y P aprovechará a hacer las fajitas que te gustan.
—Tu colaborarás haciendo galletas o algo, ¿No?
—Sí, manteniéndome lejos de la cocina para no incendiar la casa. Esa será mi colaboración estelar.
Se le escapó una media sonrisa ante semejante verdad. Su madre jamás fue amiga de las hornillas o el fantástico proceso culinario, la pobre se las arregló bien por el tiempo en donde Sherry debía mantenerse lejos de la cocina por edad, aunque ese preciso tramo entre su nacimiento hasta los tres años de vida la cena o almuerzo siempre iba con algún extremo quemado o hasta a veces cancelado. Desde el crecimiento de su hermana mayor o la llegada de Parker a sus vidas la mujer se mantuvo ciento por ciento alejada, insistiendo sobre ser mejor comensal. Nadie negaba la veracidad, ocasionalmente era víctima de burlas maliciosas sobre su pésimo desempeño a la hora de cocinar.
Ansiaba preguntar si ya comenzó a pensar en la idea sobre ir a ver a su psiquiatra o al menos evaluar las opciones de retomar el tratamiento en forma intensiva, sin embargo mantuvo la boca cerrada por temor a empeorar esa media sonrisa. Su hija la volvía a pasar mal, eso estaba claro, tan solo esperaba contar en la lista de personas indicadas para hablar si era necesario. Los años de terapia en Chelsea fueron transformándola poco a poco: de guardarse todos sus problemas pasó a dejar ver tan solo una minúscula parte, para llegar al punto actual en el cual dejaba ver cuando comenzaba a caer. Eso era mejor que nada claramente, pero a la madre le gustaría ser un pilar más "útil" en la vida de su descendiente.
Emily realmente no sabía ciertos resentimientos aún latentes o la mitad de las conversaciones con su psicóloga, los problemas para ayudarla y más.
En el corazón juvenil todavía existía ese odio personal al encierro obligado por los miedos a perderla, las incontables ocasiones donde ella no podía salir a jugar como cualquier niño normal o hasta las veces en donde Chris intentaba sacarla a caminar al parque para ser repelido por su progenitora. «Chris, hombre adulto con un metro ochenta. En esa época no estaba tan musculado pero sabía defenderse y defender al resto. Mi estimada no lo veía así. ¿Se habrá dado cuenta que trataba a su amigo como un inútil?»
Acordó verlos a todos el domingo siguiente esperando lograr juntar toda la energía necesaria como para impulsar su cuerpo; deseaba ver a su hermanastro otra vez e intentaría estar lo mejor posible para Dawson. El pobre parecía decidir volver a Estados Unidos cada vez en donde se sentía mal o pasaba por un periodo de internación psiquiátrica para estabilizarse. Algunas veces deseaba ser otra persona y no la chica con problemas.
Charlaron un rato más hasta que su madre ojeó el reloj en su muñeca derecha para luego anunciar su pronta partida. Debería terminar algunas cosas en su propio despacho así poder ir a casa y cambiarse para una noche romántica. La castaña solamente pidió no recibir alguna noticia concerniente a un nuevo hermano o algo, su madre la miró raro a sabiendas de que su hija conocía la verdad entre la pareja y un hijo sería muy poco probable. Podían adoptar, claro estaba, aunque a su hija muy en gracia esa idea no le iba. A veces se pasaba en celos sobre la idea de ser la única descendiente, Sherry siempre decía que eran problemas sobre ser hijos únicos.
La despidió con un beso en la mejilla, antes de verla desaparecer por el pasillo pidió por el uso de un profiláctico.
—Descuida, no los necesito. —Dijo mirando por sobre su hombro, se marchó con tranquilidad a continuación.
Nuevamente en soledad comenzó a darle vueltas al asunto: cómo se lo tomó su amigo y lo mal que le hizo sentir esa negativa. No sabía porqué pero deseaba haber tenido un poco mejor reacción por su parte, aunque fuera menos tono molesto o repetir sus palabras entre dientes. Eso dolía, recordando ciertas actitudes pertenecientes a gente en su pasado (quienes intentaban perpetuar su existencia en el presente). Liam solía hacerlo durante la mitad de su relación, después de descubrir sus problemas con la comida ocasionados por la obsesión ante la idea de perderlo.
Él insistió respecto a perder unos kilos para verse más atractiva, agregando sobre no sentirse "particularmente atraído" por esos rollos a la hora de divertirse en la cama. Lastimó su autoestima al decirle entre líneas "gorda" pese a estar en los parámetros normales para su edad según varios médicos. Recurrió a comer normal frente a otros para luego purgarse en soledad dentro de un baño. Sus ojos llorosos por las arcadas silenciadas frente al espejo se presentaron como una visión horrorosa, tuvo un escalofrío al recordar cuando ya no dio para más. En su peor etapa se purgaba al menos cuatro veces diarias, sufría hambre constante sin lograr saciarla.
El sexo al final no valió tanto la pena con menos kilogramos más que nada por la baja en nutrientes notificada por su cerebro; al final Liam se quejó por verle tanto las costillas. O se desmayaba en pleno acto. Decía que se veía igual o peor que una modelo famosa, mantuvo guardada la respuesta de mandarlo al diablo porque lo quería horrores.
Cuando su estado bucal empeoró drásticamente, siendo notado por los adultos al asistir a las consultas odontológicas, y el reflujo era constante un "clic" hizo en su cabeza la necesidad por parar.
Psicológicamente hablando la muerte paterna creó un trauma importante, el temor a ser abandonada por cualquier masculino presente en su vida se vio agudizado. Por eso cada vez en la cual Parker o Chris se iban en una misión muy importante, por consiguiente arriesgada, lloraba a mares intentando aferrarse a sus cuerpos como si eso pudiera impedir su marcha. Cuando tuvo más confianza con quien ahora llamaba "papá" se enganchó a su pierna histéricamente rogándole quedarse. Mientras estuvieran fuera dejaba de comer y lloraba sin descanso, volviendo loca a la progenitora.
En el caso del noviazgo Liam fue quien se llevó su inocencia, el muchacho quien la hizo mujer en una noche que deseaba cambiar por varios factores. Eso desencadenó una reacción casi obsesiva en ella, temía perderlo como también odiaba la idea de verlo con otra chica. Él se cobró esa inocencia en el terreno sexual y deseaba tenerlo a cambio. Nunca devolvería ese estado pre relación sexual como tampoco las ilusiones sobre casarse con él y tener muchos hijos bonitos. Desvaríos adolescentes, razonaba ahora, pero en el momento dolían por lo real. Lo amo hasta los huesos y la forma descarada en la cual rompió con ella resonaba en su memoria cuando pensaba en la idea de dejar sus fantasmas atrás para iniciar algo nuevo. Eso sumado a toda la montaña rusa emocional durante la relación con Joe.
«Soy lo suficientemente inútil como para no soltar eso que tanto daño me hace. Parece a propósito: quien peor dolor hace soy yo contra mí misma.»
Honestamente no era el mejor momento como para plantearse esos inconvenientes, pero Ethan dejó un sabor agrio en la boca imposible de borrar. La idea de perderlo se le antojaba más allá de lo violento, le recordaba la posibilidad de permanecer sola como hongo por el resto de su vida teniendo los mismos cuatro amigos y ya. ¿Quería eso? A veces eran mejor la calidad en vez de la cantidad, sin embargo sentía el requerimiento de expandir su listado luego de la traición sobre quienes pensaba eran amigos con calidad. Deseaba alguien con quien compartir más momentos en la vida, alguien con quien recostarse en el sofá a ver series o comer nachos con queso. Exclusividad sexual, amor de novio. En realidad el monstruo amenazaba con echarle en cara lo mala persona que era y cómo la gente prefería huir en vez de acercársele. Si fuera "normal" se alejaría de alguien tan inestable sincerándose un poco.
¿Para qué seguir al lado de un ancla capaz de hundirte a las profundidades?
Se le creó un nudo junto con un revoltijo estomacal difícil de aguantar, las ganas intensas de ir al baño a potar instalaron sus raíces hasta pasada la hora de marcharse a casa. Esperaba con todas sus fuerzas recibir alguna palabra o mensaje proveniente de su amigo o francamente estaría condenada.
Porque de pronto él sí le importaba.
«Hasta en mis tiempos libres podría haberme buscado otra cosa a hacer, no meterme en los archivos pertenecientes a uno de mis padres, por Dios. ¿Qué ganó? Nada bueno.» No sentía necesario agregar que gracias a ella ahora él también estaba involucrado. En realidad la cuestión se trataba de una totalmente distinta a la imaginada, pero en momentos iracundos uno parecía no ver con absoluta claridad. Eso le pasaba mientras intentaba concentrar su vista en el trabajo pendiente, completamente cabreado por el accionar iluso de su querida amiga/ encaprichamiento.
Ethan claramente no veía más allá del tema de las fotos, creyéndose involucrado por estar cerca a Chelsea; todo iba mucho más profundo: no solo estuvo en Dulvey, sino que salió vivo del campo de pruebas. Esa era una razón por la cual lo estaban buscando, la otra era su nueva adquisición vírica gracias a la doctora Vickers. La castaña podría tener un poco de culpa por recibir las fotos sin embargo quien se metió de lleno en la Finca Baker fue él como un puto lelo. En el fondo la práctica respuesta de "te metiste sin llamar a la policía" era verdad, podía excusarse diciendo "no tenía cobertura" como sucedió debido a que la antena más cercana era también objetivo de Lucas para la obtención de más carne humana.
A veces sentaba mejor echar los trapos sucios a otro así no se veían los propios.
Igualmente sentía la traición en su nuca mientras intentaba meterse de lleno en el resto del trabajo destinado a la jornada. No podía sacarse la confesión o los ojos tristes de encima. ¿Fue muy injusto? ¿Se pasó al hablarle? Estaba enojado, toda persona cabreada reaccionaba mal. ¿Ya no se habían peleado fuerte en el pasado? Sí, pero al menos eran por celos y no por todo lo enterado. Debía reconocer las agallas por haberse escabullido a sustraer la tarjeta, luego analizar las cosas por su cuenta (las cuales se tornaban muy escabrosas en cierto punto) y comenzar a formar más detalles en la investigación. Él no podría haberlo hecho ya que 1) contemplaba mucho la privacidad en cada ser vivo, y 2) vomitaría con tan solo ver otra referencia más a su calvario.
Seguía martillándose el cerebro pensando qué pasó por su cabeza cuando se le ocurrió robar la puta tarjeta. ¿No se daba cuenta que la justicia por mano propia no servía? Bajo ninguna circunstancia podría funcionar aunque parecía obvio que Chelsea no lo sabía, o era seguidora de los movimientos anti biológicos con el lema "nosotros haremos lo que el gobierno no pudo". No admiraba ni mucho menos a esa gente porque prefería dejar al mismo Estado traidor hacer las cosas, aún si no las hacían. ¿Para qué estaban entonces? Si: algunos miembros del senado se rascaban el culo o recibían sobornos, como el viejo representante de Wyoming quien fue encerrado por seis cargos al recibirlos. Otros sufrieron pérdidas importantes en los primeros incidentes biológicos, esos sí tenían una determinación férrea a detener a los terroristas.
¿Cómo explicaba las implicancias en los incidentes en China y Edonia en el pasado? Simmons no fue un loquito más del montón, sino que trabajaba codo con codo junto a los agentes gubernamentales. Ethan no sabía mucho sobre ese incidente debido a que fue cubierto en su mayor parte, seguiría con su "dejen los problemas a los muchachos de más arriba" tal cual su lado conformista dictaba.
La pregunta más importante que su lado enamorado le hacía era la siguiente: ¿Hablaría con ella más tarde? ¿Cumpliría la promesa hecha? Lo deseaba aunque también preferiría dejarla lejos por unos días hasta calmar sus aguas. Hablar como seres civilizados podría ser lo correcto. ¿Se le pasaría si no la tenía cerca? Claramente no. ¿Entonces?
¿Todo fue por su difunto padre? La idea del progenitor muerto se le vino a la cabeza de repente, siendo un probable indicio sobre las verdaderas determinaciones en la castaña. Si él perdiera a un miembro familiar no estaría muy feliz o conforme, querría sangre al por mayor por sus vidas injustamente perdidas. ¿No había otra forma? Al parecer la chica no encontró ninguna. Y era verdad: veinte años pasaron desde la muerte del señor Vickers y poco más de encontrar a Umbrella culpable se hizo. Se achacó al fundador Oswell E. Spencer por el desastre ocasionado y algunos casos comprobados de homicidio (como el asesinato de su viejo colega Edward Ashford al encontrarse pruebas), pero mucho se dejaba de lado.
Cómo, por ejemplo, el saber gubernamental sobre la situación y la forma en la cual se accionó después. Una semana tardaron en formar un análisis completo junto con una decisión.
Sin embargo seguía dando vueltas al asunto sobre si no había otra forma en la cual proceder, una más legal. « ¿La hay?» Siempre había una mejor forma hacia el fin esperado. «Igualmente no soy quién para decir cómo debe actuar. Yo no fui quien perdió a un padre o más familiares.» Ahora que lo pensaba sabía poco y nada sobre el padre biológico, recordando las veces en las cuales hablaron sobre su pasado y como reveló los detalles, seguramente necesitaría ganar más confianza como para enterarse quién junto con cómo murió su padre. «Suena algo… Sádico y malintencionado pensar eso. Aunque así podría atar algunos cabos.»
Trató nuevamente en volver el foco hacia su pantalla, se fue a su casa resignado sin saber qué demonios hacer. Estaba mosqueado, sumándole el bajo rendimiento al final del día pese a tener un buen rato antes de las jodidas fotos. Se olvidó de comprar aros, su estomago se revolvió lo suficiente como para sugerirle otra cosa; llegó al departamento e intentó jugar media hora a su franquicia favorita, así como encendió la consola volvió a apagarla; trató realizar ejercicios de respiración para volver a ver sus ojos tristes cuando cerraba los suyos; su proyecto no vio la fuerza de voluntad suficiente como para ser continuado; al final se sentó en el medio del sofá con el móvil entre las manos, marcando su número para luego llevarlo a la oreja y esperar respuesta.
Atendió al tercer pitido, en el cual ya estaba pensando en colgar.
—No sabía que intentarías llamarme. Creí que tus palabras entre dientes significaban "vete al demonio" o algo —saludó aún frente al volante, atrapada en una intersección muy concurrida en una avenida clave—. Por cierto: hola.
—Yo tampoco tenía idea si quería hablar contigo o no. No cambio mi postura sobre lo dicho.
—Nunca te dije el porqué, ahora me doy cuenta. Puede que así sí me entiendas un poco.
—Lo dudo. Buscaría otro pasatiempo para mi tiempo libre.
—Yo ya tengo uno, Ethan. Esto no es un jodido entretenimiento para mí, es demasiado importante—replicó exasperada, rascándose la frente y sintiéndose mil veces más cansada—. Escucha: dudo que pueda decirte muchas cosas por teléfono. De seguro están oyendo la conversación o algo.
— ¿Sientes como un chasquido muy leve? —Al otro lado dieron una negativa—. Bueno, puede que no por ahora.
—Lo que sea, no confío ya en nada. Igualmente te debo una disculpa. Para mi estás en medio por otros factores aunque mis acciones pueden haberte incluido. Aparezco en las fotos del paparazzi como si fueran una primera plana así que…
—Puedo volver a enojarme contigo en frente, si quieres reunirte conmigo.
—Me caes bien, por favor intenta mantener la cabeza un poquito más abierta. Te diré algo: sábado a la noche, pediré una pizza porque no me encuentro en ganas por cocinar.
— ¿Sucede algo? A mí me da igual si las compras como si las haces.
Suspiró larga y pausadamente. No captó nada, diría "típico de hombres" pero se le antojaba demasiado sexista. Seguro tendría razón de cualquier manera. ¿Por qué las mujeres siempre cogían todo en el aire?
—No me estoy sintiendo bien desde hace un tiempo y hoy fue otra estaca más en mi corazón de vampira.
Estaba bromeando, quizá intentaba sacarle peso a la cuestión.
— ¿Algo en lo que pueda ayudar?
—Si: no me grites en mi casa este sábado o se me cae lo que me queda vivo al suelo. Gracias por adelantado. Igual ya estoy con autorización médica para consumir deliciosas drogas, probable sea que en poco tiempo esté mejor.
Esperaba estarlo. A veces tardaban cuatro a seis semanas en comenzar a trabajar para nivelar sus neurotransmisores. En la última consulta parecía haberle dado remedios para caballos de lo fuertes que eran; claramente distaba mucho de ser una persona en cercanías a una recuperación por su trastorno mayor.
—Oye, si no estás en las mejores será para otro día.
—Ni lo sueñes —cortó—. Puede que otro día ni siquiera salga de mi cama. Conmigo vas a tener que aprovechar ocasiones así porque nunca sabes cómo va a terminar el cuento.
Ojalá no terminara mal, aunque conociéndose probablemente estaría al borde del abismo. El caballero ojos verdes quedó descolocado, aceptó para dedicarle unas palabras más y finalmente colgó.
Se levantó de la cama pensando en lo inútil que era hacerlo, ya que de cualquier forma no podría hacer otras cosas por sentirse así de cansada. La noche anterior durmió desde que llegó a su casa hasta el mediodía siguiente, oyendo en su cabeza como la puta voz seguía repitiendo en su interior "tu no vales nada, todo lo que intentaste hacer hoy fue a peor y siempre será así". ¿Cuál fue el punto de levantarse? ¿Comer? Hacía ya unos días donde apenas si probaba bocado porque no veía el fin. Se moriría en cualquier momento, la matarían o algo, ¿Por qué seguir? ¿Pretender que todo estaba bien cuando claramente nada lo estaba? Solo sabía hacer dos cosas bien: cagar sus buenas intenciones y alejar a la gente cuando creía estar haciendo algo bueno. No los culpaba, tampoco estaría cerca de una puta bomba de tiempo.
Eso era: un explosivo al borde de estallar.
Se olvidó que ese día se suponía anfitriona, quien seguro la despreciaba por haber pensado en algo para obtener justicia lo cual al final no sirvió. O no funcionaba debido principalmente a estar recolectando información minuciosamente, así lograr formar un buen caso para presentarlo a quien correspondía. Podía hacer nuevas relaciones pero siempre terminaba haciendo una mísera cosa mal y lo arruinaba. ¿Por qué? Porque así era, funcionaba de esa manera; a base de decepciones ajenas, dañar al otro e intentar obtener justicia por alguien quien yacía muerto mucho tiempo. Promesas rotas siempre a su paso, cual tornado destructor en una ciudad medio poblada.
¿Cuántas veces estuvo así? ¿Sin poder levantarse de la cama o comer como un adulto normal demandaba? Desgraciadamente perdió la cuenta, reconoció envolviéndose en la manta color gris muy gruesa mientras hundía su cara en las rodillas, sentada en el sofá de tres cuerpos con todo equipo electrónico apagado. No disfrutaba de dibujar, usar su teléfono, leer un libro o escribir su ficción basada en su saga favorita bajo ningún concepto; no tendría mucho sentido tampoco. Honesta consigo misma: no quería ver a nadie. Nadie merecía verla en su condición tan decaída, donde nada podría despegarla del estado de desesperación en la cual se recostó hacia ya unas semanas y se quedó estancada. Las píldoras tardaban en hacer efecto en palabras de su confiable psiquiatra, ese preciso tiempo comprendido era un calvario.
No quería afrontar nada. Podría dejarlo todo a medias, siempre lo hacía y nadie parecía ya molestarse; la loquita depresiva siempre tenía esos altibajos duraderos donde creía poder decir "estoy enloqueciendo" y fantasear con despegarse del mundo físico. Otra cosa debía ser mejor que el pesar psicológico experimentado ese tiempo en donde prefería quedarse echada. En el cual todo sería mejor si desapareciera del mundo, no molestara más con su presencia.
El doctor Black siempre le repetía todas las cosas buenas por las cuales vivir, en las cuales interesarse para luego alcanzar. Ella solo recordaba (o se reiteraba) lo mucho que lastimaba a su familia y amigos. Siempre volvía a su cabeza la pobre vida de su madre, siempre sufriendo hasta cuando poseía una hija a la cual cuidar. Seguramente nunca vio venir la maldita roca que debía cargar por el resto de sus días, si fuera por su persona cambiaría la roca que solo atrasaba por otra niña mejor: más buena, menos triste. ¿Una vez intentaron tener más hijos? Sus padres biológicos desearon una familia numerosa, múltiples baches en el camino los detuvo en el intento por alcanzar ese sueño (sin contar la muerte de Brad). Luego llegó Parker; si o eso creía, al principio de la formalización, antes de enterarse sobre otras cosas inoportunas las cuales terminaron con el sueño de convertir a Parker y Emily en padres conjuntos de otra criatura.
¿Para qué culparlos? Era mejor deshacerse de la pesada herencia de un hombre fallecido con otro bebé feliz y sonrosado. Sherry, quien hasta ese momento vivía en la casa, intentaba sacarle esos fantasmas originados sin lograr rememorar con exactitud; exorcizar la cabeza fue imposible a medida que sucedieron otras cosas terribles involucrando un hospital y mucha sangre. Una vez, una desgracia; la segunda, pesada herencia; la tercera sin completarse. Las visitas maternas a las salas de urgencia le hacían sentir mal indirectamente. La añoranza por otra quien no molestara la llevaba a eso, a estar complicadísima en términos de salud.
Ahí (juraba por todos los santos) se dio cuenta sobre el pobre papel hecho hasta ese momento. La venda imaginativa en sus ojos no le permitía ver la otra realidad, la cual sí se ejecutó y decía todo lo contrario a lo creído.
Parker venía de un tiempo conflictivo, con hijos trastocados por una relación finalizada un tiempo atrás sumándole un resentimiento en sus retoños hacia ambas partes por deshacer el sagrado enlace. Creía que él merecía una mejor hijastra, alguien quien pudiera levantarse ininterrumpidamente de la cama sin sentir la necesidad de acabarlo todo. ¿Qué hacía, por otra parte? Asustarlo, preocuparlo, generarle problemas innecesarios que si no hubiera nacido así no estaría causándole. Ella se encargaría de sacarse a sí misma del medio para no estorbarlos. Fue muy joven cuando lo intentó sin éxito; inmadura para recibir las primeras dosis.
Pobres padres… Nunca hizo nada bueno por ellos.
A vistas maternales solamente fue una letra, una C o B+. Nunca una A o A+; ocupaba la mediocridad a su disgusto. Mediocre ¿Cómo podía permitirle tener una cría así? La presión la absorbió, eso sumado al nuevo mundo adolescente quien trajo peores problemas. Arrastraba el ancla viejo y oxidado con sangre sobre el final, sumándole más oxido por su incapacidad mental para hacer las cosas conformes a los planes maternos.
Sumaba a la mezcla su diagnostico definitivo. Una persona fallada de fábrica, con el cerebro descompuesto quien siempre veía todo en negro.
No podía despertarse así como así, ojala fuera sencillo; solo podía arrastrarse llorando a un lecho determinado, dejando de lado al resto para protegerlo. ¿Protegía de su persona? ¿Servía para eso?
«No, nunca serví ni para proteger a los demás. Toda esta mierda lo demuestra.»
Cogió su móvil después de arañar sus mejillas un buen rato dejando sendas marcas rojas, mensajeando a su amigo diciéndole escuetamente "no me siento bien, déjalo para otra ocasión"; se preguntaba si habría otra. En su mente había un atisbo lumínico positivo muy pequeño (minúsculo si podía admitir) el cual pedía el quedarse un poco más. Sí valía, sí podía hacer las cosas bien, no era una carga. Sin embargo no crecía, no llegaba a despejar la niebla negra muy espesa nublando el camino hacia un buen vivir. Otra vez: no era suficiente. Ethan replicó una pregunta la cual no era capaz de responder, vio la notificación para luego bloquear el móvil y arrojarlo sobre la mesa de café.
Al no recibir una réplica volvió a la carga, nuevamente sin obtener nada del otro lado.
Le hubiera hecho un favor si no lo conocía, si lo trataba como el resto y lo dejaba quedarse con su grupo de amigos fantoches. Ella no podría hacer nada, lo hundiría como dijo Liam hacía mucho tiempo atrás. Ethan no merecía hundirse, él requería prosperidad después del terrible incidente el año anterior. Chelsea Vickers solo lo conduciría a un remolino autodestructivo del cual podría no salir vivo, lo apreciaba tanto como para no deseárselo.
¿Por qué lo quería? Más importante: ¿Realmente la consideraba una amiga? Oyó muchas personas llamarla así para luego romperle el corazón. La gente solía ser así de mierda, creían ser dueños del mazo destructor y de ella ser solamente una "depre insegura" con quien podrían meterse.
Claramente lo hicieron, salió muy malherida. La luz esperanzadora le decía "¡Claro que eres su amiga! Volvió después de pelearse contigo, te aprecia y escucha cuando hablas como si fueras una maravilla natural. Él sí te quiere". Lastima ser solo una chispa minúscula comparada con el monstruo enorme.
Rascó su cuero cabelludo picoso por no poder siquiera ir a enjuagárselo. Odiaba estar así aunque no veía la capacidad física ni mental como para meterse bajo la ducha a sacarse toda la porquería. Dolían sus huesos por estar todo el tiempo en la misma posición, estar sentada también gracias al pobre nervio ciático quien constantemente se vio aplastado. Gritaba su alma infeliz en el cascarón surcado por distintas heridas ya cicatrizadas, decorado con tatuajes que intentaban servir de cobertura a las veces tristes donde no vio salida.
Si lo intentaba de nuevo… ¿Vería buen final? ¿Sería capaz de matarse sin tener que pasar por terribles dolores o internaciones complicadas? Por suerte no perdió peso como en las anteriores… Todavía. Al menos no probó en pesarse.
Aferró sus brazos a las piernas entumecidas hasta decidirse por nublar la vista. Si iba a pasar un mal trago debería bajarlo con uno bueno, ¿no? Con la manta aún rodeando su cuerpo se levantó directo donde sabía estaba la manera más rápida. La semana anterior también desmayó sus problemas bebiendo, como no tuvo la entereza suficiente a salir se quedó sin un whisky delicioso añejo algo de veinte años. Quedaba Vodka, Gin y algo de Ron comprado por sus padres en un viaje soñado. Llegó a un punto donde apenas si podía levantar la cabeza, quedando dormida en el sofá y derramando el poco líquido restante. Obviamente a la mañana siguiente se arrepintió por la asquerosa resaca junto con el deber de limpiar el suelo sucio, logró tomarse un antiácido y limpiar levemente volviéndose a acostar hasta empezar la jornada posterior como podía.
Cogiendo el extremo anudado sobre su pecho, acercó su mano libre al lugar especial para sus botellas; primero fue el vodka saborizado con manzana, luego el Gin puro para rematar con un vaso medio lleno con ron. De la botella semi llena terminó quedando un cuarto o menos, lo mismo ocurrió con el Gin.
Sentada allí, yaciendo como una vagabunda sin motivos por los cuales vivir, comenzó a pensar. Todo lo malo en su vida, lo que pensaría su padre allá donde estuviese… Allí fue cuando se dio cuenta lo mal que estaba. ¿Qué haría ella si viera a otro haciendo eso? Sentiría asco, desprecio por esa vida arruinándose a base de alcohol puro y duro. Expelería insultos, negándole el derecho a opinar para refregar lo mal que estaba haciendo a su cuerpo. Ahora podría aguantar, pero si seguía así en veinte años podría sufrir problemas como la cirrosis; volaría sus pulmones al punto de desarrollar un tumor maligno o se quitaría la vida antes para no sufrir los pormenores. ¿Sería capaz de parar?
Su padre… ¡Oh, el señor Vickers! Todavía recordaba los videos mostrados por su madre, primero en VHS transformándose en archivo MP4 pudiéndose ver en cualquier lado a cualquier hora. Ese hombre estuvo extasiado por tener un hijo, fue peor cuando descubrió el sexo definido dictando ser padre de una niña. "Mi princesita" dijo para a continuación besar el vientre abultado de su madre, quien intentaba leer un libro sentada en el sofá después de un día difícil en la oficina. Ese hombre se encargó de mostrar algunos momentos durante el embarazo, la felicidad por el hecho de ser un futuro padre como también la excitación al comprar cosas nuevas para el cuarto infantil. Recordar todo eso rompió aún más la mente de cristal.
Así pagaba a sus progenitores: siendo una carga. Devolvía el favor matándose con alcohol, cigarrillos y ocasionalmente drogas; no funcionaba como un miembro útil para la sociedad, solamente era una roca medio muerta mentalmente quien no progresaba. Deshonrosa por donde la mirase, eso era. Pobre Brad, no merecía mirar ese calvario rebosante de mierda; probablemente perdió la fe en su princesa, preguntándose si no era más un castigo que una bendición. Sufrió en vida y ahora lo hacía sufrir en muerte…
Le faltaba el aire al rememorar los sentimientos encontrados al analizar la cuestión completa. ¿Qué podía hacer para evitarlo? Deshacerse de las botellas, esperar al funcionamiento de la nueva dosis para luego volver a ser una persona sana; cortar el consumo de nicotina para siempre, devolver el aire puro a sus pulmones marchitos por la mierda química. Ser otra, intentar enterrar los fantasmas malignos dentro suyo logrando poner fin a la tristeza. Deseaba hacerlo desde el fondo de su corazón, el dolor corporal junto con el mareo no se lo permitían.
«No. Voy a hacerlo cueste lo que me cueste.»
Podía ser que la luz creció hasta convertirse en una ola esperanzadora intentando empapar todo con positividad, amor propio y autoestima. ¿Estaría librando una guerra posible de ganar? ¿Saldría victoriosa? Lo intentaría, estaba viva para hacer muchísimas cosas que se propusiera; no tendría que recurrir a hacerle caso al maldito por primera vez, lo dejaría en un rincón trasero a la espera de otro momento en el cual pudiera atacarla. Esa noche Chelsea Vickers levantaría los puños como la ganadora, la luchadora por su liberación y como la concursante en la carrera a salir viva, recordando los movimientos civiles. Lo haría tan segura como firme.
Impulsada por su nueva voluntad despegó las nalgas, cogiendo las botellas con su mano libre dispuesta a llevarlas al fregadero para arrojar todo el contenido; parecía portar un vestido larguísimo tal como jugaba cuando niña ingresando en la habitación de Sherry, fingiendo ser la princesa hablada. Ingresó a la estancia tambaleante pensando en el subidón positivo generado por vaya a saber quién o qué. Arrojó el aparente vestido a un lado quedando colgado en el respaldo de una silla medio corrida en un leve intento de cenar. «Ahora un poco más estable.» pensó. Veía borroso gracias al hermoso rasgo heredado materno como también el grado etílico en sangre, sus perros dormían a gusto sobre una manta algo gruesa y acolchonada en el suelo. Contemplaron otra vez a su tambaleante dueña quien…
Polly-Sue comenzó a emitir un leve gruñido en dirección al living seguida por Rosie y Dallas, quien solía enojarse en rara ocasión. ¿Por qué lo hacían? Estaría sintiendo un leve cosquilleo en la nuca, idéntico a las ocasiones en las cuales algo malo podía suceder. El can Bóxer comenzó a emitir ladridos cortos, profundos, pésima señal; se levantó al cabo de unos segundos moviendo las orejas para alcanzar mejor los sonidos, desapareció tras el umbral quedando en posición de ataque contra la puerta. Dallas fue el siguiente seguido por la perra color albaricoque, valiente can se quedó firme a pasos del umbral mirando como los otros dos arriesgaban su cuerpo por Chelsea.
La chica no entendía nada, costaba hacerlo cuando tenías varios centímetros cúbicos etílicos en sangre. Sentía temor cuando sus brazos erizaron sus vellos, respiraba entrecortadamente para aferrarse con la zurda una de las botellas. Terrible señal escuchar a sus perros tan enervados… De golpe un sonido atenuado escapó proveniente de una de las paredes externas, como si estuvieran golpeándolas con fuerza. Dio un saltito mientras intentaba no atragantarse con su propia saliva, dos envases cayeron al suelo haciéndose añicos al tocar la superficie y esparciendo sus trozos por doquier; insultó a mansalva diciéndose sobre después quitar todo escombro del medio, corriendo luego en dirección a la fuente auditiva. ¡Qué nervios!
Encaró a la puerta con el corazón en la garganta y el recipiente transparente en la hábil, si era lo único con lo cual defenderse lo haría bien. Esperó expectante por si algún otro sonido más ocurría, echó una ojeada rápida por la mesa de café donde su móvil reposaba tranquilamente sin recibir otra notificación más. «Carajo, mierda y que me cago encima. ¡No puede ser esto posible, no hoy ni ahora!» Lucidez. ¿Corría peligro? ¿Estarían aún allí o solo fue una alucinación auditiva? Sentía pánico por responder a alguna pregunta formulada.
Ahora fue víctima la abertura con un golpe seco seguido por otro, soltó un grito al verla temblar. Se llevó la mano al musculo quien latía desbocado por el terror más puro, corrió en dirección del móvil. Debía llamar a alguien, quien fuera, para saber si el exterior era seguro o si moriría. El pánico visceral se instaló en su cuerpo sin intenciones de irse. ¡El arma! ¡Dejó el revólver en el último cajón de su cocina! Podría tener alcohol encima sin embargo sabía desempeñar sus conocimientos sobre defensa personal o uso de armas.
Corrió sin darse cuenta del enchastre generado anteriormente, resbalando con el líquido y pequeñas astillas clavándose sobre la suela de su pantufla estilo bota hasta el tobillo, rosada a lunares.
Primero fueron sus brazos quienes tocaron el suelo, luego su espalda para finalizar con sus piernas. El teléfono voló por los aires separándose y aún oyendo los golpes a lo lejos; aterrizó a unos metros. Astillas medianamente grandes se alojaron en su piel en ambos brazos, gritó al sentir la penetración vidriosa en su cuerpo; su espalda recibió una menor carga aunque no menos dolorosa; la pierna derecha, en cambio, fue la más castigada recibiendo los trozos grandes. Uno en particular parecía una punta de flecha (con un extremo inferior el cual perteneció al fondo), quedó parado hasta ser alojado en la parte inferior femenina. Casi se desmaya al sentir la perforación profunda, la conmoción nerviosa palpitaba tal cual el día en donde una bala se alojó en su pulmón izquierdo.
Intentó moverse pero el dolor junto con la profusa pérdida de sangre la detuvo por completo; no sabía cuan dañado estaba su cuerpo ni tampoco deseaba averiguarlo. El cabello ya algo sucio ahora se remojaba en alcohol sumándole el líquido rojo. Intentó incorporarse sintiendo una nueva oleada punzante proveniente de los lugares lesionados, prefirió quedarse quieta aunque era presa del pánico. Después del segundo grito los golpes cesaron, sus perros corrieron directo a la dueña herida quien lloraba histérica intentando no ejecutar movimientos complicados.
¿Y ahora? ¿Cómo salía de esa? Su pierna estallaba a cada movimiento o intento de contracción muscular, debía dejarla inmóvil para no ocasionar peor daño. ¿Atravesó alguna vena o arteria importante, siendo esta la causante de semejante sangrado? ¿La isquiática estaba bien? ¿Moriría en ocho minutos o menos? Esa vez no deseaba averiguarlo. Necesitaba urgente asistencia médica pero no llevaba el móvil encima, giró la cabeza como pudo sintiendo los cristales raspar el cuero cabelludo hasta ubicarlo en diagonal a su cuerpo. Tenía el asistente virtual activado después de desestimar esos titulares tan terroríficos como "la nueva brecha en el asistente virtual" en los teléfonos más costosos. Aunque el suyo fuera un modelo ya tres años viejo podía ser muy confiable o eso creía.
Gritó desesperada por su vecino por si este la oía esperando unos minutos, Tyler no oyó nada por el estilo mientras miraba la televisión con su prometida, burlándose sobre una famosa serie médica con muchos errores. Vociferó el nombre masculino obteniendo la misma respuesta. Probó suerte invocando a la mujer virtual en su celular, oyendo de fondo cómo notificaba su actividad.
— ¡Llama al último contacto marcado! —gritó a voz en cuello, esperando ser captada como correspondía por el asistente… Oyendo la confirmación llevó un soplo esperanzador.
No podía activar el "manos libres" por lo que debería gritar al tope de sus pulmones para ser entendida. ¿Quién llamó último? ¿Sería su madre? Oh, sí era ella tendría demasiado por explicar a la mujer rubia. ¿Su padre? Mismo resultado una vez atendida por un médico. ¿Algún amigo? No se mantuvo en contacto con su reducida lista por cierto tiempo, ni siquiera recordaba la última vez donde llamó a alguien. Solo quedaba esperar…
Dejó de oír el pitido por el auricular, suerte dejarlo siempre con el máximo volumen al no lograr escuchar nada caminando por la calle o en el gimnasio.
— ¡Ayuda! —Soltó al tope de sus pulmones, descolocando al receptor— ¡Necesito que vengan a mi casa!
La voz al otro lado balbuceaba algo inentendible a esa distancia, repitió el mismo mensaje agregando "¡estoy herida!". Después de eso la comunicación se cortó al instante. Ahora debería aguardar por el rescate quien quiera que fuera, solo requería a alguien quien no hiciera preguntas o cuestionara el porqué de su estado. La gravedad no acompañaría.
Su noche no iba a bien cuando su queridísima amiga decidió cancelar la reunión en su casa por cualquier razón. Tenía hambre ya que aguardaba comer una deliciosa pizza con la compañía agradable (por decir lo menos) de la castaña; al verse plantado por esta debía figurar una idea en su cerebro sobre qué hacer o si pedir algo. se le antojaba una pizza con anchoas, también era partidario de una pasta a un restaurante cercano a su departamento junto con una dosis poco saludable en queso parmesano, la última opción era quedarse con un filete de carne medio cocido con jugo de limón y agregarle papas fritas como guarnición. Si comía requería hacerlo como Dios mandaba: hasta la nuca de colesterol. Eso último podría sumarle una gaseosa regular o volcarse con una lata dietética porque "la figura es lo primero".
Lastima tener un metabolismo rápido necesitando engordar algunos kilos, no perderlos. Ni siquiera comiendo todos los días de McDonald lograría conservar los gramos extra. Ser él a veces era una maldición eterna, también podía ser un dolor de cabeza para los nutricionistas visitados después de una evaluación con su médico clínico de confianza.
No tenía mayores planes; después del incidente en el club con Rosalie decidió hablarlo todo con Edwin aunque su respuesta no cayó en gracia. Le molestó mucho saber su verdad contada, no necesitaba ser una puta victima ahora en bocas ajenas; Ed no lo vio así y no se dignó a disculparse, jactándose en la idea propia sobre "debes contárselo a todos para que vean que cualquiera puede ser una víctima más del bioterrorismo". «Si, claro. Y yo mañana asumo como el presidente de una puta isla en medio del Caribe.» Seguramente habló frente a Rosalie cuando esta lo acorraló a preguntas, respondió por la presión generada o simplemente porque se sintió lo suficientemente confiado como para no ver sus "chismes" revelados por todos lados. Sentía pudor si mucha gente conocía la historia, prefería dejárselo a los científicos quienes lo trataron y a Chelsea.
El resto podían irse a comer mierda.
Esa semana no se vio en gana para tratar con él, prefirió mantener contacto profesional sin hablar sobre banalidades; Orlando sí se mostró algo sorprendido por la actitud, le comentó una pequeña parte para recibir la razón a medias. La parte sobre "deja de lloriquear tanto" porque "en algo tiene razón" lo mosqueó. Si: la gente común todavía se creía inmune a los accidentes biológicos, pero él no merecía ser ejemplo de nada ni nadie. ¿Para qué? Podían aprenderlo leyendo los diarios, siguiendo portales informativos en las redes o mirando la puta televisión. Ethan Winters no era ningún deportista o figura famosa como para andar haciendo publicidad sobre las campañas de vacunaciones a nivel global para erradicar los distintos virus nuevos. Solo era un tipo de Texas, divorciado con un creciente número de arrugas en el rostro (no eran demasiadas pero la idea de envejecer comenzaba a hacerse presente), entradas cada vez más grandes y una madre quejumbrosa y obsesiva en su ciudad natal.
Cogió la bolsa con las papas pre cocidas del congelador superior, cortando una tira por la línea punteada para luego tomar una sartén y llenarla hasta cierto punto con aceite vegetal. Pensar en ese tema en la semana irritaba, peor si ponía en la cabeza el asunto no resuelto con su amiga a unas cuantas calles de distancia. Sí, la oyó extrañamente apagada al teléfono y en los últimos dos fines de semana parecía que se la tragara la tierra ya que no aparecía en ninguna red, atribuía eso a una vida ajetreada o exámenes en puerta. No se trataba de alguien muy… ¿Cómo decirlo? Muy despierto para notar las sutilezas del comportamiento ajeno. Aunque el malestar en Chelsea era obvio a otros ojos, los verdes suyos permanecían cubiertos por una gruesa venda.
¡Las putas fotos! Requería una explicación urgente sobre eso antes de enojarse sólo como conocían sus amigos o hermanas, su privacidad se vulneraba por un tercero y no tener respuestas… Lo volvía loco. «Sigo sin entender la verdadera motivación en todo esto o cómo puedo yo ser víctima de este puto acoso. Ya suficiente tuve con Rosalie hasta hace unas semanas.» Encendió la hornilla eléctrica depositando cuidadosamente la sartén llena, esperando sentir el aroma característico para comenzar. Fue luego por el filete, en una bolsa plástica con la pegatina informante de precio en ella, roja como podía estarlo parte de una res recientemente cortada. La parrilla bien rugosa siguió, con la habilidad para dejar los filetes increíblemente deliciosos. No le apetecía comer en la mesa, podría usar la isla ya que para algo compró los taburetes.
«Buena idea.» Y dispuso los utensilios acorde a la comida nocturna.
Tomó de la heladera una lata con gaseosa dietética pensando en la diferencia en sabor con la versión regular, a él le daba lo mismo pero conocía gente a la cual no. Marlene no podía parar con la Pepsi regular, ya asustaba ver su consumo tan poco natural. Solían bromear con su otra hermana sobre eso día y noche, la aludida ni siquiera se mosqueaba reconociendo abiertamente su problema. "Mis análisis de sangre siguen dando bien, mientras tanto me iré a tomar una Pepsi." Las extrañaba bastante, requería admitirlo al tiempo en donde depositaba un poco de mantequilla sobre la parilla; colocó el filete unos minutos después al comprobar el calor óptimo, haciendo lo mismo con las papas.
Su casa olería a carne y a frituras después a veces ciertos olores no lo eran tanto. Al menos no era fragancia a porquería del baño como cuando se quedaba sin desodorante ambiental.
Su estomago dio un crujido leve, lo calmó comiendo un pedacito de baguette comprada más temprano y tenía semillas de todo tipo. Quedó apoyado por su cadera en la isla mirando cada cierto tiempo la comida, revisando el número misterioso de nuevo como también las fotos. Molestaba mucho ser víctima de acoso, porque ya eso simplemente era lo dicho: acoso. Seguramente así se sentían los damnificados por esa misma práctica fuera cualquiera la ocasión, de paso su cabeza giraba en torno a cómo obtuvieron el maldito número y si debía cambiarlo. Personalmente se le antojaba un poco molesto eso de tener que pasar su número otra vez, corriendo el riesgo así de ser abordado por quien estuviese persiguiéndolo. Además se lo sabía de memoria, aprenderse otra combinación resultaba fastidioso.
Ahora: solo daba el teléfono a quienes correspondieran en su entorno. Sus amigos, familia y los nuevos compinches formados en Washington lo merecían en su punto de vista; algunas compañías como sus tarjetas o los servicios en Texas tenían una forma de localizarlo o informarle sobre una boleta a pagar. Las empresas suponían tener un sistema especializado para evitar intrusiones o la propagación de datos sobre sus clientes. ¿Amigos y familia? No veía quién podría pasarlo. ¿Quién quería ver fotos ajenas o conversaciones privadas si no eran suyas? Lo más escabroso sería la cantidad de videos porno compartidos por sus amigos. Su teléfono parecía el más seguro del mercado, pecaba de confianzudo con la compañía en cuestión.
«Todo es vulnerable hoy en día. No hay un solo dispositivo que no tenga alguna entrada trasera o un hueco en la seguridad explotable. ¿Habrán simplemente hurgado en uno?»
La mentira respecto a la seguridad informática crecía acorde a las distintas campañas publicitarias de las compañías vendedoras, aseguraban tener lo mejor de lo mejor. Probablemente encontraron la forma para obtener direcciones o lo que fuera. Cerró sesión en toda red o cuenta para cambiar su contraseña, escribiendo otra combinación distinta y muy larga en cada una. El problema sería recordarlas todas, pero siempre ayudaba a su cerebro escogiendo las letras acordes al abecedario. Ahora iba por la H siguiendo a partir de la misma.
Volteó el filete, sazonándolo con un poco de pimienta, jugo de limón para cubrirlo todo con mostaza. Comprobó las sensuales papas francesas, poco a poco comenzaban a tomar un color sabroso. Madre, comería como rey…
Una vez cocinadas las papas colocó en un plato hondo dos cuadrados de papel blanco, luego su guarnición a morir con colesterol. Cogió el plato en color gris oscuro anteriormente depositado en el lugar a ocupar, filete listo para comer. ¿Diría unas plegarias? ¿Se comería todo automáticamente sus nalgas reposaran sobre el taburete? Sentó su trasero, su boca juntaba una gran cantidad de saliva mientras echaba sal. Cortó la carne viendo como una espectacular cantidad de jugo salía, remojó una papa en esto llevándola a su boca con ansias. ¡Madre! ¡Qué orgasmo culinario! Comió como debía, recordando a la mitad el faltante en bebida. Cogió una lata común junto a una botella pequeña de agua por si se le antojaba limpiar la boca al final.
Saboreó, se felicitó alrededor de diez veces mientras miraba por su teléfono la mejor serie animada del mundo, pensó seriamente en cocinar nuevas papas para al final sentirse satisfecho acabada la ultima dorada hermosa en el plato. ¿Postre? ¿Entraría en su estomago algo más? ¿Qué haría después? Blake envió un video espectacular con una mujer sensual, tatuajes cubriendo varias partes del cuerpo y un cabello rojizo fascinante. Estaba con ganas de entretenerse. Siguió mirando otro capítulo al acabar percatándose de la hora cuando entró una notificación vibrante: nueve treinta y cinco. Comió algo tarde esa velada sin embargo la espera valió la pena. Replicó a una pregunta proveniente de Vicky, pareja de su amigo, para luego ir a por un mondadientes así sacaba ese maldito trocito de carne incrustado entre sus muelas.
Llevaba un rato intentando infructuosamente y hubo acabado el episodio en cuestión cuando la pantalla se puso en una mezcla borrosa de colores con dos botones en la misma. ¿Quién llamaba? Quien cancelaba una cena con pizza. Podría agradecerle por hacerlo más tarde, al final dio su cuota semanal con las frituras. Cogió el móvil para luego deslizar el botón verde con un teléfono en el interior, llevándose el dispositivo a la oreja preguntando a continuación qué tal estaba.
Al escuchar el grito desde el fondo supo lo mal que podía caerle la cena esa noche, no pudo articular otra cosa que su nombre y si estaba bien. El llanto desesperado por socorro lo impulsó a coger su billetera junto con las llaves del coche, saliendo disparado como rayo hacia la casa de su amiga con el auricular aún pegado en la oreja diciéndole "mantente dónde estás, voy en camino". Colgó para correr en dirección al ascensor, no podía pensar en otra cosa diferente a sus gritos desesperados.
Maldita sea… ¿Por qué no estuvo allí antes?
Daba vueltas a qué o quién podría estar allí mientras descendía del aparato en el garaje subterráneo para entrar rápidamente en el coche, girando la llave y saliendo apurado. En el camino no lograba rememorar si dejó a Skit con algo para comer, beber o siquiera mear. La gata podría ponerse en malas y orinar sobre sus cosas si no veía su caja con arena, la orina gatuna podía apestar a rayos, no quería su bolso morral del trabajo empapado por la ira mascotil.
Apagó el estéreo quien reproducía la "hora del recuerdo" con Morning Glory de Oasis en la misma, no podía conducir ni prestarle atención al tráfico si la música sonaba. Debía ser rápido, poseer reflejos aún más veloces y llegar a esa casa antes que fuera demasiado tarde. No se dio cuenta pero temblaban sus parpados como también manos aferradas al volante negro, aceleró cuando no veía a nadie en la calle y hasta pasó semáforos cuando se encontraba solo.
Llegó en cuestión de diez minutos en un camino el cual ocupaba entre veinte a treinta. Si llegaba una multa por exceso de velocidad o no respetar las luces podría pasársela por el culo un par de veces, su amiga/capricho amoroso importaba más. Si: podría haber matado a alguien por conducir como un animal, pero no vio gente ponerse frente a su auto ni tampoco haber conducido por la acera…
Bajó a trompicones corriendo a continuación en dirección a la puerta, presionando en el acto el botón para activar el cierre centralizado; no llevaba una chaqueta y fuera estaba muy fresco como para andar con un chaleco fino rojo de algodón. Golpeó con puño cerrado la puerta, intentando girar la manilla un par de veces sin éxito. Volvió a golpear ahora gritando su nombre, probablemente alertando a medio vecindario con su terror. Logró hacer salir a un muchacho joven, probablemente la misma edad que él y cabello castaño, quien empuñaba un control remoto al tiempo en donde preguntaba quién era o qué hacía allí.
Chelsea gritó sobre estar cerrada desde dentro y no poder acercarse a abrirla. Lloraba, mucho. Dolía su pecho. Ahora se disponía a derribar la puerta sin importarle si lastimaba su cuerpo o no; gritó al muchacho entrometido que la castaña estaba en apuros, seguramente necesitando atención medica. Evaluó rápidamente a su rival abiótico quien se abría hacia dentro, una en su haber. ¿Madera? Solida, debería aplicar una fuerza media. El cerrojo se veía como el punto débil, bajo el picaporte iría dirigido el golpe. Una, dos respiraciones, levantó su pierna buena (intentando hacer reaccionar una vez su pierna dañada) procurando dar con el tacón contra la madera; intentó dos veces hasta ver cómo esta se separaba y golpeando contra la pared bruscamente.
Entró como un rayo gritando su nombre a voz en cuello. Oyó llanto humano junto con gemidos perrunos en la cocina, al entrar casi muere al ver la terrible imagen.
Los perros rodeaban a la dueña quien yacía en el piso, la chica poseía un charco con sangre junto con líquido a determinar; trozos de vidrio se esparcían por doquier y algunos parecían incrustados en su cuerpo. Intentaba mover su rostro para comprobar quién llegó a rescatarla aunque volvía la cabeza hacia el otro lado, el rubio supuso un terrible dolor por toda la extensión física. Chelsea intentó levantar un brazo hacia arriba deteniéndolo a la mitad, bajó su movimiento a la posición anterior ahogando la tos. Apartó los cristales para arrodillarse a su lado.
Por delante parecía bien, un poco mojada al absorber lo derramado, las partes heridas conformaban los brazos; por la cantidad de sangre derramada podía estar peor. Contempló en derredor intentando comprender la situación un poco mejor, la manta medio colgada de la silla, su teléfono en otro extremo y lo que parecían mascotas muy nerviosas a su alrededor. La perra Bóxer miraba fijamente al muchacho intimidándolo un poco, cuando intentó mover su extremidad la castaña lanzó un gemido doloroso logrando una advertencia por el can con un gruñido profundo y gutural. La calmó diciéndole que estaba allí para ayudar y no para lastimar a su dueña.
Si la mascota entendió o no realmente no tenía idea pero pareció surgir efecto, viéndola distender un poco su lenguaje corporal agresivo para pasar a estar atenta con la vista clavada en la joven.
—Carajo… ¿Qué pasó? —Preguntó limpiando su mano derecha, la cual poseía un anillo con una perla en el centro sobre el dedo mayor—. ¿Dónde más estás herida?
—Me asuste… Alguien golpeaba la puerta muy fuerte y me entró pánico. No sé quién o qué quería. Puede ser mi espalda, la pierna derecha no puedo usarla. Duele como un balazo.
«Pierna y espalda. Habrá que sumar la cabeza si esta está sobre alguna astilla o algo así.» Se trababan algunas palabras a la hora de salir. ¿Estuvo bebiendo antes del accidente?
— ¿Estos vidrios?
—Iba a volcar unos tragos en el fregadero, quería sentirme bien. Al escuchar los golpes se me cayeron y luego me resbalé cuando venía por el revólver.
«Quería sentirse bien.»
—Voy a intentar alzarte así dejas de estar sobre cristales. —Sería mejor hacerlo despacio ya que si no podía moverse bien algún intento mal ejecutado lastimaría más—. Tenme paciencia.
No respondió debido a no sentirse lo suficientemente entera como para hacerlo, en su cabeza la voz socarrona terminó con un "toda la que quieras, campeón. Los vidrios me hacen cosquillas, ni los siento." Ethan pasó su brazo izquierdo debajo de la nuca, intentando sentarla un poco hasta conseguir llegar a sus rodillas. En un momento determinado la chica soltó un alarido horrible lo cual lo devolvió al principio; justo cuando intentaba levantar las rodillas para hacerlo a la inversa apareció el mismo vecino entrometido a trompicones por el living gritando el nombre femenino. Otra voz más dulce se alzó al fondo, los encontró en la cocina cuando dejó su cuerpo quieto.
Tyler casi se infarta del susto al verla, Elizabeth no se quedó atrás portando el maletín de herramientas negro con tapa amarilla en su zurda. A tono imperativo le dijo de soltarla, dejarla quieta y apartarse, debían evaluar todos los daños posibles para luego moverla. El rubio obedeció siendo llevado a un aparte no muy lejos por el vecino castaño junto con orbes azuladas. Se presentó rápidamente para pasar a las preguntas importantes: cómo demonios supo que algo pasó, agregando sobre si le dijo qué había sucedido. Informó debidamente lo más honesto que pudo ya que solo conocía las palabras dichas por su amiga.
El de ojos azulados no sabía qué decir ni hacer. La cosa estaba muy jodida y su deber era llamar inmediatamente a los padres. Una lesión física significativa requería ser informada para mantenerlos al tanto. Emily… Mierda, no respondería muy bien. Seguramente se aproximaría a la residencia con sed de sangre por no haber sabido evitarlo. Menos a las diez de la noche un sábado.
Ethan volvió donde Chelsea estaba siendo examinada por la mujer, quien se colocó guantes de látex color violáceo y con una pinza en la mano extraía del brazo derecho varios cristales, después de cortar con tijeras especiales el suéter crema. Se mareó un poco al ver un cuadrado algo deforme salir cubierto con sangre, hizo algunas preguntas sobre el estado recibiendo respuestas escuetas. Dejó a la mujer trabajar tranquila para volver con Tyler. Este se comunicó con la casa familiar a unas cuantas calles de distancia anunciando su ida inmediata apenas Parker terminara con su actividad anterior, el de ojos verdes lamentó un poco la situación familiar tan compleja pensando en su propio núcleo e intentando dilucidar qué reacción tendrían sus progenitores.
No deseaba continuar imaginando el estado histérico de su madre. Marion solía elevar los asuntos desmedidamente.
Quien era vecino fue a intercambiar algunas palabras sobre lo sucedido para obtener más detalles, volviendo al cabo de unos minutos hacia él para pedirle si podía ayudarlo a observar fuera. Fueron armados con las linternas de los celulares, detenidamente analizando toda la extensión externa en búsqueda de pistas. Cerca de la pared donde primero se oyeron los golpes se extendió Ethan y su otro ayudante fue directo por la puerta principal. En el área se encontraba el cubo de basura externo color verde oscuro, con dos ruedas enormes en la parte trasera junto con la tapa gigantesca accionada por un pedal en la base. Minuciosamente iluminó y se cercioró de recorrer todo centímetro posible, encontrando lo que parecía ser una huella en la parte superior como también un ligero roce con algo por la zona lateral izquierda.
Lo último podía ser efecto del uso por parte del servicio municipal, lo primero dejaba dudas en su mente.
Alrededor había varias huellas sin embargo estas no coincidían con la suela proveniente de su calzado, el cual formaba círculos debido a las líneas formando figuras en la misma. Suerte llevaba el calzado viejo… Las restantes parecían ser de un zapato o bota estilo policía, con suela propicia para un alto agarre al correr o moverse por terrenos escabrosos. Las dentadas propias recorrían desde el cubo hasta la entrada por donde vino, comenzó a formular cuestionamientos sobre cómo realmente llegaron hasta allí sin marcarlas anteriormente. ¿Habrían esperado pacientemente en el techo? La ruta hacia el patio trasero en esa posición se encontraba bloqueada por una valla algo alta de madera barnizada, con una puerta cerrada desde dentro con un candado grueso.
Informó sobre los descubrimientos a la otra parte quien se desvió un poco y miraba por entre unos arbustos descuidados lo que parecía una colilla. Chelsea podría fumar pero detestaba arrojar los residuos viciosos a cualquier lado, la joven siempre recalcaba sobre su idea de cuidar el planeta arrojando todo a la basura separado según su origen o material. Se arrodillaron cerca obteniendo una vista más clara; el residuo no formaba parte de la colección personal siendo este el filtro de otra marca un poco más barata, lamentablemente no les serviría para un análisis sobre restos salivares ya que quien lo consumió arrojó el pequeño trozo completamente blanco.
«Quien o quienes estuvieron en este lugar esperaron sobre el tejado y escondidos entre arbustos. Sin descontar sobre un fumador quien prefería otro filtro usando uno propio o consumiéndolo solo.»
Él fue fumador en cierta época, no recordaba a nadie conocido suyo el cual haya consumido tabaco y haya desechado esa parte. Además los cigarrillos ahora no eran exactamente iguales a los fumados por su abuelo, hace ya más de sesenta años. Las cosas cambiaban, las formulas evolucionaban como también las técnicas para lograr un disfrute mucho mayor. Estaba por inspeccionar el patio trasero cuando un par de luces se direccionaron hacia ellos y luego doblar, subiendo por la rampa personal para finalmente cesar el motor. Emily salió disparada hacia el interior desencajada, con ropa muy vieja en su haber junto con el cabello recogido en una coleta a medio anudar. Parker fue detrás con la misma desesperación.
Castaño y rubio soltaron un sonoro suspiro para seguir su marcha, Ethan fue el último en ingresar intentando cerrar la puerta tras de sí, recordando cómo destrozó la puerta y la cerradura. Debía al menos un par de dólares al futuro arreglo. ¿Importaba eso ahora?
En vez ser una ayuda grata o bienvenida para la enfermera Emily estaba causando un jaleo mayor vociferando cómo hacer otro trabajo, Parker apartó a su pareja hacia la sala procurando evitar un ataque nervioso en la pobre mujer. ¿Quién no estaría así? Su hija corrió peligro (o corría) por lo cual estaba más que permitido estar al borde de un ataque. El hombre cogió su rostro con las manos logrando centrar la vista en la suya, repitiendo en voz baja cómo saldría la situación al igual que la resolución como familia a tomar. Sintió en un momento determinado cierto malestar hacia su persona, probablemente por estar mirando como poste como un hombre calmaba a su mujer.
Fue a la cocina antes de ser observado con cierto recelo.
Al ingresar ambos brazos fueron vendados con blancas tiras esterilizadas, poco a poco se cubrían de sangre. « ¿Tardará mucho rato en hacer efecto el virus?» No mucho, salvo si eran muy profundas cosa que probablemente sería así. Tyler ayudaba a Elizabeth a colocar sobre su costado izquierdo el cuerpo juvenil, la espalda obligó a una corriente eléctrica descender por su cuerpo como si hubiera visto la peor imagen en siglos. Al menos diez cristales se incrustaron en ella, el muslo derecho se llevó la peor parte con uno enorme sobresaliendo atrozmente; ¿habría causado mucho daño? Por las lecciones en práctica brindadas por su hermana cuando comenzaba a estudiar anatomía tres cosas fundamentales no podían ser dañadas en la pierna: nervio isquiático y la arteria junto con la vena femoral.
Honesto consigo mismo no lograba visualizar en su cabeza el afiche con los dibujos hechos por otros compañeros, rezaba para no oír pésimas noticias.
Lizzie soltó un suspiro exhausto al comenzar rápidamente con la mayor área afectada mientras maldecía en voz baja por la pierna, orando también por no encontrar las principales vías sanguíneas siquiera rozadas o el nervio destrozado. Movía el pie cuando extraía los fragmentos en la zona lumbar por el dolor disparado hacia la columna, cerebro, volviendo por el mismo canal hasta situarse donde los fragmentos, una buena señal. Apenas un roce podría dejarle inmóvil la extremidad. Por ahora lograba apañárselas. Igualmente llevarían a la joven al hospital aprobado por el gobierno para casos especiales como los ella, su madre y el amigo chismoso.
Ethan perdió el color al ver cómo limpiaban la zona, justo fue vislumbrado por la enfermera quien pasó un poco de solución por la herida para luego cubrirla con gasa.
—Si vas a desmayarte lo único que pido es que te quedes cerca de una pared, si te caes al menos no te golpearás la cabeza y no tendré que lidiar con mas heridos —dijo esta en tono serio.
—Disculpa. —se acercó a una pared fuera de la estancia por si se le ocurría desvanecerse. Salió para mejor.
Emily, ya más calmada y centrada en lo que debía hacer o decir, pidió su atención cuando sus fuerzas volvieron al cuerpo. Obedeció a la mujer quien miraba fijamente al caballero contemplando su móvil. Se la veía cansada sin su pulcritud a la hora de presentarse en público y cubrir sus imperfecciones faciales con maquillaje; también pudo apreciar incipientes arrugas sobre la línea de los ojos como también en el contorno adyacente a los labios, aunque estas no se desarrollarían por unos años más. No recordaba si alguna vez alguien dijo su edad en cercanías suyo pero lucía como si tuviera treinta recién cumplidos.
Su amiga dijo algo sobre él siguiendo los mismos pasos con retraso en el envejecimiento. Igualmente descontando la edad de Chelsea podría predecir que a la edad en la cual su hija nació se veía como si tuviera dieciocho o unos dos años más. «Este es el mundo en el cual vivimos: tenemos virus que retrasan el envejecimiento y gente como mi madre quien compra las cremas especiales súper costosas, que prometen disminuir las arrugas sin resultados.»
—Ethan, me alegra que estés aquí —al decir "me alegra" sonaba exactamente todo lo contrario—, deseo saber cómo te enteraste sobre el incidente.
—Llamó a mi número segundos después de haberse caído, al escuchar los gritos de auxilio no lo dudé y salí pitando.
La rubia parecía analizar la cuestión en conjunto con las heridas en su hija, cuestionando cuanta veracidad había en sus palabras y cómo su descendiente podía llamar a alguien cuando su teléfono apareció lejos de su cuerpo. Ethan detestaba la mirada incrédula como si estuviese fabulándolo todo. En realidad le irritaba la superioridad claramente manifiesta en los ojos celestes.
Quizá le molestara lisa y llanamente la persona llamada Emily.
—No pudo haber marcado tu teléfono.
—Habrá activado el comando de voz —entrometió Parker su palabra comprendiendo hacia donde se dirigía; ¿Ahora quien la encontró podría haberla lastimado?—, Chelsea siempre lo hace. Es lo suficientemente perezosa como para abrir la aplicación correspondiente.
Su pareja lo miró pidiéndole en código detenerse mientras cruzaba sus brazos.
—Ya, eso es verdad. Pero el otro día ustedes discutieron y el ambiente parecía lo suficientemente tenso como para…
—No —cortó indignado—: soy un hombre, no un animal.
—Emily, estarías pasándote un poco —aseveró el castaño aún más cabreado.
—Parker estoy analizando todas las putas posibilidades aquí y ahora. No sé qué carajo la obligó a dejar caer botellas al suelo, resbalarse y tener las heridas que tiene.
— ¡Lo estás acusando de algo horrible!
— ¡Son opciones, Parker!
—Me importan un bledo tus putas opciones o conjeturas, Emily. Te pasas de la raya con alguien quien impidió que tu hija se desangrara ¿y así le estás pagando?
—Haz y di lo que se te de la regalada gana, Parker. —se marchó hacia el patio para intentar calmarse.
Si: estaba ofendido. Dolido también ya que era un hombre, no un macho asqueroso capaz de atormentarla con violencia por poderes. Jamás lo haría, su estomago no estaba programado como para aguantar una puta situación violenta contra alguien del sexo opuesto. ¿Qué no defendió a su mejor amiga cuando su relación anterior fue tormentosa? ¿Destrozó la nariz de su ex pareja cuando ingresaron a su casa y lo encontraron dándole un puñetazo? Quizá el ex novio podía ser posesivo hasta un punto completamente absurdo pero él no: no todos los hombres eran iguales hacia Chelsea. Probablemente tenía miedo por la vida de su hija e intentaba comprenderlo como decía estar haciéndolo, sin embargo no tragaría sus embistes si lo involucraba infringiendo daño a una inocente.
El de orbes oscuros soltó una palabrota para después frotarse la cara indignada contra su propia mujer. Estarían teniendo momentos estresantes en sus vidas otra vez pero nada le daba el derecho a insinuar eso. El gobierno podría volver a presionarle con respecto a algunos asuntos, estaría harta; tratar a otros mal para desquitarse no estaba bien.
—Mierda, discúlpala en mi nombre. Puede que esté hasta aquí —señaló con su mano sobre la cabeza— de estrés pero no tiene el menor derecho en hacerte eso.
—Ya está, lo dijo y al menos sé que lo pensó. No tienes porqué disculparte.
—Venga hombre, te acusó de ser violento con Chelsea.
—En fin.
—Ethan: no te estaría pidiendo perdón por ella si no creyera que eres un buen tipo con intenciones buenas. Puede estar algo disgustada por si los dos salen y eso, acusarte así a la ligera está peor que mal.
«Ojalá saliera con Chelsea, así le da un infarto.»
—No, no salimos. Es mi amiga y realmente me llamó. La escuchaba lejana, gritaba para ser entendida. Dijo algo sobre oír golpes en las paredes de fuera y que pasaron a la puerta de entrada, podría haberse asustado lo suficiente como para haber dejado caer lo que tenía en la mano y al girarse por algo para defenderse se cayó.
— ¿Vieron algo?
Relató lo visto en su totalidad dejando al otro caballero más preocupado.
—No me gusta un carajo… ¡Maldita sea!
Rememoró todas las ocasiones donde el asunto comenzaba muy extraño elevando la dificultad hasta extremos insufribles. ¿Su seguridad estaba en riesgo? ¿Tendría relación con el ataque no tan reciente? Si así era ¿Quiénes estaban tras los incidentes? ¿Seguirían hasta qué punto? Tenía miedo por la seguridad a quien quería con el alma. Si algo llegaba a pasarle por culpa de quienes perpetuaron el intento de robo…
—Habrá que informar a la policía sobre esto para que hagan algo. —sentenció el adulto con canas en su cabello.
—La pregunta es cuándo volverán, si es que lo hacen.
—O qué quieren. Dudo si hizo algo contra estos tipos, últimamente la veo centrada en su trabajo cuando tiene buen día.
«Sus padres no lo saben y no seré yo quien diga algo. No voy a involucrarme en eso para que vengan luego a gritarme en cara otras cosas.»
—Es una buena chica.
—Concuerdo, sin embargo si se le mete algo en la cabeza es lo suficientemente terca como para seguir pese a las advertencias.
«Dímelo a mí.»
La conversación se interrumpió un instante debido a algunos mensajes del equipo de laboratorios quien continuaba aterrorizando al castaño, este respondió todas las inquietudes (hasta las más idiotas) debido a que él se estaba haciendo cargo de parte del trabajo correspondiente a su mujer. En los últimos días debió asistir a varios encuentros con el personal gubernamental en compañía del viejo amigo Leon, la Casa Blanca clamaba por quien ayudó a esparcir la vacuna contra el T con los análisis obtenidos en otras regiones. El trabajo en conjunto con esos tipos nunca le cayó precisamente bien, pese a poseer sus ventajas más allá de lo económico. Por su cuenta también prestaba ayuda a varias seccionales sudamericanas respecto a distintos temas, una vez retirado del trabajo de campo. Su trabajo sin dudas era reconfortante cuando todo salía a la perfección, después podía ser un jodido infierno dispuesto a exprimirte los testículos hasta con las cosas más nimias.
—Pese a que Emily deba estar molesta contigo, creo en realidad que está agradecida. Le cuesta aceptar ciertas decisiones de Chelsea pero poco a poco aprende a aceptarlo. En dos días hasta puede disculparse contigo.
—Chelsea es adulto y no necesito sus disculpas.
«En realidad podría hacerme un ensayo de cien hojas diciendo lo buen hombre que soy, lo adorable con las mujeres y como ella está completamente errada. Sumando un final donde me entrega al menos diez mil grandes en compensación por lastimar mis emociones. »
—Por supuesto, pero si estuviste toda la vida intentando protegerla contra todo mal no importa cuántos años tenga encima, siempre la va a ver como una bebé pequeña. Probablemente lo entiendas cuando seas padre.
«En fin, parece mi propio padre hablando. Tampoco necesito que me recuerden el "paso del reloj biológico" otra vez.»
Recibió una orden de presentarse en la cocina, al ingresar la enfermera pidió amablemente que ayudara a Tyler a llevar a la herida directo a su cama para mejorar descansando un buen rato. Chelsea se encontraba vendada por su espalda, brazos y pierna, con el tiempo las curas se fueron empapando con la sangre aún saliendo por los orificios de entrada, sin embargo estos se cerrarían tarde o temprano. Mareada por la borrachera balbuceaba cosas sin sentido, a veces se discernía una queja sobre el dolor en el cuerpo. Cogió a la joven desde debajo de los brazos alzándola con fuerza (sin dudas debería recurrir a un gimnasio pronto porque estaba constando levantar a alguien delgado) llevándola bajo supervisión a su habitación. La depositaron sobre la cama, al otro lado corrieron las sabanas donde descansaría y la castaña rodó sobre sí misma para quedar lista a dormir.
Emily apareció entonces con una cubeta semi transparente de plástico verdoso junto con una botella de agua, un vaso y las píldoras a tomar la mañana siguiente. Arropó a su hija luego de apartar a las tres personas, sentándose a su lado para terminar acariciando su cabello enmarañado. La almohada absorbió algo de la mezcla en su cabello, podría lavarse otro día si era necesario. Chelsea tardó unos minutos en caer rendida al sueño, indicándolo con una respiración rítmica y pausada. Madre quedó mirando a su hija conciliar el sueño con un nudo en la garganta y muchos cuestionamientos. Sin duda alguna inspeccionaba constantemente en qué trabajaba o con quienes, metía mano si la cosa se complicaba tan solo por ayudarle; esta ocasión no entendía nada en absoluto, no comprendía cómo algo podría haberse escapado a su control de forma imperceptible.
Si alguien buscaba a su niña sin habérselo hecho saber debía estar más alerta que cualquier gato convencional. Una mamá osa defiende a sus oseznos bajo la circunstancia que fuera, más si la sangre dentro del descendiente significaba mucho más que un simple 0+.
Esa misma razón le dictaba la urgencia respecto a alguna persona cercana para quedarse con Chelsea durante la noche. Así lesionada no podría defenderse ante un eventual ataque o si decidían volver a meterse con la salud psicológica. El último en llegar fue Parker, quien acarició dulcemente la nuca de Chelsea para luego compartir unas palabras con Lizzie acerca de la profundidad en cada herida. Carraspeó con la garganta cuando los vio cesar la charla tratando de obtener la atención en su totalidad.
—Esta vez tengo que pedirles algo con toda seriedad posible gracias a este nuevo incidente —comenzó con su mano aún reposando sobre la espalda juvenil—, Chelsea es obvio que no puede quedarse sola. Seguro se figuran "¿Y por qué no se queda ella?". La respuesta es sencilla: tengo una junta en Canadá y mañana sale mi vuelo. Parker me acompaña si les interesa agregar.
—Me encantaría quedarme con ella pero esta noche no puedo, mañana entro al trabajo bien temprano para suplantar a una compañera en vacaciones —dijo Elizabeth desprendiéndose de los guantes.
Miró a la pareja.
— ¿Tyler?
—Tengo trabajo para resolver. Los reclutas me están matando.
Dentro de Emily se preguntaba si todo el mundo dejaba el trabajo para el fin de semana así no se quedaban con su hija. Ella tampoco podía porque se iría a Canadá a una reunión la cual duraría una semana a representación del gobierno, al encontrarse con una compañía acusada por generar ciertos componentes a otras farmacéuticas sin avisar a los organismos reguladores. El caso tenía feos tintes por lo cual su asistencia era indispensable. En su opinión personal no pensaba dejar a ese Winters cerca, aunque no le quedara opción.
Le caía ciertamente fatal…
— ¿Ethan? —soltó su nombre casi entre dientes, el aludido miró su rostro para levantar sus hombros rápidamente indicando su disponibilidad. Tenía suerte por haber sido felicitado.
—No pensaba hacer mucho mañana. Me deshice del trabajo en la semana.
Oficial: no le caía bien la opción de dejar a su hija a su cargo y el rostro indicaba eso junto con otras cosas. El hombre fuerte con brazos musculosos le miró fijamente soltando una respiración molesta para con Emily. La rubia desvió sus ojos directo a la hija durmiente, mordió su labio inferior pensando en dejarlo estar por esa única ocasión. Esperaba que Chelsea se despertara durante la noche tan solo para molestarlo a su nombre.
—Bueno, está bien. —Desvió sus ojos directo a los orbes verdes—. Tiene que beber agua al despertar, mucha. Desayunar cosas livianas previamente cocidas, tomarse esos tres frascos después de comer y si puedes convéncela para moverse un poco. Necesita reponerse física como mentalmente, tanto esté cerca o no. Me avisarás por mensaje cualquier inconveniente o cambio en su situación general, si comienza a tener fiebre llámanos urgente que vendremos sea la hora que sea.
Al rubio casi se le escapa un "sí, mi general" pero se contuvo lo suficiente como para no hacer el ridículo frente a los demás. Los otros tres presentes veían a las claras la reticencia dentro de Emily como para dejar a Winters quedarse; pese a habérselo dicho unas seis veces, la madre parecía no entender las palabras defensoras de Tyler sobre cómo llegó junto con la actitud tomada a la hora de ingresar.
—Nuestro vuelo despega a las diez cincuenta, Ethan —soltó Parker al otro lado—. Podremos atrasarnos un poco por venir, no te cortes.
—Lo haré, no se preocupen. —dirigió sus palabras directo al caballero castaño, quien asintió enérgicamente para luego coger dulcemente el brazo tenso a su esposa.
—Digo lo mismo —dijo Tyler—, estaré aquí pase lo que pase.
—Gracias.
Bueno… al menos sería niñera de alguien a quien sí le gustaría cuidar pasara lo que pasase. Emily salió rápidamente de la habitación con rostro aún más indignada por haberse dirigido a Parker, el resto le imitó al tiempo en donde Lizzie chequeaba una última vez a su paciente para luego besar su cabeza y dejarle descansar. Esperó pacientemente en el living al resto alistarse para salir, asegurándole a Parker en el proceso sobre llamar a un cerrajero apenas elevara el sol. Este comprendió perfectamente todo dándole una palmada en su hombro izquierdo, sonriéndole levemente ante su mujer. La rubia podría haber hecho un escándalo aunque se reservaba las fuerzas para advertirle un par de cosas.
Tyler saludó a todo el mundo cargando el equipo médico, siendo imitado por su prometida quien abrazó unos segundos a la mujer ojos celestes intentando infundirle un poco de calma. Chelsea pasaría bien todo lo acontecido, no necesitaba estar carcomiéndose la cabeza a varios kilómetros de distancia. El castaño saludó cordialmente al muchacho para salir a arrancar el coche, quedando Emily frente a él con su pomposidad a ojos de Ethan.
—Te lo advierto, querido: le llega a pasar algo a esa chica y no voy a descansar hasta encontrarte y hacerte pagar en la forma más dolorosa posible.
Lo pinchó con su dedo índice izquierdo con un anillo dorado en el pecho, uñas con el estilo francés en punta en blanco. Pese a ser unos cuantos centímetros más baja no se amedrentaba al poner una posición tensada su cuerpo como también irradiar odio por los ojos. ¿Quién se creía que era? Ethan no sabía si reírse por ese intento patético por demostrarse valiente como para enfrentarse a alguien con un metro ochenta, o sentir lástima por la madre traumada.
Al rubio le faltaba mucha data sobre la señora Vickers.
—Soy medio responsable, gracias por la confianza.
Sacó aún más a la mujer de sus casillas.
—No te pases de listo, amigo. Sé demasiado sobre tu familia como para que te me quieras pasar en gracioso.
— ¿Estás amenazándome? —inaudito, pasmoso, inconcebible, desagradable, indignante—. Escúchame bien, querida: Solo porque me hayas salvado la puta vida no te hace más importante o temible. Fíjate bien como tratas a las personas porque no me sorprende el resentimiento que tiene tu hija en tu contra.
Insultada como dolida gruñó audiblemente para darse media vuelta y salir disparada al auto; cerró con un portazo para gritarle a su pareja que pusiera en movimiento el puto cacharro, saliendo de la subida privada rápidamente.
Ese Winters… ¿Cómo sabía?
Al marcharse todos Ethan decidió correr un sofá delante de la puerta rota para evitar ingresos indeseados, programó la alarma no sin antes consultar sobre el código (confiaba sobre el hecho futuro de ser cambiado) y rezó cualquier cantidad de cosas sin sentido para tener una noche tranquila. Tyler dejó su número en un papel sobre la mesa de la cocina, una vez agendado en su móvil se dispuso a limpiar un poco el suelo con parsimonia. Fregó varias veces la sangre seca, pisoteó otros rincones más donde no se esperaba tener restos alcohólicos y dejó salir a los perros fuera mientras pululaba por la casa sin saber qué hacer. ¿Ordenaba los platos usados en la cena? ¿Miraba algo en la tele? ¿Usaba su móvil para perder el tiempo?
Chelsea dormía profundamente boca abajo con su rostro cerca del borde y un poco en caída por si necesitaba vomitar al despertarse, estaría bien por un rato sin embargo debía permanecer alerta ante cualquier molestia o movimiento inoportuno. Su pierna todavía estaba muy sensible al movimiento por lo cual era su máxima prioridad evitar que se levantara hasta la mañana siguiente.
Guardó platos (no sin antes volverse loco al no tener idea donde iba cada cosa) con la tele encendida sin sonido, replicó algunos mensajes más deseando buenas noches y se quedó sin hacer nada otra vez. «A pasear otra vez por la casa.» se dijo poniendo las piernas en actividad.
Recorrió la habitación funcionando como depósitos maravillándose por la clase de lienzos pintados, pese a encontrar el mismo rostro una y otra vez retratado. «O sea yo adoro ciertos personajes pero esto me parece una exageración. ¡Enserio!» No podía juzgar al artista: no todos tenían el mismo concepto de musa. Encontró en una estantería no muy alta en la pared frente a la entrada varios cuadernos gastados por el uso, en los cuales había muchos bocetos u obras terminadas. La portada de uno en particular (con un bello dibujo de un hombre besando a una niña pegado en la misma) llamó su atención, disponiéndose a abrirlo para husmear un poco; las caricaturas representaban siempre al mismo hombre haciendo distintas acciones: comiendo, leyendo el diario, frente a un escritorio con rostro aburrido por lo mostrado en la pantalla, cogiendo la mano de una mujer rubia en un día otoñal, finalmente llegando a uno en donde había una foto depositada allí.
La cogió sin pensar mucho.
En la misma se retrataba al antes retratado con un bebé recién nacido en brazos, detrás de este una cortina hospitalaria abierta dejando entrar sol a raudales por la abertura. El caballero llevaba ropa casual: camiseta blanca junto con unos pantalones vaqueros celestes, reloj bastante importante en su muñeca derecha. Brazos musculosos producto de intenso ejercicio militar con un cabello castaño peinado hacia atrás, ojos oscuros posados sobre quien era su descendiente. La criatura se encontraba envuelta en una manta rosada con ositos en la misma, cabeza cubierta con un gorro fino rosado y sus ojos estaban completamente cerrados. Estos últimos hinchados por salir recientemente del útero materno en misma similitud con las mejillas rosadas. Lo que más llamó su atención fue la paz retratada en ambos rostros, nadie sonreía ni creía ser necesario.
Paz, calidez, amor incondicional. Sintió algo a sus espaldas, como una presencia humana; volteó creyendo encontrar a Chelsea a sus espaldas, nadie parado debajo del umbral. «Okey…»
Retratada en la página del cuaderno con el estilo característico de Chelsea, se le pasaron cientos de cosas en la cabeza al momento de voltear y leer la leyenda escrita. El mejor papá del mundo, el día donde nació la mejor hija del mundo. Diez de septiembre, 1998. Ahora ya sabía su cumpleaños (si es que realmente era esa la fecha en la cual nació). «Mierda, las implicancias en esta foto son enormes y yo mirando cual vecina metiche.» ¡Eh! ¡Estaba aburrido! Sintió ciertamente un escalofrió al comprender quién era el personaje retratado en la fotografía, lo instó a dejar eso en su lugar e irse hacia otro lado pese a ser una foto muy bonita.
Dejó todo en su lugar creyendo firmemente ver un estilo caricaturesco con líneas gráciles, ojos femeninos agradables en forma de gotas y un buen manejo a la hora de colorearlos. Dejó entrar a las mascotas mirando luego cada comedero, llenando los tres con un poco de balanceado encontrado bajo la mesada. Al volver al living apagando el televisor comenzó a cuestionarse cómo fue tratado por la madre y la confianza depositada en él por parte de Parker. Lo amenazó, se creyó con el tupé de intimidarlo cuando él salvó una vida. «Soy un héroe que merece un desfile en la avenida principal. Y encima trabajé sin esperar nada a cambio. ¿Qué hubiese pasado si justo Parker entraba y la oía hablarme así?» Le caía muy bien el hombretón con su misma altura, él sí tenía su aprecio ganado.
Ahora sincerándose un poco: ¿Cómo se sentía al verla así? Igual a un pedazo de mierda mojado por la lluvia; disuelta su alma al sentir la piel tibia a fría en sus dedos. Madre santa… ¿Se habría desangrado de no haber llegado a tiempo? Perderla hubiera sido terrible, peor si estaba en sus brazos. «Pero está bien ahora, duerme tranquila auto reparando sus heridas y probablemente en la mañana sea otra la historia.» Un punto a favor por suerte, debería dejar de ser tan pesimista o negativo. Pensamientos hacia abajo solo traían desdicha.
Fue directo a la habitación para comprobar su estado y al llegar vio que intentaba incorporarse con rostro asqueado, se acercó veloz impidiéndole el accionar preguntando si necesitaba algo en particular. La respuesta lo dejó todo en claro: vomitar. Cogió la cubeta plástica mientras ella se arrastraba un poco hacia el borde, recogió su cabello formando una coleta con sus manos masculinas para luego apartar la cara cuando las arcadas se hicieron presentes. Obviamente trató por todos los cielos no vomitar él también, la chica potó bastante finalizando con un suspiro largo y chasqueando su lengua al sentir el pésimo sabor. Adultos previsores colocaron una botella pequeña anaranjada con tapa especial para deporte, se la tendió al entender esa sensación repleta de ardor en su paladar, la castaña enjuagó su boca un par de veces para luego echarse a dormir nuevamente.
La cubrió con las sabanas hasta casi la nuca prestando especial atención cómo tenía la cabeza o si corría riesgo de ahogarse con su propio vomito mientras dormía. La cosa parecía normal, Chelsea podría no volver a vomitar hasta la mañana o no hacerlo más. Además: tampoco era un bebé pequeño y frágil.
Cumplida su parte del trabajo envió un mensaje a la mujer relatando todo hasta ese preciso momento y esperando no encontrarse frente a un cambio de condiciones. Se sentó con la espalda sobre el espejo frio del ropero incorporado en la pared, puertas corredizas blancas contrastando enormemente con las paredes rojas carmesí. Por suerte la lámpara con luz cálida poseía una pantalla bastante opaca la cual otorgaba una iluminación suave sobre todo cuerpo allí colocado, incluyendo su cuerpo biológico bastante exhausto. Rodillas hacia arriba, entretuvo su persona con varias cosas: videos online, videos en YouTube, redes sociales, juegos casuales como también revisar diez veces su cuenta bancaria por si los gastos ese mes se pasaban de la raya. Suerte para él ya que fue lo suficientemente precavido como para no hacer compras gigantescas, tal como los momentos en donde debió equipar su departamento.
No debía dormirse, su deber consistía en permanecer despierto varias horas en vigilia por si su amiga sufría o lo que fuera. Esta dormía a pierna suelta, ocasionalmente soltando un ronquido corto para luego cambiar la posición en la cual descansaba. Dichosa Chelsea podía estar sobre una superficie cómoda, a él pasada la hora en la misma posición comenzó a sentir hormigueo en las piernas como también entumecimiento en su culo. Levantado, fue hasta la cocina para comprobar si el Gatorade de manzana estaba enfriándose en la nevera o si poseía en su poder algún analgésico sumándole un antiácido para contrarrestar los efectos post borrachera.
Lo primero estaba a la orden del día, lo otro no se hallaba por ningún lugar por lo que debió inmiscuirse en su botiquín, encontrando una cantidad grande con medicamentos prescritos a su nombre, todos en sus respectivos frascos anaranjados. La mitad no tenía idea para qué servían, otros si ya que él también los utilizaba como parte del tratamiento para mantener "contento" al virus, los otros… Si, antidepresivos. No pensó más allá (al menos intentó no hacerlo) una vez encontrado lo buscado. Depositó todo en la mesa de la cocina en conjunto con un vaso transparente con lunares hechos dentro del vidrio, volvió a su puesto de vigía intentando no pensar si en cualquier instante comenzaba a tener hambre.
Pasó del suelo a la cama a los pies de Chelsea, luego sentado en el suelo usando el lado donde descansaba su amiga como respaldo; recostado sobre la dura superficie de madera a sus pies. A eso de las tres ya no podía mantenerse sin estar cabeceando intentando caer rendido a Morfeo, cogió prestado el cargador para móvil dejándolo sobre la mesa de noche (cerró la botella una infinidad de veces por si esta caía y se derramaba sobre el costoso aparato) e intentando dormirse en posición fetal mirando directamente al cuerpo femenino, quien volvía a soltar un ronquido cambiando su posición a continuación.
Durmió mal, lo bastante incomodo como para tener un dolor horrendo en el cuello y una pierna dormida por la mala circulación, también gracias a los pensamientos sobre si algo pasaba con ella mientras estaba inconsciente.
No pasaría nada pero uno nunca sabe…
En un apartado distinto, quisiera agregar como nota de humor algo respecto al encuentro de Ethan con la foto. Ahí va:
"—Deja las cosas donde estaban, puto chismoso de mierda —dijo Brad ingresando en la estancia, logrando que su presencia fuera advertida por el caballero en cuestión. No podría verlo pero sí darle escalofríos al posar un dedo en su espalda—. ¿Qué tus padres no te enseñaron a no hurgar en cosas ajenas?
—Ya déjalo tranquilo, hombre. Ni siquiera te ve —quien iba a ser padrino de la adulto durmiente se cruzó de brazos, rostro serio con brazos cruzados frente al pecho recostado sobre la pared de la puerta—. Todavía que quiere a tu hija y lo tratas así…
—Corrección: se masturba pensando en ella. —Cece se limaba sus uñas fantasmales tratando de contener la risa. Brad enfureció seis veces más. Joseph exhaló un suspiro creyendo que la mujer robó sus pensamientos."
Listo, lo hice. Juro por Dios que me imaginaba esta escena mientras relataba al señor Winters mirando el libro. ¡Tengan unas buenas noches/días/tardes!
