La habitación siempre estaba perfectamente ordenada, justo como a su madre le gustaba.

Ella era una mujer muy dada a la limpieza, el orden y la disciplina. Todo debía encontrarse en su lugar y a lo que no lo tenia, se le hallaba uno. "Que tengamos poco dinero no significa que debamos vivir en la miseria, Daffy" solía decir y se esforzaba en hacer que la casa luciera como las del lado clase mediero de la cuidad que como el barrio pobre e inmundo donde vivían. Ella se encargaba de podar el césped, barrer la entrada, reforzar y pintar la valla, atornillar los mosquiteros cuando alguno se aflojaba. También la casa por dentro la mantenía reluciente. Había sido una herencia de sus propios padres y ella estaba agradecida de no tener que agregar el peso de la renta a sus cientos de deudas, así que trataba a la casa como si fuera un santuario. Como si tuviera vida propia y su madre quisiera que sintiera lo mucho que la apreciaba. Su madre había dotado a la casa de personalidad.

Por esa manía obsesiva con el orden, a Daffy se le hizo extraño encontrar, en la habitación de la mujer, una silla tirada frente a la cama. Se acercó un poco para inspeccionar y se dio cuenta de que no era una silla, sino un banco, de los de largas patas que utilizaba para buscar en los estantes mas altos de la cocina o para abrir la puerta del ático. Se preguntaba que hacia uno allí, tirado justo en medio de la habitación.

Ah, si. A ella también la estaba buscando. Era temprano y él quería desayunar.

La segunda cosa extraña en la mañana, era que la ventana estaba abierta de par en par. A su madre no le gustaba tenerla abierta, mucho menos en días ventosos como aquel. Decía que el polvo entraba con más facilidad. Así que Daffy la cerró.

Ya sin el ruido del fuerte viento, un crujido se hizo audible. Era como el sonido de una puerta al rechinar, pero era mas bien como si esa puerta chirriante se estuviera cerrando y abriendo, haciéndola rechinar en dos tonos distintos. Como en un vaivén.

Su mente de 8 años nunca podría ser capaz de imaginar que era lo que colgaba de la viga del techo (no el qué, sino el quien) e incluso años después, trataba de destruir ese recuerdo, fingiendo que no había pasado y prefiriendo pensar que ella había muerto de una enfermedad.

Porque el cuerpo que se balanceaba colgado de la viga era de...

Daffy (el real, el adulto) despertó de golpe, sentándose en el sofá. Todo había sido una pesadilla y lo seguiría siendo. Miró a su alrededor, tratando de orientarse.

La casa estaba hecha un desastre, al menos en la planta baja, que era donde él habitaba. Odiaba la maldita casa y ese era un modo de decírselo: Te llevaste a la única persona que te mantenía reluciente,¿Qué vas a hacer ahora? Era un pensamiento de consuelo estúpido e infantil, pero de niño eso era justamente lo que había pensado. Que todo había sido culpa de la casa. Se había enfadado con mamá por alguna razón por la que se enfaden las casas (no la había trapeado con el limpiador que le gustaba, tal vez) y se había vengado manipulando a su madre para que hiciera cosas estúpidas. Como el hotel de El resplandor.

Pero con él no había funcionado, porque odiaba a la casa tanto como ella lo odiaba a él y trataba de mantenerse lo mas alejado. Pero aun así ella se vengaba cada vez que podía, torturándolo con visiones, ruidos y voces y Daffy se desquitaba manteniendola como un basurero.

Seguía teniendo esos pensamientos caprichosos de niño de 8 años en secreto y no le había mencionado lo mas mínimo a nadie, ni siquiera Porky, ya que no quería que su rechoncho amigo dudara de estado mental más de lo que ya lo hacia. Incluso a él mismo le causaba gracia todos sus desvarios sobre la casa, pero en el fondo sabia que seguía actuando así porque, aun con todo, había pasado mucho tiempo solo en ella. Sin más compañía que sus hilos de pensamiento que llegaban a conclusiones, o bien mortales, o bien completamente chifladas. Muy bien, casa. Por mucho tiempo seremos tú y yo, así que empecemos a llevarnos bien.¿Que tal si inicio por contarte sobre mi día? Hoy casi mato a alguien...de nuevo ¿Y que has estado haciendo tú? ¿Te divierte alimentarte de mi cordura?

Oyó un ruido proveniente de la cocina y se habría alarmado de no ser porque de inmediato recordó quien mas se encontraba allí.

Llevaba saliendo con Bugs unas cuantas semanas, casi un mes. "Saliendo" era en realidad un decir, ya que ninguno sabia con exactitud como llamar a su relación. Se limitaban a la compañía del uno al otro, a veces sin decir nada y otras contándose cosas como viejos amigos, sin llegar a ser demasiado íntimos. Podían pasar todo el día sin mencionar una palabra y terminar follando como conejos en esa misma habitación. Ni siquiera sabían como habían llegado a eso, simplemente había surgido. No eran amigos, no eran novios, solo eran un par de hombres que se necesitaban. El por qué y para qué no significaban nada.

-Viejo, tu cocina está vacía. ¿De que te alimentas? ¿De aire?- fue el saludo matinal que Bugs le dedicó al verlo entrar a la cocina.

Estaba parado en puntas, husmeando en el estante más alto. Él no necesitaba un banco para alcanzarlo. Su esbelta figura, enfundada en una fina camiseta blanca y boxers que le quedaban demasiado grandes, se alzaba sobre la estufa y se arqueaba ligeramente, formando una curvatura perfecta de sus caderas hasta sus largas piernas. Era de verdad hermoso por donde se le mirara. Su nariz respingada,su sonrisa ancha, su dentadura en la que los incisivos superiores eran un poco mas largos de lo usual, sus orejas que solía cubrir con cabello porque no le gustaban, sus ojos con parpados caídos. Todo en él era maravilloso, sublime...y rompible. Daffy nunca se imaginó pensando esas cosas sobre otro hombre. Luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mio, alma mía.

Su madre estaría orgullosa de verlo citar a Nabokov.

-¿Que te pasa? Te vez extraño. ¿La cocaína te cayó mal?

-Cierra la boca- contesto Daffy, pasándose la mano por el pelo.- Deberíamos salir a comer.

-¿Estas seguro? Afuera esta cayendo una tormenta.

-Tengo varios abrigos por allí. No creo que tengas inconveniente por usar mi ropa- dijo señalando los boxers que hacían que las piernas de Bugs lucieran más delgadas.

-¿Que querías que hiciera? Anoche prácticamente me arrancaste los míos.

Era verdad. A Daffy se le subió el rubor a la cara y miró hacia otro lado para que no lo notara.

-Como sea. Solo vístete.

Sabia que, un mes antes, podría haber dado una respuesta mas agresiva a esa afirmación, seguida tal vez por un poco de violencia gratuita. Sin embargo, ahora se limitaba a un evasivo como sea. Esas dos palabras estaban llenas de mucho significado, desde un ¡Maldita sea, no hables de esas cosas en publico! a un ¡Vete a la mierda!. Cada día se sentía con menos ánimos de gritarle a Bugs -no de dejar de ser grosero, solo de gritarle-.

El solo vístete era nuevo. Por lo general la palabra era desvístete.

-Pero, de verdad te vez muy extraño- dijo Bugs, con palabras suaves- Puedo salir a comprar y prepararte algo aquí, solo tengo que...

Sus palabras quedaron ahogadas por un beso rudo que solo podía significar Cállate. Cuando se separaron por la falta de oxigeno, Bugs soltó una sonrisa, dándose cuenta de que en realidad no había nada extraño en Daffy.

-Vistete.

._._._._._._._

Toc, toc.

Un toquido insistente con los nudillos. Casi en clave, para que el gordo supiera que era él y quitara todas las protecciones de la puerta Del otro lado se escucharon los cerrojos, las cadenas y el arrastre del garrote que Porky guardaba en caso de que no fuera Daffy.

La puerta se abrió un poco.

-¿Qu-qu-quien es?

-Panzón, soy yo. Déjame entrar.- dijo el moreno con voz de aburrido.

De inmediato el rostro redondo y rosado apareció y la puerta fue abierta de par en par.

-¡¿E-e-en donde te ha-habías metido?!- dijo su amigo, mitad efusivo y mitad en reproche.

Era evidente lo mucho que le alegraba verlo, de saber que estaba vivo y bien. Siempre era así en sus reencuentros después de que Daffy se ausentara por mucho tiempo. Pero su cara de alegría paso a una de casi espanto en cuanto vio a Bugs parado detrás del moreno. Este estaba solo allí, con una expresión tan difícil de interpretar que Daffy no sabia decir si estaba molesto, incomodo o nervioso. Simplemente no denotaba ninguna emoción.

-¿Te das cuenta de que está lloviendo? ¡Déjanos pasar!- demandó cuando el silencio se le antojo muy largo.

-¡Oh, s-s-si!

Adentro estaba cálido. Era la ventaja de vivir en casas apretujadas unas con otras: no tenían que preocuparse por cosas como la lluvia o la nieve. Claro que esto resultaba un problema durante el verano. El moreno se quitó su chaqueta al entrar, arrojándola descuidadamente al viejo sofa de la pequeña sala. Bugs lo imitó, poniendo el enorme abrigo que le había prestado con cuidado sobre el reposa brazos. Debajo de este llevaba pantalones anchos, también de Daffy y una camiseta blanca de tirantes. Lucia realmente bien.

-¡Me muero de hambre! ¿Ya preparaste el desayuno?- preguntó Daffy, invadiendo la cocina. Porky fue de inmediato tras él. Al parecer no quería tener contacto alguno con Bugs.

-Pu-pu-pues...ha-ha-habia preparado huevos con tocino, pe-pe-pero los chicos llegaron y...

-¿Qué? ¿Los idiotas están aquí?- interrumpió el moreno destapando una cerveza. Su respuesta llego en forma de ruido como de latas cayendo para después volverse carcajadas, provenientes del sótano. Dio un sorbo a su botella y dijo con voz calma: -Espero que mi bajo siga en buenas condiciones.

Porky recuperó un poco de su alegría anterior.

-L-lo cuido como a mi v-v-vida.

Tomó otra cerveza del refrigerador y fue a entregársela a Bugs quien todavía esperaba en la sala. Estaba pasando por alto la posible incomodidad que el otro sentía, pero después de un tiempo, Daffy también necesitaba ver a sus demás amigos. No podía permitirse que su mundo girara al rededor del chico de cabello gris, por mucho que quisiera. No estaba en él depender de nadie. Y aunque en ese momento estaba pensando que había sido un error llevarlo a casa de Porky, no se retractó.

-Ven, vamos abajo- le dijo después de poner la botella en la mano enguantada de Bugs (seguía sin preguntarle por qué llevaba esos guantes a todas partes).

Nisiquiera se estaba molestando en pensar que les diría a sus amigos. Hey, ¿Recuerdan a este tipo? Al que casi golpeo en el bar de Speedy. Resulta que ahora es mi...bueno, no se lo que sea, pero me lo follo cada vez que quiero. Saluden. Daffy no le debía explicaciones a nadie sobre nada y si no les parecía se podían ir mucho a la mierda.

Bajaron por la puertita debajo de la escalera hasta el sótano, donde se encontraban sus dos amigos, Wile y Sylvester, sentados en roídos sofas en medio de basura de cervezas e instrumentos desparramados por todas partes, tan desaliñados como de costumbre. Reían de algo que solo ellos sabían, hasta que voltearon a ver quien había llegado.

Estaban a punto de dedicarle algún saludo obsceno a Daffy hasta que, al igual que Porky, vieron que no iba solo.

Volvió a formarse otro silencio, más incomodo que el anterior. El moreno seguía ignorando toda la situación, bebiendo su cerveza y sentándose en el suelo, y habría seguido con esa actitud de indiferencia más propia de Bugs, de no se porque la calma fue rota por quien menos se lo hubiera esperado.

-¿Qué está haciendo él aquí?

La voz, gruesa y masculina, con ligero acento de Nueva Inglaterra, surgió del silencio tan agresivamente como el disparo de un revolver. Todos lo miraron, ya que él no era de los que hablaban mucho o en voz alta, pero no se dio cuenta, ya que estaba más ocupado mirando a Bugs con ojos fieros. Su apodo, Coyote, le quedaba a la perfección en ese momento.

-¿S-s-se conocen?- preguntó Porky, quien iba bajando las escaleras tras el de cabello gris.

Daffy miró a Bugs de reojo y se alarmó un poco por lo que vio en el menor. Algo que creyó ya no volvería a ver después del mes que habían pasado juntos: Una sonrisa, casi felina, llena de descaro y suficiencia, con ojos que miraban a su contrincante de manera despreciable. Como si hubieran regresado en el tiempo, al principio donde ellos se odiaban.

Pero lo que hizo que Daffy se enfureciera no fue eso, sino que esa mirada no estaba siendo dirigida hacia él, sino hacia Wile.

-Oh, que si nos conocemos...- se burló Bugs con voz desdeñosa. Daffy apretó los puños por lo bajo, también hacia mucho que no lo había escuchado emplear ese tono.

Wile, por alguna razón, estaba furioso; Bugs lo miraba con sorna desde el otro extremo de la habitación al igual que Daffy, quien tenia todo el aspecto de querer cometer un acto homicida. Porky los miraba a los tres intermitentemente, frotándose las manos con creciente nerviosismo. Él único que parecía ajeno a toda la tensión era Sylvester, quien trató de romper el hielo.

-¿Y bien? ¿Quien es el chico, Duck? ¿Tu noviecita?- dijo seguido de una risa. Nadie más lo encontró divertido. Porky le hizo señas de que se callara.

-Podría decirse- respondió Bugs, sentándose junto a Daffy, pero era obvio que no se esperaba que el moreno le pasara el brazo por los hombros y mucho menos que dijera, con voz ronca y profunda y un leve tono de desafió.

-Oh, por supuesto que lo es. Saluden a Bugs, chicos, mi novia.

NOTAS DE AUTOR:

Me gustaría tener alguna excusa por la cual no había actualizado por poco mas de un año, pero no la tengo y me avergüenzo de mi mismo. Así que por favor lean y siéntanse con la libertad de crucificarme.

Ah, por cierto, estoy recopilando canciones para hacer una playlist sobre el Baffy y subirla a youtube. Hasta ahora solo tengo Training Wheels de Melanie Martinez y otras cuantas canciones de Dark Cabaret (ademas de, obviamente, Amor de robor gigante de TLTS) . Asi que si fueran tan amable de enviarme sugerencias de canciones...

Espero que les haya gustado el capitulo. Dejen comentarios.