Esto está basado en otro episodio de Glee. Y, para quien haya visto el Show de Terror de Rocky, se darán cuenta que me tomé la libertad de convertir a Rocky en una mujer. Por Swan Queen.
Emma entró dramáticamente a la sala de profesores cerrando la puerta con un "BANG" que hizo que Regina levante una ceja ante las payasadas de su colega mientras ella dejaba dos bolsas sobre la mesa en la que estaba sentada.
—Entonces...— dijo metiendo la mano en una bolsa. —Traje ensalada de col, ¿cómo suena eso?
—Como que al fin me escuchaste y fuiste a un lugar que no fuera Granny's.
—Y no seré capaz de mirar a Granny a la cara después de esta traición— dijo Emma poniendo una mano en su pecho y fingiendo dolor. —Pero nunca te pude convencer de comer su sandwich de queso, por más delicioso que sea. Así que esto es lo que hay.
—Comes como una niña— replicó Regina por enésima vez.
—También traje dos cervezas de raíz. Ya sabes, para relajarte un poco.
—¿Relajarme? ¿Por qué? Aún no tenemos a una Rocky, ninguna de las chicas se atreve— se quejó hundiendo su rostro en las palmas de sus manos. —Tal vez esta obra es demasiado adulta para ellos.
—¡Oh, vamos! Estoy segura que lo solucionaremos, como siempre. Además todavía tenemos una semana hasta el primer ensayo.
—Y yo he hecho que "machos alfa" se caguen en sus pantalones de miedo por no hacer lo que yo quise— murmuró contra sus manos, ignorando a los otros profesores en la sala, y levantó la vista para fulminar a Emma con la mirada. —Me estás ablandando.
—¿Y qué tal si yo interpreto a Rocky?— sugirió Emma.
Regina frunció los labios, considerándolo, y encogió un hombros con más estilo del que era posible para Emma.
—Quizás.
La rubia sonrió de lado y le dió un apretón a su brazo, logrando relajar a Regina levemente, y abrió ambas botellas. Las profesoras hicieron chocar las puntas en un brindis antes de dar un trago y empezar a devorar sus almuerzos ajenas de haber atraído las miradas de un colega o dos. Emma tenía la boca llena y Regina intentaba alcanzar una de las comisuras para limpiar un resto de queso con una servilleta cuando la consejera de la escuela, Mary Margaret, llegó.
—Hola, chicas.
Regina bajó su mano instantáneamente, sonrojándose al notar que esa acción podría ser considerado como algo más que amistosa. Emma, en cambio, no parecía percatarse de lo que sucedía a su alrededor, aún en la dicha post-sandwich que la morena conocía bien. Así que ella carraspeó para obtener su atención, con éxito, apuntó con la cabeza a la mujer frente a ellas.
—Oh, buenos días, Mary Margaret— la saludó Emma, sintiendo un rubor subir por su cuello.
—¿Quieres unirte a nosotras?— ofreció Regina. —Aún nos queda un tiempo hasta que termine el descanso.
—¡Claro!
Emma le lanzó una mirada a su colega que fue ignorada y terminó contando hasta diez por dentro con un respiro. Estaba teniendo un buen momento con Regina y, a pesar de que Mary Margaret era amiga suya, Emma no estaba de humor para una tercera rueda. Con alguien de por medio sus interacciones no eran tan puras y genuinas, ambas terminaban censurándose y eso era lo último que Emma quería.
Mary Margaret empezó a hablar sobre un hombre molesto con el que se había chocado ese día. Él la había llamado ladrona por el anillo que llevaba puesto —Mary Margaret lo encontró en la calle— y ante el grosero hombre, la consejera se puso a la defensiva y lo llamó "príncipe azul" de manera despectiva. Claro que terminó devolviendo el anillo, pero no sin antes darle un pisotón en el pie "accidentalmente". Ella ni siquiera sabía su nombre.
Emma estaba verdaderamente entretenida ante el deambular de Mary Margaret, pero no pudo evitar su alivio cuando la campana sonó y tuvo que levantarse para ir a enseñar historia del arte.
—Nos vemos más tarde— le dijo a Regina, quien asintió, y se fue.
—¿Más tarde?— preguntó Mary Margaret a la morena.
—Mhmm, sí. Vamos a tomar un café— afirmó Regina con naturalidad.
La consejera la inspeccionó un segundo antes de ponerse de pie.
—¿Tienes que dar alguna clase ahora?
—Sí, Español— dijo ella, levantándose y agarrando su bolso.
—Oh, te acompaño.
Regina no se negó y caminó junto a Mary Margaret por los pasillos de la secundaria. Sentía la mirada de su acompañante sobre ella constantemente y no podía evitar preguntarse qué era tan interesante que la mujer era incapaz de alejar sus ojos de ella. Cuando la miró, Mary Margaret mordió su labio inferior y preguntó:
—¿Alguna vez tú y Emma...?
Frunciendo el ceño, Regina se vio con la boca entreabierta e intentando descifrar a qué se refería.
—¿Qué?
—Tú y Emma. ¿Alguna vez...? Ya sabes.
—No, honestamente, no sé a qué te refieres— contestó Regina, y Mary Margaret suspiró.
—De acuerdo. Supongo que eso lo responde— murmuró para sí y levantó la vista hacia la profesora con fingido interés. —¿Cómo va todo entre tú y Robin?
—¿A qué te refieres?
—Pensé que estaban saliendo o algo así.
—Dios, no— rió Regina secamente. —¿De dónde sacaste esa idea?
—Creo que él mencionó que había pasado algo entre ustedes.
—¡¿Él dijo qué?!
—Supongo que no es cierto.
—¡Claro que no!— exclamó Regina. —Dios, Emma va a matarlo. Y luego yo lo resucitaré para matarlo otra vez.
—¿Qué tiene que ver Emma con esto?
—Ella no lo soporta— dijo como si lo explicara todo. —No puedo creer que él haya hecho eso... ¡Esto me pasa por ablandarme!
—¿Qué?— dijo Mary Margaret, confundida por las emociones que habían pasado por Regina en menos de cinco segundos.
—Nada, no te preocupes— respondió Regina relajándose. —En todo caso, ¿por qué te importa tanto mi vida amorosa?
—Porque tienes una— dijo con humor seco. —Y es algo bueno en lo que ocuparme mientras espero por mi... príncipe azul. Si es que existe, claro. No creo que todo eso sea real, igual; amor a primera vista, primer beso...
La profesora la miró curiosamente y se detuvo en el pasillo.
—Viniendo de ti, eso es aterrador— replicó Regina. —Estoy segura que el amor de tu vida llegará en cualquier momento, sólo debes tener fe.
—Hablando de aterrador...— ella bromeó, consiguiendo un golpe inofensivo en el brazo. —Tú, Regina Mills, hablando sobre fe. Nunca pensé que llegaría este día.
—Momentos— dijo Regina, demasiado seria para ser real y falsamente concentrada en seguir caminando. —Tengo momentos.
Compartió una sonrisa confidente con Mary Margaret. Ella se podría considerar, sinceramente, su mejor amiga, su confidente, lo cual era de lo más extraño, dado que hacía tres años cuando se conocieron Regina la había detestado mientras que Mary Margaret rápidamente se convirtió en una especie de hermana para Emma. Mientras su amistad con ella había mejorado mucho, Emma se fue distanciando de ella a través de los años.
Mary Margaret la ojeó justo antes de que entre al salón con un saludo en español. Estaba feliz de tener a Regina, en especial desde que ella y Emma se distanciaron, como muchas relaciones lo hacen usualmente. La consejera sospechaba de ellas — Emma y Regina. Llevaban una extraña relación que por un momento la hizo dudar si ellas eran lesbianas. Sin embargo, su amiga ni siquiera había captado la indirecta; eso era suficiente prueba de que todo era estrictamente platónico.
Regina y Emma eran cómplices — por la falta de un mejor término. La amistad no era suficiente para describir la relación que tenían; se complementaban, pero no eran fanáticas del sentimentalismo. Una vez Mary Margaret oyó a Regina hacer un comentario mordaz sobre Killian Jones durante el tiempo que él intentaba conseguir que Emma sea su novia. No del tipo burlón, como Mary Margaret la molestaba con respecto a Robin, sino algo más tenso que ella aún no lograba descifrar.
Mary Margaret se encogió de hombros y regresó a su oficina, sólo para encontrarse con el hombre molesto rondando por su escritorio. La mujer puso una cara molesta y carraspeó para llamar su atención.
—¿Y a qué debo el honor de tener al príncipe azul en mi oficina?
—Sabes que tengo un nombre, ¿no?— él remarcó. —Es...
—No me importa, "príncipe" te queda bien— ella no interrumpió. —¿Qué haces aquí? ¿Vas a gritarme otra vez?
—¡Era justificado! Robaste mi anillo. Y uno muy especial. Era de mi madre y se lo iba a dar a...
Entonces todo cobró sentido, y Mary Margaret no logró reprimir una risa al recordar a la rubia que acompañaba al príncipe azul. La mujer no paraba de quejarse sobre las calles, la gente, la lentitud por tener que caminar... Literalmente todo.
—¿La rezongona con mala actitud? ¿De eso se trata todo esto?
—Ella es mi prometida— explicó él con una expresión atrapada.
Mary Margaret mordió sus labios para no reír.
—Buena suerte con eso.
—¿Perdón?
—No soy ingenua. Debes conseguir algo increíble por aceptar esa unión.
—Es una amiga de la infancia... Y, francamente, no es asunto tuyo— dijo el príncipe, cortante. —En todo caso, no vine aquí a discutir eso.
—¿Ah sí? ¿A qué has venido?
—Estoy buscando a alguien. Alguien llamado...— se detuvo para agarrar una tarjeta. —¿Mary Margaret Blanchard?
—Esa sería yo— dijo Mary Margaret mientras se cruzaba de brazos.
—Espera, ¿tú eres el contacto de confianza de mi padre? ¿Su antigua abogada?
Empalideciendo, la mujer se enderezó. Hacía años que no practicaba y no pensaba hacerlo otra vez. Desde que terminó la carrera de Psicología nunca volvió a pensar en Derecho otra vez, y ahora este...encantador hombre llegaba a su vida para recordarselo.
Ella al fin logró algo similar a la felicidad ayudando a los chicos y con las amistades que consiguió desde que se mudó a Storybrooke. Logró cortar lazos con la alta sociedad, con su padre, que había sido tan bueno hasta que intentó forzarla a un matrimonio con el hijo de un conocido igual de poderoso cuyo nombre Mary Margaret no recordaba.
¿Quién se creía que era este príncipe azul para venir y traer su pasado? Había sólo una persona con el derecho de contactarla como abogada y sin dudas no era él.
—¿Y quién es tu padre?
—Albert Spencer. Dijo que le debes un favor.
La única persona con el derecho a contactarla como abogada, maravilloso. Spencer era el que la ayudó a huir y comenzar una nueva vida. A cambio, Mary Margaret le debía un favor, un favor del que esperaba ser capaz de huir.
—Ya no soy abogada.
—No creo que le importe.
Mary Margaret mordió sus mejillas y tragó una protesta, sabiendo que era mejor hacer lo que quisieran.
—¿Qué quiere?
—Quiere que realices el prenupcial.
—¿En serio? ¿Todo esto es por la boda?— dijo Mary Margaret soltando un respiro. Podría ser mucho peor. —Está bien, como quieran. Hagámoslo lo antes posible.
—¿Por qué el apuro?
—Porque quiero que la "realeza" me deje a mí y a mi vida sola.
—Suena triste.
—¿Por qué? ¿Porque no quiero ser como tú y proteger un anillo para una prometida que no me importa?
—¿Las joyas no son lo tuyo?— preguntó él mostrando el anillo.
—Bueno, solamente hay una forma de averiguarlo.
Antes de que él se diera cuenta, Mary Margaret tomó el anillo y lo deslizó en su dedo anular. Observó su mano y un sentimiento de anhelo le llegó. ¿Por qué sentía que así era como debía ser, que ese anillo pertenecía allí? Bloqueó esos pensamientos cursis y levantó la mirada al hombre, quien llevaba la misma expresión que ella. La consejera se quitó el anillo rápidamente y prácticamente se lo aventó.
—Tienes razón. No es lo mío para nada.
Él carraspeó y volvió a guardar el anillo en su bolsillo.
—Tenemos que organizar una fecha para el contrato.
—¡Cierto! Será mejor terminar con esto lo antes posible— dijo Mary Margaret, finalmente despertando del trance.
—Claro, aún te espera tu rincón solitario— remarcó el príncipe y ella rodó los ojos.
—Y tú tienes una prometida sin anillo, príncipe— replicó ella, mordacidad desbordando en su voz.
—David— la corrigió él. —Mi nombre es David.
Emma mordió su labio inferior nerviosamente mientras atravesaba la puerta. Allí estaba Regina, sentada detrás de su escritorio con la mirada fija en unos papeles. Ella sabía que no tenía por qué estar ansiosa, pero aún así su cabeza no dejaba de dudar. ¿Y sí decía que no? ¿Y si pensaba que era inapropiado y de mal gusto?
Sacudió su cabeza, sabiendo que pensar solo empeoraría el asunto, y se puso frente a Regina. Cuando la mujer notó su presencia, sonrió, y las dudas se alejaron de Emma.
—¡Emma!
—Hola.
—¿Qué haces aquí? Pensé que no te vería hasta más tarde.
—En realidad— se balanceó en sus pies—, necesito un favor.
Regina hizo un sonido de curiosidad y se enderezó con un movimiento de cejas un tanto sugestivo, apoyando su codo en el escritorio y su mentón en la palma de su mano. —Dime.
—Pues... Estaba ensayando para la obra y siempre paro en "Touch-A, Touch-A, Touch Me".
—¿Por qué?— Regina frunció el ceño.
—Es que es muy caliente y no puedo hacerlo sola y... Necesito que seas Janet, solo para practicar.
—No, ni en sueños— se negó firmemente. —Yo no soy una Janet.
—No sé que significa eso. Es solo una canción.
—Una Janet: inocente, mojigata...
—Sé que eres lo más lejos a una Janet— soltó una risa sugerente—, créeme, lo sé. Pero es solo un papel y es solo una vez. ¡Por favor!
—¿Aquí? ¿No crees que es un poco...arriesgado?
—Te encanta lo arriesgado— replicó Emma. —Además, nada va a pasar. La escuela está vacía.
Y claro, Regina no podía negarse cuando Emma tenía ese puchero y sus ojos reflejaban tanta esperanza.
—De acuerdo— suspiró.
—¡Sí!— Emma siseó y se sentó en el borde del escritorio mientras Regina se separaba unos cuantos pasos atrás, estableciendo una distancia entre ellas.
—Entonces empezamos así.
—Bien, bien— Emma frotó sus manos ansiosamente. —Solo imaginemos que estamos solas y...
Ruby y Belle asomaron la cabeza con la ventana del salón, observando curiosamente a sus profesoras. Se había quedado después de clases para aprovechar que tenían la escuela para ellas solas, cuando escucharon a las mujeres. Emma reprodujo la música y Regina se aclaró la garganta.
—I was feeling done in, couldn't win— se acercó a Emma. —I've only ever kissed before.
Belle desorbitó los ojos y miró a su amiga. —O sea que ella...
—Uhu— asintió Ruby.
—I thought there's no use getting, into heavy petting— una mano se posó en el pecho de Emma, pero se fue tan rápido como llegó. —It only leads to trouble and, seat wetting.
Emma aspiró aire abruptamente y tragó saliva mientras la música se aceleró, y Regina empezó a desbotonar su blusa.
—Now all I want to know, is how to go. I've tasted blood and I want more.
Las chicas, aún espiando a sus profesoras, sonrieron traviesamente. —More, more, more.
—I'll put up no resistance— Regina tomó las caderas de Emma y pegándola a su cuerpo, y la rubia jadeó en su oído. —I want to stay the distance. I've got an itch to scratch, I need assistance.
La morena se dió la vuelta, agarrando las manos de su compañera para que la envuelvan. Y escaló desde ahí. Las chicas observaron a Regina hacer un baile caliente alrededor de la rubia. Toda la sangre de Emma parecía haber subido a su rostro, y ella miraba a Regina entre arrepintiéndose por haberle pedido su ayuda y disfrutándolo demasiado.
La música se volvió lenta, y Belle sonrió a Ruby chocando sus hombros juguetonamente. Regina estaba ahora desbotonando la camisa de la rubia y las chicas volvieron a meterse fuera de la vista mientras las profesoras seguían con su... actuación.
—I'll oil you up and rub you down.
La camisa cayó al suelo, dejando a Emma en un sujetador, y Belle y Ruby volvieron a subir y espiar. —Down, down, down.
Regina empujó a la mujer a un silla, inclinándose sobre ella hasta estar sobre su regazo. El estribillo empezó y la morena movía la silla con ambos sentados, disfrutando la sensación de los brazos de Emma aferrándose a ella. Era solo para sujetarla cuando hizo la silla girar, pero aún así, se sentía segura.
Las chicas huyeron de allí riendo, dejando a las mujeres con su baile. Un aire juguetón estaba establecido entre ellas mientras corrían por los pasillos de la escuela. Ruby hasta le dió una vuelta a Belle y empezó a cantar.
—Touch-a, touch-a, touch-a, touch me. I wanna be dirty.
Belle reprimió una risa y continuó—: Thrill me, chill me, fulfill me. Creature of the night.
Y antes de que se dieran cuenta, Ruby la estaba abrazando y sus labios estaban sobre los suyos. Demasiado distraídas para concentrarse en ello, ellas ignoraban que el salón las cosas se habían calmado. La música se terminó, la tensión se desvaneció, Regina se sentó en el regazo de Emma mientras ella pasaba sus dedos por su cabello.
—Deberíamos salir de aquí antes de que alguien nos vea— Regina dijo después de un momento.
—Sí...— Emma suspiró en un lamento. —Eres increíble, ¿lo sabías?
La única respuesta de Regina fue reír y besar su mejilla.
Salieron del salón, Emma ya completamente vestida, y caminaron en un silencio cómodo por los pasillos de la escuela. Lo que no se esperaban era ver a Ruby y Belle besándose contra los casilleros.
