Brad inició un proyecto al enterarse las buenas noticias sobre Emily gestando, una actividad tan interesante que hasta sus compañeros de trabajo pedían si podía terminarlo "lo más rápido posible". Nadie lo culpaba porque estaba extasiado, tanto terror pasado previamente con las otras ocasiones ahora no podía evitar mostrarse constantemente buen humorado. La rubia intentaba por todos los medios una reserva casi estricta sobre su gestación pero el marido parecía tener un letrero luminoso, apuntando directo a su abdomen, diciendo "¡voy a ser padre, hijos de puta!". ¿Quién no estaba emocionado por una de las dos mujeres del equipo en estado? Joseph también parecía un niño solo en una dulcería aunque conocía demasiado bien a su mejor amiga como para esconder las ansias un poco mejor, no quería a la rubia pateándole los huevos por no haber escondido su felicidad; Brad, fiel compañero hasta que un divorcio o la muerte los separara ignoraba todo con la nueva cámara de video.
El tiempo pasó, el invierno duro quedó atrás y la primavera benevolente besó las cabezas a todos. Chelsea tendría alrededor de cinco meses gestándose en la matriz materna y no sabría descifrar las buenas nuevas respecto a su persona, Brad creía que sí al hablarle todas las noches antes de dormirse. Si la niña pudiese haber expresado opinión alguna o algo, según su madre, le hubiera pedido al padre un poco de calma. Emily al menos expresaba eso antes de arroparse a sí misma e intentar no ahogarse por la presión a los pulmones generado por su abdomen.
La gestante estaba sintiendo cierto agobio por parte paterna en especial cuando a trabajo se cerniera, o salidas con amigos a tomar una soda o Ginger Ale a un bar... O pintarse las uñas en un salón, cortarse el pelo un poco, ir por un helado y hasta ir a por Sherry cuando sus padres pedían si podían acogerla un fin de semana (cosa que sucedía a menudo) a la escuela. El turno en el equipo variaba de persona a persona, a veces podía salir junto con Joseph y Forest quienes le escoltaban hasta la parada adecuada del metro, paraban los empujones cuando estaba demasiado lleno con sus cuerpos, repelían a cualquier imbécil queriéndose propasar con la bonita rubia. Al castaño solía generársele una acidez importante por verla marchar "sin él" pidiendo por favor llevarla a la casa en coche; los chicos conocían bien a su amiga y aseguraban al hombre todo, volviendo tranquilos en el transporte público charlando como si nada.
Discutían como antes, si, pero Brad controlaba el tono a duras penas porque "Chelsea se puede molestar o incomodarse en la tripa". La futura madre entonces aprovechaba a despacharse con su marido diciéndole "controlador de mierda" y "me va a terminar pasando algo por tu culpa".
El de ojos cafés inclusive compró una cámara filmadora para "documentar" toda la travesía hasta el nacimiento, así poder ver con añoranza a los momentos donde solamente eran dos adultos en una casa. Quien poseía ojos celestes ya prácticamente lo ignoraba o procuraba hacerlo. Filmaba todo: las nauseas, los antojos asquerosos con pepinos cubiertos por mantequilla de maní, cuando vomitaba en el trabajo en un cesto especial puesto por Enrico (padre de dos casi experto en la materia) con doble bolsa, a la hora de almorzar una ensalada gigante por la "acidez" o cuando Joseph hacía chistes con un almohadón traído por Kenneth por sus problemas con la espalda. Hasta Chris Redfield, con sus "temitas" en la relación con la gestante, le daba la razón al decirle a su compañero "creo que deberías bajarle la efervescencia a la espuma".
Cómo no esa noche volvió a coger la filmadora pese a que Emily se sentía algo floja por la presión sanguínea medio baja. A la tarde mientras los chicos entrenaban se desmayó en las gradas teniendo que ser asistida por un golpe leve en la muñeca izquierda, el marido casi se desmaya del susto. El chiste del día fue tener que atender a una embarazada por justa causa y a su marido "lunático" desmayándose porque su esposa perdió la conciencia. El castaño debió aguantarse todo y más esa tarde.
La rubia gustaba por leer todo tipo de enciclopedias buscando un ejercicio mental apropiado que leer todos los días casos de crímenes, eligiendo un hermoso tomo sobre las células eucariotas de aproximadamente setecientas cincuenta paginas. Iba por el primer cuarto gracias a una ávida lectura en la vuelta por el metro acompañada por Joseph y Forest quien descendía dos estaciones antes. Su marido creía que la mujer fue conducida por el castaño hasta la casa, quedaría así hasta mucho tiempo después.
Quien provenía de Delucia encendió la filmadora luego de comprobar cómo iba con la cinta y si debería cambiarla pronto. Las funciones las conocía casi de memoria, bromeando en algunos de los cortes con las funciones especiales a hacer.
—Aquí vemos a la mejor esposa del mundo, llevando a la mejor hija del mundo en su vientre —exclamó Brad emocionado tras la filmadora, todavía no entendía como filmar sin moverse para todos lados; Emily no levantó la cabeza de su libro—. ¡Saluda a la cámara, cielo!
Ya no se podía concentrar cuando su queridísimo marido apuntaba a su cara con ese aparato de mierda; perder el foco en la lectura le crispaba más de lo comprensible por cualquier otro mortal.
—Brad: debe ser la quinta cinta de la semana. Relájate un poco o te demandaré por diez millones.
El castaño no perdió la ilusión al acercar utilizando el zoom directo a la barriga cada vez más notoria. Emily bajó el tomo enorme cubriéndose. Su esposo quitó el acercamiento a la velocidad permitida por las filmadoras disponibles en esos años, medio frustrado.
—Esto es una forma de documentar este increíble viaje para Chelsea cuando sea mayor. No te pongas en malas. Tu hija merece saber cómo era cuando no nació.
—Si hay algo en lo que creo que podré atinarle sería algo así: a tu hija le valdrá un infinito de madres verse dentro de un estomago. ¡Ni siquiera aparece! Solo es mi piel estirándose y cubriéndose con estrías. ¿Puedo volver a lo que estaba haciendo?
Enfocó a la bella cara sin arrugas, líneas sensuales con mentón marcado, mejillas delgadas con pómulos no muy pronunciados, nariz respingada y ojos celestes impresionantes.
—No sabes cómo será. Puede que sí muestre interés sobre querer ver cómo vivíamos antes de tenerla.
—Perfecto. —miró directo al lente con rostro serio—. Chelsea: vivimos como cualquier pareja de trabajadores de mediana clase en el estado de Misuri. Trabajamos en una puta oficina con otras diez personas más y nuestro jefe de policía es un imbécil corrupto. Seguramente pagar tu educación universitaria sea un dolor en el culo y no nos alcance ni para la primera cuota. Tu papá tiene serios problemas con filmar con esa estúpida videocámara nueva —señaló con su zurda directo al dispositivo—, y se gasta lo que podría destinarse para una educación escolar privada. Ah: gracias por exprimir mi vejiga cuando se te da en gana. Muy amable por tu parte. Me las cobraré cuando tengas quince y presentes pareja.
El hombre resopló ante tanta "buena predisposición". Cogió el aparato por debajo enfocándose a sí mismo, esperando aparecer en el centro y no en el costado como la cinta anterior. Rostro joven surcado por arrugas con expresión repleta con un sentimiento de disculpas.
—Lo siento, preciosa. Tu mamá no es la mejor para hablar frente a una cámara. Ella lo achaca a las hormonas...
— ¿No soy la mejor, Brad Vickers? —replicó ofendida, depositando el libro a un costado e impulsándose con ambas extremidades en un puño hacia una posición más "derecha"—. ¿Yo? ¿La mujer más linda que te cruzaste en tu vida? ¿La única a la que le importas más que un pimiento? Me das lastima. Encima que soporto toda tu afición por joderme cuando me siento ligera de la cabeza me tratas así.
La enfocó nuevamente esperando protagonizar una discusión divertida a futuro. Sería grato volver en el tiempo con este plan tan disparatado y reírse en familia.
—La mujer más bella, maravillosa, compasiva, admirable y que no sabe cómo hacer un plato de pasta sin obligarme a llamar a los bomberos.
Emily ahora sí se cruzó de brazos repleta en enojo hacia él. Lo que más detestaba en su marido era la sarta de chistes descalificadores sobre ella por no ser tan amiga con las hornillas. Ser mujer no era ser una excelente chef familiar; en cambio ella era una bióloga experta, militar recibida con honores y alguien quien podría detener una epidemia usando solo su cerebro. O cortar a alguien en la vía pública para realizarle una traqueotomía si sufría un accidente, necesitando esta intervención.
— ¿Vas a decir esos chistecitos de mierda a mi hija? No te olvides que puedo pedir el puto divorcio cuando se me antoje y reclamar la jodida custodia.
—El vocabulario...
—Vocabulario un carajo, Brad. No alimentes a tu familia a base de chistes descalificadores. No nacieron para oírte hablar así de nadie. Tendrás una hija mujer, la cual no tiene la obligación por saber cocinar ya que no tiene que satisfacer a nadie más que ella.
—Y allí tenemos a la típica Emily: enojona quien no se puede aguantar un chistecito.
Apagó la cámara cuando su esposa se levantó con un cojín en la mano y se lo arrojó directo a la cabeza, acertando en su blanco con creces. Tenía razón: jugar en ese plan dañaba a las futuras generaciones irremediablemente, alojando a su hija en el puesto de "si no eres cocinera para tus hijos no sirves como mujer". Brad parecía no entender ni un ápice sobre las advertencias dichas, en cambio le resultaba gracioso hacerla rabiar. Caía sin remedio en sus juegos incómodos pese a siempre intentar alejarse de los mismos. No solo estaba cansada de tener que aguantar sus bromitas sino que tenía los pies hinchados como el triple de tamaño, otra vez necesitaba orinar y le dieron antojos nuevos de comer salchichas recalentadas al microondas con crema... Otra vez.
Levantó su cuerpo como pudo intentando no mosquearse nuevamente por la hinchazón, intentando obviar el sentimiento de querer su cuerpo otra vez para ella; tener "pececillos" moviéndose en su interior podía ser pintoresco, salvo si ese "pececillo" era su hija y deseaba propinarle un puñetazo al estomago cuando comía ocasionándole acidez, o se ponía lo suficientemente activa como para no dejarle dormir a las cuatro treinta de la mañana, mientras Brad dormía como tronco en calzoncillos. A veces deseaba ver a su marido con la futura barrigota en su poder, si se reía al confesarle estar exhausta o con deseos de caer en un "coma" apenas llegaba a su casa.
El caballero volvió a la carga justo al sacar las salchichas todas chamuscadas y olorosas, sentándose en su respectivo lugar bajo las luces blancas en la casa y untándole una buena cucharada al platillo. Un hilo de baba cayó por su comisura izquierda en forma cómica, el castaño preguntó a la gestante si necesitaba un babero. La mujer, ya fuera de sus ataduras propias, lo miró con furia en sus orbes celestes mientras levantaba la mano izquierda y alzaba el dedo medio directo a la cámara.
—Bésame el culo, Brad Vickers —repitió al menos dos veces en las que el aludido hacía un zoom a la cara con leves manchas blancas—. Enserio, búscate una actividad como pegar estampillas o me encargaré que las tengas en la puta cara.
—Ay, mi cielo, no sé qué haría sin tu hermosa persona —afirmó enamoradísimo de su mujer; la rubia cogió la segunda salchicha colocándole el doble en crema. Combinó la asquerosidad en forma alimenticia con un poco de Coca-Cola light porque "la figura tiene que quedarme bien después de parir".
Ethan despertó a eso de las cinco cuarenta con un dolor espantoso en el cuello sobre el lado derecho, habiendo babeado un poco y teniendo la comisura de dicho lado salpicada por su propia saliva. Chelsea continuaba durmiendo tranquilamente sobre su barriga sin prestarle atención al polizonte en su cama, tan contento de tener los pies bajo las sabanas contra su rostro. Levantó su cuerpo pesado haciendo un enorme esfuerzo al igual que juntando toda la voluntad posible; enderezó su articulación sintiendo el estallido doloroso al cambiar la posición, se dio cuenta lo mucho que extrañaba su almohada especial para el cuello cuando sus pies tocaron el suelo. Era temprano, muchísimo para ser domingo. Durmió al menos dos horas después de haberse levantado a las diez treinta para ordenar; se sentía extenuado habiendo despertado segundos atrás.
Refregó sus ojos varias veces intentando esclarecer sus ideas como también recordándose la razón por la cual estaba allí: debía ser un niñero como la gente, su amiga le necesitaba más que nunca. «Un niñero de una pobre muchacha herida. Muchacha linda, por cierto.» Desvió sus ojos directo a la aludida mentalmente, ésta soltó otro ronquido para seguir plácidamente el sueño. Casi le escupe lo envidioso que se sentía al observarla dormir con tanta paz. Fue directo por su móvil comprobando la carga al ciento por ciento, activó la red inalámbrica de internet recibiendo cuatro escuetas notificaciones.
«Lo único que hice el último tiempo antes de dormir fue revisarlo todo. Bastante con tener cuatro nuevas.» Dos provenientes de Facebook, un mensaje (¿Quién enviaba SMS en el dos mil dieciocho?) para rematarlo con un WhatsApp de su hermana preguntándole hacía ya rato si podía pasar a recoger unos zapatos para su esposo. El SMS provenía de la dictadora suprema, no quería decir nombres debido a las múltiples muertes achacadas al mismo. Tampoco deseaba irse al infierno adjudicándoles motes feos a las personas. En el secundario hicieron ese mismo trabajo en su contra, fue conocido por mucho tiempo como "anguila Winters". Tuvo suerte de no ahuyentar del todo a las féminas, pero su bully particular pareció pegarse aún más.
Dime ya el estado de mi hija. No puedo dormir pensando en ella.
¿Se podía culpar a un padre preocupado? No. ¿Podría enviarla al diablo por ser quien era? Si. ¿Lo haría? No tenía los huevos. Detalló exactamente cómo dormía la castaña, colocó su mano en la frente comprobando la inexistencia febril para luego examinar su brazo izquierdo, al cual debió quitar un poco de las vendas comprobando una buena cicatrización. Envió el mensaje intentando decidirse qué hacer ahora, tenía una picazón estomacal achacable al hambre. Fue directo a la cocina (no sin antes activar una llamada mediante su teléfono, llevándose el de Chelsea consigo a la otra habitación a modo de Walkie-Talkie. Se sorprendió al vislumbrar su nombre como "Texas en camisa"), rebuscando por la heladera y formulando en la mente sobre qué podía encontrar. Halló en el fondo un tupper con una carne cubierta con salsa, al abrirlo sus fosas nasales recibieron una oleada preciosa del producto cárnico frio. Le provocó aún más hambre al depositarlo dentro del microondas con puerta negra y darle aproximadamente cinco minutos para lograr un calor uniforme.
Quemaría su paladar por fuera, degustaría el verdadero sabor al alcanzar las profundidades. Fue al baño a echar la meada más importante del día, volvió a mirar estirando su cabeza por el umbral a su amiga, retornó al oír los pitidos agudos informando la detención y la finalización del aparato. Esperado por todas las células en su cuerpo, recibió una humareda importante al abrir la puerta, oía el repiqueteo de los jugos; sus dedos recibieron un shock térmico obligándolo a soltar el recipiente plástico en forma brusca sobre la mesada. Quizá fue demasiado tiempo, seguramente sí; rebuscó hasta dar con el cajón exacto de los cubiertos cogiendo el par. Sazonó con bastante sal y al dar el primer bocado supo el gusto de Chelsea por la comida muy picante.
¿Le picaría el ano al día siguiente? Le sangraría el ano al día siguiente gracias a la diarrea.
Al terminar el tupper bebió al menos un litro y medio de pura agua intentando bajar el dragón asesino. Debió pensar un poco más. La joven continuaba profundamente dormida por lo cual cortó la llamada. Se recostó al final en el sofá planeando el siguiente movimiento a dar cerrando los ojos, dio las seis cuando se quedó profundamente dormido. Pasaron dos horas completas hasta que se despertó sobresaltado al soñar como un hombre lo veía feo mientras yacía sentado cómodamente en el sofá. «Estoy en mi derecho constitucional de acostarme a dormir donde se me plazca.» En el sueño vio cómo ese hombre se le hacía familiar de alguna manera.
Enderezó su cuerpo sentándolo, encarando a la televisión pantalla plana apagada sintiendo un rayo de sol dándole directo en el ojo derecho. Cubrió dicho órgano con su extremidad, virando el otro orbe verdoso en derredor. Seguía en casa de Chelsea, se volvió a quedar dormido en su trabajo. Daba asco como niñero.
Oyó cómo se accionaba el váter en el baño como si fuera un balde helado cayéndole por la cabeza, saltó desesperado corriendo en dirección al sonido. Golpeó varias veces percibiendo el fregadero usarse, Chelsea abrió al finalizar con ojos hinchados y un gesto de pocos amigos.
Estaba dormida como también resacosa, al abrir la puerta no se esperó ver a Ethan allí de pie.
Este tenía las bolsas bajo los ojos aún más que de costumbre, piel pálida y el cabello alborotado.
— ¿Qué mierda? ¿Cómo es que sigues aquí? ¿Te quedaste desahuciado o algo? Busca un puente donde dormir la próxima.
No podía decir que su humor era exactamente lo necesario para despertarse.
— ¡Dios! ¿Por qué te has levantado?
La castaña desvió la vista a un costado creyendo ver a Winters enloquecer.
—Necesitaba orinar, como un ser humano cualquiera... ¿Tú eres marciano que no meas?
— ¿Tu pierna está bien? ¿Te duele la espalda?
Exceso de preocupación obligaban a Chelsea volverse un ser más hostil. Parecía su madre cuando corría por un parque y caía como cualquier crio pequeño. Posó su zurda sobre su abdomen obligándolo a correrse, cojeaba un poco pero podía ir y venir si necesitaba hacerlo. Ethan le siguió casi pegado. Volvió a recostarse en su cama para luego cubrirse hasta el cuello, quedando boca arriba mirando el techo.
—Si mamá, estoy bien —mintió—. ¿Podrías decirme quién dijo de quedarte?
—Tu madre.
Sin duda alguna estaba esperando recibir esa respuesta, más obvio que el sol saliendo por el este y se oculta por el contrario. No emitió respuesta ya que no se sentía lo suficientemente bien como para mantener una conversación mucho más tiempo; la cabeza le estallaba como si fuera el maldito Cuatro de Julio en plena celebración dentro.
— ¿Te traigo algo? ¿Estás bien?
Corrió un poco las capas de tela apoyándose sobre sus codos.
—Oro Nazi y que te largues. Quiero estar sola.
Descolocado era poco, la vio acostarse medio furiosa con él dándole la espalda. La luz diurna se filtraba por las hendijas en el momento donde apagó el velador dejando la habitación en penumbra. No se marcharía hasta no recibir una orden por parte materna para hacerlo, tampoco se sentía bien si se iba así sin más. ¿Qué no le aconsejaron sobre prepararle un desayuno? Debía hacerle comer por las buenas, obligarla parecía exactamente lo contrario a hacer con alguien enfermo. «Si yo estuviera sintiéndome como lo hace ella no me gustaría nada ser presionado para comer. Tengo que ingeniármelas para llevarla a la mesa.»
Consultó su reloj en muñeca izquierda, ocho quince.
«Algo sano como huevos revueltos sin mucho sazonamiento, cereales o incluso avena.» Alimentarla como si fuera un maldito animal domestico no le parecía muy práctico, se le daba bien hacer pancakes o waffles, el tocino dulcemente crujiente como para morirse ahogado en saliva. Si no quería volver a recibir palabras horrendas por parte de Emily debía acatar sus normas.
Encaminó su cuerpo directo a la cocina buscando cualquier comida medio saludable apta para un desayuno. Encontró dos tipos distintos de arroz, fideos importados de Italia (o Chelsea tenía un paladar fino o se los enviaron) junto con galletas dulces, saladas y frituras a más no poder. Bebidas azucaradas, energéticas junto con algunas botellas de jugo de naranja. Un cajón tenía una dotación casi vitalicia de M&M en versión extra grande, atrás un par de cajas con paletas y Tic Tacs anaranjados. Le hizo rememorar sus cajones en la primera casa a donde se trasladó post graduación. Abrió otro encontrando una bolsa con avena, frutos secos y tostadas bajas en grasas en una bolsa plástica; cogió una cacerola mediana donde podían caber al menos tres litros, un tazón grande para ir mezclándolo todo, leche del refrigerador, sal dejada por él sobre la mesada. Volcó todo en el cuenco mediano para volverse maraja rebuscando por una procesadora de alimentos. La encontró al lado de otras ollas, bajo la mesada cercana a la puerta al patio.
Procesó todo hasta encontrar una consistencia apetecible, vertiéndolo en la cacerola de acero inoxidable con algunos condimentos como canela y nuez moscada sin parar de batir. Fuego medio hasta ver como bullía frente a su rostro, también reduciéndose su volumen total. Bien: algo listo para su amiga. Bebida podría ir bien un poco de té con jugo de naranja (¿Esa combinación no daba flojera intestinal? A su intestino delicado al menos le pasaba eso), abrió una alacena superior en búsqueda de las tazas, cogiendo una rosada con una margarita en caricatura sonriente. Tetera eléctrica en mano llenándola con agua, depositó en la base para luego seleccionar el botón óptimo al calor deseado para un reconfortante té. Del refrigerador volvió por la botella medio llena con el correspondiente jugo, echándolo en un vaso transparente con líneas rojas.
Depositó todo sobre el lado cercano a la abertura al living, cogió luego un juego de utensilios disponiéndolos en la superficie dejando el lugar para el plato. Sus oídos captaron el ruido correspondiente a una persona sintiéndose mal en un baño, se acercó para oírla devolver algo de contenido estomacal; inquirió si se encontraba bien para recibir como adorable respuesta un gruñido, volvió a su actividad dominical. Una vez el agua estuvo en su temperatura justa el aparato pitó, derramándolo dentro de la taza. Dejó la misma al lado del jugo, tomó un juego de tés distintos por si no le apetecía el cual iba a seleccionar. Un platito se dispuso bajo el recipiente humeante para no marcar la mesa.
Ahora fue a por huevos, mantequilla, una sartén y lavó por completo el tazón anteriormente utilizado. Mezcló la leche con los huevos, cubrió la superficie de la sartén con el derivado lácteo y cuando estuvo en su temperatura ideal fue revolviendo la mezcla hasta lograr su platillo preferido. Terminó por una pizca de sal sin agregarle nada de pimienta. Sirvió en un plato celeste recordándole a un sol por sus bordes curvilíneos. Fue por la avena vertiéndola en una taza alta y profunda color bordó. «Todo listo y en su posición perfecta. Ahora a convencerla.»
No hizo falta llamarla o instarla a comer una sola cucharada de huevos, el olor emanado por las preparaciones despertó el interés en la muchacha quien se acercó con un par de frascos en ambas manos. Su rostro parecía curioso bajo un manto oscuro repleto de malestar. Miró la mesa dispuesta para ella con una ceja enarcada mientras la otra iba directo hacia abajo, volvió sus ojos directo al amigo expectante de una respuesta. Podía jurar que si oía una queja se sentiría mal.
— ¿Y esto? ¿Ahora tengo un chef? —exclamó sorprendida; depositó toda su medicación al lado de los platillos.
—Creo que la mejor forma en sacarse una resaca es tomando un delicioso desayuno —dijo convencido; se sentó frente al lugar a ocupar por la dueña de casa—. Dime si hay algo que no te guste o quieres agregar.
—Suenas a quienes venden hamburguesas en Burger King o cualquier cadena. —tomó asiento con ojos cansados—. Hace días no me preparo algo tan elaborado.
«Uf, debe ser duro estar en sus zapatos. No puedo estar sin comer como cerdo ni una hora, realmente no quiero imaginarme no tener fuerzas ni para una tostada caliente.»
Chelsea comenzó el ritual de preparar todas las píldoras a tomar frente al plato, comenzando por las más pequeñas hasta una enorme. Ansiaba preguntar qué efecto comprendía cada una aunque se contuvo; no era de su incumbencia. Primero fue las píldoras antiácido y antiinflamatorias, luego las recetadas por su psiquiatra. Unas controlaban a la nube negra y otras ahuyentaban a sus sabuesos ansiosos. Poseía vitaminas como también algunas especiales para calmar al E, dejándole vivir un tiempo más sin necesidad de inyectarse suero o correr riesgos innecesarios. Las ayudó a descender con el jugo anaranjado sin evitar lanzar un leve eructo al aire al acabarse el vaso.
El rubio soltó una risita ahogada al oírla emanar desde las profundidades.
Dio un sorbo a la taza con la avena, depositándola al costado para mirar fijamente los huevos.
—Le falta pimienta —se quejó sin cambiar su tono monótono.
—No le agregué por si tu estomago estaba sensible.
Debía darle un punto por preocuparse tanto. Cesó el quejo para probar qué tal estaban... Normales, tristones. Pidió un poco de fruta seca para ver como su amigo se levantaba solícito a por la bolsa repleta con variedad; una vez entregada comió un poco de pasas y algo de nuez.
—Por si te interesa para cuando me cocines de nuevo: soy alérgica a las avellanas. A menos que quieras hacerme sufrir "un accidente".
Lo anotó en un rincón imposible de olvidar.
—Gracias por la información. Te iba a decir que me salen fantásticos los pancakes con pasta de avellana.
—Moriría por comerlos pero... No quiero que mi glotis se cierre. Ni visitar un hospital otra vez.
Otra cosa fuera del alcance para el rubio era comprender el grado de pánico ocasionado por los hospitales. Pese a salvarle la vida en varias ocasiones desarrolló una aversión casi enfermiza por permanecer en uno; desgraciadamente debía tratar sus demonios internos en esos edificios estériles, apestando a lejía y con una fragancia ambiental espantosa a enfermedad. Dos meses pasó en coma en el lugar donde se atendía por su problema vírico, despertando de la peor manera posible pese a tener a Sherry como a Emily rodeándola para ese momento crucial. Detestaba también al personal pese a conocer a varios y habiéndose tratado con esas personas amables dispuestos a ayudar al otro. Odiaba lo representado, la cercanía a la muerte con cada visita.
Trató de poner empeño bajo los ojos verdes expectantes, alcanzando a darle unas cucharadas a los huevos como también un sorbo medio grande a un té verde. Se sentía mal por verlo allí sentado, cansado con deseos probables de irse a la mierda, observándole probar poco y nada de la comida. Por eso prefería vivir sola: nadie podía decirle nada si no comía en absoluto o si dejaba una tostada entera con un pequeño mordisco a una esquina. Sus padres se frustraban con cada intento fallido por hacerle deglutir algo haciéndole peor a su mente enferma.
Algo importante para una persona depresiva era acompañarlos sin juzgar o meter presión, sus padres presas de un pánico por la delgadez cada vez más acentuada salteaban como campeones esa norma vital.
Intentó de comer un poco más hasta llegar un punto en donde no podía seguir fingiendo, recostando su cabeza sobre un brazo previamente colocado en la mesa. Ethan entendía, deseaba acabarse la comida por ella pero dejaría todo en distintos recipientes plásticos por si deseaba darle otra oportunidad. No se sentía mal por su esfuerzo no tan bien apreciado, entendía el empeño por parte de la castaña en al menos darle probadas.
Eso significaba mucho más que comerse hasta el plato para él.
— ¿Puedo usar tu cafetera? —inquirió sintiendo un enorme deseo por acariciarle la cabeza en forma comprensiva—. Este es el momento donde debo confesar mi afán por tomarme una taza para despabilarme.
—Adelante —replicó esta con voz amortiguada—, hay tres tipos de café por si te apetece alguno. Los tengo en una caja, al lado del refri.
Su voz parecía quebrada; prefería no oírla llorar para no abrazarla y consolarla. Revisó en el lugar indicado encontrando los pequeños paquetes con un sabroso olor, eligiendo preparar un expreso con el más común para levantar un poco su humor. Llenó el depósito con agua al natural, cogió una taza mediana para darse un buen subidón y una vez colocado el pequeño paquete apretó el botón, oyendo el agua comenzar a hervir, pasando luego por el paquete plástico y cayendo dentro de la taza. El delicioso aroma se dejó correr por sus fosas haciéndole sentir automáticamente bien. Chelsea indicó donde podía encontrar paquetitos con crema junto con endulzante artificial, el mismo lado donde sacó los tipos de infusión anteriormente pero al fondo. Mezcló todo volviéndose directo a donde se encontraba minutos atrás, mirando directo a quien tenía en frente.
¿Debería sacar tema para conversar de su galera mágica con tópicos? ¿La castaña querría comunicarse con él? Quizá la distendería un poco...
—Me gustaría comenzar con tu regalo gratuito para cuando me sienta un poco mejor, no pude hacer nada porque... Ya sabes. —rascó su cabeza con el cabello enmarañado—. Me gustaría empezar cuando tuviera un tiempo.
—No te preocupes, tomate tú tiempo. Tampoco es una asignatura para aprobar mi aprecio.
La chica cogió una nuez de la bolsa y se la llevó a la boca. Masticó lentamente obteniendo el máximo provecho. A Ethan le sentó como una bocanada de aire fresco, nada mejor que verla comer aunque fuera una nuez por hora.
—Me gustaría haberlo empezado antes del descalabro. Supongo que las cosas buenas siempre vienen lento.
—Nunca te lo dije pero creo que tienes mucho talento. Probablemente vendas cuadros por millones.
—Gracias. —sonrió levemente—. Personalmente me gusta representar formas físicas más allá de un frutero. Las personas son interesantes por todo lo que pueden guardar en ellas. A la gente le gustan manchas en un lienzo, mi arte probablemente sea más duro de vender.
—Yo te compraría uno aunque valga diez millones. Tiene más sentido y originalidad.
— Deja de adularme un poco, hombre. No lo digas por mero compromiso conmigo.
—Tranquila, si fuera por compromiso diría que tengo una reunión con los vecinos en el edificio para zafar. —oculta a su vista no pudo reprimir media sonrisa—. Las personas somos interesantes, mucho más que unas líneas sin sentido. Los paisajes reflejan la belleza de nuestro planeta mejor que cualquier pintura costosa en blanco. Y por lo visto en tu sala se te da muy bien hacer retratos de la naturaleza.
A decir verdad sus favoritos eran las personas, los paisajes también le parecían atractivos de representar salvo que se tomaba un tiempo muy extenso a la hora de crearlos. Las maravillas naturales lo merecían, requerían una representación digna por la belleza creada por la madre Tierra. Los disfrutaba como también se tomaba demasiado enserio el traspasar lo real a un lienzo. Una obra hecha gracias a los viajes al monumento en memoria a las víctimas de Raccoon le dio una perspectiva de las montañas Arklay a lo lejos. Pidió a sus padres acercarse un poco para al menos coger un instante con una fotografía al paisaje, lo transfirió con sumo cuidado a forma de homenaje a todas las vidas allí perdidas. Si alguien preguntaba cada hebra en un árbol, cada insecto saltando por allí, podía simbolizar una vida perdida. Lo vendió y donó todo lo recaudado (fue una suma bastante generosa) a la fundación correspondiente contra los desastres biológicos.
— ¿Tienes ojo para el arte?
—No lo sé, creo pensar que los artistas clásicos que se ven en los museos eran creadores maestros. —Dio un generoso sorbo a su café—. Aprecio las pinturas pero no mucho más.
—Algunos buscan encontrar sensaciones al ver las obras, otros prefieren admirar cada minúsculo detalle. ¿Te sientes así cuando ves una?
«No tengo idea. ¿Me da una emoción en particular ver una obra en el Louvre por internet?»
—Prefiero no contestar.
En la cabeza de la castaña no se esperaba una respuesta diferente. Ella podía sentir una conexión especial con las obras, algo llamado inspiración al ver los trazos, la mezcla de colores sobre el lienzo, las formas perfectas. Adoraba las manos pintadas por los artistas en los periodos Renacentista con su representación humana y el entorno, con componentes racionales armónicos y proporcionados; el Barroco removía otra fibra sensible en su lado artístico. Su división favorita comprendía el pleno barroco con sus obras inmensas plasmadas en asombrosos frescos en capillas italianas, visitadas con su familia en un prometido viaje a Italia años atrás. En ese momento recién comenzaba a darse cuenta del valor del dibujo en su vida, esas majestuosas obras despertaron el fuego creativo que jamás esperó encontrar.
—No pasa nada, el arte es muy subjetivo, igual que las opiniones. —cogió una pasa esa vez; un tiempo después levantó su cabeza un poco dándole una minúscula probada a los huevos ya casi fríos.
Al rubio un poco se revolvió su estomago al verle comer un plato falto en calor, hizo una mueca de desagrado para sorpresa frente suyo.
—Fríos no están tan mal. Dame crédito por al menos darle otra oportunidad.
—Te lo agradezco pero por favor déjame calentarlo al menos, me da dolor de estomago pensar toda la mezcla fria.
Su amiga soltó aire producto de la gracia; ¿la gente con la edad se ponía tan quisquillosa?
Un rato después de las diez Ethan se marchó más recompuesto. Anunció que al llegar dormiría como tronco o al menos daría una cabeceada en el sofá; le dio pena saberlo sin descanso apropiado, debería al menos haberse echado en su cama. El rubio no mencionó haberse quedado dormido a los pies ni lo haría aunque lo estuvieran amenazando con una pistola, probablemente se sentiría incomoda o mal por saberlo así. Caballero como era llamó a un cerrajero quien anunció su visita al día siguiente a eso de la mañana temprano, no tendría una puerta segura por otras veinticuatro horas; se disculpó por hacerla trizas aunque su amiga comprendía el porqué y no lo lamentaba.
Al fin y al cabo si no hubiera entrado por la fuerza podría haber ocurrido una tragedia.
Empujó con toda la fuerza disponible en su cuerpo el sofá, entró a los perros para luego echarse un rato en el sofá. Debería asearse para el trabajo al día siguiente, primero recuperaría sus energías depositadas en tan minúscula acción para luego probar suerte con la fantástica ducha. Olía salado producto del sudor, su cabello estaba pegajoso, enredado y apestaba a sangre; ese día al menos se sentiría un poco más cómoda. Recordó el deber de desenredar toda la mata oscura anudada en un moño, más energía para gastar. Observó de costado como su perra bóxer olfateaba el área circundante a la puerta como si dijera "oye, aquí hay algo que no cuadra" para luego sentar su trasero en el suelo en posición de guardia. Sus adorables caniches saltaron para alojarse cómodamente sobre sus piernas, Rosie solía exasperarse por el movimiento de los pies mordiéndolos. Jugueteó dos minutos hasta quedarse profundamente dormida, sin soñar nada en particular por primera vez en mucho tiempo.
Despertó a las tres cuarenta en la tarde, Polly-Sue ahora yacía panza abajo con su maciza cabeza dando hacia la puerta, roncando; Rosie y Dallas dormían entre sus piernas panza arriba con las patas en el aire dobladas por las rodillas. ¿Habrá juntado la proporción exacta a gastar en fuerzas? Debía asearse. Sintió hambre cuando enderezó su postura encarando a su tele, encendida unos minutos después de abrir los ojos. El canal con videos musicales quedó sintonizado desde el viernes o antes, no recordaba el último día donde vio la televisión por más de cinco minutos. Canciones nuevas a la orden del día, intentaba no prestar atención a las letras por si encontraba alguna en particular capaz de despertar sus sentimientos más oscuros.
Le gustaba una en particular de un rapero nuevo la cual relataba sus momentos cargados con infelicidad en la letra, en especial cuando mencionaba cómo pedía desesperado al medicamento "por favor aléjalo, haz que se vaya". No recordaba un momento en su vida después del terrible incidente con dos balazos donde no estuviera bajo una marea con distintos tipos de medicamentos. La lucidez del cuerpo sano sin interrupción médica dejó de existir mucho tiempo atrás para Chelsea, quería sentirse bien sin tener que recurrir a ellos; algunas personas aprovechaban la meditación para tratar los bajones anímicos salvo que ella debía hacerlo con fármacos. ¿Qué sería vivir sin drogas? ¿Sin virus? Probablemente un paraíso.
Adoraba esa canción con nombre tan complicado pero rezaba por no oírla por la tele. No estaría en condiciones de obtener un baño si aparecía en pantalla.
Pasó un tiempo mirando las personas transcurrir por los distintos videos musicales hasta encontrado todo resto de fuerza a ser utilizado. Se levantó sintiendo un ligero tirón en su espalda, probablemente tendría alguna que otra costra en la piel aún sin caer. Sentía la presión cutánea por las vendas, quedó mirando sus brazos por un rato una vez ingresada al baño. Sentó su cuerpo infinitamente cansado en el váter para deshacerse con parsimonia de las vendas, mirando su piel marcada por la agitación anterior. «Eso es lo que puedo hacerme sin querer, y queriendo también.» Su culpa no fue porque no golpeó las paredes ocasionando el susto originador del soltar repentino de las botellas, pero sí llevaba la cuenta al beber hasta casi perder la conciencia.
« ¿Quién o qué habrá golpeado la puerta?» Algo que se escapó de su lista a preguntar a su amigo rubio era si descubrió algo sobre eso, lo haría en unos días si se sentía lo suficientemente lista por las píldoras. ¿Los enemigos? ¿Habrán querido asustarla otra vez? No lo sabía aunque podría hacerse buena idea; antes de comenzar a caer lenta pero constantemente hacia el valle negro recopiló información aún más interesante sobre la compañía Tentsu. Los tipos además de ser una empresa enorme instalada en Japón con una confianza pública media, poseían una cierta obsesión por pedir a los organismos especializados muestras de virus, hacía ya unos años pidieron un poco de tejido obtenido de un pobre tipo infectado por otro brote en Holanda para analizar "con la mejor de las intenciones" los componentes en el agente. Ese mismo podría haber sido la base para el proyecto Evelin, le parecía irónico tener una madre quien nombraba a su maldición eterna de la misma manera.
¿Habrán obtenido un puntapié inicial a su investigación? El caso en Holanda aconteció en los primeros años de la década del dos mil, ahora no recordaba con exactitud. Liberó su brazo izquierdo mientras cerraba y abría el puño con lentitud, algo dormida la extremidad por la fuerza con la cual envolvieron. Su piel estaba marcada por los relieves en la tela ahora manchada por el liquido seco. La BSAA comenzó a ejecutar una investigación en contra de esa compañía hacía ya un tiempo pero todo se frenó cuando el territorio estadounidense fue atacado una y otra vez por un nuevo tipo biológico. ¿Coincidencia?
«No lo creo.»
Mantenía la cabeza en funcionamiento al liberar su espalda y abdomen del aprisionamiento, movió sus brazos hacia un lado y al otro como ejercicio de estiramiento cutáneo averiguando si su piel aguantaría. Picaba un poco, lo demás todo bien. De pie quitó todo rastro sangriento para quedar solo con la ropa interior encima; desnuda pudo comprobar el mal estado en su sostén, las tiras traseras cubiertas de sangre al igual que la braga sobre la misma área. Debería dejar las dos prendas en remojo con mucho quitador de manchas esperando lo mejor, el conjunto en total no era muy barato y se lo regaló su madrecita cuando creyó verlos salir con Dennis. ¿Qué madre regalaba ropa interior a una hija con claros tintes eróticos? D podía alzar su arma natural sin necesidad de un sostén costoso.
Abrió la ducha dejando correr agua hasta sentirla a la temperatura ideal, miró su rostro demacrado al espejo, poseía la mejilla izquierda con pintas sanguinolentas; ¿Tan severo fue? Por suerte cuando extraían los trozos se encontraba lo suficientemente adormecida como para no haber sentido tanto dolor. Pobres quienes le ayudaron anoche. Ethan habrá muerto en vida para volver a nacer justo en el tiempo para ayudarle a salir. Que buen hombre...
«Se quedó en mi casa toda la noche, durmió peor que mal para luego prepararme el puto desayuno. ¿Qué amigo en toda mi vida hizo eso aparte de mis tres mosqueteros? Ninguno.» Ni siquiera Joe cuando se instalaba por un fin de semana sin permiso en su casa dignaba su tiempo en prepararle comida; lo inverso acontecía ya que fue y es lo suficientemente egoísta para solamente ocuparse por su culo. Se podía descomponer por el virus, enfermar por causas naturales o atravesar otro valle oscuro y el muy hijo de puta ni siquiera se molestaría un poco. Quería toda la atención como cuando niño, donde la madre solamente ponía el esfuerzo en darle los mejores juguetes o las prendas más bonitas.
Joe fue un mimado asqueroso, creció creyendo ser el rey sobre todo el mundo y sufría terribles embates de ira gracias al saberse huérfano por una parte. ¿Tuvo la culpa por algo en su vida? No, ¿entonces por qué se fastidiaba tanto por cualquier cosa que hiciera? Un misterio más grande que el origen del Big Bang. Enjuagó su rostro con jabón especial para imperfecciones junto con grasa facial procurando no atinarle por accidente a sus ojos. Secó con una toalla al lado del fregadero en color rosa para meterse bajo el chorro caliente necesario aunque agotador.
A veces cuando se cansaba solía sentarse en el suelo de la bañera a intentar recuperar el aliento; cogió el pote de champú aplicando una cantidad enorme por toda la extensión capilar. Frotó lo más que pudo ciertas aéreas cercanas a la piel y otras donde sintió el alcohol impregnársele, aún con su amigo en los pensamientos. ¿Habrá tenido una mala experiencia con ella medio perdida por el alcohol, lastimada por un error defensivo? La pregunta más importante: ¿habrá roncado? Cuando se encontraba extenuada por una jornada muy difícil o estudios intensivos solía roncar acorde a las palabras de sus amigos, y Dennis quien se quedaba a veces después del acto. Podría sentirse muy avergonzada pese a ser natural en cualquier ser humano.
El agua caía por su espalda decorada con tinta y las heridas recientes, mismo camino seguía el champú con olor a coco bueno para evitar caídas. Una vez la espuma fue lo suficientemente voluminosa se zambulló bajo la corriente descendente, mirando al suelo blanco con alfombras pequeñas en formas de estrellas marinas. Su cortina con barcos y veleros en azul no combinaba mucho con la elección en toallas pero le gustaba ese estilo de desorden, podía usar todo sin importarle opiniones maternas. En baño de su antigua casa si no combinaban las toallas, los accesorios y los toallones la sala no estaba bien hecha. Los mechones empapados caían al costado justo al sentir un leve mareo, arrodillándose a continuación evitando una posible caída. Ya pasó por una así y no deseaba repetirlo por nada del mundo.
Enjabonó la esponja con el jabón líquido floral asegurándose por hacer un óptimo trabajo en toda la piel, poniendo especial empeño junto con delicadeza por sus zonas sensibles. Cogió el acondicionador mientras se desprendían los restos, al colocarlo desde la mitad hacia abajo sintió otro mareo. Tenía hambre junto con una necesidad imperiosa por más nutrientes, su cuerpo comenzaba a despertarse y necesitaba calmar a la bestia estomacal. Era algo bueno, por suerte esa vez no viajaría en un tren del miedo directo a un pabellón psiquiátrico donde meterían un tubo medico por su nariz para alimentarla; una bomba empujaría la mezcla aprobada por su equipo médico, dolería el paso alimenticio por su fosa nasal como mil demonios obligándole a estar en cama para intentar soportar el dolor...
Era un buen indicio al fin y al cabo.
Se quedó sentada unos minutos más esperando purificar su piel como mente con un poco de líquido fundamental para la vida. Las lecciones maternas a veces servían para algo además de brindarle fundamentos para una futura discusión; abrazó sus piernas sintiendo el cálido abrazo acuoso hasta recomponer su visión un poco distorsionada. Al salir el baño estaba nublado por un vapor intenso, secó el cuerpo comprendiendo lo bien que sentaba hacerlo. Vistió ropa cómoda y holgada pulcramente doblada de la anterior vez en donde hizo la colada hasta plancharla; pantalón grande de algodón abrigado, medias con lunares, camiseta gris como su estado ese día junto con un suéter negro con botones brillantes.
Al mirar viejas fotos recordaba cuando transitaba esos bajos en el camino por la ropa usada, prefería prendas grandes y muy gastadas antes de arreglarse con jeans o zapatos, camisas o chaquetas. La ropa podía insinuar mucho más que simples palabras, las cuales serían ignoradas por otros o entraban por un oído para salir por el otro.
Comió el desayuno colocado pulcramente en distintos recipientes con un poco más de entusiasmo, agradeció al chef particular por su presencia y la comida. Ese tipo merecía el cielo si se lo preguntaban. Tipeó un mensaje al encontrar su móvil contra una esquina sobre la mesada: Gracias por la comida y por quedarte. Lamento si estuviste incomodo. Hubiera agregado algo como "fuiste uno de los pocos que se quedó hasta el final" o por el estilo pero daba vergüenza importante. Se abstuvo sobre agregar algo más, enviándolo y dejando salir a sus mascotas por un momento al patio mientras dejaba todo en el lavavajillas a programar el día siguiente. Una vez sus perros urgieron en ganas por entrar se dirigieron los cuatro hasta la cama, habiendo cerrado puertas y ventanas, durmió hasta el día siguiente levantándose solamente para ir a trabajar.
Al menos tenía una pizca energética más ese lunes.
La muy jodida no paraba, sin dudas no bastaba con interrumpir lo que parecía una noche tranquila en su casa asquerosa donde probablemente estaba mirando la tele o algo por el estilo. Esa imbécil necesitaba aprender un poco más de modales y dejar de jugar a ser un superhéroe para vengar a alguien muerto o lo que fuera, no sabía en lo que se estaba metiendo y aún así mostraba señales de seguir. Ahora resultaba que sus jefes máximos descubrieron una nueva intromisión acerca de un caso ocurrido en Holanda hacía ya años, cliqueando en distintos archivos correspondientes con quienes le daban de comer a ella como también amenazando su estilo de vida.
A quien obedecía no le estaría gustando mucho su tardanza pero perdonó la primera falla, juró por todos los cielos que no dejaría que algo así se repitiera y este se vio complacido por sus palabras, concediéndole una nueva oportunidad sin ir más lejos que una leve advertencia. Era una buena empleada, siempre se caracterizó por ser alguien eficiente en su trabajo, varios casos anteriores respaldaban sus palabras. Y ahora la zorra esa con tendencias suicidas parecía querer más dolor, se ve que su principal fuente de alimento era una buena cucharada dolorosa.
Creyó que asustándola podría lograr algo importante, golpeando su puerta con un agente bastante bueno como para camuflarse bien con un tejado y haciendo ruidos extraños cuando se suponía dormida lograrían frenarla. ¡Jesús! Estuvo alrededor de dos horas esperando al amaine del tráfico como también la hora de la cena en todo el vecindario para poder moverse a sus anchas, inclusive volvió al puto vicio dejado hacía tiempo tan solo por hacer la espera más solidaria con su paciencia. Lastima no haberse dado cuenta sobre el puto filtro perdido, creyó haberlo depositado en su bolsillo en el pantalón negro pero se le saltó sin siquiera notarlo. Suerte haber portado guantes ni haberlo usado; su vicio consistía en usar una boquilla larga, detestaba el olor en sus manos cesada la consumición del cilindro.
Se aseguraron no dejar muchas huellas más que las propias a un calzado, sin embargo este era comercial y apostaba a que más de medio millón de ciudadanos tenía calzado similar. Hoy en día hasta los raperos más famosos, estrellas del trap como también cantantes pop usaban ese tipo de botas estilo militarista en color cuero; si se ponían quisquillosos con quien quiera que iniciara una búsqueda por ellos deberían recorrer al menos cien millones de individuos distintos.
Esa vez no fallaría en dejarle un buen susto en la boca, lo tenía todo planeado: compraría un arma mucho más potente a la ya poseída. Tendría que investigar horarios de entrada y salida para lograr formular un buen accionar, un memorable susto para la maldita puta. Ahora debería pasar por un momento de espera largo para infundirle calma hasta devolverle la sensación de tranquilidad al salir. Así funcionaban con sus enemigos en auge, los dejaban confiarse sobre una aparente seguridad al moverse por sus calles o vecindarios hasta que un día volvían a atacar.
Si no entendían por las buenas sería por las malas; si el susto leve no funcionaba escalaban en nivel hasta ya amenazar su vida por completo, o intentar un secuestro con probables amputaciones. Cortar falanges se le hacía divertido porque las victimas hacían expresiones, peticiones ridículas, a cambio de conservar un cachito de dedo.
Recordaba la última vez donde intentaron investigarlos hasta la escalada de su jefe a donde estaba ahora; una mujer con su familia fueron masacrados al no haber concebido la importancia de sus vidas en ningún momento, ella solamente dio la orden a que sus lacayos dispararan. El hombre en cuestión llegó a la residencia descubriendo los cadáveres colgando de las paredes, enganchados por sus cuellos con sogas gruesas luego de colocar un buen clavo grueso casi de vía en una pared. La escena en sí fue muy grotesca, el pobre tipo no pudo soportar la vista justo cuando volvieron a verse cara a cara. Lo ayudó a ponerse el arma en la sien para luego apretar el gatillo.
La residencia ardió en un incendio programado por "una tubería del termo tanque funcionando mal" y con ella toda evidencia. Así es como se eliminaba el peligro, todo en un fin de semana medio agitado para luego volver a figurar al otro imbécil que su trabajo como niñera finalizó.
Si quería lograr una calidad superior a la media en sustos debería hacer una pequeña "subida en calidad" de varias armas en su arsenal. No es que fueran malas o estuvieran tan gastadas por viejas encomiendas que ya no servían, nada por el estilo, solamente deseaba sentir el hermoso peso de un nuevo rifle de francotirador en sus manos justo cuando estuviera por cumplir el trabajo. Su adorado M40 debería ver a un hermano un poco más nuevo como su contrincante, la versión M40A5 suponía sería lo mejor; podría agregarle un hermoso silenciador para lograr un mejor uso de este. ¿O debería probar un Barrett M82? Demasiadas opciones le daban unas mariposas indecibles en su estomago.
Su estrategia para lograr una buena y creíble treta contra la metiche debía ser precisa, usar algo muy doloroso para obligarla a cesar su intromisión. ¿Usar uno de sus amigos? Si probaba suerte con quienes tenía contacto de muchos años requeriría trabajar en convencerlos sobre estar bajo un peligro inminente. Detestaba hacerlo pero ese Winters podría ser la única persona a usar. Los veía demasiado juntos como para considerarse mutuamente amigos, si no se acostaban a la altura actual del partido... Al elevar el reporte debería subrayar la idea sobre no herirlo porque sus jefes se volverían locos si no podían extraer hasta la última gota de información, o sería corrida de su empleo y hasta perseguida. Su vida no correría riesgos por la ajena.
«Es buena carnada. Andan como chicle, seguro que funcionará a la perfección.»
Probablemente azuzar los fantasmas sobre perder a alguien podría funcionar de maravilla. Gracias a la internet como al estudio de psicólogos y psiquiatras con una seguridad mediocre. Comenzar a mostrar indicios de peligro, señales sobre una inminente tragedia en Winters para despertar en la zorra los demonios; luego, al encontrarse demasiado histérica podrían proceder con un especialista en psicología para "convencerla" sobre acabar su entrometimiento. Así se ahorrarían un baño de sangre innecesario con el objetivo numero dos para la compañía.
Eso haría, decidió mientras apagaba el cigarrillo con la suela de su bota abrigada hasta casi las rodillas, mirando fijamente todas las salidas posibles del edificio cuando la ciudad ya dormía. Tenían al menos cuatro formas de huir, dos daban hacia la calle por lo cual sería un buen lugar a atacar. Iluminada por una farola cercana su peluca rojiza lucía casi como fuego bullente, suerte por haber gastado mucho más en una cantidad creíble de cabello falso logrando pasar aún más desapercibida. «Todo saldrá bien y no tendremos porqué preocuparnos a futuro. Se podrá continuar trabajando sin interrupciones en la próxima arma definitiva.» Pues para eso trabajaban, ¿no?
El mundo claramente necesitaba más Chelsea Vickers y menos Loretta Travis; por suerte ya existía una como para llorar por buen tiempo. Finalizada su inspección preliminar para comenzar a hacer un borrador bien preciso sobre su futuro accionar, movilizó sus piernas calle arriba, pasearía un poco hasta encontrar un bar donde refugiarse momentáneamente con una buena medida de Whisky y quizá hasta robarle las pertenencias a un pobre incauto. ¿Cuánto tiempo aconteció desde la última cartera robada? ¿El ultimo apartamento revuelto?
Comenzó a robar dinero de sus compañeros en la escuela siendo detectada varias veces por los mismos, tuvieron que trasladarla a otros centros educativos por las constantes expulsiones por hurto. Pero fue mejorando a medida que transcurrían los años, llegó hasta robar un estéreo perteneciente al director en su tercera escuela; luego cambió su enfoque al cumplir los quince. Se le dio bien con muchos incautos pervertidos en búsqueda de una jovencita "inexperta" o "inocente" a la cual llevarse a la cama. Le ofrecían un trago para relajar el ambiente, ella lo aceptaba para luego pedir otra cosa; los tipos siempre caían en su truco sobre juguetes sexuales o lo que fuera, predecible hasta la medula. Vertía polvos mágicos en los otros recipientes y cuando volvían brindaban alegres por un sexo atrevido sin ataduras. Media hora pasaba, los idiotas caían rendidos a una terrible somnolencia; dos horas tenía para hurgar, decidir y ejecutar. A veces salía con treinta minutos extra para escabullirse por las calles cambiando sus prendas velozmente así no era reconocida.
Su mayor logro fue en uno de los mejores clubes en la ciudad donde nació con un viejo imbécil con más de cincuenta años, se creyó muy macho al arrastrarla hasta la habitación del cabello e intentar abusarla. Ella fue mejor al darle una buena paliza y llevarse parte de una caja fuerte en un bolso aparte. Se encargó con el tiempo en localizarlo para luego neutralizarlo. Se creyó lo suficientemente impune como para comenzar una cacería contra la chica que se llevó más de diez mil grandes, fue más lista al ejecutarlo luego de que pidiera perdón sobre sus rodillas llorando a mares. Patearle la espalda para obligarlo a recostar y dar ese disparo silencioso fue divertido.
Dejó de recordar los momentos buenos cuando no estaba tan hasta el cuello con sus empleadores actuales y no tuviera la mitad de sus nombres siendo buscados por la policía. Ingresó en un bar bastante cutre con solo cinco personas como clientes, sentándose en una mesa solitaria apta para dos personas. Pidió su bebida favorita con algo para rebajar el efecto en su estomago, las papas con queso cheddar sin dudas tenían potencial. Sacó una libreta del interior de su gabardina color hueso, comenzando a garabatear varias ideas; pros y contras, lados buenos y malos sobre un movimiento u otro. A lo lejos un tío medio joven le echaba el ojo tan obvio que no evitó guardar la libreta e indicarle al mesero sobre un trago dedicado al mirón por su cuenta.
Tendría una víctima esa noche muy atractiva. Esperaba encontrar cosas de valor en su casa. Sentó su delgado trasero en la misma mesa invocando sus poderes carismáticos y logrando hacerlo caer poco a poco en su tela de araña.
«Pobre incauto. Cae tan fácil como todos. »
Con suerte para todos los involucrados Chelsea fue recuperando poco a poco la salud mental, aún se mostraba un poco distante o triste en ciertas ocasiones pero lograba manejarlo mejor. Trataba salir una vez al día aunque fuera a dar una caminata alrededor de su manzana para no perder la costumbre de ser activa, en varias ocasiones Ethan se mostró interesado en acompañarle. El clima fue amainando su crudeza por la proximidad al veintiuno de marzo, la primavera llegó con un impactante olor a flores en plena explosión, trayendo un poco más de alegría a quien odiaba el clima frio. Ahora su amiga podía pasar un par de horas más fuera de la cama intentando recuperar su vida, sin embargo siempre estaba mensajeando pidiéndole si evitaba presionarse. Estaba logrando mucho en el tiempo esperado con su medicación, excederse sería quemar parte del proceso adquirido demasiado rápido y daba cierto temor no saber qué podría acontecer después.
Le gustaba su compañía, la risa discreta retornando, pasar charlando un buen rato sobre temas variados, siempre obteniendo una respuesta con tintes sarcásticos. También le agradaba la idea sobre ser una fuente de seguridad (lo dijo su amiga obligándolo a derretirse por dentro) si algo malo volvía a suceder. Chelsea deseaba devolverle el favor en cualquier manera posible ya que su amigo lo merecía, pensaba en adquirirle una camiseta con cuello redondo o una de punto en colores suaves para el próximo verano. Con una camisa ganaría el favor pero detestaba esa prenda, lástima que cuando usaba una negra con el cuello medio abierto se veía demasiado atractivo.
Su amiga fue trabajando con su equipo profesional acerca de su alimentación como salud mental, con la psicóloga fue tratando muchos puntos acerca del "caballero con camisa brillante" quien le salvó esa fatídica velada. La doctora Black volvía a recalcar la importancia sobre trabajar en los fantasmas tan presentes por las viejas relaciones vividas, cómo no todos los hombres se comportaban así de mal; hasta llegó a preguntarle qué sentía exactamente recibiendo un "no tengo idea y me asusta descubrirlo" por su paciente. ¿Por qué? Quizá porque realmente podía ser querida en la forma correcta, no utilizada o maltratada para obtener ego; costaba trabajo hacerse la idea sobre ser válida para el amor masculino más allá de una relación amistosa. La licenciada volvía sobre los raíles ya recorridos recordándole que primero debería conseguir estar en paz con su pasado para poder disfrutar el presente y futuro.
¿Cómo hacerlo cuando tu ex parece volver a tu vida cuando estabas descubriendo sentimientos hacia otro hombre? Misteriosos "me gusta" en sus fotos más recientes, se lo "encontraba por casualidad" caminando por el centro cuando se le apetecía un helado, lo veía rondar el pasillo donde trabajaba con frecuencia. No podía excusarse diciendo que iría a ver a su madre ya que Sandy trabajaba en otro edificio, otra planta.
La vida podía jugarle pasadas horrendas, decidió al tomarse un café con su amigo quien súbitamente pidió una ensalada a las cuatro de la tarde, percatándose cómo todo podría volver a comenzar. ¿Estaba preparada para abrir sus sentimientos a un tercero? No solo se burló por comer pollo tan tarde cuando podría ser considerado "horario de una merienda o tentempié" sino que recibió con buena gana comentarios no despectivos o hasta incitando a reírse aún más. Ethan encontró un pequeño trozo de cartílago en el pollo al dar un mordisco enorme, soltando el cubierto para cogerse el lado facial dolido; la cara fue tan graciosa que casi se atraganta con su taza blanca con un delicioso capuchino, no solo no se enojó sino que hasta volvió a fingir comerse uno para entretenerla.
¿Qué más señal necesitaba? Quizá la señal al verse en el espejo y poder decirse a sí misma "yo confío en mis decisiones, puedo hacerlo y merezco hacerlo".
Aún recordaba sentirse terriblemente atrapada por la relación anterior, no lograba olvidar ese sentimiento desesperanzador al verse atorada sin lograr cortar el maleficio generado por quien parloteaba "amarla". ¿Acaso encerrarla en una habitación para que no vaya a una fiesta con sus amigos era amor? ¿Gritarle si algo salía mal por la culpa ajena algo correcto? ¿Romper un par de platos porque deseaba tener un tiempo a solas? Tiempos oscuros con sexo no disfrutado porque "si no lo hacía su pareja se ofendía o amenazaba con romper". Joe la tuvo cogida por el cuello mucho tiempo conociendo sus peores miedos; quizá la usaba como forma de expiar sus propios pecados o dolor interno. Algún día se vería lo suficientemente cómoda como para contar el sufrimiento completo a su amigo, mientras tanto este trataba lo imposible por levantar el ánimo.
Ethan detestaba los miércoles después del almuerzo cuando algún subordinado suyo se aparecía con más trabajo del necesario, o con dos discos extraíbles de treinta y dos gigabytes en información para corregir o resolver. Todo marchaba bien en términos de seguridad pero el papeleo a llenar por todos los huecos posibles molestaba. Era como una picadura de mosquito: al principio la podías ver y sentirte medio incomodo, luego comenzaba el infierno al intentar pasar por esa transición hasta el punto donde la roncha desaparecía. Quizá la analogía no era la correcta como para describir su situación pero la noche anterior descubrió la vuelta de los mosquitos en su cuarto al verse picado por uno en el dorso de la mano izquierda. Se rascaba incontrolablemente, irritado porque ahora se estaría lastimando de más.
Trataba de no mirar mucho la maldita roncha porque recordaba a los insectos asesinos de Marguerite, quienes lo picaron hasta casi matarlo con el dolor subsiguiente; de no haber sido por un conocimiento mediocre en curaciones y haber dispuesto con todos los elementos necesarios hubiera muerto. La forma en que se desarrollaba la protuberancia en la mano era idéntica aunque con un tamaño más reducido; no importaba porque lo devolvía hasta ese preciso instante donde desconocía si viviría para ver un nuevo amanecer.
«Chelsea tuvo razón cuando lo dijo, fui un idiota por haberme metido sin más.» En su defensa no tenía un punto de señal para invocar a las autoridades, también deseaba saber desesperadamente si ella seguía con vida... Desgraciadamente sí y arruinó la suya. Casi pierde una mano, una pierna y su vida, todo por meterse como un imbécil creyéndose superhéroe a rescatar una "princesa" malagradecida. «No más mancillarme por esto; ya pasó, queda atrás en un triste capitulo de mi vida y ahora estoy en otra cosa. Trabajando, por ejemplo.»
Esa mañana se despertó algo confundido, somnoliento en demasía junto con un malestar gástrico intenso. No parecía ser nada grave pero la jornada no acabó aún por lo que debería estar atento a cualquier cambio. ¿Ya se rascó la comezón originada por semejante abultamiento en la piel? ¿Podía estar haciéndose cada vez más grande sin su consentimiento? «Mierda, creo que me estoy perdiendo.» Perdiendo probablemente no, sino otra cosa aún peor.
¿Cuánto temor desarrolló a repetir esos aterradores momentos? Ciertamente vivía pendiente por si otra vez debía echarse en el suelo en posición fetal a intentar volver al mundo lucido. Su equipo psiquiátrico luego del desastre en Luisiana le recomendaron afrontarlo sin temor, pero a ellos claramente no se les cerraba la garganta o tenían el corazón acelerado como si estuviera corriendo la carrera más importante. Seguro lo decían por su bien, sin embargo él también tomaba excesivas precauciones para no volver a experimentar otro ataque de ansiedad, pánico o como quisieran llamarle. Los odiaba, cortaban un día común y corriente por la mitad para introducirse como un maldito agente biológico dispuesto a cagarlo todo.
Debería dejar esos pensamientos a un lado para volver a centrarse con suma prioridad en la maldita pantalla, pero la comezón no se marchaba. Volvió a rascarse, al volver la mirada ahora sentía cómo la habitación disminuyó un poco la luz. ¿Estaba psicótico? No, la habitación bajó en luminosidad, eso era verdad; fuera el día estaba parcialmente nublado y probablemente eso fue lo que aconteció: una nube se puso en la trayectoria solar justo sobre el edificio opacando la luz diurna y haciéndolo sentir como si las paredes estuvieran contrayéndose.
¿Las paredes se acercaban a su silla? ¿Acaso el aire se volvió más denso e imposible por respirar? Estaba empezando a sudar a mares, la frente comenzó a formar gotas saladas que caerían. Debía calmarse, continuar con su vida como siempre hacía y se prometió hacer. ¿Hacía más calor? ¿Más frio? ¿Algo aprisionaba su pecho? Mierda, ahora el corazón comenzó a jugarle una mala pasada; su vista poco a poco se oscureció más y no se percató estar balbuceando cosas sin sentido al dejarse caer de su silla para sorpresa de sus compañeros, quienes no sabían qué carajos hacer o lo que estaba pasando.
«Me voy a morir. ¡Me voy a morir!» Irracional porque se encontraba en una oficina segura rodeada por dos personas casi con seguridad poseían conocimientos sobre cómo defenderse; no importaba: su vida aparentaba estar en riesgo. Un ataque al corazón, sus vías respiratorias estrangulándose por sí solas, una fuerza invisible intentando alejarlo del mundo de los vivos por cualquier razón válida. Sus manos comenzaron a perder fuerza mientras comenzaba a sentir un hormigueo horrible, le daba vueltas el mundo.
Se hiperventilaba tratando de obtener alguna bocanada nueva para llevar a su cerebro, las sensaciones se asemejaban mucho a cuando estuvo al punto máximo en descargas de adrenalina en la casa Baker. Levantó sus rodillas sin percatarse siquiera, rascaba con las uñas el suelo en madera clara como un animal asustado; Orlando se arrodilló inmediatamente a su lado viendo a un jefe con el rostro rojizo, ojos llorosos y sudando a mares, Edwin entró en un estado desesperante por no saber cómo ayudarlo propiamente. Deberían pedir asistencia a alguien más, quien fuera y conociera la manera perfecta en la cual ayudarlo. ¿Quién estaba lo suficientemente cerca de la oficina que hubiera sufrido algún episodio similar? Todo el edificio uno ya que allí los altos cargos combatieron a capa y espada durante muchos años, viendo cosas terribles que quitaban el aliento o podían matarlos con tan solo tocarlos.
¿Y del cuarto edificio? Gente con empleo oficinista que rara vez salían al campo a luchar como los veteranos. No más tiempo para decidir, se dijo, Edwin salió disparado en una sola dirección sin siquiera comenzar a preguntarse si la persona en cuestión se encontraba allí o estaba libre como para asistir a Ethan; sabiendo la historia entre esos dos seguramente volaría a la velocidad de la luz por resolver cualquier inconveniente con su "amigo". Ed viró en la esquina introduciéndose a la mini oficina como un rayo, la chica miraba atentamente a la pantalla para cambiar su foco de atención en el desesperado joven. Su ceño miraba hacia abajo con una mano cubriéndole la boca, parecía no entender o intentar deshuesar un problema muy grande visto en la pantalla.
El hombre hablaba rápido sin lograr ser entendido por la otra parte, Chelsea creía que perdió la chaveta irremediablemente o algo grave estaba pasando.
—Habla despacio que estoy trabajando y mi cerebro está frito, carajo —pidió disgustada por semejante locura—. ¿Qué pasa?
—Ethan creo que está sufriendo un ataque de pánico. Necesita ayuda y nosotros no tenemos idea cómo actuar.
Sin dudas no era tan difícil asistir a una persona con ejercicios de respiración controlada o algo, otra posibilidad podía ser estar allí hasta que la crisis fuera perdiendo fuerza. Siempre le pasaba e intentaba ayudarse por su cuenta, pero al menos debería haber un conocimiento general en las distintas formas en las cuales se podría concentrar las personas ajenas para ayudar a quien lo padecía. Una deuda pendiente sin duda alguna era la salud mental en varios frentes, no solo en su trabajo.
Se levantó olvidando cualquier relación mental anterior, los inútiles en ese piso no podrían ayudar a su amigo. Juzgaba muy ardua pero así se le formulaba en el cerebro. Salió veloz con Edwin pisándole los talones, entrando de lleno en la oficina en la cual Orlando hacía un pésimo trabajo pidiéndole "que se calmara". Pedirle a una persona sintiéndose como si lo fueran a matar en segundos que se calmara era como echar gasolina a un incendio "intentando apagarlo". Lo echó hacia un costado arrodillándose frente a su amigo quien no podía mantener la mirada fija en un solo lado. Al muchacho del cabello azabache le irritó a sobremanera el brusco apartón por parte de la zorrita Vickers, reclamando a viva voz sobre su trabajo mal hecho.
—Tu idea solo aviva las cosas, idiota —replicó furiosa.
— ¿Y tú que sabes?
—Sé cómo tratar con esto porque lidio con ello, imbécil. Si tienes una mejor idea que no sea decirle "cálmate" dímela ahora para que la aplique, o una píldora mágica.
Estaba por replicar cuando Ed lo interrumpió aún más molesto, pidiéndole dejarle hacer las cosas. Él lo reconocía: jamás tuvo que lidiar con eso sin embargo se sintió más dolido por la forma poco amigable para ayudar al hombre en pleno proceso de derrumbe. Esa estúpida no podía andar corriendo por la vida empujando al resto solo porque "sabía más". Idéntica a su madre por donde intentaras mirarlo. Obviamente la castaña actuó pésimo pero en esas situaciones la rapidez era clave para aliviar el malestar sufrido por el padeciente.
—Carajo, compañero —murmuró acomodándose en su lugar; cogió sus manos en forma dulce. ¿Así se veía ella cuando Jill ayudó a soportar sus ataques? Nunca preguntó al respecto—. Bien: escúchame Ethan. Es hora de respirar para que esto acabe. Lo que sientes es atemorizante, pero no es peligroso. Estás a salvo en un lugar custodiado agentes responsables.
Aferró su agarre a las manos delicadas con uñas pintadas en negro, lucía fresca con un poco de base y arreglos a algunas imperfecciones. Chelsea canalizaba su energía positiva en verlo a los ojos e intentando infundirle valor.
—Sigue mi voz, no estás donde crees estar. Ahora inhala y exhala. —respiración rítmica, funcionaba en muchos niveles—. Vamos de nuevo...
Lo intentaba, su cabeza todavía parecía hackeada por esa terrible sensación a estar cerca al deceso. La presión en su caja torácica aumentaba en vez de disminuir. Odiaba ser víctima así, caer como mosca a las garras enormes pertenecientes a su monstruo particular; la debilidad, irracionalidad, todo mezclado en un coctel peligroso que solo transcurría en su mente. Sentía nauseas como si hubiese ingerido un alimento caduco, el terror a perecer se acrecentaba a ritmos más desesperados que su propio corazón, quien latía tan fuerte pareciendo salirse de su pecho en cualquier momento. «Inhala, exhala. Otra vez: inhala, exhala...»
—Lo haces fantástico. Sigue mi voz: inhala, exhala. Tranquilo, no muy profundo.
El sudor corría por sus sienes, las palmas aferradas a su amiga se asemejaban a una piscina; debería estar dándole asco pero allí se quedaba: arrodillada con mirada preocupada en sus ojos ámbar. Temblaba como una hoja mecida por la brisa otoñal. Frente suyo se mantuvieron firmes en su labor.
—No pasa nada, estás a salvo. Concéntrate en tu respiración. Mantente en el presente.
Decir o pensar frases cortas no era en particular su estilo, pero funcionaba con ella como también era lo especificado por los especialistas en cuanto ayuda a un tercero. Mantuvo los brazos en su dirección pese a sentir el cansancio por no tener una superficie estable en la cual apoyarlos, pasado un tiempo el agarre estremecedor por lo fuerte fue disminuyendo su intensidad. Continuó respirando al unísono reduciendo lo estresante, el control en semejante situación alarmante para el padeciente resultaba fundamental. La castaña se preguntaba si su amigo fue recetado con algo para tratar este asunto, si lo era y decidía salteársela por iniciativa propia patearía su culo cuando se recuperara (o pasaran unos días desde el acontecimiento).
Detestaba vivir tomando píldoras o siguiendo de cerca las recetas médicas, si ayudaba con si vida no las dejaría. ¿Era tan común en el sexo masculino hacer todo lo contrario?
También requería saber qué pudo haber sido el disparador en este nuevo ataque, y si en la oficina podía encontrar una forma para no volver a repetirlo. Sus compañeros seguían con atención la escena mientras oían con alegría la calma que poco a poco se asentaba. Esos dos deberían aprender un poco en opinión de Chelsea.
La cresta terrorífica pasó para dejar una sensación incomoda en su estomago mientras repetía las ordenes calmas vocalizadas por su amiga, sosteniéndole la mirada hasta volver a sentirse incomodo con tan solo dirigir sus ojos a los de ella. Supo estar ya en calma cuando volvió a rondarle un sentimiento especial al encontrarse en compañía suya, dio tres apretones suaves para indicarle un agradecimiento al tiempo que suspiraba para enderezarse en el suelo. Dolían varios músculos por la posición incómoda, nada que un par de ibuprofenos no pudieran tratar. Ya completamente calmado la castaña se incorporó con una sonrisa alegre para luego tenderle las manos, él aceptó el ofrecimiento y Chelsea endureció la postura en sus pies para funcionar como traba. Con un impulso Ethan pudo levantarse, sacudiéndose luego el trasero quitándose cualquier residuo o trocito de papel pegado.
Sus compañeros se aproximaron con cautela al ser reprendidos por Chelsea justo cuando desearon abalanzarse a preguntar si todo estaba en orden. La mano discreta en alto pidiendo prudencia junto con el ceño fruncido dio a entender sobre el requerimiento de calma. Nadie deseaba volver a experimentar el pánico anterior...
—Gracias. —Tosió un par de veces hasta lograr sacarse el último resto ansioso, dirigiéndose a su amiga para pasar a sus colegas—. A ustedes también por intentarlo.
—Mierda hombre, va a ser mejor que aprendamos a ayudarte.
—Bueno... Eso no es lo mejor para decir en este instante —reprendió con sutileza la joven—. Y de nada. Cualquier cosa estoy a tu disposición. Volveré a mi puesto, si me necesitan no duden en volver a por mí.
—Lo haré —replicó Ed, viéndola marchar para centrar su atención en el jefe—. Lo siento, no sabía qué hacer y entré en pánico.
—Creo que los dos estábamos igual —asintió Or corriéndose parte del cabello sobre su lado izquierdo—. Tiene razón, debería haber sabido cómo manejar la situación.
—No es su culpa, yo tampoco esperaba tener todo esto esta tarde. —se sujetaba gracias a la mesa, si pudiera se recostaría un buen rato—. Son cosas que suceden, no se sientan culpables.
— ¿Sucede a menudo? —preguntó Ed.
—Ya no es tanto como al principio, aunque vuelven cuando menos lo espero.
— ¿Te medican por eso? —dijo Orlando.
«Si pero no quiero tomar las píldoras por... ¿iniciativa personal? » Duro como una roca, no entraría en razón ni porque sus padres lo reprendieran idéntico a cuando niño.
—Sí, lo hacen. —Pausa donde aprovechó a sentarse, rascando sin mirar las picaduras—. No hablemos más sobre esto, necesito volver al ritmo de una vez.
Ambos caballeros restantes asintieron comprensivos dejándolo tranquilo aunque con la mirada constante puesta sobre el por cualquier otro inconveniente. Ethan estuvo un rato sentado sin poder continuar con su trabajo, dejó pasar una hora hasta sentir aquella sensación tan irritante en el estomago esfumarse, retornando a su labor en silencio. Esa tarde solo deseó tener su cama allí con él para dormir.
Para ser honesta consigo misma verlo así en el suelo removió cosas. La sensación era indescriptible, solo experimentadas cuando logró... ¿Qué logró? Ah, su cabeza era un amasijo de sentimientos encontrados por tantas mierdas acontecidas, ya ni siquiera podía hacer una descripción medio detallada para referirse a lo transcurrido en su cabeza. Comer con él le resultaba agradable, lograba confirmar que si almorzaban separados experimentaba cierto malestar por la lejanía. Uf... ¿Otra vez? Hablaban prácticamente a diario, se mensajeaban cuando ambos trabajaban pese a estar un par de metros separados y si llegaba a cortarse el ritmo se preguntaba constantemente si algo sucedía.
Dos sábados posteriores al evento fueron a pasear por el parque cuando lo propuso, creyó que estaría ocupado o fuera del estado pero al responder su llamado dijo "estaba despatarrado en el sofá. Me pongo ropa decente y saldré en camino". No tardó en esperarlo, fue la inversa: estuvo allí cinco minutos antes; reconoció su retraso porque sus perros deseaban salir para luego entrar a cagar su puta habitación, los corrió fuera para luego limpiar el desastre. Rosie estaba rebelde por su tiempo fuera de casa, probablemente el can olía otra fragancia en su dueña y deseaba demostrar su malestar defecando sobre el jodido piso. O estaba imaginando todo para poner otra excusa en el comportamiento indecente en su perra, todo por negligencia suya.
Al llegar lo vio de pie en la acera registrando su móvil, llamó su atención a unos metros de distancia y lo vio sonreír. ¿Sintió un retorcimiento feliz? Sus entrañas hablaron por la sonrisa dedicada, sin dudas podía significar algunas cosas; debería explicarse a sí misma o al menos plantearse ciertos interrogantes por la cercanía a su amigo. Compartieron un rato agradable caminando entre las familias con niños correteando por su alrededor, perros jugando entre ellos o con sus amos y deportistas quienes aprovechaban una tarde soleada con temperaturas agradables.
Fue especial para su corazón porque amaba la primavera y su significado, pasear entre plantas florecidas liberando su perfume adorable para ser captado por sus fosas nasales, en compañía con una persona con la cual se sentía cómoda como si lo conociera de años. «El renacer de la vida.»
Se enteró algunos detalles familiares como la existencia de sobrinos, vio fotos de ellos cuando bebés y recientes también, obligándola a pensar en lo afortunado que era por tener hermanos. Aprendió también sobre su abuela súper longeva junto con el negocio materno con los caballos, las fotos como el señalamiento de la página web galardonada por varios sitios ecuestres famosos detallaba el buen trabajo realizado por la señora Winters. Le preguntó si sabía montar uno, recibiendo como respuesta "si no lo hiciera creo que me descontaría de su herencia". Acogió más información sobre el señor Winters padre junto con la actividad desempeñada en Austin y Taylor. Ethan recalcó lo insoportable que era tener un padre así, tan estructurado, pero el hombre lo apoyaba en sus proyectos después de años con un hijo amante por la informática. Ganó por cansancio, según reconoció.
Su acompañante habló sobre su casa a unas manzanas de la de sus padres, un solo piso con dos habitaciones disponibles; un jardín confortable y un patio enorme para ver a sus sobrinos empujarse o correr. ¿No se deshizo de la propiedad? El rubio dijo que le era difícil desprenderse de esos recuerdos en donde creía ser una persona distinta, además sobre tener millones más; su diploma, varias fotografías con sus compañeros y amigos, trofeos de la escuela en informática; confesó el gusto sobre tener un lugar al cual volver que no fuera la casa paternal. Desde su independencia no le apetecía en lo mas mínimo retornar a donde creció e instalarse allí.
Su madre deseó su vuelta a la casa una vez divorciado, haberlo hecho hubiera sido una derrota a su capacidad independentista al igual que adultez. Rechazó la oferta amablemente, Marion no lo tomó en la mejor forma, y la oferta laboral fue el mejor salvavidas jamás arrojado.
Su amigo hizo una leve mención a sus sentimientos encontrados por el tema con su ex pareja, ahora en cualquier lado del globo aunque demasiado cerca. Rememoró verbalmente el profundo amor tenido a esa mujer, los tiempos en los cuales creyó ser correspondido para hablar sobre la superficie de la boda. Según sus palabras sus amigos se encontraban profundamente reacios a aparecer por las diferencias obvias entre estos con su ex, se presentaron allí porque al fin y al cabo era su amigo quien se casaba, él estuvo en muchas para los otros cuatro y estos no quisieron herirlo. Fue notificado sobre esto en una pelea con quien se llamaba Blake y otro amigo llamado Raymond.
—No los culpo —admitió con las manos en los bolsillos de su pantalón vaquero negro mirando hacia la puesta del sol—, hubiera hecho lo mismo si alguno de ellos estuviera al borde de arruinar su vida con una mujer o hombre desmerecedor, ciego como estuve. Duele admitirlo pero es así. —Miró con sus ojos verdes a los suyos, cubiertos por un brillo especial—. Soy terrible como amistad aunque intento aprender con sus palabras.
—A mi forma de ver las cosas y hacer un balance sobre cómo nos llevamos te informo que es todo lo contrario, eres una persona de oro, ojalá te hubiese conocido cuando estaba todavía en el antro asqueroso. —El de ojos verdes miró extrañado—. La secundaria, así la llamo yo. Te quieren mucho, es normal semejante preocupación por ti. Tú estabas enamorado y es normal haber renunciado a oírlos pese a que decían la verdad.
«Nos pasó a todos en algún momento.»
—Los conozco desde que entré en primer grado, a Montgomery le faltaban unos dientes cuando se acercó y me preguntó si deseaba ser su amigo. Nos cubrimos cuando armábamos jaleo en algún lado o si uno deseaba irse de parranda sin autorización. —Suspiró cansado—. Quisieron protegerme ante toda esta mierda, sin embargo yo me metí de lleno aún más por esa mujer.
—Mira el lado bueno: no estarías en una ciudad tan bonita o hubieras tenido tantas aventuras de no haber sido por eso.
En realidad le hubiese gustado confesar que si atendía ese llamado de atención no se habrían conocido. Eso habría sido algo terrible.
— ¿Aventuras? ¿Quieres que mi vida sea un programa para la tele?
—Harías un hermoso trabajo como consultor de modas o sobre cómo poner paños fríos cuando la información critica en un lugar está en peligro. ¿Se te ocurre otra cosa?
Trabajo de modas... Ethan se la quedó mirando con ojos entrecerrados, media sonrisa hacia la derecha.
— ¿Enserio uso tantas camisas?
—Más de las necesarias. No te sientan mal, pero hombre, hay como tres prendas más en los catálogos masculinos para usar.
Soltó una risotada; le invitó a comer un algodón helado, rechazó el ofrecimiento por sus preferencias hacia una manzana verde acaramelada. Le devolvió el dinero después de discutirle como seis minutos seguidos frente al vendedor con su carrito colorido, emanando un sabroso olor a palomitas recién hechas, que sí se lo debía y no lo hacía menos hombre aceptarlo. Ganó, no le gustaba perder en algo tan justo. Se despidieron cuando el sol ya estaba bajo, claridad diurna disolviéndose en un cielo despejado oscuro, y Chelsea en la puerta de su casa. Fue Ethan quien discutió otros seis minutos por acompañarla, recalcándole sobre "no disminuir su independencia" si se cercioraba de que su amiga llegaba bien a la residencia en cuestión.
Ya en la cama tapada con toda la ropa de cama y una manta extra por si le daba "fresquito", sus mascotas a sus pies refregando su espalda en la mullida superficie, reflexionaba pacientemente sobre lo acontecido ese día. Tableta electrónica en mano junto con su lápiz especial para dibujo digital en la extremidad hábil, componiendo trazo a trazo el regalo especial para el rubio.
¿Le gustaba? Ethan tenía encanto, sus modales tan "anticuados" podían ser considerados un punto a considerar. Era rubio con ojos verdes, una combinación acorde a sus gustos respecto a los caballeros; siempre tuvo cierta predilección por los ojos claros o el cabello en cuestión, seguramente lo desarrolló cuando Liam cortó con ella como forma de obtener venganza por su terrible actitud. Su ex poseía los rasgos indicados y Dennis gozaba compartir el placer sexual con Chelsea porque cumplía los requisitos, sin contar con ser otro soporte fundamental y soltero.
Una noche mientras buscaba en la web una fotografía de su amigo con el rostro levemente inclinado hacia la izquierda, se encontró en el perfil de Ana una muy peculiar, veraniega como pocas en donde Ethan llevaba el torso al descubierto riéndose de algo fuera del rango capturado. Nunca lo vio lucir tan natural posando con otras personas, ni hablar sobre la figura tan esbelta. Le gustó lo visto, mucho; hizo captura de pantalla a la foto para mantenerla como referencia facial a la hora de continuar con su arte, quizá algo más.
Gracias a esa sonrisa cálida ante el comentario o broma ajena pudo dormir a gusto.
Paró su desvarío de repente porque francamente necesitaba concentrarse en su trabajo, junto con atender algunos trabajos prácticos y teóricos para entregar en el transcurso de la semana. Si seguía así, como todos los días desde que Ethan le cocinó un desayuno, mancillándose a la trata de analizar sus sentimientos o lo que fuere respecto a su amigo, reprobaría todo o sería corrida de su trabajo. «Y no podemos dejar ganar a la vieja Emily, ¿no Chelsea?» Darle el gusto estaba completamente fuera de discusión por más intentos en reconstruir la relación. Algo obtenido de la vieja científica era los imparables deseos por tener la razón o ganar a toda costa en lo que fuera.
Respecto a algunas cosas involucradas al trabajo (porque volver a desvariar era su fuerte, permanecer concentrado estaba demasiado sobrevalorado) descubrió cosas interesantes en cuanto a los casos a investigar por privado; ¿cuántas mutaciones víricas podía apreciar allí? Las correspondientes a los casos investigados, igualmente todos tenían una condición en común y todo gracias a los investigadores víricos en las distintas bases donde se analizaron las muestras. Originalmente partían de una cepa aislada modificada genéticamente para producir ciertas mutaciones; no sabía si adrede fueron modificadas ciertas bases nitrogenadas en la mono hélice del ARN por un tercero o desarrollaban mutaciones cada cierto margen temporal, ya que tenían la habilidad propia para hacerlo cuando se les viniera en gana.
Allí se apreciaban, según los expertos en la materia, un simple cambio como una doble repetición o cambiar cierta base por otra, formando otra molécula completamente distinta que inyectada en el cuerpo de un individuo sano podía producir cosas monstruosas. Ver gente con ocho extremidades, ojos salidos cual caracol o una trillonada de pelos como si fueran una tarántula entraban en su categoría de "okey, esto se va más allá de lo raro". «Si estos tipos de virus, como el T, generan este tipo de mutaciones quiere decir una cosa: los desarrollan en un nivel base, esparcen por medio de algún tipo de mecanismo para luego estudiar los resultados.» En el caso anterior a Luisiana pudo apreciar un organismo agresivo muy similar a las masas deformes negras con colmillos gigantes y garras afiladísimas.
Estos no tenían las mismas proporciones casi armónicas en sus cuerpos con extremidades en similitud de tamaños, todo lo contrario. Recordaba haber visto algo similar (al menos oído) por parte de Claire, mejor amiga de su hermana, quien relató una vez en una cena como unos monstruos provenientes de la rama Tyrant tenían un brazo enorme contra uno excesivamente deforme y pequeño. Siendo joven pero con una capacidad imaginativa enorme los vio en su mente, pensando lo feo que debería haber sido enfrentarse a uno. Las formas en las cuales se movían le erizaron todos los vellos posibles. Tenía cierto pudor por ese ser quien no debió existir, dándole un escalofrío que recorrió toda la extensión de su cuerpo sentado intentando volver a escribir.
Todo lo analizado la noche anterior le dio una leve esperanza a relacionar las cosas, junto con una incertidumbre por saber cómo continuaría a partir de ese punto. Si todos esos agentes tenían una relación en común podía asegurar nuevamente tener una proliferación "no accidental", en contraparte con las palabras elevadas en el informe escrito, por quien lo desarrolló para probar sus efectos dentro de comunidades reducidas en todos los estados donde ocurrió. « ¿Chris no había comentado sobre él mismo haber sido parte de un experimento?» Si, lo hizo cuando cumplió cierta edad gracias a que él sí mantenía la palabra a la hora de hacer promesas. Según lo dicho él fue conejillo de indias en la mansión donde descubrió lo podrido que podía estar el mundo, sus capacidades para sobrevivir fueron puestas a prueba contra monstruos inimaginables tan solo para recopilar información.
«Si ya hay un antecedente en una compañía determinada nadie impide a otra hacer lo mismo.»
Era norma en el círculo científico eso de experimentar y comprobar los efectos. ¿Qué la medicina no se basaba en ese principio? Cualquier producto era probado en "sujetos de prueba" fuera lo que fuera, luego si se veía una reacción desfavorable se descontinuaba la rama o intentaban mejorarlo para ser apto para consumo humano. « ¿En este caso para consumo de quién? ¿Quién puede haber pedido esto?» El cuestionamiento correcto era "¿quién no lo hizo así?"
Suspiró frustrada por perder finalmente el único cabo conector con su labor, cogiendo luego de su bolso (en un bolsillo pequeño en donde depositaba su móvil) una memoria extraíble; conectó el USB en el puerto correspondiente abriendo un documento, leyendo nuevamente sus propias hipótesis sobre todo lo recopilado intentando llegar a otra posible conclusión. Progresó bastante respecto a las dos primeras hojas preliminares: ahora contaba con al menos setenta y dos en puras especulaciones con muchos puntos repetidos con distintas palabras, otros contradiciéndose entre sí para finalmente llegar a los que estaban escritos en color azul, quienes quedarían marcados como la más aceptable.
Tenía trabajo para hacer junto con tarea universitaria en espera, la condenada investigación aparte iba más adelantada. « ¿Por qué no puedo depositar mi inspiración en lo que verdaderamente importa? Bueno, esto sí vale la pena darle una olfateada pero mierda, debería prestarle atención a otras cosas por igual.» En la memoria, abierta en la carpeta detrás del documento de texto, poseía una lista de las cosas a comprar para llenar su despensa; la última vez en la cual puso un pie en un supermercado databa de varias semanas antes a caer en su valle, ahora escaseaba en su casa hasta los cubos de azúcar.
Iba por la segunda línea a la cual estaría por colocarle el color azul cuando su móvil comenzó a emitir la musiquilla feliz notificando una llamada entrante. No conocía el remitente por lo cual albergaba ciertos reparos a la hora de hablar. ¿Por qué? Probablemente fuera una jodida encuesta o una llamada para pasarse a otro proveedor de servicios celulares; detestaba los últimos porque la compañía que siempre estaba llamándola era particularmente insistente para luego transformarse en atrevidos. Presionó el botón verde colocándoselo en la oreja mientras extraía la memoria en forma brusca (su padre le hubiera gritado "¿¡Qué haces, animal de Dios!?" por no haberle indicado al sistema expulsarlo antes), depositándola de vuelta en su bolso.
— ¿Aló? —nunca respondía una llamada así, solo formalmente con quienes podían molestarla. La compañía telefónica como ejemplo.
Una risa se dejó oír, ondas sonoras conformando el tono inconfundible a una mujer; ¿qué carajo le pasaba al mundo un martes en la tarde? Su sexto sentido entró en alerta al oír esas ondas pidiéndole mucha cautela al mantener una conversación. Quien estuviera parecía ser no muy amistoso.
— ¿Qué tal, pequeña chismosa? ¿Ya te cansaste de meter las manos donde no te corresponde?
Oh si, vio todo el movimiento en la computadora gracias a un programa espía indetectable por cualquier antivirus o amante de la informática como ese desagradable estúpido. ¿Él no siempre refregaba conocer mucho sobre todo lo referente a las computadoras? Eso no lo vio venir ni tampoco sabía sobre su existencia. Jaque mate.
— ¿Con quien desea hablar? —una corriente eléctrica descendió por su columna al oír la sorna en la voz. Esta se rió como si hubiera contado la mejor broma posible.
—Con nadie más que tu, estúpida. No me hagas perder más mí tiempo y vayamos a lo que nos compete, ¿quieres?
«Carajo. Carajo, mierda y me cago en mi suerte.»
—No si no sé con quién mierda tengo el gusto. ¿No tienes mejores cosas para hacer?
Iba a colgar pero un impulso irracional no le permitió mover el brazo, quedándose con el móvil pegado a la oreja oyendo a la otra mujer. Ese tono sonaba demasiado familiar en su humilde opinión...
—Oh, sí. Las tengo y lo peor es que estoy mirándolas desde un sitio muy elevado. Tengo una duda que me urge preguntarte: ¿ya te lo tiraste? Tienes carita de ser braga fácil.
Frunció el ceño más confundida que antes. Un sitio muy elevado podía ser una azotea en cualquier edificio de la ciudad; se alejó de la ventana pese a conocer que detrás del lugar donde trabajaba no había más que tierra abierta por pertenecer al campo de entrenamiento. ¿Se tiró a quien exactamente? Tenía sexo con una persona fija en el último tiempo pero... « ¿Habla de quien creó?» ¿Y por qué preguntaba eso? ¿Acaso no tenía derecho a vivir su sexualidad como se le diera la regalada gana?
— ¿Me tiré a quien? Habla más claro que estoy trabajando.
—No te hagas la idiota, querida. Tú sabes bien por qué tengo el disgusto de hablar contigo y sobre quién hablo. El otro día en el parque se veían tan lindos los dos caminando a la par, se miraban como si se amaran desde la eternidad anterior.
«Carajo, me están persiguiendo demasiado...»
—Claramente no es de tu incumbencia saber algo así privado. Ve al grano.
Tentar a quien tenía al teléfono para enojarse no sería una gran idea porque no sabía dónde o qué planeaba. Sin dudas evitarlo no podía porque si no se delataría todo el nerviosismo en auge, y lo que menos ansiaba era mostrarse miedosa contra su enemiga al teléfono.
—Ay cariño, no te pongas tan mal. Solamente estoy aquí al teléfono para recomendarte algo. —Rió mirando a su objetivo por la mirilla de su nuevo rifle. Los colores oscuros le sentaban bastante bien, debía reconocerlo pese a no querer saber más nada con él—. Escúchame con atención, maldita zorra: deja de hurgar donde no tienes que hacerlo porque tú y todos tus conocidos se van a morir. ¿Queda claro? ¿O lo repito en algún idioma distinto?
—Tienen mucho para ocultar, de eso no hay duda. Quieren silenciar al único ser humano valiente quien quiere ponerlos tras las rejas. Les conviene mantenerme con miedo para poder limpiarse las manos manchadas de sangre.
—Sí, obviamente. No necesitamos justicieros anónimos quienes vengan a fastidiar todo el trabajo duro de años. ¿Crees que perdonaremos tu patética vida solo porque tienes veintitantos años? Matamos niños más jóvenes que tú, nada nos impide ir a por nuestro objetivo.
¿Matar niños? ¡Solo un autentico hijo de puta podía hacer una cosa semejante! La imagen de sus primos pequeños o Connor cayeron en su mente como una cascada, cubiertos de sangre por las amenazas cumplidas... Su sangre se congeló.
— ¡Son unos bastardos malnacidos de mierda! ¡Se creen muy impunes pero juro por dios hacer lo imposible por detenerlos!
La mujer amenazante suspiró fingiendo cansancio. Claramente no entendería ni porque le pusieran un lanzacohetes en la puta cabeza; tendría que tomar medidas mucho más drásticas ahora.
—Ah, realmente no voy a lamentar lo que voy a hacer ahora. Tú te lo buscaste, buena suerte reparando todo el puto caos.
Colgó dejándole con las palabras atoradas en la garganta. Maldita sea... ¡Ahora hasta la llamaban! ¡Maldita mujer, maldita su suerte y que jodieran la hora en la cual decidió meterse en esa causa! La justicia podía ser satisfactoria para quienes necesitaban un poco de esperanza en cuanto a un crimen, pero costaba mucho y en demasiadas ocasiones tardaba más de la cuenta. Quedó con los ojos clavados en la pantalla, desapareció la interface para llamadas devolviéndole a los iconos en el inicio, con su foto personal con Connor en brazos el día en que nació. Seguía sin poder creerlo aunque debía comenzar a guardar sus cosas e irse con cuidado. Esa vez nadie llamaría a su oficina cuando solo faltaban unos minutos para irse porque...
Una notificación en forma de tira apareció de otro número desconocido, adjunto a esto informaba la recepción de una fotografía. Abrió esta actividad para ver una vista previa borrosa de algo que parecían palitos en colores oscuros, al descargarla su corazón salió corriendo al tiempo en el que ahogaba un grito. Ethan parecía charlar con Parker tranquilamente en el estacionamiento, a metros de su auto y con el bolso laboral colgado de su hombro. Hacía segundos nada más recibió esa toma por lo cual deberían seguir allí charlando como si nada, totalmente ajenos al peligro en alturas. No esperó ningún segundo más echándose a la carrera por el pasillo con el móvil en la mano, los tacones cuadrados sin dudas no funcionaban para correr pero no tenía otra opción; si no se movía rápido dos inocentes personas serían victimas de su inconsciencia, su avaricia por tener finalmente algo con lo cual cerrar un dolor personal.
Chocó con algunas personas en el pasillo quienes gritaban "¡Fíjate!" en alusión a su embestida con el hombro; desvió su rumbo cuando analizó en cuestión de milésimas sobre el elevador siendo muy lento como para salvarlos, bajando a trompicones por las escaleras intentando no caerse. Los pulmones no daban abasto pero se esforzó más aún desesperada por no quedarse sin tiempo, al llegar a la planta baja volvió a correr sin fijarse siquiera en su respiración jadeante y la quemazón interna; volvió a tropezar con empleados quienes ya se marchaban sin tener en cuenta la posibilidad de ser alcanzados por quien estaba en una azotea mirando como enferma.
Empujó la puerta doble hacia fuera atravesado el patio lo más rápido que sus piernas podían, alcanzó a guardar su inseparable amigo en el bolsillo interno de la camisa para tener sus extremidades disponibles ante cualquier eventualidad; al llegar a la entrada del primer edificio pidió a los gritos a un caballero con cabello negro no cerrarla, agradeció rápidamente desapareciendo por el pasillo endiablada por llegar a la puta entrada. No tenía tarjeta de acceso a las instalaciones, reflexionó cuando viró por las entrañas en la edificación al borde de entrar al corredor principal conectado con la calle; su madre la vio correr hacia la puerta sin saber qué pensar o decir, llamó su atención en vano porque la joven no prestaba más que a la distancia faltante como también en la presunción respecto a sus más apreciados seres siendo heridos por su culpa.
No podría aguantar verlos sangrar hasta morir, con un agujero en la cabeza o heridos en cualquier grado. Debía ir más rápido, defenderlos hasta quedarse sin fuerzas para socorrerlos. Dar su vida por ellos si fuera completamente necesario.
Al llegar a la entrada con los correspondientes molinetes posó sus manos sobre los pilares donde sostenían el dispositivo del paso, ejerciendo una fuerza hacia arriba logrando sostener su peso, levantando las piernas y con agilidad saltar hacia el otro lado; las mujeres allí sentadas la miraron boca abierta por la prisa junto con la forma en la cual evadió todo control. Cogió el pomo empujándolo hacia fuera, una vez abierta permitiéndole el paso salió veloz a la vida citadina en plena vuelta a casa; estaba cerca... Podía sentir la presión en las entrañas por la proximidad.
Corrió por la acera rodeando la pared del estacionamiento, ingresando a este mismo desencajada por la incertidumbre viendo como aquellos dos soltaban carcajadas por algún comentario o chiste entre ellos. ¿Cuándo se volvieron tan buenos amigos?
La presión sobre sus hombros se elevó al verlos bien, alcanzó la posición de los caballeros prácticamente sin aire; le miraron confundidos por semejante prisa o agotamiento. Nunca estuvo tan agradecida con cualquier deidad conocida por la humanidad como en ese momento. Alcanzó al rubio cogiéndolo por los brazos preguntándole si estaba bien, este replicó sobre estar perfecto aunque dudó sobre si ella lo estaba. Le costaba hablar por la falta de aire gracias a la carrera, sus pies gritaban por tener el calzado incorrecto a la hora de desplazarse a velocidad, sus músculos en general requerirían una buena dosis de oxigeno y estiramientos para evitar unos cuantos calambres.
Quería abrazarlos por encontrarlos tan sanos, felices y a salvo.
— ¿Realmente todo está tan bien como dices? —cuestionó el castaño bastante desconcertado—. Cielo, parece que diste una carrera desde la zona de entrenamiento hasta aquí.
— ¡Mierda! Algo así... No pude evitarlo, tuve una leve sensación que algo podría pasar y... —intentó ahogar la incipiente tos—. Enserio: me alegro muchísimo verlos bien.
Les sonrió como pudo. Ethan miró a Parker con los mismos ojos escépticos ante sus palabras. Chelsea jamás haría algo así por mero capricho. Si estaba así de exhausta por alguna razón era.
—Chelsea, ¿qué tal si nos dices la verdad? —Recomendó el de ojos verdes—. ¿Sucede algo tan grave?
—Oh, no es nada... Tan solo —su voz se vio cortada por un impacto en el suelo haciendo saltar el polvo junto con fragmentos duros.
Los tres se pusieron en alerta máxima, Parker desenfundando su arma personal como método para defenderse. Ethan miró en todas direcciones tratando de discernir la fuente emisora con ojos entrecerrados, la luz solar se filtraba por entre las edificaciones gracias a un día soleado. Chelsea sintió como toda alarma interna se disparaba a mirar hacia el costado derecho, directo a la azotea de los edificios. Sudaba profusamente gracias a la ola nerviosa golpeando contra el muelle corporal; levantó la vista hacia un edificio el cual alojaba una panadería, lavandería como también una tienda que vendía chucherías a quienes paseaban de otros estados o turistas internacionales.
El sonido de los disparos no estaba presente en el aire luego del primero, la gente continuaba su paseo tranquilo por la acera estando completamente ajenos a la detonación del rifle; al llegar la vista hacia la parte final de la edificación pudo ver un pequeño bulto con apariencia a persona virando el arma hacia otra dirección un poco desviada, su sentido femenino le dijo inmediatamente "va a por él". Su estomago se cerró por el terror, juntó toda la energía en su cuerpo desviándola hacia su parte superior, tuvo suerte de empujarlo con toda la fuerza posible haciéndole caer en el suelo duro sobre su trasero, impidiendo que la bala recientemente liberada impactara de lleno en su torso; quedó en el suelo al tiempo en el cual Parker apuntaba en la dirección correcta.
Se echó hacia atrás buscando aire como un pez fuera del agua, su cuerpo cambió la dirección.
No tuvo más tiempo para reaccionar cuando ahora un balazo dio con su estomago, atravesando parte de la musculatura y depositándose en el fondo, dañando una extensa parte y ocasionando una perdida grande de sangre. Al sentir como el dolor la atravesaba estando aún incrédula mentalmente, emitió un paso hacia atrás mirando hacia abajo, como la sangre empapaba su ropa con velocidad cayendo al piso; una mujer en la vereda contigua a la suya contempló el macabro espectáculo lanzando un grito y alertando al resto. Otra detonación más fue directo a su pecho, justo en la zona donde poseía la primera marca brutal por el fuego enemigo de Wesker; su celular detuvo el impacto contra el pulmón resistiendo el proyectil como un campeón, pese a ser muy fino en comparación con un chaleco antibalas.
Saltaron trozos metálicos raspando y clavándose en la carne humana, la batería no estalló en una bola de fuego por milagro o casualidad (como fue atravesada por el centro toda forma de ignición se detuvo al no hacer contacto un electrón con otro); el impacto fue lo suficientemente fuerte como para lanzarla contra el suelo cual muñeca de trapo, los dos caballeros se desesperaron al ver la velocidad en la cual perdía liquido vital. Parker contraatacó al lugar del cual observó los destellos al dispararse el rifle, pero Loretta fue lo suficientemente rápida para apartarse y salvarse de un tiro certero a la cabeza, sintiendo una satisfacción incomparable por darle a la mocosa metiche.
Esa zorra podría curarse gracias a la intervención materna, no se moriría o eso creía. Podría dispararle unos meses después y volvería a regenerar su cuerpo. Al fin y al cabo conocía la forma en la cual el virus actuaba, no distaba mucho a lo documentado en cualquier infectado con el T disuelto por la vacuna correspondiente, el G y más agentes. Estaría bien por un tiempo hasta que decidiera volver a por ella.
Chelsea no lloraba, boqueaba por tener aire mientras intentaba aplicar presión a la zona abierta emanando sangre a borbotones; requería con urgencia que le extirparan la bala para poder regenerarse, de lo contrario moriría desangrada. Ethan entró en acción, abalanzándose sobre el cuerpo intentando apartarle las manos a conciencia de lo hecho por la joven, su padre fue por el otro lado levantando su cabeza para hacerle reposar sobre su chaqueta gruesa. Cogió el móvil marcando a emergencias completamente fuera de sí recibiendo como respuesta que en diez minutos podían llegar, con suerte si el trafico en dirección al lugar se comportaba mejor; su hija probablemente no contaba con ese valioso tiempo por lo que ordenó a Ethan coger sus piernas mientras desbloqueaba su coche a la distancia y la introducían en el asiento trasero.
Hombre con canas al volante, manos ensangrentadas con la misma sangre otra vez, gritaba ordenes consciente de que quien acompañaría en ese viaje desesperado aún trataba de acomodar a su hija; Ethan se sentó tras el asiento del acompañante apretando con fuerza la herida, procurando no sentir la sangre escapándose por entre sus dedos. Chelsea balbuceaba cosas, tosía y escupía sangre al suelo del automotor. Viró su vista enfocándola directamente a su amigo quien inconscientemente acariciaba la sien derecha infundiéndole valor. ¿Valor? Ella no necesitaba nada de eso, ya sintió ese dolor en el pasado, solo quería llegar al maldito hospital.
Depositó su mano temblorosa sobre la que se aferraba firme a su carne como muestra del profundo aprecio hacia su persona. El coche viraba bruscamente en una dirección y en la otra, usando el claxon en forma recurrente, pañuelo blanco indicando prisa por la ventanilla del conductor pidiendo paso.
«Al menos Ethan está bien...», pensó justo en el momento donde algunos puntos negros se presentaron en su campo de visión.
El acompañante vio como sus ojos comenzaban a flaquear, sus parpados temblaban hacia abajo en búsqueda de unirse con el otro par. ¡No! ¡No debía dormirse! Comunicó a Parker asustado ante esa reacción, este gritó a su hija que se mantuviera despierta, no dejara ganar al "cansancio" por la falta de sangre oxigenada al cerebro. Ésta pareció no hacerle caso cuando parpadeó dejando sus ojos cerrados milésimas de segundo, abriéndolos mirando directo a las orbes verdes.
— ¡Chelsea no te duermas! —imploró su amigo tratando de mantener firme la voz; ¿y si se moría en sus brazos? La posibilidad destrozaba su corazón—. ¡Mantente conmigo!
—Ella... Nos mira. —Dijo con todas las fuerzas acumuladas restantes—. Ten mucho cuidado, irá por ti también.
Volvió a flaquear, Ethan apretó con más fuerza la herida. ¿Quién exactamente?
— ¡No! ¡No te vayas! —Rogó tratando de mantener las lágrimas en sus ojos; debía lanzarse por si era su última oportunidad, la última vez donde hablar—. ¡Te quiero!
— ¡Atrevido! ¡Revisando refrigerador ajeno como si nada! —Exclamó Brad sonando demasiado dramático para el gusto de Forest—. ¡Me voy a encargar de darle una diarrea bíblica mañana!
—Cálmate ya, carajo. No me obligues a pegarte un balazo en la cabeza —exclamó hastiado su viejo compañero castaño; Cece meneó la cabeza ante semejante hastío de persona.
—Ya estoy muerto, cabrón —dijo devolviéndole una mirada fría—. No ganarás nada.
— ¿Siempre fue así de insoportable? —Acotó desde atrás la mujer— ¡Jesús! ¡De haber estado vivo Chelsea hubiera pedido dos años antes la emancipación!
Forest trató de reprimir una sonrisa enorme ante el comentario tan verdadero, fue peor cuando el aludido hizo la típica cara ofendida Vickers. No aguantó más y soltó una carcajada fantasmal. Brad lo dejó pasar esa vez, honestamente ese tema ya no lo mosqueaba como antes. Fue difícil aceptar como su familia se fue al demonio pero lo hizo, al final las cosas mejoraron para todos con tal difícil decisión. Cece se sentó sobre el borde en la mesa mirando a quien metía la carne directo al microondas, desviando su mirada hacia las posaderas poco pomposas.
—Tiene poco culo. Chelsea no tiene un gusto tan refinado. Dennis las tiene mejores.
—Ese Atkins tiene unas nalgas preciosas —convino el muchacho con un tatuaje en su hombro izquierdo. Brad lo miró extrañado—. Hombre, uno puede mirar lo que se le antoje.
— ¿Sabían que por lo que leí en su expediente le gusta jugar con los clítoris ajenos? Quizá nuestra niña no salga perdiendo después de todo.
— ¿Te refieres que si Chelsea finalmente le corresponde a Winters va a masturbarla como se debe? ¡Brad va a estar feliz porque alguien sí hace lo que Chelsea merece! ¡Esa es nuestra heroína Cece!
Brad cubrió sus oídos para diversión del otro par, quien no podía parar de reírse por esa acción tan infantil.
