Esperar a que ella saliera de la habitación nunca le había parecido tan largo y sofocante como hasta ese momento.
Priscilla estaba con él, sentada a su lado y sujetándole la mano con fuerza.
Esa era una de aquellas situaciones en las que su pequeña hija mostraba una valentía y un carácter poco común para una nena de su edad. Porky nunca había tenido tanto valor como ella, quien llevaba muy bien la vida que le había tocado: Una bisabuela en el hospital, una madre que la había abandonado, un padre ausente por el trabajo y un entorno de pobreza y marginación. Priscilla merecía más que eso.
Lola salió al pasillo con ellos, con la mirada baja, sujetando un expediente entre sus manos. Sin importar cuantas veces hubiera dado malas noticias trabajando, no podía evitar que todo le afectara también.
-Lo lamento- dijo casi en susurro.
Su hija se aferró a él, sin decir nada o hacer otro movimiento.
Definitivamente Priscilla merecía más que eso.
La droga comenzaba a hacer efecto. Se sentía relajado y capaz de todo. Bugs, por su parte, se sentó con ligereza sobre la mesita que aun tenia lineas de coca, mirándolo con expresión somnolienta y sonriendo.
-No vayas a tirar eso, idiota. Me costó caro.- refunfuño, a pesar de que en ese momento no habría podido enojarse por nada. Era fantástico.
-Para lo débil que es, mejor te la hubieran regalado
-Si no te gusta, puedes comprar tus propias drogas
-Mejor cállate- contestó Bugs con una risita tonta- y házmelo. Estoy excitado.
Si desperdiciar ni un segundo, Daffy se acercó a besarle, apoyando sus manos en la mesa y posicionándose en medio de las piernas del otro, restregándole su miembro aún con los pantalones puestos. Entonces la mano en la que Bugs tenia recargado todo su peso resbaló hasta llevarse por delante el polvo blanco y hacer que gran parte cayera al suelo o se quedara pegada a su guante.
-Perdón- se disculpó carcajeándose.
-Imbécil, ahora si me la pagas- No sonó ni la mitad de molesto de lo que quería y en cambio, le ganó la risa floja.
-Pues ven por mi
Bugs se paso la lengua por los dientes de arriba y Daffy supo que esa era su señal. Podía hacer lo que quisiera. Bajándose el pantalón, sacó su miembro y comenzó a masturbarse hasta lograr completamente la erección. No tenia condones en la casa, pero no era necesario. Con Bugs nunca los usaba, ya que las posibilidades de embarazo eran nulas.
-Oye, los hombres no se embarazan ¿Verdad?- dijo sin poder evitarlo. Cuando estaba en ese estado, decía la primer mierda que le pasaba por la cabeza por menos sentido que tuviera. Aunque no era muy diferente en estado normal.
-¿Que clase de pregunta estúpida es esa?
-Es que contigo nada está claro. Para lo que sé, podrías ser una chica.
-Vete a la mierda, Daff- él le mostró el dedo de en medio, quitándose la playera y los pantalones., quedándose en bóxer, para luego acostarse en la mesita sin importarle si aun quedaban restos de coca.
-Ya estoy ahí, y eso no me responde
-Bueno, si pudiera quedar preñado...- dijo, doblando las rodillas para subir los pies a la mesa y separar las piernas, llevándose la enguantada mano dentro de su bóxer azul y empezar a tocar su propio miembro- me encantaría tener tu aborto.
Pasaba que de pronto a Bugs le daba por decir cosas así de raras y no solo cuando se ponían hasta atrás de estupefacientes. A Daffy le causaban gracia, porque nunca se tomaba en serio nada de lo que el otro decía, pero después de enterarse de lo de Wille tal vez debía hacerle más caso. Seguía algo resentido por la situación.
-Eh, ¿Que te traes? Te quedaste muy quieto. ¿Es el efecto que causo en ti?- su voz era susurrante y entrecortada por la creciente excitación, a la vez que el movimiento de su mano en su boxer aumentaba. Su rostro estaba sonrojado y su boca entre abierta. Le ponía. El maldito hijo de puta de Bugs Banney le ponía demasiado.
-Si, me dejas tieso- respondió Daffy con toda sinceridad. De todas maneras su erección lo delataba.- Así que no te diviertas por tu cuenta, cabrón egoísta.
No sabia en realidad si era por la droga o por la vista que tenia de Bunny manoseándose con las piernas abiertas, listo para recibirlo, pero estaba a mil. El calor dominaba cada centímetro de su ser y lo duro de su pene comenzaba a doler. Necesitaba descargar, y el hecho de que el otro hubiese empezado a soltar pequeños gemidos no le ayudaba en nada.
De nuevo se recostó sobre él. Bugs abrió los ojos, saliendo de su propio éxtasis para mirarle fijamente. Tenia las pupilas dilatadas. Había olvidado quitarse el maquillaje de la noche anterior en el cabaré, lo que había terminado por dejarle manchas negras alrededor de los ojos que daban la impresión de que lo habían golpeado, pero también de que había llorado. Daffy deseó hacerle ambas cosas en ese momento. Deseó golpearlo hasta matarlo o al menos hasta que llorara y suplicara piedad. Sin embargo, sabia que ni en sus sueños mas húmedos Bugs haría tal cosa, así que se conformaría con sacarle lagrimas de puro placer.
Besó sus rozados labios; primero con lentitud, de manera superficial e incluso tierna, hasta profundizar y agarrar ritmo, volviéndose apasionado y vigoroso, mordiéndole el labio inferior. La sangre no tardó en emanar, confundiéndose con los restos de pintalabios que aun tenia. Pero al parecer Bugs no lo notó, pues continuaba jadeando por la fricción de su virilidad con la de Daffy. Se levantó un poco, ahora observándole con una expresión tristona que decía con claridad Hazlo de una vez.
A pesar de también sentirse a punto de reventar, para Daffy era más satisfactorio torturar un poco al otro. Aumentó el roce de sus cuerpos. La cara de Bugs se puso de un tono rosa pálido casi inmediatamente y Daffy no pudo evitar darle una lamida en al mejilla, sintiendo su cálido aliento. Se sentía como un caníbal.
Volvió a mirarlo. Esta vez Bunny temblaba por la excitación del contacto. Le puso su enguantada mano en la mejilla y dijo con voz que parecía salida de un abismo:
-Hazlo de una puñetera vez, Duck.
No era nada de lo que aparentaba ser. La palabras exactas de Wille llegaron a su mente de un golpe. Alguien tan sexual, incitante y descarado en un cuerpo que parecía frágil y que le decía que se lo follara poniendo cara de borreguito a medio morir. Era mas de lo que podía soportar.
No quería despegarse de él, así que le desgarró lo que poco que quedaba de ropa con una mano. Pronto su bóxer azul tuvo un gran agujero y Daffy se abrió camino.
-Joder...-susurró Bugs a la primera embestida, aferrándose a los bordes de la mesa
En un instante la habitación se llenó de jadeos roncos y gemidos, hasta que decidieron trasladarse al colchón en el suelo y entonces el chirrido de los muelles se unió a sus sonidos de placer. Bugs tenia sus piernas enganchadas a la cintura de Daffy, haciendo la penetración mas profunda.
-¡Mierda! Estoy apunto de acabar
-Hazlo dentro de mí
-Pero...
-Hagamoslo juntos
El ritmo se volvió mas intenso, mas furioso, pero no era Daffy quien tenia el control. Era Bugs. Movía sus caderas de arriba a abajo, autopenetrandose, con los ojos fuertemente cerrados y la sangre de su labio resbalando hasta su ojo izquierdo. Eso, junto a su cabello desparramado en la cama a todas direcciones, le hacían parecer digno de un cuadro. Su simple rostro en estado normal ya le hacia parecer una pintura de Boticelli.
Tenia la cabeza echada hacia atrás por la excitación. Su cuello, sudoroso, de piel fina y casi translucida, mostraba las lineas azul pálido de sus venas. La carne de esa zona lucía tan delicada...moviéndose con el vaivén de su respiración. Daffy pasó sus dedos con suavidad sobre la apenas notable manzana de Adán del otro y, sin pensarlo, atrapó el delgado cuello entre su poderosa mano y luego con ambas. Bugs atinó a tomar una bocanada de aire, sin poner resistencia. Las embestidas se volvieron brutales, mas bien bestiales, que para el menor fueron como puñaladas de éxtasis.
Un poco más.
Duck apretó con fuerza.
Solo un poco mas y todo habría acabado.
Bugs tosió.
Entonces, sus lascivos sonidos se vieron interrumpidos por un ruido que provenía del otro lado de la casa. No, un ruido no, sino varios golpes seguidos. Alguien llamaba a la puerta principal.
Y una mierda. Quienquiera que fuera, que esperara o que se jodiera. No estaba en condiciones.
-Abre- dijo Bugs. No le salio la voz, pero Daffy pudo leer sus labios. Fue ahí cuando cayó en cuenta de que sus manos seguían fuertemente posicionadas en torno al cuello del otro. Lo soltó de inmediato, dejando dos grandes manchas rojas con la forma exacta de sus manos.
Mas le valía a la persona que estaba en la puerta que fuera de vida o muerte.
Salio del interior de su pareja con brusquedad y se subió los pantalones junto con los calzoncillos. Después de ponerse su característica pañoleta blanca al cuello -una nueva, Bugs no le había devuelto la anterior- salió del cuarto, cruzando la cocina hasta la sala para ver de quien demonios se trataba.
No podía decir que esperaba que fuera Sylvester quien tocaba con tanta insistencia, pero allí estaba, con el aspecto de haber corrido un maratón y una cara de mala hostia muy propia de él. Se notaba que eran familia.
-No tengo todo el maldito día ¿Sabes?- dijo su primo, furioso.
-Ya te podrías haber largado, que me interrumpes. ¿Qué es lo que quieres?
-Nunca haces nada, ¿Que carajos se supone que te interr...- se cortó en cuanto vio a Bugs atravesar la sala y sentarse en el sofá, sin nada mas que un chándal puesto Por un instante el rostro de Sly reflejó profunda repugnancia, para después pasar a estar afligido.- Es la abuela de Porky, Duck.
Su simple mención le cayó a Daffy como un balde de agua fría, llevándose de paso su mal humor y su actitud chulesca. Se había quedado frio, en todos lo sentidos de la palabra, sobre todo considerando lo que estaba haciendo anteriormente.
-¿Acaso ella ya...?- la frase quedo flotando, pero Sylvester captó y se apresuró a responder.
-Aun no, pero ya está en las ultimas. Nos pidió que fuéramos a verla. A todos.
Ese énfasis en el todos no se refería a nadie mas que a él, porque seguramente los demás ya estarían en el hospital en ese momento. Siempre tan leales, los malditos cabrones. Tan buenas personas y Daffy, como siempre, el cruel e insensible que no le interesaba que la anciana muriera. Si, claro, menuda manga de imbéciles.
-De acuerdo. En tres patadas nos vestimos y nos vamos.
Sly puso los ojos como platos al escuchar el "nos", pero no mencionó nada al respecto.
-Vale, espero aquí.
Daffy cerró la puerta, mirando a Bugs tratando de encender un cigarrillo aun sentado en el sofá. Las huellas de manos en su cuello se habían vuelto moratones, el maquillaje seguía corrido y su labio estaba roto, con una pequeña mancha de sangre seca en la comisura.
-Estás en los putos huesos- le soltó de la nada.
-Tal vez, si compraras comida de vez en cuando...-dijo mas distraído que otra cosa. Batallaba con el mechero que no quería encender.
-Podrías hacerlo mejor si te quitaras los guantes-sugirió Daffy
Bugs le lanzó una mirada seria que parecía expresar ¿Es que tú eres idiota?.
-Bueno, yo nada más decía.
Se suponía que debía estar triste, y en parte lo estaba, pero sobre todo, estaba conmovido. Ver a la mayoría de los miembros originales de la pandilla allí reunidos, cada uno con facha de delincuente, de gente de bajos recursos o algunos simplemente aterradores, todos alrededor de la cama de su abuela, en un silencio respetuoso que chocaba con la inconfundible aura de maleantes que cada uno tenia. Parecía que fue apenas ayer cuando, siendo unos niños, se encontraban en la sala de su casa jugando juegos de mesa y esperando las galletas recién preparadas de Nana.
Allí estaba Taz, enorme y salvaje como siempre, Tweety, uno de los medios hermanos de Sylvester, aferrado a Héctor, el otro medio hermano. Pepe, que aunque no conocía a la mujer le había llevado flores. Speedy, Spike y Chester se habían cooperado entre ellos para comprar el féretro. Lola era la única en el grupo que lloraba a lagrima suelta, abrazando a Priscilla. Wille y Ralph se encontraban junto a ellas.
La puerta estaba abierta, por lo que pudo ver a Sylvester aproximarse en el pasillo, seguido por Daffy y Bugs.
Así que Daffy si había decidido hacer acto de presencia.
-Nana, e-e-están todos aquí. Ha-ha-han venido a verte.- le informó Porky con suavidad a la moribunda anciana.
La enfermedad había consumido por completo a aquella mujer que en mejores épocas había sido rechoncha y jovial. Ahora la piel se le pegaba a los huesos y sus ojos, blancos y medio ciegos, los tenia hundidos en sus cuencas. Poco le faltaba para estar tan muerta como parecía. Pero aun así, su rostro pareció iluminarse con una sonrisa carente de dientes cuando escuchó a su nieto, reuniendo sus pocas fuerzas para poder hablar.
-¡Ah, mis niños!- dijo con voz temblorosa y cascada- No tenían que molestarse en venir al lecho de muerte de está vieja bruja.
-No diga eso, Nana. Usted ha sido como una madre para nosotros- dijo Speedy. Los demás asintieron.
A algunos no los conocía lo suficiente como para saber que tanto era verdad esto, pero pocas personas en el barrio tenían la fortuna de tener una familia funcional, así que debía ser cierto. Speedy había sido huérfano de padres al cuidado de la numerosa familia de su primo Slowpoke, casi como vivir en un orfanato como otra de las muchas bocas que alimentar. Solo con Nana había podido probar una comida como dios mandaba, hasta tiempo después, con mucho esfuerzo conseguir su bar y poder retribuirle a la mujer al menos un poco de lo que ella le había dado. Wille y su hermano Ralph se la habían apañado solos desde que su padre murió en un tiroteo y su madre enfermó de gravedad por alcohólica. Nana iba de vez en cuando a visitarlos y asegurarse de que estaban bien, hasta que la situación mejoró.
Todos le debían algo, incluso los que ya no estaban, los que se habían largado de la ciudad o habían sido asesinados. Marvin, Tina, Petunia, Pete, Quique, Rev, Melissa...Todos lo que aun pertenecían o habían pertenecido a la banda de Daffy y Porky. Incluido el mismo Daffy.
Daffy no estaba.
Bugs continuaba ahí, parado detrás de la muchedumbre, distraído por sus propios pensamientos y ajeno a la tragedia, pero Daffy se había ido. Debió haberlo imaginado.
-Oh, bien, pero no se pongan así- empezó la anciana- No es como si fuera la ultima vez que nos veremos. A todos nos llega, a algunos antes que a otros y estoy feliz de saber que me reencontraré con mis muchachos caídos.- Se movió un poco, lo más que podía, para mirara a Coyote.- Willy, cariño, le enviaré tus saludos a Rev.
Él esbozó una ligera sonrisa. Ralph le dio una palmada en la espalda.
-Y a Melissa, mi linda niña- continuó diciendo a nadie en particular. Todos recordaban a Melissa,a pesar de haber muerto joven. La mujer suspiro, cerrando los ojos. Algunos no pudieron evitar dejar caer aunque sea una lagrima.- Pero más que a nadie, estoy feliz de volver a ver a Daffy. Ah...era tan buen niño. Una tragedia lo que le pasó.
Se intercambiaron miradas. La de Porky se cruzó con la de Sylvester y él, encogiéndose de hombros, susurró: "Ya está senil, después de todo", siendo callado por un codazo de Tweety, debido a su falta de tacto.
-Porky, hijito mio, cuida de los muchachos, de Priscilla y de ti mismo. Evita que estos tontos hagan tonterías, pero sobre todo, no las hagas tú. Ah, y cuídate mucho de ese amigo tuyo, Duck, nunca me dio buena espina. Siempre te querré, mi cielo.
Porky se inclinó para besarle la frente.
-Priscilla, a pesar de que estás haciendo todo por no llorar, hazlo. Sé que quieres ser fuerte, pero llorar no te hace débil; sino míralos a ellos, las personas mas fuertes y valientes que ahora mismo están moqueando.- soltó una risa afónica- Sigue como hasta ahora, preciosa. Algún día seras una gran mujer. No seas como tu madre.
La niña escondió el rostro en el regazó de Lola, quien levantó la cabeza al escuchar su nombre en boca de la mujer.
-Lola, gracias por todo, sé que de verdad trataste.- La chica asintió- Gracias a todos ustedes mis niños, a pesar de que mi propio hijo fue una decepción, tuve la oportunidad de criar a mi encantador nieto, a mi hermosisima bisnieta y pasar tiempo con todos ustedes, bola de rufianes. Me han hecho la vieja mas afortunada del mundo. Aunque no te conozco a ti- señaló a Pepe.- Ni a ti. Por cierto, deja de mirarme así.- señaló a Bugs, quien no supo como reaccionar.- Los amo a todos.
Poco a poco, fue quedándose dormida, aun con una sonrisa en su rostro surcado por arrugas. Los únicos sonidos en la habitación eran el llanto de Lola y Priscilla, junto con el bip del electrocardiograma. Cuando este se detuvo, se oyó más de un sollozo.
Porky recibió el pésame de cada uno. Al final tuvieron que regresar a sus ocupadas vidas, prometiendo que ayudarían con el entierro y que la familia Pigg contaba con ellos para lo que fuera. En la habitación solo quedaron Sylvester, Wille, Pepe, Lola, Bugs, Priscilla y Porky. Aún había cierta tensión por lo que había pasado en casa de este ultimo, pero quedó en segundo plano.
-¿Do-do-donde está Daffy?- preguntó Porky, al ver que nadie decía nada.
-Estaba justo detrás de mi. El maldito debió haberse largado- respondió Syl. A pesar de no reconocerlo, su parecido con su primo era inegable. Ambos afrontaban las cosas poniendo su mal humor por delante.
-¿Acaso Monsieur Duck no tenia buena relación con Madame Pigg?- dijo el francés.
-Ah, no tienes idea...
Debía estar triste, como todos allí -con obvias excepciones- pero Nana les había dicho que no lo estuvieran y ella misma se encontraba alegre y dichosa. Había tenido una buena vida y ya había llegado su hora de descansar, por mucho que todos quisieran que fuera eterna. Se había ido tan tranquila, aceptando su destino con una sonrisa, que Porky dio por cerrado el asunto. Le dolía que ella ya no estuviera, pero debía seguir adelante, tal como lo habría querido.
Lo que atravesaba su mente ahora, era lo que le había dicho, pareciendo palabras de una anciana senil, pero que tenia más sentido del que cualquiera hubiera podido adivinar.
Ella creía firmemente que Daffy estaba muerto.
Daffy era tan buen niño. Una tragedia lo que le pasó. Y Cuídate de ese amigo tuyo, Porky.
Nunca le dio buena espina.
¿Que tan cierto era eso?
Oscuridad. Creciendo, adueñándose de su mente y de su cuerpo. No había querido regresar a su casa, por temor a que la oscuridad se lo tragara y las voces volvieran.
Un niño triste.
Tenia el estomago revuelto y su sudor era frio. Sentía el corazón como si de un momento a otro fuera a perforar su pecho.
Un niño llorando.
Temblores. Le costaba trabajo mantenerse en pie. Se recargó en la pared y entonces, sin previo aviso, comenzó a vomitar. Necesitaba sacarse esa opresión en el pecho a como diera lugar.
Un cadáver pudriéndose. Sin carne, sin pelo. Maloliente y lleno de alimañas.
¿Quien era ella? Nadie. Una cobarde mentirosa. Débil, como todos las demás.
¿Quien era él? Nadie. El producto de su arrepentimiento. Un niño invisible. Un monstruo.
Ojala no hubiera tenido este hijo. Ojala no hubiera nacido.
Ya no sentía nada. Ni dolor, ni culpa, ni tristeza, ni miedo. No podía llorar por algo que ya estaba muerto. Ya no importaba.
Se habían ido.
-Amigo, ¿Te sientes bien?- los ruidos reales del mundo los sentía taladrados en su cabeza.
Tomó al sujeto que se había acercado por la camisa y lo estampó contra la pared del callejón.
Cállate, maldita sea. Cállate. Y muérete, justo como ellas.
Hannah, Melissa, Tina, ese sujeto ¿Que diferencia había? Eran todos escoria.
-¡Daffy!- una luz esperanzadora en su corazón. ¿Bugs, eres tú? Ayúdame. Ven y sálvame. Estoy tocando fondo y pronto no podré volver.
No, no era Bugs. Por supuesto que no era él.
Porky se acercó corriendo a apartarlo del hombre desconocido. Este cayó y de manera torpe, trató de levantarse para después huir.
-¿E-e-estás borracho? ¡¿Que o-o-ocurre?!
¿Que diferencia había?
Soltó un golpe al aire, de manera inconsciente. No tan fuerte, pero aun así lo suficiente para derribar a su rechoncho amigo. Entonces se acercaron más personas; las veía como coloridas manchas, sin ninguna ser la mancha gris que estaba buscando. A pesar de saber que la otra persona estaba corriendo, a Daffy le pareció que iba en cámara lenta y que tardaba horas para legar hasta donde él estaba. Hasta que un puño le dio de llano en la boca, sacándolo con brusquedad de su ensoñación. El mundo había regresado a ser corpóreo. Su mente dejaba de estar nublada.
-¡Eres un puto cabrón!- Sylvester gritó, con la mandíbula apretada de pura rabia.- Ni siquiera te presentas a las ultimas palabras de Nana y ahora golpeas a Porky ¡¿Que está mal contigo?! ¡Eres un imbécil y un desalmado!
-¿Ahora te sorprendes?- contestó Daffy sarcástico, sujetándose la barbilla.
-¡Hijo de puta!
-Eso también es verdad.
-Daff, cada vez que pienso que has llegado a las ultimas, siempre logras sorprenderme.- Su primo se quitó el sudor de la frente y continuó, ahora luciendo más decepcionado que molesto.- Suelo pensar que hay una pizca de decencia en ti, a pesar de todo, pero hoy te has pasado. Nana te mencionó y no estabas ahí ni para sostener su mano, después de todo lo que ella ha hecho por ti. Eres un malagradecido.
-Já ¿Y quien eres tú o cualquiera para hablar de decencia?
-¡A eso es a lo que me refiero! ¿Que te hemos hecho nosotros? Nos desprecias y nos odias, nos subestimas, pero Porky aun tiene sitio en su casa para ti y Wille quiere protegerte, Tina quizás hasta te amaba. La verdad es que no te lo mereces.
Ah, había tantas cosas que no merecía y otras tantas que él mismo había cultivado.
-Sylvester, cierra la boca. No tienes ni puta idea.
Syl sonaba como si se hubiera estado guardando todo eso por mucho tiempo, sin embargo, no le daba derecho a meterse en terreno vedado.
-¡Ni de coña! ¡Ya no vas a darme ordenes! No soy Melissa para obedecer todo puto capricho tuyo.
-Callate ya
No tuvo que gritar para hacer que el otro diera un paso hacia atrás, precavido. Aun así siguió hablando, sacando valor hasta debajo de las piedras. Nunca antes había visto esa faceta de él.
-Hubo un tiempo en el que eras indispensable, realmente parte de nosotros, ¿Pero que hiciste? ¡Te largaste a jugar a la guerra! ¡Justo después de lo de Mel!
-Nos estaban reclutando a la fuerza.-¿En verdad acababa de justificarse ante Sylvester?
-¡No es cierto! Todos nos libramos de ello, tú fuiste el único que se largó ¡Tú maldito idiota egoísta!
-Ah, si. Yo soy el egoísta, pero no se te ha ocurrido que pude haber muerto allá.
-Ya te lo dije, fuiste porque quisiste ir. Tal vez...tal vez eras tú quien quería morir en combate.
Se quedó de piedra por un instante, llevándose la mano, sin pensar, a su pañoleta blanca. A la cicatriz debajo de ella.
Mamá, nos vamos a ir todos al infierno.
-¿Por qué me estás diciendo todo esto ahora? ¡¿Es por Nana?! Tú te quedaste hasta el final y pudiste haber tomado su mano en mi lugar. Tienes razón al decir que no soy necesario.
-No es el punto. ¿Por que te fuiste? ¡Ella quería que estuvieras ahí! ¡Quería verte por ultima vez! ¿Por qué no fuiste capaz de acceder a la única petición de una moribunda? ¡¿Por qué te largaste?!
No estaba. Esa ira que estallaba a la menor provocación, que le había ayudado a sobrevivir y construir un imperio no estaba por ningún lado. En su lugar había simple neblina y un vació que le comía por dentro. Desesperación.
-¡Porque me dan asco los muertos, joder!
El semblante de Syl cambio. No lo había dicho con desdén ni como un insulto, pero él obviamente no sabia lo que se escondía detrás de sus palabras. Se abalanzó hacia Daffy, tomándolo por el chaleco.
-¡Idiota, imbécil, maldito, egoísta, infeliz! ¡Nana esta muerta y la desprecias así!- estaba a punto de darle otro puñetazo, conteniéndose al darse repentinamente cuenta de la verdadera situación.- Nana está muerta...
Agachó la cabeza para que Daffy no pudiera ver los gruesos lagrimones que caían por sus mejillas, aferrado todavía a su ropa.
Con que era eso...
Tal vez ahora Sylvester podría comprender aunque sea un poco de su dolor.
.
