Despertó sintiendo un terrible dolor punzante en la zona comprendida entre el epigastrio y el hipocondrio izquierdo, sintiendo una viscosidad producida por su propia sangre. Oyó gritos, sirenas parecidas a las de los equipos sanitarios, ordenes autoritarias para a continuación sentir el repiqueteo del suelo hospitalario bajo su cuerpo. Primero percibió un tirón por sus brazos al sacarla del coche en el cual la transportaron, luego su padre gritando "¡Le dispararon a mi hija!" obligando a toda una congregación enorme medica moverse tras ella, trayendo consigo una camilla junto con otros equipamientos especiales; a continuación perdió la conciencia levemente hasta encontrarse en un quirófano siendo despojada de sus ropas con rapidez, colocándole un intravenoso en su brazo izquierdo, el cual era el bueno para cualquier análisis o vía sanguínea, un respirador siendo preparado.
Odiaba ese aparato por las claras rememoraciones a los traumas antiguos, en las cuales tenía esa mierda plástica atravesándole la boca hasta situarse en algún punto de la garganta. Al momento en que se lo quiso quitar raspó toda la capa interna dejándole un dolor insoportable por varios días. Aunque le salvara la vida otra vez desearía poder disponer otro tipo de oxigenación a su cuerpo durante la intervención quirúrgica. La mascarilla con el gas poseía un olor extraño, como si fuera dulzón, pasando a transformarse en algo particularmente desagradable; conocía el procedimiento tan bien por todas las ocasiones donde entró por emergencia de vida.
Seguro fuera había cientos de personas con cualquier enfermedad respiratoria, gástrica o lo que fuere, pero ella era sin duda alguna un caso considerado como "código rojo" porque trataba de mover las manos femeninas con los ojos cubiertos portando una balanza, sin éxito. Un cirujano especializado a quien conocía gracias a otras intervenciones hablaba con el equipo hematológico, pidiéndole con prisa traer paquetes del grupo 0+ para la paciente. ¿Era una suerte haberse atendido allí desde nacimiento? ¿O que el cirujano se contactara con sus especialistas en términos del puto E? Podía ser.
Una mujer enfundada en un traje especial para cirugía mencionó que la madre estaba esperando fuera con "la cura", el jefe en el lugar indicó dejarle pasar a la sala de preparación.
Quiso incorporarse apenas unos centímetros, el dolor sumándole pares de manos ajenas le impidieron hacerlo. El cuerpo entero se quejaba, sentía la cabeza liviana, intentaba recordar qué sucedió antes pero le era imposible. Todo se encontraba sumergido en una niebla espesa sin esperanzas a disiparse. « ¿Me puedo morir?» pensó al ver la prisa en el personal especializado, años tratando casos de vida o muerte. Si fuera código negro ya podría comenzar a realizar las plegarias, por suerte todavía tenían chances. Una vez la vía intravenosa colocada le instalaron un aparato en el dedo capaz de medir la frecuencia cardíaca junto con la concentración de oxigeno. Conectaron a su entrada una bolsa de plasma junto con otra de suero, sedantes fueron a continuación en su brazo contrario. Al acabar sumaron un litro sanguíneo en el correspondiente grupo, algunas almas generosas cedieron su sangre brindándole una segunda oportunidad.
Dispusieron una bata azulada cubriendo su desnudes, sintiendo frio en ese ambiente estéril.
Trató de comunicarse pero sus ojos comenzaron a ver como el mundo bailaba a su alrededor, las luces brillantes en la sala se le asemejaron a un sol cuando la anestesia comenzó a patear con fuerza, perdió el sentido al escuchar la voz femenina tan presente en su vida pidiendo un espacio especial para depositar el dispositivo refrigerante requerido por las muestras virales.
— ¿Mamá? —balbuceó buscándole, sus orbes se movían casi poseídos hacia todos lados sin encontrar un punto estable.
La cabeza comenzó a dolerle, abrieron su boca con cuidado introduciendo el plástico aséptico transparente.
Lo último que vio fueron los ojos celestes maternos rojizos por el llanto, su boca tapada por un barbijo blanco, cabello cubierto en una cofia verdosa y utilizando el equipo entregado minutos atrás. Acarició su frente con dulzura, Chelsea cayó inconsciente farmacológicamente hablando, con la vida pendiendo de un hilo.
En el instante preciso en el cual Chelsea cayó inconsciente a bordo del vehículo gritó algo a Parker, aunque no podía recordar a ciencia cierta qué demonios fue. Este replicó algo, acelerando la marcha sin perder el uso del claxon contra otros conductores; el menos tiempo del permitido (fueron asistidos por una patrulla al ser detenidos por apenas segundos gracias al exceso de velocidad) aparcaron en la zona especial para emergencias medicas. Ethan fue ayudado por un amable policía con una barriga en crecimiento, este se notificó como oficial Fitzgerald al pedirle si podía sujetar las piernas al subirla a la camilla.
Corrió con el resto del equipo dentro de la sala de urgencias hasta que le impidieron el paso empujando su torso con una mano, dando unos pasos hacia atrás por el impacto entre los dos espacios físicos y viendo como se alejaban a la carrera a los quirófanos.
Parker llegó un poco más lejos, le apartaron antes de llegar a la mitad del recorrido. El hombre permaneció tieso viéndolos alejarse sintiéndose derrotado, como si su labor hubiera sido la peor en toda la historia. No era su culpa, ellos simplemente no supieron ver a futuro ningún incidente.
Para Winters fue muy duro, sentía como una puñalada tras otra en el pecho, el cuerpo humedecido por el líquido carmesí cubriendo sus brazos y parte del atuendo oficinistico.
La gente en la sala lo miraba extraño, observando perdido en dirección donde se habría ido la chica, parado allí con rostro incrédulo, sin paz en su corazón. Los oficiales intercambiaron algunas palabras con el equipo que quedó detrás, atendiendo al resto, donde les notificaron que sería intervenida quirúrgicamente buscando remover el proyectil. Ambos agentes de la ley intentaron aproximársele a hablar pero al verlo en semejante estado tan solo le dieron una palmada en el hombro, alejándose hacia la entrada para notificar a su comisaría sobre retomar sus actividades en la patrulla. Hubiera sido bueno permanecer con él intentando calmarlo, algo en su estado les dio a entender un aislamiento debido.
Sentía como si el mundo a su alrededor fuera una masa difusa compuesta por cientos de objetos físicos, ruidos lejanos y olores sin perfume. Le daba vueltas la cabeza, el olor a hierro lo estaba mareando al punto de sentir enormes deseos por devolver todo lo consumido. Debía ser fuerte por Chelsea, ¿no? Sin embargo no podía en ese instante, le costaría horrores reincorporarse al mundo civilizado así. ¿Pudo haberlo evitado? Él fue uno de los objetivos, porque de no haber sido apartado los roles se hubieran invertido. ¿No prefería ser quien estuviera en esa camilla, dolorido y ensangrentado? Daría su vida a cambio de su seguridad. ¿Necesitaría sangre? Mierda, si supiera el grupo sanguíneo requerido daría sin chistar hasta la mitad de su volumen total. Era sangre A, al fin y al cabo.
Quedó de pie luchando por poner en orden sus pensamientos, fallando sin remedio hasta que vio como una figura parecida a una mole se aproximaba desde la distancia con paso apurado, sin poder denotar las emociones en su rostro. Todo se asemejaba a una nebulosa. Parker se aproximó analizando su rostro desencajado, pudo oírlo alto y claro, entendía y compartía sus emociones. Ahora sí entraba en jaque si su hija permanecía soltera como gritaba ser o si finalmente encontró al masculino ideal.
Si eran pareja sería un gusto tenerlo en la familia, lastima tener que comenzar a aplanar el terreno escabroso llamado Emily.
—Ethan —llamó con un nudo en la garganta; el muchacho lo miró sin comprender, posó sus manos sobre ambas extremidades—. Ethan, ¿me escuchas? —Parecía estar hablando con un robot en stand-by, repitió la operación una vez más para luego sacudirlo—. Vuelve muchacho, no te pierdas allí ahora.
Demandó abofetearlo frente a curiosos, enfermeros yendo y viniendo, los médicos de emergencias llamando a pacientes con diversas dolencias. Finalmentecorrespondió su vista observándolo. Lanzó un soplo rápido cargado de ansiedad volviendo a hablar como un ser humano normal.
—Mierda, ¿estará bien? —dijo en total consternación.
—No lo sé, solo conozco que un colega de Emily intervendrá. Es un buen cirujano, la operó a ella hace unos cinco años atrás —replicó intentando obviar la sangre en sus ropas—. Tengo entendido que llamarán a los especialistas en matera vírica para aportar un plus al asunto.
—Trato de entenderlo todo pero no puedo, ¿quién hizo algo así? ¿Qué motivo tendría para intentar matarla? —cuestionó triste—. ¡Es una locura!
« ¿Serán los mismos de la ultima vez?» misma pregunta se formulaba en Parker.
—Desconozco, pero Chelsea va a tener que desembucharlo todo cuando despierte. Tiene que haber una relación entre porqué llegó con semejante apuro a nosotros y el ataque. —Lo miró interrogando prácticamente su alma—. ¿Tú sabes algo?
«Uf, se demasiado. Pero no sobre esto, Parker. No me cortes a Ethan Junior.»
—Se lo mismo que tú —mintió—, igual me gustaría saberlo todo.
El señor Luciani asintió dubitativo; los dos eran cercanos, seguramente sabía sin embargo por respeto a su hija guardaba silencio. Odiaba cuando los amigos de Chelsea se mantenían reacios a compartir información vital, como si fuera una especie de pacto ancestral. Le recordaba al incomodo silencio al cuestionar a Maysie, Andrew o Dennis sobre qué sucedió entre Joe y Chelsea, años atrás. Nadie respondió en cuanto inquirió porqué ese chico se seguía pasando por su casa, aparecía por el trabajo a charlar con ellos intentando convencerlos de hablar con la joven, haciendo regalos a la familia cuando uno menos se lo esperaba.
—Entonces, Ethan, vamos a tener que buscarlas en unos días.
Una corriente eléctrica descendió por su columna, intentó por todos los medios no delatarse con un temblor incontrolable; decidió pensar en otra cosa pero al estrujar sus palmas entre ellas sintió su piel pegajosa. Necesitaba al menos lavárselas, en especial la izquierda con la cual sostuvo la herida como torniquete… «Carajo, ¿y si tenía una bacteria de esas come carne en mi piel sin saberlo? ¿Le habré pasado algo? » Solo tuvo el típico papeleo hasta antes de irse a casa, o al hospital en una urgencia, previo a salir sintió la necesidad de desinfectarse con sanitizante comercial las manos "refrescando la piel".
Además la probabilidad de haber entrado en contacto con una bacteria poderosísima con franqueza era baja; estaba extenuado gracias al estrés, por ende su mente solía comenzar a divagar.
—Mierda —masculló al tiempo en el cual miraba su cuerpo—. No me había dado cuenta mi estado.
Luciani le dio la razón. La sangre manchando ropa le traía aterradores recuerdos.
— ¿Quieres ir a cambiarte? Yo te llamo.
—Mejor no —decidió dudoso—. Más me vale quedarme por si hay novedades.
—Al menos ve al fregadero para sacártelo de la piel. Hasta dentro de… —miró su muñeca izquierda, el enorme reloj analógico devolvió el tiempo preciso— unas tres horas no creo que digan nada. Comerte la cabeza es lo peor para hacer.
— ¿Y tú? —indagó cogiendo un pañuelo descartable junto con el sanitizante, volcando un poco en este y luego refregándose la piel.
Agarró al castaño con las manos en la masa. ¿Qué haría en vez de quemarse la cabeza? A Ethan le parecía verlo muy calmado. Quizá afrontaba en esa forma el incidente, todos tienen diversas maneras para afrontar una situación tan traumática. A él por ejemplo le estaban dando retorcijones y deseos por gritarle a alguien. Desconocía el entrenamiento psicológico con el cual le instruyeron para mantenerse frio en semejante momento.
—Esperar a mi esposa. Está en camino para "asistir", no debe tardar mucho.
Entendió a la perfección. Al terminar la frase se hizo otro alboroto en la recepción tras ellos, una voz femenina muy familiar gritaba a viva voz dónde estaba su hija. Como si fuera poco para las personas allí presentes con el desastre anterior, ahora tenían una loca rubia desesperada, portando en apariencia una maleta metálica con luces intermitentes. La ciencia ficción resultaba un grano de arena allí. Emily deseaba pasar sin siquiera pedir permiso y la recepcionista impedía el paso ya que no asociaba el caso anterior con los motivos en la mujer. Fue ese instante preciso en donde le vio explotar furiosa mostrándole una credencial especial. La joven no conocía esa precisa tarjeta en su vida por lo cual no creía en su autenticidad, contestando sardónica que trabajaba ella trabajaba bajo mando de un superhéroe.
Intervino un guardia conocido dejándole pasar reprendiendo luego por su indiscreción a la recepcionista, recordándole la existencia de un manual entregado antes de trabajar allí donde se explayaban todos los tipos de credenciales existentes. Parker le llamó mientras la mujer metía una mano en el bolsillo blanco de su atuendo investigador y proseguía su camino arrastrando el dispositivo refrigerante tras de sí. Lucía un rostro desencajado por la furia sumándole ojos rojos ante los llantos anteriores, amenazó con elevar un reporte contra la mujer morena.
Parker explicaba dónde estaba según palabra medica, cómo estaba y qué le harían. Ethan no esperaba recibir ni un saludo aunque siguió tras ellos, boca cerrada a cal y canto. La pareja movilizaba sus piernas en forma veloz pasillo arriba, Emily deseó saber exactamente cómo sucedió todo. El hombre explicó el inicio sobre como charlaban en el parking hasta el instante en el cual abordaron el coche, conduciendo frenético por las calles, los policías y como se ofrecieron estos a ayudar.
Indagó los nombres, llamaría a sus contactos policiales demandando brindarles un aumento por desempeño excepcional. Quien respondió fue el polizonte trasero, la mujer no se detuvo ni un momento, solo miró sobre su hombro. Ese momento exacto el de orbes verdes pensó que podría hasta elevarle la voz a quien salvó su vida si seguía mirándolo cual garrapata. ¡Estaba a morir de la preocupación! ¡Merecía estar allí!
—Márchate a casa —ordenó creyendo ser lo suficientemente tajante como para obligarlo; el marido mantuvo silencio.
—Ni lo sueñes —protestó—, merezco estar aquí tanto como ustedes dos.
— ¿Ah, sí? —dijo fingiendo sorpresa; las respuestas excesivamente actuadas lo sacaban de quicio—. Si no fuera por tú intromisión en nuestras vidas…
— ¡Tu hija se hubiera desangrado en ese estacionamiento! —gritó exasperado—. ¡Yo no le hice nada! ¡Jamás lo haré! ¡La cuidé cuando ustedes no podían y lo hice bien, lo sabes tan bien como yo!
La mujer rubia ya sabía pero no pensó más allá, era una orden y por ende su deber; si no lo hubiera hecho estaría patas en la calle. No lo quería íntimamente ligado a su hija jamás. Podía darles un puto aumento a oficiales pero jamás le daría ni un "gracias" a ese atrevido bueno para nada. No se lo merecía, si se comportaba así con ella podría ser peor si se descuidaban. Como padre uno siempre debía asumir ciertos riesgos o malestares intercediendo en sus relaciones, les gustara o no.
—Déjalo tranquilo —indicó el castaño cuando su esposa estuvo al borde de responderle—, hizo algo maravilloso y lo repitió. Ya se hablará luego.
Le gustaría decirle la sinceridad con la cual expresó ese "te quiero" desesperado, la de orbes celestes lo anularía terminantemente. Devolvió la mirada al hombre de su vida número dos sin decir nada. Estaba lo suficientemente loca por dentro como para importarle un rábano si Winters se quedaba o no, a quien le dolería la espalda por esperar en esas sillas plásticas sería a él. Su deber radicaba en entrar a la sala, asistiendo al descendiente utilizando la única cosa que le mantendría con vida, esperar como culminación.
Pediría un monitoreo constante sobre su actividad cercana a su hija. No se le escaparía nada otra vez.
Parker deseó saber el plan a seguir en el quirófano y la rubia replicó todo en código, básicamente extraerían el proyectil dejándolo luego a examinación por especialistas, inyectarían el virus en el cuello como método más rápido para regenerar el tejido dañado, coserían la herida ayudando al agente. La joven estaría muy adolorida en los próximos días por lo cual sedarla por uno le vendría como anillo al dedo; deberían reducir la actividad neuronal el mayor tiempo posible evitando futuros daños, ese día fuera de combate sería crucial.
Anunció permitir visitas por una hora, reduciendo el número de personas a las más cercanas: directos, cinco amigos como máximo. Ethan se preguntó si estaría incluido en la lista, esperaba que sí. «Un día inconsciente. Si ya no puedo pensar en otra cosa voy a estar un día totalmente perdido.» Quizá pecaba en "insoportablemente meloso" pero cuando uno ama a alguien experimentaba ese sentimiento constante, el dolor espantoso por saberse lejano a la otra parte. Punzaba mucho el pecho, solo deseaba estar cerca de Chelsea.
Dejaron detrás consultorios, personal médico y recepciones abarrotadas; viraron varias veces para luego descender.
Llegaron a la abertura directa a los ocho quirófanos disponibles en el hospital. Emily lo miró pidiéndole alejarse unos metros, como no deseaba discutir aceptó el pedido; los vio intercambiar unas palabras por lo bajo. Años escuchando música por los auriculares en niveles malsanos sí destruían los cilios. Contempló un abrazo cálido y amoroso, luego Parker besó fugazmente a su mujer, esta colocó un código especial en la cerradura electrónica al costado derecho e ingresó. Lo último percibido fueron los pasos enfundados en los zapatos laborales alejarse por el pasillo, luego se quedó sumido en sus pensamientos.
Debía ser positivo, siempre intentaba alegrar a los demás con pensamientos cálidos en momentos delicados. Las punzadas leves se transformaron en autenticas puñaladas una vez su espalda hizo contacto con la blanca pared, iluminado por las luces LED en colores fríos siendo reflejadas por un pulcro suelo bien limpio. «Mantente positivo, es una chica muy fuerte capaz de patearle el culo a Jack en su máxima transformación. Vamos, campeón: confía en el equipo pero sobre todo en ella.»
El otro hombre lo vio al borde de descomponerse o desmayarse contra la pared (le recordaba en el nacimiento de su hija Cara, en el cual se desmayó tal cual le indicaron las enfermeras) si nadie le infundía un poco de valor. Si ese tipo salía con su hija estaría demostrando una autentica congoja, y si no lo hacía le tenía el suficiente aprecio como para sentirse profundamente herido por las circunstancias. ¿Acaso alguien podía fingir así?
Su bolsillo vibraba constantemente entre mensajes entrantes o llamadas perdidas, respondería al cabo de unas horas cuando todo estuviera más calmo. Aproximó su cuerpo cogiéndolo por sus hombros, intentó enderezarse infructuosamente.
—Arriba muchacho, Chels nació para pasar todas estas cosas lo mejor posible. —deseaba agregar "si Wesker intentó matarla y falló, los hijos de puta que le agredieron no tienen oportunidad"—. Es fuerte: pasó cosas más difíciles a esto, será otra victoria en su haber hoy.
El rubio rehuía a su mirada, le causó más ternura.
—No me tengas miedo, tendré brazos tipo camiones pero soy buena gente. Emily no lo decía en serio, está así porque no aguanta la preocupación. Desgraciadamente cuando es Chelsea se pone muy desagradable. —No lograba infundirle confianza, seguía mirando en otra dirección con ojos acuosos—. Ethan: te hablaré como le hablo a mi hijo mayor porque sé que tienes buenas intenciones y me rememoras a él: estás preocupado, tienes miedo por ella, eso está bien. Saldrá, es testaruda como para irse sin "fastidiarnos lo que nos resta de vida".
Le hizo sonreír porque se la imaginaba diciendo algo similar. El padre recordó la vez donde le gritó a su mujer "¿acaso yo te pedí nacer?" luego de una discusión por ver qué universidad de arte iría bien; preguntas y respuestas desbarrancadoras eran su fuerte.
—Gracias. Honestamente lo necesito —admitió un poco mejor.
Se dieron un abrazo de caballeros comprendiendo palmadas en ambas espaldas para luego ser conducidos por una enfermera pasante por allí hacia la sala de espera. El asunto recién empezaba, deberían estar cómodos mientras aguardaban.
La sala de espera no estaba mal, las sillas eran idénticas en todos los hospitales en términos de incomodidad y las teles emitiendo la programación deportiva entretenían. Se acercó a una máquina expendedora para pagar por una botella grande de agua saborizada, la manzana siempre fue su debilidad (si se pasaba en listillo podía terminar flojo intestinalmente hablando) y al encontrarla no dudó. Compartió, Parker retornó a su asiento luego de ir por la misma enfermera que le apartó para saber cómo estaban las cosas, dándole un buen trago. La mujer no sabía nada sin embargo intentó reconfortar al preocupado padre.
Ninguno tenía hambre, solo tenían una boca seca producto del nerviosismo galopante. Pasó media hora, luego una completa y el tiempo seguía su inexorable paso.
El de orbes verdes leyó cualquier panfleto, afiche; oyó conversaciones ajenas sobre el curso nacional en los temas más candentes, le sorprendió oír varias sandeces. Caminó ya acostumbrado a la mirada "discreta" por verlo cubierto de sangre, calmó a un muchacho proveniente de emergencias quien se preocupó por si estaba herido.
«Yo no lo estoy gracias a mi amiga querida. Le debo una cena en algún restaurant costoso o algo.» Ya vería como pagarle el favor, por ahora necesitaba mantener la cabeza concentrada en algo.
No vio quien fue el atacante, solo percibió un destello en el rabillo ocular al ser empujado hacia atrás. Dolería al día siguiente si alcanzaba a dormir. Giró su muñeca, el reloj inteligente le devolvió ser las ocho quince. Se cruzó de brazos en la segunda caminata procurando ocultar las manchas lo mayor posible, fue inútil porque hasta sus pantalones azules tenían manchones oscuros. Debería recurrir a la ayuda femenina comprendida por sus dos hermanas sobre cómo remover manchas sanguinolentas, se divertirían a lo grande con su pregunta. « ¿Cómo le explicas a tu familia sobre ayudar a llevar a tu encaprichamiento quien recibió un disparo en el abdomen, por cosas que nadie más sabe? » Touché, pregunta inteligente.
Retornó nervioso al cabo de ir al baño. Volcó la atención al móvil, en su cuenta de Facebook observó como los portales de Washington comenzaban a hacer eco de un tiroteo donde una mujer joven resultó herida en el estacionamiento de la BSAA; cuestión de tiempo para hacerse noticia nacional, ¿eh, medios comunicacionales? Testigos no pudieron dar mayores detalles sobre el tirador, no le extrañaba, lo más probable era oír él mismo sobre ellos.
El padre dedicó su tiempo a responder todos los mensajes recibidos, llamados desesperados como también algunos mails (Joshua recibió un mail proveniente de Sherry sobre lo acontecido ese día y escribió otro, ya que sumergió su propio teléfono en acido solo porque estaba aburrido y el siguiente llegaría en unos días).
Solo indicó a un par de personas el verdadero estado físico, al resto le agradeció en forma honesta la preocupación para luego decirles si tenía novedades avisaría. En un momento dado el hombre exhala fastidiado ante un mensaje en particular, sin darse cuenta lanza una maldición contra el individuo. Ethan levantó la cabeza justo cuando el castaño le llama, su gesto contrariado fue visto pocas veces.
Cuestionó sobre si responderle al ex; la joven siempre indicó desestimar cualquier mensaje o llamado proveniente de él por toda la malaria entre ellos. Parker jamás cuestionaba la lealtad a su familia y pese a haberlo considerado un "yerno" en el pasado no podía evitar pensar que si respondía podía estar cometiendo una falta. Adentraron ambos en un debate sobre qué hacer. Ethan lo detestaba, si fuera por él lo ignoraría y al salir iría a golpearlo, mantuvo esos pensamientos en su cabeza porque no correspondían. Aconsejó hacer lo que su juicio considerase como lo mejor, el hombre decidió replicar. Una vez hecho eso el irreverente muchacho preguntó si podía acercarse a hacerle compañía, allí mismo cesó la comunicación.
¡Desfachatez elevada a la decima! ¿Presentarse así como así? El caballero con ojos oscuros suspiró meneando la cabeza cuando este otro envió preguntando si necesitaba algo para beber o lo que fuera. Ethan creyó que si ese tipo estaba tan preocupado como hacía figurar debió molestarse mucho tiempo atrás… Quizá tratándola mejor.
Pasaron dos horas y media en total hasta la salida del cirujano, quien se acomodaba el ambo aguamarina junto a la cofia cubriéndole una mata oscura. Se lo veía buen tipo, su rostro estaba atravesado por el cansancio junto con el estrés de salvar vidas constantemente (más si esas vidas eran peligrosamente infecciosas). Llamó a los familiares de la señorita Vickers en tono diligente, llevándolos a una sala aparte con sillones. Los tres se sentaron hasta la aparición de Emily quien estaba más cansada que cualquier persona allí dentro. Prefirió permanecer de pie para cuando comenzara el relato sobre todo lo acontecido.
Se presentó para quien no lo conocía como Nicholas Hartz estrechándole con firmeza la mano, pasando a lo importante: la bala destrozó parte del estomago y una porción pequeña del páncreas. Cuando se hizo una mayor incisión al orificio de entrada se pudo observar el comienzo de la cicatrización avanzada (como lo llamaban los especialistas y la mujer rubia) en el tejido, debieron cortar eso mientras rebuscaban el proyectil, tardaron cierto tiempo para localizarlo mientras el reloj corría en contra. Perdió mucha sangre y recibió varias transfusiones para suplir la pérdida, recalcando el hecho de casi entrar en un shock hipovolémico; cuando parecían perder la esperanza sintió una masa dura no biológica incrustada en el fondo, intentando no dañar otros órganos o conductos logró extraerla.
La situación más amenazadora fue normalizada con éxito. Tocaba las heridas en las capas cutáneas.
Debieron retirar algunas esquirlas provenientes del móvil, un trozo mediano de cristal con cableado y aluminio se clavó sobre la clavícula. Eso sería lo primero en desaparecer. Ciertos pedacitos del cuerpo externo impactaron de lleno en el hombro, al terminar con la limpieza corporal esas heridas ya estaban completamente cerradas.
El hecho de necesitar comprarse otro móvil sería un dato menor ante la perspectiva de haber perdido la vida. Las fotografías, videos, canciones y algunos trabajos enviados parecían juegos para niños.
Inyectaron una dosis mayor al paciente (preguntando en código si el muchacho conocía sobre "eso" siendo afirmado por Emily con un "es igual a nosotras, Nick") del E por la nueva incorporación sanguínea, sumando al hecho que podría tardar un poco más en cicatrizar por vías no naturales gracias al nuevo suministro sanguíneo. Si todo salía bien recién al segundo día de internación podrían sacarle la intensa sedación junto con la aparatología más compleja como el respirador artificial. Suplementarían la alimentación los primeros días con paquetes de solución salina por vía intravenosa, pasando a dieta líquida y si se toleraba a una semi solida.
El padre abrazó con cariño al cirujano agradeciéndole desde lo más profundo del corazón toda la ayuda brindada a su hija. Ethan no podía hablar por el nudo en la garganta pero le asintió comprensivamente para estrechar su mano a continuación. Nicholas nunca había visto a ese muchacho antes y se preguntaba por ese gesto tan afectado si no era el novio. La vida personal de los pacientes no era exactamente su incumbencia pero la forma al actuar… Denotaba.
Parker abrazó a su esposa con amor, se murmuraban cosas fuera de su intención oír por lo cual prefirió dejarlos solos. No se dieron cuenta respecto a su familia al ensimismarse en ellos, Emily lo prefirió así: ahora que conocía el estado de su hija podía marcharse. No quería verlo allí porque 1) perdería el tiempo esperando a su despertar, y 2) no tenía ninguna atadura por la cual quedarse.
Llegó a casa sin abrir la boca o expeler palabras, recogería el coche al día siguiente cuando volviera a trabajar. Necesitaba una ducha urgente, quizá intentar dormir al menos una hora para remover esa pesadumbre. No tenía hambre ni ganas de dialogar con nadie. Soltó su morral por el camino al baño al tiempo en que se quitaba las prendas impregnadas en un olor férrico potente, al ingresar cerró tras de sí mientras dedicaba su tiempo en la ducha a pensar.
Los restos sanguinolentos se fueron con el jabón blanco y el gel masculino para ducha, todavía se preguntaba si se podía adjudicar la fechoría a quienes aterrorizaron a su amiga la última vez. Resultaba un poco extremo el paso a una amenaza presencial en una vivienda a un intento de asesinato. ¿Habrá descubierto más cosas? « ¿Ahora sí tengo la razón sobre ser muy peligroso? ¡Mierda!» Gustaría estar al corriente si su amiga sentaba cabeza acerca el terrible hecho y desistía. Ahora entró en juego su lado racional en búsqueda de justicia, diciéndose a sí mismo que todo ese embrollo era ocasionado por verdades que pugnaban por salir a la luz pero otros no lo deseaban. Si supiera qué ocasionó todo este macabro incidente tendría un veredicto más formado.
«Chelsea no suelta esto, ni creo que lo haga si intentaron silenciarla.» Parker dijo sobre ser testaruda, ¿podría confirmarlo con su experiencia cercana?
Enjuagó el cabello varias veces, pasó a mirarse las manos creyendo irreal la visión pulcra. Al cerrar los ojos podía repetir cuadro a cuadro todo lo sucedido. «Basta, déjalo ya.» Rodeó su cintura con una toalla al terminar de secarse, al rascar la barbilla por un impulso sintió el crecimiento del vello señalándole necesitar afeitarse a la brevedad. Desestimó la idea sobre hacerlo ahora, saliendo de la estancia con aire sombrío. Su estomago no crujía, le daba una sensación bastante extraña en el cuerpo.
A punto estuvo de dirigirse a su habitación a colocarse algo de ropa cuando percibió el sonido notificando una llamada entrante. Encaminó su marcha tranquila hacia donde quedó el morral, cogiéndolo por la correa y levantando la tapa marrón oscura. Tenía manchas de sangre sobre un costado, ¿algo suyo no se empapó? « ¿Será un peligro biológico caminar con todo eso encima?» Emily no envió inmediatamente a un escuadrón de limpieza, quizá el virus no viera su vida posible sin un organismo huésped. Cierre abierto, rebuscó en un compartimiento interno, encontró el aparato en color blanco y al echar un vistazo sobre el numero no reconoció el remitente. Prefirió dejarlo sonar, volviendo con él en mano hasta su habitación corriendo el interruptor para dejarlo en modo vibración.
Alcanzó a colocarse un slip con tréboles de la suerte justo cuando su móvil volvió a la carga notificándole la llamada del mismo número anterior. ¿Quién era y por qué tanta insistencia? Dudó en replicar aunque al final pulsó el botón virtual.
— ¿Diga? —saludó cansado.
—Que feo no me atiendas y me estés hablando así, con ese tono abatido —dijo Loretta burlándose—. Ni que haya matado a esa bola asquerosa de pelos que tú llamas "mascota".
Esa inconfundible voz. ¿Cuántas veces oyó esa voz semi nasal responderle las llamadas? ¿En todas le habría mentido descarada? Juraba nunca desear volver a oírla, sin embargo allí estaba: comunicándose con él utilizando un número cualquiera.
— ¿A qué me llamas? ¿Vienes a regodearte como cuando me pediste el divorcio frente a otros? ¿Es solo eso? ¿O a hacer chistes sardónicos en referencia a una inocente herida?
—Lo siento mucho, Ethan, pero tu novia no me dejó elección —dijo fingiendo apenarse por la situación; esa forma desagradable a la hora de hablar lo crispó—, le dije varias veces "mantente lejos o algo malo ocurrirá" pero es testaruda. Me hace acordar a alguien, seguro tú me puedes ayudar. ¿"No me busques" no significa nada para ti?
—Lastimaste a una buena persona, querida —dijo indignado, sentía bullir el desprecio en su interior—. Siempre lastimas a personas con buenas intenciones, familias enteras se murieron por tu culpa. Gente como tú están completamente enfermos y deberían extinguirse.
—Campeón: mientras tú rezas para que nosotros nos marchemos, seguimos aumentando el número. Hago mi trabajo Ethan, y mi trabajo es frenar a desquiciados como tu amiguita quienes se creen lo suficientemente valientes como para meterse donde no los llaman.
—Eres una escoria, espero lo sepas —masculló sin saber qué nombre pronunciar—. ¿Cuántos más tienen que perecer por el bioterrorismo? ¿Cómo puedes vivir sabiendo la desdicha que causas? ¡Pudiste haberla matado! ¡Romper otra familia más!
Los Baker no fueron los únicos en probar el trabajo de la morena, sin embargo Ethan no lo sabía y tardaría mucho en descubrirlo. A la mujer le pareció divertido estar en un coche a unos metros de distancia del edificio, viendo la luz en el piso correspondiente encendida. Lo vio entrar como desquiciado a la sala de urgencias gracias a un disfraz muy bueno con apariencia a una mujer anciana, sumado a una historieta sobre "una acidez asesina" contada a la recepcionista en el tiempo justo. La forma tipo zombi en la cual se quedó de pie al ser repelido por los especialistas… ¡Podría haber soltado un grito triunfal en ese instante! Pobre tonto, era un generador andante de espectáculos patéticos.
— Mi intención difirió, advertirla era mejor opción. Las cosas se dispersaron un poco al encontrarlos en el estacionamiento, tuve que improvisar —admitió—. Mi primera medida hubiera sido ir a por sus neumáticos, pero usar mi bebé nuevo al verlos allí fue más entretenido. ¿Sabes una cosa? Es un pequeño paso en la dirección de preservar intacto el culo que te llamen y te adviertan sobre qué pasará si sigues merodeando información privada. Lástima que tu amiga no entienda lo que "preservar mi culo" signifique. Siempre jugando a ser una heroína… ¡Menudos complejos debe tener!
—Supongo que tendrá mejor moral a la tuya. Arriesgar tanto por la justicia debe sentirse bien, ¿no crees? Jugar tu jueguecillo al final te costará muy caro, Loretta.
—Me enternece saber que conoces mi verdadero nombre, en vez de ese alias que tanto gritaste en Luisiana —rió—. ¡Mia! ¡Mia, dime la verdad! ¡No más mierda, Mía, quiero respuestas! ¡Un puto espectáculo, Ethan! —Gritó triunfal acabando un cigarrillo, apagándolo en el cenicero del coche—. Ahora, ya que estoy te lo digo a ti también: ten mucho cuidado donde se van a meter. No se olviden que la próxima bala puede ir directo al cerebro si me cabrean lo suficiente.
— ¡Estás loca! —gritó indignado—. ¡Déjanos en paz! Intimida a otros tontos, no podrás salirte con la tuya.
—Eso quisieras, pero solo hago mi trabajo. Sigo ordenes y si quienes las dan se sienten presionados o disconformes con ciertas actitudes yo actúo. Simple como eso. —Colocó las llaves en la ignición dándole un leve movimiento hasta sentir como la batería proporcionaba energía a las luces y el estéreo—. En caso de que quieras hacerte la estrella tú también: espero sepas que sé donde viven tus familiares, los muy estúpidos no tienen tanta lucidez como para mudarse cuando venga en gana. Sé donde están los imbéciles de tus amigos, cuántos hijos tienen los que son padres y cuándo se casarán los comprometidos. Hazme el favor y ahórrame tener que derramar más sangre. ¡Imagina el vestido de Ana empapado por su sangre! ¿Le harías eso a Franklin? Sé el hombre que jamás podrás ser y defiende a "otros inocentes".
Colgó sin darle derecho a réplica. Quedó temblando de pie, en ropa interior, mirando fijo a un punto ventana. Las luces del exterior parpadeaban según la lejanía, el viento moderado hacía vibrar su ventana. El tránsito vehicular transcurría en la ciudad. « ¡Menuda psicópata! ¿Con quién carajos me casé?» Con alguien sin escrúpulos para conseguir un buen billete en el bolsillo, podría decirse una capitalista ávida a la hora de mantener sus reservas monetarias en un nivel alto bajo cualquier costo; una mujer horrible con corazón podrido, porque otra cosa no encajaba para describirla. Una enfermedad la corrompió en cierto momento en su vida transformándola en el monstruo capaz a todo cuando le viniera en gana.
Si pensaba en comer algo para no irse a dormir con el estomago vacío se fue volando por la ventana. Vistió la camiseta gastada usada como pijama con su pantalón negro largo y liso, pies desnudos rozando el suelo frio de madera. Se sentó a los pies de su cama completamente resignado por el día tan trágico; volver a oír su voz… No fue exactamente la experiencia imaginada desde el último día donde le vio. Imaginó constantemente durante cómo sería decirle todo en su pecho, nunca esperó recibir ese llamado a esa hora o siquiera ese contenido. Nauseas fueron instaladas en el órgano gástrico, apagó toda luz en su residencia para echarse en la cama a intentar dormirse.
No tuvo éxito en ninguna hora cursada. A eso de las dos AM debió levantarse a deglutir cualquier cosa en su camino, a ver si el hambre era el causal directo para su insomnio; claramente se encontraba estresado por todos los acontecimientos, nervioso por Chelsea aunque sabía su estado actual: sedada hasta la coronilla para evitar daños. Si sentía dolor su cerebro no percibía al no estar en un estado vigilia, ¿verdad? Por ende estaría bien en la habitación asignada. ¿Sería el piso ese donde estuvo? Recordaba haber vislumbrado guardias tras un mostrador, estaría bien cuidada por el equipo médico como de seguridad.
¿Ella sabría donde estaba su amiga? ¿Cómo estaba? ¿Se cubriría para evitar el reconocimiento? «Basta, no te haces ningún favor volviéndote idiota con tanto pensamiento triste. ¡Está bien, carajo! ¡Se recuperará!»
Le daba mucho miedo perderla: una cosa buena en esa ciudad era la castaña, no se marchaba de vuelta a Taylor por su presencia tan intensa. Acercó su cuerpo al espacio abierto comprendiendo un living comedor y cocina, siendo estas dos habitaciones divididas por una isla en mármol gris oscuro. Viró hacia la derecha introduciéndose en la cocina, abriendo el refrigerador rebuscando un yogurt firme con colchón de cereales para deglutir. Se tragaría eso y volvería a su cama sin rechistar, necesitaba al menos media hora para intentar arrancar sus motores al día siguiente.
Cogió una cuchara del cajón cerrándolo con su cadera, sentó el trasero en el taburete y mientras gruñía por el estado extenuado experimentado cuestionó qué impulsó a su ex mujer a llamarle. ¿Burlarse del dolor? ¿Advertirle? ¿Regodearse y advertirle? Un misterio enorme, lo mismo ocurría con la vida actual. ¿Quién era realmente? Incógnita mientras abría el yogurt y lamía la tapa plateada, volcando los copos; revolvió al tiempo donde intentaba atisbar un indicio o algo cuando estuvieron unidos en sagrado matrimonio. Nada además de sus trabajos constantes "como niñera" o fuera del estado. « ¿Todo por dinero?» ¿Cuánto podría caerle si enfrentaba una condena? Intento de homicidio, irrupción de morada… ¿Habrá cometido un asesinato alguna vez? La pregunta siguiente iba dirigida hacia él: ¿quería saberlo?
«No, solo quiero que todo esto termine.»
Las cosas malas acaban, eso era lo bueno. El sol siempre salía tras una tormenta, el arcoíris brillaba luego de un huracán y muchas otras frases similares. Era optimista sobre el futuro a largo plazo, corto plazo no sabía a qué atenerse.
Despertarse significó un calvario sobre la tierra, en especial cuando se removió inquieta gracias a las corrientes frías en la habitación. Sumado al terrible escozor dado por la cinta especial con la cual sujetaban su intravenoso y cómo tironeaba este los vellos en sus extremidades. La enfermera que la atendió después explicó que estaba siendo introducido magnesio, potasio y un par de sustancias más, sería muy normal experimentar ardor o molestias en el área. Sintió el tubo plástico atravesando su garganta como esa primera ocasión, las terribles sensaciones volvieron en una ola gigantesca arrastrando todo a su paso. Quiso gritar pero solo alcanzó a lanzar un gemido lastimero como cachorro buscando a la madre para mamar vitalidad; la primera vez quería mover todo el cuerpo pero las piernas no respondieron al llamado cerebral por haber perdido masa muscular durante dos meses ininterrumpidos, los brazos estaban atados como método preventivo ante los espasmos originados por el virus haciendo las suyas en sus músculos.
Lo peor fue haber "soñado" con las canciones de fondo en aquella habitación, Sherry tuvo una idea muy amena para pasar el tiempo y estimularle poniendo las últimas canciones en la radio o utilizando los discos de Emily con Coldplay en ellos para animarla a despertar. Siempre sintió una predilección por aquella banda inglesa y su hermana supuso excelente impulso a volver a la vigilia con Chris Martin entonando el segundo álbum. Al contrario: el caballero le aterrorizó al cantar la triste melodía de The Scientist. Se le asemejó a una película de terror con el sonido poco a poco siendo comprendido, el eco distante prontamente se hizo bien cercano. Intentó por todos los medios no llorar, sin embargo las lagrimas saltaban solas y caían por las mejillas al intentar abrir los ojos, infructuoso intento gracias a la cinta adhesiva utilizada para evitar una "apertura accidental" de ojos que no podían interpretar el entorno.
O porque era algo realmente atemorizante ver unos ojos "muertos" a un humano tan pequeño en edad.
Esa vez pudo sacar varios factores aterrorizantes pero preferiría despertarse con Chris de fondo, no el sonido mecánico del respirador inyectando aire a su cuerpo o los pitidos constantes del monitor cardíaco. A veces lo que nos aterroriza de niños nos hace felices de adultos. Quiso ver a su hermana sentada al fondo de la habitación, leyendo una revista de moda por aquellos años con rostro ausente e infeliz, no una habitación deshumanizada. ¡Carajo!
Las luces ingresando por debajo de la abertura le hicieron creer ver a alguien parado en el otro extremo de la habitación, juraría haber visto un bulto con altura humana mirándole fijo disfrutando su desdicha; si no era Wesker riéndose por la desgracia de Emily daba en el palo del arco futbolístico. El instinto "huida o lucha" se activó junto con sus latidos cardíacos obligando a la maquinaria a volverse loca. Esta envió una señal a la habitación donde todo el personal se reunía. Comenzó a gritar "¡auxilio!" con todas sus fuerzas aunque el tubo se metió en medio haciéndole expresar una mezcla acústica poco definida. Todo chillaba en el instante en el cual un enfermero ingresó seguido por una mujer mayor, alegrándose por la vida recuperada como también pidiéndole calma mientras le quitaban todo.
Cuando despegaron la última cinta adherida y movió sus piernas buscando aliviar el entumecimiento se dio cuenta que no llevaba bragas. Automáticamente procedió a sellar su parte inferior dejándolas en tensión constante. ¡Vergüenza impúdica! Solo si el enfermero fuera uno de sus dos amigos la historia sería distinta…
Hubiera deseado despertar con algún rostro familiar para no sentirse tan solitaria. Deseaba saber cómo estaba su padre junto con Ethan. Descubrió un lado suyo pidiéndole venir a verla, o haber abierto los ojos para ver los suyos. Sintió subliminalmente la necesidad por tenerlo cerca, protegerlo en forma constante. « ¿Qué demonios pasa? ¿Por qué es todo tan complicado?» Ahora se sentía incomoda por tener semejantes conexiones neuronales. «Quizá es un hermoso momento para volver con mi preciada doctora Black. Si la cosa sigue igual o empeora será urgente.» Para Chelsea decir "la cosa empeora" es sinónimo a "me está gustando alguien quien despierta emociones agradables pero me recuerda toda la precaución a tener respecto a hombres."
Una vez preparada con tan solo un tubo nasal entregándole oxigeno los dos encargados indicaron que se comunicarían con su madre para notificar las noticias. Aceptó ya que deseaba saber qué más ocurrió. Antes de verlos desaparecer tras la puerta rogó si podían dejarle al menos las lámparas tras su cama móvil encendidas, así lo hicieron. Emily apareció cuarenta minutos después, entró casi corriendo a la estancia pobremente iluminada. Besó al menos seis veces cada mejilla para luego intentar abrazarle lo más suave posible; ese espectáculo "tan cariñoso" materno le daba cierto recelo, al sentir demasiado larga la duración le empujó suave con la mano hábil.
Después de una bienvenida al mundo consciente un poco subida en azúcar pidió saber absolutamente todo lo ocurrido, qué le hicieron y cuanto tiempo debería permanecer en el subsuelo hospitalario sin comer o comiendo comida para bebés. La madre comprendió esa necesidad tan tosca por información por lo cual decidió ser lo más honesta posible.
—Te salvaste por un pelín de rana calva —dijo intentando restarle seriedad al hecho de casi perderla—. Perdiste mucha sangre, pero si no fuera por tu amigo y tu padre hoy la historia sería abismal en distinta. La única desgracia menor es que necesitas comprarte un nuevo móvil, el tuyo quedó destrozado. Si quieres puedo pedir que traigan los trozos.
« ¡Mi primer bebé hermoso! ¡No!»
—Tengo suerte porque el día anterior hice una copia de seguridad en mi plan mensual. Si los tienen quisiera ver cómo quedó, así puedo enterrarlo en un cajón como el anterior.
—Digna hija de Brad eres, corazón. —Cogió su mano con dulzura—. Si quieres puedo traerte una portátil o puedo encargarte uno desde casa.
— ¿Y dejarte escoger todos los detalles? Ni lo sueñes, mujer —exclamó al tiempo donde intentaba enderezarse un poco en la incómoda cama; era una verdad universal sobre los colchones hospitalarios siendo los causantes de dolores lumbares. Emily ofreció una ayuda sujetándole desde la espalda mientras la joven se aferraba al cuerpo materno cual bebé—. ¿Dejarán entrar una portátil? La última vez me obligaron a dejarla fuera.
—El personal aquí tienen ordenadores especiales aptos para este tipo de seguridad, y te traigo las tarjetas ya que estoy.
—De acuerdo —asintió dando un largo bostezo—. Mierda, otra vez soy muy afortunada. ¿Recogieron mis cosas? ¿Mi coche?
—Todo está en casa. Parker lo subió directo al jardín contra la ventana, me preocupa cómo quedará el césped pero no importa. —La hija entrecerró los ojos colocando los labios en una fina línea, cargada de reproche—. Oye, me esmeré mucho mezclando distintos fertilizantes como para dejar que se arruine.
—Lo que sea. ¿Cuándo puedo volver a comer? —Emily dio el parte hospitalario en forma detallada—. Oh, fantástico. O sea hasta dentro de dos días no pruebo una puta gota. ¿Y después tengo que ser una babosa comiendo liviano? —Al ver a su madre asentir soltó un bufido—. Cuando me recupere me aseguraré de encontrar a quien me disparó y hacerle comer toda esa basura dietética.
—Chelsea es solo por precaución y una semana. No te vuelvas como tu padre cuando le extrajeron la vesícula.
Parker comía pesado, lo equilibraba haciendo mucho ejercicio pero las enormes cantidades lipídicas seguían presentes en su dieta. Cuando le encontraron dos cálculos medianos en el órgano excretor creyó morir porque significaba una cosa: comer verduras, poco frito y tener muy en cuenta la cantidad de cólicos por mes. Se quejó el primer tiempo al hacerse una ensalada o comer carne magra, acostumbró al plan dietario hasta el día de la operación. Pasado el tiempo de precaución inauguró una nueva etapa comiendo en KFC con la familia.
—Déjame en paz, tengo derecho por estar en cama. Al término de todo esto quiero celebrar en KFC con todos nosotros, idéntico a papá. —Rieron; Chelsea supuso su estadía algo interminable sin un móvil al cual derivar su atención en tiempos muertos—. Por cierto: ¿cómo es el régimen de visitas?
—Como máximo un par de amigos y luego nosotros dos y Sherry.
— ¿Puedo escogerlos o ya lo hiciste por mi? —Emily hizo un gesto con su zurda dándole pie a proseguir—. Que venga D y Ethan. Moira también, sumemos a Jake para no dejarlo por allí tirado cual trapo.
Al oír ese nombre Emily no tuvo una reacción facial favorable. La joven lo notó e intuyó que seguramente no lo contó en absoluto. ¿Y si ella quería verlo todos los días? ¿O que fuera su enfermero particular? ¿O esclavo al cual pedirle cientos de cosas con el favor por estar operada?
—Dijimos "un par"… —soltó un suspiro—. De acuerdo. Daré sus nombres a la lista para tu habitación.
— ¡Oh! Por si el hijito de tu "mejor amiga" quiere aparecer: vétalo definitivamente. —Emily hizo una mueca extraña por la mención, recordó a P parlotear al cenar una sopa de fideos instantánea a la vuelta del hospital; asintió sin entender bien qué sucedía—. No puede venir, está mal, mi religión no lo permite, es mierda.
—Ya —cortó soltando una risita—. Entendí cuando dijiste "vétalo".
—Así me gusta.
Quedaron unos minutos más charlando hasta que le entró un sueño atroz y no paraba de bostezar a cada oración expresada. Emily sonrió con ternura recordándole cuando era un bebé pequeño sin dientes, baboseando por todos lados, defecando el pañal en momentos inoportunos. Le cubrió con el juego blanco hospitalario que olía a desinfectante, tela dura por la forma en la cual lavaban, hasta el cuello. Arropó a la joven quien cerró los ojos, en menos de veinte minutos quedó rendida a merced de un sueño pesado. La madre lo atribuyó como algo muy normal por haber despertado de la fuerte anestesia, requería descansar con tranquilidad hasta el horario de visitas. Pidió a quien correspondía si podían entregar un ordenador portátil al día siguiente.
Al salir notificó a cada uno el permiso a asistir a ver a su hija, marchándose al trabajo mucho más calmada que cuando entró.
Chels durmió aproximadamente cuatro horas más sin verse interrumpida. Los enfermeros entraron a monitorear en un determinado horario pero la castaña no tuvo noción alguna sobre los movimientos allí. Tuvo un sueño bastante extraño en el cual esperaba a sus amigos en la estación del subterráneo Rosslyn, estos tardaron mucho tiempo en aparecer hasta que recibió un mensaje holográfico mediante un foco en su oreja derecha diciendo "al final no podremos ir porque a Maysie le falta su tortuga". Por demás extraño hasta recordar en el sueño que May sí perdió a su tortuga y fue muy traumático para la pobre, la encontraron a una manzana de distancia unos días después algo aplastada por el tráfico. No pensó más allá del hecho aguardando paciente tras la línea amarilla al transporte en arribar la estación.
Ethan entonces llegó de la salida a su derecha envuelto en una gabardina negra con un sombrero de ala y gafas cuadradas, con rostro serio quedando a su lado mirando a una publicidad en el andén de vuelta. Chelsea quiso abrazarlo cordialmente pero se apartó ligeramente dándole a entender no desear el contacto físico. Preguntó porqué ese tipo de vestimenta en público sin recibir una respuesta, el señor Winters espía continuó su taciturno existir extrayendo de su bolsillo izquierdo el relicario heredado gracias a su abuela, en el cual aparecía una miniatura de la foto oficial tomada a su padre cuando terminó su entrenamiento en el ejercito.
Su padre fue un hombre muy apuesto cuando joven, en opinión de su hija y esposa más que sus hermanos. Le resultaba extraño verlo en posesión del objeto, sin embargo atribuyó ese estrafalario momento a ser simplemente un sueño.
Lo abrió con la uña pasando luego a admirar la fotografía. Verse en tercera persona a veces resultaba chocante. El caballero asintió unas veces hasta decidir tendérselo con tranquilidad, la joven lo aceptó no sin antes cuestionarse el motivo. Le indicó para abrirlo una vez en su poder, obedeciendo la orden ejecutó la misma acción, en el interior aparecía su rostro con el atuendo de gala de la BSAA. ¿Estaría vaticinando algo? ¿Qué carajos? El tren arribó a la estación en forma ruidosa, las demás personas allí presentes se acercaron aguardando la apertura de puertas. Un pitido intermitente indicó el inicio de la apertura; se metieron dentro para luego perderse en el subterráneo hasta llegar al National Mall.
Despertó justo al vislumbrar la presencia femenina en el exterior, Loretta se presentó en su uniforme laboral y le empujó a las vías. La formación desapareció de repente, entrando otra en la misma dirección recorrida sin embargo logró aferrarse a alguien. No pudo ver quien era gracias al sacudón involuntario experimentado quien le despertó, su mano sí estaba sujetando a algo o alguien. Emanaba calor, al abrir lentamente los ojos apreció una silueta a su lado sentado en una silla y la cabeza apoyada sobre un costado de la cama.
Al intentar incorporarse sintió un tirón en la zona dañada obligándole a soltar un gemido lastimero despertando acompañante, revelando su identidad como Ethan Winters. Los dos sufrieron un susto gracioso telenovelesco. Pese a haber recobrado la consciencia no se soltó porque sentir el contacto físico con otro ser humano le hacía sentir bien, perteneciente a la realidad estéril con enfermeros medianamente amables y no cercana al "otro lado".
O a un sueño donde sus amigos no iban porque una puta tortuga fue aplastada por un coche.
¡Qué agradable coincidencia! ¡Ella deseaba recibir visitas y tenía una como para matar el tiempo! Bostezó soltando un ligero chillido típico de niño pequeño, el rubio refregó su rostro un par de veces.
— ¿Qué tal la siesta? —Comenzó él intentando apartar el sueño—. ¿Te sientes mejor? Los enfermeros dijeron que estabas un poco molesta entre sueños.
—Mejor, aunque continuo sintiendo el cuerpo extenuado —replicó franca con una sonrisa.
—Suele pasar. Cuando me extirparon las amígdalas sentí como si un camión me hubiese pasado por encima.
—Igual lo mío es similar a que todos los camiones de sindicatos estadounidenses se estacionaron encima y descargaron sus cargas.
Ethan no obvió soltar una carcajada. Chelsea lo vio muy desmejorado: los ojos tenían las venas inflamadas, las ojeras comunes se acentuaron en cantidad y el entrecejo parecía haber adquirido nuevas arrugas en cuestión de… ¿dos días? ¿Tres? Pálido, parecía haber tenido un tiempo difícil para dormir o desarrollar funciones comunes. Le dio un ligero apretón reconfortante intentarlo animarle.
— ¿Qué tal estás tú? ¡Pareces haber visto un fantasma! —lo vio mirar hacia la izquierda y supo gracias a los múltiples foros consultados que mentiría—. Hazme un favor y se honesto. No voy a morderte.
El aludido suspiró.
—No voy a mentirte, Chels: estaba muy preocupado. Me costó enfocarme este tiempo en cosas triviales como el trabajo, pensar que te dispararon en el estacionamiento… No me dejó muy buena espina. Todavía está cercado con cintas policiales, los agujeros en el suelo y todo tienen pinta de estar allí por cierto tiempo.
¿Confesaría la llamada de su ex la misma noche donde la ingresaron? Por el estado físico deplorable prefirió no hacerlo. Su piel poseía un color enfermizo, no era para esperarse otra cosa dado el caso terrible acontecido. Añadirle una preocupación así sería casi de leche podrida.
— ¿Por qué ese "muy preocupado" me huele a eufemismo? —Inquirió ella entregándole una leve sonrisa; la voz grave y grogui le estrujó el corazón—. Sin rodeos, no me voy a sentir mal por la verdad.
—Okey, soy más honesto contigo: tenía un miedo atroz a que te fueras.
Esa verdad le enterneció el corazón en un nivel inesperado. ¡Qué dulce decir algo así! Franca también si se hubiera pasado al lado de los muertos se hubiera enojado porque no terminó su carrera universitaria o vivió unos años más para enloquecer a sus padres. Algunos tenían prioridades más serias pero para Chelsea fastidiar a su madre lo más posible era un placer inconmensurable. ¡No se iría antes a la tumba que Emily!
Le dio un nuevo apretón brindando una cálida sonrisa al ambiente.
—Hierba mala nunca muere, dice el viejo dicho —bromeó, lo vio ponerse tenso al hacer semejante chiste—. Ethan, en serio: salí de cosas peores mucho antes de conocernos. Esta vez tenía una ayuda extra: una eras tú con Parker, otra el coche a mano y la ultima era el virus. Sin contar con que P finalmente pisó el acelerador como Dios manda, eso igual lo dejamos para otra ocasión.
—No importa. ¿Y si el trafico nos hubiera detenido en alguna intersección? ¿Los policías se hubieran emperrado en no dejarnos avanzar?
— ¿Policías? —exclamó sorprendida—. ¡Vaya! ¡No hay ocasión donde no involucre a alguna fuerza de la ley!
« ¡Cómo olvidar cuando me arrestaron por participar en una pelea callejera! ¡Ah, esos eran momentos!» Ahora trabajaba y debía comportarse para mantener el ingreso… Salvo en las ocasiones donde se enfrentaba con otros reclutas desagradables con opiniones feas hacia su persona y las "preferencias" en su grupo.
—Si, por suerte se comportaron excepcional con nosotros. Disculpa esa negatividad cuando usualmente suelo ser más positivo en la vida pero esas variables mariposa me atormentan desde que pasó todo.
—Llegamos todos a destino, ¿no es verdad? Entonces deja esos fantasmas de lado. Tengo un amigo confiable que empieza con E y termina con "voy a cagarte la vida aunque serás siempre joven físicamente". Fue pan comido.
—Quiero saber porqué lo tienes—demandó mientras separaba un poco el contacto de manos; al darse cuenta se sintió algo incomodo—. No me sirve saber que ahora estás bien y esto fue fácil si no sé a qué compararlo.
—Dame un margen para recuperarme del dolor físico y emocional para revelar ese embrollo, ¿sí? Probablemente para uno no falte tanto, el otro va a estar mucho tiempo en mí.
—Todo el que necesites, no me vas a ver marchar por lo pronto.
— ¡Demonios! —soltó intentando mover abruptamente su brazo izquierdo, al hacerlo sintió un tirón en el abdomen y otro en la extremidad gracias al intravenoso. Ethan se puso pálido—. Carajo, me olvido que por un tiempo estoy débil. Era chiste por si no lo captas.
—Ya me acostumbré a lo que consideras "un chistecito" —admitió más calmo.
Devolvió el gesto con naturalidad, casi como si no le costara en absoluto sonreír a su presencia.
— ¿Sabes? Voy a requerir tu ayuda en algo súper mundano como comprarme un nuevo celular. El mío fue atravesado por un balazo y el pobre no se va a recuperar como yo.
—Lo mantendré en mis plegarias y escribiré "amén" si lo compartes por las redes sociales. —la castaña no evitó soltar una risotada; ¡putos músculos abdominales!—. ¿Buscas precio, calidad o mantener el sistema operativo?
—Oh, me olvidé sobre necesitar lo mismo en sistema porque tengo mi vida allí. Eso y al menos ocho gigabytes de puro porno.
Chelsea conocía como aligerar el ambiente y también volverlo extrañamente preocupante para su amigo, quien no pudo reprimir ciertas imágenes mentales sobre su amiga prestándole atención a esa clase de entretenimiento. Otra risotada más en el ambiente abiótico, el humor recién despierto en la joven se elevó. Ojalá todos quienes le visitaran le hicieran sentir así de especial con charlas triviales o comentarios tomados desde el interior de una galera.
—Entonces te puedo asesorar un poco mejor en una sola marca en especifico —dijo fingiendo secarse una lagrimilla—. Me hiciste acordar a mis amigos y su obsesión por mandar videos triple x al grupo donde estamos.
— ¿Cosas de hombres? —inquirió divertida.
—De machos con mucho vello en el pecho —asintió él—. ¿Te traerán un ordenador pronto o puede dejarse a otro día?
Le comentó lo acordado con su madre unas horas antes cuando le fue a ver. Ethan se levantó y analizó fino con la mirada sobre toda superficie plana en búsqueda finalmente infructuosa. Volvió a ocupar su lugar cruzándose de brazos.
—Probable lo traigan mañana con mis tarjetas. ¿Vendrás?
Hizo cara tristona como perrillo regañado, sacando su labio inferior hacia delante y elevando las cejas bien arregladas. Ethan no podía rechazar esa propuesta con semejante mirada lastimera, fingió resistirse brevemente hasta ceder a los encantos. ¿Por qué jodía así con su "resistometro"? ¡Era débil a los encantos de una bonita mujer!
—Si me lo pides así… —se paró con intenciones a marcharse; acomodó la ropa albina con cariño en la zona de los pies. Chels soltó un chiste sobre ser muy inquieta cuando descansaba— Reposa bien para oírme balbucear sobre especificaciones sobre todo tipo mañana. Mis amigos suelen decir que soy un incordio si me lo propongo.
—Lo tendré en cuenta, gracias —replicó intentando no hacer ninguna broma medio ofensiva.
Su amigo le dio un abrazo cálido para después irse con tranquilidad a terminar su trabajo; pidió ser cubierto por sus subordinados quienes no cuestionaron sus motivos. En la BSAA se corrió la información sobre algo muy feo acontecido en el estacionamiento, en realidad las manchas sanguinolentas medianas a grandes no dejaban mucho lugar a una especulación general. La doctora Vickers permaneció más circunspecta que lo común y sus subordinados se mantuvieron reservados a la hora de responder preguntas sobre qué sucedió a la hija. Era difícil cuando todas las voces se concentraban en un solo tema durante los dos últimos días; más al enterarse por caminar al lado de las mesas para llevar su almuerzo que muchos vinculaban en términos cercanos a una relación romántica al "semi nuevo" Winters y a la chica "braga fácil".
Ethan tampoco dejó mucho lugar al presentarse demacrado, triste y sumamente irritable a la mañana siguiente del suceso. Lo más duro fue al oír a su perseguidora hablar mal y tergiversando toda la historia haciéndole creer a quienes les oía que todo fue una treta para tener mayor atención. Si no hubiera sido por Orlando ese día se hubiera abalanzado a golpear a todo aquel que concordaba con esa absurda teoría. Su amigo con cabello azabache pensaba ya de manera oficial todo rumor apuntando a una relación amorosa, lo lamentaba porque creía que estaba arruinando su vida con alguien así. ¿No había un dicho sobre el amor ser ciego? En la cabeza de Orlando se formulaban otras palabras como "estúpido", "sordo" y quizá "embaucado".
La joven con orbes ámbar se recostó sobre su lado derecho procurando mover lo menos posible su torso; fue difícil en un principio ya que intentó generar una fuerza con la zurda aferrándose a uno de los barrotes marfil, al sentir una punzada violenta desistió para luego volver a intentarlo un rato después. Una vez posicionada cerró los ojos e intentó imaginarse estar presente en otra situación menos compleja; se durmió al imaginarse aburrida entrenando con sus amigos, pasando luego a una serie de "actividades fogosas" en la ducha de los baños inferiores con su buen amigo.
Luego de intercambiar unas palabras con Chelsea se sintió mejor como ser humano, todo el mundo cercano lo notó apenas puso un pie en las instalaciones pese a tener que revisar otra vez las millones de líneas porque se descubrió una posible falla. Al pasar por la línea mil sintió un fuerte dolor de cabeza por lo que su rostro "pocos amigos" apareció tras la tercera puntada asesina en el centro cerebral.
Trabajó tranquilo sin una soga al cuello que apretaba cuando su amiga aparecía en sus pensamientos; cerca del mediodía se marchó sin responder a las preguntas sobre a dónde se dirigía, apareció en el subsuelo del hospital con un ramo enorme de rosas en distintos tonos. Quien se encargaba de la seguridad en el piso llamó la atención e inspeccionó un manual en materia segura sobre qué podían ingresar los visitantes, las flores estaban exentas a cualquier contramedida. Revisó igual el regalo dejando a ambos más tranquilos. Entró y la forma en la cual el rostro pareció iluminarse por el presente le hizo el año completo.
A la castaña le encantó el gesto pese a repetirle múltiples veces "debe haberte costado un dineral, Ethan. La próxima me conformo con una tarjeta de gasolinera «Chels preferiría un plato enorme con papas fritas y hamburguesa casera con al menos doscientos cincuenta gramos en pura ternera. Eso queda para otro día.» Se lo merecía, le tuvo en vilo al menos dos días con el corazón en la boca sin poder pegar un ojo por temor a perder una llamada crucial, debería llamar a su amiga Ally para preguntarle si no se estaría propasando, o si estaba tan jodido por ella como presumía.
La mujer madre de tres hermosas criaturas le diría "cálmate un poco, viejo. ¡Ni siquiera te dijo algo para darte ilusiones!" Quien impartía consultorios de psicología exhibiendo el título logrado post apartar a un ex agresivo, al igual que yoga, meditación y reiki como terapias alternativas, lo conocía al dedillo después de soportarlo al menos veinte años; su mejor amiga contaba con su máximo aprecio y su opinión significaba una ley a obedecer. «Me dijo que ella, alias Mía, no le traía buenas vibraciones. Me aconsejó cuidado, yo le desoí. Vaya si tenía razón la muy maldita…» Caía rendido a los pies del amor tal como chasquido de dedos, su grupo al completo concordaba respectivamente a esa afirmación.
Le vio más animada, le indicó sobre sentir un ligero malestar pasando al nivel de si los músculos estuviesen contracturados por exceso físico. En una endoscopía hecha esa misma mañana observaron como el tejido se regeneró en un ochenta por ciento, según las buenas nuevas podría incorporar alimentos líquidos al día siguiente en forma de un delicioso caldo, luego un semi solido y finalmente comer dieta variada sin excederse. Le confesó estar ansiosa por comerse una hamburguesa triple con ración extra grande en papas junto con una gaseosa regular, era eso o una lasaña hecha por Parker con mucho queso parmesano. Animó el humor positivo invitándole a comer fuera cuando estuviera en condiciones para hacerlo, la chica no dudó en aceptar la propuesta sin poder esperar a que ese día se hiciera realidad.
Volvió a saltearse el dialogar sobre la llamada; estaba internada en un hospital para recuperarse, habría tiempo de sobra después
Parker le telefoneó esa misma noche preguntándole si sabía algo sobre lo sucedido a su hija, teniendo que mentirle a semejante bonachón en manera descarada. Sí sabía sin embargo si Chels no emitía palabra él no lo haría. Quizá era una primera regla en la amistad eso de guardar espaldas o esperaba que la joven tuviese la fuerza necesaria como para pedir ayuda a alguien más. «Obviamente estaré si así lo requiere.» Lo tranquilizó diciéndole que hablaría para ver si podía "sonsacarle algo". El castaño opinó sobre realizar lo mismo y pasaron a hablar respecto a lo bien que se recuperaba como también los resultados deportivos. El señor Luciani le caía bien, podía sentir como el aprecio era reciproco. Honestidad en mesa, Parker respetaba a quien parecía brindarle afecto romántico a su hijastra pese a escuchar la retahíla de objeciones en boca de Emily.
En su cabeza podía comenzar a percibir la necesidad de cesar control en alguien quien trabajaba, estudiaba y vivía sola a una cuantas calles. Como madre solo auguraba buena fortuna a su descendiente, eso significara querer decidir una pareja o amistades. Trabajo y estudio estaba condenada a verla hacer lo que se le antojara, ello incluía trabajar en la misma organización junto con haberse reclutado a la misma, a riesgo de írsele. Pujó desesperada intentando evitarlo, no resulto acorde a sus planes.
Gracias a Dios, Zeus, Alá no volvió a recibir una llamada. Mujer mala si las había… ¡Todavía tuvo el descaro de reírsele en la cara! Lo conocía por haber convivido juntos por ende utilizaría el sentimiento más puro si le venía en gana para hacerle daño; las personas manipuladoras y mentirosas sabían cómo darte con el dedo en la herida o abrir las del pasado. Loretta poseía el don nato para conducir a las personas contra su propia voluntad a hacer algo acorde a sus fines, si las cosas no funcionaban conocía las maneras en marcarles la falta en forma de castigo. A Ethan le dolió la terapia de silencio impuesta por la persona a quien amó desmesurado, si hablaba mal en torno a su familia y sobrinos como también amigos.
La mujer con cabellos negros supuso fácil descubrirlo enamorado de esa zorra; el pobre estúpido era excepcional al demostrar obviedades. Igualmente se preguntaba si la chica Vickers demostraba el mismo amor o se mantenía distante. Por lo que pudo hurgar en sus datos electrónicos descubrió cosas demasiado interesantes, además de videos donde vomitaba el césped al pasarse con el alcohol en alguna fiesta, fotos en las cuales portaba una peluca masculina con el cabello hacia atrás, bigote falso y lentes tipo aviador; ¿podría utilizar en contra a otras personas? Parecía ser que ambos saldrían heridos si decidían hacer algo en defensa hacia la mujer con cabello negro.
Al volver al día siguiente la encontró sentada aún mejor, rostro neutro tendiendo a formar una expresión emocionada mientras navegaba en la portátil plateada, con una franja negra sobre la base de la tapa y el nombre de la empresa en letras brillantes. Recordaba ese modelo muy bien porque le resultó fatal como ordenador personal, no mencionaba haberle derramado dos veces gaseosas cola mezclada con varias bebidas altas en porcentaje alcohólico estando "fuera de sus cabales". Samsung no tenía la culpa si era un desastre como borracho. Por eso ya no hacía fiestas o al menos procuraba no animarlas poniendo su selección musical personal. Le saludó con sonrisa amigable mientras le daba un abrazo especial, cada contacto le devolvía la tranquilidad y lo aceleraba a mil.
La charla referente a la convaleciente ya estaba molestándole, la de orbes ámbar quería saber cómo estaba él, si todo en el trabajo marchaba acorde a los planes, si estaba constipado por comer demasiada comida chatarra… Lo más probable era descartar lo último. Basta de Chelsea, mayor necesidad por la vida de los demás para no sentirse incomoda al hablar. Dennis, quien siempre juró hacerle bien o intuir que sucedía, estaba en el mismo plan preguntador; debió llegar al punto de reprenderlo (como buenos amigos se insultaban en formas brutales) por estar excesivamente pendiente. ¡Quería más información referente a Ryan! Lástima que Dennis se quedase estancado en plan "no diré nada hasta no vernos fuera de este lugar".
Ethan cogió una silla para quedarse un largo rato a su lado, esta le pidió ayuda a la hora de escoger un móvil cuestionando las ventajas y desventajas respecto a los distintos modelos disponibles. Tenía en mente varias cosas pero gastarse mil dólares en un puñetero teléfono le parecía una estafa. Pantalla súper especial con oro incrustado o lo que fuere era un robo. Se lo dejó saber señalando el modelo en particular con un almacenamiento mayor al ya tenido, por 254GB no se quejaba tanto (más lugar para banalidades) aunque una parte en su cerebro lo consideraba excesivo. Los colores eran tristes, ni hablar de los accesorios y la necesidad de comprar adaptadores para todo. ¿Qué pasaba a los Estados Unidos corporativos?
Nada fuera de lo común, deseaban recaudar más dinero vendiendo otras cosas.
¡Ah! ¡Entró a su campo favorito! Habló cual loro dando su opinión a todo modelo habido por haber e inclusive se fue por las ramas hablando de otras compañías menos costosas a la elegida. Chelsea lo frenó un momento al mencionar una compañía china teniendo un amplio mercado en las Américas, con un gran número de dispositivos muy buenos a la hora de usar. Todo muy lindo pero su vida estaba condenada a un ecosistema funcional. ¿Cómo haría si su contenido pornográfico no se podía ver en la tableta transmitida por el móvil?
—A ver Chelsea a los dieciséis hablando sobre cualquier mierda emocionante: despacio y volvamos a esta página —dijo señalando la pantalla LCD retornando a la primera pestaña—. Debo inclinarme a esto porque para transmitir el entretenimiento para adultos me viene bien.
Soltó una risotada. No quiso imaginársela entreteniéndose en círculos en su habitación pero la imagen fue demasiado tentadora como para apartarla. Esperaba no entusiasmarse en su imaginación y delatarse en el físico. Ya tendría tiempo en su casa al buscar matar el tiempo.
—Entonces quieres empeñar el riñón u obtenerlo con un plan de financiación con alguna de las compañías, ¿verdad? —Llevó su índice a los labios pensando otras alternativas—. Ya sé que decirte esto va acarrear un "¡Quiero un teléfono ahora!" pero seguramente sacarán otro modelo nuevo este año. ¿No prefieres uno usado o esos reformados?
— ¿Y que vengan con una batería degradada o partes no originales? ¡Prefiero cortarme una mano! —Se retractó automáticamente al ver un ligero cambio en las facciones del rubio, llevándose la zurda a la boca—. ¡Mierda, lo siento! Tómalo como que quiero ser tú.
—Ya, da igual. Tu punto es válido, aunque si le echas una ojeada podrías encontrar un buen trato. No te quejes porque supuestamente "atraviesan muchos controles de calidad" hasta terminar a la venta, eso dicen y mucha gente se lo cree.
—No soy una oveja, cuestiono porqué un teléfono mugroso puede costar arriba de mil dólares.
Desestimó su comentario con un movimiento de su mano mala.
—Ay, deja de usar la lógica en una corporación. —Cruzó sus piernas—. No sirve analizarlo como cualquier ser humano mediano en pensamiento. Únete o márchate a otro lado. Igual: si te unes tendrás una nave interesante como teléfono.
Analizó todo punto y contrapunto, sus opciones y si su cuenta no se vería "muy" afectada por semejante compra… Después se acordó cuantas estupideces compraba por internet, decidiendo que por fin hacer una compra inteligente no le condenaría a comer zanahoria hasta el día en donde se muera. Soltó un suspiro derrotado al acabar su debate interno moviendo la diestra en dirección a una mesa tras suyo con la billetera, la cual parecía estallar por todas las cosas en ella. ¿Por qué Emily se molestaba en darle tantas extensiones? Tenía su propio juego bancario a su nombre, la madre continuaba insistiéndole de usarlo si lo necesitaba. Al fin y al cabo todo el trabajo hecho en el pasado estaba por si acontecía una emergencia, ¿no?
—Esclavo, pásame mi billetera. —Ethan enarcó una ceja—. Me puedo parar en contadas ocasiones, no me obligues a que te echen los de seguridad.
—Lo que quieras, Iósif.
Esa respuesta le hizo reír más de la cuenta; días pasaron desde la última vez en la cual tuvo semejante ataque. Concretó la transacción en un instante utilizando a su adorable compañía telefónica como método para abaratar los costos… O adquirirlo en varios pagos. Mas le valía a AT&T no pasarse en listillos con su plan. Tendría que desviar parte de su pago mensual por trabajar a su madre, aunque esta dijera "no es necesario, mi deber como madre es aguantar tus gastos sean grandes o pequeños". Igualmente quien se enojó porque gastó dinero en otros ítems coleccionables de la franquicia fue ella, pero así eran las cosas viviendo con Emily.
Charlaron otro rato largo hasta el momento en el cual su enfermero ingresó con los medicamentos prescritos, pidiéndole amablemente al acompañante si podía retirarse. Ethan prometió volver al día siguiente y así lo hizo, romper su palabra para con ella se le antojaba desagradable.
Haberse visto libre del hospital al final le sentó mejor que nunca, y tener un nuevo móvil al cual acostumbrar sus ojos, manos y cerebro fue la escapada al estrés post traumático de haberse visto herida por sus enemigos. Esa mujer no le dejaría en paz ni a ella ni sus seres queridos, debería comenzar a moverse con mucha precaución si quería seguir envejeciendo. ¿Podían cercenarle la libertad de movimiento? Si, ese era el objetivo para toda esa gente desagradable con motivaciones oscuras. Comenzarían a acosarla en forma pasiva, dejando autos extraños sin placa identificadora en la esquina o a unas manzanas de su casa; algunos agentes encubiertos caminarían muy cerca suyo por detrás para alertarla o dejarle como una loca frente a los demás transeúntes; llamarían a su casa todos los días obligándole a levantar el auricular, una vez dicho el primer "¿diga?" oiría ruidos como si hubiera estática al otro lado de la línea hasta que colgaran.
Le sacarían de sus casillas una y otra vez, no le dejarían respirar; la tortura psicológica obligándole quedarse encerrada en su propia casa a veces era el arma más efectiva para evitar una continuación en las investigaciones. Su madre sobrevivió a eso, Sherry también, Parker hasta hacía poco logró librarse de algunos antiguos enemigos del FBC, Joshua al otro lado del charco logró vencer a unos persecutores por sus incansables esfuerzos por perfeccionar vacunas. Todos sus seres queridos afrontaron situaciones límites como esas y salieron vivos, Chelsea Vickers no sería la excepción.
Mientras continuaba su trabajo pensando en qué comer ese almuerzo se le ocurrió revisar algunas funciones nuevas. ¿Era realmente infalible esa nueva forma en la cual se desbloqueaban los móviles? Se acostumbró tanto a usar sus dos pulgares como huellas a desbloquear el anterior que el cambio fue un poco infernal. «Todo está infernal con este dispositivo. Mil cien dólares agregándole accesorios, pantalla protectora y una funda resistente a tres metros. Si se rompe ese vidrio asqueroso juro por Dios incendiar la tienda más próxima.» El color oro rosa fue su favorito a la hora de comprarse un móvil y verlo desaparecer desintegrado por un balazo dolió más de lo esperado.
Antes de salir los enfermeros le entregaron la bala por pedido materno en búsqueda de iniciar una causa penal contra los agresores. No sabían ni siquiera quienes podían efectuar semejante ataque y deseaba llevarlos a la justicia… Solo a Emily podía ocurrírsele algo tan sensato. Junto a ese pedazo tecnológico sobrevivió los últimos años en la secundaria, comenzó una nueva vida lejos de mucha gente poco sana, arrancó el futuro en la universidad oyendo las mejores canciones (en su opinión) en los últimos treinta años. La carga emocional era enorme, debería cesar su encariñamiento con cosas inanimadas.
«Una suerte enorme eso que no funcionara porque si supieran como desbloquearlo y ver mi galería la gente se espantaría. Dennis en calzones es una obra de arte que pocos saben apreciar.» Recordaba la sesión fotográfica post acostarse, tenía pendiente un lienzo con su cuerpo tallado por el ejercicio físico más intenso posible.
Buenos momentos que vivirían para siempre en su memoria, al menos tenía una buena en su haber. A veces intentaba alejar el pesimismo propio ocasionado por los traumas más variados en la vida, sin embargo fracasaba de manera impresionante. Quizá era algo nato familiar andar por la vida sufriendo cosas feas, su madre y su padre tuvieron bastantes acontecimientos tristes en el pasado involucrándolos o dejándolos a un lado. Siendo protagonistas o tercera persona. Su abuela paterna parecía vivir regida por un pesimismo omnipresente, no era para menos ya que se trasladó desde Palermo hasta la costa este estadounidense contando con poco más de quince años. Dejó parientes muy cercanos a varios kilómetros de distancia, como para vivir feliz por la vida pensando en gente a la cual no volvió a ver jamás.
« ¿Acaso yo debo regirme por esos mismos principios?» No necesariamente pero las influencias quedan. Sus tíos eran diversos en ese aspecto: Donnovan sin dudas seguía al pie de la letra la mala predisposición, Dominique cambió radicalmente al abrirse como homosexual y haberse casado con el mejor tío posible, Lisa se balanceaba como su abuelo mucho antes en terreno neutral. ¿Brad? Su madre solo decía lo insoportable e increíblemente neurótico en el último tiempo vivo. «Las cosas buenas vienen y van. No puedo dejar ganar al puto monstruo, dejaría de llamarme Chelsea "rompe culos de monstruos depresivos" Vickers si cedo a la presión.» A veces se dejaba arrastrar muy fácil.
Volvió a revisar algunos videos explicativos sobre las ventajas al tener un nuevo teléfono con "pantalla infinita" y un nuevo procesador más potente. Acostumbrarse a esa porquería en forma de gestos se le hacía incomodo, con el tiempo superaría esa pequeña piedra. Llevaba por la mitad cuando su hermoso amigo adicto al crack (solo por portación de cara) ingresó con paso tranquilo dándole una ojeada a su teléfono; levantó la cabeza justo para verlo sentarse frente suyo (o más bien dejarse caer cual bolsa de papas) dejando caer los brazos por los costados del asiento.
Ethan fue pensando en esa idea tan descabellada sobre invitarla a almorzar para pedirle a continuación si podían ir a tomar algo como un café sumándole un paso más a la relación entre ellos. Deseaba pedirle una cita en forma desesperada a costas de ser rechazado. Si no lo intentaba jamás sabría el verdadero desenlace, hipotetizar a veces no era lo mejor.
Le miró como si estuviera viendo un extraterrestre sentado al otro lado del mueble, le sonrió abiertamente cuando le sacó la lengua en forma amistosa. Dejó el móvil a un lado, su amigo pronto se percató que finalmente tenía en su poder el tan ansiado y discutido trozo tecnológico. Se enderezó hasta colocar sus codos sobre las rodillas entrelazando las manos ocupadas por su celular.
— ¿Qué tal la prueba de fuego? —preguntó sonriente.
—Eh, todavía no me entraron ganas de arrojarlo por la ventana, si a eso te refieres. Descubrí a la comunidad de YouTube como el manual para el usuario que ya no viene en las cajas, información muy útil puedo sacar de donde encuentro chismes o videos graciosos.
—Siglo XXI, el siglo donde el entretenimiento se sube a una plataforma aún gratuita —replicó asintiendo ante su propia idea; tragó la poca saliva en la boca seca—. ¿Tienes planes a la hora de almorzar?
—Si: comer algo porque moriré por inanición. ¿Te conté alguna vez mi fetiche por matar a mis creaciones en The Sims por hambre?
El rubio no evitó reírse; para él era ahogarlos o nada.
—Interesante, ya sé que no dejarte hacer con mis partidas. ¿Quieres salir conmigo a comer?
La castaña fingió sopesar la idea cruzándose de brazos, echando el cuerpo hacia el respaldo y colocarse la mano hábil cogiendo su barbilla mirando hacia el techo con clara necesidad de ser pintado. Soltó un eructo corto antes de emitir su respuesta final, alivianando la tensión en su amigo.
—Acepto, vayamos tranquilos con la comida porque ayer vinieron a mi casa amigos para hacer un trabajo práctico y comimos dos pizzas enteras con extra en todo.
— ¿Te están afectando los treinta en los veinte? Eso es nuevo. ¿No se supone que eres el futuro de la humanidad y todas esas sandeces?
La joven asintió con gesto suficiente.
—La mejor oportunidad para este planeta soy yo, gracias por recordármelo. —Echó su cabello con un movimiento rápido utilizando la zurda, cual chica presumida en cualquier película o serie—. Mi piel se mantendrá tersa como culito de bebé por años pero los órganos… ¡Amigo! ¡Están casi muertos! Si mi hígado hablara diría todos los retos con cerveza, vodka o whisky en los últimos tres años y las posibilidades cada vez más altas de morirse a mitad del camino.
— ¡Oh! ¿Reventones de fin de curso e iniciación universitaria? —inquirió emocionado—. Si habré vomitado pesado al acabar la noche. No ligaba mucho apestando a acido estomacal pero la pasaba fenomenal.
Chelsea no reprimió una mueca asqueada. Recordó cuando su ex se había pasado en tal nivel que le era imposible ponerse de pie por sus propios medios; entre Liam, Samantha y ella lo llevaron a su casa intentando evitar una irrupción de Sandy repentina. Los otros dos piraron lejos al dejarlo en su habitación, por ser su novia debió bañarlo y resistir a los múltiples intentos por hacerlo con él en ese estado. Ella tampoco estaba "muy espabilada" esa noche, por ese entonces no tomaba la píldora y traer un bebé con ese neandertal como padre sería una condena más a la madre Tierra. Bastante tenía ya la pobre con la basura en cualquier lado, los incidentes bioterroristas y la emisión constante de agentes contaminantes.
—Salteemos esa partecita y volvamos a la comida. ¿Te apetece ir a un bodegón que conozco? Saldrás vivo, la gente es muy amable y cocinan como los dioses.
— ¿Es muy lejos?
—No, a unas cuatro calles a pie. —captó en el aire una preocupación nueva para con él; entendible después de tanta mierda—. Es zona céntrica, si eso te preocupa. Siempre hay apostada una patrulla en la esquina.
—Entonces no se discutirá más —afirmó entusiasmado—. ¿En media hora en la puerta principal?
— ¡Por su pollo! —soltó divertida.
Sería interesante acabar todo lo faltante marchándose luego con él. Le maravillo eso de pasar un tiempo entre amigos comiendo deliciosa comida, charlando sobre sandeces sin tener que preocuparse por otras cosas. Siendo honesta el encuentro abría una puerta firmemente sellada mucho tiempo atrás por los terrores a volver a caer presa de una persona abusiva, perjudicial para todos como también el victimario. ¿Por qué se sentía ahora repentinamente cómoda? Podría comenzar hablando sobre todos los gestos hechos por el señor Winters desde que se conocían (o al menos poseían un nivel de relación mucho mejor a "simples conocidos"), su predisposición casi eterna. Algunos lo verían como sumisión ante una mujer, otros como debilidad por falta de "hombría", Chelsea lo sentía como una muestra fundamental cargada con aprecio.
Gracias a sus traumas esas muestras significaban un mundo completamente distinto a cualquier ser humano actuando como tercero. En el otro buscaba un apoyo casi incondicional y en los últimos días su amigo lo brindó con creces. Rechazarle la idea hubiera sido nefasto consigo misma ya que se lo debía por haber soportado hablar en un subsuelo hospitalario, atravesando cientos de controles o escrutinio de sus pertenencias. ¿Con qué objetivo? Ver si estaba bien. «No puedo olvidar el hecho en que estuvo, o al menos lo hizo simular excelente, sumamente preocupado por mí.» Dennis también, su padre igual y el resto de los conocidos quienes le querían profundamente se portaron similares.
Quizá las orugas del "gustarse", sentirse atraída por alguien más sin temor a nada, estuvieran ya en un capullo aguardando a ser libres en forma de mariposa. Podía sentir como gusanillos al pensar en una perspectiva agradable, le gustaba volver a sentir las entrañas vivas más que para vociferar por el dolor estomacal. ¿Perdería algo por intentarlo? Sonrió radiante al ver como cogía las riendas de la vida mucho tiempo después, soltarlas no estuvo en sus planes pero le obligaron. Joe le obligó a guardarlas lejos por sus celos desmedidos ante la idea sobre su ex pareja siguiendo feliz el curso natural de los días sin él, sin su control dominante. Joe tuvo el mejor momento cuando supo muchos miedos internos, y en especial al poder tomar el poder de ese temor abrasador por perder a las personas en su vida.
Para mejor: justo en el momento donde comenzaban la relación Emily y Parker pasaban por un terremoto, Chelsea lloraba lejos por la perspectiva a perder al único hombre a quien llamaba "papá" por justa causa. El dominio fue tal que logró socavar en profundidad, allí fue el preciso periodo en el cual poco a poco le despojó de toda autodominación, libertad sobre sí misma. Primero elegir las vestimentas, luego pasar al plano físico diciéndole que "si quería seguir siendo su novia debía comer como él le decía" o tener sexo solo a su antojo (sin estimularla, quitándole el placer sexual a su vida), después los amigos quienes costaron; control mental al fin. Al menos la castaña logró devolverle los puñetazos al ego y su alma negra yendo al baile de graduación del brazo de Dennis, viajando con sus otros dos amigos a Florida en temporada vacacional, acostándose con él con alta frecuencia.
Sin embargo la relación no fue más allá con puntos de exclusividad, seguían siendo buenos colegas pese a revolcarse cuando les viniera en gana. ¿Quién no tuvo la fuerza suficiente en sobreponerse a relaciones difíciles?
Al cabo de media hora finalizó uno de los informes en los cuales trabajaba hasta verse gratamente interrumpida, cogió todas sus pertenencias necesarias para salir y echó a caminar por el pasillo a paso tranquilo. Otras personas se encaminaban al área cafetería a comer los platillos seleccionados por los mejores cocineros para una organización, otros compraban comida fuera y volvían con sus colegas, ellos dos saldrían a disfrutar como tantos otros a unas calles de distancia. Con cada paso dado podía sentir un deseo por aumentar el paso, con el cosquilleo producido por los insectos moviéndose. Montó el elevador con tranquilidad viendo a un par de conocidos compañeros allí, charlaban sobre cosas varias en las cuales no vio necesidad por involucrarse.
Recibió una notificación del rubio indicándole su presencia en el punto de encuentro, estaba por replicar al sentir el cese del movimiento en el aparato, los demás rodeándole se pusieron en posición lista a salir; las puertas se hicieron a un lado revelando el pasillo hacia las oficinas de menor rango, iluminado por la luz natural amarillenta por ser un día despejado con posibilidad de tormentas hacia la noche. Guardó ambas manos en el abrigo negro con botones brillantes en símil color, percibiendo el calor corporal entibiar un poco la piel. Los demás salieron como si nada bloqueándole por un breve instante la visión, desearía haber marchado con ellos en manada hacia la izquierda porque en el otro extremo del pasillo avanzaba la criatura más horrenda posible.
Joe caminaba con las manos cerradas en puños, mirando hacia delante con rostro serio muy cercano al mismo con el cual le observaba cuando cometía una falta en público. Al verla en la distancia sus facciones no evitaron soltar una expresión sorpresa, volviendo a contraerse en un rictus intenso clavando sus ojos en los orbes ámbar. Las piernas le temblaron, en ese momento deseó haber dicho de marchar desde su oficina hasta llegar al bodegón. Ahora sentía miedo, no emoción por una posible salida a su Cuaresma sentimental. «De todas las cosas malas sucedidas este mes, ¿él tenía que ser otra?» Maldijo entre dientes virando rápidamente hacia la dirección del resto y moviendo sus piernas con premura.
No le alcanzaría, no dialogarían, pero principalmente no volvería a ser suya.
Vio a unos metros al pequeño grupo charlatán intercambiando comentarios entre risas, podía sentir a su espalda la mala energía acercándose a la carrera; con esas mugres llamadas zapatos laborales echó un pequeño trote alcanzando a los demás e inclusive sobrepasándolos por unos metros. Aferró su bolso al costado izquierdo, cogió el amigo electrónico en su diestra con mucha fuerza al punto en creer poder hacerlo estallar y cortarle. Logró llegar hasta la entrada al edificio cuatro, una buena en su haber, quedaba cruzarlo evitando ser alcanzada y luego atravesar el primero hasta llegar a Ethan. ¡Parecía una distancia titánica!
Las puertas se abrieron y el murmullo siguió el recorrido indicado hasta sus oídos, cuando se encontraba por la mitad pudo percibir protestas en las voces ante el empujón provisto por el matón enorme con uno ochenta y dos en altura, al menos noventa y cinco kilogramos en peso. Su pequeña complexión física compadecía ante él, si quedaban solos podría moverse a sus anchas sin problemas. Apresuró su caminata rápida hasta casi volver a trotar, el juego del gato contra el ratón le cansaba sin embargo mucho no podía hacer. Pequeña contra un poder masculino superior, astuto en cómo hacer quedar a la victima similar al victimario.
Si miraba hacia atrás corría el riesgo de perder valiosos milisegundos que podrían separarla de un momento desagradable. Una parte suya deseaba hacerlo así lograba obtener una información apropiada sobre las distancias entre ambos, la otra solo quería llegar a destino. « ¡Podría escribirle a Ethan así aparece más cerca y me evita tener que hablar con este neandertal! Pero escribirle me sacaría campo visual, además cerré la aplicación y no se controlar ahora a mi increíble asistente.»
«Chelsea: hazte un favor a ti misma y continua sin perder la concentración.»
Últimamente si no corría por evitar un peligro no vivía; se le hacía fundamental como respirar aire o beber líquido evitando morir por deshidratación. Algunos seres humanos no lograban concebir un mundo sin tal o cual objeto, función o persona, ella en cambio no podía subsistir sin estar metida en aprietos por un ex con problemas para controlar la ira y provocando corporaciones enormes. Cada cual con sus prioridades, ¿no?
Justo entonces cuando estaba por ingresar al edificio aparece una Sandy tranquila buscando a quien era su primogénito, esta le ve con una cara idéntica a las demostradas por las actrices en las películas de terror antiguas e intenta comprender la situación con exactitud. Su hijo parece frustrado, molesto por no poder alcanzarla a la castaña para "hablar". Su intención como madre distaba mucho a eso de andar metiéndose en relaciones ajenas, detestaba si lo hacían con la suya y un buen amigo de su difunto esposo, pero entendía y escuchaba a su hijo lloriquear en más de una ocasión por la única chica a la cual "amaba más que a sí mismo" y esta no deseaba hablar con él por cuestiones fuera de su conocimiento. ¿Cuánto trabajo mental hizo en su madre? Mucha probabilidad iba a la idea de que como madre deseaba lo mejor, pese a estar equivocada o no viendo la verdadera cuestión.
Le saludó con una sonrisa modesta idéntico a la mayor parte de las veces en donde se cruzaban por el complejo o fuera, replicó el buen gesto con una sonrisa idéntica pasando a su lado sin dar mayores explicaciones. La mujer rubia mostaza entonces procedió a llamar a su hijo un instante, quien soltó con voz gruesa y profunda desear hablar con la chica; Chelsea entonces tuvo un fantástico plan sobre ponerse audífonos en cada oreja pese a no ir la ficha de entrada con su móvil, serviría para hacer ver al resto estar distraída con un poco de droga musical. Derecho en posición, izquierda "esperando" reproducir una tonada; Sandy llamó su nombre mientras miraba hacia abajo al aparente teléfono seleccionando una canción, se perdió al virar por el pasillo hacia la derecha, echando una mini carrera hasta el pasillo a la salida.
Podía oír el murmullo de voces charlando apaciblemente en la distancia, tanto femenina como masculina mantenían un intercambio de tópicos ameno con opiniones cruzadas, alguna que otra risa pasando luego a aceptar la idea del otro en buena gana. Ethan oyó los pasos acercarse en el pasillo aunque le extrañó la prisa, miró en dirección viendo a su amiga caminar con facciones idénticas a si hubiera vislumbrado un fantasma, alguien muy malo como su ex, un arma bio orgánica. Estaba al otro lado de los molinetes y si pasaba notificaría su retorno aún sin bocado en su estomago, sus jefes cuestionarían ese movimiento poco usual a esa hora y no deseaba dar explicaciones. Llevaba su flamante amigo electrónico nuevo en la diestra, auriculares colgando sin haberse conectado previamente a este último. ¿Qué demonios pasaba?
El tramo final hasta la salida se le hizo cuesta arriba tal como si fuera una nueva adición en distancia de diez kilómetros, cogió su tarjeta colgando por la hebilla del pantalón y marcó su marcha a almorzar. Lucía descompuesta sin poder evitarlo, respiraba entrecortada para luego coger su brazo con fuerza y procurar recuperar el aliento. Su amigo inquirió si todo estaba bien, esta negó con un movimiento suave en negación; Ethan dirigió sus ojos directo a donde venían ambos, una mole apareció al final entendiendo todo. Corría desesperado, le dio más asco recibir a modo de saludo odio emanado por cada poro en su enorme cuerpo.
Fue más inteligente a sabiendas lo mucho que molestaría el siguiente acto, su amiga también posó sus ojos en idéntica dirección permitiendo el contacto. El señor Winters decidió pasar un brazo por sus hombros atrayéndola contra si sin importarle los rumores a levantar por las recepcionistas, ojos cargados en suficiencia directo al imponente caballero. Hasta se animó a levantar una ceja de tal forma como si le estuviera diciendo "¿has visto con quien estoy, colega?"; Joe expresó el nombre femenino justo en el instante donde la pareja atravesó el umbral con paso tranquilo, Chelsea no miró hacia atrás ni una sola vez prefiriendo coger la cintura masculina con su zurda.
Se alejaron a paso apurado, el de orbes verdes dio un tiempo sin expresar nada para dejarle calmarse. Costaría un poco pero sería lo suficientemente fuerte para lograrlo. Los mensajes le volverían loca pero ¡qué caray! Se sintió bien devolverle el golpe otra vez más. Suerte la suya tener un buen colega como Ethan para respaldarle cuando hiciera falta. ¿Esperaba tener otra confirmación sobre lo buen tipo que era? ¿La pureza en sus actos?
¿Se dejaría de andar con idioteces por la vida y finalmente prestarle atención al buen muchacho? Podía ser. En la vida cualquier cosa podía acontecer.
Al llegar el rubio no evitó ver los ojos tristes, quien se dejó caer en una mesa para dos luego de que el recepcionista se hubiera marchado a atender otros clientes. Detestaba vivir así, huyendo de la otra persona por acto defensivo contra quien no paraba, alguien quien ni siquiera pensaba dejarle tranquila; hasta teniendo novia (con quien se quedó post ruptura) seguía obsesionado, apareciéndose por su casa a cualquier hora clamando contra la puerta y alertando a los vecinos. Amenazarlo con la policía servía igual a nada, siempre cambiaba a la perfección el libreto con total impunidad. Ethan sentó sus posaderas en el asiento oscuro con un almohadón color albaricoque, el aroma floral en el ambiente le sentó bien.
Poseía un aura íntimamente familiar, con fotografías presumiblemente del dueño con sus descendientes y otras generaciones más; hermosos arreglos florales acompañaban a la época, se quedó mirando unos platos colgados contra las paredes recordándole la casa paternal y la de sus abuelos. Debían ser la misma serie ya que tenían los mismos en Texas. Colores oscuros inundaban el lugar con una luz exterior predominante, ventanales sirviendo bien su propósito; las paredes poseían la mitad cubierta por paneles de madera y sobre ésta una pintura en color ocre yendo más hacia un amarillo amostazado. Mesas solidas cuadradas y rectangulares, sillas con patas cuadradas combinando en oscuridad con el ambiente, piso de linóleo cuadrado en blanco y negro. Cual centro de mesa un bonito arreglo floral con distintos tipos de rosas emergiendo a los costados de una vela blanca en el centro. Desprendían un delicioso aroma.
Pasó una mano por sobre la mesa cogiéndole un brazo e intentando animarle un poco, había cruzado sus extremidades sobre la mesa apoyando su cabeza en los mismos. Hizo algo fuera de lugar para con quien tenía frente suyo, al sentir el contacto cogió la mano con su zurda y cerró los dedos suavemente alrededor. Reconfortante para ambas almas: una atormentada, la otra pensando que si volvía a cruzarse a aquel monstruo conocería al "otro yo" enojado. Se recompuso enseguida llegó la mesera con una apetecible canasta con varios tipos de panecillos calientes y un platito con mantequilla. Ambos estómagos rugían hambrientos, al recibir la carta con los platillos y la mesera fuera de vista atacaron la canasta hecha de mimbre todo trenzado en color avena.
Ethan no era un fanático en particular de los panecillos chorizo de Cantimpalos, pero ese caliente cubierto por una capa amarillenta bien fría fue un plato sabroso. Se comió cuatro en total, su compañera lo superó por uno. Mientras deglutían con placer escudriñaban la cartilla en distintos sectores, el de orbes verdes no evitó irse automáticamente a las hamburguesas caseras con exóticos agregados; Chelsea fue un poco distinta decantándose por las pastas, se le antojaban unos buenos tallarines con boloñesa quizá con un extra queso. Raíces italianas bien marcadas al mencionar algunos detalles en las fotografías promocionales.
—Lamento todo lo visto, no me lo esperaba. Bajaba tranquila por el hermoso ascensor hasta que me encontré a un ogro al otro lado. —se disculpó—. ¡Lo peor fue cuando su propia madre se interpuso en mi camino y me llamaba! Allí mismo me di cuenta sobre cuán meada por un elefante puedo estar.
—De haberlo sabido te hubiera esperado en tu oficina. Ahora hay que comer hasta ver nuestros problemas desaparecer.
— ¿Por qué esa frase me parece absolutamente genial? —Remarcó al pensarla varias veces—. Hombre: voy a robártela.
—Adelante, yo se la arrebaté a mi abuelo al romper con mi primera novia —comentó sonriente—. No voy a admitirlo muchas veces pero los brownies ese día desaparecieron.
— ¿Tu abuelo cocinaba? —preguntó sorprendida.
—Se le daba bien la repostería, y cuando nos aparecíamos con mis hermanas siempre tenía cientos de cosas para darnos "a degustar". Las magdalenas rellenas con manjar y cubiertas con glaseado súper dulce después de la escuela son uno de los mejores recuerdos que tengo. —Chelsea pudo percibir un destello tristón fugaz—. Lo extraño todos los días un poquito más.
—Oh, siento escuchar eso.
—No lo hagas, es el ciclo natural de la vida. Hoy estás aquí, mañana en un cajón.
La castaña no evitó reírse ante semejante "apreciación positiva".
—Déjame esas frasecitas a mí, maldita sea. ¡No cuajan con tu persona!
Camarera presente a su lado con un anotador azulado en mano, birome en la otra, inquirió si ya sabían con seguridad qué desearían comer y beber. Chelsea manifestó el buen deseo por hincarle el diente a unos tallarines con extra boloñesa y extra queso, una gaseosa regular cola para calmar la sed; Ethan desvió su pedido original de una hamburguesa casera común a una hamburguesa de cerdo cubierta por salsa barbacoa y tiras crujientes de tocino, papas combinándolas con batata frita y una salsa especial como agregado extra, un agua sin gas porque presentía que el tocino le daría mucha sed. «Si me voy a morir comiendo quiero que sea por todo ese delicioso colesterol.» Anotado todo con velocidad, la chica con cabello fucsia preguntó si deseaban una cesta nueva con pan, ninguno vio inconveniente para con eso.
—Dime: ¿tus abuelos qué tal? —deseaba conocer más de su familia, solo sabía de una en dosis muy bajas.
—Tres están muertos, quien me queda es mi nana Constanza por parte de mi papá. Madre y padre maternos fallecieron con muchos años de diferencia, mi abuelo paterno un año antes de nacer yo. —No supo cuánto quería revelar a quien compartía mesa hasta que fue tarde—. Igual no me siento mal por mi abuelo materno porque era un hijo de puta abandónico, sarnoso adultero de mierda y a quien espero ver en el infierno para torturarlo por toda la eternidad.
—Vaya, no debió haber sido muy buena persona por lo que cuentas.
En el calor del momento reveló una pequeña parte de historia materna, o al menos la que Emily dejó saber a los demás. Mucho moriría con ella el día en el cual Emily Whiteland de Vickers muriese: solo una porción reducida quedaría para la posteridad. Tampoco que Ernesto hubiese hecho muchas buenas acciones por los demás. Ethan no pudo evitar quedar sumido en una impresión fatal hacia semejante persona e historia. ¿Podía ser ese un motivo por el cual Emily resultaba tan exasperante? Debió manejar mejor su temperamento pese a saber que muchas veces la mujer se propasaba hasta límites desagradables. «Al menos ahora sé qué le pasó. Una pequeña explicación a su personalidad "pintoresca".»
—En cambio, quien sí considero una abuela no sanguínea es a la persona que se encargó de formar a mi mamá hasta ser una adulta. O al menos tener dieciocho y enlistarse en el ejercito —reformuló su pensamiento meneando el índice derecho como regañándose a sí misma—. Si algún día visitas Londres al mismo tiempo que yo recuérdame darte una clase extensa sobre historia de los Ashford.
— ¿Te refieres a esos Ashford? —exclamó asombrado.
Los Ashford por siglos fueron personas muy reconocidas en el mundo "civilizado" por ser principalmente personas eruditas quienes ayudaron a forjar el impero británico aportando sus ladrillos y personas al gobierno. Ahora el legítimo descendiente del antiguo cabeza Alexander era una personalidad global gracias a varios adelantos tecnológicos, como también ayuda en la construcción del nuevo calendario de vacunación que toda persona nacida debía seguir. Un genio humilde con una fortuna incalculable, el pobre aparecía en las primeras planas por los peores motivos. Una persona decente siendo amenazada por las principales organizaciones terroristas, su familia numerosa en descendientes no vivía sin tener cuidado especial por el servicio británico.
—Ya te dije: mi familia tiene muchos nombres importantes en la lista de conocidos. —fingió suficiencia echando hacia atrás un molesto mechón de cabello.
Le obligó a soltar una risotada. A veces veía ciertos patrones egocéntricos o malcriados, igual en la mayoría de las ocasiones se comportaba como cualquier chico de su edad. Trabajaba, eso era fundamental, no era un parasito chupa fortunas o nombres para solventar sus gastos. «Hasta sopesó la idea de no comprar su nuevo móvil por ser elevado el costo.» Ninguna persona con media neurona diría "eso me parece razonable" a pedir más de mil dólares por un teléfono celular.
Pasaron el resto del tiempo charlando sobre otras cosas variadas como series de televisión, películas o qué harían con sus vacaciones de verano. El muchacho habló sobre ir a Texas a pasar tiempo con su familia, quizá reformando las habitaciones o cambiando muebles viejos. No lo podía hacer por el apego a tiempos mejores donde todavía era humano, o al menos vivía en una burbuja complaciente sobre quien fue su mujer. Si: en el fondo seguía buscando respuestas y creía hallarlas en un sillón viejo o la cama matrimonial, prefería utilizar el término "Ethan es un imbécil y sigue atándose al mismísimo yunque aún cayendo al agua." Con quien quería comenzar una nueva vida estaba frente a él platicándole sobre sandeces varias, estaba loquito por esa chica tan hermosa, sin embargo un uno por ciento hablaba respecto a quien figuró como Mía. La cabeza a veces era un mar inmenso con profundidades jamás exploradas, así era cuando uno daba lo mejor de sí para otro.
Chelsea soltó por su parte sobre ir a Misuri a visitar el monumento a las víctimas de Raccoon como promesa hecha el año anterior, se la debía a su padre por sobre todas las cosas. Luego pasaría el tiempo pululando por la ciudad sin una idea definitiva en cuanta actividad para realizar. Le gustaría marchar a California como el verano del dos mil quince con toda su familia (padres, hermanastros y Sherry), pero todos tenían sus obligaciones y ya no tenían tanto tiempo o interés en ordenar las vacaciones familiares en conjunto. Crecer e ir a la universidad le hizo darse cuenta el nivel en el cual extrañaría esos momentos, sentados en una playa hermosa viendo el atardecer bebiendo licuados de banana, yendo luego a caminar por las peatonales con sus comercios abiertos. Peor era pensar en el fantástico tiempo hasta la coronilla con comida chatarra, alcohol, sexo desenfrenado, drogas y amigos que fue Florida.
Ser universitarios y trabajadores los estaba pasando por encima.
La comida apareció en una bandeja acarreada por la joven muy linda, Chelsea adoraba como le quedaba el cabello en ese color fucsia. Si tuviera la valentía le imitaría. Las órdenes aparecieron humeantes desprendiendo una aroma deliciosa a comida bien hecha. Tardaron varios minutos en hacerlo pero valió la espera. Ambos sentían un rio baboso en sus bocas, el pan de pizza gratinado emanando ese olor tan característico los volvió locos. Ambos se lanzaron al ataque saboreando los bocados a medida que los platos se iban vaciando, cuando se vio con la boca vacía le agradeció a su amiga por haber sugerido un lugar tan agradable y comida espectacular.
Las cosas feas del principio quedaron desterradas de sus mentes, la comida realmente podía curar a las personas.
Aunque una duda existencial presionaba en el cerebro del rubio, tan fuerte que cuando volvió en cuenta porqué pidió ese encuentro la comida se le vio atorada en la garganta. Frente suyo vieron un leve cambio en la actitud, parecía sudar más: su frente se cubrió con un brillo especial no visto antes. Le extrañó aunque prefirió guardarse las preguntas para sí evitando incomodarlo, quizá la comida estaba tan buena que sudaba por el placer. Uno jamás sabía cómo actuaban las glándulas sudoríparas de un tercero. Una batata pareció hablarle infundiéndole ánimos, la papa a continuación (con su color dorado y la sal brillante iluminada por la luz natural) dijo lo bueno que era y validos sus sentimientos. Si rechazaba la propuesta podría retirar sus intenciones, perseveraría hasta el final porque así hacían los Winters… Salvo que te vieras obligado por no querer volver a perder una mano o una pierna.
Tragó e inspiró hondo sutil. Habló separando con el tenedor las papas del jugo cárnico asombroso.
— ¿Sabes? Me gustaría salir contigo a tomar un café de nuevo este sábado —dijo mirando hacia abajo.
La castaña supo inmediatamente hacia qué puerto intentaba llegar la insinuación. Le daría el gusto nada más porque le daba curiosidad verlo desenvolverse en una cita, sin obviar la ayuda infinita orquestada. Aunque no podía evitar pensar en que debía darle la oportunidad, a él y a sí misma para salir con otro hombre. Las últimas veces donde pasaron malos ratos quedaron atrás gracias a mucha ayuda e intentos de arreglarse como dos adultos civilizados, sumado a que le parecía atractivo en una medida inusual; suponía ese gusto especial por ser tan caballeroso para con ella, además de por haber propuesto la actividad podía ser debido a ciertos motivos particulares.
¿Perdería algo? Lo conocía bien, no era un pervertido del club con quien bailó un rato restregando su trasero. «Bueno, sí le restregué mi cuerpo pero todo fue en son de la actuación contra Rosalie, la cual salió muy bien.» No abandonaría su genio por ahora: las cosas debían desenvolverse primero. Formuló una frase no muy tramposa, si su amigo respondía en ciertas maneras determinaría sobre estar interesado en su persona.
«Se franca contigo misma, Chelsea: te interesa saber si sigue soltero o si ya encontró lo que él aproxima a media naranja. ¿La gente habla sobre frutas cuando se enamoran? A Liam le decía cuchurrumín, no mi toronja hermosa.»
—Mira, voy a ser honesta contigo. —al otro lado tragaron la comida, ésta amenazó con caer muy mal dependiendo la respuesta—. Solo hay tres formas en las cuales tomarme esa frase: la primera sobre querer ir en manera amistosa, la segunda tiene tintes románticos y la tercera ya entra en el plano sexual. ¿Cuál es tu intención?
«Si va a la tercera creo yo sería interesante. Si me acosté antes con mis amigos, ¿por qué con él no?» pensó la joven.
«Ojala fuera la tercera. Un sueño más a cumplir con ésta mujer hermosa.», imaginó él.
—Veinte por ciento la primera, ochenta la segunda. —cruzó sus manos sobre la mesa luego de apartar un poco el plato a medio comer, cruzando sus brazos sobre la superficie.
Esa respuesta le gustó más de lo que estaba dispuesta a admitir. La iniciativa ajena entraba en las listas predilectas. Entraría en un estado casi psicótico sobre cómo vestirse, qué perfume usar y si un bolso grande sería más cómodo a uno bandolero. ¿Casual? ¿Sensual? Sería solo un café, ni que estuvieran yendo a un club a restregarse el uno contra el otro (le recordó a una extraña sensación la primera vez donde lo besó). La pregunta más importante sería si Ethan deseaba pasar a una segunda base incluyendo cogerle la mano, un beso discreto o contentarse con uno en la mejilla. Sintió un vuelco en el estomago el cual tendía hacia una emoción positiva. ¿No estaría idealizando todo demasiado? ¡Aún era la semana!
—Esa, mi estimado, es una buena replica. ¿A qué hora? ¿Dónde?
Ese día fue inolvidable para el señor Winters quien se sintió estupendo consigo mismo. Desempolvaría otra ropa, usaría un perfume súper costoso y evitaría hacer las mismas malas acciones hechas en pasadas primeras citas.
Se emocionó lo suficiente ese sábado como para despertar ocho treinta sin quejarse por la suerte echada, habló cordialmente con cualquier ser humano en el camino (salvo si era su ex pareja) y procuró observar en distintas redes sociales tipos de atuendos acorde a lo ya existente en su guardarropa. Después de almorzar algo liviano gracias a comenzar a sentir una presión sobre el estomago, dedicó el resto del día a coger prendas, analizarlas para luego soltarlas directo en la cama en tres pilas distintas. Una comprendiendo un "sí" a medias, otra con un "muy poco probable", finalizando con la ultima que iría directo a caridad. El próximo fin de semana llevaría todo eso a la parroquia más cercana evitando decirle algo así a su madre, quien detestaba la religión como si fuera su peor enemigo ya muerto, todo por algo que jamás reveló.
«Ojalá en mi familia hubiera menos secretos, así seríamos todos más felices entre nosotros.» Soñar no cuesta nada.
Cómo no, reveló un minúsculo detalle a su infalible mejor amigo quien le dijo "si no vas con la tanga cara mejor quédate en casa". ¿Dennis acaso insinuaba que si no vestía esa porquería no tendría confianza? Ropa interior bonita alegraba el día a cualquiera, pero tampoco que pasaran ya al apartamento del rubio o su casa a darle duro como conejos. Le hizo caso igual apartando el conjunto que casi llega a las tres cifras junto con un pantalón tipo vestir negro y unos zapatos cerrados en color rosa viejo con tacón bien alto. ¿Y la parte superior? ¡Gran pregunta! Deseaba darle una probadita a la blusa sin mangas en tono carmesí, dudaba por el clima fresco. No estaban en mayo, lo peor de todo era tener un día muy ventoso. Deseaba su blazer negro, la combinación luciría más de oficina que para una cita con un hombre apuesto.
« ¡Qué demonios! ¡Está buenísimo, como nuggets de pollo con mayonesa!»
En el transcurso de los días analizó su decisión dándose cuenta lo bien que estuvo, habló con su terapeuta y hermana Moira por el hecho, ambas se mostraron complacidas. Moira apareció al día siguiente a charlar directo en su puerta con una caja especial de preservativos con juguetes sexuales, no se murió de la risa porque una entidad superior fue lo suficientemente gentil como para no dejarle. «Seguro quieren verme con alguien, los muy malditos.» Y mientras charlaban café de por medio su hermana le hizo notar las veces bobas en que lo describía con mucho detalle, pese a ya conocerlo por fotografías juntos o imágenes en broma hechas el uno para el otro. A la señorita Burton le encantaba saber que por fin saldría con un masculino, sin embargo sentía una especie de necesidad por aclarar las cosas con el susodicho al encontrar un tiempo para hacerlo.
Su hermana no volvería a sufrir por un puto hombre, le cortaría el pene si así fuera requerido y se lo arrojaría a una jauría salvaje. Después, claro, desollaría al señor Winters sin pizca piadosa. Esperaba no tener que llegar a ninguno.
La doctora Black fue más tranquila que su Burton favorita, le aconsejó no desaprovechar esa oportunidad nueva para con un caballero e inclusive le felicitó por no haberse echado atrás como en anteriores ocasiones. Al acabar el tiempo de la consulta la mujer con cabello negro le deseó una tarde agradable y esperaba oír en la próxima sesión datos emocionantes respecto a la primera cita. Chelsea no evitaría hablar por nada, principalmente haría foco en sus emociones.
Al final pasó a una camisa color marfil, botones imitando a los usados en antiguas prendas, con manga tres cuartos acabando en un dobladillo cosido y bordeado negro. Utilizaría una chaqueta de cuero roja la cual fue un regalo hecho por Claire debido a las veces en las cuales quedaba en casa de Chris a cuidado de este y aparecía su hermana luciendo esas bonitas chaquetas, le decía cumplidos mencionando el buen gusto y cómo quisiera tener uno cuando llegase a su edad. La pelirroja al final se encariñó lo suficiente por las múltiples veces donde compartieron espacio con Sherry o su hermano, decidió regalarle su propia "chaqueta de Claire" a los diecisiete, esperando que no continuara creciendo pudiéndola usar hasta que se cayera a trozos. La menor Redfield era un modelo a seguir para todas las mujeres del planeta, todos lo sabían. Además le traía seguridad al imaginarse ser la menor de los Redfield.
«Perfecto, querida Chelsea. Ahora a darte una ducha relajante que nos infunda más ansias. Perfume francés para rematarlo.» Apartando el conjunto a los pies de la cama, las pilas enteras por el contrario, se dirigió al baño con su móvil nuevo y un parlante inalámbrico para rumbear dentro de la ducha. Desvistió su cuerpo tranquila procurando no fijarse insistente al reloj, saboreando el contacto cálido del agua contra su piel. La música le relajaba, ese día optó por algo más de su generación perdiéndose con melodías femeninas protagonizadas por Taylor Swift, el cuarto álbum le sentaba bien al corazón. Rojo como el amor, las más hermosas rosas, un labial sensual, mejillas sonrosadas.
Con dos toallones cubriendo cabeza y cuerpo volvió al cuarto, aún cantando las tonadas pegajosas súper acarameladas para entrar en sintonía. Sus perros subieron al lecho estirando sus cuerpos directo en la ropa a guardar, se mosqueó ordenándoles descender. La muy obstinada Rosie se ofendió ante ser echada, moviendo su trasero en forma suficiente fue directo a la cocina a derramar un poco de orina en las patas de las sillas; Dallas optó por algo menos arriesgado, directo al sofá y Polly-Sue secundó la moción acostándose al otro lado. Sarah permanecía recostada hecha un ovillo negro debajo la ventana del cuarto sin apenas inmutarse. Vistió el conjunto interior, deshizo el turbante sobre su cabeza peinando firme el cabello, cogió todo el maquillaje disponible en búsqueda de arreglar sus imperfecciones.
Sombras en tonos grises sin irse a algo muy oscuro, deseaba tener un poco más "natural" el rostro utilizando solo un poco. Acabó bien para ser una ocasión especial, siempre tardaba el doble por encontrarle múltiples defectos al trabajo; se colocó las prendas pasando a admirarse a las puertas espejo del ropero, girando varias veces a los lados y dándose un visto bueno. Cabello al natural, secándose poco a poco, labial rojo con un brillo leve infaltable y llevando finalmente el calzado. ¿Bolso? Lo cómodo: uno mediano sin correa larga, dispuesta a portarlo colgando del brazo, en color negro.
Cogió el perfume regalado por su hermana Cara al volver de Londres el año anterior, uno delicioso que duraba en la piel muchas horas en botella peculiar en forma de zapato. Lo adoraba, sorpresivamente ese sí duraba una eternidad. Algo le impulsó a coger una pulsera utilizada por la señora Ashford regalada a los dieciséis por su madre, quien la vio suficientemente formada como mujer para portarlo orgullosa. Agregó al brazalete dorado el relicario suertudo paterno, esa joyería ayudó durante varias ocasiones peliagudas o exámenes cruciales en la universidad.
Giró su muñeca encarando la pantalla dictando la hora, llevaba cuarenta minutos extra para presentarse en el lugar indicado con su amigo. «Perfecto, al fin Chelsea no aparece con lo justo y necesario.» Procedió a enviar los canes fuera y al atravesar la cocina percibió el olor agrio perteneciente a…
— ¡Rosie! —chilló dejando salir el mejor tono agudo posible—. ¡Juro que te castraré!
El puto charco era exactamente idéntico a los múltiples vislumbrados con anterioridad, la jodida perra siempre echaba un meo similar y para peor su forma sumisa en la cual le miró dio a entender sin lugar a rodeos su culpabilidad. Fue afuera bajo una lluvia de amenazas, la chica cerró todo a cal y canto cogiendo luego un diario viejo y depositándolo sobre la orina. Cogió sus llaves mascullando por lo bajo sobre sacar un puto turno en la veterinaria para la perra, salió a un agradable día parcialmente soleado con viento.
Sus vecinos cortaban el césped luego de una tormenta intensa el día anterior, gracias a las constantes caídas acuosas los jardines lucían descuidados. A Chelsea le tocaría el día siguiente, así remataba el domingo haciendo algo exhaustivo. Cogió los lentes de sol tipo aviador evitando ser encandilada, el rayo amarillento daba directo al frente de la propiedad. Saludó a quien vivía en frente: un divorciado con dos hijas mujeres de menos de diez años cada una, el hombre se preguntó qué ocasión especial tendría la joven para lucir tan guapa. Abordó el viejo coche gris perla y salió.
Tuvo un embotellamiento un jodido sábado, ¿por qué no era al día siguiente? ¿O solo días de semana? Al ver como los minutos pasaban y solo llevaba la mitad hecha tomó el móvil enviando un audio.
—Ethan, no quiero asustarte pero ¡hay un puto embotellamiento en mi camino! —Gritó elevando el tono—. Seguro en veinte me libero, reza por la vieja Chelsea.
Fueron quince con suerte luego de acariciar el brazalete y pedirle a Cece si podía liberarle el paso. Siguió pensando en si era casualidad o ayuda divina al pasar las calles con más libertad en tráfico. Al pasar por una intersección comprobó un pequeño accidente entre una moto y un automóvil, ambos conductores se enzarzaban en discusiones sobre quien tenía la culpa. Oficiales de tránsito ayudaban a descomprimir las calles. Arribó a un área estacionaria pública, siempre procurando no llevarse como regalo un poco de pintura del coche frente al suyo.
Un oficial de tránsito marcó su tique, cruzó la calle por la línea peatonal con prisa contemplando en la distancia un hombre aguardando fuera. Caminó evitando apurarse demasiado o yendo muy lento, contoneando las caderas (ganando miradas masculinas ajenas a quien quería impresionar) ya que si iba a una cita debía ser una "perra sensual". Caminar con tacones merecía tener un andar especial, al menos su madre solía decir eso mismo desde que comenzó a demostrar interés por zapatos más "adultos"… O su hija tuvo el mismo problema de enamorarse perdidamente de un calzado debiendo comprarlo.
Al aproximarse un poco más pudo detenerse a escudriñar bien a su acompañante, el cual portaba una chaqueta de cuero con un color amarronado precioso y el cierre a medio camino; bajo esta portaba una camisa polo negra con el cuello sin abotonar; pantalones vaqueros azules y zapatos de vestir combinando junto a la chaqueta. « ¿Por qué debo admitir sobre verlo más lindo con camisa? ¡Maldita sea, mujer! ¡Tanto te burlaste y efectivamente le van súper bien!» Lo saludó efusivamente meneando la mano hábil, se recordó a si misma sobre calmarse para no parecer una psicópata. El otro lado cerebral desestimó esa opinión aludiendo a conocerlo más de seis meses.
El tiempo volaba y las personas llegaban a conocerse cuando congeniaban pese a todos los malentendidos en medio. Al final llegar hasta su posición no evitó formular comentarios mentales positivos sobre el otro.
— ¡Vaya! ¡Nadie me dijo que saldría con una estrella de cine! —exclamó emocionado al verle tan bonita. Sus predicciones a la hora de vestirse fueron exactas, dio unas palmaditas mentales en su hombro.
—A mí nadie me avisó sobre encontrarme con un adulador serial —bromeó dándole un abrazo cariñoso—. Gracias por notar mi vestimenta, descubrí un poco de ropa a donar muy interesante mientras escogía. —«Eres el primero en hacerlo, mejor dicho.»— ¿Aguardaste mucho rato?
El hombre echó un vistazo a su reloj.
—No, llegaste a la hora pactada. ¡Bien puntual! Te daré crédito extra por eso.
—Gracias, espero que se traslade a mis notas universitarias —rió.
— ¿Qué te parece si pasamos? Muero por un buen café.
Al dirigirse hacia la puerta, Ethan se adelantó sosteniendo la misma y permitiéndole el paso como todo un galán. La castaña no evitó hacer comentarios jocosos sobre esa acción aunque en el fondo le gustó. ¿Qué le decía su abuela? Algo sobre buscar un gavilán quien abriese las puertas al ingresar a cualquier sitio, un punto a su favor.
La cafetería escogida por reseñas en Google como espacio para organizar un encuentro entre amigos o parejas lucía hermosa y muy moderna, con una barra especial al fondo derecho con taburetes en el lado contrario a una enorme máquina de hacer cafés. Tras esto una abertura con puertas vaivén hacia la cocina donde confeccionaban pasteles y otros tipos de comidas dulces. La pared este lucía ladrillos oscuros, un cuadro abstracto en el centro con líneas y puntos en una amplia gama de colores. El resto lucía pintada en un color beis claro, decorada con cientos de cuadros tipo vintage, luces navideñas blancas y fotografías polaroid representando varios estadios hasta formar la cafetería completa. Hacia la calle daban dos ventanales cuadrados por donde ingresaba la luz del día, la puerta dividida en pequeños cuadrados vidriosos tenía una campanilla para notificar un nuevo ingreso o egreso.
El amplio salón poseía una zona superior dividida por dos escalones hacia el lado izquierdo, el cual parecía un área más relajada al ajetreo "para llevar" contrario. Ambos acordaron ver mejor una mesa allí para divertirse en privado.
Se aproximaron al ventanal, la intersección se veía agitada a las cuatro; mucha gente pasaba caminando por la acera y el murmullo interior generado por varias voces daba una sensación especial. El muchacho no aguardó para hacer eco nuevamente de su galantería corriéndole la silla, Chelsea simplemente no pudo guardar ningún chiste sarcástico pasando desde un "gracias, Romeo.", "¿acaso no puedo hacerlo yo sola?", "¿en Texas lo hacen luego de guardar los revólveres?". Ethan ya se dejaba llevar por su sentido del humor acompañando el estado jocoso con más chascarrillos. Al final hasta él podía divertirse con esa personalidad ácida. Procedió a desprenderse de su chaqueta, depositándola en el respaldo colgando por los hombros; comenzaron a charlar sobre nimiedades hechas en ese día, le hizo gracia la pregunta sobre si conocía una clínica veterinaria que hiciese castraciones para perras malas.
Ahora él hizo un chiste gracias a verlo repiquetear entre ellos, la castaña aplaudió la broma en buena gana reconociendo el ingenio. En el centro de la pequeña mesa cuadrada había depositado un menú pequeño detallando algunas promociones, bajo esto dos cubos sin la cara superior quienes albergaban sobres con azúcar, edulcorante y servilletas. Ethan leyó en voz alta, recibiendo la respuesta sobre dejar los cruasanes solo en la semana. Al menos dos durante cinco días seguidos eran suficientes para no querer comer ni uno un sábado, aunque estos venían rellenos con fetas a escoger de pavo, jamón y queso.
Un muchacho con unos veintitantos en su haber se les aproximó con la cartilla, poseía una cara estresada por tanto cliente y su forma a la hora de dirigirse no fue la mejor. Le dejarían pasar esa indiscreción gracias a la piel pálida, cabello alborotado. La joven fue instantáneamente a las porciones de pasteles escogiendo una selva negra gracias a la foto promocional al lado del precio, combinándolo con un capuchino moca. Si tendría una cita con un sujeto agradable debería darle un toque bien dulce a la ocasión. Notificó haber tomado una decisión, Ethan le imitó minutos después.
Ordenaron, entregándose a una nueva charla referente a las razones de semejante encuentro.
—No voy a esconder lo feliz que me siento por estar aquí contigo hoy —confesó sonriente, la chica le imitó el gesto—. Honesto voy a ser diciendo que tenía miedo a ser rechazado.
— ¿Tanta cara de bruja amargada tengo? —Quejó dramática—. ¡Debe ser hereditario! Además, ¿por qué no aceptaría? Estoy en mi derecho constitucional a verme con quien se me antoje.
—Lo sé, no te contradeciré sobre tu libre albedrio, pero sinceramente pensé que no te interesaría.
—Eres el tío más bueno que conocí en los últimos seis a ocho meses, insisto con la misma pregunta.
No pudo ocultar la siguiente frase.
—Chelsea: me gustas mucho, mi miedo era ser rechazado por una mujer tan hermosa como tú. —la revelación tuvo un efecto sorpresivo pasando luego a una satisfacción agradable; se sonrojó levemente—. Si: al principio ambos nos arrancábamos las pestañas y nos soportábamos a medias, sin embargo fuiste muy humana conmigo y hasta demostraste tener razón en muchas cosas. Una es sobre lo estúpido que fui metiéndome de lleno en Luisiana sin llevar siquiera un arma.
—Oh, déjame disculparme por haberte dicho eso. Será un poco tarde pero me lleva comiendo la forma agresiva que te lo dije —dijo apenada—. Igual es extraño que un texano no haya llevado siquiera una navaja.
—Seré oriundo de Taylor, TX pero no soy muy dicho con las armas y eso que son fáciles de conseguir en este país. Disculpas aceptadas, habrás sido brusca aunque muy justa.
—Además te lo echó en cara alguien quien está lo suficientemente loca como para meterse a hacer cosas donde no le llaman. Hipocresía en su máximo esplendor.
—Para mi eres una chica valiente, quizá un poco impulsiva pero valiente en fin. —Los pedidos arribaron a la mesa traídos todo en un solo brazo; Chels siempre dijo que quienes trabajaban como camareros poseían un don especial para llevar al menos cinco platos sin arrojarlos al suelo—. Ya quisieran más personas tener esos ovarios de hierro.
Cogió edulcorante, entregándole unos sobrecitos azucareros mirándolo directo a esos despampanantes ojos verdes. Se sentía bien mirarlo fijo, como si estuviera abriendo la puerta a una inmensidad bondadosa. Daba gracias a la loca asesina tras ella por haberlo abandonado en manera humillante, o al menos haberlo conducido a Luisiana; no sabría qué hubiese pasado si no aparecía en su existir. Revolvió con calma disolviendo los pequeños cristales para luego coger la punta a su porción chocolate usando un tenedor, al comerlo con deseo sintió una explosión dulce en todas sus papilas gustativas. « ¡Puta madre esto está orgásmico!»
No evitó soltar un gemido sugestivo. Ambos llevaban sumidos en sus pedidos hasta que volvió a retomar la conversación.
—Me pareces un tipo muy atractivo, si eso es lo que esperabas como respuesta a tus halagos. —Ethan elevó la mirada de su porción enorme pastel de queso, recibir semejante cumplido le revolucionó—. Además no vi nada en contra de vernos hoy aquí. Lo mereces por soportarme todo el tiempo… —interrumpió su parloteo al ver una migaja traviesa en su comisura izquierda; hizo la seña correspondiente—. Eh, fíjate ahí.
El aludido comenzó a pasarse las servilletas de papel por los labios siempre obviando la zona dicha, Chelsea soltó una risotada al acordarles a todos sus tíos al comer fuera lo que fuera. Cogió la suya pasando su cuerpo sobre la mesa para hacer el trabajo por él. En una reacción inesperada para ambos el rubio cogió su mano con dulzura a sentir el contacto piel a piel, la joven se ruborizó aún más. « ¡Vaya! Eso sí no lo vi venir.» Quedó su torso sobre la mesa mirándolo fijo sin percatarse por campanilla sonando, su corazón detuvo la marcha por un instante al encontrar ambos pares oculares hacia ella. ¿Acaso esas eran las mariposas ya eclosionadas? Podía ser, y la corriente eléctrica bajando por las caderas hasta esas partes le confirmó.
Quien terminó ingresando no podía creer la escena vislumbrada ni el amor en los ojos expresados por quien era suya. ¡Esa zorra! Lástima que decidió darle una oportunidad a la loca esa buscona quien ni su madre soportaba. Daba buenas mamadas, eso seguro, pero estaba loca preguntando por su chica buscando algo en particular. La ira bulló al depositar sus orbes azules en la mano masculina tocando la delicada extremidad con un anillo sencillo, quería interceder inmediatamente arrancándole cada diente en su haber a puñetazos limpios. Su acompañante entonces dirigió la mirada hacia donde quedó estancado Joe, sintiendo un impulso histérico por comerse el corazón femenino.
Chelsea sintió el hechizo romperse al conceder a los músculos encargados con el movimiento ocular la habilidad para mover su punto de referencia, encontrándose parados atrás de Ethan a su ex y a la asquerosa Rosalie mirando la escena. « ¡Qué casualidad! Quiero comenzar una puta vida nueva y aparece este chimpancé con la asquerosa cacatúa de acompañante. Es oficial: tanto Ethan como yo estamos meados por una manada de elefantes.» Evitaría bajo cualquier termino verse afectada por esas dos entidades desagradables, se lo debía a quien le acompañaba.
—Mierda —volvió los ojos hacia él sentándose con tranquilidad.
— ¿Qué sucede? —inquirió confundido.
—Están aquí —masculló entre dientes sonriéndole falsa—, no mires hacia atrás.
¿Acaso cuál fue la mejor idea para su cerebro? Girar la cabeza idéntico a un poseso por el diablo. Entendió a la perfección el súbito cambio en la actitud. La de orbes ámbar quería comerse su hígado por tan poca discreción, se llevó una mano a la frente meneando en forma negativa.
—Caramba, mala suerte la nuestra. ¿Nos vamos?
—Ni lo sueñes —siguió los ojos asesinos de su ex con idéntica expresión—, estoy pagando por esta cita y ningún psicópata me va a apartar de mi comida o un buen rato.
Si no hubieran estado en semejante predicamento hasta se hubiese alegrado por la frase. Procuraron continuar la tarde lo más distendidos posibles, charlando respecto a los sobrinos de Ethan en un nuevo video enviado por su hermana Lorna cuando se encontraron las dos hermanas y los niños. Intentó no reírse cuando la niña Candy se metió en la casa del perro Beagle, ladrando igual al can, fue imposible no reírse al escuchar a la madre regañándola sobre darle "una buena en el trasero". Después el niño llamado Abraham arrojó una bolsa de basura a su hermano directo al rostro, allí temió correrse el maquillaje por las lagrimas. ¡Semejantes salvajes!
Rematando la hermana mayor debió correr a su hijo quien portaba una pala de punta y corría con ella riéndose a carcajadas. Lucían idénticos a los videos graciosos en la red.
Intentó calmarse en vano ya que recordaba el "¡No!" histérico materno al ver la bolsa volar por los aires, volviendo a tener un ataque de risa. El acompañante intentaba disimular la gracia sin éxito. A dos mesas de distancia los miraban con envidia manifiesta, Joe queriendo arrancarle las tripas al asqueroso tipo ese y Rosalie desesperada por beber la sangre femenina. Ninguno deseaba la felicidad para el otro, correspondían a ellos sin excepción. Quien valientemente se levantó para ejecutar el amargado plan fue Joe, sus enormes manos cerradas en par de puños blancos por la fuerza ejercida en cada uno; al llegar a la mesa en cuestión apoyó sus manos violentamente en la superficie, haciendo vibrar la vajilla allí depositada. La pareja soltó un suspiro nervioso echándose hacia atrás. Miró a cada uno estancándose con Chelsea; la castaña se cruzó en forma lenta de brazos imitando esa expresión intimidante.
— ¿Se puede saber qué estás haciendo? —cuestionó furibundo.
—Viviendo la vida, ¿acaso no te enseñaron eso en casa? —replicó suficiente. Ethan le dio una señal positiva elevando su ceja izquierda ante la respuesta.
—A mi me parece lo contrario. Dime en este instante qué artimaña usó en ti para obligarte a verlo.
— ¿Demostrarle cordialidad y ser una buena persona? —El aludido se adelantó en responder con evidente ofendimiento—. Algunos sí somos capaces a eso.
— ¡Cierra la boca, maldito pedófilo! —Acercó su enorme contextura al muchacho—. Eso es lo que eres: un jodido roba cunas, un asqueroso tipejo que busca más jovencitas.
—Joe: ¿acaso quieres que llame al camarero y de aviso a la policía? —Defendió a su amigo—. Tú no eres nadie para juzgarlo. Primero mira tus propios errores antes de andar adjudicando otros a quienes no conoces ni en broma.
Hizo caso omiso a sus palabras. El de orbes verdes entonces se puso de pie aún más amenazante. Tenían una estatura similar, sentada la joven no pudo encontrar una diferencia considerable entre ambos.
—Piérdete, amigo —advirtió Winters.
—Oblígame —desafió Dewey.
Gracias a sus plegarias apareció milagrosamente el camarero alertado por las posturas corporales en los caballeros, indagó si todo estaba en orden. Ethan entonces alegó positivamente recordando a quien quería un duelo con él sobre volver a su mesa dejándoles tranquilos. Dewey soltó un gruñido gutural mirándolo y pasando luego a la joven, intentando la misma maniobra de siempre: intimidarle en relación a lo que vendría después. Esta solo se dignó a menear con suavidad la cabeza en desaprobación ya sin creer a sus amenazas por mensajes o lo que fuera. Era valiente, una mujer hecha y derecha, Joseph Dewey no volvería a tener el mismo efecto en ella… ¿O sí?
El ambiente entre el par de mesas ya estaba caldeado en demasía, pidieron la cuenta al acabar la merienda para echarse un paseo por la zona. Deseaba dar otra caminata, quizá comprobar qué tan disponible tenía la opción para besarle. Requería hacerlo con semejante sensación en el pecho, pese a lo malo tenía todavía la confirmación en relación a la aprobación femenina. Sería lo suficientemente educado para preguntar antes. Se dividieron el total pagando cada uno lo correspondiente pese a las insistencias de Ethan; este se vistió su abrigo una vez recibido el tique notificando el pago. La joven se levantó sin mirar a esos dos energúmenos, sentía cuatro potentes dagas sobre su lado izquierdo; ignorarlos sin duda alguna era la mejor arma.
El señor Winters entonces le ofreció su brazo para conducirla fuera. Chelsea no vio ninguna razón para rechazarlo, enlazando ambas extremidades dirigiéndole la vista feliz.
